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INCONSTITUCIONALIDAD DE LAS REFORMAS EN MATERIA

PETROLERA, PROPUESTAS POR FELIPE CALDERÓN.

Después de escuchar y atender a los argumentos y razones

técnicas y científicas, que varios cientos de ciudadanos de reconocida

solvencia profesional y ética han externado públicamente, ha quedado

claro: la iniciativa de reforma a varias leyes reglamentarias relativas al

petróleo y su industria, tiene esencialmente la finalidad de permitir que

inversionistas privados participen y obtengan ganancias, por medio de

contratos; no obstante ser una actividad económica que, por

estratégica y de indisoluble relación con la seguridad y la soberanía

nacional, está reservada exclusivamente al dominio directo, inalienable

e imprescriptible de la Nación. A pesar de su nítida

inconstitucionalidad, la mayoría de los diputados y senadores están

dispuestos a aprobar cuanto antes la iniciativa propuesta por el titular

del ejecutivo federal.

El primer párrafo del artículo 27 Constitucional establece “La

propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los

límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la

Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el


dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad

privada”.

En su tercer párrafo dispone “La Nación tendrá en todo

tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las

modalidades que dicte el interés público, así como el de regular,

en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos

naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una

distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su

conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el

mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y

urbana.-…”.

En el cuarto párrafo establece “Corresponde a la Nación el dominio

directo de todos los recursos naturales de la plataforma

continental y los zócalos submarinos de las islas; de todos los

minerales o sustancias que en vetas, mantos, masas o

yacimientos, constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta

de los componentes de los terrenos, tales como los minerales de

los que se extraigan metales y metaloides utilizados en la

industria; los yacimientos de piedras preciosas, de sal de gema y

las salinas formadas directamente por las aguas marinas; los


productos derivados de la descomposición de las rocas,…; los

yacimientos minerales u orgánicos de materias susceptibles de

ser utilizadas como fertilizantes; los combustibles minerales

sólidos; el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos,

líquidos o gaseosos; y el espacio situado sobre el territorio

nacional, en la extensión y términos que fije el derecho

internacional.”

En el párrafo sexto, de manera clara y enfática, dispone que

“Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos,

líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán

concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso, se

hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos

productos, en los términos que señale la ley reglamentaria

respectiva. …”. Pero este texto tan claro y preciso no lo han podido ni

querido entender los políticos que padece el país; no les importa pasar

como unos verdaderos analfabetas funcionales.

Para tratar de justificar la iniciativa que contraviene lo dispuesto

por la ley suprema de la Nación, quien funge como titular del Poder

Ejecutivo Federal, presentó ante los legisladores el diagnóstico del

desastre y la desolación. Lo hizo sin mencionar un solo dato sobre la


responsabilidad de los gobernantes que, durante los últimos 25 años,

dejaron de invertir en el cuidado y mantenimiento de la infraestructura

y la planta industrial de Petróleos Mexicanos. También omitió señalar

el abandono a la investigación científica y tecnológica indispensable

para esta industria y el desmantelamiento gradual del Instituto

Mexicano del Petróleo. Tampoco hizo referencia alguna sobre la

corrupción, el despilfarro y la utilización de los ingresos petroleros para

apoyar campañas electorales. La catástrofe fue presentada como si

los problemas y deficiencias de la industria nacional más importante

hubiesen sido provocados por un siniestro natural y no por la acción y

la omisión deliberada de quienes han estado al frente del poder

público.

La argumentación presentada por el gobierno federal no resiste

ni el más elemental análisis objetivo. La Secretaria de Energía primero

dice que apenas tenemos reservas petroleras para los próximos 9

años y después que tenemos más de cien mil millones de barriles; que

PEMEX no cuenta con recursos financieros suficientes para invertir en

la exploración y explotación de los yacimientos localizados en aguas

profundas del Golfo de México; dos mentiras monumentales. PEMEX

siempre ha sido rentable, sobre todo hoy que obtiene más de cien
dólares de ganancia por cada barril de petróleo que extrae, pero el

gobierno utiliza más del 45% de esas ganancias para el gasto

corriente porque, incumpliendo con el artículo 31 de la Constitución,

deja de cobrar a los grandes empresarios e inversionistas las

contribuciones a que están obligados, de manera proporcional y

equitativa, es decir conforme a sus verdadera capacidad económica.

Igualmente falsa resulta la urgencia de explorar y explotar en

aguas profundas, pues tal como lo han demostrado los científicos y

técnicos especialistas expertos en la materia, los yacimientos

localizados en tierra firme y en las aguas someras han sido explotados

apenas en un 30%.

Queda claro que no es la falta de recursos financieros ni la

necesidad urgente de explotar el petróleo localizado en aguas

profundas lo que motiva los cambios legales propuestos; es el

compromiso que contrajeron los gobiernos de la traición y el

entreguismo con los intereses extranjeros, con la firma del Tratado de

Libre Comercio (TLC) primero y después con la del Acuerdo para la

Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN). En el

segundo, Vicente Fox se comprometió prácticamente a entregar la

industria petrolera nacional a los intereses de las empresas petroleras


trasnacionales estadunidenses; por eso la prisa por convertir a

PEMEX en una empresa manejada por un consejo de administración

tan autónomo como ajeno a los intereses de nuestro país. Para eso

proponen una dirección empresarial que no rinda cuentas a nadie, que

haga y deshaga otorgando contratos y cediendo el control de la

refinación, la transportación y la conducción de los hidrocarburos de la

Nación a las empresas extranjeras que esa dirección determine.

Para convencer a la mayoría de la población, han llevado a cabo

un bombardeo tan inmisericorde y permanente como en Irak, sólo que

en lugar de aviones de guerra y bombas de racimo, aquí utilizan los

medios electrónicos de comunicación masiva y mensajes

condicionadores, principalmente a través del duopolio televisivo. Lo

hacen diciendo las mismas promesas que han utilizado desde 1982:

que los recursos de las privatizaciones ayudarán a quienes menos

tienen, que así se mejorará la infraestructura y los importantes

servicios públicos de salud, educación y para incrementar el empleo.

Pero la realidad los desmiente.

Después de 25 años de violar sistemáticamente la Constitución,

el capital financiero del país quedó en manos de un puñado de

banqueros extranjeros, igual que el 30 % de la generación de energía


eléctrica; igual que Telmex, las aerolíneas, los ferrocarriles, los

servicios de los puertos marítimos y aéreos y otras igualmente

importantes como las mineras, de las carreteras y los Ingenios

azucareros, entre las mil empresas y organismos entonces públicos

que fueron deliberadamente quebrados, para desincorporarlas y

posteriormente privatizarlas, y que actualmente ahí están generando

enormes ganancias, pero ahora solamente para unos cuantos

empresarios, los mismos que apoyan recíproca y decididamente a los

políticos profesionales que ocupan hoy los cargos públicos.

Otros logros de estos políticos que han subvertido el orden

Constitucional son elocuentes, como el desabasto y la dependencia

alimentaria: hoy importamos casi el 40% de los alimentos que

consumimos, incluido el maíz, ese maravilloso grano que los

mexicanos aportamos al mundo hace más de diez mil años. La

pérdida del 80% del poder adquisitivo de los salarios, así como la falta

de empleo formal y prestaciones legales para la mitad de la población

económicamente activa. La imposibilidad material (económica) que

tienen un millón de niños en edad escolar para asistir a la escuela.

Más de la mitad de la población total viviendo en condiciones de

pobreza. Más de diez millones de mexicanos, desesperados por la


difícil y precaria situación económica que padecen en el país, han sido

expulsados al vecino país del norte; razón por la que hoy ocupamos el

primer lugar mundial como el país que más nacionales expulsa al año;

en contraste con el último lugar en educación, entre los 37 países

integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo

Económico (OCDE); así como el penúltimo lugar en América, en

calidad de vida, solamente arriba de Haití.

Pero no a todos les va mal. En la reciente lista de Forbes,

aparecen los diez mexicanos que juntos concentran 96 mil 200

millones de dólares, es decir el 10% del Producto Interno Bruto.

Otra éxito alcanzado es que, según informe del Banco Mundial,

entre 1982 y 2004, el país entregó a los bancos extranjeros

acreedores más de 400 mil millones de dólares, solamente por

concepto del pago de intereses y servicio de la deuda externa; sin que

se haya obtenido un incremento en los ingresos públicos con esa

deuda que los generó, con lo que también han violado lo dispuesto en

la fracción VIII del artículo 73 Constitucional.

De acuerdo a información oficial, entre 2001 y 2007, el ingreso

petrolero del país ascendió a más de 410 mil millones de dólares


estadounidenses, más de 68 mil al año, sin que se sepa en qué se

invirtieron esos cuantiosos recursos.

La pretendida reforma reglamentaria en materia petrolera,

además de inconstitucional, también resulta contraria a lo dispuesto en

la legislación internacional, como el Pacto Internacional de Derechos

Económicos, Sociales y Culturales, y la Resolución 1803 de la

Asamblea General de la ONU, denominada “Soberanía Permanente

sobre los Recursos Naturales”, que regulan la protección de la

soberanía de las naciones y sus pueblos sobre los recursos naturales

y su beneficio.

Nuestro país, además de petróleo, tiene grandes costas, lagos,

lagunas, esteros, ríos, selvas, bosques, minerales como oro, plata,

cobre y otros; los combustibles nucleares, el espacio aéreo, el

espectro radioeléctrico, la telecomunicación y la comunicación

satelital, que le pertenecen exclusivamente a la Nación.

Lamentablemente esa riqueza, junto con el trabajo de millones de

mexicanos, ha sido acaparada por unos cuantos privilegiados

extranjeros, nacidos dentro o fuera del país, pero extranjeros al fin, y lo

han logrado gracias a las decisiones y los actos de los gobernantes

que, desde 1982, han subvertido el orden y la legalidad constitucional.


Estamos ante el inminente peligro de que, quienes al tomar

posesión en los poderes Ejecutivo y Legislativo protestaron cumplir y

hacer cumplir la Constitución, la violen nuevamente; ahora para

entregar nuestra riqueza petrolera a las empresas trasnacionales.

Creen que para eso les pagamos los altísimos salarios, bonos,

seguros médicos, viajes, comidas y demás gastos onerosos.

Respecto al dominio directo y el usufructo del petróleo y su

explotación industrial, no es necesario ni el referéndum ni consulta

alguna, la Constitución de la República debe cumplirse. Las mexicanas

y los mexicanos de hoy tenemos que hacer respetar nuestra ley

fundamental que, en el artículo 39, establece “La soberanía nacional

reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder

público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este.

El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o

modificar la forma de su gobierno”. Para lograr el respeto a nuestra

Constitución debemos organizarnos en cada escuela, barrio, colonia,

poblado y centro de trabajo, advirtiendo a los legisladores federales

que si aprueban las reformas mencionadas, aunque lo hagan por

unanimidad, toda la parte que viole lo expresamente dispuesto en el

artículo 27 constitucional será nulo de pleno derecho; y a los


empresarios extranjeros, que todo lo que inviertan, con base en los

contratos prohibidos por la Constitución lo perderán, porque la Nación

no tendrá obligación alguna de cumplir con contratos

constitucionalmente inválidos e inexistentes.

Si los subversivos aprueban su reforma, los ciudadanos

estaremos obligados histórica, ética y constitucionalmente a defender

los intereses y el futuro de nuestra patria, conforme a lo dispuesto en

los artículos 39, 3º, 16, 27, 73, 87 y 136 Constitucionales. Ejerceremos

la respectiva demanda popular nacional y desconoceremos a los

gobernantes y legisladores que hayan actuado en contra de la Nación

y su Constitución. Lucharemos con todos los medios legales a nuestro

alcance dentro y fuera del país, para restablecer el imperio de la ley

suprema de la República y restaurar el Estado de derecho.

Muchas gracias.

Porfirio Martínez González.