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Antropología Social y Cultural

Clase 3 – La cultura como modo de explicación de


la diversidad humana.

Bienvenidos a la clase número 3, en esta exposición iniciaremos el tratamiento de


la diversidad; un tema que dentro de esta cátedra va a ser central y veremos diversos
modos de aproximarse y de abordar esta temática. Continuaremos trabajando en
este tema con la autora María Cristina Chiriguini, que también la utilizamos en el
módulo número 2. Esta autora explica que la noción de naturaleza humana y la
relación del hombre con el mundo de lo viviente han sido planteadas y discutidas a
lo largo de la historia del pensamiento occidental desde diferentes posturas teóricas
e ideológicas. Algunas de las preguntas formuladas con más frecuencia están
relacionadas con el origen del hombre, la especificidad de la dimensión humana y la
diversidad de respuestas culturales presentes en las distintas sociedades para
resolver situaciones similares. Otra cuestión que interesa conocer está referida al
mayor o menor grado de incidencia de lo hereditario sobre lo adquirido en la
determinación del comportamiento humano. En los últimos tiempos, y frente al
avance de la biotecnología y el desciframiento del genoma humano, nuevos
interrogantes fascinan y preocupan.

Ha sido demostrado que el hombre es producto de la selección natural, como todo


lo viviente, pero también el resultado de procesos sociales y culturales. A diferencia
del resto de los animales y de nuestros antepasados homínidos que se extinguieron,
somos el único animal cuya capacidad de elegir es casi ilimitada. Como sostiene el
antropólogo Richard Leakey, una de nuestras mayores dificultades es la incapacidad
para reconocer que somos capaces de elegir nuestro futuro y, por lo tanto, de
modificar el presente. En esa misma línea de pensamiento, la única cosa cierta que
podemos decir sobre la naturaleza humana es que está en su misma naturaleza
biológica la construcción de su propia historia.

Los hombres crean las condiciones materiales de su existencia porque está en su


misma naturaleza esta capacidad de transformar la naturaleza en forma colectiva y
social y no individual: construyen sus viviendas, producen sus alimentos,
confeccionan sus vestidos, inventan técnicas; en síntesis, organizan su vida social.

En ese sentido la especie humana es el resultado de dos instancias: somos seres


de la naturaleza y somos seres sociales. Y la relación que se establece entre ambos
dominios no es pasiva ni unidireccional, sino, bidireccional y dialéctica.

Transformamos el ambiente natural limitante y condicionante y construimos en


ese proceso relaciones de diferente índole, ya sean económicas, políticas y/o sociales
y, al mismo tiempo que producimos estas relaciones, constituimos universos
simbólicos. Sin lugar a dudas, nuestra vida cotidiana se desenvuelve en un espacio
físico. Nuestro planeta, por el momento nuestro único hábitat, requiere también de
nuestro interés. La naturaleza no comprende únicamente los pocos entornos
naturales en los que la sociedad industrial y la explotación abusiva de los recursos
no han dejado todavía (supuestamente) su impronta, sino que incluye todo el
ambiente construido y transformado por el hombre, desde el espacio que ocupa una
reserva indígena, en una desolada meseta del sur de nuestro país, hasta las glandes
ciudades que actualmente identifican la vida urbana.

En ese sentido consideramos a la interacción de los procesos sociales que


involucran a las sociedades humanas con la naturaleza como históricamente
producidos, fruto de determinados sistemas de producción y del acceso desigual a
los recursos, incluyendo, en esta perspectiva aquellos espacios llamados naturales
como los “parques o reservas nacionales”, que son el resultado de las políticas de los
estados. Las transformaciones de la naturaleza son inherentes a la propia existencia
de los seres humanos que la utilizan y la transforman en el proceso productivo
(Comas D’ Argemir 1998:162). Sin embargo, a pesar de que los hombres actúen sobre
la naturaleza y la transformen en su beneficio, no se pueden dominar totalmente sus
leyes y, por lo tanto, la relación entre las sociedades humanas y la naturaleza es de
carácter dialéctico, del mismo modo que en la naturaleza humana lo es el vínculo
entre lo biológico y lo cultural. Los seres humanos actúan sobre la naturaleza
mediante el proceso de trabajo para satisfacer sus necesidades de existencia y en
ese proceso se modifican a sí mismos y a la propia naturaleza.

Los invito a profundizar en la lectura de esta autora, que es realmente valiosa para
comprender esta temática que empezamos a trabajar en esta clase. Los espero en el
próximo encuentro.

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