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UNIVERSIDAD NACIONAL JOSÉ FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN

FACULTAD DE INGENIERIA AGRARIA, INDUSTRIAS ALIMENTARIAS Y


AMBIENTAL

ESCUELA PROFESIONAL DE INGENIERIA EN INDUSTRIAS ALIMENTARIAS

SOCRATES, Y ARISTOTELES Y EL PAPEL QUE JUGARON EN LA EVOLUCIÓN


DE LA ETICA

CURSO: Deontología y Discapacidad

CICLO: IX

DOCENTE: FRANCISCO ROJAS RUIZ

INTEGRANTES:

ESPINOZA DE LA CRUZ, YASSER


GUARDIA APONTE, LUCERO
GAVINO GIMENEZ, MILAGROS LIZBETH
RIOS VERAMENDI, JESUS ARTEMIO
TUCTO SOTO, YELSIN
YANAC SANTIAGO, YELTSIN

HUACHO – PERÚ

2021
A nuestros padres
que son ejemplo de virtudes
y perseverancia
INDICE

PORTADA

DEDICATORIA

INDICE

RESUMEN

II. LA EVOLUCIÓN DE LA ÉTICA................................................................................................4

III. ETICA DE SOCRATES................................................................................................................6

IV. ARISTÓTELES : EL FIN ES SER FELIZ.................................................................................7

4.1. ETICA NICOMATICO................................................................................................................8

4.2. ETICA NICOMAQUEA..............................................................................................................9

V. ARISTÓTELES LA VIRTUD COMO TÉRMINO MEDIO...................................................12

VI. ARISTÓTELES : DE LA ÉTICA A LA POLÍTICA...............................................................14

VII. LOS 10 LIBROS DE LA FELICIDAD......................................................................................17

7.1. EL BIEN Y LA FELICIDAD....................................................................................................17

7.2. TEORIA DE VIRTUD...............................................................................................................18

7.3. VIRTUDES INTELECTUALES O DIANOÉTICAS...............................................................20

7.4. EL FIN DE LAS ACTIVIDADES HUMANAS.......................................................................22

7.5. LA VIRTUD: EL EQUILIBRIO ENTRE EXCESOS..............................................................23


RESUMEN

La ética de Aristóteles se basa en el concepto de felicidad. El planteamiento de Aristóteles


es bastante simple, una acción es correcta si me hace feliz y es incorrecta si no me hacer
feliz. El pensamiento de Aristóteles dice que la consecuencia de una acción genera felicidad
o no. Se analiza la percepción individual sobre esa acción. ¿Qué pasa si hago algo que me
hace feliz y eso es malo para la sociedad? Aristóteles dice que la consecuencia de ese acto
será que serás detenido y por lo tanto, al final, infeliz.

Según Aristóteles la capacidad diferencial que nos hace felices es la capacidad intelectual,
esto es lo que nos acercará a la felicidad.

Aristóteles no pensaba, como lo hacía Platón, en la existencia de dos mundos. Para el, solo
había uno, este, donde viven seres compuestos de materia (cuerpo) y forma (alma), y que
tienen como finalidad, la felicidad. Además, esos seres, aspiran al conocimiento. Y del
conocimiento, precisamente, al que solo se accede a través de la experiencia, de la razón,
vendrá la felicidad del individuo, que solo puede llegar a serlo en sociedad.

Así pues, la ética de Aristóteles se basa en el concepto de felicidad y su planteamiento es


bastante simple: una acción es correcta hace feliz al individuo y es incorrecta en caso
contrario.

Se trata de una ética eudemonista porque para determinar si una acción es buena o mala,
atiende únicamente a si esta produce felicidad o no. Ahora bien, que pasa si una persona
hace algo que le hace feliz, como robar, y con esa acción está haciendo infeliz a la
sociedad? La respuesta de Aristóteles es clara. Si robas, serás castigado, sufrirás las
consecuencias, te detendrán e irás a la cárcel. Por tanto, en estas condiciones, esa persona
no podría ser feliz. Robar nunca puede proporcionar felicidad, ni tampoco otra acción que
perjudique al conjunto de la sociedad.
I. LA EVOLUCIÓN DE LA ÉTICA

ORÍGENES:

La ética nace en la época esclavista. Su aparición está relacionada con los profundos
cataclismos producidos en las relaciones entre los hombres en el proceso de la Sociedad
primitiva a la Civilización clasista. En el cual desempeñó un papel decisivo la separación
de la moral como forma especial. El análisis de los primeros momentos escritos de la
cultura europea muestra que el desarrollo del pensamiento ético va paralelamente al
desglose de las normas morales abstractas. La ética medieval centró toda la atención
principal en la consideración de las formas objetivadas exteriores de la moral. La moral
empezó a entenderse como sistema de leyes y normas que dan sentido valorístico a la
condición humana. (Camps, 2013)

Las normas desde el punto de vista de la ética cristiana confrontan con los individuos reales
con sus intereses y necesidades por ser estas leyes “prescritas” por dios y no por el hombre.
Llegando a la conclusión de que los procesos morales son inexplicables dentro de la ética
teológica. La Ética de la Edad Moderna librada del religioso medieval, se distingue por su
variedad teórica y múltiples problemas. Analiza principalmente la correlación entre las
normas sociales y las necesidades individuales. La ética marxista es consecuentemente
materialista; considera los ideales, las normas y las virtudes que rigen en la sociedad como
reflejo de las relaciones humanas reales, como expresión de los intereses y mandatos de
determinados grupos y clases sociales. La ética marxista es dialéctica. Desde su punto de
vista cada manifestación de la moral, así como toda moral en general se halla en
movimiento continuo: nace, se desarrolla, muere, cambia su estado cualitativo. No existe
una moral en general al margen del proceso histórico concreto.

• EVOLUCION DE LA ETICA

La evolución de la ética se remonta a los orígenes mismos de la filosofía en la antigua


Grecia, y su desarrollo histórico ha sido amplio y variado.

• Ética en el pasado
Remontarse al pasado implica una remembranza de ideas, enseñanzas, consejos o máximas
de las personas a las que en nuestro trayecto por la vida hemos conocido. La familia, célula
fundamental de la sociedad, ha jugado un papel trascendental en la ética del hombre en
general. Desde sus primeros años, va abrevando conocimientos, vivencias y enseñanzas de
sus progenitores y familia cercana con quien convive; de ellos depende gran parte de la
formación de sus valores; el que pueda determinar sobre el bien y el mal a sus semejantes;
el respeto a los demás, en su persona, en sus bienes o derechos. Desafortunadamente,
muchas personas a veces han influenciado conductas deshonestas, irrespetuosas, con falta
de valores; por ejemplo, los programas televisivos en los cuales, se pueden apreciar ciertas
faltas de respeto que, paradójicamente, lejos de reprobarse esas actitudes, causan hilaridad.

Esta desviación “moral o ética” del individuo, tiene corrección y podrá erigirse al inicio de
sus estudios profesionales, con el contacto de sus profesores.

• Ética en el presente

Advertimos una ligera descomposición social, debido a la gran transformación mundial,


donde día con día, se van perdiendo, poco a poco, los valores entre los seres humanos.

Es deber de los actores del mundo social y político, el que se corrija tal descomposición
humana, esto es, inculcando a sus hijos o familia aquellos valores básicos de respeto hacia
las personas, derivado de sus ideas, grupo social, ideología política, raza, sexo o cualquier
otra característica que hace diferenciarnos de los demás.

Para el logro de tal cometido, estamos inmersos los actores del mundo académico,
jurisdiccional, investigadores y personal administrativo de la burocracia, quienes debemos
poseer principios éticos básicos, para el mejor desarrollo de nuestras actividades.

• Ética en el futuro

Si hacemos caso omiso al establecimiento de los valores éticos a los que nos hemos
referido, vislumbramos un caos político, social y económico, que no conducirá a nada, más
que a la propia autodestrucción e imperio de la ley del más fuerte o más poderoso, falta de
valores o principios, pero vacío e intranquilo en cuanto a su seguridad humana. (Torres Z. ,
2014)
En efecto, mezclados aspectos del Derecho, la moral y aún, la arbitrariedad, temas
destacados magistralmente el profesor Juan Manuel Terán en su obra, conducirían a un caos
social.

Siendo optimistas y desde otro punto de vista, está en la juventud de abogados que
actualmente se forjan en nuestras aulas de clase, el que tomen conciencia del
resquebrajamiento social, falta de valores y principios; una vez que perciban a conciencia el
problema, estará en sus manos el resolver la problemática que se les presente, en aras de
una vida tranquila y con recato. Aún está a tiempo el estudiante de leyes, por recobrar o
reforzar esos valores derivados de la virtud ética, que lo conducirá a una vida profesional
más armoniosa, con mínimos problemas sociales y con una mejor calidad de vida y
desarrollo personal.

II. ETICA DE SOCRATES

Sócrates vive en la segunda mitad del siglo V, ateniense, pertenece a una familia humilde;
su padre, Sofronisco, era escultor y su madre, Fenarete, partera. Sócrates afirma que heredo
el oficio de sus padres en cuanto que se considera un escultor de hombres en la brusquedad
de la verdad.

Sócrates no dejó testimonios escritos, su doctrina es transmitida a la posterioridad por sus


discípulos Jenofonte y Platón. El pensamiento filosófico de Sócrates descansa en dos
divisas fundamentales, los atenienses de aquellos días no escribían libros; fue una edad de
grandes tragedias, pero no de literatura en prosa. Sócrates llamó “virtud” aquello que era
común para toda la raza humana y en todas las circunstancias, por ejemplo, la justicia, la
valentía o el autocontrol. De esta manera no sólo se opuso al relativismo de los sofistas,
sino que extrajo de todas las virtudes aquellas que hoy llamaríamos “virtudes morales”. Por
esa razón a Sócrates se le considera como el fundador de la ética.

Sócrates no dejó testimonios escritos, su doctrina es transmitida a la posterioridad por sus


discípulos Jenofonte y Platón. El pensamiento filosófico de Sócrates descansa en dos
divisas fundamentales:
El saber fundamental para Sócrates, es el saber acerca del hombre (de ahí su máxima:
“Conócete a ti mismo”) que se caracteriza por esto tres rasgos: es un conocimiento
universal válido, contra lo que sostienen los sofistas es ante todo un conocimiento moral es
un conocimiento práctico (conocer para obrar correctamente).

La ética de Sócrates es racionalista. En ella encontramos: una concepción del bien (como
felicidad del alma) lo bueno (como lo útil a la felicidad) la tesis de la virtud como
conocimiento vicio como ignorancia (el que obra mal es porque ignora el bien; por tanto,
nadie hace el mal voluntariamente) la tesis de origen sofista de que la virtud puede ser
transmitida o enseñada.

Para Sócrates, bondad, conocimiento y felicidad se enlazan estrechamente. Intelectualismo


moral, Contemporáneo de los sofistas, Sócrates fue uno de los personajes más curiosos de
su época y su fama ha perdurado a lo largo de los siglos. Platón, discípulo suyo, le rindió
homenaje en su obra, haciéndolo aparecer como interlocutor principal en gran parte de sus
diálogos.

III. ARISTÓTELES : EL FIN ES SER FELIZ

Aristóteles (384-322 a.C.), nació en Estagira (Macedonia). Hijo del médico de la corte
macedónica, parece que la profesión de su padre le predispuso a la observación científica y
a ver a la ética como la capacidad de curar a las almas de sus vicios.

Discípulo de Platón en la Academia, a la muerte de su maestro, le reclama el rey Filipo II


de Macedonia para que sea preceptor de su hijo, el futuro Alejandro Magno.

Al regresar a Atenas, Aristóteles funda su propia escuela, el Liceo, donde enseña y


desarrolla el pensamiento que años más tarde es compilado y constituye el conjunto de su
obra.

Cuando Alejandro Magno muere, tiene que huir de Atenas por ser macedonio, para evitar
un “segundo crimen contra la filosofía”, y se refugia en la isla de Eubea, donde muere un
año después.

Para Aristóteles, la ética es una teoría de la acción humana basada en la experiencia y


centrada en el bien del hombre, que es el bien de la polis; ya que, es en la sociedad donde el
ser humano realiza su excelencia.
Aristóteles define al ser humano como un animal que tiene logos, que habla y razona, y
como animal político, que vive en la polis y su existencia es social.

El pensamiento ético de Aristóteles es expuesto en tres textos básicos: Ética a Nicómaco,


Ética a Eudemo y Magna Moralia (la autenticidad de esta última es dudosa).

III.1. ETICA NICOMATICO

La Ética a Nicómaco comienza afirmando que toda acción humana se realiza en vistas a un
fin, y el fin de la acción es el bien que se busca. El fin, por lo tanto, se identifica con el
bien. Pero muchas de esas acciones emprendidas por el hombre son un "instrumento" para
conseguir, a su vez, otro fin, otro bien. Por ejemplo, nos alimentamos adecuadamente para
gozar de salud, por lo que la correcta alimentación, que es un fin, es también un
instrumento para conseguir otro fin: la salud. ¿Hay algún fin último? Es decir, ¿Hay algún
bien que se persiga por sí mismo, y no como instrumento para alcanzar otra bien?
Aristóteles nos dice que la felicidad es el bien último al que aspiran todos los hombres por
naturaleza. La naturaleza nos impele a buscar la felicidad, una felicidad que Aristóteles
identifica con la buena vida, con una vida buena. Pero no todos los hombres tienen la
misma concepción de lo que es una vida buena, de la felicidad: para unos la felicidad
consiste en el placer, para otros en las riquezas, para otros en los honores, etc. ¿Es posible
encontrar algún hilo conductor que permita decidir en qué consiste la felicidad, más allá de
los prejuicios de cada cual?

No se trata de buscar una definición de felicidad al modo en que Platón busca la Idea de
Bien, toda vez que el intelectualismo platónico ha sido ya rechazado. La ética no es, ni
puede ser, una ciencia, que dependa del conocimiento de la definición universal del Bien,
sino una reflexión práctica encaminada a la acción, por lo que ha de ser en la actividad
humana en donde encontremos los elementos que nos permitan responder a esta pregunta.
Cada sustancia tiene una función propia que viene determinada por su naturaleza; actuar en
contra de esa función equivale a actuar en contra de la propia naturaleza; una cama ha de
servir para dormir, por ejemplo, y un cuchillo para cortar: si no cumplen su función
diremos que son una "mala" cama o un "mal" cuchillo. Si la cumplen, diremos que tienen la
"virtud" (areté) que le es propia: permitir el descanso o cortar, respectivamente; y por lo
tanto diremos que son una "buena" cama y un "buen" cuchillo. La virtud, pues, se identifica
con cierta capacidad o excelencia propia de una sustancia, o de una actividad

Cualquier arte y cualquier doctrina, y asimismo toda acción y elección, parece que a algún
bien es enderezada. Por tanto, discretamente difinieron el bien los que dijeron ser aquello a
lo cual todas las cosas se enderezan. Pero parece que hay en los fines alguna diferencia,
porque unos de ellos son acciones y otros, fuera de las acciones, son algunas obras; y donde
los fines son algunas cosas fuera de las acciones, allí mejores son las obras que las mismas
acciones. Pero como sean muchas las acciones y las artes y las sciencias, de necesidad han
de ser los fines también muchos. Porque el fin de la medicina es la salud, el de la arte de
fabricar naves la nave, el del arte militar la victoria, el de la disciplina familiar la hacienda.
En todas cuantas hay desta suerte, que debajo de una virtud se comprenden, como debajo
del arte del caballerizo el arte del frenero, y todas las demás que tratan los aparejos del
caballo; y la misma arte de caballerizo, con todos los hechos de la guerra, debajo del arte de
emperador o capitán, y de la misma manera otras debajo de otras; en todas, los fines de las
más principales, y que contienen a las otras, más perfectos y más dignos son de desear que
no los de las que están debajo de ellas, pues éstos por respecto de aquéllos se pretenden, y
cuanto a esto no importa nada que los fines sean acciones, o alguna otra cosa fuera dellas,
como en las sciencias que están dichas.

III.2. ETICA NICOMAQUEA

Todo arte y toda investigación científica, lo mismo que toda acción y elección, parecen
tender a algún bien; y por ello definieron con toda pulcritud el bien los que dijeron ser
aquello a que todas las cosas aspiran. Cierta diferencia, con todo, es patente en los fines de
las artes y ciencias, pues algunos consisten en simples acciones, en tanto que otras veces,
además de la acción, queda un producto. Y en las artes cuyo fin es algo ulterior a la acción,
el producto es naturalmente más valioso que la acción. Siendo como son en gran número
las acciones y las artes y ciencias, muchos serán de consiguiente los fines. Así, el fin de la
medicina es la salud; el de la construcción naval, el navío; el de la estrategia, la victoria, y
el de la ciencia económica, la riqueza. Cuando de las ciencias y artes algunas están
subordinadas a alguna facultad unitaria —como por ejemplo la fabricación de los frenos y
de todo lo demás concerniente al arreo de los caballos está subordinada al arte de la
equitación, y ésta a su vez, juntamente con las acciones militares, está sometida a la
estrategia, hallándose de la misma manera otras artes sometidas a otras—, en todos estos
casos los fines de todas las disciplinas gobernadoras son preferibles a los de aquellas que
les están sujetas, pues es en atención a los primeros por lo que se persiguen los demás. Y
nada importa a este respecto que el fin de la acción sea tan sólo la misma actividad u otra
cosa a más de ella, como en las ciencias sobredichas.

A lo que creemos, el bien de que hablamos es de la competencia de la ciencia soberana y


más que todas arquitectónica, la cual es, con evidencia, la ciencia política. Ella, en efecto,
determina cuáles son las ciencia necesarias en las ciudades, y cuáles las que cada ciudadano
debe aprender y hasta dónde. ¿O no vemos que las facultades más preciadas están debajo de
ella, como la estrategia, la economía doméstica y la retórica? Desde el momento que la
política se sirve de las demás ciencias prácticas y legisla sobre lo que debe hacerse y lo que
debe evitarse, el fin que le es propio abraza los de todas las otras ciencias, al punto de ser
por excelencia el bien humano. Y por más que este bien sea el mismo para el individuo y
para la ciudad, es, con mucho, cosa mayor y más perfecta la gestión y salvaguarda del bien
de la ciudad. Es cosa amable hacer el bien a uno solo; pero más bella y más divina es
hacerlo al pueblo y las ciudades. A todo ello, pues, tiende nuestra indagación actual,
incluida de algún modo entre las disciplinas políticas

Los tres textos recogen apuntes de las clases que Aristóteles daba en el Liceo y que fueron
recopilados por sus discípulos. Constituyen los primeros tratados de ética de la historia del
pensamiento occidental, ya que, son más sistemáticos que las ideas que Platón había ido
planteando en sus diálogos. En Aristóteles la ética se presenta por primera vez como una
disciplina con contenido específico y que puede ser enseñada como una materia académica.

La ética es un saber práctico que trata de manera en que han de organizar sus vidas los
humanos para ser felices. En los animales, según Aristóteles, el éthos (el carácter o la forma
de ser) determina su comportamiento; mientras que los seres humanos, gracias a su alma
racional, pueden pensar
y decidir sin el condicionamiento de su éthos; motivo por el que la ética tiene sentido, ya
que se ocupa de orientar y guiar el comportamiento.

La ética se centra en la formación de la persona y es un saber práctico:

El hombre se hace justo por el hecho de realizar acciones justas y templado por el hecho de
realizar acciones templadas; y también que como consecuencia de no realizar éstas nadie
podría ni estar en disposición de ser bueno.

Por esta razón, la experiencia, las costumbres, las opiniones son el contenido fundamental
de la propuesta aristotélica.

La ética de Aristóteles es definida como teleológica porque se construye a partir del fin,
télos, propio de la vida humana. Para Aristóteles, el fin de una cosa es el bien de esa cosa;
por ello, el fin del ser humano será su propio bien. La ética, por tanto, estudia los medios
más adecuados para que se realice el fin o el bien propio del hombre. Esos medios
constituirán la “vida buena” o la mejor forma de vivir.

Toda acción responde a un objetivo o finalidad; actuamos buscando un bien, ya sea ganar
dinero, vivir tranquilos u obtener fama y reconocimiento social. Todos estos son objetivos
que son aparentemente bienes, pues en realidad son medios para alcanzar otros fines. Pero
detrás de ellos se esconde un bien que se busca por sí mismo y no por otro: la felicidad.

Ya de todo conocimiento y lección tienden a un bien, expongamos, para resumir, cual es el


más elevado de todos los bienes que se alcanzan mediante la acción. Pues bien, sobre el
nombre hay prácticamente acuerdo por parte de la mayoría: tanto la gente como los
hombres cultivados le dan el nombre de ‘felicidad’ y consideran que ‘bien vivir’ y
‘bienestar’ es idéntico a ser feliz.

Según Aristóteles, la felicidad (eudaimonía) es el bien supremo, fin deseable por sí mismo
y no subordinado a ningún otro. No obstante, si nos preguntamos en qué consiste la
felicidad, las respuestas son múltiples.

Aristóteles sostenía que la finalidad propia de cada cosa se encuentra en aquello que le
corresponde según su naturaleza y le hace actualizar sus potencialidades: para el cuchillo lo
más propio es cortar, para el estudiante estudiar y aprender.
En el ser humano, lo más característico de su naturaleza es la racionalidad, por ello, su
felicidad consiste en ejercer esa facultad, en llevar una vida contemplativa dedicada al
saber.

¿Podría suponerse una función propia del ‘hombre’? y cual podría ser, entonces, esta? la
vida activa del elemento que posee razón. Pero de éste, una parte la tiene en el sentido de
que es obediente a la razón y otra en el sentido de que la posee y razona. La función del
‘hombre’ es la actividad del alma conforme a la razón. Sus obras fueron :

IV. ARISTÓTELES LA VIRTUD COMO TÉRMINO MEDIO

La actividad que más felicidad le proporciona al ser humano es la que le es más específica,
que no es ni su dimensión vegetativa ni su dimensión sensitiva, que comparte con plantas y
animales, sino su dimensión intelectiva.

Para Aristóteles, en la actividad racional, en la actualización de sus potencialidades


intelectivas, el ser humano encuentra la más completa felicidad.

La buena ejercitación de la actividad racional nos dota de las excelencias teóricas a las que
Aristóteles denomina virtudes dianoéticas o intelectuales, que son aquellas que están
relacionadas con la reflexión y la deliberación, con la capacidad para entender cómo es el
mundo y para tomar la elección más acertada en cada momento.

Aristóteles identifica las siguientes virtudes dianoéticas:

La prudencia (phrónesis): es la razón práctica o juicio, la capacidad de aplicar los principios


generales a las situaciones cambiantes. La prudencia es la virtud que nos hace reconocer los
medios que nos acercan al bien y nos indica la manera en que se pueden aplicar.
El arte (techné): es la capacidad de saber producir de manera racional. La sabiduría (sofía):
es la comprensión teórica de la realidad mediante la razón contemplativa. Asimila al ser
humano a los dioses.

La ciencia (episteme): es el conocimiento de aquello que es objetivo, universal y necesario,


y, por tanto, demostrable.

La inteligencia intuitiva (nous): es la habilidad para captar los principios más generales,
axiomas, de la ciencia.

Las virtudes dianoéticas o intelectuales son teóricas y tienen un valor por sí mismas. Su
ejercicio posibilita alcanzar el ideal de vida buena y la posibilidad de alcanzar la máxima
felicidad, sin su ejercicio es poco probable que una persona pueda ser plenamente feliz.

Aristóteles destaca la virtud de la prudencia, que es la capacidad de escoger lo oportuno en


cada caso. La prudencia no consiste en aplicar una teoría ni una regla universal que valga
para todos los casos parecidos.

La indeterminación de la prudencia muestra que lo abstracto no sirve, que no hay bien o


mal absolutos: lo que hoy es bueno, puede dejar de serlo mañana. El bien se dice de muchas
maneras y se puede ser prudente de muchas maneras.

La prudencia nos ayuda a reconocer cuáles son los mejores medios para alcanzar nuestro
fin. Ser prudente implica deliberar, contrastar opiniones, ya que no hay ciencia del término
medio.

El ser humano no es solo intelecto, también tiene necesidades, deseos, etc. como el resto de
animales. El alma humana no solo cumple una función racional, también tiene una función
sensitiva y otra vegetativa.

Para llevar una vida de acuerdo con el bien, los humanos, además de cultivar las virtudes
dianoéticas, necesitan desarrollar las virtudes éticas, relacionadas con el modo de actuar en
el mundo, con el modo de controlar las pasiones y los deseos.
El ser humano actúa correctamente y es virtuoso si sus deseos y costumbres son racionales
lo que le permite, en cada circunstancia, escoger el término medio óptimo entre dos
extremos de conducta negativos, entre el vicio del exceso y el vicio del defecto.

Bien, de esta manera, todo experto rehúye el exceso y el defecto y en cambio busca el
término medio y lo elige pero no el término medio del objeto sino el relativo a nosotros.

Ante la variedad de factores y circunstancias y la imposibilidad de dictar reglas generales,


válidas para cualquier situación, la pauta ética más adecuada es buscar siempre el término
medio, la moderación, en nuestro comportamiento:

Pero sentirlo ‘cuando’, ‘en los casos en que’, y ‘con respeto a quienes’, y ‘para lo que’ y
‘como’ se debe, eso es el término medio y lo mejor –-lo cual es propio de la virtud.

Por ejemplo, una persona posee la virtud de la valentía (capacidad de actuar a pesar del
miedo) si su comportamiento es un término medio entre la cobardía (miedo a todo, que
impide que actuemos) y la temeridad (no tener miedo a nada, que impide la evaluación de
las posibles consecuencias de nuestros actos).

Aristóteles aplica la regla del término medio a distintas virtudes como la amabilidad, la
veracidad, la justicia… Sabiendo que este término medio depende de cada caso y de cada
situación, considera que solamente la prudencia y la razón de cada persona garantizan la
elección correcta del término medio.

No obstante, conocer la virtud, tal y como proponía Platón, no es suficiente para


Aristóteles. Esta ha de ser puesta en práctica de forma repetida con el objetivo de
consolidar un hábito; la virtud se aprende mediante la práctica y el hábito permite
incorporar la virtud ética, creando una disposición hacia el futuro.

V. ARISTÓTELES : DE LA ÉTICA A LA POLÍTICA

Ética y política, tanto en Platón como en Aristóteles, son ámbitos inseparables: la ética
conduce a la política y la política lleva a cabo el ideal ético.

Si la ética organiza y orienta el comportamiento individual en busca del bien y de la


felicidad, la función de la política es organizar la vida el comportamiento comunitario para
asegurar el bien común. Ética y política tienen el mismo objetivo: el bienestar y la felicidad
humanos.

La ética está subordinada a la política, depende de ella; ya que, parece preferible el bien de
la comunidad a la felicidad de un solo individuo y el individuo solamente puede
desarrollarse y ser feliz dentro de la polis o sociedad.

Aristóteles no comparte el idealismo de Platón, por ello, la idea del Bien, con mayúscula, le
resulta demasiado abstracta. La ética debe determinar qué nos hace buenos, qué nos
convierte en los mejores y para ello debemos tener en cuenta nuestra realidad de seres
sociales, animales políticos, seres que hablan y que tienen que aprender a convivir con sus
semejantes.

Aristóteles identifica el bien del individuo con el bien de la pólis, porque la vida plena, la
mejor vida para el individuo, está en la sociedad, junto a los demás seres humanos:

Tanto el sabio como el justo, y los demás, precisan de lo necesario para vivir, pero,
supuesto que están suficientemente provistos de tales cosas, el justo necesita otros hombres
para los que y junto con los que obrar justamente –y lo mismo el temperante y el valiente y
cada uno de los otros

El bien al que el ser humano tiende ha de facilitar la vida en sociedad; por eso no interesa el
Bien abstracto, sino el bien singular y concreto del hombre bueno, el que ha aprendido a
vivir con otros seres humanos.

El ser humana aislado, en soledad, no puede realizarse completamente, necesita de una


comunidad en la que desarrollarse, por eso la palabra que en griego designa a un individuo
que no se relaciona con los otros es idiotés. La polis es el marco en el que los seres
humanos organizan su subsistencia, toda sociedad surge por naturaleza y su finalidad es
mejorar la vida comunitaria, alcanzar la vida buena.

Para Aristóteles ello dependerá de tres aspectos fundamentales:


a) Conseguir la autosuficiencia, lo que permite vivir con independencia y libertad.

b) Aplicar la justicia, pues la armonía entre los ciudadanos solo se consigue cuando el
Estado persigue el bien común y no es secuestrado por los intereses egoístas.

c) Garantizar la educación pública para crear mejores ciudadanos tanto intelectual


como éticamente.

No podemos obviar que en Aristóteles la noción de ciudadano no es extensible a todos los


habitantes de la ciudad; ya que, no todos los seres humanos serán capaces de ser buenos o
virtuosos, porque para poder serlo es necesario ser libre y no verse encadenado por las
tareas propias de los esclavos, las mujeres o los trabajadores.

Lo que contradice su propuesta de que el hábito mejora la disposición natural de los


individuos y reduce a unos pocos varones los que pueden hacer uso de sus derechos y
deberes como ciudadanos.

Aristóteles sabe que el ser humano se realiza socialmente pero es consciente de que no
todas las organizaciones sociales favorecen y potencian por igual el desarrollo y la felicidad
de sus miembros.

Tras un análisis histórico de las distintas constituciones conocidas en su tiempo, Aristóteles


concluye, contra Platón, que no es posible un Estado perfecto; ya que, cada pueblo vive
unas circunstancias geográficas, climáticas, económicas y culturales distintas que impiden
establecer un orden general válido para todos.

Cada comunidad política debe encontrar la organización que mejor se adapte a sus
necesidades y recursos; por eso existen ciertas diferencias entre unos regímenes y otros.

Aristóteles afirma que existen tres formas de buen gobierno: a) La monarquía o gobierno de
uno solo; b) La aristocracia o gobierno de los mejores; y c) La politeia o gobierno de la
mayor parte de los ciudadanos.

En caso de que estos gobiernos se corrompiesen, se transformarían en tiranía, oligarquía y


demagogia respectivamente. Para Aristóteles, idealmente las mejores formas de gobierno
son la monarquía y la aristocracia:
Hay tres clases de constituciones y el mismo numero de desviaciones como si dijéramos
corrupciones de estas.De estas la mejor es la Monarquía y la peor la timocracia.

En todo caso, el filósofo considera que en la práctica es fácil que caigan en la corrupción y
en el abuso de poder.

Por ello, en realidad el mejor gobierno es la politeia, donde las clases medias administran
las leyes con prudencia, justicia y valor; facilitando el mejor desarrollo de la ciudad, desde
su organización económica y social hasta su educación, desde la moderación propia de una
comunidad en la que los ciudadanos no son ni muy ricos ni muy pobres.

Mientras en la época prefilosófica ser bueno estaba restringido a las clases sociales más
privilegiadas y en Platón, la posibilidad de alcanzar la idea del Bien solo estaba al alcance
de los sabios, en Aristóteles adquirir el bien no dependerá del desarrollo del conocimiento,
sino de experiencia y de buena práctica.

La ética de Aristóteles, por tanto, sigue siendo aristocrática, solo unos pocos podrán aspirar
a llevar una vida buena y a ser éticamente virtuosos pero la aristocracia ya no está en la
sangre sino en el éthos, en el carácter, en lo que cada persona llega a ser cultivando y
desarrollando lo mejor de sí misma.

VI. LOS 10 LIBROS DE LA FELICIDAD

VI.1. EL BIEN Y LA FELICIDAD

Aristóteles cree que el bien supremo del hombre es la felicidad. Ésta es la máxima virtud.
Pero a diferencia de su maestro Platón, para quien el Bien es único, la felicidad (o el bien
en Aristóteles) consiste en el ejercicio perfecto de cada actividad propia del hombre. En
este sentido, hay muchos tipos de bien, unidos cada uno de ellos a una virtud distinta. Es
necesario partir de la experiencia propia y de los hechos para alcanzar el máximo grado de
perfección y virtud en cualquier actividad. De este modo, se alcanza la felicidad o la
bondad, a la que se llega por muchos caminos. Durante el período helenístico, las distintas
corrientes éticas mostraron sus diferencias con respecto al tema del bien. En el estoicismo,
el bien representa la virtud más alta. Ésta se consigue viviendo de acuerdo con la
Naturaleza, a la que consideran un Todo ordenado y racional. Para alcanzar el bien o la
virtud han de evitarse por completo las pasiones (dolor, temor, placer, deseo sensual)
mediante el autodominio y la ataraxia (o imperturbabilidad del ánimo). En el terreno del
conocimiento, es posible ser virtuoso o bueno a través de la epojé o suspensión del juicio.
Algo muy distinto piensan otras escuelas de esa época, como el hedonismo o el
epicureísmo. El hedonismo considera que el bien es la satisfacción del placer sensual,
mientras que el epicureísmo considera que la felicidad del hombre consiste en la búsqueda
del placer, un placer moderado que se consigue obrando ‘con buen cálculo’. No elegimos
cualquier placer, sino que a veces evitamos placeres porque de ellos se deriva un dolor
mayor. De acuerdo con esto, todo placer es por naturaleza un bien, pero no todo placer ha
de ser aceptado

El bien dentro de la moral cristiana también presenta distintos aspectos. En pensadores


como San Agustín o Santo Tomás, el fin último del hombre es la contemplación de Dios.
Dios representa el máximo Bien y la más alta Verdad, de modo que una persona se hace
virtuosa en la medida en que se aproxima al conocimiento de lo divino.

VI.2. TEORIA DE VIRTUD

Ahora bien, no somos sólo razón y, como advierte oportunamente Aristóteles, no


podríamos vivir según la razón sin dar, al mismo tiempo, cierta satisfacción a las demandas
del cuerpo y a las pasiones del alma. La vida en general, incluida la del que quiere vivir
según la razón, precisa de bienes materiales suficientes para calmar el hambre, la sed y el
resto de las necesidades corporales. Pero, para llevar una vida racional, es preciso, además,
que hayamos aprendido a administrar convenientemente nuestros deseos y nuestras
pasiones, dándoles la satisfacción "justa", sin pasarnos ni quedarnos cortos. En su respuesta
a las demandas del cuerpo y del alma, nuestra parte racional ha de encontrar un equilibrio
que consista en algo así como un "punto medio" entre el exceso y el defecto. Frente a la
cobardía y la temeridad, hemos de actuar con valentía; frente al despilfarro y la tacañería,
hemos de hacerlo con generosidad; frente a la desvergüenza y la timidez, con modestia;
frente a la adulación y la mezquindad, con gentileza; etc.

Aristóteles identifica la "virtud" (areté) con el "hábito" (héksis) de actuar según el "justo
término medio" entre dos actitudes extremas, a las cuales denomina "vicios". De este modo,
decimos que el hombre es virtuoso cuando su voluntad ha adquirido el "hábito" de actuar
"rectamente", de acuerdo con un "justo término medio" que evite tanto el exceso como el
defecto.

Ahora bien, la actuación de acuerdo con el "justo término medio" o conforme a la "virtud"
requiere de un cierto tipo de sabiduría práctica a la que Aristóteles llama "prudencia"
(phrónesis). Sin ésta, nuestra actuación se verá abocada irremisiblemente al exceso o al
defecto o, lo que es igual, al "vicio".

Una de las características principales de la ética aristotélica es que es teleológica, es decir,


que las acciones son analizadas basándose en un fin. Un acto será bueno o malo
dependiendo de las consecuencias que tenga.

Así, para el filósofo, el fin al que aspira el hombre es la felicidad. Por tanto, una acción es
buena si logra hacer al individuo más feliz.

Por otro lado, la ética aristotélica es de carácter práctico, no basta con estudiarla sino que
hay que hacer uso de ella a través de la experiencia.

El fin de las actividades humanas

La ética aristotélica reflexiona sobre la conducta humana. Para Aristóteles todo


comportamiento persigue un fin, es decir, se mueve por un objeto o motivo, no es en vano.

Sin embargo, Aristóteles diferenció entre dos tipos de fines. Por un lado, los fines útiles
como medios y, por otro lado, el fin último. ¿En qué consisten cada uno de ellos?

Fines útiles como medios

Estos fines, según Aristóteles, sirven al hombre como vía para alcanzar otros. Sin embargo,
el filósofo pensó que podría haber otro fin, uno último al que todos los demás estén
sometidos.

El fin último: la felicidad o eudaimonía

En este sentido la ética aristotélica mantiene lo que se conoce como eudemonismo, es decir,
afirma que la conducta humana se dirige hacia la felicidad. Este fin no está condicionado
por otros, sino que es un bien último.

Así, para el filósofo, el fin último que intenta conseguir el hombre es la felicidad. Este es el
bien supremo de la vida humana.
Pero, ¿qué es la felicidad? ¿Cómo se alcanza una vida dichosa? Aristóteles afirma que la
respuesta depende de a quién se le pregunte. Pues, mientras que para algunos una vida feliz
podría reducirse a las riquezas, para otros, podría ser el placer.

En este sentido, Aristóteles sostiene la importancia de entender qué es lo propio del hombre
para descubrir qué le hace feliz.

VI.3. VIRTUDES INTELECTUALES O DIANOÉTICAS

Están relacionadas con los cinco tipos de conocimiento. Las virtudes intelectuales
incrementan nuestra capacidad de entendimiento y no son innatas, sino que se adquieren
mediante la educación. Estas corresponden con cada uno de los grados del saber y son:

• El arte

El arte es una actividad humana, lo que lo distingue de la naturaleza. Reside en el proceso


de producción y no en lo producido: los productos del arte pueden ser o no ser; los de la
naturaleza surgen de la necesidad.

Cada arte es una producción, pero no cada producción es un arte: solo lo es la producción
consciente basada en el conocimiento. La basada en el instinto, la experiencia o la práctica
no es arte. Según esta definición, para Aristóteles eran artes no solo las que hoy conocemos
como Bellas Artes, también la artesanía, la zapatería o la construcción de barcos, y también
al conocimiento que las posibilita, base de la producción, lo llama arte.

https://masdearte.com/especiales/aristoteles-el-arte-y-la-felicidad/

• La prudencia

La prudencia como "aquella disposición que le permite al hombre discurrir bien respecto de
lo que es bueno y conveniente para él mismo". Así, es prudente el hombre, prosigue
Aristóteles, "no en un sentido particular, como para la salud y el vigor del cuerpo, sino
sobre las cosas que deben contribuir de modo general a su virtud y felicidad". Al ser una
disposición, como dirá después, racional, verdadera y práctica, no cuenta como contenido
de una episteme teórica, sino más bien como la virtud directiva del conocimiento práctico.
Además, el hecho de ser praxis y no poiesis la sitúa, también, como componente de la
acción humana orientada por la virtud y ajena a la producción de objetos propia de la
técnica. Ahora bien, orientada por la virtud intelectual, por la virtud dianoética que viene
determinada por la racionalidad de los fines y por la verdad práctica: la verdad que se
refiere a la vida humana en cuanto ha de desenvolverse en la práctica (y, por tanto, distinta
de la verdad esperable de la ciencia física o de la matemática). De este modo, Aristóteles se
refiere a la verdad que atañe a la libertad, no a la verdad de la necesidad.

• La ciencia

la ciencia es el conocimiento de la causa de una cosa y la filosofía es la ciencia de las


primeras causas y principios. Recoge de Platón su idea acerca de la filosofía como el
conocimiento de las esencias de las cosas, de lo que es inmutable, universal y eterno pero, a
diferencia de su maestro, considera que las esencias no pueden estar separadas de las cosas
(en el mundo de las Ideas), sino que deben estar en las cosas mismas. Así, frente al
idealismo platónico, Aristóteles puso los fundamentos gnoseológicos del realismo al
revalorizar la experiencia sensible como punto de partida del conocer y de la ciencia,
combinándola con una firme confianza en el poder universalizador de la razón. Aristóteles
llega a los conceptos, ideas o "universales" por medio de la observación del mundo real y la
función abstractiva de la mente humana: la labor de la inteligencia consiste en abstraer de
los objetos singulares que nos presentan los sentidos, las notas o cualidades individuales
hasta llegar al elemento común que es precisamente la esencia o naturaleza de cada ente.
Éste es el fundamento gnoseológico del realismo filosófico.

• La inteligencia

la inteligencia en términos de “agudo ingenio”. En una de sus obras (Sternberg, 1990)


expresó el siguiente razonamiento respecto a la naturaleza de la inteligencia. El agudo
ingenio es una facultad que tropieza con los “puntos intermedios”. Por ejemplo, un hombre
cuando ve el lado luminoso de la luna siempre respecto al sol, rápidamente, comprende la
causa de esto, es decir, la luna coge su luz del sol; u observas a alguien conversando con un
hombre rico y determina que le están pidiendo dinero o que la amistad de esas personas
surgió de una enemistad común. Todos estos ejemplos tienen periodos menores y mayores
y, entonces, comprenden las causas, los “puntos intermedios”.

• La sabiduría

La sabiduría aristotélica se entiende como aquella virtud intelectual que, siendo ciencia e
intelecto, es conocedora de los principios y las causas de las cosas que deben ser útiles para
uno mismo. Es así como el sabio para el Estagirita es el que sabe todo en la medida de lo
posible, es aquel que posee en grado sumo la ciencia de lo universal; Aristóteles nos ilustra
sobre la forma en que debemos interpretar la prudencia y la sabiduría, diciendo que ambas
son cosas distintas pero que se complementan la una con la otra. En síntesis, esta es la
reflexión que se emprenderá en el presente artículo, donde se desarrollará la teoría de las
virtudes aristotélicas y la “suprema” virtud, la sabiduría (como es catalogada por
Aristóteles), y su incidencia en el investigador que experimenta con animales, quien debe
aplicar unos principios éticos universales en el desarrollo de sus investigaciones.

VI.4. EL FIN DE LAS ACTIVIDADES HUMANAS

La ética aristotélica reflexiona sobre la conducta humana. Para Aristóteles todo


comportamiento persigue un fin, es decir, se mueve por un objeto o motivo, no es en vano.

Sin embargo, Aristóteles diferenció entre dos tipos de fines. Por un lado, los fines útiles
como medios y, por otro lado, el fin último. ¿En qué consisten cada uno de ellos?

Fines útiles como medios

Estos fines, según Aristóteles, sirven al hombre como vía para alcanzar otros. Sin embargo,
el filósofo pensó que podría haber otro fin, uno último al que todos los demás estén
sometidos.

El fin último: la felicidad o eudaimonía

En este sentido la ética aristotélica mantiene lo que se conoce como eudemonismo, es decir,
afirma que la conducta humana se dirige hacia la felicidad. Este fin no está condicionado
por otros, sino que es un bien último.

Así, para el filósofo, el fin último que intenta conseguir el hombre es la felicidad. Este es el
bien supremo de la vida humana.
¿Qué define al hombre?

Aristóteles afirma que aquello que caracteriza al hombre es, precisamente, su capacidad de
razonar.

Sin embargo, a parte del alma racional, el hombre también tiene deseos, que forman parte
de su condición. Para no dejarse arrastrar por estos deseos y pasiones el individuo debe
dirigir su comportamiento, para ello, tiene que someter dichas pasiones a la razón.

En consecuencia, para el filósofo el mejor camino para alcanzar este fin último reside en
tener la capacidad de encaminar los deseos o pasiones por el sendero de la prudencia.

La ética aristotélica sostiene que el hombre debe buscar la felicidad en la “tarea” que mejor
domina, esta es, razonar. Aristóteles propone un “modelo” mediante el cual el hombre
practique, a través del razonamiento, una serie de “hábitos” que lo conduzcan hacia “el bien
y la justicia” y, en consecuencia, a la felicidad. Aquí, entran en juego las virtudes (Lenman,
James 2021).

VI.5. LA VIRTUD: EL EQUILIBRIO ENTRE EXCESOS

¿Qué es la virtud? Generalmente podemos entender virtud como la “inclinación a obrar


basándonos en unos ideales”, también se puede asociar a “tener determinadas capacidades o
destrezas”. Pero, ¿qué es virtud para Aristóteles?

Para el filósofo las virtudes son las aptitudes o capacidades que conducen al hombre a ser
pleno. Entonces, ¿cómo se consigue alcanzar ese estado de plenitud o felicidad?

El único camino que propone el filósofo es el del “equilibrio”, esto se logra ejercitando la
razón y reconduciendo los deseos y pasiones situándolas entre el “exceso” y el “defecto”,
es decir, en un punto intermedio. Así, aparecen dos tipos de virtudes:

Virtudes intelectuales o dianoéticas

Están relacionadas con los cinco tipos de conocimiento. Las virtudes intelectuales
incrementan nuestra capacidad de entendimiento y no son innatas, sino que se adquieren
mediante la educación. Estas corresponden con cada uno de los grados del saber y son:

 El arte
 La prudencia
 La ciencia
 La inteligencia
 La sabiduría

Virtudes éticas

En las virtudes que Aristóteles definió como “éticas” cobra especial importancia la
prudencia. Entendamos prudencia como el “camino” de la deliberación. La prudencia
permitirá guiar las emociones y las pasiones por un “camino intermedio” que tendrá como
resultado un carácter mejor y un control racional Oriol (2015).

En este sentido, para el filósofo hay una virtud para cada pasión. Es decir, un término
medio que será equilibrado y modesto. Por ejemplo, entre temeridad (defecto) y la cobardía
(exceso) estaría la virtud de valor.

La justicia: la mayor virtud

Otro concepto importante en la ética aristotélica es el de justicia. Para el filósofo


existen dos tipos de justicia.

Justicia universal

Es la virtud que incorpora todas las demás virtudes y está directamente relacionada con el
cumplimiento de la ley. Así, según el filósofo, el hombre justo sería aquel que cumple con
las leyes.

Justicia particular

Aristóteles distingue otros tipos de justicia relativos a las relaciones interpersonales, para
que cada cual reciba lo que es debido. Estos son:

 Conmutativa: se basa en un equilibrio entre el intercambio de bienes. Es decir, que


se dé lo mismo que se recibe.
 Distributiva: consiste en que no se dé a todos por igual, que el reparto de beneficios
se haga en proporción a los méritos.
LINEA DEL TIEMPO DE LA ETICA CON RESPECTO A SOCRATES
LINEA DEL TIEMPO DE LA ETICA CON RESPECTO A ARISTOTELES
BIBLIOGRAFIA
ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Trad. José Luis Calvo Martínez. Madrid, Alianza,
2001.
Ética eudemia. Trad. Julio Pallí Bonet. Madrid, Gredos, 1977.
EUCLIDES, Los estoicos antiguos. Trad. Angel Cappelletti. Madrid, Gredos, 1996.
CAMPS, V., Historia de la ética, 3 vols. Barcelona, Crítica, 2008.
CAPELLE, W.: Historia de la Filosofía Griega, Madrid, Gredos, 2003.
GARCÍA GUAL, C.: Historia de la Filosofía Antigua, Madrid, Trotta, 1997.
REALE, G., ANTISERI, D.: Historia del pensamiento filosófico y científico, Barcelona,
Herder, 1991, (Vol. I).
https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303184815/rev56_gomezlobo.pdf

https://www.carlosllanocatedra.org/blog-filosofia/el-bien-y-la-felicidad-en-aristoteles

http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena3/quincena3_contenidos
_4b.htm

https://www.culturagenial.com/es/etica-de-aristoteles/

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