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De formas y formatos

¿Escuela para todos?


Discursos éticos o políticamente correctos circulan por el sistema educativo, explicitando
la necesidad de plantar una escuela para todos, que obtenga las diferencias.

¿Cómo atender a la diversidad en una escuela regida los criterios de simultaneidad y


homogeneidad?

En los últimos años comenzaron a alzarse las voces en defensa del derecho de todos a la
educación, de la mano de la figura de la integración, detenernos a revisar algunos
conceptos y miradas nos permitirá avanzar y reflexionar sobre las formas y formatos
que mejor permiten alojar la singularidad y abordar el todo que conforma cada
grupo en las escuelas.

Diferenciar los conceptos de integración, inclusión y diversidad podría ser el primer paso.
Haciendo historia, observamos diferentes modelos. El modelo excluyente (siglo XIX)
cuando la escuela era pensada solo para una elite. A principios del siglo XX surge el
modelo segregador, que plantea una escuela para todos, deja muchos alumnos por
fuera del sistema, alegando el no aprendizaje de algunos. Surge, entonces, la repitencia
como una posible solución.

En los años 50 ve la luz el modelo integrador, procura solucionar el problema de la


segregación de las personas que padecían algún déficit por medio de ayudas y apoyos en
la escuela común.

En los años 70 se comienza a hablar de Necesidades Educativas Especiales (NEE). La


preocupación por las personas con NEE permite virar, en los 90, hacia un modelo
inclusivo, que se aleja de las miradas del déficit y pone el acento en las condiciones de
escolarización ofrecidas.

Reconocer que existen niños y adolecentes que por cuestiones orgánicas o determinadas
enfermedades no pueden seguir con los requerimientos de la escuela común implica
considerar las diferencias y ofrecer las mejores posibilidades de escolarización para cada
uno, aunque no siempre pueda ofrecerlas dicha escuela. La integración resulta una ilusión
más que una posibilidad.

La revisión de los diferentes modelos lleva a detenerse en el punto que creemos central:
el modo en que se concibe la igualdad conlleva a formas particulares de pensar y
de dar trato a las diferencias, dando paso a consecuencias no siempre advertidas o
deseadas por los propios educadores en su participación en el sistema.

La igualdad se constituye en uno de los pilares de la expansión de los sistemas


educativos modernos. Una igualdad que persigue el objetivo de nivelar y equiparar a
todos los ciudadanos, procurando darles las herramientas para que puedan manejar el
mismo lenguaje y aprendan las mismas cosas.
Se trata de una concepción de igualdad como sinónimo de homogeneidad, que atribuye a
la diferencia connotaciones de inferioridad o incapacidad.

La escuela propone inicialmente una idea de igualdad que no se corresponde a los


vínculos concretos y con la experiencia pedagógica, y cuando se concreta, supone el
sostén de una norma que pide a todos lo mismo y al mismo tiempo.

En este marco surge el concepto de atención a la diversidad, que devela un trato bien
diferente a la tensión igualdad-diferencia.

La diversidad es leída por muchos docentes como indicador de extrema pobreza o


discapacidad. No engloba a la diferencia inscripta en cada ser humano. Se trata de
reconocer la desigualdad, una mirada de victimización que deja al otro en una situación
de resignación, falto de posibilidades para la acción. Y en esta misma línea se deja poco
margen para la acción pedagógica.

El reconocimiento de la desigualdad conduce, a un trato piadoso frente a tanta impiedad


social y a vincularse con los alumnos desde un principio que les respecta al lugar de
victimas, nunca de iguales.

Procuramos contribuir el debate sobre las diferencias y fundamentalmente sobre las


prácticas inclusivas.

Desarmar el discurso de la diversidad implica, sacarlo de coto de los otros y


transformarlos en un decurso pedagógico sobre el conjunto y sobre cada uno de nosotros.

Percibir la singularidad implica reconocer en cada uno su posibilidad, considerar las


diferencias como aquello que se inscribe entre las personas. La diferencia es una
relación, lo que tenemos entre tú y yo. La diferencia está entre sujetos, no en la
naturaleza de un sujeto.

Atender a la diversidad: ¿integrar o mirar la singularidad?


Las aulas son espacios donde la heterogeneidad es constitutiva, la escuela trabaja
sostenida en la ilusión de que todos aprender de la misma manera y a la vez. Ilusión que
se basa en un supuesto de normalidad que pretende constantemente la igualdad.

No se trata de negar las dificultades, se trata de no reconocerlas desde categorías a priori


que poco nos dicen de la singularidad, que, por ser tan taxativas, dejan a los alumnos
desamparados, aceptando casi naturalmente algunos destinos de fracaso y exclusión.

Proponemos revisar las maneras de mirar, proponemos crear mejores condiciones


posibles de alojar al otro sosteniendo un colectivo lo suficientemente amplio como para
que el “todos” se construya aceptando a los “algunos”, un colectivo que incluya las
diferencias, respete la singularidad y ofrezca un proyecto educativo de calidad para todos.

En ese sentido comprender se trata de considerar las posibilidades de escolarización que


ofrecemos y las condiciones de enseñanza que desplegamos.
Las maestras de apoyo o maestras integradoras son ya figuras conocidas en la mayoría
de las escuelas. Su ingreso a las aulas parece coincidir con aquel discurso que plantea
propósitos explícitos de integrar a todos los alumnos en las escuelas, expresión de ciertas
políticas educativas actuales que abogan por la inclusión, porque las escuelas sean “más
inclusivas” y que todos puedan contar su lugar en ella.

Es en la práctica diaria, en las ayudas concretas, en las experiencias que posibilitan,


donde encontramos claves para pensar y armar herramientas para cada situación en
particular, con su complejidad y con todas nuestras incertidumbres. Es el análisis de
situaciones donde las cuestiones referentes a los formatos escolares y a las
particularidades propias de las situaciones de enseñanza y aprendizaje escolar se hacen
visibles como centrales para generar una inclusión que no deje a nadie adentro, pero
fuera de la experiencia.

¿Qué pasa con los formatos escolares y con la posibilidad de flexibilizarlos?

La maestra integradora parece ser la figura que viene a flexibilizar la condición de


aprendizaje simultáneo y masivo que plantea la escuela, entre sus formatos. Aparece
otro que asiste de manera individual, que acomoda las propuestas pedagógicas a las
necesidades y posibilidades de los alumnos, que media en su relación con el saber y con
los otros. Una maestra integradora puede propiciar o no mejores condiciones de
aprendizaje y participación. Aunque su sola presencia no garantiza la inclusión.

La clave generar formas diversas de conocimiento desde la misma propuesta pedagógica,


esto es, propiciar formas de entrada para cada uno desde las prácticas de enseñanza.

El Otro, las herramientas y las mediaciones


Un modo de entender el acto de aprender y de enseñar, a partir del cual poder pensar
formas y formatos que propicien un todo más amplio, para incluir a los niños y jóvenes en
las escuelas.

Nuestra mirada sobre el aprendizaje escolar pone un fuerte acento en la actividad que
docente y alumno construyen conjuntamente, en una práctica asistida y en colaboración
que promueve posibilidades de acceder a nuevos saberes.

Entendemos que enseñar y aprender resultan actividades en colaboración donde no hay


métodos uniformes, apostamos a abrir el terreno de las herramientas, y sumarnos al
debate en torno a los soportes que permitan tránsitos mas orientados y cuidados en la
escuela.

El concepto de mediación, eje vertebrador de la teoría socio-histórica de lev vygotsky, nos


interpela en este sentido, al tiempo que nos marca un rumbo posible. En primer lugar,
instala una distancia con las explicaciones más deterministas del aprendizaje, las que
dejan poco margen para hacer y ayudar a los alumnos a aprender, e invita a considerar
aquellas acciones sociales, culturales e históricas que actúan sobre los sujetos cuando
aprenden en las escuelas, pensar las acciones de los otros, las experiencias que se les
posibilita, las condiciones y limitaciones que plantean las situaciones, entre otras
cuestiones centrales que exceden la mirada de lo individual.

Las mediaciones son procesos donde los individuos operan con instrumentos que se
conforman en y para negociar significados en el marco de actividades sociales.

Pensar en términos de mediación presupone una mente que surge en la actividad


mediada y conjunta entre las personas.

Vygotsky plantea tres clases de instrumentos: los materiales, psicológicos y otros


seres humanos, la mediación que posibilita aprendizajes se da a través de las
actividades de otras personas y contras personas en contextos socioculturales. Los
instrumentos materiales y psicológicos se construyen para producir usos y efectos en el
marcos de chicas actividades y así, se crea un sistema de actividad definido por
propósitos específicos.

Si los instrumentos y los otros intervienen de manera contundente en estas escenas de


aprendizaje y participación, resultan puertas de entrara particularmente ricas para generar
condiciones pedagógicas y procurar cambios en las formas de aprendizaje de los
alumnos.

Los otros que interactúan con los alumnos pueden ser vistos como una herramienta más
al interior de un sistema de actividad que posibilita.

Es necesario considerar el sistema de actividad que se conforma, la situación de


aprendizaje que se genera, más que considerar a la maestra de apoyo o maestra
integradora como la estrategia o la alternativa pedagógica.

Algunas cuestiones más a considerar desde esta perspectiva


A vygotsky le preocupaba que las respuestas sociales a las personas, pudieran crear sus
problemas.

Ciertas formas de aprender y conducirse en situaciones sociales pueden dar lugar a


dificultades para participar en un contexto donde la mayoría de los participantes no
experimenta formas o dificultades similares. Cuando de la escuela se trata, estas
diferencias se evidencian y dejan al sujeto expuesto a miradas que tienden a excluirlo.

Estar dentro de la escuela pero fuera de las posibilidades de participar activamente de sus
prácticas es una forma encubierta de exclusión.

Pensamos en chicos que no tiene o no encuentran las condiciones para albergarlos y


hacerles un lugar. En este dilema, en esta relación compleja entre formas del niño y las
formase escolares que encontramos el lugar para trabajar sobre los procesos mediadores
y posibilitadores. Un trabajo sobre los vínculos entre los sujetos con los objetos y
fundamentalmente que supone reflexionar en torno a instrumentos que habrán
posibilidades.
Herramientas para la enseñanza
Herramientas que posibilitan al enseñanza, que deben comenzar por considerar que el
aprendizaje en la escuela cuenta, con la condición de tener lugar en el marco de un
colectivo que resulta complejo per se, que no siempre contempla las singularidades de
sus participantes.

Cuando se define un colectivo, se define en el mismo momento aquello que queda fuera
de el. Cuando la definición de ese colectivo es muy estrecho o rígido, la exclusión es
mayor.

Es desde estos colectivos que creemos necesario pensar las herramientas y las
apoyaturas.

Se trata de un conjunto de docentes y en coacciones también de la presencia de otros


adultos, que se suman y trabajan conjuntamente. Se trata de varios otros que entran en
diferentes escenas, que intervienen de diferentes modos y desde diferentes lugares,
organizados así soportes y formatos de intervención. Estas prácticas implican a varios y
diferentes adultos de la escuela que se proponen participar y que se detienen en la
singularidad de la situación, procurando flexibilizar formas para sostener inclusiones. No
es un mero acompañamiento es la revisión de formatos y condiciones escolares para
armar algo diferente que no pretende homogeneizar ni igualar.

Para que un chico o joven pueda estar dentro de la escuela debemos asegurar que es
esta aprendiendo y respetar las formas en que puede hacerlo.

Dejarse sorprender con la singularidad


Somos consientes de que el trabajo docente no es sin malestar, sin frustración. Se trata
de animarse al encuentro con el otro, pensar cada situación en contexto, generar
pequeños gestos sin pretender grandes actos.

No siempre encontramos las formas adecuadas ni generamos los mejores formatos. No


siempre las intervenciones resultan exitosas. A veces es necesario recurrir a diversas
estrategias hasta encontrar esa puerta de entrada que posibilita aprender al otro. Se trata
de propiciar pequeños avances, cursos y caminos que por lo general llevan tiempo, a
veces tiempos distintos de los deseados o diferentes a los tiempos escolares.

Pensar en procesos, en herramientas y en mediaciones supone pensar desde la


complejidad. Dejarse sorprender por lo singular requiere del trabajo en equipo, de la
confianza en que es posible sostener al otro desde lo que si sabemos hacer, desde
nuestra búsqueda permite en formas pedagógicas y de formatos que procuran buenas
condiciones de aprendizaje. Dejarse sorprender por lo singular supone dejar a un costado
lo conocido, seguro y previsible para permitirse el encuentro con el otro, con lo
desconocido, con lo que inquieta e interroga.

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