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El Cadejo

AUTHOR ADMINANIMALES Y CRIATURAS 63 COMENTARIOS

Los cadejos negros son perros fantasmales de gran tamaño, color negro, y
brillantes ojos rojos, que vagan por las noches para asustar, atacar o, según
ciertas versiones, matar a individuos malos o inmorales. Para
contrarrestarlos están los cadejos blancos, que protegen de los cadejos
negros, entablando con éstos, de ser necesario, encarnizados combates…
La leyenda de El Cadejo o de Los Cadejos está presente en casi toda
Centroamérica, en México, y al extremo sur en Argentina.  Se trata de dos tipos de
perros grandes, de centellantes ojos rojos, usualmente descritos como
“espectrales” o “fantasmales”: el primer tipo de perro es blanco, está asociado al
bien, y tiene un carácter protector, cuidando (desde las sombras o como una
presencia que se siente pero casi nunca se ve) sobre todo a ciertos borrachos y a
hombres que llegan a su hogar a altas horas de la noche; el segundo es negro,
está asociado al mal, y ataca o mata a personas que son malas o muy inmorales.
Según se cuenta, ambos tipos de cadejos son enemigos encarnizados, que
cuando se enfrentan entablan salvajes combates, en los cuales siempre hay
tiempo para que la persona, puesta en peligro por el cadejo negro, consiga
escapar; no obstante, esto no sucede siempre, pues los cadejos negros
generalmente atacan al tipo de personas que no protegen los cadejos blancos.
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Origen
En la mitología mesoamericana existía la creencia en los nahual, que eran
animales-espíritus que protegían a la gente. Según aquella creencia, cada
persona, al momento de nacer, contaba ya con un nahual que lo guiaba y
protegía. Paralelamente y también en México y Centroamérica, existía la creencia
de que los xoloitzcuintle, un tipo de perros, acompañaban a las almas de los
difuntos en su tránsito por el Mictlán o inframundo.
Posteriormente, cuando los españoles llegaron a América, trajeron consigo
muchas leyendas europeas sobre perros fantasmas, sobre todo perros negros.
Pero también trajeron el Cristianismo, con su creencia en los ángeles guardianes y
en los demonios como seres que frecuentemente acechaban al ser humano,
acercándose sobre todo a aquellos que estaban más alejados de la gracia de Dios
y que, por su comportamiento pecaminoso, eran más propensos a ser
abandonados por sus ángeles guardianes…
Ocurrió así que, en el proceso de colonización, ambas creencias se fusionaron, y
crearon muchos mitos como por ejemplo la leyenda de los cadejos; la cual, como
bien puede percibirse, mezcla elementos de cada una de las creencias
mencionadas, tanto del lado europeo como del lado nativo. Por este motivo el
cadejo blanco y el negro pelean interminablemente como los ángeles contra los
demonios, y como los dioses Quetzacóatl y Tezcatlipoca.
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Versiones de la leyenda en distintos países
Honduras
En Honduras se cree en ambos cadejos: el blanco, que protege a la gente de bien,
y el negro, que ataca a las malas personas y a las buenas. Según se cuenta, el
cadejo negro aparece a las 12:00; pero, cuando ataca, únicamente puede matar a
las malas personas, pues la gente buena tiene la protección del cadejo blanco.
El Salvador
La leyenda dice que Dios, al ver todos los males que caían sobre la gente, creó
una figura que inspiraba temor pero que tenía el fin de proteger: el cadejo blanco.
Sin embargo, al ver lo que Dios había hecho, Satanás sintió envidia y
ensañamiento contra Dios, y creó al cadejo negro para contrarrestar al cadejo
blanco y frustrar los planes divinos. En la versión convencional, el cadejo blanco
protege a todo aquel que se encuentre casualmente en su camino, mientras que el
negro ataca a cualquiera que se le cruce; y, cuando ambos cadejos se
encuentran, entablan un fiero combate.
Cierta variante salvadoreña de la leyenda, afirma que el cadejo negro se aparece
a quienes deambulan a altas horas de la noche, que los persigue para
aterrorizarlos, y después los hipnotiza con sus brillantes ojos rojos, robándoles
finalmente el alma y dejándolos atontados por el resto de sus vidas, mal que en El
Salvador se conoce como “haber quedado jugado por un mal espíritu”. Dentro de
esta misma variante de la leyenda, se cree que el cadejo negro no puede robarle
el alma a quien se le antoje, ya que el cadejo blanco protege a los creyentes y a
los recién nacidos. Y por último, si alguien cree que no será protegido por el
cadejo blanco, puede prender incienso pues el humo del incienso ahuyenta al
cadejo negro.
México
En México la leyenda de El Cadejo se conoce sobre todo en el estado de Chiapas,
dentro de la región de Soconusco, aunque solo se cree en el cadejo negro, no en
el blanco.
Cuentan que el cadejo (cuando hablamos de México, se sobreentiende que es el
negro) suele aparecer por las noches, y que delata su presencia por el hedor a
putrefacción que mana, y porque cuando está cerca todos los perros en la zona
lloran, como si el mismo Diablo estuviese llegando; y es que, según dicen, es tan
perverso que devora a todas las crías de los canes, por lo que se recomienda
esconder a los cachorros si se sospecha de su cercanía.
Pero si el cadejo negro se acerca, no todo está perdido: hay que caminar con los
pies juntos (por más difícil y lento que se nos haga) y, si se acerca, escupir en la
palma de nuestra mano y ofrecerle el escupitajo…
En cuanto a su origen, en la costa Chiapaneca se cuenta que entre la gente
existen ciertos brujos que, mediante un hechizo, pueden materializarse y tomar la
forma de cadejos negros, aprovechando ese estado para cometer fechorías como
matar gallinas y otros animales, destruir cosas, aterrorizar, acechar mujeres, entrar
a casas y robar (llevándose cosas en la boca), o, sobre todo cuando hay luna
llena, deambular por calles oscuras y poco o nada transitadas, esperando entre
las sombras a que algún incauto de malos pasos les encuentre y sienta el pánico
de ver al colosal perro negro con sus colmillos afilados y sus ojos diabólicos…
Según dicen, estos brujos-cadejos solo pueden transformarse a medianoche y
bajo una ceiba o pochota (unos tipos de árboles), ya que en la simbología maya el
Yaxché (una ceiba) era un puente entre el Cielo, la Tierra, y el Inframundo…
Lo anterior puede sembrar la duda de si todos los cadejos son brujos o sólo
algunos, y la respuesta es que la leyenda dice que no todos son brujos, que hay
otro tipo de cadejos que también fueron humanos, y hay cadejos que jamás fueron
humanos.
Sobre los otros cadejos que fueron humanos, una parte de ellos fueron hijos
maldecidos por sus padres, creencia esta que se origina de una historia en que un
joven libertino fue maldecido por su padre y se convirtió en un alma en pena con
forma de enorme perro negro cubierto de cadenas. También existe la historia de
una mujer despechada que hizo un pacto diabólico para obtener una
transformación y a partir de esa transformación vengarse de su novio que la
engañaba. Veamos la historia de la joven despechada:
Jacinto y Margarita eran una pareja de novios que ya llevaban mucho tiempo
juntos; él venía prometiéndole matrimonio desde algún tiempo atrás, pero cierto
día desapareció sin decir nada y, cuando mucho después Margarita tuvo noticias
suyas, se enteró de que se había casado con otra mujer… Sí, todo ese tiempo le
había mentido, nunca la tomó en serio, y eso la llenó de ira y rencor, al punto de
que hizo un pacto con el Diablo para que éste la transformase en un cadejo y así
ella pudiese darle a Jacinto un tormentoso final…
El pacto entre el Diablo y Margarita funcionó, y ella comenzó a transformarse en
cadejo cada noche, saliendo de casa y destrozando a dentelladas a todos los
perros que se interponían en su camino; cada noche intentaba entrar a la casa de
Jacinto, pero la puerta estaba cerrada y por ello se limitaba a intentar tumbarla y a
arañarla. Sin embargo, cierto día Jacinto se reunió con amigos y vecinos para que
le ayudasen a darle su merecido al cadejo que siempre iba a buscarlo. Esa noche
esperaban a Margarita con palos, piedras, agua bendita y orina. Supieron que
venía por el llanto y los ladridos de los perros en los alrededores, y cuando por fin
sus embestidas y arañazos se escucharon en la puerta de Jacinto, alguien abrió la
puerta, el cadejo entró y todos lo atacaron con una mezcla de miedo y furor,
dejándolo al borde de la muerte…
Finalmente, una vez que el cadejo estaba en ese estado, en vez de darle muerte
lo ataron a un árbol y lo dejaron colgado, a ver si era uno de esos cadejos-brujos.
No obstante, todos se llevaron una gran sorpresa cuando, con el despertar del sol,
la luz deshizo la intimidante apariencia del cadejo y entonces allí, agotada y
colgada del árbol, estaba la despechada y ahora también humillada Margarita, que
no dudó en confesar el pacto que hizo con El Maligno para vengarse del mentiroso
de Jacinto…
Costa Rica
En términos generales, en Costa Rica se cree que el cadejo es un enorme y
fantasmal perro negro, que tiene cadenas, brillantes ojos rojos, cola larga y muy
poblada de pelo y, según algunos, patas de cabra y dientes de jaguar. Pero, pese
a su aspecto, este ser cuida a los borrachos cuando regresan a sus casas, y
espanta (sin atacar) a los niños desobedientes o que andan fuera de casa a
horarios indebidos (en la noche).
Cierta versión costarricense de la leyenda, cuenta que hace mucho tiempo existía,
en una pequeña comunidad, un sacerdote que, usando su autoridad moral y su
elocuencia, deformó el sentido religioso y moral de la comunidad, conduciéndola al
pecado. Como castigo a su mal proceder, Dios lo condenó por cien años
(trescientos según algunos) a tener la forma de un perro negro, enorme y de ojos
rojos. Cuando por fin acabó su tormento, el hombre estaba trastornado y no
aguantaba la vida, así que se lanzó al cráter del volcán Poás, pero no murió de la
forma en que esperaba, sino que su espíritu se quedó atrapado en el interior del
volcán, en medio del magma, los vapores y las rocas, cual si ese fuese su propio
infierno personal. A causa de eso, se cree que es él quien provoca los
estremecimientos del volcán.
Otra versión costarricense, cuenta que existía un borracho que malgastaba casi
todo su dinero en bebida y maltrataba a su familia, sobre todo a la esposa. El hijo
mayor del borracho era muy inteligente y estaba cansado del comportamiento
dañino de su progenitor, así que ideó un plan para castigarlo. El plan consistía en
disfrazarse de monstruo con un cuero negro, y aparecérsele por las noches
cuando regresase bien tarde en estado de ebriedad. La primera noche, el susto
fue tal que el borracho casi se infarta, y como ya se insinuó, no fue la única vez,
pues su hijo siguió asustándolo hasta que, cierto día, él se enfureció y reunió valor
para tomar un machete y descuartizar a lo que sea que fuere aquello que por las
noches se le aparecía… Así, esa noche, como todas las demás, el “monstruo” se
le apareció y él sacó el machete y se abalanzó, pero la criatura retrocedió para
esquivar el golpe y de ella salió algo que no se esperaba: la voz de su hijo
mayor… “¡Papá, no me mates que soy tu hijo, era solo una broma!”, exclamó, a lo
que él respondió maldiciéndolo: “¡De cuatro patas andarás toda la vida!”. Según se
cuenta, cuando el joven murió, se transformó en un enorme y espectral perro
negro, que sigue a los borrachos como su padre pero no les hace daño.
Finalmente, la tercera versión costarricense cuenta que existía un hijo menor (un
“benjamín” o “cumiche”) que vivía en el libertinaje y el despilfarro, por lo que fue
maldecido por su padre y se transformó en cadejo. En esta última versión, existe
una historia muy interesante:
Había una vez una familia muy adinerada, religiosa, conservadora y de buen
nombre, pero el hijo menor despreciaba los preceptos de sus mayores, no conocía
lo que era la responsabilidad y, habiéndose acostumbrado a vivir en el lujo y la
abundancia, se volvió mimado, arrogante, egoísta y muy libertino (borracho,
jugador, mujeriego). Como era de imaginarse, satisfacía sus vicios con el dinero
que su padre le daba, hasta que un día el padre se hartó y le dijo que no le daría
nada de dinero hasta que no enmendase su comportamiento. Entonces, en lugar
de corregirse, el hijo gastó todo lo poco que tenía guardado, y después comenzó a
endeudarse para poder pagar el alcohol, las apuestas, y las mujeres. De ese
miserable modo siguió subsistiendo, hasta que sus acreedores empezaron a
hostigarlo más de lo que podía soportar, pero su solución no fue trabajar para
pagar o pedirle perdón a su padre y solicitarle dinero para las deudas: no, lo que
hizo fue entrar sigilosamente al cuarto de sus padres, a ver si no lo pillaban y
conseguía sacar unos cuantos billetes de esos que su padre guardaba en un sitio
que él conocía. Pero el intento de robo falló y su padre, al despertar y ver que el
ladrón era su propio hijo, se enfureció tanto que llamó a sus sirvientes, pidiéndoles
que lo ataran con cadenas y le dieran unos cuantos azotes; aunque ese no fue el
peor castigo, sino la maldición que le hechó y que sorprendentemente se cumplió:
“¡Perro maldito, de cuatro patas seguirás toda la vida!”
Guatemala
En este país, el cadejo es un gran perro fantasmal, de color negro o blanco y ojos
como ascuas. Este ser cuida a los que se emborrachan, cuando intentan volver a
casa o duermen en la calle, por lo que los sigue o duerme cerca de ellos para
evitar que los roben o ataquen. Pero lo anterior es solo una creencia puntual, ya
que en general hay cierta ambigüedad con respecto a los colores del cadejo y su
actitud:
Por un lado, se cree que el blanco es bueno y el negro es malo, y que el blanco
sigue a sus protegidos para cuidarlos del negro; pero, cuando aparece un tercer
espíritu como La Llorona o la Siguanaba, o simplemente cuando aparece un
maleante peligroso, ambos cadejos se unen para proteger a la persona…
Entretanto, por otro lado se cree que el blanco cuida a las mujeres y a los niños, y
el negro cuida a los hombres.
Finalmente, aumentando el carácter variopinto de las creencias guatemaltecas
sobre el cadejo, se cree que, si éste (en su versión negra) llega a lamer la boca de
alguien, lo seguirá durante nueve días causándole temor (sin atacar); y, si la
persona lamida es alcohólica, jamás podrá abandonar su adicción…
Nicaragua
En Nicaragua se cree que el cadejo blanco (un perro grande, fantasmal, de ojos
rojos) cuida a los hombres trasnochadores, siguiéndolos a corta distancia hasta
que llegan a sus hogares y están a salvo. Como contraparte el cadejo negro, que
en la versión nicaragüense tiene un collar blanco, siempre está deambulando por
las noches, al acecho de trasnochadores, sobre los cuales se abalanzará, para
golpearlos (aunque jamás los muerde), dejarlos sin sentido, y en un estado de
tartamudez, insulsez e idiotez, que desemboca posteriormente en la muerte…
Como bien se ve, el cadejo negro de Nicaragua, aunque no muerda a sus víctimas
humanas, es en última instancia un asesino; aunque, para contrarrestarlo, está el
cadejo blanco ―hablamos genéricamente, en realidad son “los cadejos blancos” y
“los cadejos negros”―, que luchará encarnizadamente con él, siempre
venciéndolo. No obstante, la leyenda nicaragüense advierte de que no se debe
despreciar al cadejo blanco: hay que tratarlo bien, ya que, si se lo apedrea o se lo
intenta ahuyentar con gritos o de cualquier manera, actuará igual que el cadejo
negro y la persona finalmente acabará muerta o, como se diría en Nicaragua,
“jugada por el Cadejo”.
Por último, entre los indios nicaragüenses de Monimbó, se cuenta que los ojos de
los cadejos “parecen candelas”, y que éstos nunca se cansan de caminar, por lo
que pasan moviéndose toda la noche, hasta que el sol emerge en el horizonte y
entonces, en vez de morir como los vampiros, desaparecen como los espectros
que son.
Argentina
En Argentina hay una leyenda muy vinculada al cadejo, al punto de que muchos la
cuentan como “la versión argentina del cadejo”: se le conoce como “El Perro
Familiar” o el “Familiar”, sobre todo en las zonas rurales de las provincias
norteñas. Asimilando a la leyenda del Familiar en la creencia en los cadejos,
diríamos que solo existe el cadejo negro, que es enorme, tiene ojos rojos (o no
tiene cabeza en ciertas versiones menos extendidas), porta cadenas, está
asociado al Diablo pues es un demonio, y siempre aparece después de la
medianoche, dando a conocer su proximidad por el ruido de las cadenas que
arrastra y el llanto de temor que suscita entre los perros que se encuentran en sus
proximidades… Según cuentan, El Perro Familiar (hay algunos, no es un ente
único), una vez que se come a alguien, no para hasta devorar al resto de la familia
de esa persona. ¿Cómo se originó esta creencia?, veamos:
La leyenda surgió en el siglo XIX, en el latifundio de la familia Hileret, en los
alrededores de la ciudad de Lules, después se popularizó en la ciudad de Santa
Ana y se expandió por todo el Noroeste de Argentina. La leyenda cuenta que el
patrón de los Hileret hizo un pacto con el Diablo para ganar más dinero, y que así
consiguió al “Familiar”, con el cual hacía desaparecer a sus empleados más
rebeldes… Al respecto, el historiador Eduardo Rosenzvaig dijo: “Los peones
estaban capturados de por vida por sus deudas, entonces la única forma que
tenían de dejar el ingenio era fugándose. Los patrones tenían hombres armados
que trataban de impedirlo; cuando agarraban algún fugitivo lo mataban para dar el
ejemplo. Para que eso funcionase en la psicología de los peones se crea el mito:
que en las noches de luna llena sale el Familiar. Y que el Familiar hace
desaparecer al peón más rebelde”. Explicando mejor la expansión de la leyenda,
ocurrió que en el siglo XIX muchos ingenios azucareros se hicieron con enormes
sumas de dinero en poco tiempo, a la par que ciertos empleados desaparecían y
jamás volvían… La gente del campo entonces se preguntaba: ¿cómo es que los
patrones hacen dinero tan rápido?, ¿por qué justamente los peones más vagos y
rebeldes son los que desaparecen? La respuesta para ellos, era que los patrones
tenían pacto con el Diablo, quien los proveía de un Familiar, ese enorme perro-
demonio que pasaba guardado en lugares oscuros y escondidos casi todo el año,
pero cada cierto tiempo se encargaba de asesinar a los peores empleados… Por
último, el Familiar pasó a convertirse en un ser aún más siniestro con la dictadura
militar argentina denominada el Proceso de Reorganización Nacional, que acabó
con muchos individuos y con familias enteras, usando cuando podía la leyenda del
Familiar, a fin de lavarse las manos con respecto a las desapariciones…
Panamá

7.- El Perro Negro:

En ciertas partes es el guardián del diablo y en otras un ente que cuando alguien está cerca de morir
aparece para reclamar el alma, cada quien con su cuento. Pero básicamente se dice que este perro
negro es el mismo demonio, tiene los ojos rojos como carbones prendidos y horribles colmillos le salen
de su boca y se le aparece a las personas en las noches persiguiéndolas… Ojo este también huele a
azufre.

Honduras
En Honduras se cree en ambos cadejos: el blanco, que protege a la gente de bien, y el
negro, que ataca a las malas personas y a las buenas. Según se cuenta, el cadejo negro
aparece a las 12:00; pero, cuando ataca, únicamente puede matar a las malas personas,
pues la gente buena tiene la protección del cadejo blanco.

The Black Dog

In Panama this dog is a daemon with red eyes, horrible tusks and smell of sulfur. So, it is the guardian of
the devil and is close to the people who will die. In Honduras exists a black dog and white dog; both
have the name of Cadejo, and the black dog leaves at midnight and kills the bad people because the good
people have the protection of the white dog.

En Panamá el perro es un demonio con ojos rojos, colmillos horribles y olor a azufre. Así, este es el
guardián del diablo y está cerca de las personas que morirán. En honduras existe un perro negro y un
perro blanco; ambos tienen el nombre de Cadejo. Y el perro negro sale a media noche y mata a las
personas malas porque las personas buenas tienen la protección del perro blanco.