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Los 7 saberes para la educación del futuro.

Edgar Morín

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 Por Cisolog en Artículos, Educación, Educación Social, Otras disciplinas, Pedagogía, Sociología de la


Educación

Fuente: Baalya. Por Ares González Hueso (05/12/2011)

La vida es una vorágine de emociones, estados, relaciones, situaciones, etc. que nos dificultan una comprensión
global de lo que acontece. Esto mismo sucede en el aula, hay tantos aspectos que nos cuesta configurar la realidad.
Hoy proponemos una nueva mirada que afronta la diversidad y la individualidad para dar sentido a la realidad que
tenemos cada día en el aula.

Tenemos que significar la figura de Edgar Morín, filósofo y sociólogo francés que a lo largo de su trayectoria ha ido
reconstruyendo su propio saber, incorporando y transformando múltiples miradas. Hoy en día podemos hablar del
Paradigma de la Complejidad para explicar en cierta medida, las dinámicas humanas. Y de él, queremos resaltar tres
aspectos que deben modificar la realidad educativa:

 Diversidad: la vida tiene multitud de formas y los colectivos deben favorecer este hecho. Al hacerlo
favorecemos la creatividad y la inclusión en el aula. La educación debiera tener la capacidad de generar
espacios de seguridad y acompañamiento que generen las sinopsis necesarias para el desarrollo cognitivo,
emocional y corporal. Ajustándose siempre a las múltiples capacidades del ser humano.

 Auto-organización: los colectivos deben poder manejar su desarrollo con un margen de libertad que les
permita ser autónomos. Debemos genera dinámicas auto-organizativas que lleven al alumno/a a ser
autónomo y responsable de la dinámica del aula.

 Cooperación: llevamos muchos años trabajando individualmente. Hoy en día sabemos que el desarrollo se
genera en la interacción de diferentes individualidades que crean una red de crecimiento común.
“El punto crítico de éxito de la nueva generación es el liderazgo en equipo, así se genera todo” Angélica
Olvera

“La combinación de estos tres principios es de una riqueza extraordinaria. Cualquier exceso de control, pensando
que eso va a aumentar la eficacia y el éxito, y/o que se deja llevar por la trampa de la simplificación, […] disminuirá
las posibilidades de un desarrollo armónico”.1 Esto nos lleva a una gran reflexión a los docentes.

Morín, habla de hacer una reestructuración en la educación para este nuevo siglo y según sus palabras, “esa
reorganización no se refiere al acto de enseñar, sino a la lucha contra los defectos del sistema, cada vez mayores. Por
ejemplo, la enseñanza de disciplinas separadas y sin ninguna intercomunicación produce una fragmentación y una
dispersión que nos impide ver cosas cada vez más importantes en el mundo. Hay problemas centrales y
fundamentales que permanecen completamente ignorados u olvidados, y que, sin embargo, son importantes para
cualquier sociedad y cualquier cultura.”

Y es por eso que nos ofrece los 7 saberes necesarios para la educación del futuro:

1. Reconocer las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión


La educación debe conocer las características plurales del ser humano y permitir el error y la ilusión como parte del
conocimiento. Conocer el proceso de adquisición de éste, debe ser la necesidad primera para afrontar los nuevos
retos.

2. Los principios del conocimiento pertinente


Nos vemos atestados de conocimientos fragmentados que no somos capaces de ligar a nada. Necesitamos generar
métodos que faciliten el conocimiento de las relaciones y complejidades de lo que aprendemos para poder
contextualizar en algo más global que cobre sentido.

3. Enseñar la condición humana


La educación del futuro debe acompañar a conocer la identidad individual del ser humano y al mismo tiempo la
pertenencia al colectivo humano. Es decir, debemos mirar al alumno/a por lo que trae física, biológica, psíquica,
cultural, social e históricamente y que por tanto, lo hace único pero a la vez acompañarlo humildemente al
reconocimiento de la identidad común a todos los demás seres humanos.

4. Enseñar la identidad planetaria


Se trata de poner los pies en la tierra y al igual que hablamos de una identidad individual y otra común. Ampliar la
mirada a una identidad terrenal que nos ayude a reconocer la crisis que sufre actualmente y trabajar para enseñar la
intersolidaridad entre las partes del mundo.

5. Enfrentar las incertidumbres


Estamos en un mundo que la ciencia ha construido a través de pequeñas certezas que a la vez nos han revelado
innumerables campos de incertidumbre. Se debe enseñar para preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado
y poder afrontarlo.

6. La enseñanza de la comprensión
La comprensión está ausente en las aulas, cuando en realidad es medio y fin de la comunicación humana. La
comprensión nos debe servir para poder mirar y asentir a la realidad del otro construyendo la base más segura de la
educación para la Paz.

7. Ética del género humano:


Las lecciones de moral no pueden conformar una ética. Debe formarse de la conciencia de que el ser humano es
individuo, parte de una sociedad y a la vez parte de la especie. Teniendo en cuenta estos tres aspectos, generamos
una ética personal, social y terrenal que abre nuevas posibilidades de comunidad.

Después de toda esta información, quizá debamos pararnos y regalarnos un espacio para reflexionar sobre ello:
releer y profundizar en estos puntos tan extensos que he tratado de resumir (el libro gratuito está en la bibliografía).

Sin duda, educar desde estos principios, generará personas preparadas para un nuevo futuro

Agradecimientos:
A Carles Parellada y Mercè Pena que con sus palabras y miradas me inspiran para llegar a nuevos horizontes cada
día.

Fuentes de consulta:

 Olvera, Angélica; Traveset, Mercè; Parellada1, Carles. (2011): Sintonizando las miradas: soluciones amorosas
y breves a los conflictos entre la escuela y la familia. México, Grupo CUDEC.

 Morín, Edgar. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Bueno Aires, Nueva Visión.
Ejemplar gratuito por la UNESCO en este enlace.

 Sátiro, Angélica. (2005). La educación del siglo XXI: Ética, valores y creatividad.  Palma de Mallorca, Cicle de
conferències: “L’educació al segle xxi”. Enlace.

 Romero Pérez, Clara. (2003).  Paradigma de la complejidad, modelos científicos y conocimiento


educativo.  Huelva, Grupo de Investigación @gora. Universidad de Huelva. Enlace.
 Bonil, J. & Sanmartí, N. & Tomás, C. & Pujol, RM.(2004). Un nuevo marco para orientar respuestas a las
dinámicas sociales: el paradigma de la complejidad.  Barcelona, artículo de la revista Investigación en la
escuela nº 53. Enlace.
REFLEXIÓN SOBRE LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACIÓN DEL FUTURO
"EL PENSAMIENTO COMPLEJO DE EDGAR MORIN Y LOS SIETE
SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACIÓN DEL FUTURO"

Lo “complejo” se reconoce como un concepto que se resignificó sustantivamente y con profundidad en el siglo
XX.

Su uso común lo relacionaba con lo complicado, lo enmarañado y lo difícil de entender. Ahora, es posible
entenderlo desde una perspectiva para designar al ser humano, a la naturaleza, y a nuestras relaciones con
ella. Lo “complejo”, dice Morin (2004), designa hoy una comprensión del mundo como entidad donde todo se
encuentra entrelazado, como en un tejido compuesto de finos hilos. Morin también señala, siguiendo su idea: “el
pensamiento complejo es ante todo un pensamiento que relaciona. Es el significado más cercano del término
complexus (lo que está tejido en conjunto). Esto quiere decir que en oposición al modo de pensar tradicional,
que divide el campo de los conocimientos en disciplinas atrincheradas y clasificadas, el pensamiento complejo
es un modo de religación. Está pues contra el aislamiento de los objetos de conocimiento; reponiéndoles en su
contexto, y de ser posible en la globalidad a la que pertenecen.”

El Pensamiento Complejo de Morin, se reconoce como un pensamiento que relaciona y complementa. Su


objeto y sujeto de estudio es el todo, a través de sus efectos, defectos, dinamismo y estática, reconociendo la
interrelación del todo con sus partes y viceversa, dentro de un entramado.

El estudio de lo complejo, hoy en día, ha impactado también en el ámbito más directo de las interacciones de
los seres humanos: la educación, la interpretación de la sociedad, la política, y la comprensión del momento
actual que vive la humanidad. El problema de la complejidad ha pasado a ser el problema de la vida y el vivir, el
problema de la construcción del futuro y la búsqueda de soluciones a los problemas contemporáneos. En
palabras de Edgar Morin, cuando se habla de complejidad «… Se trata de enfrentar la dificultad de pensar y de
vivir». (E. Morin, 2004, El Método)

Parte de la teoría del Pensamiento Complejo, se dice que la realidad se comprende y se explica

simultáneamente desde todas las perspectivas posibles; y si lo enfocamos a una estrategia esta se debe

estudiar de forma compleja y global, ya que dividiéndola en pequeñas partes para facilitar su estudio, se limita

el campo de acción del conocimiento. Tanto la realidad como el pensamiento y el conocimiento son complejos y
debido a esto, es preciso usar la complejidad para entender el mundo. Así pues, el estudio de un fenómeno se

puede hacer desde la dependencia de dos perspectivas: holística (se refiere a un estudio desde el todo o todo

múltiple) y reduccionista (a un estudio desde las partes).

La noción de pensamiento complejo fue acuñada por el filósofo francés Edgar Morin y refiere a la capacidad de

interconectar distintas dimensiones de lo real. Ante la emergencia de hechos u objetos multidimensionales,

interactivos y con componentes aleatorios o azarosos, el sujeto se ve obligado a desarrollar una estrategia de

pensamiento que no sea reductiva ni totalizante, sino reflexiva. Morin denominó a esta capacidad pensamiento

complejo.

Según Matthew Lipman hacia esa dirección se orientan también sus investigaciones acerca del desarrollo del

pensamiento complejo en la enseñanza. Es el pensamiento apto para unir, contextualizar, globalizar pero al

mismo tiempo para reconocer lo singular, individual y concreto. De ellas se desprende que, si se pretende lograr

una auténtica sociedad democrática, deberían formarse personas razonables. Ello requiere de una

transformación en la enseñanza y propone la filosofía en todos los niveles como el vehículo innovador

para enseñar a pensar.

En la actualidad la sociedad necesita ciudadanos pensantes, activos, reflexivos, competitivos, emprendedores y

racionales capaces de implicarse en la formación de la comunidad. El referirnos a ejercitar pensamientos

complejos y no dogmáticos, capaces de ver más allá de los entornos abiertos a cualquier posibilidad y

arriesgados a tener un pensamiento crítico, creativo y cuidadoso.


Si bien el entorno es alterado al cubrir las necesidades individuales a través de sentimientos, emociones,

pasiones, etc., no puedo decir lo mismo si hablamos de cubrir las necesidades entorno a las empresas ya que

estás se trabajan mediante estrategias, pero, ¿Qué es una estrategia?, según consulta en el Diccionario ABC

define a la estrategia como el conjunto de acciones que se implementarán en un contexto determinado con el

objetivo de lograr el fin propuesto, una estrategia es plausible de ser aplicada y necesaria en diferentes ámbitos.

En el terreno empresarial, lo que suelen implementar las empresas para cumplir efectivamente con la

consecución de sus metas y fines, es lo que se denomina plan estratégico, que no es otra cosa que un

documento oficial que emitirá la propia empresa a través del cual, sus responsables, plasmarán la estrategia

que seguirán en el corto, mediano y largo plazo. Entonces, podemos decir que una estrategia de tipo funcional

es aquella que define ¿CÓMO? Se deben de hacer las cosas.

Si bien el ser humano tienen la difícil tarea de entendimiento, comprensión y capacidad de razonamiento

opacado por los vicios mentales que han ido surgiendo a través de la tecnología, el pensamiento complejo

obliga a despertar esa parte del cerebro mediante ejercicios mentales que permitan ejercer de nuevo

esa capacidad de asombro, de imaginación, de interés por lo desconocido, de duda y de investigación a

través de la inteligencia.

Morin basado en la idea de que todavía estamos en un nivel prehistórico con respecto al espíritu humano y solo

la complejidad puede civilizar el conocimiento, la educación actual debería tener una estrategia o forma de

pensamiento que induzca al conocimiento del conocimiento, a la búsqueda de una verdad mediante la actividad

de autoobservación, de una autocrítica inseparable de la crítica misma, un proceso reflexivo inseparable de un

proceso objetivo, el concepto de la práctica, el caos y el orden y como parte primordial el vínculo entre el sujeto

y el objeto para que esto suceda en conjunto con la única finalidad de preparar un futuro prometedor y sólido

ante la globalización.

El pensamiento es aquello que es traído a la existencia a través de la actividad intelectual. Por eso, puede

decirse que el pensamiento es un producto de la mente, que puede surgir mediante actividades racionales del

intelecto o por abstracciones de la imaginación.

El término complejo, del latín complexus, permite hacer referencia a aquello que se compone de diversos

elementos, es algo difícil, enmarañado, rebuscado o complicado. Se denomina complejo a la unión de dos o

más cosas.

Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

1. Una educación que cure la ceguera del conocimiento.

Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe contar siempre con

esa posibilidad. El conocimiento humano es frágil y está expuesto a alucinaciones, a errores de percepción o de

juicio, a perturbaciones y ruidos.

La primera e ineludible tarea de la educación es enseñar un conocimiento capaz de criticar el propio

conocimiento. Debemos enseñar a evitar la doble enajenación: la de nuestra mente por sus ideas y la de las
propias ideas por nuestra mente. El primer objetivo de la educación del futuro será dotar a los alumnos de la

capacidad para detectar y subsanar los errores e ilusiones del conocimiento y, al mismo tiempo, enseñarles a

convivir con sus ideas, sin ser destruidos por ellas.

2. Una educación que garantice el conocimiento pertinente

Ante el aluvión de informaciones es necesario discernir cuáles son las informaciones clave. Así como el número

ingente de problemas también es necesario diferenciar los que son problemas clave. Pero, ¿cómo seleccionar

la información, los problemas y los significados pertinentes? Sin duda, desvelando al contexto, a lo global, a lo

multidimensional y a la interacción compleja de los elementos.

La inteligencia general se construye a partir de los conocimientos existentes y de la crítica de los

mismos. Su configuración fundamental es la capacidad de plantear y de resolver problemas.

3. Enseñar la condición humana

Una aventura común ha embarcado a todos los humanos de nuestra era. Todos ellos deben reconocerse en su

humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo lo humano. Conocer el

ser humano es situarlo en el universo y, al mismo tiempo, separarlo de él. Al igual que cualquier otro

conocimiento, el del ser humano también debe ser contextualizado: Quiénes somos es una cuestión

inseparable de dónde estamos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Lo humano es y se desarrolla en bucles: a) cerebro- mente- cultura; b) razón – afecto – impulso; c) individuo –

sociedad – especie. Todo desarrollo verdaderamente humano significa comprender al hombre como conjunto

de todos estos bucles y a la humanidad como una y diversa.

4. Enseñar la identidad terrenal

La historia humana comenzó con una dispersión, una diáspora de todos los humanos hacia regiones que

permanecieron durante milenios aisladas, produciendo una enorme diversidad de lenguas, religiones y

culturas. En los tiempos modernos se ha producido la revolución tecnológica que permite volver a

relacionar estas culturas, volver a unir lo disperso. Es necesario introducir en la educación una noción

mundial más poderosa que el desarrollo económico: el desarrollo intelectual, afectivo y moral a escala terrestre.

“Hemos tardado demasiado tiempo en percibir nuestra identidad terrenal”, dijo Morin citando a Marx (“la historia

ha progresado por el lado malo”) pero manifestó su esperanza citando en paralelo otra frase, en esta ocasión

de Hegel: “La lechuza de la sabiduría siempre emprende su vuelo al atardecer.”

5. Enfrentar las incertidumbres

La educación debe hacer suyo el principio de incertidumbre, tan válido para la evolución social como la

formulación del mismo. La historia avanza por atajos y desviaciones y, como pasa en la evolución biológica,

todo cambio es fruto de una mutación, a veces de civilización y a veces de barbarie. Todo ello obedece en gran

medida al azar o a factores impredecibles.

Pero la incertidumbre no versa sólo sobre el futuro. Existe también la incertidumbre sobre la validez del

conocimiento. Y existe sobre todo la incertidumbre derivada de nuestras propias decisiones. Una vez que
tomamos una decisión, empieza a funcionar el concepto ecología de la acción, es decir, se desencadena una

serie de acciones y reacciones que afectan al sistema global y que no podemos predecir. Nos hemos educado

aceptablemente bien en un sistema de certezas, pero nuestra educación para la incertidumbre es deficiente.

Morin matizó y reafirmó su pensamiento: “existen algunos núcleos de certeza, pero son muy reducidos.

Navegamos en un océano de incertidumbres en el que hay algunos archipiélagos de certezas, no

viceversa.”

6. Enseñar la comprensión

La comprensión se ha tornado una necesidad crucial para los humanos. Por eso la educación tiene que

abordarla de manera directa y en los dos sentidos: a) la comprensión interpersonal e intergrupal y b) la

comprensión a escala planetaria. Morin constató que comunicación no implica comprensión. Ésta última

siempre está amenazada por la incomprensión de los códigos éticos de los demás, de sus ritos y costumbres,

de sus opciones políticas. Los grandes enemigos de la comprensión son el egoísmo, el etnocentrismo y el

sociocentrismo. Enseñar la comprensión significa enseñar a no reducir el ser humano a una o varias de sus

cualidades que son múltiples y complejas.

7. La ética del género humano

Además de las éticas particulares, la enseñanza de una ética válida para todo el género humano es una

exigencia de nuestro tiempo. Morin volvió a presentar el bucle individuo — sociedad — especie como base para

enseñar la ética venidera.

En el bucle individuo —- sociedad surge el deber ético de enseñar la democracia. Ésta implica consensos y

aceptación de reglas democráticas. Pero también necesita diversidades y antagonismos. El contenido ético de

la democracia afecta a todos esos niveles. El respeto a la diversidad significa que la democracia no se identifica

con la dictadura de la mayoría.

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