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Memorias Deportivas – Crónica No.

12

Fecha: 12 de junio de 1955


Lugar: Bogotá
Deporte: Ciclismo
Evento: V Vuelta a Colombia
Logro: Campeón ganando 12 de las 18 etapas
Protagonista: Ramón Hoyos Vallejo

EN 1955 ANTIOQUIA ARMÓ LA ‘LICUADORA’

En sus primeras versiones, la Vuelta a Colombia se amoldó al curso del calendario


laboral con el fin de hacerla más atractiva al público. Ciudades como Barranquilla,
Bogotá, Cali, Medellín, fundamentalmente, disfrutaban de la llegada de la
caravana deportiva en día sábado, domingo o feriado intercalado dentro de la
semana, pues no existía la Ley Emiliani del lunes festivo. y gracias a ello los
aficionados de todas las clases sociales se volcaban en grandes cantidades a las
vías públicas, para apreciar muy de cerca el paso fugaz de sus pedalistas
preferidos.

Eran los tiempos del ciclismo heroico, cuando Colombia entera vivía en función de
la Vuelta, considerada por muchísimos años como la más importante competencia
del programa deportivo anual.

La carrera de 1955 sirvió para iniciar en forma oficial la participación de equipos


extranjeros. Tres países, Argentina México y Venezuela se hicieron presentes con
ciclistas muy catalogados en el plano internacional. Hasta ese momento la
intervención foránea había contado con dos eximios exponentes: el francés José
Beyaert, campeón de la Vuelta de 1952, quien llegó al país laureado por su título
de campeón Olímpico en los Juegos de 1948 en Londres y el argentino Humberto
Varisco, subcampeón de la II Vuelta nacional.

Hace 55 años la competencia fue supremamente dura, además de extensa. Un


total de 2.566 kilómetros distribuidos en 18 jornadas. El técnico de Venezuela
Felipe Benotto al retornar al vecino país declaró: “Esto -la Vuelta- es para héroes,
pero nuestro deporte no tiene nada qué ver con ello”. Y agregó en su momento:
“Estudiar si en verdad la Vuelta a Colombia es deporte o no, es asunto que
corresponde a los entendidos. Lo que sí salta a la vista es que la prueba tiene que
humanizarse o que los extranjeros deben prepararse mucho mejor”.
De los tres países invitados, México cumplió la mejor campaña. Argentinos y
venezolanos pasaron casi inéditos. Rescatable solamente lo hecho por el gaucho
Miguel Sevillano, quien protagonizó un duelo de enorme jerarquía con Ramón
Hoyos en la etapa inicial que condujo a los pedalistas desde Bogotá hasta la hoy
desaparecida Armero. El crédito antioqueño, exánime por el esfuerzo realizado,
aventajó en la meta a Sevillano por 3 minutos y 46 segundos. Este rutero Sevillano
también estuvo en la prueba olímpica londinense de 1948 y llegó en el puesto 23,
bien distanciado del campeón Beyaert.

En aquella época de exitosa campaña, no solamente de Ramón Hoyos sino de


todo el equipo antioqueño, ‘hizo carrera’ una frase del inolvidable narrador Carlos
Arturo Rueda Calderón, quien al recibir el cambio desde los estudios al transmóvil
siempre decía: “Transmóvil número uno de emisora Nueva Granada de Bogotá, -
era de RCN - recibiendo el cambio e informando. Aquí, en plena carretera, en la
punta de la competencia, con el pedalista puntero Ramón Hoyos Vallejo, don
´Ramón de Marinilla’, corriendo valientemente al pie de nuestro transmóvil. Atrás
no se ve absolutamente nada -lógicamente por el inmenso polvero levantado por
el carro acompañante-. En el horizonte, negros nubarrones presagian lluvia”.

El sábado 28 de mayo, Reinaldo de J. Medina, denominado ‘El corredor 100.000’


en razón de una campaña publicitaria en beneficio de una entidad bancaria, se
‘atrevió’ a quitarle una etapa a Hoyos Vallejo y romper su serie de seis victorias en
línea. Entre Riosucio y Cartago, cumplió Medina su objetivo. En un trayecto
superior a los 80 kilómetros, contó con la compañía del valluno Oscar Salinas. La
travesía se efectuó “por vías que nunca imaginan los propios corredores ni aún
muchos colombianos”, tal como lo enfatizó El Colombiano en un pie de foto. En
verdad eran caminos intransitables, donde el pavimento, si es que lo hubo en
alguna época, dio paso a enormes capas de polvo en verano o a inmensos
lodazales en temporadas de invierno.

Durante esa jornada Oscar Salinas pinchó siete veces en un solo kilómetro, una
marca de infortunio que también tiene plena vigencia. Llegó a la meta en Cartago -
después de haber sido copuntero con Medina - en el puesto 19, con un retardo de
15 minutos y 19 segundos.

Luego de la inicial media docena de triunfos de Hoyos y de los éxitos pasajeros del
ya citado Medina, además de los obtenidos por José Beyaert en el territorio plano
del Valle del Cauca, la Vuelta tomó rumbo al sur del país, para internacionalizarse
por primera vez, con meta en la plaza principal de la fronteriza población
ecuatoriana de Tulcán, famosa turísticamente, quién lo creyera, por las figuras en
pino de su cementerio central.

Primero la ciudad de Pasto, el propio Tulcán y de regreso, una vez más Pasto,
pasando por Neiva e Ibagué para llegar a Bogotá, donde concluyó la prueba. Y en
todas las calles de estas ciudades los aficionados volvieron a admirar al gran
‘Escarabajo de la Montaña’, (ya para ese tiempo campeón Panamericano de ruta),
absoluto dominador de la Vuelta y nuevo ídolo, sucesor legítimo de las glorias de
Forero Triviño, quien hasta muy poco tiempo antes parecía insustituible en el
corazón de los seguidores del ciclismo.

“Ya en las inmediaciones del velódromo Primero de Mayo -explica una vieja
reseña periodística- el público aumentó delirantemente. Ramón Hoyos avanzaba
con dificultad. En las propias calles del citado sector, fue brutalmente enlazado y
despojado de su bicicleta. Esta rodó varios metros sola, sin control, hasta
estrellarse contra el público. Entre tanto el campeón desapareció bajo las patadas
y las piedras que le proporcionaban sus gratuitos enemigos. Se presentó un
forcejeo entre Ramón, sus acompañantes y el público agresor. Todos salieron mal
librados.”

En la habitación 303 del hotel San Francisco, Ramón Hoyos declaró luego: “Estoy
dispuesto a retirarme definitivamente de la Vuelta a Colombia, si tengo que entrar
a Bogotá”. A la larga, aquella manifestación, hecha pública en estado de ira e
intenso dolor, no se hizo efectiva. El antioqueño ganó luego en 1956 y 1958,
teniendo como meta final la Atenas suramericana.

En aquella Vuelta el predominio del ciclismo de Antioquia fue absoluto. Bajo la


dirección técnica del argentino Julio Arrastía Bricca se conformó la célebre
‘licuadora paisa’ sistema que jornada a jornada arruinaba las pretensiones de
ciclistas de otras regiones por hacerse, al menos, a un triunfo parcial de etapa. En
plena carretera ejercían un control absoluto sobre los rivales y eran ellos, los
antioqueños, quienes determinaban en qué momento se atacaba o se imponía la
calma en el grupo. Quien no aceptara esas ‘condiciones’ simplemente era ‘licuado’
en pocos kilómetros.

Fue tal el predominio antioqueño en la carrera de 1955, que los siete primeros
puestos de la clasificación general final fueron copados por pedalistas de esa
región así: Ramón Hoyos, Honorio Rúa, Reinaldo de J. Medina, Justo ‘Pintado’
Londoño, Francisco Luis Otálvaro, Héctor Mesa Monsalve y Juan ‘Pantalla’
Montoya. El primer pedalista no paisa en los puestos de comando final fue José
Beyaert, corriendo por el departamento del Tolima, con retardo superior a casi
cuatro horas y media frente a Hoyos, quien así completó tres triunfos
consecutivos.

El regreso de los ciclistas paisas a Medellín, como ganadores absolutos de la


Vuelta, se cumplió en horas de la noche del miércoles 15 de junio. Desde el
aeropuerto Olaya Herrera, pasando por la carrera Junín hasta la plaza de toros La
Macarena, la multitud colmó todo espacio disponible.

En la capital antioqueña fueron muchas las carrozas acondicionadas para el


recibimiento, luciendo los tradicionales productos agrícolas de la región. Sobre la
capota de un camión, en medio de matas de maíz, se leía claramente en un
estandarte el siguiente mensaje, parodia de la proclama del Libertador Simón
Bolívar en San Pedro Alejandrino, poco antes de morir: “Si mi retiro del ciclismo
contribuye para que Forero gane una etapa, yo me bajaré tranquilo de la cicla…”

CONSTANCIA DE UNA HAZAÑA

Desde Bogotá hasta Caramanta, un total de 689 kilómetros, previo paso por
Medellín, Ramón Hoyos, en una demostración de absoluta superioridad, logró
ganar las seis primeras etapas de la Vuelta de 1955, en un hecho deportivo que
difícilmente podría intentarse igualar en la actualidad.

El detalle de esas etapas es el siguiente:

ETAPA Kilómetros Tiempo Diferencia


1a. Bogotá – Armero 170 5h 02m 17s 3m 46s
2a. Armero - El Fresno 55 2h 13m 51s 0m 30s
3a. El Fresno – Manizales 98 4h 40m 59s 3m 16s
4a. Manizales-Aguadas 126 5h 40m 13s 5m 01s
5a. Aguadas-Medellín 124 4h 43m 54s 6m 05s
6a. Medellín-Caramanta 125 4h 39m 22s 2m 00s

Al término de aquel recorrido, Ramón Hoyos aventajaba a Justo ‘Pintado’ Londoño


segundo en la clasificación general parcial, por 53 minutos y 25 segundos, cuando
escasamente se había completado el 33% de la competencia.

El máximo exponente del pedalismo colombiano en la década de 1950, alcanzó el


triunfo en seis etapas de las 12 restantes, para completar 12 triunfos parciales en
18 épicas jornadas.

El último en la clasificación general final fue un rutero independiente de nombre


José E. Perdomo, quien quedó ubicado a más de 20 horas y media del vencedor
absoluto. Una diferencia escandalosa en una competencia definitivamente
reservada sólo para héroes.

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