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UNIVERSIDAD NACIONAL PEDRO RUIZ GALLO

ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

PSICOTERAPIA PSICODINÁMICA

ENSAYO

CONFLICTOS NO RESUELTOS DEL TERAPEUTA Y SU INFLUENCIA EN LA


PSICOTERAPIA PSICODINÁMICA

ESTUDIANTE

BARBOZA CUMPA VICTOR GUSTAVO

CHICLAYO-PERÚ 27 DE NOVIEMBRE DEL 2020


INTRODUCCION

Los problemas personales del terapeuta no deben ni tienen porqué afectar la terapia
psicoanalítica, pero hay situaciones en que sus problemas le inundan así que es mejor
que el terapeuta interrumpa un tiempo su práctica.

El terapeuta no tiene por qué ser mejor, como persona, que su paciente. Aun, en
muchas áreas su paciente puede estar mejor que su terapeuta. Nada de ello va a impedir
que la terapia a aplicar, sea eficaz, siempre y cuando el terapeuta sea un experto en el
desempeño de su oficio.

El proceso de formación como psicoterapeuta o psicoanalista no garantiza de


ninguna manera que ellos sean mejores personas que otras, o tengan mejores relaciones
interpersonales que otras personas o que puedan tener más “éxito” y una mayor
autorrealización en la vida. El psicoanálisis personal posibilita que una persona sea
mejor que antes (según sus criterios), y no mejor que otras personas.

El terapeuta debe ejercer suficiente control sobre sus problemas personales y


existenciales para que no interfieran en su labor profesional. Que tenga conflictos,
dificultades y problemas personales no es lo principal; sí lo es no evitar que afecten su
trabajo. (Yildiz, 2010).

D. Zimmermann (1999), nos define que existen 3 tipos de psicoterapeutas, en el


campo de la psicoterapia psicodinámica, esta clasificación la elabora tomando en cuenta
la formación académica y en el análisis personal por el que ellos hayan pasado, que
como lo veremos mas adelante es importante que el terapeuta pase por una terapia
psicoanalítica, para tomar conciencia de los conflictos que puedan tener y este no afecte
en el desempeño de su rol terapéutico.

En el presente ensayo nos mostrará cuales son los principales conflictos por los que
atraviesa el terapeuta, ya que estos son conscientes e inconscientes.
DESARROLLO

Los conflictos que tenga un terapeuta a la hora de desempeñar su labor analítica,


si estos están fuera de control y el psicoterapeuta no llega a tener un control sobre ellos
pueden deformar la relación terapéutica.

Pero ¿qué es un conflicto?, La palabra conflicto proviene del latín conflictus,


confligiere y significa colisión, antagonismo, presencia de diferentes posiciones en el
interior de una persona (contradicción de motivos, deseos, valores y representaciones) o
entre diferentes personas. En la tradición psicoanalítica refiere a colisiones
inconscientes entre grupos motivacionales distintos. Supone que la conducta humana
está constantemente influida por deseos, pensamientos y representaciones inconscientes.
(Parra,2016).

Muchos autores han dado una definición al “Conflicto” uno de ellos es Freud
que un primer momento describió a la conciencia como “determinada por un
compromiso entre los diferentes poderes psíquicos que entran en conflicto con un otro
cuando tiene lugar la represión”, si bien él no utilizó el termino conflicto en su articulo
fundamental “La neuropsicosis de defensa” (1894), Freud esbozó varios aspectos del
conflicto entre las fuerzas represoras y el contenido reprimido. Aquí podemos encontrar
que el conflicto es una idea incompatible y un “Yo” imbuido con juicios morales y
actividad defensiva, sirviendo esta última tanto para separar una idea incompatible de su
efecto asociado, como para rechazar la idea y el afecto. Años más tarde Freud (1900)
describiría los conflictos acerca de impulsos de deseo.

Boesky (2000), describe la observación del conflicto inconsciente en dos niveles


diferentes de abstracción. Aunque conserva un lugar en su teoría para la interacción del
ello, el yo y el superyó como componentes de la formación de compromiso, Boesky
sugiere que lo que "encontramos clínicamente son conflictos entre deseos… por
ejemplo el deseo de ser asertivo y el deseo de ser modesto.

En la práctica de la terapia psicoanalítica, el terapeuta tiene que llevar a cabo


ciertos procedimientos técnicos en el paciente y en sí mismo; es decir el analista tiene
que utilizar ciertos procesos psicológicos que se producen dentro de él, porque las cosas
que suceden dentro de su propia mente son los medios más valiosos que tiene para
comprender la mente de otra persona. Es por eso que el requisito principal es que todo
psicoanalista debe haber pasado por la terapia psicoanalítica para que se le permita
tratar psicoanalíticamente a un paciente apunta no sólo a comunicar al analista la
convicción personal de la validez de los factores inconscientes y a desensibilizarlo
relativamente en aquellas partes donde sus propios problemas podrían deformar su
juicio; el análisis personal del analista tiene por objetivo último poner a disposición de
su yo consciente las importantes pulsiones, defensas, fantasías y conflictos
inconscientes de su propia vida infantil y sus derivaciones.

Algunos de estos conflictos habrán de ser resueltos, otros modificados en formas


más adaptativas, otros seguirán iguales, pero serán comprensibles. Lo que tiene
importancia capital para el terapeuta analítico es que sus conflictos inconscientes sean
controlables y accesibles para emplearlos en su labor con los pacientes (Yildiz 2010)

Y tomando en cuenta el requisito principal de todo psicoanalista que es pasar por


un proceso de terapia psicoanalítica, Zimmermann (1999); definen que existen 3 tipos
de psicoterapeutas en cuanto a la terapia psicodinámica.

El primer tipo de psicoterapeuta es el de aquellos que poseen conocimientos


teóricos del psicoanálisis, suficientes para desarrollar una psicoterapia de orientación
psicodinámica, si este no se sometió a un análisis personal, debe recurrir a su sentido
común y a su sincero deseo de ayudar a sus pacientes.

El segundo tipo es semejante al primero, pero difiere de este porque el terapeuta


ha pasado por un análisis personal por un cierto tiempo y es más consciente y se halla
libre de sus principales conflictos psíquicos; no posee tampoco escotomas y ansiedades
a casusa de la transferencia como puede sufrir el primero.

El tercer tipo de psicoterapeuta es aquel que ha pasado por un análisis personal y


ha conseguido una formación completa como psicoanalista; en este grupo están
constituidos los psicoanalistas que además de su trabajo psicoanalítico propiamente.
dichos, llevan a cabo tratamientos psicoterapéuticos de una o dos sesiones por semana.
Son quienes pueden utilizar la transferencia en toda su profundidad y ser conscientes de
su propia contratransferencia. (Coderch, 1990).

Y ahora cuáles son los principales conflictos que tiene el terapeuta frente a su labor
analítica vamos a analizar uno por uno.

Uno de los motivos más frecuentes que conllevaron al terapeuta a la elección de


su vocación, estas pueden ser conscientes o inconscientes, es la necesidad de reparación
de objetos internos o externos y que son verdaderamente significativos o partes de la
propia personalidad que se perciben dañados. A esto le llamamos seudo-reparaciones,
en ella priva a la angustia persecutoria y el rechazo del entrevistado se vive como
confirmación de la incapacidad para reparar y por tanto como corroboración de la
destrucción interna y maldad del entrevistador. Para evitar está catástrofe, anunciada por
la presencia de angustia, el entrevistador puede adoptar actitudes seductoras, falsamente
amistosas u ofrecer consuelo, estímulos, apoyo y ayudas irreales extemporáneas con la
mira de obtener el afecto y la aceptación del entrevistado; cuando sus intentos llegan a
tener éxito consigue además bloquear la emergencia del material que el entrevistado
considera que arruinaría la presunta buena opinión y buena disposición hacia él presenta
su interlocutor.

O este tipo de ofrecimiento puede despertar, en personalidades de tipo


paranoides una intensa desconfianza porque se interpreta como treta destinada a
tomarlos desprevenidos, por sorpresas, con las defensas bajas ante los fines aviesos del
entrevistador u otra manera de reaccionar de un paciente psicótico es negando la
amistad que le ofrece el entrevistador ya que ellos no se conocen.

Otro tipo de seudoreparaciones es la búsqueda del ejercicio clínico para negar la


propia patología. La delegación social del cuidado del paciente, a un grupo de
trabajadores, les hace depositarios del rol de “guardianes y depositarios de la salud
mental’’ que lleva con cierta frecuencia a asumirlo con gran entusiasmo, pues refuerza
la posibilidad de negación antes mencionada. Uno de sus indicios conscientes, es el
deseo de entenderse a través de las lecturas y comprensión intelectual de la causa y
solución de la conflictiva de otras personas. La decepción que provocan tales
expectativas en el encuentro con los pacientes, provoca angustia y rabia, que pueden dar
por resultado sesiones en las que el entrevistado resulta maltratado, acusado y sujeto a
un interrogatorio cuasi policiaco, pues los argumentos con los que intenta explicar las
dificultades de su vivir cotidiano, no esclarecen en nada las del entrevistador, esto lleva
a cuestionamientos persecutorios que hace que el paciente termine sintiéndose criticado,
tildado de mentiroso y poco colaborador en la terapia.

Si en el futuro clínico reconoce en sí mismo la necesidad de cambiar o entender


ciertos aspectos de su personalidad, debe abandonar la fantasía de lograrlo a través de su
ejercicio profesional.
La proyección del conflictivo personal en los pacientes, tiene la finalidad de
mantener reprimido el conflicto existente entre el entrevistador que así pueda seguir
dividido en una parte ‘‘sana’’ que ejerce una profesión y una parte ‘‘enferma ‘’
depositada en quienes buscan ayuda. Por ejemplo tener una actitud distinta con respecto
a la sexualidad, se confirma sin lugar a dudas , la existencia de prejuicios, sistema de
valores y conflictos inconscientes, llevan a la adopción de una actitud frente al material
del paciente, que se transmite a través de preguntas que se le formulan, y de las diversas
formas de comportamiento proverbal de los que el entrevistador es totalmente
inconsciente pero que son percibidas tanto para el paciente, como por quienes pueden
estar atestiguando este encuentro. Por ejemplo, es el caso en el que el terapeuta recogió
durante su primera entrevista algunos datos de su paciente: En la entrevista el paciente
le cuenta al terapeuta que tuvo una relación extramatrimonial hace unos años atrás; bajo
la sólida formación religiosa le impedía ver desprejuiciosamente la existencia de las
relaciones extramatrimoniales y decida no abordar ese tema, incluso cambiando de
manera brusca la pregunta o cortando la respuesta del paciente.

En algunas ocasiones, la motivación para dedicarse a la práctica clínica se deriva


de la fantasía de satisfacer a través de ellas; tendencias escopofílicas, de manipulación y
control sobre los demás; o de obtener amistad o afecto y otras ganancias secundarias.

Estas motivaciones corresponden al uso del entrevistado como medio para


obtener la compensación de las antiguas frustraciones en la curiosidad infantil o de
situaciones igualmente pretéritas; de impotencia e indefensión.

La necesidad de manipular y someter a otros deriva frecuentemente a la


compulsión de controlar omnipotentemente, a los objetos persecutorios, a los que no
puede permitirse la menor movilidad espontánea solo pensar que puede ser destruidos o
abandonados por ellos. Una de sus manifestaciones más frecuentes en la entrevista es la
necesidad de hacer decir al paciente, lo que el entrevistador espera oír para corroborar
sus hipótesis teóricas, aquí va haber un intento excesivo por hacer que el paciente acepte
tales explicaciones, corroboración o rectificación. Algo que fortalece esta conducta
manipuladora, dependerá de la estructura de la personalidad del paciente, quien por su
historia tiene tendencia y necesidad de colocarse al amparo de figuras poderosas,
buscando congraciarse con ellas para lograr afecto, protección y seguridad y además se
sentirá agraciado si el entrevistador decide tomar decisiones por él. Para otros los
intentos de manipulación o sometimiento, constituyen en la repetición de sus
dependencias de padres que, en vez de satisfacerlos, lo usaron para gratificar sus
necesidades de control, prestigio y realización de metas no cumplidas.

Otra causa para obligar al paciente a tomar decisiones es la actitud dogmática del
terapeuta. Como en la necesidad de impresionar al paciente con la presentación del
curriculum, despliegue de citas bibliográficas y arreglos y supuestos decorativos, de
títulos, diplomas y constancias de asistencias a cursillos y congresos. Así los pacientes
quedan impresionados de ponerse en manos de un todopoderoso ser que tienen en frente
y poder aliviar todos sus problemas. (Portillo, 1994).

La envidia y la conmiseración son impulsos y afectos que no deben interferir en


la labor del terapeuta en la terapia. El sentimiento de lástima tiene estrecha relación con
nuestra actitud básica de solicitud. Empatizar con el sufrimiento de otro y comprenderlo
puede llevarnos a un sentimiento de conmiseración. Sin embargo, debemos estar
seguros a admitir que cuando dicho sentimiento se torna demasiado intenso, parte de su
intensidad puede derivar de otros sentimientos, como los que crean las defensas erigidas
contra la hostilidad, la envidia y las actitudes competitivas. Por parte del paciente, la
necesidad de provocar lástima tal vez no difiera de la necesidad de ser admirado o
castigado, y en algunos casos se reduce al deseo de inspirar piedad: “No me hiera, no se
enoje conmigo. ¿No ve cuán digno de compasión soy?”. (Yildiz, 2010)

El terapeuta es un ser humano como todos, y por ende no va a poder controlar


perfectamente sus emociones, será inevitable que el relato de sus pacientes lo
conmuevan o si hay un chiste lo haga reír y si es un hecho que no le agrada puede
molestarse o gruñir como cualquier persona.

Todos estos conflictos del terapeuta perturbaran todo el trabajo que se realice en
la sesión terapéutica si no los llega a controlar deformara todo el proceso terapéutico.

¿Qué hará el terapeuta cuando se sienta conmocionado durante una sesión?

En primer lugar, ha de evaluar la naturaleza de su conmoción.

En segundo término, ha de reconocerlo como lo que es: un problema personal


(en vez de echarle la culpa al paciente).
En tercer lugar, ha de conocerse a sí mismo en grado suficiente como para poder
juzgar los efectos que dicha conmoción podrá tener sobre su comportamiento en ese
momento. Si está convencido de que puede seguir con su autocontrol proseguirá con su
labor habitual. Si cree que transmitirá indebidamente su estado conmocionado a su
paciente, puede guardar silencio.

Y finalmente un cuarto paso. Concluida la sesión, el terapeuta debe indagar y


preguntarse por qué se conmocionó tanto. Corresponde entonces realizar algún trabajo
analítico en su propia persona, ni debe dejar pasar algo por alto se no se hace un análisis
introspectivo.
CONCLUSIONES

• El terapeuta debe ejercer suficiente control sobre sus conflictos personales, y no


debe permitir que estos afecten el desarrollo de la terapia, es decir afecte la
alianza terapéutica, este vínculo por el cual se basa el desarrollo de la terapia, y
si hay ocasiones donde los conflictos son mayor e incontrolables por él, es
mejor pausar su labor analítica, esto se hace con el fin de tomar conciencia sobre
este conflicto, como se origino y como puede afectar la proyección de este en su
paciente.

• Un requisito principal es que todo psicoanalista debe pasar por un proceso de


terapia psicoanalítica, con el objetivo de poner a disposición de su Yo consciente
las mas importantes defensas, fantasías y conflictos inconscientes de su vida
infantil, el terapeuta debe ser consciente de ellos y hallarse libre de sus
principales conflictos psíquicos, conflictos que no interfieran en la formación de
su juicio crítico y sean controlables.

• Las seudoreparaciones conllevan al ejercicio y a la elección profesional, una


seudo-reparación es la necesidad de reparación de objetos internos y externos
que son verdaderamente significativos o partes de la propia personalidad que se
perciben dañados, frente a esto el terapeuta de manera consciente o inconsciente
buscara satisfacer estas necesidades. Es el caso donde el terapeuta busca cubrir
vacíos emocionales de la niñez buscando el afecto de su entrevistado, no aceptar
su propia patología y el deseo de entenderse a través de él o someter al paciente
a aceptar sus decisiones .

• El juicio del terapeuta se ve influenciada por prejuicios, dogmas, aspectos de la


sexualidad y frente a esta problemática, el terapeuta prefiere evadir estos temas u
obligar al paciente a tomar decisiones de acuerdo con lo que el piense.

• Mucho tiene que ver la estructura de la personalidad del paciente, frente a esta
situación en personalidades de tipo paranoides un ofrecimiento de amistad por
parte del terapeuta despierta una intensa desconfianza porque se interpreta como
treta destinada a tomarlos desprevenidos, u otra manera de reaccionar de un
paciente psicótico es negando la amistad que le ofrece el entrevistador ya que
ellos no se conocen y en pacientes sumisos aceptando todas las decisiones del
terapeuta.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

- Boseski (2000). Panel on "What Do We Mean By Conflict in Contemporary


Clinical Work?" Fall Meeting, Amer. Psychoanal. Assn., New York, December
16.

- Coderch J. (1990). Teoría y Técnica de la Psicoterapia Psicoanalítica. España:


Barcelona. Editorial Herder S.A.

- Freud. S (1894). The neuropsychoses of defence. S. E., 3:43-61.

- Parra. G (2016). Conflicto y estructura en psicoterapia dinámica: el diagnostico


psicodinámico operacionalizado (OPD-2). Revista de psicoanálisis y
psicoterapia, p 8-9

Recuperado de:
https://www.revistamentalizacion.com/ultimonumero/abril2016/delaparra.pdf

- Portillo I (1994). Técnicas de la Entrevista Psicodinámica. México. Editorial Pax


México. Recuperado de:
https://www.academia.edu/4293667/Isabel_Diaz_Portillo_Tecnicas_De_La_Ent
revista_Psicodinamica

- Sabate N. La Psicoterapia. Revista Centre Londres 94

- Smith H. (2002). Concepciones del conflicto en la teoría y la práctica


psicoanalíticas. Revista Internacional de Psicoanálisis Aperturas 15, p 49-96

Recuperado de:

http://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000261

- Yildiz (2010). Teoría y Técnica de la Psicoterapia Psicoanalítica. Colombia:


Bogotá. Recuperado de:
https://psicoanalistaiyildiz.com/portfolio-2/teoria-y-tecnica-de-psicoterapia-
psicoanalitica/

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