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Tema 9.

- La España del siglo XVII


Los Austrias del siglo XVII, conocidos como los Austrias Menores (Felipe III, Felipe IV
y Carlos II) han sido considerados tradicionalmente como reyes débiles que dejaron el gobierno
del estado a validos. Se considera que esta debilidad fue en parte responsable de la decadencia
española del siglo XVII y del propio final del Imperio Español en Europa.

Evidentemente los factores de la crisis son mucho más complejos.

9.1. LOS AUSTRIAS DEL SIGLO XVII. GOBIERNO DE VALIDOS Y


CONFLICTOS INTERNOS.

En el siglo XVII los reyes ya no gobiernan personalmente. Vagos, débiles o incapaces,


dedicados al ocio o a diversiones cortesanas, entregaron las funciones de gobierno a personas
de confianza, los validos, que actuaban como primeros ministros, aunque no tenían cargo
oficial, sólo la amistad del monarca. Estos validos (privados o favoritos), que se sucedieron en
el gobierno de los Austrias menores, fueron hombres ambiciosos, intrigantes e impopulares.
Algunos fueron valiosos; pero otros, por el contrario, incapaces. Y todos ellos contribuyeron a
la decadencia progresiva de la Casa de Austria hasta su desaparición, a fines del siglo XVII.

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- Felipe III (1598-1621):

El Duque de Lerma dominó la situación durante el reinado de Felipe III. Este valido
mantuvo su posición gracias a los gastos suntuarios y festejos ofrecidos al rey. Fue un político
mediocre pero de ambición desmesurada. Utilizó el valimiento para su enriquecimiento
personal, fue tan escandaloso que finalmente fue apartado, pero dejó en su lugar a su hijo el
duque de Uceda, inaugurando el nepotismo. Trasladó la Corte de Madrid a Valladolid entre
1600 y1606 porque recibió un buen importe por los dirigentes de esta ciudad.

El hecho más importante de política interior con Felipe III fue la expulsión de los
moriscos (Valencia -1609; Aragón y Castilla -1610), descendientes de los musulmanes
bautizados en la época de los RR.CC., que ya se habían sublevado durante el reinado de Felipe
II (sublevación de las Alpujarras).
Las razones de esta expulsión son complejas. La Corona y el pueblo miraban a los
moriscos con reticencia puesto que no se integraron con el resto de la población española y no
se comportaban como auténticos cristianos. Además conspiraban todavía con los peligrosos
piratas berberiscos y los turcos. Sin embargo, la causa principal debió ser de motivo
propagandístico para esconder el deshonor y desprestigio de aceptar la Tregua de los Doce
Años ese mismo año 1609. Las consecuencias demográficas de esta expulsión fueron nefastas
(una pérdida de 300.000 personas), y fueron especialmente graves en Valencia y Aragón, donde
los moriscos mantenían una fértil agricultura.

-Felipe IV (1621-1665):

El Conde-Duque de Olivares (Don Gaspar de Guzmán) (1621-1642) fue valido de


Felipe IV durante más de 20 años. Fue un hombre muy distinto al Duque de Lerma. Era culto,
con interés por los asuntos de gobierno y con gran inteligencia política. Tenía sincera voluntad
de reformas económico-políticas que fortalecieran a la monarquía, pero sus proyectos no
pudieron realizarse. Su carácter autoritario y las guerras que tuvo que afrontar impidieron que
se llevaran a cabo. Le sustituye Don Luis de Haro desde 1643.
Su ideario en política exterior fue restaurar el prestigio imperial de España. En política
interior pretendía fortalecer política y económicamente la monarquía de los Austrias. Este
fortalecimiento se basaría en una tendencia a uniformizar las leyes e instituciones de los
diferentes reinos hispánicos (Memorial Secreto al Rey de 1624). Sus principales proyectos en
este sentido fueron:

- Creación de un Banco Estatal llamado Red de Erarios: consistía en un banco que


recogería capitales privados y serviría para que el rey obtuviera préstamos. Esto le liberaría de
los prestamistas extranjeros e impediría la salida de metales preciosos. Sin embargo, fracasó
pues se obligaba a los privilegiados a aportar parte del capital fundacional. La oposición de las
Cortes fue frontal.

- Proyecto de Monarquía unitaria (centralización) unificando las leyes e instituciones


de los reinos. Olivares propuso que todos los reinos de Felipe IV deberían abandonar sus fueros
e instituciones propias y aceptar las de Castilla. Esto facilitaría el gobierno de todos los
territorios y la solidaridad de sus habitantes (igualdad de impuestos). Sin embargo, el medio
para conseguir esto era muy peligroso, pues consistía en presionar a estos reinos con el ejército
para que éstos se sublevaran contra el rey y éste, tras aplastar la rebelión los castigase
arrebatándoles sus fueros. Este proyecto se hizo realidad en Cataluña y Portugal (1640), pero
con un resultado distinto al esperado, dando origen a un movimiento separatista.

- La Unión de Armas fue el proyecto más ambicioso. Consistía en crear un enorme


ejército permanente (140.000 hombres) reclutado en todos los reinos según su población y
riqueza. Debería ser mantenido por las aportaciones fiscales de todos los reinos de la monarquía
y no sólo por Castilla. Con ello se conseguiría una fuerza militar para mantener la hegemonía

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militar en Europa y además reforzaría los lazos de solidaridad de todos los súbditos, al margen
de su lugar de origen. El plan fracasó por la oposición de las Cortes de Aragón, Valencia y,
sobre todo, de Cataluña.

- Carlos II (1665-1700):

Era un niño de 4 años cuando heredó el trono, por lo que durante su minoría de edad
gobernó su madre, viuda de Felipe IV, Mariana de Austria. Durante la minoría y luego debido
a la mala salud del rey (se le conocía como el Hechizado) la corte fue un hervidero de intrigas y
de facciones políticas por el poder, que hacen una nómina muy larga de validos: Padre
Everardo Nitard, jesuita tirolés, confesor de la reina madre; Fernando de Valenzuela; Juan
José de Austria, hijo ilegítimo de Felipe IV; el Conde de Oropesa… Como Carlos II no pudo
tener descendientes se acentuó la instabilidad política y las intrigas palaciegas por su sucesión
cuando se hizo evidente la cercana muerte del enfermo rey.

9.2. LA CRISIS DE 1640.

En 1640 se conjugaron una serie de factores que provocaron la caída de Olivares (1643) y
que pusieron en peligro al propio Imperio de Felipe IV.

Por un lado, las reformas de Olivares se habían ganado muchos enemigos tanto entre los
grupos privilegiados de Castilla como en los otros reinos de la Monarquía. Por otro, las
incesantes guerras exteriores estaban agotando los recursos de Castilla, empobreciendo a los no
privilegiados. Los conflictos fueron constantes y surgieron rebeliones en todas partes
(Vizcaya, Cataluña, Portugal, Andalucía, Nápoles, Sicilia...). El momento más crítico fue el de
“1640” por las rebeliones independentistas de Portugal y Cataluña.

La Rebelión de Cataluña (1640-1652). En 1640 Cataluña estaba en plena línea del frente
en la guerra contra Francia. El ejército español (mayoritariamente castellano) ocupaba Cataluña
y la población catalana sufría los abusos de éste. Olivares insistía en que Cataluña debía
contribuir a pagar ese ejército que la defendía de Francia. Los enfrentamientos de campesinos
catalanes y soldados se extendieron a Barcelona, donde los rebeldes (vestidos de “segadores”)
iniciaron un motín y asesinaron al Virrey el día del Corpus (de ahí el nombre de los sucesos
como Corpus de Sangre). Cataluña se rebeló contra Felipe IV y entregó el principado al rey de
Francia. Felipe IV convirtió la recuperación de Cataluña en el objetivo fundamental de su
política. Sin embargo, ésta tardó y sólo por el cansancio de la guerra y la opresión francesa, que
se mostró peor que la castellana, se consiguió la rendición catalana en 1652. Felipe IV se
comprometió a respetar los fueros catalanes.

Rebelión e Independencia de Portugal (1640-1668). La sociedad portuguesa


consideraba que la unión con España le reportaba más inconvenientes que ventajas. Portugal
estaba siendo perjudicada por su pertenencia al imperio de Felipe IV, pues los holandeses
aprovecharon su guerra contra este rey para capturar el Imperio Colonial Portugués (Indonesia,
El Cabo, Bahía, Curaçao). España era incapaz de defender estos territorios, de este modo en
1640 el Duque de Braganza, al frente de la nobleza portuguesa se proclamó rey como Juan IV.
Felipe IV y Olivares, que pusieron más atención en la guerra contra Francia y por Cataluña,
pensaban que recuperar Portugal sería más fácil. No sería así. Con el apoyo de Francia y de
Inglaterra, Portugal alcanzaría su independencia. España tuvo que reconocer la independencia
portuguesa en 1668, bajo el reinado de Carlos II.

Los otros conflictos que surgieron por motivos parecidos en torno al año 1640 en
Andalucía, Vizcaya, Aragón, Nápoles y Sicília fueron más fáciles de someter.

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9.3 EL OCASO DEL IMPERIO ESPAÑOL EN EUROPA

- Felipe III (1598-1621) y su valido El Duque de Lerma mantuvieron una política


exterior pacifista. Esto se debió a la mejora de las circunstancias internacionales, pero también
al agotamiento de la hacienda española (bancarrota de 1607).

La Paz de Vervins de 1598 puso fin a las Guerras de Religión en Francia y a la


intervención de España en ellas.

La Paz con Inglaterra (1604) se vio favorecida por la muerte de Isabel I y la instauración
de la Dinastía de los Estuardo (más tolerante con el Catolicismo).

El aspecto fundamental de este pacifismo fue la Tregua de los Doce Años con Holanda
(1609-1621).

Sin embargo este período de paz fue desaprovechado para sanear la hacienda, pues los
gastos suntuarios de la corte sustituyeron a los gastos militares.

- Con Felipe IV (1621-1665) se acabó el pacifismo. Su valido El Conde-Duque de


Olivares se vio arrastrado a una serie de conflictos en los que España se jugaba su hegemonía
en Europa y donde la perdió a manos de Francia.

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) estalló en Alemania como un conflicto


político-religioso entre los protestantes del Norte y los católicos del sur liderados por los
Habsburgo austriacos. España se vio pronto mezclada en este conflicto como principal
defensora del Catolicismo y por la cercanía de los Países Bajos a la guerra. Se trataba de
mantener o alterar el orden establecido en Europa por la Casa de Habsburgo (unidad las líneas
española y austriaca). Por consiguiente, terminó la Tregua de los Doce Años (1621) y se
reanudó la Guerra de Flandes (toma de Breda, 1625). En 1634, los españoles tuvieron que
ayudar a sus aliados austriacos y vencer a los protestantes suecos en la Batalla de Nordlingen
(1634).

Temiendo la victoria de la coalición de los Habsburgo Francia intervino en la guerra en


1635 a favor del bando protestante, aunque era católica. El enfrentamiento contra tantos
enemigos (y los conflictos internos de 1640) llevaron a España al agotamiento, de tal modo que
empezó a cosechar derrotas (Batalla de Las Dunas-1639, Batalla de Rocroi-1643).

En el Tratado de Westfalia (1648) termina la Guerra de los Treinta Años y los


protestantes salen victoriosos. España se ve obligada a reconocer la independencia de las
Provincias Unidas de Holanda, aunque la zona sur, Flandes, de mayoría católica quedó unida a
España.
La guerra aún continuó contra Francia hasta 1659 (Paz de los Pirineos). España pierde la
hegemonía europea en favor de Francia, además pierde Rosellón-Cerdaña, Artois y varias
plazas de Flandes. La hija de Felipe IV se casa con Luis XIV (esta boda preparará la llegada de
los Borbones a España en el siglo XVIII).

Carlos II (1665-1700)

En este período, España, perdida su hegemonía, pasa a ser una potencia se segundo
orden, que debe mantenerse a la defensiva frente a las continuas agresiones de Luis XIV sobre
sus territorios. España debe entregar a Francia el Franco Condado y varias plazas de Flandes.

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Finalmente, la intervención francesa en España se recrudecerá con el problema sucesorio
a la muerte de Carlos II. Éste muere en 1700 sin descendencia y en su testamento lega todos sus
reinos a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, con la condición de que éstos permanezcan unidos
bajo una misma corona.

9.4 EVOLUCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL DEL SIGLO XVII.

En el siglo XVII toda Europa vivió una intensa decadencia demográfica y económica,
pero dicha decadencia fue mucho más grave en España.

La Crisis demográfica supuso un descenso de la población: ocho millones de habitantes


en 1600; siete en 1700. Esto fue debido a la persistencia de la peste (Peste Atlántica de 1597-
1602; 1647-52; 1676-85), la expulsión de los moriscos, las dificultades económicas (escasez
de matrimonios, aumento de la emigración y del clero para evitar el hambre, aumento de la
mortalidad por desnutrición) y las guerras constantes.

La Crisis económica fue generalizada tanto en la agricultura como en la artesanía por el


descenso demográfico, la mala política fiscal y la competencia de la artesanía del norte de
Europa. Además, el contrabando inglés, holandés y francés hundió el monopolio comercial con
América.

La Crisis fiscal se hizo aún más grave que en el siglo XVI, especialmente tras la
reanudación de la guerra durante el reinado de Felipe IV (1621). Los exorbitantes gastos bélicos
y el hecho de que cesaran los Caudales de Indias llevaron a la Corona a constantes bancarrotas.
Las reformas hacendísticas de Olivares (Red de Erarios, Unión de Armas) intentaron paliar esta
situación, pero al ser rechazadas se tuvo que recurrir a soluciones económicamente nefastas:
venta de títulos y cargos públicos, aumento de los impuestos indirectos (servicio de millones,
impuestos sobre la sal) y la peor de todas: las alteraciones y manipulaciones monetarias
(acuñación de moneda de vellón, adulteración de la cantidad de metales preciosos, etc.). Las
manipulaciones monetarias provocaron una inflación galopante y un desbarajuste monetario.

A pesar de que tradicionalmente se ha considerado que la crisis se superó gracias a las


medidas reformistas de los Borbones, en realidad se comenzó a remontar a fines del siglo

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XVII, a partir de 1680. La recuperación fue mucho más temprana en la periferia que en el
centro, de modo que el peso demográfico y económico reforzó a las zonas litorales mientras el
interior se debilitaba. Así hay que mencionar la temprana recuperación de Cataluña que, a partir
de 1700 se convierte en una de las regiones más prósperas de España.

La sociedad española del siglo XVII sufrió un retroceso en un sentido conservador. Así
mientras la burguesía iba desarrollándose en los países del Norte de Europa, en España aumentó
numéricamente la nobleza y el clero. La nobleza recuperó parte de su influencia política y en
general, toda la sociedad se vio influida por los caducos ideales nobiliarios (honra, apariencia de
grandeza, desprecio al trabajo). Se habla de una “Traición de la burguesía”, la débil burguesía
española hace suyos algunos ideales nobiliarios, se hace rentista y abandona cualquier riesgo
empresarial.

El campesinado es el gran perjudicado del siglo XVII, sometido a la crisis económica y a


la fortísima presión fiscal sufre un proceso de empobrecimiento y en parte se ve abocado al
bandolerismo y a la picaresca para sortear la crisis.

Como reacción a la mala situación económica del país, surgió en el siglo XVII un grupo
de personas que elaboraban informes o arbitrios –formulas para proporcionar a la Hacienda
ingresos-y solucionar los problemas del país, tanto políticos como económicos. Arbitristas
como Fernández Navarrete o Caxa de Leruela hicieron un análisis muy lúcido de la situación
española y plantearon soluciones razonables e inteligentes. Defendían que el gobierno reformara
la hacienda o diera un mejor uso de los metales preciosos de América para mejorar la capacidad
productiva de España. El Arbitrismo influyó mucho en las reformas de Olivares e incluso en
literatos como Quevedo.

9.5. MENTALIDAD Y CULTURA EN EL SIGLO DE ORO.

Contrastando con la decadencia económica y política, el siglo XVII es un período de auge


cultural y artístico en España: la segunda parte del Siglo de Oro, la España del Barroco.

Mentalidad.
El Siglo de Oro estuvo íntimamente ligado a la defensa del catolicismo, a la ortodoxia
frente a la rebelión religiosa de los protestantes, lo cual explica su fuerte contenido religioso y
teológico. Fue propagandística de la monarquía y de la Iglesia, de su infalibilidad y de la
superioridad moral de la nobleza. Dirigida a las masas para captar la voluntad del pueblo a
favor de los poderosos y evitar que su malestar se canalizara hacia la rebelión o la protesta. Al
dirigirse al pueblo de escasa cultura, el mensaje debía ser sencillo en su contenido pero fastuoso
en sus formas para impactar y conmover.

Cultura.
La Literatura fue una de las manifestaciones más importantes del Siglo de Oro. En
España brilló la Narrativa (El Quijote de Cervantes) y dentro de ésta la Novela Picaresca (El
Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, El Buscón de Quevedo), también el Teatro (Lope
de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina) y la poesía (Quevedo, Góngora).

El arte barroco
El barroco en arquitectura, pintura y escultura, fue principalmente un arte religioso. La
preeminencia de lo religioso se explica no sólo por la lucha emprendida a favor del catolicismo
sino también porque obedecía a las exigencias de los mecenas, fundamentalmente la Iglesia, la
monarquía y la nobleza, que contrataban los servicios de los artistas.
- La arquitectura barroca española floreció especialmente en los edificios religiosos,
pero también en los civiles ( palacios, plazas...) con arquitectos e ingenieros como Juan Gómez
de Mora.

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- La escultura barroca en España se caracterizó por el dramatismo y el realismo de las
figuras, con artistas como Gregorio Fernández, Juan Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro
de Mena, maestros de la imaginería religiosa policromada (pasos procesionales). Este arte fue
trasvasado a América donde, al amalgamarse con las formas autóctonas indígenas, creó un arte
colonial original y de extraordinario valor.
La pintura alcanzó su cumbre con genios de la talla de José Ribera, Bartolomé Esteban
Murillo y Francisco Zurbarán que se mueven entre el tenebrismo, el naturalismo y una profunda
espiritualidad. Destaca el más universal de nuestros pintores del Barroco, Diego Velázquez, que
trabajó en la corte de Felipe IV. Su pincelada suelta, el dominio del color y de la luz (se anticipa
al impresionismo, y consigue la perspectiva aérea) y sus complejas composiciones otorgan a sus
cuadros la categoría de obras maestras. De sus inicios sevillanos destacan sus pinturas de
costumbristas (el aguador de Sevilla, la vieja friendo huevos....), de su etapa en la corte (sus
retratos: Felipe IV, el Conde-Duque a caballo, el príncipe Baltasar Carlos, la infanta Margarita,
los retratos de bufones; la rendición de Breda o las lanzas, las Meninas, Las Hilanderas...).

Esquema del blog de Tomás Pérez Molina http://tom-historiadelarte.blogspot.com/

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