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Ash Garton

Historia del presente. Introducción

Este libro viene a ser una colección de lo que se denominan acertadamente piezas o
retazos que reflejan los intereses, experiencias y viajes del autor.
Primero, el autor va a reflexionar sobre lo que significa escribir “la H del presente”. La
expresión no es de el, sino que la acuño el diplomático Kennanen una reseña del un
libro de Gaton. Es la mejor definición posible entonces de lo que intenta hacer Garton,
combinando el oficio de historiador y de periodista.
Sin embargo “la H del presente” son términos contradictorios. La historia, por
definición consiste en descubrimientos y documentos.
Dejemos aparte la objeción de que el presente no es más que una fina línea, de apenas
milisegundos entre el pasado y el futuro. Sabemos a que nos referimos cuando decimos
el presente aunque los límites cronológicos sean siempre objeto de discusión. Se lo
puede llamar pasado muy reciente o acontecimientos actuales.
Pero no siempre fue así. Fue solo con la aparición de la idea de progreso, la expansión
de la filología crítica y la obra de Leopold von Ranke cuando los historiadores
empezaron a pensar que los acontecimientos se entendían mejor cuanto más alejado
estuviera uno de ellos. Si nos paramos a pensarlo, la verdad es que esta es una idea muy
rara: supone afirmar que la persona que no estuvo allí sabe más que la que estuvo.
Por consiguiente es preferible contar con un testigo que también tenga interés por
encontrar respuestas a las preguntas del historiador sobre los orígenes, las causas, las
estructuras, los procesos, el individuo y la masa.
En tiempos de Ranke, la política se plasmaba sobre el papel… también entonces la
mayoría de la experiencia humana no se anotaba jamás, pero la política si.
Hoy, por el contrario, la alta política se desarrolla cada vez más por medio de
encuentros personales, teléfono o mails. Por otro lado, nunca como ahora han estado los
políticos, diplomáticos, militares y empresarios tan ávidos de ofrecer su propia versión
de lo que acaban de ocurrir (onda, en la CNN, etc). En otras palabras ahora ha
aumentado lo que es posible saber poco después de los hechos y ha disminuido lo que se
puede saber mucho después. Gran parte de la historia reciente ha desaparecido de este
modo y no podrá recobrarse jamás, por falta de un testigo q dejara constancia.
Aún así, siguen existiendo dos poderosas objeciones: primero que lo que se ostenta
mantener en secreto son las cosas más importantes y por otro lado es que no se conocen
las consecuencias de los hechos actuales, de forma q la comprensión de su importancia
histórica es mucho más especulativa y susceptible de revisión.
No obstante, eso puede ser tmb una ventaja: quien escribe mientras ocurren los hechos
deja documentado lo que la gente no sabía entonces, por ejemplo, que el muro estaba
por caer. Cada generación tiene su propio Cromwell, su propio Napoleón.
Los periodistas norteamericanos que escriben libros sobre la historia reciente suelen
referirse a ellos con modestia, como borradores.
“la H del presente” esta en un punto de encuentro entre la H, el periodismo y la
literatura, áreas que son fronterizas pero que están en continua tensión.
El reportaje o la narración histórica es siempre un relato escrito por un autor concreto,
impregnado por su percepción individual y su estilo propio al colocar las palabras sobre
la página. En ese sentido, el historiador y el periodista trabajan como los novelistas.
Algunos postmodernos están en desacuerdo. Sugieren que la labor de los historiadores
debe juzgarse como la de lo autores de ficción por su fuerza retórica y su capacidad de
convicción imaginativa, no por su ilusoria verdad objetiva.
Lo mismo ocurre con el periodismo. Todos sabemos que, en los niveles mas bajos en la
prensa amarilla, se inventan historias. El docudrama, es por así decirlo, medio tramposo.
Pero en la mayoría de las ocasiones, esa trampa se hace bajo una máscara de sobria
autenticidad.
Los precedentes son notables, como por ejemplo el relato de John Reed.
Desde luego, la mejor historia contemporánea se ha hecho en televisión, ya que tmb se
puede hacer que una cámara mienta mediante una selección tendenciosa y un montaje
manipulador. Por el contrario, para el escritor, la grabadora y la cámara convencionales,
visibles y de uso manual tienen grandes inconvenientes. Es decir, estos aparatos cuya
función es registrar la realidad, de hecho, la alteran con su mera presencia. Pero eso es
algo que solo ocurre con que se vea una libreta de notas.
La frontera entre periodismo e historia es la más larga en nuestro punto de encuentro.
Si bien las características de un mal periodismo y una mala historiografía son muy
diferentes (teorías populistas – tesis que nadie lee), cuando tienen virtudes son muy
parecidas la investigación exhaustiva, la crítica a las fuentes, la prosa clara y llena de
vida.
Cada profesión tiene su defecto característico. En una palabra la del periodismo es la
superficialidad y el del trabajo académico la irrealidad (yo le agregaría la falta de
relevancia)
Hoy en día, los periódicos mas famosos están ocupados no por noticias sino por
diversas secciones mas populares, por lo que cada vez es menos frecuente que la
historia del presente se escriba en su medio natural, los periódicos. Pero también en la
historia hay problemas, según Garton, casi todos los historiadores académicos siguen
siendo reacios a aproximarse a la actualidad por debajo de los habituales treinta años
que tardan en hacerse públicos los documentos oficiales de la mayoría de las
democracias.
Por eso Garton sostiene, que pese a todos los inconvenientes la aventura literaria de
escribir “la H del presente” siempre ha merecido la pena, y ahora más todavía, por la
forma de hacer y documentar H en nuestros días, y porque la ha perjudicado la
evolución habida en las profesiones del periodismo y la historia académica.