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Jueves 03 de diciembre de 2020

APUNTES PARA LA HOMILÍA DE LA FIESTA PATRONAL EN LA


COMUNIDAD EL CERRITO
Fiesta de San Francisco Javier
1. DATOS BIOGRÁFICOS
San Francisco Javier, presbítero de la Compañía de Jesús, evangelizador de la
India, el cual, nacido en Navarra, fue uno de los primeros compañeros de san
Ignacio de Loyola que, movido por el ardor de dilatar el Evangelio, anunció
diligentemente a Cristo a innumerables pueblos en la India, en las Molucas y
otras Islas, y después en Japón, convirtiendo a muchos a la fe. Murió en la isla
de San Xon, en China, consumido por la enfermedad y los trabajos (año 1552)
2. MOTIVACIÓN
¿A qué le dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo en nuestra vida?
- ¿A Dios?
- ¿A los trabajos?
- ¿A la familia?
- ¿A las redes sociales?
Todo esto no es malo, pero es importante darle a Dios el tiempo que merece,
para bien de nuestra propia vida y para bien de la vida de los demás. San
Francisco Javier, su patrono, entendió bien esto y por eso dedicó su vida a
Cristo, dándole a conocer en muchísimos lugares.
3. EL CELO APOSTÓLICO DE SAN FRANCISCO JAVIER
¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? (Mc
8, 36).
¿De qué servirían todos los tesoros de esta vida, si dejáramos pasar lo
esencial? ¿Para qué querríamos éxitos y aplausos, triunfos y premios, si al
final no encontráramos a Dios? Todo sería pérdida de tiempo.
Comprendiendo bien el valor que Dios tiene en la vida del hombre es que
decide entregar su vida a Dios. Cristo llegó a ser el centro de su vida.
Jueves 03 de diciembre de 2020

Este mismo celo debe arder en nuestro corazón. Pero de modo ordinario el
Señor quiere que lo ejercitemos allí donde nos encontramos: en la familia, en
medio del trabajo, con nuestros amigos y compañeros.
4. NO HAY ESCUSAS PARA SEGUIR A CRISTO NI PARA
ANUNCIARLO.
San Francisco Jevier, hemos dicho al inicio, murió muy enfermo, pero murió
luchando por conseguir almas para el Señor.
Si por alguna razón nosotros no podemos cumplir nuestra misión de anunciar
a Cristo de una manera más directa, podemos ofrecer nuestras oraciones,
nuestro dolor y sufrimiento al Señor por las almas perdidas.
No podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que trabajar, tenemos
que buscar a Dios con acciones. Por eso dice el Señor en el Evangelio de hoy:
“No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos,
sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.”

Escuchemos a Cristo y pongamos por obra lo que Él nos enseñe, siguiendo el


ejemplo de San Francisco Javier.

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