Está en la página 1de 2

EL MONSTRUO POLICÉFALO DE LA INDUSTRIA Y EL CAPITAL

La enfermedad es propia de nuestra sociedad, el sistema de salud y los profesionales


del área médica profitan de esto. Vivimos en un medio en donde lo que prima es el
negocio, no prima la salud ni el bienestar ni la justicia, ni ningún valor por altruista
que parezca, quien nos habla o presenta esto miente. Vivimos en un medio que
explota a las personas como si fueran ganado, ovejas, vacas, o pollos. Es un sistema
basado encubiertamente en la explotación, en el dolor, en la enfermedad y en la
muerte.

Mucha gente, demasiada gente enferma y muere, porque es víctima de esta sociedad
y este sistema de explotación humana. La enfermedad es vista como un evento
aislado y se justifica el uso de sus químicos, y de sus remedios. O sea el sistema te
enferma, y claro también te vende venenos con ropaje de caramelos, de productos
sanos, que al final terminan enfermando a la gente, más aun si se tiene alguna
debilidad congénita, y esto de congénito también es por el debilitamiento sostenido
que acomete la sociedad con su industria alimentaria, química, farmacéutica, que
finalmente convierte al sano en enfermo congénito.

Somos en realidad inocentes víctimas entregadas como animales al degolladero, y


que el único culpable de esto y de toda la enfermedad que se ha esparcido por el
mundo es el capital que mueve la industria del agua, la farmacéutica, la alimentaria,
sostenida por una legislación que dice entregarle el derecho de libertad a las
personas pero que en realidad tal mentada libertad la usan únicamente los
comerciantes del dolor y la muerte para introducir subliminalmente y explícitamente
un estilo de vida contrario a la naturaleza humana, al cual presentan como modelo a
seguir, con sus modas y productos basura.

He allí entonces el punto medular de este asunto.

La libertad de las personas para decidir lo bueno y lo malo, que permite a la


industria vender sus productos nocivos que generan un ciclo vicioso de consumo,
dependencia, enfermedad y muerte. Es decir la libertad es únicamente explotada por
el comerciante o los comerciantes a quienes lo único que les interesa es el dinero y
sus ganancias, nunca el beneficio de las personas, su salud, o bienestar. Entonces la
sagrada libertad en un sistema, una sociedad como la nuestra ¿podrá servirle a las
personas realmente? Y siendo que corren ávidamente y sin preocuparse de las
consecuencias nocivas de sus malos hábitos y costumbres. ¿O más bien les será
perjudicial? Entonces ¿de qué libertad estamos hablando? Este es una cuestión a
reflexionar seriamente.
Tratándose de la salud, ciertamente los químicos y la comida procesada, es todo
basura que ingerimos y a la larga o corta dependiendo de la fortaleza individual, nos
afectará. La salud es algo tan natural para el ser humano, al menos debería ser así.
Pero que es lo que vemos ahora, que las nuevas generaciones vienen llenas de taras,
y que hacen los estados, nunca sanan, nunca curan, nunca irán al corazón del
problema, la industria, el beneficio y el lucro, porque los mismos estados son
sostenidos por esta maquinaria infernal. El estado pone en marca todo su engranaje
para diseñar planes de contingencia, campañas comunicacionales, soluciones parche,
bonos, y so pretexto de la urgencia nunca se lleva a la raíz del problema. Y el estado
rasgará vestiduras y aparentará preocuparse por la población, desvelarse y trabajar
por su seguridad y bienestar. Nada más alejado de la realidad.

El estado, descansa sobre una legislación que de una u otra forma, llámese de
izquierda o de derecha, siempre favorecerá a la industria. Entonces no se le puede
pedir a un estado que existe por la industria y el dinero hacer o actuar de un modo
distinto al que lo hace. He allí la madre del cordero como diría mi buena mujer,
victima simplemente de esta sociedad perversa en la que malamente existimos.

Por lo que la solución básica, fundamental si se quiere tener salud, es desconectarse


de los productos que provienen de la industria. De todo aquello que usa químicos en
sus procesos, porque los químicos por más que en la etiqueta diga que son
digeribles, no existe realmente un instituto de investigación que haya realizado tales
para determinar a ciencia cierta la inocuidad de los productos químicos que aparecen
en las etiquetas como no dañinos para la salud.

Si tales estudios existen por ejemplo con los químicos y conservantes más antiguos
que existen en la industria alimentaria, serán tan antiguos, que uno puede realmente
pensar, que están obsoletos, por lo que ciertamente deberían volverse a investigar
para determinar su inocuidad.

Pero mientras el Estado no sea libre de la influencia del capital, la industria será la
que imponga sus objetivos y metas, y seguiremos viendo como nuestros seres
queridos y amigos, enferman y mueren.

Si ya esta sociedad en la que vivimos nos priva de un entorno natural y eso es


motivo suficiente para enfermar a la población que más será permitir a la industria y
sus productos nocivos alimentar a la población, ciertamente la humanidad es como
el combustible de la maquina monstruosa que es la industria y el capital que la
conduce.

También podría gustarte