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Agustín (6/7): 6.

Filosofía de la Historia: ciudad terrena y


ciudad de Dios
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December 15, 2014

Historia cíclica vs. Historia lineal

Las religiones del Lejano Oriente y la Filosofía de la Grecia Clásica tienen una concepción
cíclica del tiempo. Existen enormes diferencias entre ellas, pero la asunción básica es que el
mundo ha existido desde siempre y cada cierto tiempo vuelven a acontecer las eras pasadas.
A fin de cuentas, podemos observar ciclos en la Naturaleza tales como el de la noche y el día
o las estaciones del año. Según esta concepción del mundo no sólo se repiten los ciclos
naturales, sino también los acontecimientos.

Como ya vimos, Platón mismo atribuye un ciclo de mil años a la reencarnación de todas las
almas. Una vez agotado el tiempo todas vuelven a encarnarse iniciándose un nuevo período
de transmigraciones.

Según el cristianismo el mundo fue creado por Dios, que no solo creó los cielos y la tierra y
todas las criaturas, sino que creó también el tiempo. Y algún día el mundo terminará de
existir. No existen un eterno pasado y un eterno futuro. La Historia se inicia junto con la
Creación del mundo y terminará con la segunda venida de Cristo y el Juicio Final.

El tiempo se desarrolla linealmente y no se repetirá. Entre estos puntos de inicio y fin se


desarrollarán eventos que son únicos. Los hombres no conocemos los detalles de todo el
devenir histórico, pero podemos ver las lineas generales de la dinámica histórica. Sabemos
por revelación que al final vendrá el Juicio. Entre la Creación y el Juicio hay varios eventos
de singular trascendencia: el pecado original; la espera de la llegada del Redentor[1]; y la
encarnación del Hijo de Dios, la Pasión y el asentamiento de la Iglesia.

Ante la incompatibilidad de estas dos doctrinas Agustín opta por la bíblica. Más aún: cuanto
más conocimiento tiene de la Biblia más convencido está de la linearidad del tiempo.

La ciudad terrena y la ciudad de Dios

La ciudad terrena y la ciudad de Dios no son lugares físicos, sino conceptos. Según Agustín
la Humanidad está dividida en dos.

Por un lado está la mayoría de las personas, que se comportan de forma egoísta. Actúan en
su propio beneficio y dejan a Dios de lado. Desprecian a Dios y se aman a sí mismos más
que a él. Estos son los habitantes de la ciudad terrena.

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Por otro lado están aquellos que han recibido la gracia de Dios y que por ello se han
abandonado a sí mismos, se acercan a Dios y lo aman por encima de todas las cosas. Estos
son los habitantes de la ciudad divina o civitate dei. Si bien la Iglesia tiene una conexión
especial con Dios, el mero hecho de pertenecer a ella no garantiza la salvación. La Iglesia y
la ciudad de dios no son la misma cosa. Tampoco lo son el Estado y la cuidad terrena.

Los habitantes de estas dos ciudades están mezclados y en lucha. En el futuro ambas
ciudades se separarán y los ciudadanos de cada una de ellas resucitarán con sus cuerpos
para recibir su merecido premio… o castigo. El premio de los habitantes de la civitate dei es
la contemplación de Dios por el resto de la eternidad. No podemos ni imaginar lo que eso
pueda significar. El castigo de los habitantes de la ciudad terrena es el tormento sin fin
ardiendo en las llamas del Infierno. Eso sí, de acuerdo con la gravedad de los pecados de
cada uno este sufrimiento será más o menos doloroso.

1. El Redentor o el Salvador son nombres dados a Jesús en tanto ejerce la función del
perdón de los pecados por medio de su sacrificio vital. ↩

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