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1
YA NO HAY
VUE LTA ATRAS '

OTOÑO 2020
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i n dice
Coronavirus, catástrofe capitalista y revuelta 7

Entrevista a un compañero anarquista detenido por su


actividad en la revuelta 37
CORONAVI RUS,
CATASTROFE
'

CAPITALISTA Y REVUE LTA


“Una sociedad cada vez más enferma pero cada vez más
poderosa ha recreado en todas partes el mundo concreta-
mente como entorno y decorado de su enfermedad, como
planeta enfermo (…) La producción de la no-vida ha seguido
con cada vez mayor rapidez su proceso lineal y acumulativo;
ahora ha traspasado un último umbral de su progreso y está
produciendo directamente la muerte”.
Guy Debord, El planeta enfermo.

E
l momento histórico que atravesamos está marcado por el
hecho de experimentar aquí y ahora los efectos destructivos
de la relación social capitalista, de su forma específica de
producir y reproducir la existencia biológica y cultural humana,
subsumida a la necesidad de valorización de capital que se nos
presenta hoy como un sucesivo cumulo de escenarios catastró-
ficos.
Asistimos al agotamiento de un modo de vida producido espe-
cíficamente por la civilización industrial-capitalista, que empie-
za a desbordar en todas direcciones las evidencias de sus pro-
pias contradicciones internas, teniendo toda catástrofe actual
la misma raíz social: el dominio de las necesidades mercantiles
de la economía por sobre las necesidades humanas. La actual
crisis “sanitaria” del Coronavirus es entonces sólo una expresión
singular de la totalidad de la catástrofe, que es la perpetuación
del modo de vida capitalista.

7
II
La intrínseca necesidad de expansión y acumulación que tiene
el capital, ha llevado a una colonización de los territorios a nivel
planetario para integrarlos a sus procesos de valorización inter-
conectados globalmente, no existiendo precedentes de un sis-
tema de dominación de tales proporciones. El planeta Tierra es
así concebida O como una gran fábrica y autopista de mercan-
cías al mando de la clase capitalista mundial, siendo la presión
destructiva que se ejerce sobre el entorno natural y la biosfera,
el desequilibrio ecológico que vivimos, una de sus más claros
resultados.

8 Ya no hay vuelta atrás


Si el fenómeno del COVID-19 se ha tornado global es porque la
dominación del capital ha logrado expandirse a todos los rinco-
nes del planeta, siendo la interconexión de las cadenas globa-
les de reproducción del valor las que han marcan las pautas de
la movilidad del virus. Y justamente dentro de sus causas encon-
tramos la permanente irrupción humana en nuevos ecosistemas
de especies animales con las cuales no teníamos contactos an-
teriormente, traficando aquellas especies para diversos usos y
deforestando los bosques nativos para realizar allí actividades
industriales como la producción ganadera intensiva, la minería
o las extensas plantaciones de monocultivos con todos sus noci-
vos químicos asociados. La penetración en los espacios “vírge-
nes” por las necesidades de auto-expansión del capital, ha pro-
vocado la destrucción de las barreras naturales de contención
de los virus y la transmisión de enfermedades zoonóticas desde
otras especies animales hacia lxs humanxs con cada vez mayor
frecuencia.

El turismo como venta de paisajes, consumo de “tiempo libre”


y circulación humana mercantilizada también ha sido un factor
esencial en la propagación del virus, que da cuenta del carác-
ter global de la dominación.

9
III
El desarrollo capitalista y su “progreso técnico” asociado, ha im-
puesto una forma de habitar que le es inherente y se ha mate-
rializado a través de los procesos de mega-urbanización carac-
terísticos del siglo XX, los cuales tienden a la concentración en
aumento de una alta densidad de población en metrópolis y
megalópolis, siguiendo un patrón de trayectoria que imita es-
pacialmente la lógica de concentración del capital y que res-
ponde a su necesidad de disponibilidad de fuerza de trabajo
humana para crear valor. Aquello ha implicado una degrada-
ción general de las condiciones de la vida de lxs proletarixs que
habitan en ellas, manifestándose concretamente en una varie-
dad de fenómenos cotidianos de precariedad como la conta-
minación ambiental (que causa la muerte anual de 7.000.000
de personas en el mundo), el hacinamiento en el transporte, la
salud mental con las altas tasas de depresión, ansiedad y stress,
la alimentación industrializada empobrecida, la desconexión
con el medio natural, la mecanización de los tiempos de vida
girando en una rutina asalariada sin sentido y un largo etcétera.
La precarización de la vida cotidiana bajo el capitalismo es pro-
porcional al grado de urbanización alcanzado.

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El capitalismo de Estado chino ha llevado a cabo en las últimas
décadas un proceso tecno-industrial y de urbanización sin para-
gón en la historia humana y no es paradójico que el primer virus
de dimensiones realmente mundiales se haya expandido des-
de ese punto del eslabón de la economía capitalista. Wuhan
es una metrópolis crucial para el enclave industrial en China, y
China es la fábrica de un planeta enteramente mercantilizado.

El vociferado “distanciamiento social” para lxs proletarixs que


habitan bajo estas condiciones en cualquier metrópolis o me-
galópolis del globo y que se ven obligados a movilizarse para se-
guir vendiendo su fuerza de trabajo a pesar del virus, sólo existe
en la imaginación del pensamiento putrefacto y descompuesto
de quienes pretenden gobernarnos.

Las condiciones de vida capitalista son las óptimas para contri-


buir a amplificar la propagación de un virus.

11
IV
El sistema capitalista mundial debido a las medidas tomadas por
los Estados como el cierre de fronteras, del comercio, la cance-
lación de los vuelos aéreos o la aplicación de cuarentenas para
contener la propagación del Coronavirus, se ha visto forzado
a interrumpir su dinámica incesante de producción, circulación
y consumo de mercancías, provocando una desaceleración e
incluso en algunos sectores la paralización del proceso de va-
lorización del capital a gran escala, así como la postergación
de proyectos de acumulación (“inversión”) futuros. La prolonga-
ción de esta ralentización en la economía capitalista reposa en
la incertidumbre mientras no se logré frenar la propagación del
virus, y cuanto más se extienda mayores serán las consecuen-
cias de su deterioro y recesión global económica. Además, se
encuadra en un período prolongado de “crecimiento débil” y
“baja inversión” de capital desde su última crisis congénita en
2008.

Organismos de la clase capitalista organizada como el FMI ya


hablan de la crisis del “gran aislamiento” y proveen el peor pano-
rama desde la “gran depresión” de 1929. Otros como la CEPAL,
pronostican que las economías capitalistas de América Latina
sufrirán la peor contracción de su historia debido al COVID-19,
recibiendo un mayor impacto las economías especializadas en
exportaciones de “bienes primarios” que son más vulnerables a
la fluctuación de los precios, como es el caso de Chile, Argenti-
na, Brasil y Perú. Se espera una caída del PIB en la región de un

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-5,3% promedio, si se toma en cuenta que en la crisis de 1914 fue
de un -4,9% y en la Gran Depresión de -5%, para comprender la
magnitud de la presente crisis capitalista desencadenada.

Por lo demás, este escenario acentúa la crisis estructural interna


de valorización capitalista que se viene profundizando sin dete-
nerse desde los años 70 a este tiempo y que es reflejo del propio
desenvolvimiento contradictorio del capital, que contrapone
el desarrollo de sus fuerzas productivas a las relaciones sociales
de producción. La introducción continuamente acelerada de
mayor tecnología en los procesos de producción industrial-ca-
pitalista ha implicado un aumento de la productividad y am-
pliación de volumen de las mercancías, y con ello una drásti-
ca caída del “tiempo de trabajo socialmente necesario” en la
producción de cada mercancía particular. Pero a su vez, como
en cada mercancía particular se incorpora una menor propor-
ción de trabajo vivo explotado a causa de estas transforma-
ciones tecnológicas (y dado que el trabajo-humano-abstracto
es la sustancia de la creación de valor), se va generando una
disminución de la masa total de valor producido a ser repartido
entre los capitalistas individuales, intensificando así estos sus lu-
chas competitivas. Se conoce como la tenencia decreciente
de la tasa de ganancia, en vista a la dificultad en las posibilida-
des de generar valor a medida que se desarrollan con mayor
tecnología las fuerzas productivas capitalistas. En la actualidad
esta contradicción interna es explosionada por el protagonismo
que va teniendo la robótica y la automatización en los procesos
productivos. Es así como las relaciones capitalistas internamen-
te arrastran su propia decadencia, pudriéndose desde adentro.

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En vista a la crisis de valorización (o la “desvalorización de va-
lor”), el modo de producción capitalista que ya no es capaz de
sostener sus procesos de acumulación en base a “valor real”, ha
tenido que recurrir al protagonismo esencial de producción de
capital ficticio para alimentar su propia dinámica de auto-ex-
pansión, aumentando con ello la deuda general que moviliza
al sistema. El capital ficticio, que funciona en base a la especu-
lación, o dicho de otro modo, a la capitalización en el presente
de una hipotética expectativa de producción de valor en el
futuro, se ha convertido en el motor de la actividad económica
de inversión de capitales para compensar la tendencia decre-
ciente de la tasa de ganancia. Esta dinámica generadora de
“burbujas” especulativas por las cuales se crea valor en forma
de capital ficticio, en un punto tienen que reventar puesto que
son insostenibles en el tiempo: ocurre cuando se desploma la
cadena de expectativas de ganancia, haciéndose visible que
no pueden llegar a materializarse. El capital ficticio se ha con-
vertido en un mecanismo vital de “autocorrección” y resolución
temporal para retrasar las crisis periódicas de los procesos de
acumulación de capital real, aplazando su colapso implosivo
pero estrechando sus maniobras de salvación de los años 70 al
presente.

Si combinamos la situación actual de la economía capitalista a


causa del Coronavirus con la crisis sistémica que ya ha desen-
cadenado y su tendencia interior contradictoria, la configura-
ción no puede ser sino desastrosa al mediano y largo plazo. Si se
desata una crisis capitalista como la que se vaticina, el efecto
dominó del desplome de capital ficticio será de gran hondura,
reventando sucesivos eslabones de la cadena de valor global.
La relación social capitalista es una contradicción en proceso
que cuando se ve en la imposibilidad de realizar su motivo ele-
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mental de creación infinita de capital entra en un movimiento
entrópico y de desintegración, ya que articula su actividad por
la ganancia y no la satisfacción de necesidades humanas que
son sólo su efecto secundario, cargando consigo los momentos
de crisis de manera inseparable a su dinámica. Los escenarios
catastróficos que conllevan las crisis para la humanidad prole-
tarizada en adelante serán una y otra vez más frecuentes y se
desplegarán a una mayor velocidad de avance.

La contradicción interna del sistema global de producción de


mercancías tiene un punto crítico que no es capaz de refor-
marse desde adentro, con una “atenuación de las desigualda-
des sociales de distribución de la riqueza” o el establecimiento
de un “Estado de Compromiso” garante de derechos sociales,
pues no se trata de una cuestión cuantitativa, sino de una matriz
cualitativa que lo lleva a su descomposición periódica e históri-
ca irremediablemente.

Y a pesar de que la economía capitalista engendra sus propias


contradicciones, el ritmo auto-destructivo de su movimiento no
va a colapsar por sí sólo terminalmente, ya que lo cierto es que

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sí tiene posibilidades de reinventarse. Percatarse y constatar la
catástrofe interna autodestructiva que es el capital en movi-
miento, no indica que la acción de la humanidad proletarizada
no tenga ninguna incidencia, porque el capital es ante todo
una relación social, no un objeto; entonces sólo la acción or-
ganizada del proletariado con una perspectiva revolucionaria
puede ser decisiva para romper “por fuera” con la economía
capitalista, subvirtiendo y superando las relaciones sociales me-
diadas por la mercancía y el dinero.

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V
Analizar el devenir de la economía capitalista no es un ejercicio
de fetichismo economicista, sino dado que nuestras vidas están
ahora más constreñidas que nunca a los vaivenes de la tira-
nía de las relaciones mercantiles, es una herramienta necesaria
para comprender las razones de la pauperización de nuestras
condiciones de vida a la cual nos empujan.

La administración estatal/capitalista de la crisis “sanitaria” del


Coronavirus nos ha demostrado hasta el cansancio que los in-
tereses de ganancia se imponen por sobre la protección de la
vida de lxs proletarixs en la resolución de ésta, porque como ha
planteado Piñera “si todos nos quedamos en nuestras casas, si
Chile está funcionando a media máquina, va a ser imposible re-
cuperar la economía”. Ha quedado al desnudo la evidencia de
cuan a la deriva estamos de los dictámenes de la economía, de
cuan frágil es la satisfacción de nuestras necesidades a través
del trabajo asalariado y el dinero, que cuando la maquinaria so-
cial de creación de valor se ve forzada a bajar su marcha o de-
tenerse (en este caso por el Coronavirus) se suspende cualquier
estabilidad material prevista, cayendo nuestras vidas de golpe
desde el castillo de naipes del consumo de mercancías al pla-
no más terrenal de nuestras existencia, preguntándonos ¿cómo
alimentarnos?, ¿cómo pagar la vivienda donde dormimos?, sus-
pendiéndose toda certeza, entendiendo directamente por la
experiencia lo que significa ser proletarix, porque la dictadura
económica no puede detenerse sin colapsar, porque sin dinero

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simplemente perecemos, quedando expuesta nuestra depen-
dencia.

Y el mismo procedimiento de administración de la catástrofe


podemos esperar respecto a la crisis económica en marcha.
La clase capitalista que administra el Estado es la real mano
invisible del mercado cuando este entra en una crisis aguda
para colocar la balanza en favor del capital, como lo expre-
sa la orquestada “Ley de Protección al Empleo” (un eufemismo
incoherente) en la cual se permite incluso a grandes empresas
acogerse a ella y “suspender” por 3 meses los contratos, per-
mitiéndosele a lxs trabajadorxs acceder al seguro de cesantía.
¿Pero cómo sobrevive el 29,6% (INE, 2020) de la fuerza de tra-
bajo que tiene un empleo informal y no puede ampararse ni
siquiera en esa miserable ley?

Se anuncia (CEPAL en su informe de mayo) el advenimiento de


un empeoramiento y precarización general de las condiciones
de vida capitalista en toda Latinoamérica para este año 2020,
aumentando con ello el desempleo, la pobreza, la “extrema
pobreza” y la “desigualdad social”. El desempleo se estima has-
ta el momento, llegará por lo bajo a los 37,7 millones de desocu-
pados, 11,6 millones más que el año anterior, ubicándose en tor-
no al 11,5%, lo que implica un aumento del 3,4% respecto a 2019
(en Chile se estima por lo pronto que habrá más de 1.000.000 de
desempleadxs). En cuanto a la pobreza, se espera en la región
un incremento adicional de 28,7 millones de personas, pasan-
do del 30,3% al 34,7%, alcanzando a un total de 214,7 millones
de personas, que es el 34,7% de la población latinoamericana
(para Chile se espera que podría subir en el peor de los casos
desde un 9,8% de 2019 hasta un 13,7% este año). La “pobreza

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extrema” en América Latina pasará de 11,0% a 13,5% que signifi-
ca un aumento en 16.000.000 de personas. Queda claro que los
efectos económicos de la crisis “sanitaria” se extenderán más
allá de ésta, es decir, que la precarización de nuestras vidas se
prolongará más allá de esta coyuntura particular del virus.

De este modo, la crisis capitalista llevará a engrosando las filas


de “población sobrante” para el capital, que es el exceden-
te de fuerza de trabajo que por requerimiento de los procesos
productivos de acumulación en este nuevo escenario (donde
se reduce la “inversión” y la “oferta de trabajo”), los capitalistas
individuales no quieren ni necesitan comprar. Es la masa de pro-
letarixs que se ven excluidxs de poder asegurar su supervivencia
en la sociedad de clases con una relación salarial, lo que revela
la contradicción fundamental e irreconciliable entre capital y
trabajo. Esta coyuntura provocada por el Coronavirus además
acelera la tendencia al protagonismo de la automatización
en la producción, que también es un mecanismo que despla-
za fuerza-de-trabajo-humana, reemplazándola por capital fijo
(maquinarias).

Y es que lxs humanxs proletarizadxs cuentan sólo para el capi-


tal si es que son susceptibles de ser integrados al engranaje de
algún proceso de valorización mercantil, si no serán pura po-
blación superflua, un “excedente” humano echado a su suerte.
El paroxismo de aquello ocurre con lxs adultxs mayores, que al
entrar en su edad “no productiva” son tratadxs por la sociedad
como un simple desperdicio, una basura o un estorbo que “ge-
nera cargas” ya sea a las familias o el Estado. Vagando muchos
de estxs adultxs mayores proletarixs entre la soledad, el olvido y
la miseria.

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VI
La medida de “estado de excepción de catástrofe” decretada
por 90 días en este territorio dominado por el Estado chileno, a
causa del Coronavirus, tiene la característica particular de ha-
ber frenado de golpe la continuidad de una revuelta, mostran-
do abiertamente su funcionalidad reaccionaria. El confinamien-
to forzado con un toque de queda en vigencia y la presencia
de los milicos en las calles, le dio al Estado/Capital un respiro
respecto al estallido de la conflictividad social y el antagonismo
de clases desde octubre.

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La revuelta y luego esta crisis del Coronavirus revelan que la cla-
se capitalista no ha dudado ni un segundo en mutar su apa-
rataje de poder desde un Estado policial democrático a uno
expresamente militarizado para ser capaz de administrar y ma-
niobrar la conjunción de estos dos escenarios; por lo cual no se
pueden evaluar las acciones del Estado como si estas dos “cri-
sis” ocurrieran por separado, puesto que se entrecruzan. La re-
acción estatal al Coronavirus está en relación inmediata con el
contexto de revuelta, que de hecho se esperaba que volviera a
intensificarse en el mes de marzo. El establecimiento del “estado
de emergencia” desde el día 1 de la revuelta va en la misma
dirección que los 90 días de “estado de catástrofe” previstos de
antemano antes de cualquier desenlace de la crisis “sanitaria”,
lo cual parece “exagerado” en comparación con el mismo tipo
de medidas tomadas por otros estados que si decretaron por
ejemplo “cuarentena total”.

Ante la explosión de escenarios catastróficos cada vez más agu-


dos que remecen la normalidad capitalista, el Estado se ha visto
obligado a reestructurar sus formas de dominación y disciplina-
miento, procediendo así a tornar obsoleto el Estado de derecho
burgués y erigir un “estado de excepción” mucho más “eficien-
te” para administrar sus crisis estructurales presentes. El “estado
de excepción” parece perfilarse en la práctica como el modus
predilecto utilizado por la clase capitalista para enfrentar cual-
quier escenario catastrófico de aquí en adelante, ya sea de
carácter social, sanitario, económico o ecológico, encontran-
do en una “amenaza superior” el argumento perfecto para su
aplicación. Las formas políticas de dominación democrática y
dictatorial hoy se difuminan superponiéndose una sobre la otra,
dando como resultado esta “excepción” que tiende a normali-
zarse, prolongarse y si le es preciso volverse permanente. El “es-

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tado de excepción” es la culminación de una formalización en
la esfera de la política-separada (ya sin caretas democráticas)
del despotismo de la dictadura económica mercantil que ya
de facto gobierna la totalidad de los aspectos de nuestras vidas
para sostener su dominación. La clase capitalista para adminis-
trar sus crisis internas actuales tiene la necesidad de reestructu-
rarse y desechar su propio dispositivo liberal-burgués de los “de-
rechos individuales” inalienables, tal cual hizo en su momento al
destronar a la aristocracia del control del Estado y construir sus
proyectos republicanos a partir de la revolución francesa.

La clase capitalista nos habla de una “nueva normalidad”, de


un “retorno seguro” que no es más que el nuevo devenir de la
democracia capitalista, el “estado de excepción” militarizado,
queriendo acostumbrarnos a su “corrida de cerco” autoritaria
para que lo integremos de lleno a nuestra cotidianidad, a modo
de naturalizarlo y no cuestionarlo. En el contexto de la revuelta
en curso y del desencadenamiento de la crisis económica, el
Estado/Capital va a jugar a prolongar lo más posible estas nue-
vas condiciones impuestas. Las fuerzas policiales y militares que
reprimieron la revuelta de octubre, ahora se les presenta como
los salvadores de la sociedad, exaltando su supuesta función de
“ayuda humanitaria” que comunicacionalmente los desmarca
de su función práctica esencial de ejercer la violencia de clase
contra lxs proletarixs en revuelta. El Estado capitalista propaga
un miedo generalizado llamando al confinamiento y aislamien-
to social, hablando un lenguaje de guerra contra un nuevo ene-
migo interno, pero ahora invisible, más eficaz que la figura del
“terrorista”, intentando generar cohesión en base a una huma-
nidad abstracta y amorfa para perpetuar la sociedad de cla-
ses, para someternos con docilidad a sus directrices y órdenes.
Esto funciona con un “virus”, pero también exaltando la figura

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abstracta de la naturaleza o la economía, como entes que es
sus crisis particulares amenazan la vida humana como especie,
desconectando las relaciones de esas crisis internas con las di-
námicas de la sociedad de clases.

La vigencia extendida de un estado de excepción permanen-


te, militarizado, sería el momento histórico ideal para que la cla-
se capitalista mundial pudiera emprender la aceleración de un
complejo proceso de reestructuración y concretar una nueva
revolución científico-tecnológica, queriendo salir así de sus ac-
tuales crisis internas de carácter múltiple, que son las mismas que
dan parto al nuevo “estado militarizado de excepción” como
un modo extremo de administrarlas, ya que se hacen incontro-
lables. Las grandes reestructuraciones capitalistas han necesita-
do altas dosis de violencia estatal para imponer nuevas condi-
ciones de dominación (como acá ocurrió desde 1973) y lograr
renovar los procesos de acumulación de valor, pero actualmen-
te dada sus tendencias internas, estos saltos hacia adelante del
capital son cada vez más inviables a posteriori.

La propagación del miedo, o más bien el pánico en masa y


los “estados de excepción” indefinidos son un contexto propi-
cio que facilita la proliferación de nuevos dispositivos de control
social en que su implementación pasa inadvertida, ni motiva
ninguna controversia o protesta social. La misma incertidumbre
existencial ocasionada por la descomposición catastrófica de
las relaciones capitalistas de dominación en los planos indivi-
duales, sociales y con la biosfera terrestre, es un terreno fértil
para que lxs proletarixs caigan presxs de la condición psicológi-
ca basada en el miedo que el poder estatal/capitalista difun-
de a gran escala, metódicamente, disminuyendo su potencia

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vital revolucionaria para romper con esta realidad alienante. Es
sólo bajo esta condición psicológica que lxs proletarixs humilla-
dxs diariamente por la máquina capitalista pueden interpretar
los dispositivos de control social como un aumento de su propia
“seguridad”.

En medio del contexto de la revuelta y el Coronavirus, el estado


policial de vigilancia se ha perfeccionado por medio de una
tecnologización extraordinaria, y por otro la violencia estatal en
forma de disciplinamiento social directo que supone el desplie-
gue militar y policial del estado de excepción muestra toda su
fuerza represora.

El Estado chileno este 2020 implementará la mayor arremetida


de control social tecnologizado con el “Sistema de Teleprotec-
ción Nacional” que instalará 1.000 nuevos puntos con cámara
de video-vigilancia, el cual incluye dentro de estas a 130 con
capacidad de reconocimiento facial y detección de “objetos
peligrosos” y el seguimiento del desplazamiento de estos o a las
personas en tiempo real. No obstante, Joaquín Lavín, el Chicago
Boy, el visionario de la “seguridad ciudadana” desde los prime-
ros años de democracia en los 90 y pionero en la actualidad de
nuevos dispositivos de control social como el uso de globos con
cámaras y drones de vigilancia, está llevando a la práctica en
la comuna de Las Condes desde diciembre de 2019 en modo
de plan piloto, un proyecto que efectuará la instalación de cer-
ca de 700 cámaras de reconocimiento facial que busca llegar
a consolidar la detección de rostros con información fotográ-
fica entregada desde el propio Registro Civil, y que el contex-
to de revuelta sinceró sus usos a través de sus propias palabras
cuando afirmó que “la idea era detectar cuando llegaba algún

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delincuente habitual a Las Condes. Después, con el estallido so-
cial, nos dimos cuenta que su uso no se limitaba a eso”, puesto
que sirvieron para identificar a 5 personas en saqueos, dejándo-
nos claro por lo demás, que sobre todo ahora la capucha es un
arma mínima de autodefensa ante esta embestida del Estado.

Comienza una integración de nuevo cuño entre el espectáculo


difuso e integrado señalado por Debord en términos de control
social, entre la gestión democrática y burocrática del capital,
que va al paso del proceso de normalización de los “estados
de excepción” indefinidos. La “eficacia” del modelo de control
social del capitalismo de Estado chino que se adaptó para dar
respuestas en medio de la crisis “sanitaria” del COVID-19 (con
aplicaciones que geolocalizan a infectadxs), y que este 2020
quiere llegar a contar con una red de 626.000.000 de cámaras
de video-vigilancia de reconocimiento facial para implemen-
tar su totalitario “sistema de crédito social”, parece estar en cir-
cunstancias proclives a su extensión global, en medio de salidas
extremas y sin discusiones ni replicas para administrar la catás-
trofe social capitalista y contener las revueltas proletarias que
se avecinan. En su extensión, los BigDatas de las empresas Goo-
gle, Facebook, Apple, entre otras, cumplirían un papel crucial
para la vigilancia totalitaria. El Estado/Capital reaccionará más
tiránicamente en este aspecto cuanto más profundas sean sus
crisis y las revueltas.

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VII
El 2019 estallaron un conjunto de revueltas generalizadas y ex-
tendidas en el tiempo en diversos territorios del capitalismo glo-
bal como Francia, Irán, Irak, Líbano, Argelia, Hong–Kong (aun-
que por motivos un tanto diferentes), Ecuador o Chile, en donde
el proletariado —con y sin perspectiva revolucionaria— ha sali-
do a las calles para ejercer una crítica-práctica negadora y un
rechazo general a la mercantilización cada vez más a fondo
de nuestras vidas, lo cual podemos interpretar como signos sis-
témicos de crisis y antagonismos de clase en un punto crítico.
En todos estos territorios los efectos del Coronavirus, que le ha
permitido a los estados ejercer un mayor control social, les caen
del cielo a la clase capitalista para transformar esta coyuntura
en una clara herramienta de ensayo general contrarrevolucio-
nario.

Pero a la vez, el tratamiento estatal del COVID-19 ha dejado


al descubierto las contradicciones inherentes de las relacio-
nes sociales capitalistas, pues no puede más que reproducirlas
naturalmente en la administración de esta pandemia. Entre el
“sistema público” de salud y el “sistema privado” hay un torni-
quete infranqueable para lxs proletarixs que se mueren esperan-
do años por cirugías que nunca llegan y no tienen otra opción
(15.000 personas en 2018), simplemente por la frivolidad y absur-
do del funcionamiento de la sociedad de clases. En el contex-
to del coronavirus numerosxs trabajadorxs de la “salud pública”
han denunciado la falta de insumos médicos básicos en los hos-

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pitales, proletarixs han denunciado negligencia en el trato de
los centros hospitalarios que denotan las marcadas diferencias
de clase; si es que los contagios aumentaran velozmente de
manera sostenida por algunas semanas los hospitales públicos
se agolparían de pobres y simplemente colapsarían, dejando a
cada humanx-mercancía a la suerte de su dinero, y eso está por
verse según cómo evolucione el contagio, que no ha llegado a
su cima todavía. El sistema de salud en Chile es una exposición
nítida de la sociedad de clases, su fiel reproducción. Y eso no
viene más que acentuar los motivos por los cuales la revuelta de
octubre tuvo lugar.

Las revueltas no son acontecimientos aislados que se agotan en


sí mismos, sino que forman parte de un proceso que se enmarca
en el devenir histórico de la lucha de clases y su explosión abre
trayectos con un abanico de posibilidades para la lucha prole-
taria contra el mundo del Capital y el Estado, que dependerán
de los aprendizajes y acciones que lxs proletarixs vayan definien-
do en el enfrentamiento social presente y en su proyección ha-
cia el futuro próximo. Por lo tanto, el repliegue momentáneo de
la revuelta producto del Coronavirus se convierte en un arma
de doble filo tanto para la lucha proletaria misma como para la
represión estatal de ésta.

El apaciguamiento de la revuelta por el virus le ha dado al Esta-


do tiempo para reorganizar la disposición táctica de sus fuerzas
represivas y de “inteligencia” así como también le ha otorgado
un contexto propicio (con un nuevo “estado de excepción”)
para robustecer la represión con todo su arsenal disponible, es
decir, integrando al “control del orden” a los milicos en las ca-
lles, cambiando enormemente la situación del conflicto y mos-

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trando a la vez los límites de la revuelta en su capacidad de or-
ganización, autodefensa y enfrentamiento frente a un contexto
adverso como el que atravesamos, pero no significa que el Es-
tado/Capital haya logrado aplacarla. Primero porque el des-
contento y malestar que fue el espíritu de la revuelta de octubre
no ha desaparecido y no ha dejado de expresarse; es más, el
tratamiento estatal del Coronavirus como delación práctica del
antagonismo de clase que sustenta desde su base a esta socie-
dad de la mercancía, es favorable a provocar al igual que el
desenlace de la revuelta, la adquisición de una creciente au-
to-conciencia de clase por parte de lxs proletarixs que los he-
chos mismos avivan. La grieta que se abrió en octubre desde
lo existencial a lo colectivo fue muy profunda para que desa-
parezca producto de este confinamiento y aislamiento social
obligatorio. Sin embargo, la revuelta ahora debe autocriticar-
se y plantearse el desafío de que el pánico y miedo difundido
no logre disolver los vínculos auto-organizativos que se habían
venido construyendo en la marcha, más allá del contenido de
“ilusión democrática” que las instancias auto-organizativas sur-
gidas desde octubre posean.

Esto porque la “guerra social” no puede reducirse en última instan-


cia a términos militares, como si se tratara de un enfrentamiento
entre dos bandos armados equivalentes, aunque la violencia
proletaria sea una cuestión estratégica y táctica importante en
el desenlace de ésta, ya que el sustrato de la revuelta (y de los
procesos insurreccionales que posibilitan una revolución), de su
generalización en el espacio, depende de la capacidad colec-
tiva de organización para disponer de sus fuerzas que entraña.
Tiene que ver con el alcance social de la revuelta y por ello es
primordial no perder la auto-organización forjada. Lo anterior se
ha expresado por ejemplo cuando en diferentes localidades las

29
comunidades han cortado directamente el paso de vehículos
que iban de vacaciones al litoral en días festivos, para evitar el
contagio, o en las iniciativas proletarias de solidaridad relacio-
nadas al autocuidado o provisión de alimentos. También debe-
ría expresarse en el rearme, mantenimiento y fortalecimiento de
las redes asociativas auto-organizadas de las asambleas territo-
riales.

Si enlazamos el descontento y malestar general que no ha ce-


sado de manifestarse, junto a la intensificación represiva del Es-
tado luego del virus y la inminente crisis económica capitalista
que no hace sino precarizar aún más las condiciones de vida
proletaria, se concluye que los factores para que explote nue-
vamente la revuelta con sus contradicciones doblemente ex-
puestas, se respiran en el aire y están al alcance de la mano.
La intensificación paulatina de la protesta social y revuelta será
correspondiente al paso del pick del contagio del virus.

En el marco de la conmemoración del 1° de mayo, la policía re-


primió fuertemente las limitadas manifestaciones (debido al vi-
rus), deteniendo a las personas por el sólo hecho de reunirse en
la “vía pública”, incluso a varios periodistas bajo la excusa que
superaban una congregación de 50 personas, al mismo tiempo
en que se reabren Malls, los templos del consumo, o Mañalich
llama a retornar a clases. El absurdo del discurso de la clase ca-
pitalista y la conexión entre Coronavirus, represión y revuelta no
pueden pasar desapercibida para el proletariado.

30 Ya no hay vuelta atrás


VIII
En los últimos 30 años de la lucha de clases, hemos presenciado
el colapso del proyecto de emancipación socialista del movi-
miento obrero, inaugurado en 1917 y que mostraba su fraca-
so terminal con el colapso de la Unión Soviética en 1991, que
acabó por consolidar un capitalismo de Estado totalitario del
cual China es hoy su máximo exponente, pasando luego por un
período plasmado en una “paz social” de gestión democrática
del capital “globalizando” estas relaciones sociales, hasta este
punto de la coyuntura presente del Coronavirus donde se hace
evidente que empiezan a vivirse realmente las contradicciones
internas (de clase, ecológicas, “económicas” de desvaloriza-
ción) del desarrollo capitalista.

El fenómeno del Coronavirus y las diferentes revueltas del 2019,


pueden significar la apertura histórica real de una nueva posi-
bilidad de ruptura respecto a la forma de vida capitalista y al
desenvolvimiento de la lucha de clases a nivel global, porque
si global es el capital y su destrucción, mundial puede ser la re-
volución de la humanidad proletarizada. El actual escenario de
catástrofe será el parto de una aceleración de los ritmos de los
procesos históricos de cambio del siglo XXI, en torno al desen-
lace de la lucha de clases, donde la humanidad proletarizada
se verá enfrentada a dos opciones: o la resignación y/o derro-
ta ante la generalización de un control estatal totalitario con
el argumento de gestionar las situaciones de “catástrofes” del
capitalismo, o la construcción real de comunidades de lucha
proletarias para establecer nuevas formas de vida y relaciones
31
sociales como con la biosfera escindidas de la economía capi-
talista y su barbarie mercantil.

El desafío de la lucha proletaria en este siglo que nos adentra-


mos pasa por tareas específicas complementarias: el saber con-
jugar al mismo tiempo la lucha colectiva insurreccional y revolu-
cionaria —proletaria por quienes la realizan, anti-proletaria por
su contenido— con la construcción de nuevas formas de vivir,
de comunidades humanas que transciendan conscientemente
la forma social del valor con sus relaciones mercantiles causan-
tes del antagonismo de clase, junto a todas las formas de do-
minación industrial hacia el entorno natural, patriarcal entre los
géneros o “racista” entre etnias culturales.

La necesidad de una manera diferente de habitar en el mundo,


requiere de “medidas comunistas” concretas para suministrar
los medios de subsistencia por parte de las comunidades hu-
manas que emerjan en ruptura histórica con el capitalismo y
sus relaciones sociales. Es la puesta en común de los medios de
vida como proceso histórico revolucionario, para satisfacer de
manera colectiva las necesidades humanas. Esto implica rom-
per con la propiedad privada y todas las categorías del capital
(dinero, trabajo asalariado, producción de mercancías) y el Es-
tado (como jerarquización social). Tenemos que imaginarnos en
el presente, como una propuesta programática de auto-aboli-
ción proletaria, el cómo modificar radicalmente nuestras ma-
neras de alimentarnos, de proporcionarnos abrigo, de mover-
nos, de relacionarnos simbióticamente con el entorno natural,
de convivir afectivamente, de crear, como experimentamos la
vida social e individual en sus diferentes ámbitos, la totalidad de
la existencia. Habrá que decidir colectivamente qué elementos

32 Ya no hay vuelta atrás


utilizar de la maquinaria de producción social actual suscepti-
ble de subvertir su uso y qué desechar por completo de ésta,
por sus efectos nocivos irreconciliables. El modo de producción
industrial y todo aquello que envuelve debe ser cuestionado de
raíz.

Estas son tareas concretas referentes a las formas de vida co-


munistas que no pueden aplazarse para “después de la revo-
lución”, necesitamos pensarlas e imaginarlas colectivamente
desde hoy, incluso ponerlas en prácticas experimentalmente
con todas sus limitaciones obvias sin perder de vista la lucha de
clases y su articulación con ésta. La comunización de los medios
de vida debe ocurrir desde el principio del proceso revolucio-
nario, pues la lucha de auto-abolición proletaria de todas las
clases sociales por venir, no puede repetir el fracaso de los pro-
cesos de “transición socialista” que eternizaron la continuación
de la dominación estatal y mercantil durante las revoluciones
obreras del siglo XX.

Es necesario que la auto-organización que vimos desarrollarse


en la revuelta proletaria de octubre, el surgimiento de órganos
autónomos de organización como las asambleas territoriales (u
otros por crear), que se extendieron por todos los rincones de la
región chilena, se multipliquen como potencia de la capacidad
proletaria para afrontar de manera comunitaria los escenarios
de catástrofe del modo de vida capitalista presente y futuro.
Así, como saber desplegar medidas de autocuidado y de soli-
daridad proletaria autónomas al Estado/Capital.

33
Cuando la razón de Estado ahora se transforma en razón de sal-
vaguardia de una “humanidad” abstracta, luego de eso no hay
otra salida que no séa una revolución proletaria. O en el siglo XXI
se concreta una revolución comunista o se sella la barbarie de
la civilización capitalista que significará la extinción humana.
IX
La crisis sanitaria del COVID-19 incluso produjo el aplazamiento
del pacto de la clase capitalista para contener la radicalización
de la revuelta: el plebiscito por una nueva Constitución, la farsa
constituyente para reestablecer la normalidad capitalista.

Pero una nueva constitución no puede entregar ninguna op-


ción válida para salir como humanidad proletarizada del esce-
nario de colapso de la civilización industrial-capitalista, ya que
es imposible reformarla y sólo prolongaría su agonía en el tiem-
po. De todos modos, se hace necesario incitar la discusión de
esta resolución del conflicto propuesta desde el Estado, en los
órganos de auto-organización surgidos desde octubre que en
general apoyan el “Apruebo”. Debemos entender el momento
en que se encuentra la lucha de clases y que quizás al proleta-
riado deba entender por la práctica la inviabilidad de cualquier
pretensión de reformar el capitalismo y sus catástrofes.

Porque el Estado es la organización política-separada por exce-


lencia de la dominación mercantil, el comunismo será anti-esta-
tal y anárquico, o no será.

35
E ntrevista a un
com paÑe ro anarquista
dete n i do por su
activi dad e n la
revue lta
“La gran virtud de la revuelta es ser acéfala y multiforme: esa
es su potencia telúrica”

A
continuación, reproducimos la conversación que mantu-
vimos con un compañero anarquista que fue detenido en
el contexto de la revuelta proletaria en la ciudad de San-
tiago y recluido en el penal de Santiago 1. En la actualidad, al
igual que varixs otrxs detenidxs, el compañero se encuentra con
régimen de arresto domiciliario total a la espera que avance su
proceso judicial.

¿Qué opinión tienes como anarquista acerca del desa-


rrollo de la revuelta en la región chilena? ¿Qué balance
harías?
Considero que, en medio de este contexto de pandemia, se
valora aún más el hecho que en esta región del mundo se haya
producido una revuelta como respuesta a las condiciones de
vida y alienación que experimentamos a diario todxs lxs explo-
tadxs. Es importante porque es más fácil ahora desenmascarar

37
las intenciones de lxs poderosxs, y, se va haciendo costumbre
cada vez más hablar sobre “política” sin seguir la opinión de
los medios masivos de comunicación o de los partidos políticos
oficiales.
Ya es una gran victoria vislumbrar el potencial destructor y crea-
dor de lxs explotadxs en lucha, a pesar del contexto actual que
logró amainar la revuelta. La revuelta caló hondo en la con-
ciencia: la práctica de enfrentamiento contra el poder y la ca-
pacidad organizativa horizontal que se extendió son muestra de
ello. El anarquismo, como sector específico, “no dio el ancho”,
pero tampoco, otras organizaciones y movimientos lo hicieron.
Nadie lo hizo. Ya que la gran virtud de la revuelta es ser acéfa-
la y multiforme: esa es su potencia telúrica. Lxs anarquistas, en
sus más amplias vertientes, aportaron con las herramientas que
venían agitando hace ya tiempo, las que hicieron eco y fueron
adoptadas por buena parte de lxs revoltosxs, quienes las hicie-
ron suyas sin necesariamente llamarse a si mismxs “anarquistas”.
Esto no ha terminado: como los incendios forestales que pare-
cen apagados y de la nada rebrotan en otro lado porque siguen
las brasas vivas subterráneamente, la revuelta va a continuar. El
problema será cuando pase este contexto de contagio. La so-
ciedad estará aún más militarizada, las leyes se endurecerán,
los cuerpos represivos y de control cambiarán drásticamente el
escenario de la revuelta que vivimos a fines del año pasado y
principios de éste. Creo que como revolucionarixs tenemos que
afinar las estrategias y sumar lo aprendido en los últimos meses
para darle un salto cualitativo a la capacidad de ataque, pero
también, y más importante aún, tenemos que profundizar la ca-
pacidad de organización de acuerdo a nuestros principios y ob-
jetivos, dejando el sectarismo e idealismo de lado, siendo prác-
ticos y teniendo altura de miras para ir sumando fuerzas con las
que luchar de manera específica y global. Lxs anarquistas tene-
mos propuestas para todos los ámbitos de la vida. Este contexto
es muy receptivo a todo lo que podamos plantear, tanto con la
palabra, como con la acción. Desaprovecharlo o despreciarlo
38 Ya no hay vuelta atrás
no sería más que una equivocación política de proporciones
que terminará aislando cualquier contenido revolucionario en-
tre lxs explotadxs y dará espacio para que el sistema recupere
la revuelta. Tal y como ocurrió con todo el tema de la Asamblea
Constituyente que mermó fuerzas a la organización por fuera
de la institucionalidad que realiza una crítica global al capitalis-
mo, el patriarcado y la autoridad. Estar a la altura de las circuns-
tancias, es nuestra tarea como revolucionarixs activxs.

¿Cómo se percibe desde dentro de la cárcel el apo-


yo externo llevado adelante por las Coordinadoras y los
grupos de solidaridad con lxs presxs?
Es algo muy importante saber que no estás solo en esto. El apo-
yo de tus cercanxs y compas que se preocupan y aportan en lo
que pueden hace que tengas una prisión “más piola” y te brin-
da gran energía. Que se agite por la libertad entrega una fuerza
moral invaluable para quienes están dentro de la cárcel. Por
eso, siempre es algo positivo. Además, las encomiendas, el di-
nero, la comida, la ropa, lxs abogadxs, visitas, el apoyo material
a nuestras familias, las acciones que visibilizan la prisión política,
tareas que se han asumido afuera, son cuestiones primordiales
para la solidaridad con lxs presxs.
Lo interesante de estos procesos de organización en torno a la
prisión, es que confluyen distintos actores, en donde se mezclan
distintas realidades y experiencias. Que muchxs familiares, ami-
gxs, compañerxs se conozcan y luchen juntxs es gratificante.
Crea “escuela” para todo lo que vendrá en el futuro cuando
la lucha se agudice, en donde siempre –y esto hay que asu-
mirlo-, habrá compañerxs o afines encarceladxs. Creo que las
redes se deben ir tejiendo desde ya entre la gente que posee
a alguien cercano en “cana”, desde una perspectiva anticar-
celaria y abolicionista. Y esto está sucediendo, cuando “mapa-
dres”, hermanxs de presxs y amigxs, que no tenían experiencia
39
de lucha previa, se van radicalizando y politizando a partir de la
detención de “su” presx, conectando la lucha por la libertad de
lxs detenidxs con todas las demás luchas por la liberación total.
Esto es un proceso lento y que mantiene una carga demasiado
“idealista” porque se tiende a remitir a procesos de prisión políti-
ca de antaño, en que la gente ya venía organizada y tenía más
claridad respecto a objetivos, lo que no ocurre en la actualidad.
La lucha por la libertad de lxs compañerxs presxs jamás se tie-
ne que dejar de lado o abandonar, no solo por la necesidad
práctica de devolver a lxs nuestrxs a la calle, sino también para
perfilar un mundo en donde no exista la prisión, ya que ésta es
un arma de la clase dirigente que solo sirve para castigar y con-
trolar a lxs explotadxs que se rebelan contra esta sociedad.

¿Cómo era la relación con los “presos comunes” dentro


de la prisión?
La relación no se podría catalogar como una dicotomía entre
presos comunes-presos políticos Al menos donde yo me encon-
traba, la línea era bien delgada. Muchos de los presos de la re-
vuelta detenidos en contexto de enfrentamiento contra la poli-
cía o por atacar infraestructuras capitalistas, no mantenían una
posición política, y, por otra parte, otros presos que estaban por
causas “sociales”, se sentían parte de una lucha más general.
Estar en “cana” es un desafío, debido a que los códigos internos
pesan demasiado en la forma en que se relacionan los presos,
incluso en un módulo que era mucho menos violento que los
demás. La realidad es mucho más fuerte que cualquier “idea-
lismo”, ya que la lógica “canera” se cuela por todos lados, in-
cluso entre los presos políticos. Las drogas, la competencia, la
“choreza” calan fuerte en las relaciones entre los presos. Estar
encerrado significa pelear, defenderse, agruparse, sobrevivir,
mantener la mente calma y tranquila. Las relaciones humanas
se van viendo caso a caso, a veces se generan simpatías y otras
41
antipatías. Obviamente hubo una afinidad entre quienes nos
declaramos como antiautoritarios. Con el resto de la población
penal el camino fue más lento, ya que hay que hacerse de un
nombre en la “cana”. Pese a que no pesaba mucho, reivindi-
cábamos la posición de preso político y “anti yuta”, lo que no
es muy comprendido por el resto de los presos, ya que desde el
año 2000 se cortó la masividad de la prisión política y por tanto
su “tradición” o “ficha”. Desde esos años, cada compañerx que
entra a la cárcel, debe hacerse su “ficha” para ser respetado.
La cárcel es difícil y hay que sobrevivir tratando de mantenerse
entero e íntegro, estar acompañado ayuda, pero creo que eso
nace principalmente de la capacidad de cada presx.
En este contexto de revuelta se creó una “nueva” relación en-
tre anarquistas y presos comunes, ya que siempre hay espacio
para explicar y difundir nuestras prácticas, pero tal y como ocu-
rre afuera, hay mucho prejuicio y falta se compresión. Creo que
eso se quebrará con un trabajo constante y de hormiga den-
tro de las prisiones por lxs compañerxs que les toque habitar la
“cana”. Proyectos como la biblioteca también son importan-
tes porque son espacios de difusión de las ideas y las prácticas
anarquistas, y que sirven para abrir una brecha en torno a la
prisión política dentro de las cárceles.

¿Cuál fue la capacidad organizativa y la actividad prác-


tica que pudieron llevar a cabo los presos de la revuelta
dentro del módulo 14?
El contexto del módulo es bastante particular. Refleja muy bien
lo que fue la revuelta en las calles: harto entusiasmo, pero poca
perspectiva política, más voluntad que estrategia, etc. Esto no
es necesariamente negativo, ya que se circunscribe a la expe-
riencia histórica que van dejando las luchas y sirve para ir acu-
mulando el conocimiento necesario, tanto de ataque, como
de organización, para los combates venideros.

42 Ya no hay vuelta atrás


La mayoría de lxs presxs de la revuelta tenía una nula experien-
cia política previa lo que hacía muy difícil la unidad dentro de
la cotidianeidad carcelaria. Una excepción fueron algunas ini-
ciativas como la confección de murales, rayados, “barrotazos”,
comunicados, lecturas, y una que otra discusión. Lamentable-
mente no hay una unidad de acción para luchar todos juntos
hasta el momento, pero quizás la realidad cambie con el tiem-
po, sobre todo después de las condenas, ya que habrá que
hacerse un espacio permanente en las prisiones. La realidad de
la cárcel es dura y mantener la mente clara para organizarse es
algo que requiere bastante esfuerzo y voluntad, cuestiones que
emanan, según yo creo, de las convicciones de cada reo.
Considero que, al menos por el tiempo que yo estuve privado
de libertad, fue una derrota no habernos organizado de mejor
manera. Lxs cabrxs que queden adentro son quienes dictarán la
pauta de la lucha por lxs presxs políticxs.

¿Cómo afectó la propagación del COVID-19 la situa-


ción carcelaria al interior del módulo?
La verdad es que el COVID-19, por lo menos en Santiago 1, no
ha cambiado del todo la relación entre los presos, pero sí ha
significado tomar ciertos resguardos para ver a los abogados, y
ahora también se puede entrar cloro y otros útiles de aseo que
antes estaban prohibidos. Dentro de la cotidianeidad carcela-
ria lo que más golpeó a los presos fue el cambio de las pocas
actividades que puede realizar un reo y que lo sacan de su ais-
lamiento: los talleres y las visitas. Lo de las visitas fue lo más duro,
fue un golpe moral bastante grande para todos los privados de
libertad, ya que es la principal conexión con el afuera de los
presos y en donde se recibe cariño y preocupación, necesarios
para mantener la mente centrada y no “psicosearse” tanto con
el encierro. En otros penales la realidad es bien distinta. En Puen-
te Alto la situación es mucho más compleja y urgente.

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El fin de la revuelta en las calles por este contexto de pande-
mia afectó la moral alta que teníamos lxs presxs políticxs. La lu-
cha daba sentido a nuestras acciones y también aportaba una
importante visibilidad de la prisión política. Este “bicho” vino a
echar por tierra todo eso, no solo acá, sino que en todas partes
del mundo. Eso se sintió bastante adentro. Por otra parte, el con-
texto también ha favorecido a que se apuren algunos proce-
sos legales lo que ha permitido que varixs presxs de la revuelta
obtengan la libertad por sentencia o por medidas cautelares,
como también, que “presxs sociales” sean beneficiados con in-
dultos o con rebajas de grado para optar a cumplir cautelares
en la calle.
El contexto será mucho más difícil y complejo una vez que el
virus llegue al penal y empiecen los contagios porque las con-
diciones de la cárcel hacen imposible impedir su propagación
dada las precarias condiciones de vida y hacinamiento que vi-
ven lxs presxs en todas las cárceles de la región chilena.

¿Qué límites y que perspectivas crees que tiene la lucha


anticarcelaria hoy?
Creo que los principales límites que posee la lucha anticarcelar-
ia son que esta lucha no se conecte con el resto de las luchas
revolucionarias y que se caiga en un “presismo” asistencialista
que solo sea funcional y no contenga una perspectiva política.
También, por la realidad que yo conocí, la falta de organización
de los mismos presos puso trabas a la extensión de la lucha anti-
carcelaria. Además de exigir y luchar por la inmediata liberación
de lxs presxs políticxs, se debe instalar el discurso anticarcelar-
io y abolicionista en todas las partes que se pueda, dando a
entender que la cárcel es solo un instrumento de clase. Otro
tema bastante importante es la “romantización” que a veces se
hace de lxs presxs, tanto políticxs, como sociales. Esto es dañino
porque pone primero las expectativas políticas, antes que las

44 Ya no hay vuelta atrás


voluntades de lxs presxs, mostrándolos como piezas de museo
que deberían actuar de cierta manera y no como humanxs de
carne y hueso, con sus propios problemas, aciertos y contradic-
ciones.
Aun así, pese a las limitaciones, la lucha anticarcelaria goza
de buena salud y pudo impregnar a un montón de gente que
quizás jamás se imaginó antes participando de algo así. Creo
que hay que mantener la actividad práctica, pero también una
perspectiva política más clara, que vislumbre un mundo donde
la “cana” sea algo impensable e imposible.

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