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La constitución

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de la sociedad
Decidir cQn10 intervenir en la vida ptíhlic.�:,c�1á;;;O replcga1se en Bases para la teoría de la estructuración
la privada. 'Elegir entre una obligación rctigiósa"x. otra de g1 atifi­
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cación 'consumísta. Este tipo de en��uClladaS CntrC cou1porta­ Q

micntos excluyentes caracteriza a las sociedades ínodcrnas o in­ :=


dustrializadas, según el sociólogo brinlnico Anlhony Giddcns . . -
.....

Es a ellas que ha dedicado con exclusividad su obra clásica La

constitución la sodalad (H)8,i}. Un sujete es moderno y pos-tra­


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dicional en la medida en c¡11c opera un «monitorco» de su propia

conducta, En la modernidad, més que en cualquier época anterior, los sujetes ha­ �
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cen su historia conociéndola, npropiñndosc del tiernpo en Jugar de meramente vi­

virlo. Explicar la existencia de estas ene: ucijadas )' los porqués de las elecciones
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q
ante ellas, implica para Giddens la necesidad de reconciliar en una teoría social <!)

unitaria acción y sistema. Es un mérito del autor haber aceptado las dificultades "d
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que conlleva este proyecto) concebido para llevar a cabo una reoricntación global . ,..;

del programa teórico de la ciencia social. La diversidad de escuelas de pcnsamicn­ 0


p-,
to que somete a crítica positiva, así corno el alcance y el detalle ele la propia leo­
q
ría, distinguen a Giddens de otros autores. La teoría de la estructuración, el fruto
o
de este proyecto, reconstruye los hallazgos de disciplinas que van mris allá de to­
.s
das las fronteras nacionales y disciplinarias, y propone simultáneamente una al·

temariva a los dilemas que han acaparado la atención de Ia investigación social en


.;j
la segunda mitad del siglo XX.

AivrnoNY GIDDENS fue profesor de Sociología en la Universidad de C::unbridgc

y está al frente de la London School of EcononliCs:-i(tltrc sus obras se dest:lc.,n l'/

c.apitalismo y la moderna teoría social (1971)i Las nuevas reglas del método sociológiro (1976),

Consecuendas de la Modernidad (1990}, La tranfan11adó11 de la intimidad {1992), La

a y sus críticos (1998), Sociología (2001).


Tercera ui

ISBN 950-518-171-X

Amorrortu/editores A ÁITJOrrortu/editores
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1. Elementos.de la teoría de la estructuración


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En el trance de ofrecer una exposición preliminar de los principales


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conceptos de la teoría de la estructuración, * parece atinado partir de

las divisiones que han separado al funcionalismo (incluida la teoría de

sistemas) y al estructuralismo, por un lado, de la hermenéutica y las

diversas formas de «socíología de la comprensión», por el otro. Fun­

cionalismo y estructuralisrno tienen algunas similitudes notables a

despecho de los marcados contrastes que en otros aspectos existen

entre ellos. Los dos se inclinan a expresar un punto de vista natura­

lista, y los dos prefieren el objetivismo. El pensamiento funcionalista,

desde Comte en adelante, miró sobre todo a la biología como a aquella

ciencia que ofrecía el modelo más afín y compatible con la ciencia so­

cial. Se tomaba a la biología como patrón para conceptualizar la es­

tructura y el funcionamiento de sistemas sociales y para analizar pro­

cesos evolutivos que respondían a mecanismos de adaptación. El pen­

samiento estructuralista, en especial en los escritos de Lévi-Streuss, se

ha manifestado hostil 'al evolucionismo y exento de analogías bioló­

gicas. Aquf la homología entre ciencia social y natural es ante todo

cognitiva en virtud de la conjetura de que una y otra expresan aspec­

tos similares de la constitución general de la mente. Tanto estructu­

ralismo como funcionalismo insisten con vigor en la preeminencia del

todo social sobre sus partes individuales (o sea, los actores que lo cons­

tituyen, los sujetos humanos).

En las tradiciones de pensamiento hermenéutico, desde luego, se

ve una discrepancia radical entre las ciencias sociales y las naturales.

La hermenéutica ha sido el hogar de aquel «humanismo» al que los

estructuralistas se opusieron con tanta decisión y constancia. En el

pensamiento hermenéutico, como lo expuso Dilthey, el hiato entre su­

jeto y objeto social es máximo. La subjetividad es el centro precons­

tituido para la vivencia de cultura y de historia, y en consecuencia pro­

porciona el fundamento sobre el que se edifican las ciencias sociales o

humanas. Fuera del reino de la vivencia subjetiva, y ajeno a ella, se

extiende el mundo materia], gobernado por relaciones impersonales

" Las referencias se pueden consultar en las págs. 73-5,

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de causa y efecto. Mientras que en las escuelas de pensamiento procli­ mismas» por un espacio y un tiempo. eflexividad», entonces, no se
«R

ves al naturalismo la subjetividad se miraba como una suerte de mis­ debe entender como mera auto-conciencia» sino como
« el carácter re­

terio, o casi como un fenómeno residual, en la hermenéutica lo opaco gi strado del fluir corriente de un a vida social. Un ser humano es un

es el mundo natural: a diferencia de la actividad humana, sólo se lo ag ente in tencional cuyas actividades obedecen a razones y q ue es c a­

pu�de aprehender desde afu�ra. En las sociologías de la comprensión, paz, si se le pregu nta, de abundar discursivamente sobre esas raz ones

acción y sentido reciben el primado para explicar la conducta humana; (lo que incl uye mentir acerca de ellas). P ero términos como « propó­

los conceptos_�srructurales no ti�nen un relieve notable, y se habla po­ sito» o «intención», azón», «motivo», etc., se deben considerar con
«r

�o de constreñimiento. Én cambio, en el funcionalismo y el estructura­ p recaución, porque muy a menudo su uso en los escritos filosóficos se

lismo, la estructura (en las acepciones dispares que se atribuyen a este asoció a un voluntarismo hermenéutico y porque arrancan la acción

concepto) alcanza el primado sobre la acción, y se acentúan con fuerza humana de la contextualidad de un espacio-tiempo. Una acción h u­

las cualidades restrictivas de la estructura. mana ocurre como una dumcion, un uir continuo de conducta, y lo
fl

Las diferencias entre estas perspectivas de ciencia social se tomaron propio vale para una cognición. U na acción in tencional no se compone

a menudo como epistemológicas cuando de hecho eran también onto­ de una serie o agregado de intenciones, r azones y motivos distintos.

lógicas, Lo que se discute es la especificación misma de los conceptos Conviene, en consecuencia, pensar la reflexividad fundada en el re­

de acción, sentido y subjetividad, y su nexo con nociones de estructura gistro continuo de un a acción, tal como los seres humanos lo muestran

Y �onstreñimie�to. Si la� sociologías de la comprensión se fundan, por y esperan que otros lo muestren. El registro reflexivo de un a acción su­

as1. decir, en un 1mpen_al1smo del sujeto, el funcionalismo y el estructu­ pone una racionalización, entendida aquí mas como un p roceso ue
q

r�1smo proJ:o�en un imperialismo del objeto social. Una de mis prin­ como un estado, y como p arte in trínseca de la competencia de un os

cipales ambiciones cuando formulo la teoría de la estructuración es agentes. U na ontología de un espacio-tiempo constitutivo de p rácticas

poner fin a esas dos ambiciones imperiales. El dominio primario de sociales es esencial para la idea de estructuración, que parle de una

estudio de las ciencias sociales, para la teoría de la estructuración, no temporalidad y, por lo tanto, en cierto sentido, de una «historia»,

es ni la .vivencia del actor individual ni la existencia de alguna forma Esta aproximación no encuentra mucho asidero en la filosofía ana­

de tot�1dad societari�, .sino prácticas sociales ordenadas en un espacio lítica de la acción, tal como «acción» es retratada por la mayoría de los

Y un tiempo. Las actividades humanas sociales, como ciertos sucesos autores anglo-norteamericanos. «Acción» no es una combinación de

de �a naturaleza qu� se auto-reproducen, son recursivas. Equivale a «actos»: los «actos» están constituidos sólo por un momento discursi­

dec1: que actores sociales no les dan nacimiento sino que las recrean de vo de atención a la duracion de un vivenciar. Tampoco se puede con­

continuo a través de los mismos medios por los cuales ellos se expre­ siderar una «acción» con prescindencia del cuerpo, de sus mediacio­

san en tanto actores. En sus actividades, y por ellas, los agentes repro­ nes con el mundo circundante y de la coherencia de un pr opio-ser

ducen las condiciones que hacen posibles esas actividades. Ahora actuante. Lo que denomino modelo de estratijicadón del p ropio-ser ac­

bien, la clase de «entendimiento» que se revela en la naturaleza bajo la tuante leva a tratar el registro
l r eflexivo, la racionalización y la moti­
2
forma de programas codificados dista mucho de las destrezas cogniti­ vación de la acción como conjuntos de procesos in.manentes. La a­
r

vas de que dan muestras agentes humanos. Es en la conceptualización cionalización de la acción, que remite a una «intencionalidad» como

del_entendimiento humano, y en el modo en que se entreteje en un a proceso, es, como las otras dos dimensiones, una característica de ru­

acción, donde busco apropiarme de algunas de las gran des contribu­ tina de la conducta humana, tal que se la da por cumplida. En circuns­

ciones de las sociologías comprensivas. En teoría de la e structuración tancias de interacción -encuentros y episodios-, el registro reflexivo

se acepta un p unto de da hermenéutico en


parti tant o se onoce
rec qu e de una acción combina, de manera general y, también, rutinaria, el re­

par a describir actividades humanas h ace falta estar familiariz ado con gistro del escenario de esa in teracción. Como después lo expondré,

las f ormas de vida ue en esas actividades se expresan.


q este fenómeno es básico para la inserción de una acción dentro de las

E s la forma específicamente reflexiva del entendimiento de agentes relaciones espacio-temporales de lo que denominaré copresencia. La

humanos la que interviene a mayor profun didad en el ordenamiento racionalización de una acción, abida cuenta de la diversidad de cir­
h

recursiv� de prácticas sociales. Una continuidad de prácticas presupo­ cunstancias de interacción, es la base principal sobre la cual otros eva­

ne reflexividad, pero la reflexividad mi sma sólo es posible en virtud lúan la «competencia» generalizada de un os actores. Pero sin duda

de a continuidad de prácticas, que


l as define claramente como
l «las está claro que se debe rechazar la inclinación de ciertos filósofos a

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asimilar razones a «compromisos normativos»: esos compromisos
--Agente, obrar ·
abarcan sólo un sector de la racionalización de la acción. Si no enten­

demos esto, desconoceremos que las normas constituyen límites «fác­ El modelo estratificado del agente se puede representar como lo

ticos» de vida social, y que en vista de ellos es posible una diversidad hacemos en la figura 1. El registro reflexivo de la actividad es un rasgo

de actitudes manipuladoras. Un aspecto de estas actitudes, aunque

relativamente superficial, se insinúa en la observación trivial de que )


condiciones 1 -l registro reflexivo de la acción
I consecuencias

las razones que unos actores aducen discursivamente para lo que ha­ inadvertidas! no buscadas
I

cen pueden diferir de la racionalización de una acción como de hecho de la acción


de la acciónA racionalización de la acción I

interviene en la corriente de conducta de esos actores. 'V


1
1
Esta circunstancia ha sido a menudo fuente de perplejidad para
\ motivación de la acción
I
filósofos y observadores de la escena social; en efecto, ¿cómo podemos
\

estar seguros de que la gente no disimula las razones de sus activida­ .... - - - - - - - - - -
des? Pero su interés es bastante escaso comparado con las amplias
Figura 1
«zonas grises» que existen entre dos estratos de procesos no asequibles

a la conciencia discursiva de los actores. El grueso de los «reservorios permanente de una acción cotidiana, que toma en cuenta la conducta

de saber», según la expresión de Schutz, o de lo que prefiero denomi­ del individuo, pero también la de otros. Es decir que los actores no só­

nar el saber mutuo que forma parte de encuentros, no es directamente lo registran de continuo el fluir de sus actividades y esperan que otros,

asequible a la conciencia de los actores. La mayor parte de ese saber es por su parte, hagan lo mismo; también registran por rutina aspectos

de carácter práctico: es inherente a la capacidad de «ser con» en las ru­ sociales y físicos de los contextos en los que se mueven. Por racionali­

tinas de una vida social. La línea que separa conciencia discursiva y zación de la acción entiendo que los actores -también por rutina y

conciencia práctica es fluctuante y permeable, tanto en la experiencia casi siempre sin esfuerzo- tienen una «comprensión teórica» con­

del agente individual como por referencia a comparaciones entre tinua sobre los fundamentos de su actividad. Como ya indiqué, tener

actores en diferentes contextos de actividad social. Pero no hay entre esa comprensión no se debe asimilar a aducir discursivamente razo­

una y otra una barrera como la que existe entre lo inconsciente y la nes para ítems particulares de conducta, ni tampoco a la capacidad de

conciencia discursiva. Lo inconsciente incluye aquellas formas de cog­ especificar esas ra;zones discursivamente. Pero agentes competentes

nición y de impulso que o bien están enteramente reprimidas de la esperan de otros -y este es el criterio principal de competencia que se

conciencia o bien aparecen en esta sólo bajo una forma distorsionada. aplica en una conducta cotidiana- que, si son actores, sean por loco­

Los componentes motivacionales inconscientes de la acción, según lo mún capaces de explicar, si se les pide, casi todo lo que hacen. Cues­

propone la teoría psicoanalítica, poseen una jerarqtúa interna propia, tiones como las que suelen plantear los filósofos sobre intenciones y

una jerarquía que expresa la «profundidad» de la historia de vida del razones son planteadas por actores legos normalmente sólo si algún

actor individual. En el acto de enunciar esto no sugiero una aceptación segmento de conducta es en especial desconcertante o si se produce en

acrítica de los teoremas capitales de los escritos de Freud. Debemos la competencia un «lapsus» o fractura que en realidad pudiera ser in­

precaven,os de dos formas de reduccionismo que esos escritos pro­ tencional. Así, de ordinario no preguntamos a otra persona por qué se

ponen o propician. Una es una concepción reduccionista de las insti­ dedica a una actividad habitual para el grupo o la cultura de que ese

tuciones que, deseosa de mostrar que e1las tienen fundamento en lo individuo es miembro. Tampoco pedimos de ordinario una explica­

inconsciente, omite conceder el espacio que conviene a la operación de ción si sobreviene un lapsus del que el individuo no parezca respon­

fuerzas sociales autónomas. La segunda es una teoría reduccionista sable, como en el caso de las torpezas en el manejo corporal (véase la

de la conciencia que, empeñada en mostrar que buena parte de la vida discusión de «[Ohop!» en las págs. 115-6) o equivocaciones verbales.

social está gobernada por corrientes oscuras de que los actores no Pero si Freud está en lo cierto, estos fenómenos acaso tengan determi­

tienen noticia, no puede aprehender suficientemente el nivel de con­ nación, aunque sólo rara vez esta sea advertida por el que incurre en

trol reflexivo que los actores son capaces en general de mantener sobre esos actos fallidos o por otros que los presencian (véanse págs. 127-37).

su conducta. Distingo el registro reflexivo y la racionalización de la acción, de su

motivación. Si razones denotan los fundamentos de la acción, motivos

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denotan los deseos que la mueven. Pero una motivación no se une tan · dídad al análisis de la conciencia práctica, que carece de hogar
como .
�directamente a la continuidad de una acción como su registro reflexivo --- - ó · en la teoría psicoanalítica como en los otros tipos de pensa-
� �0 . .

o su racionalización. Motivación denota más un potencial de acción miento social ya indicados. El concepto de «preconscrent�» es qU1Zá la

que el modo en que el agente lleva adelante una acción inveterada­ '6 más afín a la de conciencia práctica en el repertono conceptual
noc1 n . .
mente. Motivos alcanzan dominio directo sobre la acción sólo en cir­ d 1 sicoanálisis pero, tal corno se lo emplea de ordinario, es claro que

cunstancias relativamente inusuales, en situaciones que de algún mo­ si�Ca algo diferente. En lugar de hablar en lengua inglesa del «ego»

do quiebran la rutina. Las más de las veces, unos motivos proveen conviene hablar del «I,, (como, desde luego, lo hizo Freud en lengua

planes generales o programas -«proyectos» según la terminología alemana). Este uso no pone a salvo de antropomorfismos en que el yo

de Schutz- dentro de los que se escenifica un espectro de conducta. inte como una especie de mini-agente; pero al menos vale como re­

Buena parte de nuestra conducta cotidiana no reconoce motivación medio inicial. El empleo de «yo» se desarrolla a p_artir de la postura
directa.
del agente en encuentros sociales, y después se asocia .ª est�. Como tér­

Mientras que actores competentes casi siempre pueden ofrecer un mino para recibir predicados, está «vacío» de contenido, sr se lo coi:n-

informe discursivo sobre las intenciones y las razones de su actuar, no a con la riqueza de las descripciones que el agente hace de sí nus­

necesariamente podrán aducirlo sobre sus motivos. Una motivación mo cuando dice «me», El dominio de relaciones «yo», «me», «tú», apli­

inconsciente es un rasgo expresivo de conducta humana, aunque más i:do con reflexión en un discurso, tiene importancia decisiva para la

adelante enunciaré ciertas reservas sobre la interpretación de Freud de �ompetencia emergente de agentes que aprenden e� lenguaj�. c_omo

la naturaleza de lo inconsciente. La noción de conciencia práctica es no empleo el término «ego», evidentemente es me1or presc1nd1r. de

fundamental en teoría de la estructuración. Es la característica del «super-ego» también, un término, por 1� �emás, torpe. El término

agente o sujeto humano hacia la cual el estructuralismo se mostró par­ «conciencia moral» prestará excelente servrcio en remplazo de aquel.
3
ticularmente ciego. Pero lo mismo ocurrió con otros tipos de pensa­ Todos estos conceptos se refieren al agente. ¿Qué decir de la natu­

miento objetivista. Sólo en fenomenología y etnometodología, dentro raleza del obrar? Esto se puede conectar con otro punto. La duracién de

de las tradiciones sociológicas, hallamos tratamientos circunstancia­ la vida cotidiana ocurre como un fluir de acción intencional. Ahora·

dos y sutiles acerca de la índole de una conciencia práctica. En efec­ bien actos tienen consecuencias no buscadas y, como se lo indicó en la

to, estas escuelas de pensamiento, junto con la filosofía del lenguaje figu;a 1, consecuencias no buscad�s _se pu�den re�limentar sistemá­

usual, se encargaron de aclarar las insuficiencias de las teorías or­ ticamente para convertirse en condiciones inadvertidas de actos ulte­

todoxas de ciencia social sobre este punto.No pretendo que el distingo riores. Así, una' de las consecuencias regulares de que yo hable o es­

entre conciencia discursiva y práctica sea rígido e impermeable. Al criba correctamente en lengua inglesa es la de contribuir a la reproduc­

contrar_io,. diversos aspectos de las experiencias de socialización y ción de la lengua inglesa como un todo. Que yo hable en inglés �on

aprendizaje del agente pueden alterar esa división. Entre conciencia corrección es intencional; no lo es el aporte que hago a la reproducción

discursiva y práctica no hay separación; existen sólo las diferencias de la lengua. ¿Pero cómo formularíamos lo que son consecuencias no

entre lo que se puede decir y lo que en general simplemente se hace. buscadas?

No obstante, hay barreras, centradas sobre todo en una represión, Se ha supuesto comúnmente que el obrar humano no se define si

entre conciencia discursiva y lo inconsciente. no es por referencia a intenciones. Est? si�ic.a que una wli�ad de

conducta sólo se puede considerar acción sr qmen la cumple tiene la


conciencia discursiva
intención de obrar así, porque de lo contrario la conducta en cuestión

sería una mera respuesta reactiva. Quizás este punto de vista reci�a

conciencia práctica alguna verosimilitud del hecho de que ciertos actos no pueden ocumr
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si el agente no se los propone. El suicidio viene al caso aquí. A des­

motivos/ cognición inconscientes pecho de los esfuerzos conceptuales de D;rrkhehn, no se P':e�e decir

que ocurra «suicidio» sí no existe alguna intención de precipitar una

Como se lo explica en otro lugar de este libro, ofrezco estos con­ auto-destrucción. Una persona que se desvíe en una curva y sea arro­

ceptos en remplazo de la triada psicoanalítica tradicional de yo, super­ llada por un automóvil que se aproxima no se puede llamar «suicida»

yó y ello. El distingo freudiano de yo y ello no puede atender con si el suceso es accidental; es algo que al individuo le sucede y no algo

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que él haga. Pero el suicidio no es representativo de la mayoría de los . - , íritu malicioso que hiciera una broma poniendo la taza sobre un

actos humanos en su relación con las intenciones, a saber: que sólo se ·---et tillo en un ánguio tal que, tomada la taza, muy probablemente sal-

puede afirmar que ocurrió si quien lo perpetró tuvo la intención de p _a El individuo B toma el café, y efectivamente se lo vuelca en-
p1cara. d · l · id
que ocurriera. La mayoría de los actos no presentan esta característica. , Sería correcto decir que lo hecho por A pro u¡o e mci ente, o al

Pero algunos filósofos argumentaron que para considerar ejemplo cill1a�s contribuyó a que sucediera. Pero A no volcó el café; D lo hizo.

de obrar un suceso en que participe un ser humano es necesario al me­ �tidividuo B, que no se proponía volcar el café, volcó el café; el indi­

nos q�e lo hecho por la persona sea intencional bajo alguna definición, viduo A, que se propuso que el café se :oleara, n� lo volcó. . .

aun si el agente se equivoca en esa definición. Un oficial a bordo de un . Pero qué es hacer algo sin intención? ¿Es diferente de producir

submari�o mueve una pal�nca con la intención de virar el rumbo pero ¿ ecuencias sin intención? Considérese el denominado «efecto
cons . . . . . .
6
en cambio, porque se equivocó de palanca, hunde al Biemarck. Hizo acordeón» de una acción. Un individuo acciona una llave para ilumi-

algo con intención, pero no lo que imaginaba, sino que el Bismarck re­ nar una sala. Aunque esto es intencional, el hecho de que encender la

suitó hundido por su acción. Otro ejemplo: si alguien vuelca con in­ llave de luz alerte a un ladrón no lo es. Supongamos que�! ladrón es­

tención café, en la creencia errónea de que es té, volcar el café es un cape a la calle, sea capturado por un policía y tra� el debido proceso

acto de esa persona aunque no fuera intencional¡ bajo otra definición, ase un año en prisión condenado por el latrocinio, ¿Todas estas son

4
como «volcar �l té», sería intencional. (En la mayoría de los casos, ronsecuencias no intencionales del acto de acc!onar la llave? ¿Qué co­

«volcar» algo tiene una connotación de no intencionalidad. Es un des­ sas ha «hecho» el individuo? Mencionaré un ejemplo más, t?ma�o _de

liz que sobrevino en el curso de una acción en que la persona intentaba una teoría de segregación étnica? Una pauta de segregación etruca

hac�r algo bien �iferente, corno alcanzar la taza a otra persona. Freud acaso se desarrolle sin que ninguno de los interesados ten?a la inten­

sostiene que casi todos esos desJices de conducta, lo mismo que los ción de que ello ocurra, del siguiente modo, que se puede ilustrar por

deslices en el habla, de hecho responden a una motivación incons­ analogía. Imaginemos un tablero que tenga un con¡unto de monedas

ciente. Esto, desde luego, los sitúa bajo definiciones intencionales des­ de cinco centavos y un conjunto de monedas de diez centavos. Estas se

de otro ángulo.) encuentran distribuidas al azar sobre el tablero, como pueden estarlo

. Pero, precisamente, es errónea la opinión de que para valer como individuos en un área urbana. Se adopta el supuesto de que, aunque

e¡e1;1pfo de obrar basta con que un suceso sea intencional bajo cualquier no sienten hostilidad hacia el otro grupo, los miembros de cada grupo

definición. Esto confunde la designación de un obrar con dar defini­ no quieren vivir en un vecindario donde étnicamente se encuentren en
5
ciones de un acto; y confunde el registro continuado de una acción en minoría. Sobre el tablero, cada pieza es movida hasta que se encuentre

que in�ividuos están empeñados con las propiedades que definen a en una posición tal que al menos el cincuenta por ciento de las pie�as

esa acción como tal. Obrar no denota las intenciones que la gente tiene vecinas sean del mismo tipo. El resultado es una pauta de segregación

para hacer cosas, sino, en principio, su capacidad de hacer esas cosas extrema. Las monedas de diez centavos terminan corno una especie de

(que es aquello por lo cual obrar implica poder: cf. la definición del gueto en medio de las monedas de cinco centavos. El «efecto de com­

Oxford English Dictionary de agente como «alguien que ejerce poder posición» es un resultado de una sumación de actos -los _d� mover
O

produce un efecto»). Obrar concierne a sucesos de los que un indivi­ piezas sobre el tablero o los de agentes en un mercado de vívíenda=,

duo es el autor, en el sentido de que el individuo pudo, en cada fase de cada uno de los cuales se lleva a cabo intencionalmente. Pero el resul­

una secuencia dada de conducta, haber actuado diferentemente. Lo tado final no fue buscado ni deseado por nadie. Es, por así decir, obra

que ocurrió no habría ocurrido si ese individuo no hubiera interve­ de todos y de nadie.

nido. Acción es un proceso continuo, un fluir en el que el registro refle­ Para comprender lo que es hacer algo sin intención, tenemos que

xivo que el individuo mantiene es fundamental para el control del lograr primero claridad sobre el modo de entender «intencional». De­

cuerpo que los actores de ordinario mantienen de cabo a cabo en su fino este concepto como lo propio de un acto del que su autor sabe, o

vida cotidiana. Soy el autor de muchas cosas que no me propongo ha­ cree, que tendrá una particular cualidad y resultado, y en el que ese sa­

cer, Y que quizá no quiero producir, a pesar de lo cual las hago. A la in­ ber es utilizado por el autor del acto para alcanzar esa cualidad o ese

versa, puede haber circunstancias en las que intente lograr algo, y en resultado.ª Si la caracterización que dimos del obrar es correcta, tene­

e:ecto lo alcance, aunque no directamente por mi obrar. Tomemos el mos que distinguir la cuestión de lo que un agente «hace» de lo que es

e¡emplo del café volcado. Supongamos que un individuo, A, fuera un «buscado» o de los aspectos intencionales de lo que se hace. Obrar

46 47

1
denota un hacer. Encender la luz fue algo que el agente hizo, y tamo
ara ]a labor sociológica. Un ítem dado de actividad pue_de
al
bién hizo que el ladrón se alertara. Esto no fue intencional si el actor no ·rnent P . ignifi ti
' bi b) nsecu ·
a) consecuencias no si ca vas o ien co encras
b.
sabía que el ladrón estaba alli y si, por alguna razón, aun sabiendo que tener o ren · ignifi ti úni bi d)
•gnif' ti' as· y O bien c) consecuencias si ca vas cas o ien
si 1ca v , . ignifí
el ladrón estaba alli, el agente no intentó usar este saber para alertar al
cias significativas múltiples. Lo que se ¡uzgue «sr ica-
en
intruso. Haceres no intencionales se pueden distinguir conceptual­ consecu . di h did
. d derá de la naturaleza del estu o. que se aya empren i o
Hvo» epen . '6 .
mente de co�ec�encias no _buscadas de haceres, aunque el distingo
de la teoría que se olabore.l'' Pero Merton a continuaci n asocia con-
O
perderá sentido si el foco de interés cae sobre la relación entre lo inten­
.
0
buscadas con análisis funcional, un paso conceptual que
secuencias n . afí . ló . E
cional y lo no intencional. Las consecuencias de lo que actores· hacen
aunque sea corriente en la bibliogr a SOCIO gica. n
ar
deseo rechaz . . . b
con intención o sin ella, son sucesos que no habrían ocurrido si tal ac­
articular, es importante ver que el análisis de consecuencias no us-
tor � hubiera �onducido diversamente, por más que el haberlos pro­
p d plica (como pretende Merton) formas o pautas de conduc­
ca asnoex · id d
ducido no hubiera estado en el poder del agente (con independencia
'al 1 s que parecen irracionales Merton contrapone actíví a
tasoc1 en a · .
de las intenciones que este pudo tener).
. · al (funciones manifiestas) a sus consecuencias no buscadas
mtenc10n . . d' id ali fu ·
Podernos decir, creo, que todas las cosas que le ocurrieron al ladrón
· latentes). Uno de los propósitos de in ivr u zar ncio-
(funerones . . . .
tras el accionamiento de la llave fueron consecuencias no buscadas del
nes latentes es mostrar que actividades socfales en apar1enc1a �ac10-
acto, supuesto que el individuo en cuestión no supiera que el ladrón
eden no ser en definitiva tan irracionales. Esto es particular-
al
estaba allí y que, en consecuencia, iniciara la secuencia sin intención. Si n es pu ivid d á ti
erable segú n Merton, en el caso de actíví a es o pr e cas
roen et esp , " . ,,
hay complejidades en esto, conciernen a determinar cómo puede ser
d ras. Con frecuencia se las desdeña como « supers 1.iciones ,
d
que un acto en apariencia trivial desencadene sucesos muy alejados de
urae . • • / / s· b
11irracionalidades", "pura inercia de la tradición , etc.», � em argo,
él en tiempo y espacio, y no a si esas consecuencias fueron intentadas
en opinión de Merton, si descubrimos qu� tienen una función l�tente
por el autor del acto original. En general es cierto que mientras más
-como consecuencia no buscada, o conjunto de consecuencias no
alejadas en tiempo y espacio estén las consecuencias de un acto del
buscadas, que ayuden a garantizar la reproducción continuada de la
contexto original del acto, menos probable será que esas consecuencias
práctica en cuestión-, entonces demostramos que en modo alguno
hayan sido intencionales; pero, desde luego, esto se ve influido tanto
son tan irracionales. . .
por el alcance del saber que los actores poseen (véanse las págs. 123-5)
Así, un ceremonial, por ejemplo, «puede cumplir la función l�tei:ite
como por el poder que son capaces de movilizar. De ordinario.nos in­
de reforzar la identidad grupal si proporciona una ocasión penó�ica
clinamos a pensar lo que el agente «hace» -por oposición a las conse­
en que los miembros dispersos de un grupo se reúnan para partic_ipar
cuencias que se siguen de lo hecho- en los términos de fenómenos
de una actividad comün-.l! Pero es un error suponer que haber asi de­
que el agente tiene más o menos bajo su control. En la mayoría de las
mostrado la existencia de una relación funcional aduzca una razón
esferas de la vida, y en las más de las formas de actividad, el control
para la existencia de una práctica. Aquí lo que de manera más o menos
está limitado a los contextos inmediatos de acción o de interacción. Así
subrepticia se contrabandea es una concepción sobre «razones de so-
dinamos que encender la luz fue algo que el agente hizo, y probable­
. edad» que se basa en unas necesidades sociales imputadas. De este
mente también alertar al ladrón, pero no causar que el ladrón fuera
�odo, si entendemos que el grupo «necesita» el ceremoni� que _le per­
apresado por el policía o terminara encarcelado por un año. Aunque
mita sobrevivir, dejarnos de ver como irraciona� la contm�ac1ón de
pudo ser que esos sucesos no hubieran acontecido en el momento y en
este. Pero decir que la existencia de un estado social A necesita de un.a
el lugar en que lo hicieron sin el acto de encender la luz, para ser algo
práctica social B que lo asista para sobrevivir en una forma recon�1-
«hecho» por el actor original hubo demasiados resultados contingen­
blemente similar equivale a plantear una pregunta que después se tie­
tes de los que dependió su acaecimiento.
ne que responder; esto, por sí, no la responde. La relación. entre A � B
Filósofos han gastado mucha tinta en el intento de analizar la natu­
no es análoga a la relación que rige entre deseos o necesidades e In­

raleza de una actividad intencional. Pero desde el punto de vista de las


tenciones en el actor individual. En el individuo, deseos que son cons­
ciencias sociales, difícilmente se exagerará la importancia de las conse­
titutivos de los impulsos motivacionales del actor generan una rela­
cuencias no buscadas de una conducta intencional. Merton ha sido
ción dinámica entre motivación e intencionalidad. No es el caso de los
quizá el que produjo el examen clásico de esta cuestión.? Señala, con
sistemas sociales, salvo donde actores se conduzcan a sabiendas de lo
todo acierto, que el estudio de las consecuencias no buscadas es funda- 12
que a su juicio son las necesidades sociales.

48
49
.c. )fm.��:.1
. - -· ---·--··

Establecido este punto, no puede haber objeción a la insistencia de --c1---consecuencias no buscadas se realimenten para promover una repro-

Merton en él valor de conectar consecuencias no buscadas de la acción 1 ducción social por largos periodos de tiempo? De una manera general,

con prácticas institucionalizadas, que son aquellas de hondo arraigo no es difícil analizar esto. Actividades repetitivas, localizadas en un

en tiempo y espacio. Este representa el contexto más importante de contexto de tiempo y de espacio, tienen consecuencias regularizadas,

tres grandes contextos de investigación -distinguibles entre sí sólo no buscadas por quienes emprenden esas actividades, en contextos de

analíticamente- en los que se puede analizar el influjo de conse­ un espacio-tiempo más o menos «lejano». Después, lo que ocurre en

cuencias no buscadas. Uno es el del ejemplo encender la luz/ alertar al esta segunda serie de contextos influye, de manera directa o indirecta,

intruso/ causar que el intruso huya/ etc. En este caso elInvestigador se sobre las posteriores condiciones de una acción en el contexto original.

interesa en acumular sucesos derivados de una circunstancia inicia­ Para entender lo que sucede no hacen falta más variables explicativas

dora sin la que esa acumulación no se habría producido. Aquí viene al que aquellas que explican por qué los individuos se ven motivados a

caso el análisis de Max Weber de los efectos de la batalla de Maratón empeñarse en prácticas sociales regularizadas por un tiempo y un

sobre el posterior desarrollo de la cultura griega, y por lo tanto sobre espacio, y las consecuencias que de ello se siguen. Las consecuencias

la formación de la cultura europea en general, y también su examen no buscadas se «distribuyen» regularmente como subproductos de

de las consecuencias del disparo de la bala que mató al archiduque una conducta regularizada que corno tal recibe sustentación reflexiva

Femando en Sarajevo.U Se atiende a W\ conjunto singular de sucesos, de quienes participan en ella.

reconstruidos y analizados de manera contrafáctica. El investigador

pregunta: «¿Qué habría ocurrido con los sucesos B, C, D, E . . . si no se

hubiera producido A?», con lo que procura individualizar el papel de Obrar y poder

A en la cadena o secuencia.

Un segundo tipo de circunstancia en la que puede hacer foco el ¿De qué Indole es el nexo lógico entre acción y poder? Aunque las

analista social es aquel en que no se trata de una pauta de consecuen­ ramificaciones de esta cuestión son complejas, la relación básica im­

cias no buscadas originadas por un solo suceso sino de una pauta que plícita se puede señalar cómodamente. Ser capaz de «obrar de otro

resulta de un complejo de actividades individuales. Un ejemplo de modo» significa ser capaz de intervenir en el mundo, o de abstenerse

esto es el examen de la segregación étnica que mencionamos antes. de esa intervención, con la consecuencia de influir sobre un proceso o

Aquí un determinado «resultado final» se toma como el fenómeno por un estado de cosas específicos. Esto presupone que ser un agente es ser

explicar, y se muestra que ese resultado final deriva como una con­ capaz de desplegar (repetidamente, en el fluir de la vida diaria) un es­

secuencia no buscada de un agregado d_e cursos de conducta inten­ pectro de poderes causales, incluido el poder de influir sobre el des·

cional. El tema de la racionalidad aflora aquí de nuevo, aunque esta plegado por otros. Una acción nace de la aptitud del individuo para

vez no existe objeción lógica que hacerle. Lo han señalado de manera «producir una diferencia» en un estado de cosas o curso de sucesos

convincente los especialistas en leona de juegos: el resultado de una preexistentes. Un agente deja de ser tal si pierde la aptitud de «pro­

serie de acciones racionales, que actores individuales emprenden por ducir una diferencia», o sea, de ejercer alguna clase de poder. Muchos

separado, puede ser irracional para todos ellos.14 Los «efectos perver­ casos interesantes para al análisis social se centran en las márgenes de

sos» no son más que un tipo de consecuencias no buscadas, aunque lo que se puede computar como acción: donde el poder de los indivi­
16
sin duda es cierto que las situaciones en que ellos ocurren tienen un duos se ve reducido por un espectro de circunstancias especificables.
15
interés particular. Pero es de primera importancia advertir que circunstancias de cons­

El tercer tipo de contexto en el que se pueden pesquisar consecuen­ tTeñimiento social en que individuos «carecen de opción» no equiva­

cias no buscadas es el apuntado por Merton: aquel en que el interés del len a la disolución de la acción como tal. «Carecer de opción» no sig­

analista recae sobre los mecanismos de reproducción de prácticas ins­ nifica que la acción haya sido remplazada por una reacción (en el sen­

titucionalizadas. En este caso las consecuencias no buscadas de la ac­ tido en que una persona parpadea cuando se hace un movimiento

ción ofrecen las condiciones inadvertidas de una acción ulterior dentro rápido cerca de sus ojos). Esto podría parecer tan evidente que no

de un ciclo de realimentación no reflexiva (lazos causales). He seña­ hiciera falta decirlo. Pero algunas escuelas muy destacadas de teoría

lado que no basta discernir relaciones funcionales para explicar que social, asociadas sobre todo al objetivismo y a la «sociología estructu­

esa realimentación ocurra. Pero entonces, ¿cómo sucede que ciclos de ral», no repararo11 en el distingo. Supusieron que los constreñimientos

50 51
operaban cual fuerzas naturales, como si «carecer de opción» fuera
--�Estructura, estructuración
equivalente a ser impulsado por presíones mecánicas de manera irre­

sistible y sin darse cuenta de ello (véanse las págs. 239-41).


Quiero pasar ahora al núcleo de la teoría de la estructuración: los
Para expresar de otra manera estas observaciones, podemos decir
ceptos de «estructura», «sistema» y «dualidad de estructura». La
co n .
que acción implica lógicamente poder en el sentido de aptitud tras­
ación de estructura (o de «estructura social»), desde luego, es cons-
formadora. En esta acepción de «poder», que es la más amplia, el po­
oícua en los escritos de la mayoría de los autores funcionalistas, y ha
der es lógicamente anterior a la subjetividad, a la constitución del re­
prestado su nombre a las tradiciones de «estructuralismo», Pero en
gistro reflexivo de la conducta. Conviene destacar esto porque, en las
¡, ::mgún caso se la conceptuali�a de la manera °:ás s�tisfactoria P"'.� las
ciencias sociales, las concepciones sobre el poder tienden a reflejar fiel­
exigencias de una teoría social. Autores funcionalistas y sus críticos
mente el dualismo de sujeto y objeto que antes mencionamos. Así,
1
han prestado mucha más atención a la idea de «función» q':e a la d_e
«poder» se define, con mucha frecuencia, en los términos de intención
«estructura», lo que propició usar esta última como una noción tradi­
o voluntad, como la capacidad de lograr resultados deseados e inten­
cional. Pero no hay duda sobre la acepción usual que dan a «estruc­
tados. En cambio, otros autores, incluyendo tanto a Parsons como a
1 tura» los funcionalistas y, más aun, la inmensa mayoría de los analistas
Foucault, ven el poder ante todo como una propiedad de la sociedad
sociales: consiste en algún «diseño» de relaciones sociales o de fenó­
o de la comunidad social.
menos sociales. Con frecuencia se trata de la idea ingenua de una ima­
La cuestión no está en eliminar uno de estos tipos de concepción en
ginería visual, como la del esqueleto o la morfología de un o�ganismo
favor del otro, sino en expresar su relación como un aspecto de la dua­
O
el armazón de un edificio. Estas concepciones están en íntima rela­
lidad de estructura. En mi opinión, Bachrach y Baratz aciertan cuando,
ción con el dualismo de sujeto y de objeto social: aquí «estructura»
en su conocido examen del problema, afirman que existen dos «caras»
aparece como algo «externo» a la acción humana, como una fuente de
17
del poder (no tres, como sostiene Lukes). Las definen como la apti­
restricción impuesta a la libre iniciativa del sujeto independientemente
tud de actores para poner en práctica decisiones preferidas por ellos,
constituido. Tal como se la conceptualiza en el pensamiento estructu­
por un lado, y la «movilización de influencia» inherente a institucio­
ralista y pos-estructuralista, por otro lado, la noción de estructura es .
nes, por el otro. Esto no es del todo satisfactorio porque conserva una
más interesante. Aquí en sustancia se la concibe no como un diseño
concepción de suma cero del poder. En lugar de emplear la terminolo­
de presencias sino como una intersección de presencia y de ausencia;
gía de estos autores, podemos expresar la dualidad de estructura en
es preciso inferir códigos soterrados a partir de manifestaciones de
relaciones de poder del siguiente modo. Recursos (enfocados a través
superficie. . .
de significación y legitimación) son propiedades estructurales desiste­
Estas dos ideas de estructura pueden parecer a pnmera vista ente­
mas sociales, que agentes entendidos utilizan y reproducen en el curso
ramente desvinculadas entre si, pero en realidad cada una denota as­
de una interacción. Poder no se conecta de manera intrínseca con la
pectos importantes de la articulación de relaciones sociales, aspectos
consecución de intereses sectoriales. En esta concepción, el uso de po­
que, en teoría de la estructuración, se aprehenden por la vía de rec�no­
der no caracteriza a tipos específicos de conducta sino a toda acción, y
cer una diferenciación entre los conceptos de «estructura» y de «síste­
el poder mismo no es un recurso. Recursos son medios a través de los
ma», En el análisis de relaciones sociales tenemos que admitir tanto
cuales se ejerce poder, como un elemento de rutina de la actualización
una dimensión sintagmática, el diseño de relaciones sociales en un es­
de una conducta en una reproducción social. No debemos entender las
pacio-tiempo que incluye la reproducción de prácticas situadas, como
estructuras de dominación ínsitas en instituciones sociales como moli­
una dimensión paradigmática que incluye un orden virtual de «mo­
nos para «seres dóciles» que se comportaran como los autómatas pro­
dos de articulación» implicados de manera recursiva en aquella repro­
puestos por la ciencia social objetivista. El poder en sistemas sociales
ducción. En tradiciones estructuralistas suele existir ambigüedad so­
que disfrutan de cierta continuidad en tiempo y espacio presupone
bre si estructuras denotan o una matriz de trasformaciones admisibles
relaciones regularizadas de autonomía y dependencia entre actores o
en el interior de un conjunto o reglas de trasformación que gobiernan
colectividades en contextos de interacción social. Pero todas las formas
la matriz. Concibo estructura, al menos en su acepción más elemental,
de dependencia ofrecen ciertos recursos en virtud de los cuales los su­
por referencia a esas reglas (y a recursos). Pero induce a enm hablar de
bordinados pueden influir sobre las actividades de sus superiores. Es
«reglas de trasformación» porque todas las reglas son intrínsecamente
lo que denomino la dialéctica del control en sistemas sociales.
trasformacionales. Estructura denota entonces, en análisis social, las

52
propiedades articuladoras que consienten la «ligazón» de un espacio­ - -- - 4. Reglas implican «procedimientos metódicos» de interacción social,

tiempo en sistemas sociales: las propiedades por las que se vuelve po­ como Jo ha puesto en claro sobre todo Garfinkel. Las reglas por lo

sible que prácticas sociales discerniblemente similares existan a lo general hacen intersección con prácticas en la contextualidad de

largo de segmentos variables de tiempo y de espacio, y que presten a encuentros situados: el espectro de consideraciones «ad hoc» que

estos una forma «sistémica». Decir que estructura es un «orden vir­ Garfinkel descubre participa repetitivamente en la-actualización de

tual» de relaciones trasformativas significa que sistemas sociales, en reglas y es fundamental para la forma de esas reglas. Todo actor so­

tanto prácticas sociales reproducidas, no tienen «estructuras» sino que cial competente, se podría agregar, es ipso Jacto un teórico social en

más bien presentan «propiedades estructurales», y que una estructura el nivel de una conciencia discursiva y un «especialista metodoló­

existe, como presencia espacio-temporal, sólo en sus actualizaciones gico» en los niveles de una conciencia discursiva y una conciencia

en esas prácticas y como huellas nmémicas que orientan la conducta práctica.


de a�entes humanos entendidos. Esto no nos impide imaginar que las 5. Reglas presentan dos aspectos que es esencial distinguir concep­

propiedades estructurales presenten una organización jerárquica en tualmente porque cierto número de autores filosóficos (como es el

los términ�s de la ext�nsión espacio-temporal de las prácticas que caso de Winch) han tendido a fusionarlos. Reglas denotan por un

ellas organizan recursivamente. A las propiedades estructurales de lado la constitución de sentido, y, por otro, la sancion de modos de

raíz más profunda, envueltas en la reproducción de totalidades socie­ conducta social.

tarias, denomino prindpios estructurales, Y las prácticas que poseen la

mayor extensión espacio-temporal en el interior de esas totalidades se J-Ie introducido este uso de «estructura» para contribuir a romper

pueden denominar instituciones. con el carácter fijado o mecánico a que el término se inclina en su uso

Hablar de estructura para denotar «reglas» y recursos, y de estruc­ sociológico ortodoxo. Los conceptos de sistema y de estructuración

turas �orno conjunto� deslindables de reglas y recursos, corre un pre­ hacen buena parte del trabajo para el que de ordinario se convoca a

ciso riesgo de mala interpretación a causa de ciertas acepciones do­ «estructura». Cuando propongo un uso de «estructura» que a primera

minantes de «reglas» en la bibliografía filosófica. vista pudiera parecer alejado de las interpretaciones corrientes del ·

término, no pretendo sostener que se deba abandonar por completo

1. Reglas se conciben con frecuencia en conexión con juegos, corno aquellas versiones menos precisas. «Sociedad», «cultura» y todo un es­

prescripciones formalizadas. Las reglas implicadas en la repro­ pectro de términos de la sociología pueden tener empleos dobles que

ducción de sistemas sociales no se parecen en general a esas. Aun traen perplejidad sólo en contextos donde se establece una diferencia

las codificadas como leyes están en general sujetas a una diver­ en la naturaleza de los enunciados que los emplean. En este sentido,

sidad mucho mayor de cuestionamientos que las reglas de juegos. no veo una objeción particular a que se hable de «estructura de clases»,

�unque el empleo de las reglas de juegos como el ajedrez, etc., que de «la estructura de las sociedades industrializadas», etc., donde esos

sirven de modelo a las propiedades de sistemas sociales gober­ términos se usan para indicar de un modo general aspectos institu­

nados por reglas, se asocia a menudo con Wittgenstein, es más im­ cionales importantes de una sociedad o conjunto de sociedades.

portante lo que Wittgenstein tiene par� decir acerca del juego de los Una de las tesis principales de la teoría de la estructuración es que

niños como ejemplo de las rutinas de la vida social. las reglas y los recursos que se aplican a la producción y reproducción

2. Regl:15 se menc�onan. a menudo en singular, como si se las pudiera de una acción social son, al mismo tiempo, los medios para la repro­

referir a específicos ejemplos o piezas de conducta. Pero esto es en ducción sistémica (la dualidad de estructura). ¿Pero cómo se debe

extremo engañoso si se lo considera análogo a la operación de la interpretar esta tesis? ¿En qué sentido se puede afirmar que, en el acto

�i�a social, donde unas prácticas se sustentan unidas a unas dispo­ en que me dedico a mis quehaceres diarios, mis actividades consus­

siciones que presentan una organización más o menos laxa. tancian y reproducen, por ejemplo, las instituciones globales del

3. No es posible conceptualizar reglas aparte de recursos, que deno­ capitalismo moderno? ¿Qué reglas son invocadas aquí en definitiva?

tan los modos por l�s cuales relaciones trasformativas se integran., Considérense los siguientes ejemplos posibles de reglas:

en acto, a la producción y reproducción de prácticas sociales. Por lo

tanto, propiedades estructurales expresan formas de dominación y 1. «La regla que define al jaque mate en el ajedrez es . . . ».
de poder.
2. Una fórmula: an = 112 + n-1.

54 55
3. «Como regla, R se levanta a las 6:00_ todos los ellas». . : : .. La fórmula an = n 2 + 11- l está to;,,ada del _ejemplo de Wi_t-

4. «Es una regla que los obreros deben fichar a las 8:00 de la mañana».·,, .. . . , social. . de ·uegos con nümeros.l? Una persona escnbe una secuen�ia

. .; , ¡t;,�'1':}¡;tgens=ros} una segunda persona elabora la fórmula que. especihca


<?tros muchos ejemplos se podrían ofrecer, desde Juego, pero estos f <;,,.'.,den úmeros que siguen. ¿Qué �s una fórmula de este hpo, y qué

se"'.irán en el pre:"'nte co'.'texto .. En el uso 3., «regla» es más O menos .,iil ':;,��\·}?s � íca entender una fórmula así? Compre�der la fórmula no ��.pro­

eqmvalente a hábito o rutina. Aqul la acepción de «regla» es más bie


débil ·,;;;j , .f,l'sigrof p e alguien la podría proferir sin entender la sene, a la
I
n " ·
,1 porque por o común no presupone ningún precepto básico a A,, r·.· ',.,.,'..{enria
. · orqu
puede comprender la serie sin ser capaz
d d
e
º6
ar expresi n
· di id bed · ·1o. •. · ··mversa, se tal c m
que e m rvr uo o ezca ru sanción alguna que se aplique en res. ; -::---= al fórmula. Comprender no es un proceso men que a o ·
I
pal�o del prec';pto; es simplemente algo que la persona hace como _
, jf \;.\;l v:: a �a :olución del enigma que la secuencia. de números presenta

hábito. U� hábito esparte de �a ru?"a, e insistiré con fuerza en la f: 1 ····�.:. �al menos, no es un proceso m�ntal en el sentid� en que lo es escu­

lmportancia de la rutina en la vida social. «Reglas», como las entiendo .


'i e :; .':· elodía una sentencia hablada-. Es simplemente ser ca­
O

ciertamente conciernen a numerosos aspectos de una práctica rutina� -"':,: ��J.=:-"H';\' li ar la fórmula en el contexto y del modo correctos para con-
charduna m
. á · · · .'J . . paz e ap c
na, pero una pr ctica rutinaria no es como tal una regla, �w. , -, . l ie

A h h ·
mue os . a p_arecido que los casos 1. y 4. representaban dos tipos
f
, .
nn u ar a se n . · bl
Una fórmula es un procedimiento generaliza. e; es gener
al"
iza
bl
e

de regla, co�ntuliva y regulad?ra. Explicar la regla que rige el jaque -, ue se aplica a un espectro de cont';xtos y oca�10nes, y es un proc�-

mate en el ajedrez supone decir algo sobre lo que es inherente a la rrq to porque facilita la continuación metódica de una secuencia

cons:itución mism� del ajedrez �orno juego. La regla de que los ,,,. �:�:ida. ¿Son las reglas lingilisticas semejantes a estas? �reo que lo

traba¡adores deben fichar a deternunada hora, por su lado, no contri- · ". ue esta semejanza es mucho mayor que su parecido con las

buye_ a definir lo que es trabajo; especifica el modo en que se debe ·.), · . : • . . :::;Í;. de la clase que Chomsky aduce. Y esto parece además a�orde

traba¡ar. Como lo apunta Searle, reglas reguladoras por ¡0 común se ... argumentos de Wittgenstein, al menos con una posible ínter-
1
0
pueden parafrasear en la forma «Hagan X», «Si Y, hagan X». Algunas ;· · con! ción de ellos. Wittgenstein señala: «Comprender un lenguaje �ig-

reglas constitutivas tienen sin duda ese carácter, pero Ia mayoria pre- · · :c:Ctdominar una técnica».20 Esto se puede interpre!ar en el sentido ·

18
sentará la forma «X se considera Y» o «X se considera y en el contexto . , d el uso de un lenguaje es ante todo metodológico, y que reglas
C

. ».. Qu_e es te d¡is tíng� que menciona dos tipos de regla es dudoso Jo e qu
de lene
guaje son procedimientos de ap Ji ·
ícacíón me tódiica rm
· p lletit os e.n

Indica ya la t?rpeza e�':'ológica de la expresión «regla reguladora». las actividades prácticas de la vida cotidiana. Este aspecto d�l lengua¡e

Porqu� ';� último an�s1s la palabra «reguladora» ya implica «regla»: es muy importante, aunque no sea común que le dé �an relieve lama-

su defirución de diccionario es «control por reglas». Acerca de 1. y 4. rí d los seguidores de Wittgenstein. Reglas «dictadas» como en
d.
• d , yo a e . . d tí .
�o ma que ex�resan . os aspectos de reglas más que dos tipos dis- los casos l. y 4., ya mencionados, son mterpretac10��s e una �e_ ivi-

tinlos de regla. S1 1: es sm duda parte de aquello en que el ajedrez con- dad al mismo tiempo que se aplican a clases específicas de activida-

síste, para los que Juegan ajedrez tiene propiedades sancionadoras O des: todas las reglas codificadas adoptan esta forma, por':lu': dan ex-

«reguladoras»; denota aspectos del juego que es preciso observar. Pero ¿ ión verbal a un hacer esperable. Pero reglas son procedimientos de

4. tiene también aspectos constitutivos. Quizá no entre en la definición . -r , acció aspectos de una praxis. Por consideración a esto, Wittgenstein

de lo que es «trabajo», pero entra en la de un concepto como «burocra- •• acci nl' que él ante todo plantea como una «paradoja» de las reglas
· índ · ¡ A ll ·i(, re s u e v e1o . d
cia in ustria », que o sobre lo cual 1. y 4. llaman nuestra atención ' la obediencia a ellas. Esta consiste en que sobre nmgún curso e ac-

son '!:,�pectes de regla�: su papel en la constitución de un sentido y 0 :ón se puede. afirmar que se gufe por una regla pdor el h"'.'ho de qt

su es o nexo.con sanciones. � todo curso de acción admita ser puesto de acuer o con cierta reg a.

El uso 2. pudiera parecer el menos promisorio como modo de con- p u si esto es así también es verdad que cualquier curso de acción

cep tuali zar <«reg Ia» para que tenga alguna relación con «eshuctura». -,� o rq
se e
uede '
poner en conflicto con ella. Aqu í hay un malen ten did
1 o, una

En_ rea�d�d voy a sostener que es el más pertinente de todos. No ti·. co�sión de la interpretación expresión verbal de una regla con
1 O
q_w_ero ecir qu� a vida social se pueda reducir a un conjunto de prín- , obedecer a Ja regla.21 .

cipi_os matemáticos, algo muy ajeno a lo que tengo en mente. Quiero Consideremos las reglas de la vida social, entonces, c�".'º t�cas

decir q�e es en la '.'aturaleza de las fórmulas donde mejor podemos 1 procedimientos generalizables que se aplican a la escenificación/re·
0
descubrir la acepción de «regla» analíticamente más eficaz en teoría !j¡¡ producción de prácticas sociales. Reglas Iormuladas -las que reciben

56
ex presión verbal co mo cánones gales, reglas burocráticas, reglas de
le
....,,1i------cen un influjo superficial sobre gran parte de la textura de la vid a so­

juego, etc.- son, por lo tanto, más interpretaciones codificadas de cial. La contraposición es importante, annque sólo fuera porque co­

re glas que reglas como tale s. No se las debe tomar como reglas ejem­ múnmente se da po r su puesto en tre los analistas s ociales que las re­

plificado'.as e n general s ino como tipos específicos de regla formulada, glas más abstractas -p.ej., a
l le y cod ificada- son las que más influ­

que , en virtud de su formulación manifiesta, adquieren di versas cuali­ yen en la articulación de una actividad social. Por mi parte sostengo

d ades es pecíficas. 22 que muchos procedimientos en apariencia triviales aplicados en la

�st�s consideraciones ofrecen hasta aquí sólo una aproximación vida diaria tienen un influjo más profundo sob re la generalidad de a
l

prehmmar al problema. ¿ Cómo se re lacionan las fórmulas con las conduct� social. Las categorías restantes se explican más o menos por

prácticas en que se comprometen actores sociales, y en qué clase de ellas mismas. La mayor parte de las reglas que intervienen en la pro­

fó'.mufas es tamos más interesados con propósitos generales e aná­


d
ducción-y reproducción de prácticas sociales son aprehendidas s ólo tá­

lisis social?_ Po r lo que s: �fiere a la primera parte de la pregunta, po­ citamente por los actores: ellos saben cómo «ser con». La formulación

de mos decír que la no ticia de reglas sociales, e xpresada ante todo en discursiva de una regla es ya una interpretad6n de ella, y, co mo he se ñala­

una conciencia práctica, es el núcleo mismo de ese «entendimiento» do, puede en si y por si al et rar la forma de su aplicación. De las reglas

que caracteriza específicamente a agentes humanos. Como actores so­ que no sólo se formulan discursivamente sino que además reciben co­

c�ales, todos los seres humanos son en alto grado «expertos» en aten­ dificación formal, l caso
e e jemplar es el de las leyes. Desde lue go, las

c ión al sa ber que poseen y aplican en la producción y reproducción de leyes están e ntre los tipos de reglas sociales más fuertemente sanciona­

encuentros sociales cotidianos: el grueso de ese saber es de carácter dos, y en las sociedades modernas tienen gradaciones de retribución

más práctico que teó rico. Como lo han señalado Schutz y muchos formalmente prescritas. Pero se ría un grave e rror subestimar e l vi gor

o tros, lo s actore s e mplean es quemas generalizados (fórmulas) en el de sanciones aplicadas informalmente para una dive rsidad de prácti­

c�o de sus actividades diarias para resolver según rutinas las situa­ cas diarias mundanas. No importa qué otras cosas se crean dernostra­

ci_ones de la v ida s ocial. Entender el procedimiento, o dominar las téc­ das p or los e xperimentos de Garfinkel sobre a
l co nfianza: ponen de

rucas de «hacer» actividad s ocial, es por definición metodológico. O manifiesto la extraordinaria fuerza coercitiva de que están investidos
24
sea : ese ente nder no es pecifica (ni podría hacerlo) todas las situaciones aspectos en apariencia triviales de respuesta conversacional.

c.on las que u_n actor se puede encontrar; más bien proporciona la ap­ Las cualidades articuladoras que las reglas tienen se pueden e stu­

titud generalizada d e res ponder a un espectro indeterminado e


d i ­
c r
d ari ante todo bajo e l as pecto de la formación, e l sostenimiento, la ter­

cunstancias sociales y de influir sobre este. minación y la remodelación de en cuentros. Aunque s agentes
lo us an

Los tipos de_ re gla más �ignilicativos para la teoría social se alojan una incalculable variedad de procedinúentos y de t ácticas en la cons­

e� la reproducción de prácticas institucionalizadas, o sea, prácticas se­ titución y reco ns titución de encu entros, aquellos que i mportan para

dunentadas a l a mayor profundidad n un espaclo-tíempo.P Las prin­


e s ostener una seguridad on tológica probablemente tengan particular

cipales c ara_cterísticas de reglas que interesan a cuestiones generales de gravitación. Los experimentos de Garfinkel son sin dud a instructivos

análisis social se pueden presentar como sigue: sob re este punto. Indican que las prescripciones incluidas en la ar ticu­

lación de una intera cción diaria son mucho rn á s fijas y coercitivas de lo

intensivas tacitas informales sancionadas débilmente q ue pudiera su gerir la comodidad con la que de ordinario se las a pli­

ca. Esto sin d uda se de be a que las respuestas o actos atlpicos que los
superficiales discursivas formalizadas sancionadas fuertemente
«experimentadores» produclan por indicac ión de Garfinkel perturba-

b an el sen timiento de seguridad ontol ógica de los «sujetos» porque

.Por reglas que son de naturaleza intensiva, entiendo fórmulas que


so cavaban la inteligibilidad l
de dis curso. Quebrantar o des conocer

se invocan constantemenrs en el curso de actividades cotidianas que reglas n o es , des de luego, el único modo en que se pueda estudiar las

entran en la articulación de buena parte de la textura de la vida'coti­


propiedades constitutivas y sancionadoras de reglas invocadas in ent ­

diana. Re?las de lenguaje son de este carácter. Pero de igual modo Jo


i
s v amente. Pero no hay duda de q ue Garfinkel con tribuyó a de scubrir

s�n, por ejemplo, los procedimientos utilizados por actores en la orga­


un campo de es tudio de n otable riqueza cuando cons umó la «alquí­

nízacíón de tumos en conversaciones o en una interacción. Se Jas pue­ mía del sociólogo», la «trasmutación de cualquier pieza de actividad

de contraponer a reglas que, aunque quizá de vasto alcance, sólo ejer-


social ordinaria en una publicación ílumínadorae.P

8
5
59
Distingo «estructura» como término genérico de «estructuras» en ompartimos las mismas reglas y prácticas lingüísticas, con ex-
C
todm Es
'6 de un rango de variaciones relativamente menor. to no ne-
plural, y a una y otras, de las «propiedades estructurales de sistemas
cepct n d ·
26 · mente se aplica a las propiedades estructurales e sistemas
sociales». «Estructura» denota no sólo reglas implícitas en la produc­
cesar1a .
ción y reproducción de sistemas sociales, sino también recursos (sobre sociales en general. Pero no es un problema que concierna al concepto

los que no he dicho gran cosa hasta ahora, pero lo haré pronto). Según d I dualidad de estructura como tal. Concierne al modo en que con­

el uso ordinario en las ciencias sociales, «estructura» se suele emplear v�:e conceptualizar sistemas sociales, en especial «sociedades».

cuando se tienen en mente los aspectos más duraderos de sistemas

sociales, y yo no quiero perder esta connotación. Los aspectos más i

importantes de estructura son reglas y recursos envueltos recursiva­ La dualidad de e�t/ructura


mente en instituciones. Instituciones por definición son los rasgos más / �

Sislema(s) Estructuradón
duraderos de una vida social. Cuando menciono las propiedades es­ , Estn1ctura(s) _-:¡ ::___ -- ,;

tructurales de sistemas sociales, me refiero a sus aspectos instituciona­


. Rela�iones reprodu­ Condiciones que go­
Reglas y recursos, o
lizados, que ofrecen «solidez» por un tiempo y un espacio. Uso el con­ bierllañ la· continllf-
Cfda5-entre actores o
c�;111tos de_!E'lac_!�­
cept? d.e «estructuras» para alcanzar relaciones de trasformación y - c!tl�=o- tr��mutacÍÓ�
ColeclividadeS,Org�:
-;;es de trasformación
mediación que son los «conmutadores de circuito» soterrados en con­

diciones observadas de reproducción sistémica.


--que se organ12
. �_n ��-
niiad_as como prác-_

-ttcas sociales regu-


de estruci:UraS y, en

cOñSeCueñc1.i, la re­
me prop�E_�4�s de . 1ares- - , ------ - --
�uc�ón de �siS�;-�
Quiero responder ahora la pregunta que originalmente hice: ¿en síSteJTiás sqciales
mas sociales
'· \.,
qué condiciones se puede decir que la conducta de actores individua­

les reproduce las propiedades estructurales de colectividades mayo­

res? La respuesta es a un tiempo más fácil y más difícil de lo que pare­ Reswniré.la argumentación que he desarroliado hasta aquí. Estruc­

ce. En un nivel lógico, la respuesta a ella no es más que una tautología. tura, como conjuntos de reglas y de recurso.s organizados de m�era

A saber: aunque la existencia continuada de grandes colectividades o recursiva, está fuera del tiempo y del espacio, salvo en sus actu�a­

sociedades evidentemente no depende de las actividades de ningún ciones y en su coordinación como hu�llas mné�cas, y se caracteriza

individuo en particular, es claro que esas colectividades o sociedades por una «ausencia del sujeto». _Los_s1stemas s�1ales �n_ �?�_9..ue_f:?� ¡' ":"-"'::

dejarían de existir si desaparecieran todos los agentes interesados. En recursivamente implícita una estructu!�,_por el con�ano, ��luy� !a�

un nivel sustantivo, la respuesta a la pregunta depende de cuestiones 'aefivíáacl€S sifuadas de agentes h:uiii�_<?�,-�pf2_c!��i�s R'?r �-!t��=­
que aún esperan ser abiertas: las que atañen a los mecanismos de inte­ ]'�Yun_espacio. Ánalizar la �trucfur�ci.6.1' de s�em�::..5...f:Clal�s ,si�-·(-"::-.-:
gración de diferentes tipos de totalidad societaria. Siempre sucede que fica estudiar los mo�os_�n que esos sistemas,. funda�-�-e� las <!_<2!:lVl· , -

la actividad cotidiana de actores sociales aproveche y reproduzca ras­ aaaes inteligentes de actores situados que aplican n,g]."'ª.Y �so.s en.

gos estructurales de sistemas sociales más amplios. Pero «sociedades» lacli�<[¡fecontextCJS_de "�ci.§.n., soñpioouciao�y�reproduc1dos \

-como lo voy a aclarar- no son necesariamente colectividades uni­ en una interacción. Crucial para la idea de estructuración es_':.l!eo_i:ema f�

ficadas. «Reproducción social» no se debe asimilar a la consolidación - --¡'°'))dela dualidad de eslruclura, implicado lógicamentre en los argumen- '

de una cohesión social. La localización de actores y de colectividades -:: f'J/ tos expu€st,;s a,;tes. §�t1tuc16n_�gentesy_��\te-!:.t;;uctu_i-as �
1 ,

en diferentes sectores o regiones de sistemas sociales más abarcadores sol). dos conjl.lntos de ���nos dados �c!�P.���tel}tem�_!!te, no for- ) )-

tiene un fuerte influjo sobre el efecto que justamente su conducta ha­ ¡ man un dualismo sino que r.eeresentan.. una dualidad. Con arreglo aJ:i.. , �

bitual produce sobre la integración de totalidades societarias. Aquí ! noción de la dualidad de esfrucfura, lasJ>!opiedades estructurales �-· ,
I

tocamos las limitaciones de ejemplos lingüísticos que se podrían usar �¡Stemas sociales sori tanto [irimedio como un resulta��?�Jas prác· , ·--­

para ilustrar el concepto de la dualidad de estructura. Un considerable / fCas·que-e11as��.�-c!_e m��rarecuISiy�-:��!.é! no es _«ex- 11

esclarecimiento sobre problemas de análisis social se puede recibir del terna» a los individuos: en tanto huellas mnénucas, y en tanto eJem- l
1,

estudio de las cualidades recursivas de habla y lenguaje. Cuando pro­ J'1Ificada en prácticas ·;ociales, es en cierto asp�t� más «interna» que

duzco una preferencia gramatical, utilizo las mismas reglas sintácticas exterior en un sentido durkheimiano, a las actividades de ellos.__fu:__._)

que esa proferencia contribuye a producir. Ahora bien, hablo el «mis­ 1- tructur� no se debe asimilar a constreñimiento sino que es a la vez

mo» lenguaje que los otros hablantes de mi comunidad lingüística; --7 \ :011stri�iv����· Esto, desde luego, no impide que las pro-

61
60
piedades estructuradas de sistemas sociales rebasen, en tiempo y ,,. -�\·:- rn re saben lo que hacen en el nivel de una conciencia discursiva

espacio, las posibilidades de control por parte de actores individuales


f,l'"iK,t·-- s,e. � a definición. No obstante, lo que hacen puede ser por com-

cualesquiera. Tampoco compromete la posibilidad de que las teorlas ba¡o dgunconocido be] 0 otras definiciones, y ellos acaso sepan poco
Jeto es d 1 · íd d
que los actores tienen sobre los sistemas sociales que ellos contribuyen P onsecuencias ramificadas e as acttvr a es a que se en­
C
so bre Ias
a constituir y reconstituir en sus actividades puedan reificar esos sis­
tregan. d 1 · 1 · cipal
temas. La reificación de relaciones sociales, o la «naturalización» dis- La dualidad de estructura es en to as as oc.as1one� e prm 1

fundamento de continuidades en una ":producc16_n social por un es­


Cll_'Siva �e las circ":1'5t'.":'ci�y prodl!_C_!9_s_ !:iEóEC�':�c_c,n�
. ti
" mpo A su vez presupone el registro reflexivo que los agentes
acc ión �dumaii_aal, e s una � Jas_dll_n�ns!ones_princi1_:"1es de !_�_ideo- '' ·
acio- e · · idi t t
, - / '. o
lcl
eJ aen 1 a
.a vi a soci .
27
i P
d
uración de una actividad social con rana, y en an o es
0
hacen en la . . h ·
--Pero-aü;; las-f�-;;,�s más toscas de pensamiento reificado dejan in- t de esa durad6n. Pero el entendmuento
"tuti'va umano es siempre
cons ti d . ·
tacta la gravitación fundamental del entendimiento de actores huma- � limitado. El fluir de una acción produce e continuo c?nsecuenc1as no

nos. Parque este entendimiento se funda menos en una conciencia dis- t buscadas por los actores, y estas mismas �onsecuenc1a� no buscadas

cursiva que en una conciencia práctica. El saber sobre convenciones � ueden dar origen a condiciones inadvertidas de la acción e�"." pro­

sociales, sobre sí mismo y sobre otros seres humanos, requerido para � p d alimentación La historia humana es creada por actividades
ceso e re · d · aJ
ser capaz de «ser con» en la diversidad de contextos de la vida social f
· intencionales, pero no es un proyecto intenta o; escapa siempre

es minucioso e incalculable. Todos los miembros competentes de la so- � afán de someterla a dirección consciente. Pero ese af� es puesto en

ciedad tienen amplia destreza en las realizaciones prácticas de activi- l,


-
ráctica de continuo por seres humanos que oper�n.ba¡o fa amenaza y

dades sociales y son «sociólogos» expertos. El saber que poseen no es -


ij
f
a promesa de la circunstancia de ser ellos las urucas criaturas que

adjetivo para el diseño persistente de la vida social, sino que es un ele- � hacen su «historia» a sabiendas. . . .

mento constitutivo de ese diseño. Dar importancia a esto es absoluta- l El hecho de que los seres humanos teoricen sobre su �cc1ón si_giu-

mente indispensable para evitar los errores del funcionalismo y del es- f¡ ue asI como la teoría social no fue un invento de teóricos sociales
1.ica q "t bl ó • •

tructuralismo: los que se producen cuando se buscan los orígenes de � profesionales, así ]as ideas producid�s por �sos :e ricos mevi a e-

las actividades de los agentes en fenómenos que estos desconocen des- ,q


mente hacen realimentación sobre la vida social rrusma. Un aspec_to de

p u é s que se eliminaron o se dieron por supuestas las razones de los r esto es el intento de registrar, y por ese camino gobernar, cond1c1ones

agentes mismos, o s�ªt_.la racíonalízacíon.de.lagccíón en tanto ínter- :


!
de rep..;,ducción: sistémica de elevada generalidad, fenómeno este que

viene de rrtaneraj>ermanente en Ja estructuracióndé'practicas socia- / '?J


alcanza importancia impresionante en el mundo.contemporáneo. Para

2 la aprehensión conceptual de esos procesos regtstr�dos de reproduc­


_, les. �_Péfo no tiene menos importancia eyi!arJa._recaidª_IW_.elell.9.L �

'!" opuesto de abordajes hermenéuticos y de diversas versiones de feno- 1 { ción, tenemos que establecer ciertos d.istingos que �nteresan a lo q.ue

--:';'eOOJo�i� qué -se-mcliian �_11]irár la �ie_c!'.>�. co!"� _la creación �s: . j 1 los sistemas sociales «son» como prácticas rep�uc1das en.escenarios

___lica de �1JJ_e_tg�_l1t1_i_:n,1"o_s:_Ambas son� ilegítimas de reduccio-, _: � de interacción. Las relaciones impUcitas o actualiz�das en sistemas so­

[ ni�<>,. nacidas de una deligf��_f,>n'-ep!tl_a[�aci_(5g deJ� ' , i ciales son, desde Juego, muy variables en los térmínos de �u grado de

«latitud» y permeabilidad. Pero, aceptado esto, 1;odemos discernir d?s


! : . e�tu_r'.'. -�º" arreglo �la temía d� la estructuración,-·eriñomento de ]" ¡¡
l r
. � producc1on de la acción e� también un momento de reproducciól). .·; niveles en atención a los medios por los cuales cierto elemento de «sis­

\ --
� /
.... _, -.�n los contextos donde se escenifica cotidianamente la vida social. Esto i temidad» se consuma en una interacción. Un nivel es el desta�ado en

�;.,---> és'asf aun en el curso de las conmociones más violentá?o&Ias máS ·�· general en elJuncionalismo, según lo apuntamos y�, donde la interde­

fadicales·fciiñfas<le:cambio social. No esE,actovéré� las propiedades � pendencia se concibe como un proceso homeostático añn a m�arus­

estructurales de sistemas socialés <<próductos sociales» porque esto �


., mos de auto-regulación que operan en el interior de un orgarusmo.

lleva a la idea de que actores pre-constituidos coinciden, por alguna { Esto es inobjetable mientras se admita que la «latitud» de la mayoría

29
razón, para crearlas. En la reproducción de propiedades estructu- :
I
de Jos sistemas sociales vuelve muy lejano el símil orgánico y que ese

rales -para repetir una expresión empleada antes-, los agentes tam- i modo de reproducción sistémica relativamente «mecanizado» n? es el
1
bíén reproducen las condiciones que hacen posible esa acción. Estruc- único que se discierna en sociedades hwn�as. Se puede c.ons1derar
,l

tura no existe con independencia del saber que los agentes poseen J que una reproducción sistémica homeostáhca en una sociedad hu­

sobre lo que hacen en su actividad cotidiana. Los agentes humanos ¡ ': . mana incluye la operación de lazos causales, en los que un espectro de

63
� � �
consecuencias no buscadas de la acción realimenta las circunstancias -i---·una forma de vida- implica el entrelazamiento de sentido, de ele­

iniciadoras para reconstituirlas. Pero en muchos contextos de vida so­ mentes normativos y de poder. Esto es evidente sobre todo en los no

cial ocurren procesos de «filtrado de información» selectivo, por don­ infrecuentes contextos. de vida social donde se cuestiona lo que los

de actores estratégicamente situados buscan regular reflexivamente fenómenos sociales «son»: el modo de defuúrlos correctamente. Tener

las condiciones generales de una reproducción sistémica, sea para conciencia de ese cuestionanúento, de caracterizaciones divergentes y

mantener las cosas tal como son, sea para cambiarlas.é'' superpuestas de actividad, es una parte esencial de «entender una

El distingo entre lazos causales homeostáticos y auto-regulación fonna de vida», aunque ello no queda claro en los escritos de autores

reflexiva en la reproducción sistémica se debe completar con otro, fi­ como Winch, que presentan las formas de vida como unificadas y al

nal: el que separa integración social e integración sistémíca.é! «Integra­ mismo tiempo consensuales.P

ción» se puede entender de suerte que suponga reciprocidad de prác­

ticas (de autonomía y dependencia) entre actores o colectívídades.F estn,cl11ra I significación 1 � - - -) Jdominadónj� - - ->jiegitimadónl

Entonces, integración social significa sistemidad en el nivel de una • • •


1 1

interacción cara-a-cara. Integración sistémica denota conexiones con


I
• •
r··-·-·---··-

esquema de - ,
quienes están físicamente ausentes en tiempo y espacio. Los mecanis­ ' facilidad :
:--��;��---:
(modalidad)
,
I
' comprensión
t _'
I ' - - - - - - - - - - - 1
' - - - - - - - - - - · 1
mos de integración sistémica ciertamente presuponen los de integra­
• •
ción social, pero esos mecanismos son además distintos, en algunos 1 1

aspectos esenciales, de los incluidos en relaciones de copresencia. • • •


interacdón / comunicación 1 � - - -) j poder /-E- - - -)[ sanción

Integraci6n social Integración sistémica


Figura 2

Reciprocidad entre actores en Reciprocidad entre actores o


Las dimensiones de la dualidad de estructura se representan en la
contextos de copresenda colectividades por un extenso
figura 2.36 Actores humanos no sólo son capaces de registrar sus acti­
espacio-tiempo
vidades y las de otros en la regularidad de una conducta cotidiana;

pueden también «registrar ese registro» en una conciencia discursiva.

«Esquemas de comprensión» son los modos de prefiguración integra­

Formas de institución dos en los reservorios de saber de los actores, que se aplican reflexi­

vamente para el mantenimiento de una comunicación. Los reservarlos

La división de reglas en modos de significar o constitución de sen­ de saber que los actores aprovechan en la producción y reproducción

tido y sanciones normativas, junto con el concepto de recursos -fun­ de una interacción son los mismos que les penniten producir relatos,
37
damental para la conceptualización del poder-, trae consigo varias ofrecer razones, etc. La comunicación de sentido, como todos los as-

implicaciones que es preciso enunciar.33 Lo que denomino las «mo­ . pectes de. la con textualidad de la acción, no se debe ver meramente

dalidades» de estructuración sirve para aclarar las dimensiones rec­ como algo que ocurre «en» un espacio-tiempo. Los agentes, por rutina,

toras de la dualidad de estructura en una interacción porque refiere a integran rasgos temporales y espaciales de encuentros en procesos

rasgos estructurales las aptitudes de entendimiento de los agentes. de constitución de sentido. El concepto de comunicación, en tanto

Los actores utilizan esas modalidades de estructuración en la repro­ elemento general de una interacción, es más extenso que el de inten­

ducción de sistemas de interacción, y en el mismo acto reconstituyen ción comunicativa (o sea, lo que un actor «quiere» decir o hacer). Una

las propiedades estructurales de estos. Conviene anotar que la comu­ vez más, hay que evitar aquí dos formas de reduccionismo. Algunos

nicación de sentido en una interacción sólo analíticamente es sepa­ filósofos han intentado deducir teorías globales del sentido o la co­

rable de la operación de sanciones normativas. Esto es evidente, por municación a partir de la intención comunicativa; otros, en cambio,

ejemplo, en que el mismo uso del lenguaje está sancionado por la na­ supusieron que una intención comunicativa es a lo sumo marginal
34
turaleza de su carácter «público». la determinación misma de actos respecto de la constitución de las cualidades significativas de una in­

o de aspectos de interacción -su definición precisa en tanto tiene su teracción, porque el «sentido» es gobernado por el ordenamiento es­

raíz hermenéutica en la aptitud de un observador para «ser con» en tructural de sistemas de signos. Ahora bien, en la teoría de la estructu-

64 65
ración se atribuye terés e
in importancia equivalentes a esas dos for- �
---lismo y sus insuficiencias en el análisis de la acción humana. Signos
mas, aspectos de una dualidad más que constitutivas de un dualismo
«existen» sólo com� el element� y el resultado .de procesos co_mu­
mutuam ente excluyente. nicativos en interacción. Concepciones estructuralistas del lenguaje, lo
La dea
i de «responsabilidad» en su acepción cotidiana expresa con
núsmo que similares debates sobre legitimación, se inclinan a concebir
j usteza a
l intersección de esquemas terpretativos y de normas.
in Se r
los signos como las propiedades dadas del habla y la escritura en lugar
«responsable» de las propias actividades es tanto explicar las razones
de examinar su arraigo recursivo en la comunicación de sentido.
d e ellas como ofrecer los argumentos normativos q ue las puedan «ju s­

tifi car». C omponentes normativos de in teracción se centran siempre


Estructura(s) Dominio teórico Orden institucional
en relaciones entre los derechos y las obligaciones ue
«q se esperan» de

q uienes participan en un espectro de contextos de in teracción. C ódi­ Significación Teoria de codificación Ordenes simbólicos/modos de discurso

gos formales de conducta, como los encerrados en la ley (al menos en


Teoría de autorización de recursos Instihlciones políticas
las sociedades contemporáneas), por lo común expresan un a suerte de
Dominación Teoría de asignación de recursos Instihlciones económicas
pretendida simetría entre erechos y obligaciones, donde los
d un os son

la justificación de los otros. ero en la práctica no necesariamente exis­


P
Legitimación Teoría de regulación normativa Instituciones jurídicas

te esa simetría, nómeno este que importa destacar porque


fe tan to el

«funcionalismo normativo» de P arsons como el marxismo


« estructu­

ralista» de A lthusser exageran el gr ado en que obligaciones norma­


Estructuras de significación tienen que ser aprehendidas en todos
38
ti vas son «interiorizadas» por los miembros de sociedades. Ninguna
los casos en conexión con dominación y legitimación. Una vez más,
de esas posiciones integra una teoría de la acción que vea en los se­
esto responde al influjo general del poder en la vida social. En este
res humanos agentes in teligentes que regi stran reflexivamente el flui r
punto es preciso sortear con cuidado ciertas posiciones. Así, impor­
de su recí proca interacción. C uando los sistemas sociales se conciben
tantes cuestiones se pusieron de relieve en la crítica de Habermas a
de preferencia desde el punto de vista del «objeto social», se termina 39
Gadamer y en los debates que siguieron. Entre otras cosas, Ha­
insistiendo en el influjo general de un orden legítimo coordinado nor­ bermas criticó la concepción de Gadamer de «tradiciones» saturadas
mativamente como un determinante g lobal o programador» de la
«
lingüísticamente por no haber demostrado que marcos de sentido se
conducta social. Esta perspectiva enmascara el hecho de que los ele­ consustanciaran con diferenciales de poder. Esta crítica es bien válida,
mentos normativos de sistemas sociales son demandas contingentes
pero el propio Habermas buscó desarrollar este punto en dirección a
que deben ser sustentadas y puestas en vigencia a través de la movili­ mostrar el alcance de formas de comunicación «sistemáticamente dis­
zación efectiva de sanciones en los contextos de encuentros reales. torsionadas». Pe ro sobre esa base no obtuvo una combinación satis­
Sanciones normativas expresan asimetrías estructurales de domina­
factoria del concepto de poder con una teoría institucional. «Domi­
ción, y las relaciones de los nominalmente sujetos a ellas pueden ser
nación» no es lo mismo que estructuras de significación «sistema-
algo muy diferente de meras expresiones de los compromisos que de
---- .tícamente distorsionadas» porque dominación -según la entiendo­
esas normas se esperan.
es la condición misma de existencia de códigos de slgnífícaclón.t?
Conviene destacar que centrarse en él análisis de las propiedades
«D ominación» y «poder» no se pueden p ensar sólo en los términos
estructurales de sistemas sociales es un procedimiento válido sólo si se
de asimetrías e
d istribución, sino que se debe entender
d ue son in­
q

advierte q ue somete a a epojé -pone en suspenso- una conducta


un
herentes a a asociación social
U:O (o, diría, a un a acción humana como
social registrada reflexivamente. Bajo el imperio de una epojé semejan­
tal). En consecuencia -y aquí debemos tomar en cuenta también las
te, podemos distinguir tres dimensiones estructurales de sistemas so­ implicaciones de los escritos de Foucault-, el poder no es un fenó­
ciales: significación, dominación y legitimación. Las connotaciones del
meno intrínsecam ente nocivo ni la mera capacidad de «decir q ue no»;
análisis de estas propiedades estructurales se indican en el cuadro que
tampoco un a dominación puede r
se «superada» en alguna sociedad
sigue. La teoría de la codificación aceptada en el estudio de las estruc­ conjetural del futuro, según fue la aspiración característica de al menos
turas de significación tiene q ue atender a los extraordinarios avances
ciertas corrientes de pensamiento socialista.
de la semiótica que se han introducido en décadas recientes. Al mismo
¿Cuáles son las connotaciones de la tesis de que lo semántico tiene
tiempo, t enemos que guardamos de asociar semióti ca con estructura-
prioridad sobre lo semiótico y no es a la inversa? Cabe enunciarlas, me

66 67
parece, por medio de una comparación de concepciones estructura�-: -]'� -de recurso. ,Recursos de asignación denotan aptitudes -o, más

listas y pos-estrucluialisfas del significado, por un lado, y las que se , J; �s amente, formas de aptitud trasformativa- que generan mando

pueden.ha� en el último Wittge"".tein, por el otro.4'. Fundar una tea- t , ··._:1,;;p:i;%5 objetos, bienes o fenómenos �aleriales. Recursos de autoridad

ria del sígnífícado en una «diferencia» en la que, siguiendo a Saussure ;


? ·.,.,::?!./',� ti'pos de aptitud trasformativa que generan mando sobre per-
1
al 'ti d d · · · ' '" deno an f d d · '6 (
no hay «v ores pos1 vos», con. uce, e manera casi inevitable, a un :;,.
_ --;:.,;l\ �· _ actores. Ciertas ormas e recursos e as1gnac1 n como ma-
0

punto de vista que acentúa lo semiótico. El campo de signos, las grillas ,t {: .:-so�as rin,as tierra ele.) pueden presentar la apariencia de una «exis-
d
ígnífí d · ,tenas P ' ' id
de si ica
o, son crea os por la naturaleza ordenada de diferencias · . . . : . real de un modo que según he sosteru o, no ocurre con pro-
ódi . <> --·tenc1a» ' bai ·
¡
q�e .º�an e . igos. La «retirada sobre el código» -desde donde es . ·,: ;:-._-',' iedades estrucluiales en general. Desde luego que ¡o "'.erto aspecto

diffcil o imposible volver a salir hacia el mundo de la actividad y el . ·r-J :·.P si en el sentido de que tienen una «presencia» espac10-temporal.

suceso-· es una táctica característica que adoptan autores estructura- ,fr "
\ �1-,,- :� a u «materialidad» no modifica el hecho de que esos fenómenos
5
1
listas y pos-estructuralístas. Pero esta retirada en modo alguno es ne- '\¡i J�o:.f�:-: ero a ser recursos, en la acepción que doy aquí a este término, sólo si
1
,¡ cesaria si c?m_p_rendemos el caráder _relacional de los códigos que ge- ':1 :r: ··:''.;::egran en proces'."' de estruc�ación. El carácter tr?sformacional

! �eran� significado que _es preciso situar en el ordenamiento de prác- }.J !�-:"·:·de los recursos es lógicamente eqwvale?te '.'1 de los códigos Y l_as s'.'11-

tícas sociales, en la capacidad misma de «ser con» en la multiplicidad � �·"-��, :·Ciones normativas, y presenta un nexo intrínseco con la actualización

de contextos de una actividad social. Es un descubrimiento que el pro- -:. fi"� -de estos.

pio Wittgenstein en efecto hizo, aunque sobre un telón filosófico muy .,t t·t.· ,: La clasificación de órdenes institucionales_ que ofrecimos en e_l cua­
1
diferente, cuando abandonó algunos de los principales parámetros de ·
t f ·'.'> �
. -,' dro nace de una oposición a lo que en ocasiones se ha denominado

s�s f�imeros escritos. Mientras que su primer análisis de lenguaje y � :(.- .'.:'. ·conceptos «sustantivistas)) de instituciones «eco1:ómic�s»., «políticas»

significado desemboca en una paradoja -una especie de treta de la J,. ,�- ..,,, · tras. podemos entender como sigue los nexos implícitos:
0

escalera de nudos, recogida después que se subió por ella-, su visión � : ;j¡,.._/
ú1ti�a.se atiene a las �ráctica� sociales de rutina. Hasta las relaciones L'� i;,�:;_.__''¡,"' Ordenes simbólicos / modos de discurso
S-D-L
semióticas más complicadas tienen su raíz en las propiedades semán- :' ���-;,( .. I ,
7 O (autorid.)-S-L Instituciones po!Hícas
licas que son generadas por las propiedades de actividades diarias " ¿;, ',;,. ' ,

gobernadas según reglas. $'": , O (asignac.)-5-L Instituciones económicas

En la terminología incluida en la labia de la página anterior los '. . y:r-.<'é - ,' L-D·S. Instituciones jurídicas

«signos» implícitos en la «significación» no se asimilan a «súnboÍos». �, ! J� ��}­ donde S • significación, O "' dominación, L • legilimadón

Muchos autores consideran equivalentes ambos términos, pero yo veo '11, :;


. -, (\
en los símbolos, interpolados en el interior de órdenes simbólicos, una ;. {¡''.i)ic

dimensión esencial de la «conglomeración» de instituciones.V Los �f; :¡.;--;';;.: Concepciones «sustantivistas» presuponen una �iferencia�ión ins-

símbolos coagulan los «excedentes de significado» implícitos en el titucional concreta de estos diversos órdenes. Es decir: se sostiene, por
7
carácter polivalente de los signos: conjugan aquellas intersecciones de ij �--·ejemplo, que «política» existe sólo en sociedades que tienen formas

códigos que son especialmente ricas en diversas fonnas de asociación '/i) , . deslindadas de aparato estatal, y así sucesivamente. Pero el trabajo de

de significado, y operan siguiendo los ejes de la metáfora y la metoni- � » ·- • · los antropólogos demuestra con suficiente contundencia que fenó-

mia. Ordenes simbólicos y modos de discurso asociados son un lugar ·


J \' menos «políticos» -referidos al ordenamiento de relaciones de auto-

institucional privilegiado para la ideología. Pero en la teoría de la es, ,¡.;


, .
· ridad- existen en todas las sociedades. Lo mismo se aplica a los de-

tructuración la ideología no es un «tipo» particular de orden simbólico :


_l;¡ : más órdenes institucionales. Debemos poner particular cuidado en la

ni de fonna de discurso. No se puede deslindar «discurso ideológico» li conceptualización de lo «económico», justamente tras haber aclarado

de ,<cie�cia»� por ejemplo. «Ideolo�a» .d.eno�a sólo aquell�� asimetrías ,¡ . que esto no presupone la existencia de una «economía» bien diferen-

de dominación que conectan una significación con la legitimación de .


í;i ciada. Ha existido una fuerte tendencia en una parle de la bibliograffa

intereses sectoriales.43 i1 económica a <creproyectar» sobre culturas tradicionales conceptos que

Podemos ver, por el caso de la ideología, que estructuras de signifi- J' sólo tienen sentido en el contexto de economías de mercado. Lo «eco-

cación son separables sólo analíticamente sea de ]a dominación, sea de '[i: nómico» no se define con justeza, al menos de una manera genérica,
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la legitimación. Una dominación nace de movilizar dos tipos díscer- }
j ,, como lo concerniente a luchas por recursos escasos. Esto equivaldría
, -s: ·:,;.

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a querer definir el poder por exclusiva referencia a luchas sectoriales -.::::!ll--�<;otidiana, cuyas rutinas se forman en función de la intersecd?n de los

El rasgo principal de lo «económico» no es la escasez de recursos corn� dí y de las estaciones que pasan (pero que retoman de continuo). La
al ún l l l h as d . fl . d
t , y menos a o son as uc as o divisiones sectoriales centradas en vida cotidiana tiene �a. urac1�n,. un uir; pe�o n� con . uc: en una

la dis�bución. Más bien.la �sfera de lo «económico» está dada por el d. ción; el propio adjetivo «cotidiana» y sus sinónimos indican que

rol mtrinsecamente constitutivo de los recursos de asignación en la es- {:mpo aquí sólo se constituye en la repetición. La vida del indi-

tructuración de totalidades societarias. Otras advertencias tenernos e id en cambio no sólo es finita sino que es irreversible, «ser para
v 1 uO, ' . .
que consignar aquí. Se sostiene que todas las sociedades están ase- la muerte». «Eso es muerte, monr y saberlo. Esa �s la Viuda Negra,

diadas por la posibilidad de una escasez material; hay un corto paso · ·· uerta» (Lowell). El tiempo, en este caso, es el tiempo del cuerpo, una

desde aquí hasta suponer que los conflictos en torno de recursos r ntera de presencia por entero diferente de la evaporación de un es-

escasos constituyen el motor fundamental del cambio social, corno se �do-tiempo intrínseca a la duración de la actividad cotidiana. Nues-

lo admite en algunas versiones al menos del materialismo histórico y h vida «pasa» en un tiempo irreversible con el paso de la vida del

en muchas temías no marxistas también. Pero esta hipótesis es lógica- o;anismo. El hecho de que hablemos del «ciclo de vida» implica que

n.1ente defectuos�, porque fºr lo corn� se basa en una forma espe- existen elementos de repetición también aquí, Pero el ciclo de vida es

ciosa de razonamiento funcional; y también empíricamente es faJsa.45 realmente un concepto que pertenece a la sucesión de generaciones y,

por lo tanto, a la tercera dimensión de la temporalidad que indicarnos

en el esquema de esta página. Esta es la duradón «supra-individual»


Tiempo, cuerpo, encuentros
de la existencia de largo plazo de instituciones, la larga duracián de un

tiempo institucional.
Para concluir esta exposición inicial apretada, volvamos sobre el
dumcíon de la experiencia cotidiana: «tiempo reversible»
terna del tien_,p� y la historia. En tanto finitud del Dasein y «la infini­

tud del surgtmíento del ser desde la nada», el tiempo acaso sea el

asp_ecto más e�gmático de la experiencia humana. No por nada (sic) lapso de vida del individuo: «tiempo Irreversible»
1
el f�ósofo. que mtentó aprehender por la raíz el problema, Heidegger,

se vio obligado a emplear una terminología de la más desalentadora

oscuridad. Pero el tiempo, o la constitución de la experiencia en el es­


larga duración de instituciones: «tiempo reversible»
1 I
pacio-tiempo, es además un aspecto trivial y evidente de la vida coti­ El tiempo rev�rsible de las instituciones es tanto la condición como
diana humana. En parte, la falta de «congruencia» entre nuestro des­ el resultado de las prácticas organizadas en la continuidad de una vida
preocupado desempeño en la continuidad de una conducta a través diaria, la principal forma sustantiva de la dualidad de estructura. Sin
de un espacio-tiempo, y su carácter inefable cuando se lo aborda filo­ embargo, como ya mencioné, no sería correcto decir que las rutinas de
sóficamente, es la esencia misma de la naturaleza desconcertante de]
una vida diaria son el «fundamento» sobre el que se edifican formas
tiempo. No propongo una tesis particular para elucidar este asunto, institucionales de organización societaria en un espacio-tiempo. Más
«el problema de San Agustín». Pero la cuestión fundamental de la teo­ bien unas entran en la constitución de las otras, así como unas y otras
ría social, según la veo -«el problema d�l orden» entendido de una
lo hacen en la constitución del propio-ser que actúa. Todos los sistemas
manera por completo ajena a la formulación de Parsons cuando acuñó sociales, no importa cuán grandes o extensos sean, tanto expresan las
1� frase-, es explicar que las limitaciones de una «presencia» indi­
rutinas de una vida social diaria cuanto se expresan en estas, con la
vidual puedan ser trascendidas en el «estiramiento» de relaciones so­ mediación de las propiedades físicas y sensoriales del cuerpo humano.
ciales por un tiempo y un espacio.
Estas consideraciones tienen una importancia muy considerable
La duracién de una vida cotidiana -no es demasiado fantasioso para las ideas formuladas en las partes que siguen de este libro. El
decirlo así- opera en algo afín a lo que Lévi-Strauss denomina «tiem­ cuerpo es el «lugar» del propio-ser activo, pero el propio-ser no es des­
po reversible». Sea o no reversible el tiempo «en sí» (sin considerar lo de luego una mera extensión de las características físicas del orga­
que esto p:,idiera ser), los s.uces?s y rutinas de la vida diaria no presen­ nismo que es su «portador». Teorizar sobre el propio-ser lleva a for­
tan un fluir en una sola dirección. Las expresiones «reproducción so­ mular una concepción de la motivación (al menos es lo que sostendré)
cial», «recursividad», y otras, indican el carácter repetitivo de una vida
y a relacionar la motivación con los nexos entre cualidades inconscien-

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