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UNIVERSIDAD CATOLICA SANTA MARIA

FACULTAD ECONOMICA ADMINISTRATIVA

Curso: ANALISIS
MICROECONOMICO II

MEZA CHAVERA JUAN PASTOR

MIRANDA DEL CARPIO KIHABET

Año 2015

Tema:

Bienes Públicos y Externalidades


1. Bienes Públicos

1.1 Introducción
Los bienes públicos representan una importante falla de
mercado, y su tratamiento ha suscitado importantes debates entre
los economistas especialistas en teoría del sector público desde
que Paul Samuelson escribiera el primer papel al respecto (The
Pure Theory of Public Expenditure, 1953).

Para que un bien sea considerado como un bien público puro


es necesario que tenga dos propiedades: debe ser no rival y no
excluyente. Estas dos características tienen como consecuencia
que el bien en cuestión no sea provisto de manera privada a través
de un mecanismo de mercado, razón por la cual usualmente es el
Estado el que termina encargándose de la provisión del mismo.
A continuación examinaremos en detalle estas dos
propiedades especiales de los bienes públicos – una de las cuales
tiene como corolario el problema del free-rider o polizón, al que
estudiaremos por separado. A su vez, también analizaremos las
críticas a la teoría de los bienes públicos puros desarrolladas a
partir del trabajo de Samuelson, y las diferentes categorías de
bienes públicos impuros que surgieron de dicha crítica.
Por último, haremos un breve comentario sobre un tipo
particular de bienes públicos, los bienes públicos globales, cuyo
estudio es relativamente reciente dentro del campo de la economía
del sector público, pero que sin embargo tienen una enorme
relevancia a la hora de analizar los problemas más graves que la
humanidad deberá enfrentar en las próximas décadas.
1.2 No rivalidad, no exclusión y el problema del polizón

Que un bien sea no rival implica que el consumo de una


persona no impide el consumo de esa misma cantidad por parte de
otra(s) persona(s). Dicho de otro modo, el coste marginal de
proveer el bien a una persona es nulo o cercano a nulo. Como
resultado, impedir o restringir el acceso al bien resulta
económicamente ineficiente, ya que el coste de proveer el bien es
el mismo sin importar la cantidad de consumidores. Un ejemplo
clásico de un bien no rival es la defensa nacional. El coste de
mantener un ejército es el mismo sin importar la cantidad de
personas que vivan en el territorio. Ahora bien, un bien como las
manzanas sí es rival, ya que si uno consume una manzana nadie
más puede consumir esa misma manzana, y proveer manzanas a
cantidades crecientes de personas tiene un costo asociado.
Por otro lado, un bien es considerado no excluyente si resulta
imposible (o muy costoso) impedir el acceso a los beneficios
derivados de su consumo. Esto quiere decir que no es
económicamente rentable evitar que alguien consuma el bien,
debido a que los costes asociados a la prohibición son demasiado
altos. Como ejemplo de la no exclusión podemos mencionar los
servicios que presta un faro a los barcos que pasan por un
estrecho: resulta prácticamente imposible discriminar entre barcos
para encender o apagar el faro, y además los costes de operar
dicho esquema de control son extremadamente altos. Si volvemos a
nuestro ejemplo de las manzanas, podemos ver claramente que es
muy sencillo excluir a alguien del consumo de las mismas.
De esta última característica – la no exclusión – se deriva el
llamado problema del free rider o polizón. Dado que no es posible
excluir a nadie del consumo del bien, tampoco resulta posible
cobrar una tasa de uso. Esto es así debido a que sin importar la
tarifa que se cobre por el bien, los consumidores tendrán incentivos
a no pagar por su consumo y consumir a costa de otros – es decir,
a comportarse como polizones. Como resultado, nadie o casi nadie
pagará por el consumo del bien. Esta es la principal razón por la
cual el sector privado no tiene incentivos de proveer el bien público
y en consecuencia, de no mediar intervención estatal, el bien es
provisto de manera subóptima o directamente no es provisto.
Los bienes públicos puros cumplen estas dos características,
y debido al problema del polizón son casi siempre provistos por
parte del Estado, que usualmente no cobra por el suministro del
bien, y financia los costos asociados a la provisión a través de
impuestos. Como estos impuestos usualmente generan
ineficiencias en la economía, las que a su vez llevan a una menor
producción de bienes privados, se suele argumentar que la
provisión de bienes públicos esta inversamente relacionada con la
provisión de bienes privados. Encontrar el nivel “adecuado” de
provisión de un bien público es entonces una tarea sumamente
importante, pero a la vez extremadamente difícil de realizar.

1.3 Bienes públicos impuros

La noción de bien público puro es desde luego una visión


idealizada de la realidad. En su trabajo de 1977 Equal access vs
selective access: a critique of public goods theory el economista
estadounidense Kenneth Goldin realizó un análisis exhaustivo de
los principales bienes administrados por el Estado, demostrando
como en la mayor parte de los casos la exclusión era posible
(aunque usualmente muy costosa) y el coste de proveer una
unidad adicional del bien distaba de ser cero. Actualmente se
considera que son pocos los bienes públicos que cumplen
estrictamente las condiciones de no rivalidad y no exclusión. La
defensa nacional es uno de los pocos ejemplos que suele
mencionarse como un bien público puro.
Sin embargo, sí es posible encontrar una gran variedad de
bienes que no cumplen totalmente las condiciones de no rivalidad o
no exclusión, o que cumplen una de las condiciones pero no la otra.
O inclusive es posible que un bien que no cumpla las dos
condiciones de bien público puro a nivel nacional lo haga cuando
uno se traslada a un nivel de análisis subnacional. Todas estas
situaciones corresponden a bienes públicos impuros, y muchas
veces la provisión estatal sigue siendo necesaria o deseable.
Los bienes que cumplen la condición de no exclusión pero no
la de no rivalidad se suelen denominar bienes de uso común, y
suelen ser particularmente problemáticos, ya que dado que no
puede cobrarse por su uso pero que sin embargo los costos
marginales son mayores a cero, suele haber un consumo excesivo
del bien. Los recursos pesqueros de un lago o las calles del centro
de una ciudad son ejemplos de este tipo de bien. Usualmente el
Estado suele regular las actividades en torno a estos bienes, para
tratar de evitar el consumo excesivo.
Por otro lado, existen bienes que cumplen únicamente la
condición de no rivalidad, pero cuyo consumo puede impedirse.
Estos bienes son usualmente denominados bienes club o bienes
artificialmente escasos. El desarrollo de la teoría concerniente a
este tipo de bienes suele ser atribuida al economista
norteamericano y premio Nobel de economía James Buchanan,
quien escribió el paper de 1965 An economic theory of clubs. En él,
Buchanan demuestra que una gran variedad de bienes que dentro
de un rango presentan costos marginales nulos pueden ser
provistos eficientemente a través de un acuerdo de las partes
involucradas en el consumo del mismo, que pagarán una
membresía para poder acceder al bien, con el fin de limitar el
número de consumidores a un nivel en el que los costos marginales
sean iguales o similares a 0. Las instalaciones de un club privado
son el ejemplo más corriente de dichos bienes. Otro ejemplo
podrían ser los lugares comunes de un edificio (pasillos, hall de
entrada, etc.). Es común encontrar bienes que en un cierto intervalo
presenten costos marginales nulos, pero que sin embargo sean
objeto de un mecanismo de exclusión vía precio. Esto se hace con
la finalidad de evitar consumos no necesarios y mantenerse en la
zona de costos marginales nulos, ya que la imposición de un precio
confronta al consumidor con el costo de su decisión de consumir.
Por último, hay varios bienes que pueden no ser públicos en
un territorio amplio, como una nación, pero que bien pueden cumplir
las características de no rivalidad y no exclusión a nivel local. Estos
bienes se denominan bienes públicos locales, y por su naturaleza
suelen ser provistos eficientemente por una autoridad
supranacional. El alumbrado público constituye un ejemplo muy
claro de este tipo de bienes. Un poste de luz que ilumine la esquina
de Córdoba y Junín excluye a todas las personas que no pasen por
la zona de sus beneficios, pero sin embargo cualquier persona que
pase por la zona no puede ser excluida de los mismos. Por otra
parte, también es posible que un bien cumpla las características de
un bien público en ciertas localidades, pero no en otras. Los
servicios de los bomberos son un ejemplo de esto. Mientras que su
consumo es excluible en localidades rurales de muy baja densidad
poblacional (a través de tarifas de cobertura), resulta imposible o
extremadamente costoso realizar una exclusión en ciudades
densamente pobladas, debido a la naturaleza expansiva del fuego
(los bomberos deberían apagar un incendio de una persona no
asegurada por temor a que el fuego se expanda a las casas de las
personas aseguradas).
1.4 Bienes públicos globales
En años recientes ha habido un creciente interés en el estudio
de un tipo particular de bienes públicos: los bienes públicos
globales. El término fue acuñado por la economista alemana Inge
Kaul, y desarrollado ampliamente en el libro Global Public Goods:
international cooperation in the 21st century, publicado en 1999. En
dicho trabajo se los define como bienes que, además de tener las
dos características clásicas de los bienes públicos – no exclusión y
no rivalidad -, se encuentran disponibles en mayor o menor medida
de manera global. El ejemplo más evidente de este tipo de bienes
es la solución a problemas como el calentamiento global, o la
conflictividad militar. Los beneficios de solucionar estos problemas
se reparten de manera igual para todos los habitantes del planeta, y
no es posible excluir a nadie de los mismos.
El desafío adicional que presentan los bienes públicos
globales es que frente a ellos no solo los individuos tienen
incentivos a comportarse como polizones, sino también los estados
nacionales. Esto se debe a que a nivel global ningún Estado tiene el
mismo poder coercitivo que un Estado individual posee dentro de
sus fronteras. A raíz de esto, ninguna administración nacional
puede ni proveer los bienes públicos globales, ni recaudar los
impuestos globales necesarios para financiarlos. Por lo tanto, los
estados nacionales terminan replicando a nivel global el
comportamiento que los individuos tienen a nivel nacional.
Esto permite explicar por qué los problemas más graves del
siglo XXI son también los más difíciles de resolver. En un mundo
crecientemente globalizado, la cantidad de bienes públicos globales
solo puede aumentar, con lo cual encontrar soluciones a los
problemas vinculados a dichos bienes es de capital importancia
para el futuro de la humanidad.
2.Externalidades

2.1 Introducción
En la sección anterior hemos hablado extensamente sobre
como el Estado usualmente se encarga de proveer los bienes
públicos. Sin embargo, el estado provee también un montón de
otros bienes, que si son rivales y excluyentes, como por ejemplo la
Salud o la Educación. Existen varias razones por las cuales esto es
así, pero uno de los motivos frecuentemente esgrimidos es que en
la provisión de Salud o Educación se genera beneficios sociales
que no son tenidos en cuenta por el productor privado. A su vez
existen varias situaciones en las que se produce el fenómeno
inverso: el productor de una fábrica de aceite industrial que vierte
sus residuos al río no tiene en cuenta a la hora de definir el nivel de
producción los perjuicios sociales que genera.
Estos son distintos ejemplos de externalidades económicas.
Una externalidad ocurre cuando por el resultado de una acción de
uno o más individuos se produce un costo o un beneficio que afecta
a terceros que no participaron de dicha acción. Cuando el accionar
produce un costo en terceros, se dice que se ha producido una
externalidad negativa, mientras que cuando se produce un beneficio
para terceros, el resultado es una externalidad positiva.
En las siguientes secciones estudiaremos ambos tipos de
externalidades, analizando que consecuencias tienen y de que
maneras se las puede solucionar, tanto privada como públicamente.

2.2 Externalidades positivas y negativas


Siempre que una persona o empresa realice una acción que
afecte a terceros, los cuales no pagan ni son pagados por dicha
acción, estamos en presencia de una externalidad. Las
externalidades son un fallo de mercado muy importante, y es usual
que ante la presencia de una externalidad muy grande el mercado
se vea severamente afectado en su asignación de recursos, ya que
la producción de bienes será excesiva (en el caso de las
externalidades negativas) o insuficiente (en el caso de las positivas)
respecto al equilibrio eficiente.
El principal motivo de esta ineficiencia radica en la diferencia
entre costes individuales y costes sociales, lo que se puede
observar en las Figuras 1.a y 1.b. Frente a una externalidad
negativa, tal como el caso de la fábrica de aceite que vierte
sus deshechos al río, el coste individual del productor es menor al
coste social. En términos concretos, a la hora de producir, el
fabricante únicamente ve los costes directos de materia prima y
mano de obra. Pero hay un tercer coste (la contaminación del río)
que el productor no ve, ya que recae sobre los habitantes de las
orillas del río. Por lo tanto, el conjunto de la sociedad Productor-
Habitantes del río tiene los costes asociados tanto a la
contaminación como a la materia prima y la mano de obra, mientras
que el coste individual del productor solo incluye a los últimos dos
factores.
Por otro lado, en las externalidades positivas el beneficio
individual es menor que el beneficio social (o bien que el coste
individual es mayor que el coste social). Un ejemplo clásico de este
tipo de externalidades es el caso del apicultor y el productor de
manzanas. Las abejas necesitan del polen de las flores de los
manzaneros. Por lo tanto, el productor de manzanas está
beneficiando al apicultor sin quererlo. Por otra parte, el
productor de manzanas necesita abejas para que polinicen sus
flores. Aquí también el apicultor está beneficiando al productor de
manzanas sin quererlo. En ambos casos, los beneficios individuales
que recibe el productor por su actividad son menores a los
beneficios sociales que su actividad genera dentro de la sociedad
apicultor-productor de manzanas.
Si tomamos esta diferencia entre costes sociales y costes
privados como definición fundamental de externalidad, podemos ver
claramente que los bienes públicos constituyen en realidad un caso
extremo de externalidad: el coste privado del consumo de un bien
público es nulo, por lo cual todo el costo de dichos bienes es de
carácter social.

Figuras 1.a (izquierda) y 1.b (derecha)


Cuando el costo privado marginal supera al costo social marginal,
estamos en presencia de una externalidad positiva; cuando el costo
privado marginal es menor que el costo social marginal, nos
encontramos ante una externalidad negativa.

2.3 Soluciones privadas: internalización y el teorema de Coase


Existen algunas circunstancias en las cuales el accionar de
los mercados privados puede resolver externalidades, sin recurrir a
la mediación del Estado. En esta oportunidad estudiaremos dos de
estas posibilidades: la internalización de las externalidades y el
teorema de Coase.
Es posible que una externalidad pueda solucionarse por
medio de la formación de unidades productivas lo suficientemente
grandes como para incorporar el coste (o beneficio) de la
externalidad dentro de las mismas. De este modo la externalidad es
internalizada, y el productor de la nueva unidad productiva
expandida podrá encontrar el nivel óptimo de producción teniendo
en cuenta los nuevos costes internalizados. Para ilustrar mejor este
mecanismo, supongamos el caso de una empresa productora
de cueros que vierte sus solventes en un lago. En dicho lago opera
una pesquera, cuya producción se ve afectada por el nivel de
contaminación existente en el lago. Si ambas empresas operan por
separado, se genera una externalidad, ya que la fábrica de cueros
no tiene en cuenta el coste que cada unidad adicional de cuero
impone sobre la pesquera. Sin embargo, si la fábrica y la pesquera
decidieran fusionarse, la nueva empresa fusionada podrá definir el
nivel de cueros (y contaminación) necesario para maximizar
conjuntamente las producciones de cuero y pescados. La
externalidad ha sido internalizada.
La otra posibilidad de solucionar una externalidad de manera
privada que analizaremos fue desarrollada por el economista
estadounidense y premio Nobel de economía Ronald Coase, en su
paper de 1960 The problem of social cost. En este trabajo se
expone el posteriormente llamado “Teorema de Coase”, que
sostiene que una externalidad siempre podrá ser resuelta entre
privados si no existen costos de transacción entre las partes y los
derechos de propiedad sobre los activos que se vean afectados por
la externalidad sean debidamente asignados. Esta solución será
alcanzada sin importar a quien sean asignados los derechos, ya
que los agentes intercambiarán esos derechos del modo más
eficiente.
Veámoslo a través de un ejemplo: supongamos el caso de
una planta de energía a carbón que contamina el aire de un pueblo
cercano. Si un juez determina cuál de las dos partes involucradas
(la planta de carbón o el pueblo) tiene los derechos de propiedad
sobre el aire, ambas partes podrán alcanzar un equilibrio eficiente.
Observemos como este equilibrio es alcanzado sin importar a quien
sea asignado el derecho de propiedad del aire. Asumiremos que
existe un nivel intermedio de polución que es eficiente, en el que se
maximiza el bienestar conjunto de la planta eléctrica, los
consumidores de energía y los habitantes del pueblo. Si los
derechos de propiedad son asignados al pueblo, la planta eléctrica
puede pagar a los habitantes del pueblo una suma tal que sea
mayor o igual al daño ocasionado por la contaminación, y así
producir en el nivel eficiente. Del mismo modo, frente a un fallo
favorable para la empresa, los habitantes del pueblo pueden
pagarle a la misma para que reduzca sus emisiones hasta el nivel
económicamente eficiente.
La gran crítica que recibe este teorema, incluso esbozada por
el propio Coase, es que los costes de transacción entre privados
rara vez son nulos, por lo cual en muchas circunstancias resulta
imposible llegar a una solución privada del tipo anteriormente
descripta.

2.4 Soluciones públicas: impuestos pigouvianos y regulación


Existen muchas situaciones en las cuales los agentes
privados no pueden alcanzar un resultado eficiente en presencia de
externalidades. Varios son los motivos por los cuales ocurre esto.
Primeramente, se puede argumentar que varias externalidades
implican la provisión de un bien público (como el aire o el agua), por
lo que varios de los problemas para la provisión de bienes públicos
mencionados anteriormente también se aplican para la resolución
de externalidades. Además, los problemas de información
asimétrica y de costes de transacción elevados llevan a que existan
agentes privados que puedan usar las ventajas informativas o
económico-jurídicas que poseen para maximizar su beneficio
individual, dejando sin resolver las externalidades.
En consecuencia, por estos y otros motivos, la intervención
estatal puede resultar necesaria para lograr un resultado eficiente.
Muchos son los métodos que el Estado tiene para intentar resolver
una externalidad; en esta oportunidad analizaremos uno de estos
métodos, el impuesto pigouviano (nombrado así en honor al
economista británico Arthur Pigou), además de realizar algunos
comentarios complementarios sobre la regulación directa de los
mercados con externalidades.
La solución más sencilla que el Estado puede implementar
para solucionar una externalidad es introducir un impuesto
pigouviano. Dado que el principal problema que lleva a la existencia
de externalidades es la diferencia existente entre el costo individual
del productor de la externalidad y el costo social, si el estado
cobra al productor un
impuesto igual a esa diferencia entre costos, estará alineando los
intereses individuales y sociales. El productor y los consumidores
verán entonces el verdadero costo de sus acciones, y la
externalidad quedará internalizada vía impuestos.
Existen sin embargo algunos problemas respecto a esta
solución. Usualmente no resulta tan fácil medir el valor de la
externalidad, ni la diferencia entre los costes individuales y sociales.
Pero incluso en los casos en los que estos valores pueden
estimarse con un buen grado de aproximación, persiste la dificultad
de que la administración de un sistema de impuestos conlleva un
costo, y muchas veces el tamaño de la externalidad generada no
justifica la incursión en dicho costo administrativo.
El otro aspecto que abarcaremos en este curso es el de la
regulación de un mercado afectado por externalidades. La cuestión
de la regulación de mercados ya fue tratado en clases anteriores,
pero en el caso de las externalidades existe un aspecto particular
que mencionaremos brevemente: la dicotomía entre la regulación
por resultados y la regulación por factores.
Frente a una externalidad, la autoridad estatal puede elegir
regular directamente el mercado. Sin embargo debe elegir si
regulará el resultado final (la generación de la externalidad) o los
medios para llegar a este resultado. Si tomamos el ejemplo de una
planta generadora de energía eléctrica, la regulación por resultados
implicaría imponer a la planta un límite de emisión de
contaminantes, mientras que la regulación por factores sería
equivalente a hacer obligatoria la introducción de un filtro en las
chimeneas, a modo de disminuir las emisiones.
Si bien la diferencia parece sutil, las implicaciones económicas
son de gran magnitud. La imposición de una regulación por
resultados lleva a que la empresa busque el modo más eficiente de
reducir sus emisiones, lo cual incentiva la innovación tecnológica.
La regulación por factores, por otro lado, pone el foco en el lugar
equivocado. Esto se debe a que, dado que la empresa deberá
colocar el filtro de una u otra manera, ésta buscará minimizar el
costo del mismo, por lo cual la innovación de la empresa apuntará
hacia ese objetivo. Sin embargo, la regulación por factores tiene la
ventaja de que es más fácil de observar que la regulación por
resultados, por lo cual usualmente conlleva menores costos para el
Estado.

2.5 Un comentario final sobre las externalidades y el nivel óptimo


de contaminación
El problema de las externalidades (particularmente las
externalidades negativas) genera pasiones encontradas. Durante
toda esta segunda parte estuvimos analizando distintos ejemplos de
métodos por medio de los cuales podían resolverse las
externalidades. Planteamos por qué la contaminación de un lago,
un río o el aire podían ser un problema desde el punto de vista
económico y ensayamos soluciones que llevaran a un equilibrio
eficiente. Es importante destacar que ese equilibrio eficiente implica
necesariamente algún tipo de contaminación. El objetivo de la
resolución de externalidades es encontrar el punto en el cual una
unidad adicional de contaminación genera una desutilidad social
igual al coste social de evitar la producción de esa unidad adicional
de contaminación. En ese punto el mercado estará funcionando
eficientemente, y habremos llegado al nivel óptimo de
contaminación.
Si bien resulta tentador argumentar que la contaminación
debe eliminarse totalmente, es importante observar las
consecuencias generales de dicha afirmación: los costes de llegar
a un nivel nulo de contaminación serán usualmente muy grandes
y es
muy probable que la sociedad no esté dispuesta a incurrir en ellos,
puesto que implicaría desatender otras necesidades humanas.
Bibliografía

 Baumol, W. (1972), “On the Taxation and the Control of


Externalities”,
American Economic Review, 62, pp. 307-322
 Buchanan, J. (1965), “An Economic Theory of Clubs”,
Economica, 32, pp. 1- 14.
 Coase, R. (1960), “The Problem of Social Cost”, Journal of
Law and Economics, 3, pp. 1-44
 Goldin, K. (1977), “Equal Access vs Selective Access: a
Critique of Public Goods Theory” en Cowen, T. (Ed.) (1992),
Public Goods & Market Failures, A Critical Examination,
George Mason University Press, New Brunswick, 2nd Ed.
 Kaul, I., Gruberg, I. y Stern, M. (eds.) (1999), Global Public
Goods: International Cooperation in the 21st Century, Oxford
University Press, New York
 Samuelson, P. (1954), “The Pure Theory of Public
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350-356
 Stiglitz, J. (2000), La Economía del Sector Público, Antoni
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 Tiebout, C. (1956), “A Pure Theory of Local Expenditure”,
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 Varian, H. (2010), Intermediate Economics: a Modern
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