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Comentario previo

En el Centro Cultural El Monte de Cajasol, Sevilla, se celebró el 30 de enero de 2008 el acto público de
entrega del premio del concurso de ideas Memorial Merinales, con la participación de un centenar de
personas y presidido por Cecilio Gordillo, Coordinador Grupo de Trabajo “Recuperando la Memoria de
la Historia Social de Andalucía” de CGT.A y Ángel Díaz del Río, Decano del Colegio de Arquitectos de
Sevilla, así como la intervención de varios miembros del jurado, Mari Villa Cuadrado Jiménez, Marcelo
Martín, y Gonzalo Acosta. Del trabajo realizado como integrante del jurado surge el presente texto
reelaborado como artículo en exclusiva para la AIP

La memoria está llena de olvidos


Apuntes para una interpretación del patrimonio en el memorial Los Merinales

Marcelo Martín
Arquitecto, consultor en Interpretación del Patrimonio

1. patrimonio, memoria y sus lugares

La mayoría de las personas asociamos el patrimonio cultural (histórico y natural) con


objetos o elementos tangibles: ciudades, castillos, bosques, humedales, y muchos otros.
Venimos sin duda de una cultura del objeto y a muchos aún nos cuesta incluir
manifestaciones como la danza, las romerías, voces populares, gastronomía o artesanía
en el amplio concepto de patrimonio.

También asociamos el patrimonio con temas y categorías de estudio generalmente


“positivas”, es decir con triunfos, adelantos, evolución, mejoras, así como la tradición,
la identidad, nuestros valores heredados; digamos que el patrimonio es siempre un
elemento de orgullo colectivo, un espejo donde mostrarnos a los demás y nuestra carta
de presentación ante otras culturas. Por regla general las manifestaciones abyectas de
una sociedad son relegadas a un plano de incertidumbre que no deseamos equiparar con
nuestras virtudes y menos cuando han sido motivo de diferencias entre individuos de
una misma nación o territorio.

Pero también es muy común ver sitios o edificios relacionados con tribunales de la
inquisición, cárceles, cuarteles militares, alojamientos de marginados o inmigrantes,
campos de batallas, campos de concentración, etcétera, devueltos a esa visión positiva
del patrimonio a través de rehabilitaciones históricas y/o cambios de funciones que
reintegran dichos edificios en una actualizada vida cultural, inclusive careciendo u
olvidando, a veces, la función y el simbolismo que aquellos lugares o equipamientos
tuvieron en su época de pleno uso.

Deseamos decir entonces que el patrimonio constituye un documento excepcional de


nuestra memoria histórica y, por ende, clave en la capacidad de construcción de
nuestra cultura, en la medida que nos posibilita verificar acumuladamente las actitudes,
comportamientos y valores implícitos o adjudicados de la producción cultural a través
del tiempo. Junto a estos testimonios de nuestra espiritualidad, recibimos otra serie de
documentos procedentes del campo teórico, filosófico, literario, etc. que complementan
tal perspectiva de análisis y comprensión.
Además, el patrimonio cultural es, esencialmente, una obra colectiva, producida por el
conjunto de la sociedad.

La memoria histórica es un concepto medianamente reciente1, perteneciente al campo


de la historiografía y que pretende definir el esfuerzo consciente de los grupos humanos
por enlazarse con su pasado, sea éste real o construido, adjudicándole valores y
demostrando una actitud de respeto.

La memoria histórica se encuentra en constante movimiento: evoluciona, se transforma


con el tiempo, y se ve afectada por los acontecimientos políticos que la rodean.
No podemos encontrar una memoria estática ni insensible, sino que cada pasado
concreto tiene diversas memorias colectivas y sociales. Esta movilidad está en relación
con la dimensión histórica, que está ligada a la difusión de los discursos sociales sobre
la historia, por lo que no permanece inmutable, sino que evoluciona teniendo en cuenta
los avances historiográficos2.

El siguiente paso sería hablar de lugares de la memoria, este término tiene en sus
orígenes el trabajo de recopilación realizada por Pierre Nora, Les Lieux de Mémoire, en
tres tomos para hacer un inventario de los lugares y objetos en los que se encarna la
memoria nacional de los franceses en torno al bicentenario de la Revolución Francesa.

Los lugares de memoria no son necesariamente lugares geográficos. Pueden ser de


carácter muy diverso: objetos, personajes, monumentos, edificios, paisajes, medios
comunicativos (como lel arte, la literatura, el cine), tópicos, lugares comunes, refranes,
creencias populares, etc. Se trata de todos los fenómenos culturales (sean materiales o
inmateriales) que se relacionan de forma reflexiva o irreflexiva con el pasado o con la
identidad nacional.

Un lugar de memoria es un núcleo significativo (tanto material como inmaterial, y de


larga duración a través de las generaciones) para la memoria y la identidad colectivas.
Este núcleo se caracteriza por una fuerte carga de simbolismo o de emoción. Está
arraigado en las convenciones y costumbres sociales, culturales, y políticas. Se modifica
en la medida que cambian las maneras de su recepción, apropiación, uso y tradición. En
síntesis, los lugares de memoria son equilibrantes de la memoria colectiva.

En Francia, Italia, Alemania o Chile y Argentina hay lugares de la memoria en los que
se conserva el pasado, se le comunica a las nuevas generaciones y se reflexiona sobre su
actualidad.

Lugares de la memoria con este sentido histórico, pedagógico y de investigación no


existen apenas en España. Sobran monumentos a los vencedores y faltan lugares que
nos ayuden a comprender y mejorar el presente. Nuestros lugares de la memoria son de
momento no-lugares, es decir, espacios sin señales externas que sólo subsisten en la
memoria oculta de los allegados. Se impone, por tanto, la creación de una cultura de la
memoria, más allá de toda intención partidista, nacionalista o electoralista….3

En “Localizar a los muertos y reconocer al Otro: Lugares de memoria en la cultura


española contemporánea”, Ulrich Winter4 distingue entre los lieux de mémoire de Pierre
Nora, monumentos, elementos del paisaje urbano que se nombran para recordar hechos
y personajes históricos (calles, plazas, parques, escuelas...), lugares y sitios protagónicos
típicos de culturas con marcada homogeneidad histórica, capaces de recibir unos usos
conmemorativos por la cultura oficial, y lo que él denomina los lugares de memoria
españoles. Sobre éstos alude la capacidad de responder a varias memorias, las de las dos
Españas, que a su vez se entrelazan con las diversidades culturales territoriales y
nacionales. Remata Isabel Cuñado en la reseña del libro5 que contiene este artículo:
“esta pluralidad debería estructurar los lugares de memoria en España como sitios de
reconocimiento entre memorias conflictivas, frente a otros monolíticos representantes
de una ‘identidad española colectiva’. Además, mientras que los lieux de mémoire de
Nora se basan en la ruptura entre presente y pasado o entre historia y memoria, los
lugares de memoria en España pertenecen al mismo tiempo a la memoria viva y a la
memoria mítica, permitiendo la continuidad entre pasado y presente”.

En esta misma línea nos habla el artículo “Los lugares de la memoria: materialidad y
‘justicia radical’ en las postdictaduras del Cono Sur y de España”6 sosteniendo que los
lugares de la memoria, tal como los entiende Nora no pueden dar cuenta de los dilemas
y dificultades teóricas que presenta la escena de postdictadura en España, Uruguay o
Argentina, entre otras cosas porque, como advierte Hugo Achugar, “el monumento, en
tanto hecho monumentalizado, constituye la celebración del poder, de poder tener el
poder de monumentalizar” y lo que la memoria de las dictaduras trata de combatir es
justamente el poder omnímodo y terrorista del Estado, el poder de monumentalizar un
pasado traumático.

En definitiva, los lugares de la memoria, tal y como los entiende Pierre Nora, no
pueden ser un lugar para levantar las banderas de los fusilados o desaparecidos, porque
transforman, como en una operación de quiromancia, la memoria de los hombres en
memoria de las cosas, fetichizan, como diría Marx, la materialidad de la memoria. De la
misma manera, la teoría de los lugares de la memoria transforma la memoria de los
hombres y mujeres, en memoria abstracta de las cosas, en valor de cambio. Así lo
explica Remo Bianchedi7: los monumentos recuerdan a otros monumentos, cuando su
función es hacer ver y no hacerse ver. El cuerpo físico del monumento reemplaza al
cuerpo/los cuerpos que se procura recordar. El monumento es la mejor manera que una
sociedad adopta para, precisamente, hacer desaparecer el sentido de aquello que se
evoca. En las plazas, en las ciudades, los monumentos se comunican con otros
monumentos de otras ciudades, de otras plazas. (Le memoria es un lugar).

2. Rupturas

La dureza de unas condiciones de vida extremas aconsejaba no recordar para seguir


viviendo; mientras el régimen proponía borrar de las conciencias todo vestigio de una
consciencia social transformadora8.

El proyecto de materializar un lugar de la memoria, en este caso vinculado al campo de


trabajo esclavo de Los Merinales, asentamiento de uno de tantos batallones de
prisioneros sometidos a la redención de la pena por el trabajo, trabajo consistente en
construir el Canal de Riego del Bajo Guadalquivir, más conocido como el Canal de los
Presos, entre 1940 y 1962, implica la definición simbólica, material y funcional de un
sitio que “albergará imágenes y palabras, que será el escenario de un relato animado por
libros, objetos, documentos, recuerdos vivos…”9.
No cabe duda, entonces, que se trata de un trabajo que podemos encuadrar dentro de la
gestión del patrimonio, lo cual implica investigar, conservar y difundir en una dinámica
equilibrada entre esas tres actividades en la que ninguna puede superar a las demás.

Para esta tarea, inmensa en su reflexión, tangible y adecuada en su materialización, hay


que superar algunos problemas: la ruptura de la memoria y la ruptura de una línea de
investigación historiográfica. La guerra civil no acabó en 1939. Treinta años de
posguerra es mucho tiempo de silencios conscientes o autoimpuestos. En ese tiempo se
borran recuerdos, se esconden sentimientos y desaparecen testimonios.
La ruptura de la memoria individual por negación, por miedo o por carecer de un
espacio de manifestación es un factor de alto riesgo para la construcción de la memoria
histórica. Por otro lado la ruptura de la investigación histórica, sustento científico de esa
memoria también se interrumpe gravemente y, como dice el profesor Bernal10, aún
cuando afamados hispanistas produjeron una ingente cantidad de material “donde los
silencios y las lagunas sobre cuestiones cruciales no pueden menos que ser llamativos”.

Se ignoró deliberadamente, se pasó por alto por comodidad, se obvió el trabajo de


encontrar los dispersos o falsamente desaparecidos archivos y documentos. Poco a poco
la memoria colectiva fue desvaneciéndose para afincarse tan solo en el ámbito íntimo y
familiar, de donde sería más incierta su búsqueda y recuperación.

Estas rupturas incluyen, también, la pérdida de vinculación con los sitios donde se
produjeron hechos y circunstancias terribles que iban mucho más allá de la privación de
libertad sino que los presos generaron una plusvalía económica con su trabajo esclavo.
Los lugares se diluyen hasta casi desaparecer físicamente, hasta dejar de formar parte
del paisaje en el que fueron motor de trabajo y desarrollo para otros que prefirieron
ignorarlo.

No quiero ser catastrofista pero es necesario tomar consciencia, también, de la


dimensión del silencio a la hora de emprender una gestión de un patrimonio duro, difícil
de reconocer, de unos hechos y testimonios que necesariamente deben aflorar para
volver a su sitio, reparar, compensar y sobre todo recordar para evitar su reproducción.

3. Comunicar, informar, interpretar, educar

Desde hace más de una década viene sucediéndose en España el fenómeno de la


implantación, decidida y sistemática, de la disciplina Interpretación del Patrimonio (IP).

No se trata de la interpretación que el historiador realiza de los documentos, vestigios o


testimonios del pasado que encuentra en su tarea investigadora sino de revelar al
público, de una manera didáctica y persuasiva, los valores de un sitio en concreto, y
cuyo fin último es la conservación, independientemente de la forma patrimonial de la
que se trate. Pero, por encima de todo, la interpretación es un recurso de gestión, en
tanto provee de herramientas metodológicas para planificar los contenidos, uso y
objetivos de conocimiento de los visitantes en un entorno natural o cultural.

Sostengo que la IP es algo más que información, tratamos con significados, interrelacio-
nes, implicaciones e interrogantes sobre los objetos de divulgación (o rasgos
interpretativos) e intentamos relacionarlos con aquello que se encuentra en la
personalidad y la experiencia de las personas a las que va dirigida. La interpretación es
provocación; debe despertar la curiosidad, resaltando lo que en apariencia es
insignificante gracias al uso de todos los sentidos para construir conceptos y conseguir
reacciones en las personas11.

El lector puede encontrar muchas más definiciones y ampliación del concepto de esta
disciplina en artículos y publicaciones diversas, no podemos abundar más dado el límite
del tema que nos convoca.

Cuando se planteó el concurso de proyectos para un memorial Los Merinales, se


subtituló centro de interpretación de la memoria sobre el trabajo esclavo en el
franquismo. Es decir, un equipamiento que respondiera a una doble vertiente de
recuperar memoria y de comprensión de significados de unos hechos, testimonios y
vestigios materiales.

Desde mi particular punto de vista y luego de haber diseñado muchos centros de


interpretación que, en muchos casos, preferiría denominar centros de visitantes, ya que
el término interpretación es ambiguo para los no técnicos (intérprete de idiomas,
interpretación teatral o musical, etc), el valor de recuperar la memoria, de brindar un
lugar para reflexionar, para favorecer un reconocimiento al sufrimiento, de servir a la
investigación y preservación de documentos y testimonios excede el marco de lo que en
el mundo de la difusión del patrimonio denominamos un centro de interpretación. Lo
cual no excluye sus funciones básicas.

Un centro de visitantes es un equipamiento de uso público que ha sido diseñado en


función de varios factores. En primer término y como condición imprescindible, como
una necesidad producto de una planificación del uso público y en respuesta a un plan de
servicios interpretativos, y no como un producto determinado por una voluntad a priori.

De esta primera premisa se derivan las demás: para resolver problemas de impacto de
visitantes (control de público, puede superar la demanda y es mejor diversificar la
oferta); para ofrecer un servicio y una atención a los visitantes, tanto en la recepción de
los mismos a un sitio o espacio natural como a su partida; para brindar interpretación
básica de los valores y rasgos del espacio que, por su amplitud y complejidad no pueden
ser alcanzados de manera global en una visita o a lo largo de un recorrido. Por tanto en
este punto citamos a Jorge Morales12, se tiene como objetivos:

• Estimular la visita y el recorrido del sitio


• Ofrecer una síntesis comprensible de sus valores
• Información complementaria que de profundidad y amplitud a la visita
• un complemento interesante de la interpretación in situ,
• una contribución a presentar los rasgos que vienen marcados por la alta
temporalidad del sitio y que dejan de ser visibles en determinadas épocas del
año.

Aunque en sentido amplio, un centro de visitantes va dirigido al público general,


entendido éste como aquel visitante o grupo de visitantes que acuden al equipamiento
sin verse sometidos a ningún programa ni obligación, se entiende que es necesario hacer
una segmentación del público para facilitarle el disfrute de las oportunidades y la
comprensión de los valores que les ofrece el espacio natural protegido o el sitio en
concreto.
Me faltan valores y categorías para alcanzar a definir el memorial Los Merinales dentro
de estas premisas. Y quizá sea ésta la causa por la que los proyectos presentados han
adolecido en una buena parte de propuestas de contenido, museográficas,
comunicativas, informativas y de interpretación de los hechos y vestigios del Campo de
Los Merinales.

La IP es una disciplina excelente para comunicar el patrimonio de Los Merinales, las


premisas de un centro de visitantes son apropiadas para recibir y establecer un vínculo
emocional e intelectual con los visitantes, pero no es suficiente, y no por defecto de una
disciplina sino por la carencia de referentes tipológicos y metodológicos de presentación
de un patrimonio tan peculiar y sensible.

La verdad es que no discuto ni importa que lo denominemos centro de interpretación, no


intento generar una estéril polémica semántica sobre la materialidad de una escena
necesaria para recordar. Mi intención es aportar una reflexión para “dar cabida a las
incontables revelaciones que día tras día surgen de las tinieblas…”13, a los testimonios y
recuerdos de los vivos o de sus herederos, a documentos, fotografías, objetos, libros,
filmes y demás soportes materiales para la investigación y el esclarecimiento, a la
emoción, al espacio para enterarse primero y comprender luego, al sitio para reconocer
el padecimiento y valorar un trabajo útil robado e ignorado y, finalmente, para educar a
quienes no supieron o no fueron testigos de esta barbarie.

4. Apuntes inacabados para un programa interpretativo

Uno de los padres de la disciplina, el estadounidense Freeman Tilden sintetizó en 1957


en seis principios mucho de los amplios contenidos de la IP. En el segundo de ellos
aseveró que la información, tal cual, no es interpretación, la interpretación es revelación
basada en información, aunque son cosas completamente diferentes. Sin embargo toda
interpretación incluye información. Por tanto en un principio el primer objetivo por
superar es el condicionamiento y escasa accesibilidad a la información, primero de los
investigadores y luego, y como secuencia lógica, del público visitante. Por poner un
ejemplo, hasta no hace tanto se ignoraba que el núcleo fundacional de pueblos cercanos
al campo de Los Merinales como Torre Blanca o Bellavista fueron los familiares de los
presos. Informar es una premisa fundamental para que el visitante pueda asimilar luego
la interpretación, es decir, comprender significados y relaciones de un hecho tan
complejo.

El tratamiento sensible e inteligente de factores interrelacionados: el silencio y la


invisibilidad. En IP el primer principio dice que “cualquier interpretación que de alguna
forma no relacione lo que se muestra o describe con algo que se halle en la personalidad
o en la experiencia del visitante será estéril”. No es sencillo relacionar los hechos de Los
Merinales con la experiencia de la mayoría de los visitantes, en tanto no existen otros
memoriales o experiencias similares en España. Es un reto generar estas experiencias.

Este lugar de la memoria no es el de una guerra sino el testimonio de un campo de


trabajo que duró más de veinte años acabada una guerra civil. La Interpretación no debe
ignorar múltiples puntos de vista ni sesgar los hechos hacia conclusiones
preestablecidas. Pero no conocemos la perspectiva de nuestra audiencia sobre estos
temas, se ignora mucho sobre qué sabe y qué piensa el visitante; incluso puede suceder
que se vaya sin que lo hayamos descubierto. Muchos autores sostienen que una buena
interpretación representa múltiples e igualmente válidos puntos de vista sobre cualquier
situación. No puedo rebatirlo pero sí cuestionarme sobre la dignidad y la importancia
que tiene una presentación ideológica de un tema. No creo en una interpretación neutra,
sí en una presentación equilibrada y respetuosa.

El espacio para la memoria también como lugar de resistencia a la comodidad del


olvido. A las preguntas ¿por qué remover un pasado superado? o ¿qué sentido tiene
volver a mirar atrás? responder que sólo estamos comenzando a mirar de otra forma, a
mirar algo desconocido. El objetivo principal de la interpretación no es la instrucción
sino la provocación, provocación en el sentido de encontrar respuestas que uno mismo
elabora tras la experiencia de la visita.

Brindar un espacio educativo para la construcción de una cultura de la memoria. No se


trata sólo de informar, interpretar y recordar para no revivir sino para construir una
andamiaje moral e ideológico contra esa barbarie que persiste en el mundo. Recordemos
que la primera definición de Interpretación fue “una actividad educativa que pretende
revelar significados e interrelaciones mediante el uso de objetos originales, experiencias
de primera mano y medios ilustrativos, en lugar de simplemente transmitir la
información de los hechos”.

Encontrar nuevos caminos para interpretar y presentar una historia que no es la del
Holocausto, ni la de las dictaduras latinoamericanas y sus desaparecidos. Sobre un
sustento de investigación y difusión del conocimiento deben sentarse los principios de
nuestra especificidad en la memoria.

Así como planteamos la construcción de una cultura de la memoria, también es


necesario establecer principios para una sensibilización hacia el concepto de pena y
castigo que las sociedades desarrollan para con sus trasgresores, los límites de la
trasgresión y la dignidad del condenado. No es inhabitual encontrarnos con personas
cercanas a nuestro entorno laboral o familiar que expresen sin pudor conceptos de
relación entre trabajo forzado y castigo que deberíamos haber superado ya. En su quinto
principio Tilden dice que la interpretación debe intentar presentar un todo en lugar de
una parte, y debe estar dirigida al ser humano en su conjunto, no a un aspecto concreto.

Para finalizar decir que la gente asiste a una experiencia interpretativa con todos sus
prejuicios, creencias y perspectivas políticas personales. Tener en cuenta sus distintas
opiniones y puntos de vista asegura que ellos juzgarán la experiencia con su propio
bagaje y esperan aprender algo. No debemos subestimar ni sobreestimar a la audiencia y
será, sin duda, una experiencia enriquecedora poder evaluar los resultados de su visita a
un patrimonio singular, cuya vinculación con la sociedad representa un reto profesional
poco transitado en nuestro país.

a. El primer objetivo por superar es el condicionamiento y escasa accesibilidad a la


información, primero de los investigadores y luego, y como secuencia lógica,
del público visitante. Por poner un ejemplo, hasta no hace tanto se ignoraba que
el núcleo fundacional de pueblos cercanos al campo de Los Merinales como
Torre Blanca o Bellavista fueron los familiares de los presos. Informar es una
premisa fundamental para que el visitante pueda asimilar luego la interpretación,
es decir, comprender significados y relaciones de un hecho tan complejo.
b. El tratamiento sensible e inteligente de tres factores interrelacionados: el
silencio, el miedo y la invisibilidad. En IP el primer principio14 dice que
“cualquier interpretación que de alguna forma no relacione lo que se muestra o
describe con algo que se halle en la personalidad o en la experiencia del visitante
será estéril”. No es sencillo relacionar los hechos de Los Merinales con la
experiencia de la mayoría de los visitantes, en tanto no existen otros memoriales
o experiencias similares en España. Es un reto generar estas experiencias.
c. La teoría de los dos demonios y el problema de la neutralidad expositiva. Este
lugar de la memoria no es el de una guerra sino el testimonio de un campo de
trabajo que duró más de veinte años acabada una guerra civil. La Interpretación
no debe ignorar múltiples puntos de vista ni sesgar los hechos hacia
conclusiones preestablecidas. Pero no conocemos la perspectiva de nuestra
audiencia sobre estos temas, se ignora mucho sobre qué sabe y qué piensa el
visitante; incluso puede suceder que se vaya sin que lo hayamos descubierto.
Dice Merriman15 que una buena interpretación representa múltiples e igualmente
válidos puntos de vista sobre cualquier situación. No puedo rebatirlo pero sí
cuestionarme sobre la dignidad y la importancia que tiene una presentación
ideológica de un tema. No creo en una interpretación neutra, sí en una
presentación equilibrada y respetuosa.
d. El concepto de pasar página. El espacio para la memoria también como lugar de
resistencia a la comodidad del olvido. La recuperación de la democracia no
significó una recuperación de la memoria ni la aplicación decidida de una
reparación, superar este escollo frente al pasar página oficializada es otro reto de
importante valor. Al ¿por qué remover un pasado superado? o ¿qué sentido tiene
volver a mirar atrás? responder que sólo estamos comenzando a mirar de otra
forma, a mirar algo desconocido.
e. Brindar un espacio educativo para la construcción de una cultura de la memoria.
No se trata de informar, interpretar y recordar para no revivir sino para construir
una andamiaje moral e ideológico contra esa barbarie que persiste en el mundo e
intenta perpetuarse a través de cíclicas batallas e innumerables formas.
f. Encontrar nuevos caminos para una historia que no es la del Holocausto, ni la de
las dictaduras latinoamericanas y sus desaparecidos. Sobre un sustento de
investigación y difusión del conocimiento deben sentarse los principios de
nuestra especificidad en la memoria.
g. La redención de las penas por el trabajo. Así como planteamos la construcción
de una cultura de la memoria, también es necesario establecer principios para
una sensibilización hacia el concepto de pena y castigo que las sociedades
desarrollan para con sus trasgresores, los límites de la trasgresión y la dignidad
del condenado. No es inhabitual encontrarnos con personas cercanas a nuestro
entorno laboral o familiar que expresen sin pudor conceptos de relación entre
trabajo forzado y castigo que deberíamos haber superado ya.
h. El conocimiento de los hechos hasta límites aún no superados. Cito nuevamente
a Acosta y Gordillo en la introducción del libro El Canal de los presos (1940-
1962) “… además de la privación de la libertad, los presos esclavos crearon una
plusvalía económica –como así ha sido reconocido por el gobierno alemán- unas
de carácter público, pero otras también privado pese a que todavía se mire para
otro lado cuando esta cuestión se plantea a empresas y entidades directamente
beneficiarias del trabajo esclavo.”.
Y finalizo con una última cita, “los espacios de permanencia inevitablemente dejan
huellas. El tiempo se encarga o bien de diseminar la materia de los acontecimientos o
bien de ejercer la constancia perdurable de los mismos. Así, el tiempo no actúa solo, por
propia predisposición, a su antojo. El tiempo se hace de historia. Las prácticas
evidenciarán, en definitiva, los modos de construcción consciente que tiene la sociedad
de acuerdo a su transcurrir. Todo debería indicar que "la memoria del trauma, la
memoria del horror, es memoria en duelo, es decir, memoria cubierta de muerte pero
también o precisamente por eso es memoria que exige justicia"16. Es de justicia también,
la construcción del memorial Los Merinales…
Notas

1. Este concepto puede atribuirse a Pierre Nora, historiador francés, conocido por sus
trabajos sobre la identidad francesa y la memoria, el oficio del historiador así como su
papel en la edición en ciencias sociales.

2. Ver, Topografía de la Memoria. Memoriales históricos de los campos de


concentración nacionalsocialistas 1933-1945. La cultura de la memoria.
http://www.memoriales.net

3. MATE, Reyes. “Lugares de la Memoria”, El País, Opinión, 12 de abril de 2004.

4. RESINA, Juan Ramón, WINTER, Ulrich, Eds. Casa encantada: Lugares de


memoria en la España constitucional (1978-2004), Frankfurt am Main/Madrid:
Vervuert Iberoamericana, 2005.

5. Reseña del libro Casa encantada: Lugares de memoria en la España


constitucional (1978-2004). http://www.dissidences.org/ReviewCasaEncantada.html

6. “Los lugares de la memoria: materialidad y ‘justicia radical’ en las postdictaduras del


Cono Sur y de España”, http://www.memoriando.com/noticias/101-200/114A.html

7. El prestigioso pintor Remo Bianchedi investigó en sus imágenes neo-expresionistas


creadas durante la dictadura militar en la Argentina cuestiones relacionadas con la
identidad y el olvido. Nació en Buenos Aires, Argentina en 1950. En 1976 ganó la Beca
Albrech del D.A.A.D. Entre 1977 y 1981 fue estudiante invitado en la Escuela Superior
de Artes de Kassel de Diseño Gráfico y Comunicación Visual. Fue discípulo de Joseph
Beuys.

9. ACOSTA, Gonzalo, GORDILLO, Cecilio. “Presentación”. En El Canal de los


Presos (1940-1962), Ed. Crítica, Colección Contrastes, Barcelona, 2004.

10. BERNAL, Antonio Miguel, “Prólogo” en El Canal de los Presos (1940-1962), Ed.
Crítica, Colección Contrastes, Barcelona, 2004.

11. GUERRA ROSADO, Francisco, SALAS ROJAS, Juan Manuel, MARTÍN, Marcelo,
“La Interpretación del Patrimonio en la relación del Patrimonio y la Sociedad” en La
gestión creativa del Patrimonio Cultural en el medio rural. Apuntes y
casos desde el contexto local andaluz, Asociación para el Desarrollo Rural de
Andalucía (ARA), Sevilla, 2008.

12. MORALES MIRANDA, Jorge. Guía Práctica para la Interpretación del


Patrimonio, E.P.G. Junta de Andalucía. Consejería de Cultura. 1998.

13. MANGUEL, Alberto, citado ib. idem nota 9


14. TILDEN, Freeman. La interpretación de nuestro patrimonio, capítulo 1,
Asociación para la Interpretación del Patrimonio, Sevilla 2006.

15. MERRIMAN, Tim, BROCHU, Lisa, Interpretación Personal, InterpPress, NAI,


USA, 2006. http://interpnet.com/store/acatalog/index.html

16. http://www.memoriando.com/noticias/701-800/726A.html