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Un cuento sobre la deslocalización debido a la globalización económica.


Tomado de http://kabiros.blogspot.com/2010/12/un-cuento-sobre-la-deslocalizacion.html

Había una vez dos países lejanos. En uno, al que llamaremos A, reinaba la democracia producto de muchos años de trabajo.
Había algo de pobreza pero el Estado tenía instituciones que intentaban paliarla. Las personas tenían su trabajo y por él
obtenían unos frutos con los que podían vivir sin excesiva penosidad. Algunos se dedicaban a poner en solfa todo el sistema
sin aportar ninguna novedad ni nada a cambio y, el sistema se lo permitía. Les llamaremos “agoreros”.
En el otro país, al que llamaremos B, no reinaba la democracia. Había pobreza y el estado se inmiscuía en todos y cada uno
de los acontecimientos de las personas. No había trabajo. El poco trabajo que había estaba en manos de Estado. Este había
dispuesto que cada trabajador tenia derecho a un tipo de jornada y a una cantidad de dinero concreto como retribución.
Vivian penosamente aunque no así sus dirigentes. Nadie se atrevía a poner en solfa el sistema porque era rápidamente
decapitado.
En el país A se había pasado en siglos y años anteriores por diversas vicisitudes. Se pasó del campo a la industria en un
proceso complejo y difícil que fue solucionado entre todos los componentes y mejoró las condiciones de vida de la mayoría
de las personas. Se pasó de la industria a la era de la información con cambios que produjeron convulsiones que también
fueron asumidas por las personas y mejoraron su nivel de vida y su libertad. Seguía habiendo "agoreros" que maldecían los
cambios y las dificultades que ellos entrañaban, nunca hablaban de los beneficios que suponían y no aportaban una
solución a los problemas. Además, nunca jamás decían nada del país B. El sistema del país A se lo permitía a pesar de todo.
En el país B no se pasó del campo a la industria y de esta a la era de la información. Se estaba en todos a la vez y en
ninguno. El estado intervenía en tantas funciones diarias y personales que no dejaba fluir los cambios. No había libertad y
nadie decía nada. El país obligaba a tener un número concreto de hijos, a vivir en una casa de una superficie concreta, a
comer una ración diaria concreta, a tener unos bienes concretos a estudiar algo concreto en un lugar concreto… no había
libertad y, lo mas increíble es que había hambre. Proporcionalmente muchísima mas hambre que en el país A. El trabajo era
muy duro y exigente, nadie era feliz y todos miraban al país A como su referencia, pero no podían imitarlo, sencillamente no
les dejaban. Los que auguraban cambios eran sencillamente decapitados.

Hubo un momento en el país A que los trabajadores empezaron a demandar productos más baratos y de mejor calidad así
como sueldos más altos para mejorar su nivel de vida. La señora Z exigía un incremento de su sueldo en la empresa de
camisería para señora donde trabajaba y, cuando iba a la tienda a comprarse una camisa de las que ella hacía, exigía cada
vez mejor calidad y precio mas barato. De esta forma mejoraba su nivel económico.
El Sr. F, dueño de la empresa donde trabajaba la señora Z había empeñado en su negocio todo su trabajo y todo su
patrimonio. Quería hacer prendas de buena calidad y a bajo precio y obtener unos beneficios satisfactorios pero le era
imposible. Las tensiones tanto de las muchas señoras Z como trabajadoras como de las muchas señoras Z como clientas
eran muy importantes. Se dio cuenta que podría perder su negocio, el esfuerzo de tantos y tantos años. De otros países
donde no existían niveles de vida como en el país A venían cada vez más prendas que compraba la señora Z porque eran
más baratas y de mejor calidad que las que él fabricaba. El no vendía lo suficiente para pagar el sueldo de la señora Z y
obtener su propio beneficio, al fin y al cabo su sueldo y sus emolumentos por su inversión.
Un día el Sr. F decidió hacer un viaje e ir a visitar el país B. Se dio cuenta de la situación de los trabajadores del país y de su
necesidad de vivir mejor. Se dio cuenta que en el país A se habían pasado por unas crisis y por unos intermedios para llegar
a la actual situación de mejora económica que el país B no lo había hecho. Pero se dio cuenta de la autentica necesidad que
tenían los trabajadores del país B. Pensó que si ponía su fábrica en el país B podría mejorar las condiciones económicas del
trabajador del país, del propio país y de las suyas propias además de poder satisfacer a la Sr. Z como clienta aunque la Sra. Z
la tuviese que perder como empleada.

Optó por cambiar su empresa, mediante un esfuerzo sin igual al país B. Los trabajadores del país B estaban encantados.
Trabajaban mas que nunca, en las mismas condiciones precarias que antes, pero obtenían unos frutos de su trabajo que les
permitían poder entender lo que es libertad en el sentido económico. Tal fue la presión que hicieron estos trabajadores
sobre su propio gobierno que empezaron a ceder. Muchos trabajadores querían estar en la empresa del Sr. F para poder
disfrutar de los emolumentos económicos. Algunos agoreros del país A decían que estos eran muy pequeños en razón de
los que pagaba el Sr. F en el país A, y esto era verdad, pero en comparación con los que cobraban antes de trabajar para la
empresa del Sr. F eran infinitamente mayores. Los trabajadores del país B que trabajaban para la empresa del Sr. F estaban
encantados y ello parecía molestar infinitamente a los agoreros del país A que no entendían como era posible que nadie les
hiciese caso a sus reivindicaciones a favor de la mejora de las condiciones de trabajo de los trabajadores del país B en la
empresa del Sr. F. Nada decían de las condiciones de trabajo de los trabajadores del país B en las empresas del Estado.

Mientras tanto la Sra. Z estaba preocupada. Los agoreros se le acercaban para incitarla a la protesta. La Sra. Z que era una
persona razonable y justa se dio cuenta que el sistema estaba cambiando. Que al igual que cuando su bisabuelo pasó del
campo a la fábrica y su padre de la fábrica a la oficina, el mundo estaba cambiando. Ella no podía seguir en la situación en la
que estaba. Quería conservar su nivel de emolumentos y por ello se dedicó a prepararse para cambiar de oficio, cosa que
había ocurrido en el país A desde hacía siglos. Los cambios habían sido traumáticos al principio pero habían servido para
mejorar las situaciones actuales y, a eso se le llamaba desarrollo. Mientras tanto, los agoreros seguían ladrando sobre los
problemas de lo que había ocurrido. La deslocalización de la empresa del Sr. F era producto de la globalización. Nadie lo
podía detener. El Sr. F había viajado por muchos países y se había dado cuenta que las nuevas tecnologías: internet,
televisión, las antenas parabólicas, la radio… habían logrado que la aldea que algunos agoreros querían conservar se había
convertido en una aldea global, un mundo donde las mejoras fuesen de unos países a otros, mejorando condiciones de vida,
donde la estabilidad creaba rigidez y el cambio incrementase el nivel de vida.
Los agoreros, a los que llegó a conocer profundamente la Sra. Z eran los mismos que en el siglo XIX, en el país A, habían
intentado dejar a su bisabuelo en el campo y querían impedirle mudarse a un barrio de la nueva ciudad para trabajar en la
fábrica. Gracias a que su bisabuelo no les hizo caso, había conseguido mejorar las condiciones de su familia. Su hijo, el
abuelo de la Sra. Z, no había podido estudiar, había comenzado en la fábrica a trabajar y había terminado de jefe de sección
primero y jefe de planta después. Esta mejora le había proporcionado la posibilidad de dar una carrera de ingeniería a su
hijo, el padre de la Sra. Z y que logró entrar en la fábrica del Sr. F como director de producción, lo que hizo que la Sra. Z
pudiese entrar a trabajar como Directora Financiera de la fábrica una vez esta terminó sus estudios. Por cierto, sus primos,
que no se quisieron venir del campo a la ciudad, seguían destripando terrones y eran el ejemplo que le ponían los agoreros.
Ella pensaba que para el agorero era más fácil manejar a sus primos que a ella. No tenían formación, no tenían cultura y su
manipulación resultaba sencilla. Ella había conseguido su propia libertad y no necesitaba que nadie pensara por ella.

De otros países empezaron a llegar al país A más y más trabajadores. Esto hizo que las condiciones del país A se alterasen.
Su nivel de desarrollo mejoró enormemente y benefició a los que habían venido de fuera y a sus propios países porque
enviaban dinero que mejoraba sus condiciones económicas. Los agoreros se refugiaron en los que ellos llamaban “cultura”
pero todo el mundo sabía que eran unos sencillos manipuladores de la verdad. Casi nadie les hacía caso en el país A. En el
país B se reían de ellos. Crearon asociaciones y se atrajeron a todos los desclasados que pudieron. Pero nadie les hacía caso
porque todo el mundo sabía que no daban nada a cambio, tan solo hipocresía.
La Sra. Z logró un nuevo trabajo desde su propio domicilio. Se dio cuenta que el desarrollo produce libertad económica y
que esta ayuda a la libertad individual completa. Logró compaginar su vida laboral y su vida personal y ayudó al Sr. F a
enfrentarse a las nuevas crisis que le suponía para la empresa la aldea global. Le enorgullecía comprobar como en la
empresa en la que ella fue directora financiera hoy en día trabajaban miles de personas de casi veinte países distintos.
Todos ellos con la ilusión de mejorar su actual nivel de vida, el de su familia y el de sus países. Se dio cuenta que la libertad
es egoísta, empieza por uno mismo, y se transmite por ósmosis a los demás.

PREGUNTAS:

Intentar identificar los personajes de la lectura con ejemplos reales.

PAIS A: Estados Unidos

PAIS B: China

SEÑORA Z: BlackBerry

SEÑOR F: Nike

AGOREROS: Amish

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