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La oración: ¿A quién orar?

HOY día, muchas personas creen que no importa a quién le dirija uno su
oración, pues todas llegan a Dios. Los partidarios de los movimientos
interconfesionales y quienes defienden que todas las religiones son
buenas suelen apoyar esta idea. Pero ¿es eso cierto?

A decir verdad, la Palabra de Dios muestra que muchas oraciones no se


dirigen a quien es debido. Tiempo atrás, cuando se escribió la Biblia, era
habitual dirigir plegarias a los ídolos. Sin embargo, Dios advirtió en
repetidas ocasiones a su pueblo que no lo hiciera. En Salmo 115:4-6 se
dice que los ídolos “oídos tienen, pero no pueden oír”. Es imposible ser
más claro: ¿qué sentido tiene orar a un dios que no puede oírnos?

Para enfatizar esta idea, analicemos el impactante relato bíblico en que


el fiel profeta Elías propuso una prueba a los sacerdotes de Baal: Elías
oraría a su Dios y ellos orarían a Baal, y aquel que respondiera
demostraría ser el Dios verdadero. Los profetas de Baal aceptaron el reto
y empezaron sus ruegos. Durante horas clamaron intensamente, pero
“no hubo quien respondiera, y no se prestó ninguna atención” (1 Reyes
18:29). ¿Le pasó lo mismo a Elías?

Al contrario: tan pronto como terminó de orar, Dios envió fuego del cielo
para consumir la ofrenda del profeta. ¿Cuál fue la diferencia?
La respuesta se halla en la propia oración de Elías, registrada
en 1 Reyes 18:36, 37. En esta breve oración —de unas treinta palabras
en el hebreo original— llamó tres veces a Dios por su nombre: Jehová.

¿Qué tenía esto de especial? Tomemos en cuenta que Baal (literalmente


“dueño”, o “amo”) era el nombre del dios de los cananeos y que este
tenía muchas variantes locales. Sin embargo, el nombre de Jehová es
singular, pues se aplica a un único Ser en todo el universo. Él mismo dijo:
“Yo soy Jehová. Ese es mi nombre; y a ningún otro daré yo mi propia
gloria” (Isaías 42:8).

Pues bien, ¿sería lógico esperar que la oración que hizo Elías y las que
hicieron los profetas de Baal llegaran al mismo dios? Imposible. El culto a
Baal incluía sacrificios humanos y ritos de prostitución idolátrica, que
denigraban y pervertían a las personas. En cambio, la adoración a
Jehová era digna y no obligaba al pueblo a realizar ningún tipo de
práctica degradante. Es obvio que las oraciones a Jehová no podían
llegar a Baal. Sería como mandar una carta a un  amigo muy respetado y
que le llegara a alguien con otro nombre y de muy mala reputación.

Como bien demostró Elías, no todas las oraciones llegan a Dios


Quienes oran a Jehová están orando al Creador, el Padre de todos los
seres humanos.* “Tú, oh Jehová, eres nuestro Padre”, dijo el profeta
 

Isaías en una oración (Isaías 63:16). A él se refería Jesús cuando dijo a
sus seguidores: “Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y
Dios de ustedes” (Juan 20:17). De modo que si Jehová es el Padre de
Jesús, también es el Dios a quien Jesús oró y a quien tenían que orar
sus discípulos (Mateo 6:9).

Pero ¿manda la Biblia orar a Jesús, a María, a los santos o a los


ángeles? No, solo se debe orar a Jehová. Veamos dos razones. Primero,
porque la oración es una forma de adoración y, según las Escrituras,
debemos adorar solamente a Jehová (Éxodo 20:5). Segundo, porque él
es el “Oidor de la oración” (Salmo 65:2). En efecto, aunque ha delegado
muchas de sus responsabilidades, hay una que no ha cedido a nadie:
escuchar nuestras oraciones.

Así pues, para que Jehová oiga nuestras oraciones, hay que dirigírselas
a él. La Biblia dice: “Todo el que invoque el nombre de Jehová será
salvo” (Hechos 2:21). ¿Significa eso que él escucha absolutamente todas
las oraciones, con tal de que estén dirigidas a él? ¿O hace falta algo
más?

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