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Créditos
Moderadora de Traducción
3lik@
Traductoras PS

3lik@ Maria97Lour
AlyssaV Mary Rhysand
Candy27 Rimed
Krispipe Rose_Poison1324
Liliana Vale
Mais Wan_TT18
Manati5b YoshiB

Traductoras Freelance
Feyrod Raenys
Recopilación y Revisión
Mais & Mew
Diseño
Mew Rincone
Índice
Sinopsis Capítulo 17
Prólogo Capítulo 18

Capítulo 1 Capítulo 19
Capítulo 2 Capítulo 20
Capítulo 3 Capítulo 21
Capítulo 4 Capítulo 22
Capítulo 5 Capítulo 23
Capítulo 6 Capítulo 24
Capítulo 7 Capítulo 25
Capítulo 8 Capítulo 26
Capítulo 9 Capítulo 27
Capítulo 10 Capítulo 28
Capítulo 11 Capítulo 29
Capítulo 12 Capítulo 30
Capítulo 13 Glosario
Capítulo 14 Próximamente
Capítulo 15 Sobre la autora
Capítulo 16
Sinopsis
C
allypso Lillis es una sirena con un gran problema, uno que se
extiende por su brazo y se adentra en su pasado. Durante los
últimos siete años ha estado recolectando un brazalete de perlas
negras en su muñeca, pagarés mágicos por los favores que ha
recibido. Solo la muerte o el pago cumplirán las obligaciones. Solo entonces
desaparecerán las perlas.

Todo el mundo sabe que si necesitas un favor, vas donde el Negociador


para que ocurra. Es un hombre que puede conseguirte lo que quieras... a un
precio. Y todos saben que, tarde o temprano, siempre cobra.

Pero para uno de sus clientes, nunca ha pedido el pago. No hasta ahora.
Cuando Callie encuentra al rey fae de la noche en su habitación, por la sonrisa
en sus labios y el brillo en sus ojos, sabe que las cosas están a punto de cambiar.
Al principio es solo un beso casto… el valor de una sola perla, y la promesa de
más.

Para el Negociador, es más que una cuestión de reavivar un viejo romance.


Algo está sucediendo en el Otro Mundo. Los guerreros Fae están desapareciendo
uno por uno. Solo las mujeres son devueltas, cada una en un ataúd de cristal,
niños aferrados a sus pechos. Y luego están los susurros entre los esclavos,
susurros de un mal que ha sido despertado.

Si el Negociador tiene alguna esperanza de salvar a su gente, necesitará la


ayuda de la sirena que rechazó hace mucho tiempo. Solo que su enemigo tiene
gusto por las criaturas exóticas, y Callie es simplemente una de ellas.

Rhapsodic (The Bargainer #1)


Prólogo
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Mayo, ocho años atrás


H
ay sangre en mis manos, sangre entre mis dedos, sangre
moteada en mi pelo. Mi pecho está salpicado con ella y para
mi horror, puedo probar unas gotitas en mis labios.

Hay demasiada manchando los pulidos suelos de la cocina. Nadie


puede sobrevivir a tanta pérdida de sangre, ni siquiera el monstruo a mis
pies.

Todo mi cuerpo se estremece, la adrenalina sigue bombeando por


mis venas. Dejo caer la botella rota, el vidrio se rompe cuando golpea el
suelo y trozos se clavan en mis rodillas.

Mis vaqueros están empapados de sangre.

Miro fijamente a mi atormentador. Sus ojos vidriosos han perdido su


foco, y su piel, su color. Si fuera una persona más valiente colocaría mi
oído en su pecho para asegurarme de que su corazón frío y ennegrecido
tiene el pulso calmado. No puedo soportar tocarlo, ni siquiera ahora.
Incluso si ya no puede hacerme daño.
Se ha ido. Por fin se ha ido.
Un sollozo tembloroso se abre camino. Por primera vez en lo que
parece una eternidad puedo respirar. Lloro de nuevo. Dios, se siente bien.
Esta vez siguen lágrimas.

No debo sentir alivio. Eso lo sé. Sé que la gente debe llorar la pérdida
de la vida. Pero yo no puedo. No por él, de todos modos. Tal vez eso me
haga mala. Todo lo que sé es que esta noche enfrenté el miedo y sobreviví.

Está muerto. Ya no puede lastimarme. Está muerto.

Hacen falta sólo unos pocos segundos más para que la realización de
ello me golpee.
Oh Dios. Está muerto.
Mis manos comienzan a temblar. Hay un cuerpo y sangre, mucha
sangre. Estoy empapada en ella. Motea mi tarea y una gruesa gota
oscurece la cara de Lincoln en mi libro de texto de historia.

Un duro escalofrío recorre mi cuerpo.


Miro a mis manos, sintiéndome como Lady Macbeth. ¡Fuera maldita
mancha! Me precipito hacia el fregadero de la cocina dejando un rastro de
huellas sangrientas en mi estela. Oh, Dios, tengo que limpiarme la sangre
ahora.
Enjuago mis manos furiosamente. Mis cutículas están manchadas e
incrustada debajo de mis uñas. No puedo quitarla, pero no importa porque
noto que el líquido rojo cubre mis brazos. Así que los friego. Pero entonces
está en mi camisa, y puedo verla coagulada en mi pelo.

Gimo cuando lo hago. No importa. No está saliendo.

Mierda.

Me inclino sobre la encimera de granito y evalúo la mezcla rosada de


sangre y agua que la mancha, el suelo y el lavabo.
Esto no se puede ocultar.

A regañadientes mis ojos se deslizan hacia el cuerpo. Una parte


ilógica de mí espera que mi padrastro se siente de nuevo y me ataque.
Cuando no lo hace, vuelvo a pensar.

¿Qué... hago ahora? ¿Llamar a la policía? El sistema de justicia


protege a los niños. Voy a estar bien, solo me llamarán para el
interrogatorio.

¿Pero me protegerán? No es como si hubiera matado a cualquiera;


solo he matado a uno de los más ricos, el mayor de los intocables hombres
con vida. No importa que fuera en autodefensa. Incluso en la muerte,
hombres como él escapan con lo impensable todo el tiempo.

Tendría que hablar de ello... de todo.

Las náuseas me atraviesan.

Pero no tengo elección, tengo que entregarme... a menos que...


El monstruo sangrando en nuestra cocina conocía a un hombre que
conocía a otro hombre. Alguien que podría arreglar hasta una situación
complicada. Solo tenía que vender un pedazo de mi alma para hablar con
él.

Sin policías, sin preguntas, sin acogimiento o cárcel.

¿Sabes qué? Puede tener lo que queda de mi alma. Todo lo que


quiero es salir de esta.
Voy al cajón de los trastos pero tengo problemas para abrirlo por mis
temblorosas manos. Una vez que lo hago, es un trabajo corto. Encuentro
la tarjeta de visita y leo sobre la peculiar información de contacto. Hay una
sola frase escrita en ella, todo lo que tengo que hacer es decirlo en voz
alta.

El temor me recorre entera. Si hago esto, no hay marcha atrás.


Mi mirada se extiende sobre la cocina. Ya es demasiado tarde para volver.
Aprieto la tarjeta en mi mano. Tomando una respiración profunda,
hago lo que la tarjeta de visita indica.

—Negociador, me gustaría hacer un trato.


Capítulo 1
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Presente
U
na carpeta de ficheros cae sobre el escritorio frente a mí.

—Tienes correo, perra.

Bajo mi taza de café humeante de mi boca y mis ojos se mueven de


mi computadora portátil.

Temperance, “Temper” Darling—juro por Dios que es su nombre—


socia de negocios y mejor amiga, está parada al otro lado de mi escritorio
con una sonrisa tímida en su rostro.

Temper se deja caer en el asiento frente a mí.

Descruzo mis tobillos debajo de mi escritorio, estirándome para


arrastrar el archivo más cerca de mí.

Ella hace un gesto con la cabeza hacia la carpeta

—Es dinero fácil, chica.

Todos son dinero fácil, y lo sabe.

Sus ojos se deslizan alrededor de mi despacho, un gemelo del suyo.

— ¿Cuánto ofrece el cliente? —pregunto, apoyando mis pies una vez


más en el borde de mi escritorio.
—Veinte mil por un solo encuentro con el objetivo y ella ya sabe
cuándo y dónde estás para interceptar el objetivo.

Silbo. Dinero fácil de hecho.

—¿Cita con el objetivo? —le pregunto.


—Hoy a las ocho de la tarde en Flamencos. Es un restaurante
sofisticado, para tu información, así que... —Su mirada baja a mis
gastadas botas—, no puedes usar eso.
Pongo los ojos en blanco.

—Oh, y estará allí con amigos.

Y aquí estaba yo, deseando llegar a casa relativamente temprano.

—¿Sabes lo que quiere el cliente? —pregunto.

—El cliente cree que su tío, nuestro objetivo, está abusando de la


custodia de su madre, su abuela. Los dos van a la corte sobre el tema;
quiere ahorrar algunas cuentas legales y obtener una confesión
directamente de la boca del caballo.

Ya, una euforia familiar hace que mi piel empiece a brillar. Esta es la
oportunidad de ayudar potencialmente a una vieja dama y castigar al peor
tipo de criminal: uno que se alimenta de su propia familia.

Temper nota mi piel resplandeciente y su mirada se paraliza. Alarga


la mano antes de recordarlo. Ni siquiera ella es inmune a mi glamour.

Sacude la cabeza.

—Chica, eres una hija de puta retorcida.

Esa es la pura verdad de Dios.

—Dime con quién andas y te diré quién eres.

Suelta un resoplido.

—Puedes llamarme Bruja Malvada de Occidente.

Pero Temper no es una bruja. Es algo mucho más poderoso.

Revisa su teléfono.

—Mierda —dice—. Me encantaría quedarme y charlar pero mi sicario


va a estar en Luca's Deli en menos de una hora, y con el tráfico de la hora
punta en Los Ángeles... Realmente no quiero ser obligada a partir la 405
como el Mar Rojo. Mierdas así parecen sospechosas. —Se levanta,
guardándose el teléfono en el bolsillo—. ¿Cuándo regresará Eli?
Eli, el caza-recompensas que a veces trabaja para nosotras y a veces
trabaja para la Politia, la fuerza policial sobrenatural. Eli, quien también
es mi novio.

—Lo siento Temper, pero estará fuera otra semana. —Me relajo un
poco mientras digo las palabras.
Eso está mal, ¿verdad? ¿Disfrutar del hecho de que tu novio se haya
ido y tengas tiempo a solas?

Probablemente también está mal encontrar su afecto sofocante.


Tengo miedo de lo que significa, especialmente porque no deberíamos estar
saliendo en primer lugar.

La primera regla en el libro es no involucrarse con colegas. Una


noche después del trabajo hace seis meses rompí esa regla como si nunca
hubiera estado allí en primer lugar. Y la rompí de nuevo, y de nuevo, y de
nuevo hasta que me encontré en una relación que no estaba segura
siquiera de querer.

—Ugh —dice Temper, rebotando un poco mientras inclina la cabeza


hacia atrás, sus ojos moviéndose hacia el cielo—. A los chicos malos
siempre les gusta revolver la mierda cuando Eli no está. —Se dirige a mi
puerta, y con una mirada de despedida, sale de mi oficina.

Miro el archivo un momento, luego lo recojo.

El caso no es nada especial. No hay nada particularmente cruel o


difícil sobre él. Nada para hacerme coger el Johnnie Walker que guardo en
uno de los cajones de mi escritorio. Me parece que quiero hacerlo de todos
modos, tanto que mi mano pica de querer sacar la botella.
Demasiadas personas malas en este mundo.

Mis ojos se deslizan a las perlas de ónix que se enrollan alrededor de


mi brazo izquierdo mientras tamborileo mis dedos contra la mesa. Las
perlas parecen tragar la luz en lugar de refractarla.

Demasiadas personas malas, y demasiados recuerdos que sería


mejor olvidar.

~
Entro al estiloso restaurante a las ocho de la tarde. Tiene una baja
iluminación y nítida, las velas parpadean débilmente de cada una de las
mesas de dos plazas. Flamencos es claramente un lugar donde la gente rica
viene cortejarse.

Sigo al camarero, mis tacones chasquean suavemente contra el


suelo de madera dura mientras me conduce a una sala privada.
Veinte mil dólares. Es una tonelada de basura de dinero. Pero no
estoy haciendo esto por la paga. La verdad es que soy una experta en
adicciones, y esta es una de mis favoritas.

El camarero abre la puerta de la sala privada y entro.

En el interior, un grupo de personas conversan amistosamente


alrededor de una gran mesa. Sus voces disminuyen un poco en cuanto la
puerta hace clic al cerrarse tras de mí. No hago ningún movimiento hacia
la mesa.
Mis ojos aterrizan en Micky Fugue, un hombre calvo de unos
cuarenta años. Mi objetivo.

Mi piel empieza a brillar mientras dejo que la sirena salga a la


superficie.

—Todo el mundo fuera. —Mi voz es melodiosa, sobrenatural.


Irresistible.

Casi como si fueran uno, los invitados se ponen de pie con los ojos
vidriosos.

Este es mi bello y terrible poder. El poder de una sirena. Obligar a


los voluntarios—y no voluntarios—a que hagan lo que sea que yo deseo.

Glamour. Es ilegal. No es que realmente me importe.

—La noche fue genial —les digo mientras pasan—. A todos les
gustaría hacer esto en el futuro. Oh… y nunca estuve aquí.

Cuando Micky camina a mi lado, agarro su brazo.

—Tú no.

Se detiene atrapado en la red de mi voz, mientras que el resto de los


invitados salen. Sus ojos vidriosos parpadean por un momento, y en ese
instante, veo su confusión cuando su conciencia lucha contra mi extraña
magia. Entonces se ha ido.

—Vamos a sentarnos. —Le dirijo de vuelta a su asiento, luego me


deslizo en el asiento a su lado—. Puedes irte una vez que hayamos
terminado.
Todavía estoy resplandeciente, mi poder aumentando con cada
segundo que pasa. Mis manos tiemblan mientras lucho contra mis otros
impulsos: sexo y violencia. Considérame ahora una moderna Jekyll y
Hyde. La mayor parte del tiempo simplemente soy Callie la Investigadora
Privada. Pero cuando necesito usar mi poder, mi otro lado sale a la
superficie. La sirena es el monstruo dentro de mí; ella quiere tomar, y
tomar, y tomar. Causar estragos, festejar sobre el miedo y la lujuria de sus
víctimas.

Estaría muy presionada para admitirlo en voz alta, pero controlarla


es difícil.

Tomo un pedazo de pan de una de las cestas en el centro de la mesa,


y lo deslizo sobre un pequeño plato que uno de los invitados no ha tocado.
Después vierto el aceite de oliva, luego el vinagre balsámico en el plato,
meto el pan en él y tomo un bocado.
Echo un ojo al hombre que está a mi lado. Ese traje a medida que
usa oculta la panza de su vientre. En su muñeca lleva un Rolex. El
expediente decía que era contable. Sé que tienen un sueldo decente, sobre
todo aquí en Los Ángeles, pero no hacen tanto dinero así.

—¿Por qué no llegamos al punto? —digo. Mientras hablo, configuro


mi teléfono para que la cámara grabe nuestro intercambio. Es una mejor
medida que sacar una grabadora portátil y encenderla—. Voy a grabar este
intercambio. Por favor, diga sí en voz alta y dé su consentimiento a esta
entrevista.

Micky frunce las cejas mientras lucha contra el glamour de mi voz.


No sirve de nada.

—Sí —dice finalmente entre dientes apretados. Este tipo no es tonto;


puede que no entienda lo que le está pasando, pero sabe que estoy a punto
de jugar con él. Sabe que ya estoy jugando.
Tan pronto como accede, empiezo:

— ¿Has estado malversando dinero de tu madre? —Su madre, senil


y en estado terminal. Realmente no debería haber leído el archivo. No se
supone que me involucre emocionalmente en los casos, y sin embargo
cuando tratan de niños y ancianos, siempre me parece encontrarme
enojada.
Esta noche no es una excepción.

Tomo un bocado de pan, observándolo.

Él abre su boca…
—Desde este momento hasta el final de nuestra entrevista, dirás la
verdad —ordeno, las palabras entonando en mi lengua.
Se detiene, y lo que sea que va a decir muere en sus labios. Espero
que continúe, pero no lo hace. Ahora que no puede mentir, es solo
cuestión de tiempo antes de que se vea obligado a admitir la verdad.

Micky lucha contra mi glamour, aunque es inútil. Empieza a sudar,


a pesar de sus plácidos rasgos.

Sigo comiendo como si nada estuviera mal.

El color mancha sus mejillas. Finalmente dice ahogadamente:

—Sí… ¿cómo diablos…?

—Silencio. —De inmediato deja de hablar.

Este tipo está enfermo. Robando dinero de su madre moribunda.


Una dama dulce cuyo mayor fracaso fue dar a luz a este perdedor.

— ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo?

Sus ojos parpadean de ira.

—Dos años —dice contra su voluntad. Me fulmina con la mirada.

Me tomo mi tiempo comiendo el último pan.

—¿Por qué lo hiciste? —finalmente pregunto.

—Ella no lo estaba usando y yo lo necesitaba. Voy a devolverlo —


dice.

—Oh, ¿de verdad? —Levanto mis cejas—. ¿Y cuánto te


has... prestado? —pregunto.
Pasan varios segundos silenciosos. Las mejillas rojizas de Micky se
están convirtiendo en una más y más profunda sombra de
rosa. Finalmente dice:

—No lo sé.

Me inclino más cerca.

—Dame tu mejor conjetura.

—Tal vez doscientos veinte mil.

Solo escuchar ese número envía un golpe de ira a través de mí.


— ¿Y cuándo ibas a devolvérselo a tu madre? —le pregunto.

—A-ahora —tartamudea.

Y yo soy la Reina de Saba1.

— ¿Cuánto dinero tienes disponible en tus cuentas en este


momento? —le pregunto.

Coge su vaso de agua y toma un trago profundo antes de contestar.

—M-me gusta invertir.

—¿Cuánto dinero?

—Un poco más de doce mil.

Doce mil dólares. Ha vaciado las arcas de su madre y aquí vive como
un rey. Pero detrás de esta fachada, el hombre solo tiene doce mil dólares
a mano. Y apuesto a que ese dinero lo liquidará pronto también. Este tipo
de hombres tienen dedos de mantequilla; el dinero se desliza a través de
ellos.
Le doy una mirada decepcionada.

—No es la respuesta correcta. Ahora —digo, la sirena instándome a


ser cruel—, ¿dónde está el dinero?

Su sudoroso labio superior se contrae antes de que conteste.

—Ha desaparecido.

Me acerco y apago la cámara y la grabadora. Mi cliente obtuvo la


confesión que quería. También eso es malo para Micky, porque no he
terminado con él.

—No —le digo—, no ha desaparecido. —Esas pocas personas que me


conocen lo suficientemente bien reconocerían que mi tono ha cambiado.
Una vez más sus cejas se juntan mientras su confusión se asoma.

Toco su solapa.

—Este traje es bonito, muy bonito. ¿Y tu reloj? Los Rolex no son


baratos, ¿verdad?
1
La Reina de Saba es un personaje legendario, presentado en los libros Reyes y Crónicas (en
la Biblia), en el Corán, y en la historia de Etiopía. Según la versión del Corán, la reina quedó
tan impresionada por la sabiduría y riquezas de Salomón que se convirtió al monoteísmo;
el rey la compensó con la promesa de otorgarle cualquier cosa que desease.
El glamur lo hace sacudir la cabeza.

—No —estoy de acuerdo—. Mira, para los hombres como tú, el


dinero no solo desaparece. Va hacia... ¿cómo lo llamaste? —Busco la
palabra antes de chascar mis dedos—. Inversiones. Lo muevo un poco, pero
eso es todo. —Me inclino cerca—. Lo vamos a mover un poco más.

Sus ojos se ensanchan. Ahora veo a Micky, no al títere controlado


por mi magia, sino al Micky que era antes de entrar en esta habitación.
Aguien astuto, ahora es alguien débil. Es plenamente consciente de lo que
está sucediendo.
—¿Q-quién eres? —Oh, el miedo en sus ojos. La sirena no puede
resistirse. Me acerco y acaricio su mejilla.

—Y-yo voy a…

—Vas a sentarte y escuchar, Micky —digo—, y eso es todo lo que vas


a hacer porque ahora mismo… estás impotente.
Capítulo 2
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Mayo, ocho años atrás

E l aire tiembla en mi cocina como si estuviera viendo un


espejismo, entonces de repente, él está aquí, llenando la
habitación como si la poseyera.

El Negociador.

Santa mierda, funcionó.

Todo lo que puedo ver de él es un buen metro ochenta de hombre y


un montón de cabello rubio blanco atado junto con una correa de cuero.
El Negociador está de espaldas a mí.
Un silbido rompe el silencio.

—Ese es un hombre muerto —dice mirando mi obra. Sus pesadas


botas tintinean mientras se acerca al cuerpo.

Viste negro sobre negro, su camisa estirada sobre sus anchos


hombros. Mis ojos caen a su brazo izquierdo, que está cubierto de
tatuajes.
Callie, ¿en qué te metiste?
La punta de la bota de El Negociador empuja el cadáver.

—Hmm, me corrijo. Casi muerto.

Eso me espabila.

—¿Qué? —No puede estar vivo. El miedo que atraviesa mis venas es
una cosa viva y respirando.

—Probablemente te costará más de lo que estás dispuesta a ofrecer,


pero todavía puedo revivirlo.
¿Revivirlo? ¿Qué es lo que ha estado fumando este tío?
—No lo quiero vivo —le digo.
El Negociador se da la vuelta y, por primera vez, le echo una buena
mirada.

Solo miro y miro. Me había imaginado algo escalofriante, y malvado,


aunque el hombre delante de mí pudiera ser malvado, no es escalofriante.

Ni mucho menos.

El Negociador es precioso de una manera en la que solo lo son unos


pocos hombres raros. No es robusto, a pesar de la fuerte mandíbula y el
duro brillo en sus ojos. Hay una simetría en su rostro, una exuberancia en
cada una de sus características que ves más a menudo en mujeres que en
hombres. Pómulos altos, prominentes, labios perversos y curvos, brillantes
ojos plateados. No es que se vea femenino. Eso es imposible con su
estructura amplia y musculosa y su traje impresionante.
Simplemente es un hombre guapo.
Realmente un hombre muy guapo.
Me evalúa.

—No.

Lo miro con curiosidad.

— ¿No, qué?

—No hago negocios con menores.


El aire brilla y, oh Dios mío, se va a ir.
—¡Espera, espera! —Ahora no solo brilla el aire. También mi piel. Ha
estado haciendo eso mucho últimamente, brillar suavemente.
Se detiene para mirar mi brazo. Algo pasa por sus ojos, algo más
salvaje que la sorpresa, algo más indomable que la emoción. La habitación
a su alrededor parece oscurecerse, y a su espalda, juro que veo algo
grande y sinuoso.

Tan pronto el momento llega, se ha ido.

Sus ojos se estrechan.

— ¿Qué eres?
Mi mano cae.
—Por favor —le suplico—. Realmente necesito hacer un trato. El
Negociador suspira, sonando todo tipo de cosas.

—Escucha, no hago tratos con menores. Ve a la policía. —A pesar de


su tono, todavía me mira la mano, ahora con una expresión distante y
preocupada.
—No puedo. —Si solo supiera—. Por favor, ayúdame.
Su mirada se mueve de mi mano a mi cara.

El Negociador cruje los dientes, frunciendo el ceño como si oliera


algo. Me mira en toda mi sangrienta y desgreñada gloria. Más crujidos de
dientes.

Sus ojos barren la habitación, persistiendo en mi padrastro. ¿Qué


ve? ¿Puede decir que fue un accidente?

Mis dientes comienzan a castañear. Abrazo mis brazos firmemente a


mi pecho.

A pesar de sí, sus ojos vuelven a mí, su mirada se suaviza antes de


endurecerse de nuevo.

— ¿Quién es él?

Yo trago.

—¿Quién. Es. Él? —repite el Negociador.

—Mi padrastro —grazno.

Me mira fijamente, su mirada firme.

—¿Se lo merecía?

Libero una respiración temblorosa, una lágrima resbalando a pesar


de mí. Sin palabras, asiento.

El Negociador me escudriña durante mucho tiempo, su mirada se


mueve hacia la lágrima deslizándose por mi mejilla.

Mira hacia otro lado haciendo una mueca. El hombre frota una
mano sobre su boca, da dos pasos antes de volverse hacia mí.
—Bien —dice en tono áspero—. Te voy a ayudar… —Más crujidos de
dientes y otra mirada escudriñadora deteniéndose en la lágrima en mi
mejilla—, sin costo. —Prácticamente se ahoga con las palabras—. Solo esta
vez, considérala mi buena acción del siglo.

Abro la boca para darle las gracias, pero levanta la mano, con los
ojos cerrados.
—No lo hagas.
Cuando abre los ojos, recorre con ellos la habitación. Siento el pulso
mágico salir de él. Sé sobre este lado de nuestro mundo, el lado
sobrenatural. Mi padrastro construyó su imperio sobre su habilidad
mágica.
Sin embargo, nunca he visto este tipo de magia en acción; magia que
puede hacer que ocurran cosas inexplicables. Jadeo mientras la sangre se
disuelve del suelo, y luego de la encimera, y luego de mi ropa, y cabello y
manos.

La botella rota es lo siguiente. Un momento está allí y al siguiente se


desvanece. Sea cual sea el encantamiento que está usando, hace
cosquillas en mi piel mientras pasa a través de la habitación.
Una vez que ha terminado con la escena del crimen, el Negociador se
dirige hacia el cuerpo.

Se detiene cuando llega allí mirando con curiosidad al muerto. Luego


se queda quieto.

— ¿Es quien creo que es?

Ahora probablemente no es un buen momento para decirle al


Negociador que me he cargado a Hugh Anders, el tipo más poderoso del
mercado de valores y el hombre que, por el precio justo, podría decirte
cualquier cosa que quisieras saber sobre el futuro. Cuando un acuerdo de
drogas iba a ir mal, si la amenaza en tu vida era inofensiva o real, si ibas a
ser atrapado por la muerte de un enemigo. Si no era el mejor vidente del
mundo, era al menos, uno de los más ricos. Pero eso no lo salvó de la
muerte.
Oh, que ironía.

El Negociador suelta una serie de maldiciones.


—Jodidas sirenas malditas —murmura—. Tu mala suerte me está
rozando.

Me estremezco, está bien informado de la predisposición de las


sirenas a la desgracia. Es lo que cayó sobre mi madre, un embarazo no
deseado y una muerte temprana.

— ¿Tiene parientes? —pregunta.

Me muerdo el labio inferior y sacudo mi cabeza, abrazándome más


fuerte. Soy solo yo contra el mundo.

Maldice de nuevo.
—¿Cuántos años tienes?
—Tendré dieciséis en dos semanas. —El cumpleaños que había
estado esperando durante años. En la comunidad sobrenatural, dieciséis era
la edad legal para ser adulta. Pero ahora ese mismo hecho podría ser
utilizado en mi contra. Una vez que llegara a ese número mágico, podría
ser juzgada como un adulto.
Había estado a dos semanas de la libertad. Dos semanas. Y entonces
sucedió esto.
—Finalmente —suspira—, algunas buenas noticias. Empaca tus
maletas. Mañana te mudarás a la Isla de Man.

Parpadeo, mi mente con dificultad para ponerse al día.


—¿Qué? Espera… ¿mañana? —¿Me mudaré? ¿Y tan pronto? Mi cabeza
gira con el pensamiento.

—Las clases de verano de La Academia Peel empiezan en un par de


semanas —dice.

Ubicada en la Isla de Man, una isla entre Irlanda y Gran Bretaña, la


Academia Peel era el mejor internado sobrenatural. Había estado soñando
con ir por tanto tiempo. Y ahora iría.

—Vas a asistir a clases a partir de entonces, y no vas a decirle a


nadie que has matado al puto Hugh Anders.

Me estremezco ante eso.

—A menos que —agrega—, prefieras que te deje aquí con este lío.

Oh Dios.
—¡No… por favor,

quédate! Otro largo

suspiro.

—Me ocuparé del cuerpo y de las autoridades. Si alguien pregunta,


tuvo un ataque al corazón.
El Negociador me mira con curiosidad antes de recordar que está
molesto conmigo. Chasquea sus dedos, y el cuerpo levita. Tardo varios
segundos en procesar el hecho de que un cadáver está flotando en mi
cocina.

El Negociador parece imperturbable.

—Hay algo que debes saber.

—¿Uh-huh? —Mi mirada se fija en el cuerpo flotante. Tan


espeluznante.

—Los ojos en mí —espeta el Negociador.

Mi atención vuelve a él.

—Hay una posibilidad de que mi magia se desvanezca con el tiempo.


Debería ser poderosa, pero esa pequeña maldición que todas las sirenas
tienen colgando de sus cabezas podría anular incluso mi magia. —De
alguna manera se las arregla para que sus palabras se vuelvan arrogantes
incluso cuando me está diciendo que sus poderes podrían ser
inadecuados.
— ¿Qué pasa si ese es el caso? —pregunto.

El Negociador sonríe con suficiencia. Enorme imbécil. Ya lo he


calado.
—Entonces es mejor que comiences a utilizar tus artimañas
femeninas, querubín —dice, con los ojos clavados en mí—. Las
necesitarás.

Con esa frase, el Negociador desaparece, junto con el hombre que


maté.

Presente

P oder.

Ese es el corazón de mi adicción. Poder. Una vez estuve


aplastada por el peso del mismo, y me absorbió entera.

Pero eso fue hace mucho tiempo. Y ahora soy la formidable fuerza.
La habitación privada del restaurante brilla bajo la luz de las velas.
Me inclino cerca de Micky.

—Así que esto es lo que va a suceder. Vas a devolver el dinero


malversado a tu madre.

Sus ojos se centran en mí. Si las miradas mataran...

—Jódete.

Le sonrío y sé que me veo depredadora.

—Escucha atentamente, ya que esta es la única advertencia que te


voy a dar: sé que no tienes ni idea de lo que soy, pero te aseguro que
puedo arruinar tu vida, y estoy bastante cerca de considerarlo. Así que a
menos que quieras perder todo lo que te importa, serás respetuoso.

Los mortales regulares saben que existen los sobrenaturales, pero


tendemos a separarnos de los no dotados mágicamente, la simple razón es
que mierdas divertidas como las cazas de brujas tienden a surgir cuando
los mortales son demasiado intimidados por nosotros, los sobrenaturales.

Alcanzo mi bolso.

—Ahora, ya que no puedes ser un buen hijo por tu cuenta, te voy a


ayudar —digo en tono conversacional. Saco de mi bolso un bolígrafo y una
serie de documentos que mi cliente me dio.

Aparto el plato de Micky y los pongo delante de él.

Uno es un escrito de confesión de culpabilidad, y el otro es un


pagaré. Ambos documentos redactados por el abogado de mi cliente.
—Vas a pagar cada centavo que le robaste con el diez por ciento de
interés.

Micky hace un pequeño ruido.


—¿Fue el quince por ciento de interés lo que oí? —Sacude la cabeza
con furia.

—Eso es lo que pensé. Ahora, voy a darte diez minutos para ojear el
documento, y luego lo vas a firmar.

Paso los diez minutos probando el vino y la comida que los invitados
de Micky han dejado, alzando mis talones hacia arriba porque, ugh, tacones
de aguja.
Cuando llega el momento, recojo los documentos de Micky. Mientras
los hojeo, doy un vistazo al hombre mismo. Su rostro ahora está cubierto
con un brillo malsano de sudor, y apuesto a que si se quitara su costosa
chaqueta, vería enormes círculos debajo de sus axilas.

Termino de revisar los documentos. Una vez que he terminado, los


deslizo de vuelta en mi bolso.

—Ya casi terminamos aquí.

—¿Casi? —dice la palabra como si nunca hubiera oído hablar de


ella.

—¿No creías que te dejaría con unas pocas firmas insignificantes? —


Sacudo la cabeza, y ahora mi piel está haciendo más por iluminar la
habitación que la baja iluminación. La sirena en mí ama esto. Jugar con
su víctima—. Oh, Micky, no, no, no.

Y aquí es donde dejo de jugar con Micky y entro a matar. Me inclino


hacia adelante, poniendo tanto poder en mi voz como puedo manejar.

—Vas a corregir tus errores. Nunca vas a hacer esto de nuevo, y vas
a pasar el resto de tu vida trabajando para ser una mejor persona y
ganarte el perdón de tu madre.

Asiente con la cabeza.

Agarro mi bolso.

—Sé un buen hijo. Si oigo que no lo has estado siendo, si oigo algo
que refleje maldad en ti, me volverás a ver, y no quieres eso.

Sacude la cabeza, su expresión vacía.

Me paro. Mi trabajo aquí está hecho.


Un solo comando es todo lo que se necesita.
Olvídate de que existo. Poof, tu memoria está limpia de
mi existencia.
Aparta la mirada. Tus ojos se mueven a todas partes excepto a mí.
Dime tu secreto más oscuro. Tu boca y tu mente te traicionan. Dame
tus riquezas. Limpiarás tu cuenta bancaria en un instante. Ahógate.
Ahógate. Ahógate. Ahógate. Mueres.
Ese era el comando favorito de alguien cuando el mundo era joven,
cuando las sirenas recibían su reputación de persuadir a los marineros a
su muerte.
Ahógate.
A veces, cuando me quedo sola con mis propios pensamientos —que
es bastante a menudo—me pregunto sobre esas mujeres, las que pasaban
el rato en las rocas llamando a los marineros y persuadiéndolos a su
muerte. ¿Realmente sucedió de esa manera? ¿Querían que murieran? ¿Por
qué se apoderaron de esos hombres en particular? Los mitos nunca lo
dicen.

Me pregunto si alguna de ellas era como yo, si su belleza las había


hecho víctimas mucho antes de darles poder. Si algún marinero en algún
lugar abusaba de esas mujeres antes de que tuvieran una voz en
absoluto. Si se enojaron y se enfadaron como yo y usaron su poder para
castigar a los culpables como venganza.

Me pregunto cuánto de la historia es verdad, y cuántas de sus


víctimas eran inocentes.

Cazo hombres malos. Esta es mi venganza. Mi adicción.

Subo la escalera a mi casa en la playa de Malibu, mis pies doloridos


por las horas que pasé de pie en tacones. Frente a mí, la pintura gris
pizarra de mi casa se desprende de los listones de madera. Brillante moho
verde crece a lo largo de las tejas de la azotea. Esta es mi casa
perfectamente imperfecta.
Entro, y aquí el aire huele como el océano. Mi hogar es simple. Tiene
tres dormitorios, los azulejos de las encimeras están astillados, y si
caminas a través de ella descalza obtendrás arena entre tus dedos de los
pies. La sala de estar y el dormitorio frente al mar, y toda la pared trasera
en ambas habitaciones no son nada más que gigantes puertas correderas
de cristal que se pueden abrir completamente en el patio trasero.

Más allá de mi patio trasero, el mundo se desvanece. Una escalera


de madera serpentea por el acantilado costero al que mi casa está
encaramada, y al fondo, el Océano Pacífico helado besa la arenosa costa de
California… y tus pies, si lo dejas.

Este lugar es mi santuario. Lo supe en el momento en que el agente


de bienes raíces me lo mostró hace dos años.

Camino por mi casa en la oscuridad, sin molestarme en encender las


luces mientras me quito la ropa pieza por pieza. Las dejo donde caen.
Mañana las recogeré, pero esta noche tengo una cita con el mar, y luego
mi cama.

A través de las ventanas de mi salón, la luna brilla intensamente, y


mi corazón está lleno de anhelo inolvidable.

En secreto me he alegrado de que Eli tenga que alejarse de mí hasta


que pase la luna llena. Como un licántropo, tiene que permanecer lejos de
mí durante los Siete Sagrados, la semana entorno a la luna llena cuando
no puede controlar su cambio de hombre a lobo.

Tengo mis propias razones para querer estar sola en este momento,
razones que no tienen nada que ver con Eli, y todo que ver con mi pasado.

Salgo de mis pantalones vaqueros cuando entro a mi habitación


para tomar mi traje de baño. Justo cuando alcanzo la espalda para
desbloquear mi sujetador, una sombra más oscura que el resto se mueve.
Asfixio el chillido que brota en mi garganta. Mi mano tantea contra
la pared a mi lado hasta que descubro el interruptor de luz. Enciendo las
luces de la habitación.

Frente a mí, descansando en mi cama, está el Negociador.


Capítulo 3
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Octubre, ocho años atrás


H ola, soy el inspector Garrett Wade de la Politia. Me gustaría hacerle
algunas preguntas con respecto a la muerte de su
padre….
Mis manos comienzan a temblar mientras escucho el mensaje. ¿La
Politia está estudiando esto? Son como la versión sobrenatural del FBI,
solo que más aterrador.

Se suponía que no habría preguntas. Se suponía que las autoridades


se mantendrían alejadas. El Negociador se había asegurado de eso.
Esa pequeña maldición que todas las sirenas tienen colgado sobre sus cabezas
podría anular incluso mi magia.
Me siento pesadamente en mi cama y me froto las sienes, el teléfono
apretado en mi mano. La lluvia ataca contra mi ventana de la residencia
universitaria, oscureciendo mi vista del Castillo Peel, el castillo convertido
en academia donde todas mis clases se llevan a cabo.
Han pasado cinco meses desde esa fatídica noche. Cinco meses. Un
tiempo demasiado corto para disfrutar de mi libertad, pero demasiado
tiempo para parecer inocente ante las autoridades.

Perdí mi oportunidad en el momento en el que acepté la oferta del


Negociador.

La Academia Peel y la vida que he hecho aquí podrían serme


arrebatadas. Todo en un instante.

Tomo una respiración profunda.

Tal y como lo veo, tengo tres opciones. Una, puedo huir y renunciar
a la vida que he hecho por mí misma. Dos, puedo devolver la llamada al
oficial, acudir al interrogatorio y esperar lo mejor.
O tres, puedo contactar con el Negociador y hacer que solucione
esto. Solo que esta vez le debería una deuda.

Es una opción fácil.

Me empujo de mi cama y meto la cabeza en mi armario. Saco una


caja de zapatos del estante superior y la abro. La tarjeta negra del
Negociador descansa oculta debajo de otras, las letras de bronce algo
descoloridas desde la primera vez que la sostuve.
Sacándola de la caja, miro la tarjeta una y otra vez en mi mano.
Mirarla trae a mi mente esa noche con todos sus detalles sangrientos.
No puedo creer que solo hayan pasado cinco meses.
Mi vida es tan diferente ahora. He trabajado duro para enterrar mi
pasado.
Donde una vez fui débil, ahora soy poderosa. Una sirena que puede
doblar la voluntad de una persona. Romperla si lo deseo. Ese conocimiento
es una especie de armadura que me pongo cada mañana que me
despierto. Solo desaparece en la noche cuando mis recuerdos sacan lo
mejor de mí.

Corro mi pulgar sobre la tarjeta. No necesito hacer esto. Me prometí


que no me pondría en contacto con él de nuevo. Me salí con la mía—
literalmente—la última vez que lo vi. No voy a tener esa suerte dos veces.
Pero esta es la mejor de tres malas opciones.
Así que, por segunda vez en mi vida, llamo al Negociador.

Presente

M e congelo en la puerta.

El Negociador se reclina contra mi cabecera, pendiente de


todo el mundo como un depredador. Elegante, poder
enjaulado y ojos peligrosos. También parece demasiado cómodo en mi
cama.

Siete años. Siete largos años han pasado desde que salió de mi vida.
Y ahora está aquí, descansando en mi cama como como si casi una década
no se interpusiera entre nosotros. Y no tengo ni puta idea de
supuestamente cómo debo reaccionar.
Sus ojos se mueven sobre mí perezosamente.

—Has mejorado tu lencería desde la última vez que te vi.

Jesús, hablando sobre ser atrapada con los pantalones abajo.


Ignoro la forma en que sus palabras me atraviesan. La última vez
que me vio era una adolescente enamorada, y él no quería tener nada que
ver conmigo.
—Hola, Desmond Flynn —digo, invocando su nombre completo.

Estoy bastante segura de que soy una de las pocas personas que lo
saben, y esa información lo hace vulnerable. Y ahora mismo, mientras
estoy en nada más que mi lencería y asimilando el hecho de que el
Negociador está en mi habitación, lo necesito vulnerable.
Me da una sonrisa lenta y ardiente que aprieta mi estómago, incluso
cuando comprime mi corazón.

—No sabía que querías esparcir secretos esta noche, Callypso Lillis
—dice.

Los ojos del Negociador devoran mi piel expuesta, y me siento como


esa adolescente torpe de nuevo. Tomo una respiración profunda. Ya no soy
esa chica, aunque el hombre delante de mí se ve exactamente igual a como
lo hacía en mi juventud.

La misma ropa negra sobre negro, la misma constitución imponente,


la misma cara deslumbrante.
Cruzo la habitación y agarro mi bata de algodón desde donde cuelga
en la parte posterior de la puerta del baño. Todo el tiempo puedo sentir
sus ojos en mí. Me aparto de él para esquivarlo.

Siete años.

—¿Qué quieres, Des? —pregunto, abrochándome la bata en la


cintura.

Finjo que esto es normal. Que estar en mi casa es normal, cuando


no lo es. Dios, no lo es.

—Exigente como siempre, según veo.

Respiro ruidosamente cuando su aliento hace cosquillas en mi oído.


Me dirijo hacia él.

El Negociador no está ni siquiera a un pie de distancia de mí, tan


cerca que puedo sentir su calor corporal. No escuché que se levantara de
la cama y cruzara la habitación. No es que me sorprenda. La magia que
usa es sutil; la mayoría de las veces si no la buscas, no la notarás.

—Un extraño defecto de carácter tuyo —continúa, entrecerrando los


ojos—, teniendo en cuenta lo mucho que me debes. —Su voz es ronca y baja.

Estando cerca de él puedo ver cada faceta compleja de su rostro.


Pómulos altos, nariz aristocrática, labios sensuales, mandíbula cincelada.
Pelo tan pálido que parece blanco. Todavía es demasiado guapo para un
hombre. Tanto que parece que no puedo apartar la vista cuando sé que
debería.
Son sus ojos los que más me han cautivado. Son todos los tonos de
plata, más oscuros en sus bordes donde una gruesa banda de gris carbón
los rodea y más ligera cerca de sus centros. El color de sombras y rayos de
luna.

Duele mirarlo, no solo porque es inhumanamente hermoso, sino


porque destrozó mi frágil corazón hace mucho tiempo.

El Negociador toma mi mano en la suya, y por primera vez en siete


años me encuentro cara a cara con él, y con la manga de tatuajes que
muestra.
Bajo la mirada a nuestras manos entrelazadas mientras empuja la
manga de mi bata, exponiendo mi pulsera de ónix.
Mi pulsera cubre la mayor parte de mi antebrazo, cada perla es un
mágico IOU2 por cada favor que he comprado al Negociador.

Me retuerce la muñeca de un lado a otro, evaluando su trabajo.


Trato de alejar mi mano, pero no me deja ir.

—Mi pulsera todavía se ve bien en ti, querubín —afirma.

Su pulsera. La única pieza de joyería que no me puedo quitar.


Incluso si no está encadenada con seda de araña y por tanto demasiado
fuerte para cortar, la magia que la une a mi muñeca me impide quitarla
hasta que pague mis deudas.

La mano del Negociador se aprieta sobre la mía.

—Callie, me debes muchos favores.

Mi respiración se atora en mi garganta mientras mi mirada se


encuentra con la suya. La forma en que me mira, la forma en que su
pulgar está frotando círculos en la suave piel de mi mano... Sé por qué
está aquí. En cierto nivel, lo sabía desde que lo vi en mi cama. Este es el
momento que he estado esperando durante siete años.

Exhalo.

—Finalmente estás aquí para cobrar.

En vez de responderme, la otra mano del Negociador se desliza por


mi muñeca cautiva, sobre las diecisiete filas de mi brazalete, sin detenerse
hasta que llega al final de la misma, hasta que sus dedos agarran la última
de mis 322 perlas.

—Vamos a jugar un pequeño juego de Verdad o Reto —dice. Sus ojos


chasquean hacia los míos, y brillan con travesura.
Mi corazón golpea en mi pecho. Finalmente está cobrando la deuda.
No puedo entenderlo.

Su boca se encrespa seductoramente.

—¿Qué será, Callie, verdad o reto?

Parpadeo un par de veces, todavía atónita. Hace diez minutos me


habría reído si alguien me dijera que Desmond Flynn esperaba que yo
volviera a casa para poder pagar mis deudas.

2
Siglas de “I Own You” que en español significa “Me perteneces”.
—Reto, pues —dice alegremente, llenando mi silencio por mí.

El miedo agarra mi corazón. El Negociador es infame por sus


elevados pagos. Y rara vez es dinero lo que pide; no tiene necesidad de ello.
No, por lo general toma algo más personal, y cada reembolso viene con
interés añadido. Considerando que tengo 322 favores no pagados, el
hombre esencialmente posee mi culo. Si quisiera ordenarme que
destruyera un pequeño pueblo, estaría mágicamente atada hasta que cada
perla desapareciera.

Es un hombre peligroso, y por el momento, está rodando un cordón


entre sus dedos, observándome con esos ojos calculadores.

Me aclaro la garganta.

—¿Cuál es el reto?

En lugar de contestarme, suelta mi muñeca y entra en mi espacio


personal. Sin quitar sus ojos de los míos, inclina mi cabeza hacia atrás y la
acuna.
¿Qué está haciendo?
Lo miro fijamente. Una pequeña sonrisa baila a lo largo de sus
labios, y noto que su mirada profundiza el momento antes de inclinarse.

Me tenso cuando sus labios rozan los míos, y entonces mi cuerpo se


relaja mientras su boca se desliza contra ellos. Inmediatamente mi piel se
ilumina cuando la sirena despierta. Sexo y sangre, eso es en lo que ella
prospera.
Envuelvo una mano alrededor del brazo que me acuna la cabeza. Mis
dedos presionan contra la cálida piel de su muñeca. Debajo, puedo sentir
el músculo inflexible de Desmond.
Él es real, esto es real. Eso es todo lo que tengo tiempo de pensar antes de
que el beso termine y él se aleje.

Baja la mirada a mi muñeca, y sigo su mirada. La última perla de mi


brazalete brilla y un momento después se desvanece. El beso había sido mi
reto, el primer pago que el Negociador cobró.
Toco con mis dedos mis labios, el sabor de él todavía en mi piel.

—Pero yo no te gusto —susurro confundida.


Se acerca a mi cara para pasar sus dedos sobre mi piel brillante. Si
fuera un hombre, estaría completamente bajo mi hechizo en este
momento. Pero es otra cosa totalmente.

Los ojos del Negociador brillan, llenos de emociones que pasé un año
memorizando, y luego siete años intentando olvidar.

—Volveré mañana por la noche. —Su mirada se acerca a mí otra vez,


y levanta una ceja—. Considera el siguiente consejo un favor gratis:
prepárate para algo más que un beso.

Al amanecer todavía estoy despierta, todavía en mi bata, y todavía no


tengo ni idea de lo que está pasando. Estoy sentada en la hierba al borde
de mi propiedad, respirando el aire salado del mar. Mis rodillas están
arrimadas a mi pecho y una botella casi vacía de vino descansa junto a
mí.

Ya llamé a Temper y le dije que no estaría en la oficina hoy. ¿Lo


bueno de tener tu propio negocio? Consigues sacar tus propias horas.
Observo cómo las estrellas se oscurecen y el reino del Negociador se
cierra mientras el cielo se aclara lentamente.

Bajo la mirada a mi muñeca. Podría jurar que se siente diferente


ahora que una perla ha desaparecido. Solo quedan 321 favores, y el resto
está garantizado que serán mucho más dolorosos que el primero.

Trazo mis labios con un dedo. Me equivoqué antes. En un momento


en el tiempo a Des le había gustado. Pero no como él me había gustado,
como si hubiera colgado la misma luna. El día que me dejó arrancó mi
corazón, y nunca curó bien, y ninguna cantidad de alcohol, hombres o
trabajo pudo remendarlo.
A pesar de la enorme deuda que todavía le debo, no me arrepiento de
haber comprado los favores, ni un poco. Esos favores me alejaron de un
monstruo; habría vendido mi alma por eso. Pero el malestar fluye a través
de mí por el precio que podría tener que pagar. Podría ser cualquier cosa.

Necesitaba llamar a Eli; era hora de terminar las cosas.


—Hola cariño —Eli contesta el teléfono, su voz baja y grave. Es un
hombre de pocas palabras y aún menos secretos, esto último se está
convirtiendo en un problema cada vez más grande para mí. Tengo casi
tantos secretos como el Negociador, un hombre que se gana la vida
recolectándolos.

Eli es consciente de que hay mucho que no comparto, y el alfa en él


ha estado empujándome a ser más abierta. Los cambiantes son tan
francos, funcionan bajo ese principio de compartir-es-cuidar.

Me apoyo en mi mostrador.

—Eli... —Eso es todo lo que puedo sacar antes de restregarme la


cara. Me había preparado para este día hace mucho tiempo, pero eso no lo
hace más fácil. Lo intento de nuevo—: Eli, necesito decirte algo sobre mí
que no vas a querer oír.

Esto debería haber sido una conversación rápida; dejarlo y luego


terminar la llamada. Y consideré hacer solo eso. Pero romper con él por
teléfono es suficiente mierda. Lo menos que puedo hacer es darle al
hombre una explicación.

—¿Está todo bien? —Hay un borde letal en su voz. El lobo lo está


montando. Ahora no es el momento para dejar caer esta bomba.
Debería haberle dicho hace meses. ¿Hace meses, cuando éramos el uno
para el otro? ¿Amigos con beneficios? ¿Colegas trabajando juntos después
de horas?

En ninguna versión de mi vida habría derramado mis secretos a Eli,


el cambiador, que sostiene la ley sobrenatural durante su trabajo de día y
que era la ley en su manada. No, la mayoría de mis secretos traerían
muchos y muchos problemas.

—Estoy bien... solo, ¿conoces la pulsera que llevo?

Dios, esto es. Momento de recuento.

—Sí —ladra.

—Esa pulsera no es solo una pieza de joyería.

Una pausa. Entonces:

—Callie, ¿podemos hablar de esto cuando vuelva? Ahora no es un


buen momento…
—Cada perla es un favor que debo al Negociador —me apresuro a
explicar. El secreto me quema la garganta.

Para la mayoría del mundo sobrenatural, el Negociador es más mito


que hombre. Y los que lo conocen saben poco sobre él, saben que no deja
que ninguno de sus clientes compre más de dos o tres favores en un
tiempo, y que nunca espera un largo tiempo para recoger sus cuotas.

El otro extremo de la línea está tranquilo, lo cual no es una buena


señal. Finalmente Eli dice:

—Dime que estás bromeando, Callypso. —Un gruñido bajo entra en


su voz.

—No lo estoy —digo suavemente.

Su gruñido se intensifica.

—El hombre es un criminal buscado.

Como si no fuera consciente de ese pequeño hecho.

—Pasó hace mucho tiempo. —No sé por qué siquiera me molesto en


defenderme.

—¿Por qué me estás contando esto ahora? —El lobo en él casi ha


ahogado sus palabras.

Tomo una respiración profunda.

—Porque me visitó anoche —le digo.

—¿Él... te visitó? ¿Anoche? ¿Dónde? —exige.

Cierro mis ojos. Esta llamada solo va a empeorar.

—Mi casa.

—Dime qué pasó. —A juzgar por la forma en que la voz de Eli está
retumbando, dudo que vaya a mantener la conversación telefónica por
mucho más tiempo.

Bajo la mirada al esmalte astillado de mis uñas.


Solo dilo.
La única persona aparte de Des que sabía de mis deudas era
Temper.
—Le debía trescientos veintidós favores. Ahora le debo uno menos.
Va a recoger el resto a partir de esta noche.
—¿Trescientos veintidós favores? —Eli repite—. Callie, el Negociador
nunca haría...
—Lo haría... lo hizo —insisto.
El silencio en el otro extremo de la línea es ominoso.

Debe estar preguntándose qué haría que el Negociador cambiara sus


prácticas comerciales para llegar a este fondo. Y lo sé en el momento en el
que llega a su propia conclusión.

Tiro el teléfono lejos de mi oído mientras Eli ruge, y escucho algo


aplastarse.

—¿Qué estabas pensando, haciendo tratos con el Rey de la Noche?

El Rey de la Noche. Ser el Negociador es solo una actuación


secundaria para Desmond.

No le contesto a Eli. No puedo explicarme, no sin desatar secretos


más terribles.
—¿Qué te hizo hacer? —Un gruñido ahoga la mayoría de sus
palabras.

Mi pavor brota. Mi vida está a punto de ser volteada de cabeza.


Conociendo al Negociador, cualquier pago que me pida, va a implicar violar
la ley por lo menos.

Eli nunca aceptaría eso.


Tengo que decírselo.

—Eli, no puedo estar contigo —susurro.

Las palabras han estado resonando en mi mente desde el comienzo


de nuestra relación. Había tenido tantas razones para no decirlas que
ignoré la verdad.
Y ahora que están al aire libre, el alivio me baña. Es la reacción
equivocada. Finalizar una relación es triste; debería sentirme triste, no...
libre. Pero me siento libre. He estado guiando a este pobre hombre,
tratando desesperadamente de arreglar mi corazón marcado y roto, en los
brazos de alguien que no era correcto para mí.
—Callie, no estás hablando en serio, ¿verdad? —El lobo en él deja
salir un gemido.

Cierro los ojos contra la angustia que oigo por la línea; es un sonido
doloroso y roto, y coincide con su voz.
Es mejor así.
—Eli —continúo—, no sé lo que el Negociador va a pedirme que
haga, y le debo más de trescientos favores. —Mi voz se rompe.

¿Voy a dejar a Eli por qué? Memorias y polvo. El hombre que rompió
mi corazón hace mucho tiempo, me hará hacer cosas a su pedido, y todo el
tiempo tendré que recordar que traje esto sobre mí.

Hace mucho tiempo, pensé que era mi salvador, y como una tonta
compré favor tras favor de él, decidida a mantenerlo en mi vida, al mismo
tiempo enamorándome de él.

Cambié mi vida por un amor que no era más que sombras y


pantallas de humo.

—Callie, no te voy a dejar solo porque…


—Me besó —lo interrumpo—. Anoche, el Negociador me besó. Esa fue
la primera deuda que hizo que le pagara.
Tenía la intención de no herir los sentimientos de Eli tanto como
fuera posible porque es un buen hombre, pero también necesito hacer esto
para mantenerlo alejado. Sé que el líder del clan quiere protegerme...
quiere salvarme. Y si cree que quiero eso, cazará a Des hasta los bordes de
la tierra, y no terminará hasta que uno de los dos hombres esté muerto.

No puedo tener eso. No cuando esta situación es mi culpa, y estas


deudas son mi carga.

Obligo a salir al resto de mis palabras.

—No sé qué me pedirá esta noche, pero sea lo que sea, tengo que
hacerlo. Lo siento mucho —le digo—. Nunca quise que esto sucediera.

Oigo algo como un gemido desde el otro lado del receptor. Eli todavía
no ha hablado, y tengo la impresión de que es porque no puede.
Me pellizco el puente de la nariz. Ahora viene la parte especialmente
desagradable.
—Eli —le digo—, si me hace hacer algo ilegal, algo que hiera a
alguien, podrías tener que... —Me detengo y me froto la frente.

Como cazador de recompensas sobrenatural, parte del trabajo de Eli


es hacer desaparecer a los tipos malos paranormales. Y ahora yo podría
convertirme en uno de esos tipos malos.

—No creo que tengas que preocuparte de lastimar a nadie —dice Eli
con voz amenazadora—. El bastardo tiene algo más para ti.
Capítulo 4
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Octubre, ocho años atrás


N
O tú otra vez —dice el Negociador cuando se manifiesta en
la residencia universitaria.

Me tropiezo al verlo. Esta es la segunda vez que lo llamo, y no


debería sorprenderme que simplemente aparezca a voluntad, pero lo hace.
Me enderezo.

—Tu magia está fallando. —Debería de sonar como una acusación,


pero sale como una súplica.

Él mira mis dientes apretados.

—Te advertí que podría pasar —dice, acercándose a la ventana y


mirando hacia la noche lluviosa.

Ya he perdido su atención.

—Quiero asegurarme de que no lo haga.

El Negociador se vuelve y me evalúa.

—¿Entonces, Bebé Sirena, quieres hacer otro trato? —dice,


cruzando sus brazos—. ¿No logré asustarte lo suficiente la primera vez?

Mis ojos se mueven sobre su pelo blanco y grandes brazos


esculpidos.

Me asustó muy bien. Hay algo en él que parece un poco salvaje.


Feroz y extraño. Pero tiempos desesperados exigen medidas desesperadas.

—¿Qué estarías dispuesta a darme? —dice, rondando hacia mí—.


¿Qué oscuro y terrible secreto compartirías? —pregunta, acercándose—.
Has oído que los secretos son mis favoritos, ¿no?
Quiero retroceder, pero un tipo primordial de miedo me enraíza en
mi lugar.
Sus ojos bailan sobre mí.

—Pero por una sirena... oh, haría una excepción. Cualquier cosa que
quiera tendrás que dármela. Dime, querubín, ¿podrías darme cualquier cosa
que quiera?
Trago cuando se acerca.

— ¿Podrías matar por mí? —pregunta con voz baja. Sus labios
cepillan mi oreja—. ¿Podrías darme tu cuerpo?

Dios mío, ¿está hablando en serio? ¿Podría realmente hacerme hacer


esas cosas?

Pasa su nariz por mi mejilla y se ríe de mi evidente miedo.

Alejándose de mí, dice:

—Como te dije antes, no hago tratos con menores. No arruines tu


vida debiéndome nada.
El aire brilla.

Puede que me haya asustado como la mierda, pero en este momento,


he ido demasiado lejos. No puedo dejar que se vaya. Tan sencillo como
eso.

La sirena sale a la superficie, extendiéndose debajo de mi piel. Me


lanzo por él y le agarro la muñeca, mi mano brillando.

—Haz un trato conmigo —digo, poniendo tanto glamour en mi voz


como es posible—. No soy menor.

No lo soy realmente. En la comunidad sobrenatural, la edad legal


adulta son los dieciséis. Es alguna ley arcaica que nadie se molestó en
cambiar.

Y ahora mismo, no me quejo.

El Negociador mira mi mano, como si no pudiera creer lo que está


pasando, y siento un instante de remordimiento. Es una mierda quitar el
libre albedrío de alguien.

Tiempos desesperados.

Sus rasgos se afilan, sus cejas se fruncen, el resto de su rostro se


vuelve, en una palabra, siniestro.
Arranca su brazo de mi mano.
— ¿Te atreves a encantarme? —Su poder domina su voz, y es
petrificante, llenando toda la habitación.

Doy un paso atrás. De acuerdo, usar el glamour en él fue una idea


de mierda.

—¿No funciona en ti? —¿Qué clase de sobrenatural es inmune al


glamour?

El Negociador se acerca más a mí, sus botas tintinean


siniestramente. Está furioso, eso es obvio. Se inclina, tan cerca que varios
mechones de su cabello rubio blanco me hacen cosquillas en las mejillas.

— ¿Quieres derrochar tu vida por hacer un trato? —Su boca se


curva ligeramente, sus ojos chispean de interés—. Bien, hagamos un trato.

Presente

T engo que decir, dormir no te sienta bien.

Ruedo en la cama y me froto los ojos. Cuando retiro mi mano,


veo al Negociador al otro lado de la cama, los brazos cruzados
y la cabeza inclinada. Me está estudiando como si fuera un pájaro exótico,
que técnicamente, lo soy.

—¿Qué haces aquí? —pregunto, todavía aturdida por el sueño.

—En caso de que te lo hayas perdido, el día se acabó. Estoy aquí


para cobrar más de mi pago. —La forma en que dice pago envía escalofríos a
mis brazos. Detrás de él, la luna brilla intensamente en la habitación.

Gimo. He dormido todo el día. Desde esa llamada telefónica...

Él chasquea los dedos y las mantas que me tapan se deslizan a un


lado.

—Des, ¿qué estás...?

Hace un ruido, interrumpiéndome.

—Tu pijama tampoco te conviene, querubín. Esperaba que mejorara


con la edad también.

Ahogo un bostezo y me empujo fuera de la cama.

—Porque me importa mucho lo que pienses —murmuro, caminando


más allá de él. Donde ayer su presencia me llenó de viejo dolor, esta noche
todo lo que siento es molestia. Bien, y un poco de lujuria, y una mierda de
angustia. Pero ahora mismo me estoy enfocando en la molestia.
Me dirijo al baño, limpiando discretamente un poco la baba de mi
boca.

El Negociador me sigue, disfrutando de lo mucho que está


arruinando mi velada.

—Oh, pero creo que si te importa —dice.

En respuesta, cierro mi puerta de golpe en su cara. Probablemente


no es la manera más sabia de tratar con el Rey de la Noche, pero ahora
mismo no me importa demasiado.
Doy dos pasos lejos de la puerta del baño, y esta se abre a mis
espaldas. Me doy la vuelta y miro fijamente al Negociador, su cuerpo
llenando el espacio. Mi puerta cuelga de sus bisagras en un ángulo
divertido.

—No he terminado —dice con calma. Sus ojos brillan mientras me


observan; es hermoso y terrible para mirar.

—Me debes una puerta nueva —respondo.

Él se ríe, y está lleno de oscura promesa.

—¿Por qué no trabajamos en el pago de tus deudas actuales antes


de hablar de lo que yo te debo?

Lo miro, porque ahí me tiene.

—¿Qué era tan importante que tenías que cargarte mi puerta para
decírmelo? —pregunto, cruzando los brazos sobre mi pecho.

Un reloj se forma sobre su muñeca tatuada y lo golpea.

—Tiempo, Callie, tiempo. Tengo algunas citas importantes que


atender. Necesitas estar lista en veinte minutos.

—Bien. —Camino hacia mi ducha y abro el grifo. Esto tendría que


ser una ducha rápida.

Cuando me doy la vuelta, el Negociador se ha acomodado en la


encimera de azulejo de mi cuarto de baño. Está inclinado contra la pared
junto al espejo, una de sus piernas vestida de cuero estirada delante de él,
su otra pierna doblada por la rodilla.

—Vete —digo.

Me da una sonrisa perezosa.

—No.

—No estoy bromeando.

Una de sus cejas se levanta.

—Ni yo.

Me paso una mano por el pelo.

—No me desnudaré delante de ti.


—Por mi está bien —dice—. Dúchate con la ropa puesta.
Oh, porque eso es razonable.
—Si no vas a salir de la habitación, entonces iré a otro lugar.

—El grifo en tu baño de visitas no funciona —dice, desafiándome.


Mis ojos se ensanchan antes de que recuerde que su negocio es saber
secretos.

No se va a ir.

—Bien —le digo, quitando mi camiseta—. Disfruta del espectáculo,


eso es todo lo que conseguirás de mí.

Su risa roza mi brazo.

—No te engañes, querubín. Tienes una muñeca llena de deudas y yo


tengo muchas, muchas demandas.

Le doy otra mirada desagradable mientras me meto en la ducha para


quitarme el resto de mi ropa, sin importarme que el agua esté empapando
rápidamente el material. La cortina de la ducha me esconde
completamente de él.
Salgo de mis pantalones de pijama, asegurándome que cuando los
arrojo sobre la barra de la cortina apunto directamente hacia Des.

Él se ríe entre dientes siniestramente, y sé sin mirar, que detuvo la


ropa antes de que lo golpeara.

—Tirar cosas no va a cambiar tu destino, Callie.

Pero se siente malditamente bien. Me desabrocho mi sujetador


deportivo, luego mis bragas. Varios segundos después los echo afuera, los
oigo caer inútilmente al suelo con un plop apagado.
—Parece que tu pijama no está mejor mojado que seco. Lástima.

—Parece que todavía piensas que me importa —le replico.

Él no responde, y el baño rápidamente cae en silencio.

Esto no es inmensamente incómodo ni nada, pienso cuando empiezo


a enjuagarme.

—¿Por qué estás aquí, Des?

—Ya sabes por qué —dice.


Cobrar.

—Quiero decir, ¿por qué ahora? Han pasado siete años.

Siete años de silencio. Y pensar que este hombre y yo fuimos una vez
casi inseparables...

— ¿Contaste nuestros años separados? —dice Des con fingida


sorpresa—. Si no lo supiera mejor, diría que me echabas de menos. —Un
débil rastro de amargura ata sus palabras.

Apago el agua, pasando un brazo alrededor de la cortina para


agarrar una toalla.

—Pero lo sabes mejor. —Envuelvo la toalla alrededor de mí y salgo.

—Palos y piedras, querubín —dice, saltando del mostrador—. Ahora,


rápido, rápido. Tenemos gente que ver, lugares a los que ir. —Y con eso, sale
de la habitación.

Acabo de meterme en mis pantalones con mi ropa interior de mierda


totalmente expuesta, cuando el Negociador echa un vistazo a su reloj.

Desde que salió de mi cuarto de baño, ha estado descansando en


una silla lateral en mi dormitorio, esperando a que termine de estar lista.
Una pierna vestida de cuero se mueve mientras espera. No puedo dejar de
sentir que está haciendo eso para asegurarse de que no trato de huir.

Como si, de los dos, yo fuese la conocida por huir.

—El tiempo ha terminado, Callie. —Se aparta de mi silla y se acerca


a mí. Hay algo depredador sobre la forma en que se mueve.

—Espera… —Retrocedo y choco con el tocador. Mi cabello todavía


está mojado y mis pies están desnudos.

—No —dice justo cuando se cierra alrededor de mí.

Me las arreglo para abrir el cajón de mi cómoda y arrebatar un par


de calcetines, antes de que me recoja en sus brazos. Solía sostenerme así
antes de que se fuera. Me presionaba contra él y me balanceaba en sus
brazos mientras yo lloraba con fuerza. Y cuando me quedaba dormida, se
acostaba a mi lado durante horas, solo para despertarme de mis
pesadillas.

Pero nunca me había besado, ni siquiera lo había intentado. No


hasta anoche, y luego, eso todavía había sido todo yo.

—¿Es esto realmente necesario? —pregunto, refiriéndome a donde


estaba en sus brazos. Empujo un estremecimiento. Su cuerpo todavía se
siente como a casa, igual que lo hacía cuando era una adolescente, y odio
eso.
Nunca he estado libre de él. Cuando el sol golpea mi cara, es su
sombra lo que veo en el pavimento. Cuando la noche se cierra en mí, es su
oscuridad la manta de mi habitación. Cuando me duermo, es su cara la
que atormenta mis sueños.

Está en todas partes y en todo, y ningún número de amantes puede


hacer que mi corazón olvide.

Des me mira, sus ojos plateados se suavizan solo un poco. Tal vez
también está recordando las otras veces cuando su piel presionaba contra
la mía.

—Sí —es todo lo que dice.

Torpemente tiro un calcetín sobre mi pie. El otro calcetín se desliza


de mi alcance, y maldigo cuando cae.

Un momento después, el calcetín revolotea junto a nosotros y cae


sobre mi estómago.

—¿Puedes agarrarme los zapatos? —le pregunto.

Los ojos del Negociador se mueven hacia las botas que descansan
junto a la puerta corredera de cristal de mi habitación. Cuando miro, se
levantan del suelo y flotan hacia mí. Las atrapo en el aire.
—Gracias —le digo, dándole una sonrisa genuina. Lo he visto hacer
este pequeño truco de salón cien veces, y siempre estoy hechizada por él.

Por solo una fracción de segundo, sus pasos vacilan. Frunce el ceño
mientras me mira, sus cejas fruncidas. Y luego vuelve a caminar.

La puerta corredera de cristal se desliza y se abre. El aire fresco de la


noche me golpea cuando el Negociador sale.

—¿Verdad o reto? —dice, justo cuando termino de poner mis botas.


Mis miembros se bloquean. El reembolso está comenzando.

Hoy ya estaba lista para ello, pero ahora no lo estoy. Todavía no ha


contestado por qué, después de todo este tiempo, escogió este momento
para volver a mi vida. O por qué la dejó en primer lugar. Pero sé que es
mejor no esperar una explicación. Obtener secretos de él es más difícil que
bañar a un gato.

—Verdad.

— ¿Dijiste reto? —pregunta, alzando las cejas mientras me mira. Su


pelo no está atado atrás hoy, y sus filamentos blancos enmarcan su cara—
. Las sirenas siempre saben cómo condimentar las cosas.
No me molesto en responder. El Negociador es retorcido de la cabeza
a los pies, y sus palabras no me sorprenden en lo más mínimo.

Pero lo que hace a continuación si lo hace.

El aire a su espalda resplandece y se funde hasta que un conjunto


de alas dobladas aparecen, elevándose por encima de sus omóplatos.

Mi aliento se atrapa en mi garganta.

Toda mi animosidad, todas mis heridas, todo mi dolor... todo se


calma cuando miro esas alas.

Oscura piel plateada se extiende sobre el hueso, tan delgada en


ciertas áreas que puedo ver las delicadas venas debajo. Sus alas están
inclinadas con garras blancas como huesos, la mayor de ellas casi del
tamaño de mi mano.

Solo he visto las alas de Desmond una vez antes, y entonces fue
porque perdió el control de su magia. Esto no parece espontáneo; parece
deliberado. No puedo imaginar por qué ahora de todos los tiempos decidió
desvelarlas, y para mí, de todas las personas.

Me asomo sobre su hombro y paso mis dedos sobre la suave piel de


una. Sus brazos se tensan a mi alrededor, y puedo sentir su respiración
tensarse.

—Son hermosas —digo. Quería decirle esto hace mucho tiempo; solo
que nunca tuve la oportunidad.

Los ojos del Negociador recorren mi rostro hacia mis labios. Los mira
fijamente por un momento.
—Me alegra que te gusten. Vas a mirarlas un poco esta noche.
Capítulo 5
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Octubre, ocho años atrás


G iro mi brazalete alrededor de mi muñeca, jugando
ansiosamente con la única perla negra encadenada a ella, un
IOU que le debo al Negociador por conseguir sacarme de encima a las
autoridades.

Delante de mí, el hombre aparece por segunda vez en mi residencia


universitaria. Está vestido de pies a cabeza de negro, con una camiseta
vintage de AC/DC que abraza sus hombros esculpidos y espalda ancha.
Tan pronto como me ve, dobla los brazos sobre su pecho.

—Mi magia todavía se mantiene fuerte —dice— así que, ¿ qué más
necesitarías de mí?

Vuelvo a girar el brazalete alrededor de mi muñeca, mi corazón


latiendo como loco al verlo.

—Quiero hacer otro trato.

Sus ojos se estrechan.

Espero a que diga algo, pero no lo hace.

Tiempo de soltarlo.

—Yo, uh…

Él levanta una ceja.


Solo escúpelo, Callie.
—...quiero comprarte por una noche.

Oh. Mi. Dulce. Señor.

Vete a la mierda, boca. Vete a la mierda, a los fogosos pozos del


infierno.
Toda expresión se limpia del rostro del Negociador.
— ¿Disculpa, qué?
Mis mejillas y cuello se enrojecen. Voy a morir de vergüenza. Olvida
eso, me gustaría poder morir de vergüenza. Mejor que estar de pie aquí,
abriendo y cerrando la boca como un pez enorme.

El Negociador comienza a sonreír, y de alguna manera eso hace todo


esto incluso peor.
Nunca debería haber hecho esto.
—Solo quiero pasar tiempo contigo —me apresuro a decir—. Sería
completamente platónico.

Ugh, y ahora sueno desesperada. Pero, ¿a quién estoy engañando?


Estoy desesperada, desesperada por compañía. Cuando llegué a la
Academia Peel, pensé que encajaría y haría amigos, pero todavía no ha
sucedido y estoy tan sola.
—Eso es muy malo, querubín —dice, comenzando a hurgar
alrededor de mi habitación—. Me gustaba tu oferta más cuando no era
platónica.

Juro que mis mejillas se calientan aún más, mis ojos


repentinamente atraídos hacia el torso macizo del Negociador.

Su mirada se desliza hacia la mía, y ahora su sonrisa se ensancha,


sus ojos brillando maliciosamente.

Sabe exactamente dónde está mi mente.

—Sería solo por una noche —le digo, observándolo mientras recoge
distraídamente una botella de perfume de encima de mi tocador y lo huele.
Hace una mueca ante el olor, poniéndola apresuradamente donde lo
encontró.

—Tengo trabajo —dice. Y sin embargo, no se va.

Está dispuesto a ser convencido.

¿Pero cómo convencerlo? La última vez que usé glamour con él, solo
sirvió para enojarlo. No creo que la lógica le influya, y además, no hay
lógica en esto. Más bien lo contrario, querer pasar una noche con él es una
locura.
La primera vez que lo había convencido de que me ayudara, ¿qué
había hecho?

Mis ojos se ensanchan cuando lo recuerdo.

—Negociador —le digo, dirigiéndome a donde está mirando mi cartel


de Keep Calm and Read On. Cuando estoy lo suficientemente cerca, me estiro
y toco su antebrazo, mi estómago contrayéndose por el contacto.

— ¿Por favor?

Juro que siento su cuerpo temblar bajo mi mano. Baja la mirada


donde nuestra piel se encuentra, mi mano cubriendo algunos de sus
tatuajes.

La primera vez que lo había convencido, no habían sido mis palabras


sino mi tacto.
Cuando sus ojos plateados buscan de nuevo los míos, juro que hay
algo tortuoso en ellos.

—Estás tentando la suerte, sirenita.

Sus dedos rozan mis nudillos.

—Una noche —dice.

Asiento con la cabeza.

—Solo una noche.

Presente
C erca del borde de mi propiedad el Negociador deja de caminar,
pero no me baja. Muy por debajo de nosotros se encuentra el
océano, y nada más que una caída de cuarenta pies nos separa de allí.

Sus alas se extienden detrás de él, y exhalo un suspiro ante la vista.


Su envergadura es increíble: casi veinte pies de ancho, y excepto por su
tonalidad de plata, se parecen mucho a las alas de un murciélago.

Me encuentro con sus ojos; sé lo que va a hacer.

—Des, no…

Me muestra una sonrisa perversa.

—Agárrate fuerte, Callie.

Me muerdo el labio para sofocar mi grito mientras salta del


acantilado. Por un segundo caemos, y mi estómago da volteretas. Entonces
las alas del Negociador atrapan el viento, y la corriente de aire nos tira
hacia arriba.

Envuelvo mis manos alrededor de su cuello y entierro mi cara contra


su pecho. Todo lo que me está impidiendo caer hacia mi muerte son dos
conjuntos de brazos.

Mis cabellos mojados se azotan alrededor de mi cara, las hebras


ahora heladas a medida que nos elevamos.
—Te estás perdiendo la vista, querubín —dice sobre el aullido del
viento.

—Estoy tratando de no vomitar —digo, sin estar segura de que


pueda oírme.

No es que tenga miedo de las alturas —quiero decir, mi casa


descansa en un acantilado—pero pasear por el aire con un hada no está en
mi lista corta de actividades divertidas.

Pero al final levanto la cabeza y bajo la mirada. El agua brilla muy


por debajo de nosotros, y delante de nosotros, el resto de Los Ángeles hace
señas, la tierra iluminada como un árbol de Navidad.
Cuanto más alto subimos, más frío hace. Me estremezco contra Des,
y su agarre se aprieta. Me ajusta ligeramente para que más de mi cuerpo
esté presionado contra el suyo.

Justo como temía, estar tan cerca de él me recuerda todas esas otras
veces que me abrazó.

—¿A dónde vamos? —grito sobre el viento.

—...la ubicación de tu segundo reto. —El chillido constante del


viento arrebata la mayor parte de las palabras del Negociador, pero no las
importantes. Desearía que fuera así.

No puedo imaginar lo que me espera, y considerando mi pasado


sórdido, eso no es bueno.

De ningún modo.

—Tienes que estar bromeando. —Doblo mis brazos, mirando el


estacionamiento en el que aterrizamos y el edificio más allá de él—. ¿Esto
es por lo que golpeaste mi puerta? —digo, mis ojos moviéndose sobre los
sofás y las mesas en exhibición en los escaparates de la tienda—. ¿Una
tienda de muebles?
Su boca se contrae.

—Estoy rediseñando mi habitación de invitados, o mejor dicho, tú lo


harás.

Pongo los ojos en blanco. Escoger muebles, ese es mi reto.

—El lugar cierra en quince minutos —dice el Negociador—. Espero


que elijas y adquieras los muebles apropiados para una habitación antes
de eso.

Tan pronto como termina de hablar, siento que el manto de su


magia se deposita en mis hombros, obligándome a la acción.

Comienzo a moverme, gruñendo para mí misma. De todas las tareas


estúpidas y absurdas, me da esta. Para esto está Internet.

No debería quejarme, podría ser peor.


Debe ser peor. He visto suficiente de los tratos de Des para saber lo
que implica el pago. Nunca es tan fácil.
El Negociador se pone a mi lado, sus alas resplandecen hasta
desaparecer. Es todo lo que puedo hacer para no mirarlo. El hombre no es
más que un fuego fatuo, cuanto más creo que me acerco a él, más lejano
me parece.

Abro la puerta y me dirijo al interior de la tienda. Se extiende ante


mí un mar de muebles. Quince minutos no es tiempo suficiente para ver ni
siquiera la mitad de lo que hay aquí.

La magia de Desmond gira alrededor de mi estómago, la sensación


extraña e incómoda.

—¿Qué muebles quieres? —pregunto, incluso cuando el hechizo que


Des me ha puesto tira de mí hacia adelante.

El Negociador mete las manos en los bolsillos, se acerca a una mesa


y mira la configuración del lugar. Se ve cómicamente fuera de lugar con
sus grandes músculos viriles y la camiseta de Iron Maiden desteñida que
viste.
—Eso, querubín, es para que tú lo decidas.

Mierda, no tengo tiempo para preocuparme por los gustos de este


hombre. Tan pronto como el pensamiento cruza mi mente, siento un tirón
insistente de la magia, haciendo que mis entrañas se retuerzan.

Des me muestra una sonrisa perversa desde donde se extiende sobre


uno de los sofás, y me doy cuenta que debería estar más preocupada por
esta tarea que por él.

Este favor está muy lejos del beso de anoche. Entonces no sentí la
magia. Pero tal vez solo siento el tirón cuando me resisto. El pensamiento
me hace disgustarme conmigo misma. Anoche debí haber peleado más
contra ese beso.

Me muevo por los pasillos, buscando los muebles más feos que
puedo encontrar. Mi pequeño acto de rebelión. Esto es lo que sucede
cuando no das buenas instrucciones.

Dirijo una rápida mirada al Negociador, y él me mira atentamente.

Definitivamente tiene algo más en la manga.


No te concentres en eso ahora.
Tan rápido como lo puedo manejar, arrebato las etiquetas de precio
en las piezas que decido llevar, y me dirijo a la caja registradora. La magia
es una insistente batida de tambor en mis venas, acelerándose a cada
minuto.

Todo el tiempo los ojos del Negociador están en mí. Sé que lo está
disfrutando. Bastardo.

Dios, su magia se siente tan invasiva. Como una picazón debajo de


mi piel. Y mientras una pequeña parte enferma de mí se emociona con la
sensación de su magia en mí, la parte más grande y sensata lo encuentra
perturbador como el infierno.

La mujer que trabaja en la caja registradora parece alarmada


cuando descargo las etiquetas de precio en su caja.

—Señora, no se supone que quite las etiquetas de los muebles.

Mi piel brilla ligeramente.

—Está bien, no hay nada de qué preocuparse —digo, usando la


sirena en mí para obligar a la empleada de la tienda.

Ella asiente con la cabeza y comienza a escanear los códigos de


barras. Detrás de mí, escucho la risa estruendosa del Negociador.

—Hmmm. —La mujer en la caja mira fijamente su computadora y


sus cejas se surcan—. Eso es raro.

—¿Qué? —digo, solo sabiendo que va a ser más difícil de lo que


esperaba.

—Podría haber jurado que acabamos de recibir un nuevo envío el


jueves, pero dice que todo está agotado. —El mueble al que se está
refiriendo es una silla de color rosa caliente, con estampado de leopardo.

Pone el precio a un lado.

—Déjeme revisar el resto de sus artículos y luego intentaré


comprobar en la trastienda este.

—Olvídese de ese. —La magia está empezando a respirar en mi nuca.


Dudo que tenga tiempo para que la empleada compruebe el almacén.
Ella me da una mirada extraña antes de que sus ojos se muevan al
reloj montado en la pared de mi izquierda. Lo sé, debe estar pensando en
lo cerca que está su turno de terminar.

—Si está segura...

—Lo estoy —me apresuro a decir. He agarrado suficientes etiquetas


de precio para todavía amueblar totalmente la habitación de Negociador.

Escanea el siguiente código de barras —un sofá tapizado en un


patrón repetitivo de rosas con dulces y enfermizos lazos—, y el mismo
problema surge.

Mis ojos se entrecierran, y miro hacia atrás al Negociador. Él levanta


su muñeca y palmea la cara del reloj. La magia se estrecha alrededor de
mis entrañas, y antes de que pueda evitarlo, me doblo. La magia se está
volviendo más que desagradable.

Levanto una mano temblorosa y le enseño el dedo del medio antes de


devolver mi atención a la mujer.

Cada otro artículo que marca se encuentra con el mismo misterioso


problema. Un problema que conozco mejor como Desmond Flynn.

La magia está haciendo que mi corazón se acelere, y cada vez es


peor. Está claro que además que el del cierre de la tienda, el Negociador ha
impuesto un límite de tiempo propio.

Esta estúpida tarea.

Me inclino sobre el mostrador y trago.


— ¿Qué hay en el sistema que esté actualmente disponible para su
compra?

La cajera escribe algo en su computadora. Sus cejas surcan.

—Ahora mismo, parece que solo tenemos una cama con dosel, una
araña de hierro forjado, un sofá y un espejo dorado. —Suena
desesperadamente confundida.

—Me llevaré uno de cada uno —le digo, empujando mi tarjeta de


crédito hacia ella, mi mano empezando a temblar. Las gotas de sudor
surcan mi frente.

No moriré por unos muebles feos.


Sorprendida, la toma.

—Pero señora...
—Por favor —prácticamente suplico. La magia está empezando a
apoderarse de mis pulmones. Una vez más, siento que el Negociador se ríe
a mi espalda.
La cajera me mira como si hubiera perdido la cabeza. Entonces su
cabeza se inclina.

—Oye, eres esa actriz... sabes de…


—¡Por el amor de todo lo que es sagrado, por favor, cóbreme! —La magia se
retuerce alrededor de mis entrañas; me voy a desmayar si no termino esto
pronto.

Ella se encoge como si la hubiera abofeteado. Si no tuviera dolor


físico, me sentiría mal por herir sus sentimientos. Pero todo en lo que
puedo pensar ahora es en cómo la magia parece estar multiplicándose.

Hace una mueca y sacude la cabeza, pero hace lo que le pido. Pasa
un minuto agonizante mientras repasa los métodos de entrega y los
tiempos de envío, pero luego pasa la tarjeta a través del sistema.

Suspiro mientras la magia me libera y me derrumbo contra el


mostrador. Miro a mi muñeca a tiempo para ver desaparecer dos perlas.
Voy a matarlo.
—¿Has tenido problemas? —pregunta inocentemente el Negociador,
levantándose del sofá.

Paso junto a él y salgo de la tienda.

En el estacionamiento oscuro, se materializa delante de mí, con los


brazos cruzados. Naturalmente, nadie nota que puede aparecer y
desaparecer a voluntad.

Mientras intento pasarlo, su brazo se dispara y me coge la muñeca.

Me retuerzo para hacerle frente.

—¿Dos? —prácticamente grito—. ¿Me haces redecorar tu estúpida


habitación en menos de veinte minutos, casi me muero, y eso solo elimina
dos cuentas?
No debería estar tan molesta. Todavía no me ha pedido nada
verdaderamente horrible, pero el sentimiento mágico de sus dedos
apretando mis órganos casi me ha deshecho.

El Negociador entra en mi espacio personal.

— ¿No te gustó mucho esa tarea? —pregunta, su voz baja. Sus ojos
brillan a la luz de la luna.

Soy lo suficientemente inteligente como para callar. Ahora parece


especialmente depredador, y cuando está así, sé que es mejor no
provocarlo aún más.

—Tenía más tareas como ésta planeadas, pero si realmente la odias,


entonces tal vez podamos hacer algo que sea un poco más... cómodo.

En el momento en el que las palabras están fuera de su boca, me


doy cuenta de que acabo de meter la mata. Jugué directamente en sus
manos.
El Negociador envuelve sus brazos a mí alrededor, su mirada se posa
en mis labios.

Eli tenía razón.

El bastardo tiene algo más en mente para mí.

Pero justo cuando creo que va a besarme, sus alas se despliegan. Y


luego nos levantamos, regresando hacia la noche.

Veinte minutos después, el Negociador aterriza con gracia en mi


patio trasero, sosteniéndome en sus brazos. Sus enormes alas de plata se
doblan tan pronto como tocamos tierra, y un momento después brillan y
desaparecen de la existencia.
Sin palabras, el Negociador me lleva a mi puerta corredera de cristal.
Sin preguntar, se desliza por la puerta abierta, y entra.

La cierra detrás de nosotros, y el Negociador me coloca en mi cama y


se agacha ante mí. Sus ojos nunca dejan los míos mientras sus manos se
mueven a mis tobillos.

Estoy empezando a ponerme nerviosa. ¿Qué más va a exigir de mí


esta noche? El hombre nunca incluso me vio desnuda. Además, sé que el
Negociador no me haría pagarle con sexo a menos que yo estuviera ya a
bordo con la idea.
Y no lo estoy.

¿Verdad?

Des elimina primero un zapato, luego el otro. Los echa a un lado y


me quita los calcetines uno a uno.

—Dime, Callie —dice, con la mirada fija en mí—, ¿estás nerviosa?

No está exigiendo el pago ahora, no necesito contestarle. Pero me


encuentro a regañadientes asintiendo de todos modos.

—Así que no has olvidado todo sobre mí —dice—. Bien.

Coge uno de mis pies en sus manos, y coloca un beso tierno en mi


tobillo.

—¿Verdad o reto?

Mi respiración se atora.

—Verdad.

Su agarre en mi tobillo se aprieta.

—¿Por qué crees que te dejé hace tantos años? —pregunta.

Tenía que ir directo al golpe mortal. Mi corazón se siente como si


estuviera en la parte posterior de mi garganta, y tengo que tragarme mi
emoción.

Tomo una respiración irregular. El pasado ya no me puede lastimar.


Nada de eso. Solo existe en mi memoria.

—Des, ¿qué importa?

Su magia se acumula en mi garganta, aunque no es dolorosa como


antes. Solo un recordatorio de que tengo que responder a su pregunta.

Espera, dejando que su creciente magia hable por él.

Mis dedos arrancan un hilo suelto de mi edredón.

—Te presioné. —Levanto la mirada—. Te empujé demasiado lejos e


hice que te fueras. —Siento que el hechizo me suelta tan pronto como las
palabras están fuera de mi garganta.

El pasado tal vez no sea capaz de lastimarme, pero seguro que se


siente como una cosa viva y que respira. Es asombroso que algo y alguien
que entró y salió de mi vida cerca de una década atrás todavía pueda tener
este tipo de efecto en mí.

Los ojos del Negociador buscan los míos, la plata en ellos brillando a
la luz de la luna. No puedo leer su expresión, pero hace que mi estómago
se apriete incómodo.

Asiente una vez y se pone de pie. El hombre está casi en la puerta


del balcón antes de darme cuenta de que se va.

Ese pensamiento envía una punzada de dolor a través de mí. Estoy


tan harta de mi estúpido corazón. Si pudiera, lo rompería yo misma por
ser lo suficientemente tonta como para ablandarme por este hombre
cuando mi mente quiere empujarlo lo más lejos posible.

—¿En serio, Des? —grito—. ¿Huyes de nuevo?

Sus ojos parpadean cuando gira para mirarme, con una mano en mi
puerta de cristal.

—Tienes más razón de la que piensas, querubín. Me obligaste a


dejarte. Siete años es mucho tiempo para esperar, especialmente para
alguien como yo. Una palabra de advertencia: no voy a dejarte de nuevo.
Capítulo 6
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Noviembre, ocho años atrás


U n deseo se convierte en dos, dos deseos se convierten en
cuatro, cuatro se convierten en ocho... hasta que de alguna
manera hay toda una fila de perlas formando un círculo alrededor de mi
muñeca.
Se suponía que era una noche. Pero como una adicta, volví
directamente a él por más. Más noches, más compañerismo. No sé cuál es
la historia del Negociador. No tiene ninguna razón para complacerme, y sin
embargo lo hace...

Miro mis perlas y recuerdo las advertencias del Negociador.

Cualquier cosa que quiera, tendrás que dármelo. Dime, querubín,


¿podrías darme lo que quisiera?
...¿Podrías darme tu cuerpo?
Debo tener miedo de esa amenaza. En cambio, una inquietante clase
de anticipación me roe.

No estoy bien de la cabeza.

—¿En qué piensas, querubín? —pregunta.

Esta noche, el Negociador se pone cómodo en mi cama, su cuerpo


tan grande que sus pies cuelgan del borde. La visión de él descansando
allí, combinado con el tren de mis pensamientos...

Siento que el calor sube por mis mejillas.


—Oh, definitivamente en algo inapropiado. —Se coloca contra mi
almohada, deslizando sus manos detrás de su cabeza.

Justo cuando pienso que va a burlarse de mí, los ojos del Negociador
se mueven por mi habitación. Mi mirada sigue la suya, deslizándose sobre
el estante de mi joyería barata y la bolsa de maquillaje encima de mi
tocador. Los carteles colgados en mi pared, uno de los Beatles, otro en
blanco y negro de la torre Eiffel, y el cartel Keep Calm and Read On. Mis
libros de texto se apilan en mi escritorio, junto a mi taza y latas de bolsitas
de té.
Libros con las esquinas de las páginas dobladas, ropa y zapatos
tiñen mi suelo.

Me siento joven de repente. Joven e inexperta. No puedo imaginar


cuantas mujeres ha visitado el Negociador, pero apuesto a que sus
habitaciones son mucho más maduras que la mía, con mis posters y mi
triste juego de té.
—¿Ningún compañero de cuarto? —pregunta, notando la silla
desplegable que he situado donde debería estar otra cama.

—Ya no.

Se mudó con su amiga, que había sido colocada en una habitación


individual y quería una compañera de cuarto. Estuve decepcionada y
aliviada al verla irse. Me gustaba el compañerismo, pero las dos éramos
diferentes. Ella había sido divertida y chispeante, y yo estaba... preocupada.

El Negociador me da una mirada lamentable.

—¿Luchando por hacer amigos, querubín? —pregunta.

Hago una mueca.

—Deja de llamarme así —digo, deslizándome en la silla de mi


computadora y pateando mis piernas debajo de mi escritorio.
Querubín. Me hace pensar en ángeles bebés regordetes. Eso me hace
sentir aún más joven.

Él solo me sonríe, realmente poniéndose cómodo.

—¿Cuál es tu nombre? —digo.

—¿No vas a tratar la cuestión de los amigos? —pregunta.

—Se llama cambiar de tema —digo, inclinando mi silla hacia atrás


mientras hablo con él—, y tú también lo estás haciendo.
Sus ojos bailan. Dudo que lo admita, pero estoy empezando a creer
que le gusta visitarme. Sé que a mí me gusta tenerlo cerca. Mantiene mis
demonios a raya por un poco más de tiempo.

—¿De verdad crees que simplemente le doy a los clientes mi nombre,


querubín? —Coge un trozo de papel perdido de mi mesilla de noche.
—Deja. De. Llamarme. Así.

—¿Quién es George? —pregunta, leyendo el papel.

Y ahora quiero morir. Le arranco la nota, arrugándola y tirándola a


la basura.
—Oh mi George. —Solo la forma en que lo dice es suficiente para mí,
para luchar contra otro rubor—. ¿Es por quién tienes pensamientos
inapropiados?
Sin tan solo fuera así.

—¿Por qué te importa? —le pregunto.

—Cuando un chico te da su número, es porque le gustas. Y tú lo


guardaste. En tu mesita de noche. —El Negociador lo dice como si mesilla
de noche fuera el factor determinante.
¿Qué se supone que debo decirle? ¿Que el único chico en el que me
estaba fijando por el momento era él, el Negociador mismo?

No gracias.

—No es como si fuéramos a salir —murmuro—. Su hermana es


amiga de una chica a la que no le gusto.
No tengo que explicar el resto. El Negociador levanta las cejas.

—Ah. —Puedo sentir su mirada diseccionando mi lenguaje corporal.

¿Qué ve? ¿Mi vergüenza? ¿Mi frustración? ¿Mi humillación?

Balancea sus piernas fuera de la cama, la acción repentina me


asusta. Extiende una mano y me pone de pie.

—Coge un abrigo.

—¿Por qué?

—Porque vamos a salir.

Presente
E n la mañana antes de irme a trabajar, me dirijo a mi cuarto
de baño e inspecciono mi puerta rota.
Arreglada. El Negociador la reparó sin hacer un trato. Mi corazón
late más fuerte con esta comprensión. El Negociador es un embaucador;
todo tiene un precio. ¿Por qué esto no?

Y las líneas de despedida del Negociador. Aprieto los ojos. Algo que
dijo se me quedó en la cabeza.
Siete años es mucho tiempo de espera, especialmente para alguien como yo.
El Negociador no espera a nadie, especialmente a una clienta
soñadora que alguna vez estuvo demasiado ansiosa por pagar sus favores.
Pero suena como si eso fuera exactamente lo que hizo: esperó. No tiene
sentido.

Giro mi pulsera alrededor de mi muñeca, contando, después


recontando mis perlas.

Quedan trescientas dieciséis. Eso significa que el Negociador retiró


algunas después que compré sus preciados muebles. Varias perlas a cambio
del secreto que revelé.

Me froto la cara.

En este momento, más que nunca, creo que odio al Negociador. Odio
que haya irrumpido en mi vida cuando realmente estaba haciendo algo con
ella. Odio haber tenido que romper por teléfono con Eli porque no sabía qué
tareas me pediría Des. Pero sobre todo, lo odio porque es más fácil de odiar
que a mí misma.
Llego a las oficinas de investigaciones de West Coast con veinte
minutos de retraso, una caja de cartón rosa metida debajo de mi brazo.

Durante los últimos seis años, Temper y yo hemos estado en el


negocio de la Investigación Privada. Aunque lo que hacemos es un poco
más cuestionable legalmente que lo que el trabajo implica. Investigaciones
West Coast puede adquirir casi cualquier cosa para ti: una persona
desaparecida, una confesión, la prueba de un crimen.

—Oye —digo desde nuestra área de recepción—, traigo el desayuno.


El tipeo en la oficina de Temper hace una pausa.

—¿Rosquillas? —grita esperanzada.

—Nop, traigo un poco de fruta. Pensé que hoy sería un buen día
para empezar a trabajar en la operación bikini —digo, dejando caer la caja
de rosquillas sobre una mesa en nuestra sala de espera, una pequeña
nube de polvo flotando alrededor.
Recordatorio: hay que limpiar el área de estar.

—A la mierda la operación bikini. —Temper sale pisando fuerte de su


oficina, mirándome como si hubiera blasfemado—. Crees que quiero
parecer una flaca bu…

Sus ojos aterrizan en la caja de rosquillas.

—Conseguí uno de arándano y otro relleno de jalea —digo,


entregándole su café también—. Boom-fruta.

Carraspea.

—Perra, me gusta tu forma de pensar.

—Ídem, amor. —Me dirijo a mi oficina.

Estas son las mismas oficinas a las que nos mudamos hace cinco
años cuando, en la noche de graduación, empacamos todo y huimos de la
Academia Peel, nuestro internado, para algo mejor. Nuestro espacio de
oficinas todavía tiene ese mismo sentimiento de emoción y desesperación
que tenía entonces, cuando las dos estábamos huyendo —yo de mi
pasado, y Temper, de su destino—, y estábamos ansiosas por hacer algo
nuevo por nosotras mismas.

Sonrío cuando veo el cheque de mi última asignación en mi


escritorio. Dejando caer mis cosas, me deslizo en mi silla y agarro el
cheque, metiéndolo en mi bolso. Espero que Micky, el hijo de mierda, sea
bueno con su madre. Es un privilegio tener una.

Coloco mis talones sobre mi escritorio y enciendo mi computadora.


Mientras espero a que vuelva a la vida, reviso los mensajes en mi teléfono
de la oficina.

Uno es de un antiguo objetivo, un acosador de nombre Sean que


había estado siguiendo a uno de mis clientes a casa. Tanto Temper como
yo tuvimos que involucrarnos en el caso, y claramente dejamos una
impresión duradera, a juzgar por todo su colorido lenguaje. Elimino el
mensaje y paso al siguiente.

Los siguientes tres mensajes son de clientes potenciales. Deslizo un


cuaderno hacia mí y agarro un bolígrafo, anotando los nombres y la
información de contacto que dejan.

Y luego está el mensaje final.

Mis músculos se tensan cuando escucho la cálida y grave voz;

—Bebé, no voy a romper contigo. No por esto. Cuando vuelva,


hablaremos de ello.

Mi espalda se pone recta.


No, no, no.
—Hasta entonces —continúa el mensaje—, he movido algunas
cuerdas y he metido al Negociador como Prioridad Máxima en la Lista de
Más Buscados. —Conocido como, top diez.
Mierda.
Esto es exactamente lo que no quería que sucediera. Eli tomando mi
lío y haciéndolo suyo.

Tan pronto como se carga mi computadora, abro el sitio web de la


Politia, moviéndome a su lista de los Más Buscados.

La lista llega hasta cien, pero los diez criminales más buscados
están al frente y al centro, sus fotos justo al lado de sus nombres.
Entrando en el número tres en la lista: El Negociador (nombre real
desconocido).
—Hijo de puta —murmuro, pateando el archivador a mi lado.

No sé por qué estoy tan molesta. El Negociador puede manejar su


propia mierda, y yo puedo manejar la mía. O podría, hasta que me involucré
con un jodido hombre lobo alfa.

Mis ojos se mueven hacia el dibujo de la cara de Des. La Politia ni


siquiera tiene una foto de él, y la imagen en sí... podría ser cualquier
persona. Lo único que tiene bien son sus ojos plateados y cabello
blanco. Lo que, para ser justo, es suficiente.
Hago clic en el enlace, preguntándome cuántas oficiales femeninas
tuvo Eli que mover para poner al Negociador en el top diez. Des siempre ha
estado en la Lista de Más Buscados, pero no sé si he visto alguna vez que
esté tan alto.

La página que se abre está llena de sus estadísticas y una


descripción más detallada. Y a diferencia del dibujo de Des, estos parecen
ser exactos, hasta su manga de tatuajes. Sin embargo, no mencionan sus
orejas puntiagudas o sus alas.
No saben que es un hada.
Pero aun así, lo que tienen es condenatorio.

Abro el cajón inferior de mi escritorio y saco la botella de Johnnie


Walker.

Hoy es uno de esos días.

Temper viene cinco minutos después. Cuando me ve beber, hace un


gesto para que le pase la botella. A regañadientes, la deslizo sobre el
escritorio.

—¿Qué pasa, chica? —pregunta, tomando un trago. Sabe que


cuando Johnnie sale, algo malo ha ocurrido.

Suspiro y sacudo la cabeza.

Ella se encoge ante la quemadura del whisky, esperando que diga


más.

Echo un vistazo a mi pulsera.

—Mi pasado me ha alcanzado.

Desliza la botella hacia mí.

—¿Necesitas que lastime a alguien? —pregunta totalmente en serio.

Somos tan cercanas como pueden ser los amigos, y hemos sido así
desde el último año de la escuela secundaria. Y en el núcleo de nuestra
amistad tenemos un pacto de este tipo: nada va a arrastrarla hacia el
futuro que no quiere, y nada va a arrastrarme a mí de vuelta al pasado que
he trabajado para olvidar.
Nada.

Me echo una risa.


—Eli ya se te ha adelantado.

—¿Eli? —dice, levantando una ceja—. Chica, estoy herida. Las


amigas antes que los chicos, ¿recuerdas?

—No le pedí que se involucrara. Rompí con él, y luego se involucró…


—¡Qué! —Agarra la mesa—. ¿Has terminado con él? ¿Cuándo ibas a
decírmelo?

—Hoy. Iba a decírtelo hoy.

Ella menea la cabeza.

—Perra, deberías haberme llamado.

—Estaba ocupada terminando una relación.

Temper cae en su asiento.

—Mierda chica, Eli va a dejar de darnos un descuento.


—¿Eso es lo que más te molesta? —digo, tomando otro trago de
whisky.

—No —dice—. Estoy feliz que te haya crecido una vagina y hayas
roto con él. Se merece algo mejor.

—Voy a arrojarte esta botella de whisky.

Levanta las manos para aplacarme.

—Estoy bromeando. Pero en serio, ¿estás bien?


Apenas dejo de mirar la pantalla de mi computadora otra vez.

Exhalo.

—¿Honestamente? No tengo ni puta idea.

Estoy tomando un sano trago de vino cuando mi puerta trasera se


abre y el Negociador entra.

—¿Tratando de beber para alejar tus sentimientos, querubín?


Mi corazón galopa al verlo con su camisa ajustada y pantalones
vaqueros desteñidos.

Dejo mi copa de vino y el libro que estaba leyendo.


—¿De nuevo? —digo, levantando una ceja—. ¿Cómo sabías cuándo
estoy bebiendo?
—Rumores —dice suavemente.

Estrecho mis ojos.

—¿Has estado vigilándome...?

Mi voz se interrumpe cuando el Negociador cruza la habitación,


agarra mi copa de vino, y se dirige al fregadero. Vacía su contenido por el
desagüe.

—¡Oye! —digo—. Eso es Borgoña del caro.

—Estoy seguro de que tu bolsillo está sufriendo —dice. No hay una


pizca de remordimiento en su voz.

Lo sigo a mi cocina.

—Para empezar no deberías desperdiciar un buen vino.

Se aleja del fregadero, y jadeo cuando veo mi botella de vino levitar


de mi mesa de café y cruzar la sala de estar y entrar en la cocina,
aterrizando en la mano del Negociador.

Gira la botella, y oigo el sonido del precioso vino derramándose y


cayendo en la porcelana de mi fregadero.
—¿Qué estás haciendo? —Estoy demasiado sorprendida de su audacia
para hacer algo más que quedarme boquiabierta cuando las últimas gotas
de vino remolinean por el desagüe.

—No es así como resuelves tus problemas —dice el Negociador,


sacudiendo la botella de vino ahora vacía hacia mí.

La primera llamarada de justa indignación reemplaza mi sorpresa.

—Estaba bebiendo un vaso de vino, psicópata, no toda la maldita


botella.

Deja caer la botella en el fregadero y salto cuando oigo que el vidrio


se rompe.
—Estás en negación. —Los ojos de Des están enojados. Agarra mi
muñeca con brusquedad, sin quitarme los ojos de encima. Toquetea una
perla.

—¿Qué estás haciendo? —Los primeros movimientos de ansiedad


aceleran mi ritmo cardíaco.

—Cuidarte —dice, mirándome con la misma intensidad.

No puedo evitarlo, miro sus manos porque su expresión me hace


retorcerme. Debajo de sus dedos desaparece una perla.

Levanto mis cejas. Cualquiera que sea el reembolso que acaba de


pedir, sé que no me va a gustar.

—¿Me vas a decir qué me ha costado esa perla?

—Lo averiguarás pronto.


Capítulo 7
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Noviembre, ocho años atrás


D esde que el Negociador me sacó la semana pasada —para
tomar café y pasteles—hemos pasado la mitad de nuestras
tardes en mi residencia universitaria, y la otra mitad dentro de una
panadería al otro lado de la Isla de Man.

Ha tenido cuidado de mantener las cosas platónicas, a pesar de que


ha estado pagando por el café y los bollos franceses que ordeno cada vez
que visitamos Douglas Café, la mejor panadería de la Isla de Man. O que ha
pasado la mayoría de las noches durante el último mes conmigo.

Esta situación no es correcta.

No quiero que cambie.

—Entonces, ¿cuál es tu verdadero nombre? —Lo atormento por


centésima vez.

Esta noche estamos en mi habitación. Estoy acostada en mi cama,


los créditos de la película que vimos están rodando abajo de la pantalla de
mi ordenador portátil, que está situado junto a mí en la cama.
Una parte de mí teme volverse y ver la cara del Negociador. Tiene
que estar aburrido, sentado en mi incómoda silla plegable y
mirando Regreso al Futuro en una pantalla minúscula entre nosotros.
Pero cuando me vuelvo, no veo a un hombre aburrido. Veo a uno
confundido. Sus cejas están fruncidas, y sus labios forman una línea
delgada.

—¿Negociador?

—¿Por qué mataste a tu padrastro? —pregunta, su mirada


moviéndose hacia la mía.
Me siento derecha, mi reacción inmediata. Miedo antiguo pasa a
través de mí, acompañado de indeseados recuerdos. El aliento agrio de mi
padrastro, el olor de su cara colonia.

—¿Por qué me preguntas eso? —No logro mantener la emoción fuera


de mi voz.

Se recuesta en mi silla, pasando las manos detrás de su cabeza. Uno


de sus pies descansa sobre su otro muslo. El hombre no parece que vaya a
ninguna parte pronto.

—Creo que tengo derecho a algún tipo de explicación —dice—, dado


que soy tu cómplice.

Trago. Nunca debería haber negociado la presencia de este hombre.

Soy una estúpida, estúpida chica.

—No vas a conseguir una —digo.

No es que no confíe en él, porque lo hago, aunque no debería. Pero


la idea de compartir esa parte de mi pasado con el Negociador... Me siento
mareada por el mero pensamiento.

Me observa por un largo momento, luego sus labios se curvan en


una sonrisa.

—Dime, pequeña sirena, ¿estás obteniendo un gusto por los


secretos? —Parece casi orgulloso.

Pero luego se evapora, y se vuelve serio de nuevo. Apoya los brazos


musculosos y fibrosos sobre sus muslos.

—Lo que sea que te haya hecho, es...


—Para. Deja de hablar. —Me levanto, mi computadora portátil casi
cayendo de la cama en mi carrera loca por salir del colchón.
El Negociador lo sabe. No es que se necesite un genio para averiguar
por qué un adolescente aparentemente inocente atacaría a su padrastro.

Le ruego silenciosamente que no presione más. Sé que estoy usando


mi corazón en mi manga, que mi alma rota y maltratada está mirando a
través de mis ojos.
La forma del Negociador se desdibuja. En algún momento debo
haber empezado a llorar, pero solo lo noto ahora, cuando ya no puedo
verlo claramente.

Maldice entre dientes y sacude la cabeza.

—Necesito irme.

Parpadeo la humedad en mis ojos.

¿Se va? ¿Por qué me siento tan desolada con ese pensamiento
cuando hace solo un momento deseaba lo opuesto?

Al levantarse, la mirada del Negociador sigue las lágrimas que se


deslizan por mis mejillas, y puedo ver su lamento, eso alivia mi dolor.
Algo.

Justo cuando creo que va a disculparse, no lo hace. Dice algo mejor.

—Desmond Flynn.

—¿Qué? —le digo.

El aire ya se mueve, cambiando a medida que su magia se afianza.

—Mi nombre.

Es solo después de que se va que me doy cuenta de que nunca


añadió una perla por la información.

Presente
D es no me dice a dónde me lleva, ni qué tarea tiene en mente
para esta noche. Mientras los dos volamos sobre el océano,
todo lo que sé es que se dirige hacia la costa, en lugar de tierra adentro.

Ahora que he llegado a estar algo acostumbrada a volar en los


brazos del Negociador, observo el mar resplandeciente y las estrellas
centelleantes. Aunque está oscuro, la vista es algo digno de contemplar.
Puedo oler la sal en el aire, y el viento teje a través de mi pelo. Me hace
anhelar algo que he olvidado, o perdido.

Vuelvo la cabeza hacia dentro, mis ojos caen en la columna de la


garganta de Des y la parte inferior de su fuerte mandíbula.
Un hada me está llevando al interior de la noche. Eso suena como todas las
historias que he leído sobre ellos.

Subo mis ojos a sus hermosos y familiares rasgos. Él baja la mirada,


atrapándome mirándolo. Sus ojos son astutos, pero lo que sea que ve en
los míos hace que se ablanden.
Mi corazón se aloja en mi garganta. Aparto mi mirada antes de que
la suya pueda meterse bajo mi piel.

Nos alejamos de la costa, dirigiéndonos hacia el mar.

¿Qué podría haber allí para nosotros?

Lo descubro poco después, cuando salimos de la niebla costera la


Isla Catalina aparece. Situada en la costa de Los Ángeles, Catalina es un
lugar donde los lugareños van de vacaciones de fin de semana. La mayor
parte de la isla está deshabitada. Pasamos por Avalon, la ciudad principal
de la isla, moviéndonos a lo largo de la costa de Catalina.
Doblamos la curva de los acantilados, y aparece una casa de piedra
blanca, iluminada en medio de la oscuridad. Se pone de manifiesto por la
forma en que el Negociador maniobra en el aire que este es nuestro
destino.

Bebo de la vista. Está encaramada cerca del borde de un acantilado,


como la mía, la parte trasera de la casa dando paso a un patio de terrazas
que termina justo en el borde de la propiedad.
Cuanto más nos acercamos, más magnífico parece el lugar. Está
hecha de vidrio y piedra blanca, y mientras circulamos hacia el frente,
observo brevemente los elaborados jardines que la rodean.

El Negociador se desliza sobre el césped delantero, y con una última


maniobra, aterrizamos.

Salgo de sus brazos y miro alrededor.

—¿Qué es este lugar? —Parece algo sacado de un sueño. Una casa


suntuosa situada al borde del mundo.

—Bienvenida a mi casa —dice Des.


—¿Tu casa? —digo, incrédula—. ¿Vives aquí?
—De vez en cuando.

Nunca pensé que el Negociador tuviera un lugar propio, pero por


supuesto que sí. Visita la tierra bastante a menudo.

Veo la buganvilla trepadora y la fuente de gorgoteo en el patio


delantero. Más allá, su casa majestuosa.

—Este lugar es increíble —le digo. De repente, mi pequeño hogar


parece lúgubre y ruinoso en comparación.

Mira a su alrededor y tengo la impresión de que está tratando de ver


su casa a través de mis ojos.

—Me alegro de que te guste. Eres mi primera invitada.

Me resisto a eso.

—¿De verdad?

Primero me muestra sus alas. Ahora su escondite. Ambas


revelaciones son obviamente importantes, pero no puedo entender los
motivos del Negociador.
—¿Eso te hace sentir incómoda? —pregunta, su voz bajando—. ¿El
traerte a mi casa?

Tengo la clara impresión de que quiere que me sienta incómoda.


Está haciendo un buen trabajo también.
—Curiosa, no incómoda —digo, desafiándolo con mis ojos. Después
de todo, él había estado en mi casa cientos de veces cuando yo era más
joven.

La esquina de sus labios se tuerce, sus ojos se oscurecen con los


planes que se están gestando en esa mente. Extiende una mano.

—Entonces entra, tenemos mucho que discutir.

Avanzo por su entrada lentamente, observando las tablas de madera


pulida y los relucientes apliques de metal. No hay hierro, me doy cuenta.

Mis cejas se arrugan cuando veo dos máscaras venecianas colgando


a lo largo de la pared. Solía tener un par idéntico en la Academia Peel.
Siento que se me pone la piel de gallina.
No significa nada.
Una serie de fotografías panorámicas alinean la entrada y se
extienden por la sala de estar, cada una tomada desde un rincón diferente
del mundo. Los brillantes bazares de Marruecos, las austeras montañas
del Tíbet, los tejados rojos de Cuzco. Los he visto todos en persona, gracias
al hombre a mi lado.
Puedo sentir los ojos de Des sobre mí, observando cada una de mis
reacciones.

Tentativamente, me dirijo a la sala de estar, un sofá de cuero


desgastado descansa sobre una alfombra lanuda. Su mesa de café es un
cofre de madera gigante, las hebillas de latón desgastadas con la edad.

—Dime qué estás pensando, Callie.


Me encanta tu casa.
Quiero enterrar mis pies descalzos en esa alfombra lanuda y sentir
que la piel me haga cosquillas en los dedos de los pies. Quiero extenderme
en su sofá y pasar el rato con el Negociador como solíamos hacer.

—Nunca me di cuenta de lo cerca que vives —digo en su lugar.

Sus ojos se estrechan, como si supiera que no dije lo que pensaba.

Crujo mi cuello e intento mirar por un pasillo oscuro.


—¿Quieres una visita por el lugar? —pregunta, apoyándose en una
de las paredes. Con sus pantalones vaqueros bajos y su pelo azotado por el
viento, parece que inventó la palabra sensualidad, lo que es realmente
molesto cuando estás determinada a endurecer tu corazón contra alguien.

Estoy asintiendo antes de pensarlo mejor.


Hasta aquí llegó endurecer mi corazón.
Y entonces el Negociador me muestra su casa, desde la cocina de
lujo a la habitación que recientemente he amueblado. Las únicas dos
habitaciones que no me muestran son una, la habitación que contiene un
portal al Otro Mundo—la tierra de los fae—y dos, su dormitorio, conocido
como las dos habitaciones más interesantes en su casa.
Terminamos de nuevo en su cocina, un área de su casa que, aunque
mucho más pulida que la mía, es un lugar en el que deseas permanecer.

—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunto, abriendo ociosamente un


recipiente de cobre situado contra la pared. Al principio, creo que estoy
mirando harina, pero cuando atrapa la luz, brilla.
—¿Polvo de hadas?

En vez de contestar, Des pone el recipiente que sostengo a un lado y


agarra mi muñeca. Pasa una mano sobre mi brazalete.

—Esta noche quiero una verdad tuya —dice, sus ojos brillando con
travesura—. Dime, querubín, ¿qué has estado haciendo los últimos siete
años?
Tan pronto como las palabras salen de su boca, puedo sentir la
magia que me obliga a hablar. No es agresivo como lo fue anoche, porque
no hay límite de tiempo para esto, pero me cubre la lengua, llamándome a
hablar.

—Fui a la Academia Peel por un año más —comienzo—y fue


entonces cuando conocí a mi mejor amiga, Temper.

Juro que lo veo reaccionar incluso a ese pequeño detalle. Una vez él
ocupó la posición de mi mejor amigo, equipo extraño el que éramos.

—Me ayudó superar el año pasado. —No necesito elaborar nada para
que entienda que lo que estaba superando era a él.
La mano que todavía sostiene mi muñeca ahora se aprieta.
—En la noche de graduación, Temper y yo salimos del Reino Unido.
Nos mudamos a Los Ángeles y empezamos nuestro propio negocio.

—Ah, sí, Investigaciones West Coast, ¿verdad? —dice.

Mis ojos se ensanchan antes de que pueda evitarlo.

—¿Lo conoces?

Me suelta la mano.

—Soy el Negociador, sé todo sobre tu pequeño negocio. —Lo dice


como si mantuviera los ojos en todo el mundo—. Parece que no soy el
único extrayendo secretos en estos días.
No sé si está contento o molesto.

—¿Te molesta? —le pregunto.


—Me agrada. Y me molesta que me agrade. —Frunce el ceño, cruzando
los brazos sobre su pecho—. Nunca quise que terminaras como yo. —Toda
burla se ha ido de su voz cuando dice eso.
—No me di cuenta de que te importaba de una manera u otra. —¿Es
eso amargura en mi voz? Creo que sí.

Me da una triste sonrisa.

—Háblame de tu negocio —dice inocentemente, pero todavía siento


su magia en mi lengua, forzándome a contestar.
—Temper y yo estamos en investigación privada. Ella usa sus
hechizos para atrapar a criminales, encontrar personas desaparecidas, y…
—Dar sustos de muerte—, otras cosas. Yo utilizo mi glamour para obligar
a la gente a confesar o actuar en contra de su naturaleza básica. —Pienso
en Micky, mi último cliente, cuando digo esto.

Des chasquea su lengua.

—Callie, Callie, haciendo un negocio de violar la ley. Vaya, me está


sonando familiar esto.

Así que creé mi negocio inspirándome en el suyo. Vaya cosa.

—La copia es la forma más sincera de adulación —digo.

El Negociador se inclina hacia delante.


—Querubín, esto es quizá demasiado sincero. Aunque, como dije, me
complace... Estás tomando precauciones para protegerse de las
autoridades, ¿verdad? —Diciéndolo de otro modo: No vas a ser atrapada en
cualquier momento pronto, ¿cierto?

Juro que parece que realmente le importa. Todo esto proviene del
tercer hombre más buscado en el mundo sobrenatural.

—Estoy bien. —Saco uno de los taburetes de la cocina y me siento—.


Eso es lo que he estado haciendo durante los últimos siete años.

Me hago girar en su taburete.

—Estás omitiendo algunos detalles —dice, dirigiéndose al otro lado


de la barra ante la que estoy sentada.

No necesita decirme eso para que sienta la magia presionándome,


exigiendo que diga más.
— ¿Qué me he saltado?

Des se inclina contra la isla en su cocina, con los ojos


inquebrantables.

—Tu vida personal.

Puedo sentir mi rostro ruborizarse incluso mientras le doy una


mirada extraña. ¿Por qué él, alguien que me despreció hace mucho tiempo,
se preocupa por mi vida personal? Solo soy un cliente.

Es la magia la que me obliga a hablar.

—¿Quieres que te cuente todas las relaciones que he tenido en los


últimos siete años? No hay nada que contar.
Levanta una ceja.

—¿No has estado con nadie en todo ese tiempo?

Jesús, esto es peor que contarle a mi ginecólogo sobre mi historia


sexual.

—¿Qué hay de ti? —exijo—. ¿Con quién has estado?

—No estoy preguntando por mí, y todavía necesitas responder a la


pregunta.

La magia hunde sus garras, apretando mi garganta.


—Ocho. ¿De acuerdo? He estado en ocho "relaciones” —digo la
palabra haciendo las comillas en el aire, porque mi idea de una relación
realmente es una broma. Ninguna ha durado más de seis meses.

Tengo problemas de compromiso.

La magia de Des todavía me tiene en sus garras.

—Y algunas aventuras aquí y allá en medio —digo, mi cara


calentándose mientras hablo.

Dios, esto es vergonzoso, considerando que estoy diciéndole esto al


objeto de mi enamoramiento adolescente. Y cuanto más tiempo estoy
alrededor de él, más creo que no era estrictamente un enamoramiento
adolescente. No, cuanto más me mira con su mirada arrolladora, más
siento la armadura alrededor de mi corazón desmoronándose, como si
estuviera hecha de nada más que papel maché.

Mientras hablo, la cara de Des se endurece. Me siento un poco


emocionada ante la posibilidad de que esté realmente molesto por la idea
de mí estando en una relación.

—¿Amaste a alguno de ellos? —pregunta.

Inclino la cabeza hacia él.

—Eso no es asunto tuyo —digo, más confundida que nada.


—Au contraire, mientras me debas, es asunto mío.
—¿De veras me vas a obligar a decir esto? —Es una pregunta
retórica; puedo sentir la magia arrastrando mi respuesta por mi garganta.
—No, no amé a ninguno de ellos. —Finalmente la magia me libera—.
¿Estás feliz?

—No, querubín —dice, con expresión frágil—. No lo estoy.

Lo miro de arriba a abajo. Todo este pago ha sido una farsa. Un


beso, algunos muebles y unas confesiones de parejas. Eso es todo lo que
ha pedido hasta ahora.

He visto a este hombre por sí solo obligar a un político a confesar y


cambiar el derecho sobrenatural como pago. Lo he visto arrancar secretos
de hombres que preferirían morir que confesar.

Apoyo los codos contra la encimera de granito.


—¿Por qué has vuelto a mi vida? y no me digas que es solo porque
decidiste al azar que necesitaba pagar mis deudas.

Se inclina hacia adelante también, nuestras caras con no más de


unos centímetros de distancia.

—No decidí al azar esto, Callie. Esto fue muy, muy deliberado —dice
esto como si las palabras fueran pesadas.
Busco su rostro.

—¿Por qué, Des?

Vacila, y veo la primera grieta en su fachada, algo que no es enojado


ni amargo ni distante. Algo... vulnerable.

—Necesito tu ayuda —admite finalmente.

Des ha hecho un imperio en secretos y favores. ¿Seguramente no


puedo ofrecerle nada que no pueda conseguir en otra parte?

—¿El infame Negociador necesita mi ayuda? —digo esto


sarcásticamente, pero estoy intrigada.

—Hay algo que está sucediendo en Otro Mundo —explica—, algo que
ni siquiera mis secretos pueden descubrir.
Otro Mundo. Solo la mención me pone la piel de gallina. Es el reino de
las hadas y otras criaturas demasiado crueles para la Tierra. Todos los
sobrenaturales lo saben, y los que tienen una pizca de sentido lo temen.

—¿Cómo puedo ayudar? —pregunto, mientras su refrigerador se


abre detrás de él. Ya estoy temiendo lo que podría decir.

Una botella de sidra espumosa flota fuera de la nevera. Justo


cuando la puerta se cierra detrás de él, una botella de vino se desliza fuera
de la encimera. Un momento después, un armario se abre y dos copas de
vino levitan hacia fuera del mismo. Los cuatro elementos aterrizan frente
al Negociador, que luego comienza a servirnos las bebidas.

—Necesito que obtengas información de algunos de mis súbditos.

Desliza un vaso de sidra espumosa hacia mí. Frunzo el ceño, pero


tomo un sorbo tentativo de todos modos.

—¿Y no puedes hacerlo tú? —pregunto, levantando las cejas.

Sacude la cabeza, sus ojos lejanos.


—Puedo, hasta cierto punto. Más allá de ese punto... mueren.
—¿Mueren?
Jesús. ¿De qué está hablando este hombre?

—Como tú, puedo obligar a la gente. Pero hay una diferencia clave
entre nuestras dos habilidades.

Había mucho más que una diferencia clave entre nuestras


habilidades. Des no brillaba cada vez que los usaba, ni trataba de secar el
objeto de su glamour como la sirena en mí, esa perra cachonda.

—Tu glamour no le da a su objetivo la capacidad de rechazar


órdenes —continúa—. Quieres que hablen, hablan. Quieres que bailen
desnudos en las calles, bailan desnudos en las calles. No hay otra opción.

Desliza su copa de vino de un lado a otro entre sus manos.


—Con mi poder —dice—, una persona puede elegir no ser obligado,
pero los matará. Así que, si lo desean, pueden elegir morir completamente
vestidos en lugar de bailar desnudos en las calles. O pueden elegir morir
en silencio en lugar de soltar un secreto.

Nunca me había dado cuenta...

—Pero tú haces que todos hablen —digo.

El Negociador toma un largo trago de su vino antes de contestar:

—La mayoría de la gente quiere vivir.

Dejo que esa revelación se hunda.

—¿Entonces tus súbditos están eligiendo la muerte en lugar de


compartir información?

Asiente, mirando su copa.

Maldición. No puedo imaginar por qué secreto valdría la pena morir.

—Hay una cosa incorrecta en tu plan —le digo—. No puedo encantar


hadas.

Sus ojos se alzan hacia los míos.

—No te estoy pidiendo glamour para las hadas.

Eso me hace dar una pausa.


—Entonces, ¿qué me estás pidiendo?

Sus ojos iluminados por la luna son tan misteriosos como siempre.
Tomando algún tipo de decisión, rodea la barra y, agarrando otro taburete,
lo acerca.

—Las cosas en el Otro Mundo están... mal. —Su voz es más suave,
como si tuviera que suavizar las palabras—. Mi reino está inquieto, al igual
que los demás. Ha habido desapariciones; muchas, muchas,
desapariciones. Soldados desapareciendo sin dejar rastro. Solo las
mujeres... han regresado. Necesito saber lo que les ha pasado.
—¿Por qué las mujeres no te lo dicen ellas mismas? —pregunto.

—No pueden. —La expresión de Des es agonizante.

—¿Están muertas?

Sacude la cabeza.

—No exactamente. No están vivas ni muertas.

Hago girar mi vaso de sidra espumosa.

—Aun no entiendo. ¿Qué quieres que haga, Des?

—Los fae no quieren hablar conmigo. —Elige sus siguientes palabras


cuidadosamente—: Pero los fae no son los únicos que viven en el Otro
Mundo.

Lo entiendo todo a la vez.


—Los changelings —exhalo. Humanos atrapados por hadas y llevados
al Otro Mundo. Mayormente para vivir allí como esclavos.

—Necesito proteger mi reino.

Me tenso. Es raro conseguir que Des hable de la otra mitad de su


vida, la mitad donde no es solo un matón fantasma en la noche. La mitad
donde es realmente un rey, uno que gobierna a todas esas criaturas que
golpean en la noche.
—Así que quieres llevarme a tu mundo —le digo—. Y quieres que use
glamour en tus esclavos...

—No son esclavos —gruñe.


—No te hagas el tonto, Des. El hecho de que sea todo lo que han
conocido no significa que eligieran esa vida si pudieran.

—Ninguno de nosotros puede elegir nuestras vidas —dice, y sus ojos


son un poco demasiado penetrantes.

—Quieres que exprima la verdad de los humanos que viven en tu


reino, aunque eso no es ético, y probablemente los pondrá peor que
asesinarlos.
—Nunca te has preocupado por la ética del glamour antes —dice.

—Porque ninguna de las personas en las que he utilizado glamour


han sido víctimas. —Todos habían sido criminales de un tipo u otro.

Continúo:

—¿No has pensado alguna vez que si el Rey de la Noche, con todos
sus trucos y promesas no hace que estas personas hablen, debemos
dejarlas en paz?

—Callie —dice Des, inclinándose hacia delante—. Las hadas se están


muriendo. Los seres humanos están muriendo. Algo está pasando en el
Otro Mundo, y está sucediendo justo debajo de mis narices.

—¿Y si te dijera que no, que no lo haré? —digo.

Me estudia durante varios segundos, apretando la mandíbula.

—Haría que lo hicieras, independientemente.

Eso pensé. Preferiría mi permiso, pero usaría mis habilidades de


cualquier manera.

—Entonces no es elección para nada —digo—. Lo haré.

Y así de simple, estoy trabajando de nuevo junto al Negociador.


Capítulo 8
Traducido por Raenys/Corregido por krispipe

Diciembre, ocho años atrás


E ntonces, ¿qué haces cuando no estás haciendo tratos? —le
pregunto a Des, que está tendido en mi piso, repasando mis
libros de texto.

Tiene una pluma en la mano, y lo he visto escribiendo cosas en los


márgenes. Tengo miedo de que haga dibujos de penes dentro de mi libro de
texto, pero cuando echo un vistazo, me veo a mí misma en su lugar. Ha
dibujado una pizca de mi cara, y maldita sea, es un artista realmente
bueno encima de todo lo demás.

—¿Además de arruinar la mente de una pequeña sirena? —dice.

—Además de eso —le digo, sonriendo suavemente.

En el pasillo fuera de mi habitación, escucho a algunos de mis


compañeros reírse mientras corren a cenar. Llaman a la puerta al lado de
la mía, invitando a Shelly y Trisha a cenar con ellos. Oigo sus pisadas que
vienen hacia mi habitación, y una pequeña parte de mí espera que llamen
a mi puerta, aunque Desmond está aquí.

Sus pasos pasan por mi puerta sin parar.

—No nos pueden oír, ya sabes —dice Des, sin levantar la vista de su
trabajo.
No lo sabía, pero me había preguntado por qué nadie en mi piso había
preguntado por la voz masculina que venía desde mi habitación. Las
paredes son delgadas.

—Eso fue amable de tu parte, Des —le digo.

—Me gusta mi privacidad. No tiene nada que ver contigo.

—Cierto. —Dios no permita que el Negociador tenga realmente una


reputación de bondad.
—Y mi nombre es Desmond... no... Des. —Su voz gotea con desdén.
¿Así que el nombre lo fastidia? Bien.

—Dejaré de llamarte Des tan pronto como dejes de llamarme


querubín.

Refunfuña ante esto.

Me siento en la silla de mi computadora y lo veo trabajar durante


varios segundos. Y mientras me siento allí, mirándolo, siento mi estómago
revolotear.

Si cierro los ojos, puedo fingir que no estamos en mi sombría


residencia universitaria, que no estoy pagando al Negociador para que me
acompañe, que a Des le gusto tanto como él a mí.

Pero entonces recuerdo que puedo pasar el rato con él por no más de
cuatro horas de su día. Vivo por esas cuatro horas, pero, ¿qué pasa con él?
Probablemente sea su equivalente a unas vacaciones pagadas.
¿Qué hace cuando no está robando secretos o cobrando deudas?
¿Cuál es la idea de diversión de este hombre?

Probablemente robar dulces a los bebés o algo horrible como eso.

—¿Qué haces en tu tiempo libre? —pregunto de nuevo.

Da la vuelta a otra página de mi libro de texto.

—Eso te costará —dice.

Me encojo de hombros. Ya tengo dos filas de cuentas. ¿Qué importa


una más?

—Añade una cuenta.

Miro mi muñeca justo cuando se forma otra perla negra y opaca.

—Gobierno. —Ni siquiera alza la mirada cuando lo dice.

Espero más, pero nunca llega.

—Oh, vamos, ¿eso es todo? —digo—. Esa respuesta fue de una


palabra. —Merezco una respuesta mejor que esa, teniendo en cuenta el
precio que finalmente tendré que pagar por el favor. Con toda
probabilidad, algún día, este brazalete de perlas se convertirá en una
versión muy real de Fuck-Marry-Kill3.
—Así fue con mi nombre. No te quejaste entonces. —Empieza a
dibujar mi boca.

—No agregaste una cuenta por esa respuesta —digo.

—Una generosidad que no me interesa repetir. —Sus palabras son


cortantes.

Aprieto los dientes.

Dejándome caer al suelo junto a él, arranco el bolígrafo de su mano.

—¿Qué gobiernas exactamente? —exijo.

El Negociador rueda sobre su lado, apoyando su cabeza hacia arriba


con una mano, una sonrisa en su rostro, un mechón de cabello blanco
cayendo en sus ojos. Me estudia un segundo, luego cede.

—Soy el Rey de la Noche.

—¿El Rey de la Noche? —repito estúpidamente.

¿Qué tipo de título es ese?

—En el Otro Mundo —aclara, arrebatándome el bolígrafo.

El Otro Mundo.

Lo miro fijamente.
El Otro Mundo.
Santa mierda, este tipo es un hada. No, no solo un hada, un rey fae.
Un líder de una de las razas de seres más despiadados que existe.
Y he sido mezquina con él.
—Así que eres... realmente importante —le digo.

Inclina ligeramente la cabeza, todavía con aspecto divertido.

—Un poco.

3
Es un juego en el que se dicen tres nombres de personas (puede ser alguien que
conozcas o famosos), y tienes que elegir con cuál te acostarías, con cuál te casarías y a
cuál matarías.
Pues que me jodan, no me había dado cuenta.

Observo su indomable pelo blanco, su asombrosa estructura, su


brazo tatuado y su atuendo negro sobre negro.
—No pareces un rey —digo.
—Y tú no pareces el tipo de chica que hace tratos con el Negociador,
querubín. ¿Cuál es tu punto?

Ahí me ha pillado.
Rey de la Noche. Solo el nombre suena rudo.
—¿Dónde están tus alas? —pregunto.

Me mira con enojo.

—Lejos.

Des debe darse cuenta de que voy a seguir molestándolo porque


cierra mi libro de texto y lo pone a un lado.
Tener la plena atención del Negociador es como llamar la atención de
un tigre. Todo lo que querías hacer era acariciar a la criatura, pero tan
pronto como vuelve su mirada hacia ti, te das cuenta de que simplemente
te va a desgarrar en partes.

—Dime, querubín, ¿te gustaría visitar mi reino un día? —pregunta,


su voz suave como el terciopelo.

¿Es esta una pregunta con trampa? Me siento como si estuviera a


punto de caer en una trampa.

—¿Me llevarías? —pregunto. Trato de no sonar demasiado


emocionada, o asustada para el caso. Todo lo que he aprendido sobre el
Otro Mundo me aterra. Pero la idea de que el Rey de la Noche me dé un
tour por su reino es increíblemente atractiva.

—Oh, te llevaré —me promete, con un brillo perverso en sus ojos—.


Un día no te daré otra opción.

Presente
P oco después de aceptar ayudar a Des, me devuelve a casa por
la noche. Ahora que estoy a bordo, hace los preparativos.
Mañana repasaremos las desapariciones. El día después, estaré
entrevistando a los changelings. Eso significa visitar el Otro Mundo y ver por
primera vez en mi vida el reino que Des gobierna.

Me quedo afuera en mi patio trasero, viendo al Negociador volar de


vuelta a la noche, una gran parte de mí queriéndolo seguir.
Esta noche, no necesitaba mostrarme su casa, pero lo hizo. Así como
no necesitaba mostrarme sus alas, pero también lo hizo. Si está tratando
de confundirme, está haciendo un buen trabajo.

Una vez que Desmond se desvanece fuera de la vista, me deslizo


dentro y me dirijo a la cocina. Antes había tomado una perla, poco
después de que me pilló bebiendo vino. Nunca explicó qué me costó la
cuenta exactamente, aunque tengo mis sospechas.

Ahora mi curiosidad saca lo mejor de mí. Es hora de poner a prueba


mi teoría y rezar a Dios para estar equivocada.

Tomando una botella de whisky Jameson de mi armario, desenrosco


el tapón, atrapando la primera oleada del licor. Me detengo un momento.
Si su reembolso anterior es lo que creo, esto podría ser desagradable, mi
mano tiembla por un momento, y entonces inclino la botella detrás y tomo
un trago largo y profundo.
El whisky es como ámbar líquido bajando; ya puedo sentir como los
nervios son consumidos por el fuego. Cierro mis ojos y disfruto de la
picadura inicial en la parte posterior de mi garganta y el calor que se
enrosca en el interior de mi estómago.

Un momento después, me relajo.

Pensé que me había prohibido beber alcohol, pero obviamente mi


teoría estaba equivocada.
Dejo el whisky, aliviada.

Solo cuando estoy regresando a mi habitación, lo siento. Mi


estómago se encoge. Trago y me detengo. La sensación se desvanece y
empiezo a caminar de nuevo. Tres pasos más tarde, mi estómago
convulsiona. La sensación ondula por mi torso y casi caigo de rodillas.
Puedo sentirla todo el camino hasta mi garganta.

Ese malvado bastardo.

Corro al baño y apenas llego a tiempo. Todo mi cuerpo sufre un


espasmo mientras vomito el whisky. Puedo sentir los hilos de magia
forzando a mis entrañas a deshacerse por completo del alcohol, y es tan
invasiva como la primera vez que sentí su magia moverse dentro de mí.
Mis nudillos se ponen blancos cuando mi agarre en la porcelana se
aprieta. Ahora sé lo que Desmond cobró por esa cuenta en especial.
Sobriedad.
Olvida los caza-recompensas sobrenaturales persiguiéndolo; ese hijo
de puta es mío.

Esa noche, cuando Desmond Flynn abre la puerta corredera de


cristal y pasea por mi sala de estar como si fuera dueño del lugar, estoy
lista para él.

—Yo. —Lanzo una botella de whisky a la cabeza del Negociador—.


Te. —Ahora una copa de vino—. Odio. —Ahora una botella de cerveza.

La forma del Negociador desaparece en el momento en que cada


artículo debe entrar en contacto con él. Un momento más tarde, reaparece,
su cuerpo parpadeando dentro y fuera de la existencia mientras se dirige
hacia mí. Cada recipiente se rompe contra la pared detrás de él, el ámbar y
el líquido marrón salpica contra esta y gotea hacia las tablas de madera
debajo.
—Esto no es agradable —gruñe.

Voy a agarrar más munición. Todos mis suministros alineados en la


encimera. He decidido usarlos, como está claro que no van a tener ningún
otro uso ahora.

El Negociador desaparece de nuevo, y cuando vuelve a aparecer, está


frente a mí.
—Tenemos trabajo que hacer hoy.
—Puedes tomar tu trabajo —gruño—, y metértelo por…

—Ah, ah, ah —dice, cogiendo mi mandíbula y presionándome contra


el mostrador—. Ten cuidado con lo que dices a mi alrededor. Nada me
gustaría más que tomar mi trabajo y meterlo en algún lugar donde el sol
nunca pueda alcanzarlo.

Sé por la experiencia pasada que cuando está de mal humor, el


Negociador ama retorcer las palabras de sus clientes. El pensamiento hace
que la sirena en mí cante. El resto de mí está más loco que el infierno.
El Negociador parece ser consciente de mi reacción conflictiva
porque sus pupilas se dilatan.

—Hora de irse.

—No —digo obstinadamente.

—No estaba preguntando. —Me arrastra lejos del mostrador y nos


encamina a través de mi sala a la puerta trasera.

Fragmentos de vidrio y gotas de alcohol se levantan de las paredes y


el suelo, el líquido hace un camino al fregadero y el vidrio a la basura. Está
limpiando por mí de nuevo.

Tiro su mano de mi muñeca, luchando contra él todo el camino.


—Des-mond. Déjame ir. Ahora. —La sirena se ha apoderado de mi voz,
haciendo que mi orden enojada se escuche seductora.

En lugar de dejarme ir, Des me lanza sobre su hombro.

—Sigue hablando conmigo así, querubín —dice el Negociador—. No


sabes cuánto me enciende. —Da palmaditas en mi culo, y veo rojo.

—¡Bájame, imbécil!

Pero en lugar de bajarme, me acomoda para que mis piernas se


envuelven alrededor de su cintura y mis brazos alrededor de su cuello.
Trato de retorcerme libre, pero su agarre es como una jaula,
manteniéndome en su lugar.

Le pellizco la espalda. Maldice, y el vaso y el líquido que está


limpiando detrás de nosotros caen al suelo.

—Maldita sea, Callie —dice—, no me hagas desperdiciar una de tus


perlas por inmovilizarte.
Lo miro a los ojos mientras me lleva afuera.

—Te reto a que lo hagas, Des.

Sus ojos destellan.

—No me pongas a prueba. Lo haré, y disfrutaré de sentir cada


pulgada de tu piel mientras no puedes moverte.

Me conformo con mirarlo fijamente.

—Eso estuvo mal de tu parte —digo—, quitarme la capacidad de


beber.

—No es lo peor que he hecho, querubín —dice—. Y no es permanente


si aprendes cómo beber responsablemente.
Los cojones de este hombre. ¿Cómo puedo aprender a beber de manera
responsable si no puedo beber?
Aprieto mi agarre mientras sus alas se materializan.

—Lo estaba haciendo muy bien antes de que te entrometieras en mi


vida.

Da un bufido despectivo.

—Eso es debatible.

Antes de que pueda replicar, nos lanza en el aire. Dejo escapar un


grito de sorpresa, y frota círculos pequeños en mi espalda, probablemente
en un intento de tranquilizarme. Quiero alejar esa mano, pero ttendría que
soltar su cuello, y no puedo.

En cambio, fijo mis ojos en el cielo sobre mí, decidida a recitar


constelaciones en un esfuerzo por ignorar al hombre que tanto me enoja y
me confunde.

Y, naturalmente, veo la friolera de tres estrellas en el cielo, y una de


ellas podría ser un avión. Así que me arreglo para simplemente ignorar a
Des, lo que resulta ser casi imposible. Estoy respirando su olor, su pelo me
hace cosquillas en el dorso de las manos, y todo lo que puedo ver, además
de la noche oscura es el arco amenazador de sus alas.

Pasan algo como diez minutos, me doy por vencida y descanso mi


cabeza en el rincón entre su cuello y hombro.
El Negociador se aferra a mí, y siento el áspero roce de su mejilla
mientras me acaricia. Estoy empezando a notar un patrón; se pone
cariñoso cuando estoy en sus brazos.

No estoy segura de cuánto tiempo nos quedamos así, pero


eventualmente siento que empezamos a descender. Echo un vistazo al
mundo debajo de nosotros y veo como la Isla de Catalina se hace más
grande y la casa del Negociador aparece a la vista.

Quince minutos más tarde, entramos en su sala de estar. Hoy, hay


hojas y hojas de notas manuscritas y bocetos cubriendo su mesa de café.
Me inclino para tener una buena mirada de ellos. He trabajado bastantes
casos en PI para reconocer un expediente de caso cuando lo veo.
Recojo uno de los bocetos, reconociendo inmediatamente la obra de
Des. Solía dibujar retratos y paisajes en mi residencia universitaria en la
Academia Peel. Aunque ninguno como este.

En el bosquejo, filas y filas de mujeres se encuentran en lo que


parecen ser ataúdes, sus ojos cerrados, sus brazos doblados sobre sus
pechos.

Santa Mierda.

—¿Estas son... las mujeres?

Siento que el aire se agita; un momento después Des está en mi


espalda, mirando por encima de mi hombro, y soy muy consciente de él.

—Son ellas, cada una es devuelta en un ataúd de cristal.

Anoche, Des me dijo que estas mujeres no estaban muertas, pero


parecen muertas.

Se inclina a mí alrededor y saca otra imagen, ésta de un solo ataúd


sentado en lo que parece como un gran salón.
El Palacio de Des. Es un pensamiento extraño.
Mi atención se dirige a la mujer dormida, usando sus cueros de
batalla. En una mano tiene un arma, y en la otra…

Mis ojos deben estar engañándome.

—¿Eso es…?

—Sí. Es un niño.
Miro el dibujo.
Niño no es la palabra correcta para la vida minúscula acunada al
pecho de la guerrera fae durmiendo.
Infante. Bebé.
Sostenido en los brazos de una mujer que bien podría estar muerta.

Siendo investigadora privada, he visto y oído mi parte justa de


mierda retorcida.

Las hadas siempre logran superarlo.

—¿Está muerto el bebé? —pregunto.

—Oh no. —La forma en que Des lo dice me hace girar para mirar
hacia él.

—¿Entonces está vivo? —pruebo.

—Mucho. ¿Las humanas que estarás entrevistando? Son nodrizas de


algunos de estos niños.

Frunzo el ceño. ¿Qué pueden saber un montón de nodrizas?

Deslizo una mirada a sus notas, escritas con sus garabatos.

...Guerreros machos aún desaparecidos...


…va por el nombre de “Ladrón de Almas”...

Des saca los dibujos de mis manos.

—Para ayudarme, primero debes aprender sobre el Otro Mundo,


incluso antes de aprender los entresijos de este misterio en particular. La
ignorancia, ya ves, te matará en mi mundo.

Ahogo un estremecimiento. El Otro Mundo ya suena peor de lo que


temía.

Me siento en su sofá.

—Soy todo oídos, Des.

Se sienta a mi lado. De la pila de notas extendida ante nosotros,


produce una pluma y una hoja de papel en blanco.

—Aquí están los fundamentos: El mundo de los fae es una jerarquía


enorme. —Dibuja una pirámide—. Los jugadores de poder están en la
parte superior, ninguno tan poderoso como la reina y rey de los fae:
Titania y su rey consorte, Oberon, o la Madre y el Padre, como los
llamamos. Son unos de los ancianos más antiguos que todavía viven. No
necesitas preocuparte demasiado sobre ellos. Ambos han ido muy lejos
Bajo la Colina, y han tomado el sueño eterno.

—Um, en cristiano —digo.

—Están en estado de coma. No vivos, pero no muertos.

—Un poco como las mujeres guerreras —digo.

Des me da una mirada aguda.

—Sí —dice lentamente—, un poco como ellas, supongo.

Su mano se desliza más abajo en la pirámide, y dibuja otra línea.

—Debajo de ellos están los cuatro reinos más grandes. Tus libros de
historia pueden referirse a ellos por su nombre tradicional, cortes.
—Estos cuatro reinos son: Nocturno, Diurno, Flora y Fauna.

Reconozco la casa de Des inmediatamente, y una vez más me


sorprende lo poderoso que es este hombre.

—Hay dos casas adicionales que normalmente no se reconocen, pero


son igualmente poderosas: la de Reino de Mar, que reina sobre todos los
cuerpos de agua. Y el Reino de Muerte y Profundidades. Estas dos casas se
mantienen separadas: a la Muerte no le gusta meterse en la tierra de los
vivos, y al Reino de Mar le gusta permanecer en sus profundidades
acuosas en su mayor parte.

—En cuanto a las cuatro casas, yo domino el Reino Nocturno. Mi


gente me conoce alternativamente como Su Majestad Desmond Flynn,
Emperador de las Estrellas del Crepúsculo, Señor de los Secretos, Maestro
de las Sombras y Rey del Caos.
Levanto una ceja.

—¿Nadie te llama Negociador?

No menciono este extraño dolor que siento al conocer la otra vida de


Des. Cuanto más me cuenta, más me doy cuenta de lo poco que realmente
conozco de él.
—No, en el Otro Mundo, no.
Volviendo a su trabajo, Des comienza a escribir de nuevo.

—En oposición directa al Reino Nocturno está el Reino Diurno.


Regido por Janus, Señor de los Pasajes, Rey de la Orden, Ejemplo de
Veracidad, Portador de la Luz, Estúpido Supremo.

Casi me pierdo la pulla.

Una risa sorprendida se me escapa.

—¿No te gusta el tipo? —pregunto.

Des no se ríe conmigo.

—Es la luz de mi oscuridad. El bien de mi mal. La verdad y la belleza


de mi engaño y maldad. Es mi opuesto; estoy hecho para que me
desagrade —dice—. No es que debas compartir mi opinión —añade—. Si lo
conocieras, probablemente te gustaría. A todo el mundo le gusta.
Miro a Des mientras mira fijamente a la gente que dibuja, y noto algo
en su cara. ¿Envidia? ¿Lamento? ¿Anhelo?
Una vez más, siento un extraño dolor, esta vez por este hombre.

Pongo una mano en su pierna, atrayendo su atención.

—Quizá me gustaría, o tal vez no. Mi aprecio por la verdad y la


belleza murió hace mucho tiempo.

Des me mira, y un susurro de una sonrisa levanta la comisura de su


boca antes de que regrese su atención a la hoja de papel.
—El Reino de Flora está gobernado por Mara, Reina de Todo lo que
Crece, y su rey consorte, el Green Man. Gobierna toda la vida vegetal. —
Escribe sus nombres en la hoja de papel—. Y por último, está el Reino de
Fauna, gobernado por Karnon, Amo de los Animales, Señor de Corazones
Salvajes, Rey de Garras y Uñas. También conocido en ciertas partes como
el rey loco por sus tendencias ermitañas y sus... excentricidades. Mientras
estás en mi reino, debes seguir las reglas de mi tierra. Cuando estés en el
Reino Diurno, debes seguir las suyas, incluso yo, un rey, debo cumplir sus
reglas.

Vaya, vaya, vaya.

—No voy a estar en el Reino Diurno o cualquier otro, ¿verdad? —


Porque no tengo tiempo suficiente para aprender las leyes y la etiqueta de
todos los diferentes reinos fae. No si Des y yo vamos a visitar el Otro
Mundo mañana.

—Estarás en mi reino y solo en el mío, y allí tendrás mi absoluta


protección.

Oigo el borde duro de un gobernante en su voz.

—Eso es todo lo que necesitas saber sobre el Otro Mundo… por


ahora.

Desliza su dibujo de la pirámide a un lado, su atención volviendo a


sus notas dispersas.

Mis ojos regresan involuntariamente a la imagen de la mujer


dormida que sostiene un bebé contra su pecho.

—¿Entonces todas las mujeres vuelven con niños? —pregunto.

Desmond asiente, sus dedos trazando el dibujo.

—¿De quién son esos niños? —pregunto. Las hadas tienen el mal
hábito de tomar hijos que no son los suyos.
—Han venido del vientre de estas mujeres —afirma Des.

No voy a preguntar cómo llegaron a esa conclusión.

—¿Y el padre? —pregunto.

El comienzo de una sonrisa torcida se extiende a través de los labios


del Negociador, pero luego se convierte en una mueca.

—Solo un misterio más —dice.

Mueve los papeles en una pila ordenada.

—Por ahora, nada de esto importa excepto... —saca una hoja de


papel de la pila—, “esto".
La agarro, mirándola. Una lista de preguntas abarca casi la longitud
de la página, cada una más extraña que la anterior.

—¿Qué es esto?

—Eso, querubín, son las preguntas que harás mañana.


Incluso después que Des ha dejado de lado las notas del caso y he
guardado mi hoja de preguntas, no hace un movimiento para terminar la
noche. En su lugar, una extensión de queso y galletas viene a la sala de
estar desde la cocina, un juego de vasos y bebidas siguiéndole los talones.

Agarro la Coca-Cola que flota justo encima de mi regazo, mientras el


Negociador abre la tapa de su cerveza, tomando un trago saludable.

Le doy una mirada despectiva, recordando de nuevo que no puedo


beber licor junto a él, antes de empezar a beber mi soda.

Des se instala en el sofá, su camisa se levanta mientras cruza los


brazos.

Toma un trago de su cerveza, mirándome por el borde y pareciendo


absolutamente pecaminoso.

Esto no se siente como el final de una noche, se siente como el


principio. Tampoco se siente como un pago.

Todo esto es un poco demasiado íntimo para eso.

—¿Qué, dime por favor, está pasando por la mente de mi pequeña


sirena? —pregunta, con los ojos en movimiento sobre mí.
Mi pequeña sirena.
—No soy tu nada —le digo.

Toma otro trago de su cerveza, sonriendo alrededor del borde.

Una vez que aparta la bebida, hace remolinos del líquido ambarino
dentro de su botella.

—Fuiste una vez mi cliente, y luego fuiste mi amiga, y ahora... —Sus


labios se curvan casi neciamente, sus ojos de plata brillando—. Tal vez no
pongamos una etiqueta a lo que somos ahora.

El ambiente en la habitación cambia, volviéndose pesado, casi


bochornoso. No sé si es su magia o simplemente el magnetismo natural de
Des, pero me tiene moviéndome en mi asiento.

—¿Por qué venir a la tierra? —le pregunto, desesperada por apartar


la atención de nuestra relación, o de la falta de ella, en mi
opinión—. ¿Por qué hacer esto si eres un rey?
Parte del calor en la habitación se disipa. Toma otro trago de su
bebida antes de contestar.

—¿Quieres la explicación apropiada, o la verdadera?

—Ambas —digo, quitándome los zapatos, para poder acurrucarme


mejor en su sofá.

Des observa la acción, su expresión casi complacida.

—La respuesta apropiada es que tengo tiempo para ello. Leyes y


política a un lado, mi reino hace el trabajo más importante por sí solo —
dice, pateando sus propios pies calzados en el sofá y cruzando los tobillos
—. Arrastra la noche a través del Otro Mundo. Otra parte de mi trabajo
como Rey de la Noche es asegurar que el caos exista, y el caos es el estado
natural de las cosas, incluso aquí en la tierra. Una vez más, el universo hace
mi trabajo por mí. Luego hay otros hechos que se dan mejor bajo el manto
de la oscuridad. Violencia, dormir y… —Recorre con su
mirada uno de mis brazos, y siento un dedo fantasma arrastrándose bajo
mi piel—, sexo.
Mi sirena se revuelve.
—Llamémoslos impulsos más básicos. Y, una vez más, esos no
necesitan mucha gerencia.

¿Lo estoy escuchando correctamente?

Pongo mi bebida en la mesa de café.

—Entonces, ¿alientas... a la gente a conseguirlo? —No puedo creer


que nunca hayamos hablado de esto. Siempre actuaba como un monje
alrededor de mí. Nunca hubiera imaginado que esto fuera parte de su
trabajo.
Una de sus cejas se arquea.

—¿Quieres una demostración?

La sirena en mí se está despertando. Se alimenta de todas las cosas


que él gobierna. Violencia, caos... sexo.
Con mucho gusto tomaría un montón de cuentas por una
demostración así.
Él ve mi silencio por lo que es, consideración. En un momento está
tumbado en su extremo del sofá poniendo su bebida abajo, al siguiente,
desaparece. De súbito vuelve a aparecer junto a mí en el sofá.

—Te gustaría, Callie —dice, inclinándose. Está cerca de mí, su


presencia es abrumadora. Sus labios cepillan mi oreja—. Me aseguraría de
eso.

Nunca antes había sido así conmigo. Solo ahora estoy aprendiendo
que luchó contra su más innata naturaleza para ser apropiado conmigo.
Incluso cuando le lancé todas las señales, podría pensar.

Me aclaro la garganta.
—Des. —Me estoy ahogando en años de deseo por este hombre.
—Piénsalo. —Se aleja—. Nada me complacería más.

Mi corazón está tronando, la sirena está tratando desesperadamente


de abrirse paso a manotazos hacia él cada vez que lo miro.

—¿Estabas mencionando tus razones para visitar la tierra? —Mi voz


es ronca mientras fuerzo a salir la pregunta, un último esfuerzo para
detener lo que está pasando y no continuar.

Su humor cambia, sus ojos se encojen mientras regresa a su


esquina del sofá.
—Ah, sí, la razón oficial, Los deberes que tengo en mi reino todavía
me dejan con mucho tiempo para trabajar en relaciones internacionales…
inter-mundanas realmente. Como el Negociador, eso es lo que estoy
haciendo. Me mezclo con los sobrenaturales aquí, uso mi magia para
concederles pequeños favores… —Favores como los míos—, y colecciono
reembolsos con interés. Estas cosas hacen que mi reino sea más rico, más
seguro.

Coge su cerveza de nuevo y toma otro trago.

—¿Y cuál es la razón no oficial? —pregunto.

Me mira fijamente durante un largo rato, con los ojos cada vez más
lejanos.

—He sido arrastrado aquí por razones que me han desconcertado


durante hace mucho tiempo.

El eterno errante.
Sus ojos se mueven sobre su sala de estar, su mirada todavía
desenfocada. Donde quiera que haya ido su mente, no es aquí.

—¿Todavía lo hacen?

Su atención se vuelve hacia mí.

—¿El qué?

—Desconcertarte.

Un músculo en su mejilla salta.

—No, querubín, ya no.


Capítulo 9
Traducido por Manati5b

Diciembre, ocho años atrás


D es y yo estábamos parados en una esquina oscura del
campus, donde un muro de piedra baja separaba
terrenos de la Academia Peel del borde de los acantilados
los

que bordean esta zona de la Isla de Man. Muy por debajo de nosotros, el
océano se agita mientras choca contra las rocas. Juro que puedo escuchar
el agua susurrándome, rogándome que me acerque. No es una exageración
creer que el mar dio a luz sirenas. Llama a mi oscuridad, a mi ser interior
así como mi voz llama a los hombres.
Bueno, hombres mortales de todas formas.
Me había preguntado qué tipo de supernatural era inmune a mi
glamour. Ahora tenía mi respuesta.
Hadas. Criaturas que no son de este mundo.
Miro hacia el campus, donde los estudiantes se agitan entre el
Castillo Peel a mi izquierda, que alojan los salones de clases, comedores y
bibliotecas, y los dormitorios a mi derecha. El lugar está iluminado con
lámparas, pero aun así, entre la niebla costera y la oscuridad nocturna, es
difícil hacer que la gente salga.
—No pueden vernos —dice Des. El Negociador se acerca, y el calor
de su magia me toca—. Pero no importa de todos modos, ¿verdad? —
agrega.
Me alejo de él un paso.
—¿Qué se supone que significa eso?
Des se mueve hacia adelante.
—Pobre Callie. Siempre en el exterior, siempre mirando.
Frunzo el ceño, mis ojos regresando al grupo de estudiantes que
cruzan el césped. Incluso desde aquí puedo escuchar sus risas y partes de
su conversación.
—Dime querubín —continúa—, cómo es que alguien como tú… —
Sus ojos señalan más allá de mí—, ¿termina siendo un marginado?
Brevemente mi mirada baja a mis pantalones vaqueros rasgados y
mis botas de tobillo, luego a mi chaqueta de cuero y bufanda que se
envuelve en mi cuello. Físicamente, encajo. Es todo lo que hay bajo mi piel
lo que me diferencia.
—¿Por qué estamos hablando de mí? —pregunto, metiendo un
mechón de cabello detrás de mi oreja.
Su mirada sigue mi mano.
—Porque a veces me fascinas.
Mi corazón se salta un latido. Supuse que el interés iba desde una
sola dirección.
Todavía me mira fijamente, esperando respuesta.
—No son ellos, soy yo.
Sus cejas se juntan.
Bajo la mirada a mis botas y golpeo un pedazo de hierba.
—Es difícil pretender ser normal después de… ya sabes. —Después de
que matas a alguien. Exhalo—. Creo que tengo que juntar mis partes de
nuevo antes de hacer amigos. Verdaderos amigos.
No puedo creer que haya admitido eso. Rara vez admito estas cosas
incluso a mí misma.
Des me levanta la barbilla, su cara seria. No dice nada por un largo
tiempo, aunque estoy segura de que un millón de cosas diferentes están
pasando en su mente tortuosa.
—¿Qué tal si te hago reina por una noche? —dice finalmente.
Le doy una mirada extraña. Pero antes de que pueda leer sus
intenciones, unas líneas pequeñas de luces centellantes aparecen sobre su
hombro. A medida que se acercan, escucho el zumbido de sus alas.
Luciérnagas. Todo un grupo de ellas. Vuelan en una sola línea
ordenada.
Mis ojos giran hacia Des, quien sonríe suavemente. Esto es
claramente su trabajo.
Las centellantes luciérnagas me rodean antes —horror de horrores—
de que desciendan sobre mi cabeza.
—Tengo insectos en mi cabello —le digo, mis hombros tensos.
—Tienes una corona —me corrige, sonriendo y recargándose sobre la
pared de piedra.
¿Esta es su idea de una corona? Puedo sentirlos moviéndose por mi
cabello, y toma todo de mí no matarlos a todos.
No soy una persona de bichos.
Una de las luciérnagas cae, aterrizando en mi bufanda. Entonces
procede a arrastrarse debajo de mi bufanda y de mi camisa.
—¡Oh mi Dios! —grito.
—Insecto travieso —Des reprende, acercándose y ayudándome a
sacar la luciérnaga—, mantente alejado de los preciosos senos humanos.
¿Acaba de llamar a mis senos preciosos?
El Negociador captura al bicho en su puño, sus nudillos rozando mi
piel. Se aleja de mí y abre su palma liberando a la criatura brillante.
Ambos miramos como regresa borracho a mi cabello.
Apenas puedo distinguir sus cuerpos luminiscentes parpadeando
por encima de mí. Todo es tan ridículo y extraño que comienzo a reír.
—Des, ¿estás tratando de animarme?
Pero cuando lo veo bien, no se ríe. La luz de los insectos baila en sus
ojos mientras me mira, con los labios entreabiertos.
Des parpadea, y es como si regresara de donde quiera que estuviera
su mente.
Toma mi mano.
—Salgamos de aquí. ¿Tienes hambre? —me pregunta—. La cena va
por mi cuenta.
Aprieto su mano, sintiendo que algo ha cambiado entre nosotros
para mejor. Pero no lo digo; no hay nada como una buena confesión para
asustar a un Negociador.
—¿La cena va tu cuenta? —digo en su lugar—. Ahora, eso suena
interesante…
Me muestra una sonrisa traviesa, sus ojos parpadean.
—Querubín, puedo hacer un hada de ti todavía.
Presente
Y a estoy envuelta profundamente en mi trabajo para cuando
Temper se pasea por Investigaciones West Coast, abriendo la
puerta de su despacho. Esa mujer es como un huracán.
La oigo hacer un clic en su contestadora y luego, un momento
después, oigo el pequeño sonido de un mensaje.
Sorbiendo mi café, vuelvo a comprobar la lista de los Más Buscados.
El Negociador sigue siendo el tercer criminal más buscado en el
mundo supernatural. Cualquiera que hayan sido las cuerdas que jaló Eli,
todavía lo están sosteniendo.
Supongo que si la Politia me atrapa a mí y al Negociador juntos, seré
vista como cómplice.
Hijo de puta.
Esto es precisamente por lo que tengo secretos. La ley y yo no nos
llevamos muy bien.
—¡Hurrra! —Temper grita de alegría desde el otro cuarto. Escucho el
chasquido de sus zapatos mientras trota hacia mi lugar.
—Chica —dice, deteniéndose dramáticamente en mi puerta. Hoy su
cabello cae en ondas sueltas alrededor de sus hombros—, escuchaste…
—… ¿acerca del cliente K-cien? —termino por ella.
Me inclino en mi silla, los tacones de mis botas raspando la parte
superior del escritorio.
—Sip, ya tengo un expediente escrito para él.
El cliente en cuestión también había llamado a mi teléfono,
específicamente solicitando trabajar conmigo. Lo que necesitaba de mi
ayuda, no estaba todavía claro, solo que estaba dispuesto a pagar el
rescate de un rey por ello.
Señalo el archivo que he creado para él.
—Parece un poco incompleto —admito. No lo suficientemente
incompleto como para rechazar, pero suficiente como para levantar
banderas rojas.
Temper se aclara la garganta ruidosamente.
—Si no lo tomas, yo lo haré. Tengo una cocina que remodelar.
—Lo tomaré, lo tomaré —refunfuño—. Por cierto… —Tomo un
paquete de archivos de mi izquierda y se los echo—, estos son oficialmente
tuyos.
Agarra algunas de las carpetas y examina algunas de ellas.
—Excelente. Oh mira esta preciosa joya: un golpeador de esposas
que tengo que embrujar. Pobre bebé, no tiene ni idea. —Temper se desliza
fuera de su silla—. Está bien, lo mejor es volver al trabajo. Tantos
criminales, tan poco tiempo… —Hace una pausa cuando ve mi rostro—.
¿Oye, cómo estás?
Lo que sea que haya visto en mi expresión debe haberle dado una
pista de mi agitación interior. Mi vida personal nunca es muy grandiosa,
pero justo ahora está en el punto más bajo de todos los tiempos.
Levanto un hombro.
—Meh.
—¿Meh bien, o meh mal?
—Meh, ¿no estoy segura? —respondo.
Se inclina sobre la mesa y coloca su mano sobre la mía.
—He sido una mala amiga. Asumí que esa cosa con Eli… era solo
una aventura.
Deslizo mi mano fuera de la suya y la agito, restándole importancia.
—Deja de ser una tonta. Esto no es acerca de Eli.
—Oh bien. —Se relaja, estirándose—. Estaba a punto de sentirme
masivamente culpable. —Frunce el ceño mientras toma mi mano otra vez
—. Entonces… ¿qué está mal?
Dejo mi café y froto mi rostro.
—Mi pasado.
—Ah —dice Temper—, el misterioso pasado que todavía no me has
contado…
—Lo haré —insisto—. Es solo…
¿Te gustaría una demostración?
Lo disfrutarías Callie. Me aseguraría de eso.
Des bien pudiera estar en la habitación, puedo escuchar su voz tan
claramente ahora.
—…no sé cómo me siento en este momento —termino.
Temper asiente con simpatía.
—Bien, a la mierda hablando de ello. ¿Quieres tomar algunas
bebidas esta noche, molestar a un camarero por ser pendenciero, y recoger
algunos solteros elegibles?
—Um, voy a pasar. —No habría salidas a beber y citas en un futuro
cercano para mí.
—Mmmm, bueno, ¿me dirías si algo no estuviera bien, no es así? —
pregunto.
No.
—Por supuesto.
—Eres una pésima mentirosa Callie —dice, sacudiendo su cabeza—.
Bien, avísame cuando estés lista.
Pero cuando se trata del Negociador esta es la situación: No estoy
segura si alguna vez lo estaré.

Después de hacerme cargo de varios casos —incluyendo memorizar


la lista de preguntas de la entrevista que el Negociador me dio anoche—,
dejo la oficina y me dirijo a entrevistar a la principal persona de mi interés
de uno de mis casos con los que estoy trabajando. La mayor parte de mi
trabajo es simplemente esto: acorralar a la gente, hechizarlos, y forzarlos a
confesar cualquier cosa que sepan.
Hoy se trata de la hija desaparecida de un cliente.
—¿Dónde está ella? —demando, cruzando mis brazos.
El sospechoso: Tommy Weisel de veinticuatro años, traficante de
drogas local, ex novio de Kristin Scott de dieciséis años, que actualmente
está desparecida.
Tommy se sienta en una de la silla de la cocina, fijado en su lugar
por mi glamour. Se retuerce en su asiento, incapaz de ponerse de pie, su
garganta trabajando mientras intenta suprimir su respuesta.
Como es usual, todo es en vano.
—Ella… ella está en el sótano —dice, su labio superior temblando.
Una vez que sus palabras están fuera, me frunce el ceño.
—Perr… —el resto de la oración muere en su garganta.
Otra orden que le di: sin juramentos y sin ofensas. Es realmente por
su propio bien. La sirena en mí, ama más que nada una recompensa de
odio y crueldad.
—¿Cómo llegó Kristin a tu sótano? —pregunto.
Tommy se lame sus labios, su mirada hacia mi teléfono, que está
fuera de su alcance y actualmente está capturando todo en video.
—Yo… la llevé allí —dice.
El lado de su boca se curva hacia arriba, y me acerco más a él,
acariciando su rostro con el dorso de mi mano brillante.
—¿Llevé? ¿Estás tratando de ser inteligente? —Chasqueo mi lengua,
sacudiendo mi cabeza—. Fue un buen intento. Déjame re frasear: ¿está
Kristin allí contra su voluntad?
Aprieta sus ojos mientras gotas de sudor cubren su frente.
—Contéstame.
—Siiii. —La palabra silva fuera de él, y luego está jadeando, tratando
de tomar aliento. Su zapato golpea contra el piso de linóleo y grita en
frustración—. Hija de… —Su voz se corta en un gorgoteo.
Me inclino cerca de él, ignorando su cabello grasiento y el olor rancio
saliendo de sus ropas.
—Esto es lo que vas a hacer —digo—. Vas a liberar a Kristin, luego
vas a ir a confesar todo y declararte culpable, y vas a trabajar con la
policía para probar tu culpabilidad. Y nunca, nunca vas a lastimar a
Kristin, su familia, y cualquier otra chica o exnovia que alguna vez tengas.
Se estremece cuando mi glamour se apodera de él.
—Ahora levántate y libera a tu novia.
Sin ningún otro empuje, Tommy me lleva a Kristin, quien esta
acurrucada en su sótano.
Varios minutos después, una llorosa Kristin y yo estamos en el
vestíbulo de la casa de Tommy.
El traficante parece asustado y enojado mientras nos observa,
forzado a estar a más de tres metros de mí y de Kristin gracias a la otra
orden que le di.
Llevo a Kristin a la puerta principal, usando mi chaqueta para girar
la perilla. Uno nunca puede ser demasiado cuidadoso sobre dejar huellas
dactilares detrás. Los tipos como Tommy son a veces más truculentos de lo
que parecen.
Saco a Kristin y luego me detengo, mirando a Tommy que me está
mirando fijamente.
—Recuerda —digo—, vas a entregarte después de esto. —Empiezo a
cerrar la puerta antes de hacer otra pausa—. Oh, y yo nunca estuve aquí.

Tan pronto como llego a casa, dejo mis cosas y me dirijo a mi


habitación para buscar mi traje de baño. Hoy, voy al océano.
Ahora que no estoy oficialmente bebiendo, nadar es otra de las
formas por las que alivio la tensión. E interactuando día a día con algunas
de las personas más codiciosas, menos escrupulosa de Los Ángeles, tengo
mucha tensión que aliviar.
No llego más allá de mi sala de estar.
Mi puerta principal ruge, entonces el metal gime mientras alguien
rompe el pomo de mi puerta. Un momento después la puerta se abre.
Solo tengo suficiente para llamar a la sirena a la superficie.
En su lugar, una forma familiar asalta.
Me aprieto el pecho.
—Mierda, Eli —digo, mi voz etérea—, me asustaste. —Y entonces me
doy cuenta que Eli acaba de irrumpir en mi casa.
Miro de regreso a mi puerta.
—¿Estabas… esperándome?
No responde, y hay una intensidad en sus rasgos que me pone
tensa. Atraviesa el vestíbulo, su atención centrada completamente en mí.
Sin hablar, cierra la última distancia entre nosotros y me empuja a sus
brazos, besándome con fuerza.
—Caray —digo, consiguiendo romper el beso. El resto de mí todavía
aplastada contra él—. ¿Qué pasa?
Mi mente todavía está teniendo problemas para ponerse al día.
Eli está en mi casa. Eli me está sujetando.
—Tenía que verte, cariño. —Vuelve a besarme, y estoy tan
confundida.
Alejo mi cabeza para mirar el calendario que tengo.
La luna llena…
—Eli, no deberías estar aquí.
Solo ha pasado un día desde la luna llena, y cuanto más cerca de la
luna llena es, más es el lado cambiante de humano da paso al animal. Es
peligroso para un no cambiante estar alrededor de ellos.
—No podía mantenerme alejado. —Sus labios vuelven a los míos, y
estoy tratando muy duro de no asustarme como la mierda, pero sus
manos están temblando y puedo sentir que Eli está luchando por
mantener su forma.
—¿Por qué nadie te impidió irte?
—Nadie se pone en el camino de un asunto de compañeros —dice
haciendo todo lo posible físicamente para acercarse a mí.
Asunto de compañeros.
Asunto. De. compañeros.
Nop.
Nop, nop, nop.
Creo que estoy empezando a hiperventilar. Todo lo que quería era ir
a nadar, y en lugar de eso… está humeante pila de mierda.
—Pero no soy… no soy tu compañera —digo. Ni siquiera su novia. No
más.

Puedo escuchar un bajo gruñido en su pecho.


—Iba a pedírtelo. Una vez que regresara, iba a pedírtelo.
Oh, oh.
—¿Pedirme qué?
Por favor no me pidas lo que creo que tienes en mente.
Habíamos estado juntos seis meses. Todavía me estaba
acostumbrando al hecho de que tenía un cepillo de dientes en mi baño.
Esta entera relación que ha estado empujando. Empujando para
más tacto, más intimidad, más apertura… solo más.
Hace una pausa lo suficientemente larga para mirarme a los ojos.
—Para que seas mi compañera.
Debo ser la persona más horrible en el mundo, porque ante sus
palabras, me estremezco. No es que fuera la buena forma de
estremecimiento tampoco.
—Um.
No me puedo alejar de él, atrapada en sus brazos como estoy. No
está incluso actuando como humano en este momento. Eli es sensible en
general, pero nunca es así, nunca enloquecido por la necesidad de
marcarme y reclamarme como suya.
Mis ojos se deslizan hacia la ventana, donde el crepúsculo se pone.
—Deberíamos hablar de esto cuando no esté cerca la luna llena. —
Cuando sé que no te vas a convertir en un gran lobo malo sobre mí.
Su pecho ruge con desaprobación.
—No quiero hablar sobre esto Callie. No quiero analizar lo que siento
por ti. Quiero que digas que sí, y entonces quiero follarte hasta que digas
mi nombre como un mantra.
Esa es justo la manera en cómo este hombre logró quedar arriba de
mi cama en primer lugar. Es manipulación sexual. U oral, o jodidamente
no sé cómo, pero definitivamente sabe cómo ganarle a una sirena.
—Tengo un anillo —dice, besando mi mandíbula, sus uñas
cambiando a garras, luego regresando a uñas humanas—. Mierda —
agrega, un poco de su lado humano saliendo—, nada de esto está saliendo
bien. Solo sé mía.
Un hombre adulto tan sexy como Eli solo no puede decir cosas como
esas. Mis pizcas de chica quieren derribar a mi cerebro.
—Por favor, Eli —digo mientras frota su mejilla contra la mía,
cubriéndome con su esencia—. Necesitamos hablar sobre esto.
Espera. ¿Qué estoy diciendo?
Esto no es una negociación. No hay nada de qué hablar. Cuando
terminas una relación no le debes a la otra persona una explicación,
aunque sea mala.
Además, ya le di una.
Su pecho ruge.
—Bien, hablaremos más tarde.
Vuelve a besarme con la misma pasión animal con la que entró a mi
casa. Solo que ahora es aún más fuerte que de costumbre. El hombre está
dando paso a la bestia incluso cuando el sol se pone.
No sé qué hacer. Terminé mi relación con este hombre. Está
actuando como si nunca hubiera pasado.
Lo alejo lo suficiente para decir:
—Terminamos.
—Pensé sobre eso después de que hablamos. —Me besa de nuevo,
luego se aleja de nuevo—. ¿Qué tipo de compañero sería si no estuviera a
tu lado cuando me necesitas?
El alfa en él me está diciendo que es el fin de la conversación, y por
algunos momentos me arrastra hacia abajo.
Parpadeo a través de la neblina de su dominio, el mismo dominio
que ha estado lanzando desde que me arrastró a sus brazos, simplemente
que no me había dado cuenta.
No se ha decidido a que estemos juntos. He incluso si está bien
conmigo recibiendo la atención de dos hombres al mismo tiempo —y un
alfa nunca se conformaría con ser el segundo violín—yo no.
Sus manos están empezando a vagar. Esto se está escalando muy
rápido.
—Espera Eli —digo. Pero no está escuchando mis palabras, está
escuchando mi cuerpo, y mi cuerpo está disfrutando sus caricias—. Eli —
digo de nuevo, incluso cuando la sirena se alza.
Sus manos caen en mis pantalones y…
—Eli, detente. —Mi voz golpea con múltiples notas mientras fuerzo a la
sirena en ella.
Eli se detiene, obedeciendo la orden en mi voz.
Doblé a un alfa a mi voluntad. No es bueno, no es bueno, no es bueno.
Pero más que eso, acabo de usar glamour en Eli, el hombre que
proclamaba amarme. Un caza recompensas que trabaja del lado de la ley.
Estoy jodida en todos los sentidos, pero el que realmente disfruto.
—¿Has… has usado glamour en mí? —Su voz se vuelve tan grave
mientras el depredador trata de tomar relevo.
Trago.
He usado el glamour en Eli antes. Hay ciertas situaciones en las que
eso es inevitable. Pero siempre tengo cuidado de no quitarle su voluntad. Y
hace un segundo, su voluntad había desaparecido.
Detrás de mí, las puertas de cristal de mi balcón se rompen, y la
noche entra oscureciendo la habitación. Con ella viene una ola de amenaza
tan palpable que mi cabello se pone de punta.
Des sale de las sombras, cada línea de su cuerpo tenso.
—Bueno, ¿no es esto acogedor? —dice, hablándonos a los dos.
Eli empieza a gruñir, algo tan profundo y siniestro que mi cabello se
pone de punta, y ni siquiera está dirigido a mí.
—Tú —dice.
—¿Yo qué, perro? —responde Des, cruzando sus brazos.
¿Perro? ¿Acaso el Negociador acaba de adivinar que Eli es un cambia
formas, o ya lo sabía? No le había hablado de Eli cuando me preguntó
sobre mis relaciones…
—Des —le advierto.
Eli me empuja detrás de él, como si el Negociador fuera del que
todos tuviéramos que estar preocupados ahora.
—No te metas en esto, Callie —me ordena.
Ves, ahora eso, eso era lo que siempre estaba mal con nuestra
relación. Eli haciéndose cargo y asumiendo que yo seguiría esa línea. Lo
que era casi el equivalente de él picoteando el nido de un avispón con un
palo.
—No creo que estés en posición de darle ordenes —dice Des. Inclina
la cabeza—. ¿Realmente crees que alguien como Callypso querría algo más
de ti que tu pene? —agrega, dando un paso adelante, trayendo la noche a
sus espaldas junto con él.
Puedo sentir el tirón de magia de Desmond atrayéndome por detrás
de Eli, cuyo gruñido se hace más fuerte con cada segundo que pasa.
—¿Qué puedes darle además de eso? —continúa el Negociador—.
¿Estimulaciones intelectuales de conversación? —Sus ojos se deslizan
sobre los seis pies de masa deslumbrante y mal contenida de cambia formas
—. Eso es un claro no. Estoy seguro de que ha estado consiguiendo cubrir
esa necesidad en alguna otra parte.
El gruñido de Eli es tan fuerte, que juro que la casa vibra con ella.
—Si la tocas… —Eli apenas puede sacar las palabras—. Si pones
una mano…
Des sonríe de manera siniestra.
—Ya he puesto una mano sobre ella. Y mi boca. Y todo tipo de otras
cosas…
Eli suelta un gruñido, sus músculos en tensión. Creo que va a
agredir al Negociador, pero en su lugar da un escalonado paso adelante,
su piel rompiéndose.
Nunca he visto el cambio suceder en persona, pero oh mi dulce bebé
Jesús, estoy por verlo. En menos de un minuto, Des y yo estaremos
atrapados en una habitación con un hombre lobo. Esta es la razón por la
que los cambia formas permanecen alejados de los no cambiadores
durante la luna llena.
A menos, por supuesto, que quieran convertir a un particular no
cambia formas en un cambia formas.
Eso no podía ser por lo que Eli estaba aquí, ¿verdad?
Eli sabía que no quería cambiar, e incluso si lo hiciera, una bruja
siempre debería estar a la mano, solo en caso de que el cambio no se
llevara, o el cuerpo se volviera muy débil, o cualquier otro tipo de
complicación que surgiera.
Pero Eli no había estado en el correcto estado de ánimo desde que
llegó, su cerebro más un lobo que hombre.
—No cambiarás —la voz de Des resuena a través de la habitación, y
siento la magia cepillándome, forzándose en Eli—. No en esta casa, no tan
cerca de quien tú consideras… compañera.
¿Cuánto había escuchado de nuestra conversación?
¿Cuánto ya había sabido?
Un gemido interrumpe la hilera de gruñidos profundos provenientes
de Eli. Se vuelve hacia mí, sus ojos ya ámbar. No hay nada del hombre que
me importaba en ellos. Solo los ojos salvajes de un lobo. Sin embargo, no
le temo. El instinto protector de Eli es innato, y yo soy parte de su
manada.
Pero dañará a Des. Des, que es la competencia, Des quien está en su
territorio, ejerciendo control sobre su —ugh—, compañera. Des a quien
puedo sentir mirándome fijamente. Puedo sentir su creciente necesidad de
llevarme lejos.
—Eli —digo suavemente. Sostengo su mirada mientras las sombras
marrón comienzan a sangrar atrás de sus iris.
Me empiezo a relajar, especialmente cuando se endereza.
Entonces la cabeza de Eli se balancea hacia Des, y el gruñido estalla
de su pecho de nuevo.
Y entonces algo lo hace despertar. Dejando escapar un gruñido,
carga contra Des.
Mi corazón casi se detiene.
Miedo, como el que hacía mucho tiempo no sentía, me atraviesa.
—Eli, no lo toques. —Esta vez, cuando uso mi glamour, sé lo que
estoy haciendo. Mi voz es fuerte y firme.
Eli se detiene cerca de Des, atado por mi magia.
Crucé la línea. Sé que lo hice.
No me importa. Esa es la verdadera parte atemorizante. Tomo el libre
albedrío de Eli, y todo lo que siento es alivio de que Des no está herido.
El pánico que sentí, el terror total…
Mis ojos se encuentran con el Negociador. Los suyos son ilegibles.
—Es hora de irnos, querubín —dice él mientras Eli avanza confuso a
unos metros de distancia.
Le doy al cambiante una mirada preocupada. Eli podría haberme
perdonado usando el glamour en él una vez. ¿Pero dos?
De ninguna manera.
Hace un aullido, algo que me corta profundo.
—Callie, no —dice. Está comenzando a cambiar otra vez, sus ojos
marrones sangrando a oro. Ni siquiera la magia del Negociador podría
detener el cambio por mucho tiempo.
Dudo, dándome cuenta de lo que es: una encrucijada. Por un
camino está Eli y todo lo que representa; por el otro está Des.
Si Eli mataba al Negociador, estaría liberada de mi deuda. Des
probablemente merezca la muerte. Y con el Negociador fuera, tendría otra
oportunidad de vivir con Eli. Y eventualmente me volvería su compañera.
Sería tan fácil solo decir sí, dar una vida que mil otras mujeres desearían.
Pero eventualmente Eli querría que yo hiciera el cambio. Eli ya había
empezado a traer eso y… cachorros. Los cambia formas eran de familias
grandes. Sería su esposa, madre de sus muchos hijos.
No podría ser solo Callie; tendría que ser su Callie. Tendría que llegar
a sus talones, ser su subordinado, como el resto de su manada lo era.
Tendría que poner a la manada antes de mis necesidades.
O podría irme con Des. Des, que garantizaba, nada. Des quien me
dejó todos esos años solo para venir a rugir otra vez en mi vida. Des quien
no quiere cambiarme.
Des, quien no me ha ofrecido nada más que esperanza y angustia.
Des, mi amigo. Des, mi misterio.
Des.
Des.
Y ahí está mi respuesta.
Eli era el sueño de alguien, pero… pero no era el mío.
—Siempre me ocuparé de ti, Eli —digo—, pero necesitas regresar con
tu gente.
—Callie —su voz se rompe.
Su dolor me rompe. No quiero herirlo.
Sombras me rodean. De pronto, Des está envolviendo su brazo
alrededor de mi cintura.
—Querubín, necesitamos irnos.
Vernos juntos es la última gota para Eli. Sus ojos se vuelven
completamente dorados, y pierden su brillo de inteligencia humana.
Cabello brota a lo largo de su piel. Su espalda se inclina, sus músculos
ondean. Lanza su cabeza al aire y aúlla, el sonido hace que cada nervio
mío se erice en extremo.
El aire nocturno me rodea mientras Des tira de mí hacia mi patio
trasero.
Cuando Eli cae en cuatro patas, tiro la cautela al viento y corro,
agarrando la mano de Des arrastrándolo conmigo.
El Negociador me recoge en brazos justo cuando un aullido
espeluznante llena el aire detrás de nosotros.
—Agárrate —dice Des mientras Eli salta hacia nosotros.
Jesús, eso es un gran jodido lobo.
El cuerpo del Negociador se tensa, y luego se alza del suelo.
Echo un vistazo al lobo de Eli que se precipita tras nosotros, sus
dientes rompiendo el aire vacío donde hace un segundo el tobillo de Des
estaba.
Escucho los lamentos llorosos mucho después de que estamos en el
aire, el sonido cazándonos.
Reclino mi cabeza contra el pecho de Des, sintiendo sus manos
tensarse alrededor de mí.
Para mejor o peor, lo había escogido.
Y todavía no me arrepiento.
Capítulo 10
Traducido por Liliana

Enero, siete años atrás


¿ Por qué no me llevas contigo? —le pregunto.
El Negociador y yo nos sentamos dentro de Douglas Café, la
cálida luz iluminando nuestros alrededores. Afuera ha
comenzado a nevar.

Des se reclina en su asiento, agitando su café ociosamente.


—¿Para cobrar el pago de mis clientes? —Levanta las cejas—. No va
a pasar.
—¿Por qué no? —pregunto. O intento preguntar; sale más como un
gimoteo. Tengo que reprimir una mueca. Lo último que quiero es que
piense que soy inmadura.

—Querubín, ¿alguna vez has considerado la posibilidad de que hay


cosas sobre mí que no quiero que veas?

—No soy inocente, Des —digo—. Ya sé lo que eres. —Lo vi de primera


mano la primera vez que lo llamé—. Añade una cuenta. Permíteme ir.

Se inclina hacia adelante, empujando la mesa mientras lo hace.


—Chica tonta —gruñe mientras me estiro y sujeto mi taza—. Esas
cuentas no son una broma.
—Si estás tan en contra de ellas, entonces deja de entregarlas como
si fueran caramelos. —Sé que mis palabras solo lo atraparán, pero parte
de mí, la parte más salvaje y maldita, quiere ver a Des perder el control.

El rostro de Des se agudiza.


—¿Quieres saber lo que mis favores te costarán eventualmente?
Bueno. Te mostraré. Tal vez entonces te mantendrás lejos. —Termina el
resto de su café y se levanta, su silla chilla detrás de él mientras lo hace.
¿Espera? ¿Lo haremos ahora?

Cuando no salgo inmediatamente de mi asiento, agita la mano.

Mi silla comienza a inclinarse, obligándome a levantarme. Alrededor


de nosotros nadie lo nota.

Apenas tengo tiempo para agarrar mi abrigo y él último de mis


macarrones antes que me tome de la mano y me arrastre fuera que allí.

Afuera, la nieve come mi cabello mientras nos dirigimos por la calle.


Casi inmediatamente el frío se filtra en mi ropa. Tal vez fue una mala idea.

La sombra de Des se curva alrededor de nosotros como humo.

No me habla todo el camino hasta el Cementerio Douglas, dónde


está la entrada más cercana a las líneas ley.

Las líneas ley son esencialmente carreteras sobrenaturales. En todo


el mundo hay ciertas arrugas y lágrimas en el tejido de nuestro mundo,
que son puntos de entrada, o portales, en estas líneas ley. A partir de allí,
si eres un cierto tipo de criatura —digamos un hada o un demonio—, que
sabe cómo manipular estas líneas ley, podrías moverte a través de mundos
y entre mundos. Ese último pedazo es precisamente cómo Des puede ser
un rey en el Otro Mundo, luego venir a la Tierra y negociar con los
mortales.

Cuando llegamos a una sección particularmente vieja del


cementerio, las lapidas tan viejas y resecas que la mayoría de los nombres
y fechas se han desgastado, él me acerca, su mandíbula apretada. Sus
tormentosos ojos me miran fijamente.
—No me hagas arrepentirme.

Antes que tenga oportunidad de decir algo, nuestro entorno


desaparece. Un momento después los edificios y canales remplazan las
lápidas.

Miro a nuestro alrededor con asombro.


—Venecia —exhalo.

Siempre quise visitarla. Y al chasquido de los dedos del Negociador,


estuvimos aquí.

Las ventajas de ser amiga de un rey fae.

—Quédate cerca —advierte.


—No es que vaya a ir a ninguna parte —murmuro, yendo detrás de
él. Prácticamente tiene mi mano en un estrangulamiento.

Ambos serpenteamos a través de callejones, y arrugo la nariz por el


olor de las aguas residuales. Cuando llegamos a una pequeña y
desgastada puerta, Des se detiene.

Doy un vistazo hacia él. Su mandíbula apretada, sus plateados ojos


helados.

Todavía molesto.

Malhumorada hada. No es que tuviera que llevarme. Es el rey por el


amor de Cristo; estoy segura de que no es la primera palabra en su
vocabulario.

Escucho una cerradura caer, sacándome de mis pensamientos, y


luego la puerta delante de nosotros oscila abriéndose a su propia
avenencia.

Más allá es un oscuro pasillo. Exactamente el tipo de lugar que no


visitas si quieres quedarte fuera de problemas. Supongo que es por eso
que el Negociador decidió venir aquí.

Des entra en el pasillo, empujándome a entrar después de él. Detrás


de nosotros, la puerta se cierra.

—Bueno, esto es acogedor —digo.

—Sshhh, querubín —dice—, y mientras estamos en el tema, trata de


no hablar.

Le saco la lengua.

—Te he visto —dice, sin darse la vuelta.

Sin duda tiene ojos en su espalda.

Nos movemos profundamente dentro del edificio, bajando por un


tramo de escaleras hasta llegar a una zona poco iluminada que en realidad
no es nada más que una rejilla de torre de alta tensión, vía peatonal de
cemento, y grandes barriles como boyas. Y entre las vías peatonales y
debajo de las boyas está el agua.

Montones y montones de agua.


Venecia se está hundiendo, recuerdo.
Un emperifollado hombre con el cabello ralo y una enorme panza
sale de las sombras.

—Te he llamado hace una hora —dice, su marcado acento


escandinavo. Saca de su mano la tarjeta de presentación del Negociador.

Des la observa golpear el suelo.


—No soy tu perrito faldero —dice Des—. No te gustan mis métodos,
llama a alguien más.

¿El Negociador hace esperar a sus clientes? Tenía la impresión que


era tan rápido con todos los demás como lo era conmigo.

Ahora me siento como un copo de nieve especial.

El hombre mueve su mandíbula hacia mí.


—¿Quién es la chica? —pregunta.

—No importa una mierda. No la mires —dice el Negociador.

Pero el hombre no puede evitarlo. Soy una sirena, he sido hecha


para distraer. Sus ojos se mueven sobre mí, su expresión se vuelve
hambrienta.
A mi lado, siento el aire comenzar a vibrar con el poder de Des. La
oscuridad comienza a arrastrarse en las esquinas de la habitación. No
necesito mirarlo para saber que está tenso.

—Escucha lo que el Negociador te dice —le digo al hombre,


empujando poder en mi voz.

De mala gana, sus ojos me dejan.

Y ahora siento como si necesitara lavarme la piel. Ugh, el chico es lo


suficientemente viejo para ser mi papá.

—¿Qué quieres? —pregunta Des, cruzando los brazos.

—Quiero que mi hija entre en la Real Academia de Arte.

Es decir, el equivalente sobrenatural de Juilliard. Es una escuela de


artes escénicas que atiende a estudiantes con habilidades especiales.
El Negociador silba.
—Según lo que escuché, casi todos los puestos para las clases del
próximo año estaban llenas. Tendría que tirar de un montón de hilos…
—Sabes que soy bueno para eso —dice el hombre.

Escucho el suave movimiento del agua mientras cepilla contra las


boyas y los pasos peatonales aquí abajo.

—¿Y qué me darás? —pregunta el Negociador.

El hombre se aclara la garganta.


—Tengo información sobre una serie de entradas de líneas que la
Casa de las Llaves está considerando destruir.

La Casa de las Llaves es el gobierno del mundo sobrenatural. No


importa si eres Americano, Argentino o Australiano, siempre y cuando seas
un sobrenatural, tienes que seguir sus leyes ante todo.

—Mmm —dice el Negociador—. Necesito que lo hagas mejor que eso


si quieres el trato. Necesito que impidas que se apruebe la legislación en
primer lugar.

—No hay manera —dice el hombre—. Es un sentir público. Las


personas están preocupadas por sus hogares, sus vecindarios. Ha habido
un aumento en la población cambiante…
—Buena suerte con el futuro de tu hija. —El Negociador me coloca
una mano en la espalda y comienza a alejarnos de allí.

Supongo que cerrar una ganga es tan simple como eso.

Detrás de nosotros, el hombre lloriquea más excusas y explicaciones.

Estamos casi en las escaleras cuando lo escuchamos.

—¡Espera… espera! Bien, lo haré.

Le echo un vistazo lateral a Des. Una nefasta sonrisa se extiende por


su rostro.

—Entonces tenemos un trato —dice el Negociador, sin molestarse a


mirar por encima del hombro—. Asegúrate que la legislación no se lleva a
cabo. Sería una pena que tu hija no entre a ninguna de las escuelas que
solicitó.

Y con eso, los dos nos vamos.

De vuelta en las calles de Venecia, reconsidero a Des.


—Eso fue bastante frío —digo, mientras comenzamos a caminar, mis
botan cliqueando contra los adoquines.
—Eso fue un negocio, querubín. Si quieres venir conmigo, mejor que
te acostumbres a eso y peor aún.

—Sí, sí, eres un tipo malo.

Asiente a mi brazalete.
—Un día tendrás que pagarme todo. ¿Tienes miedo ahora?

Un poco.

Pero cuando miro los ojos de Desmond, tengo la clara impresión que
no quiere que tenga miedo. Que a pesar de intentar asustarme, no quiere
alejarme.

Supongo que eso nos hace dos.

—Lo tendría si no estuvieras llevando el pelo en una cola de caballo


—digo, extendiendo la mano por los extremos de su cabello blanco.

Me coge la mano.
—No es de buenos modales burlarse de un hada. Tenemos una piel
notoriamente delgada. —A pesar de la amenaza, sus ojos chispean de
excitación.

—Lo siento —digo—. Tu cola de caballo es muy masculina. Siento


como si fuera a crecerme una barba con solo mirarla.

—Impertinente —dice cariñosamente.

Caminamos por el Gran Canal, pasando a los turistas a medidas que


avanzamos. Veo botes moverse por el canal. Mirando por encima de ellos
tiendas de regalos y restaurantes, su cálida luz derramándose sobre las
calles.
Venecia. Es incluso más hermosa que lo que imaginé sería.

—Antes de irnos, ¿podemos dar un paseo en góndola? —pregunto.

El labio superior del Negociador se curva cuando ve pasar uno de


esos botes.
—¿Por qué iba a…?

—¿Y podemos pasar por una de esas tiendas de regalos para poder
conseguir una máscara?
También me gustaría un poco de gelato —y tal vez una botella de
vidrio soplado—pero no voy a a empujar mi suerte demasiado lejos.

Gruñe.
—¿Nunca has escuchado la expresión “No mezcles negocios con
placer”?

Una astuta sonrisa se extiende por mi rostro.


—Aww, ¿estás sugiriendo que soy una placer? —El corazón me late
demasiado fuerte.

Frunce el ceño severamente hacia mí.


—Definitivamente estoy contagiado por ti.

Realmente lo está.

—Vamos, será divertido —digo, agarrándole la mano y tirando de él


hacia una pequeña área lo largo del canal donde esperan varias góndolas.

Detrás de mí el Negociador dice:


—Solo aceptaré esto si me haces un favor…

¿Yo, hacerle un favor?


—Sí, cualquier cosa.

—Por favor, devuelve mis bolas negras al final de la velada.


Presente
I ncluso después que aterrizamos frente a la casa de Des y, Eli se
encuentra a un cuerpo entero de agua lejos de nosotros, el
Negociador no me suelta inmediatamente. En su lugar, sus alas con
puntas de garras se cepillan contra mi cabello mientras nos rodean
protegiéndonos.

—¿Des?

Sus alas se contraen.

Deja escapar un suspiro tembloroso.


—Pensaba que algo iba a pasarte —susurra con voz ronca—. Estaba
viendo a ese animal girando sobre ti. Temí que no llegaría a tiempo. —Su
cuerpo entero tiembla.

Ahora mismo me siento extrañamente vulnerable con él. Tal vez sea
la honestidad de sus palabras; Des siempre ha tenido cuidado de enterrar
sus sentimientos bajo sentido común y astucia. Tal vez es que sentí ese
mismo miedo cuando vi a Eli lanzándose por él. Y quizás es simplemente
estando en sus brazos después de elegir esta vida, y no la que deje atrás
en mi casa.

Apoyo la frente contra la suya, colocando la mano en su mejilla.


—Gracias por venir a buscarme.
—Querubín —dice, su voz seria—. Siempre iré por ti.
Nos quedamos así por un minuto, inmóviles. Es en realidad muy
agradable bajo estas alas suyas, pero finalmente me pongo ansiosa de
poner mis propios pies en el suelo.
—Des —digo—, puedes bajarme.

A regañadientes, libera mis piernas, dejándome de pie, pero


mantiene mi parte superior atrapada en sus brazos. Sus alas retroceden,
pero no se doblan de buena manera detrás de él. En cambio, se mantienen
extendiéndose y retractándose, extendiéndose y retractándose, pareciendo
agitarse.

—Te visitó durante uno de los Siete Sacros —dice Des—. Pensó en ti
como su compañera, y a sabiendas que te ponía en peligro. —Ahora sus
alas se agolpan alrededor de él, aleteando con enojo, esas garras de su
apariencia particularmente afilada. Des me libera—. No en un verdadero
compañero si piensa hacer eso.

Des tiene razón, por supuesto, pero no estoy pensando en mí en este


momento. Todo lo que puedo ver cuando cierro los ojos es a Eli
arremetiendo contra Des. Lo habría matado.

Y entonces otro pensamiento me llama la atención.

—Oh Dios —digo en voz baja—. Dejamos a un hombre lobo


completamente cambiado en una vecindario residencial.

—Ya lo contuve; no puede aventurarse más allá de tu propiedad por


la noche. Espero que por la mañana ya se haya controlado. —Des me mira
en tono de disculpa—. Lo siento por tu casa.

Estoy aliviada de que no pueda lastimar a nadie más por el


momento.

Y entonces otro horrendo pensamiento me golpea.


No podré regresar a casa esta noche.
No a menos que quiera otro encuentro con un hombre lobo enojado.

Me froto el rostro. Usé el glamour y luego rechacé a un hombre lobo


alfa.

Una vez que estuviera de nuevo en su sano juicio, podría poner una
orden de arresto contra mí. Incluso si decidiera no presentar cargos, haría
algo para castigarme por encantarlo, despreciarlo, humillarlo. El alfa en él
no demandaría nada menos.

Sabe exactamente dónde vivo, y antes dejó más que claro que una
puerta cerrada no le impediría entrar.

Esta noche no puedo volver, pero, ¿podría volver mañana? ¿O la


siguiente noche? ¿Me sentiría segura sabiendo con qué facilidad irrumpió
y con qué rapidez cambió?

Los ojos de Des están tristes.


—Querubín, mi casa es tu casa —dice, leyendo mis pensamientos—,
siempre y cuando lo necesites.
Miro por encima de mi hombro hacia la despatarrada casa detrás de
mí. Todos esos muebles que Des había comprado, todo había sido para
proveerme una sola habitación de invitados en su casa.

Una habitación en la que probablemente me quedaría.

Y cuando confrontó a Eli, Des no había actuado sorprendido o


confundido por lo sucedido en mi casa. Y la única razón para eso sería…

Me vuelvo hacia él.


—Lo sabias —digo, recordando cómo tentó a mi ex previamente—.
Me besaste la primera noche sabiendo que yo estaba con Eli.

Mi ira está elevándose.

El Negociador conoce mi corazón; sabía que nunca me conformaría


siendo romántica con dos hombres a la vez. Todo lo que tenía que hacer
era plantar la semilla: un casto beso en mis labios y sugerir que él y yo
seríamos íntimos. Y más fácil que chasquear sus dedos, rompí con Eli.

Y ahora hay una habitación en la casa de Des esperando por mí.

Me siento como una mosca atrapada en la telaraña del Negociador.


Estoy jugando en su mano.

Fui de un hombre controlador a uno intrigante.

La mandíbula de Des se aprieta.


—Callie…

—¿Haces esto por todos tus clientes? ¿Forzarlos a romper los lazos
con sus novios? ¿Proporcionar una habitación en tu casa solo para ellos?

Se acerca a mí, sus ojos brillando con vida.


—No voy a hacer esto contigo. No esta noche.

—No, no lo harás, ¿verdad? —le desafío. Hay fuego en mis venas,


fuego que se ha estado construyendo desde el momento en que Des volvió
a entrar en mi vida—. Simplemente correrás como siempre lo haces.

Me coge el rostro.
—¿Te parece que estoy corriendo, Callie? ¿Parece que estoy tratando
de dejar tu lado?

—Pero lo harás —digo con fervor.


¿Cómo esta conversación se convirtió en airear mis propias
inseguridades?

—Quieres hablar de verdades —dice, enojado—, aquí tienes una


para ti: esto no se trata del perro, es sobre nosotros.

—¿Dejarás de llamar a Eli así? —digo.

El Negociador me suelta el rostro y me mira de soslayo.


—¿Lo defiendes incluso ahora?

—Todavía significa algo para mí. —Y le hice daño. Profundamente.

Un músculo en la mejilla de Des se contrae.

El Negociador se acerca, sus labios curvándose en una sardónica


sonrisa.
—Tienes más de trecientos favores por pagarme. Cuando hayamos
terminado, te darás cuenta de que Eli y todos esos otros hombres solo han
sido un insatisfactorio sueño. Que esto, y solo esto, es real.
Capítulo 11
Traducido por yoshiB

Enero, siete años atrás


M
e acuesto en mi cama y juego con mi brazalete.
—¿Todos tus clientes reciben brazaletes? —pregunto al
Negociador. Sonrío con suficiencia ante la idea de un criminal con su
delicado cordón de perlas negras.
Apoyando su espalda contra el pie de mi cama, Des hojea la revista
Magia & Ciencia que recogió de mi mesa de noche.
—Nop.
Sostengo mi muñeca hacia la luz, girándola de un lado a otro,
intentando que la luz por encima de mi cabeza se refleje contra las perlas
pulidas; parece en cambio como si las perlas absorbieran la luz profunda
en ellos.
—¿Qué obtienen tus otros clientes? —pregunto.
Des da vuelta a otra página.
—Tatuajes.
Me siento.
—¿Tatuajes? ¿Obtienen tatuajes? —Distraídamente mis ojos se
mueven a las dos máscaras venecianas que cuelgan en mi pared que Des y
yo escogimos en Venecia: una resaltando los rasgos de un doctor plaga y el
otro con la cara pintada de un arlequín.
—¿Por qué no obtuve un tatuaje? —pregunto. El brazalete que hace
un momento pensé que era tan genial ahora parece un sustituto aburrido.
El Negociador cierra la revista y la pone a un lado.
—¿Quieres un tatuaje en su lugar?
—Por supuesto —digo distraídamente, perdiendo el tono de
advertencia en su voz.
Un tatuaje sería mucho más provocativo que un cordón frágil.
A los pies de la cama, Des se gira para mirarme. Y luego sube a ella.
El Negociador está rondando por mi cama… y sube hacia mí
mientras está en eso.
No puedo respirar. Literalmente, creo que no puedo respirar.
La mirada peligrosa en sus ojos cierra todo pensamiento coherente.
Este podría ser el momento en que nuestra relación va de una extraña
amistad a algo más.
Estoy tan asustada de esa posibilidad. Estoy tan ansiosa por ello.
Se sienta a horcajadas en mi cintura, sus poderosos muslos vestidos
de cuero me atrapan entre él. Inclinándose, toma mi mano, la que no lleva
el brazalete.
Mi corazón va a escapar de mi pecho. Está galopando como loco.
Nunca he estado tan cerca de Des. Y ahora estoy bastante segura de que
nunca voy a estar satisfecha hasta que sea natural estar tan cerca de él.
Mi piel empieza a brillar, y Des es lo suficientemente amable como
para ignorar el hecho de que estoy más o menos en el infierno.
Dirige una palma a lo largo de mi muñeca y mi antebrazo. Bajo su
tacto, aparecen marcas de tinta en mi piel, filas y filas de ellas.
—¿Prefieres tener esto que perlas? —pregunta.
Arrastro mi atención lejos de Des para echar un mejor vistazo a las
marcas
Son... feas. Vil de una manera que nunca he considerado un tatuaje
para ser.
—Puedes usar mi tinta en tu piel —dice, su voz persuadiendo—.
Dime la palabra, y la transferiré por todas partes. Ni siquiera te costará
una cuenta.
Des espera mi respuesta. Cuando no lo hago, las marcas se
desvanecen hasta que desaparecen por completo.
—Eso es lo que pensé. —Me suelta la mano y se baja de mí.
Resituándose contra el pie de mi cama una vez más, coge la revista y
vuelve a pasar las páginas de la misma—. No voy a marcarte como un
criminal común —dice sobre su hombro—, y no deberías desear eso de
todos modos. La Politia busca ese tipo de cosas. Tendrían un aneurisma si
vieran a una adolescente con más de cien marcas.
—¿Por qué? —pregunto, sosteniendo la muñeca que acaba de tocar
—, ¿Es inusual?
No responde por un momento, pero puedo decir por su quietud que
ya no está leyendo.
Finalmente, tira la revista a un lado y se para. Se pasa una mano
por el pelo, evitando mis ojos.
—Necesito irme.
Ésa es toda la advertencia que consigo antes de que se gire sobre
sus talones y se dirija a mi puerta.
—¡Espera! —Me levanto y agarro su brazo. Como de costumbre, una
pequeña emoción me atraviesa al contacto—. No te vayas, por favor. —Sin
querer, he empezado a brillar en serio ahora, mi glamour accidentalmente
resbalando en mi voz.
Los ojos de Des están en mi mano, mi mano que realmente está
jodidamente disfrutando de la sensación de su brazo con cordones.
—Querubín, estás rodeada por más de mil personas de tu edad.
Necesito trabajar y necesitas mejores amigos que yo.
—Solo quiero estar cerca de ti.
—¿Por qué? — dice, sus ojos buscando los míos.
Porque no puedo controlarte. Porque conoces mis secretos. Porque me haces sentir
normal.
Porque a pesar de toda lógica y razón, creo que podría estar enamorada de ti.
—Por favor —digo.
Pero no es suficiente. Suavemente, Des retira mi mano de su brazo,
y luego se va.
Presente

S olo cuando creo que el Negociador va a proclamar sus


verdaderos sentimientos por mí, su rostro se apaga.
Me conduce adentro, los dos tensos. Estoy aturdida por Eli, esta
noche, por sobre todo por Des.
Camino delante de él, bajando sobre uno de sus taburetes.
—Entonces, ¿me quedaré aquí esta noche?
Des se mete detrás de mí, apoyado en uno de sus armarios.
—A menos que prefieras que te deje en el parque de perros en que se
ha convertido tu casa.
Solo le doy una mirada. Él la devuelve, su mirada caliente se mueve
sobre mí. Sus alas están todavía fuera. La sirena en mí realmente tiene
gusto de eso. Y la mujer también.
Me deslizo fuera del taburete y abro su refrigerador.
—Entonces, ¿cuándo vamos…? —Dejo escapar un ruidito distraída
por la comida en la nevera.
La cosa está llena de todas mis cosas favoritas: samosas, pizza,
pasta, pastel, arroz frito, ensalada de macarrones. Por curiosidad abro el
congelador. Helado, mini quiches, pastel de helado—¿qué?—taquitos.
Le echo una ojeada al Negociador.
—Estás tan preparado para esto.
Levanta un hombro, pero sus ojos se están riendo.
Me vuelvo a la nevera.
—Vas a engordarme como un pavo de Acción de Gracias —murmuro.
Hablando en serio.
Agarro el recipiente de helado de masa de galleta y lo saco,
colocándolo en el bar de la isla.
—¿Cuchara?
Abre el cajón a su lado y me lo lanza. Apenas logro atrapar la cosa
antes de que me saque un ojo.
Estoy a punto de sacar un bocado del helado cuando veo una bolsa
de papel blanca a su lado. De. Ninguna. Jodida. Manera.
—¿Son esos...? —Ni siquiera puedo preguntarlo.
—Macarrones franceses de Douglas Café —termina para mí.
Olvidando el helado, me levanto y me dirijo a Des.
—Douglas está lejos. —A medio mundo de distancia.
—Líneas Ley, querubín —dice.
—¿Puedo? —pregunto, indicando la bolsa.
—Son para ti. —Me observa mientras lo alcanzo.
Así que planeó que estuviera aquí esta noche. Me pregunto si planeó
que la noche se volviera como lo había hecho, o si tenía algo más en la
manga. Sabiendo lo tramposo que es, no me sorprendería lo último.
Sus ojos se vuelven hacia el helado. Se levanta de la mesa flotando
hacia el congelador. Una de las elegantes puertas de refrigerador de acero
inoxidable se abren y el helado se desliza hacia adentro. La cuchara se
eleva de nuevo a través de la habitación, abriéndose el cajón a tiempo para
que se cloque en el interior.
Ver todo esto trae un calor acogedor al hoyo de mi estómago, el tipo
que viene con recuerdos felices y familiares.
Saco un macarrón de color rosa y tomo un bocado.
Dejo escapar un largo y profundo gemido.
Es perfecto.
—Des, eres un Dios —digo entre mordiscos. Hace años que no había
tenido ningún macarrón en absoluto, y Douglas Café siempre fue el mejor.
—Rey —corrige. Sus labios se curvan, iluminando su mirada. Pero
se está volviendo travieso.
Se acerca, quitándome la bolsa de papel y dejándola a un lado, junto
con el macarrón parcialmente comido.
—Has tenido una velada tentadora, Callie.
Lo miro cautelosamente, sintiéndome como ese pequeño insecto
atrapado en una telaraña de nuevo.
—¿Cómo te gustaría posponer el ir al Otro Mundo hasta mañana? —
Siento su aliento contra mi piel—. ¿Y esta noche tenemos un poco de
diversión?
Mi pulso comienza a latir.
Prepárate para algo más que un beso.
—¿Qué tenías en mente?
Pero ya es demasiado tarde. Agarra mi muñeca, sus dedos rozando
sus perlas.
—Tiempo para una verdad, querubín: ¿Qué es lo que más te gustaría
hacer esta noche?
La magia envuelve mi garganta, tirando de mi tráquea. Hay un
millón de cosas que mi mente sucia sería muy feliz haciendo, así que estoy
sorprendido cuando digo:
—Quiero nadar en el océano.
Supongo que es realmente así de simple.
Des me sonríe, y por una vez es genuino.
—Muy bien, vamos a llevarte al océano entonces.
Me conduce de regreso al exterior y luego, envolviéndome en sus
brazos aterrizamos por los acantilados detrás de su casa a una diminuta
alcoba de una playa.
Salgo de sus brazos, escuchando el estrépito de las olas. Me llama,
cada salpicadura de agua me llama cada vez más cerca. Me quito
distraídamente los zapatos y después mis calcetines.
Sigo sintiendo al Negociador detrás de mí, pero bien podría estar
ahora. Me vadeo en el agua, estremeciéndome ligeramente a la fría
temperatura.
El sonido, el olor, la sensación del océano firme en todo mi pulso.
Estoy en casa.
Ropa y todo, me sumerjo en el mar. Solo salgo para volver a bucear
de nuevo. Aquí abajo, en las profundidades acuáticas del mar, hay una
paz tranquila. Segundo por segundo siento que mis preocupaciones e
inseguridades desaparecen. Solo estoy yo, la noche y el océano.
La siguiente vez que salgo a la superficie, miro a la playa. Des me
mira desde la orilla, varias mechas de su cabello blanco azotan sus
mejillas. La expresión en su cara es tan familiar; lo he visto en la mía mil
veces. La expresión de un extraño.
Nado hasta la orilla, arrastrándome fuera del océano. Se adelanta,
probablemente pensando que estoy lista para volver. En su lugar, agarro
su mano, tirando de él hacia el agua helada.
Des me mira fijamente, viéndose hechizado, mientras lo arrastro
hacia las olas. Y no se resiste. Esa es la parte más extraña de todo.
El océano siempre ha sido el lugar donde las sirenas matan a los
hombres.
—Callie, ¿qué estás haciendo? —Finalmente dice cuando el agua se
eleva por encima de su cintura.
¿Acaso no es obvio?
—Hacer que te unas a mí.
Nos movemos lo suficientemente lejos como para que nuestros dedos
de los pies ya no toquen el fondo marino. Des hunde su cabeza bajo el
agua y alisa su cabello hacia atrás.
Pisamos el agua así por casi un minuto, ninguno de nosotros
diciendo nada. Me acuesto de espaldas y observo fijamente las estrellas
oscuras. Su mundo está por encima de nosotros, y el mío está por debajo.
Hay algo muy satisfactorio en eso.
—Sabes —le digo—, te extrañé. Cada día. —Fue un dolor que duró
siete años. Debió haberse atenuado, pero nunca lo hizo.
Se queda callado por mucho tiempo. Al final, responde:
—Yo también te extrañé.

No es hasta tarde esa noche que, empapados hasta nuestros huesos,


volvemos adentro. El Negociador me lleva a mi habitación, y cuando veo la
cama con dosel gigante esperando por mí, me dejo caer de barriga en ella,
rápidamente arruinando las sábanas con arena y agua de océano.
—Continúas refutando la teoría de que las sirenas son criaturas
elegantes —dice Des detrás de mí.
Entierro mi rostro en las sábanas.
—No tengo ropa.
—Tengo una política de nada-de-ropa muy flexible —responde.
—Des. —Mi voz es amortiguada por las sábanas.
Me da una risa que retumba, luego se acerca, dejando caer una gran
camiseta desgastada de Kiss y un par de calzoncillos bóxer a mi lado.
—Esto es lo mejor que tengo en este momento.
Miro fijamente los artículos de ropa.
Me pone una mano en la espalda y cada célula es consciente de ese
toque.
Se inclina cerca de mi oído.
—Dúchate lo suficiente rápido, y podría simplemente meterte en la
cama. —Puntualiza el pensamiento mordiéndome la oreja.
Le doy una mirada molesta, pero no sirve de nada; mi piel está
brillando como solía cuando era adolescente y mis hormonas corrían
salvajes.
—Solo si quitas una cuenta.
—Callie, Callie, Callie —espeta—, pensé que estábamos más allá de
pagar por la compañía del otro.
Hago una mueca, recordando todos esos días que compré su
presencia, usándolo para ahuyentar mi soledad.
—Trata de estar fuera del baño esta vez —digo, bajando de la cama y
dirigiéndome al cuarto de baño en cuestión.
—Trata de no pensar en mí —dice.
Le muestro el dedo medio sobre mi hombro.
Veinte minutos más tarde, el Negociador logró mantenerse fuera del
cuarto de baño. Yo no logré evitar pensar en él.
Al quitarme la ropa, me meto en la camisa y en los calzoncillos que
Des me regaló. Huelen como él. No me había dado cuenta de que tenía
olor, pero lo tiene. Es de humo, como el fuego de leña, y masculino.
Cuando regreso a la habitación, el Negociador ya se ha acomodado
en mi cama. Me mira, y las sombras de la habitación se hacen más
profundas. En medio de ellas, sus ojos brillan.
Hubo un tiempo en el que le habría dado felizmente a mi
primogénito para verlo darme esa mirada desde mi cama.
Ahora estoy legítimamente asustada. El Negociador podría pedir
cualquier cosa como reembolso.
Cualquier cosa.
Y estaría obligada a darlo.
Y con esa mirada hambrienta en su rostro, sé dónde están sus
pensamientos. No es que esté en contra de hacer más con él. Es que
realmente no estoy en contra, y debería estarlo. Puedo ser íntima con la
mayoría de los hombres y no sentir nada. Pero no con Des.
No con Des.
—No muerdo, querubín —dice, notando mi vacilación. Palmea el
espacio a su lado—. Incluso te dejé la habitación.
Con cautela, me subo a la cama. Me tumbo en mi lado, de frente a
él.

—Pensé que eras mayor en no cruzar los límites, Des.


Envuelve un brazo alrededor de mi cintura y me tira cerca.
—Cuando tenías dieciséis años. Ahora... —Me pasa la mano por el
brazo—, estoy buscando expandir mi territorio contigo.
Mi respiración se detiene.
— ¿Estás diciendo…?
Se inclina cerca, rozando un beso contra mi frente, y se aleja de la
cama.
—Buenas noches, duerme bien, y no dejes que ningún monstruo te
muerda.
Y con eso, el Negociador se va.

La mañana siguiente, me meto en la cocina de Des, frotándome el


sueño de los ojos.
—Buenos días, querubín.
Grito como loca por la voz del Negociador, agarrando mi corazón. Mi
piel brilla intensamente, haciendo que la cola al final de mi grito se
armonice cuando la sirena se desliza.
El rey fae se inclina hacia atrás en una de sus sillas de cocina,
bebiendo café. Su camisa se ha ido, y veo claramente su manga de
tatuajes que corre a lo largo de su brazo izquierdo.
Levanta las cejas hacia mí como si estuviera loca.
Finalmente atrapo mi aliento.
—Tú-tú... me asustaste.
—Claramente. —Su boca se contrae.
—No te rías. —Acaricio distraídamente mi pelo. Parece que está
desafiando la gravedad en este momento.
—No fue gracioso —dice Des. Sus ojos se mueven sobre la camisa y
los calzoncillos bóxer que llevo, y su expresión se calienta.
Cuando me mira así, la sirena se niega a irse.
—Des. —Se supone que debo decir su nombre como una advertencia,
pero en su lugar sale como un ronroneo.
Mierda. Pre-café, mi asimiento en mi sirena no es tan bueno.
—Por qué, hola amor —dice, dándome una sonrisa que guarda solo
para mi sirena. Estos dos tienen una cosa importante para el otro. Incluso
cuando era un adolescente y Des dejó claro que no iría mas allá, era extra
indulgente con ella.
Y ahora mi control sobre ella se está resbalando... resbalando...
Ido.
Me acerco a él, balanceando mis caderas un poco, mi piel
resplandeciente. No me detendré hasta que me suba a su regazo, mis
piernas a horcajadas sobre él.
Tomo la taza que está sosteniendo y la arrojo sobre mi hombro. Él
levanta una mano, presumiblemente para detenerla y que el café dentro de
ella se estrelle contra el suelo.
Me inclino cerca de su oído, moviendo mis caderas hasta que lo oigo
gemir.
—Siete años, hijo de puta —le digo, o mejor dicho, la sirena dice, ya
que ella dirige el programa en este momento.
Sus manos caen a mi cintura.
—Las mejores cosas valen la pena esperar, Callie.
Enrollo mis brazos detrás de su cuello.
—¿Verdad o reto?
Sus ojos se calientan, una sonrisa de suficiencia se extiende sobre
sus labios.
—Tratando de jugar mi...
—Verdad: Si te hubieras molestado en quedarte, te habría dado cada
uno de tus deseos más malvados. —Muevo mis caderas contra él para
puntuar mis palabras.
Lo siento reaccionar, algo que no me trae poco placer.
Inclinándome más cerca, mi lengua prueba la cáscara de su oreja.
—Y sé que mi rey oscuro tiene muchos deseos malvados —susurro.
Giro su rostro hacia el mío, tirándolo hacia mí hasta que solo un
poco de distancia separa nuestros labios.
Pero en lugar de besarle, le digo:
—Voy a hacer que te duela, y te duela, y te duela, y no haré nada
para aliviarlo. Voy a hacerte pagar por dejarme.
Me aparto de él y me alejo.
—Querubín —dice Des a mi espalda—, disfrutaré cada dulce
momento de eso.

No es hasta que consigo varios buenos tragos de café que la sirena


se va completamente.
—Dioses, extrañaba tu sirena —dice Des.
Típico que un hada extrañe la parte más siniestra y traviesa de mí.
Me quejo mientras me siento como en casa en su cocina, tostando
algunos mini waffles y buscando en los armarios el jarabe.
Él realmente sabe mis comidas favoritas.
El armario encima de mí se abre, y el jarabe flota hacia fuera. Lo
atrapo.
—Gracias —digo sobre mi hombro.
—Mmm.
Estoy jugando a la casa con el Negociador. Y se siente tan... normal.
Una vez que termino de preparar mis waffles, vuelvo a la mesa.
—Ahora los nombres de ambos están en la Lista de Los Más
Buscados —dice Des cuando me siento a su lado.
Me toma un segundo entender.
—Espera, ¿estoy en la Lista de Más Buscados?
Des me pasa su tableta, y bastante seguro, allí estoy. Número
ochenta y seis.
Siento mi mandíbula caer abierta.
—En serio, ¿qué mierda de verdad?
Eli ha perdido la maldita mente. Entró a mi casa y se transformó,
colocándome a mí y a Des en peligro mortal. ¿Y el hijo de puta tiene las
agallas de ponerme a mí en la Lista de Más Buscados?
Un segundo después, me doy cuenta de que Temper ha visto
seguramente la lista, lo que significa que debe estar como una loca. Busco
mi teléfono, solo para recordar que nunca tuve la oportunidad de agarrarlo
anoche.
Vuelvo mi atención a mi listado, tocando en el enlace. Los cargos
incluyen ilegalmente el uso de glamour y confraternizar con el Negociador.
Es el último cargo lo que me puso en la lista, de eso estoy segura.
Mi mirada se eleva a Des mientras le devuelvo la tableta. Hay
asesinato en sus ojos.
Conozco esa mirada. Venganza fae.
Con los años, Des ha dejado un rastro de cuerpos destrozados a su
paso, de clientes que trataron de traicionarlo a enemigos que intentaron
matarlo. Incluso ha desfigurado al menos a un hombre que trató de
hacerme daño en mi nombre.
—Sea lo que sea que estés pensando —le digo—, no lo hagas, Des.
Por favor.
Su mano se aprieta en su tableta.
—¿Incluso pides por ese perro ahora?
—Preferiría no encontrarlo cortado en trocitos.
—Es una muerte demasiado buena para el bastardo —dice el
Negociador oscuramente, arrojando su tableta sobre la mesa.
—Des, no lo vas a matar. —De todas las conversaciones que me
imaginaba tener hoy, ésta no era una de ellas.
Se inclina hacia adelante, mechones de sombra se encrespan
alrededor de él.
—No está en mi naturaleza ser indulgente —dice con voz baja—. Así
que si quieres asegurar su seguridad, vas a tener que concederme un
favor.
—¿Qué quieres? —pregunto, empujando una rebanada de waffle en
mi boca.
Solo me mira fijamente.
—Creo que ya lo sabes.
El waffle se aloja en mi garganta.
Dame una oportunidad, sus ojos imploran. Realmente
quiere algo más que un beso.
—¿Por qué, Des? —La pregunta a la que siempre vuelvo.
Me estudia un largo momento.
—Eventualmente, te lo diré —admite—. Pero... no hoy. —Toma un
satisfecho sorbo de café.
Lo miro.
—Tienes tanta suerte de que mi glamour no funcione en ti.
Deja su taza abajo, y trato de ignorar la forma en que sus brazos se
tensan con el movimiento.
—¿Lo usarías en mí? —pregunta.
—Absolutamente.
Ahora sonríe, la mirada casi salvaje.
—Eso me agrada mucho, querubín.
Son respuestas como esas las que me preocupan.
—Así que… —digo entre mordiscos de waffles—, estás aquí y hay luz
del día.
—¿Y?
Levanto la vista y miro directamente a sus abdominales. Necesita
ponerse una camisa jodidamente ya.
—¿No hay alguna regla para no aparecer durante el día?
Recoge su café.
—No soy un vampiro. No me voy a derretir en el momento en que el
sol me golpee. —Empujando su silla hacia fuera, se pone de pie—. Termina
con esos waffles; es hora de trabajar.
Mi plato comienza a levitar, y tengo que cogerlo del aire.
Lo fulmino con la mirada.
—Solo por eso, voy a comer esto dos veces más lento.
El Negociador sonríe, y el plato se levanta de nuevo en el aire. Esta
vez cuando me agarro de este, se resiste, y tengo que conformarme con
quitar los waffles del plato.
—Eres un pequeño mierdecilla vengativo —le digo, fulminándolo.
—¿Pequeño? —Me da una preciosa sonrisa—. No usemos adjetivos
inapropiadamente ahora. —Toma un último sorbo de su café y lo pone en
su fregadero.
Mientras tanto, estoy lidiando con el desastre que actualmente es mi
desayuno. Empujo los últimos fragmentos de waffle en mi boca, mis
manos cubiertas en jarabe.
Me dirijo hacia él, encendiendo el grifo del fregadero y enjuagándome
las manos pegajosas.
Sus ojos me miran de nuevo.
—Por mucho que me guste verte con mi ropa —dice—, necesitas
cambiarte. Hay trajes en tu armario.
—¿En serio? ¿Acabas de comprarlo? —pregunto, tratando de
averiguar cuándo pudo haber deslizado la ropa para mí.
—Nah —dice, saliendo de la cocina—, la ropa siempre estuvo allí
esperando por ti. Anoche solo quería verte en la mía.
Bastardo astuto.
—Espero que estés lista para usar glamour con algunas personas —
dice sobre su hombro—. En una hora nos vamos para el Otro Mundo.

Tomo una respiración profunda mientras me dirijo a la sala de portal


de Des, preparándome para el viaje al Otro Mundo.
Mi glamour solo funciona en seres terrenales. Una vez que
crucemos, soy tan buena como un perro sin colmillos.
Es solo una visita. No nos quedaremos.
Echo un vistazo hacia abajo al brillante vestido fae. Las partes
materiales revelan mientras camino las cintas entrecruzadas de mis
sandalias atadas en lo alto de mis muslos. Tan pronto como abrí la puerta
de mi armario temporal, el traje flotó hasta afuera, aterrizando en la cama.
Sugerencia tomada.
Diré esto por los fae: pueden ser unos hijos de puta sin corazón,
pero tienen seriamente buen gusto en la moda.
El Negociador me espera delante de su cuarto de portal, una de las
dos habitaciones de su casa que todavía tengo que ver. Nunca he visto a
Des en otra cosa que no sea la camiseta y el combinado de pantalones que
siempre usa… hasta ahora.
La túnica negra y sin mangas que lleva abraza su torso. Debajo de
ella, sus pantalones negros están metidos en unas botas oscuras. Un
cinturón de cuero de tiro bajo está sujeto holgadamente alrededor de su
cintura.
Jesús. Parece un asesino, uno apetecible.
Detrás de él, una serie de cerraduras alinean la puerta, y apuesto a
que hay aún más mágicos que no puedo ver. No sé si sentirme
tranquilizada o preocupada por las amplias medidas de seguridad.
Todavía frente a mí, Des golpea sus nudillos en la puerta a su
espalda.
—Al otro lado de esta puerta, hay un portal activo —dice. Extiende
su brazo—. Vas a querer aferrarte a mí hasta que salgamos de la línea ley.
No necesita avisarme dos veces. Tomo su mano, disfrutando la
cálida sensación de su piel contra la mía.
Uno por uno, las cerraduras caen, cada uno aumentando mi
inquietud.
Todas las viejas historias de hadas vuelven a mí. Monstruos que se
esconden bajo las montañas. El hada de los Dientes que se construyó un
palacio de dientes de niños. Los fae salvajes que, con solo una mirada,
pueden esclavizar a sus presas.
Y luego están las fae que no son tan humanas. Cosas que comen a
los humanos enteros y usan sus entrañas como joyas.
Todo eso me está esperando al otro lado de este portal.
La puerta se abre, y Des y yo entramos en una habitación circular,
mis sandalias aplastan hierba verde brillante, diminutas flores blancas y
rosadas moteadas entre la tierra.
Las enredaderas entrecruzadas de glicinas cubren las paredes y el
techo. Cuando la pared se encuentra con el suelo hay un anillo de hongos
que rodean la habitación.
La hierba se balancea de un lado a otro, y las hojas de enredadera se
estremecen cuando una brisa fantasma sopla contra ellas.
Como la mayoría de los sitios del portal, las leyes de la naturaleza no
se aplican realmente aquí.
Des se vuelve, evaluándome.
—¿Lista, querubín? —pregunta.
Mierda, realmente estoy haciendo esto.
Asiento. Le dejo llevarme hacia adelante, hacia el centro de la
habitación. El aire se siente más pesado a cada paso, y juro que oigo
música, pero es tan suave que no puedo estar segura de que mis oídos me
engañen.
Con una mirada conmovedora, el Negociador me arrastra en sus
brazos y nuestro entorno desaparece.
Capítulo 12
Traducido por Maria97Lour

Enero, siete años atrás


C
uando Des aparece frente a mí, soy un jodido desastre. Un
grupo de pañuelos se extienden a mí alrededor. Mi rostro está
húmedo y mis ojos hinchados.
Miro miserablemente al Negociador, mi cuerpo entero temblando.
Él cruza sus brazos y su chaqueta de cuero cruje.
—¿A quién tengo que lastimar?
Niego con la cabeza, bajando la mirada. No sé por qué lo llamé. No
dejo que otras personas me vean cuando estoy así. Pero estoy tan cansada
de estar sola.
Hoy fue... hoy fue un mal día.
—Dame un nombre, querubín.
Me limpio los ojos. No he terminado de llorar, pero por el momento
las lágrimas se han detenido.
Cuando finalmente encuentro los ojos de Des, veo que habla en
serio. Me toma un momento darme cuenta de que el Negociador
está enojado, y otro momento para darme cuenta de que está enojado por mí.
Soy lo suficientemente co-dependiente como para sentirme mejor por
esta reacción.
—Es un maestro —le susurro, mi voz ronca.
Des se sienta a mi lado, uno de sus anchos hombros roza el mío
antes de rodearme con un brazo y acercarme. Durante los siguientes cinco
minutos me deja llorar y hacer un lío en su chaqueta de cuero, con la
cabeza metida debajo de la suya. Su mano se mueve hacia arriba y hacia
abajo por mi brazo de manera tranquilizadora, pero la acción se ve un
tanto arruinada por lo amenazante de su presencia.
Finalmente logro recomponerme, mi cuerpo ya no tiembla tanto. Me
alejo de él un poco.
Frunciendo el ceño profundamente, limpia las lágrimas de mis
mejillas antes de ahuecar mi cara entre sus manos.
—Dime lo que sucedió. —Siento la ira vibrando de él.
Tomo una respiración temblorosa.
—Su nombre es Sr. Whitechapel. Él... intentó tocarme...
Pero esas no son las palabras correctas, ¿verdad? Sí me tocó. No se
detuvo hasta que me inmovilizó, diciéndome todo el tiempo que yo quería
esto. Que lo había estado volviendo loco todo el semestre. Que había
notado cada una de mis miradas sugestivas.
Me había desabrochado la parte superior de mis pantalones, había
levantado la camisa...
Eso fue todo lo que consiguió. Demasiado lejos.
Todavía no tengo el control total de mi don, pero el miedo lo saca a
relucir. La sirena le dijo que se detuviera y que me dejara ir.
Luego corrí hacia aquí.
Y ahora me estoy muriendo por dentro, volviendo a ser quien era
antes de que el Negociador me salvara de mi pasado.
Odio mi cara, odio mi cuerpo, odio a quien veo en el espejo. Odio mi
capacidad de atraer a las personas con una sola mirada y dominarlas.
Odio todo acerca de lo que me hace ser quien soy. Odio que alguien
todavía pueda hacerme sentir débil.
Logro contarle la historia, y luego empiezo a llorar nuevamente. Y de
nuevo, el Negociador me atrae hacia él. Apoyo mi cabeza contra su pecho,
por una vez sin pensarlo en un sentido romántico. Solo por consuelo.
—Querubín, estoy orgulloso de que uses tu poder de esa manera —
dice eventualmente Des.
¿Por qué eso me hace llorar más fuerte? No puedo decirlo.
—¿Quieres saber un secreto? —dice, su mano alisando mi cabello.
No espera a que responda—. La gente como él nació para temer a la gente
como nosotros —agrega, su voz siniestra.
Me detengo en medio de los sollozos.
¿Qué? ¿Y eso que significa? ¿Y por qué me está diciendo esto? He
sido una víctima toda mi vida. Gente como el Sr. Whitechapel usa a la
gente como yo. No al revés.
—Ese es un secreto de mierda —decido decir.
El Negociador acerca sus labios a mi oreja.
—Es la verdad —susurra—. Eventualmente lo entenderás. Y
finalmente lo abrazarás.
Improbable. Pero asiento de todos modos porque no tengo ganas de
discutir con Des en este momento.
Durante unos quince segundos estoy bien, incluso podría haber
terminado, entonces el recuerdo de las manos de mi maestro sobre mi
cuerpo me arrastra de nuevo.
No sé cuánto tiempo lloro, solo que Des me sostiene todo el tiempo.
No estoy segura de estar llorando por lo que sucedió hoy en este momento.
Creo que estoy llorando por todos esos días en que no escapé a tiempo.
Eventualmente, Des nos mueve del suelo a la cama, tarareando un
cántico de hada por lo bajo. Y finalmente dejo de llorar como una loca y en
su lugar solo lo dejo sostenerme como si fuera mi propia manta de
seguridad personal.
Me quedo dormida con la cabeza así, envuelta en los brazos del
Negociador.
A la mañana siguiente, cuando me despierto, estoy sola.
Solo más tarde descubro que el Sr. Whitechapel ha desaparecido. Y
eso, cuando resurge una semana más tarde a países de distancia, la
mayoría de los huesos de su cuerpo están rotos, le faltan varios dientes y
dedos, con la tarjeta de presentación del Negociador sobre sí mismo.
Nadie puede hacer que hable sobre lo que le sucedió. Pero
aparentemente está bastante ansioso por discutir su mala conducta con
sus estudiantes.
Estudiantes. Plural. Aparentemente no soy la única.
Des ya no es solo mi salvador; también es mi vigilante. Y tengo que
aceptar el hecho de que el hombre que me dejó llorar en sus brazos es
también el Negociador, un criminal buscado y conocido no solo por sus
tratos, sino también por su inmensa crueldad, la misma crueldad por la
que las hadas son famosas.
Y que el Señor me ayude, pero estoy bien con eso.

Presente

T odavía estoy recuperándome cuando


nuestro entorno.
vuelve a aparecer

Me quedo sin aliento cuando miro alrededor.


Des y yo estamos parados entre las ruinas, el mármol blanco brilla a
la luz de la luna. Las enredaderas florecen alrededor de los arcos gastados
y las estatuas derrumbadas.
El Otro Mundo.
El sonido del agua corriendo nos rodea por todos lados al igual que
la neblina que se derrama sobre mi piel. Giro en un círculo,
tambaleándome al ver la cascada gigante que se estrella contra el extremo
opuesto del afloramiento en el que estamos parados, con columnas de
niebla elevándose a su alrededor.
—¿Qué es este lugar? —pregunto, curiosidad entrando en mi voz.
—El Templo de la Madre Inmortal, uno de los primeros dioses a los
que adoraba mi pueblo.
Una vez más, Des me abraza.
—Agárrate.
Mis brazos se deslizan alrededor de su cintura mientras sus alas se
despliegan. Se tensa, sus alas comienzan a batir, la fuerza de cada golpe
me alborota el cabello. Entonces los dos nos elevamos, y puedo ver mejor
las ruinas. Se asientan en una pequeña isla rocosa que sobresale del
centro de una caída gigante. Hasta que mi mirada se encuentra con la del
Negociador, me ha estado observando con esos ojos fascinantes, su cara
suave.
Cuanto más tiempo sostengo su mirada, más rápido mi pulso se
acelera y vuelve el viejo anhelo. Quiero mirar hacia otro lado, pero no
puedo.
Una sonrisa comienza a extenderse a lo largo de sus labios, y es muy
diferente a la de sus expresiones habituales.
—¿A dónde vamos? —grito sobre el viento, solo para romper el
momento.
Su agarre se aprieta.
—Mi palacio.
El lugar donde Des reina. A pesar de que mi recelo al estar aquí,
estoy emocionada de verlo. Ni siquiera puedo contar cuántas veces me
pregunté qué aspecto tendría.
Nos elevamos más y más en el aire de la noche, pasando a través de
una nube ondeante y después de otra.
Un grupo de diminutas hadas deslumbrantes —¿pixies? —pasan a
nuestro lado y rodean a Des, chillando emocionados.
—Por supuesto que he vuelto —dice a modo de saludo—. No, no traje
ningún dulce, y sí, es bonita.
Siento un suave tirón en mi cabello y escucho el sonido de una risa
aguda. Cuando miro por encima de mi hombro, veo a varias de las
pequeñas hadas zambulléndose en mi cabello, jugando lo que parece ser
las escondidas. Uno de ellos se ha enganchado en un mechón, que se
agita en la brisa, chillando de emoción.
Hum... de acuerdo.
—Esta es Callypso —continúa Des—. Callypso, estos son los pixies
del viento del oeste.
—Hola —digo por encima de mi hombro, tratando de no enloquecer
por el hecho de que personas pequeñas están usando mi cabello como un
parque de juegos.
—Las hadas creen que es una bendición ser tocado por pixies —dice
Des en voz baja.
—Oh. —Y ahora sonrío.
Uno de ellos revolotea y acaricia mi mejilla, hablando en voz baja.
—Ella dice que tienes ojos amables.
Puedo escuchar la voz del pixie chirriando cerca de mi oreja mientras
el resto de ellos trepan por mi cabello y se posan en la coronilla de mi
cabeza.
Lo que sea que ella dice a continuación borra la expresión de Des.
—¿Qué sucede? —pregunto.
—Nada de importancia.
Chillidos enojados.
—Fin de la discusión —le dice al pequeño pixie, su tono ya no es
indulgente—. Adelante, dile al palacio que estamos llegando.
Con un bufido, los pixies se dispersan en el cielo, revolviendo mi cabello
a medida que avanzan. Los veo volar hasta que las nubes de la tarde se los
tragan.
—Eran dulces —digo.
—Mmm —dice, luciendo distraído.
—¿En qué piensas? —pregunto.
—En nada, querubín.
Eso es obviamente una mentira, pero no lo presiono.
Nos elevamos por encima de otra capa de nubes, y luego el cielo se
despeja. Un océano de estrellas llena el cielo nocturno, más brillante que
cualquier otro que haya visto en la tierra. Son tan prominentes que siento
que casi podría extender la mano y tocarlos.
Y entonces veo el palacio de Desmond Flynn, y todos los
pensamientos sobre las estrellas se desvanecen.
Levantándose sobre las nubes, es un castillo hecho de la piedra
blanca más pálida. A la luz de la luna, brilla intensamente, llamando la
atención sobre las agujas altas y el laberinto de puentes y murallas que los
conectan. Bajando por todos lados hay una ciudad amurallada, cada
edificio hecho de la misma piedra blanca como la leche.
Con la forma en que las nubes se extienden alrededor de la base de
la ciudad, parece flotar sobre plumas esponjosas. Pero a medida que nos
acercamos y la capa de nubes se disipa, puedo ver el fondo de la montaña
gris pizarra en la que está construida la ciudad.
Una isla en el cielo. Imposible, y sin embargo aquí en el Otro Mundo,
existe.
Incluso la base de la isla flotante parece haber sido cortada,
cincelada y facetada para parecer más edificios. Observo las columnas y
balcones, escaleras en espiral y luz parpadeante en ventanas de vidrio
tallado.
—Caray —exhalo.
Fuera de mi vista, puedo sentir la mirada de Des sobre mí otra vez,
pero por una vez, estoy demasiado distraída para mirarlo.
Más pixies circulan a nuestro alrededor cuando comenzamos a
descender. Pronto puedo distinguir las calles que corren entre edificios, y
luego noto las hadas.
La mayoría ser detiene para ver nuestra entrada. Siento cada uno de
esos ojos extraños y depredadores sobre mí, y estoy dolorosamente
consciente de que soy un humano en una tierra que esclaviza a los de mi
especie. También sé que el Negociador me está manteniendo más cerca de
lo necesario, y está haciendo una entrada pública, como si estuviera
orgulloso de mostrar al humano en sus brazos. O simplemente no le
importa una mierda.
Conociendo a Des, de hecho estoy apostando por lo último.
Él bate sus alas más rápido cuando el patio de piedra blanca, frente
a su palacio, se acerca cada vez más. Una elaborada puerta de bronce
rodea el palacio. Más allá, se juntan hombres y mujeres con orejas
puntiagudas, sus curiosos ojos puestos en nosotros. Varios guardias fae,
vestidos de blanco y plata, los mantienen atrás. Parecen estar curiosos
sobre nosotros como yo sobre ellos.
Des y yo aterrizamos suavemente, su cabeza inclinada sobre la mía.
Salgo de su agarre, pero no intento alejarme del brazo que mantiene
enrollado alrededor de mi cintura.
La multitud reunida a nuestro alrededor está en silencio. Entonces,
uno por uno, comienzan a aplaudir y animar.
Los observo fijamente, elevando mis cejas. A mi lado, las alas de Des
están extendidas, la extensión de ellas nos empequeñece. Si soy sincera,
me gustaría acurrucarme en una de ellas y esconderme.
—¿Por qué están aplaudiendo? —le susurro.
—Hay mucho que no sabes sobre el Reino Nocturno. —Con esa
respuesta enigmática, asiente con la cabeza a nuestra audiencia y luego
me lleva hacia el castillo.
Hay docenas de personas reunidas en el vestíbulo de la entrada —lo
que solo puedo adivinar son sus soldados, oficiales y ayudantes—, pero
ninguno se acerca a nosotros, y Des no se detiene a hablar con ellos,
aunque sí los reconoce con una inclinación de su cabeza.
Mis ojos se mueven por todas partes, porque en todas partes hay
algo fascinante que ver, ya sea la gran araña de bronce sobre nuestras
cabezas, cuyas llamas escupen y centellean como bengalas, o el techo que
está hecho para parecerse al cielo. Es todo tan increíblemente encantador.
Des se inclina hacia mí.
—He querido mostrarte este lugar durante mucho, mucho tiempo —
admite.
Aparto mi mirada de mí alrededor para mirarlo.
—¿Lo has hecho? —No sé qué pensar de eso.
—Quería aún más que te gustara —admite.
Mis ojos se mueven sobre su rostro antes de ver el simple aro de
bronce tocar la cabeza del rey fae.
Su corona.
Toco su sencilla corona.
—¿Cuándo te la pusiste?
—Cuando aterrizamos.
No la estaba llevando con él, lo que significaba... magia.
—Te queda bien. —Realmente lo hacía.
—Lo odio —confiesa en voz baja mientras me lleva por uno de los
pasillos.
—¿Por qué? —pregunto.
—Nunca me he sentido particularmente rey.
Me doy cuenta entonces, mientras me guía a través de su palacio por
el centro de su reino, que un rey es exactamente lo que es Des. No es solo un
título bonito, es todo esto. Cualquier parte de él que obtuve hace tantos
años cuando me visitó; esas partes eran otra cosa.
En aquel entonces, solo había visto su lado perverso, sus malas
acciones. Nunca había visto su lado honesto.
Este es un lado de él que no conocía. Y creo que podría ser su mejor
lado.
Su corona no es el único objeto que usa. Tres bandas de bronce
rodean su bíceps.
Sigue mi mirada.
—Abrazaderas de guerra —explica—. Por valor.
Un rey guerrero. Y mis partes de chica están teniendo problemas al
estar alrededor de él. Ahora soy oficialmente una causa perdida.
Des me lleva a través del palacio, asintiendo con la cabeza a las
personas que pasamos a medida que avanza. Sus ojos se detienen en mí, y
la mayoría bajan la cabeza.
Estiro el cuello para observar a una mujer fae detenerse y hacer una
reverencia. No solo al rey, sino también a mí.
¿Qué en el mundo? ¿Les dijo a todos que estoy aquí para arreglar
sus problemas? Porque tengo serias dudas de que obtendré algo de estos
humanos que Des no podría.
—¿A dónde vamos? —pregunto distraídamente.
—A los cuartos de los sirvientes. Hoy te reunirás con una niñera
fuera de servicio.
No tiene sentido perder el tiempo, supongo. La idea de hechizar a
estos humanos hace que mis palmas suden.
—¿Todos los reinos dejaron de tomar changelings? —pregunto.
Des niega con la cabeza.
—Solo el Reino Nocturno. El Reino Diruno lo ha considerado, pero ni
los Reinos de Fauna ni Flora lo harán.
Lo que significa que los humanos todavía están siendo robados de la
tierra.
—¿Y los tuyos son voluntarios? ¿No hay esclavos aquí? —pregunto.
—Ninguno, querubín.
Asiento para mí misma, limpiando mis palmas sudadas en el
vestido.
Los cuartos de los sirvientes están ubicados en un edificio auxiliar
en el lado del palacio. Salimos de la parte trasera del castillo y pasamos
por un jardín iluminado por la luna antes de entrar al edificio. En el
interior, el espacio está un poco menos adornado que en el palacio en sí y
los pasillos son un poco más estrechos. Nos detenemos en una puerta de
madera oscura.
—¿Memorizaste las preguntas? —pregunta Des.
Le fulmino con la mirada.
—Acepté hacer esto. Estoy bien, soy buena con las palabras.
—Lo tomo como un sí —dice, escudriñando mi rostro.
Es un sí
Des golpea sus nudillos en la puerta. Un momento después se abre
por sí sola. En el interior, una mujer humana está sola sentada en un
escritorio, su pluma suspendida sobre una carta.
Por el aspecto de la vivienda —y los varios pares de botas de
diferentes tamaños que descansan justo al lado de la entrada—, debe
compartir el espacio con compañeros de cuarto. Pero en este momento,
está sola.
Tan pronto como se da cuenta de Des, se pone de pie, inclinándose
profundamente.
—Mi Rey, es un honor —murmura.
El Negociador se gira hacia mí, dándome una mirada pesada.
—Tu pago comienza ahora —dice.
Inmediatamente su magia me atrapa, picando mi piel, empujando a
la sirena.
—Odio cuando haces eso —murmuro.
—No hagas tratos con hombres malos, querubín —dice, apoyándose
contra la pared y cruzando los brazos.
Los ojos de la mujer se mueven hacia mí. Lo primero que noto sobre
ella son los moretones. Le salpican el cuello y el pecho, y continúan bajo el
escote curvado de su vestido. Hay círculos de ellos, algunos obviamente
más nuevos que otros.
Cuando me ve mirarlos, conscientemente cubre las marcas, pero hay
otro moretón alrededor de su muñeca. Casi puedo distinguir la pequeña
huella de la mano que la debe haber estrujado allí.
—¿C-cómo puedo ayudarle? —pregunta, sus ojos se mueven de mí
hacia Des.
—¿Sabes por qué estoy aquí? —pregunto, dando algunos pasos
tentativos hacia ella.
Niega con la cabeza, su mirada persiste en mi piel brillante.
—Estoy aquí para hacerte algunas preguntas sobre la desaparición
de hadas en tu reino —le explico.
Toma aliento, su rostro visiblemente pálido. Ahora, ahora tiene una
idea. Comienza a negar con la cabeza, retrocediendo y chocando contra la
silla detrás de ella.
—Por favor. —Pone una mano sobre los moretones en su pecho una
vez más—. Yo-yo no puedo.
Al ver su miedo, esperaría que se hiciera la tonta. Pero quizás ambas
sepamos que no sirve de nada.
Sus ojos comienzan a dar vueltas, buscando un escape. Se aleja de
mí, golpeando torpemente las cosas a su paso.
—No hay ningún lugar adonde ir —le digo—. Ambas sabemos eso.
A pesar de mi advertencia, trata de pasarme, engañándonos al mirar
a la izquierda antes de correr, como si fuera a tratar de abordarla.
Desafortunadamente para esta mujer, estoy acostumbrada a los
objetivos que huyen de mí.
—Detente —ordeno, mi voz sobrenatural.
Inmediatamente su cuerpo se detiene, sus hombros tiemblan.
Cuando me mira, una lágrima silenciosa se desliza por su mejilla. La vista
de eso me rompe el corazón.
—Por favor, no tiene ni idea de lo que él me hará si hablo —suplica.
¿Él?
—Sentémonos —sugiero, mi voz tranquilizadora a pesar del glamour.
Robóticamente, se mueve al pequeño sofá, más lágrimas después de
la primera. Cuando me mira, puedo ver la resistencia en sus ojos pero no
puede hacer absolutamente nada al respecto.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunto, sentándome junto a ella y
tomando su mano. Están húmedas de sudor.
Mira sus manos en su regazo.
—Gaelia.
Una mujer humana con un nombre fae.
—¿Naciste aquí? —pregunto.
Tomando un aliento tembloroso, asiente.
—¿Qué haces en el palacio? —pregunto, ya sabiendo la respuesta.
Mira por encima de Des, que todavía está inclinado en la entrada de
la habitación, antes de volver su atención a su regazo.
—Trabajo en la guardería real.
Mis ojos vuelven al moretón en su muñeca. De nuevo, la impresión
que deja en su piel hace que parezca como si una pequeña mano lo
hubiera apretado demasiado. La mano de un niño...
Fuerzo mi mirada hacia ella.
—¿Por qué cree tu rey que sabes algo sobre las desapariciones? —
pregunto.
Su expresión se derrumba, sus ojos y su boca apretados mientras
llora.

—Por favor —suplica nuevamente.


Gaelia me mira con agonía, y puedo decir que este es su último
esfuerzo para evitar que el resto de la conversación se desarrolle. Está
suplicando por mi humanidad con sus ojos, pero no sabe que no tengo
más control de la situación que ella.
Presiono mis propios labios, mis ojos pican. No quiero hacerle esto.
Ella no es una criminal, solo la última en una línea de humanos que una
vez fueron esclavos en este mundo. Es una víctima, una que tuvo la mala
suerte de trabajar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y
gracias a mí, probablemente sufrirá por su confesión forzada.
Mis ojos se agitan cuando repito:
—Respóndeme —la sirena es pesada en mi voz. Ella
toma un profundo y entrecortado aliento.
—Algunos de los bebés en la guardería real son los hijos de los
guerreros durmientes.
—¿Las mujeres en los cofres de vidrio? —pregunto.
Ella asiente.
—No se parecen a los otros niños que están bajo nuestro cuidado —
continúa—. Son... peculiares.
Los Faes en general eran peculiares. No me puedo imaginar a una
rareza entre los fae.
—¿Peculiares cómo?
Gaelia comienza a llorar abiertamente mientras contesta:
—Son apáticos, a veces casi catatónicos. No duermen, simplemente
se acuestan en sus cunas y sus ojos se centran en el techo. La única vez
que hacen algo es cuando, es cuando... —Toca los moretones en su pecho
—, se alimentan.
Sus dedos se curvan alrededor del escote de su blusa, y tira del
borde del material. Me inclino para ver mejor. Debajo del material,
extensos moretones cubren su pecho. Entre toda la decoloración oscura
hay cortes curvos y extraños.
Marcas de mordidas.
Retrocedo al verlo. Ahora que estoy mirando, veo las pequeñas
marcas de perforación donde sus dientes separan la carne de Gaelia.
—Y cuando se alimentan… —agrega—, profetizan.
Profecía. Incluso en la tierra tienen seres sobrenaturales que pueden
profetizar... ¿Pero niños profetizando? Esto es peculiar. Sin mencionar el
hecho de que dichos niños están mordiendo a los humanos.
—¿Qué edad tienen estos niños? —pregunto.
Gaelia está empezando a balancearse en su asiento, sosteniendo sus
brazos cerca de ella.
—Los más viejos tiene ocho. —Sus labios tiemblan sobre cada palabra
—. El más joven tiene menos de tres meses.
—¿Y cuáles profetizan?
Sus ojos se enfocan en algo en el piso.
—Todos ellos.
¿Todos ellos?
—¿Incluso el bebé de tres meses? —pregunto escépticamente.
Gaelia asiente.
—Ella habla y se alimenta como el resto de ellos. Me dijo que tú y el
rey vendrían. Dijo: “No les des ningún secreto, no les digas ninguna verdad, o el
dolor y el terror serán tus compañeros de cama, y la muerte será el
menor de tus miedos”. —Suelta un suspiro tembloroso—. No le creí. Ni
siquiera había recordado su advertencia hasta que mencionaste que
querías hacerme algunas preguntas. —Sus brazos se tensan alrededor de
sí misma—. Todos me muestran tantas cosas, tantas cosas horribles...
—¿Es eso normal? —indago—. ¿Que un niño tan joven incluso esté
hablando?
Más lágrimas.
—No, mi señora. Nada de esto es normal. —Los temblores de Gaelia,
que se habían calmado un poco, comienzan de nuevo.
—No entiendo, ¿qué tiene de terrible decirme esto? —pregunto.
Ella duda.
—Tendrás que decirme, de una forma u otra —le digo—. Podría ser
en tus propios términos.
Se cubre la boca con la mano, sus sollozos comienzan de nuevo. La
escucho susurrar para sí misma: “Perdóname. Perdóname”. Su balanceo
ha aumentado.
—Gaelia.
Lentamente sus ojos se mueven hacia los míos, y suelta su mano de
su boca.
—Él no quiere que lo encuentren —susurra—. Los niños me dicen
que está haciendo muchos planes. Que desconfía de nuestro rey, el
Emperador de las Estrellas Vespertinas —dice, y sus ojos se mueven hacia
Desmond—. Pero que no le tiene miedo a los demás.
Des viene ahora, colocando una mano en mi hombro. Gaelia lo nota.
—Todavía necesita más tiempo —continúa, envolviendo sus brazos
alrededor de sí misma una vez más—. No es imparable todavía.
—¿Por qué te diría esto? —dice Des.
Ella no responde, pero sus dedos se comprimen en la carne de sus
antebrazos.
—Contéstale —digo en voz baja, mi glamour forzándola a responder.
Aun así, pelea las palabras por otro segundo o dos, hasta que se
fuerzan de todos modos.
—Los niños dicen lo que sea que tengan en mente. Incluso estos. En
este aspecto, no son tan diferentes de los niños comunes.
—¿Por qué les crees? —pregunto.
Sus labios tiemblan.
—¿Además de las profecías? Porque durante años las enfermeras de
turno han estado quejándose de una figura que se inclina sobre las cunas
de estos niños. Y últimamente, comencé a verlo también.
La parte de atrás de mi cuello pica. El Otro Mundo está lleno de
fanáticos, y esto suena exactamente como uno de ellos.
—¿Qué aspecto tiene él? —pregunto, saliendo del guión. Hasta
ahora, había logrado meter las preguntas de Des en el flujo natural de la
conversación, pero ahora las abandono por completo.
Gaelia niega con la cabeza.
—Es solo una sombra... solo una sombra.
—¿Dónde está él? —pregunta Des.
Ella se estremece, sin siquiera molestarse en luchar contra nuestras
preguntas.
—En todos lados.
Sus palabras me levantan la piel de gallina.
—¿Conoces su nombre? —pregunto.
—Ladrón de Almas —murmura—. Ladrón de Almas.
—¿Qué quiere? —gruñe el Negociador.
Sus ojos se encuentran con los nuestros.
—Todo.
Cpítulo 13
Traducido por Liliana

Febrero, siete años atrás


E
sta noche, Douglas Café está bullicioso, una docena de
conversaciones diferentes llenan el aire.

Miro fijamente a mi taza de café.


—Des, ¿por qué no me hiciste pagar mis deudas?

Des se inclina hacia atrás en su asiento, sus piernas levantadas


sobre otra silla que arrastró. Sorbe un expreso en la taza más pequeña del
mundo, su mano empequeñeciendo el minúsculo cristal.

Deja la taza abajo.


—¿Estas impaciente, querubín?

Bajo la suave iluminación del café, sus ojos brillan con anticipación.
—Simple curiosidad. —Busco en su rostro—. ¿Y tú?
—¿Yo, qué? —Su atención se mueve casualmente sobre el resto de la
habitación. No estoy engañándolo, como hace un rato, cuando
deliberadamente se sentó en la esquina de la habitación, asegurándose
que su espalda estuviera contra la pared.
Desde que el señor Whitechapel reapareció con algunos dedos menos
en pies y manos y la tarjeta de presentación del Negociador sobre su
pecho, la policía ha estado a la caza de Des.

—Ansioso de que pague mis deudas —digo.

—Si lo estuviera, entonces ya las habrías pagado.


Pero, ¿por qué no estaría impaciente? Basada en los tratos que he
presenciado, sé que Des es diligente acerca de hacer a sus clientes pagarle
de manera oportuna.
Mi brazalete tiene ahora nueve filas profundas y creciendo
constantemente. Ni una solo vez me ha hecho pagarle. Ni por un solo
deseo.

—Todas estas cuentas me ponen nerviosa —digo, retorciendo mi


brazalete.

Su mirada vuelve a la mía.


—Entonces deja de comprar favores.

Me levanto, la silla raspando hacia atrás.


—Eres una compañía de mierda esta noche —digo.

Tal vez no sea él. Quizás soy yo.

Porque por el momento, me siento tan malditamente decepcionada.


Decepcionada por esta noche, por todo los demás como eso. Por querer
algo que no puedo tener. Al ser demasiado débil para renunciar a este
estúpido capricho a pesar de que sé que debería. Recogiendo eternidades y
eternidades de deudas y encadenándome a un hombre malo que no quiere
hacer nada conmigo.
—Siéntate —ordena Des, y siento el roce de su magia en la orden.

Mis piernas comienzan a doblarse, mi cuerpo se inclina para tomar


mi asiento. Luchó por el dominio, pero no sirve de mucho.

Lo fulmino con la mirada. Y ahora entiendo un poco mejor por qué


mi propio poder es tan terrible. Es un tipo peculiar de tortura, que tu
cuerpo responda a otra persona. Peculiar y vil.

—Eso es como se siente tu retribución —dice él—. Solo la coacción


será peor. Mucho peor. —Se inclina hacia adelante—. No tengas tanto
interés en pagar tus deudas. Ninguno de nosotros lo disfrutaremos.

—Si no disfrutas, Des —digo, tratando de levantarme. Su magia me


presiona abajo, obligándome a permanecer sentada—, entonces por qué
me los ofreces tan fácilmente.

De nuevo, sus ojos brillan.


—Tú juegas un peligroso juego conmigo, sirena. Haciendo tratos es
tu propia clase de compulsión. —Su voz es tan baja que solo yo puedo
escucharlo—. Y la ofreces tan fácilmente. —Hace una pausa, sus ojos
brillando maliciosamente—. No creas que dejaré de tomarla, porque no lo
haré.

Presente

D es y yo estamos callados cuando salimos de los aposentos


de los sirvientes.
Junto a mí, el Negociador se ve sombrío.

Niños bebiendo sangre, fantasmas visitantes, y un hombre quien


lleva el nombre del Ladrón de Almas. Es suficiente para darme pesadillas.

Me froto los brazos.


—¿Cuánto tiempo han estado sucediendo estas desapariciones? —
pregunto mientras salimos de los aposentos de los criados y entramos al
jardín.

—Casi una década.

Y en todo ese tiempo, nadie ha resuelto…

He terminado mi trabajo, he utilizado glamour en una inocente


mujer a la orden del Negociador. Puedo limpiarme las manos de esta tarea
y dejar a esa mujer a su destino, un destino que la hará enloquecer con
terror. Un destino del que fue advertida por un bebé quien debería ser
demasiado joven para hablar.

Me detengo, deteniéndome en medio del sendero de piedra.

El Negociador se vuelve hacia mí, con las cejas juntas.

—Si soy capaz de conseguir más información para ti de los niños,


¿quitaras más cuentas? —pregunto.

Él inclina la cabeza.
—¿Por qué deseas verlos? —pregunta.

Como si no fuera obvio.


—Esa mujer de ahí atrás está asustada de estos niños y de lo que le
han dicho. Ellos son a los que deberíamos estar entrevistando.
Des suspira.
—Tengo un juramento en contra de usar magias en niños, y a falta
de eso… he estado en la guardería mil veces, y mil veces he tratado de
hablar con ellos. Ni una sola vez ha funcionado.

—Pero nunca has llevado a una sirena contigo —digo.

Cada vez que cierro los ojos, veo la suplicante mirada de Gaelia y su
desesperanza. Parece que no puedo simplemente dejarlo.

Las esquinas de los ojos de Des se arrugan.


—Esto es verdad, nunca he llevado una explosiva sirena para hacer
mi trabajo sucio. —Me mira fijamente por un pedacito de tiempo, más
largo. Finalmente, a regañadientes, asiente—. Te llevaré a los niños. Dudo
que sea muy útil contigo allí, pero igual te llevaré. Sin embargo —añade—,
en el momento en que sienta algo mal, nos vamos, sin hacer preguntas.
La protección en su voz envía escalofríos por mis brazos.

—Puedo trabajar con eso.

—¿Los niños de quiénes cuidan en la guardería real? —pregunto


mientras nos dirigimos a través del palacio una vez más, en nuestro
comino a esa misma guardería. Parece extraño que estos peculiares niños,
como dijo Gaelia, estén justo dentro del castillo, en el mismo corazón del
reino.
Des une las manos a su espalda.
—La guardería se ocupa de los niños huérfanos de los padres
guerreros, nuestra manera de honrar su sacrificio final, hijos de la nobleza
trabajando en el palacio, y por supuesto, cualquier niño de la familia real,
incluidos los míos.

—¿T-tuyos? —repito.

¿Por qué nunca consideré la posibilidad de que Des pudiera tener


hijos? ¿Un rey guerrero como él? No tendría escasez de mujeres… es
posible.

Desmond asoma la mirada hacia mí.


—¿Eso te molesta?
Niego con la cabeza, sin encontrar su mirada, incluso cuando mi
estómago se retuerce. Puedo sentir su mirada en mí.
—Verdad —dice—, ¿cómo te sentirías si te dijera que tengo hijos?
Al momento en que su pregunta deja sus labios, su magia se
envuelve alrededor de mi tráquea. Me agarro la garganta, fulminándolo con
la mirada.
—Alguna advertencia sería agradable —digo con voz ronca.

Mi traquea se contrae. No la respuesta que quiero.

Siento la magia sacando mis palabras, demasiado parecido a mi


magia sacando las respuestas de Gaelia.
—Estaría celosa —digo.

Dios, me alegro que seamos las únicas dos personas caminando por
este particular pasillo. Es bastante embarazoso admitir esto a Des sin
tener ninguna audiencia adicional.

—¿Por qué? —pregunta.

La magia no se detiene.

Aprieto los dientes, pero eso no detiene la respuesta deslizándose


fuera.

—Porque soy una horrible persona.

La magia aprieta más fuerte. No lo suficiente verídico,


aparentemente.

—P-Porque… —trato de nuevo—, no quiero que nadie más comparta


esa experiencia contigo.

—¿Por qué? —presiona.


Tiene que estar bromeando. La magia es un lazo alrededor de mi
cuello.

—Porque es una experiencia que me gustaría compartir contigo —me


apresuro a decir. Inmediatamente, mis mejillas se ruborizan.

La magia se libera, pero apenas ligeramente.

Los ojos de Des se suavizan.


—¿Querrías tener a mi hijo?
—No, ya no —resuello.
Pero incluso ahora con la sensación mágica miento. Aprieta mi
tráquea, ahogándome.

—Siiiiií —siseo.

De repente la magia me libera, y sé que varias cuentas han


desaparecido sin siquiera mirar.

No me importa una mierda.

Estoy viendo rojo.

Des parece muy contento. Satisfecho y excitado,


—Regresaremos a esta conversación, querubín —promete.

Ese el momento en que me arrojo sobre él.

Gruñe mientras me empujo contra la pared y enredo el brazo


alrededor de su cuello.
Oh mi dulce Jesús estoy enojada.

Des se aleja de la pared, forzándome a perder el equilibrio mientras


quita mis brazos de su cuello. Antes de que pueda atacarlo de nuevo, me
jala cerca, nuestros torsos alineándose con el del otro.

—No tenías derecho a hacer eso —digo, susurrando en voz baja


Técnicamente tenía todo el derecho. Eso es lo que sucede cuando
negocias con Des. Puede tomar lo que quiera como reembolso.

Sus ojos se mueven hacia mis encendidas mejillas.


—Estás avergonzada.

Por supuesto que estoy avergonzada. Quien quiere decirle al chico


que le arrancó el corazón, oye muchacho, sabes, todavía quiero a tus bebés.
Me pasa la mano por la espalda.
—No estarías tan avergonzada si conocieras mis pensamientos.

Ahora me quedo sin respiración.

—Ten por seguro, querubín —continúa—, no tengo ningún hijo. —


Me acerca, sus labios rozándome la oreja—. Aunque siempre estoy
dispuesto a cambiar eso.
Ahora yo trato de alejarme.
—Des, déjame ir.

—Hmm —dice, su mano deslizándose a la parte de atrás de uno de


mis muslos—. Creo que no. —Lo enreda alrededor de su cintura. Trato de
sacar mi pierna de su agarre, pero él esfuerzo es inútil. Entonces envuelve
la otra pierna alrededor de sus caderas—. Creo que me gustas aquí.

La próxima vez que me enamore de alguien, no será un conspirador,


manipulador…

Su mano se mueve hacia abajo, ahuecándome el trasero.

…cachondo rey fae.

La próxima vez será un buen chico.

—Ni siquiera quiero niños —murmuro.

Des solo sonríe.

Hadas.

Entonces, naturalmente, alguien elije ese momento para bajar por el


pasillo. El Negociador no hace movimiento para bajarme. En su lugar,
comienza a caminar conmigo alrededor de él como un koala, asintiendo a
la mujer fae cuando pasamos.
Muy incómodo.

No es hasta que llegamos a las puertas dobles que conducen a la


guardería, que Des finalmente me baja.

En esta sección del palacio est´la anormalmente silencioso. Me


mantengo a la espera de escuchar… algo. Los jóvenes siempre son ruidosos.

Alcanzo uno de los pomos. Antes de que pueda agarrarlo, el


Negociador me coge la mano.

—Recuerda mis palabras —dice—, sucede algo inusual y saldremos


de aquí.

Miro fijamente a esos ojos plateados, sus cincelados rasgos en el


borde.

—Lo recuerdo —digo. Sanado la mano, abro la puerta.


Es casi más silencioso dentro de la guardería que fuera. Incluso el
aire aquí se siente quieto, como si todos contuvieran sus respiraciones.

Una solitaria criada sacude una de las almohadas de uno de los


sofás ornamentales que descansan en la sala de estar. Más allá de ella, un
conjunto de puertas francesas se abren a un patio privado.

Se sobresalta cuando nos ve, inmersa en una brusca reverencia.


—Mi rey, mi señora —dice, saludándonos a cada uno de nosotros—,
qué inesperada sorpresa.

—Estamos aquí para ver a los niños del ataúd —dice Des
bruscamente.

Niños del ataúd, que nombre más mórbido para ellos.

—Oh. —Sus ojos se mueven entre nosotros—. P-Por supuesto.

¿Detecto malestar?

Ella baja la cabeza.


—Por aquí.

Mientras la seguimos por uno de los pasillos laterales que se


ramifican al área común, noto que discretamente truena sus dedos uno
por uno.
—Están relativamente tranquilos en este momento. —Catatónicos es lo
que quiere decir—. Los hemos tenido que separar de los otros niños. Había
quejas… —No termina su pensamiento—. Bueno, ya lo sabéis, mi rey.

—¿Quejas sobre qué? —pregunto.

Ella toma una profunda inhalación.


—Que los niños se estaban alimentando de los otros niños.
Decidimos moverlos. Ellos no… se toman como presa uno al otro.

Mientras caminamos detrás de ella, pasando por encima de algunos


juguetes de cristal y una lira tocando una alegre melodía, le doy a Des una
mirada de que-mierda. Él levanta una ceja y menea la cabeza, su expresión
oscura.

Ella se detiene en una puerta y llama al entrar.


—Niños, tienen compañía.
La habitación en la que entramos está envuelta en una sombra, y
ninguna de los apliques iluminados parece alejar la oscuridad. El lado más
alejado de la habitación está formado por una pared de ventanas. Varios
niños se paran frente a ellas, mirando fijamente la noche más allá. Al igual
que Gaelis dijo, ninguno mueve un músculo. Más tumbados sobre la hilera
de camas empujadas contra las paredes. No puedo ver dentro de las
cunas, pero sé que debe haber bebés en al menos algunas de ellas.
Una nodriza se sienta en una mecedora a nuestra izquierda,
presionando un pañuelo contra la piel justo encima de su pecho, haciendo
una mueca de dolor. Deja caer la mano, escondiendo el pañuelo en su
puño cuando nos ve a Des y a mí, apresurándose a levantarse y haciendo
una reverencia a cada uno de nosotros.

El Negociador le hace una gesto con la cabeza, mientras mis ojos se


detienen sobre las gotas de sangre formándose donde había estado
presionando el pañuelo en su piel.
—Ustedes dos pueden dejarnos —les dice a las dos sirvientas.

La mujer quien nos condujo aquí no pierde el tiempo para


marcharse, pero la nodriza vacila brevemente, echando una temerosa
mirada por la habitación antes de bajar la cabeza.
—Si me necesita, estaré justo allí afuera —dice, haciendo una
reverencia. La puerta se cierra detrás de ella.

Ahora que los dos estamos solos con todos estos extraños niños,
estoy asustada, cada instinto gritándome salir de la habitación.

Casi como uno, los niños en la ventana comienzan a volverse hacia


nosotros.

Me congelo al verlos.

Sus ojos se mueven hacia Des.

Todos de repente comienzan a gritar. No se mueven, solo gritan.


Incluso los bebés están llorando.

Des se inclina cerca.


—Olvidé decirte… no les gusto mucho.

¿No me digas?
Camina delante de mí, usando su cuerpo para bloquear el mío, y no
voy a mentir, ahora estoy ridículamente agradecida por mi escudo
humano.
Tú eras quien quería verlos, Callie. Ten un poco de coraje.
Me obligo a salir de detrás del Negociador, arrastrando lo último de
mi coraje.

¿Qué había dicho Gaelia? Aunque fueran extraños, estos eran solo
niños.

Solo niños.

Doy un vacilante paso hacia adelante, luego otro. Ellos siguen


gritando, con la mirada fija en Des.
Comienzo a tararear, esperando que entre el amor de los niños por la
música y mis propias habilidades, pudieran dejar de chillar el tiempo
suficiente para que realmente interactúe con ellos.

De repente, los ojos de los niños se mueven hacia mí, algunos de sus
gritos con un poco de hipo mientras comienzo a brillar, la melodía que
comencé tiene un toque mágico.

Y entonces empiezo a cantar:


—Estrellita, dónde estás…
Así que demándame por no ser inventiva.

Uno a uno, los niños dejan de llorar y comienzan a mirarme,


hipnotizados. Camino hacia ellos, realmente esperando que esto sea una
buena idea.

Cuando termino la canción, los niños parpadean, como si estuvieran


despertando de un sueño. No puedo poner glamour a los fae —mis poderes
solo funcionan en los seres de mi mundo—pero la música no necesita
estar controlando para que te cautive.

Sus ojos se mueven hacia Des, y se tensan de nuevo.

—Quédense tranquilos —digo con voz etérea—. Él no representa


ningún daño. No quiero hacerles ningún daño.

Son unos momentos tensos mientras espero a ver cómo


reaccionarán. Cuando no comienzan a gritar de nuevo, me relajo. Al
menos, me relajo tanto como puedo, considerando que estoy rodeada por
una pandilla de espeluznantes niños. Una par de ellos tienen sangre seca
alrededor de sus labios.

Tato de no estremecerme.

—Mi nombre es Callypso, pero pueden llamarme Callie. Quiero


hacerles unas cuantas preguntas. ¿Alguno de ustedes me hablará?

Sus ojos se mueven hacia mí, y me miran sin pestañear. Estoy


seriamente preocupada que se hayan vuelto catatónicos de nuevo, cuando,
uno a uno, asienten, rodeándome.

—¿Dónde están sus madres? —pregunto.

—Durmiendo abajo —murmura un niño.

—¿Por qué están durmiendo? —pregunto.

—Porque él quiere que lo hagan. —Esta vez, es una chica con un


ceceo que responde. Mientras habla, veo dos pares de colmillos.

Trato de no retroceder.

—¿Quién es “él”? —pregunto.

—Nuestro padre —dice otra chica.

¿Un solo padre para todos estos niños?

Juro que siento una fantasmal respiración en la nuca. No hay


ninguna razón terrenal por la que ellos deberían saber esto —o cualquier
otra cosa que he preguntado hasta ahora—, pero lo hacen. Y tengo la
sensación en el estómago que tienen la mayoría de respuestas que Des
está buscando. Que vayan a compartirla, es otra cosa por completo.

—¿Quién es su padre? —pregunto.

Se miran unos a otro, y de nuevo tengo la impresión de que toman la


decisión como una unidad.

—El Ladrón de Almas —murmura un chico.

Ese nombre, Gaelia lo mencionó, y lo había visto garabateado en las


notas de Des.

—Lo ve todo. Escucha todo —añade otro chico.

Luego apunto a Slytherin por la espeluznante respuesta.


—¿Dónde puedo encontrarlo? —pregunto.

—Ya está aquí —dice una niño con el cabello negro cuervo.

Los vellos de la espalda se elevan ante eso.

—¿Puedo conocerlo?

Tan pronto como hago la pregunta, la habitación se oscurece. El


Negociador no dice nada, pero es claro que no está feliz acerca de mi
petición.
—Síiiiii… —Esto viene de una de las cunas en la esquina más alejada
de la habitación—. Pero no puedes llevarlo a él. —Los ojos de los niños se
dirigen hacia Des.

—A nuestro padre le gustarás —dice una chica pelirroja.

—Ya le gustas —añade otro.

—Le gustan las cosas bonitas.

—Le gusta romperlas.

Una vez más, esa respiración escalofriante está respirando en mi


cuello mientras los niños hablan, sus inquietantes miradas se fijan en mí.

Las sombras de Des rodean mis piernas con protección.


—Callie.
Los niños cierran el círculo alrededor de mí, lanzando miradas sobre
sus hombros hacia el Negociador.

Antes, me preocupaba que no hablaran. Ahora me preocupa que


puedan ser demasiado aficionados a mí.
—¿Saben dónde puedo encontrarlo? —pregunto.

—Él te encontrará…

—Siempre encuentra a los que quiere…

—Ya ha comenzado la cacería…

—¿La cacería? —No debería preguntar. Tengo la sensación de que


venir al Otro Mundo me ha expuesto de la manera que temía.
—Te hará suya, al igual que a nuestras madres.
De acuerdo, ya terminé.

—Tengo que irme —digo.

Al otro lado de la habitación, Des comienza a moverse hacia mí,


claramente en la misma página.

—Todavía no —me ruegan los niños, acercándose a mí, sus manos


agarrándome el vestido.

—Quédate con nosotros para siempre.

—No puedo —digo—, pero puedo regresar.


—Quédate —gruñe uno de los chicos más grandes.
—Ella dijo que no —la aguda voz de Des atraviesa la habitación.
Los niños retroceden de él, varios comienzan a gritar de nuevo. Uno
silva hacia el rey fae, sus dientes puntiagudos descubiertos.

—Quédate —me dicen varios de nuevo. Esta vez me agarran los


antebrazos expuestos, y cuando lo hacen…

El aire en mis pulmones me deja.

Estoy cayendo en mí misma. Abajo y abajo, en la oscuridad, pasando


jaulas y jaulas de mujeres, algunas quienes golpean las puertas de sus
celdas, algunas están demasiado lejos. Piso tras piso de ellas se borran
mientras caigo en picada.

Entonces el mundo gira hasta que ya no estoy cayendo abajo, sino


cayendo hacia arriba. Y luego no estoy cayendo sino volando.
Aterrizo al pie de un trono, con alas extendidas a mi espalda. Mis
alrededores desaparecen, sustituidos por un bosque. Estoy remontando a
través de ello, y los árboles parecen aullar. Vuelo fuera del bosque solo
para chocar contra mi antigua cocina, la habitación empapada de sangre.

Mi padrastro se alza del suelo, su cuerpo cobra vida.


Oh Dios, no,
Se cierne sobre mí, sus ojos enojados. De su cabeza brotan cuernos.
Crecen y se retuercen con cada segundo que pasa. Me mira fijamente, su
rostro cambia hasta que ya no estoy mirando a mi padre; estoy clavando
los ojos en un extraño, uno con cabello castaño, piel morena, y ojos
marrones salvajes.
El hombre delante de mí está cubierto por la sangre de mi padre, y
mientras observo, lame un chorro de su dedo.
—Vaya —dice— eres un bonito, bonito pájaro.
Él y la habitación se desvanecen, y la oscuridad me traga por
completo.
Capítulo 14
Traducido por Liliana

Febrero, siete años atrás


M
i alarma se enciende junto a mí, como ha sido durante los
últimos trece minutos. No tengo energía para desenredar
los brazos de las sábanas y apagar la cosa.

Hoy es lo que me gusta llamar un día de Ave María. Porque nada


menos que un milagro puede hacerme salir de esta cama.

La mayoría de los días soy buena. La mayoría de los días puedo


fingir que soy como todos los demás. Pero entonces hay días en que no
puedo, días cuando mi pasado me alcanza.

Días como hoy. Estoy demasiado deprimida para salir de la cama.


Estoy siendo arrastrada por los malos recuerdos.
El pomo de la puerta girando. El olor de los espíritus gruesos sobre el aliento
de mi padrastro. Toda esa sangre cuando finalmente lo maté…

Uno de mis compañeros de piso golpea la puerta.


—Callie, apaga tu jodida alarma antes que despiertes a toda la
escuela —grita, luego se aleja.

De alguna manera consigo apagar la alarma ante de enterrar el


rostro en la almohada.

No cinco minutos más tarde, escucho la cerradora de mi habitación


hacer clic. Empiezo a sentarme cuando de repente, la puerta se abre de
golpe, y entra el Negociador. Si alguien está en el pasillo, no se dan cuenta
de su entrada.
—Levántate —gruñe.

Todavía estoy a unos pasos detrás de él. Mi mente está teniendo


dificultades para comprender que el Negociados está aquí en mi habitación
a esta hora. Técnicamente todavía esta oscuro, así que eso sigue siendo el
momento que él reina.

¿Pero una visita por la mañana? Esa es una primera vez.

Camina a lo largo del camino a mi lado, y solo por su expresión


puedo decir que significa negocios.

Me saca las mantas, una mano reconfortante me toca la espalda.


—Arriba.
¿Cómo sabía que dormirme trece minutos más de lo habitual no era
simplemente pereza, sino una recaída?
Maneja secretos.
Gimo y entierro la cabeza en la almohada. Estoy demasiado cansada
para esto.
—¿Quieres que siga apareciendo todas las noches? Tienes que
cuidar de ti misma.

Y luego tuvo que ir y decir eso.

—Eso es manipulación emocional —murmuro en la almohada.


Anhelo sus visitas continuas más que casi cualquier cosa en mi vida en
este momento.

—Trata con ello.

Giro el rostro a un lado y le hago una mueca.


—Eres malo. —También se ve lo suficientemente caliente como para
prender fuego en una camisa de Metálica que abraza sus músculos y una par
de vaqueros negros, su cabello rubio blanco atado apartado de su rostro.

Cruza los brazos sobre el pecho, inclinando la cabeza a un lado.


—¿Ahora lo estás descubriendo, querubín?

No, lo supe desde el primer día, pero desde que lo conocí, se ha


suavizado conmigo.
—Ahora —continúa—, arriba.
Para enfatizar su punto, la cama comienza a inclinarse, un lado
levitando. Empiezo a deslizarme fuera del colchón.
Maldigo, agarrando los bordes del mismo para no rodar fuera de
inmediato.
—¡Bien! ¡Bien! ¡Me levanto! —Me deslizo el resto del camino hasta el
piso, mirándolo mientras me paseo por la habitación.

Des cruza los brazos, mirándome. El hombre no tiene


remordimientos.

Abro los cajones y comienzo a revolver la ropa. Me muevo despacio,


mis parpados aún caídos, mi cuerpo todavía cansado y dolorido.

—Esto nunca va a suceder de nuevo, ¿entiendes? —dice—. No vas a


dejar de vivir tu vida porque algunos días son más duros que otros.

Lo miro por encima del hombro como si estuviera loco.


—¡No es que quiera esto! —Que mi mente me chupe de regreso a las
peores partes de mi pasado. Sentirme sucia, contaminada y desagradable.

Incluso mi molestia es algo lamentable en este momento. No tengo la


energía que se necesita para realmente conseguir funcionar sobre esto.
—Te sientes así de nuevo, consigues ayuda, o me llamas y te ayudaré,
pero de ahora en adelante, vas a hacer algo al respecto, ¿de acuerdo? —dice
Des. Sus ojos son duros; no voy a tener ninguna simpatía de él.
—No entiendes…
—¿No? —Levanta las cejas—. Dime, querubín, ¿qué sé yo?
Me está haciendo morder el anzuelo. Es muy obvio. No me atrevo a
seguir porque, ¿cuánto realmente sé acerca del Negociador? Y, ¿cuánto
realmente sabe de mí?

Así que en su lugar, lo miro de nuevo.


—Sí —dice él—. Eso es lo que quiero ver. Tu ira, tu lucha. —Suaviza el
tono—. No te estoy pidiendo que no te sientas triste, Callie, te estoy
pidiendo que peles. Siempre lucha. Puedes hacer eso, ¿verdad?

Tomo una profunda respiración.


—No lo sé —digo honestamente.

Su conducta entera se suaviza con esa confesión.


—¿Puedes intentarlo?
Me muerdo el labio inferior, luego con renuencia asiento. Si eso es lo
que necesita para mantenerlo regresando, puedo intentarlo.

Me da una sonrisa.
—Bueno. Ahora vístete. Nos conseguiré el desayuno antes de que
tengas que ir a clase.

Des pasa el resto de nuestra extraña mañana juntos haciendo todo


lo posible para hacerme reír. Y funciona.

No se cómo lo hace, pero el Negociador trae de regreso mi estado de


ánimo. En cuando a un día de Ave María, aparentemente Des es solo el
milagro que necesito.

Presente

C uando parpadeo y abro los ojos, veo una habitación


desconocida. Miro alrededor a las profundas paredes azules,
arrugando la frente.

—Estás despierta.

Me sobresalto por la suave voz del Negociador. Está sentado en una


silla junto a la cama con las manos apretadas en sus labios. Sobre la
mesita de noche hay un vaso vacío.

—¿Dónde estoy? —pregunto.

—Estás en mi habitación, de regreso en la tierra —dice Des. Su


brazo cae lejos de mí.

Su habitación. La única que no había estado dispuesto a mostrarme


antes. Mis ojos barren sobre el entorno, sobre la foto enmarcada del
Douglas Café, y otra del Castillo Peel. Al otro lado de la habitación, un
antiguo planetario dorado se asienta sobre una mesa circular, los planetas
de metal y mármol de nuestro sistema solar suspendido alrededor del sol
dorado en el medio.
No hay nada en su habitación que parezca que valga la pena
esconder de mí. Y entonces, entre mis reflexiones, mi viaje al Otro Mundo
vuelve a mí.

El aire silba entre mis dientes, y mi mirada de vuelve hacia el


Negociador.
—Esos niños.
Des coge el vaso vacío y se dirige a un minibar en el extremo opuesto
de la habitación, sirviéndose un trago. Lo bebe rápidamente, siseando ante
la quemadura del alcohol.

Mira hacia el vaso.


—Entiendo por qué anhelas la cosa —dice. Cuidadosamente coloca
el vaso abajo, apoyándose contra el bar—. Dioses. —Corre una mano por
su rostro—. Nunca he querido estrangular a los niños tanto como lo hice
cuando los vi agarrarte. Sus colmillos salieron; estaban dispuestos a
beberte.

Coloco una mano en mi garganta. ¿Iban a beber de mí? Todo lo que


recuerdo son extrañas imágenes de pesadillas que vi cuando me tocaron.

Trago al pensar en esas imágenes. ¿Eran estas las profecías que


Gaelia había mencionado?

Salgo de su cama.
—Des, me mostraron cosas —digo.

Me froto la piel donde me tocaron, notando el comienzo de varios


moretones.
—Vi jaulas de mujeres, un trono, un bosque, y un hombre con
cuernos.

—Un hombre con cuernos —repite el Negociador, con expresión


sombría.

—¿Eso ayuda? —pregunto.

—Por desgracia, querubín —dice—, lo hace.


Él te encontrará.
Siempre encuentra lo que quiere. Ya
empezó la cacería.
Te hará suya, al igual que anuestras madres.
Me siento dentro de la habitación de invitados de Des, mis ojos
distraídamente mirando por la ventada hacia la oscura noche.

¿Qué he hecho? Pensé que había estado ayudando a Des y — Gaelia


—, entrevistando a esos niños. Una parte de mí estuvo orgullosa del hecho
de que habían hablado conmigo cuando el Negociador estuvo tan seguro de
que no lo harían.

Pero ahora… como Gaelia, sentía en mis huesos que las palabras de
los niños no eran vacías. Eso, por irracional que sea, acababa de llamar la
atención de cualquier cosa que Des haya estado cazado.
Solo que ahora me está cazando a mí.

Arrastro una profunda y temblorosa respiración.


Necesito salir de este lugar —esta casa—, con todas sus conexiones
con el Otro Mundo. Demonios, hay un portal a pocas puertas de mi
habitación. No importa si la criatura vive en otro reino; siempre y cuando
sepa como manipular las líneas ley, solo le tomaría un instante para venir
arrastrándose a la tierra.
Comienzo a cambiarme la ahora seca —cubierta de sal—, ropa que
estoy usando aquí, y me deslizo los artículos con lo que vine.

Puedo sentir la misma paranoia que reclamaba la niñera real ahora


arrastrándose por mi columna.

Estoy enganchando mi pendiente cuando escucho la puerta de mi


habitación abrirse y siento una ominosa presencia a mi espalda.

—Te estás yendo.

Una emoción corre por mis brazos por esa sedosa suave voz.

Me vuelvo hacia el Negociador.


—No me quedaré aquí.

—Tu ex te encontrará si regresas a casa. —Sus brazos se cruzan.

Disgustado.

—¿Quién dice que voy a regresar? —Totalmente lo estoy.

—¿A dónde más irías?


—Tengo amigos. —De adeudo, tengo una amiga. Temper. Y
probablemente está furiosa conmigo en el momento en que me ausenté sin
permiso.

—No vas a regresas a sus casas. —No es una orden, solo una
declaración de hecho.
—¿Y si regreso a casa? —Preferiría enfrentar a Eli, quien se
preocupa por mí, quien está herido y enojado, quien puedo controlar si es
necesario, que quedarme aquí y la oportunidad de encontrar a un enemigo
que ni siquiera Des entiende.

El aire se agita, y de repente el Negociador está a mi lado, sus labios


apretados contra mi oído.
—Si te vas a casa, probablemente tendré que robarte de nuevo de tu
ex, y eso me desagradará, enormemente.
Me vuelvo para mirarlo.
—En este momento, Des, tus sentimientos no son mi mayor
preocupación.

El Negociador me mira fijamente.


—Tienes miedo de quedarte aquí —dice, leyéndome. Inclina la cabeza
con los ojos entrecerrados—. ¿Crees que dejaría que algo te pasara en mi
casa? —Juro que el hombre crece más, su abrumadora presencia.

A juzgar por la mirada en sus ojos he ofendido al Rey de la Noche.

Lo que sea.

Corto la mirada y me dirijo a la puerta.

Un segundo después, el Negociador se materializa en la puerta,


bloqueando mi salida. Sus manos agarran la parte superior del marco de
la puerta. De mala gana muevo los ojos a sus entornados brazos.

—¿Y si te dijera que no puedes irte? —dice con voz hipnótica—. ¿Que
quiero que te quedaras y usaras más de mis cuentas?

En realidad no creo que tratara de mantenerme aquí. Él no quiso


hacer nada conmigo por tanto tiempo que realmente no puedo imaginar
nuestra relación de otra manera.

—No te creería —digo—, ahora por favor, muévete.

Des me mira fijamente con extrañeza. Libera el marco de la puerta y


se mueve hacia adelante.
—¿Verdad o reto?

Retrocedo, repentinamente nerviosa ante la mirada en sus ojos.

—Des…
—Reto —inhala.
En el instante siguiente, esta sobre mí, sus manos ahuecándome las
mejillas. Su boca choca contra la mía, sus labios demandantes.
Des está besándome, y Dios, es salvaje.
Le respondo el beso sin pensarlo, sumergiéndome en su sabor y la
sensación de él abrazándome.
Se supone que debo irme, reclamar mi casa y mi vida, pero no. No va
a suceder, no mientras Des está demostrando todas las maneras en que
mi gusto en hombres está en el lugar de cuando era una adolescente.

Estoy retrocediendo, una de las manos del Negociador ha caído a mi


muslo, expuesta por las altas aberturas del vestido. Sus dedos se mueven
arriba y debajo en la piel, arriba y abajo.

Mi espalda choca contra la pared. Des me enjaula, sosteniéndome


como rehén con su cuerpo. Aparto los labios, y la lengua de Des barre
dentro de mi boca, reclamando la mía.

Su mano se mueve a mi pecho, y me arqueo hacia él, quedándome


sin aliento.
—Dios, Callie —gruñe—, la espera… casi insoportable…
Las alas de Des se materializan, extendiéndose y cerrándose sobre la
pared que me rodea. Mientras lo beso, comienzo a pasar los dedos por
ellas.

Él gime, inclinándose hacia mi toque.


—Se siente demasiado bien.

Desliza una mano debajo de mi camisa, y palmea un pecho,


haciendo ruidos muy calientes en mi boca mientras se familiariza.

Mis rodillas se debilitan por su toque, y desliza una pierna entre


ellas, sosteniéndome.

Mi piel comienza a brillar. Quiero gritar, esto se siente tan bien.


Cada uno de sus toques se ha sentido bien desde el momento en que nos
conocimos.

—¿Verdad o reto? —susurra.

¿Aún me importa en este momento?

—Verdad —murmuro contra sus labios, negándome a ceder a mis


impulsos más bajos.

Se aleja del beso el tiempo suficiente para mirar a mis hinchados


labios, una mirada hambrienta en sus ojos.
—¿Qué es lo que más extrañaste de mí mientras me fui? —pregunta.
Tengo que respirar varias veces para controlarme. Su pregunta es
como agua fría extinguiendo una llama.

Su magia me rodea, forzando la respuesta.


—Todo. Literalmente extrañé todo sobre ti mientras desapareciste.

Des me mira fijamente, su pecho revelándose y cayendo mientras


recupera el aliento. Su mano se desliza desde debajo de mi camisa, y sus
nudillos me acarician la mejilla.
—No sabes lo que tus palabras me hacen.

—Ojala lo supiera. —Todo está dando en mi final, todo esto tomando


el suyo. Esto no es lo que hacen las relaciones saludables.

Corre los dedos por mis brazos.


—Quédate, y te lo diré.

¡Qué daría por eso! Saber exactamente cómo se siente por mí. Casi
caigo en ello, igual como tengo todo lo demás acerca de este hombre. Estoy
a punto de comenzar a asentir, cuando recuerdo.

Des es una hada, un tramposo. Recoge secretos para vivir, no los


abandona. Y nunca ha estado abierto para mí en el pasado. No va a
empezar esta noche.

Me hice una promesa después de que Des dejó mi vida, una promesa
de ser independiente. No permitir que los hombres como él destruyan mi
mundo. Y ahora el hombre quien me obligó a hacer esa promesa quiere
abrirse camino bajo mi piel y en mi corazón una vez más.

Sería la peor clase de persona si rompo esa promesa al primer signo


de tentación.

Me paso las manos por el cabello. ¿Qué estoy haciendo? Realmente,


¿qué estoy haciendo? Busco el suelo, como si tuviera las respuestas.
Entonces, dejando caer las manos a los costados, me empujo más allá de
él.

Ha sido un largo día de mierda. Quiero mis cómodas pijamas, un


tazón de cereal, y basura televisiva con la que me pueda dormir.

Frente a mí, la puerta de la habitación de invitados se cierra.

…pero aparentemente lo que quiero no va a ser tan fácil de


conseguir.
Me vuelvo, exasperada, solo para gritar.

El Negociador me agarra, luciendo como si estuviera a punto de


llover una represalia en mi culo.

—No te vayas —dice. Aunque parece loco, sus palabras son suaves.

Eso en sí mismo me hace dudar.

Tan cerca de ceder.


—¿Por qué, Des? —Mis ojos se mueven sobre su rostro. Todavía
puedo saborearlo en los labios—. ¿Por qué quieres que me quede tanto?

Un musculo es su mandíbula se ondea. Hay cien mentiras plausibles


de las que puede alimentarme, pero no dice una sola.

Espero. Y espero.

Su respuesta nunca llega.

Suspiro y me vuelvo, dirigiéndome a la puerta. El aire se espesa, la


energía estática de ello elevando los vellos en mi brazo. Esa es la más
grande pista que Des está disgustado. Estoy prácticamente sofocándome
en su poder.

Cuando doy un vistazo de nuevo, sus alas están extendidas. Se


mantienen extendiéndose y contrayéndose.
No disgustado, corrijo, fuera de control. Está a punto de perder su
mierda.
La mitad de mí cree que no me dejará ir. Y una gran y retorcida parte
de mí no le importaría por completo.

En su lugar, la pesadez en el aire se disipa, y sus alas se doblan


fuertemente a su espalda.

—Bien, querubín. Te llevaré a casa.

Una vez que aterrizamos en mi patio trasero, Des revisa el perímetro


de mi casa, luego las habitaciones con una mirada maniaca en sus ojos.
Todavía estoy demasiado sorprendida por mi entorno para hacer
mucho más que mirar. Olvidé que tuve a un hombre lobo trasformado por
completo atrapado en mi propiedad. Mi casa está destrozada.
Mientras el Negociador se mueve por mi casa, su magia repara lo
peor del daño. Las destrozadas paredes están arregladas, mi destrozada
mesa encaja de nuevo en su lugar, la astillada madera encajando como un
rompecabezas. Las ventanas rotas se sellan de nuevo.

Des entra en la sala, luciendo agitado, su impotente figura llena de


energía reprimida.
—Todo está despejado —informa, pasando una mano por su cabello
—. Había dos oficiales de la Politia estacionados en la calle, pero los
despaché. Deberías estar a salvo por otro día.

Un día es todo lo que necesito para cazar el culo peludo de Eli y


luego retorcerle el cuello.

—Gracias —digo, señalando vagamente a mí alrededor hacia el daño


que arregló, y ya sabes, asustada del po-po sobrenatural, que me llevaría a
la cárcel en la primera oportunidad que tuvieran. Todavía es surrealista
pensar que estoy actualmente en la Lista de Más Buscados.

El Negociador vacila, luchando por contener su lengua. Sé que no


quiere que esté aquí.

—Mantente a salvo, querubín —dice finalmente—. Volveré mañana


por la noche. —Cruza la habitación, dirigiéndose a la puerta de mi patio
trasero, sin darme otro vistazo.

Eso no debería doler, nada de esto debería doler. Pero todo lo hace.
No quiero que se vaya. Mi corazón quiere quedarse con él incluso si mi
mente lo sabe mejor.

A mitad de camino a la puerta, hace una pausa. Maldiciendo en voz


baja, se gira y regresa a mí. Envuelve una mano alrededor de mi cintura y
toma mis labios salvajemente.

Jadeo en su boca mientras se mete dentro de mí. El beso ha


terminado tan pronto como ha comenzado.

Me suelta bruscamente.
—Si quieres verme por alguna razón antes de mañana, sabes cómo
conseguirme. —Retrocede—. Estaré esperando.
Y entonces se ha ido.
Capítulo 15
Traducido por Rose_Poison1324 & Rimed

Marzo, siete años atrás

C
uéntame de tu madre —dice Des en frente de mí.

Los dos jugamos al póquer y tomamos alcohol en mi


dormitorio, mientras que afuera una tormenta golpea contra
las ventanas.

El alcohol había sido su idea.

—Un poco de corrupción te hará bien, querubín —había dicho


cuando había aparecido en mi habitación con la botella, guiñándome un
ojo.

Yo había farfullado al ver el alcohol.

—Eso no está permitido.

—¿Me veo como el tipo que sigue las reglas? —Con sus pantalones
de cuero y su brazo entintado a la vista, definitivamente no lo parece.

Tan a regañadientes, enjuagué mi taza y mi vaso de agua y dejé que


el Negociador nos sirviera a cada uno un vaso de "real y jodidamente
bueno" whiskey.

Sabe tan bien como un sucio beso negro.

—¿Mi madre? —digo ahora mientras Des reparte una nueva mano.
Recojo mis cartas distraídamente, hasta que veo la mano que me
dio.

Tres dieces. Por una vez tengo la oportunidad de ganar una ronda.

Sus ojos pasan de mí a la parte posterior de mis cartas, luego


vuelven a mí.

—Tres iguales —dice, adivinando mi mano.


Bajo la mirada a los dieces en mi mano.

—Hiciste trampa.

Toma su bebida y toma un trago, su cuerpo musculoso ondulándose


de una manera muy agradable mientras lo hace.

—Ojalá. Eres fácil de leer, querubín. Ahora —dice, dejando su vaso.


Mira fríamente sus propias cartas—, háblame de tu madre.

Doblo mi mano, tomando un sorbo de whiskey y haciendo una


mueca de dolor cuando me golpea la lengua.

Mi madre es uno de esos temas de los que nunca hablo. ¿Para qué?
Es solo una triste historia más; mi vida tiene suficientes de ellas.

Pero por la forma en que Des me mira, no voy a poder cambiar de


tema casualmente.

—No recuerdo mucho de ella —le digo—. Murió cuando yo tenía ocho
años.

Des ya no está prestando atención al juego o la bebida. Esas dos


frases son todo lo que se necesita para desviar todo su enfoque.

—¿Cómo murió?

Niego con la cabeza.

—Fue asesinada mientras ella y mi padrastro estaban de vacaciones.


Fue un error. Estaban apuntando a mi padrastro, pero terminaron
disparándole a ella. —Mi padrastro, que era un vidente. No había podido
preverlo, o tal vez lo había previsto, pero no podía o no lo detendría.
Inocente o culpable, esa noche lo persiguió.

—Su muerte fue por lo que él bebía. —Y su forma de beber fue lo por
qué...

Reprimo mi estremecimiento.

—¿Dónde estabas cuando sucedió eso? —pregunta Des. Todavía


tiene una mirada tranquila y perezosa, pero juro que es tan actuado como
su cara de póquer.

—En casa con una niñera. Les gustaba irse de vacaciones sin niños.
Sé cómo suena mi vida. Frío y quebradizo. Y esa era la verdad.
Técnicamente, tuve todo, apariencia y dinero para acompañarlo.

Nadie sospecharía que hubo largos periodos de tiempo cuando me


quedaba sola en la mansión de Hollywood de mi padrastro, con solo una
niñera y el chofer de mi padrastro para cuidarme. El negocio siempre fue
primero.

Nadie sospecharía que esos largos períodos de soledad eran mucho


mejores que cuando él regresaba de los viajes. Me veía y volvía a caer en
otra botella.
Y entonces…

Bueno, esos son más recuerdos en los que intento no pensar.

Mi piel todavía se encoje de todos modos.

—¿Por qué alguien intentaba matar a tu padrastro? —pregunta Des,


nuestro juego de póquer completamente olvidado.
Me encojo de hombros.

—A Hugh Anders le gustaba el dinero. Y no le importaban quiénes


eran sus clientes —Jefes de la mafia. Señores del cartel. Jeques con
enlaces a grupos terroristas. Trajo suficiente de su trabajo a casa para que
yo lo viera todo—. Lo hizo un hombre muy rico y le hizo muchos enemigos.
Tal vez era por eso que tenía la tarjeta de contacto del Negociador en
el cajón de su cocina. Un hombre como mi padrastro caminaba con un
blanco en su espalda.

—¿Alguna vez hiciste negocios con él, antes de conocerme? —


pregunto.

No había querido hacer esa pregunta en particular, y ahora me


encuentro conteniendo la respiración. No creo que lo conociera. El
Negociador no actuó como si lo conociera la primera vez que lo llamé pero
Des estaba hecho de secretos. ¿Y si hubiera conocido a mi padrastro? ¿Y si
lo hubiera ayudado, el tipo que abusó de mí? ¿El hombre que directa o
indirectamente condujo a la muerte de mi madre?

Solo la posibilidad me revuelve el estómago.

Des niega con la cabeza.


—Nunca conocí al tipo hasta que estuvo nadando en un charco de
su propia sangre.

La imagen de su cadáver brilla ante mis ojos.

—¿Qué hay de tu padre biológico? —pregunta Des—. ¿Cómo era?

—Un don nadie —le digo, mirando dentro de mi vaso—. Mi madre


accidentalmente quedó embarazada cuando tenía dieciocho. No creo que
supiera quién era el padre; nunca fue incluido en mi certificado de
nacimiento.

—Hmm —murmura Des mientras, distraídamente, arremolina su


bebida, su mirada distante.

No sé lo que está pensando, solo puedo hacerme una idea: que mis
padres suenan como personas de mierda. Mi madre, que estaba interesada
en darme una buena vida, pero no quería tener mucho que ver con eso; mi
padre, cuya mayor contribución fue su esperma; y mi padrastro, quien
protagonizó todas mis pesadillas más vívidas.
—¿Por qué no me hablas de tus padres? —le digo, ansiosa por
quitarme el foco de atención.

Des se inclina hacia atrás y me mira con los ojos entrecerrados, una
lenta sonrisa curvándose en sus labios. No puedo dejar de mirarlo.

—Compartimos tragedias similares, querubín —dice, todavía


sonriendo, aunque ahora parece un poco amargo.

Mis cejas se levantan ante sus palabras. ¿Un rey fae que comparte
algo en común con su obra de caridad humana?

Encuentro eso dudoso.

Se pone de pie.

—Tengo trabajo que hacer. Guarda el whiskey y por el amor de los


dioses, practica beber sin hacer una mueca. —Se vuelve hacia la puerta.

No me molesto en tratar de convencerlo de que se quede, aunque lo


quiera tanto. Ya sé que no lo hará. Especialmente no después de nuestro
—mi—pequeño corazón-a-corazón. A veces imagino que la mente del
Negociador es una bóveda. Los secretos entran y no salen.
Hace una pausa, luego me mira por encima del hombro y su
expresión lo dice todo. Es posible que no le haya contado acerca de cómo
mi padrastro abusó de mí, pero lo sabe.
—Para el registro, querubín —dice—, si tu padrastro estuviera vivo,
no sería por mucho tiempo. —Hay acero en sus ojos.

Y luego, como por arte de magia, desaparece en la noche.

Presente

P aso más de una hora limpiando mí casa. Hay cosas y pelo de


lobo por todas partes. Por no mencionar las marcas de garras.
Mi mesa de café y una mesa lateral han de ser desechadas. En este punto,
no son nada más que astillas.
Debí haberle pedido a Des que mandara lejos este desastre con magia.
Por otro lado, había sido tan sombrío; no había querido presionar mi
suerte.

Des. Han pasado menos de dos horas desde que se fue, y ya estoy
inquieta por volver a verlo. Extraño su casa, sus macarrones, sus sábanas
acolchonadas para invitados. Extraño su olor y su toque. Lo extraño e él. Se
necesita estar de vuelta en mi casa vacía para recordar lo sola que estoy.
Había olvidado esto mientras estaba con Des.
Hago lo que puedo para arreglar mi casa, intentando realmente,
realmente duro no pensar en el hombre que parecía que no quería dejarme
antes, por no mencionar aquél que destruyó este lugar luchando por mí.

Debería simplemente renunciar a los hombres. Nada más que


angustia viene de ellos.

Angustia y problemas. Ahora, además de esconderme de las


autoridades sobrenaturales y un monstruo del Otro Mundo, tengo que
comprar muebles nuevos porque mi ex rompió una de las leyes más
importantes del pacto y me visitó cuando estaba en forma cambiante
equivalente a la ira.

Una vez que limpio la mayor parte del desastre, dirijo mi atención a
mi teléfono celular agrietado, mordiendo el interior de mi mejilla
nerviosamente. He estado aplazando esta parte, pero no puedo más.

Conectándolo, reviso mis mensajes. Treinta y un mensajes y


veinticinco llamadas perdidas. Algunas son de Eli, un par de varios
interesados, pero la mayoría de Temper.
No me molesto en revisar ninguno de ellos antes de tocar el número
de Temper y, tomando una respiración profunda, le regreso la llamada.
Ella responde al primer tono.
—¿Dónde diablos estás, chica? —dice, aterrorizada.
—Estoy en casa.
—¿Casa? ¿Casa? —su voz se eleva. —Tu casa fue registrada, hay una
recompensa por tu captura, ¿y estás en casa?
—Está bien. Estoy bien.
—Pensé que estabas muerta. —Su voz se quiebra y la escucho sollozar
—. No pude encontrarte. —Temper es una profesional en el rastreo de
personas con su magia, pero nunca pensé que lo usaría para buscarme.

—¿Estás... llorando? —pregunto.

—Diablos no, nunca lloro —dice.

—Siento no haber llamado antes. En serio estoy bien —digo en voz


baja.

—¿Qué te ha pasado? Simplemente te desapareciste del mapa, y Eli


ha estado bombardeando mi teléfono, pero no me dice nada.

Presiono tres dedos en mi sien.

—Um. Es una larga historia.


—Tengo tiempo.
Suspiro.

Ella resopla, su voz hipeando.


—No suspires, perra flaca, pasé las últimas veinticuatro horas
pensando que mi mejor amiga falleció.
—Temper, lo siento. Estoy bien, lo siento y estoy viva. —Obviamente.
Pero a veces con Temper es importante reiterar lo obvio.

—Chica, ¿qué pasó? —repite. Puedo decir que está caminando por el
sutil tintineo de sus joyas—. Quiero decir, el mejor escenario posible que
podría imaginar era que tuvieras un poco de sexo desenfrenado con Eli y
que oh-mi-dios probablemente se convirtió en una bestia contigo y eso es
tan jodidamente desagradable. —Todo sale de prisa—. Y sí. Te hizo
pedazos en el proceso.

Me estremezco ante eso.


Ella deja escapar el aliento.

—No me digas que te convirtió. Por favor no me digas eso. Recuerdo


cuanto te asustó la idea. Y si él lo ha hecho entonces ayúdame Jesús
negro, voy a golpear esa pequeña basura peluda y me haré un abrigo con
su piel. ¿Me captas?

La línea se queda en silencio, y es solo el sonido de la respiración


pesada de Temper.
—Santa Mierda —digo finalmente. Me aclaro la garganta—. Um, no,
no tuvimos sexo animal desenfrenado; no, Eli no me convirtió; y Dios mío
mujer, por favor no hagas de mi ex un abrigo. No me lastimó.
—Entonces, ¿qué pasó?
Es cuando pregunta por tercera vez que me doy cuenta de que he
pillado algunos de los malos hábitos del Negociador, como ocultar
secretos.

Miro hacia mi brazalete, que le falta una hilera de cuentas.

—¿Puedes venir? —pregunto.

—¿Está despejado, perra?

Doy una sonrisa temblorosa, aunque ella no puede verla.

—Bien. Te lo diré cuando llegues aquí.

Justo como me prometí, busco algo de comida reconfortante y pongo


un programa que pudrirá mi cerebro mientras espero a que Temper llegue
aquí.

Nada de eso ayuda.

Estoy perturbada por mi viaje al Otro Mundo, estoy molesta por lo


que sucedió aquí en mi casa, pero más que nada me molesta que sigo
repitiendo cada cosa íntima que Des ha hecho desde que vino a buscarme.

Diez minutos después se abre la puerta de mi casa y oigo el taconeo


de los zapatos altos.
Temper se detiene en la entrada cuando me ve, parpadea
rápidamente.
—Mi chica.
Las dos nos acercamos, nos abrazamos fuertemente. Cuando
finalmente nos separamos, Temper resopla, su mirada se mueve alrededor
de mi casa. Sus ojos se detienen en mi mesa restaurada y las ventanas
intactas.

—Estuve aquí esta mañana —dice, apartándose las trenzas de la cara


—. Tu mesa de cocina estaba rota.

—Eso es, eh, parte de lo que tengo que contarte.

—Soy toda oídos. —Deja sus cosas y luego se deja caer en mi sofá.
Una pelusa de algodón revolotea en el aire cuando lo hace.
Lo pasé por alto.
Temper agarra mi tazón de palomitas y comienza a comérselas.

—¿Dónde está el licor? —pregunta, mirando a su alrededor.


Normalmente, noches como está siempre tienen una cerveza o un vaso de
vino para acompañarlas.
Mierda, ella todavía no sabe.

—Um, estoy probando la cosa esta de la sobriedad —le digo,


sentándome con cautela junto a ella.

Se gira para mirarme por completo, olvidando las palomitas.


—Bien, ¿qué está pasando?
Me froto la cara.

—Muchas, muchas, muuuuchas cosas.

¿Por dónde empezar?

Dejando caer mis manos, miro mi muñeca.

—¿Conoces este brazalete? —comienzo, levantando mi brazo.

—Sííí. —No tiene idea de a dónde voy con esto.

—Cada una de estas perlas es un IOU. —Paso mi dedo pulgar sobre


ellas, sin mirarla a los ojos—. Debo mucho.
Se acomoda en el sofá.

—Entonces, págalas —dice, y ahora vuelve a comer mis palomitas—.


¿Tienes dinero? —Chasquea los dedos cuando una idea se le ocurre—. O,
mejor aún, hazle glamour a esa mierda.

Me aclaro la garganta.

—No es tan sencillo. No puedo usar glamour en este tipo. Y las estoy
pagando. Es por eso que me he ido.

Ahora me observa.

—¿Quién es el tipo?

Doy una risa nerviosa.

—Él es, um... él es El Negociador.

El silencio dura varios latidos.

Temper levanta sus cejas.


—Espera, ¿El Negociador? ¿El mismo Negociador que casi mató a ese
maestro hace una década? ¿El mismo tipo que ha sido relacionado con
más de veinte desapariciones? ¿El mismo tipo que siempre está en la lista
de los más buscados de la Politia porque ese mismo tipo siempre está
armando líos?
—Todas esas cosas son supuestos —digo.

Resopla.

—Perra, tú y yo sabemos que ese hijo de puta no es inocente.

—Es un tipo decente. —Y besa como una estrella de rock.

—Lo estás defendiendo —dice asombrada.

—Es complicado.
—Es un tipo malo, Callie. Y esta soy yo con la que estás hablando. Crecí
en Oakland. Me gustan malos. Pero incluso creo que es demasiado travieso
para ligar.

Aprieto mis labios y me miro mis manos.

Ella lanza una mirada a mi cara y suelta el aliento.


—Oh, chica, ¿no me dirás que te gusta?
No digo nada.
—Mierda. Te gusta. —Se estira y agarra mi mano—. Déjame dejártelo
claro, perra, siempre termina de manera terrible con los malos.
Desafortunadamente para mí, ya sé eso demasiado bien.

Es ya entrada la noche para cuando me voy a dormir, mi mente


demasiado consumida por mis pensamientos.
Más temprano, me las arreglé para poner al día a Temper
completamente, empezando desde ocho años atrás. Ella siempre había
sabido que alguien me había roto el corazón, pero hasta esta noche nunca
había oído los detalles. Le dije sobre mi trato con el Negociador y el
misterio en el que me había visto envuelta y por último, le conté sobre la
visita de Eli durante uno de los Siete días Sagrados y su intercambio
conmigo.
Pobre Eli. Ya no soy el único ser sobrenatural con el que tendrá que
lidiar. Y personalmente estaría mucho más asustada de la ira de Temper
que de la mía.
Afuera, el viento silba contra mi ventana, sacudiendo los cristales
contra sus marcos. Suena como una criatura muriendo. Las olas golpean
furiosamente contra los acantilados, todo tan fuerte que una vez que caigo
dormida, se convierte en la banda sonora de un ansioso sueño tras otro.
Escucho a esos niños fae en mi cabeza.
Él viene por ti. Viene a buscarte.
Sus manos me sostienen en mi lugar mientras algo en la distancia
se arrastra, acercándose. Más cerca.
El gemido del viento me habla. Zumbando.
—Fi, fai, fo, fum, capto la esencia de una dulce sirena. Fi, fai, fo, fum, sus plumas
arrancaré y a mi ave cantar haré.
Intento pelear contra el agarre de los niños, pero estoy atrapada.
Miro fuera de mi ventana y juro que veo una silueta oscura contra la
noche.
Voy a la deriva, perdida en el océano de mi mente.
Las puertas y ventanas golpetean.
—Déjame entrar, sirena; te daré alas para volar. —Juro que puedo oír la voz
justo en mi oído—. Solo abre tu puerta y separa tus lindos muslos.
Mi exhalación hace eco en el quieto aire.
—Callypso, no tardará mucho…
Y entonces el extraño sueño se evapora.

Restriego mis ojos mientras la luz del sol se cuela en mi habitación.


Mi nariz me pica con el revoloteo de una pluma sobre ella.
Frotándome la cara, le echo un vistazo al reloj junto a mi cama.
¿Dos de la tarde?
No tenía planeado dormir tanto tiempo. Pero entonces, la mayor
parte de la noche no había dormido tanto como había estado deslizándome
de un inquietante sueño a otro.
Tiro las mantas lejos de mí, ocasionando que docenas de plumas
revoloteen en el aire.
Hago una mueca. No también la colcha.
Eli debe de haber destrozado mi edredón. No me había dado
cuenta…
Me lanzo fuera de la cama, más plumas desperdigadas por el suelo.
Ugh.
Levanto un pie, quitando a las pequeñas bastardas de mi piel,
cuando me doy cuenta de las plumas que ensucian mi piso. Cientos y
cientos de ellas arregladas en líneas alejándose de mi cama.
Retrocedo, inclinando mi cabeza.
Al verlo, mi sangre se enfría.
Es un ala. Las plumas yacen en forma de ala.
Alguien estuvo aquí. En mi casa. En mi cuarto. Alguien se paró cerca de
mí mientras dormía y meticulosamente colocó cientos de plumas.
Rodeo la cama, mi piel quedándose atrás, solo para ver otra ala
idéntica del otro lado de ella.
Me llevo una mano a la boca. Mi corazón se siente como si fuese a
salirse de mi pecho.
¿De dónde salieron todas las plumas?
Me abalanzo sobre mi edredón y lo tiro abajo. Pero no es el edredón
el que se ha roto.
La sábana y el colchón están destrozados. Justo donde he dormido.
Y sé con certeza que no estaban así cuando me fui a dormir por la noche.
No puedo alejar a mi mente del horror de esto. La invasión. Alguien
prácticamente había llegado bajo de mí para destrozar mi colchón y
extraer todas esas plumas.
¿Cómo es que no desperté?
Mis respiraciones se vuelven cada vez más rápidas; no puedo tomar
suficiente aire. Retrocedo, casi tropezando con mis propios pies.
Abro mi boca, las palabras salen casi reflexivamente.
—Negociador. Quiero…
Des se materializa antes de que termine la frase.
Al principio, solo tiene ojos para mí. Y se ve tan malditamente feliz,
feliz de que lo llamara.
Pero entonces se percata de las plumas. Las jodidas plumas, que
están en todas partes.
—Que ocurrió. —No es siquiera una pregunta: es una amenaza para
quien sea que hizo esto. El filo en su voz hace hormiguear la parte trasera
de mi cuello.
Estoy sacudiendo mi cabeza.
—No lo sé.
Camina alrededor de la cama, estudiando los patrones. Casi se las
arregla para parecer tranquilo, pero puedo ver el contorno oscuro de sus
alas.
Posa una mano en el colchón, juntando un puñado de plumas.
—¿Hicieron esto mientras dormías?
—Sí —grazno. Mi voz sonaba vergonzosamente débil. Asustada.
Cruzo mis brazos sobre mi pecho. Me siento violada en mi propio
hogar, mi santuario.
Des deja caer las plumas y va hacia el otro lado de la habitación,
revisando las puertas. Hasta donde puedo decir, siguen cerradas.
Pasa una mano por su boca. Siento entonces su magia,
construyendo y construyendo. Mechones de mi cabello comienzan a
elevarse por la electricidad estática en el aire.
—Estás bajo mi protección —dice—. Lo has estado por un muy largo
tiempo. Quien sea que hizo esto fue capaz de sentir eso.
Mientras habla, las tablas del piso tiemblan bajo sus pies y los
cristales de vidrio detrás de él comienzan a sonar de la misma forma que la
pasada noche. Escucho a uno de ellos quebrarse.
—Nadie, nadie, toca a la gente bajo mi protección. —Sus alas
parpadeaban dentro y fuera de la existencia con sus palabras.
Soy lo suficientemente mujer para admitir que en este momento
estoy un poco asustada de Des. Puedo sentir su furia dirigiendo a la magia
en la habitación. Este es uno de esos momentos donde tengo que
reconocer que las hadas son muy diferentes de los humanos. Su enojo es
mayor y más feroz que cualquier cosa que un humano pudiese conjurar. Y
son muchos más rápidos para estallar.
La cara de Des se contorsiona en algo sin piedad y estoy bastante
segura de que está cerca de perder el control.
—Por favor no mates a nadie en mi nombre —digo. Ha estado a
punto de suceder antes.
Se ríe, pero está enojado.
—Todas las cuentas del mundo no podrían hacer que estuviera de
acuerdo con eso. —El Negociador vuelve junto a mí, sujetando mi muñeca
entre sus manos.
Su cara aún se ve furiosa, pero mientras más me mira, más se
dispersa esa furia.
—Ahora, querubín —sus palabras salen de sus labios como miel—,
el primer pago del día: vendrás a casa conmigo y no te irás hasta que tus
deudas estén todas pagadas.
Capítulo 16
Traducido por Feyrod/Corregido por krispipe

Marzo, siete años atrás

D es se sienta en mi escritorio, una de sus botas encaramadas


en el respaldo de mi silla. Se apoya contra mi ventana,
dibujando. Los estudiantes que caminan hacia y desde los
dormitorios universitarios en este momento deberían de ser capaces de
verlo claramente. Vivo en el segundo piso del dormitorio de las chicas, y mi
habitación da al campus. Cualquiera que merodee afuera esta noche
debería ser capaz de ver al gran y corpulento Des.
Pero no lo hacen. Y sé que no lo hacen porque si lo hicieran, la
vigilante del dormitorio llegaría en unos dos segundos como máximo.
Las horas de visita aquí terminaron hace mucho tiempo. Lo que
significa que el Negociador está enmascarando su presencia aquí una vez
más.
—¿Qué pasa? —pregunta Des, sin mirarme. Sigue dibujando,
usando el cuaderno de dibujo y el carbón que le compré hace poco.
La vista no sería tan extraña si el carbón y el cuaderno de dibujo
estuvieran en sus manos. Pero no lo están. En cambio, flotan en el aire a
tres pies de él, y el dibujo de Des está cobrando vida sin que lo toque. Sus
brazos están doblados firmemente sobre su pecho.
—Nada —le digo.
—Mentirosa.
Suspiro, mirando fijamente su dibujo desde donde descanso en mi
cama.
—¿Te avergüenza que te vean contigo? —le pregunto.
—¿Qué? —El carbón se detiene.
Mis mejillas empiezan a ruborizarse. Esto es humillante.
—¿Te avergüenza que te vean conmigo? —repito.
El Negociador se vuelve hacia mí, frunciendo el ceño.
—¿Por qué preguntarías algo así?
Siento que mi estómago se desploma. No lo está negando.
—Oh Dios mío, sí que te avergüenza.
Él desaparece de su lugar solo para aparecer justo a mi lado. Un
momento más tarde, su cuaderno de dibujos y el carbón golpean el suelo
detrás de él.
—Querubín —dice, tomando mi mano—, no tengo idea de dónde
sacaste esa loca, loca idea. ¿Por qué diablos me avergonzaría que me
vieran contigo?
Y así, mi preocupación se disipa. Creo que me odio un poco por dejar
que Des tenga tanto control sobre mis emociones.
—Siempre usas tu magia para ocultarte a mi alrededor —le digo.
Me aprieta la mano y siento su toque hasta los dedos de los pies.
—Callie, tienes esta absurda idea de que soy una buena persona,
cuando estoy en la cima de la Lista de los Más Buscados de la Politia. Hay
cazadores de recompensas que me buscan en este mismo momento.
Tampoco son los únicos; tengo clientes y enemigos que te usarían
felizmente para llegar a mí. Enmascarar mi presencia es una segunda
naturaleza, especialmente a tu alrededor.
Eso tiene sentido
No ha soltado mi mano, ni ha dejado el lado de mi cama. Es como si
estuviésemos en el borde de algo, y mientras más tiempo me mira, más
lejos empiezo a inclinarme por ese borde.
Sus ojos plateados se oscurecen, y contengo la respiración. He visto
esa expresión fundida en unos cuantos hombres antes.
Pero nunca fueron Des.
Mi pulso se empieza a acelerar.
Estoy saltando por el borde, cayendo dentro de esos ojos, esa cara.
Si solo lo que me gustara acerca de Des terminara en esa cara. Entonces
podría ser más fácil negar lo que siento por él. Pero la cosa es que, el
Negociador salvó mi vida hace meses, y ha continuado salvándola cada día
desde entonces. Me gusta que esté tan jodido como yo, que sea malvado y
pecador y no ponga excusas por ello. Me gusta que no le importa que yo
también pueda ser un poco malvada y pecadora.
Me gusta que me haya enseñado a jugar al póker, y que yo lo haya
hecho ver a Harry Potter… y leer los libros. (No los había tocado antes de mí,
el muy pagano) Me gusta que me lleve de viaje por el mundo con él cada
vez que decide llevarme a uno de sus negocios, que mi habitación se haya
convertido en una colección de chucherías de nosotros.
Me gusta que beba expreso en pequeñas tazas, y que pueda
compartir mis secretos con él, incluso si guarda la mayor parte de él para
sí mismo.
Es lo más importante de mis tardes. Olvida eso, es lo más
importante de mi vida.
Y estoy contenta de ser su amiga, pero esta noche mientras me mira
así, quiero más.
—Quédate esta noche —susurro.
La boca de Des se separa, y juro—juro—que veo un sí formándose en
sus labios.
Parpadea unas cuantas veces, y justo así, el momento se ha ido.
Se aclara la garganta, soltando mi mano.
—Querubín, esto es inapropiado.
—Soy adulta. —Se está alejando de mí, tanto física como
emocionalmente, y sé que no debería tratar de perseguirlo cuando está así,
pero quiero hacerlo.
Por unos breves segundos, Des fue mío. Y estoy bastante segura de
que no me lo imaginé.
—Tienes dieciséis —dice.
—Exactamente. La Casa de las Llaves piensa que soy adulta, no sé
por qué tú no.
—Tienes bragas con el nombre de los días de la semana —dice Des—
. Eso significa que eres demasiado joven para que me quede.
—¿Cómo sabes que tengo bragas del día de la semana? —pregunto
con recelo.
Se frota las sienes.
—Debo irme. —Comienza a ponerse de pie, su impresionante
estatura se despliega ante mis ojos.
Me pongo de pie también.
—Por favor, no lo hagas.
Estamos empezando a sonar como un disco rayado. Lo empujo
demasiado lejos, y él huye. ¿Lo más espantoso de todo? Cuanta más
distancia pone entre nosotros, más desesperada estoy por acercarlo, y
cuanto más trato de acercarlo, más lejos lo empujo.
Estoy perdiendo a mi mejor amigo, y ambos lo sabemos.
Des baja sus manos.
—Callie, si me quedo, me rendiré. Si me voy, no.
Entonces solo ríndete.
Pero él no lo hace, y no lo hará. Porque a pesar de todo lo que El
Negociador dice de sí mismo, es un hombre honorable cuando se trata de
mí. Y esa es realmente la raíz de nuestros problemas. En realidad podría
ser el mejor hombre que conozco.

Presente

B ueno, mierda.
De mal en peor. Eso es todo lo que puedo pensar en el vuelo
a Isla Catalina.
Aterrizamos frente a la vergonzosamente impresionante casa de Des,
y salgo de sus brazos sin decir una palabra. Puedo sentir en mi espalda
cómo me evalúa su mirada. El desgraciado está tratando seguramente de
encontrar la mejor manera de acercarse a mí.
Va a tener que seguir confundido acerca de eso. Incluso no estoy
segura de cómo acercarme mejor ahora porque no tengo idea de lo que
estoy sintiendo exactamente.
Molesta, definitivamente. Mi correa acaba de endurecerse. La ira —e
incredulidad—, de que El Negociador realmente me obligó a mudarme con
él para un futuro no muy lejano. Dependiendo de lo lento que me haga
pagar mi deuda, podría vivir bajo su techo por el resto de mi vida. Ignoro la
chispa de entusiasmo que viene con ese pensamiento; mi corazón
obviamente es un idiota.
Debajo de todas estas emociones frustradas, hay alivio. Alivio de no
tener que ceder a mi ego y permanecer dentro de una casa que se sentía
insegura, o tragar mi orgullo y rogar a este hombre para que quedarme
con él de nuevo tan pronto después de mi partida.
—No me arrepiento, sabes —dice detrás de mí, con su voz firme
cruzando el patio.
Ignorándolo, subo los escalones de piedra y entro en su palacio.
—Desayuno y café —digo—. No puedo ser civilizada contigo hasta
que tome el desayuno y el café.
Siento una mano en mi espalda cuando El Negociador se materializa
junto a mí.
—Entonces le daremos a la dama lo que quiere. Tengo justo lo que
buscas...
El jodido Douglas Café. Eso es lo que estaba insinuando antes.
—Han pasado... años —digo, mirando el familiar café. El lugar se ve
sin cambios, desde las mesas de madera pulida hasta las fotos
enmarcadas del puerto, hasta la vitrina llena de pasteles.
Cuando Des me condujo a su habitación del portal, estaba más que
un poco reacia a aventurarme bajo una de sus líneas ley otra vez. Pero
cuando salimos de la línea y llegamos a la Isla de Man, mi opinión cambió
totalmente.
Fuera del café, el cielo está oscuro. Podría ser la tarde en el sur de
California, pero ya es de noche aquí en las Islas Británicas.
Des está inclinado en su asiento, revolviendo su café
despreocupadamente. Algo muy parecido a la nostalgia me aprieta la
garganta. Des solía traerme aquí siempre que se aburría de sentarse
alrededor de mi dormitorio.
Su mirada sigue la mía a cada detalle del café.
—¿Echas de menos este lugar? —pregunta.
—No tanto como la compañía —admito.
Se ve casi dolido por eso.
—¿Por qué te fuiste, Des? —susurro. Vamos a tener que repasar
todo esto en algún momento si estamos viviendo bajo el mismo techo.
Su expresión se vuelve sombría.
—Esa es una conversación para otra ocasión.
Casi gruño de frustración.
—Ha pasado tanto tiempo, ¿qué importa?
Soy una maldita mentirosa. Todavía importa. Desmond Flynn es una
herida que nunca se curó.
—Importa —es todo lo que dice, haciendo eco de mis pensamientos.
Hermoso y frustrante hombre. Me mira como un animal acorralado.
Eso nunca es una buena posición para poner a un sobrenatural,
especialmente un rey fae.
Sé todo esto, y sin embargo no puedo dejar que el tema se vaya.
—Dime —insisto.
Se frota los ojos, exhalando un suspiro.
—No está en mi naturaleza decirte. Nada de esto está en mi maldita
naturaleza. Lo explicaré todo cuando sea el momento adecuado.
Todas mis esperanzas se desploman en eso.
—Des, han pasado siete años. ¿Cuánto tiempo tengo que esperar a
que sea el momento adecuado?
El ambiente en nuestra pequeña mesa se oscurece.
— ¿Conoces siquiera el significado de esperar?
Me tambaleo ante lo mordaz de sus palabras.
Apoya sus antebrazos sobre la mesa, un mechón de su cabello
blanco escapando de la correa de cuero que sujetó de nuevo.
—Siete años, Callie, y, ¿cuántos de ellos pasaste soltera? —Parece
que tiene un arrebato de emoción en su voz.
—¿Qué? —Me vuelvo, mirándolo—. ¿Qué tiene que ver eso con algo?
—Todo.
¿Está Des... celoso?
—Dime —repite, las sombras se profundizan en la habitación—.
¿Cuántos de esos años estuviste soltera?
Todavía lo estoy mirando, atónita. De todos las millones de maneras
que podía pasar mi día, no me hubiera imaginado que esta sería una de
ellas.
Des coge mi muñeca, agarrando una perla.
—Respóndeme.
Las palabras son arrancadas de mi garganta.
—Ninguno.
Ugh. Maldita magia. Y recaudadores de deudas fae.
—Ninguno —repite el Negociador, enojado pero satisfecho. Me suelta
la muñeca.
Lo fulmino con la mirada.
— ¿Y supongo entonces que te guardaste tus manos para ti mismo?
—He oído suficientes historias sobre el Rey de la Noche y su puerta
giratoria de mujeres—. Idiota. Me dejaste. Me rompiste el corazón y me
dejaste. No tienes por qué estar celoso de lo que vino después de eso.
Se inclina hacia delante, su rostro amenazador.
—No te dejé, Callie.
Ahora estoy enojada.
—Huiste de mi habitación esa noche después del baile. Dime ahora
como eso no es dejarme.
—No sabes nada.
—Entonces ilumíname.
Nos miramos el uno al otro. Las sombras se acumulan alrededor de
nosotros a medida que las emociones de Des lo superan.
Los otros clientes no se dan cuenta, gracias a la tenue iluminación y el
cielo nocturno afuera, pero yo sí.
Solo verlo así debería de ser satisfactorio, pero bajo mi enojo estoy
desconcertada. Se fue todos esos años, y ahora insiste en que no lo hizo. Y
ha sido tanto tiempo que me estoy preguntando si estoy recordando
incorrectamente.
Pero no, esa noche en particular está quemada en mi cerebro.
Espero a que se explique, pero como de costumbre, no lo hace.
Empujo mi bebida y lo último de mi croissant, perdiendo mi apetito.
Sus ojos se detienen en la acción.
—Querubín, ¿qué pasó anoche?
—Vas a tener que tomar una perla si quieres respuestas —me burlo
molesta. Si va a pelear tratando de explicarse, entonces yo también lo
haré.
Un poco de la rabia muere en sus ojos grises, reemplazada por esa
sonrisa torcida. Esto le gusta. Mi bravura, mi compromiso.
Envuelve su mano alrededor de mi brazalete, y brevemente mi
mirada se fija en su elaborada manga de tatuajes.
—Dime qué pasó anoche —repite, y esta vez hay magia detrás de sus
palabras.
Me estremezco mientras se apodera de mí, y al instante me
arrepiento de haberlo provocado.
—Nada.
Empiezo a sentir presión contra mi tráquea.
—Mi magia parece estar en desacuerdo —dice el Negociador.
Quiero gruñir.
—¿Qué más quieres que te diga? Después de que te fuiste, limpié mi
casa, salí con mi amiga durante unas horas, y me acosté temprano.
Cuando me desperté, encontré mi habitación exactamente como lo viste.
Des vuelve a remover su café.
—Mi magia no te libera, así que puedes intentar pensar un poco
más.

Estrecho mis ojos hacia él. Él levanta una ceja.


—O puedes sofocarte lentamente. Tú decides.
—No sé qué es lo que quieres que diga —digo sin aliento—. Miré
televisión, me fui a dormir, y me desperté en una cama destrozada.
Todavía no hay alivio. Y ahora me siento como otro de los clientes del
Negociador, retorciéndose bajo su poder.
Él toma un sorbo de su café.
—¿Qué pasó en el tiempo entre que te fuiste a la cama y te
despertaste?
Le doy una mirada desconcertada.
—Dormí.
La magia presiona mi pecho.
—¿Profundamente? ¿Cómodamente? —Me examina—. ¿Tuviste
pesadillas?
Recuerdo la tormenta que sacudió la casa y el viento que me invadió
en mi sueño.
—Soñé —le digo.
¿Hay un poco menos de presión en mi pecho?
—¿Sobre qué? —pregunta Des.
Trato de recordar. Pero no lo logro.
—¿Desde cuándo interpretas sueños? —digo.
—Desde siempre. Soy el Rey de la Noche. Domino todo lo que
abarca, incluyendo los sueños.
Eso tenía algún tipo de sentido.
Tomo mi bebida y lo miro fijamente, sacudiendo mi cabeza.
—No lo sé. Esos niños que conocí, estaban allí, me sujetaban. Y
había una voz... una voz masculina. —¿Qué había dicho?
Déjame entrar, sirena; Te daré tus alas para volar. Solo abre tu puerta y separa tus
lindos muslos.
Mis mejillas se calientan.
Jesús.
—¿Qué dijo la voz? —pregunta Des.
—No voy a repetir eso en público.
El rey fae parece intrigado.
Ahora que recuerdo el sueño, la magia se intensifica como si supiera
que voluntariamente retengo la información.
Cuando todavía no respondo, sus ojos se mueven sobre mí.
—¿Realmente vas a aguantar, nena?
No por mucho tiempo: la magia está exprimiendo la vida fuera de
mí.

—No en público. —Estoy casi mendigando.


El Negociador me estudia un momento más. Chasquea sus dedos, y
el ruido que nos rodea baja, quedando sordo.
—Esta es toda la privacidad que vas a conseguir.
Es suficiente. Bueno, para ser honesta, no es suficiente. No quiero
admitir exactamente el contenido de mis sueños a Des, pero ya he
admitido que quiero sus bebés, así que realmente no queda nada de mi
orgullo para proteger.
Miro fijamente a mi bebida.
—Dijo: “Déjame entrar, sirena; Te daré tus alas para volar. Solo abre tu
puerta y separa tus lindos muslos”.
La presión deja mi pecho.
Finalmente.
A nuestro alrededor, el ruido se eleva una vez más.
A mi lado, las sombras de Des están de vuelta. Hombre
temperamental.
—¿Nunca viste quién habló? —pregunta.
Sacudo la cabeza y tomo un sorbo de mi bebida. Dejo la taza con
cuidado.
—¿De verdad estás tomando en serio mi sueño? —pregunto.
Des pasa un pulgar sobre su labio inferior.
—Quizás —dice distraídamente—. En el Otro Mundo, los sueños
nunca son solo sueños. Son otra clase de realidad.
Empiezo a asimilar la información.
—¿Tú... crees que algo del Otro Mundo me visitó anoche?
—No lo sé.

Puede que tenga un acosador fae.


Uno que puede infiltrase en mis sueños.
Me siento tan sucia. Sucia y vulnerable. Mi mente puede ser
manipulada por alguna criatura, y no puedo hacer nada para detenerlo.
Pensé que permanecer en mi casa me ofrecería alguna medida adicional de
protección, pero no lo hizo.
—¿Crees que esto tiene algo que ver con las desapariciones? —
pregunto ahora.
Estoy sentada en el sofá del Negociador, observándolo mientras
pasea de un lado al otro por la habitación, con sus brazos detrás de la
espalda.
Me lanza una mirada y, frunciendo el ceño, asiente.
Bueno, mierda.
¿Cómo habían llamado esos niños al hombre tras el misterio? El
Ladrón de Almas. No es exactamente el tipo de nombre que te da caricias
cálidas.
¿Cuántas veces habíamos tenido que lidiar Temper y yo con una
situación similar? ¿Cuántos criminales nos habían amenazado con los
años?
Incontables. Y cuando eso pasaba, la única forma segura de
garantizar nuestra seguridad era atrapar al malo antes de que llegara a
nosotros.
Tomo una respiración profunda.
—Quiero ayudarte a resolver este caso. No solo entrevistar a los
sirvientes, sino resolverlo. —Antes de que mi acosador cumpla sus promesas.
Des detiene el paso.
—¿Quieres ayudarme a mí y a mi gente? —Me da una mirada
extraña.
Me acomodo un poco en su sofá, incómoda por la extraña intensidad
en sus ojos.
—Eso no es lo que dije.
Se acerca más a mí, inclinando la cabeza como si pudiera adivinar
mis secretos a partir de mi rostro.
—Pero quieres hacerlo. —Llega al sofá, mirándome—. Ayudarme más
de lo que ya lo haces te pondrá en peligro, peligro del que ni siquiera mi
protección podría salvarte. Podemos encontrar otras maneras de pagar tus
deudas.
—No se trata de un reembolso —le digo.
Sus ojos se profundizan. Casi de mala gana quita su mirada de la
mía, frotándose la barbilla. Sus sombras se han envuelto amorosamente
alrededor de mis piernas.
—Debería decir que no —reflexiona en voz alta—. Hay muchas
razones por las que debería decir que no. —Sus ojos se deslizan hacia los
míos—. Incluso conociendo el peligro, ¿sigues interesada en ayudarme? —
pregunta.
Dudo, luego asiento, apretando mis muslos. ¿Estoy asustada? Por
supuesto. Pero eso nunca me detuvo en el pasado de tomar un caso.
—Está bien, querubín, lo resolveremos. Juntos.
Capítulo 17
Traducido por Candy27

Marzo, siete años atrás

M i padrastro está vivo.


Lo miro fijamente con horror mientras levanta su
sangriento cuerpo del suelo, la herida de su cuello
todavía borbotea.

Lo supe. Supe que volvería. Hugh Anders era demasiado grande,


demasiado terrible, demasiado poderoso para ser asesinado.
Me tropiezo hacia atrás mientras sus ojos se enfocan en mí, y hay
tanta rabia en ellos. Nunca me miró así cuando estuvo vivo. Entonces
había un tipo de enfermedad en su mirada.
Pero ahora que le había matado, las cosas eran diferentes.
—No —exhalo. Estoy cubierta con su sangre y todavía me alejo
lentamente de él. Mi tacón se desliza en un charco de ello, y pierdo mi
punto de apoyo.
Mi codo golpea primero el suelo, el impacto hace que mis dientes
entrechocaran.
El monstruo está vivo. No ha acabado. Nunca va a acabar. Me había
estado matando lentamente desde que tenía doce. Simplemente está aquí
para terminar el trabajo.
Camina de forma acechante hacia mí, la sangre sigue vertiéndose de
la herida de su cuello.
Gateo hacia atrás mientras continua viniendo hacia mí.
—¿Pensaste que podrías matarme? —dice—. ¿A mí?
Oh Dios, Oh Dios, Oh Dios.
Va a ponerme la mano encima. No voy a escapar de esta casa,
jamás.
Hay un redoble de tambores en el fondo. O a lo mejor es mi pulso.
Estira la mano hacia mí.
El sonido trepa rápidamente a mi alrededor. Más alto, más alto, más
alto. Es todo lo que oigo.
Y después se rompe.
—Callie, Callie, Callie —dice—. Callie, Callie, Callie…
—Callie, ¡despierta!
Jadeo, mis ojos abriéndose de golpe.
Mirándome fijamente hacia mí, el Negociador parecía medio
enfadado, su mandíbula imposiblemente apretada y sus cejas marrones
asentándose pesadamente por encima de sus ojos salvajes. Su pelo pálido
cuelga suelto alrededor de su cara.
Aspiro fuertemente, limpiando la humedad de mis mejillas.
Una pesadilla. No era más que una pesadilla.
Las manos de Des aprietan mis antebrazos, y ahora estiro mi brazo y
aprieto su duro antebrazo, solo para asegurarme de que es real.
Estoy respirando pesadamente, y ahora cada uno buscamos los ojos
del otro. Está viendo todo en los míos, todas las pequeñas piezas oscuras
de mí que encierro profundamente durante el día. Profundamente en la
noche, estaban desnudos.
Odio que vea lo asustada que estoy de mi pasado.
Pero yo también estoy viendo cosas que no debería ver en su
expresión. Como miedo, preocupación. Es todo bordes crudos ahora
mismo.
—Se ha ido, Callie —dice el Negociador—. Se ha ido y no volverá.
No me molesto en preguntarle cómo sabe algo de esto. Simplemente
asiento. Es la cosa de la que él y yo no hablamos.
Después el conocimiento se profundiza. Des está mayormente en mi
cama, y nuestras manos están alrededor del otro. Si fuera alguien más, su
presencia me quitaría la vida del susto.
Pero Des es… Des es mi luz de luna.
Una fresca brisa me pone los vellos de punta, y miro más allá de él,
hacia la ventana por encima de mi escritorio. Solo unas cuantas piezas
dentadas de cristal todavía se alojan en el marco. El resto de la hoja de la
ventana está dispersa en trozos en mi suelo.
Parpadeo un par de veces, después me vuelvo hacia el Negociador.
Levanta una mano hacia el desastre y los trozos de vidrio se elevan
en el aire. Pieza a pieza se juntan hasta que el panel de cristal está entero
una vez más.
—Usé la ventana.
—¿Volaste? —pregunto, escéptica y un poco curiosa. Seguía sin haber
visto cómo lucían sus alas.
Me da un ligero asentimiento.
—No te despertabas —dice, y escucho un toque de preocupación en
su voz.
Normalmente no me despierto. No cuando estoy tan profundo bajo el
tirón de mis pesadillas. Tengo que dejarlas desarrollarse.
—¿Cómo lo supiste? —pregunto—. Lo de las pesadillas, quiero decir.
Continua escrutando mi cara, como si intentara asegurarse de que
estoy bien.
—No importa. —Libera mis brazos—. Acércate.
Lo hago, y se instala a mi lado, su espalda descansando contra mi
cabecero.
—El tipo era un completo imbécil, ¿no?
Sabía que se refería a mi padre. Aprieto la mandíbula, después
asiento.
Juro que las sombras en la habitación se profundizan, y recuerdo de
nuevo quien estaba sentado a mi lado, acaparando toda la habitación en el
colchón. Por varios segundos ambos estamos en silencio mientras la
oscuridad se extiende por mi dormitorio.
Mi pulso está golpeando, en parte por el regusto de mis sueños, y en
parte por la aparición desde ninguna parte de Des como algún tipo de
oscuro salvador. Y ahora está a un pelo de… algo. Ira, locura, venganza,
seguía sin poder leer apenas al hombre.
—Descansa tranquila, querubín —dice. Después, más suave—: No
dejaré que nadie más te haga daño. —La violencia que envuelve su voz…
es otro recuerdo de cuan fiero puede ser y como de bien merecida es su
reputación.
—¿Te… quedas? —digo, cepillando algunos mechones sudorosos
lejos de mi pelo.
Fue bastante estricto sobre no dormir juntos hace un par de
semanas.
Se queda callado por tanto tiempo que asumo que no va a
responderme.
—Sí —dice eventualmente—. Lo voy a hacer.
Presente

¿ Así que cuál es nuestro siguiente movimiento? —pregunto, mis


ojos yendo a la deriva sobre las fotos enmarcadas en el salón
del Negociador.
Des se sienta a mi lado en el sofá y pellizca su labio.
—Mañana, me gustaría mostrarte a las guerreras dormidas.
De mala gana, un escalofrío fluye a través de mí. Solo porque había
estado de acuerdo con esto no significaba que estuviera entusiasmada por
volver al reino de Des. Pero, sentarme alrededor y dejar que alguien me
folle mientras estoy dormida tampoco es una buena opción…
—¿Crees que si veo a las mujeres nos ayudará a saber que está
pasando? —pregunto.
Mir fijamente mis labios.
—No —dice claramente—, pero de todas maneras te las voy a
enseñar.
Miro a nuestro alrededor, a su salón.
—¿Y después de eso?
La esquina de su boca se curva hacia arriba.
—Te daré mis notas del caso para que te las leas, y seguiremos
desde ahí. Más que eso, pagas tu deuda y te haces un hogar.
Capturada en la tela de araña. ¿No fue eso lo que sentí la última vez
que Des me trajo aquí? Que cada cosa que sucedió transmitió algo de
interés de lo suyo, y estaba desesperada por saber lo que era.
La extraña belleza fae de su mirada despiadada me mira. Pertenece a
una raza de seres que matan salvajemente, brutalmente. Forzarme a vivir
bajo su techo y jugar a sus juegos día sí y día no, no es particularmente
cruel o extraño en su carácter.
—¿Tengo que, literalmente, dormir dentro de tu casa cada noche?
— No te preocupes por eso querubín.
Río sin humor.
—Esa no es una respuesta, Des. ¿Qué pasará cuando deje tu casa
para quedarme una noche con un amigo? ¿Voy a morir espontáneamente?
—¿Un amigo? —pregunta burlonamente—. ¿Así es como llamas a tus
hombres? ¿Amigos?
¿Tus hombres?
La única razón por la que no me lanzo a través del sofá y estrangulo
a Des es porque, como más temprano, detecto celos en su voz, y eso me
confunde.
Entrecierro los ojos hacia él.
—Estás asumiendo un jodido montón de cosas ahora mismo — digo
—. Estaba hablando de Temper, mi completamente platónica amiga mujer,
idiota. —Ella y yo tenemos fiestas de pijamas de vez en cuando.
Demándanos por no querer crecer.
Una esquina de su boca se curva hacia arriba.
—No morirás espontáneamente. Mi magia entiende de matices.
Juzgando por como de raramente molesto estaba ahora mismo,
apuesto a que en esos matices no entran mis hombres.
Mi corazón empieza a golpear cuando la realidad de mi situación se
asienta.
Vivir con el Negociador.
¿Cómo va a funcionar esto, hablando prácticamente? ¿Que si pagar
la deuda toma años? ¿Qué pasa si tengo que ver a Des con otras mujeres?
¿Qué si yo quedo con otro hombre?
Vivir juntos va a ser m-a-l-o.
Malo. Malo. Malo.

Vuelvo a mi habitación, sacando el teléfono que había recordado


guardar más temprano cuando dejé mi casa con Des. Bajo hasta el
número de Temper.
Considerando que estoy viviendo temporalmente en una isla, tengo
que poner mis asuntos en orden, por decirlo de alguna manera, tengo que
advertir a Temper que estaré fuera de la oficina por un tiempo.
No pienso mucho acerca de cuánto podría ser un tiempo. Sabías
que esto iba a llegar algún día, me regaño a mí misma.
Había estado preparada para la posibilidad de que tuviera que dejar
Investigaciones West Coast mientras pagaba mi deuda con el Negociador.
Esto no me hacía estar menos triste.
—Hola, perra —responde—. ¿Cómo estás? —pregunta.
Habíamos estado mensajeándonos la una a la otra todo el día, así
que sabe que estoy viva, bien y libre de los agarres de la Politia. Pero
todavía no sabe que ahora vivo con Des, mayormente porque soy una
gallina, y no sé cómo contarle las noticias.
—Hola Temper. —Froto mi frente, intentando mantener mi voz
ligera.
—Chica, te perdiste un buen día. ¿Ese cliente millonario que llamó
preguntando por ti? Bueno hoy ha venido, y chica, ese tío es atractivo. Sin
anillo de compromiso, así que el tipo está disponible.
Muerdo la uña de mi pulgar. Es la perfecta transición, y aún así no
la interrumpo.
—Necesitas salir de esa Lista de Personas Más Buscadas — continúa
—, porque por la manera que este tipo continuaba preguntando por ti,
empiezo a pensar que está interesado en mezclar trabajo con placer. Y
chica, tendrías que estar muerta para no querer a este.
—Deberías tenerlo tú —digo, y después hago un gesto de dolor.
Ella resopla.
—Perra, si él estuviera abierto a eso, el acuerdo hubiera estado
firmado, vendido y entregado. Está inflexible acerca de trabajar contigo.
—Acerca de eso… —Tomo una profunda respiración—. Voy a tener
que estar ausente.
— ¿Y esto es noticia porqué…? —dice Temper.
Alejo el teléfono lejos y lo miro fijamente un momento. Esta no era la
respuesta que había imaginado.
—Chica, estás en la lista de personas más buscadas —continúa—.
Lo entiendo. Tomaré tus casos hasta que puedas volver.
Me hundo contra la pared más cercana. La lista de personas más
buscadas. Por supuesto.
—Temper, te quiero.
—Por supuesto que lo haces. Yo también te quiero, chica sexy.
Ahora… —Puedo oírla organizar en su oficina—, sigo pensando que
deberías ponerte en contacto con este cliente. ¿Quieres que le de este
número…?
—No —me apresuro a decir. No quiero preocuparme de clientes
encima de todo lo demás.
—Tienes razón. —Casi puedo verla asentir hacia sí misma—.
Demasiado peligroso. Podría entregarte.
No me molesto en mencionar que esta llamada podría ser también
rastreada. Hay cosas que ambas, Temper y yo estamos bastante
prevenidas. La cosa es, cuando tienes poderes como los nuestros, trabajar
con inoportunas grabaciones de llamadas es un juego de niños.
—Temper —digo, mi voz baja y un poco ronca—. Puede que esté
fuera por un largo tiempo.
—No lo harás. Ya estoy trabajando en sacar tu nombre, y una vez
que Eli vuelva, me aseguraré de que cualquier cadena que haya puesto, la
quite.
Hago una mueca hacia la amenaza en su voz.
—Temper, no solo es la lista de las personas más buscadas. Desearía
que solo fuera eso… —Reúno mi coraje. Ahora la parte difícil—. Deberías
encontrar un sustituto.
La línea queda silenciosa por bastantes segundos.
Finalmente:
—No.
El tono de Temper eleva los vellos de mis brazos. Sabía que si estaba
en su oficina, el lugar estaría vibrando con ello. Este es un destello de su
magnífico y malévolo poder.
—Está bien, está bien —digo, volviendo al tema—. No tienes porqué
encontrar a alguien más, pero la cosa es… el Negociador me ha reclutado
para que le ayude con una serie de desapariciones en el Otro Mundo, y
mientras esto pase me estaré quedando con él.
Silencio. Pero esta vez, cuando la línea es silenciosa, no se siente de
mal agüero como momentos antes. Se siente… juzgador.
—¿Qué? —digo finalmente.
—Nada.
Pongo los ojos en blanco.
—Solo dilo.
—Nada.
Espero.
Se aclara la garganta.
—¿Ahora estás durmiendo en la casa del Negociador?
—¡No por elección!
—Mmmm.
—Oh Dios mio, Temper…
—Perra, dímelo directamente: ¿estás atrapada por la banana de ese
tipo? ¿Es de eso de lo que se trata? —pregunta.
—No… no, no es como eso. Esto es estrictamente profesional.
Mentirosa.
Bufa, viendo directamente a través de mí.
—¿Lo sabe él?
—Um… —Realmente no sé cómo se siente el Negociador.
—Bien, bebé, vamos a reagruparnos para una comprobación de
realidad: Eres una sirena muy caliente. Él es un tipo duro. Del tipo de “He
tenido pesadillas con él”. Quiere tus cosas. Infierno, yo quiero tus cosas, y
soy tan hetero como una flecha. Así que te vas a quedar allí, sabes que va
a pasar. Yo sé lo que va a pasar, Jesús negro sabe lo que va a pasar, y más
importante, el Negociador sabe lo que va a pasar: vas a conseguir un polvo
serio.
—Temper —gimo.
—No actúes como si no fuera cierto. Y por tu ausencia, no voy a
llenar tu puesto. Necesitas salir de ahí, o yo haré que ocurra.
Esa tarde, me siento con Des en su comedor, las palabras de más
temprano de Temper hacen eco en mi mente. Podría ser lo suficientemente
poderosa para sobrepasar al Negociador, y eso me aterra.
A lo mejor debo entrar en sus atrevimientos… Conseguir librarme de
las cuentas más rápidamente de esa manera. Y físicamente, disfrutar de
mi misma, o disfrutaré. Con Des no me asusta volverme íntima. Estoy
asustada de caer en lo que seguramente seguiría.
Al otro lado de la mesa contaminada con comida para llevar, el
hombre se inclina en su silla, con sus piernas extendidas ampliamente, su
cara con una belleza insolente. Esta es su apariencia taciturna y real. Todo
lo que necesita es su corona.
Mi mirada se mueve a nuestro alrededor. El comedor formal de Des
es casi fantasioso. Talladas en las espaldas de las sillas hay unas escenas
de lo que solo puedo suponer son cuentos de hadas. Por encima de
nosotros, las velas brillan desde candelabros de bronce anclados y las
paredes están pintadas con escenas de un jardín a la luz de la luna.
Es difícil de imaginar que este hombre, este matón, encargue a alguien
que diseñe su comedor como este. Parece que unos ovarios hubieran
explotado por todo el lugar. Elegantes y sofisticados ovarios, pero ovarios
de todas formas.
Sentada con mis tacones subidos sobre la mesa, cojo un cartón de
tallarines chinos. Hundo mis palillos y expertamente saco unos cuantos
tallarines.
Hago una pausa, a medio bocado, cuando me doy cuenta de que Des
me está mirando con expresión fascinada.
—¿Qué? —Bajo la mirada hacia mi pecho, solo para asegurarme de
que no he derramado comida sobre mí misma.
Ha sido idea del Negociador pedir comida china, pero no ha tocado
su comida desde que nos hemos sentado.
—Has cambiado.
He cambiado, ¿no? En algún lugar a lo largo del camino he
conseguido ser un poco más dura. A lo mejor fue el abandono de Des, a lo
mejor fue mi línea de trabajo, a lo mejor simplemente estaba madurando.
Lo miro.
—¿Debería estar ofendida?
—No del todo, querubín. Encuentro todas las versiones de ti…
intrigantes.
Intrigante. Es una manera de ponerlo.
Elevo mis cejas mientras hundo mis palillos dentro del cartón de
nuevo.
—Tú no has cambiado mucho —digo.
—¿Debería estar ofendido por eso? —Des hace eco de mis palabras,
su voz más ronca de lo normal.
Dejo el cartón blanco y empujo lejos lo que queda de comida.
—No —digo.
No debería esta ofendido, pero yo debería estar preocupada. Lo
mismo que me hizo caer hace tanto tiempo está volviendo a mí otra vez.
—Hmmm —dice, manteniendo mi mirada por bastantes segundos.
Después, con un ondeo de su mano, los cartones de comida
desaparecen de la mesa de madera oscura.
—¿No quieres nada? —pregunto.
—No tengo hambre.
¿Entonces por qué está aquí conmigo?
—No tienes que sentarme conmigo —digo—. Ya no soy ninguna
adolescente necesitada.
Me avergüenza pensar en esa chica que coleccionaba cuentas del
Negociador sin importarle otra cosa que conseguir unas cuantas horas con
él.
—Confía en mí, lo sé.
Un silencio pesado cae sobre nosotros. En el pasado, nunca había
sido de esta manera. Entonces el silencio era siempre agradable. Infiernos,
había tardes en las que le pedía que se quedase y no hablábamos en
absoluto.
Pero ahora los dos tenemos todo este equipaje irresoluble.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —pregunto finalmente.
Cualquier cosa para aligerar el peso de mi pecho.
El Negociador cruza sus musculosos brazos sobre su pecho.
—Estás devolviendo tus deudas.
—Para, Des —digo—. Ambos sabemos que no es eso a lo que me
refiero. La noche anterior ibas a decírmelo.
Se inclina hacia delante, descansando sus antebrazos en el borde de
la mesa.
—Pero solo si te quedabas, Callie. No te quedaste.
—Puedo decir lo mismo de ti. —Todos esos años perdidos—. ¿Si
quiera te gusto?
—Te he besado, te he suplicado que te quedaras conmigo, he pasado
la mayor parte de la última semana contigo. ¿Qué piensas? —dice
suavemente.
¿Cómo una respuesta puede arreglársela para ser todo lo que quiero
oír… mientras también me hace querer tirarme de los pelos?
—¿Qué pienso? —digo, balanceando mis piernas fuera de la mesa
así puedo inclinarme hacia delante—. No importa lo que piense. Eso es lo
que he estado haciendo por los últimos siete años, pensar en qué fue mal.
Estoy cansada de intentar descifrarte.
Des se levanta, inclinándose sobre mí incluso desde el otro lado de la
mesa. Descansa sus manos contra la superficie.
—Hay algo Callie, que nunca me has preguntado: cómo me he
sentido en estos siete años separados.
¡Qué descaro!
—Eso es exactamente lo que te he estado preguntando —digo.
—No, has estado intentado averiguar por qué me fui. No cómo me
sentí.
Solo un hada podría hacer esta clase de distinción. Y por mi parte,
siempre he asumido que se había sentido atado al porqué me dejó.
—Pregúntamelo, Callie —dice suavemente, sus luminosos ojos
suplicándome.
Simplemente lo miro… es difícil no ser absorbida por su feroz belleza
y su voz aterciopelada. Todo es tan dolorosamente familiar.
Y ahora está intentando desmontar nuestro pasado y montar algo
que no fue. Y soy lo suficientemente tonta como para dejar que pase.
No me puedo creer lo que estoy a punto de decir:
—¿Cómo te sentiste, dejándome? —pregunto.
Mantiene mi mirada.
—Como si mi alma fuera desgarrada en dos.
Me quedo quieta.
¿Lo decía en serio?
Siento que mi mundo está dando vuelto del revés.
— ¿Y los siete años que le siguieron? —suspiro.
Me mira fijamente, decidido.
—Una pesadilla.
Está golpeando con un martillo las paredes que he construido
alrededor de mi corazón, y que sistemáticamente está echando abajo. Y
quiero que lo haga. Si lo que está diciendo es verdad, entonces a lo mejor
quiero que pase a través de todas mis defensas.
Por su propia admisión, su experiencia suena peor que la mía.
—Si fue tan malo, ¿por qué simplemente no volviste a mí? —
pregunto, mi voz era suplicante.
El Negociador abre la boca, y pienso que va a responder, cuando en
vez de eso dice:
—¿Verdad o reto?
Tienes que estar bromeando.
—¿En serio, Des?
Justo cuando los dos comenzábamos a desambiguar nuestra
relación, se detiene en seco.
—Haz esto por mí, y te daré algo a cambio.
—Bien—digo, fijándole con una mirada retadora—. Reto.
Sus labios se curvan en una sonrisa satisfecha, deleitándose con mi
respuesta.
—Hazme algo que siempre hayas querido hacer.
Buena mierda.
Eso es lo que consigo al retar al Rey de la Noche.
Trago.
Hay tantas respuestas inapropiadas a esa orden. Porque siempre ha
habido una lista interminable de cosas que quiero hacer con Des.
Des espera por mí, sus brazos colgando holgadamente a su lado.
Con cuidado camino alrededor de su comedor, su magia
persuadiéndome hacia delante.
Esto va a ser vergonzoso.
Me detengo delante de él. Cuando alzo la mirada, tiene una
expresión seria.
Mi mirada cae a su mandíbula. Esa mandíbula fuerte y afilada suya.
Con cuidado, envuelvo los brazos alrededor de su cuello y pongo su cara
más cerca de mí. Se dobla para acomodarme.
Nuestros ojos se encuentran brevemente, los suyos brillando
mientras me mira fijamente.
Esto se siente demasiado crudo. Como si no estuviéramos obligados
por nuestras deudas. Como si fuera algo más que su cliente en este
momento.
No quería dejarme hace siete años.
Suavemente, acaricio un beso a lo largo de esa definida mandíbula
suya.
Te perdono por romper mi corazón, pienso mientras le beso. Inclinando
su cabeza a un lado, presiono otro beso en su mandíbula. Te sigo
amando.
Otro beso.
Creo que siempre lo haré.
Des se mantiene quieto, dejándome depositar besos a lo largo de su
mandíbula.
Tocarle, besarle me pone la piel de gallina. Se siente como si hubiera
una tormenta en el horizonte, algo grande e imparable que está llegando.
Algo que nos barrerá. Y querido Dios, quiero ser barrida.
La magia del Negociador continúa presionando a través de mi piel.
Muerdo su oreja, ganándome un bajo sonido de Des. Mi boca se mueve
bajando por la fuerte columna de su garganta, la sirena despertando
dentro de mí. Arrastrando el cuello de su camiseta hacia abajo, toco con
mi lengua el hueco en la base de su garganta.
La magia se disipa.
Parpadeo varias veces, como si estuviera despertando de un sueño.
Mi boca sigue rondando justo sobre su piel. Con esfuerzo, me enderezo,
soltando su camiseta.
—¿Siempre has querido hacerme esto? —pregunta Des
bruscamente.
Sacudiendo lo último de mi atrevimiento, asiento. Sus cejas se
juntan, su boca rígida.
—Desde que tenía dieciséis.
Entonces había querido besarlo a lo largo de su mandíbula y cuello
porque parecía romántico, erótico. Para una adolescente quien quería una
relación pero estaba asustada con el sexo, besar a un hombre allí parecía
como un buen compromiso.
Des cubre mi mano con la suya, sujetándola contra su cuello, los
agujeros de la nariz arden con alguna emoción fuerte.
—Hazlo de nuevo —dice.
Mis cejas se elevan. ¿Así que no estaba todo solo en mi cabeza? ¿Des
siente la chispa entre nosotros también?
Deslizo mi mano fuera de la suya para ladear su mandíbula hacia
mí. Una vez más mis labios vuelan por encima de su piel.
Había estado agonizando en nuestro tiempo separados.
Lo llamó una pesadilla. Y le creo.
¿Pero dónde nos deja eso? ¿Qué significa eso?
Mi boca se mueve hacia abajo por su cuello una vez más.
Des se sujeta para mantenerse quieto, como si el movimiento más
ligero me fuera a asustar. Y ahora me pregunto por primera vez si había
estado inseguro sobre mis sentimientos por él. Había asumido que siempre
habían sido obvios, pero era como si ambos nos hubiéramos contenido de
hacer un movimiento que expusiera nuestros verdaderos sentimientos.
Siempre había asumido que era porque no sentía nada por mí. Ya no
estaba segura de que eso fuera verdad.
Mi pulgar golpea la piel de su mejilla mientras le beso.
Y ahora estamos asustados el uno del otro. Eso es lo que somos.
Asustados de tener esperanza cuando toda la esperanza que alguna vez
habíamos tenido ha sido arrebatada. Asustados de conseguir exactamente
lo que queremos.
Y puedo estar equivocada, Des puede ciertamente no estar
interesado en mí a pesar de todos los signos. Pero voy a dejar de negar esa
posibilidad. Y voy a parar de negar mis propios sentimientos.
Así que después de terminar de besar su garganta, mis manos
alcanzan el borde de su camiseta.
Las manos del Negociador agarran mis antebrazos, y puedo sentir su
mirada cálida y curiosa en mí, pero la ignoro.
No pienses demasiado esto.
Deslizo su camiseta hacia arriba, separándome solo para ayudarle a
quitársela.
Mi mirada se mueve hacia su esculpido pecho. Paso mis dedos sobre
su hombro, donde sus tatuajes se disipaban. Sus músculos se flexionan
bajo mi toque.
Aliso mis manos sobre sus pectorales y hacía abajo por sus
abdominales. Había estado equivocada antes cuando dije que no había
cambiado. Cuando era una adolescente, nunca me hubiera dejado tocarle
de esta manera.
Presiono mis labios entre los huesos de la clavícula y empiezo a dejar
un rastro de besos hacia abajo por su esternón.
Me arriesgo a levantar la mirada hacia él.
Des me está mirando… me está mirando como si personalmente
hubiera subido todas las estrellas del cielo. Un segundo después, su
mirada se cierra de golpe.
—Callie…
Alrededor de nosotros la habitación está oscureciendo. ¿Cuánto más
lejos puedo empujarle antes de que sus alas salgan? Mejor pregunta:
¿Cuánto más lejos puedo empujar esto hasta que la sirena salga? Ya
puedo sentirla demandando unirse. Podría o acelerarnos hasta el infierno,
o hacer cumplir su amenaza de oponerse a Des.
—Dime lo que estás pensando —susurro.
—Tengo miedo de que si hago algo, te detendrás. —Le veo tragar—.
No quiero que te detengas.
Hago una pausa para darle una tímida sonrisa, una genuina.
—No lo haré —digo, puntuando mis palabras presionando un beso
en su esternón.
Sisea un susurro.
—Continúa haciendo eso y voy a cobrar más favores.
Mi piel se enciende. La sonrisa pícara que se extiende a lo largo de
mi boca es enteramente sirena.
—Dime —digo, entrando el glamour en mi voz—, ¿has estado
pensando en lo que te dije más temprano?
Juego con el botón superior de los pantalones de Des, pasando una
mano sobre su ingle.
—Acerca de todos esos oscuros deseos que satisfaría —continúo.
—He pensado en ello —admite. Acaricia mi cara, algo de la pasión de
sus ojos cambia en algo más… dulce—. Lo siento, sirena. Tuve que dejarte,
no quise.
Frunzo el ceño mientras desabotono el botón de arriba de sus
pantalones, la sirena en mí no estando completamente segura de lo qué
hacer con sus palabras. El resto de mi sabe que está siendo genuino.
Realmente no había querido dejarme.
Eso cambia todo.
Coge mi mano justo cuando empieza a bajar sus pantalones.
—No así —dice en voz baja.
—¿Continúas reteniéndote conmigo? —digo.
—Continúo reteniéndome por ti —corrige. Su pulgar cepilla el hueso
de mi mejilla.
Sus palabras son otro golpe a esas paredes mías. Está
destrozándolas sin misericordia.
—Ahora —continúa—, es mi turno, querubín, de hacer algo contigo
que siempre he querido —dice.
Mi piel brilla ante eso.
Me levanta y, todavía sin camiseta, me lleva por su casa. Continúo
besando la parte de debajo de su mandíbula, la sirena en mí impaciente.
Tan, tan impaciente.
Él gruñe.
—Nunca me di cuenta de cómo de bien se siente. Por favor… ten algo
de piedad.
Mi respiración se dispersa contra su piel, e ignoro su plegaria,
besándolo más, mi sangre excitándose con su reacción.
Un momento después, sus alas aparecen. Se expanden, solo para
curvarse alrededor de nosotros. Alcanzo y toco una.
—Jesús…
Nunca pensé que Des podría derretirse bajo mi toque. Esto, podría
acostumbrarme a esto.
Moviéndonos dentro de su habitación, fuerza sus alas hacia atrás así
puede dejarme en su cama. Dando un paso lejos, cierra los ojos.
Me empujo con los antebrazos, intentando averiguar qué está
planeando.
Un segundo después, las alas de Des desaparecen. Solo entonces se
me une en la cama, apoyándose contra la cabecera y empujándome contra
él. Mi cabeza descansa encima de uno de sus esculpidos pectorales, y mi
respiración se traba. Incluso la sirena en mí está cautivada por el
momento. Está acostumbrada a dirigir el espectáculo, pero ahora quiere
ser seducida —más que hacer ella la seducción—ahora mismo.
Baja la mirada fijamente hacia mí, un brillo taimado en sus ojos.
—¿Confortable, amor?
Amor.
Ese es uno nuevo.
Sonrío como una idiota muy a mi pesar.
No estoy segura de cuál será su próximo movimiento hasta que un
portátil flota a través de la puerta, aterrizando cuidadosamente en su
estómago.
Mis labios se parten cuando me doy cuenta de qué va esto, el pulso
en mi garganta.
Nuestras noches de película. De vuelta en la escuela, solíamos hacer
esto todo el tiempo.
Abriendo el portátil, Des pulsa para abrir Harry Potter y las Reliquias de la
Muerte: Parte 1.
—Nunca terminamos la serie juntos, así que… pensé que podríamos
ver las últimas dos películas.
¿Esto era lo que siempre había querido hacer conmigo?
Mi garganta se aprieta. No me había dado cuenta de que disfrutaba
de nuestras noches de película tanto como yo.
—Me gustaría mucho eso —digo finalmente, porque está esperando
oír algo.
Dándome una pequeña sonrisa, pone una mano detrás de su cabeza
y empieza la película. Y entonces nos asentamos, justo como estamos
acostumbrados. Por una vez, nuestra cercanía, nuestro silencio se siente
tan confortable ahora como lo hacía años atrás.
Dos raras horas después, lágrimas están cayendo silenciosamente
por mis mejillas mientras la película termina. Gotean por mi cara y encima
del pecho del Negociador.
Siento sus ojos vueltos hacia mí.
—¿Estás… llorando? —pregunta.
El gato está fuera de la bolsa.
Sorbo con la nariz.
—Dobby era tan buen amigo.
El Negociador hace una pausa. Después su estómago empieza a
sacudirse. Un segundo después me doy cuenta de que está riéndose.
Inclina mi cabeza para que lo mire.
—Querubín, mierda, eres tan adorable. —Cuidadosamente limpia
mis lágrimas con sus pulgares.
Adorable. Otro cumplido que guardaría. Después, cuando estuviera
sola, lo sacaría y lo saborearía.
La mirada de Des cae a mi boca y su mirada es del afecto al hambre.
Duda, y creo que va a besarme, pero entonces sus ojos se mueven hacia el
portátil y sale de la película.
—¿Sigues bien para el segundo asalto? —pregunta.
Para ser honesta, tumbada allí en mi almohada humana, estoy
adormilándome, a pesar del hecho de que dicha almohada humana
mantuvo mi anatomía despierta unas cuantas veces.
—Sigo bien —miento.
Como si fuera a optar por algo además de esto. Quisiera ver a
alguien intentar levantarme con una palanca para separarme del cuerpo
esculpido de este hombro.
Juro que los ojos del Negociador no se pierden nada mientras me
mira fijamente. Dando con su cabeza una sacudida, empieza Harry Potter y
las Reliquias de la Muerte: Parte 2, y descanso contra su pecho.
Mi mente va a la deriva mientras empieza la octava película de Harry
Potter.
A pesar de algunos intensos besos y algún enojo menor, el
Negociador no había empujado las cosas más lejos conmigo. Y ahora, muy
para mi disgusto, actualmente quería que lo hiciera. Especialmente si iba
a ser honesta conmigo misma, después de lo que me dijo esta noche de
cómo se sintió dejarme.
Como si mi alma fuera desgarrada en dos.
Había admitido sus sentimientos. Me los había dado libremente.
Todavía seguía impresionándome de ellos. Para cualquier hada, ese era un
gran trato. Los secretos eran como monedas. Cuantas más tenías, más
poderoso eras.
¿Para un rey fae dar sus secretos?
Solo podía imaginarlo.
Me abracé más profundo en su pecho, una extraña y ligera emoción
se puso en contacto conmigo.
Podría acostumbrarme a esto.
Capítulo 18
Traducido por 3lik@ & Mary Rhysand & Krispipe

Abril, siete años atrás

E
l Negociador y yo salimos de un taxi.
—¿Es extraño para ti… tomar un coche en lugar de volar? —
pregunto.

Estamos en otro trabajo suyo. Alguien cuyas deudas debe cobrar.

—No es tan extraño como llevarte —dice, pagándole a nuestro


conductor.

Esta noche, nosotros dos aún estamos en la Isla de Man, aunque


nunca he estado en esta parte de la misma. Creo que estamos en el
extremo norte de la isla. Las casas en esta área en particular están
construidas muy juntas, muchas de ellas con pintura descascarada y tejas
cubiertas de musgo.

—¿Alguna vez vas a mostrarme tus alas? —pregunto, mirándolo


mientras se aleja del taxi, guardándose la billetera en el bolsillo trasero de
los pantalones. Fuerzo mis ojos a no detenerme en él, o en la forma en que
su ropa se aferra a su musculoso cuerpo.

Oh, en esa camisa desteñida.

—Créeme, no quieres ver mis alas —dice, caminando a mi lado, por


la carretera pavimentada.
—¿Por qué no? —pregunto mientras lo sigo, sacando un macaron de
pistacho de la bolsa que llevo. Hicimos una parada en Douglas Café justo
antes de esto.

—Algo que debes saber sobre los fae —dice por encima de su hombro
—, la única vez que salen nuestras alas es cuando queremos pelear o follar.

Teniendo en cuenta la frecuencia y la profundidad de las


descripciones de mis libros de texto de las alas de las hadas, esas perras
deben estar perdiendo sus papeles todo el tiempo.

Pero no Des, al parecer. Nunca he visto sus alas. Ni una vez. Las
buenas noticias: hasta ahora no ha querido matarme. Las malas noticias:
tampoco ha querido sacudir mi mundo.

Maldita sea.

Lo alcanzo.

—Eres un hada inusualmente bien educado —le digo, dando un


mordisco al macarrón.

Dulce bebé Jesús, esta pasta está muy buena.

Levanta una ceja, sus ojos se dirigen a mi boca mientras consumo la


galleta.

—No siempre. Dame algunas bebidas y soy una pesadilla.

—Unas bebidas, ¿eh? —le digo, quitando el polvo a las migajas que
se escurren por mi pecho.

¿Eso es todo lo que se necesita? Él y yo hemos bebido juntos...

Él debe ver mi interés.

—Querubín, cogerme borracho nunca va a suceder.


Nuestra conversación se trunca cuando nos acercamos a una casa
de aspecto modesto, la pintura de este especialmente desvanecida.

Des toca la puerta.

—Ves, bien educado para un hada —le digo a su lado.

Me da una larga mirada herida pero no responde.

Cuando nadie responde a la puerta, Des toca de nuevo.

Y nuevamente, nadie responde.

—Jodido idiota —murmura, retrocediendo.

—No creo que nadie esté en...

Des levanta una bota y patea la puerta para sacarla de sus bisagras,
la fuerza hace que el metal cruja.

Mis ojos se abren ante la conmoción cuando la puerta se estrella.

Des parece la Muerte viniendo a recoger un alma nueva cuando se


endereza, quitándose trozos de madera de sí mismo.

—Quédate aquí, querubín.

Mi corazón está en mi garganta, pero hago lo que me pide.

El Negociador entra a zancadas, las sombras de la noche se adhieren


a él como hilillo de humo.

Desaparece por el pasillo.

Cada segundo de silencio es agonizante. Como otro macarrón para


distraerme, pero sabe a aserrín. De repente, me siento como una tonta,
sosteniendo mi bolsa de macarrones, esperando que este rey fae asesino
haga quién sabe qué con la pobre alma que vive aquí.
No debería estar aquí. Las buenas chicas no hacen esto. Y chicas
malas... bueno, no soy una de esas ¿verdad?

Has matado a un hombre. Eres peor que una mala chica.

Un chillido suena desde algún lugar dentro de la casa,


sobresaltándome lo suficiente como para dejar caer mi bolsa de galletas.

—¡Por favor, no me lastimes! —suplica el hombre dentro de la casa.

Cuando Des regresa a lo que queda de la puerta de entrada, arrastra


a un hombre por el cuello. Las sombras que se adhieren a su cuerpo se
han profundizado. Miro intencionadamente su espalda.

Todavía no hay alas.

—Solo por ser difícil, pagarás intereses —dice el Negociador,


arrastrándolo por los escalones de la entrada y hacia el césped del hombre.

—Por favor, por favor, pagaré, solo dame una semana.

—No quiero tu pago en una semana, lo quiero ahora. —Arroja al


hombre sobre la hierba.

Sobre su hombro, el Negociador me dice:

—Recoge tu bolsa, querubín. Es de mala educación ensuciar.

—Lo dice el hombre que acaba de destruir una puerta —murmuro


mientras agarro la bolsa, mi mirada fija en lo que está sucediendo en
frente a mí.

El Negociador me lanza una sonrisa.

—Eso no es ensuciar, eso es B&E 4. —Hace una pausa, y escucho


una serie de gruñidos extraños detrás de mí—. Y ahora es solo E.

Sin mirar, sé que ha arreglado la puerta.

4
Breaking and Entering; que significa allanamiento de morada.
—Presumido —digo, el comienzo de una sonrisa formándose en mis
labios.

Por segunda vez esta noche, los ojos del Negociador se dirigen a mi
boca.

Más allá de él, su cliente tiembla en el suelo, su mirada se encuentra


con la mía.

—Por favor, ayúdeme —suplica.

Todo el humor se desvanece de la cara de Des mientras gira.

El Negociador se me acerca y juro que la noche se oscurece.

—No deberías haber hecho eso. —Un trueno retumba en la


distancia.

Des se planta ante el hombre tembloroso, que ahora se está


arrastrando como un cangrejo lejos de él. El negociador pone una bota en
su pecho.

—Dame el nombre —exige Des.

—Yo... no sé de lo que estás hablando.

Des evalúa al hombre durante varios segundos, luego asiente.

—Está bien, Stan. Levántate.

No te levantes, Stan, tonto.

Pero Stan el tonto se levanta, una chispa de esperanza incrédula en


sus ojos. Como si el Negociador liberara a un hombre de sus deudas.

—Vamos…. —Des mueve su cabeza hacia un auto destartalado


estacionado frente a la casa—, entra.

Ahora Stan duda, confundido.


El Negociador ya está caminando hacia él.

—Llaves —exige.

Cuando Stan no las entrega, flotan fuera de su bolsillo por su propia


cuenta. Des las atrapa en el aire.

Golpea el capó del vehículo.

—Entra. Ahora.

—¿Qué estás haciendo? —exige Stan. Puedo ver el blanco de sus


ojos.

—Vamos a visitar el Otro Mundo. —Des desbloquea la puerta del


lado del conductor—. Y una vez que lleguemos allí, te alimentaré con los
hijos de puta más temibles que conozco.

Eso es suficiente para romper al poderoso Stan. El hombre comienza


a gimotear incluso cuando entra en la parte trasera del automóvil, y su
miedo es el sonido más lastimoso del mundo. Le hago una mueca. Es
como si no hubiera sabido que este día llegaría cuando le adquirió un favor
al Negociador.

Cuando los ojos de Des caen sobre mí, se suavizan.

—Disculpa, querubín, por las emociones de nuestra noche. Te dejaré


en tu dormitorio. Entra.

Me dirijo al auto y me deslizo en el asiento delantero del pasajero, el


interior huele a humo rancio de cigarrillo.

Más suplicas vienen de la parte trasera.

—Por favor, no entiendes —dice Stan, inclinándose hacia adelante—.


tengo una familia.
—Tienes una ex novia y dos hijos a los que no les dedicas tiempo ni
dinero. Confía en mí, están mejor sin ti. —El Negociador se detiene en el
camino oscuro.

—No quiero morir. —Stan comienza a llorar.

—Entonces dime lo que necesito saber —dice Des.

—No entiendes —Stan se queja—, él hará cosas peores que


matarme.

Una vez más, la oscuridad se expande alrededor de Des.

—Sabes quién soy, Stan —dice el Negociador, con voz gélida—. Mi


reputación me precede. Entonces has oído hablar lo que les sucedió a los
clientes anteriores que han intentado estafarme.

Más sollozos.

—Y pagaron —dice Des, su voz ominosa—. Antes de morir, pagaron.

Oh, mierda.

Stan llora más fuerte, y cuando lo miro por encima del hombro, se
ha formado una burbuja de moco en una de sus fosas nasales.

Eso está tan mal.

—Por favor —suplica, más suave—, por favor. Tengo... tengo una
familia. Yo tengo…

Tal vez es la burbuja de mocos, tal vez es el hecho de que un hombre


adulto es cobarde, y tal vez es que tengo que sentarme en un coche
maloliente y por lo tanto no puedo comer mis macarrones en paz, pero este
hombre está arruinando toda mi noche siendo difícil.

Suelto la sirena, un suave resplandor se precipitasobre mi piel


mientras giro mi cuerpo para enfrentar a Stan.

—Querubín… —advierte Des.


Demasiado tarde.

—Cumple tu juramento con el Negociador y cuéntale lo que necesita


escuchar —le digo, echándole glamour al cliente del Negociador—. Ahora.

Stan pasa unos buenos segundos luchando contra su boca, pero lo


traiciona. Comienza a llorar incluso cuando dice:

—Lo llaman Ladrón de Almas. No sé su nombre real, o el nombre de


las personas que hacen su trabajo sucio.

A mi lado, la boca del Negociador es una fina línea cabreada.

—Tiene muchos cuerpos y ninguno en absoluto... —Su voz se apaga


en sollozos. En algún lugar allí lo escucho murmurar—: Perra.

Des golpea los frenos y el carro patina hasta detenerse. Un momento


después, sale del auto y arrastra a Stan por el cabello. Arrastra al hombre
en la oscuridad, y puedo decir que se cubrió a sí mismo en las sombras
como la noche misma.

Escucho a Stan chillar, y el sonido carnoso de piel golpeando piel.


Entonces eso también se vuelve distante. Finalmente, hay silencio. Varios
minutos pasan así, y estoy medio convencida de que el Negociador se
olvidó de mí.

Pero luego, aparentemente de la nada, Des aterriza a doce pies de


distancia del lado del pasajero del automóvil, frotándose los nudillos.

—¡Volaste! —digo, asombrada. También hizo Dios sabe qué a Stan,


pero no me voy a detener en eso.

El Negociador no lo mataría. ¿Verdad?

Des no responde a mis palabras, y solo cuando se acerca me doy


cuenta de que está cabreado.

Abre mi puerta y me saca, manteniéndome cerca.


—No vuelvas a hacer eso nunca más, querubín. —Su pecho está
agitado—. Nunca más.

¿El glamour?

—Pero te ayudé —le digo.

Aprieta mis brazos, un músculo se refleja en su mejilla.

—Pones un blanco en tu jodida espalda.

Aún no lo entiendo.

—Hice lo mismo en Venecia.

—Lo cual también fue problemático —dice—, pero esto es diferente.


Hiciste hablar a un hombre que estaba dispuesto a morir por su silencio.
—Deja que eso quede en el aire.

Estaba dispuesto a morir por su silencio.

Una astilla de miedo florece. No he tomado en serio los tratos de


Des. La prueba corre por mi muñeca. Para mí siempre se sintieron como
juegos. Macabros juegos violentos, pero juegos nada más.

Y los juegos no son reales.

Pero esto es real, y debido a que interferí, podría haber arruinado la


vida de alguien, bueno, la arruiné más de lo que ya era.

Des aprieta su mandíbula.

—¿Cuántas chicas pueden usar glamour en alguien? Solo piensa en


eso por un segundo.

No lo sé.

Se inclina más cerca.


—Muy pocas. —Sus ojos se entrecierran—. ¿Sabes lo que sucede si
alguien viene detrás de ese hombre? ¿Si ese alguien no quería que Stan
hablara en primer lugar? Lo van a torturar y ¿qué lealtad tiene Stan
contigo? Va a cantar tan pronto como pueda, y entonces, quien sea que él
haya tenido tanto miedo irá tras de ti.

Jesús.

—Puedo hacerlo olvidar —digo, alzando mi voz—. Solo tráelo de


vuelta a mí. —Miro por encima del hombro de Des y a la oscuridad.

—Hacer que olvide no cambiará la situación —dice el Negociador—.


Si la persona equivocada estuviera lo suficientemente interesada, podrían
sentir tu glamour incluso sin la ayuda de la memoria de Stan. Y luego
podrían rastrearlo hasta ti.

Siento las náuseas acercándose. No solo en mi nombre, sino también


porque mi intromisión podría haber molestado a Stan y Des también.

El truco de todo es que pensé que el Negociador estaría


impresionado, incluso orgulloso. He probado que soy útil.

Dejo escapar un suspiro tembloroso.

—Lo siento —digo en voz baja.

Los ojos de Des buscan los míos, y poco a poco su enojo se evapora.
Me atrae hacia él, envolviendo sus brazos a mí alrededor.

—No es tu culpa —dice, desanimado—. Nunca debería haberte


traído. Fui un tonto al dejar que me convencieras en primer lugar.

Me pongo rígida debajo de él. Tan jodido como suena, me gusta venir
con él.

—Quiero seguir viniendo contigo —digo.

—Lo sé, querubín. Pero ninguno de nosotros puede vivir así.


Sus palabras hacen que mi corazón palpite más fuerte, aunque no
estoy segura si siento miedo o emoción. Supongo que todo depende de sus
razones.

—¿Como qué? —pregunto.

Solo me aprieta más fuerte.

—Nada. Olvida que lo mencioné.

Presente

D espierto cerca del anochecer. Una larga pierna ha sido


arrojada sobre la mía y un brazo está envuelto alrededor de
mi cintura.
Des.

En algún momento durante la última película de Harry Potter me


dormí en sus brazos, mi cuerpo pegado al suyo. Y desde entonces, he
estado apretada fuertemente contra su pecho, su cuerpo casi enjaulando
el mío.

Aun llevo mi ropa, al igual que él, y sin embargo algo sobre esto se
siente increíblemente íntimo.

Me froto los ojos, observando atontada la habitación. Las sombras de


Des acechan en cada esquina, con solo verlas me siento… segura.
Empiezo a moverme, solo para que el agarre de Des sobre mí se
afiance, llevándome incluso más cerca. Dejo salir un pequeño quejido.
Estoy sobre un hombre de peluche súper desarrollado por el momento.

El Negociador se estira, acariciándome la nuca.

—¿Estás despierta? —pregunta, su voz áspera por el sueño.

En vez de contestar, inclino mi cabeza y lo miro a los ojos. Se ha ido


el borde calculador en ellos, se ha ido su perspicacia. Se han ido los
escudos que esconde detrás. Ahora mismo solo es un hombre feliz y
cansado.

Se estira y frota un pulgar sobre mi labio inferior.

—Te mentí antes, querubín, el sueño se convierte en ti.

Siento mi rostro calentarse. No sé cómo ve mi reacción en la


oscuridad, pero sus ojos se mueven a mis mejillas.

—Al igual que el sonrojo.

Tentativamente, estiro una mano y la froto a través de los mechones


blancos de Des.

—Cuéntame otro secreto —digo.

Su boca se tuerce.

—Le das un secreto a una sirena… y ella te pide otro.


—Tienes tantos —digo—. No seas un Grinch.
Deja salir un largo y sufrido suspiro, pero el efecto está arruinado
por la sonrisa esparciéndose a través de sus labios.

Se inclina cerca.

—No iba a decirte esto, pero si quieres un secreto…

Espero.

—Babeaste sobre mi pecho durante la segunda película —confiesa—.


Siendo honesto, pensé que estabas llorando de nuevo.

Lo empujo, riéndome a pesar de mi misma.

—¡No es a eso a lo que me refería cuando te pedí un secreto!

Rueda sobre su espalda, enganchando un brazo alrededor de mi


cintura y llevándome con él. Y ahora también está comenzando a reír.

—No hago las reglas, querubín, solo las doblo.

Me pongo a ahorcajadas encima de él, inclinándome cerca.

—Debería ser una excepción. —Ni siquiera sé que me hace decirlo,


pero es demasiado tarde para retractarme.
Espero que Des alce una ceja y gire mis palabras con esa lengua
plateada suya. En vez de eso, su rostro se serena, su expresión volviéndose
sería.

—Lo eres. —Sus ojos caen a mi boca, sus dedos presionando mi piel.

La mayoría del tiempo este hombre me deja confundida. Pero ahora


mismo. Ahora mismo él y yo estamos en la misma página.

Lentamente, bajo mi cabeza, y presiono mi boca a la suya.

¿Qué es mejor que despertar con Des en la mañana? Besar a Des en


la mañana.

Mis labios rebotan sobre los suyos, saboreando su sabor. Me lleva


más cerca, haciendo sonidos guturales mientras profundiza el beso,
trabajando su lengua en mi boca.

Esto se siente como negocios por terminar. Ambos somos la


tormenta en el horizonte, pero ahora, finalmente, esa tormenta está
llegando.

Me muevo contra él, queriendo más, impaciente por ello.

—Callie —dice, su voz tensa—, no podemos hacer eso, amor.

Ahí está de nuevo. Amor.

—Dilo de nuevo.

—¿Amor?

Asiento, presionándome aún más contra él.

—Me gusta el cariño. —Me muevo contra él de nuevo a pesar de sus


advertencias.

Hace un sonido de dolor.

—A mí también —dice sin aliento.

Deslizando una mano entre ambos, desabotono sus pantalones y


meto una mano.
—En serio me encanta.
Des sisea un respiro.
—Cuidado —advierte contra mis labios. Sus ojos dicen algo
completamente diferente. Me retan seguir adelante.

Me aparto de su boca.

—¿Qué si no quiero ser cuidadosa? —digo, agarrándolo. Mi


respiración se profundiza ante la sensación de él. Nunca antes he hecho
esto con él. Se siente más correcto que nuestro beso.
—¿Qué si no quiero que tú seas cuidadoso? —puntualizo mis palabras
moviendo mi mano de arriba abajo. De arriba abajo.

Él se mece contra mí.

Me inclino cerca.

—El duro Negociador no es tan duro después de todo.

—Callie…

—Amor —corrijo, la sirena comienza a emanar en mis palabras.


—Amor —dice—, estaba planeando esto… de otra… forma…
—Qué mal —digo.

—Mujer malvada —dice, su voz curvándose en una sonrisa.

Estoy tentada de llevarlo al borde, solo para parar. Eso es lo que la


sirena quiere. Disfrutar su lujuria, y luego hacerlo sufrir.

Pero una gran parte de mí quiere ver esto hasta el final. Este hombre
que me dejó, pero agonizó por ello. Este amor que parecía celoso de mis ex.
Este rey usualmente pulido va a venirse en sus pantalones porque quiero
que se desmorone bajo mi toque.

Lo miro con asombro, mis párpados flojos. Sus altos pómulos son
aún más agudos en este ángulo, sus astutos ojos se centran en mi rostro
mientras sus manos me aprietan los muslos.
—Demasiado bien, Callie…

Muevo mi mano más rápido.

Sisea otro aliento, sus manos moviéndose sobre mí como si trataran


de encontrar exactamente lo que quieren tocar pero no pueden decidirse.
Eventualmente, se asientan en mis caderas.
Trabajo en él, sintiendo su cuerpo tensarse debajo de mí.
—Me voy a venir… —gime.

Me inclino y lo beso mientras se viene contra mí, una y otra vez. Sus
dedos tensándose contra mi carne, tratando de acercarme más.

Sonrío contra su boca cuando finalmente se relaja.

Respira pesadamente contra mí, recostando su frente contra la mía.

—¿Quieres saber un verdadero secreto? —dice con voz rasposa.

Asiento contra él.

—Quiero despertar contigo cada mañana.

Esta vez cuando nos dirigimos al Otro mundo, conozco la sensación.

Cruzamos, llegando a otro lugar de fae en ruinas —este es una


piedra circular hecha de estatua tras estatua de solemnes hombres y
mujeres faes—antes que Des nos lleve a su palacio.

Me sostiene cerca, y lo atrapo más de una vez mirándome de forma


vulnerable. Como si quisiera más de mí.

Nunca le di chance antes. Después de venirse, me escabullí de la


cama.

¿Por qué corrí? Quizás porque estaba asustada de lo que le hice a


nuestra relación. Y quizás porque quería darle algo con lo que se
obsesionara, de la misma forma que yo me he obsesionado con su
confesión de anoche.

Solo que, ahora estoy empezando a obsesionarme con la de esta


mañana. Con cada mirada de calor que me da y cada promesa silenciosa
en sus ojos de que va a terminar con lo que empecé.
El rey fae está hambriento, y está acostumbrado a obtener lo que
quiere.

Trato de enfocarme en la tarea a realizar —visitar a las guerreras


dormidas—pero no sirve de nada. Soy más consciente del Negociador que
nunca.

Salimos de las nubes, y una vez más logro pescar un vistazo de esa
magnífica cuidad suya.
—¿Cómo se llama? —pregunto, asintiendo hacia la ciudad flotante
del Negociador.

—Somnia —responde, su respiración me hace cosquillas en la oreja


—. La tierra del sueño y la pequeña muerte. La capital de mi reino.

La tierra del sueño y la pequeña muerte. Eso suena oscuro y


mágico… lo cual es Des en pocas palabras.
Gira bruscamente hacia la izquierda, dando vueltas alrededor de la
ciudad cuando comenzamos a descender. La gente se arrastra hacia sus
terrazas y hacia las calles para ver cómo aterrizamos. Más se reúnen fuera
de las puertas en frente del castillo.

—La próxima gran cuidad —continua el Negociador—, es Barbos,


luego Lephys, luego Phyllia y Memnos, ciudades hermanas conectadas por
un puente. Arestys es la más pequeña, la más pobre… —Su expresión se
oscurece.

—¿Todas son ciudades flotantes? —pregunto.

—Sí.

—Quiero verlas.

¿Qué estoy diciendo? ¿Seguramente eso no salió de mi boca? Lo


último que quiero es pasar más tiempo en el Otro Mundo.

Des baja la mirada hacia mí.

—…Empezando con Arestys —agrego sin aliento.


En serio, Callie, perra loca, deja de hablar.
Pero no puedo, no cuando me está mirando así.
—Entonces te llevaré a todas —dice, sus ojos plateados destellando
como si no puede obtener suficiente de mis palabras.

También podría haber clavado el último clavo en mi ataúd.


Solo tenías que abrir tu boca…
Des se eleva sobre el frente del castillo, y a diferencia de la gran
entrada que hicimos la última vez, aterrizamos suavemente en una de las
terrazas traseras del palacio. Me coloca en el suelo antes de que
desaparezcan sus alas.
—¿Sin entradas lujosas esta vez? —pregunto.

—Esta noche no quería compartirte. —Sus alas brillan fuera de


existencia mientras habla.

Justo cuando desaparecen sus alas, su simple anillo de bronce se


materializa. Debajo de la camiseta negra que lleva puesta, veo aparecer
también la más baja de las tres bandas de guerra de bronce.

Sonrío ante la vista de él, mi retorcido rey, con su deshilachada


camisa y su sencilla corona. En este momento no se ve fae ni humano.
Parece algo mejor que cualquiera de los dos.

Casualmente, toma mi mano y me lleva dentro del palacio. Nos


dirigimos por un amplio pasillo y a través de un cuarto lleno de espadas y
cetros en exhibición.

Los fae que pasamos no le echan un vistazo al atuendo de Des,


aunque ellos mismos usan vestidos bordados, túnicas y trajes con
elegantes botones y abalorios.
Lo que si hacen sus súbditos es mirarme. A mí y mi mano, entrelazada
con la del rey. Cuando los atrapo viéndome, se inclinan, murmurando Su
Majestad mientras pasamos.
Estoy ansiosa por liberar mi mano, solo para que paren de mirarme.
Des, por su parte, no se inmuta por nada de eso.

Me lleva fuera del palacio, por una pasarela arqueada suspendida


que conecta dos de las torres del castillo, y tengo un momento para
disfrutar de la arquitectura de barrido de este lugar. El palacio se
encuentra en el punto más alto de Somnia, el resto de los edificios caen
por todos lados.
Desde aquí el mundo parece estar hecho de miles y miles de estrellas
cada una más brillante que la otra. Debajo de nosotros, niveles y niveles
de casa de piedra blanca salpican la tierra, algunos incluso arrastrando
por los abismos cortados en la ciudad. Le da un nuevo significado al
término fae bajo la montaña.
Una vez más estoy impactada por cuan mágica, cuan imposible, es
este lugar. La cuidad de sueños y muertes pequeñas luce como algo salido
de un sueño. Algo que estoy segura de lo que me despertaré.
Ambos entramos a otra torre, dejando el cielo nocturno una vez más.
Des nos lleva por varios pasillos más hasta que, finalmente, nos
detenemos frente a una puerta de bronce martillado, con la parte superior
curvada como un arco marroquí, y me hace entrar.

Tan pronto como doy un paso dentro, me doy cuenta dónde estamos.
Los aposentos del Rey.

Debería haber sabido solo por la puerta que nos dirigíamos hacia
allí, pero supuse erróneamente que el Negociador me estaba llevando
directo a ver a las mujeres dormidas.
Una sala de espera adicional se expande ante mí, y más allá de ella,
un largo balcón. A la izquierda vislumbro los muebles del dormitorio. A la
derecha hay algo así como un comedor. Lámparas de bronce cubren las
paredes, esos mismos destellos de luz que vi la última visita flotando
dentro de cada caja de vidrio.

Cuando me giro para mirar a Des, las sombras se han curvado más
cerca de él. Detrás de sus hombros, sus alas dobladas se mueven
inquietas, como si no pudieran acomodarse. Han estado fuera desde que
aterrizamos.

El hambre en sus ojos…

Agarra mi mano y besa mis nudillos.

—¿Verdad o reto? —susurra. Tiene pensamientos carnales en su


mente desde esa pequeña y práctica llamada de atención que le di esta
mañana.

… y yo también.

—Reto.

Sus fosas nasales se expanden.

Un segundo está frente a mí, y al siguiente estoy envuelta en sus


brazos, sus labios calientes sobre los míos. Me lleva a través de sus
cámaras a su habitación, besándome todo el camino.
De las lámparas que cuelgan del alto techo, un pequeño estallido de
luz brota en cada una. En el otro extremo de la habitación, una hilera de
ventanas con ese distintivo arco marroquí rodea un conjunto de puertas
dobles que conducen al balcón.
El Negociador me tiende en una gran cama con una cabecera de
bronce martillado, sus ojos brillando en la luz. No me sigue en el colchón,
eligiendo en su lugar pararse a los pies de la cama y mirarme.
Cae sobre sus rodillas, una mano acariciando mi pierna, algo de su
cabello rubio blanco deslizándose sobre su cara.
No, quiero ver su expresión. Me levanto y lo alcanzo, apartando el pelo de
su cara.
Él se inclina hacia el toque.
Ambas manos se envuelven alrededor de mis piernas.
—Una vez que comienza el reembolso, la magia toma una vida
propia, Callie. ¿Todavía quieres mi reto?
A juzgar por dónde estamos, cómo Des me está tocando, y el calor en
sus ojos, sé que esto va a ser algo físico.
Debería decir no. Debería protegerme de más enredos emocionales
con este hombre. Pero después de la pasada noche y esta mañana, he
decidido probar una nueva táctica. Una donde soy valiente con mi corazón.
—Sí.
El triunfo se enciende en sus ojos. Empuja mi pecho hacia abajo. Ya
puedo sentir la magia enrollándose a nuestro alrededor, esperando,
esperando. A diferencia de la mayoría de las otras veces cuando lo siento
acercarse a mí, ahora el poder del Negociador es cálido, agradable, como si
estuviera ahí solo para agregarse a la experiencia.
Las manos regresan a mis pantorrillas, me lleva al borde de la cama,
mis piernas colgando del colchón, el vestido de raso que me puse esta
mañana ahora de excursión casi alrededor de mi cintura. Las manos de
Des se deslizan sobre mis rodillas, y a lo largo del interior de mis muslos.
Jadeo cuando sus dedos rozan las bragas de encaje que llevo
puestas.
La respiración de Des se traba mientras levanta mi vestido, dando
una buena mirada a mi lencería.
—Como había imaginado… —murmura, sus ojos recorriéndome—, y
nunca te hizo justicia.
¿Imaginó esto?
Enganchando sus dedos alrededor de los bordes del encaje, me quita
las bragas, descubriéndome pulgada a pulgada.
Bajo mi creciente deseo, estoy asustada.
El destino es demasiado cruel para darte algo más que una probada
de lo que quieres. Temo que esta sea mi probada.
—Querubín —dice Des, tirando mis bragas a un lado. Mira a mi
núcleo, hipnotizado—, voy a hacerte sentir bien. Muy, muy bien.
Subiendo mi vestido aún más, sus labios comienzan a besar la piel
justo debajo de mi vientre.
—Des… —Mi corazón va a salirse de mi pecho.
Lamo mis labios, mi garganta está seca.
Des pasa un dedo por mi núcleo. Jadeo en sorpresa, mi piel
empezando a brillar.
Lo hace de nuevo, y ahora mis caderas se mueven. Un sonido bajo
viene de Des.
Un dedo se hunde en mí, y mi mente se queda completamente en
blanco.
Desliza otro dedo y dejo escapar un gemido bajo.
—Eso es, Callie.
—Des. —Necesito más. Mucho más.
Saca sus dedos y, mientras lo miro, los lame uno a uno.
Eso es tan sucio. Y Señor, ayúdame, estoy excitada por ello.
Él suelta un gemido.
—Mejor de lo que imaginaba.
Engancha una de mis piernas sobre su hombro, luego la otra,
abriéndome a él. Todo es muy indecente. Los ojos del Negociador se
mueven desde mi centro hacia mis ojos.
—Advertencia justa: no pararé hasta que te corras. —Y luego se
inclina.
Al primer toque de su boca, aspiro. Va ser demasiado, puedo decirlo
ya.
Lame mis labios interiores, pellizcando aquí y allá, provocándome.
Pronto estoy haciendo sonidos de los que no estoy orgullosa. No sé qué
hacer con mis manos, así que las giro en las sábanas.
—Mi querubín. Tan dulce, tan receptiva —dice entre besos, su voz
áspera.
Jesús, este hombre no estaba mintiendo cuando dijo que era el
señor supremo —o rey, lo que fuera—del sexo oral. ¿Alguna vez se sintió tan
bien el sexo oral?
Esa es una pregunta retórica. La respuesta en no. Y ni siquiera ha
llegado a mi clítoris.
Juega conmigo, y no me importa porque el Negociador está entre mis
piernas y no va a parar hasta que me corra.
Pero entonces deja de jugar conmigo, y de repente, va en serio. Su
lengua se mueve sobre mi clítoris, una y otra vez.
Oh Dios.
Demasiado. Demasiado. Mis caderas se mueven por sí solas, mi
cuerpo brilla más que esas bengalas colgando por toda la habitación. No
puedo soportarlo.
Intento arrastrarme hacia atrás, lejos de su boca, jadeando.
—Ah, ah, querubín —dice, arrastrándome de vuelta—, no vas a
ningún lado. No hasta que termine contigo.
No me liberará. No me va a soltar, y me estoy resistiendo contra él.
Suelto un sollozo estrangulado.
—Des, por favor. —Hay demasiada sensación ahí abajo, y está
construyendo. Construyendo, construyendo, construyendo.
—Córrete para mí. —Ahora está chupando mi clítoris.
Imposible pensar a través de esto.
—Des. —Mi cuerpo es solo un manojo de nervios, todos tensos. No
puedo escapar, y no puedo soportar mucho más de esto. Estoy al borde, y
con cada golpe de su lengua…
—Córrete.
…comienzo a caer.
—Oh Dios mío, Des. —La sirena entra en mi voz.
Miro fijamente al hermoso techo, mi visión se va desenfocando,
mientras mi orgasmo azota mi cuerpo, durando más y brillando más que
cualquier otro que haya tenido.
Cuando me recupero, el Negociador está besando mis muslos, su
toque sigue siendo privado. Mis piernas caen sobre sus hombros, y las
agarra cerrándolas suavemente y bajando mi vestido.
Me toma en sus brazos y nos lleva a la cabecera de su cama.
Lo miro son asombro.
—Eso fue… —Increíble. Alucinante. Sensacional.
—Un orgasmo duradero —termina por mí.
Des acaricia mi cabello hacia atrás, sus ojos llenos de anhelo. Mi
corazón se aprieta ante esta vista. Se inclina para besarme y me saboreo
en sus labios. Es vulgar y excitante, y mi piel atenuada se vuelve a
iluminar.
Sus dedos recorren mi brazo.
Lo miro fijamente, intentando como una idiota no pensar en el hecho
de que fue Des el que vino a por mí. Este hermoso hombre que siempre
había estado tan fuera de alcance tomó una cuenta solo para poder darme
un orgasmo.
El mundo está completamente al revés… y no quiero que se
enderece.
—¿En qué estás pensando? —pregunto.
—En mucho, querubín.
Toco las bandas de guerra de bronce que rodean su brazo.
—Te he imaginado en mi cama mil veces —continúa, su mirada fija
en mí.
Este momento es surrealista para mí.
—¿Mil veces? —No sé qué hacer con la sensación de mareo y
aturdimiento que rueda a través de mí. Está en algún lugar entre la
euforia y la adulación, y esperanza tan aguda que duele. Una vez más,
tengo miedo: de él, de nosotros. De tener todo lo que siempre quise a mi
alcance, solo para que se deslice entre mis dedos. Porque se deslizará
entre mis dedos. Esa es simplemente la naturaleza de las cosas.
Presiona sus labios cerca de mi oreja.
—¿Quieres saber una verdad mía?
—Siempre —digo, girando la cabeza para enfrentarlo mejor.
Toma mi mano y la presiona contra su pecho. Debajo de mi palma,
siento el latido de su corazón acelerarse.
Mis ojos se mueven desde su pecho a su cara.
—Lo hace cada vez que estoy cerca de ti —dice.

Me paro en su balcón, mirando el cielo nocturno. Una vez que


recuperé el uso de todas mis extremidades, exploré las habitaciones de
Des, terminando aquí.
Observo todos esos pálidos edificios y jardines que se extienden
desde el castillo.
El Negociador reina sobre todo esto.
Sobre todo esto y más.
Des sale al balcón.
—La mayor parte del tiempo olvido que eres un rey —digo.
—Me alegro —dice, viniendo detrás de mí. Apoya sus brazos en la
barandilla, enjaulándome—. No quiero que pienses en mí como un rey.
Quiero que pienses en mí como un hombre.
Lo entiendo. Las etiquetas pueden ser peligrosas, incluso cuando
son aparentemente deseables.
—Quiero saber sobre este lado tuyo —digo.
Quiero saber cómo llegó al poder. Cuántos años ha estado
gobernando. Quiero saber si tomó decisiones por sí mismo, o si tenía un
comité de asesores de confianza. Quiero saber todas las cosas aburridas y
tontas que acompañaban a su posición porque simplemente quiero saber
más sobre él.
Presiona un beso en mi hombro.
—Un día, querubín, te lo contaré —dice.
Me vuelvo hacia Des, mirando la piel que acaba de besar. Veo los
intrincados tatuajes que corren a lo largo del brazo izquierdo de Des y
comienzo a trazarlos.
Debajo de mis dedos, lo siento temblar.
—¿Dónde conseguiste estos? —pregunto.
—Esa también es una historia para otro momento.
Des y sus secretos. Siempre sus secretos.
Suspiro, devolviendo mi atención a su reino.
Los dos nos quedamos así de pie durante mucho tiempo, sin hablar.
—¿Quieres saber un secreto? —pregunta el Negociador.
Esto debe de ser un premio de consolación; no estoy segura de
quién es Desmond el rey, o sobre la tinta que mancha su brazo, pero me
dará un secreto; olvida que eso podría no tener nada que ver con nada.
—Sí —exhalo. Soy lo suficientemente patética para tomar lo que
puedo conseguir.
Envuelve un brazo alrededor de mi cintura, presionando mi espalda
contra su pecho.
—El Reino Nocturno es el reino más fuerte del Otro Mundo. Dile eso
a un fae de cualquier otro reino, y discutirá contigo. Pero es verdad.
Señala sobre mi hombro hacia el cielo.
—Dime, ¿qué ves ahí?
Sigo su dedo, mirando hacia el cielo nocturno. Brilla con miles y
miles de estrellas, cada una más brillante que cualquiera que haya visto
en la tierra.
—Estrellas —digo.
—¿Eso es todo lo que ves? —pregunta.
—Aparte de la noche, sí.
—La noche —repite, su pulgar acariciando la piel de mi estómago a
través de la tela de mi vestido—. Esa es precisamente la razón por la cual
subestiman mi reino. Nadie ve la oscuridad, y sin embargo, está en todas
partes. Estamos rodeados por todo un universo de ella. Vino antes que
nosotros, vivirá mucho después de nosotros. Incluso las estrellas podrían
formarse y después morir, pero la oscuridad siempre estará allí. También
es por eso que el Reino Nocturno es considerado el más romántico de los
reinos. No solo los amantes se encuentran bajo el manto de la oscuridad,
la oscuridad es la más eterna de las cosas. Declarar tu amor hasta el final
de la noche es el más sagrado e imperecedero de los votos. —Más
tranquilamente agrega—: Es el juramento que haré cuando me una a mi
reina.
Herida de cuchillo en el intestino.
No quiero escuchar sobre la futura reina de Desmond, ni sobre las
alas de lo que hemos hecho juntos. Después de todo, no es como si me
estuviera haciendo la propuesta a mí.
Me avergüenza que incluso me importe. No debería, pero es como si
no pudiera evitar abrirme a él.
—Chica afortunada —digo, alejándome de la pared, y de él junto con
ella.

Siento los ojos de Des sobre mí mientras cruzo su habitación.


—No —corrige—, ella no será la afortunada. Yo lo seré.
Capítulo 19
Traducido por Vale

Abril, siete años atrás

E
sto no puede durar.

Estoy recostada en los brazos del Negociador, mis ojos


cerrándose mientras me acaricia el pelo. Lucho contra el
sueño, no queriéndome perder un momento de esto.

Desde que me desperté de esa pesadilla, mi ventana en pedazos y


Des dentro de mi habitación, se ha quedado conmigo cada noche hasta
que me he dormido. Tal vez incluso por más tiempo.

Su cuerpo se siente como si estuviera hecho para mí, cada pendiente


y ranura suya encaja en las mías como piezas de rompecabezas. Pero es
más que solo la forma en la que encajo contra él, es la forma en la que
huele, un olor que no tiene nombre, y la forma en que su brazo se enrosca
alrededor de mi espalda.

Justo en la base de mi estómago hay una sensación de idoneidad al


estar en sus brazos como si este fuera el único lugar al que realmente
pertenezco.

¿Lo siente también? ¿O simplemente estoy inventando cuentos de


hadas a partir de humo y sombras?
Estas son preguntas a las que vuelvo a menudo.

Mis párpados bajan, y lucho para mantenerlos abiertos, mi mirada


se mueve al oído del Negociador. Estiro la mano y trazo el borde
puntiagudo de ella.

Orejas fae.

Bajo mi tacto, Des se estremece.


—Las escondes —digo. Juro que la mayoría de las veces se ven
despuntadas, humanas.
—A veces —acepta.

Suavemente, me quita la mano.

Está tranquilo, las luces alrededor de la habitación hace tiempo que


se han ido. Incluso en la oscuridad, puedo sentir las sombras de Des
cubriéndome, y me hacen sentir segura. Antes de él, tenía muchas razones
para temer la noche.
Ahora, la anticipo, porque me lo trae a él.

—Gracias —murmuro.

—¿Por qué, querubín?

—Por todo.

Deja de acariciarme el pelo por un momento. Cuando vuelve a


empezar, juro que siento que su pulgar roza mi sien. La más ligera de las
caricias.
Empiezo a dormirme, así que no sé si imagino las últimas palabras
que exhala en la noche…
—Por ti, nada menos.

Presente

D espués de nuestra conversación, volvemos a trabajar.


Específicamente, a ver a las guerreras durmientes. Si el
Negociador se da cuenta de que estoy distante, no dice nada.

¿Qué se puede decir? ¿Que lo siente? En esto, no tiene la culpa. El


amor no es algo que puedes fingir. Y mientras Des ha sido cariñoso
conmigo, amable y físico, no ha mencionado nada sobre amor.

Yo soy la que no puede ahogar estos sentimientos que han estado


enconándose dentro de mí durante años.

El Negociador me lleva tramo tras tramo de escaleras,


profundamente en las entrañas de su castillo, hasta llegar a un balcón que
debe estar ubicado en uno de los niveles más bajos del palacio. Más allá de
él, la tierra cae lejos y los edificios son terrazas uno encima del otro, todo
el camino hacia abajo en la oscuridad.
Nos acercamos al borde de la barandilla, el aire de la noche vigorosa
azotando mi cabello.

Me inclino sobre ella.


—¿Hacia dónde ahora?

Los brazos de Des se envuelven bruscamente alrededor de mi


cintura.

—¿Qué… —Apenas tengo tiempo para mirar las bandas de músculos


que me agarran y su intrincada manga de tatuajes antes de que salte al
aire, con sus alas con garras en las puntas desplegadas.
Grito mientras mi cuerpo se sacude con él.

Debería haber sabido tan pronto como vi el balcón que íbamos a


volar a alguna parte.

Solamente que, Des ha dejado de aletear sus alas. Ese es el


momento en que me doy cuenta de que no estamos volando hacia arriba.
Estamos cayendo en picada.
Nada puede describir el terror puro de caer a un abismo de cabeza.
El viento me golpea el pelo alrededor de mi cara y me roba el aliento
cuando nos desplomamos. Un número vertiginoso de balcones y jardines
pasan volando, terrazas a lo largo de las paredes de roca interiores de esta
isla extraña. Todo parece una casa de muñecas. Veo secciones
transversales de casas y tiendas, templos y jardines. Y a medida que
caemos, cada nivel se vuelve más y más tenue.

Continuamos hacia abajo, hasta que los edificios están envueltos en


oscuridad. Aquí abajo se siente menos como la ciudad de la noche y más
como un vacío.

Nuestro descenso se reduce y las grandes alas del Negociador se


despliegan sobre mí mientras nos dirige hacia un balcón modesto casi al
fondo del abismo. Los edificios que nos rodean están menos adornados
que los de arriba, y las vides espinosas que serpentean alrededor de los
pasamanos y los pórticos revestidos de columnas parecen casi siniestras.
Tan pronto como aterrizamos, mi cuerpo se balancea en sus brazos
por el torrente de sangre.

Su agarre en mí se aprieta cuando trato de alejarme.


—Date un momento, Callie —dice en voz baja.

Lo hago, sin preocuparme completamente por su abrazo.

Una vez que Des siente que he dejado de balancearme, me libera.

Miro alrededor lo que debe ser uno de los niveles más bajos de la
ciudad. Hace frío aquí, más frío que el aire libre.
—¿Qué es este lugar?

—Bienvenida al distrito industrial de la capital, donde las


exportaciones de Somnia salen y sus importaciones llegan.

Así que la gente no vive aquí per se. Eso es un alivio. Comparado con
el resto de la ciudad, esta zona es un plomazo. Quiero decir, es hermoso,
de una manera espeluznante, pero no es un lugar en el que me gustaría
quedarme.

Miro hacia la puerta simple de madera que conduce adentro desde


nuestro balcón. La inquietud se agita en mi vientre. No puedo detectar la
magia de la misma manera que un fae podría, sin embargo, incluso no
quiero caminar por esa puerta, aunque estoy segura de que es
precisamente lo que vamos a hacer.
Ni un momento más tarde mis sospechas son probadas correctas
cuando Des me conduce hacia la puerta.

—Esta solía ser una instalación de almacenamiento —explica—, al


igual que el resto de los edificios en esta área. Se convirtió en un refugio
temporal para las durmientes cuando nos quedamos sin espacio...

Delante de nosotros la puerta se abre y los dos entramos en un


almacén cavernoso y sin ventanas.

El Negociador asiente con la cabeza a un guardia al otro lado de la


habitación que parece estar vigilando. Sin decir una palabra, el guardia
sale por una puerta lejana, dándonos privacidad.

Echo un vistazo alrededor. Al igual que muchas de las habitaciones


del palacio, alguien utiliza magia para representar el cielo nocturno en el
techo. Pequeños rayos de luz brillan suavemente de los bollos puestos en
la pared, pero hacen muy poco para aliviar la oscuridad que se reúne en
esta habitación.

Eso es todo lo que noto del almacén en sí porque...


Todos esos ataúdes.
Hay cientos de ellos, tal vez miles. Filas y filas de ataúdes de vidrio.
Mis ojos se extienden sobre ellos.

—Tantos —exhalo.

Junto a mí el Negociador frunce el ceño.


—Casi el doble de este número de mujeres siguen desaparecidas solo
de mi reino.
Inhalo un poco de aire. Prácticamente el valor de una ciudad.
Aunque, una ciudad pequeña, pero aún así.

Tales números son impactantes.

Dentro de cada ataúd, vislumbro a las mujeres con las manos


cruzadas sobre el pecho. Tan escalofriante.
—¿Cada una tenía un bebé con ella? —pregunto.

El Negociador asiente, pasando el pulgar por su labio inferior. Esos


labios que estaban encima de mí no hace ni una hora.
Atrapa mi mirada, y cualquiera que sea la apariencia que llevo, hace
que sus fosas nasales se ensanchen.

Tengo que arrancar mi mirada. Realmente no quiero tener un


momento con este hombre mientras estamos dentro de lo que es
esencialmente una morgue.

—¿Dónde están todos los niños? —pregunto. No había más de dos


docenas en la guardería real.

—Están viviendo con su familia restante.

Levanto mis cejas. ¿Cientos de esos niños extraños viven ahora en


casas de fae?

—¿Ha habido quejas? —pregunto.

Des asiente.
—Pero más que eso, ha habido un aumento abrupto en el
infanticidio en los últimos años.

Me toma un segundo conectar realmente los puntos.

Inhalo.
—¿Matan a los niños?

Ve mi expresión horrorizada.
—¿Estás realmente tan sorprendida, querubín? Incluso en la tierra
tenemos una reputación de ser despiadados.

Por supuesto que estoy sorprendida. Los niños son niños. No


importa lo desconcertante que sean, simplemente no los... matas.

—Antes de juzgar a mi gente, debes saber que ha habido casos de


cuidadores que caen en el mismo... sueño que estas mujeres. Y en muchos de
estos casos de infanticidio, estos niños no son las víctimas, son los
perpetradores.
La idea de todo esto me marea. No envidio a Des su trabajo como
rey. No puedo imaginar nada de esto.

—¿Alguno de las sirvientes que trabajan en la guardería ha caído en


este mismo sueño? —pregunto, mirando a través de la habitación.

—Un par —admite, echando una mirada de nuevo sobre los


ataúdes—, los fae. Los seres humanos parecen ser de alguna manera
inmunes, por lo que ahora son los únicos que tienen contacto directo con
los niños dentro del palacio.

Des sacude su barbilla hacia los ataúdes.


—Adelante, querubín, —dice, cambiando de tema—, échales un
vistazo.

Arrastro mi mirada de nuevo por la habitación. Solo la vista de todas


esas mujeres tumbadas tan quietas todavía tiene el vello de mis brazos en
punta.

Cautelosamente, dejo el lado de Des y mis pasos resuenan dentro de


la habitación cavernosa. Camino hacia la fila más cercana de ataúdes, casi
con miedo de bajar la mirada hacia ellos.

El cristal resplandece bajo la iluminación baja, haciendo que los


ataúdes brillen en la oscuridad cercana.

Me acerco a uno de los ataúdes y me obligo a mirar a la mujer. Tiene


el pelo negro como un cuervo y una cara en forma de corazón. Un rostro
dulce, uno que no imaginas estaría en el cuerpo de una guerrera. Sus orejas
puntiagudas se asoman entre sus mechones de pelo.

Trago, mirándola fijamente. La última vez que vi un cuerpo así de


quieto, era el de mi padrastro.
Sangre en mis manos, sangre en mi cabello... nunca ser libre.
Aparto mi mirada de su rostro. Lleva una túnica negra y pantalones
ajustados que se mete en botas de gamuza. Sus manos están dobladas
sobre su pecho, descansando sobre el pomo de una espada colocada sobre
su torso.

Está tan quieta, tan serena, y sin embargo una parte de mí espera
que abra los ojos y use esa espada para liberarse del ataúd.
La visión es tan realista que me obligo a pasar a otra, antes de que
me acobarde y salga prematuramente.

Ésta tiene pelo que parece hilo de plata y está claramente cortado
justo pasado su barbilla. A pesar de su cabello plateado, se ve joven, su
piel suave tensa sobre sus altos pómulos y mandíbula cuadrada. Esta
mujer es toda una soldado; incluso en reposo puedo decir que su
personalidad es completamente recia. Pero ni siquiera eso la salvó.
Agarrado bajo sus manos hay un arco, y junto a sus pies hay una aljaba
llena de flechas.
Otra guerrera. Pero no solo una guerrera. Esta tiene una banda de
plata en su brazo. Una guerrera galardonada.
Empiezo a serpentear a través de los ataúdes. Todas las mujeres
llevan el mismo traje negro, y un arma. Guerreras que ahora son víctimas.

Todo esto me está poniendo al límite. Algunas de las mujeres más


fuertes del reino de Des están dentro de estos ataúdes. ¿Cómo le sucedió
esto a tantas que eran tan capaces?

Y si este monstruo pudo hacer esto a estas mujeres, ¿qué podría


hacerle a una persona promedio? ¿Qué podría hacerme a mí?

Empiezo a tararear para aliviar mi creciente ansiedad.

Toco un ataúd aquí y allá, notando que el cristal se siente caliente.


Mi piel hormiguea. Esta situación es... es antinatural-errónea en su
nivel más básico.

Sin pensar, mi tarareo cambia a canto.


Despierta de tu sueño,
Levántate de tu pesadez,
Dime tus secretos,
Son míos para mantener.
A la sirena en mí le gusta elaborar rimas, muy parecido a la manera
en la que una bruja hace hechizos. Estoy segura de que tiene algo que ver
con que tan efectivo es mi glamour, pero a mis oídos es simplemente
agradable.
Abre tus ojos, Respira el
aire fresco, Dime tus
secretos,
Son nuestros para compartir.
Echo una mirada por encima de mi hombro a Des. De brazos
cruzados, los pies plantados y las alas fuera, parece que está canalizando
algo entre una estrella de rock y un ángel caído. Los pantalones de cuero y
la manga de tatuajes no ayudan. Sus ojos se mueven sobre los ataúdes,
casi como si esperara que alguien se moviera...

Sigo su mirada, instantáneamente tensa, pero no, las mujeres están


tan quietas como lo estaban cuando entré.

Volviendo mi cuerpo hacia las hileras de mujeres, reanudo mi


canción.
Despierta de tu descanso, Libérate de
este hechizo oscuro, Abre tu boca,
Tienes secretos que contar.
Sabía antes de entrar aquí que mi glamour no podría despertar a
estas mujeres. Todas eran hadas. Y sin embargo, sigo sosteniendo un
pálpito de esperanza de que puedo ayudarles.

Pasa un minuto y luego otro. Espero cualquier signo de vida, pero


nadie se mueve. Y ahora me siento tonta. Cantando a una habitación llena
de hadas que no se han movido desde que fueron traídas aquí.

Comienzo a caminar de regreso con el Negociador, mis pasos


resonando.

Una risa tintineante se levanta detrás de mí.

Me detengo, mirando por encima de mi hombro. No hay nadie allí,


por lo menos, nadie que camine o hable.

Empiezo a moverme de nuevo, mis músculos ahora tensos. Estoy


asustada e imaginando cosas.
—Esclava…

Hago una pausa a mitad de camino, mis ojos se abren de par en par
cuando se encuentran con los de Des. Él coloca un dedo en los labios. Una
fracción de segundo después se evapora en humo.

Mierda. ¿A dónde fue?

Un aliento espectral me hace cosquillas en la mejilla, riendo


suavemente, y me doy cuenta de que podría tener problemas más grandes.

Me doy la vuelta, segura de que encontraré a alguien parado junto a


mí. Pero allí no hay nadie.
Otra risa surge de las profundidades de la habitación, seguida de un
tarareo. La voz viene de la nada y de todas partes. Está a mí alrededor,
multiplicándose sobre sí misma.
Duerme bella dama,
¿O tienes miedo?
Este es un juego en el que,
Estás muy superada.
Echo un vistazo alrededor por el cantante, pero ya sé que esto es
una especie de magia más allá de mi comprensión.

Una mano fantasmal me acaricia el pelo.


Nos pides que despertemos, Cuando
queremos que tú duermas, Los secretos
están destinados, Para que un alma los
mantenga.

Así que canta tus canciones, Y


rima tus rimas,
Él viene por ti,
Estos son tiempos oscuros.
El canto desaparece hasta que la habitación vuelve a estar tranquila.

—Santa mierda —exhalo.

Es hora de salir de pitando de este lugar.

Miro los ataúdes mientras paso fila tras fila de ellos, esperando que
en cualquier segundo estas mujeres me ataquen.
Simplemente tenías que armar líos, ¿cierto, Callie?
Delante de mí las sombras se arremolinan juntas, fusionándose en
un hombre alado.

Des.
Las alas del Negociador se extienden amenazadoramente, y su cara
es ilegible, lo que significa que Des el asesino ha salido a jugar.

Alguien se está volviendo loco.

—Oh, tan amable de tu parte el reunirte conmigo —digo, mi voz alta.


También estoy a punto de volverme loca.

—Nunca te dejé —dice.

No voy a pensar en ese comentario. Esta situación ya es lo


suficientemente extraña.

Mira los ataúdes.


—Si fuera más cruel, quemaría esta habitación, mujeres y todo.

Normalmente, una declaración como esa me sorprendería, pero


ahora mismo, cuando sigo sintiendo esos dedos fantasmales bajando por
mi piel, estoy pensando que dejar estas mujeres aquí, en el corazón de la
capital de Des, es una muy mala idea.
Capítulo 20
Traducido por Vale

Abril, siete años atrás

M
i dormitorio se ha convertido en un collage de mí y Des.
Una cadena de banderas cuelga de mi techo, cortesía de un
viaje al Tíbet. La linterna encaramada en mi estante es de Marruecos. La
calabaza pintada en mi escritorio es de Perú. Y la manta rayada al pie de
mi cama es de Nairobi.

El hombre me ha llevado por todo el mundo, sobre todo en viajes de


negocios, pero a veces solo por diversión. Creo que le gusta ver mi
emoción. Y de todos estos viajes, he acumulado una habitación llena de
recuerdos.

Sujetados a mis paredes, entre mis baratijas, están los bocetos del
Negociador. Un par de ellos son de mí, pero una vez que me di cuenta de
que yo era un tema recurrente en su arte, le pregunté si podía dibujarme
imágenes del Otro Mundo. Originalmente, mi intención había sido
minimizar los retratos de mí, pero una vez que comenzó a dibujar
imágenes de su mundo, estuve atrapada por ellas.
Ahora mis paredes están cubiertas con bocetos de ciudades
construidas sobre árboles gigantes y salones de baile acurrucados bajo
montañas, monstruos aterradores y extraños, y seres tan hermosos me
llamaban más cerca.

—Callie —dice Des, arrastrándome de vuelta al presente. Está


despatarrado a través de mi cama, el borde de su camisa está subida solo
lo suficiente como para darme un vistazo de sus abdominales.
—Hmmm? —digo, girando la silla de mi computadora hacia adelante
y hacia atrás.

Vacila.
—Si te preguntara algo en este instante, ¿me responderías
honestamente?

Hasta ahora, nuestra conversación había sido ligera, humorística,


así que no pienso en nada cuando digo:
—Por supuesto.

Des hace una pausa y luego dice:


—¿Qué pasó realmente esa noche?

Me congelo, mi silla se detiene.

No necesita explicar de qué noche está hablando. Ambos sabemos


que es la noche que me conoció. La noche que maté a un hombre.
Estoy sacudiendo la cabeza.

—Tienes que hablar de ello —dice, colocando las manos detrás de su


cabeza.
—¿De repente eres un psiquiatra? —Hay mucho más veneno en mi
voz de lo que pretendía. No puedo volver a esa noche.

Des coge mi mano y la sujeta fuertemente en la suya. El mismo


truco que he usado docenas de veces en él, ahora lo vuelve contra mí:
tacto.

Miro hacia abajo a nuestras manos unidas, y maldita sea pero su


apretón caliente me hace sentir segura.

—Querubín, no voy a juzgarte.

Arrastro mi mirada hacia la suya. Estoy a punto de rogarle que no


me empuje más. Mis demonios golpean contra las paredes de sus jaulas.
Me está pidiendo que los suelte, y no sé si puedo.

Pero cuando me encuentro con sus ojos, que me miran con tanta
paciencia y afecto, digo algo completamente diferente.

—Él vino a mí como siempre lo hacía cuando bebía demasiado. —


Trago.

Mierda, realmente estoy haciendo esto.

Y no estoy lista, pero lo estoy, y mi mente no tiene sentido en este


momento, pero mi corazón está hablando a través de mi boca y no estoy
segura de que mi mente tenga algo que ver con ello. He llevado este secreto
en particular conmigo durante años. Estoy lista para desahogarme.

Mis ojos se mueven de nuevo a nuestras manos unidas, y tomo una


fuerza extraña por su presencia.

—Esa noche se veía venir hace un tiempo. Comenzó varios años


antes de eso. —Mucho antes de que mi sirena tuviera oportunidad de
defenderme.
Para conocer la historia, tengo que volver al principio. Des solo me
había pedido que explicara una sola noche, pero eso es imposible sin
conocer las cientos de noches que la precedieron.

—Mi padrastro... me violó... durante años.

Me arrastro de vuelta a ese lugar oscuro, y hago una de las cosas


más difíciles que he hecho: le cuento. Todos los detalles sangrientos.
Porque realmente no hay tal cosa como tantear el terreno en esta
discusión.
Hablo de la forma en que solía mirar a mi puerta cerrada, que estuve
cerca de mojar mi cama cuando veía ese picaporte girando. Cómo todavía
puedo oler la mordida de su colonia y los hálitos agrios en su aliento.

Que solía llorar y a veces rogar. Que a pesar de mis mejores


esfuerzos, nunca cambió nada. Que con el tiempo, me volví complaciente,
y eso es quizá el detalle que más duele.

¿El miedo y el disgusto desaparecerán algún día? ¿Lo hará la


vergüenza? Intelectualmente sé que lo que me hizo no fue mi culpa. Pero
emocionalmente, nunca he sido capaz de creerlo. Y Dios, lo he intentado.

Mis nudillos están blancos de lo fuerte que agarro su mano. En este


momento, es mi ancla, y me temo que cuando lo deje ir, se alejará de mí.

Soy una cosa sucia y dañada, y si no podía ver eso antes, ahora lo
hará.

—Esa noche, la noche que murió, no pude aguantar más. —Era él o


yo al final, y para ser honesta, realmente no me importaba cuál—. Matarlo
no fue premeditado. Se me acercó en la cocina y puso la botella en el
mostrador. Cuando tuve la oportunidad, la agarré y la sostuve como un
arma.
¿Qué vas a hacer con eso? ¿Golpear a tu padre con ella?
—La aplasté contra la pared. —Mis ojos quedan distantes,
recordando ese encuentro—. Él se burló de eso. —Una risa malvada, una
que prometía dolor. Montones de él—. Y luego se lanzó contra mí. No lo
pensé. Le lancé la botella rota. —Se sintió bien luchar. Se sentía como
locura, y me entregué a ella—. Debí haber cortado una arteria.
Mi cuerpo está temblando, y el Negociador me aprieta la mano más
fuerte.

—Se desangró tan rápido —susurro.

Y la mirada en los ojos de mi padrastro cuando se dio cuenta de que


iba a morir. Principalmente sorpresa, pero también una buena dosis de
traición. Como si después de todo lo que había hecho para herirme,
asumió que nunca le haría daño.

Trago densamente, parpadeando los recuerdos.


—El resto ya lo sabes.

Espero un millón de reacciones terribles, pero no la que me da el


Negociador. Libera mi mano solo para envolver sus brazos alrededor de mí
y sacarme de la silla de la computadora hacia su abrazo. Y estoy tan, tan
agradecida de que me esté tocando, abrazando, dándome este consuelo
físico justo cuando pensaba que era incapaz de ser querida.

Me arrastro el resto del camino hasta la pequeña cama gemela que


ahora compartimos, y mientras la luna se pone, lloro en sus brazos. Me
dejo ser débil porque esta puede ser la única vez que voy a conseguir esto.

Un peso se levanta de mi pecho. El dolor sigue ahí, pero la presa se


ha roto, y toda esa presión que existió dentro de mí ahora se apresura a
salir.

Finalmente entiendo por qué el Negociador es tan seductor para mí.


Ha visto a Callie la víctima, Callie la asesina, Callie la chica rota que
apenas puede mantener su vida estable. Ha visto todo esto, y sin embargo
sigue aquí, acariciándome el pelo y murmurándome suavemente:
—Está bien, querubín. Se ha ido, estás a salvo.

Me quedo dormida así, encerrada en los brazos fuertes de Desmond


Flynn, uno de los hombres más aterradores y peligrosos del mundo
sobrenatural.

Y tiene razón. En sus brazos, me siento absolutamente segura.


Presente

D e vuelta en las habitaciones del Otro mundo de Des, paseo,


mi falda flotando detrás de mí.
Él vendrá por ti.
El Ladrón de Almas.

Des me advirtió que empeoraría. Simplemente no lo había entendido.

—¿Alguna vez esas mujeres dormidas han hecho eso antes? —


pregunto, mirando a Des.

El rey fae me observa desde una silla lateral, sus dedos se acercan a
su boca.

—No.

Ni siquiera trata de esquivar la pregunta como por lo general le gusta


hacer.

—¿Y oíste todo lo que dijeron?

—¿Quieres decir sus pequeñas rimas? —dice—. Sí, lo escuché.

Ha estado inusualmente sombrío desde que salimos de la cámara de


las guerreras durmientes. Sus alas solo desaparecieron hace unos
minutos, pero sé mejor que asumir que no se ve afectado por lo que
escuchamos. Simplemente es mejor que yo ocultando su colapso.

—Primero los niños, y ahora esto —dice, su asiento gimiendo


mientras se inclina hacia adelante en él—. Parece que este enemigo ha
tomado un gusto por ti. —Un resplandor de ira brilla en aquellos ojos
plateados.
Mi pánico se levanta de nuevo.
El Negociador se pone de pie, su presencia casi amenazadora cuando
la oscuridad se enrolla a su alrededor. Su corona martillada y brazaletes
de guerra solo sirven para hacerle parecer más intimidante. Se acerca a mí
colocando un dedo bajo mi barbilla.

—Dime, querubín —dice, inclinando mi barbilla, obligándome a


encontrarme sus ojos plateados, que parecen casi salvajes—, ¿sabes lo que
les hago a los enemigos que amenazan lo que es mío?

¿Se refiere a mí? No puedo decirlo, ni puedo decir adónde va con


esto.

Se inclina cerca de mi oído.


—Los mato. —Se aleja para encontrarse con mi mirada—. No es ni
rápido ni limpio.

Sus palabras envían escalofríos a mis brazos.

—A veces, las criaturas de las que necesito favores les doy de comer
a mis enemigos —dice—. A veces dejo que los asesinos reales practiquen
sus habilidades en ellos. A veces dejo que mis enemigos piensen que han
escapado de mis garras solo para reconquistarlos y hacerlos sufrir, y cómo
sufren. La oscuridad cubre muchas, muchas acciones.
Me asusta cuando Des se pone así. Cuando surge su crueldad del
Otro Mundo.

—¿Por qué me estás diciendo esto? —digo suavemente.

Su mirada se fija en mis ojos.


—Soy la cosa más aterradora aquí. Y si algo intenta tocarte, tendrá
que lidiar conmigo.

Los próximos días, Des los pasa en el Otro Mundo, haciendo sus
deberes reales mientras yo me quedo en su casa de Catalina. Me ha
invitado, pero em, sip, estoy bien en este lado de la línea ley por ahora.

Mientras tanto, he leído algunas de las notas del caso de Des, que en
gran medida se refieren a lo que ya me ha dicho. Menciona a las sirvientes
humanas con sus magulladuras y ojos embrujados, las hadas que caen en
ese profundo sueño después de cuidar a esos niños extraños, y las
personas que eligieron la muerte antes que responder las preguntas de
Des. Todo el misterio es una historia de destrucción triste y perturbadora.

Cuando no estoy leyendo sobre el caso, estoy explorando la isla de


Catalina o la casa de Des. En este momento, estoy en la última.

Me paseo por la habitación del Negociador, encendiendo las luces.


Mis ojos se mueven del arte que cuelga en las paredes, al modelo de metal
del sistema solar, a la barra.
He estado curiosa del por qué Des no quería que viera esta
habitación cuando al principio me dio un recorrido por la casa. No hay
mucho aquí.

Me acerco a su cómoda, abriendo los cajones uno tras otro. Dentro


de cada uno hay pilas de camisas y pantalones doblados. El poderoso Rey
de la Noche guarda sus ropas igual que el resto de nosotros.

Cierro el último cajón y me muevo más lejos dentro la habitación,


sin ver mucho más que pueda hurgar. En serio, esta es una de las
habitaciones más espartanas que he encontrado, y hago mi parte justa de
husmear en mi línea de trabajo.
Mis ojos se posan en una de sus mesitas de noche. Lo único que
descansa en ella, además de una lámpara de cabecera, es un portafolio
atado de cuero. Recuerdo de nuestro tiempo juntos que a Des le encantaba
dibujar; incluso le conseguí un cuaderno de bocetos en un momento.

Me acerco al libro, con la mano curvada sobre la cubierta suave.


Pero entonces dudo. Esto es privado, es esencialmente el diario de Des.
Pero nunca antes ha estado dispuesto a compartir su trabajo de arte. Tomando
una decisión, abro el portafolio.

Dejo de respirar en el momento en que veo la primera imagen.

Es de... mí.

El retrato es muy simple, solo un básico simple de mi cabeza, cuello


y hombros. Corro mi dedo por la pendiente de lápiz de mi mejilla, notando
cómo brillan mis ojos en el dibujo. Cómo luzco de esperanzada. Recuerdo a
Des dibujando esto en mi dormitorio hace más de siete años. También
recuerdo haber visto la imagen y no haber conectado con ella en lo
absoluto. Había estado tan solitaria entonces, tan llena de mis propios
demonios, que no podía imaginar que alguien me mirara y viera a esta
chica hermosa. Sin embargo, me había sentido halagada.

Después de todo este tiempo la guardó.

Siento más de mis defensas desmoronarse. La pared que construí


alrededor de mi corazón está en ruinas, y al parecer, Des no tiene que
estar aquí para destruirla.

El siguiente boceto es de mí sentada en el suelo, mi espalda contra


la cama de mi dormitorio, dándole una mirada petulante al artista que me
dibuja. Garabateado debajo de la foto hay una nota: Callie quiere que deje
de dibujarla. Así es como se ve cuando le digo que no.
Sonrío un poco mientras leo eso. Palabras poderosas, pero Des había
al menos parcialmente cedido a mi petición; me dibujó todo tipo de
paisajes y criaturas del Otro Mundo además de los retratos de mí a los que
era tan aficionado.

El siguiente dibujo es uno que nunca he visto, y a diferencia de los


otros bocetos, éste está ejecutado más laboriosamente. Al principio todo lo
que puedo entender es el extraño ángulo del dibujo, como si el artista
estuviera recostado de espaldas, mirando la longitud de su cuerpo.
Entonces distingo a la mujer acurrucada contra el pecho al que miramos.
Reconozco mi pelo oscuro, la parte superior de mi nariz, y los contornos de
mi cara, que está algo enterrada contra el pecho de Des.
Esta podría haber sido una de las muchas noches en las que me
dormí acurrucada contra él, pero algo sobre la imagen... algo sobre ella me
hace pensar que fue una de las noches malas, las noches donde Des se
quedaba para ahuyentar mis pesadillas. Puedo sentir un eco de ese viejo
dolor incluso ahora.

Esas noches fueron lo que me hizo darme cuenta de que amaba al


Negociador. Que no era solo un enamoramiento, sino algo que podía sentir
en mi piel y en mis huesos. Algo que no podía ser extinguido.

No me enamoré de Des porque era guapo, o porque conocía mis


secretos, sino porque se quedaba cuando era lo menos querible. Porque
era un hombre que no intentaba quitarme nada, ni siquiera cuando me
recostaba a su lado, sino que me daba paz y consuelo. Porque cada una de
esas noches me salvó de nuevo, incluso si era de mi misma.
Y a juzgar por esta imagen, era un momento que Des también quería
recordar.

Cambio a la siguiente imagen, ésta es en color. La mayor parte del


dibujo está establecida en sombras profundas de azul y verde. En él estoy
sonriendo, un anillo de luciérnagas descansando sobre la coronilla de mi
cabeza. También recuerdo esta noche…

Un golpe en la puerta me sacude de mis pensamientos.

¿Qué estoy haciendo? Definitivamente no debería estar mirando


estos. Incluso si claramente soy la musa del Negociador.

Cierro el portafolio apresuradamente, arreglándolo como lo encontré.


Le echo varias miradas al cruzar la habitación. Guardó esos dibujos viejos
todo este tiempo. De nuevo me recuerdo de su confesión acerca de cómo se
sintió dejándome.
Como si mi alma fuera desgarrada en dos.
Y una vez más, siento una esperanza tan intensa que es casi
dolorosa.

Eso también se sacude cuando alguien golpea en la puerta de nuevo.

¿Quién visitaría a Des aquí?

Recibo mi respuesta unos segundos más tarde, cuando miro a través


de la mirilla de la puerta.

—Mierda —murmuro en voz baja.

—He oído eso, Callie —dice la voz familiar y grave.

No es El Negociador el que recibe la visita.

Soy yo.
Capítulo 21
Traducido por Wan_TT18

Mayo, siete años atrás

M
ierda —dice Des, materializándose en mi dormitorio—. Es
una zona de guerra lo que hay ahí fuera en tu pasillo.

En el pasillo escucho un grito ahogado mientras una chica pierde su


mierda porque su esmalte de uñas se manchó y oh-Dios-mío no hay tiempo
para repararlo.
Cierro mi computadora portátil y me giro en mi silla. Echo un
vistazo a mi brazalete. No había llamado al Negociador esta noche, ni el día
anterior, y muchas noches antes. En algún punto del camino, Des
comenzó a invitarse solo.

Des cruza mi habitación y mira por mi ventana. Muy por debajo de


nosotros, las chicas con vestidos y los chicos con trajes de etiqueta cruzan
el césped.
—¿Qué está pasando esta noche?

—El baile del primero de Mayo.

Des me mira, con las cejas levantadas.


—¿Por qué no te estás preparando?

—No voy —digo. Subo mis piernas a la silla.

—¿No vas? —Suena sorprendido.

¿Acaso no es obvio? Llevo pantalones cortos de bóxer y una camiseta


gastada.

Me chupo el labio inferior y sacudo la cabeza.


—Nadie me invitó.
—¿Desde cuándo esperas por permiso? —pregunta—. Y también,
¿cómo es eso posible?

—¿Cómo es posible qué? —pregunto, mirando hacia abajo a mis


rodillas.

Estoy de mal humor. Oficialmente de mal humor. Si todavía fuera a


mi antigua escuela secundaria, no tendría que escuchar los emocionados
chillidos de las chicas mientras se preparan, y no se darían cuenta de que
mi puerta estaba ominosamente cerrada.

—Que nadie te haya invitado.

Me encojo de hombros.
—Pensé que era tu trabajo comprender los motivos de las personas.

Cuando alzo la mirada, los brazos de Des están cruzados sobre su


pecho, y tengo toda su atención.

—¿Qué? —digo, repentinamente consciente de sí mismo de toda la


atención.

—¿Quieres ir al baile del primero de mayo? —pregunta.

Oh Dios, no voy a admitirle esto a él. Saco un mechón de pelo detrás


de mi oreja.
—No veo cómo importa eso.
Ladea su cabeza, y dulces angelitos, me va a leer. Ya me está
leyendo.
—Sí importa. Entonces, ¿quieres?

Abro la boca, y sé que todo está en mis ojos. Que no encajo, y a la


gente no le gusto del todo. Que soy una extraña y quiero entrar, siempre
quiero entrar, pero no puedo caminar dentro de esa puerta en particular.
Siempre seré desterrada para ver a otras personas vivir sus vidas mientras
espero que la mía comience o termine. Realmente podría ir de cualquier
manera. Mi existencia hasta el momento ha consistido principalmente en
que contenga mi respiración, esperando que caiga el otro zapato.

Des se está moviendo, cerrando el espacio restante entre nosotros, y


lo estoy mirando como un tonta, con las rodillas presionadas cerca de mi
pecho.
Se arrodilla frente a mí, el aire brillando más allá de sus hombros.
Toma mi mano, sus ojos están serios.

Mi corazón está en mi garganta, y no puedo tragarlo de nuevo. Me


siento desnuda de la manera más exquisita, y no estoy segura de por qué.

Comienza a sonreír.
—Callypso Lillis, ¿quieres llevarme al Baile del Primero de Mayo?

Presente

E li. La Lista de los Más Buscados. Eso es todo en lo que puedo


pensar mientras salgo de casa de Des y me enfrento a mi ex.
Nuestro último enfrentamiento se siente como si hubiera sido hace
un millón de años. Honestamente, después de todo lo que sucedió en el
Otro Mundo, esto simplemente parece... tan insignificante en comparación.
—¿Estabas tratando de quedar atrapada, o simplemente no dabas ni
dos mierdas al respecto? —pregunta Eli.

—No di ni dos mierdas al respecto. —Doblo mis brazos sobre mi


pecho y me apoyo contra la pared de la entrada. Ahora siento el calor de
mi enojo regresar. Este bastardo—. No puedo creer que tuvieras la audacia
de venir a mi casa y amenazar mi vida y luego, como si eso no fuera
suficiente, pusiste mi nombre en la maldita Lista de los Más Buscados.
—Callie, nunca te habría lastimado —dice, su voz suave. Parece casi
herido. Y estoy segura de que está herido en algún nivel, teniendo en
cuenta que es el protector de su manada.
—Entraste a mi casa durante el Siete Sagrados —digo—. Por
supuesto que podrías haberme herido.

Él niega con la cabeza.


—Eres de la manada. O al menos, lo fuiste.

Siento mi enojo levantarse ante su reacción.

—¿Pones a todos los miembros de tu manada en la Lista de los Más


Buscados? —pregunto.
Veamos cuán grandes son las pelotas de Eli.

Eli se pasa una mano por la cara.


—Lo que hice, todo fue un error —dice, su voz derrotada—. Estaba
enojado, y mi lobo exigía justicia... —Suspira—. No es excusa, pero me
arrepiento, si hace alguna diferencia.

Presiono mis labios juntos. Tampoco es como si manejara bien las


cosas, pero poner a alguien en la Lista de Más Buscados supernatural
supera con creces cualquier irregularidad de mi parte.

—No voy a permitir que me arrestes —digo.

Deja escapar un suspiro.


—No te voy a llevar. Solo... necesitaba hablar contigo.

—Podrías haber llamado.

—Lo siento —dice, con tono genuino. Viniendo de un alfa como él,
una disculpa es algo raro.

Intento relajar mi mandíbula. Todavía estoy tan molesta con todo


esto. Empujando mi frustración, asiento con la cabeza, mirando a otro
lado. No estoy segura de si estoy reconociendo la disculpa de Eli o
aceptándola. Todo lo que sé es que quiero enterrar el hacha entre
nosotros.

Los ojos cambiantes se mueven hacia la casa del Negociador.


—Mi oferta sigue en pie, Callie.
Le doy una mirada.

—Lo que hice fue incorrecto, pero lo que está haciendo este tipo, eso
es peor. Te está quitando tu libre voluntad —dice—. El Negociador es un
hombre buscado. Solo dilo y entraré allí y me ocuparé del problema.

Me toma varios segundos registrar lo que dice. Cuando lo hago, el


horror me inunda.
—No, no quiero eso.
—Callie. —El alfa está en su voz.
—No lo hagas —le advierto. Ya no tiene el derecho de ejercer su
atracción sobre mí—. Hay mucho que no sabes.
—Entonces dime —dice—. O simplemente seguiré asumiendo lo
peor.

¿No es exactamente eso lo que he estado exigiendo a Des? ¿Para


dejar de guardar secretos? Y aquí estoy siendo un hipócrita.
Pero este secreto...

—Nunca te conté sobre mi pasado. —Me froto la cara.

Incluso ahora dudo en contarle a Eli. Me duele recordar, y luego está


la vergüenza. Siempre la vergüenza. Pero tal vez si le digo, entenderá por
qué he actuado como lo he hecho. Y tal vez lo ayude a sentirse mejor,
sobre mí, sobre Des, y sobre la situación.

—Cuando era menor de edad —comienzo—, mi padrastro... mi


padrastro...
Eli se queda quieto.

—Abusó de mí sexualmente. —Me fuerzo a decir las palabras.

Escucho un gruñido bajo. Esto es lo que siempre me ha gustado de


los cambiantes, de Eli. Nadie se mete con sus chicas. Nadie.

Dejo salir un aliento tembloroso.


—Se prolongó durante años. Y solamente se detuvo... —Me detengo
nuevamente, pellizcándome la frente.
Puedo hacer esto.
—Cuando tenía casi dieciséis años, vino hacia mí, y luché contra él
con una botella rota. Corté una arteria. —Toda esa sangre—. Murió en
cuestión de minutos.

El gruñido de Eli e cada vez más fuerte.

Miro manos.
—Maté a un hombre. Ni siquiera era adulta. Pensé que mi vida había
terminado antes de que comenzara, todo porque finalmente luché contra la
persona que abusaba de mí. —Mi voz cae—. Era un vidente tan poderoso.
Si hubiera hecho las cosas de la manera legal, simplemente... no sé si
hubiera terminado bien para mí.
Tomo una respiración profunda.

—Entonces llamé a un hombre famoso por sus negocios...


Eso es todo lo que logro decir antes de que Eli me abrace y me
sostenga muy de cerca.
—Lo siento mucho, Callie. Malditamente lo siento.

Me estremezco un poco a medida que el recuerdo sigue su curso a


través de mí y asentí contra él.

—Deberías haberme dicho esto. Todo esto —me reprende


silenciosamente.

—Soy mala en compartir —lo admito.

Me sostiene durante casi un minuto, y aprecio la comodidad.

Finalmente, salgo de sus brazos, limpiando una lágrima que logró


escabullirse por el rabillo de uno de mis ojos.

—Lo que tienes que entender —digo—, es que el Negociador me salvó.


Limpió el desastre, me inscribió en la Academia Peel, escondió mi crimen.

Decirle a Eli esto era una apuesta. El cambiante es uno de los


buenos. Él podría arrastrarme lejos, desenterrar ese viejo caso, y dejar que
el sistema haga su trabajo.

Estoy más o menos confiando en el hecho de que el sentido de la


justicia de Eli, la justicia de la manada, se alineará con mis acciones; las
personas que hacen cosas malas a los cambiadores inocentes simplemente
desaparecen.
—El Negociador no me cobró entonces —continúo—. Sé que piensas
que lo hizo, pero tiene su propio código de ética. Debido a que era menor
de edad en ese momento, no me permitía hacer negocios con él de esa
manera.

Ahora, sabiendo lo que hice con las hadas, los verdaderos favores
eran un gran problema. El fae vivía para aprovechar la situación.

Eli parece entender esto también. El hombre lobo levanta las cejas.

—Fue más tarde que lo volví a llamar. Una. Y otra vez. Se me ocurrió
todo tipo de favores solo para que pudiera quedarse por un tiempo. —
Porque estaba intrigada por él. Debido a que estaba enamorada de él.
Porque quería un amigo que no se asustara por mi oscuridad, y Des no lo
estuvo.
—Nunca debió haber hecho esos tratos contigo —gruñe Eli.

Juego con mi brazalete, rodando las perlas alrededor de mi muñeca.


—No, probablemente no debería haberlo hecho —estoy de acuerdo—.
Pero todos hemos cedido a nuestras naturalezas inferiores una o dos
veces, ¿no es cierto? —digo.

Eli gruñe, mirando la propiedad del Negociador.

Se frota la cara.
—Ojalá me hubieras dicho todas estas cosas hace mucho tiempo.

Podría haberlo hecho, tendría, debería haberlo hecho. No sirve de


nada enojarse ahora.

—¿Alguna vez tuve una oportunidad? —pregunta Eli.

Echo un vistazo al cambiante.


—No lo sé. Pero sí sé que te mereces a alguien que pueda darte
mucho más de lo que yo puedo.

Acercándose, Eli apoya su palma contra un lado de mi cara.


—Ese hijo de perra es un hombre afortunado.

Las palabras apenas salen de su boca cuando detrás de nosotros,


las puertas delanteras se abren de golpe.

Me doy la vuelta justo a tiempo para ver a Des salir de su casa con
sus alas a plena vista. Sus ojos tormentosos se dirigen a Eli, que todavía
está cerca de mí, y veo un destello de posesividad en ellos.

Reflexivamente, me alejo del cambiante.

Es plena luz del día aquí, lo que no es precisamente la hora del día
favorita de Des. Se suponía que debía estar en el Otro Mundo por varias
horas más. Claramente, algo cambió.

¿Creía que estaba en apuros? ¿Cómo iba a saber eso?

El suelo tiembla con el poder de Des, su mirada fija en Eli mientras


avanza hacia él.

Me pongo delante del Negociador, colocando una mano sobre su


pecho para detenerlo de lo que esté pensando hacer.
Baja la mirada a mi mano, sus fosas nasales dilatadas, antes de que
sus ojos vuelvan a Eli.
—Tienes dos segundos para salir de mi propiedad antes de que te
haga hacerlo —le dice al cambiante, su voz suave como licor.

Eli mira fijamente las alas de Des por un largo momento, viéndose
atónito. Finalmente, aparta la mirada.
—No lo sabía —dice.

Miro entre los dos hombres.


—¿Saber qué?

El Negociador observa a Eli por varios segundos. Luego, muy


levemente, inclina la cabeza.
—Ahora lo sabes.

—Callie me contó lo que hiciste por ella cuando era niña —dice Eli—
. Gracias por ayudarla —continúa—. No hay más mala sangre entre
nosotros, ¿de acuerdo? No sabía sobre la situación, nada de ello.

Una vez más, Des inclina la cabeza.

Eli retrocede, lanzando una mirada en mi dirección.


—Cuídate, Callie —dice, levantando una mano para decir adiós. Y
luego se da vuelta y se aleja de la propiedad y sale de mi vida.

Mi frente todavía está arrugada después de que Eli se va. Nada de lo


que acaba de suceder tiene una terrible cantidad de sentido.

Esperaba una confrontación de algún tipo entre los dos hombres,


pero en cambio recibo disculpas y comprensión. Debería aliviarme, pero
cuando Des me lleva de vuelta al interior, mis ojos se deslizan hacia sus
alas.

Eso es lo que Eli estaba mirando con tanta sorpresa. Las alas del rey
fae. Las mismas alas que Des escondió diligentemente de mí en el pasado.

Hay algo que no sé, y voy a descubrir qué es.


Antes de que Des y yo podamos hablar sobre algo de lo que acababa
de suceder, murmuro alguna excusa sobre la necesidad de ir al baño y me
escabullo en mi habitación.

Bloqueando la puerta detrás de mí, no es que eso fuera a detener al


Negociador, agarro mi teléfono y llamo a Temper, paseando de un lado a
otro por la habitación.

—Hey perra, ¿qué pasa? —contesta.

—Temper, sabes un poco acerca de las hadas, ¿verdad? —digo,


yendo directamente al asunto.

Antes de convertirnos en investigadoras privados, cuando


Temperance Darling fue solo una inadaptada en Academia Peel, tenía una
pequeña obsesión con las hadas. Cuando originalmente la conocí, quería
ser una diplomática estacionada en el Otro Mundo.
—Mmmmm, justamente un poco sería llevarlo demasiado lejos, pero
conozco algunas cosas. ¿Por qué? ¿Qué necesitas saber?
—Eli me confrontó y...
—¿Te encontró? —Temper interrumpe, su voz incrédula—. ¿Ya?
Vaya, chica eres mala escondiéndote.

—¿Y cómo crees que me encontró? ¿Podría ser porque pinchó tu


teléfono? —digo.

Hay una pausa en el otro extremo de la línea.

—Bueno, mierda —dice—, eso es un desastre.

—Está bien. Hablamos sobre nuestros problemas, ahora estamos


bien.

Otra pausa. Temper tiene el hábito de quienes me rodean.


—¿Me estás diciendo que lograste salir de la Lista de los Más
Buscados?

Cuando lo dice así...


—Mierda, lo hiciste. Perra, debes tener una vagina de oro.
Muerdo la uña de mi pulgar. Fuera de mi habitación, puedo oír al
Negociador moverse, impaciente. Voy a tener que salir y hablar con él
pronto. Tenemos preguntas que necesitan respuesta.
—Escucha, Temper, necesito hablar contigo sobre algo importante.

Inmediatamente, su tono cambia.


—¿Qué es?

—¿Qué sabes sobre alas de hadas?

—Um... son brillantes, al menos algunas de ellas, salen más


comúnmente cuando un hada pierde el control de sus emociones, ya
sabes, la ira, la lujuria, si un hada bebe demasiado... Um, sé que hay más.
Déjame pensar, ha pasado un tiempo desde que leí sobre estas cosas...
Recuerdo la mirada en los ojos de mi ex cuando vio esas alas: el juego
terminó.
—Hoy, cuando Eli vio las alas del Negociador, retrocedió. Fue
realmente extraño, y solo quería saber...

¿Qué quiero saber?

—¿Los dos se encontraron? ¿Otra vez? —Y luego el resto de lo que


digo cala en ella—. Espera. ¿Qué quieres decir con que Eli vio las alas del
Negociador?

—No es que esto sea nuevo —digo—. Eli las vio antes, cuando vino a
mi casa alrededor de la luna llena.

—Sí, pero saldrían cuando el Negociador estuviera bajo ataque si


tuviera que usarlas para volar —dice Temper—. ¿Qué pasó hoy?

Jugueteo con mi brazalete.


—Hubo otra confrontación entre el Negociador y Eli, y esta vez
cuando Eli vio las alas del Negociador, toda la dinámica cambió. Fue raro.
Quiero decir, Eli se disculpó.
Quizás fue por todo lo que le dije. Quizás estaba ladrando al árbol
equivocado.

Más silencio.

Finalmente:
—¿El Negociador te mostró sus alas? —Temper suena... extraña—.
Fuera de las situaciones en las que se necesitan, o cuando está bajo
ataque. ¿Acaso él, ya sabes, caminó con las alas fuera? ¿Y las iluminó
como si fueran su último hielo?
—...sí —digo despacio, con el estómago apretado—. ¿Por qué?

Ella exhala.
—Niña.
—¿Qué?
—Hay una instancia en la que las hadas son particularmente
aficionadas a mantener sus alas afuera y exhibirlas cada vez que les da la
gana. Especialmente los machos.

Simplemente deja de hablar.

—Oh Dios mío, tu silencio me está matando —digo—. Temper, sea lo


que sea, solo dilo.

—Las hadas solo hacen eso con sus prometidas.


Capítulo 22
Traducido por Wan_TT18

Mayo, siete años atrás

E
sto no puede ser real.

Hace una hora que no tenía una cita, un vestido o un boleto


para el baile del Primero de Mayo.

Ahora tengo los tres, gracias al hombre a mi lado.

Echo un vistazo a Desmond mientras esperamos para entrar al


salón de baile de la Academia Peel, y mis rodillas se debilitan un poco.
Hay un Dios y me ama, creo mientras me empapo de Des. Nunca me
han gustado los hombres con esmoquin, pero nunca había visto a Des en
uno.

Su cabello rubio blanco está libre de la banda de cuero que


generalmente usa, y se desliza sobre sus hombros.

Se pasa la mano por el pelo ahora, viéndose intocable. Y sin


embargo, juro que se siente incómodo. Quizás es porque esta noche la
gente puede verlo.
Desde que salimos de mi dormitorio, la gente se detuvo por
completo. Callypso Lillis, la linda pero extraña forastera, asistirá al Baile
del Primero de Mayo, y el hombre que la lleva es muy atractivo. Al menos
eso es lo que supongo que están pensando en sus grandes ojos y miradas
persistentes.
También podría ser el hecho de que Des simplemente se ve como un
problema, con su asombroso encuadre y sus características libertinas. Sus
tatuajes están ocultos, pero no hay enmascaramiento de la vibra nerviosa
que está emitiendo.
Llegamos a la entrada y entregamos nuestros boletos, luego estamos
dentro.

Puedo sentir docenas de ojos sobre nosotros, y me doy cuenta de


que estoy empezando a temblar por la atención. Esta es la escuela
secundaria, donde los estudiantes se destacan en hacer que los
indeseables se sientan invisibles. Había sido invisible por tanto tiempo, y
eso estuvo bien conmigo. Tan bien.

Pero esta noche ya puedo decir que nadie va a ignorarme. No con mi


hermosa y peligrosa cita a mi lado. Y no mientras uso este vestido, con su
gargantilla de diamantes que sostiene la seda plateada ajustada contra mi
cuerpo. La extensión sin respaldo desciende justo detrás de la parte baja
de mi espalda. Más cadenas de diamantes caminan por mi columna,
sosteniendo los bordes de la seda en su lugar. El dobladillo del vestido se
arrastra contra el suelo. Es un vestido que una celebridad debe usar, o
una reina… o un hada. No yo.
Pero realmente no tuve elección al final. No es como si mi armario
estuviera pre-abastecido con vestidos de graduación. Y este fue el que Des
consiguió para mí.

Estamos solo dentro del antiguo salón de baile de la escuela por un


minuto antes de que Trisha, una de las chicas en mi piso, se acerque a mí.

—¡Callypsie! —chilla y, ugh, dispárame ahora, ese apodo tiene que


morir.

—¿Callypsie? —dice el Negociador en voz baja.


—No —le advierto—. Si te importan tus bolas, no lo hagas.
Al comienzo del año, una de las chicas de mi piso comenzó a
llamarme así, porque por alguna razón Callie no era un apodo lo
suficientemente bueno, y simplemente nunca se fue.

El Negociador se ríe.
—Lo que sea que digas... Callypsie.

No tengo tiempo para cumplir mi amenaza antes de que Trish esté


conmigo.

—¡No sabía que vendrías! —dice, tirando de mí para un abrazo.


Esto es incómodo. Trish es una de esas chicas a las que debo haber
enojado en algún momento porque sus pasatiempos incluyen ignorarme
cuidadosamente.

Excepto ahora.

Le doy unas palmaditas en la espalda, deseando que me suelte para


que pueda entender qué clase de maleficio se le ha puesto para que se
dirija a mí. Y como Callypsie, de todas las cosas. Pensé que había perdido
ese apodo durante todo ese tiempo en que fingió que no existía.
Y luego se vuelve hacia el Negociador, y santa mierda, le está dando
una mirada depredadora.

Me muevo un poco más cerca de él. Encuentro que realmente no me


gusta compartir a Des. Es una ilusión bastante creer que es mío y
solamente mío, pero entre esta multitud también podría serlo. Nadie aquí
lo conoce, nadie aquí lo ha visto orquestar un trato o cobrar el pago. Nadie
ha bebido y jugado al póquer con él, o bebido té y charlado sobre pasteles
con él. Nadie ha tenido maratones de películas o corazón a corazón con él.
Nadie aquí sabe que es amable y cruel, malvado y divertido y todo lo
demás.
Pero por la forma en que Trisha lo está mirando, como si tuviera
cinco minutos a solas con él y pudiera conquistarlo, me está haciendo
cuestionar mi decisión de ir al baile. Porque tal vez cinco minutos es todo
lo que tomaría. Realmente no lo sé, y me da miedo averiguarlo.
—Um —le digo—, esta es mi cita…

—Dean —el Negociador lo completa por mí, extendiendo su mano.

Trish se ve embobada mientras toma su mano. Espero seriamente


no llevar esa expresión alrededor de Des.
Probablemente lo haga.

—¿Cómo se conocen Callie y tú? —pregunta mientras Des suelta su


mano. Sonríe tímidamente, como si fuera una pequeña flor coqueta. No
puedo decidir si quiero sonreír o hacer una mueca ante eso.

Me vuelvo hacia Des, y estoy tan asustada de que diga la verdad.


Oh, Callie y yo nos encontramos justo después de que asesinó a su padrastro. Es
bastante viciosa si realmente la conoces...
Des cuelga su brazo alrededor de mi cintura y me mira con cariño.
—Le salvé la vida, al menos así es como ella lo dice, ¿no es así,
querubín? —Me da un pequeño apretón mientras lo hace.

Sus ojos brillan cuando lo miro. El hombre definitivamente está


jugando con nosotras y se está divirtiendo demasiado haciéndolo.

No puedo encontrar las palabras para responder, así que asiento.

—Oh —dice Trish frunciendo el ceño—, eso es... extraño. Vaya,


¿entonces ustedes son algo?

Sus ojos se mueven brevemente hacia mí antes de regresar al


Negociador. La chica lo está desvistiendo lentamente en su mente, y
maldita sea, yo estaba siendo exitosa en ese negocio hasta ahora.

La mirada del Negociador pasa por delante del hombro de Trish.


—Tu cita te está esperando, Trish Claremont. No lo dejes esperando.

—¿Cómo sabes...? —Sus palabras se desvanecen ante lo que sea que


ve en la cara de Des. Mira por encima del hombro, retrocediendo—. Uh, sí,
bueno, fue un placer conocerte, Dean. —No se molesta en despedirse de mí
antes de retirarse precipitadamente.

Él la mira alejarse, entornando los ojos.

—Eso fue raro —digo.

Raro es solamente un eufemismo para una emoción que no puedo


describir. Obviamente, una parte de mí es territorial, lo cual es vergonzoso
porque Des ni siquiera es mío, pero es más que eso. Se siente complacido y
decepcionado al ser reconocido por primera vez en su vida por alguien que
no le gusta. Y es una pena que una parte de ti incluso se sienta
complacida por algo tan básico como el reconocimiento humano. Pero una
vez más, Trisha no me había visto realmente esta noche. No como una
amiga, no como una amenaza. Mi existencia comenzó y terminó con la
presentación que le di.

Traer a Des aquí podría haber sido una muy mala idea.

Los labios del Negociador rozan mi oreja.


—Encontremos una mesa. Tal vez incluso te dejaré sentarte a
horcajadas sobre mí y fingir que somos algo para la próxima chica que
pregunte.
Eso es todo lo que se necesita para borrar mi humor sombrío.

Mi piel comienza a brillar solo por la idea de llegar a montar a Des.


Conocido como, esta sirena hizo estallar completamente a una dama.

Des no tiene tiempo para comentarlo antes de que aparezcan más


conocidos.

Y entonces hacemos esa misma pequeña canción y bailamos de


nuevo. Y otra vez.

Justo en el medio de las presentaciones con Clarice, una chica de mi


clase de mitos y leyendas, el Negociador me toma de la mano y me aleja.
Apenas tengo tiempo de echarle una mirada de disculpa por encima del
hombro antes de que me arrastren.

—¿A dónde vamos? —pregunto.

Los estudiantes se separan tan pronto como ven a Des.


—La pista de baile —dice por encima de su hombro.

Me detengo un poco. Bailar no es lo mío.

Da un pequeño tirón y la patética resistencia que tengo se cae.

Alcanzo estar a su lado.


—Eso fue una locura —le digo, porque no se me ocurre nada mejor.

—Eso fue fantástico —dice—, y estoy acostumbrado a eventos como


este. Jodidamente gracias, nunca fui a la escuela secundaria. —Eso
obtiene una mirada o dos de las personas que nos han escuchado.

—¿Nunca fuiste a la escuela secundaria? —pregunto mientras nos


movemos entre las parejas. No sé por qué estoy sorprendida; nada sobre
Des parece particularmente normal.

Pero aun así.

—Mi educación fue un poco menos convencional.


Porque Des es un rey del Otro Mundo. Un rey.
Llevé a un rey fae para mi fiesta de graduación sobrenatural.
Jesús. Todo lo que necesito es el Monster Mash5 sonando en el fondo
para completar esto.
Entramos en la pista de baile justo cuando una canción termina y
comienza una lenta.

Inhalo un poco, a punto de decir, “Oh, es una canción lenta, vamos


a sentarnos con esto", a pesar de querer agarrar al Negociador como un
koala. Pero antes de que pueda hablar, él me acerca, una de sus manos se
dirige a la parte baja de mi espalda, donde queda expuesta mi piel.
Hay algo extrañamente íntimo en su mano tocando la piel desnuda
en la base de mi columna, algo que me ruboriza las mejillas.

No tengo idea de qué hacer con mis manos. Ninguna maldita pista.

El Negociador se inclina.
—Pon tus brazos alrededor de mi cuello —dice.

Tentativamente lo hago.

Me he quedado dormida envuelta en este hombre, y sin embargo,


esto se siente extrañamente más expuesto, con él mirándome, sus ojos
plateados brillando extrañamente.

Le brindo una sonrisa nerviosa, una que estoy segura de que ve


bien.

Su cabeza se inclina hacia mi oreja.


—Relájate, querubín.

Su pulgar acaricia la piel expuesta de mi espalda baja, y mi boca se


seca. Mis ojos caen. Puedo sentir la atracción de ceder a la sirena. No
tengo un buen control sobre ella todavía. Pero a medida que la canción
avanza, me siento más cómoda. Decido echar un vistazo a Des.

No estoy preparada para ver la expresión atormentada en su rostro.

—¿Qué pasa?

—Todo, querubín —dice—. Todo.

5
Es una canción de 1962 hecha por Bobby “Boris” Pickett acerca de un monstruo y su
dueño, un loco científico.
Presente

M e quedo mirando el teléfono mucho después de colgar con


Temper.
Las hadas solamente hacen esto con sus prometidas.
Técnicamente, Des y yo éramos amantes. Pero no estábamos en
ningún tipo de relación. Y definitivamente no estábamos comprometidos,
para usar la palabra obsoleta de Temper.
Pero Des estaba mostrando sus alas a otros hombres, obligándolos a
retroceder sin decirme nada.

Mi sangre está empezando a hervir.


.Cómo se atreve.
Salgo corriendo de mi habitación solo para encontrar al Negociador
yendo de un lado a otro, con aspecto agitado como el infierno.

—¿Es verdad? —exijo.

Se detiene.
—¿Qué es verdad?

Casi me sorprende que no sepa de qué hablé con Temper. Tanto por
ser el Maestro de los Secretos, o cualquiera que sea su título.
—Acerca de tus alas —le digo—. ¿Es cierto que las has estado
mostrando para que todos sepan que no deben tocarme? ¿Que te
pertenezco?

Se queda completamente quieto, pero sus ojos... sus ojos son


brillantes. A nuestro alrededor, las sombras comienzan a juntarse en la
habitación.

Las campanas de alarma se están apagando en mi cabeza.


—Lo es —digo mientras la verdad cae sobre mí.
Cuidadosamente, se acerca a mí.
—Bastardo —le digo—. ¿Pensabas siquiera decírmelo?
Se detiene frente a mí, luciendo un poco amenazante.

Y no doy dos mierdas.

Lo empujo con mi dedo en su pecho.


—¿Lo. Hiciste?

Mira hacia mi dedo, como si lo hubiera ofendido personalmente. Y


luego veo la comisura de su boca curvarse.

Se adentra más en mi espacio, su pecho rozando el mío.


—¿Estás segura de que quieres conocer mis secretos, querubín? — dice
—. Te costarán mucho más que una muñeca llena de cuentas.

—Des, solamente quiero respuestas de ti.

Me sorprende ver que sus ojos se profundizan con emoción. Toma


un mechón de mi cabello y lo frota entre sus dedos.
—¿Qué puedo decir? Las hadas pueden ser amantes increíblemente
celosos y egoístas.

—Deberías habérmelo dicho.

—Tal vez estaba orgulloso de tener mis alas afuera —admite,


bajando nuevamente mi mechón de cabello—. Tal vez disfruto de la forma
en que las miras y la forma en que otros las miran. Tal vez siento cosas
que no había sentido antes.

Mientras habla, sus alas se despliegan lentamente. Y con cada


palabra que dice, mi irritación se disipa. En su lugar es algo más
incómodo. Algo que hace que me duela el corazón.

—Tal vez no quería decírtelo solo para descubrir que no sentías lo


mismo. Sé cómo ser letal, Callie. Sé cómo ser justo. No sé cómo tratar
contigo. Con nosotros. Con esto.
—¿Con que?

Sigue siendo críptico, incluso ahora después que prometió contarme


sus secretos.

Pasa un dedo por mi clavícula.


—No he sido totalmente honesto contigo.

Esta no es exactamente una revelación impactante.


—Hubo una pregunta que me hiciste —continúa—.¿Por qué ahora?
Me fui hace siete años, Callie. Entonces, ¿por qué vuelvo ahora?

Frunzo el ceño.
—Necesitabas mi ayuda —le digo. El misterio, las mujeres
desaparecidas. Había sido muy claro acerca de eso.

Se ríe, y el sonido es un poco tenso.


—Una mentira que se hizo realidad.

Ahora le doy una mirada extraña. Si no es por eso, ¿por qué?

Toca mi mejilla suavemente.

—Callie. —No es tanto que diga mi nombre sino cómo lo dice.


Sus alas se extienden por completo, el lapso de ellas extendiéndose a
través de su sala de estar. Esas cosas son enormes.
—Un hada no muestra sus alas a su prometida.

Desliza su mano detrás de mi cuello, su pulgar acariciando mi piel.


—Un hada las muestra a su alma gemela.
Capítulo 23
Traducido por Maria97Lour

Mayo, siete años atrás

D espués del baile, Des me lleva de vuelta a mi dormitorio,


desapareciendo solo lo suficiente como para pasar junto a la
chica que ocupa el escritorio principal de nuestro vestíbulo.

Ahora vacila en el umbral de mi habitación, luciendo conflictivo


como el infierno.

En lugar de cuestionar su mirada, tomo su mano y lo jalo, cerrando


la puerta detrás de él. Dejo caer el dobladillo de mi vestido, que lo he
estado llevando desde que dejamos el baile, con miedo de ensuciarlo más
de lo que ya lo había hecho. Es la prenda de vestir más bonita que he
tenido.
Corro mis manos nerviosamente por el sujetador.

—Gracias —digo en voz baja, bajando la mirada a mis pies.

Des no responde, pero siento sus ojos en mí. Esos ojos perversos y
calculadores.
—Esta noche fue... —Algo de un sueño. Todavía puedo sentir la
forma en que me sostenía cuando bailamos—, maravilloso.

El Negociador se sienta pesadamente en mi cama, pasándose las


manos por el pelo.

Espero alguna reacción, pero no llega.

El silencio en el interior de esta pequeña habitación se extiende, y


por una vez no se siente nada cómodo.
—¿Pasa algo? —pregunto. Puedo sentir la preocupación
revolviéndose dentro de mí; prácticamente puedo saborear su amarga
picadura en la parte posterior de mi garganta.

Esta no puede ser solo la mejor noche de mi vida. No consigo tener


nada tan dulce.
Pobre Callie. Siempre afuera, siempre mirando al interior.
Deja caer sus manos desde donde acunan su cabeza.

—Ya no puedo hacer esto.

Me mira y casi retrocedo. Por una vez Des es el que muestra sus
emociones, y me mira como si hubiera estado esperándome toda su vida.
Tal vez llegue a tener esta noche con toda su dulzura.

Quizás obtenga más que solo esta noche.

—¿Des? ¿De qué estás hablando?

Veo su garganta moverse mientras me mira, su mirada desafiante.


Se levanta de la cama, parándose una vez más. La forma en que su
mandíbula se cuadra hace que mi corazón se acelere. Se ve siniestro.
Peligroso.

Comienza a acecharme, sus ojos recorriendo mi cuerpo, su mirada


hambrienta.

Estaba preocupada de que este hombre no sintiera nada hacia mí.


Ahora una buena dosis de miedo inunda mis venas porque una pequeña
voz susurra: Oh, pero lo hace, y ese es un destino mucho peor.
—Dame una buena razón por la que no debería llevarte lejos de aquí
esta noche. Ahora mismo.

—¿Llevarme lejos? —Le lanzo una mirada extraña—. ¿Tienes otro


negocio esta noche? —No he estado haciéndome cargo de tantas
últimamente, no desde que utilicé glamour en uno de sus clientes.

Comienza a rodearme.

—Te llevaría lejos y nunca te liberaría. Mi dulce y pequeña sirena.

Pasa una mano por la piel desnuda de mi espalda y tiemblo.

—No perteneces aquí, y mi paciencia y humanidad disminuyen.


Algo no está bien.

—Podría hacerte hacer tantas cosas, tantas, muchas cosas — susurra


—. Lo disfrutarías todo, te lo prometo. Lo disfrutarías todo, y yo también.

Trago saliva, mi mirada se precipita hacia mi brazalete. Puedo sentir


su magia persuadiéndome hacia algo difícil de alcanzar.

—Podríamos comenzar esta noche. No creo que pueda soportar otro


año —dice, mirándome de nuevo—. Y tampoco creo que tú puedas. —Solo
por la forma en que dice esto sé que está lleno de hambre.

Mientras se mueve a mí alrededor, tomo su mano, tratando de


detenerlo, a estas extrañas y crípticas confesiones suyas.

—Des, ¿de qué estás hablando?

Entrelaza sus dedos por los míos, sosteniendo nuestras manos entre
nosotros.

—¿Cómo te gustaría comenzar a pagar esta noche?

Ahora no hay nada más que sexo y deseo en sus ojos.

Durante el año pasado, las únicas cosas que me parecieron


particularmente fae sobre Des fueron su engaño y su brutalidad. Pero en
este momento, Des es todo hada. Está en sus palabras y su expresión
aterradora. Esta versión de él es oscura y extraña.
Oscura, extraña y convincente.

Y mientras baja la mirada a nuestros dedos entrelazados, sus labios


se extienden hacia la sonrisa más brillante y cruel hasta ahora. Casi retiro
mi mano; algo así como el auto preservación me impide correr. Tengo la
sensación de que este hombre se está sumergiendo los dedos de sus pies
en aguas traicioneras en este momento, y cualquier movimiento
equivocado que haga lo hará caer de cabeza sobre él.
Tomo una respiración temblorosa.

—Desmond Flynn, lo que sea que esté pasando, necesito que salgas
de eso.
Sueno mucho más tranquila de lo que me siento. Mi pulso late como
un tambor entre mis oídos.
Acerca nuestras manos unidas a sus labios y cierra los ojos. Se
queda así, inmóvil, durante al menos un minuto. El tiempo suficiente para
que me preocupe. Pero eventualmente abre los ojos, las aletas de su nariz
llameando. Y sé, con solo una mirada, que el Des que he llegado a conocer
y en el que confío está de vuelta.

Su expresión contiene un mundo de remordimiento.

—Lo siento, querubín —susurra, con voz ronca—. No tenía la


intención de que vieras eso —continúa—. Yo soy... no soy humano, como
parezco ser.
Hay algo que canta en mi sangre, y estoy bastante segura de que
una buena parte de eso sigue siendo miedo, pero sobre todo es esperanza.
No soy particularmente valiente, pero decido serlo ahora.

—¿Te... gusto? —pregunto. No hay error en mi pregunta.

El Negociador suelta mi mano.

—Callie. —Se está alejando físicamente, emocionalmente.


— ¿Lo haces? —presiono.

Porque obtuve esas vibraciones cuando prometió llevarme y hacer


que le devolviera el favor.

Uno de sus pulgares roza mi pómulo. Aun frunciendo el ceño, baja la


cabeza.

Lo hace.

Mi piel se ilumina, su resplandor es cegadoramente brillante, y estoy


feliz, estoy tan malditamente feliz porque le gusto, y a mí me gusta, y él me
llevó a un baile, y en lo que respecta al mundo sobrenatural, soy
legalmente un adulto.
Esto puede funcionar.
A pesar de que es más que un poco de miedo, y aunque mi sirena no
ama nada más que aprovecharse de él, es la luna en mi cielo oscuro.

Mi oscuro rey. Mi mejor amigo.

Me levanto de puntillas.

—Callie…
Lo corto con un beso. Es un poco indulgente llamarlo un beso. Mis
labios rozan los de él, y allí se quedan.
Las manos del Negociador se mueven hacia mis antebrazos y los
aprieta. Juro que quiere acercarme más, pero no lo hace.

Sus labios permanecen rígidos debajo de los míos, y voy a perder


valor rápidamente.
Pero luego suelta un sonido adolorido y su boca comienza a moverse.
De repente, pasa de ser un "beso" a ser un beso.
Me toma en sus brazos, sus labios se extienden sobre los míos
moviéndose desesperadamente, como si no tuviera suficiente. Como si este
fuera el primero, el último, el único beso que tendrá.

Todo eso me deja sin aliento. Deslizo mis brazos alrededor de su


cintura, sintiendo que me estoy agarrando por mi vida. Cada parte de mí
encaja perfectamente contra cada parte de él.

El infierno no podría darme un hombre más malvado; el cielo no


podría darme un momento más perfecto. Un año que he esperado, un año
que he agonizado, un año desesperada de que esto nunca sucediera.

Y ahora está pasando.

Una de las manos de Des se enrosca en mi cabello, agarrándolo


bruscamente. No puede abrazarme con más fuerza y, sin embargo, siento
que lo intenta. Que está tratando de llenarse con mi esencia.
Y aquí pensando que me preocuparía lo mala que sería mi técnica de
besos. No había imaginado esto, que me ansiaba como un moribundo que
anhela la vida.

Mis labios se abren cuando jadeo en un soplo de aire, y es como si la


acción rompiera un hechizo. En un momento la boca de Des está en la
mía, la siguiente, se va.

Me suelta, tambaleándose hacia atrás con la respiración pesada. Las


sombras se juntan a su alrededor, más gruesas y densas de lo que nunca
las había visto. También se envuelven alrededor de mí, pareciendo nubes
de tormenta negras.
Pero solo tengo tiempo para maravillarme de sus sombras antes de
que mis ojos se dirijan hacia arriba, arriba.
Detrás de Des, dos alas malvadas y plateadas brillan en su
esplendor, y las afiladas crestas con punta de garra se elevan por encima
de la cabeza del Negociador.

—Tus alas... —digo, asombrada.


El único momento en que salen nuestras alas es cuando queremos pelear o follar,
había dicho.
Y no creo que quiera pelear conmigo.

Des no se molesta en mirar por encima del hombro, todavía me está


mirando.

—Lo siento —dice—. Nunca se suponía que sucediera así. Debería


haber esperado. Tenía la intención de esperar.
—Des, ¿qué pasa? —digo, dando un paso adelante. Mi estómago está
cayendo en picado. Ya puedo sentir su arrepentimiento.

Arrastra una mano temblorosa por su cabello.

—Me tengo que ir.

—No —digo, mi piel se oscurece.

—Lo siento —repite—. Tenía la intención de darte más tiempo.


Nunca debería haber hecho esto, nada de esto.

¿Nada de esto?

No puede estar diciendo lo que creo que está diciendo.


Especialmente no cuando sus alas aún están afuera. Han estado
temblando, como si quisieran extenderse.
—Pero te gusto —digo, sin entender de qué está hablando, pero
escuchando el arrepentimiento en su voz.

—Soy un rey, Callie. Y tú eres…

Rota.

—Inocente.

—No soy inocente. —Dios, no lo soy.

Se adelanta y me acaricia la mejilla.


—Sí lo eres. Eres tan dolorosamente inocente de tantas maneras, y
yo soy un hombre muy, muy malo. Debes mantenerte lejos de mí porque
parece que yo no puedo hacerlo.

Espera.

—¿Mantenerme alejada? ¿Pero por qué?

—No puedo ser tu amigo, Callie.


No puedo ser solo tuyo tampoco.
—Entonces no lo seas —le digo, mi voz ronca.

—No sabes lo que estás pidiendo —dice, buscando mi rostro.

—No me importa. —Y realmente no lo hace.

—Pero a mí sí —dice en voz baja. Hay una finalidad en sus palabras.

Siento una lágrima caer porque sé lo que es esto.

Es un adiós. Y no entiendo nada de lo que pasa.

Su voz cae.

—No llores.
—No tienes que irte —le digo—. Todo puede volver a ser como era
antes. Podemos... pretender que esta noche nunca sucedió.
Prácticamente me ahogo con las palabras. No quiero fingir nada de
esto.

Des frunce el ceño. Todavía sosteniendo mi barbilla, tira mi rostro


hacia adelante, besando cada una de mis lágrimas.

Cuando se aleja, veo algo en sus ojos, algo que me hace pensar que
los sentimientos del Negociador son más profundos de lo que suponía. Eso
solo me confunde más.

—Solo... dame algo de tiempo. —Casi a regañadientes me suelta,


retrocediendo.

— ¿Cuánto tiempo te vas a ir? —pregunto. En el último año, nunca


había pasado más de unos días sin verlo.

Sus labios se juntan.


—El tiempo suficiente para descubrir lo que quiero y lo que te
mereces.

La forma en que dice eso hace que el pánico se despliegue dentro de


mí. Este es el final de algo. Pensé que era el comienzo... pero no lo es. Fue
tonto de mi parte ser tan optimista.

— ¿Qué pasa con mis deudas? —Las 322 de ellas. Son un salvavidas
de repente.

—No importan.
¿No importan? Este es el Negociador, el hombre que hizo un imperio
de sus negocios. No derrocharía a cientos de ellos así.

Ahora es más que solo el pánico que siento. Estoy aterrorizada. Se


va, no solo por la noche, sino por mucho tiempo. Quizás por el resto de las
noches de mi vida.
Su mano cae sobre el pomo de mi puerta. Y lo sé, esto es todo: el
momento en que sale de mi vida.

Todo por un solo beso. Un beso que reveló sus alas.

Nunca antes las había visto. La única vez que el inquebrantable Des
decayó estaba conmigo.

Eso tiene que valer algo, ¿verdad? Algo por lo que vale la pena
luchar.

—Un último deseo. —Mi voz es más dura de lo que imaginaba. Más
firme.

Inclina la cabeza.

—No lo hagas, Callie —dice, casi rogándome.

Su única debilidad, un trato. Parece que no puede evitarlo cuando se


trata de otorgarme favores.

No sé qué me pasa, qué extraña compulsión me empuja a decir


palabras que no tengo derecho a decirle al Negociador. Solo sé que mi
mundo se ha detenido, y si no hago nada, caerá de su eje.

Cierro los ojos y las palabras de un viejo libro fluyen de mis labios.

—De la llama a las cenizas, del amanecer al anochecer, por el resto


de nuestras vidas, sé mío siempre, Desmond Flynn.
Todo lo que escucho es su respiración entrecortada.

Ni siquiera tengo la fuerza de ánimo para avergonzarme. El viejo


verso vinculante hablado entre los amantes se sintió bien al dejar mis
labios.

Abro los ojos, y los dos nos miramos el uno al otro. Nunca he visto
horror y maravilla juntos en la cara de alguien, pero se las arregla para
usar ambos. Y luego se desvanece en una voluta de humo.
No sabía entonces que no volvería.

Presente

U n hada no muestra sus alas a su prometida. Un hada las muestra a su alma


gemela.
Dejo de respirar.

Todo el mundo se calla, hasta que todo lo que puedo escuchar es el


latido de mi corazón, mi estúpido y esperanzado corazón.

—Mientes —le susurro.

Me da una pequeña sonrisa, sus ojos brillando muy intensamente.

—No, querubín. No lo hago.

Siento que estoy a punto de romperme.

—¿Entonces estás diciendo...?

—¿Que estoy enamorado de ti? ¿Qué lo he estado desde que eras esa
adolescente obstinada con demasiado coraje? ¿Que eres mi alma gemela y
que soy tuyo? Dioses sálvame, sí, lo estoy.

Mis rodillas casi se doblan.

Almas gemelas.

Sí, mi corazón susurra, almas gemelas.


Hace siete años enterré mi pasado y me rehíce. Hace siete años me
enamoré.
Me enamoré y nunca me olvidé de eso. Lo cual fue problemático,
porque hace siete años mi primer amor me rompió el corazón.

—Pero te fuiste —digo suavemente.

Él se mantiene rígidamente en su lugar.

—Lo hice —dice, con los ojos tristes—. Pero nunca quise estar lejos.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Se pasa una mano por el pelo, mira hacia otro lado, luego respira
hondo y su mirada vuelve hacia mí.

—Eras tan malditamente joven —dice en voz baja, sus ojos buscando
mi rostro—. Y habías sido abusada. Mi corazón te eligió a ti. Lo sentí esa
primera noche, pero no lo creí, no hasta que el sentimiento creció y no
pude ignorarlo. No podía estar lejos, apenas podía resistirme, pero no
quería empujarte hacia algo. No cuando acababas de escapar de un
hombre que tomaba y tomaba. No quería que pensaras que eso era lo
único que buscaban los hombres.
No puedo respirar. Una lágrima silenciosa recorre mi mejilla. Luego
otra.

Des limpia mis lágrimas, su expresión es tan gentil.

—Así que te dejé jugar tu juego, comprándome favor tras favor,


hasta el día en que no pude soportarlo. Ninguna compañera
mía debería deberme. Pero mi magia tiene una mente propia... como tu
sirena, no siempre puedo controlarla. Pensó que cuanto más me debieras,
más tiempo podría garantizar que estuvieras en mi vida. Por supuesto, esa
estrategia llegó a un brusco final en el momento en que lanzaste tu último
deseo.
Todavía me caen lágrimas por la cara mientras torturo mi cerebro
por el deseo al que se refiere.

—Ese deseo final tuyo —continúa—, fue más grande que cualquiera
de los dos. Me querías, yo estaba enamorándome de ti, y no era adecuado,
Callie. Sabía que no era correcto. No cuando tenías dieciséis. Pero podía
ser paciente. Por mi pequeña sirena, mi compañera, podía hacerlo.
Me lanza una sonrisa suave, sus ojos brillando con alguna emoción
profunda.
Y me siento ligera como el aire. Esto es todo lo que quería escuchar
hace tantos años. Y ahora me está haciendo llorar más fuerte. Pensé que
mi corazón con cicatrices se había enamorado del único hombre que no
podía amarme de vuelta.

Sus ojos se alejan.

—Pero ese deseo... yo era un prisionero de él.


—¿Qué deseo? —Sigue mencionando este ominoso deseo, y no tengo
idea de qué está hablando.

El enfoque de Des se agudiza.

—El último. En la noche del baile: “De la llama a las cenizas, del
amanecer al anochecer, por el resto de nuestras vidas, sé mío siempre, Desmond
Flynn” —dice, citando el verso vinculante del que hablé hace mucho
tiempo.

Mi cara se calienta.

—Nunca me concediste eso.

—¿Estás segura de eso?

Mi piel se enfría cuando asimilo sus palabras.

—¿Tú... lo has concedido?

—Lo hice —dice el Negociador, moviendo sus ojos a mis labios.


Había aceptado ser mío. Mi cerebro está explotando por eso.
Miro a mi brazalete.

—Pero las cuentas nunca se mostraron…

—No lo harían, dado que ya las estabas pagando. Ambos lo


estábamos haciendo.
Se me corta la respiración, y un nudo se forma en mi garganta.

—¿Qué quieres decir? —Apenas digo las palabras.

—Un favor tan grande como el que solicitaste requiere un pago


excesivo —continúa el Negociador—. ¿Crees que mi magia te permitiría
comprar un compañero tan fácilmente? Ese tipo de favor requiere una
buena dosis de angustia y años de espera… siete años, para ser precisos.
Siete años.

Oh Dios.

La magia del Negociador es sutil, si no la estás buscando, nunca la


notarás.
Todo ese tiempo que había intentado y no había podido seguir, todo
el tiempo que resentía al Negociador, todo había sido parte del deseo.

—Todos los días, después de tu último deseo, trabajé muy fuerte


tratando de acercarme a ti —dice Des—. Y todos los días me detenía mi
propia magia, que se había vuelto en mi contra.

Estoy sacudiendo la cabeza porque no puedo hablar. El verso


vinculante lo había expresado por pura desesperación. Cuando la última
noche de hace siete años se repite en mi cabeza, la veo desde una nueva
perspectiva: la de Desmond. Inhalo bruscamente cuando me doy cuenta de
cómo se desarrollaron los acontecimientos según él.
Había cumplido mi deseo tanto como yo. Nunca me había dado
cuenta de que no podía detener sus propios tratos.

—Entonces un día —continúa Des—, la magia se apoderó de mí.


Traté de acercarme a ti como lo había hecho mil veces antes, y esta vez, la
magia no me detuvo. —Sus ojos plateados brillan mientras me mira—.
Finalmente, después de los siete años más largos de mi vida, pude volver a
mi amor, mi compañera. La dulce sirena que amaba mi oscuridad, mis
tratos y mi compañía cuando no era nadie y nada más que Desmond
Flynn. La mujer que tomó el destino en sus propias manos cuando
pronunció esos antiguos votos y se declaró mía.
Una sonrisa maliciosa levanta primero un lado de su boca, luego el
otro.

—Callie, te amo. Te he amado desde el principio. Y te amaré mucho


después de que muera la última estrella. Te amaré hasta el final de la
oscuridad misma.

—Me amas —digo, dejando que eso se asimile.

—Te amo, Callypso Lillis —repite.

Y luego... sonrío. Mi corazón parece que va a estallar


—¿Tú... quieres estar conmigo? —pregunto, de repente tímida. Parte
de mí todavía está incrédula.

Des me acerca.

—Callie, esto puede ser un exceso de pretensión, pero tengo la


sensación de que quieres eso en este momento...

Mi sonrisa se ensancha.

—Lo quiero.

Sus ojos se mueven sobre mi cara.

—Quiero despertarte cada mañana, querubín, y quiero casarme


contigo, y luego quiero tener muchos y muchos bebés contigo. Sí, es decir,
aun me quieres.

Miro a Des, con su cabello blanco rubio y sus llamativos ojos


plateados. Está todo desnudo, su amor, su emoción, su anhelo. Des, quien
me salvó la vida, quien me mira como si fuera su luna y sus estrellas.

Por una vez, el Rey de la Noche no tiene el control de la situación. No


tiene ninguna de las cartas, pero me ha mostrado su mano. Y su mano es
todo lo que siempre quise.
Y ahora me está pidiendo que tome la decisión de si todavía quiero o
no a este hombre en mi vida.

Lo quería hace siete años, y todo ese tiempo desde entonces seguí
deseándolo, incluso cuando sabía que era imposible. Incluso cuando lo
odiaba, lo quería. Lo quería ayer, lo quiero hoy, lo quiero mañana y al día
siguiente. Lo quiero por el resto de mi vida.

Siempre lo haré.

—Seré tuya, si tú eres mío —le digo.

Des sonríe tan brillante que llega a cada rincón de su rostro. Estoy
casi boquiabierta por eso.

—Siempre seré tuyo, querubín.

Y es pura reacción, pero empiezo a devolverle la sonrisa, incluso


cuando dejo escapar una lagrima de felicidad.

Mi corazón se está rompiendo, y está reconstruyéndose, y todo mi


cuerpo se ilumina desde adentro hacia afuera.
Des agarra mis mejillas.

—Y las montañas pueden levantarse y caer, el sol puede


marchitarse, el mar reclamar la tierra y tragar el cielo. Pero siempre serás
mía. —Pasa sus nudillos sobre mi pómulo—. Y las estrellas podrán caer de
los cielos, la noche podrá cubrir la tierra, pero hasta que la oscuridad
muera, siempre seré tuyo.
Capítulo 24
Traducido por Feyrod/Corregido por krispipe

P
arpadeo varias veces una vez que Des termina de hablar.
—Eso fue…
—La versión de un voto de mi tierra. —Todavía no ha
dejado caer sus manos de donde acunan mi cara—. He querido decirte
esas palabras durante años. —Apoya su frente contra la mía—. Los humanos
no son los únicos con votos de amantes arcaicos.

Y entonces Des me besa.

Un beso para terminar con todos los besos. El amor es otro tipo de
magia sutil. Puede unir a las personas y dividir vidas. Puede lavar la
tristeza, puede perdonar.

Puede redimir.

Las alas de Des se envuelven alrededor de nosotros hasta que


estamos en nuestro pequeño mundo.
—¿Verdad o reto? —susurra.

—Verdad —digo.

—¿Me amas? —pregunta. Juro que una vez que pregunta, contiene
la respiración. Pero tal vez estoy imaginando cosas.
—Nunca he dejado de amarte.

Por un momento, cierra sus ojos, aceptando mi admisión. Cuando


los abre de nuevo, están llenos de tantas emociones, y sé lo que sucederá
después.

Su mano se eleva desde mi pecho y me acuna el cuello. Me mira


como si fuera una deidad arcaica a la que adora.
—Desmond.
Sus ojos se mueven hacia mis labios, y muy lentamente, baja su
cabeza. Lo encuentro a mitad de camino, nuestras bocas chocan. Ambas
manos se mueven a cada lado de mi cara, enredándose en mi cabello.

No trato de evitar que la sirena tome la iniciativa tan pronto como


me doy por vencida. Mi piel se vuelve más brillante, y lo rodeo con mis
brazos, atrayéndolo más cerca.

Él se separa, dejando besos a lo largo de la parte inferior de mi


mandíbula, mi cuello, la unión entre mis clavículas.

Hago un pequeño ruido en la parte posterior de mi garganta, y siento


su sonrisa en mi piel. Su pelo me hace cosquillas en la carne donde me
toca, y los labios del Negociador... se mueven más abajo, hacia el valle
entre mis pechos.

No nos detendremos solo con besos. No esta noche.

Su aliento se extiende a lo largo de mi piel, y me arqueo hacia él. Se


aleja lo suficiente para quitarme la blusa y luego mi sujetador. Tirando las
prendas a un lado, pasa varios segundos mirando mi torso expuesto. La
mirada en sus ojos es hambrienta.
Nunca antes me había visto desnuda… y yo nunca lo había visto
desnudo antes, para el caso. La realización es impactante, considerando
todo lo que hemos hecho.

Yendo detrás de su espalda, Des se quita la camisa, y me maravillo


con sus pectorales esculpidos, sus brazos tonificados, su duro estómago.
Paso los dedos sobre cada uno de sus abdominales, por primera vez siento
como si tuviera el derecho a tocarlo. Parece tallado en mármol, su piel
tensa sobre gruesos músculos. No voluminoso como Eli, sino cada
pedacito esculpido.
Almas gemelas.
Él es mío, y yo soy de él.

Estoy casi mareada de alegría. ¿Alguna vez he sido así de feliz en


toda mi vida?
El Negociador me levanta y me lleva por el pasillo a su habitación,
pateando la puerta detrás de nosotros.
Me tiende en su cama, luego se inclina sobre mí, sus caderas
estrechas acurrucadas entre mis muslos. Incluso ese contacto me mueve
contra él, impaciente por más.

Pero a diferencia de mí, Des parece tener una paciencia ilimitada, su


mirada se mueve hacia mi pecho desnudo. Su mano ahueca mi pecho, su
pulgar se mueve en círculos alrededor de mi pezón hasta que se endurece.
Se inclina hacia este, sus labios reemplazan sus dedos. Su lengua se
mueve sobre este, y me arqueo hacia él.

Jesús, va a hacer que me venga antes de que estemos


completamente desnudos.

Mis manos se mueven sobre los músculos de su espalda, mis dedos


lo aferran fuertemente.

Su boca se arrastra por mi estómago, sus manos se deslizan a cada


uno de mis lados. El Negociador me mira a través de sus pestañas cuando
golpea la pretina de mis pantalones vaqueros.

—Quítamelos —exhalo.

No hace nada por un segundo, y me da la impresión de que está


saboreando este momento. Luego vuelve a subir y me besa. Mientras hace
esto, siento el pincel de su magia. Un momento después, mis pantalones
se desabrochan y se deslizan.

No puedo evitarlo, rompo el beso para reír.

El hombre mismo sonríe hacia mí, pero el humor en su expresión se


desvanece en algo mucho más perverso.
Su rostro está a centímetros del mío, su cabello colgando alrededor
de su rostro.

—Mi compañero —digo maravillada.

—Tu compañero —repite.

Incluso esto es casi demasiado. Mi corazón y mi cuerpo no pueden


tomar tantas buenas sensaciones a la vez. Siento que voy a desintegrarme,
y cuando finalmente me vuelva a reunir, no seré la misma Callie que una
vez fui.
Siento nuevamente el aliento de su magia, y esta vez son sus
pantalones los que se deslizan. Solo tengo un par de segundos para
apreciar su bóxer negro antes de que también desaparezcan.

Lo he imaginado tantas veces, pero mi mente nunca le ha hecho


justicia. Cada curva de músculo que envuelve sus muslos, la V definida
que apunta a su muy largo pene, la forma en que su cintura se estrecha y
las transiciones fluidas a sus caderas estrechas y culo esculpido; es mejor
que cualquier cosa que mi mente pudiera conjurar.

Me deja beberlo por un momento, y luego se desploma sobre mí, su


erección presionada firmemente contra mi pierna.

Estoy brillando tan intensamente como nunca lo he hecho.


Normalmente tengo que retener algunos de mis poderes cuando hago el
amor, de lo contrario, mi glamour puede convertir palabras inocentes en
órdenes que controlan a mi pareja, y me gusta mi sexo consensual,
gracias.

Pero con el Negociador, no tengo que preocuparme por eso; él no


puede caer bajo mi hechizo como lo hacen otros hombres. La sensación de
ser yo misma total y completamente —algo que nunca he sentido con
nadie más—es liberador.

Su mano toca mis bragas de encaje.


—Tienen que irse. —En el momento en que se pronuncian las
palabras, siento una mano invisible quitándomelas.

Ya no hay nada gracioso sobre la magia. No cuando El Negociador —


Desmond—, me está mirando con una promesa en sus ojos.

Besa mis labios, suavemente, dulcemente, luego se posiciona. Puedo


sentirlo en mi entrada.

Se aleja de mis labios, sus ojos se mueven sobre mi rostro. De


nuevo, me da la impresión de que está memorizando el momento. Mientras
mira, empuja hacia mí.
Mi pelvis se levanta para encontrarse con la de él, y centímetro a
centímetro, se desliza dentro de mí. Mis labios se separan en silenciosa
sorpresa y nuestros ojos se unen. Todos esos años de espera, de
esperanza, de desesperación, todo condujo a este momento.

Perfección.
Un escalofrío golpea su cuerpo cuando está completamente colocado
en mí.
—Quiero quedarme aquí... para siempre.

Mi garganta trabaja mientras mis manos se mueven sobre sus


hombros, luego se deslizan alrededor de su espalda. Quiero que se quede
aquí también, los dos envueltos el uno en el otro.

Se desliza fuera casi todo el camino antes de empujarme duro. Gimo


ante la sensación, el sonido es sobrenatural.

La sonrisa que me muestra es un pecado puro.


—Me gusta hacer gemir a mi dulce sirena.
Se mueve dentro y fuera de mí, sus golpes son poderosos.

Dios, es asombroso a la vista. Sus cejas están ceñidas, sus labios


separados, y con cada empuje sus abdominales se flexionan. Verlo
haciéndome esto es suficiente para hacer que me corra.
Se baja, su pulido pecho se encuentra con el mío, y sus manos
apartan el pelo de mi cara. Me acerca aún más, sus mejillas rozan las
mías. Su ritmo lento y tierno.
Hacer el amor. Eso es lo que es esto. Él es amable, y me consuela
incluso después de haber recibido mi amor y encontrarse entre mis
piernas.
Así es como podría ser siempre.
Noches como esta que se extienden una y otra vez en el futuro. Mi
corazón duele por la posibilidad. Amor verdadero; siempre parecía estar
más allá de mi alcance. Solo creí en él porque sentí intensamente su
ausencia todos esos años que pasamos separados.

Por tanto tiempo pensé que algo estaba mal conmigo


emocionalmente. Que no podría amar completamente, que no podría ser yo
misma. Que era débil. Aquí en los brazos de este hombre, me doy cuenta
por primera vez en mucho tiempo de que no estoy rota. Ni siquiera de
cerca.
Soy su compañera. Él
es mío.
Mis manos se deslizan por su espalda encorvada, luego corren a lo
largo de sus brazos, bebiendo cada uno de sus músculos esculpidos.

El Negociador se agacha y muerde mi pecho, y de repente estoy justo


al borde de un orgasmo que se ha estado construyendo mucho antes de
que Des incluso entrara en mí.

Como si pudiera sentir lo cerca que estoy, Desmond profundiza cada


empujón, sus ojos clavados en mí. Se inclina y me besa bruscamente.

—Me gusta esta mirada en ti, querubín —dice—. Y saber que soy
responsable de ella.

Mis brazos se tensan a su alrededor, atrayéndolo más cerca


mientras mis ojos se cierran y mi boca se separa.
—No te atrevas a cerrar los ojos —dice—. Quiero ver todo lo que te
hago.

Una ráfaga de magia fluye a través de mí, forzando mis ojos a


abrirse.
—Desmond —es todo lo que tengo tiempo de decir antes de que mi
orgasmo me desgarre.

Grito, el sonido es una especie de melodía. Mi piel brilla, su brillo se


refleja en los ojos de Desmond.

Los empujes del Negociador se vuelven más rápidos hasta que su


cuerpo se quiebra. Y luego, con un gemido, un orgasmo atormenta su
cuerpo, forzándolo a entrar en mí más duro y más profundo que antes.

Tan pronto como termina, se gira a mi lado y me toma en sus


brazos. Me abraza con fuerza, como si no pudiera soportar ni una pulgada
de nuestra piel separada. Su piel todavía está resbaladiza por el sudor, y la
mía se está oscureciendo lentamente a medida que los últimos restos de
mi orgasmo son reemplazados por un agotamiento saciado. Huele a mí y
yo huelo a él.

Me mira, con una expresión maravillosa. Sus ojos están felices, tan
insoportablemente felices.
—Mi sirena —dice—. Mi compañera. Los años que he esperado por
ti.
No puedo detener la sonrisa que se extiende a lo largo de mi cara
yaciendo en los brazos del Negociador. Por primera vez en mi vida, mi
mundo se ha sentido inequívocamente correcto.
Uno de los dedos de Des recorre mis labios, su mirada se paralizada
en mí.

—¿Por qué no dijiste nada el primer día que volviste a mí? —


pregunto con curiosidad. Eso podría habernos ahorrado tanta angustia.

Resopla una risa.


—Como si fuera fácil, querubín. Quería, pero no me habías visto en
siete años, ahora tenías una relación, y más o menos querías desollar mi
trasero vivo. Mis opciones eran limitadas.

Sonrío un poco al respecto.

Me acerca más.
—Ah, daría mi reino solo por esa sonrisa.

Podría bañarme en las palabras de Des. Palabras que normalmente


provocan y se burlan y persuaden. Palabras que me han seducido una y
otra vez. Esta noche son la serenata más dulce.

Paso mis dedos sobre su manga de tatuajes.


—¿Qué significa todo esto? —Hay una rosa derretida en lágrimas.
Hay ángeles, humo y escamas que se transforman en un ojo. Todo gira y
gira por su hombro y brazo. Es hermoso y macabro.

Des acaricia mi cabello, sus ojos todavía llenos de una suavidad no


característica. Es una mirada extraña en el normalmente aterrador
Negociador. Es una mirada que nunca quiero que deje su rostro.

Duda antes de contestar.


—Los obtuve cuando fui parte de los Ángeles de la Pequeña Muerte
—dice finalmente—. Una especie de hermandad.

Eso me tiene estirando el cuello para mirarlo.


—¿Estabas en una pandilla? —pregunto, deduciendo lo que no está
diciendo.

Sonríe irónicamente.
—Semántica. Vigilábamos las calles cuando el Reino Nocturno
estaba... bajo un liderazgo diferente. —Mira su manga, frunciendo el ceño
—. Fue hace mucho tiempo.

Realmente era un rufián antes de ser un rey. No sé exactamente qué


hacer con eso, excepto que parece algo apropiado.
Apropiado y petrificante.

—Pensé que eras un rey —digo.

—Soy un rey.
—Pensé que siempre habías sido un rey —aclaro.
—¿Decepcionada? —pregunta. Su cuerpo se endurece, al borde.

Nunca me di cuenta de lo mucho que mis palabras lo afectan.

Trazo las líneas de la rosa colgante.


—No, en absoluto. —Me gusta la idea de que este hombre no creció
en un castillo— No creo haber podido lidiar con un titulado Desmond
Flynn.

Una mentira descarada. Hubiera tomado a Des casi de cualquier


forma en que viniera; habría tomado a Des sin haber comprendido
completamente su pasado.

Pero saber que gobernaba las calles en el Otro Mundo como


gobernaba las calles aquí... me hace apreciar quien es cada vez más. Sin
duda, hay una triste historia detrás de su pasado. Justo como la mía.

Lo abrazo más cerca.


—Dime otro secreto —le digo.

Puedo escuchar la sonrisa en su voz cuando habla.


—La noche en que te conocí, no pude sacarte de mi cabeza...

Caigo dormida con una banda sonora de los secretos más íntimos
del Negociador.

Des me despierta en las primeras horas de la mañana. Rueda sobre


mí y comienza a besarme con labios exigentes.

Lo siento duro contra mí, listo para irse.


Gimo un poco, la sirena en mí ya se está despertando.
—¿Otra vez? —digo, abriendo mis brazos hacia él mientras hablo—.
¿No estás siquiera un poco cansado?

Ya palpito por las dos veces previas que me despertó esta noche.
Pero a pesar de mí misma, sonrío como un gato que ha lamido toda la
crema, completamente satisfecha.

Des suelta una carcajada ronca.


—Querubín, hay beneficios de ser la compañera del Rey de la Noche.

Mi piel comienza a brillar de nuevo. Normalmente, mi sirena se


queda con ganas. Siempre con ganas. Pero el Rey de la Noche sabe
exactamente cómo satisfacerla.

Cómo satisfacerme.

Me muevo contra él mientras sus labios se deslizan sobre mi piel.

—No puedo intimarte lo suficiente, amor —murmura—. Me dejas con


ganas, incluso cuando estoy enterrado dentro de ti.

Sé la sensación. Ya existe esta urgencia que zumba a lo largo de mi


piel, para tocarlo, para saborearlo, para respirarlo dentro de mí y nunca
dejarlo ir.

Y bajo todo eso, es puro y absoluto temor.

Des me ama. Des pasó siete años tratando de regresar a mí.

Des no tiene idea de lo que significa ser mi compañero.

Lo empujo sobre su espalda. Sus brazos se cierran alrededor de mi


cintura, y termino a horcajadas sobre él, mi cabello cayendo en cascada
por mi espalda.
Extiende la mano y toma un puñado de este, mirándolo como si
nunca hubiera visto cabello antes.

Me inclino hacia adelante, mis manos recorriendo su pecho y sus


brazos.
—Que hadita más dulce —ronroneo, con mi voz melódica.

Des levanta una ceja arrogante ante eso. Ni siquiera necesita decir
nada para que ambos sepamos que dulce y pequeño son las últimas cosas que
él es.
—Voy a darte todos tus deseos más perversos —susurro, la sirena
marcada en mi voz.
Comienzo a arrastrar besos por su pecho, moviéndome más abajo,
más abajo.
—Uno… a… la… vez...

Contiene el aliento cuando se da cuenta de lo que intento.

Bajándome entre sus piernas, mi boca se cierra alrededor de él.

Todo su cuerpo se tensa.

—Dioses —maldice.

Sus manos se adentran en mi cabello, enredándolo.

Me muevo arriba y abajo, arriba y abajo, trabajándolo con mis labios


y mi lengua, mis manos moviéndose sobre cada punto de placer hasta que
lo tengo resistiendo contra mí.

Su respiración se dificulta volviéndose entrecortada e irregular.

No durará mucho. La idea me hace sonreír maliciosamente contra él.

De repente, me empuja lejos. Cuando mis ojos se encuentran con los


suyos, veo hambre desenfrenada en ellos.

—Juegas sucio, sirena —dice, haciéndome rodar sobre mi estómago.

Levantando mis caderas, frota la cabeza de su pene sobre mi


entrada. Arriba y abajo, arriba y abajo.

Recogiendo mi cabello en un puño, se inclina hacia adelante,


inclinando mi oreja hacia él.
—No pensaste que el Rey de la Noche sería amable, ¿verdad? —dice,
su voz ronca.

Su mano se mueve entre mis piernas. Pellizca mi clítoris, y dejo


escapar un gemido.

Des muerde el lóbulo de mi oreja.


—Mmm, me gusta ese sonido.

—Des... —Apoyo mi frente contra mi almohada, jadeando.


De repente, se empuja dentro de mí. Puedo sentir que mis paredes
interiores cedieron, haciendo espacio para él. Y ahora dejo escapar otro
gemido mientras me llena.

Una vez que está profundamente dentro de mí, no se mueve.

—Querubín... nunca podría haber imaginado que se sentiría tan


bien...

Ha sido así, cada vez. Al igual que la electricidad inquieta entre


nosotros dos, finalmente, finalmente se sacia.

Entonces se mueve, empujándose dentro y fuera de mí con fuerza


creciente. Me sostiene contra él, mi cabello aún atrapado en su puño.
Estoy atrapada en sus brazos, arqueándome hacia él.

Nuestros cuerpos se comienzan a humedecer, haciendo ruidos


resbaladizos a mientras sudamos. La oscuridad se acumula a nuestro
alrededor, y mi piel resplandeciente es la única iluminación en la
habitación.
Des suelta mi cabello todo de una vez, solo para pellizcar mis
pezones un momento después.

Eso es todo lo que se necesita.

Mi orgasmo se hace añicos a través de mí, y sigue y sigue y sigue. En


algún lugar en medio de eso, escucho a Des gritar, y luego él también se
viene, su pene entrando y saliendo de mí.

Los dos colapsamos juntos en una montaña de gelatina.

De la angustia a esto. La vida no podría mejorar.

A la mañana siguiente, cuando empiezo a despertar, me estiro, mi


cuerpo duele en todos los lugares correctos. El brazo de Des se tensa
alrededor de mi abdomen.

Estoy sonriendo incluso antes de abrir los ojos. Cuando lo hago, lo


primero que veo es el cabello rubio blanco del Negociador. Le paso la
mano, disfrutando de tocarlo, de explorarlo, incluso cuando no está
despierto.
Sus labios maliciosamente curvados están ligeramente separados.
Así, se ve como un ángel. Absolutamente odiaría el cumplido, pero es
verdad. Todo acerca de él es perfecto.

Cuando no se despierta y empiezo a sentirme como una acosadora


por mirarlo, me levanto de la cama.

Me paseo por mi habitación para ponerme algo de ropa, y luego me


dirijo a la cocina. Las cosas más estúpidas me hacen sonreír, como el
modo en el cual la luz del sol brilla a través de la ventana, o la vista de la
bolsa de macarrones de ayer.

Preparo una taza de café y me dirijo a la parte de atrás de la casa del


Negociador. Un gran conjunto de puertas francesas se abren a un
espléndido jardín. Un jardín lleno de enredaderas florecientes y exóticos
arbustos lo alinean. Una fuente burbujeante se encuentra justo en el
medio del jardín, plantas acuáticas crecen a partir de ella.

Donde el jardín termina, la tierra da paso a los acantilados. Más allá


de los acantilados, una extensión azul del océano se extiende por millas y
millas. Hoy es un día lo suficientemente claro como para poder ver la costa
de California.

Recuerdo todos esos días en que me senté en el borde de mi


propiedad y miraba hacia la Isla Catalina. Nunca imaginé que, a través de
esa agua, Des estaría allí mismo, posiblemente devolviéndome la mirada...

Obligado a mantenerse alejado de mí porque yo hice un trato tonto


hace siete años. Y sin embargo, siempre estaba a la vista.

Todo ha terminado ahora.


Él es mi alma gemela.
No entiendo cómo es posible. Aquí en la tierra, los seres
sobrenaturales saben si tienen almas gemelas, de la misma manera que yo
sé que soy una sirena. Cuando somos adolescentes, nuestros poderes se
Despiertan, incluidos los vínculos de apareamiento.

Y nada de eso estaba Despierto en mí.

Pero quizás... quizás funcione de manera diferente en el Otro Mundo.


Quizás las almas gemelas no están predestinadas allí como lo están aquí.
O quizás el vínculo se manifiesta de manera diferente.

Todas las preguntas que necesito hacerle a Des cuando se despierte.


Me siento en una mesa del patio cerca del borde de la propiedad y
bebo mi café.

Miro hacia a mi brazalete. Parece sin cambios desde ayer, pero


cuando cuento las cuentas, faltan tres hileras completas. No creo que Des
los haya eliminado a sabiendas.

Su magia sí.

Noto, sin embargo, que anoche no eliminó todo el brazalete.


Claramente, la magia del Negociador no cree que una noche de
revelaciones y proclamaciones de amor (y una jodida tonelada de sexo) sea
suficiente para sellar el trato.

Parece que la magia de Des es tan caprichosa como mi sirena es


traviesa.

Cierro los ojos y respiro el aire salado, escuchando el choque y el


mar.

—Callypso Lillis, te he estado buscando.

Me congelo ante el sonido de mi nombre completo y la voz extraña y


masculina a mi espalda.

Me giro en mi silla y entrecierro los ojos, mirando al sol. Se oscurece,


y en su lugar hay un hombre de asombrosa belleza. Su cabello parece de
oro hilado y sus ojos son del azul celeste del cielo.

Alguna clase de sobrenatural. Nada más que magia hace que un


humano se vea así. Un momento después mi cerebro me reencuentra.

¿Por qué hay un extraño en la propiedad de Des, en su patio trasero,


nada menos? ¿Y cómo sabe mi nombre?
Todo a acerca de la situación se siente mal, mal, mal, pero estoy muy
sorprendida al momento de reaccionar.

Mi sirena, sin embargo, no lo está.

La luz luminiscente se extiende a través de mi piel a medida que


emerge.

Me paro abruptamente.
—¿Cómo entraste aquí? —exijo, mi voz es etérea.
Esto es todo lo que puedo decir. No, vete a la mierda de esta propiedad. No,
voy a llamar a la policía. No, ¡DES!
Se acerca más.
—Te lo dije, te he estado buscando.

Responde mi pregunta, pero no creo que la sirena lo haya obligado a


hacerlo. No se ve como un hombre con glamour. No está clamando por
acercarse a mí, esperando mi próxima orden.

Lo que significa…

Hada.

Mierda. La única otra criatura del Otro Mundo que conozco que me
busca es el Ladrón de almas.
¿Es... él?

Se pasea hacia adelante.


—Eres sorprendentemente difícil de conseguir a solas —dice.

Retrocedo, chocando contra la mesa detrás de mí.

Va a agarrarme.
Actúo por instinto, tomando mi taza de café de la mesa y
tirándosela. Levanta su mano en el aire, y la taza y el líquido que salen de
ella se congelan en el aire. Extiende su palma de la mano, y muy
suavemente la taza flota sobre ella, el café regresando a la taza.

Abro mi boca
—¡DE…!

Sus ojos se entrecierran en mis labios, y mi voz se corta, mi grito


ahora en silencio.

Agarro mi garganta.
—¿Qué es lo que...? —Podría estar articulando las palabras, mis
cuerdas vocales ya no producen ningún sonido.

—Su colega, Srta. Darling, dijo que estaba ocupada, pero parece que
no está ocupada.

El cliente que me ha estado molestando.


Continúo retrocediendo, mis ojos se lanzan hacia la casa.

Sonríe, y es como si hubiera inventado el acto de sonreír, es tan


deslumbrantemente brillante.
—Él no va a salvarte.

El hombre desaparece. Un momento después, sus brazos se cierran


a mí alrededor mientras me agarra por atrás.
Me vuelvo loca contra él, pateando, mis manos arañando cualquier
cosa que pueda alcanzar. Grito y grito, indiferente a que mi voz haya sido
silenciada.
—Suficiente —exhala.
La magia me golpea y el mundo se apaga.
Capítulo 25
Traducido por AlyssaV

M
is ojos se abren y me masajeo la cabeza, mi mente está
atontada. Sobre mí hay un áspero techo rocoso. Me siento y
echo un vistazo a mi cuerpo. Ya no estoy llevando la ropa
de esta mañana. En cambio estoy enfundada en un áspero vestido cobrizo,
con los márgenes bordados con intrincados estampados relucientes.
No recuerdo haberme cambiado…
Tiemblo. Tengo frío. Mucho, mucho frío.
Miro alrededor. Tres paredes de roca me rodean. Y la cuarta…
La cuarta es una pared de barras de hierro.
Encarcelada. ¿Pero dónde? ¿Por qué?
Hago rodar el catre en el que me he despertado. En la esquina de la
habitación, hay lo que indulgentemente habría llamado un inodoro. Más
parecido a un cuenco cavado en el suelo.
Rascadas en la pared más cercana a mí hay marcas de conteo.
Docenas y docenas de ellas. Ninguna está tachada, y no puedo decidir si
es porque el último prisionero contó intencionadamente los días de esta
forma… o si muchos prisioneros separados empezaron a contar y nunca
pasaron de cuatro.
Me doy cuenta de que el bastardo que me secuestró no se ve por
ninguna parte. ¿Fue el Ladrón de Almas, o alguien completamente
diferente? Ni siquiera intentó explicarse o sus motivos.
Me dirijo hacia el frente de mi celda, ignorando el sabor agrio en la
parte posterior de mi garganta; el sabor de la magia residual. Mis ojos
están fijos en lo que hay enfrente de mí.
Una caverna con celdas de prisión excavadas en la piedra. Hilera
tras hilera, nivel tras nivel. Se extiende hasta donde puedo ver en todas las
direcciones: arriba, abajo, izquierda, derecha.
Dentro de cada uno hay una mujer vestida de una forma similar a la
mía.
Se me pone toda la piel de gallina.
Es justo como en mi visión.
¿So estas las mujeres desaparecidas?
n
Si así es, estoy totalmente jodida. Des aún no ha descubierto el
misterio y ha estado en curso durante casi una década. No espero que esto
cambie solo porque yo esté aquí.
¿Dónde está Des? ¿Qué debe de estar pensando?
—¿Hola? —grito.
Nadie responde.
En la distancia oigo silenciosos murmullos, y el suave sonido de
zapatos a lo largo de los pasadizos fuera de las celdas, que deben de
pertenecer a los guardias de la prisión. Hago una mueca. Si ese es el caso,
entonces hay al menos un puñado de personas que saben lo que le ha
pasado a las mujeres guerreras que desaparecido del Otro Mundo. Y lo
están facilitando.
Aparte de esos pocos sonidos, las celdas están espeluznantemente
silenciosas.
Este es el lugar donde la esperanza viene a morir.
Y entonces, un pensamiento me golpea, uno que me da valor.
—Negociador —me apresuro a decir—, me gustaría hacer un trato.
Espero a que el aire brille y el largo cuerpo de Des aparezca en mi
celda.

Pasa un segundo. Luego otro. Y otro.


La celda queda exactamente como la encontré.
—Negociador, me gustaría hacer un trato —repito.
Él siempre ha venido. Siempre. Y después de anoche, sé que vendrá
por mí ahora que nuestros siete años han terminado.
Vuelvo a esperar otra vez.
No ocurre nada. Mi habitación sigue vacía. Horriblemente vacía.
Y ahora tengo que aceptar que Des no puede llegar a mí, ya sea
porque ha sido incapacitado —una idea que rechazo con cada fibra de mi
ser—o algo se lo está impidiendo.
Algo como la magia.
Algo tan poderoso que un rey fae no puede superar inmediatamente.
Con eso es con lo que tengo que lidiar ahora. Y si quiero salir de aquí
viva, necesitaré encontrar una forma de superarlo.

El cautiverio es… aburrido.


Aterrador, pero aburrido. Consiste en gran parte en mí sentada en
mi celda, preguntándome que es exactamente lo que me va a pasar y en
cómo me las he arreglado para acabar en una prisión del Otro Mundo. Una
que está secretamente capturando mujeres fae para algún propósito
malvado.
Mis pensamientos solo están interrumpidos cada hora o así, cuando
un grupo de guardias hace su circuito pasando por mi celda. La primera
vez que los vi, me sorprendí. Cada uno parecía una mezcla entre animal y
humano. Algunos tienen hocicos en vez de narices, otros patas en vez de
piernas, y algunos bigotes, garras y colmillos.
Para un humano como yo la vista es… poco atractiva. Pero otra vez,
los guardias también son mis enemigos actualmente, por lo que soy un
poco prejuiciosa.
La única vez que los guardias se desvían de su patrulla de cada hora
es cuando, como ahora, dos de ellos se llevan a una mujer fae por las
axilas de vuelta a su celda.
Aprieto mi cara contra las barras, fijándose en sus hombros caídos,
su cabeza gacha, y su pelo lacio, que cuelga libremente delante de su cara.
Sus pies descalzos arrastrándose por el suelo detrás de ellas. Observo
hasta que pasan de mi línea de visión, sus pisadas haciendo eco en la
habitación cavernosa.
Mis ojos se dejan llevar hacia las demás prisioneras. Muchas
permanecen sentadas o tumbadas inmóviles dentro de sus celdas. No creo
que estén muertas, pero tampoco parece que estén vivas.
Ni vivas ni muertas.
¿Y esto es lo que me va a pasar a mí también?
No soy una guerrera fae. Soy lo que las hadas llaman
despectivamente un esclavo. Una humana. Para ser justos, soy una
sobrenatural, pero al final del día sigo siendo humana. No tengo ningún
valor aquí como una prisionera.
¿Entonces, por qué fui tomada?
La respuesta está justo enfrente de mí.
Porque significas algo para el Rey de la Noche.
De alguna forma sus enemigos supieron esto, y me capturaron para
llegar a él.
Miro fijamente hacia mi trozo de vestido. Ni siquiera pensando en el
hecho de que no me he puesto esto. Mi situación tiene suficiente terror tal
como está.
Mi noche de felicidad, seguida por esto. Disfrutaba de las ventajas de
ser la pareja del Rey de la Noche por un gran día.
Y ahora esto.
Aquí está, la caída después de la subida. Y en mi mundo siempre
hay una caída. Sabía que era demasiado bueno pensar que solo
conseguiría un hombre como Des después de todo este tiempo. Siempre ha
estado predestinado a ser alguien fuera de mi alcance.
Dos grupos de pisadas se dirigen hacia mí, interrumpiendo mis
pensamientos. Otra vuelta de los guardias de la prisión.
Solo que esta vez, se detienen delante de mi prisión.

Los grilletes de hierro chocan entre mis tobillos y mis muñecas


mientras los guardias de cada lado me guían fuera de mi calabozo. Me pica
la nariz por culpa de la cinta que uno de los guardias me ha atado
alrededor de la cabeza y que ahora me hace cosquillas en la nariz.
¿Exagero mucho?
Ni siquiera puedo ser halagada por ello. Probablemente es el
procedimiento estándar para los guerreros encarcelados.
Podría ser peor. Si fuese una fae, las esposas de hierro no estarían
simplemente raspándome la piel, estarían quemándome la carne y
drenándome la energía.
Gradualmente, los silenciosos murmullos mueren y el aire empieza a
oler más fresco, aunque aún está húmedo y pesado con el aroma a…
animales.
Se necesitan otros cinco minutos antes de ser depositada en una
habitación. El aire se siente pesado, ominoso.
Cosas malas ocurren aquí.
Cosas malas me van a ocurrir.
Intento no entrar en pánico. Me he pasado años asegurándome de
que no seré nunca más una víctima, y ha sido todo para nada. Mi glamour
no funciona con ninguno de estos seres, y sin él, soy una simple humana
en contra de poderosas hadas.
Los guardias me liberan, sus pasos se apartan a mis espaldas. Un
momento después la puerta se abre y luego se cierra suavemente, y estoy
sola otra vez, encadenada y con los ojos vendados en esta habitación que
se siente malvada.
Mi conciencia se estira. Puedo oír a alguien respirando.
Mierda, no estoy sola después de todo. Mi pánico aumenta de golpe.
—La única debilidad de Desmond Flynn. —La profunda y vibrante
voz llena la habitación, y puedo sentir el poder de la criatura en sus
palabras—. Y la tengo yo.
Mi corazón está latiendo con fuerza y, mientras mi miedo crece,
también lo hace mi sirena.
Oigo el sonido de pesados pasos atravesando la habitación hacia mí.
Necesito la mayor parte de mi fuerza de voluntad para no tropezar hacia
atrás.
—No habría imaginado que el gran Rey del Caos elegiría una esclava
para sí mismo. —El hombre se para justo enfrente de mí.
Me sobresalto cuando siento su tacto en mi pómulo, que ya debe de
estar ruborizándose a estas alturas.
—Ni siquiera una como tú. —Desliza un pulgar a lo largo de mi labio
inferior—. La gente aquí te llama hechicera. Pero dime, humana, ¿puedes
hechizarme?
En vez de responder, golpeo su mano con las mías encadenadas.
Con el acto logro una risita entre dientes, y entonces sus manos están de
vuelta en mi cara, acariciándome la piel.
—Deja de tocarme —le gruño.
—Oh, mi señora, ¿no lo has oído? —Siento su aliento caliente contra
mi oreja—. Es lo que mejor se me da —susurra.
La sirena está inquieta dentro de mí.
Él quiere un hechizo, vamos a darle uno, susurra ella. Vamos a dejarle pensar
que estamos dispuestas hasta el último segundo. Entonces nos pondremos de pie sobre su
cuerpo y reiremos mientras se quita su propia vida. Demasiado tonto como para
contrariarnos.
Mi sirena tampoco se da cuenta o no le importa que este hombre no
pueda ser encantado. No si es un fae.
Me quita la venda de la cara, y parpadeo contra la luz. La primera
cosa de la que me doy cuenta es de los cuernos del hombre. Afilados
cuernos altísimos que añaden otros dos pies a la ya alta estatura. Sedoso
pelo castaño enmarca su cara bronceada.
Es el hombre de mis sueños.
Las pupilas hendidas de sus ojos dorados se expanden mientras me
asimila.
—Eres muy hermosa —dice—. Puedo ver por qué el Señor de los
Secretos te ha tomado como compañera. Pero eres dolorosamente débil —
continúa—. Qué vulnerabilidad. Debería saberlo mejor.
—¿Quién eres? —pregunto, mi voz etérea.
—¡Que modales! —Se inclina—. Soy Karnon, Rey de Fauna, Amo de
los Animales, Señor de Corazones Salvajes y Rey de Garras y Uñas.
¿El Rey de Fauna? ¿El rey loco?
Puta mierda, esto no es bueno.
Se endereza, extendiendo sus brazos para alardear de la habitación
a su alrededor.
—Bienvenida a mí reino.
Echo un vistazo alrededor de la habitación… dormitorio, rectifico. El
lugar está cubierto con pieles. Madera gruesa y muebles de marfil están
dispersos a lo largo de toda la habitación, cada pieza intrincadamente
tallada, aunque ninguno es tan impresionante como el asombroso
cabecero de su cama. Hay una escena de caza tallada en la madera,
embellecida con pedazos de marfil, nácar, piedras semi-preciosas, y motas
de oro.
Una cama para un rey.
De todas las habitaciones para conocerlo, esta es la que elige.
Tampoco es bueno.
Aparto los ojos de la enorme cama para mirar a Karnon, que me está
estudiando con una pequeña sonrisa y ojos estrechos.
Sus ojos bailan al sonido de mi hipnótica voz. Se apoya cerca, sus
cuernos casi tocándome.
—Ya tengo un ataúd escogido para ti. Un ataúd especial para una
señora especial. Te entregaremos a los pies de tu compañero.
¿Sabe que Des y yo somos compañeros?
El dedo de Karnon se engancha sobre el cuello bajo de mi vestido.
—Me pregunto si le romperá ver a su amada así, inmóvil como la
muerte y sosteniendo el bebé de otro hombre. ¿Lo mataría? ¿Lo
conservaría? Oh, las posibilidades…
Desliza la parte posterior de sus dedos sobre mi pecho. Me doy
cuenta de que hay sangre seca en los pliegues de su mano.
Trago ante la vista. Hasta ahora solo ha sido un poco excéntrico,
pero no tengo ninguna duda de que en cualquier momento podría
romperse.
—Nunca he estado con una mujer humana —continúa. Baja la voz—
, en el Reino de Fauna es un tabú yacer con una esclava. Ustedes, bestias
terrenales, son tan sucias. Pero eres lo suficientemente agradable para
mirar. —Sus ojos se deslizan sobre mí—. Sí, bastante agradable. Estoy
ansioso por ver el resto de ti.
Jesús.
Nadie nos hará daño como antes, promete mi sirena. Él pagará. El
Rey de Fauna inclina su cabeza.
—¿Quizás deberíamos empezar?
Antes de tener tiempo de reaccionar, agarra mi mandíbula.
Mirándome a los ojos, se inclina y presiona sus labios contra los míos.
No es un beso. No de verdad. En cambio, fuerza mi boca a abrirse, y
entonces exhala.
Una avalancha de magia es forzada a bajar por mi garganta con
sabor a podrido. Forcejeo contra él aunque mis rodillas empiecen a ceder.
Sus brazos rodean mi cintura, sujetándome mientras continúa
respirando dentro de mí.
Intento lanzar mi rodilla a su entrepierna, pero mi pierna solo sube
unas pulgadas antes de que los grilletes alrededor de mis tobillos den un
tirón apretado.
Karnon ni siquiera se da cuenta.
Mis brazos encadenados están atrapados entre nosotros.
Completamente inmovilizada.
Como un último intento desesperado, sacudo mi cabeza, y luego le
doy un cabezazo al Rey de Fauna. Se tambalea hacia atrás, poniendo una
mano en su frente.
Sin su agarre sujetándome, mis piernas ahora sí que ceden.
Los labios de Karnon se curvan de nuevo en lo que debería ser una
sonrisa. Todo lo que veo son muchos grupos de colmillos.
—La esclava tiene un pequeño espíritu luchador en ella.
Me obligo a ponerme de pie, balanceándome sobre mis pies. Me
estoy ahogando por culpa de cualquier magia corrompida con la que me ha
alimentado forzadamente.
—¿Qué me has hecho? —grazno, mi voz ronca.
Inclina su cabeza, inspeccionándome con sus extraños ojos.
—Espero ver más de esa bonita piel —dice—. ¡Guardias! —llama, sin
apartar la mirada de mí.
Dos soldados fae entran deprisa, uno que tiene plumas en vez de
pelo, el otro que tiene garras.
—Hemos acabado aquí —dice Karnon.
Otra vez, me balanceo sobre mis pies, sintiéndome atontada y
desorientada. Cada momento que estoy aquí, me debilito más. Algo está
muy mal conmigo. Todo se está moviendo más lentamente; mis
extremidades, mi mente.
Bruscamente, los soldados me vuelven a vendar los ojos. Agarrando
mis brazos, ambos me arrastran de vuelta a la celda, desechándome sin
cuidado alguno en el catre de la esquina.
Apenas soy consciente de ello. Lo que fuera que fue obligado a bajar
por mi garganta está resbalando a través de mí, convirtiendo mis venas en
hielo.
No se molestan en quitarme la venda alrededor de mis ojos, y no
tengo la energía para hacerlo por mí misma.
Yendo a la deriva, a la deriva…
Mi mente se oscurece hasta que todo lo que me rodea es una
interminable y desesperada oscuridad.
Capítulo 26
Traducido por AlyssaV

A
sfixiándome. Asfixiándome con magia. Está martilleando
detrás de mi frente, tensando mis músculos, apretando mi
interior.
Me despierto con un grito, el sonido resuena por el bloque de celdas.
En alguna parte en la distancia un guardia gruñe una advertencia.
Me siento jadeante y pongo una sudorosa mano en la columna de mi
garganta.
Solo un sueño. La agobiante y sofocante oscuridad, la magia
corrupta, Karnon…
Solo que no lo fue, me doy cuenta mientras finalmente recupero el
aliento. Aún puedo sentir su fuerte agarre en mí, sus labios en mi boca, la
pérfida oscuridad que se filtra por mis venas.
Mi cara está cubierta de sudor, y mi estómago está agitándose…
Apenas llego al baño a tiempo de vomitar. Paso las próximas horas
así. Ya sea temblando en mi catre, o purgando mi estómago de cualquier
último ápice de su contenido.
En algún punto, los guardias deslizan una comida a través de la
escotilla en la base de la pared de barras. La comida se queda sin tocar en
el borde de mi celda.
Eventualmente, la enfermedad desaparece. No del todo, pero lo
suficiente como para funcionar. Con el estómago gruñendo, me arrastro
fuera de la cama, hacia el tazón de estaño. Un vistazo a las gachas y
decido que pasar hambre es mejor que pasarme más horas con mi cabeza
en el baño de la prisión.
Apoyo mi sudorosa frente contra las barras y miro fijamente fuera de
mi celda a que un guardia se acerque. Le observo mientras pasa, dándome
cuenta de la cola de león que da latigazos detrás de él.
¿Todos los habitantes de Fauna comparten el aspecto con bestias?
El guardia se ralentiza, lanzándome una fría mirada.
—No me mires fijamente, esclava.
Ya estoy tan jodidamente asqueada de este mundo.
—Bonita cola, estúpido —murmuro.
Eso le detiene en su recorrido, y soy lo suficientemente idiota como
para sonreír con suficiencia al hecho de que le he molestado.
Él golpea sus manos enguantadas contra las barras.
—Considérate afortunada de que el rey quiera poner su pene en
cualquier sitio cerca de ti —gruñe.
Mi sonrisa crece, haciéndose malvada. Entonces lanzo mi tazón
contra las barras, las gachas le salpican la cara.
—Que te jodan, cerdo.
Nunca lo habría adivinado de antemano, pero no soy una buena
prisionera.
Por un segundo, el guardia no hace nada, su cara está en shock. Y
entonces deja salir una rugido de león, corriendo hacia las barras.
Hago girar mis pies, ignorando la ola de mareo que corre a través de
mí, justo cuando intenta agarrarme. Su mano se cierra en nada más que
aire.
— ¡Sucia y vil esclava! —ruge—. ¡Podría matarte ahora mismo!
¡Justo donde estás ahora!
Una pequeña onda de luz cruza mi piel mientras mi sirena sale al
exterior.
—¿Podrías matarme? —digo, mi musical voz burlona—. ¿Por qué no
entras y lo averiguamos?
Ruge otra vez. Porque obviamente no puede poner ni un dedo sobre
mí. No sobre la única moneda de cambio que Karnon cree que tiene sobre
Des.
—¿Estás asustado? —Me apoyo sobre una de las paredes de piedra
—. El león que está asustado de la pequeña mujer.
Gruñe, golpeando contra las paredes hasta que otro soldado —uno
con orejas de caballo—lo empuja, lanzándome una mirada que se suponía
que tenía que asustarme. Pero nada es más aterrador que el destino que
ya me espera.
Le observo alejarse, contenta por una vez de que mi sirena no le
tema a nada ni a nadie. Los animales pueden oler ese tipo de cosas, y eso
es lo que esos guardias son, medio animales. No tan diferentes de Eli
cuando baja para comer.
Me deslizo por la pared al suelo, apoyando la parte posterior de mi
cabeza contra ella. Estoy exhausta, ¿y cuánto ha pasado? ¿Un día?
Este lugar nos rompe rápido.
—Psst, humana —La una voz de mujer me llama desde la celda
junto a la mía una vez que las voces de los guardias han desaparecido—.
¿Estás bien?
—Sí —le respondo débilmente. Mi piel ha dejado de brillar, y todo la
fuerza que viene con la sirena ha huido, dejándome exhausta.
—Eso que hiciste fue valiente. Impulsivo, incluso estúpido, pero
también valiente.
Logro una risa. No sé mucho sobre faes, pero convertir un insulto en
un cumplido parece algo que ellos harían.
Apoyo mi cabeza contra la pared.
— ¿Cómo te llamas? —le pregunto.
—Aetherial —dice—. ¿Y tú?
—Callypso.
—¿Eres nueva aquí, eh? —pregunta.
—Sí —suspiro, mis ojos moviéndose hacia esas marcas de conteo.
—¿Cuántas veces te has reunido con el Rey de Fauna? —pregunta
después de un latido de silencio.
Aparentemente no era la única que tenía visitas especiales con él. Ya
lo suponía.
—Solo una vez.
—Oh, la diversión solo está empezando para ti —dice.
Eso me hace esbozar una sonrisa. Mis compañeras presas son
guerreras fae. Estas mujeres son las más fuertes entre los fuertes. En alguna
parte a lo largo del camino, había olvidado eso. Solo las había asociado con
las mujeres dormidas atrapadas dentro de esos ataúdes de cristal. No había
pensado que deben de haber luchado contra su destino
tanto como yo he estado planeándolo. Pero ahora mismo, escuchando a
Aetherial restándole importancia a nuestra terrible situación, lo recuerdo.
—¿Cuántas veces te has reunido con él? —pregunto.
—Cuatro —dice—. He perdido movimiento en mis brazos y piernas.
Es lo primero que te quita. No quiere que sus mujeres sean difíciles.
—¿Eso es lo que fue ese beso? —digo, sorprendida. Esto, después de
todo, fue la única vez que Karnon utilizó su magia conmigo—. ¿Una
manera de inmovilizarnos? —Meneo mis dedos de las manos y los pies
mientras hablo. No he perdido ningún uso de mis extremidades.
—Entre otras cosas —dice oscuramente.
Un escalofrío recorre mi columna.
—¿Qué significa eso? —pregunto.
Ella se detiene.
—Dime que no lo sientes, ese malestar haciéndose una casa en tus
huesos.
Lo sentí cuando me desperté, pero después de vomitar hasta las
tripas, la sensación se fue. Ahora solo me siento débil. Increíblemente
débil.
—Y después por supuesto, está todo el asunto de nosotras
quedándonos embarazadas —añade—. ¿Sabes algo sobre eso?
—Sí. Siento arruinar la sorpresa —digo—. Aún tengo la esperanza de
que la concepción inmaculada está envuelta en todo ese proceso —añado,
sin bromear realmente.
—¿Concepción inmaculada? —repite Aetherial, divertida—. Ahora,
eso debería ser algo. Todas nos estamos quedando simplemente
embarazadas mágicamente. —Se ríe entre dientes para sí misma—. Me
gustas, humana —dice.
—Soy una sirena. —No estoy segura porque he hecho esa aclaración.
Tal vez para que no parezca tan indefensa entre todos estos fuertes
guerreros.
—¿Una sirena? —Silba—. Y yo estaba aquí esperando que Karnon
no te tocara, por ser un ser humana y todo eso. Sin ofender —añade—. Me
he entretenido con muchas mujeres humanas en mi tiempo, pero es algo
asqueroso para algunos faes.
Recuerdo las palabras de Karnon de antes.
—Eso he oído.
Nos quedamos en silencia durante un momento, las dos
reflexionando sobre nuestro destino.
—¿De qué reino eres? —pregunto finalmente.
—Diurno —exhala—. Un guardia real convertida en prisionera. Eso
es ironía para ti.
Todo hace daño. Oír su historia, saber su destino, saber el mío.
—Así que dime —continúa ella—. ¿Cómo una humana llega a ser
atrapada en este antro con el resto de nosotras?
—Tengo una extraña mala suerte —bromeo, incluso mientras hago
una mueca hacia mis manos.
Oigo una risa áspera.
—Aparentemente ese tipo de cosa es contagiosa por aquí.
Otra pequeña sonrisa se extiende a través de mi cara. Quien iba a
pensar que me convertiría en amiga rápidamente de una guerrera fae
encarcelada.
Distraídamente, observo a los guardias patrullar la hilera de celdas
enfrente de mí. La mayoría tienen algunos rasgos obvios de animales,
como bigotes, o colas, o pezuñas. Pero luego hay algunos que caminan por
estos pasillos que no tienen estas características obvias.
¿Podrían ser fae de otro reino? ¿Humanos?
Mi corazón late con fuerza por esa última posibilidad.
—Oye, Aetherial, ¿puedes hacerme un favor? —pregunto, mis ojos
estudiando a un cocinero uniformado entregando bandeja tras bandeja de
las comidas de las prisioneras. Parece completamente humano desde aquí,
pero estoy muy lejos por lo que es difícil de decir.
—¿Qué te gustaría, sirena?
Miro al hombre uniformado mientras baja a una celda.
—¿Puedes distinguir a un humano de un fae a primera vista? —
pregunto.
—Casi siempre —dice—. ¿Por qué?
No puedo evitar el pinchazo de ilusión que siento.
—¿Has visto algún humano aquí desde que te raptaron?
—Hmmm, no que recuerde. Aunque tampoco los estaba buscando.
Sigo mirando fijamente al cocinero mientras se mueve por el bloque
de celdas. Por mi vida que no puedo decir lo que es.
—Si ves alguno —digo distraídamente—, ¿me avisarías?
Si puedo conseguir que un humano se doble a mi voluntad… las
posibilidades son infinitas.
Estoy tentada de probar mis poderes justo ahora, pero una
saludable dosis de miedo me mantiene quieta. Tengo miedo de que si uso
glamour en uno de esos tíos antes de tiempo y no funciona, los guardias
evitaran que tenga otra oportunidad.
—Mi visión está bastante limitada en este momento, pero sí, te
avisaré. —Hay silencio durante un momento—. Es cierto entonces, ¿lo que
dicen de la voz de una sirena?
Mi boca forma una desagradable sonrisa.
—Es cierto.
—Tu idea probablemente te mate.
Me sale una carcajada.
—¿Prefieres la alternativa?
Oigo la ronca risa de Aetherial.
—Tenía razón sobre ti. Estúpida y valiente.
Ninguna de las dos habla otra vez hasta que una serie de guardias
se aproximan a una celda en el camino, uno de ellos cargando dos largas
varas sobre su hombro. En la parte de atrás de la celda, una mujer fae con
un llameante pelo rojo está tumbada sin fuerzas en su catre.
Las barras de su celda se abren, el metal araña los carriles.
Los guardias entran en la celda, y el guardia que llevaba las varas
las abre bruscamente. Ahí es cuando me doy cuenta de que no estoy
mirando unas varas en sí, sino una tosca camilla. Un manchado trozo de
tela está estirado entre las dos varas.
Dejan la camilla en el suelo, luego cogen a la mujer, dejando su
cuerpo en el delgado material.
Entonces, a la vez, los dos carceleros levantan la camilla y la llevan
fuera. Los observo hasta que quedan fuera de mi vista.
—Se deshacen de los muertos —dice Aetherial desde la celda,
claramente mirando igual que yo.
Están paralizando a las mujeres.
—Quédate aquí el tiempo suficiente —continúa Aetherial—, y eso te
ocurrirá a ti también.
Frunzo el ceño, incluso aunque ella no puede verlo.
Todas esas mujeres dormidas en el reino de Des, todos las
paralizadas aquí… no puede ser una coincidencia.
Lo que significa…
Creo que sé quién es el Ladrón de Almas.
Karnon.

Esta vez cuando me dejan donde solo puedo suponer que es la


habitación de Karnon, sé qué esperar. La ominosa presión del aire, el
silencio retratado en los guardias, Karnon se aproxima.
Una vez que soy otra vez encadenada y con los ojos vendados,
completamente ante el capricho del monstruoso rey fae. Aun así, el
momento en el que habla, algo en nuestra dinámica se siente diferente.
—Mi precioso pájaro, te han cegado —dice, horrorizado. Un momento
después sus garras rajan el material, dejando la prenda colgando en cintas
alrededor de mi cuello—. Hermosa criatura — murmura, llevándome
dentro. Sus agujeros de la nariz se dilatan mientras su mirada me examina
—. Humana… pero no. Criatura de los cielos y del mar.
Su mirada se detiene en mis manos.
—¿Grilletes también? Esto es absurdo. Eres mi invitada.
Rompe del todo las esposas de hierro que atan mis muñecas,
silbando mientras lo hace. Me sobresalto ante la demostración de fuerza.
Asumí que era poderoso, pero ver una demostración en vivo es
aleccionador.
—¡Maldito metal! —escupe mientras las esposas golpean el suelo.
Contrae sus puños, y puedo oír su piel crepitando.
El hierro quema.
A pesar del dolor, alcanza mis tobillos y destroza las esposas de allí
también, aullando otra vez por el dolor.
¿Es esto lo que los guerreros aguantan cuando llevan esto?
Un guardia asoma su cabeza.
—Su Majest…
—¡Fuera! —grita Karnon.
La puerta se cierra de golpe ni siquiera un momento después.
A mí me susurra:
—Se están volviendo demasiado osados esos guardias, yendo y
viniendo sin llamar. Debería hacer un ejemplo de uno de ellos, y pronto. —
Está completamente desapercibido mientras habla, sus palmas están
echando humo.
Karnon se levanta de nuevo, sus cuernos por encima de nosotros.
Sus ojos están brillantes y desenfocados, sus pupilas dilatadas.
Ahueca mi cara, y me tenso inmediatamente, sus palmas ardientes
calentándome la piel.
—Pequeño pájaro asustado, no tienes nada que temer de mí. —
Empieza a acariciar mi piel—. Todo lo que quiero es calmarte.
Domesticarte.
Ugh. Ciertamente un rey loco.
Sus manos bajan por mis brazos. A la mitad para y les da la vuelta.
—¿Qué es toda esta piel desnuda? —dice—. ¿Dónde están tus
marcas?
Um, ¿qué?
Sus manos se mueven hacia mi cuello, y examina la piel allí.
—¡Y tus branquias! —dice horrorizado—. ¿Dónde están?
Le doy una mirada cautelosa. Hoy Karnon parece más amable pero
definitivamente más loco que la última vez que nos reunimos.
Me hace dar una vuelta y coge aire de repente.
—¡Tus alas! ¿Quién te las ha cortado?
Me da la vuelta, y otra vez me acerco a esos salvajes ojos y los
colmillos que sus labios nunca pueden esconder totalmente. Las puntas de
sus garras cavan en mi carne.
Me doy cuenta después de un momento que espera que responda.
Parpadeo varias veces, aturdida por todo el maltrato.
—Nadie ha cortado mis alas. Nunca he tenido para empezar. —
Bastardo demente.
—¿Ninguna para empezar? —Se mueve detrás de mí, haciendo que
me tense otra vez, y presiona sus manos planas contra mi espalda—. No,
no. —Sacude su cabeza enérgicamente—. Inactivas. —Acaricia mi piel, y
estoy empezando a ponerme nerviosa—. Oh, pero ellas deben brotar.
No entiendo nada de esto. No hablo psicópata.
—Hermoso pájaro. Trágico pájaro. Mi pájaro. No eres como las
demás. Ellas huelen a árboles y tierra quemada por el sol. Algunas sienten
fría la helada de invierno. No hay bestias entre ellos, a salvo de mis
sacrificios. Deben ser hechos, deben ser hechos.
¿Si intentara correr ahora mismo, cómo de lejos llegaría?
Sus manos bajan por mi espalda, a mi cintura, y decido que en
realidad no me importa cuales son mis probabilidades de escapar.
Me doy la vuelta, dejando salir a la sirena.
Sus ojos brillan mientras ve mi piel resplandeciente.
—Criatura asombrosa. Enjaulada, cosa no voladora. Eres un raro…
Golpeo mi rodilla contra su entrepierna.
Él emite un pequeño y ahogado sonido, su cuerpo doblándose
mientras se agarra a sí mismo.
Su error fue verme inofensiva.
Corro hacia la puerta.
Oigo un rugido detrás de mí. Un momento después, se materializa
enfrente de mí, bloqueando la puerta. Sus ojos destellan, un gruñido
amenazador retumba en su garganta.
—Si corres, te perseguiré, y te romperé, lindo pájaro.
—Mantente alejado de mí —digo. Mi voz volviéndose etérea.
Los ojos del Rey de Fauna parpadean, y siento que ya no estoy
mirando a Karnon. Esos ojos… estoy mirando a un abismo, y al monstruo
que se encuentra en el fondo. Son los mismos ojos que miré ayer.
Desliza sus manos por su pelo, domesticando su melena salvaje.
Este hombre no es bestial, no como Karnon. Es inteligente. Sus ojos están
enfocados, astutos.
El interés suelta chispas en su mirada.
—Hermosa esclava. Volvemos a encontrarnos.
Esta… esta no es la misma persona con la que estaba hablando hace
un momento. Estoy acostumbrada a tener dos aspectos de mí misma, así
que conozco bastante los signos.
La forma en la que Karnon me está estudiando ahora, su expresión
despierta —y hambrienta—me preocupa. El Karnon que conocí antes
estaba loco, impredecible, salvaje, pero no parecía malvado. No como
ahora.
Empiezo a retroceder. En respuesta, el rey fae avanza hacia
adelante. Este hombre es cruel, violento, implacable. Ese el tipo de hombre
que toma y toma y toma.
Cierra la distancia entre nosotros, envolviendo su mano alrededor de
mi muñeca. La palma de Karnon se mueve sobre mi brazalete.
—¿Qué es esto? —Toquetea las perlas—. No puedes llevar nada
excepto lo que yo te doy.
Mientras habla, sus dedos se enroscan alrededor del brazalete. Tira
de él con fuerza, y dejo salir un pequeño sonido mientras las perlas se me
clavan. Pero no se rompe.
Frunciendo el ceño, lo vuelve a intentar. Otra vez, mi joya encantada
sigue sujeta. Habría disfrutado su frustración si mi brazo no estuviera
siendo azotado en el proceso.
—¿Qué es esta magia? —gruñe, mirando detenidamente las perlas.
De repente sacude su cabeza hacia atrás—. El Bastardo de Arestys —
masculla, soltando mi mano—. ¡Guardias!
Ellos entran en la habitación.
—¿Por qué no estaba informado de que lleva la magia de Desmond?
Se miran el uno al otro, obviamente confusos. Como si lo supieran.
Esos guardias son obviamente solo músculo.
—Su M…Majestad —tartamudea uno de ellos—, no estábamos
informados….
Karnon da un amenazante paso hacia delante.
—¿No estaban informados? —dice—. ¿Están ciegos?
Espera por una respuesta.
Los guardias sacuden sus cabezas.
Mientras los tres hablan, empiezo a acercarme lentamente hacia la
puerta. Mi corazón late cada vez más rápido. Esta podría ser mi
oportunidad de escapar.
—Has traído magia de fuera —dice Karnon—, puede ser rastreada.
¿Rastreada?
—Su Majestad, no estábamos al tanto…
Pero el Rey de Fauna ha acabado de escuchar.
Karnon ruge, azotando una mano con garras en el aire. A varios pies
de distancia los guardias gritan mientras cada uno de sus estómagos se
desgarra en cuatro largas líneas dentadas. Marcas de garras. Karnon ha
hecho esto con su magia.
Casi inmediatamente la sangre y las entrañas se derraman fuera de
sus estómagos.
Sin perder otro segundo, echo a correr hacia la puerta.
Nunca logro salir. Karnon me agarra desde atrás, sus garras
cortando en mi piel mientras me hace dar la vuelta.
—No hemos acabado —susurra en mi oído. Agarra mi mandíbula,
apretando en el punto de dolor. Y entonces respira en mí una vez más.
Capítulo 27
Traducido por krispipe

M
e estoy muriendo, mi cuerpo pudriéndose de dentro hacia
fuera.
Creo que han pasado un día o dos desde mi última visita
a Karnon, pero no puedo asegurarlo. Todo lo que sé es que mi vida
consiste en temblar, vomitar y dormir.
El guardia que he apodado como Cola de León camina junto a mi
celda de vez en cuando, golpeando las barras de hiero con sus manos
enguantadas, burlándose de mí. Débilmente logro sacarle el dedo, pero no
tengo idea de si enseñarle el dedo a alguien es incluso ofensivo en el Otro
Mundo. Todo lo que sé es que Cola de León no se molesta al verlo como
esperaba.
—Hola, Callypso… —dice Aetherial.
Mi cabeza gira débilmente hacia su voz.
—¡Sirena!
—¿Sí? —grazno débilmente.
—Arrastra tu cama hacia aquí —dice.
—No sé si puedo —murmuro.
—Puedes, lo sé. —Ni siquiera parece arrepentida, su voz dominante.
Débil, pero dominante.
Uf, los guerreros fae son demasiado duros.
Me lleva un tiempo embarazosamente largo mover mi camastro, pero
finalmente lo logro.
—¿Cómo estás, sirena? ¿Todavía tienes suficiente movimiento en tus
extremidades?
—¿Me haces arrastrar mi cama hasta aquí y ahora me preguntas
eso?
Suelta una risa sibilante.
—Estoy hablando cortésmente. No lo cuestiones.
Mis labios se curvan ligeramente.
Las dos nos callamos de nuevo, y mi mente va a la deriva.
—Los grilletes… —digo finalmente—. No me imagino lo dolorosos que
deben de ser.
—He soportado cosas peores.
Jesús.
Después de un momento, agrega:
—Envolvemos tela de araña alrededor de los puños; la barrera
detiene la mayor parte del dolor.
Pero no todo.
Mientras la escucho, me doy cuenta de que su voz está arrastrada,
su discurso mucho más lento, como si estuviera eligiendo sus palabras
cuidadosamente.
Perdiendo la habilidad de mover la boca.
—¿Estás bien, Aetherial?
No habla por mucho tiempo.
Finalmente, dice:
—Todo va. Incluso mi mente se siente confundida.
Por lo poco que sé de ella, puedo decir que Aetherial es una criatura
demasiado orgullosa para decir que no está bien.
Suspira.
—Sabes, lo peor de esto es que mi esposa va a tener que verme así.
No me molesto en comentar. ¿Qué haría Des cuando—si— yo volvía
en un ataúd?
—Ella va a acoger a ese espeluznante monstruo al que voy a dar a
luz. Sé que lo hará, esa mujer dulce y tonta.
—¿También los has visto? —pregunto.
—Fui mordida por una de esas criaturas.
Me estremezco al recordar que Des me había dicho que esos niños
habían estado cerca de morderme también.
Des. Solo la idea de él me consume. No sé si alguna vez lo veré de
nuevo, lo abrazaré de nuevo, hablaré con él de nuevo.
—¿Estás casada? —pregunto, cambiando de tema y alejando mi
mente de la única cosa que me hará suavizarme. Porque no hay suavidad
en este lugar. Y si quiero aguantar le mayor tiempo posible, tengo que ser
todo lo dura que he aprendido a ser en la ausencia de Des.
Escucho a Aetherial exhalar cansadamente.
—Sí —dice. Después de un momento, agrega—: Nos casamos en el
Reino Nocturno. Técnicamente, nuestro matrimonio no es reconocido en el
Reino Diurno; las relaciones con humanos no son en único tabú aquí. Pero
técnicamente, me importa una mierda.
Sonrío ante eso.
—Por cierto, Callypso… —dice.
—Callie —corrijo.
—Callie —repite—, solo un apunte: no he visto a un humano en la
prisión; aparte de ti, por supuesto.
Mi corazón cae en picado. He estado aquí días, y me estoy volviendo
más débil con cada uno. Estoy perdiendo mi ventana de oportunidad.
Miro mi brazalete, girándolo alrededor de mi muñeca. No toda la
esperanza está perdida. Si entendí a Karnon correctamente, Des podría
ser capaz de rastrear mi magia. Pero si pudiera, ¿no habría aparecido ya?
—¿Callie? —Aetherial interrumpe mis pensamientos.
—¿Sí?
—Nadie se embaraza mágicamente aquí.
Su significado no se registra al principio, pero cuando lo hace…
Mis ojos se cierran ante eso. Ante lo que no está diciendo. La fuerte
Aetherial inmovilizada, impotente para detener lo que le sucedió.
—¿Fue Karnon?
—El diablo mismo —afirma.
No tengo palabras. Me ha pasado antes, podría muy bien pasarme
de nuevo, y en algún lugar entre todo esto, uno pensaría que tendría algo
que decir, pero yo no. No para la valiente Aetherial.
Se aclara la garganta lo mejor que puede.
—Solo pensé que deberías saberlo.
Trago.
—Gracias por advertirme —susurro, mi voz ronca.
Pero no estoy segura de estar mejor sabiendo lo que le sucedió, lo
que me espera.
A veces el conocimiento es solo otro tipo de infierno.

No está funcionado.
Sea cual sea el veneno con el que Karlon está tratando de
alimentarme no está funcionando.
Me acurruco en la esquina de mi jaula, mi cuerpo cubierto con un
brillo de sudor. Todo mi cuerpo tiembla violentamente. Desde mi mejor
suposición, ha pasado casi una semana desde que he llegado. He pasado
por dos más de las atenciones del Rey de Fauna, y cada vez que mi cuerpo
rechaza su magia envenenada, él se frustra más y más.
No me ha tocado todavía. Quizá al monstruo no le gustan las
víctimas que se defienden. Aunque dudo mucho que en este punto
presente un gran desafío para Karnon; estoy demasiado débil para hacer
mucho por mi cuenta. A pesar de mi lamentable estado, no estoy siendo
arrastrada bajo su magia, no como las otras mujeres aquí.
Un horrible malestar se está instalando en mis huesos. Se siente
como si o bien la magia consigue la voluntad de Karnon, o dejaré de
existir. Y hasta ahora, no está consiguiendo la voluntad de Karnon.
Supuse que toda la magia fae funcionaba en humanos. Después de
todo, el Negociador podía usar su magia en mí. Pero tal vez mis
suposiciones estaban equivocadas. Tal vez hay algunos límistes a la magia
fae. Tal vez ser humana justo ahora es algo bueno. Aunque es difícil llamar
al estado en el que estoy algo bueno. Me acuesto indiferente en el
camastro, mi vestido colgando flojo sobre mí. Ahora los guardas
simplemente me llevan a las habitaciones de Karnon sin pelea. No hay más
charla.
Si soy recibida por la versión malvada de Karnon, se pone a trabajar.
Si me encuentro con su versión más amable y loca, me mece contra él,
murmurando tonterías sobre alas y branquias, garras y escamas.
—¿Aetherial? —digo en voz alta.
Silencio. Ha sido así durante los últimos días.
Comienzo a hablar con ella de todos modos, por si acaso todavía
puede oírme, contándole cualquier cosa que cruza por mi mente. Pero ni
una vez menciono la cosa que más pesa en mi mente…
Voy a morir aquí.
Capítulo 28
Traducido por krispipe

D ía, quién cojones sabe, y visita número seis a Karnon, el


chico que está empezando a protagonizar todas mis
pesadillas.
Cuando llegamos, los guardias me dejan sin ceremonias en el suelo
antes de retirarse.
Gimiendo un poco, me empujo sobre mis antebrazos, alcanzando mi
venda. Últimamente los guardias han dejado de atar mis muñecas y
tobillos. ¿Cuál es el punto? Estoy demasiado débil para escapar.
Quito la tela alrededor de mis ojos, parpadeando contra el brillo de la
habitación. Me congelo cuando veo mi entorno.
Lo primero que noto es que no estoy en la habitación de Karnon.
Aquí, hojas muertas están esparcidas por el suelo, y delgadas vides
muertas cubren la mayoría de las paredes y gran parte del techo. Incluso
están envueltas alrededor de la gran lámpara de araña muy por encima de
mí. Esta habitación abandonada parece haber sido dejada a los elementos.
Una habitación salvaje para un rey salvaje y loco.
Mi mirada cae a un estrado elevado en el otro extremo de la
habitación. La silla masiva encaramada en el centro del mismo es una silla
hecha completamente de huesos. Y sentado en ella está Karnon.
Me evalúa desde su trono.
—Pájaro precioso —dice—, estás muriendo.
Se pone de pie, y esa simple acción me envía escalofríos.
Hoy no será como las otras visitas.
Sus pasos resuenan mientras desciende por las escaleras delante de
él, dejando crujidos debajo de sus botas.
Observo bien sus ojos, y es mi padrastro una vez más. La lujuria
medio loca le hace parecer más un animal que un hombre. El
temperamento de gatillo corto que puede cambiar a ira a la menos
provocación.
Se detiene a menos de un pie de distancia de mí. Somos solo
nosotros dos en esta habitación; los guardias o ayudantes u oficiales que
normalmente están estacionados aquí ahora se han ido.
Karnon se arrodilla a mi lado. Intento alejarme, pero mis
extremidades son pesadas y lentas. Quiero gritar de frustración. Juré hace
mucho tiempo que no volvería a ser una víctima. Y aquí estoy, impotente
bajo la voluntad de un rey loco.
Comienza acariciando mi pelo.
—Qué pájaro tan, tan lindo. Una pena que no puedas volar,
atrapada como estás en esta jaula de un cuerpo.
Ahueca mi rostro.
—Estás muriendo porque el animal en ti está siendo sofocado.
Claro, es por eso.
—Estoy muriendo porque me estás envenenando —digo.
Me mira, su mirada distante, y puedo decir que no está registrando
mis palabras. Comienza a acariciar mi pelo otra vez.
—¿Cómo puede una criatura sobrevivir cuando no tiene agallas para
respirar o alas para volar?
Cuando no respondo, me mira como si mi silencio estuviera
haciendo su punto. Su toque se mueve desde mi cabello por mi espalda.
Intento apartar sus manos, mis miembros perezosos. No sirve.
—Dulce criatura —dice, acariciando mi espalda—, no te preocupes.
—Se inclina cerca de mi oreja—. Hoy te liberaré.
Me volteo para mirarlo, mi mirada entrelazándose con esas pupilas
rasgadas de la suya. Nos miramos el uno al otro durante varios segundos,
sus manos descansando pesadamente sobre mi espalda. Su cuerpo
empieza a temblar, y entonces, de repente, libera toda su magia
directamente en mí.
Su magia es como un martillo en mi espalda, metiéndose en mi piel,
en mis huesos con la fuerza de un tren de mercancías. La onda sísmica se
ondula a nuestro alrededor, sacudiendo las paredes de su sala del trono.
Luego viene el dolor, el dolor más vasto y agudo que cualquier cosa
que haya sentido alguna vez. Mi sirena se eleva en respuesta.
Abro la boca, mis ojos se ponen en blanco, y grito y grito mientras
una agonía diferente a todo lo que alguna vez sentí me rasga, mi piel
despellejándose.
Es interminable e insondable, la fuerza de esto me inmoviliza en el
suelo. Estoy indefensa bajo el agarre de Karnon sobre mi espalda, un
agarre del que no me puedo deshacer a estas alturas.
El Rey de Fauna se ríe para sí mismo ronco con un sonido como un
trueno resonando en la distancia.
—Mi hermoso pájaro canta mejor cuando es lastimado.
Presiona fuertemente contra mi piel.
—Sirena —grita—, ¡muéstrate!
Otra ola de poder me golpea.
Mis gritos alcanzan unos nuevos decibelios, el sonido armonizándose
consigo mismo.
Mi columna vertebral y mis costillas se sienten como si estuvieran
estallando, rompiéndose. Ya no estoy hecha de músculo y hueso. Todo ha
sido pulverizado bajo la magia de Karnon.
—¡Sí! —grita el loco—. ¡Más!
Mi cuerpo parece ceder mientras otra ola de energía me inunda. Mi
piel está ardiendo. ¡Y mi espalda!
¡Mi espalda está en llamas! Tiene que ser eso; ahí es donde más duele.
Karnon me libera, pero el poder agonizante que está empujando en
mí no mengua. En todo caso, está empeorando. Porque está cambiando el
curso; en vez de enterrarse en mí, ahora está forzándose a salir.
Me encorvo, respirando pesadamente, mi cabello pegado a mi cara.
—¡Más! —grita Karnon.
Me estoy desgarrando por dentro. Mi piel ya no se ajusta a mi
cuerpo. Es demasiado pequeña. Me muevo una y otra vez, apenas capaz de
soportar el dolor que estoy pasando.
—¡Más!
Mis gritos se vuelven cada vez más agonizantes mientras que su
poder golpea en el interior de mi carne.
—¡MÁS!
De repente, mis gritos se cortan y la magia entra en erupción.
Mi piel se divide a cada lado de mi columna vertebral, y escucho un
sonido húmedo estallando y chasqueando.
Y entonces… lo siento. Dos protuberancias pegajosas y húmedas
salen de mi carne rasgada, desplegándose por mi espalda.
Entonces, finalmente, finalmente, la magia disminuye.
Colapso sobre mí misma, tiritando, temblando.
Sangre, hay por todas partes.
—¡Sí! ¡Mi hermoso pájaro, estás liberado! —dice Karnon alegremente.
No me puedo mover. No me queda energía. Mientras yazco allí, veo
mis manos. Dónde una vez hubo uñas, ahora tengo garras negras y
afiladas. Y mis antebrazos… delicados, semitransparentes, cubiertos por
escamas, brillando dorados donde la sangre no los cubre.
Apenas puedo darle sentido a la imagen.
Pero entonces vislumbro algo sobre mi hombro. Algo oscuro, algo
sangriento… Y hay un peso extraño contra mi espalda…
La sirena dentro de mí está susurrando, las palabras encrespándose
a mí alrededor:
Soy poderosa.
Soy venganza.
Estoy liberada.
Los pasos de Karnon se acercan.
Toma esas cosas oscuras y sangrientas detrás de mí, estirándolas
arriba y afuera. Siento mis músculos estirarse como si extendiera mis
brazos.
Pero mis brazos están justo en frente de mí…
Veo otra vez esas cosas oscuras. Y entonces entiendo.
Alas.
Me crecieron alas.
Capítulo
29
A Traducido por Mais

mujer. nte la vista de ellas, exhalo de nuevo. Este debía de ser un


mal sueño.
Garras y escamas y alas. Ahora soy más una bestia que
—¿Cómo te gustan? —pregunta Karnon, sus palabras un reto.
Ruedo mi frente contra el suelo de mármol sangriento.
No puedo soportar la vista.
Muy detrás de mí, alguien golpea la puerta que da el ingreso, la
madera temblando contra la fuerza de los golpes. Si tuviera más energía,
hubiese saltado contra el sonido.
En su lugar, solo me quedo aquí.
Las puertas siguen sonando. Y sonando.
Karnon suelta mis alas, y con un golpe húmedo se mueven a mis
lados. Sus pisadas se retraen.
¡BOOM!
Las puertas de metal se abren de golpe, la madera astillándose en
cada camino. Las masivas puertas dobles golpean el suelo de la habitación
del trono, su impacto haciendo temblar las paredes de la habitación.
Lo siento antes de escuchar su grito agonizante.
Des.
Me ha encontrado. Una débil amenaza de felicidad se empuja a
través de mi cansancio.
Sombras giran a mi alrededor como humo. Miro cansada hacia
estas.
—Así que tu compañero te encontró después de todo —dice
Karnon—. Le tomó mucho tiempo.
El aire se mueve y un momento después, Des está agachado a mi
lado.
Siento su mano deslizarse sobre la carne sensible de mis alas.
—Lo siento mucho, querubín —susurra, su voz rompiéndose—. Por
todo. Él lo pagará.
Empiezo a temblar.
—Dime, ¿cuánto te gusta tu compañera ahora? —dice Karnon,
burlándose—. ¿Ha mejorado, verdad?
Atrapo otro vistazo de mí… mi brillo dorado de escamas, mis uñas
filosas… mis alas.
De pronto, no puedo ver a Des.
Soy un monstruo. No una mujer, ya no.
Las manos de Des me dejan. Se pone de pie y la atmósfera de la
habitación de pronto se siente siniestra. Giro mi cabeza justo a tiempo
para ver al Negociador acercarse a Karnon.
—Sabes que implica romper la más sagrada ley de hospitalidad el
atacar a un rey en su propio castillo —dice Karnon, retrocediendo.
El Negociador no se molesta en responder. Es la encarnación de la
ira. Puedo verlo formándose debajo de su piel, quemando en sus ojos. Un
abismo sin fondo de ello.
Me recuerda de la mirada fría de Karnon…
Pero mi compañero está tan calmado. Toda esa furia está contenida
en él mientras se mueve, y solo sirve para hacerlo parecer más
amenazante.
—Nunca imaginé que irías por una esclava. Pero el débil atrae al
débil… —se burla Karnon, tratando de molestar a Des incluso mientras
empieza a retroceder.
La reacción nunca llega. El Negociador sigue caminando hacia
Karnon con la misma estable y caliente ira que antes, su rostro en línea no
comprometidas.
—Aunque sí disfruté sus gemidos…
Y aun así, Des no reacciona.
Karnon gruñe, claramente volviéndose impaciente. De pronto, y sin
advertencia, ondea su mano a través del aire. Siento la magia rozarme, y
demasiado tarde dejo salir un pequeño llanto, recordando los guardias que
desentrañó Karnon hace días atrás.
Des ni siquiera intenta bloquear el ataque. Veo ropa y piel romperse
en cuatro marcas de garras a través de su estómago, y su sangre empieza
a salpicar.
—No —digo, con voz ronca y débil, empezando a arrastrarme por el
suelo.
El rostro del Negociador es todavía una máscara de enojo. Y
mientras observo, veo sus heridas empezar a cicatrizarse solas. Siento su
magia construyéndose y creciendo; espesa el aire mientras llena la
habitación.
Des es toda oscuridad. Lo rodea, atenuando la habitación. Poco a
poco, las sombras salen de las luces. Su rostro es tan siniestro como
jamás lo había visto. Incluso Karnon se ve un poco inseguro en este punto,
retrocediendo un paso, tambaleante.
Las sombras ondean en la habitación, cubriéndome a mí y a todo lo
demás en la habitación hasta que está de un completo negro.
—¿Crees que no puedo ver en la oscuridad? —dice el Rey de Fauna.
Silencio. Luego…
—Yo soy la oscuridad.
El poder de Des detona, explotando a través de la habitación,
haciendo volar hacia atrás mi cabello.
¿Había pensado que Karnon era asombroso? No es nada —nada—, al
lado de la furia y total fuerza de la magia que se mueve a través de mí.
Líquido caliente se explaye contra mí, salpicado contra mi cabello, mi
rostro. Pruebo el sabor cobrizo de este en mis labios.
Sangre.
¿De quién?
Con un sonido agudo, las paredes y el techo explotan, pedazos de
mármol y yeso son lanzados hacia los cuatro vientos, el edificio
esencialmente vaporizado.
Y entonces termina.
La oscuridad retrocede, y cuando lo hace, lo primero que veo debajo
del tenue cielo crepuscular es… carne. Carne y pedazos de hueso a través
de la habitación.
Eso es todo lo que queda de Karnon.
Arrodillado detrás de él está Des, que no tiene ni una mancha de
sangre en su ropa, ni un mechón de cabello blanco-rubio fuera de lugar.
Más allá de los bordes sangrientos y rotos de su ropa, se ve completamente
intocable.
Miro alrededor de nosotros. Este debe haber sido alguna vez un gran
castillo, pero ahora todo lo que puedo ver de este es su base y pedazos de
muebles que no fueron completamente destrozados en la explosión.
Más allá de las paredes del castillo, los árboles de un verde oscuro
que lo rodean están completamente intocables.
Des hizo todo esto. Me estremezco ante la vista de todo ello.
El Negociador levanta su cabeza, sus ojos enfocados en los míos.
—Ya no hay Rey de Fauna.
Des viene hacia mí, sus manos deslizándose debajo de mi cuerpo
mientras me levanta.
Suelto un pequeño y doloroso sonido. Todo duele, mi cuero
cabelludo, mis dientes, mis huesos, mis dedos del pie, mi corazón.
Especialmente el último.
—Todo está bien, querubín, todo está bien.
Hago un sonido ahogado y giro mi cabeza hacia su pecho.
No está nada bien. Puedo sentir las puntas de mis alas
arrastrándose por el suelo. Un tenue empolvo de mis escamas cubre mis
brazos y tengo garras.
Monstruo. Tan monstruosa como mis secuestradores. Y ahora
siempre cargaré el recordatorio.
Lo único que controla mi repulsión es mi disposición. Estoy
luchando por mantenerme consciente.
Des sigue enviando miradas de preocupación hacia mí.
—Quédate conmigo, amor.
Fuerzo a mis ojos a permanecer abiertos.
—Buena chica —dice, acariciando hacia atrás mi cabello—. Nos
vamos a casa. —Su expresión está llena de agonía.
Es doloroso para él incluso verme.
Tal vez era mejor cuando simplemente estaba fuera de mi vida.
Entonces era un simple soplo con el que tenía que lidiar. Verlo mirarme
así una y otra vez, cada momento es una daga contra mis tripas. En
respuesta a mi ansiedad, mis alas se tensan, listas para levantarse.
—Quédate tranquila, amor —dice Des.
Lentamente, me fuerzo a relajar mi espalda, mis alas volviéndose
inertes de nuevo.
Se pone de rodillas, tensándose. Un momento después, nos
lanzamos hacia el cielo.
Miro fijamente las estrellas, las hermosas y desoladas estrellas, mi
cuerpo al final de su cuerda. Mis párpados se cierran.
—Callie…
Pero ni siquiera la voz de Des me devuelve de la oscuridad.
Capítulo 30
Traducido por Mais

M
e despierto ante la sensación de una mano palmeando mi
espalda.
Cuidadosamente abro mis ojos. No reconozco
inmediatamente mis alrededores. No hasta que noto los bollos dorados de
pared y un arco Marroco.
La habitación de Des. Estoy recostada en mi estómago en mitad de
su cama, acurrucada entre sus sábanas.
¿Por qué estoy contra mi estómago? Nunca duermo así.
—Querubín, estás despierta. —La voz suave del Negociador levanta
piel de gallina a través de mi piel.
Empiezo a sonreír, todavía confundida, cuando lo recuerdo.
La prisión, Karnon, mi metamorfosis.
Mi metamorfosis.
Busco detrás de mi espalda. Cuando mis dedos rozan las plumas,
dejo salir un llanto ahogado.
No era un sueño.
—Son… hermosas —dice Des. Su mano se mueve a través de ellas.
Bajo su toque, se mueven, mis plumas hacen un sonido suave de susurro
mientras se rozan entre sí.
Aprieto con fuerza mis ojos.
—No —digo, mi voz ronca.
No quiero escuchar lo hermosas que son. Fueron forzadas en mí por
un loco. Por un psicópata que se hubiese reído si la transformación me
hubiese matado. El mismo monstruo que violó a cientos de mujeres.
Estaba lista para morir. Incluso estaba lista para vivir en un estado
de animación suspendida.
No estaba lista para esto.
Y sé que no es el peor destino, pero se siente así. Porque ahora me
veo como todos esos fauna fae. Mis secuestradores. Mis atormentadores.
Era una cosa soportar los castigos, otra mirarme a mí misma y verlo a
ellos.
—¿No qué? —dice Des—. ¿No te toque? ¿No te adule?
—Todo ello —digo, abriendo mis ojos. Soy horrible de ver.
Mis brazos se sacuden mientras empiezo a empujarme para ponerme
en posición sentada. Atrapo un vistazo de aquellas escamas doradas que
corren por mis antebrazos como armadura plateada.
Tengo unas ganas de arrancarlas de mi piel, una por una.
Apenas empiezo a sentarme, siento presión en mi espalda. Mis alas
pesadas son demasiado grandes, los huesos muy delicados.
No puedo sentarme en la cama.
Siento una lágrima de frustración derramarse mientras caigo de
nuevo de estómago.
Tan débil.
Un momento después, Des me levanta. Mis alas enredadas detrás de
mí, las puntas arrastrándose a través del suelo. Las plumas son
completamente negras, pero debajo de la luz, tienen un brillo iridiscente.
Son hermosas, y las odio más por eso.
Mientras me carga, mi rey fae me mira como si fuera el que se
estuviera ahogando.
Me atrapa mirándolo.
—Lograremos sobrevivir a esto —jura—, así como lo hicimos la
última vez. Hemos hecho esto antes. Podemos hacerlo de nuevo.
—No sé si pueda. —Mi voz se quiebra.
Des me coloca a mis pies, en frente de un espejo completamente
largo en sus aposentos.
—Dime lo que ves —dice.
Frunzo el ceño, primero a él, luego —a regañadientes—, a mi reflejo.
Ni siquiera quiero mirar. No quiero ver si soy más monstruo que humano.
Pero cuando lo hago, veo mi rostro, y no ha cambiado por completo.
Olvidando que Des está de pie a mi lado, toco mi mejilla. Pensé que tal
vez… que tal vez no me reconocería en el espejo. Que realmente sería una
bestia. Pero no lo soy.
Mis ojos se mueven a mi mano. Por un largo momento miro
fijamente las garras filosas, y luego mi mirada se mueve a mis dedos.
Todavía son humanos. De hecho, bajo mis garras, más que el color negro
de mis uñas, se verían como manos regulares.
Mis antebrazos tienen un delicado brillo de escamas, que brillan bajo
la luz. Empiezan en mi muñeca y terminan antes que mi codo, y unas
cuantas filas de estas se enrollan en mi antebrazo antes de desvanecerse
de vuelta en mi carne normal. No continúan por mi cuello o pecho o rostro.
Levanto la falda de mi vestido para mirar mis piernas. Estas también están
libres de escamas. Se ven como siempre. Y mis pies todavía son humanos,
sin garras adornando mis dedos.
Y cuando mi mirada se mueve de vuelta a mi reflejo, todavía tengo
las mismas proporciones. Soy la misma mujer que siempre he sido, solo
con unas cuantas adiciones. Y mientras esas pocas adiciones —garras,
escamas y alas—son dolorosas de ver, no soy el monstruo que pensé que
sería.
De hecho, me veo un poco fae.
—¿Qué ves? —pregunta de nuevo Des.
Trago saliva.
—Veo a Callie.
—Como yo. —Entierra su boca cerca de mi oreja—. Querubín, la
gente como nosotros no son víctimas. Somos la pesadilla de alguien.
No soy una víctima.
No voy una víctima.
¿Cómo es que me olvidé de ello? Porque, en algún lugar del camino,
me había olvidado. Y casi me rompió.
No soy una víctima.
Aquí en el Otro Mundo, he perdido mi más poderosa arma: mi
glamour. Pero he ganado garras y alas.
Mis ojos se mueven hacia Des.
—Enséñame de nuevo cómo ser la pesadilla de alguien.
Necesito sentirme peligrosa, poderosa, rasgos que he perdido en
algún lugar en el camino.
Un destello de su sonrisa perversa aparece, y oculta en sus sombras,
es amenazante.
—Será un placer, compañera.

Me pongo de pie dentro de uno de los almacenes del Reino Nocturno,


mirando la multitud de guerreras durmientes. Miles de ellas.
Matar a Karnon debería haber liberado a todas esas mujeres de
cualquier magia negra que las contiene.
Pero no lo ha hecho.
Y ahora hay muchas más mujeres durmientes descubiertas de las
habitaciones subterráneas muy por debajo del castillo de Karnon.
El parcialmente vacío almacén de pronto rebosa de cojines. Y las
mujeres en los nuevos están embarazadas. Nadie sabe cuándo—o sí—
darán a luz.
Los otros reinos también han recibido su parte de guerreras
durmientes recuperadas de las bóvedas de la prisión de Karnon, guerreras
pertenecientes a los Reinos Diurno, Flora y—lo más raro de todo— Fauna.
Karnon había estado abusando de sus propios soldados femeninos.
Apenas puedo envolver mi mente alrededor de ello.
Todavía está la cuestión de los guerreros masculinos, aquellos que
todavía están perdidos. Y entonces están las cautivas femeninas, como
Aetherial, que están recuperándose de sus experiencias. Cautivas que se
han quejado de una oscuridad que todavía cuelga entre ellas.
Nada está resuelto.
Coloco mi mano en una de las tapas de los ataúdes, las puntas de
mis garras suena contra el vidrio.
—Despierta —susurro, con glamour deslizándose en mi voz. Si
las mujeres durmientes escuchan, no obedecen.
Incluso espero a que el sonido de voces-de-ira se eleve a mí
alrededor, así como lo habían hecho antes.
Pero todo está en silencio. Todo está quieto.
Humo y sombras se envuelven alrededor de mis brazos. Un momento
después, se juntan en mis manos.
—Querubín —susurra Des en mi oreja, apretando mis brazos
gentilmente.
Ante su voz, mis alas se mueven, rozándose contra su pecho.
No debería estar sorprendida de que me haya encontrado. Es el
Negociador, Señor de los Secretos, Maestro de las Sombras, y Rey de la
Noche.
Toca mi mentón, girando mi rostro.
Cierro mis ojos y trago. Se siente bien tener al Negociador tocándome
así, a pesar del hecho de que Karnon hizo lo mismo, día tras días. Porque
con Des, es diferente. Siempre lo ha sido. Siempre lo será.
—Me desperté y no estabas —dice.
Entiendo lo que no dice. Que temió haberme perdido de nuevo.
—Tenía que verlas. —Las palabras son apenas audibles.
Tenía que ver a las mujeres que fueron menos afortunadas que yo.
Aquellas que fueron incapaces, incluso después de la muerte de Karnon,
de escapar de sus agarres.
Mis ojos escudriñan la habitación, mi pecho apretado ante la vista.
Si no hubiera sido humana, podría estar entre ellas, mi cuerpo yaciendo
entre todas las demás. Mis pulmones sin respirar, mi corazón sin latir, mi
cuerpo sin vida.
Pero no muerta tampoco.
Suspendida entre los dos. Esperando.
Él está viniendo por ti.
Me brota piel de gallina en la piel.
—No se ha terminado —susurro. Puedo sentirlo en mis huesos.
Simplemente hemos lanzado el primer disparo.
—Dejemos que vengan nuestros enemigos —dice Des, su voz sedosa
letal—. Tienen un ajuste de cuentas esperando al final de mi daga, y lidiar
con la venganza de mi sirena.
Me giro para enfrentar a Des, su cabello rubio blanco deslizado hacia
atrás, debajo de su corona. Sus tatuajes y puños de guerra escondidos
debajo de su encajado atuendo fae, pero incluso sin estos mostrándose, es
obviamente una cosa peligrosa, con sus ojos brillantes y pesadas alas, que
han estado fuera casi constantemente desde la noche en que mató a
Karnon.
Ahueca el lado de mi rostro.
—Dejemos que vengan nuestros enemigos, y los mataré a todos.
Mientras permanezcas a mi lado, querubín, tengo algo por lo que luchar.
Este es tal vez el misterio más increíble de todo luego de la muerte
de Karnon. Mis cambios físicos no han atenuado lo que Des siente por mí.
De hecho parece bastante… aficionado por los cambios. Y cada vez que mira
mis alas, mis garras y mis escamas con adoración, las tolero incluso un
poco más. Y me enamoro de mi compañero una y otra vez.
Este hombre que me ha salvado tantas veces, que me sacó de mi
propia atormentada oscuridad hacia la suya. Este hombre que esperó siete
años por mí. Este hombre que, contra toda razón y rareza, es mi
compañero.
Me inclino y rozo un beso contra sus labios.
—Estaré a tu lado —prometo—, hasta que muera la oscuridad.
Glosario
Arestys: Una tierra estéril y rocosa perteneciente al Reino Nocturno;
conocida por sus cuevas; la más pequeña y más pobre de las seis islas
flotantes situadas dentro del Reino Nocturno.

Barbos: También conocida como la Ciudad de los Ladrones; la más


grande de las islas flotantes situadas dentro del Reino Nocturno; ha
ganado una reputación por sus casinos, pandillas, contrabandistas, y
tabernas.
Casa de Claves: Cuerpo gobernante del mundo sobrenatural; con
sede en Castletown, Isla de Man.

Changeling: Niño intercambiado al nacer; puede referirse


alternativamente a un niño fae criado en la Tierra o a un niño humano
criado en el Otro Mundo.

Comunidad Sobrenatural: Grupo que consiste en cada criatura


mágica que vive en la Tierra.

Desmond Flynn: Gobernante del Reino Nocturno; también


conocido como Rey de la Noche, Emperador de las Estrellas del Crepúsculo,
Señor de los Secretos, Maestro de las Sombras y Rey del Caos.

Fae: Término que denota a todas las criaturas nativas del Otro
Mundo.

Glamour: Hipnosis mágica; hace que la víctima sea susceptible a la


influencia verbal; considerado como una forma de control de la mente;
manejado por sirenas; eficaz sobre todos los seres terrenales; ineficaz
sobre las criaturas de otros mundos; prohibido por la Casa de Claves
debido a su capacidad de despojar a un individuo de su consentimiento.
Green Man: Rey consorte de Mara Verdana, Reina de Flora.

Hada Oscura: Un hada que aborrece la ley.

Hada: Fae más común en el Otro Mundo; pueden ser identificadas


por sus orejas puntiagudas y, en la mayoría de los casos, por sus alas;
conocidas por engañar, de naturaleza sigilosa y de temperamentos
agresivos.

Hombres lobo: También conocidos como licántropos o cambiantes;


un ser humano que se transforma en un lobo; gobernado por las fases de
la luna.

Isla de Man: Una isla situada en las islas británicas, al oeste de


Irlanda y Gales, Inglaterra y al este de Escocia; el epicentro del mundo
sobrenatural.

Janus Soleil: Gobernante del Reino Diurno; también conocido


como el Rey del Día, Señor de los Pasajes, Rey de la Orden, Ejemplo de
Veracidad y Portador de la Luz.

Karnon Kaliphus: Gobernante del Reino de Fauna; también


conocido como el Rey de Fauna, Amo de los Animales, Señor de los
Salvajes de corazón, y Rey de Garras y Uñas.

Ladrón de Almas: Individuo responsable de las desapariciones de


los guerreros fae.

Lephys: También conocida como la Ciudad de los Amantes; una de


las once islas flotantes dentro del Reino Diurno; considerada una de las
ciudades más románticas del Otro Mundo.

Líneas ley: Caminos mágicos dentro y entre mundos que pueden ser
manipulados por ciertas criaturas sobrenaturales.

Mara Verdana: Gobernante del Reino de Flora; también conocida


como la Reina de Flora, Señora de la Vida, Ama de la Cosecha, y Reina de
Todo lo que Crece.
Otro Mundo: Tierra de los fae; accesible desde la tierra a través de
líneas de poder; conocido por sus criaturas viciosas y reinos turbulentos.

Academia Peel: Colegio sobrenatural situado en la Isla de Man.

Phyllia and Memnos: Islas gemelas conectadas por un puente;


situado dentro del Reino Nocturno; también conocidas como la Tierra de
Sueños y Pesadillas.

Pixies: Fae alado que son aproximadamente el tamaño de una mano


humana; como la mayoría de los fae, los pixies se conocen por ser
curiosos, sigilosos, y traviesos.
Politia: Una fuerza policial sobrenatural; jurisdicción mundial.

Portal: Puertas o puntos de acceso a las líneas de poder; puede


coexistir a varios mundos.

Reino de Fauna: Reino del Otro Mundo que preside a todas los
animales; reino estacionario.

Reino de Flora: Reino del Otro Mundo que preside toda la vida
vegetal; reino estacionario.

Reino de Muerte y de profundidades: Reino del Otro Mundo


que preside todas las cosas que han muerto; reino estacionario situado bajo
tierra.

Reino de Mar: Reino del Otro Mundo que preside todas las cosas
que residen dentro de las masas de agua; reino estacionario.

Reino Diurno: Reino del Otro Mundo que preside todas las cosas
pertenecientes al día; reino transitorio; viaja por el Otro Mundo,
arrastrando el día con él; situado enfrente del Reino Nocturno; las once
islas flotantes dentro de ella son las únicas masas terrestres que pueden
reclamar residencia permanente dentro del Reino Diurno.

Reino Nocturno: Reino del Otro Mundo que preside todas las cosas
pertenecientes a la noche; reino transitorio; viaja por el Otro Mundo,
arrastrando la noche con él; situado enfrente del Reino Diurno; las seis
islas flotantes dentro de ella son las únicas masas terrestres que pueden
reclamar residencia permanente dentro del Reino Nocturno.

Siete Sagrados: También conocidos como los días prohibidos; los


siete días que rodean la luna llena cuando los cambistas se retiran de la
sociedad; costumbre establecida debido a la incapacidad de los cambistas
de controlar su transformación de humano a animal durante los días más
cercanos a la luna llena.

Cambiante: Término general para todas las criaturas que pueden


cambiar de forma.
Sirena: Criatura sobrenatural de extraordinaria belleza;
exclusivamente femenina; puede usar glamour en todos los seres
terrenales para que hagan su voluntad; propensa a la mala toma de
decisiones.
Somnia: Capital del Reino Nocturno; también conocida como la
Tierra del Sueño y Muerte.

Vidente: Un ser sobrenatural que puede prever el futuro.


Strange Hymn (The Bargainer #2)
Sirena y alma gemela del Rey de la Noche,
Callypso Lillis sobrevivió la crisis de Karnon,
el rey loco y su retorcida prisión. Pero la
pesadilla no ha terminado. Callie usa los
recuerdos físicos de su tiempo como cautiva
y una cantidad grande de evidencia sugiere
que el Ladrón de Almas todavía está allí
afuera.

Cuando una celebración fae da una estocada


a Callie y a su compañero (Desmond Flynn)
dentro del Reino de Flora, toman la
investigación con ellos. Pero bajo las luces
brillantes y floraciones llamativas del reino,
encuentran que hay asuntos más inmediatos
con los cuales lidiar. Ningún lugar es más
salvajemente único que los grandes pasillos
fae, y ninguna cantidad de tratos pueden salvar a Callie de las intrigas de
la realeza.
Las hadas juegan peligrosamente. Algunos quieren amor, otros
venganza, algunos carne y otros quieren cosas que son imposibles de
pronunciar. Una cosa es segura: nadie es quien parece ser. Ni siquiera
Des, quién solo se vuelve cada vez más enigmático con cada secreto.

Pero el Reino de Flora tiene sus propios secretos, desde árboles que
sangran hasta esclavos de marca y guardias que desaparecen. Algo está
girando en la tierra donde todo crece, y si Callie no es cuidadosa,
reclamará todo y a todos los que ama, junto con ella.
Sobre la autora
Laura Thalassa nació y creció en
Fresno, California, donde pasó su
niñez leyendo y creando cuentos de
fantasía. Ahora pasa sus días
componiendo todo; desde romance
paranormal de jóvenes adultos a
novelas distópicas para new-adult.
Thalassa vive con su esposo y
compañero en crimen, Dan Rix, en
Oakhurst, California.
Para más información, por favor visita:
laurathalassa.com

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