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1. El nacimiento de la filosofía.

“En tanto que en silencio me agitaban estos sombríos pensamientos y con aguzado
estilo escribía en blandas tablillas mi lamento quejumbroso, parecióme que sobre mi
cabeza se erguía la figura de una mujer de sereno y majestuoso rostro, de ojos de
fuego, penetrantes como jamás los viera en ser humano, de color sonrosado, llena de
vida, de inagotadas energías, a pesar de que sus muchos años podían hacer creer que
no pertenecía a nuestra generación. Su porte, impreciso, nada más me dio a entender.

Pues ya se reducía y abatiéndose se asemejaba a uno de tantos mortales, ya por el


contrario se encumbraba hasta tocar el cielo con su frente, y en él penetraba su cabeza,
quedando inaccesible a las miradas humanas.

Su vestido lo formaban finísimos hilos de materia inalterable, con exquisito primor


entretejidos; ella misma lo había hecho con sus manos, según más adelante me hizo
saber. Y, a semejanza de un cuadro difuminado, ofrecía, envuelto como en tenue
sombra, el aspecto desaliñado de cosa antigua”.

Resulta llamativa la forma en la cual Boecio en su consolación de la filosofía consigna


una descripción física de la que, luego Kant llamaría recurriendo a una obra de Ovidio
“la mayor de todas, poderosa entre tantos yernos e hijos”, la descripción es sin duda
alguna inusitada, ya habíamos visto a la filosofía asomarse a través del búho, o la
lechuza, que es el animal que se ha atribuido a la filosofía para representarla, ya la
habíamos visto aparecer bajo la égida de Atenea, pero nunca la habíamos resaltado en
esta forma femenina, Hegel apreciará de muy buen modo su forma nocturna y divina en
la lechuza de atenea, porque ésta, al igual que la filosofía, siempre llega demasiado
tarde, y es que la filosofía explica, expone se explaya, pero ya cuando la historia ha
pasado.

Estas formas metafóricas que han dado cuerpo e imagen a la filosofía, el hombre de las
barbas ralas en Fernando González, el solitario, el librepensador, el descalzo loco, el
árbol kantiano desde el cual surgen todas las ciencias, nos hacen pensar en una
naturaleza múltiple de la filosofía, que se deja ver un poco en esa multiplicidad de
retazos que conforman el vestido de la dama en Boecio, su naturaleza es pues
demoniaca, pero no en un sentido cristiano, como macabra, o diabólica sino en su
sentido etimológico, como un daimonium, la filosofía es un espíritu de múltiples
preguntas y posiciones, esta naturaleza curiosa la supo ver Sócrates, quien lo dirigía no
era otra cosa que ese daimonium, ese espíritu de la filosofía que le aconsejaba unas
cosas y lo exhortaba en otras.

Volviendo un poco a esa naturaleza tardía que supo ver Hegel en la lechuza podemos
concebir otro elemento de esa lentitud de la filosofía, su actuar es lento porque su
interés se sitúa en la comprensión, la filosofía llega demasiado tarde porque debe llegar
demasiado tarde, el filósofo cumple en esa llegada lenta, pero segura, es un elogio
disciplinado a la lentitud, por ello no hay un afán en la filosofía, para pensar lo que
menos buscamos es la velocidad, como en el internet, más bien se busca todo lo
contrario, Wittgenstein define muy bien este sentido: “En la carrera de la filosofía gana
quien puede correr más despacio, o aquel quien es el último en llegar”.

Desde siempre se ha tenido una imagen descuidada del filósofo, es aquel que vive en las
nubes (y de hecho la primera comedia que se hizo a un filósofo, a Sócrates, se llamaba
las nubes, realizada por Aristófanes) descuidado de sí y del mundo se tropieza con todo
a su paso por estar ocupado mirando al cielo, como se cuenta de Tales de Mileto, muy
sabio, pero poco aterrizado, sin embargo el mismo Tales supo mostrar a su pueblo que
su sabiduría era tan celeste como práctica, que no solo sabía caer en pozos por pensar en
las estrellas, cuando se lo propuso se enriqueció con el negocio de unos trigales en
menos de lo esperado, solo con el propósito de demostrar el alcance de su saber, solo
por ello porque para tales tanto la riqueza como la pobreza (así como la vida y la
muerte) le eran indiferentes.

Y si, le preguntaron que si era así porque más bien no se quitaba la vida, y su respuesta
fue “porque me es indiferente” creo que esta imagen del filósofo encumbrado y alejado
hace parte de la descripción del filósofo que realiza Platón en su texto sobre el
conocimiento, el Teeteto, pero también de esa imagen sabe sacar provecho para mostrar
la potencia del vuelo de la lechuza, vierto in extenso la descripción para no parodiar lo
bien dicho con un mediocre parafraseo:
“Así pues, querido amigo, como te decía al principio, cuando una persona así en sus
relaciones particulares o públicas con los demás se ve obligada a hablar, en el tribunal
o en cualquier otra parte, de las cosas que tiene a sus pies y delante de los ojos, da que
reír no sólo a las tracias; sino al resto del pueblo. Caerá en pozos y en toda clase de
dificultades debido a su inexperiencia, y su terrible torpeza da una imagen de necedad.
Pues, en cuestión de injurias, no tiene nada en particular que censurar a nadie, ya que
no sabe nada malo de nadie, al no haberse ocupado nunca de ello. Por tanto, se queda
perplejo y hace el ridículo.

Y ante los elogios y la vanagloria de los demás, no se ríe con disimulo, sino tan real y
manifiestamente que parece estar loco. Efectivamente, cuando se elogia a un tirano ° a
un rey, cree oír que están hablando de la felicidad de un pastor, ya sea de cerdos,
vacas u ovejas, por haber ordeñado mucha leche. Pero considera que aquéllos tienen
que apacentar y ordeñar a unos animales más díscolos e insidiosos que éstos, y que las
personas de esa naturaleza, debido a la tarea que desempeñan, se hacen por fuerza no
menos agrestes y carentes de educación que los pastores, apresados como están en sus
murallas, al igual que el pastor en los rediles de las montañas.

Cuando oye decir que alguien posee una fortuna admirable en extensión, por poseer
diez mil plectros de tierra o aún más, tales cifras le parecen totalmente insignificantes,
pues está acostumbrado a poner sus ojos en la tierra entera. Y cuando componen
himnos genealógicos de alguien que puede demostrar la existencia de siete antecesores
ricos, considera que tales elogios son propios' de personas obtusas y cortas de miras,
que por su falta de educación no pueden poner sus ojos en el todo, ni darse cuenta de
que cualquiera tiene miles de antecesores y progenitores ni de que entre ellos los ricos
y pobres se cuentan por muchos miles, así como los reyes y esclavos o los extranjeros
Y gnegos.

Es más, a él le parece algo absurdo, por su pequeñez, que alguien se enorgullezca por
una lista de veinticinco antepasados, aunque asciendan hasta el mismo Heracles, hijo
de Anfitrión, ya que el antepasado vigésimo quinto, con tanda de Anfitrión hacia atrás,
sería el que a éste le tocará en suerte, igual que podría decirse del quincuagésimo a
partir de él. Se ríe de los que son incapaces de hacer un cálculo de esta naturaleza y no
alejan la vanidad de' su alma insensata. En todos estos casos una persona así sirve de
mofa al pueblo, unas veces por su apariencia de soberbia, y otras veces por el
desconocimiento de lo que tiene a sus pies y la perplejidad que en cada ocasión le
envuelve.

Pero, querido amigo, cuando consigue elevar a alguien a un plano superior y la


persona en cuestión se deja llevar por él, el resultado es muy distinto. Entonces e
quedan a un lado las cuestiones relativas a las injusticias que yo cometo contra ti o tú
contra mí, y se pasa a examinar la justicia y la injusticia en sí mismas, lo que ambas
son, y las diferencias que distinguen a la una de - la otra, así como a ellas mismas de
todo lo demás De preguntas acerca de si es feliz el rey que posee riquezas se pasa a un
examen de la realeza y de la felicidad o la desgracia que en general afecta a los
hombres, para averiguar qué son ambas y de qué manera le corresponde a la
naturaleza del hombre poseer la una y huir de la otra.

Cuando alguien de mente estrecha, sagaz y leguleyo, tiene que dar una explicación de
todas estas cuestiones, se invierten las tornas. Suspendido en las alturas, sufre de
vértigos y mira angustiado desde arriba por la falta de costumbre. Su balbuceo y la
perplejidad en la que cae no dan que reír a las tracias, ni a ninguna otra persona
carente de educación, pues ellas no perciben la situación en la que se halla, pero sí a
todos los que han sido instruidos en principios contrarios a la esclavitud”.

La imagen de la filosofía y del filósofo nos muestra la cara del pensamiento, un asunto
del cual nos ocupamos los seres humanos como seres pensantes y que abordamos
conducidos por un deseo natural de saber, como supo verlo Aristóteles; ese deseo
expresado en cada cultura de forma distinta se extiende desde la media luna fértil entre
los ríos Tigris y Éufrates hasta las llanuras de Quetzatcoaltl, desde la cosmogonía
babilónica, pasando por Confucio y Buda hasta la figura del Tlamatini (traducido al
castellano como “hombre sabio”) en la cultura Nahuatl de la América precolombina,
quizá pues el término filosofía con una carga eurocentrista es injusto para agrupar las
reflexiones del pensar humano, pero los mismos filósofos griegos apreciaron en su
momento las otras influencias. Como bebió Tales o Pitágoras del saber egipcio y
Babilonico o tantos otros, como el caso de Pirron.
Nos cuenta Pierre Hadot en su texto ¿Qué es la filosofía antigua? Que Pirrón de Celis,
(quien le dará después la base a una escuela de la filosofía Occidental, practicada por
personajes, que en su momento se presentarán, como Carnéales, Sexto Empírico o
Michel de Montaigne y conocida como escepticismo) adquirió un retiro rotundo ante el
mundo en su viaje a la India, con el ejército de Alejandro Magno, pues allí escuchó a un
Indio, a un sabio descalzo (o gimnosofista, como era llamado por los griegos) decir a
Anaxarco, su mentor, que era incapaz de ser maestro, ya que frecuentaba las cortes
reales. Esa influencia oriental nos deja nuevamente expuestos ante el pensamiento como
enfermedad evolutiva curiosa del sapiens, como inquisición constante humana,
indeleble, innegable.

Viendo pues un poco la imagen metafórica de la filosofía, habiendo pintado con los
colores de la misma filosofía el personaje que es el filósofo dentro del teatro de la
existencia (porque como afirmaba Decart Mundus est fabula, el mundo es ficción, pero
eso espero poderlo hablar mucho después) y dando razones para considerar la filosofía
como una respuesta humana, antropológica ante la admiración del mundo vayamos al
texto que nos convoca hoy, filosofía y poesía de la pensadora auroral, María Zambrano.

María Zambrano establece una serie de pautas al respecto de una pugna dada desde la
antigüedad entre dos maneras de comprender la realidad que se nos aparece, una
realidad producida en el encuentro entre los fenómenos, entre el mundo y nuestro ser,
por un lado se encuentra la filosofía y por otro la poesía, ambas tienen una forma y un
tratamiento diferente acerca de ese encuentro inusitado e impactante. En el texto de
Zambrano se nos muestra una inclinación, una defensa hacia la poesía sobre la filosofía,
por la forma mezquina y cruel en la cual la filosofía ha desprestigiado, ha desdeñado, ha
rechazado, ha despotricado a la poesía, y ello pese a que en su origen, poesía y filosofía
iban de la mano en la expresión de la vivencia.

Zambrano sitúa la ruptura entre la filosofía y la poesía en uno de los textos más
importantes para el pensamiento occidental, a saber La República , en ella Platón
establece un escenario donde se ofrecen las pautas sobre las cuales se podría dar un
Estado justo, Sócrates, que se encuentra en la casa de Céfalo aborda allí el problema de
la justicia, desde el principio aparece el elemento de la violencia, el cual está anclado al
interrogante, y que Zambrano también resalta en su texto, de hecho Sócrates y
Trasímaco (este último encarnando el ideal de la retórica) establecen una enconada
disputa acerca de dicha pregunta para definir el concepto de justicia, Trasímaco
defiende una definición pragmática de la justicia, a saber cómo aquello que le conviene
al más fuerte, otra de las definiciones aportada viene por parte del interlocutor Glaucón
quien define a la justicia como darle a cada cual lo que le corresponde, la pregunta que
se hace Sócrates después de esto es ¿sería justo si un hombre que nos pide guardarle un
arma, dársela tiempo después aunque este regrese en obnubilado por una locura?

Esta interrogante produce irritaciones de Glaucón y una profunda ira en Trasímaco hasta
el punto de tratar a Sócrates como un embaucador y arrogante, aunque aquí ya se
establece la incomodidad y la violencia de la filosofía, la afrenta con respecto a la
poesía la vemos un poco más adelante, donde Sócrates en boca de Platón excluye la
poesía del Estado perfecto, y ello porque las representaciones que los poetas dan de los
dioses producen un mal ejemplo para la sociedad, los pintan como humanos, lo cual es
para Platón reprensible, por otro lado el poeta trabaja con las imágenes, con lo sensible,
cuando lo verdadero es lo inteligible, y esto representa para Platón una ofensa, se
destierra así la poesía del estado filosófico: “los poetas mienten” como luego repetirá
Aristóteles.

Es paradójico que el rechazo de la poesía venga de Platón, un filósofo que ante todo fue
primero un poeta, Zambrano no le extraña esta circunstancia, solo un gran poeta
conocedor del potencial de la poesía podía excluirla para darle la corona a la filosofía, a
partir de allí la filosofía seria tirana en la tierra del saber, soberana, y la poesía por otro
lado una triste y desterrada forma de representar la vivencia, enclavada en lo cotidiano
del ser, en la gente del común, a la enemiga, en perpetua resistencia.

Esa construcción que le permite establecer una discusión entre filosofía y poesía nos
permite a nosotros establecer una discusión entre el paso de las representaciones
mitológicas al paso de las representaciones filosóficas, y podríamos decir que habría
que corregir eso del paso del mito al logos, porque lo que nos muestra Zambrano es que
en el mithos, en el poema, en las descripciones de Homero, Hesíodo, Sófocles,
Eurípides ya hay logos, hay razón, hay una trama racional que nos explica y nos
trasmite algo, y siempre que intentemos volver al mito y desmitologizar el mito
podremos encontrar allí razón, logos, por ello tiene razón Jean Pierre Vernant en su
texto Mito y pensamiento en la Grecia Antigua, cuando afirma que las divinidades de
Grecia encarnan potencias, circunstancias, aspectos psicológicos humanos, vivencias.

El poema siempre fue el primero en abordar la experiencia originaria del hombre con el
mundo, eso que maría Zambrano llama lo sagrado, el misterium tremens (misterio
tremendo) en Grecia el poema agrupó esa realidad originaria bajo lo divino, bajo una
categorización de los dioses, siempre el poema encausó la vivencia sagrada y originaria
en lo divino, lo atrapó en las palabras pero de manera fugaz, porque los poemas eran
fortuitos, cotidianos, como los dioses, pero sin embargo siempre se instalaban en un
fragmento de nuestra vivencia, la filosofía por su parte no buscaba lo divino fugaz sino
la expresión máxima de lo divino, la unidad, la totalidad, y la encontró ciertamente en la
abstracción que procuró, que en la antigüedad llegará a puntos máximos en el Dios
único de Aristóteles, o en lo Uno de Plotino.

En Grecia, como lo señala Indro Montanelli en su texto Historia de los griegos existían
dos tipos de dioses, a saber, los dioses de la clase dirigente, que eran aquellos que se
sentaban en tronos, celebraban banquetes a la manera de los grandes dirigentes griegos,
que fueron detalladamente pintados por el (o los) poeta(s) Homero(s) y los dioses de la
clase baja, los dioses del campo, descritos en la Teodisea, o en los Trabajos y los días de
Hesíodo, ello ya marca una forma diversa de vivenciar el mito, Zeus del tonante rayo y
los dioses del panteón del Olimpo muestran una representación, un canto diverso a los
dioses frugales como Gea (la tierra) o Nix (la noche), propios de los campesinos
griegos.

Los dioses también intervienen en la trama de la existencia humana, como la vivencia


misma, se mezclan con la vivencia, Ares se ve en una ocasión golpeado por Iris y Juno
cuando interviene en la Ilíada en una de las batallas, Atenea, la sabiduría y la
persuasión intercede por Ulises, ese ejemplo de la virtud retórica griega, y no resulta
extraño que lo haga, pues Ulises es también un hijo de la persuasión, de ahí que lo
acompañe Atenea, y el ensañamiento de Poseidón tampoco será extraño, este devenir
produce, como lo sabrá expresar luego la literatura, el concepto de peripecia,(adversidad
que se le presenta al héroe y que hace interesante la trama) y allí está presente la
explicación de la vida del hombre, que es peripecia y viaje sin retorno fácil, a través del
mito, del poema en hexámetros de la odisea.
Así pues, las pugnas familiares de los dioses que tanto rechaza Platón en la poesía no
son el mal ejemplo para la sociedad griega, son la forma poética de asir las dificultades
familiares de la sociedad cotidiana griega, es mas bien Platón quien nos miente, a través
dela filosofía y quiere montar unos nuevos ideales falsos para tratar de invertir las
conductas humanas, pero en ultimas para enmascararlas, Platón odia tanto la verdad de
la poesía que en este caso la destierra y prefiere acepar el ideal fraudulento de la
filosofía.

El poema consuela el hombre, ante el miedo o el trauma que le produce la experiencia y


el encuentro con la realidad, el primer hombre seguramente sintió tal susto al
experimentar la visión de un rayo, de un trueno y un relámpago que requirió de un
nombre para asir esa realidad y así domesticarla, tranquilizarse un poco y apaciguarse
ante eso tremendo e inexplicable, y así apareció Zeus, o Quetzalcóatl, o Enkidu, o
Marduk, la poesía encausa la vivencia, pero de una manera en la cual su encausamiento
no desliga la palabra de la vida.

El paso desde esta poesía a la filosofía requirió un desgarramiento de la palabra y la


vivencia, la filosofía, luego de renunciar a la poesía y dejar de pronunciarse
poéticamente prefirió el concepto frívolo, separado de toda multiplicidad pasajera y
abigarrante (en la cual instaló la poesía) y allí sembrar su tranquilidad, la tranquilidad
perpetua que necesitaba el hombre ante la vivencia, la filosofía nació, al igual que la
poesía de la admiración, del thaumazein, pero la filosofía le añade al thaumazein la
violencia, porque es inquisición perenne, admiración constante, imperdible, el poema
muere tan pronto como la vivencia.

La filosofía pues, trasforma una experiencia originaria en un concepto y al cambiarla y


extraer para sí lo inamovible y aplicable universalmente la hace extraña, se aleja de la
vivencia y se queda con lo muerto, se hace ajena de la vivencia, gana tranquilidad pero a
costa de perder la vitalidad, la poesía se mantiene en ese vaivén, pero no renuncia a lo
vivo, en ambas se pierde y se gana, en ambas se afirma algo y se pierde algo, esto
¿podría llamarse entonces una relación dialéctica entre poesía y filosofía?
Es posible que si exista este momento dialectico, pero no se resuelve allí, para
Zambrano la filosofía al preferir la unidad niega la realidad y es que en ultimas la
unidad total es imposible, la poesía por su parte es más humilde, no se encumbra en el
concepto y así aunque en lo transitorio se establece en la realidad de la vivencia, no la
niega con el concepto, que al final es un espécimen muerto de la vivencia.

El poema se ofrece, se dona, como lo afirma Zambrano en su metáfora sobre el corazón,


y se abre en una vivencia especial a quien menos lo espera, por eso el poema es del
vulgo, del pueblo, por eso es tratado como moneda corriente y llega con mayor facilidad
al mundo cotidiano, común, y es aquí cuando Zambrano le hace un cuestionamiento de
base y profundo a la filosofía, si la filosofía dice que todo mundo desea por naturaleza
saber y por ello ella es disciplina para todos ¿Por qué se hace tan inaccesible a las
gentes? Y esta crítica a la filosofía a través de la defensa de la poesía es la que confronta
nuestra definición de filosofía, la filosofía no se ocupa del hombre sino por accidente, se
eleva, se encumbra a unas alturas inaccesibles.

Esta crítica, pues, debería ser la última en realizarse en un temario sobre filosofía,
porque expone de entrada sus defectos, sus inclinaciones, sus peros y debilidades, pero
henos aquí, acabando con la filosofía sin haber comenzado.
Psigmund Freud en el comienzo de su Introducción al psicoanálisis no comienza con un
elogio de la teoría psicoanalítica, frente a sus legos, que esperarían quedar admirados
para proseguir invierte totalmente esta condición, no nos vende la idea del psicoanálisis,
más bien lo critica, muestra sus debilidades, lo presenta con sus dificultades
metodológicas y clínicas, ¿Cómo obtener seguidores de unas lecciones si comenzamos
por exponer lo peor de la disciplina en cuestión? ¿No procedemos siempre, en el
mercado, en el amor, (para vender una idea, para ser atractivos) mostrando lo mejor que
tenemos, esa mascara de lo mejor?

Comenzamos en este caso sin máscaras, con la dificultad revelada de la filosofía, con su
abuso, con su comportamiento desgarrador, desdeña a los poetas, desdeña la realidad
múltiple, en esa medida comenzamos por una crítica a la filosofía desde el nacimiento
de la filosofía.
En el texto de Zambrano “La disputa entre la filosofía y la Poesía sobre los dioses” que
hace parte de su libro El hombre y lo divino se plantea el origen de la filosofía que tiene
lugar en una pugna con la poesía dentro de lo sagrado, la filosofía nació y fue producto
de una actitud originaria, habida una rara coyuntura entre el hombre y lo sagrado, la
poesía se enfrentó primero a lo sagrado y de allí extrajo la idea de los dioses, pero como
en Grecia no existe una religión institucionalizada, solo algunas prácticas dispersas de
carácter religioso, como el culto a Orfeo, el orfismo, donde no había culto propiamente
instaurado o una jerarquía sacerdotal o una hierocracia, (como si lo desarrolló el
judaísmo o el cristianismo) entonces alguien tenía que ocupar el papel de líder de esta
civilización que se desarrollaba en la península del Peloponeso, y ese liderato en este
momento de la historia del hombre estaba siendo disputado entre la filosofía y la poesía.

Curiosamente, en el terreno donde se esperaría que ganase la poesía nos dice Zambrano
que gana la filosofía, ella consigue descender al fondo de lo sagrado y ganar su primacía
a través de esa descripción de lo indeterminado de eso sagrado, Anaximandro lo llamó
apeiron y desde que este fue el principio de todo, la filosofía logró ganarse el mejor
puesto preguntando, haciendo preguntas y al final realizando un descubrimiento
filosófico a través de una realidad poética.

Pero luego de descender a ese apeiron, a eso indeterminado, la filosofía se encumbra


aún más allá hasta llegar al monoteísmo, al Dios universal, el motor inmóvil, aquel que
lo puede todo y es abstracto. De allí que luego no acepte la forma poética de percibir lo
sagrado, a través de lo divino, a través de esos dioses griegos de múltiples formas y
actitudes que en ultimas nos decían la verdad cotidiana de los hombres, sino que
rechaza estos dioses a través de Platón, y se representa lo divino como uno, y cambia su
forma de expresión, ya no es el poema, es el dialogo y luego el tratado.

De aquí que las metodologías de ambas formas cambien, la poesía se basa en un


sentido de orientación, a la manera de las aves, de una gaviota o una paloma, cuando
pretenden volar al norte, o al sur, un sentido que no se explica, está inserto y vivo en el
ser que lo experimenta, por su parte la filosofía no le interesa proceder si no es bajo un
método, bajo un orden, un trazo constante que deja huella y ruta, derrotero y
encausamiento, a la manera del rio que esta delimitado (como lo llamará Zambrano en
otro de sus grandes textos Claros del Bosque) no es el Océano, no se desborda, como la
poesía. Aunque, según Homero, el origen de todo, fue Océano.
Tal parece pues que todo origen de una ciencia en otra ciencia se contrapone a esa
ciencia de donde procede, la filosofía ha experimentado desprendimientos, pero ella
también se rebeló a la poesía, la condenó, la poesía no obstante nunca dejó la filosofía,
siempre estuvo presente, siempre la acompañó para sugerir y decir algo cuando ella no
podía decirlo, cuando se le agotaba el concepto, por ello Platón nunca deja la metáfora,
o la alegoría, para acercarse oportunamente a una realidad inaprehensible, como la idea
de Bien, donde Platón la asemeja al sol, porque sin ella nada puede brillar, todas las
demás cosas se ven porque el sol las ilumina, todas las cosas son, pero solo representan
para nosotros virtud si vienen acompañadas por la idea de Bien, un cuchillo debe ser
bueno para cortar, una silla debe ser buena para sentarse.

Partamos pues desde aquí, desde esta importancia de la poesía y la literatura en la


filosofía hacia la proyección de la filosofía, teniendo presente que el concepto desgarra,
pero que es limitado, y cuando se limita aparece la poesía o la literatura para salvarla,
que en ultimas asistimos a algo así como una dialéctica entre poesía y filosofía, como ya
lo explicamos el filósofo revela la vivencia a través de la violencia y logra una unidad,
pero paradójicamente cuando lo logra pierde el contacto con las cosas y el sentido de lo
originario, por su parte el poeta revela la vivencia a través de una donación de las cosas,
logrando si, una unidad, más una unidad, frágil fugaz, a través de la palabra, sometida a
todo cambio, a toda contingencia, lo que gana aquella en unidad lo pierde en el contacto
con la realidad, lo que gana está en contacto con la realidad, lo pierde en posibilidad de
firmeza.

“El filósofo quiere lo Uno porque lo quiere todo, y el poeta no quiere propiamente todo,
porque teme que en ese todo no esté en efecto cada una de las cosas y sus matices, el
poeta quiere una, cada una de las cosas sin restricción, sin abstracción ni renuncia
alguna”

Quizá la filosofía solo fije en el concepto esqueletos conceptuales muertos, quizá solo
sea una colección de cadáveres, quizá deba admitir que los mismos conceptos son
móviles, históricos, que deben ser renovados, quizá si existan verdades eternas,
necesarias inamovibles ¿Qué perspectiva tomar? Suspendamos el juicio al menos hasta
escuchar lo que tiene que decir en su defensa la filosofía, que este lo que sigue, este
temario, es pues, un juicio a la filosofía, espero defender al acusado de la mejor manera
posible.