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Las habilidades del psicoterapeuta y la


relación terapéutica

Imagen 1.1. Recuperado de https://afrofeminas.com/2019/12/12/mi-querida-psicologa-blanca/

En la clase anterior, estudiamos el proceso psicoterapéutico y sus fases, en esta clase


estudiaremos las habilidades del terapeuta. La psicoterapia es una profesión que exige un
perfil muy especial, no todos los profesionales de la salud mental se identifican con el
oficio del psicoterapeuta, además de los conocimientos específicos en psicología clínica,
psicopatología, evaluación psicológica, enfoques y técnicas entre otros, el profesional
requiere unas habilidades específicas imprescindibles, para lograr una intervención
exitosa.

Pero, más allá de contar con esas habilidades terapéuticas, la psicoterapia es para aquel,
que es humano y está dispuesto a ayudar, a aprender e incluso a renunciar a sus propios
prejuicios, para aquel que confía en sí mismo, pero más que nada tiene fe en su paciente,

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como diría Carl Rogers “Cuando miro el mundo soy pesimista, pero cuando miro a la
gente soy optimista” ¡Bienvenidos! a una nueva clase.

La relación terapéutica

Gran parte del éxito de la psicoterapia radica en la relación terapéutica, que como lo
vimos en la clase anterior, equivale al mismo “rapport terapéutico” que en esencia es
la alianza que se establece entre el profesional de la salud mental y el paciente y que
permite de manera colaborativa lograr un proceso exitoso.

¿Qué necesita un profesional de la salud mental, además de sus conocimientos, para ser
un buen psicoterapeuta? En ocasiones el no comprender que la relación terapéutica es
esencial, puede llevar al fracaso del proceso, muchos pacientes se resisten al cambio,
algunos otros no comprenden las directrices o instrucciones del terapeuta, otros temen
abrirse emocionalmente o se muestran desinteresados frente al proceso ¿Qué
habilidades terapéuticas ayudan a superar todas estas resistencias en la terapia?
Veamos a continuación.

La relación terapéutica, hace referencia a los sentimientos y actitudes que tienen entre sí,
paciente y terapeuta y la forma como expresan esos sentimientos; el cuales ayudan a
entablar una relación positiva, que se caracteriza por la confianza y el respeto mutuo, el
trabajo debe de ser percibido como un trabajo en equipo, que se base en estos “tres
componentes esenciales de la alianza terapéutica” :

1. El vínculo emocional positivo entre las dos partes.

2. El acuerdo mutuo acerca de los objetivos de la terapia.

3. El acuerdo mutuo acerca de las tareas y actividades terapéuticas.

Es importante anotar que la relación terapéutica se extiende a familiares o acompañantes


asiduos del paciente, cuando se trata de un menor de edad o de una persona que sufre
algún tipo de discapacidad.

La terapia está sujeta a una serie de “reglas formales”, entre las cuales se encuentra: El
pago de la terapia, horarios, sitio de intervención, frecuencia, duración de la terapia,
participación activa del paciente, etcétera, lo cual supone que no se trata de un acto de

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altruismo por parte del psicoterapeuta, no es tampoco una relación de amistad, la relación
está sujeta a la intervención psicológica y se centra en las necesidades del paciente.

Características personales esenciales en el psicoterapeuta

Para Cormier y Cormier (1991/1994) y Ruiz y Villalobos (1994) las siguientes son
características personales, indispensables en un buen psicoterapeuta.

1. “El interés genuino” Esto implica tener presente que el psicoterapeuta no puede
anteponer sus propios intereses y necesidades por encima de las del paciente. Para
necesita evitas varios comportamientos:

• “El voyerismo” hace referencia a aquellas indagaciones o preguntas que tienen


como objetivo satisfacer la curiosidad del terapeuta.
• “El abuso de poder” la terapia tiene unos objetivos que han sido establecidos de
común acuerdo entre el paciente y el psicoterapeuta, por lo tanto, el terapeuta
deberá ceñirse a ello, sin intentar usar su posición para influir sobre las decisiones
o valores del paciente.
• “La autoterapia” aun cuando el terapeuta se identifique de manera personal con
situaciones, experiencias, sentimientos o emociones del paciente, deberá dejar de
lado sus propios problemas y concentrarse en la problemática del paciente.

2. “Autoconocimiento” El psicoterapeuta debe conocer tanto sus habilidades técnicas


como personales, así como sus limitaciones; como una baja tolerancia a la frustración, o
una necesidad imperativa de tener el control de la situación, o la necesidad de
reconocimiento y aprobación, prejuicios o incluso creer que sus valores, creencias,
pensamientos son mejores que los de su cliente. Si el psicoterapeuta no se conoce y
autorregula, puede llegar a tener comportamientos antiterapéuticos, como por ejemplo,
intentar cambiar los valores del cliente o imponer su propio sistema de valores, puede
también evitar el conflicto y la confrontación, enojarse con el cliente cuando incumple o
trabajar en aspectos superficiales.

3. “Autorregulación” La autorregulación es otra competencia esencial del terapeuta,


evita que sus propios problemas interfieran en la terapia con el paciente. El terapeuta
debe ser sensible a sus propios procesos internos y a los procesos que se desencadenan
de la interacción con el paciente, si experimenta fuerte reacciones emocionales, al

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trabajar determinado tema deberá remitir al paciente e incluso acudir a terapia y ponerse
en tratamiento, para evitar la contratransferencia (Freedman 2001), es decir, proyectar
sus propios sentimientos y frustraciones en el paciente, este proceso casi siempre ocurre
de manera inconsciente, pero por esta razón es tan importante el autoconomiento y por
ende la autorregulación.

4- “Un apropiado ajuste psicológico en general” En líneas generales una buena salud
mental del psicoterapeuta, garantiza mejores resultados en el proceso.

5- “Experiencia vital” La experiencia de vida puede ser valiosa en la medida en que


aporta comprensión a las problemáticas de los pacientes, sin embargo, hay que cuidar
que ciertas experiencias vitales estén completamente superadas, para evitar
interferencias en la terapia.

6- “Conocimiento de los contextos culturales” La cultura es una factor que influencia


poderosamente la conducta, las creencias y pensamiento de una persona, en la medida
en que el psicoterapeuta conozca diferentes contextos culturales, y específicamente al
que pertenece el paciente, contará con mayores herramientas.

7- “Principios éticos y profesionales” El terapeuta debe regirse por el código


deontológico de la profesión. Asuntos como “la confidencialidad”, (salvo en los casos de
maltrato, o en los que peligre la vida de un menor de edad o incluso del mismo paciente),
“la remisión del paciente a otro terapeuta” cuando haya interferencia por asuntos
personales o incluso cuando el terapeuta considere que no tiene la competencia para
tratar al paciente entre otros, deberán ser asumidos con total ética y transparencia.

Por otra parte, el terapeuta debe evitar proyectar en el paciente sus actitudes y
expectativas, es decir, no esperar que un paciente este triste, dolido o frustrado en
determinada circunstancia tan solo porque él lo estaría.

8- “Energía y persistencia” La terapia es un ejercicio exigente, que implica desgaste


físico, emocional e intelectual, por lo que el psicoterapeuta debe cuidar su salud física, y
mantener alta su energía. Esta energía si es baja baja o se da la percepción de un
psicoterapeuta cansado o agotado, pueden generar desconfianza en el proceso, así
mismo la paciencia deberá ser otro atributo importante, dado que los procesos de cambio
conllevan tiempo.

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9- “Flexibilidad” Otra característica importante en un buen terapeuta es su capacidad


para adaptarse a las diversas situaciones y estilos de personalidad. También, es
importante su versatilidad profesional para adaptar las diferentes técnicas y métodos a los
problemas particulares de cada paciente.

Hasta aquí, hemos revisado algunas de las características personales más importantes en
un buen psicoterapeuta que se resumen en un actuar ético, sincero y honesto, con un alto
grado de autoconocimiento y capacidad para regularse así mismo, con importantes
experiencias vitales y con una adecuada salud física, emocional y mental. A continuación,
revisaremos las habilidades sociales más importantes en un buen psicoterapeuta.

Habilidades sociales necesarias en un psicoterapeuta

Para Carl Rogers, un buen psicoterapeuta debe tener tres habilidades esenciales: La
empatía, la aceptación incondicional y la autenticidad, dentro de la empatía, la escucha
activa es otra de las habilidades fundamentales que puede determinar el curso del
proceso terapéutico. Revisemos los aspectos más relevantes de cada habilidad.

“Escucha activa” La capacidad de escuchar genuinamente al paciente, reporta infinidad


de beneficios, “escuchar activamente es intentar en todo momento comprender el
lenguaje verbal y no verbal del paciente y saber leerle entre líneas”, es decir descubrir
incluso aquello que intenta ocultar, pero que es perceptible para el terapeuta.

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Entre los beneficios está la apertura también sincera y genuina del paciente, la relación
terapéutica se afianza y se fortalece, el psicoterapeuta es percibido más como un
colaborador que como un experto, esto último genera distancia emocional, la escucha
activa propicia en general un ambiente cálido que facilita el alcance de los objetivos
terapéuticos y conlleva tres actividades:

“Recibir el mensaje” implica la capacidad de leer “el lenguaje no verbal” del paciente;
la apariencia general, la mirada, la postura, la orientación corporal, la tonalidad de la voz
etc. En cuanto a la “comunicación verbal”, el psicoterapeuta debe comprender
ampliamente el discurso del paciente, los temas recurrentes, los temas que evita, las
autoexigencias que se hace, las contradicciones, las emociones que surgen al hablar de
ciertos temas etcétera, es decir todo aquello es esta explicito e implícito en la
comunicación.

Otra lectura importante que debe hacer el psicoterapeuta hace referencia a la actitud del
paciente frente a él y frente a la terapia.

2. “Procesar los datos recibidos” implica la capacidad de saber discriminar la


información importante para el proceso de la que no lo es y establecer un correcto
significado, evitando los sesgos personales.

3. “Emitir respuestas de escucha” Que incluyen respuestas verbales y no verbales,


asentir con la cabeza, una posición corporal que denote interés, una mirada compasiva,
receptiva, respetuosa y comentarios del tipo “entiendo”, “comprendo”, “de acuerdo”,
“continúe”, “le escucho”, etcétera. Otro recurso importante es que al final de cada
intervención el psicoterapeuta haga pequeñas síntesis y reflejos, de lo que el paciente ha
mencionado para confirmar, pero además con esto demuestra atención.

De acuerdo con (Cormier y Cormier, 1991/1994; Marinho, Caballo y Silveira, 2003)


algunos de los obstáculos en el proceso de escucha activan son:

• No mostrar interés por el paciente y lo que habla.


• Juzgar los valores, pensamientos o creencias que el paciente trasmite en el
mensaje.

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• Experimentar algún tipo de reacción emocional mientras el paciente habla (enfado,


frustración, ansiedad) emociones que no puedan ser autorreguladas por el
psicoterapeuta.

• Interrumpir al paciente de forma innecesaria.


• Constantes interrupciones no relacionadas con la terapia.
• Restarle importancia a los temas que el paciente considera importantes.
• Tendencia a formular hipótesis con pocos datos.
• Hacer interpretaciones o sugerencias prematuras.
• Estar cansado o agotado para la sesión.
• Variables relacionadas con el entorno (calor, frio, oscuridad, ruido excesivo
etcétera)

Finalmente, cabe anotar que la escucha activa, debe ser equilibrada, permitir que el
paciente hable toda la sesión sin mayores intervenciones por parte del terapeuta, dará la
impresión de que no está trabajando activamente en el proceso y que se limita a
escuchar.

“La empatía” es la habilidad social por excelencia, en la terapia hace referencia a la


capacidad que tiene el psicoterapeuta de ver las cosas desde el marco de referencia del
paciente, intentando comprender sus sentimientos y emociones, antes de darle una
solución, implica además la capacidad de comunicarle al paciente que es comprendido.

El grado más alto de empatía se observa cuando el terapeuta es capaz de comprender lo


que ocurre, a nivel cognitivo, emocional y conductual, sin que el paciente lo haya
expresado explícitamente, implica la capacidad de inferir desde el discurso y las actitudes
del paciente (Ruiz y Villalobos 1.994).

La empatía terapéutica, se puede evidenciar a través de diversos comportamientos,


revisemos algunos:

• La escucha activa.
• Dar importancia e intervenir aquellos aspectos que el paciente considera
relevantes.
• Hacer preguntas orientadas a aclarar lo que expresa el paciente.
• Reflejar o hacer paráfrasis, es decir sintetizar en las propias palabras del paciente,
lo que está diciendo o ha mencionado en cierto momento, no obstante, debe ser
un recurso que se utilice de manera equilibrada, si se excede en su uso, pierde el

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refuerzo y puede resultar incomodo e interferir en el proceso de apertura


emocional del paciente.

Para (Beck et all., 1979/1983), la empatía afianza la relación terapéutica y es un facilitador


del proceso de cambio.

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La empatía permite comprender mejor la resistencia al cambio del paciente, evita que el
psicoterapeuta juzgue y reduce también sus reacciones emocionales frente al proceso y
en definitiva favorece la posibilidad de encontrar soluciones y alternativas a la
problemática del paciente.

La empatía es un gran recurso especialmente en los casos en que los pacientes no


acuden por iniciativa propia, no obstante, como los sugiere (Beck et all., 1979/1983),

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también en la empatía terapéutica debe existir equilibrio, evitando así que se pierda la
objetividad y el rigor científico de la psicoterapia.

“La aceptación incondicional” Como lo mencionamos anteriormente otra de las


cualidades o habilidades necesarias en el psicoterapeuta según Carl Roger es la
aceptación incondicional, que alude a la capacidad de la psicoterapeuta de vencer sus
prejuicios y aceptar al paciente tal cual es, como una persona que merece ser tratada con
dignidad.

De acuerdo con (Cormier y Cormier, 1991/1994; Goldstein y Myers, 1986) existen varios
niveles de aceptación:

1. “Compromiso hacia el cliente” hace referencia al interés sincero y disposición que el


terapeuta muestra por ayudar al paciente, utilizando de manera genuina, todos los
recursos de los que dispone, y estableciendo una relación terapéutica con el cliente,
donde priman sus necesidades y sin que el paciente se siente en deuda por ello.

2. “Esfuerzo por comprender” El terapeuta hace los esfuerzos necesarios para


comprender la problemática del paciente, a través del proceso de escucha activa y
utilizando todos los recursos necesarios para tal fin.

3. “Actitud no valorativa” El terapeuta debe abandonar sus prejuicios y evitar emitir


juicios de valor, no necesariamente tiene que estar de acuerdo con el paciente y aprobar
su conducta, pero debe manejar con profesionalismo sus propias concepciones y valores.
En todo caso, lo que sí puede es lograr un proceso reflexivo en el paciente acerca de las
consecuencias morales y sociales de su comportamiento, pero comprendiendo que es
parte del objetivo de la terapia y en beneficio del cliente.

“La autenticidad” Otra de las habilidades necesarias en un psicoterapeuta, es la


autenticidad, lo cual implica ser honesto, sincero, evitar el doble sentido en la
comunicación, en definitiva, comunicar con transparencia, sin embargo, ser autentico no
implica ser imprudente, para Beck et all . (1979/1983) también en este aspecto se
requiere de equilibrio, comunicar con honestidad, pero con tacto, siendo diplomático y
prudente, evitando en todo momento perjudicar al paciente.

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Si la autenticidad y la honestidad no son bien manejadas, pueden ser contraproducente y


entonces e interpretadas como rechazo y hostilidad.

Para que la autenticidad sea positiva debe tener los siguientes componentes:

1. “Conductas no verbales” que puedan ser interpretadas como positivas, el tono de la


voz, la expresión de la mirada, la sonrisa, la actitud corporal etc.

2. “Poco énfasis en el rol” evitar hacer énfasis en el rol o la autoridad como terapeuta,
esto puede ser mal interpretado y generar resistencia en el paciente.

3. “Espontaneidad” evitar la excesiva formalidad y rigidez en el trato y por el contrario


ser consecuente entre los que dice y expresa, siendo natural en su comunicación.

4. “La autorrevelación” hace referencia a la capacidad de reconocer los errores, cuando


se presentan y el cliente los capta. También puede hacer referencia a compartir ciertas
experiencias personales con el paciente, evitando las de contenido sexual o religioso y
concentrándose en aquellas que eventualmente puedan aportar a la evolución positiva de
la terapia.

Este es un aspecto que debe manejarse con total madurez profesional, no debe ser
recurrente, porque la terapia no un espacio para el desahogo del terapeuta, debe ser
gradual, es decir a medida que va avanzando la terapia; hacerlo en la primera o segunda
puede ser malinterpretado por el paciente y percibido como poco confiable, egocéntrico,
necesitado de atención.

Finalmente, la autorrevelación también hace referencia a las expresión de lo que percibe


el terapeuta acerca de la terapia, por ejemplo, cuando hay algo que no funciona en la
relación terapéutica, o cuando el proceso no avanza, sin embargo, nuevamente se
recomienda prudencia y oportunidad al expresarlo.

En cualquier caso, la autorrevelación es positiva y facilita el vínculo emocional con el


paciente, pero debe ser oportuna y mesurada.

Otras habilidades que facilitan la relación terapéutica

“La competencia” hace referencia a las capacidades, habilidades y conocimiento en


general del psicoterapeuta, esto genera confianza en el paciente, y facilita la relación
terapéutica.

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De acuerdo con Cormier y Cormier (1991/1994) el paciente puede inferir la idoneidad del
terapeuta, a través de la interacción con el mismo; se muestra tranquilo y seguro, tiene
una adecuada comunicación, mantiene el contacto visual, adecuada disposición corporal,
el discurso fluido y coherente, la pertinencia en las preguntas que realiza, la capacidad de
generar autoreflexión en el paciente entre otras.

También se evidencia esa idoneidad, a través de la información que se recibe del


terapeuta incluso antes de empezar la terapia, si es un terapeuta que alguien recomienda,
su nivel de experiencia, sus estudios, incluso la apariencia de su consultorio y su misma
presentación personal.

Además de la competencia entre otras no menos importantes habilidades esta “la


cordialidad” que en general se diferencia de la empatía y hace referencia a un
comportamiento amable, agradable, cálido, que puede incluir un pequeño contacto ante
un desbordamiento emocional del paciente, todo esto sin abrumar al paciente y sin enviar
un mensaje equivocado.

“La confianza” No es fácil generar confianza y por el contrario se puede perder con
mucha facilidad, la confianza es determinante en el proceso, es indispensable que en todo
el momento el paciente se sienta seguro de no está siendo engañado o perjudicado con
una mala orientación o procedimiento, la confianza es una conjugación de muchos de los
aspectos ya mencionados, como la competencia del psicoterapeuta, la empatía, la
aceptación incondicional y sin juicios, la confidencialidad, la ética y el profesionalismo.

Existen muchas otras habilidades necesarias para establecer y mantener un exitosa


relación terapéutica, sin embargo, en el texto nos hemos concentrado en las de mayor
relevancia para el proceso terapéutico. En la video clase, podrá encontrar algunos
aspectos complementarios.

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Bibliografía

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