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La mochila ''rayá'':

del símbolo a la subsistencia


CRISTINA ECHAVARRÍA USHER
/ ~

MIRIAM VERGARA GOMEZ


Trabajo jorográfico: Cristina Echavarría Usher. Alejo Santa Ma ría Uribe

la n1ochil a en la que cargan los campesinos de toda


A MOCHILA " RAYÁ'\ Pá 1a1na antcno r :
~

Famd1a atanqu e r<~ tCJ I<:: ndo mol:hd a.


la llanura del Caribe colombiano el pedazo de queso bajero y la ''miguita"
L de panela, el frasco de café y el bollo de maíz para desayunar en el
monte; la mochila q ue usan también los estudiantes y o breros; esta
mochil a de fi que con rayas de brillantes colores, es tejida por n1ujeres y niños artesa-
nos que viven en los pueblos y veredas de la región de A tánquez, situada en el árido
piedemonte del sureste de la Sierra Nevada de Santa M arta.

Saliendo por Pozo Hurtado hacia el norte de Valledupar, se sigue el curso del río Badillo,
y luego el de su afluente, el río Candela, para penetrar en territorio atanquero. Baj o un
sol abrasador, el polvoriento camino atraviesa los pueblos y caseríos de las tierras
baj as, y se interna en la Sierra Nevada, hasta alcanzar unos setecientos metros sobre el
nivel del mar. Allí, a orillas del Iio Candela y bajo la sombra del cerro Juaneta, se
encuentra escondido el pueblo de Atánquez, corazón del antiguo territorio cancuamo.

DE CANCUAMOS A ATANQUEROS

La primera referencia que de Atánquez traen las crónicas data de 1690 cuando el1

obispo de Santa M arta ordenó una visita al "pueblo de los Atánquez", acusados de
idolatría. A mediados del siglo XVIII y como consecuencia del incremento de la
labor evangelizadora, Atánquez fue erigida en capital del territorio especial de la
Sierra Nevada de Santa Marta y M otilones, bajo la custodi a de la Iglesia misional.
A ños después se convirtió en refugio de indios y campesinos que huían de las tierras
b aj as del alto Cesar y de la baj a Guajira, a causa de las guen·as civiles y la hambruna
desatada por las plagas de langosta (Reichel y D ussán, 1956; 1961 ).

Esta confluencia de la Iglesia misional, el Estado y grupos portadores de una cultura


más hi spana y africana conduj o a la paulatina transformación de Atánquez en pueblo
triétni co, con las carac terísticas de una aldea cos teña.

Los cambios étnicos, socioeconó1nicos y culturales radicales oc urrieron a parti r de


1860. Los relatos indican q ue en el período que va de fin ales del siglo pasado a
principios del presente, Atánquez gozó de una fl oreciente econotnía: entró en auge
el trueque de productos agrícolas y artesanales con un tnercado que cubría práctica-
nlente toda la cos ta Atlántica. De A tánquez salían bastimen to y fruta para Va lledu par~
sotnbreros y mochilas, chinchorros y cuerdas se intercambiaban en El Banco y otros
pueblos ribereños por pescado seco, huevos de iguana y otros productos.

Esta integración comer cial con el resto de la costa atlántica propició, a su vez, un
intercambio cultural medi ante el cual las tradi c iones tnusicales locales se die ron a

Boletín Cultural )' Bibliográfico. Vol. 36. núm. 52. 1999 21


J m·~ n atanq u~ro cami no d~ IJ ;-; iara con una carga de igu an a~ .

conoce r v se fue ro n transfo nnando co n nu evas influe nc ias. En esa é poca las fie s tas
~

pa tro nal es d e Sa n Isidro de A tánqucz atra ían tnú s icos de todo e l valle de l Cesar y de
la Gu ajira. Ll ega ban los indígenas arsa ri os d e La S ie rrita . con e l c hicote y la g aita ~
los ca tnpes inos de Valkdupar. Fonseca y San Juan d e l Ces ar. con e l acordeón : y de la
Gu ajira ve nían las handas de v ie nto ( Ve rgara G ó n1ez. 198 X).

S i hi c n Atá nquez contó a princ ipi os de es te sig lo con un a florecie nte econotnía ag rí-
co la y artesanal. ésta no fue s ino un a n1ucs tra d e un po te nc ia l que hoy escasan1e nte
tnan ti e ne u na eco no tn ía de su hsis tc nc ia.

Los con1c rc iantcs qu e e n aqu e ll a época se cs ta hl ec ic ro n e n la reg ió n de Atá nquez se


e ncargaron d e la co rn erc iali zac ió n y di stribu c ió n de los pro duc tos artesanal es d ~
fiqu e: rnoc hilas. c hinc ho rros para dorn1ir y di versos tipos de lazos . Dada la au senc ia
de un sis te nw rno ne ta ri o. lo s cotnerc iant cs estab lec ie ro n un siste rna de inte rcan1bio
qu e e n un princ ipi o fo rt a leció la econo rnía local pe ro 4u e rnu y pronto se convirtió e n
un desve ntaj oso siste nw de trueq ue - aún v ige nte- que ha sido e l princ ipal respo n-
sabl e de l co ntinu o de te ri oro de l po de r adqui s iti vo de las fa n1ili as artesanas.

El estancmnie nto progresivo de l valo r de cmnbio de los o bje tos artesana les, no só lo
trajo e n1pobrec in1i ent o. sino que. ade n1ás. co ndujo a l de te rio ro de la calidad de la arte-
sanía de tique. De las a rtesa nías seña lad as , sólo la n1ochil a so brev ivió e n un rnercado
que se fu e exte ndie ndo paul atina rnente a lugares cad a vez n1ás di sta ntes hasta conver-
tirse e n un a artesanía tradi ciona l po pula r. con un rne rcad o nac iona l y ex tranj e ro.

AGRICULTORES, ARTESANO..') Y C'()MERCIANTES

H oy los atanque ros desen1pe ña n e l pape l de inte rn1edi a ri os e ntre la sie rTa y Va11 edupar.
Ade tnás de produc ir la popul ar moc hila de fiqu e y m ochil as d e lan a d e imitac ió n
a rhu aca, se d edican a l co rnerc io con s us vec in os icas, cogui s y a rsari os, co m o ta m -
bié n con e l res to d e la costa Atl á nti ca y alg unas c iud ad es de l inte rior de l país .

Es con1 ú n ve r pasa r a los ata nque ros po r re n1o tos pue bl os indígenas ofrecie ndo o ll as
d e a lurninio , n1anteca, arroz, sa l. c hanc las, la nas indu stria les, ro n "chirrinc hi " e
ig ua nas, a cambi o d e m oc hil as. pa ne la, fiqu e. lana de c arne ro , café y aguac ate. Ig ua l-

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Teresa Araújo. promotora artesanal, :tprovecha las primeras horas del día para corclwr la cabuya .

mente se les encuentra en la avenida medellinense de La Playa, vendi e ndo mochilas


y otras artesanías.

Practican una agricultura de tala y quema muy similar a la de los indígenas de la


sierra. Sus fincas y rozas se hallan di spersas en varios piso climáticos, pues Atánquez
está estratégicamente situado entre el piso cálido y el templado, y sus habitantes
aprovechan los recursos de ambos.

Cultivan café, cañ a de azúcar, aguacate, fique , frutales y cultivos de pancoger en


cercanías de arroyos y manantiales. Entre tanto, en las lo mas la ganadería ex tensiva
ocupa cerca del setenta y cinco por ciento del territorio atanquero y es la principal
causante del grave deterioro de aguas y suelos (Ec havarría, 1984).

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Si n e1n ha rt!u. par<l l o~ a rt e:-,a n o~ de ho). l ~t nHK h ila !-ligue s ien do una neces id ad
' ital. El Jct ~ rioro de las üriJa~ tierras ata nqueras. la <.k!-~apa r i c i ó n de n1 uc has fue ntes
d ~ agua y e l LTecin1iento <.k l a pohlac i<)n han ge ne rado una c ríti ca escasc1 de
a li nH: ntos. que pone !-~oh rc la produ cc ió n artesanal cas i todo e l peso de la s uhs is-
t e ne i a fa 111 i 1i a r.

En 'i'-la de e~ ta :-.ituac ión. e n 1t)g6 el g rupu de trabajo co n1unitario Co rpnrac il> n


ivturundtía - Con1unidad por la na turak;a . el tr<thaj o) la cu ltura 1- :-,e d e di cú a
p ro Jnn,·e r la t11116 n de la ... arte sa nas ('fl d c f e n ~a <.k su trab ajo. Se hu scó n1cj o ra r la
ca lidad Jc la 1n nc hila mediant e la r('cupcraci6n d e tint es natu rales y pu ntadas
trad icio na les. para log rar. ~oh re esta ha ~c. un prcctn n1ús justo q ue co nt ri hu ye ra a
n1cjo rar el ni \'e l de ,·id ét de las r~u nilia :-- arte sanas ( Ec ha va rría. 19X7a y 19H7b:
Ver~ara.
'-
1 9X 7 ).

LA. MlJCHILA: TRA DICIÓ~V Y A R TE PlJPULA R

Con lo ~ p r i rn c ro~ rayo~ de l ~o l. en tre la algarahía de los ga ll o~ y el pers iste nte rebuz-
nar de los hurro~. ~e oye el sonido de la c oJTU117ho hil ando el fiqu e que las tej edoras
neces itan para en1 pc1.ar " la rnochila de l diario ... Para ent orc har la fi bra , las ar1csa nas
ex tiend en una inrnc ns a telarañ a de ca hu ya~ de colo re~. que at raviesa las calles de
piedra. los ~ola res y las casa~.

Por la tarde las artesa na ~ salen a co1nadrea r rni en l ra ~ tejen n1 och il a y se inte rca mbian
e l tejido en se ña l de arnistad y co nfi anza. Para e llas. que viven de la n1ochil a, los
a rna n ~ce rcs e:-, tán rn a rca do~ por el so nid o de la carn1 n1ha y los días se e ntreteje n e n
proc ura de l s u ~ te n t o.
1 .1 ( ''IJ'h.ll. h. ltlll \ lu n uH.hw (",,
lllllllt•: .• d por l.t n.tlltr,tkl<~ . ~·1 tt .a
h.qll ' la, ullut.J ~·, un.t t.•nttdad
"111 .tlltlll•• d~· lu, '' ' qu~· ,k,dt·
Teje r n1ochi l a e n A tánquez. In ás qu e una ac ti,·id ad econ ó n1ica. es una tradi ci ón
141:\..1 \ l~' l ll' ll' .tll / .llldll pro~n.ln' c ultural 1n uy arra igad a. Co1n o descc ndie nt e"i d e los ca ncuain os. uno d e los c uatro
•k 11.\!.1111/,11. Hlfl \ ~k,.lrft\IJ¡I 1..1\

11\llllll.tll•' l'l\ 1\tlllll d~· 1.1 lr,ldh.li'lll


grupos ahorígc ncs de la Sie rra Nevada de Sa nta Marta, los atanqueros co n1parten
, ultu1.tl l.tlll•• IIIU ''~ .al d'"'" con los indígen a s vec inos el art e n1 i le na ri o del tejido. La n1ochila. a de má s d e se r
.tTI~·'·'n.tl ,·n f,, ";.:~t•n d.: \l.ln·
._¡Ut'/ 1 ,¡,, 1111\').!l.ld.t ¡11>1 J111~~·n un ins rrun1ento de tra baj o. e: una pre nda de ves tir. c uya f orrna. di seño y co lorido
h'' , IIJI11111ll,tlll>' ,k f.t tq.!IPIIlk
id e ntifican c u lt ura ln1e nt e a los ha bi tantes de la Sierra Nevada de Sa nta Marta y
\ 1:1fh 11H' / \ Pl•tl ,. ' lt>ll•tft: , ,_k
\ .dkdup•• r \ \k,klllll sus a lrededo res.

?4 Hnkl ín Cultura l y Hihliográlico. Vol. J6. ntím . 52. 1999


M ochilas coguis y arsarias preparada~ con pagamenros u ofrendas pura el ritual de .. curación de la
comida''.

Del símbolo a la subsistencia

'·La n1ochila, como e 1 caracol que represen ta e l mundo. crece e n espiral. Su forma
sin1boliza el vie ntre fértil de la gran madre cósmi ca , principi o y fin de todo cuanto ex iste".
(U se mi , 19 8 l ) .

Co1n o las n1och il as de los icas, cogui s y ar sari os, la rnochil a atanq uera en ti e1npos de
los canc ua n1os e ntretej ía en sus colo res la indicac ión del li naje de su due no (Dussán
de Re ichel, 1960) y e n sus diseños e l le nguaje c if rado de los n1itos.

La moc hila pe rdió su significado simbó lico a l desaparecer la le ngua y las fo rm as de


organizac ión soc ial que le d aban sentido, mientras q ue su co n1e rc ial izac ión e n gran-
des cantid ades y a precios m uy baj os provocó la prod ucción de n1ochil as ord inmi as.
al dej ar de lado las puntad as, d iseños y tintes nat ura les. téc ni cas ancestrales de lo s
cancuam os.

E n e l me rcado sólo se conoce la n1 och ila " rayá" o n1ochil a coste ña, q ue hoy
ide nti fica a los pob lado res tri é tni cos de la cos ta Atl án ti ca. Pe ro las artesa nas
a tanqu eras aún tej e n las m ochil as fin as, IJ a rn ad as terceras 1 , q ue lucen Los habi -
ta ntes de la región . Para uso do méstico. se tej e n n1ochilas cargueras y n-zochi/ones.
que sirven para transpo rtar los produc tos agrícolas por los e mpin ad os can1in os
de la m o nt añ a ~ com o tan1b ié n c hinc horros par a d o nnir. lazos o hicos y a rreos
para los anima les .

PARA HACER UNA MOCHILA

De la mata a la fibra Tl'rr('rcl L'' la moc hila t:ll la cual


lo-.. \ltf O ih.' ' · tanto atanquero-..
-:omo 11:a:-. t·ogu•' } ar-;ano~ car-
En la familia cada c ual tiene su ofic io en la dispendi osa elabo rac ión de la tnoc hil a~ gan lo~ uhjt:to:- <.k u-..11 pl'r:,onal
ltntt.:rna. <h m:ro. ctH:hlllo . pai'tu~: ­
cuando se di spo ne de algunas 1na tas de fique (A gave cu nericanu ), e l ho n1bre es el lo. papt.:k-... t.'tl' E:-ta llHH.:Illla <:-.. la
encargado de ex traer la fibra, labor que ap re nde desde niño. Para ell o utili za, bie n tk lu cir. y c:~ lt.'JHÜ I t::,pt.'cia lmt'nt.::
por In 111 l1Jl'r. htcn ~~:a para ~.·ln¡¡¡ ­
sea la técnica aborigen del rnacaneo, raspando la hoja con una paleta cóncava de nd~>. t.'l I H\\ t (l. ~.·1 h~.·rmal ll> o ~.· 1
tnadera de macana, o e l método moderno del desfibrado a n1áq uina. Quienes no hiJO St1 talllaJio o:.t.' tl :t ~.·ntr~.· 2H:
>O L't.'llltlllt.'tro' dt: alto . p\ll' 25 ~
di sponen de matas adquie ren la fibra e n .las tie ndas. 2~ O:t: lll llllt.' l rth tk ,IIKht' dt.' h\ 11.' :1

Boletín C ultural y H1hliográtil:o. \l()J. 36. núm . 52. 1I.Jl)Y 25


En la Sierra ~C\'ada d e Santa Marta l o~ m och ih)llL'S rú·mplazan co~taks y canas tos e n el transporte de carga
L'n ani mal.

En 1950 la reg ión de Atánqu cz con taha con unas c ien hectáreas de fiqu e cultivadas
n1 '1s o rnc nos s istc rn át ica n1 ent e ( Du ssá n de Rc ic he l. 1960). C ulti vado res y tejedo -
ras di st ing uían una ri ca g.a rna de \·ariedades de la especie. Agavt' cunericana, llatnada
loca l rn en te 1nag uey . dí fcrenc iadas segú n sus propiedades de res iste nc ia, suavidad
y largo de la fibra. Hoy las rn ás utili zadas so n e l 1naguey haya/e ro, áspero y
res iste nt e . y el 1nag u ey de punro. pre fe rid o po r s u suav id ad. E ntre otras variedades ,
ca he n1enc io nar el n zag uey pitillo. utili zado para ri tuales mágico- re)ig iosos de origen
ind íge na.

En 1 9~6 quedahan e n la reg ió n cerca de diez n1ilrnatas de fique (Vergara, 1987), menos
de una quinta par1c de lo que A li cia f)u ssán de Reichel (ihíd. ) registró en el decenio de
1950. En gene ral las plantas no son culti vadas. sino que "se nacen" por regeneración
natural. Corno Atánquez no alcanza a c ubrir su propia detnanda de fique, una parte de
éste se trae de los Santandcrcs. y e l resto se les con1pra o cambi a a los indios.

Los d ueño s de n1agueya/es a rn enudo deja n perde r las matas. Sostienen que actual-
tnent e la producc ió n de tique no es re nt able po r los altos costos de la mano de obra,
de l transporte de las hoj as hasta la máq uin a des tibradora y del alquiler y combustible
de la n1i stna.

Po r o tro lado. e l o ficio de 1nacanero ha caído e n desuso y se e ncuentra en proceso de


ext inc ió n, por razones de sa lud , prestig io soc ia l y tna la ren1une ració n .

La libra de fiq ue, q ue en 1986 se pagaba a c ie n pesos, resulta barata para e l c ultiva-
dor y dern as iado c ara para la artesana, qu e despu és de hil ar y teñir esta libra de
ca bu ya teje c in co rnochil as qu e can1hi a e n la tienda por e l equivalente de dosc ientos
ctnc uenta pesos.

Del fique a la cabuya

El hil ado es e l alrna de la mochil a. Con la ayuda imprescindibl e de los niños , las
há biles rnanos de las artesanas hil an la cabuy a que se usa para el tejido. Esto es todo

26 Boletín Cu ltural y Bihliográfico. Vol. 36. núm. 52. 1999


Nemoroso Corzo apre ndió :.1 monmiar tle~<.k 4l1~ lll\() fu~rZ<I'~ ranl rnuncjar la 111ilC i..ll1<.1 .

un arte . pues. sea g rueso o de lg ad o s u ca lihre. lo in1po n unte es q ue que de parejo: es


as í co rn o e l hil ado grueso y d is pa rejo de un a libra de L·ahu.>a para n1oc hi las co rrien-
tes pu ede h acer se e n dos horas. rn ie ntras el hi lado de una lihra de cabuya delgada y
pareja. des tin ada a las rnochilas finas. puede tardar h a~ ra oc ht) hn ras.

Se podría deci r qu e los ni ños apo rtan la rna yo r pane de la rnano de obra para el
h ilado del fiqu e, e l c ua l requ ie re co rnúnrn ente tres r ersonas: una anan caJ ora 4ue
se para cadejos de fiqu e y se los pasa a la e rn patadora, qui e n los va uni endo a l hil o
q ue se forma c ua ndo la hil adora pone e n n1 ovin1ic ntn la ca rru r n~1a . Ernpalar c-.; 1al
vez un o de los . ec re tos para adquirir n1aes tría e n e l hi lado. y por eflo son la"' nutj crc~
adultas q ui e nes dese rn peñan esta labor.

Boktin Cultura l ~ H 1hltogníl"t~· o . Vo l ~(l . nüm S:!. 1\}9\) '7


lndill ar:--anP trJ n ,portando liq liL' para 'L' ntkr ~~~ At:IIHJlll'/

La ca rrumha . una espec ie Je hu ~o co n palanca. ha s id o desd e hace siglos e l instru-


rne nto des tin ado al hilado del tique : la~ \'ec inas cogui s. icas y arsarias só lo la usan
para hil ar ca bu ya g n H..';o.,a. pues la cabuya del gada la hilan sobre e l rnu slo con las
. -
rn an o~. Y e l nh.?.od 6n ,. la lana e n hu ~o se nci ll o .
.
La transfonnaci6n de l fiq ue en c a bu ) a.) tin a ltnc nle en rnoc hi la. es un proceso bas-
tante largo. corno bi e n In ex prL'S6 María D a1.a. una artesana loca l: " Priine ranle nte
sacan eltnaguc). luego hay que la\ arlo. lu ego ha y que ~cca rl o en cuerdas. después lo
pesan : de !-~ pu é~ es que se va a hi lar. en la hilad a ti e ne uno cle tn ora. Después de hil ado
hay que unir la~ d o~ cue rdas: en ton ces e:-, que se \'a a co n.:har. Des pués de corc hado,
v iene LJU C hay que c n\·n h ·c rl o y tc i1irl o: __ a c uand o es tá te ñido y e nvue lto. ya está li sto
.
para te_Jer .
..

Cabuyas de colores

En ti e n1po~ pa sado ~ "<llo ~e utilii'ahan tint es naturales para teñ ir e l fiqu e y e l a lgo-
dón : cad a plan ta tintórea se u ~aba co n di stintos fin es s in1hú li cos y prácticos. Los
tnás u sad o~ e ran: el palo hras il ( H en1a /oxylon hrasilelfo Karst). la raíz de hatatill a
(Curcunu1 /onRa). e l n1orado de hoj a CP icNu nio sp.J. la hoj a de l bejuco chin gui za
(A rrha hidea eh ico). 1a co rteza de no 1a ( '?) . e 1 cora;.ó n de n1ori to ( Ch lorophora
lin cloria). la fruta del j ag.u it o ( (Jenipo cun eri ca no ). la leg utnhre d e l di v idivi
(Caesa lpinio corioria). la ~ e nlill a del achi ote (!Jixa ore/lana) y e l hcjuco de ojo de
buey ( Muc una pruriens).

Posib lc tncn tc ex istían reg l a~ que cstahl ccía n qu ié ne s podían o no tinturar con estas
plantas. en qué épocas y para cuá les cc re n1 o nias. Los icas, por eje1nplo, no permite n
qu e las n1 uj e re~ e n edad fé rtil n1an ipul c n c~ ta s planta~ para tinturar: son sólo las
n1ujere~ mu y tna. ore~ y los ho1n bres quienes ~e e ncarga n de te ñir con plantas (Bea-
triz To ro l. Co n1uni cac ión persona l).

Con la co nlercia li Lac ión de la n1ochila " rayá .. a principios de l sig lo, se introduj ero n
las anilinas rn inera les de co lo res e ncendidos. que fu ero n desplazando a los tintes
\'Cgcta lcs.

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Aura Montaño e mpata los cadejo!) de cabuya que '> U hija Piedad le va pasando. Entre tanto. Aurita. su
otra hija, que no aparece en la foto. tuerce la cabuya con la canumba.

Este reernpl azo casi total de las pl antas tintó reas po r a ni Ji nas respo ndi ó a vari os
factores: la o ferta de colo res brill a ntes, tan populares e ntre e l campe. inaclo triétn ico
de la costa atl ántica. q ue es e l princ ipal comprador de la rnoc hil a ~ la rapidez y faci-
lidad de l tinturado con ani lin a. que acorta e n cerca de un 25o/(1 e l tien1po de e labora-
c ión de la moc h i l a ~ y el bajo prec io de la rnochil a. que no j ustifi caba e l esfuerzo y e l
tie mpo que req uiere e l tinturado con p lantas.

S i bien hace unos cuare nta anos aún era con1ún q ue e l sector rnás pobre de la pobla-
ción utilizara pl antas tintó reas como la baratilla, e l pal o bras iL l a c hing uiza, e l rnora-
do de hoja y el morito ( Dussán de Re ic he l, 1960). c uando Marianne Card ale de
S c hrimpff visitó e l pueblo en 1966 ya se utilizaban cas i exc lus ivam e nte las anilinas.

Boletín CulrtJral y Bihliogr<ifico. Vol. 36. núm. 52. 199<) 29


E~ta 111iht <k "e¡ , año:-.. \'Íctínw de polltHni cl!t i". tkmuc\tra una gran habilidad para arrancar. e mpatar e hilar
ella ~ola la cahuyu.

Si n crn bargo. u nas pocas art esa na ~ conocía n la batat i lla , e l palo brasi 1, e l n1ori to y la
eh i ngu i ;.a ( 1972). E n 1<.JX6 e 19H(k ue 1a"' ar1esanas só lo co nocía l a bata till a y el palo
brasi l. por ser ¿s ta ~ n1ás a~cquihle:-, .

C uand o desp u é~ ue n1uchos años las artesanas o rga ni zadas qui sie ro n recuperar los
tintes vegeta les. eran nluy· poca~ las que aún record aban la costumbre de sus abuelas
ca n cuan1a~. Sin e tnbargo. por ~c r ca tn pes in as y observado ras innatas, muchas de
e ll as corncnzaro n a cxperi tnentar con aq ue ll as plantas que m anchan y a preguntarles

30 Boletín Cultural )' Btbliográftco. Vol. 36. núrn. 52. 1999


Lnd ia arsaria hilan do algodó n e n h1 1SO .

a las indi as vec in as sobre los tintes na tura les q ue e ll as urili zan . has ta desc ub rir casi
c uare nta plantas tintó reas exis te ntes e n la regió n de Atá nquez.

L a e xperie nc ia d e las artesana indi ca que la to na lidad q ue se obti e ne de los co lo res


no d e pe nde únicame nte d e los ing redi entes utili zad os ni de las propo rc io nes de és-
Se rca l11a n H1 J , h t.dkrc ... dt' [ 111 ·
tos: facto res como la cantidad e inte ns idad del so l, la hun1ed ad d e l a 1nbiente . la edad
tmado ) lljat.lo LJUI: fueron Jn1~p ·
de l árbo l, la é poca d e l a ño. la fase de la lun a e n que e utili za una pl a nta y has ta la d<'" po r bab~.-· 1 C n ,ll lhJ Duqut•. l'l
pnml:r<l. ~ pur PulrH.' Ja L-"t·nb.u
·· m a no' de quie n reali za e l tinturado, hacen rnu y difíc il la repro ducc ió n d e l n1is n1 o ~..·on¡ u nt.Jilll.' ntc 1.: on l.1 .l.fii."'>.Ul<J. \u r..a

colo r, aun con e l mi smo procedimie nt o, en do s ocasio nes di fe re nces . 1\h ~tii <Ul O. el 'cgumh>. nm d .1p o
>•1Lh.: .-\rt.: ....mw' d~ ( o lo n tb1a ~ ...\
Se n:.tlltó lamhlt' ll un t.dkr d~..· 111 ·
Con la realizac ió n d e ta ll e res·\ las artesanas cotne nzaro n a con1partir s us téc nica!-. t q; r.1~ 1ó n ) tk,.Hn\1 1,1 ~·r ..·ats\ o d1
ng1do por L1 ~1.J ( io111o K g i\K 1,1,
caseras y a po ne r e n práctica nu evo · co nocin1ie ntos q ue n1ejora ro n e l tint urado y .11 .&pU) o ck Dt·'·' IT\lllo ' P.t/

Boletín Cultural y Bihliográlíc u. V<>l. ~ 6. núm . 52. 1999 31


La 1.utlllla ~ 1 o m :u1 ~' tntlll,l l ;lbon lh .lll h.' JH~· 1.1:-. llllJ:t:-. '-kl bL·_iun' l..' hlll gull a (¡\ rrlwhit!ca chico Vcrlot) e n
hl' JlP/0.._ tkJ r ÍP

lijado de los c o l o re ~ de la nHK hila. 1.o:-. re sultados <.k ~s t c proceso de recuperación


~ e recogieron ul teriorn1e1Hc en la can i 11 a 7i'n 1es na 111 rol l'.\' para .fique. pu hl icada por
la Corporaci6n f\1urundúa (Ec ha' arría . 19X 7b ).

/)e la cabuy a a la llloch ila

Una \C/ hilaua) tinturada la cahu)a. :-.e cornic n7.a a teje r la 1nochil a con una gruesa
aguj~\ capotera de act:n). En un cxt rcn1 o de la cabuya c nhehrada se hace un nudo. que
no ~e c ierra del tod o. para dejar un ojal sohre e l c ual se conüenzan a tejer s in1pl es
....gu i rna Id a~ o 1azada~ ( Du:-.. :ín de Reiche l. 1960) ha: ta ll e narlo .

Para forrna r el plato o chi¡Jire de la rnoc hila. que es plano. se sjgue tej ie ndo en esp iral,
hac ie ndo crecido.·. es decir: dos puntadas en un rni sn1 o hueco. Al co rne nzar e l chipire,
los c rec idos son rnu ] seguidos y ~e \'an di ~ nünu ye nc.J o a n1edida que crece e l plato.
C uando éste alcan/.i.l e l twnai1o dc!-,cauo. se c li rni nan los crec idos para que la moc hila
co rn icnce a subir. ro nn and o c l¡)(uio n c uerpo.

Para la rnochila corrient e se teje n !-, in1pl e!-, lista!-, de co lores, pero para n1ochilas finas
qu ~ ll c,·cn dibujo la artesana tj enc qu e ca lcular de antcrnano la di stribución de l diseño
sobre el paño. a fin de que quede lo n1ü~ ~ i1nétri co posible . Una vez hechas las cuentas
ini c ial es. ~e van e1n patanJ o ca huya ~ de diversos colores, según lo requie ra el dibujo
e:cngido. Un di seño hien los.?.raclo in1¡1li ca cálculos n1aten1áticos cuidadosos.
~ L

Cuando la n1ochila ha alcanzado la altura deseada , se procede a tejerle la boca, que


puede se r se nc ill a o dobl e. ~cgú n el uso y la ca lidad de la rnochila. Para las n1oc hilas
ll arnadas terceros. ctugueras y n1ochilon es se adi c iona a la boca una boquera o
sobrcboca qu e ~ irve para cerrar la rnochila.

Po r su pan e. el tejido de la ga::.a o colgadera de la rnochil a no req ui ere rnenos con-


ce ntrac i6n que el paño. en e~pec ial s i se trata de gaza doble o trip le. Para eon1enzar
"se arn1a .. la gaza, e~ dec ir: se envue lve la urdi n1 bre entre e l dedo gordo de l pie y la
tnano izquierda. Luego se ata una punta de la gaza y se con1ienzan a entrecruzar las
cabu ya~ de un a punL a hasla la o tra. Según la di stribuc ión que se dé a los co lores en el

32 B olc!lín Cul!ural }' 8Jhltugrálil.:o. Vol. .16. núm . 52. 1999


)
f

Con el palo brasil (HemtJtoxylon brasileu o Karst) se puede te ñir color naranja al agregarse limón y morado
solferi no al agregarse ceni za. Aquí la cabuya es macerada entre el tin te al sol .

n1omento de annar la gaza, se obtienen diversos di seños simétricos, como el cora-


zón , la cuchil1 a, eJ peine. o co1nbinaciones de éstos.

Terminada la gaza, se pega o teje a la n1ochila con un a puntada en forn) a de oc ho


proc urando seg uir la línea de los empates en e l pano de la n1ochil a, para una
.
mayo r Simetn"'
a.

El tejido de gaza también se utiliza para elaborar cin turones o fajones, que se pueden
hacer de l ancho deseado , utilizando como amarre un a cabuya más gruesa, llamada

Bo let ín C u hural y Bibliográ fico, Vol. 36. núm . 52, 1999 33


Boca dobk .\ :-.obrd1th:a ,,k un nwchi lón tL'iido
. Cl'l1 la puntada mct!ios/fso.

cordoncillo: un extrc n1o de ésta se ata en una punta de la gaza. y el otro se introduce
en un oja l para ce rrar d cintu rón.

Aunque cas i todas las fan1ilias artesa nas tejen. para su subsistencia cotidiana. cuatro
o n1'ls n1oc hi las corri entes al día. la elabo rac ión de una n1oc hil u tin a puede tardar
entre uno y \'c inte días. según su tanwño. el calibre de la ca buya y la co1nplejidad del
dise f1o (Ve re~ara. 19X7).

Pernzanencia y tran.\:fonnación de los dis eíios

Los dibujos que tejen la ~ artesana s atanqu eras fo nuan parte de lo que se conoce
con1o ar1e arhuaco (l.lscn1i . 19X 1). que pert enece t. ~unhi én a los canc uarnos y a los
arsarios. por con1partir en c ie r1 a rncd ida la rni sn1a tradi c ió n c ultural.

Sin e1nbargo. e n su transita r por e l n1undo "civili zado''. los atanqueros han ido olvi-
dando no só lo e l co ntenido s i tn bó lico de los di seños. s ino ta rn bién los dibujos Inis-
nlos. La coJncrc iali zac ión de la tnochil a desde fin ales de l s iglo pasado privileg ió la
producc ió n de rnochil as corri en tes de li stas. aunq ue algun as rnuj eres atanqueras con-
tinuaron tejiendo n1oc hilas te rceras y cargueras con los dibujos tradi cion ales, para
los hijos y e l tnarido.

Actu alment e es Inu y di fíc il di scernir si e l origen de uno u otro dibuj o es ica, cancuamo
o arsari o. e inc lu so si ésa es una pregu nt a válida. dado que aún ex isten grandes
vacíos en nu estro conoc in1ie nt o sohrc la etnohi stori a y la conforn1ac ión actua l de los
grupos ind ígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

El hecho es que hay algunos dibujo ~ corno el rmno (parec ido a una fl echa), el caracol,
el can1 ino y el ron1ho. entre otros. que son cornunes a los tres grupos. Los coguis só lo
teje n listas en sus n1ochilas. cuyos colores designan linajes (Re ichel-Dolmatoff, 1985).

Al perderse e l signifi cado orig inaL las atanqucras le han otorgado a los dibujos un
nuevo sentido. relacionado con las refere ncias que imponen la len gua españo la, la
edu cac jón fo rn1al y los n1edios de cornunicación : por ejen1plo, e l dibuj o de una ser-

34 8olc1ín Cul1ural y Bibliográfico. Vol. .16, nú m. 52. 1999


Le idi Montaño anna la gasa para luego tejerla y pegarla a la mochila.

piente, que llamaban " la alfombra·', hoy se conoce como ··el rombo·'. Desde que
Ali cia Dussán de Reichel ( 1960) realizó su trabajo sobre la mochil a atanquera, han
cambi ado los no1nbres de muchos dibuj os: "el banco" (as iento) se convirtió en "'la
Cé"~ "cambiro derecho" (garabato de tnadera para colgar obj etos, voz ica), se cono-
ce como "la U"~ "la l otería'~ es hoy " la O " ~ y lo que se conocía co mo ··pata de
gallina" ya se llatna ··rresbracito" (Echavarría, 1986a).

Por otro lado , sin e1nbargo, con el surgimiento del tejido de n1ochil a de lana de
imitación arhu aca y con el mej oran1i ento de la moc hila de fiq ue, las artesanas
atanquer as es tudian cuidadosamente las mochilas de las indias, y toman de ellas
diseños que transforman y combinan con in1aginación y habilidad crecientes.

Las puntadas

Las puntadas, por su parte, adetnás de es tar detenninadas por e l uso al que esté
destinada la mochila. responden a las exigenc ias del diseño. Las artesanas escogen
entre las cinco puntadas básicas: la lazada (Dussán de Reiche l, 1960) o puntada
corriente es la más usada, pues con ella se tej e la n1ochila " rayá" y es la apropiada
para " hacer labor" o tej er dibuj os en la mochila.

A unque la puntada coniente a veces se utiliza para tejer las cargueras y los mochilones, Susugoo palabra
l H>L <:<UlCUUJ IIa) :
"
los agricultores prefieren que éstos se tej an en la puntada doble o rnediosuso . Esta es casi oh tdatla e n e l léx1c0 de los
aw.nqueros. Para alguna:- p...:r:-ona:-.
un a puntada tnuy elástica y resistente al traj ín que deben so portar es tas grandes e ra el regalo que la nm ·w hada a l
mochilas en las que se transporta el bastimento y las cosechas. a lon1o de anin1al, no' io como -;ímhol o <k compronn -
-..o: ¡nu-a nLras era la mo~ h ila peque-
desde las distantes fincas hasta eJ pueblo. Una vari ación del mediosuso , el chispasusu. ña pa.rcc1<.Ja a la que llevan los llldí-
la conocen n1uy pocas atanqueras, casi todas ancianas, pero es una puntada 1nuy g...:na.-. para cargar la:-. hoja." <.k coca.
otra~ per-..ona:-. crdan que era la
utili zada por icas, coguis y arsari os para los n1ochil ones. mochila de la muJt:l . ) fin almente .
con e l proyecto .. mochila meJo-
rada·· . las artesana:- -.e pusieron <k
Para el tej ido de algunas mochilas finas llan1adas susugao4 y tercera , se con1bina el <tC"uerd<) en ll amar \u.wgao a la
mochtla pequei1íta tejtda con gran
mediosuso con la puntada de encaje o con su variación, lhunada do.\ puntá, logrando un esmero. S m c mh<u·g~>. e l U'i(l o n gt·
juego de texturas sobre uno o más colores, que, en efecto, da la apariencia de un encaje. nal d\.'1 su:.ugao puede ha bcr s ttlo
)>1 mibr al dt'l fllfUJ.:m·¡, l voL lútl '
el wusugl ll' fll \OL ar"an.tJ. m<Khda
e n la que l:i mujer JJc,·<t lo:. lul\l:> . cl
El tejido de media, o tutumedia para los icas , es la puntada tradicionaltnente destina- hu:-.o . d pctnc. e l ph<in ) ot nb
da al tejido del z iyu (U semi , 198 1, voz ica) o moc hili ta en la que los ind ios de la ~lhJclO:. <k u~o pcr;onal

Boletín Cultura l y Bibliográ fi co . Vol. 36. núm. 51. 1999 35


Trc~ \..· art! liCrll'- awnqucr a" con lo-.. tl ihUJth de rumo. L·amino y co ... ti l la .

s ie rra llevan las hoj as de coca. En A lÜ tKJUC/., donde ya se pe rdi ó la costumbre d e


n1as tic ar hoj as d e coca. C\\l a puntaJ<t "e usa só lo pa ra teje r rn oc hilas pe qu e ñitas o
s u ~ u gaos. de bido a lo la bo ri oso de ~u ejecuc ió n.

PARA VElVDER UNA .WOCHILA

Desde que la rnoch ila c mpció s u hi ~ t or i a de con1e rcializac ió n, las artesanas poco o
nada han te nido que ve r co n e l rnercadeo J e s u pro du cto. Las tejedoras sólo saben
que hay que tejer "la de l diario.. : del resto se e ncarga n algunos co merciantes de la
región y una vasta red d e in terrne diarios 4ue vive d e l rebusque.

36 Ht)ktin Cultural ) H1hiJOgr:Hico. Vol. 36. núm 52. 1999


l

'"" - . \

Tres mochilas arsarias con lo:-. dibujos de ramo. camino y l i s ta~ .

E l testimonio de Paulin a Villazó n y de Tina Blanc har e nfatiza esa s ituac ió n de des-
ve ntaja que viven las famili as anesanas:
Paulina. ¿ todos sus hijos sa ben rejer ?
Todos. eso es el t~ficio d e por aqut
¿ Ha hecho las cuentas de cuánto está perdiendo por 1nochila?
No las he hecho. Si uno cree que está ganando, y esrú es perdiendo.
¿ Usted c ree que una rnochila de mejor calidad se vende por un
mejor precio ?
Aqu{ es difícil, p orque aquí se re~odean rnucho ¡u t c<nnpror una
mochila. Vea. por ah( unas rejen rnochila de a cien y a veces la
venden , a veces no la \'enden.

Bo letín C ultural y Bibliográfict). Vol 16. rtúm . 52. 1999 37


n N-· , 1 . .. ,,f!,, :e E11ca¡e o granito de arroz

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Puntada ch•pasusu
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J)¡hul n" lk Ja, puJHad<h utlltl:td ~h en :\t ~ínquc/ (lo mado ck Cardak de Schnmprt . Mari~llllll: . 197 21

1i'na. (: qtu; ptntlado es eso?


Es1oy tc:Jíendo elt<:jido c'nco)c'. Uno lo teje JHl \'e r si se valori-;.o 1111
poquilo nuís la ntochila. Porq11c no cslá wllicndo nado. no vol e nada.
YtJ f.!. O ro 11 ti:o. de en r.:u ~o r <'SI o 11 toc h ilo a hora r 1nando rLo Fende r a la
r 1 •

col/e y II U' r~(rcce n cien ¡n'sos, cincuenta pesos: entonces e ltro/Jc~jo


de nosoTros los lln~:jeres no est<Í \.'Ctliendo noda,· y /alohor de nosotras
es esto. noso/r{[s nos lltonlenentos, nos \'<!stinuJs y con1efnos, rnanre-
ncnws a los lujos, es con lo ntochilita, y no nos está alcanz.ando ni
f)(l comprá una lihra de orro-:. 11 987 J.

En I ~L'i ti end a~ loca le . . que son ]os ce ntros de acopio de la región. comienza la comerciali-
zación 1 distribución de la n1ocrula ··rayá ... Una libra de an·oz y cuatro onzas de fideo se
can1bian por una tn ochil a conicntc. cuyo precio. estipulado por las tiendas, oscila entre
cincuenta y sese nta pesos ( 1986). Es así con1o "n1crcadea·· su producto el sector artesanal.

A lo . centros de acop io llega n Jos co n1pradorcs de San Jacinto (Bolívar), Sabanalarga


(A tl ánti co). Yallcdu par (Cesar ) y Mont ería (Córdoba ). Estos cotnpradores. y algu-
nos con1 crciantes atanqueros. la di . tribu yen a su vez en otros pueblos y ciudades:
Barranquilla. Bucaran1anga, Bogotá M ede llín~ Magangué y Sincelejo, entre otros:
de la porción que sal e para exportac ión se encarga Artesanías de Colombia S.A .

Ade rnás de los atanqueros. los co rnerciantes de San Jac into son tal vez los más anti -
guos co mpradore. y di stribuidorc. de la 1noc hil a .. rayá''. Este producto se incorporó
de tal n1anera. y desde hace tan ro ti etnpo. al mercado artesanal de San Jac into, qu e
en general l o~ u. uari o. y comerciantes desconocen su procedencia ori ginal.

La moc hi la de fiqu e se produce en casi todos los pueblos y veredas del alto río Cesar,
ubicadas en e l piedemonte de la vertiente surori ental de la Sierra Nevada de Santa

38 Boletín Cu ltural y Bihliográfico. Vol. 3ó. núm. 52. 1999


Lo. co merciantes eJe moc h ila recorren la~ ve reda!-> cercana~ a A tánq uez en burro, m u la y b icic leta.
comprando mochila rayá por docenas.

M arta. zona que , ade 1nás de Atá nqu ez y sus alrededo res, co mpre nde, e ntre o tras
pob laciones. La Junta. Patilla !. Po tre ri to. La Sie rrit a y San Ju a n de l Cesar.

E n la regió n de A tá nq uez se prod uce n unas vei nte n1i l docenas de tnoc hil as a l a no.
qu e re presenta n uno . 480 n1i1lones de pesos para el n1ercado nac io nal (Ve rgara. 1987).
Para e l a rtesa no q ue la ma nu factura. un a tnoc hil a no eq uivale s iq u ie ru al valor de
un a ho ru del sa la ri o 1nín in1o co lo rn bi a no.

Hacia la defensa del trabajo

Durante e l segundo sernestre de 1986 un peque ño grupo de artesanas se acogió al


proyecto " mochil a mejo rada" 5 . Se come nzó una la bo r de ret1exió n ace rca de los múlti -
ples pro ble mas que aq uej an a la producció n artesanal: escasez de n1ate1ia pruna. cali-
dad defi cie nte e n el hilado, e l tinrurado y el tejido. y con1erciali zación . Conscie ntes de
la in1portante la bo r q ue e llas desen1peña n dentro de la famili a y la cotn unidad atanquera.
las artesanas e mpezaron a realizar las tareas necesari a. para ro1npe r ese círculo v ic ioso
de: " tej o rn al po rque tn e pagan mu y poco''. Y por parte de los con1prado res: "'co1npro
barato porque esa Inoc hil a está mu y 1nal tejida" .

Reunidas e n la Asociació n de Artesano de la Región de Atánquez (Asoarda), las artesanas


volviero n a produc ir m ochil as fi nas, con hilado delgado y parejo, en la c uales se com -
bina n dibuj os y puntadas e n una rica ga1n a de tinte · n1ine rales y vegetales. para crear
diseños que e ntre tej e n la men1ori a c ultural con la imaginación de cada a rtesana .

Para e mpezar a so luc io nar los pro ble n1us de me rcadeo, la A soarda fu ndó un peque ño
a lmacén e n e l pue b lo. A llí las artesana · adqui e re n los tintes nline ra les. los fijado res.
com o la piedra lum bre , y e l s ulfa to de hie rro, y e n ocas io nes e l fi q ue, a precios
favora bles. A su vez , e l a lmacén con1pra moch il as fin as y corrie ntes, es ta bleciendo
un contro l de calidad q ue se re fl eja e n un mej or prec io de cornpra.

A l n1ejorarse la calid ad d e la In oc hil a " rayá", se justi fi có un al za , g radual pe ro e


1:1 pn):l'~to · ·mo~hda mcJuraJ.t" 'l'
s ig nifi cativa. e n s u prec io ori g ina l. Se co rnie nz a as í a ro mper e l c írc ulo vic ioso j)llÚtJ rc·ah;.ar ~ r . tt:tn:- .t i .tpn~ n li

ma la calid ad- bajo prec io, y se contribuye a l pa ulatino n1ejora mien to de las condic io- nanneru Je .·\nL',.Hu." ,k ( \)Iom ·
tu,¡ S A } 1.1 cnuuad tk .t)'\Jd.l ~.1 ·
ne s de vida de muc has fa m ilias a n esanas. n,1thcn:.c l)~: ,.lrrnl h' \ P~t/
'

Bolc1ín Cultural y Bibliogrúlko . Vol. 36. núm. 52. 1991) 39


Lo~ hijo~ de la" artesana:-. \'an a la~ llenda'-1 \aria~ vece~ al Jia a eamhiar mochi l a~ por co mida.

Actu alrne nt e la Asoarda bu sca forta lecer su o rgani zación y lograr e n e l n1e rcado la
aceptac ión y ,·al oració n que su arte n1e rece. para que la rnoc hi la ''rayá'' pueda seguir
siendo un o de lo. objetos rn á~ populares de la a rtesanía tradi cional colornbi ana.

En ti e rras atanqueras se dice que "e l qu e sale si n n1ochil a. sale sin espe ra nza··.

BIBLIOGR4FÍA

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