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RESUMEN ANALÍTICO ESTUDIANTIL

TÍTULO Urabá, el nido de los nuevos paramilitares


DATOS BIBLIOGRÁFICOS Revista Semana (25 de abril de 2017) Urabá, el
nido de los nuevos paramilitares. Revista Semana
Recuperado de
https://www.semana.com/nacion/articulo/uraba-
donde-se-expanden-los-nuevos-
paramilitares/523151
FORMATO Y UBICACIÓN Revista digital
CATEGORÍAS Y/O CONCEPTOS Conflicto, Violencia, Abandono estatal.
CLAVES

RESUMEN
Desde que se anunció la desmovilización de las FARC, los habitantes de Urabá ya sabían que los
territorios que por décadas ocupó esa guerrilla y que ni siquiera las AUC los logró sacar, serían
ocupados por las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) o Clan del Golfo.
Fuentes de inteligencia militar estiman que allí pueden tener más de 1.300 combatientes armados —
muchos de ellos patrullan uniformados en las montañas— y el mismo número de colaboradores que
se encargan de los negocios urbanos (extorsiones, vacunas, drogas), de llevar pequeños
cargamentos de alucinógenos y de informar todo lo que ocurre a los mandos medios. 
Se habla en esta zona de Antioquia, que desde el año pasado suceden asesinatos selectivos de
vendedores de droga que no tienen nada que ver con el Clan del Golfo y también de ladrones, lo que
ha tenido una lectura de limpieza social. 
Algunos campesinos han recibido ofertas de hasta un millón y medio de pesos para coger el fusil y
unirse a las filas de la banda criminal. Se sabe que la pobreza a veces pone a dudar, pero en el
Urabá conoce el precio de la violencia.
Esta Bacrim ha ido demostrando su poder, pero también han ido esparciendo el miedo, pues hace
unas cuantas semanas, se denunció la violación de una adolescente a la vereda La Hoz, luego la
madre de la menor desmintió el hecho, pues fue intimidada por los armados.
Estos problemas de seguridad no sólo le atañen a las bandas criminales. Se ha vuelto harto
preocupante para las autoridades locales el fenómeno de pandillas que se enfrentan a machete y
cuchillo en los barrios de Apartadó y Turbo, en este último municipio ya armadas con pistolas y
revólveres y al servicio del Clan para la venta de drogas.
Ciro (representante de la Asociación de Víctimas de Antioquia) busca presupuesto en todas partes y
les ayuda a los jóvenes para que se concentren en actividades culturales y productivas. Entre ellos
están Doggy, un bailarín que en las mañanas se dedica a la construcción y ha sacado a varios
jovencitos de pandillas; y también está Epifanio, que tiene una barbería que hace unos años él
atendía y ahora lo hace con otros cinco muchachos, algunos de ellos expandilleros. Ellos siguen
reclamando más que pie de fuerza militar —y mencionan los 150 millones de pesos diarios que se
gasta el Estado en Agamenón— y más una mano de ayuda para salir de una situación tan difícil.
Análisis
El artículo hace un breve resumen de cómo se están dando las dinámicas de violencia en la región
del Urabá después de la desmovilización de las FARC-EP, y cómo los territorios que antes ocupaba
este movimiento guerrillero ahora lo ocupa el Clan del Golfo o también llamadas Autodefensas
Gaitanistas de Colombia. Este solo hecho, ha provocado que la violencia en la región del Urabá no
cese, sino que se dé bajo los parámetros de otro grupo armado, es decir, la población lo percibe
como la violencia perpetuada por los otrora grupos paramilitares, pero ahora disfrazados de bacrim.
Este grupo al margen de la ley, ha aprovechado la desaparición de las FARC en la región para poder
imponer nuevas condiciones al comercio y a los campesinos de la región, estos hechos se
materializan con actos como la “vacuna” que deben pagar los carros distribuidores de cerveza o
gaseosas, o la prohibición que se tiene en algunas regiones de apegarse a la sustitución de cultivos
ilícitos, en vez de ello, el cultivo de hoja de coca continúa, solo que ahora el pago no se le hace a las
FARC, sino al Clan del Golfo. Este panorama que presenta el artículo, resulta fundamental para
evidenciar que el desarme del grupo armado de las FARC, no equivale a un cese de la violencia
histórica en las regiones, esta violencia tiene una especial sensibilidad para mutar en otros grupos
armados que se aprovechan de las nuevas condiciones favorables para realizar sus actividades
ilegales, más aún, cuando no se evidencia por parte del Estado un interés por ocupar los territorios
que hacían parte de las FARC, ni tampoco de apoyar de manera consistente a la población que
busca nuevas maneras de vivir. No obstante, de ese panorama desalentador respecto a la violencia,
el artículo al final brinda atisbos de esperanza, evidenciando que en la región persisten personas con
proyectos de paz y reconciliación, propendiendo para que la juventud, que se ha visto tan sumergida
en estas dinámicas de violencia contemporánea, tenga nuevas alternativas para salir adelante.