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UC -NRLF

B 2 843 195
Listente

Cant de Tac .
70,- Renato Morales ,

SOLEDAD

AREQUIPA

TIP . CÁCERES, BOLÍVAR 23

1891
Renato MORALES

SOLEDAD

AREQUIPA
TIP. CÁCERES, BOLÍVAR 23
1891
LOAN STACK
24854
A la iluche escritorn , senorita
Amalia Puga
su admiradell

tregan enero20/92
UN NUEVO POEMA

El dramático episodio que allá por los


años de 1,831 escandalizó á los católicos
moradores de esta ciudad, interrumpiendo
bruscamente la calma, casi imperturba
ble, que reinaba en la sociedad de enton
ces - de moral severa y patriarcal senci
llez - ha sido felizmente explotado por el
señor Renato Morales, en un pequeño poema,
que hoy ve la luz pública , intitulado “ Sole
dad ” .
Todos conocemos por referencias cir
cunstanciadas ese interesante drama de la
vida práctica que, tal vez por la ley del con
traste , tuvo por escenario un lugar de as
cética tranquilidad , una población siempre
ajena á las intrigas, harto frecuentes, de
las cortes europeas, un sitio de la natura
leza , en fin , donde el despertar de la pa
sión erótica más vehemente provoca , ape
nas, melancólicos idilios.
Lo que á este respecto refiere la tradi
ción oral sería inútil y cansarlo consignar
aquí detalladamente, porque, en efecto ,

309
Un nuevo poema

¿ qué incentivo puede tener una narración


prosaica y descarnada de los mismos he
chos que el lector apreciará al saborear las
lindas espinelas del señor Morales ?
Esos hechos novelescos no han sido des
figurados por el hiperbolismo á que natu
ralmente se inclina la imaginación enarde
cida de todo vate romántico .
Cincuenta años trascurridos no han po
dido borrar el palpitante recuerdo que se
conserva en Arequipa , de las escenas á que
dió margen la audacia aventurera y la as
tucia refinada , que atropellando todas las
leyes y pisoteando todos los deberes, supo
sublevar las dormidas pasiones de la más
bella de las vírgenes consagradas á Dios ,
y arrebatarla furtivamente del religioso asi
lo , llenando de estupefacción tanto á los
que consideran la institución monástica co
mo arca salvadora de la virtud, como á
los que la llaman intolerable anacronismo
del siglo .
Tema sobrado había para enriquecer la
literatura patria , ejercitando el poeta su
númen y el novelista su ingenio.
. Comprendiéndolo así el señor Renato
Morales, afortunado cultivador de la poe
sía lírica , ha escrito en hermosas décimas
la leyenda original que nos ocupa , demos
trando una vez más ser merecida la fama
de que goza como poeta inspirado y exelente
versificador .
Hay en “ Soledad” mucha naturalidad
y sencillez en la narración , y sobriedad en
las imágenes, abundando en giros elegan
tes, rasgos delicados y apreciaciones opor
tunas .
Victor M . Siles . . 5
Por otra parte hay galanura en el es
tilo , fluidez en el verso y armonía en la
estrofa .
Temerosos de hacernos demasiado ex
tensos, no involucramos aquí, para confir
mar nuestros asertos, algunos bellos trozos
del poema, haciendo resaltar, de una ma
nera más concreta , las exelencias litera
rias que lo caracterizan .
Si existen algunos defectos en el deta
lle , estos desaparecen ante la bondad del
conjunto .
"No faltará, sin embargo, quien juzgue
que el modo como se ha explotado asunto
tan interesante deja siempre algo que de
sear, fijándose particularmente en el corte
final que se calificará de intempestivo en
algunas reticencias y hasta en las cortas
proporciones del poema.
Pero , ante todo ,debe tenerse en cuenta
que al tratar de hechos de cierta natura
leza , realizados en tiempos no muy lejanos
á los nuestros, un estrecho círculo de hie
rro oprime la libertad inapreciable del es
critor, lo más nímio paraliza á cada instante
su pluma, teniendo siempre particularidades
importantes que omitir, preocupaciones que
vencer . y susceptibilidades que respetar.
Cierto que el fin trájico y prematuro
de la culpable pareja es nada conforme á
la verdad histórica ; pero hay que convenir
en que no había otro recurso, una vez que
faltaba la escena real y poética , digna de
rematar ese drama romanesco . .
El poeta ha cantado los ingeniosos es
fuerzos de los amantes para salvar el abis .
mo irritador que los separaba, la lucha
Un nuevo poema

contra un imposible moral, pero no podía


cantar, no podía seguir las vicisitudes de
una existencia vulgar como la que arras
traron en el viejo continente.
No faltarán, tampoco , quienes agu
zando el escalpelo de una crítica tan pue
ril como intransigente , encuentren alguna
imagen común , algún verso trivial, algún
epiteto innecesario .
Mas debe considerarse que la décima ,
que tan diestramente sabe manejar el se
ñor Morales, es una estancia de muy difí
cil combinación y casi puede decirse que el
ripio , en proporciones más ó menos mayo
res, es su componente obligado.
Deben tenerse presentes, también , las
palabras de un crítico contemporáneo que
dice: — Pasó la época de gramáticos y retó
ricos ; por una incorrección ya no se con
dena una obra .
En nuestro humilde concepto , siempre
que se trate de obras literarias nacionales,
debe aplaudirse ante todo la que lleva el
sello característico del lugar en que se con
sibió ó ejecutó .
Bien sabemos que para crear una ver
dadera literatura nacional, de que hoy pro
piamente carecemos, el poema, el drama y
la novela deben reflejar las diferentes cos
tumbres, las preocupaciones arraigadas, los
sentimientos que abriga , los ideales que
acaricia y los hechos que conmueven la so
ciedad en que vivimos, y todo esto , apar
te de la originalidad de las formas, que son
fruto de un trabajo perseverante y de una
incubación tardía .
El pequeño poema “ Soledad” no per
Victor M . Siles
tenece al número de esas pálidas imitacio
nes de la poesía española de nuestros dias,
y debe contársele entre las escasas produc
ciones que servirán más tarde, como
de base , para formar la literatura patria .
Síntoma verdaderamente consolador,
para los que se interesan por el progreso
de las letras peruanas, es ver que en el
desgraciado período que atravesamos, tris
temente célebre por una estéril fecundidad
- si vale esta expresión para dógica - que
en uno época en la cual ingenuamente se
cree que la poesía consiste en hacinar imá
genes incongruas y manoseadas hasta la
saciedad, en engarzar versos ampulosos y
hasta sin sentido, en atormentar el idioma
con trasposiciones violentas, para conse
guir el insoportable retintin de consonan
tes vulgares ; que la poesía es, como al
guien ha dicho, “ una cascada de palabras
en un desierto de ideas" - síntoma cons()
lador, repetimos, es ver que en medio de
ese ridiculo culteranismo ó de un prosais
mo más cargante todavía , hayan quienes
dejándose influenciar poco ó nada por el
mal gusto reinante , manifiesten , producien
do verdaderas joyas literarias, que no tie
nen sus facultades estéticas embotadas y
que saben respetar los preceptos del arte
sublime de Apolo , tan impunemente profa
nado .
El señor Renato Morales pertenece á
la buena escuela . Todas sus producciones,
de indiscutible mérito literario , han sido
justamente aplaudidas por nuestros prosa
dores y poetas mas notables, y acojidas fa
vorablemente , más allá de las fronteras pa
Un nuevo poem a

trias, por literatos ilustres que, imparcia


les por razón de la distancia y falta de
conocimiento personal del joven poeta , le
han dirigido , en diferentes ocasiones, pa
labras de encomio y de aliento.
VICTOR M . SILES.
Arequipa. — 1891.
SOLEDAD

ny
- o

En recinto desolado
melancólica y medrosa ,
está Soledad , hermosa
como el clavel encarnado. ( 1 )
De su labio sonrosado
se escapa leve clamor
y al alma infunde dolor
su romántica belleza ,
que la nublan la tristeza
la indecisión y el amor
10 Soledad
- - -

II.

¿Qué congoja la amilana


y la conmueve inclemente ,
si ayer, con erguida frente,
el mundo cruzaba ufana ?
¿ Porqué indecisa se afana
con memorias lastimeras
y con ansias verdaderas,
siente la primera espina
aquella alma peregrina
de dieziocho primaveras ?...... ..
III.
En medio de su aflicción
una lágrima le brilla
que le surca la mejilla
y le hiela el corazón .
Consterna la sensación
de aquel ángel al llorar,
y nadie su hondo pesar
lo sorprende ni lo calma,
que suele haber en el alma
más abismos que en el mar.
Renato Morales 11

IV .

Con rudo desasociego


murmuran sus labios rojos,
y parece que sus ojos
despiden á veces fuego;
y , casi sin fuerzas, luego
que el torpe dolor empieza
á amilanar su entereza,
ante una imagen que mira ,
solloza, tiembla , suspira ,
se postra y humilde reza .

En tanto la noche pasa ,


con su solemne reposo,
y del crepúsculo hermoso
clarea la luz escasa .
Nube sutil como gasa
se acerca , candida , al fin ,
salpicada de carmín ,
anunciando el arrebol
del primer beso que el sol
envía desde el confín .
12 Soledad

VI.
Cuando contempla que el día
con sus rumores asoma,
la faz de la niña toma
una expresión más sombría .
Y , acaso lo que temía ,
su madre entra en la morada ,
noble dama celebrada
de rubio cabello suelto,
albo rostro, talle esbelto
y penetrante mirada .
VII.
Íntimo dolor sintiendo,
dice á Soledad : – No sé,
mas quiero saber porqué
desvelada te sorprendo;
pues que en verdad no comprendo
que tu alma se contrarie
cuando es fuerza que confíe ,
llena de amor y ternura,
en la espléndida ventura
que de cerca te sonríe.
Renato Morales

VIII.
Alza la frente y serena ,
cual yo te interrogo en calma,
vas á decir porqué tu alma
se atemoriza y apena .
Si es que eres sumisa y buena,
respóndeme sin doblez.
y fué mostrando, á la vez,
aquel soberbio ademán
que en algunos rostros dan
la nobleza y la altivez .
IX .

- Yo, prosiguió , lo que inquiero


es tu última decisión :
si entregas tu corazón
y tu mano como quiero .
Mas tu espíritu altanero,
si no teme mi amenaza ,
has de saber que rechaza
caudales y posesiones
y los únicos blasones
que son dignos de tu raza. ---
14 Soleda
d
X.

Soledad dijo : – he querido


resignarme y no he logrado ;
es mucho lo que he llorado ,
es mucho lo que he sufrido. -
Y luego, en son de gemido,
continuó: — yo, madre, escondo ,
hoy mismo cuando respondo,
congoja que pesa un mundo -
y lanzó el clamor profundo
que arranca el pesar más hondo.
XI.

Y no pudiendo ceder
á los mandatos que oyó,
resuelta , al fin , exclamó,
sin vacilar ni temer :
– si constantes han de ser
mi duda y mi sufrimiento,
prefiero, madre , al momento,
para olvidar mis congojas,
que por piedad me recojas
en la celda de un convento . (2)
Renato Morales

XII.

- Pues sea, exclamó con intensa


pena la madre, si quieres,
mas como tanto me hieres
guardará mi alma la ofensa.
Tú misma, calmada, piensa
lo que inexperta decides
y quiera Dios que te cuides
de coronar tus anhelos,
y no permitan los cielos
que de esta ofensa te olvides.
XIII.

Pobre niña ! En el albor


de su hermosa juventud ,
vió con doliente inquietud
morir su ilusión mejor.
Por no humillarse al rigor
quedó á la pena rendida ;
y cuando deja abatida
el alma algún desencanto,
basta un instante de llanto
para amargar una vida.
16 Soledad

XIV .

Un día que en los palmares


silvaba con furia el viento
y el ave con triste acento
modulaba sus cantares ;
con su guirnalda de azahares
y un velo cual blanca toca ,
Soledad á Dios invoca
y ostenta fingida calma,
con la tormenta en el alma
y la sonrisa en la boca .
XV.
Acaso con rostro pío,
después de ceñir ufana
la toca carmelitana ,
se acerca al convento umbrío .
La sigue noble gentío
con ruidosa confusión ;
y el órgano, en grave son ,
lanzando al aire sus notas,
le dice que tiene rotas
las alas del corazón . (3)
Renato Morales 17

XVI.

En el coro , hubo un segundo


que pareció con sus galas
ángel que oculta las alas
de los rigores del mundo.
Lleva con dolor profundo
á las mansiones divinas
dos coronas peregrinas
que no la hacen vacilar:
la de la virgen , de azahar,
y la de mártir , de espinas.
XVII.

Cruza, sin graves temores,


claustros de pálida luz
que los ampara la cruz
con sus brazos redentores.
Rodeado de hermosas flores,
halla un paraje desierto ,
en donde forman concierto
las notas que el viento fragua
y el grato rumor del agua
que serpentea en el huerto.
18 Soledad

XVIII.

Dos años de turbaciones


la hermosa niña pasó
hasta que el tiempo mató
sus vagas indecisiones.
Con qué raras emociones
vá a profesar sin recelos,
y cumpliendo sus anhelos
pone, con dulce confianza ,
sus ojos en la esperanza
y la esperanza en los cielos.
XIX .
Al acercarse el momento
de la santa profesión ,
hubo alguna confusión
en los claustros del convento .
A poco que en aislamiento
todas las monjas rezaron ,
á la novicia ataviaron
con joyas, perlas y sedas,
y acariciándola ledas
hasta el coro la llevaron .
Renato Morales 19

XX .
Pronunció el voto rotundo
que á un corazón fanatiza
y entre sombras lo esclaviza
por arrancarlo del mundo.
Luego en silencio profundo
y no sin grave ademán ,
se despojó con afán
del ostentoso atavío
que forma " el símbolo impío
de las pompas de Satán ." .
XXI.
Que con ánimo leal
se sentía , Dios lo sabe,
hasta en el instante grave
que impone austero el ritual;
y la escena mas fatal
del drama llegó, después
de arrojar sin interés
los deslumbrantes hechizos:
cuando cayeron sus rizos
como una lluvia á sus pies.
20 Soledad

XXII.

De pronto el rezo, el ayuno


y las ofrendas sentidas
calman en las recojidas
el pensamiento importuno.
Después , sin consuelo alguno
que reanime y despierte ,
hasta el ánimo más fuerte
entre muros se recrea
con la recóndita idea
de la redentora muerte .
XXIII.

Una mañana abatida,


en su solemne retiro
la monja exhala el suspiro
más amargo de su vida.
Se siente á piedad movida,
á Dios levanta su ruego
y piensa, exaltada luego,
que en ese convento debe
vivir una alma de nieve
mas no un corazón de fuego .
Renato Morales 21 .

XXIV .

Sus días tristes pasaron


y tristes también huyeron
dulces promesas que fueron ,
esperanzas que halagaron .
Pero tanto la amargaron
inquietudes de su edad ,
que estallaron sin piedad
mil sollozos comprimidos,
que guardaban escondidos
el claustro y la soledad.
XXV .
Pensaba, cuán pesarosa ,
que por desgracia le plugo
servir de propio verdugo .
de su libertad hermosa .
Agitada y recelosa,
su corazón virginal
le fué marchitando el mal,
y la abatía el dolor
como se abate la flor
sin el rayo matinal.
ad
22 Soled

XXVI
Cuando apagó el arrebol
de su encanto la dolencia ,
fué necesaria la ciencia
de Jaime David de Col;
noble y audaz español,
amante cumplido y grato ,
con suave y ameno trato,
que siempre sustituía
su falta de gallardía
con magestad y boato . (4 )
XXVII.
Estaba de prendas lleno ,
que era ante el vulgo ilusorio
por lo cortés un Tenorio
y por lo sabio un Galeno .
En el peligro sereno,
nunca encendió su mejilla
con la verguenza que humilla ,
y es fama que vencedor
salió de lances de honor
en Salamanca y Sevilla .
Renato Morales 23

XXVIII.

Con entusiasmo creciente


conjuró la enfermedad
de la hermana Soledad
que empalideció doliente.
En tanto que ella impaciente
daba su mal al olvido ,
silencioso y escondido
asomó el amor culpado
y en el recinto sagrado
labró entre sombras su nido.
XXIX .
La monja en sus soledades
dió al olvido sus virtudes,
entre amantes inquietudes
y profundas ansiedades.
Su alma sintió tempestades ,
y la pasión en batalla
fué en ella arranque sin valla
de la libertad sublime
que es la luz, si se le oprime,
que rompe el cristal y estalla .
24 Soledad

XXX .

Y se refiere que un día


á Jaime le contestaba :
“ Me preguntáis que si esclava
de vuestra pasión sería ?
Acaso respondería
que os olvidáseis de mí,
mas no queriéndolo así
¿ á que he de engañaros yo,
cuando al escribir que no
el alma grita que si?......
XXXI.
Al par que el tiempo pasando
escenas fueron viniendo
en que el deber fué cediendo
y fué el amor deslumbrando.
Y esas dos almas soñando
qué cuitas no arrostrarían
si la pasión que sufrían
pasión culpable la hallaban
y cuando más la aplacaban
más intensa la sentían
Renato Morales 25

XXXII.
Y cuenta la tradición
que en una tarde serena,
cuando pausado resuena
el toque de la oración ;
fué la tranquila mansión
con mas crueldad profanada ,
al darse lícita entrada
á enorme y tosco atavío
para el recinto sombrío
de la monja enamorada.
XXXIII.
Se introdujo con horror
en la celda un cuerpo yerto ,
con sólo el fin de que un muerto
cubriese intrigas de amor.
La monja con el terror
de criminales sonrojos,
quiso tocar los despojos,
mas sus anhelos profanos
le hicieron temblar las manos
y retroceder los ojos.
26 Soledad

XXXIV .
Y en silencio sufrió tanto ,
que fué presa en un momento
de duda y remordimiento ,
de vacilación y espanto .
Le negaban hasta el llanto
los embates de la suerte ;
y aunque era animosa y fuerte.
un miedo la estremecía
que a veces se confundía
con el temblor de la muerte.
XXXV .

Allí en su celda un profundo


afán la hacía sufrir
y sentía trascurrir
un siglo en cada segundo.
Ansiando volver al mundo
con potencias y sentidos,
no tuvo afanes vencidos
ni ante el rostro justiciero
de Jesús en el madero
con los brazos estendidos .
Renato Morales
- - - - - - - -- - - - -

XXXVI.
Después q ' al claustro , en acecho,
lanzó insistente mirada,
pudo arrojar esforzada
el cadáver en su lecho
Y sintió grande en el pecho
el arrojo renacer,
porque nada puede haber
más heróico en la vida
que el valor cuando se anida
en una alma de mujer.
XXXVII.
Con el espíritu rudo
que la pasión exaltó,
luego ella misma dejó
todo el cadáver desnudo.
En cuanto sentirse pudo
con indomable energía
con la ropa que tenía
los despojos atavió
y entonces ya no sintió
conciencia de lo que hacía .
28 Soledad
--- - - -- - - - - - -- - - - - - - -- - -- - - - -- - - -

XXXVIII.
No sin vago desconcierto ,
siguió su labor resuelta,
cubriendo su forma esbelta
con el ropaje del muerto ;
y frente de él es lo cierto
que vacilante y confusa ,
hubo un instante en que ilusa
se reanimó con pensar
que ella estaba de seglar
y el cadáver de reclusa .
XXXIX .
Cuando sin leve rüido
representábala así
el muerto que estaba allí
sobre su lecho tendido ;
cuando percibió el latido
de vaga y última instancia ,
entre el delirio y el ansia ,
fuego á su lecho prendió
y el fuego en breve cundió
llenando de horror la estancia .
Renato Morales 29

XL.

Al contemplar con vehemencia


las rojas lenguas de fuego,
dejó á su espíritu ciego
más que el valor la demencia ,
Y después que en la conciencia ...
pudo acallar todo grito,
sintiendo afán infinito,
su corazón esforzado
no se rindió , anonadado
al peso de su delito.
XLI.
Presa de hondas emociones,
como en vago devaneo,
oía el chisporroteo
de horribles calcinaciones.
Cuando ya sus ambiciones
la hacían harto fatal,
como postrera señal,
sintió entre angustias impías
que tocaba avemarias
la campana matinal.
30 Soledad

YLII.

Sufriendo en ese momento


algo que nunca sufrió ,
dejó la celda y llegó
á la puerta del convento .
Muda allí, cobrando aliento ,
aunque con rostro confuso ,
en su alma el valor se impuso
y al fin ....salvó del abismo
que el más negro fatalismo
entre ella y su amante puso.
XLIII.

No cedió su intrepidez
al ver la calle desierta ,
cuando el dintel de la puerta
miró por última vez. (5 )
Mas Jaime con altivez
á alentarla vino luego,
y aquel corazón de fuego
sintio , en un éxtasis vago,
el arrullo del halago ,
de la ternura y el ruego
Renato Morales
= = - - - - - - - - --

XLIV .

Y después que huyó profana


á un bello nido de amores,
al asomar los albores
primeros de la mañana;
en la abadía cercana
corazones desolados
con solícitos cuidados,
por ella tristes gemían ,
ante restos que veían
deformes y calcinados.
XLV.
Y mientras que sin recelo
se innaginaron que una alma
voló á ceñirse la palma
de los mártires al cielo ;
ella sufrió un desconsuelo
que no lo supo arrostrar,
pues lo que pudo dejar ·
en su corazón más huella
fué sólo oir que por ella
comenzaban á doblar.....
32 Soledad

XLVI.
Pasó la ilusión primera ;
corrió el tiempo y ella y él
bebieron horrible hiel
con el rubor que exaspera .
Dando entonce á la ribera
del Chili el último adios,
partieron , tristes, en pos
de muy remotos hogares,
donde ocultar los pesares
que aflijían á los dos.
XLVII.
En una tarde de estío
se dan por fin á la mar,
sin que pudiera el pesar
arrebatarles el brío .
Van en gallardo navío
que á airados vientos se entrega
y lentamente navega ,
ocultándose en la bruma,
por entre montes de espuma
con los que el ábrego juega .
Renato Morales

XLVIII.

Y esa estela pintoresca


de pronto se afea y crece,
porque la mar se embrabece ,
con impulsión gigantesca. –
Con la turba marinesca
arriba, todos están
sintiendo el íntimo afán
que veloz al alma acude,
si contempla que sacude
las olas el huracán.
XLIX .

Brusco el peligro se aumenta


y mas las aguas se agitan ,
porque en su seno palpitan
las iras de la tormenta .
Si luchar la nave intenta ,
bambolea , cede y cruje
sin resistir el empuje
del agua que ruda choca
contra inquebrantable roca
; y en épicos tonos muje.
3+ Soledad

L.

Pero cuán terrible es ver


como el vaivén se agiganta
y el bajel que se levanta
como vuelve á descender.
Se le mira perecer
entre siniestros rumores
y acallando los dolores
de seres despavoridos,
que prorumpen en gemidos
y gritos desgarradores.
LI.
Llenos de indecible anhelo
todos se postran de hinojos,
con la súplica en los ojos
y los ojos hácia el cielo.
A poco que el desconsuelo
y la desconfianza cunden ,
los sollozos se confunden
y retumba en lo infinito
un grito, el último grito
de los náufragos que se hunden .
Renato Morales 35

LII.

Así con trágico horror


eterna tumba dió el mar
á un poema que el pesar
llevó hasta el claustro opresor;
donde hoy mismo — sin amor –
las voluntades que gimen
su libertad no redimen ,
porque impotentes batallan
entre rigores que estallan
y tras los muros que oprimen .

* Fiu .
Notas 397
__ 37

NOTAS.

La heroina de la leyenda que intento recor


dar, nació el 20 de Diciembre de 1803. Mira
mientos de cierta indole, que fácilmente sospecha
rá el lector, me obligan á sustituir su nombre con
el de Soledad .

No he recurrido á otro medio miás ingenioso


para esplicar la reclusión de Soledad en el conven
to, por respetos a la verdad histórica, recojida de
los labios de personas tal vez presenciales de los
sucesos relatados.

Soledu entró en el Monasterio de Santa Te


résa de Jesús el año de 1821, á lo que he podido
inquirir.
. 4.

Jaime de Col fué natural de España; estudió


medicina en París y vino al Perú hacia el año
de 1820 . Se cuenta que su fisonomía era poco
agraciada; pero que el trato ameno y la afabilidad
esmerada, hacían de él un caballero distinguido.
38 Notas

En la madrugada del 7 de Marzo de 1831, se


realizó el suceso recordado. Poco tiempo después,
el doctor Santiago Ofelan , canónigo de la catedral
de Arequipa y Obispo posteriormente de Ayacucho,
se constituyó en el convento , á fin de practicar
inquisiciones prolijas y secretas para descubrir la
verdad de lo ocurrido, en cumplimiento de un man
dato de su Señoría Ilustrísima el doctor José Se
bastián de Goyeneche; y por la confesión arran
cada á la sirvienta N ........., única cómplice en
el rapto, se han conocido los detalles que he pro
curado consignar en estos versos.