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CONTRARREVOLUCIÓN EN EL CONO SUR DE AMÉRICA

LATINA. EL CICLO DE DICTADURAS DE SEGURIDAD


NACIONAL (1964-1990)1

Melisa Slatman (Universidad de Buenos Aires)

Un campo en construcción y un problema

En 1977, el Bureau of Intelligence and Research (INR), organismo de


inteligencia dependiente del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que
producía inteligencia destinada a las relaciones exteriores de ese país, emitió un
documento titulado “South América Southern Cone, block in formation?” En él se
afirmaba que

“El Cono Sur, alguna vez una simple designación geográfica para
Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay [algunas definiciones excluyen a
Paraguay], es ahora un término cargado fuertemente de matices políticos e
ideológicos. Para algunos observadores, el término se ha vuelto útil para
denominar a un grupo de gobiernos militares represivos de derecha que son
insensibles a las consideraciones sobre los Derechos Humanos y que están
unidos diplomáticamente en un esfuerzo para confrontar un ambiente
internacional generalmente hostil. En el contexto geopolítico, el espectro se
amplía para incluir a Brasil y algunas veces a Bolivia […]” 2

La unidad de las dictaduras no era percibida solamente por el gobierno de los


Estados Unidos. Los exiliados del Cono Sur, también la denunciaron, más todavía
cuando comenzaron a percibirse la existencia de redes de coordinación represiva.3 La
Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), en un volante fechado en
Madrid a 24 de junio de 1980, afirmaba que

“La Comisión Argentina de Derechos Humanos, frente a los secuestros


cometidos en Perú por las fuerzas militares argentinas y peruanas, de los
ciudadanos argentinos, Noemí Esther Gianotti de Molfino, Julio Cesar Ramírez
y María Inés Raverta, conjuntamente con el de Federico Frías Alberga, declara:”

1
Publicado en Gustavo Guevara (Coord) Sobre las Revoluciones Latinoamericanas.Newen Mapu, Buenos
Aires, 2013
2
INR, “South América Southern Cone, block in formation?”, 06/10/1977. FOIA Argentina
Desclassification Project, disponible en http://foia.state.gov/documents/Argentina/0000B1A5.pdf
3
Mario Sznajder y Luis Roniger, The politics of exile in Latin America (New York: Cambridge
University Press, 2009).

1
“Que estos hechos, fruto de la coordinación represiva y del terrorismo de
Estado imperante en el Cono Sur de América, constituyen un monstruoso
atropello a los principios que rigen la comunidad internacional y una flagrante y
gravísima violación a los derechos humanos […]”4

La percepción de la unidad de las dictaduras del Cono Sur pasó, durante los años
ochenta, a integrar la agenda de investigaciones regional. Desde diferentes perspectivas
y campos de estudio, surgió la inquietud de analizar cuál era su naturaleza. Ya sea desde
la Sociología, con los trabajos de Manuel Garretón5, desde las Relaciones
Internacionales, con el aporte de Adolfo Rodríguez Elizondo6; desde la Politología, con
los análisis de Guillermo O’Donnell7 o Alain Rouquie8; o desde la Historia, con el
trabajo de Luis Maira9 se discutía sobre el carácter de estas dictaduras y sobre cómo
analizarlas. Lo que estos trabajos no ponían en duda era que estas dictaduras constituían
una unidad de análisis.
Esto no replicó en los estudios de caso nacional pioneros sobre las dictaduras,
como los de Genero Arriagada para Chile10, María Helena Moreira Alves y Thomas
Skidmore para Brasil11, Gerardo Caetano y Pedro José Rilla para Uruguay12, Carlos
Miranda para Paraguay13, estuvo ausente el aspecto regional de las dictaduras.
Primaron, en cambio, los enfoques de las “condiciones internas” y, en algunos casos, el
análisis de las “relaciones exteriores”. En el caso argentino, si bien Eduardo Luis
Duhalde14 incluyó el problema de la coordinación represiva, lo hizo desde una
perspectiva descriptiva y no abordó en el porqué de la misma. De manera más reciente,
Marcos Novaro y Vicente Palermo15, en el que puede considerarse el primer texto

4
Consejo directivo de CADHU, “No ceder hasta lograr la aparición de los secuestrados en el Perú”.
Madrid, 24/06/1980. BDIC
5
Manuel A. Garretón Merino, "Panorama del miedo en los regímenes militares. Un esquema general," en
Documento de Trabajo. FLACSO-CHILE, 365 (Santiago de Chile: FLACSO, 1987); Manuel A. Garretón
Merino, "Las dictaduras militares en el Cono Sur, un balance," en Dictaduras y democratización, ed.
Manuel A. Garretón Merino (Santiago de Chile: FLACSO, 1984).
6
José A. Rodriguez-Elizondo, "El gran viraje militar en América Latina," Nueva Sociedad 1979, no. 45
(1979).
7
Guillermo O Donnell, "Las Fuerzas armadas y el estado autoritario del Cono Sur de América Latina," en
Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (Buenos Aires: 1997). Las
propuestas de O Donnell fueron discutidas en una compilación ya clásica de David Collier et al., The New
authoritarianism in Latin America (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1979).
8
Alain Rouquié, El Estado militar en América Latina (Buenos Aires: Emecé, 1984).
9
Luis Maira, "El Estado de seguridad nacional en América Latina. Teoria y práctica," en El Estado en
América Latina, ed. Pablo Gonzalez Casanova (Mexico DF: Siglo XXI, 1990).
10
Genaro Arriagada Herrera, Por la razón o la fuerza: Chile bajo Pinochet (Santiago de Chile: Editorial
Sudamericana, 1998).
11
Maria Helena Moreira Alves, State and oposition in Military Brazil (Texas: University of Texas Press,
1985); Thomas E. Skidmore, The politics of military rule in Brazil, 1964-85 (New York: Oxford
University Press, 1988).
12
Gerardo Caetano y José Pedro Rilla, Breve historia de la dictadura, 1973-1985, Colección Argumentos
(Montevideo: Centro Latinoamericano de Economía Humana : Ediciones de la Banda Oriental, 1987).
13
Carlos R. Miranda, The Stroessner era : authoritarian rule in Paraguay (Boulder, Colo.: Westview
Press, 1990).
14
Eduardo Luis Duhalde, El estado terrorista argentino, 1a ed., Primera plana (Barcelona, España: Argos
Vergara, 1983).
15
Marcos Novaro y V. Palermo, La dictadura militar, 1976-1983 : del golpe de estado a la restauración
democrática, 1a ed., Historia argentina (Buenos Aires: Paidós, 2003).

2
integral sobre la dictadura, no abordaron la cuestión regional más allá de los conflictos
territoriales clásicos (el conflicto por el canal de Beagle o la guerra de Malvinas).
A estos estudios siguieron estudios cada vez más circunscriptos en sus objetos y
en su especificidad nacional o incluso local16. En la actualidad, la investigación
académica continúa con la tendencia de atomizar los enfoques. La mirada global sobre
la región ha cedido espacio a estudios cada vez más especializados en su recorte. Y esto,
no obstante la existencia de una gran demanda social, producto de la mayor de
integración entre los países de la región, de un auge en la construcción de memorias
vinculadas con el pasado reciente, del desarrollo de políticas públicas de Derechos
Humanos conjuntas y de juicios por delitos de lesa humanidad de contenido regional
como los están en proceso por casos de la “Operación Cóndor”.
Y siguiendo la tendencia mencionada, aunque los ámbitos académicos -jornadas,
dossiers de revistas o compilaciones de libros- en que se hace referencia a las dictaduras
del Cono Sur, se volvieron comunes en los últimos años, los trabajos que presentan y
discuten los académicos de la región propenden a pensar al Cono Sur de las dictaduras,
como la sumatoria de casos particulares.17 Surge entonces el problema de que cada vez
se conoce más en detalle sobre el pasado reciente, pero, sin embargo, cada vez se tiene
menos perspectiva global de lo sucedido. Puede argumentarse que esta tendencia es
producto del desarrollo normal de la investigación y que aún no ha llegado el momento
de síntesis, pero, el nivel actual de conocimiento, sumado a los esfuerzos de otros
sectores de la sociedad permite comenzar la discusión.
Este artículo propone algunas perspectivas para pensar la articulación de los
estudios de caso, a partir de reflexiones sobre el ciclo de dictaduras del Cono Sur como
una unidad de análisis geográfica y temporal. Propone, a su vez, algunas ideas en torno
a cómo, a partir de esa definición, pueden abordarse los casos particulares y sus
relaciones.

Contextualización

A partir de 1964, en el Cono Sur de América Latina, se fueron instalando


dictaduras institucionales orientadas ideológicamente por la doctrina de guerra
contrarrevolucionaria, de origen francés, y que buscaban relacionarse internamente y
jerárquicamente según la doctrina de seguridad hemisférica propuesta desde los Estados
Unidos18. Estas dictaduras tenían como objetivo principal recomponer y/o asegurar la

16
Esto es señalado, por ejemplo, por Silvina Jensen para el subcampo de estudios sobre los exilios
políticos de la década del setenta. Cfr. Silvina Jensen, "Exilio e Historia Reciente. Avances y perspectivas
de un campo en construcción," Aletheia 1, no. 2 (2011).
17
Con excepción de algunos trabajos como el de de Enrique Serra Padrós, "Como el Uruguay no hay:
terror de estado e segurança nacional: Uruguai (1968-1985): do pachecato à ditadura civil-militar"
(Universidade Federal do Rio Grande do Sul., 2005). O el libro de Vania Markarian Vania Markarian,
Idos y recién llegados. La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transnacionales de Derechos
Humanos. 1967-1984 (Montevideo: Ediciones La Vasija; CEIU/FHCE/UDELAR; Correo del Maestro,
2006).
18
Melisa Slatman, "Una doctrina militar contrarrevolucionaria para la Nación Argentina. Análisis de la
discursividad oficial del Ejército Argentino durante la Guerra Fría (1957-1976)." en Guatemala y la

3
hegemonía de las clases dominantes de cada uno de los países para la consecución de
diferentes proyectos políticos, económicos y sociales; siempre dentro del marco de la
cultura occidental y del ordenamiento capitalista de la sociedad.
Los militares del Cono Sur se formaron en la doctrina contrarrevolucionaria, en
la muy conocida Escuela de las Américas en el Canal de Panamá, pero también en otros
centros de entrenamiento estadounidenses y, en el Cono Sur, en las Escuelas Superiores
de Guerra de Argentina y Brasil. Los contenidos básicos de la doctrina de guerra
contrarrevolucionaria son muy conocidos: postulación de la necesidad de la defensa
interna, primado de las fronteras ideológicas, delineamiento de un enemigo interno,
control de la población, etc. En nombre de la “seguridad nacional” se habilitaba a los
organismos represivos a utilizar los mecanismos necesarios para la “aniquilación” del
enemigo. No obstante estos lineamientos comunes y compartidos, la doctrina
contrarrevolucionaria de cada uno de los países fue diferente, con contenidos más
desarrollistas en el caso brasileño19, más ligada a los principios contrainsurgentes
norteamericanos en el caso uruguayo20 o más “francesa” en el caso argentino21.
La transferencia doctrinaria de los Estados Unidos hacia Argentina –y también el
resto de Latinoamérica- se centró en técnicas represivas, uso de la tecnología y
enseñanza de valores conceptualizados como el American Way of Life. Adicionalmente,
la participación de militares latinoamericanos en cursos especializados, dictados en
diferentes academias militares norteamericanas, facilitó el establecimiento de redes de
sociabilidad que influyeron en el acercamiento mutuo y en el reconocimiento de los
Estados Unidos como el vértice del sistema. Lo anterior redundó, en la práctica, en la
estructuración de un sistema jerarquizado de relaciones entre las instituciones militares
del continente basado en un complejo de intereses compartidos. 22 En este marco, y con
un papel hegemónico por parte de los Estados Unidos, que auspició desde los años
sesenta la reorganización del sistema hemisférico de defensa para contrarrestar los
movimientos revolucionarios de América Latina, se profundizaron las relaciones
interinstitucionales entre los ejércitos de la región dando lugar a un cada vez más
consolidado sistema interamericano de defensa. 23
En el Cono Sur, como respuesta a la presencia de programas y prácticas más o
menos revolucionarios, más o menos populistas, pero que ponían en cuestión la
hegemonía de las clases dominantes, a partir de 1964 comenzaron a sucederse golpes de
Estado que dieron lugar a dictaduras alineadas ideológicamente con la doctrina
contrarrevolucionaria. La fase de apertura del ciclo comenzó con la instauración de la
dictadura brasileña en 1964, que derrocó al presidente Joao Goulart, y dio lugar a la

Guerra Fría en América Latina (1947-1977), ed. Roberto García Ferreira (Guatemala: CEUR-USAC,
2010)
19
Luis Felipe Miguel, "Segurança e desenvolvimento: peculiaridades da ideologia da segurança nacional
no Brasil," Diálogos Latinoamericanos 2002, no. 5 (2002).
20
Padrós, "Como el Uruguay no hay: terror de estado e segurança nacional: Uruguai (1968-1985): do
pachecato à ditadura civil-militar."
21
Daniel H. Mazzei, "La misión militar francesa en la Escuela Superior de Guerra y los orígenes de la
Guerra Sucia, 1957-1961," Revista de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Quilmes 13, no.
Diciembre (2002).
22
Leslie Gil, Escuela de las Américas. Entrenamiento militar, violencia política e impunidad en las
Américas (Santiago de Chile: Lom y Cuatro Vientos, 2005).
23
Patrice McSherry, "Operation Condor as a Hemispheric “Counterterror” Organization," en When States
kill.Latin America, the U.S., and Technologies of Terror, ed. Cecilia Menjivar y Néstor Rodriguez
(Austin: University of Texas Press, 2005).

4
primera dictadura institucional de las Fuerzas Armadas de la región que se transformaría
luego en un modelo a seguir por el resto de los países, especialmente para Argentina que
transitó un proceso parecido en 1966. En 1971, Hugo Banzer derrocó al gobierno del
General Juan José Torres. Le siguieron el golpe en dos actos de Uruguay de 1973, el de
Chile del mismo año y el cierre de la fase de apertura del ciclo en con un nuevo golpe
en 1976, en Argentina. Para las sociedades del Cono Sur, el costo humano de la
instauración del terrorismo de Estado fue extremadamente alto, con cientos de miles de
muertos y desaparecidos, millones de exiliados, cientos de niños apropiados, sin
mencionar los cambios en los modelos económicos y la profundización de la exclusión
social o la desestructuración de la vida política de estos países.

Una tesis inconclusa

Un análisis comparativo de ciertas variables, como el realizado por Waldo


Ansaldi24, expuso que son muchas más las diferencias que las similitudes entre estas
dictaduras del Cono Sur. Explicó que las dictaduras pueden verse como unidades
independientes, pero que solo se explican en conjunto. Resaltó la similitud de la
utilización de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) como instrumento de
construcción de una legitimidad ideológica, aunque también señaló la existencia de
diferencias en la concepción de dicha doctrina en cada uno de los países,
fundamentalmente en Brasil, donde la DSN estuvo vinculada a una tendencia
desarrollista, mientras que en el resto de los países se vinculó con programas
económicos neoliberales. Señaló, por otro lado, marcadas diferencias en lo que hace a la
magnitud y forma de la represión, a la duración de las dictaduras y también en las
formas de organización del poder político (dictadura de la Junta Militar con preminencia
del Ejército en el caso argentino, concentración de poder en la figura de un dictador en
Chile o gobierno indirecto de las Fuerzas Armadas en Uruguay, al menos hasta 1981, y
dictadura con formato representativo en Brasil). Por último, contrapuso los diferentes
modelos económicos, señalando la particularidad del modelo nacional desarrollista
brasileño en relación con modelos que, como en el caso argentino y chileno, aunque en
diferentes grados, optan por la desarticulación entre planificación económica y Estado.25
El análisis de Ansaldi dejó al descubierto la existencia de grandes diferencias en
el desarrollo de cada uno de los casos. Estas diferencias son ciertas y es necesario
remarcarlas para no perder de vista la especificidad de los casos. Sin embargo, un límite
metodológico del trabajo es que el análisis de diferencias y similitudes es el único
resultado posible del análisis comparativo. El aislamiento de variables para poder
realizar una comparación produce una abstracción que carece de relaciones dinámicas
entre los elementos. Por ejemplo, al enunciar las diferencias cuantitativas en la
producción de víctimas entre las dictaduras no da cuenta de los procesos de aprendizaje
y transferencia de conocimientos de una dictadura a otra que hizo que, en los dos
extremos del ciclo se produjeran la menor cantidad de víctimas mortales (Brasil) y la

24
Waldo Ansaldi, "Matriuskas de terror. Algunos elementos para analizar la dictadura argentina dentro de
las dictaduras del Cono Sur," en Empresarios, tecnócratas y militares. La trama corporativa de la última
dictadura, ed. Alfredo Pucciarelli (Buenos Aires: Siglo XXI, 2004).
25
Ibid.

5
mayor cantidad de víctimas (Argentina), mediando doce años de experimentación en
estrategias y tácticas represivas entre el primero y el segundo caso.
Y así, la afirmación de que las dictaduras pueden verse como unidades
independientes pero solamente se explican de conjunto queda sin ser resuelta. Entonces,
se hace necesario, nuevamente, analizar la cuestión de por qué, si las dictaduras que se
instauraron fueron tan diferentes, se puede seguir insistiendo en la necesidad de
analizarlas como una unidad.

Dinámica del ciclo de dictaduras en el Cono Sur y escalas de análisis

Una comprensión de la unidad del ciclo de dictaduras implica el


entrecruzamiento de diferentes escalas de análisis: la regional, la nacional y la
transnacional. Para apreciar cómo funcionan y se relacionan estas escalas, es necesario
analizar las posibilidades de periodización del ciclo de conjunto y su relación con la
periodización interna de cada uno de los casos; la articulación entre los casos por medio
de procesos de práctica, transferencia y síntesis de las experiencias; la producción de
procesos históricos de escala transnacional y, por último, los límites que imponen a la
unidad geográfica y temporal de las dictaduras del Cono Sur los procesos históricos de
escala nacional.
En relación con lo anterior, y en primer lugar, puede ensayarse una
periodización regional específica del ciclo de dictaduras, que transcurrió entre 1964
(golpe de Estado en Brasil) y finalizó en 1990 (finalización institucional de la dictadura
chilena).
Entre 1964 y 1975 se aprecia una fase genética, de carácter reactivo. A medida
que se fueron sucediendo los golpes de Estado, la represión se fue haciendo más
virulenta y más clandestina, no solo en el país en que sucedía el último golpe de Estado,
sino también en el resto de los países. Esto puede verse, por ejemplo, en el aumento
paulatino de las cifras de desaparecidos y asesinados sumariamente a medida que se
sucedían los golpes, siendo Brasil el país que registró menor cantidad de casos y
Argentina el que registro mayor cantidad.
Entre 1975 y 1978 se produjo una aceleración en los ritmos represivos, tanto en
el plano regional, como en el de cada uno de los casos y tuvo como uno de sus
productos la consolidación la red de coordinación represiva más institucionalizada del
período, la denominada “Operación Cóndor”, desde fines de 1975. En el mismo
período, además, operaron otras redes de coordinación, como la establecida entre las
armadas uruguaya y argentina, por nombrar un caso.26
A partir de 1978, se verifica una desaceleración de las tendencias represivas en
toda la región, que tuvo relación con la apertura de la etapa fundacional de varias de las
dictaduras; el comienzo de la transición en el caso de Brasil y, además, fue el momento
de emergencia de una cantidad de conflictos entre naciones, latentes en todo el período

26
Melisa Slatman, "Actividades extraterritoriales represivas de la Armada Argentina durante la última
dictadura civil-militar de Seguridad Nacional (1976-1983)," Revista do Programa de Pós-Graduação em
História da Universidade Federal do Rio Grande do Sul 19, no. 35 (2012).

6
anterior, como el del canal de Beagle o las tensiones por la represa de Itapú en 1978 y
1979. A esto debe sumarse el rechazo internacional ante la denuncia por las violaciones
a los Derechos Humanos, que, en algunos casos determinó, también, la quita de ayuda
económica por parte de los Estados Unidos. A esta etapa corresponde, de manera
coincidente, una crisis de las relaciones de coordinación represiva, que no cesaron por
completo, o se orientaron a operaciones de acción psicológica. En relación con lo
anterior, la curva de desapariciones extraterritoriales dentro de la región cayó
bruscamente y en una tendencia similar a lo que sucedió en el interior de cada país.
Finalmente, el comienzo de la crisis terminal del ciclo de dictaduras, con la ley
de amnistía de Brasil de 1979 y que finalizó, con la pérdida del referéndum por Pinochet
en 1988 y traspaso del poder en Chile en 1990. No debe dejar de anotarse que, más allá
de la periodización institucional, en realidad, las transiciones a la democracia se
prolongaron en el tiempo, dependiendo de cada país.

En segundo lugar, para entender la dinámica regional, además de esta


periodización global deben considerarse las periodizaciones locales. A grandes rasgos
puede aceptarse que existió una diferencia entre las dictaduras de los años sesenta y las
de los años setenta, vinculada con las percepciones de los grupos dominantes y los
organismos represivos del nivel de la “amenaza” que creían enfrentar. De ello derivó el
nivel de virulencia del dispositivo represivo y el proyecto inicial (fase reactiva) en cada
uno de estos momentos27. Y luego, que se observa que todas las dictaduras de la región
atravesaron una serie de fases -reactiva, fundacional, de administración de crisis
recurrentes y de crisis terminal-.28 La similitud en el tránsito por estas fases, aunque
asincrónico en el conjunto, permite, además, apreciar las diferencias en el desarrollo de
cada uno de los casos y pensar en qué es lo que aporta la especificidad de los procesos
nacionales al conjunto regional, así como también cómo los procesos nacionales se ven
influidos por lo regional.
Tercero, el concepto de ciclo se vincula con procesos de práctica, transferencia y
síntesis, que se produjeron entre un caso nacional y otro. Si se mira a nivel regional, se
aprecia que, en diferentes ámbitos, se produjeron procesos de acumulación de
experiencias y que cada nueva experiencia repasó las anteriores, las adaptó y las
desarrolló. Por ejemplo, hay una dinámica que tiene que ver con la concatenación de las
fases reactivas en la sucesión de los golpes de Estado, vinculada con la transferencia del
expertise represivo. Así, es posible detectar la transferencia de conocimientos y
procedimientos operativos de Brasil a Chile, a través del dictado de cursos en la Escuela
Superior de Guerra de Manaos y la presencia de agentes de la represión brasileños en
los campos de detención masiva en Chile en septiembre-octubre de 1973. La misma
dinámica se produjo en 1980 durante el golpe de Estado de Bolivia, cuando miembros
de las Fuerzas Armadas argentinas participaron en la represión a los opositores
bolivianos, utilizando como sede la embajada en ese país y también mediante el dictado
de cursos en Argentina.
Otro ejemplo de esta dinámica de práctica, transferencia y síntesis puede
apreciarse en actitudes adoptadas por las dictaduras de Chile y Argentina en la relación

27
O Donnell, "Las Fuerzas armadas y el estado autoritario del Cono Sur de América Latina."
28
Garretón Merino, "Las dictaduras militares en el Cono Sur, un balance."

7
entre el ejercicio del terrorismo de Estado, el destierro y la asunción de identidades
exiliares.
Puede asumirse que existieron tres formas de destierro: el requerido, en el que la
dictadura expulsó oficialmente a los ciudadanos poniendo en cuestión su posibilidad de
supervivencia en caso de no atenerse a la misma; el encubierto, en el que por medio del
aparato represivo clandestino del Estado se forzó a las personas a abandonar el país bajo
amenaza de muerte; y el destierro no requerido, como efecto del marco de violencia
institucional, pero que no fue promovido por la acción del Estado. Los destierros
adoptaron la forma de expulsión lisa y llana, como en los casos de Brasil o Chile o de
“derecho a opción” como en Paraguay en ciertos momentos y en Argentina, antes de
1976 y después de 1978. La actividad clandestina de los grupos paramilitares, primero y
de los organismos represivos tras la consolidación de las dictaduras produjeron el
segundo tipo de destierros. Finalmente, los destierros no requeridos pudieron ser tanto
por temor a la situación en general, por desaparición de una persona cercana, etc.
La dictadura chilena, durante los primeros años, improvisó diferentes estrategias
represivas, desde las más visibles como el uso de campos de concentración visibles y
los fusilamientos a otras más encubiertas, posteriores a la creación de la DINA en
1974.29 El vaciamiento de los campos de concentración se vio acompañado de la
expulsión, con prohibición de volver al país de miles de chilenos, que se sumaron a
aquellos que por causas de violencia directa o indirecta dejaron el país durante el primer
período posterior al golpe. Esta primera etapa represiva, al ser visible, generó el rechazo
generalizado de la opinión pública internacional, producto de las campañas de denuncia
emprendidas por los exiliados. La dictadura chilena adoptó tres estrategias para
combatir a los exiliados: asesinatos internacionales (efectivos o fallidos) de los
principales líderes de la oposición; campañas de acción psicológica como la muy
conocida “Operación Colombo”30, y creación de la Dirección de Inteligencia Nacional
(DINA) para desarticular a la oposición interna y externa de manera clandestina. En
síntesis, la primera parte de la fase reactiva de la dictadura chilena se caracterizó por el
ensayo y error.
En el caso argentino, la relación entre terrorismo de Estado, destierros y exilios
se construyó mirando el fracaso de las políticas chilenas en la desestructuración de las
organizaciones políticas y de exiliados en el exterior del país. En el caso argentino, y
como previsión para evitar que sucediera lo mismo que en Chile, las expulsiones, en la
planificación inicial del golpe, fueron descartadas. Esto no quiere decir que no haya
habido destierros informales o no requeridos, pero la política pública de la dictadura
argentina fue no favorecer la salida de los opositores. Para ello, la dictadura blindó las
fronteras, organizó cordones de seguridad en las embajadas, suspendió el derecho a
opción hasta 1978 y generó temor entre quienes buscaban salir del país en los procesos
de obtención de pasaportes. Cuando pudo, impidió hasta el límite de sus posibilidades la
salida de figuras públicas que pudieran causar impacto internacional31. En los casos en

29
Mario Amorós, "La DINA: El puño de Pinochet," en el 53º Congreso Internacional de Americanistas
(Mexico D.F2009); Thomas C. Wright y Rody Oñate, "Chilean Political Exile," Latin American
Perspectives 34, no. 4, Exile and the Politics of Exclusion in Latin America (2007); Sznajder y Roniger,
The politics of exile in Latin America.
30
Paz Rojas, et al., La gran mentira. El caso de 119 desaparecidos (Santiago de Chile: LOM-CODEPU,
1994).
31
Son sintomáticos, en este sentido, los casos de los por entonces ex presidentes Cámpora, asilado en la
embajada mexicana en Buenos Aires hasta 1979 o Isabel Perón, que por medios coactivos fue impedida

8
que la presión externa se tornó acuciante, la dictadura liberó a los secuestrados o
detenidos (legal o ilegalmente). Y en los casos en que la contestación se produjo fuera
del territorio nacional, buscó la manera de neutralizarla. Si había logrado consolidar
pactos con otras dictaduras, lo hizo interrogando o incluso repatriando forzosa y
clandestinamente a secuestrados, como sucedió en el Cono Sur. A veces, incluso lo
intentó sin haber establecido esa clase de acuerdos, como en el caso de la Operación
México32, realizando campañas de acción psicológica, por medio del discurso de la
“campaña antiargentina” en general33, o intimidando a las comunidades de exiliados con
la presencia de agentes de la represión fuera del país (España, Francia). En lo que hace a
la operatividad exterior de los organismos represivos argentinos, la mencionada
fragmentación y autonomización de los mismos se replicó, dando lugar a una particular
forma de actividades extraterritoriales muy diferentes a las chilenas.
A modo de síntesis, entonces, el carácter experimental de la dictadura chilena de
los primeros años puede aplicarse también a la relación terrorismo de Estado-destierro-
exilios y que la consolidación de un modelo represivo más maduro en Chile coincide
con el golpe de Estado en Argentina. En el caso Argentino, que se nutre de la
experiencia chilena, aparecen delineadas, desde el momento mismo del golpe, o incluso
antes, diferentes estrategias de anticipación para resolver aquello que los chilenos no
habían podido, fundamentalmente en relación con el rechazo de la comunidad
internacional ante la violación masiva de los derechos humanos. Y la experiencia
histórica demuestra que, a pesar de este “perfeccionamiento” de las prácticas, ninguno
de los dos regímenes pudo triunfar en su búsqueda de desarticular a la oposición.
En cuarto lugar, las dinámicas explicadas anteriormente, dieron lugar, además de
las relaciones entre las partes a partir de la difusión de experiencias, a procesos
históricos que pueden leerse solamente en escala transnacional. Es decir, fueron
productos originales, que atravesaron a todos los casos nacionales pero que no pueden
explicarse como una sumatoria de lo que pasaba en cada país. Pueden señalarse dos
ejemplos de esto: las redes de activismo político de todo el arco y las redes de
coordinación represiva.
Con respecto a las redes transnacionales de activismo político, se puede tomar
como caso el acercamiento y coordinación de las organizaciones políticas y político-
militares dentro de la Junta de Coordinación Revolucionaria, que incluyó inicialmente a
cuatro organizaciones de la región (el Movimiento de Izquierda Revolucionario de
Chile, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Argentina, el Movimiento de
Liberación Nacional- Tupamaros de Uruguay y el Ejército de Liberación Nacional de

de dejar el país hasta 1981. Cfr. Pablo Yankelevich, Ráfagas de un exilio : argentinos en México, 1974-
1983, 1. ed., Colección Testimonios (México, D.F.: Colegio de México, 2009).
32
Carlos Osorio y Marianna Enamoneta, National Security Archive Electronic Briefing Book No. 300.
Operación México: Programa argentino de rendición extraordinaria revelado por documentos
desclasificados, (Washington DC2009),
http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB300/index.htm; Carlos A. Osorio y Jesse Franzblau,
National Security Archive Electronic Briefing Book No. 241. 1978: Operación Clandestina de la
Inteligencia Militar Argentina en México, (Washington D.C2008),
http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB241/.
33
Marina Franco, "La “campaña antiargentina”: la prensa, el discurso militar y la construcción de
consenso," en Derecha, fascismo y antifascismo en Europa y Argentina, ed. Judith Casali de Babot y
María Victoria Grillo (Tucumán: Universidad de Tucumán, 2002); Silvina Jensen, Los exiliados : la
lucha por los derechos humanos durante la dictadura militar, Nudos de la historia argentina (Buenos
Aires: Editorial Sudamericana, 2010).

9
Bolivia, luego Partido Revolucionario de los trabajadores de Bolivia)34. Existieron
alianzas menos conocidas, como las desarrolladas por los Montoneros argentinos con el
GAU de Uruguay o con el MAPU de Chile o las redes de coordinación establecidas por
los Partidos Comunistas chileno y argentino. Estas formas de articulación no fueron
privativas de la izquierda. Del otro lado del espectro, por ejemplo, la articulación entre
Patria y Libertad de Chile con grupos vinculados con la Triple A en Argentina dejaron
como saldo productos como la Operación Colombo o el asesinato del General Prats en
Argentina. Cada una de estas redes tuvo diferente naturaleza, pero tuvieron la
particularidad de precipitar procesos tanto a nivel de los casos nacionales como en el
conjunto de la región.
Un segundo ejemplo de proceso transnacional es la constitución de las redes de
coordinación represiva. Se han delineado más arriba las características generales de los
destierros políticos durante el ciclo de dictaduras. El carácter procesual del
desenvolvimiento del ciclo, especialmente de su fase represiva, dio lugar a un proceso
de destierros que determinaron un proceso migratorio que inicialmente se desarrolló a
nivel regional. En continuidad con las tendencias históricas de exilio con sede países
cercanos, especialmente limítrofes, como modo de favorecer la resistencia a la dictadura
instaurada35, el ciclo comenzó con el destierro y asunción de la identidad exiliar de
brasileños de la primera ola (1964) especialmente hacia Uruguay, y los de la segunda
ola (1968) hacia Chile, Uruguay y Argentina36. La llegada de la Unidad Popular a Chile
en 1970 favoreció el reagrupamiento de los tupamaros uruguayos en Chile antes y
durante el golpe de Estado de ese país y también en Argentina. 37 Septiembre de 1973
lanzará a muchos de esos exiliados hacia la Argentina, donde brasileños, uruguayos38 y
ahora también chilenos confluían con compatriotas que ya se encontraban en ese país y
también con los exiliados paraguayos39, con permanencia en la Argentina desde
mediados de la década del cincuenta y larga experiencia de organización o con los
bolivianos exiliados tras la dictadura de Banzer.
La militancia y la resistencia a las dictaduras de estos activistas se fueron
cruzando en el marco de los procesos migratorios. El dinamismo de estos procesos de
movilidad migratoria se puede corroborar en la dificultad que conlleva establecer la
identidad política de los desaparecidos, víctimas de las redes de coordinación represiva
en la región. Los procesos de destierro, implicaron además, otros de movilidad
identitarias. Los desterrados o bien continuaron su militancia fuera de sus países, en
muchos casos con la forma de lucha contra las dictaduras, intentando reconstruir sus
organizaciones de origen. Este proceso podía implicar tanto la asunción de una
identidad de militante clandestino como de exiliado, no excluyentes una de la otra.
Otras formas fueron la incorporación al activismo en organizaciones de los países de

34
Melisa Slatman, "Para un balance necesario: la relación entre la emergencia de la Junta de
Coordinación Revolucionaria y el Operativo Cóndor. Cono Sur, 1974-1978," Testimonios. Revista de la
Asociación de Historia Oral de la República Argentina no. 2 (Diciembre 2010).
35
Luis Roniger et al., Exile and the politics of exclusion in the Americas (Portland, Or.: Sussex Academic
Press, 2012).
36
Denise Rollemberg, Exílio : entre raízes e radares (Rio de Janeiro: Editora Record, 1999).
37
Graciela Jorge y E. Fernández Huidobro, Chile roto, 2. ed., Colección Septiembre (Santiago de Chile:
LOM Ediciones, 2003).
38
Cristina Porta y Diego Sempol, "En Argentina: algunas escenas posibles," en El Uruguay del exilio.
Gente, circunstancias, escenarios. , ed. Silvia Dutrénit (Montevideo: Trilce, 2006).
39
Gerardo Halpern, Etnicidad, inmigración y política : representaciones y cultura política de exiliados
paraguayos en Argentina, Colección Miradas antropológicas (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2009).

10
acogida y también la formación de los nacientes organismos de derechos humanos que
se dieron la tarea de denunciar las atrocidades desde el exilio.
Las dictaduras persiguieron a los desterrados, tanto sirviéndose de redes de
coordinación represiva con diferentes grados de formalidad, o no, por medio de la
infiltración de agentes de inteligencia en otros países y proyectos de secuestros o
asesinatos no coordinados, que algunas veces se concretaron y otras no. Los resultados
más visibles de estas actividades represivas extraterritoriales fueron los desterrados
desaparecidos del Cono Sur.
Las redes de coordinación represiva, dentro de las cuales parece encontrarse la
Operación Cóndor40, fueron el resultado de asociaciones temporales e históricas, que
pudieron ser de mayor o menor duración, de organismos represivos de diferente
trayectoria de dos o más países, que se articulaban para lograr determinados objetivos y
que podían ser más o menos puntuales, utilizando diferentes tácticas represivas. Uno de
los productos de estas redes, el más visible y el más impactante, fue la desaparición de
personas. Puede decirse, en este sentido, que la existencia de desaparecidos (pero
también de secuestrados sobrevivientes o de piezas producidas por las campañas de
acción psicológica) fue la corporización de los objetivos de las redes de coordinación
represiva. Por debajo de esto, se encuentra lo invisible, por ser clandestino: las formas
institucionales en que se inscribían los actos represivos. El desarrollo de las redes de
coordinación represiva estuvo más vinculada a la dinámica regional que ya se
mencionó, que a la de cada una de las partes que las componían. Lo anterior se puede
verificar, sobre todo, en el hecho de que las partes que integraban las redes se
encontraban en situaciones coyunturales diferentes, pero participaron como socios al
mismo ritmo que sus pares.

En quinto lugar, y por último, debe señalarse que existieron elementos de


fricción con esos fenómenos de escala regional y transnacional que tuvieron que ver con
las tenciones generadas entre la configuración nacional de las dictaduras y su inserción
en la escala nacional. En relación con esto, deben mencionarse, por ejemplo, las
fricciones vinculadas con las cuestiones fronterizas o el hecho de que quienes
encarnaban los elencos gobernantes de estas dictaduras eran los militares que se
definían a sí mismos, en primera instancia, como principal baluarte de defensa de la
nación (tanto en lo relativo al territorio como en el nivel ideológico y moral). Además,

40
Samuel Blixen, El vientre del Cóndor : del archivo del terror al caso Berríos, 2. ed. (Montevideo,
Uruguay: Ediciones de Brecha, 1995); Alfredo; et al. Boccia Paz, En los sótanos de los generales. Los
documentos ocultos del Operativo Cóndor (Asunción: Explolibro y Servilibro, 2002); Ana Buriano
Castro et al., Tras la memoria : el asilo diplomático en tiempos de la Operación Cóndor, 1. ed. (México,
D.F.: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora : Instituto de Cultura de la Ciudad de México,
Gobierno del Distrito Federal, 2000); Stella Calloni, Los años del lobo: Operación Cóndor, Biblioteca del
pensamiento nacional (Buenos Aires: Peña Lillo: Ediciones Continente, 1999); Luís Cláudio Cunha,
Operação Condor : o seqüestro dos uruguaios : uma reportagem dos tempos da ditadura (Porto Alegre,
RS: L&PM Editores, 2008); John Dinges, Operación Cóndor, Una década de terrorismo internacional en
el Cono Sur (Santiago de Chile: Ediciones B, 2004); Valentin Mahskin, Operacion Cóndor. Su Rostro
Sangriento (Buenos Aires: Cartago, 1985); Francisco Martorell, Operación Cóndor, el vuelo de la muerte
: la coordinación represiva en el Cono Sur, 1. ed., Colección Septiembre (Santiago Chile: LOM
Ediciones, 1999); J. Patrice McSherry, Predatory states : Operation Condor and covert war in Latin
America (Lanham, MD: Rowman & Littlefield Publishers, Inc., 2005); Enrique Serra Padrós y Et. Al.,
eds., Rio Grande Do Sul (1964-1985): História E Memória. Vol. 3 Conexão Repressiva e Operação
Condor (Porto Alegre: Corag, 2009); Melisa Slatman, "Archivos de la represión y ciclos de producción
de conocimiento social sobre la Operación Cóndor," Taller (Segunda Epoca) 1, no. 1 (2012).

11
el hecho de la existencia de un ciclo de dictaduras alineadas ideológicamente no implicó
la finalización del ordenamiento geopolítico regional. En este sentido, Argentina y
Brasil disputaron su papel como “metrópoli” de Paraguay y este país, por su parte,
consolidó esta doble línea de intercambios afirmándose en la cierta autonomía
económica y militar en relación con Argentina que comenzó durante el strossnismo.41
La competencia interestatal y las fricciones que estas generan son las que, en el
contexto de la crisis por el canal de Beagle y en un momento de transición de Argentina,
Chile y Uruguay hacia la fase fundacional, colaboraron con la crisis de las actividades
de coordinación represiva en la región y en la reafirmación de las alianzas
geoestratégicas regionales tradicionales (Argentina, Bolivia y Perú por un lado, Brasil,
Paraguay, Uruguay y Chile por otro).

A modo de síntesis
La trayectoria de la reflexión sobre las dictaduras del Cono Sur es de larga data y
se vinculó, inicialmente con la percepción de la existencia de una unidad por parte de
los actores de los procesos históricos. Esta percepción se transfirió al campo de
investigaciones de las Ciencias Sociales, y fueron varias las propuestas de análisis del
carácter de las dictaduras del Cono Sur.
Los análisis ensayados, desde diferentes enfoques de investigación, brindaron
una cantidad importante de herramientas para
En este trabajo se procuró brindar herramientas analíticas para entender la
dinámica procesual de lo que se denominó ciclo de dictaduras en el Cono Sur. La
propuesta es que la reposición de la dinámica de este ciclo histórico y el análisis de cada
uno de los casos no puede ceñirse solamente a los estudios de caso nacional y
considerar a lo regional como la sumatoria de casos. El entrecruzamiento de escalas
nacionales, regionales y transnacionales, así como el estudio de la dinámica de la
relación entre las partes y las fricciones que se provocaron a partir de las fricciones
entre las partes puede ser útil y brindar nuevas perspectivas para el análisis de la
Historia de la región y de cada uno de los casos en particular.

41
Lorena Soler, "Dominación política y legitimidad. El strosnissmo en el contexto de América Latiana,"
Novapolis 4, no. Abril de 2009 (2009).

12
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