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La princesa y el rosal

Edmundo Rodriguez

Había una vez, en un país no muy lejano una pequeña niña que era la princesa
de un castillo. Diana a pesar de su corta edad, era la encargada de mantener
los jardines del palacio con la ayuda de Lucha que era además de su institutriz
su confidente y complaciente amiga.
Lo que solo Lucha y por supuesto la pequeña Diana sabían era que el jardín del
palacio era un jardín mágico porque ahí vivía un hermoso rosal que además de
hablar procuraba las mas hermosas rosas del reino.
Cierta tarde de primavera, Diana le pidió al rosal una flor especial para su papá
el Rey que en pocos días sería su cumpleaños.

- Querido rosal, dijo Diana yo se que todos los días trabajas arduamente para
dar las mas hermosas flores del reino pero quisiera pedirte un favor especial.
- Se trata de mi papá, dijo Diana con seriedad. En unos días será su
cumpleaños y me gustaría regalarle una flor diferente a las que él ha visto en su
jardín
¿Puedes ayudarme?, dijo interrogante.
- Claro que puedo ayudarte pero me niego a hacerlo porque tu padre el Rey de
unos años a la fecha se ha convertido en un gobernante necio y egoísta que se
ha dedicado a maltratar al pueblo.

- Por favor rosal, tienes que ayudarme….!. Si me ayudas, usaré el mejor abono
y cortaré con mayor esmero las malas hierbas del jardín.

Después de varios minutos de convencimiento, el rosal decidió ayudar a Diana


con su encargo y le pidió que regresara a la tarde siguiente.
Al día siguiente princesa Diana acudió a su cita.

El hermoso rosal, le entregó a Diana una planta de un color verde brillante con
un fuerte tallo y en la punta un capullo de un alegre color amarillo
Diana, un poco decepcionada por el regalo, no logra ocultar su descontento y le
pregunta al rosal que tipo de flor era “esa”

- “esa” es una flor del desierto, dijo el rosal

- Esa flor, al abrir el capullo aparece una flor de un color naranja y despide un
delicado aroma que impregna por días la habitación en donde se encuentra.
- Lo que también debes saber es que esta especial flor crece y muere en unas
cuantas horas pero su singular perfume perdura por meses

Diana, menos preocupada, agradece al rosal el especial regalo y cumple su


palabra de arreglar el jardín con el mejor abono del reino. Para cumplir con su
palabra, Diana trabajó por días cortando la mala hierba y abonando el jardín.

A pocos días del cumpleaños del Rey, iniciaron los preparativos. Muchos de los
súbditos del castillo no tuvieron mas alternativa que adornar, limpiar y arreglar
el Castillo.

Las órdenes del Rey se escuchaban por todo el Castillo y con un trato
prepotente indicaba a sus vasallos donde colocar las mesas y preparar el
camino para el desfile.

El derroche del rey era evidente pero su pueblo que aún recordaba los buenos
tiempos, finalizó los trabajos en tiempo.

Mientras tanto, la princesa Diana escondió la flor del desierto hasta el día del
cumpleaños de su padre. Ese día la princesa llevó la flor hasta la habitación del
Rey y con una gran sonrisa entregó a su padre el regalo que con mucho
esmeró cuidó y escondió para que fuera una sorpresa.

El Rey mas preocupado por los detalles del desfile que en el obsequio de su
hija; apenas y prestó atención de las indicaciones de su hija ya que debía estar
en su habitación antes de media noche, hora en la que la flor abriría su capullo.

El desfile inició según lo previsto; majestuosos elefantes encabezaron el


evento, le siguieron caballos e intrépidos malabaristas. Una larga fila de
carruajes de diversas provincias del reino, acudieron a visitar al Rey más por
temor a represalias que por el gusto de felicitarlo. Grandes platillos se sirvieron.
Un enorme lechón al centro de la mesa, platillos de diversos sabores, vino y
bebidas exóticas preparadas para tal ocasión se sirvieron sin medida.

Con el alboroto de los festejos, el despreocupado Rey llegó a su habitación


cuando el último pétalo marchito de la flor, se desprendió de su cáliz pero un
hermoso aroma impregnó la habitación. Al instante comprendió que no prestó
atención al regalo de su hija pero se quedó dormido por todas las actividades
realizadas en el día.

Al despertar el Rey se sentía muy triste por haber fallado a las indicaciones de
su hija y arrepentido decidió hacerla llamar para contarle lo sucedido.

- Querida hija, dijo el Rey


- Te debo confesar, que por mis execos en el desfile que yo mismo me
organicé, no llegué a mi habitación a la hora indicada para presenciar como
abre el capullo de la flor que tu me obsequiaste por la mañana

Diana con lagrimas en los ojos escuchó la explicación de su padre pero también
le confesó el arduo trabajo que realizó para conseguir su especial regalo. El
Rey sintió agradecimiento y arrepentido, le prometió a la pequeña Diana que
cambiaría su forma de proceder y prestaría mas atención en sus consejos y en
las protestas de su pueblo.
Desde aquel día, el rey modificó su comportamiento con todas las personas del Reyno en especial con
la pequeña Diana con la que ahora compartía momentos de mucha armonía. Ese fue el principio de días
maravillosos entre el rey, Diana y muchos trabajadores del reino

Los tres reyes de la mesa

Manuel Ibarra

Un día se presentó una fuerte discusión entre el Cuchillo y el


Tenedor, porque ambos querían determinar cuál de ellos era el más
importante utensilio de la mesa. El Cuchillo sostenía que sin él, las
personas que se sentaran a comer no podían cortar las carnes ni
otros alimentos mientras que el Tenedor argumentaba que él era
muy indispensable para sostener las comidas de manera cómoda y
fácil como en el caso de comer espaquetis. Para dilucidar la situación
hicieron una apuesta, espararían la llegada de un cliente al
restaurant y según la comida solicitada, algunos de ellos dos sería el
selecionado y por lo tanto el ganador. Pasados los minutos, llegó un
cliente a comer y todos escucharon cuando pidió muy amablemente
que le sirvieran un hervido de pescado. Inmediatamente el mesonero
sirvió la comida y le entregó al cliente una reluciente cucharilla,
incrédulos ambos contrincantes comprendieron que había otro
utensilio tan importante e indispensable como ellos en la mesa. La
llegada al restaurant de un nuevo cliente calmó las tensiones ya que
la persona solicitó le sirvieran como plato principal unos deliciosos
macarrones con pollo y allí tanto el Tenedor como el Cuchillo fueron
de gran utilidad para el comensal, mientras en una esquina muy
tranquila y serena la Cucharilla esperaba que la utilizaran cuando
sirvieran algún postre. Así terminó la discusión entre el Cuchillo y el
Tenedor porque ese día comprendieron que tanto ellos dos como la
Cucharilla eran importantes e indispensables en la mesa, cuando se
sirven las comidas.

El ladrón de plumas

Los tres reyes de la mesa

Manuel Ibarra

Cuando las aves estrenaron su plumaje, el pavo real no era tan


bonito como ahora más bien era un ave sin chiste, de plumas
descoloridas.
Pero un día, cuando se preparaba una gran fiesta para todas las
aves, el pavo real se encontró a un pájaro de veras bonito,de largas
plumas azules.
-¿A dónde vas?-le pregunto el pavo real.
-A la fiesta de las aves, ¿tu no vas a ir?
-No-contestó el pavo real abriendo sus alas-, es que no me gusta.
-Mira-dijo el otro pájaro-,préstame tu vestido y yo te doy el mío para
que vayas a la fiesta. ¿Te gustan mis plumas?
-Sí, las tuyas son bonitas.
-Entonces,¿cambiamos?, ya después me regresas mis plumas-
aseguró el pájaro.
-bueno- dijo el pavo real.
Los dos cambiaron sus vestidos y se fueron a la fiesta, el pavo se
sintió como nunca, orgulloso de devolverlo a su dueño.
Así que salió corriendo de la fiesta y ni adiós le dijo a su amigo. El
pájaro a buscar al pavo por todos lados, pero nunca lo encontró.
Desde entonces, el pavo real luce vestido ajeno. Lo único feo que
ahora tiene son sus patas y, cuando alguien las mira, se esponja
como un abanico para que no se fijen en ellas. Al otro pájaro, el que
se quedó con las ropas feas del pavo real, hoy le llamamos
tapacaminos. Y será verdad o será mentira, pero se cuenta que el
tapacaminos aparece en todas las veredas, para preguntar quién ha
visto al pavo que se llevó su vestido.
Una ilusión, una razón

Magda preguntaba -¿que es una ilusión? su abuela respondía - es como un


truco.

-A ver explícame eso, cuando vas a un espectáculo de un mago el tiene un


sombrero, un pañuelo, una varita y con eso hace su magia.

-Oh si, pero aun no entiendo; Bueno,del pañuelo saca trucos, con la varita los
señala y del sombrero sale otro truco y todos le aplauden porque creo una
ilusión.

-Hay abuela, aun no entiendo, quieres decir que hay que ser mago para hacer
una ilusión porque es por magia que se hace. -Bueno algo parecido pero a ver,
porque tu interés por saber ¿qué es una ilusión?
- Te cuento, la maestra me pide que como pronto me gradúo escribamos sobre
una ilusión que tengamos para cuando desfilemos en la graduación en nuestra
presentación se hable de esta ilusión.
-Ah, que lindo pues hazlo, escribe sobre ti, y como te ves en el futuro y ahí vas
a definir cual es tu mayor ilusión.

-Bueno pero yo quiero un carro, quiero viajar, quiero estudiar, conocer un


príncipe y mil cosas mas.
-Magda eso es una lista larga a ver concéntrate de todas esa cosas que quieres
¿cual te da cosquillas en el estomago, nubecitas en la cabeza y ganas de reír a
carcajadas?

-Buen truco abuela voy a mi cuarto a ver que se me ocurre.

Al día siguiente Magda va en busca de su abuela que como siempre estaba en


el jardín dándole amor y cuido a sus orquídeas. Al ver a Magda le da los
buenos días como siempre de una manera dulce y llena de alegría, -¡buenos
días mi reina querida!

-Abu escribí algo pero no se, vamos a ver que tu opinas, sentémonos aquí.
Comienzo; La Srta. Magda Casiano cuando se gradúe quisiera irse a España a
estudiar para ser Doctora en medicina y poder ayudar a las personas.

-Magda tu te quieres ir tan lejos de tu país, -hay abuela eso me da como dijiste
cosquillas en el estomago, nubecitas en la cabeza y me hace reír a carcajadas.
No me dijiste que eso era una ilusión, déjame vivirla a ver si la hago una razón
para poder llegar algún día.
-Bueno querida tenias razón es muy difícil definir una ilusión pero si las haz podido definir como una
razón para hacer una realidad de vida, pues ¡adelante, nunca es tarde cuando la dicha es buena! –Se
como el mago busca cual es el truco y con tu varita mágica haz realidad tu ilusión para ver si tenías
razón.

Una niña llamada Marisol

Manuel Ibarra

Había una vez una familia muy rica que vivian en una gran mansión, tenían una
pequeña y hermosa niña llamada Marisol, rodeados de lujos y sirvientes, la
poderosa familia no trataba a ningún vecino a menos que fueran tan ricos y
vanidosos como ellos. Marisol estudiaba en un colegio muy exclusivo de la gran
ciudad,había una niña de color a la cual los demás niñitos despreciaban por ser
humilde y pobre, los padres de la pequeña habían hecho grandes esfuerzos
para inscribirla en la escuela. Marisol tenía muy buenos sentimientos y pronto
se hizo amiga de la niña al punto que compartían la merienda y se defendían
mutuamente de las agresiones y travesuras de los demás compañeros del
colegio.Un día Marisol invitó a su amiguita a la gran mansión y encerradas en el
cuarto jugaban con las muñecas hasta que decidieron que una de ellas sería
por un día la reina y la otra su esclava, estando en la cocina cumpliendo un
deseo de su reina, la pequeña Marisol se encontró con su madre y esta le
preguntó: ¿Con quién juegas en tu cuarto?.Ella respondió: ¡Estoy jugando con
una amiguita del colegio!. La madre siguió preguntando: ¿Se puede saber a
qué juegan?. La niña respondió: ¡Jugamos a la reina y su esclava!.Entonces la
altiva madre exclamó: ¡Debo suponer que mí hermosa hija es la reina y su
amiguita la esclava!.Pero la inteligente niña respondió: ¡Al contrario madre, por
el día de hoy, he decidido complacerla, como todos se burlan de ella en el
colegio, yo seré su esclava y ella será mí reina!.Sorprendida por las palabras de
su hija, la altiva madre exclamó: ¡Hija nosotros te hemos criado como toda una
reina, no debes aceptar ser esclava de nadie!. La niña Marisol volvió a
responderle: ¡Mira mamá, con todo respeto te diré que en la iglesia los
domingos, el sacerdote nos dice que todos los niños somos iguales y que por
ser hijos de dios, no deben existir diferencias entre nosotros!.Marisol regresó a
continuar jugando con su amiguita en el cuarto mientras su madre se dejaba
caer sobre un mueble a reflexionar sobre las palabras de su hija.Meses más
tarde la madre de Marisol visitó el colegio y al hablar con una de las maestras
esta le comentó que su hija Marisol, era una niña maravillosa, que le diera
gracias a dios por tener a un ser de tan nobles sentimientos, incluso había
observado que la pequeña ayudaba a una niña pobre regalándole ropa y útiles
escolares. Desde aquel momento la madre de Marisol empezó a cambiar su
forma de pensar y de actuar, de vez en cuando organiza eventos para
recolectar comida, ropa y dinero para los niños de los barrios pobres de la gran
ciudad.

Una singular historia

Susie Bustamante

Mi playa siempre está llena de visitantes, van y vienen todo el tiempo y todos
me dejan bellos recuerdos. Siempre me hace feliz ver a los niños que llegan a
mi playa pues juegan en la arena y tocan suavemente mis aguas haciéndome
sentir su tierno amor por mí. Hay Visitantes que solo llegan a llenarme de
basura, en esos casos saco mi fuerza interior, mis olas crecen y expulso todo lo
que me daña.

Un día cuando mi playa estaba sola, llego un soñador, se sentó en la arena y


empezó a escribir historias en un cuadernillo que siempre traía en una pequeña
mochila con cosas que atesoraba, recuerdos quizás de viejos amores.

El empezó a visitar muy seguido mi playa, admiraba mi fuerza interior, la luz del
sol que siempre me cobijaba y el cielo azul que me hacia lucir más bella. El
siempre me decía lo mucho que me admiraba y que amaba estar conmigo
disfrutando en mi playa, me hacía sentir su gran amor por mí. Me gustaba
escuchar su voz cuando me leía sus cuentos y cuando me contaba bellas
historias de amor, como añorando una de ellas.

Nuestra historia transcurre en la Barcelona de 1950. Era un día de colegio, en


un pequeño barrio llamado Llefiá.
Laura salía del colegio cuando de pronto se le cruzó Toni. Las mejillas de Laura
adoptaron un color rojo fuego y en su cara se dibujó una sonrisa tonta y
picarona.
-¿Está tu primo en casa?-Pregunto el chiquillo.
-No, no está.-Esas fueron las únicas palabras que el cerebro de la muchacha
logró coordinar a duras penas.
Cuando hubo cruzado la carretera, se paró a pensar y no lograba entender
porqué su cara se encendía y su corazón iba a mil por hora cada vez que se
cruzaba con el hijo del militar del barrio.
-Eso es amor.-Le dijo su amiga Clara cuando se lo contó.
Lo cierto era, que sí que había algo en Toni que atraía la atención de Laura,
pero tanto como amor...Eso eran palabras mayores.
Esa tarde, Clara se quedó a dormir en casa de Laura y hablaron de muchas
cosas como por ejemplo del problema que suponía vivir en pleno franquismo.
Esa noche, Laura no durmió mucho, ya que se pasó toda la noche intentando
averiguar que le pasaba cuando veía a Toni. Hasta que lo averiguó, y vaya si lo
averiguó, llevó a cabo el mayor hallazgo logrado nunca, y lo hizo ella solita:
Efectivamente, Toni le gustaba.

Al día siguiente, se puso lo más guapa que pudo y salió a la calle a comprar
pan. Poco antes de llegar a la panadería, Laura divisó a un chico llorando en un
banco apartado. Se acercó, y al ver que se trataba de Toni se escondió detrás
de un matorral. Sacó su espejito grabado i se miró. Perfecta. Salió de su
escondijo y se acercó al muchacho.
-Hola Toni.-Logró decir.- ¿Qué te pasa?
-Oh, nada, no quiero preocuparte. -Contestó el chico cabizbajo.
-Mira Toni, quizás no nos conozcamos o suficiente, pero me voy a tomar la
libertad de decirte, que puedes contarme todo lo que te suceda, todo lo que te
ronde la cabeza, todo..
-Está bien.-La cortó Toni.-Es culpa del trabajo de mi padre. ¿Sabes que es
militar?
-Sí, lo sé.-Contestó la muchacha.- ¿Pero qué tiene que ver?
-Me tengo que mudar.
Esas palabras retumbaron en la cabeza de la muchacha. Notó cómo su corazón
se hacía pedazos y su cuerpo flojeaba. No podía articular ni una sola palabra.
¿Cómo que se mudaba?, ¿cómo era capaz de dejarla de aquella manera?
Cuando se quiso dar cuenta, sus brazos ya estaban entrelazados, Laura notó
su hombro húmedo, él estaba llorando y ella no sabía qué hacer, sabía que
abrazar a un niño en la calle no estaba bien visto, si su padre se enteraba...No
quería ni pensarlo.
Semanas más tarde, aquello ya era agua pasada. La relación entre Laura y
Toni volvía a la normalidad, es decir, nula. Pero en Clara algo había cambiado.
Estaba más rara que nunca, no hablaba con Laura más de lo estrictamente
necesario y no sonreía.

-¿Ocurre algo, Clara?-Le pregunto Laura en cuanto tuvo ocasión de acercarse


a ella.
-Nada, es solo que...-Rompió a llorar.-Los gritos, el miedo, los llantos, todo ha
vuelto Laura, otra vez...
-¡Por Dios!, pero ¿cómo no se te ocurrió decirme nada?, te habría dejado
dormir en mi casa y hubiéramos ido a la policía.
Laura sabía de lo que iba el asunto, y sabía que si su amiga pasaba un minuto
más en aquella casa, se volvería loca. El padre de Clara era alcohólico y hacía
poco había vuelto a casa después de una temporada en prisión. Cada vez que
volvía, la madre de Clara aparecía por la plaza con un ojo hinchado y llena de
moratones. Nunca había dicho nada, pero todo el mundo lo sabía. Solo hacía
falta mirarla.
-No sé, te veía feliz, contenta, flotabas en una nube y yo no quería molestar.-
Dijo la muchacha entre sollozos.
-Vamos, vente a mi casa, cuando lleguemos mi medre nos hará un chocolate
caliente.
Aquella tarde, Alicia, la madre de Laura, habló con el inspector de policía y
volvieron a detener al maltratador. Era una mujer valiente, sabía lo que se
jugaba yendo a la policía, pero no podía tolerar más aquella situación. La madre
de Clara fue enviada al dispensario y más tarde a un centro de lo que ahora
llamaríamos atención a mujeres maltratadas, que no era otra cosa que una
casa donde convivían algunas mujeres afectadas. Automáticamente, la custodia
de la joven Clara fue entregada a los padres de Laura, quienes la acogieron con
los brazos abiertos.

Amor en la distancia

Alba Claro

Cuando parecía que todo por fin había vuelto a la normalidad, unos ruidos
estridentes llamaron la atención del barrio. La gente asomó curiosa, la cabeza
por la ventana, y los más osados salieron a la calle. Una docena de coches
militares se apoderaron de la calle principal, y los policías se aseguraban de
que nadie se alborotara. Laura, junto con Clara, estaba asomada a la pequeña
ventana de su habitación, cuando descubrió horrorizada lo que pasaba. Aquel
23 de Abril de 1950, el corazón de una joven muchacha del barrio de Llefiá, en
Barcelona, se rompió en mil trozos. Sin poder evitarlo, salió a la calle en
dirección al ayuntamiento. Perseguida por agentes de policía, seguidos de la
madre de la muchacha, Laura entró al pequeño portal que albergaba la casa de
Toni. Subió las escaleras de caracol de dos en dos, abrió la puerta, y allí
encontró lo que nunca hubiera deseado: Nada.
No había nada, ni ropa, ni comida ni mucho menos gente. Se habían ido, se
había ido sin despedirse. Entró a una alcoba y allí, encima de una cama,
encontró una muñeca de trapo y una carta.
Desesperada por encontrar algo que la condujera a lo que había sucedido en
aquella casa, agarró la carta y se sentó a los pies de la cama. Cuando hubo
terminado de leer la misiva, rompió a llorar. En ese preciso instante, entraron
Alicia y Clara a la habitación y rápidamente abrazaron a la muchacha. Laura
seguía llorando, respiraba con dificultad y temblaba. Con un hilo de voz, pidió
que la dejaran a solas, y cuando se encontró sola, se arrodilló en el suelo y
gritó:
-¿Porqué yo?, ¿Por qué has tenido que alejarlo de mí?, ¿Acaso no tengo
derecho a saberlo?, ¿Acaso alguna mujer enamorada debe ser castigada así?,
No, no lo merezco, solo quería una despedida, solo quería un adiós, una
palabra, yo solo quería eso...-Y rompió de nuevo a llorar. Esta vez con más
fuerza, esta vez lloraba de rabia.

Y abrazada a la carta y a la linda muñeca de trapo, se quedó dormida. Soñó


que todo había sido una pesadilla, y que continuaba feliz como antes, sabiendo
que aluna vez ella tendría la oportunidad de explicarle a Toni lo que sentía.
Pero, cuando despertó, volvió a recordarlo todo. Leyó una vez más la carta e
inevitablemente continuaba diciendo lo mismo:
“Querida Laura:
Si lees esta nota querrá decir que he partido. Me gustaría haberte dicho
muchas cosas, empezando por un simple adiós, pero me ha sido imposible. Mi
padre ha sido destinado al extranjero y no volveremos aquí en mucho tiempo.
Posiblemente, cuando volvamos tú ya habrás encontrado al muchacho que te
haga sentir especial y por el que te pongas guapa cada mañana, pero yo te
prometo que no te olvidaré. Aquella tarde en el parque despertaste en mí algo,
algo que nunca había sentido por nadie. Y entonces comprendí que te quería, y
quería compartir todo contigo.
No te preocupes por mí, estaré bien y recuerda que en mí tienes alguien en
quien confiar.
Te prometo que te escribiré a menudo. Cuídate.
Un beso. Toni.”
Aunque el hecho de perder a su amor verdadero, la entristecía, comprendió que
no podía hacer nada por recuperarlo, así que siguió su vida como hasta
entonces. Bien es verdad, que cada poco tiempo llegaban a su casa cartas
procedentes de fuera, cartas de Toni. Cada vez que leía una, se sentía un poco
más tranquila. Sabía que todo continuaba bien.
Un día, Laura estaba tendiendo la ropa en el balconcito de su casa, cuando de
repente, alguien picó a la puerta de su casa. La muchacha bajó corriendo las
escaleras y abrió. Había vuelto, Toni, su Toni, había vuelto.

Caminaba con su alma desnuda y descalzo para sentir la suavidad de la arena,


dejando sus huellas marcadas, en señal de que estuvo ahí.
Siempre lo abrace con mis olas tiernamente, el se sentía tranquilo y feliz en mis
aguas y mi fuerza creció con su amor, sin querer hacerlo, lo arrastre con el
vaivén de mis olas. Yo buscaba fuerza en su ser y él tranquilidad en mí, nadie
encontró lo que necesitaba. Un día él salió de mis aguas para buscar otra playa
que lo hiciera sentir lo que el tanto deseaba.

El encontró otra playa, está grabando sus huellas en otra arena y aunque eso al
principio nublo mi cielo, hoy mi sol brilla intensamente y mi fuerza interior hizo
olas muy grandes que subió tan alto la marea, hasta que borró sus huellas.
Hoy mi playa se encuentra sin marcas ni huellas, solo con bellos recuerdos.

Mi pequeña maleta

Delfor Cruz

Aquel día de verano del drástico año pasado, el oportuno viaje a mi descanso
merecido, el relajamiento espiritual de mis cansadas virtudes laboriosas había
llegado. Partí un domingo callado, de ruidosas voces vecinas, de risas juveniles
estruendosas. Acomode mi única maleta en aquel taxi amarillo y rumbo al
aeropuerto pensaba que me faltaba llevar, si me había despedido de alguien.
Mis vecinos escaparon antes que yo a algún lado de la ciudad y los jóvenes
también estaban ausentes y entonces… ¿De quién no me despedí? De ella si
hace un mes que nos peleamos… ¿Le importaría que fuera sin decirle a
dónde? Y pienso que no…
De repente el bocinazo del auto me cae en la realidad de nuevo… me bajo y
recojo mi única maleta pequeña…tan pequeña que la abro para ver si me había
olvidado el pasaporte, que en mis bolsillos no cabían, si me faltaba esa foto
preferida que me daba fuerza cuando me sentía deprimido y la locura me
envolvía, si llevaba el libro del aquel poema que a ella le gustaba. Si estaba
todo en orden, pero era una maleta pequeña y no me faltaba nada.
Regrese de aquella Isla de centro américa, donde solo mi cuerpo había
padecido algún síntoma de descanso, mientras que mi mente jamás pudo
tomarse aunque sea un leve alivio… me fui dos semanas y hacia un mes que
no tenía noticia de ella… supongo que ella tampoco de mí. Deje mi pequeña
maleta en la puerta y salí corriendo la casa a donde ella se había mudado.
Luego de un par de horas y después de tomarme varios autobuses estoy frente
a su puerta intentando pedir socorro a mi miserable vivir. Los pies no
respondían mis manos estaban atadas a mi cuerpo, latía mi corazón con un
susto desesperado. La puerta se abre y mi ser presa en la inmovilidad más
perfecta desaparece inmediatamente. Me mira y parece que ella sufre igual que
yo… su mirada no es la misma y de pronto solo escucho llanto, la abrazo y mi
mente encontró el necesitado alivio que había naufragado hace un mes y
quince días.
En ese abrazo descubrí mi fracaso como compañero, como novio, como
amante, como la persona ideal para ella. De pronto alguien se acercó,
arrebatándomela de mi débil ilusión espontanea. Descubrí el engaño de aquel
silencio de cuarenta y cinco días que no sabía nada de ella.
La lluvia comenzó a caer y aquel prodigioso diluvio disimulaba mi torrente de
lagrimas y mis gemidos entre los truenos y relámpagos también. Aproveche
para decirle cuanto sentía no haberla valorado y que si mi pecado era mayor el
de ella era peor. Mientras caminaba a mi casa aquella lluvia me envolvía de
nostalgia y ese momento entendía porque mi maleta era pequeña y no me
faltaba nada.

La bomba bamba

Pedro E. Payac Ojeda

Esta historia relata una de las miles de intervenciones de una Unidad Policial
ante un posible artefacto explosivo, veamos lo que sucedió…

Eran las 9 de la noche, la luna apenas se había asomado y las estrellas titilaban
cual luciérnagas en el firmamento chiclayano, el personal de servicio de la
Unidad de Desactivación de Explosivos (UDE), se encontraban, algunos
fumando, otros atentos a las hermosas mujeres que por ahí circulaban, otros
cumpliendo atentamente su servicio, cuando una llamada telefónica vino a
“revolucionar” el macizo local policial.
- Aló, buenas noches, Policía Nacional a sus órdenes, se le escuchaba decir al
Comandante de Guardia, un veterano y todavía ágil policía.
- Señor, es una emergencia, estoy hablando desde Lambayeque, al otro lado
de la línea se escuchaba una voz masculina de hablar pausado y nervioso,
frente al Museo Brunning han dejado un paquete, su voz casi temblaba, creo
que es una bomba.
El Comandante de Guardia tomaba nota de todos los datos, a veces hacía
preguntas y más preguntas, con la finalidad de verificar la información.
Corría los días y meses del año 85, la subversión en nuestro país estaba
ocasionando estragos en la Policía Nacional, Fuerzas Armadas, en la población
civil y en los lugares públicos.
La población vivía atemorizada por los constantes apagones y las acciones
terroristas, la UDE – PNP., tenía bastante trabajo. Esa noche iba a ser una
larga jornada.
Se le dio cuenta de esta novedad al Oficial de Servicio.
- Que esté lista una unidad móvil con personal de la UDE, ordenó.
Al momento cuatro efectivos de la UDE, el Oficial de Servicio y su adjunto,
luego de revisar todo el equipo necesario para estos menesteres y de
persignarse, en estos casos Dios es el único que los protege, abordaron la
camioneta RAM CHARGER de color verde, verde como el color de la
esperanza, esperanza de regresar con bien, sanos y salvos, de esta patriótica,
pero peligrosa labor.
Salieron por la avenida Balta, con circulina y sirena funcionando, a toda
velocidad, abriéndose paso por la avenida Bolognesi hasta la avenida José
Leonardo Ortiz y luego doblaron por la avenida Salaverry, rumbo a la ciudad
evocadora.
Los vehículos que a esa hora se desplazaban a Lambayeque, y que estaban
acostumbrados a esta clase de hechos, abrían camino para que la unidad
policial llegase prontamente a su destino: salvar vidas y proteger la propiedad
pública y privada. La camioneta se estacionó entre las calles Huamachuco y
Atahualpa, casi a la entrada de la ciudad, los policías del Destacamento del
Museo ya se encontraban acordonando el lugar.
Los recibió un Suboficial quien les indicó el lugar exacto donde se encontraba el
“paquete maldito”.
La fachada era de color celeste, de material noble, de un piso, se observaba un
jardín amplio, rodeado de rejas, daba la impresión de ser una cárcel. En una
parte de la reja estaba colgada una bolsa de tela color oscuro, oscuro como su
contenido.
El personal de la UDE., tomó su emplazamiento, mientras bajaban de la
camioneta sus implementos uno de ellos se acercó con sumo cuidado, en
puntas de pie, como cuando los maridos llegan tarde y borrachos a sus casas
para que no los descubra la señora, y observó detenidamente aquél,
aparentemente inofensivo, peligroso paquete.
Para la desactivación de un artefacto explosivo, se siguen dos técnicas: por la
desactivación de sus componentes, fulminante, cordón detonante, mecha lenta;
y por destrucción, consiste en colocar un fulminante y mecha lenta al paquete y
hacerlo explotar en un lugar donde no cause daño.
El más antiguo del grupo ordenó traer el gancho para jalar el paquete, pensaba
que al jalarlo éste explotaría, dos del grupo se acercaron sigilosamente y
elevando una plegaria al todopoderoso colocaron el gancho, jalaron y por
instinto de conservación se arrojaron al piso para cubrirse de una posible
explosión. Pero nada. No había explotado, el peligro seguía latente.
Fue entonces que se tomó la decisión de cortar las amarras que lo sujetaban a
las rejas, con la finalidad de que al caer explote. Uno de los integrantes de la
UDE, al ser ordenado que realice esta maniobra, por ser el más “palillo”, el
menos antiguo, objetó: “Yo soy soltero, que vaya otro, al menos déjenme
conocer a mis hijos, a mi todavía no me llaman papá”. Entonces se escuchó
una voz que decía: “PAPA”. Y los demás al unísono le gritaron: “Ahora si
puedes ir, ya te llamaron papá”, causando la hilaridad de los presentes en ese
tenso momento.
Todavía sonriendo, se encaminó al paquete, sereno, tranquilo, tratando de no
cometer errores, pues, su primer error sería el último. Respiró profundamente,
estiró la mano con la navaja, cortó las amarras, el paquete cayó pesadamente a
la acera. No explotó. Estando el paquete en la vereda, se determinó
desactivarlo por destrucción, se le colocó un fulminante con mecha lenta y se
procedió a hacerlo explotar.
Se escuchó un sonido no muy fuerte producto del fulminante, pero el paquete,
cual terco animal, seguía igual.
El oficial entonces dispuso subir el paquete a la camioneta con la finalidad de
llevarlo a un lugar desolado.
Luego, todos subieron a la RAM CHARGER. Nadie hablaba, claramente se
escuchaban los latidos acelerados de sus corazones, parecían los tambores de
guerra de una tribu amazónica.
Al llegar a la entrada a Chiclayo, el oficial ordenó estacionar el vehículo a un
costado de la carretera, después con un palo sacaron el paquete y lo arrojaron
a un descampado. Todos retuvieron la respiración. Ahora sí explota, pensaron.
Pero nada. Con la ayuda de un reflector alumbraron el paquete y uno de ellos
se acercó resueltamente y de un tajo, lo cortó. Grande fue su sorpresa cuando
descubrió que el paquete contenía: una botella rota con residuos de chicha, dos
portaviandas con restos de comida, una cuchara, un mantel de costalillo de
harina, todavía se podía observar, un tanto descolorida, la marca “Harina Santa
Rosa”.
Esta era la “bomba”, que los había hecho sudar la “gota gorda”.
Abordaron la RAM CHARGER, alegres, carcajeándose durante todo el
recorrido. Al llegar al local de la UDE., el personal de servicio, que esperaban
ansiosos noticias de sus compañeros, se alegraron cuando los vieron llegar
sanos y salvos. “Gracias a Dios, les fue bien”, pensaron.
Siguieron al Oficial, quien en forma muy policial, se cuadró ante el Mayor, Jefe
de Cuartel, y luego de saludarlo gallardamente, dijo:
- Permiso, mi Mayor, artefacto explosivo conteniendo: una botella rota con
residuos de chicha de jora, portaviandas con comida, cuchara y mantel, sin
novedad.
Una risa franca, sincera, alegre, solidaria, se escuchó por todo el local policial,
contrastando con el silencio de la noche.
Esta vez había sido Sin Novedad.
Un Halloween inolvidable

Cristina

Todos en mi clase estábamos nerviosos por esa noche, la noche para pegar
sustos y tirar huevos a las casa de los tacaños que no nos daban chuches, la
noche de las bromas, la noche de Halloween. Hasta el mas aburrido de la clase
lo comentaba; todos nos íbamos a disfrazar de algo, yo me iba a disfrazar de
diva del pop, ese disfraz para mí era mi salvación porque en mi clase me
gustaba un chico llamado Roy, era moreno con ojos claros, no era muy
estudioso pero era agradable y simpático, era un buen chico; yo no hablaba
mucho pero cuando nos mirábamos me sacaba los colores.
Unos amigos y yo habíamos quedado para irnos juntos a pedir chuches, entre
esos amigos estaba Roy. Por fin salimos del colegio, yo estaba impaciente por
que llegara la noche, tenía unas ganas enormes por ver a Roy de nuevo. Esa
tarde se me hacía larguísima, estaba tan aburrida que justo cuando me iba a
caer del sofá de lo sopa que me había quedado oigo a mi hermana gritarme en
el oído:- ¡Paula despierta! Fue horrible como me tembló el tímpano; mi hermana
Marta era mi hermana pequeña, era una bruja, una bruja cruel y despiadada
que lo rompía todo y hacía lo que podía para hacerme la vida imposible, pero
en el fondo la quería mucho.
Fui corriendo a mi cuarto a ponerme el disfraz y al acabar me quedaba perfecto
y estaba segura de que Roy se fijaría en mi; me estaba mirando en el espejo
cuando de repente se oyó el timbre, eran mis amigos, era genial: una noche
entera con Roy, era como un sueño. Al abrir la puerta todos estaban
disfrazados me fui con mis dos mejores amigas Julia y Sara que me estaban
esperando con otros cuatro chicos mas: Roy, Guillermo, Raúl y Andrés, también
estaba una amiga de la clase llamada Gema, no era tan buena amiga como
Julia, Sara y yo pero si éramos amigas.
Todos cogimos nuestras bicis o como en el caso de las niñas, los patines y nos
fuimos a un parque a las afueras del pueblo, casi siempre nos íbamos a pasar
el rato a una placita cerca de ese parque. Al llegar a ese desierto patio nos
sentamos algunos en los columpios y empezamos a contar historias de miedo,
después dimos unas vueltas por el patio y nos encontramos un camino mas
desierto aún, estaba todo oscuro, no se veía mucho, nos entró un poco de
miedo pero continuamos; tanto patinar me dejaría agujetas.
De repente se terminó el camino, no sabíamos que hacer pero poco antes de
irnos desapareció la niebla y vimos una gran mansión, vieja pero grande; todos
decían que parecía eso como en las historias de terror de las mansiones
encantadas, pero en primera persona, de repente vi una sombra reflejada en
una ventana pero me callé, Gema, al parecer también la vio pero no se calló, lo
dijo y todos menos yo se empezaron a reír y el mas gracioso como siempre,
Guillermo, para ver si era verdad lo de la sombra o no, se metió en la casa, no
tardó mucho en darse unas vueltas y justo en la puerta, cuando se iba a
empezar a burlar de Gema algo le cogió y se lo llevó dentro de la casa y tras
eso se cerró la puerta. Entonces nos asustamos de verdad yo empecé a gritar
con mis amigas, no sabíamos que hacer si salvar a Guillermo a salvarnos
nosotros, yo quise salvarle con Roy, Raúl, Sara y Julia, Gema no quiso porque
al parecer lo que había visto era mentira, en tono sarcástico pero yo le di a
elegir: O quedarse sola o entrar en la casa con nosotros, ella, por supuesto se
metió en la mansión con nosotros. Al entrar en la casa hacía mucho frío y todo
estaba lóbrego y oscuro, de repente vimos una luz subiendo las escaleras pero
antes de que llegáramos a subir la tercera escalera esa luz desapareció, no nos
quedaríamos esperando a otra señal de vida así que fuimos hacia donde se
había encendido la luz y nos encontramos con por lo menos diez habitaciones
enormes; estuvimos buscando una buena habitación y tras encontrarla dejamos
nuestras cosas y nos fuimos a buscar a nuestro amigo. Mientras caminábamos
se oían gritos fuertes y tenebrosos, lo único que encontramos fue la linterna de
Guillermo junto a su gorra enfrente de unas escaleras que iban hacia bajo, de
ahí salían todos los gritos; teníamos tanto miedo que hasta no veíamos bien,
nos temblaban los ojos.
No teníamos mas remedio que bajar y abrir esa puerta, bajábamos de escalera
en escalera y por cada peldaño que dejábamos atrás mas miedo nos entraba y
mas ruidos se escuchaban. Al bajar todas las escaleras llegamos a la puerta
pero no se podía abrir, no sabíamos porque, entonces subimos las escaleras y
volvimos al largo pasillo; Julia y Gema tenían que ir al baño y tuvimos que ir a la
habitación en la que habíamos dejado nuestras mochilas, pero no estaban,
pensamos que a lo mejor nos habíamos equivocado, salimos de la habitación
pero no encontramos más alcobas, era como si todas las demás hubieran
desaparecido. Teníamos mucho miedo. Sara empezó a llorar y yo también
porque oímos un fuerte grito, el grito de Guillermo; estábamos tan asustados
que no podíamos hablar.
Julia y Gema fueron al baño, Sara y yo las acompañamos por si acaso; al llegar
al baño nos quedamos sorprendidas de lo grande que era, también tenía unas
puertas que daban a unos baños más pequeños, como si fueran baños
privados en otro mas grande. Gema, Julia y Sara se metieron en los baños
privados y yo me quedé fuera, en los lavabos, esperándolas. Pasó un rato largo
y no salían así que me fui yo sola a la habitación, tenía tanto miedo que fui
corriendo al cuarto, al llegar no estaban ni Roy ni Raúl, entonces fui corriendo al
baño y busqué a las chicas pero tampoco estaban, ahora si que estaba
aterrada, yo sola en esa casa fantasmal.
No sabía que hacer y de repente oí un ruido, no era ningún grito sino pasos;
eran pasos lentos y largos que se oían cada vez mas cerca, pensaba que iba a
morir del susto o devorada por un monstruo, no lo sabía, pero iba en camino del
susto y entonces lo vi, vi al monstruo, era un ser feo con colmillos largos y
afilados; era mi fin, cerré los ojos y conté hasta quince, después de contar oí
unas risas, abrí los ojos y todos mis amigos se estaban riendo, el monstruo, al
parecer, era la antigua dueña de la casa, Clara; todos se estaban partiendo de
la risa, por lo visto era una pequeña broma de la mujer; como todos los años, a
Clara se le acababan los caramelos porque su nieta Rossi los encontraba dos
días antes y como la anciana estaba harta de gastarse dinero decidió dar un
escarmiento a lo niños que le tiraban huevos a sus ventanas. Clara se ofreció a
acompañarnos a casa en su coche y explicarles a nuestros padres lo que
supuso que llegáramos tan tarde. Aunque nuestros padres nos castigaron a
todos, conseguimos pasar una noche muy divertida. Pero lo mejor de todo fue
que Roy me pidió salir la semana después. Fue un Halloween inolvidable.

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