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Tesis # 6 Naturaleza y Causalidad Filosofía de la Naturaleza

Conceptos Fundamentales:
Naturaleza: El sustantivo «naturaleza» tiene dos sentidos principales: por una parte, designa
«la naturaleza de algo» (es lo que denominaremos sentido metafísico), y por otra, indica «la
Naturaleza» como el conjunto de los seres físicos (lo denominaremos sentido físico).
Causalidad: Expectativa de que ciertos hechos sean sucedidos por otros. De modo general, el
principio de causalidad afirma que todo lo que existe debe tener una causa proporcionada que
explique su existencia.
Tesis:
Autores-Problemática

Aristóteles
Para Aristóteles, la ciencia es conocimiento cierto por medio de causas. La ciencia rigurosa
busca unos conocimientos universales y necesarios que se obtienen cuando conocemos las
causas propias. Explicar algo consiste en determinar las causas de su existencia, de su modo de
ser y de su actividad. Aristóteles distingue entre:
• Las ciencias particulares que estudian los modos concretos de ser. Se diferencian entre sí
en función de su objeto y de la perspectiva que adoptan.
• Y la metafísica que estudia el ser de las cosas, llegando a conocimientos universales y
necesarios que se refieren a las causas últimas de todo lo que existe. Estudia, por tanto, los
principios que son comunes a todas las ciencias particulares, como por ejemplo el principio
de no contradicción.
La demostración perfecta, según Aristóteles, parte de principios evidentes y se estructura a
través de un razonamiento silogístico. El valor de las conclusiones del razonamiento dependerá
del tipo de silogismo que se utilice.
Los principios que sirven como punto de partida de la demostración se obtienen por inducción
a partir de la experiencia. La inducción es un procedimiento por el que se pasa de casos
particulares a ideas generales. Mientras que la deducción es el procedimiento inverso que va de
lo más general a las consecuencias particulares.
El método científico aristotélico consiste en obtener principios generales mediante inducción a
partir de la experiencia. Luego, mediante razonamientos lógicos, esos principios se utilizan
como premisas para deducir enunciados acerca de los objetos que se intenta explicar. De este
modo se obtienen las explicaciones causales que constituyen las demostraciones científicas.
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Para Aristóteles los entes individuales y particulares son la única realidad completa y el
verdadero conocimiento se obtiene a través de la intuición y de la experiencia. Lo real no son
las ideas ni las formas sino los individuos.
En el primer libro de su Metafísica, Aristóteles analiza lo que los filósofos anteriores han dicho
sobre las causas, y expone su doctrina de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. Se
trata de una doctrina enormemente influyente que continúa utilizándose porque recoge las
modalidades básicas de la causalidad. Aristóteles encuentra un tratamiento de las primeras tres
causas en sus predecesores, y considera como un timbre de gloria haber profundizado de modo
original en el cuarto tipo, la causa final.
Las causas material y formal son intrínsecas, porque son la materia y la forma que constituyen
los seres naturales. En cambio, las causas eficiente y final son extrínsecas, porque no se refieren
al ser mismo de las entidades naturales, sino al agente que produce un proceso y al fin que guía
su acción.
Causa material es aquello a partir de lo cual algo se hace, y que permanece intrínseco a la cosa
hecha. Se trata de la madera de una puerta, el vidrio de un ventanal, etc. Se habla de materia
segunda cuando la causa material son substancias que sólo cambian accidentalmente. En
cambio, se habla de materia prima para designar la materialidad común a todo lo natural, que
puede considerarse como una especie de substrato de todo cambio, también del cambio
substancial.
Causa formal es aquello por lo que algo tiene un determinado modo de ser. Es la forma
accidental o modo de ser accidental que cambia en los cambios accidentales, o la forma
substancial que expresa el modo de ser de las substancias y que no cambia en los cambios
accidentales. Los diferentes accidentes son modos de ser accidentales y, por tanto, se pueden
expresar como formas accidentales; en cambio, lo que suele llamarse forma en el lenguaje
ordinario corresponde a la forma y la figura a que nos hemos referido al hablar de la cuarta
especie de la cualidad en la filosofía aristotélica.
Causa eficiente es aquella de la que brota una acción que influye en el ser o en el hacerse de
otra cosa. Esta es la acepción más común del término «causa» en el lenguaje ordinario. Se
trata, por ejemplo, de la acción de golpear algo provocando su desplazamiento. Las causas
eficientes son agentes o sujetos de las acciones. Y causa final es aquello en vistas a lo cual algo
se hace. Se trata del objetivo o meta que el agente busca, de modo consciente o inconsciente, al
actuar.
La causa eficiente es una de las cuatro causas aristotélicas: la material y la formal constituyen
instrínsecamente los seres, la eficiente produce el movimiento, y la final señala su dirección.
Aristóteles resume su doctrina con estas palabras: “Se llama causa, en un primer sentido, la
materia inmanente de la que algo se hace; por ejemplo, el bronce es causa de la estatua, y la
plata, de la copa, y también los géneros de estas cosas. En otro sentido, es causa la especie y el
modelo; y éste es el enunciado de la esencia y sus géneros (por ejemplo, de la octava musical, la
relación de dos a uno, y, en suma, el número) y las partes que hay en el enunciado. Además,
aquello de donde procede el principio primero del cambio o de la quietud; por ejemplo, el que
aconsejó es causa de la acción, y el padre es causa del hijo, y, en suma, el agente, de lo que es
hecho, y lo que pro- duce el cambio, de lo que lo sufre. Además, lo que es como el fin; y esto es
aquello para lo que algo se hace, por ejemplo, del pasear es causa la salud. ¿Por qué, en efecto,
se pasea? Decimos: para estar sano. Y, habiendo dicho así, creemos haber dado la causa. Y
cuantas cosas, siendo otro el motor, se hacen entre el comienzo y el fin; por ejemplo, de la salud
es causa el adelgazamiento, o la purga, o las medicinas, o los instrumentos del médico. Pues
todas estas cosas son por causa del fin, y se diferencian entre sí porque unas son instrumentos,
y otras, obras”.

David Hume
Para Hume la noción de causalidad se reduce a la impresión de anticipación que surge de haber
experimentado repetidas veces un hecho que es seguido de otro. Ej: Los relámpagos preceden
a los truenos, o los virus producen enfermedades. Según Hume no es posible probar la
conexión necesaria entre la causa y el efecto.
Hume se da cuenta de que carecemos de impresiones de lo que sucederá en el futuro. Y que la
ciencia carece de certeza en relación a lo que sucederá en el futuro. Es imposible que la mente
halle el efecto de la supuesta causa ya que la experiencia es el fundamento de nuestras
conclusiones.
De acuerdo con estos planteamientos Hume está convencido que no podemos conocer nada de
la naturaleza con anterioridad a la experimentación y que todo lo que podemos decir, pensar o
predecir de la naturaleza debe venir de la experiencia previa, lo que lleva a la necesidad de la
inducción.
Escepticismo de Hume
Hume sostenía que si bien podemos anticipar hechos que suceden en una secuencia no es
posible probar la existencia de una conexión necesaria entre ellos. Se trata de un escepticismo
moderado. En lugar de la certeza se coloca la probabilidad.
Pero, ¿qué sucede entonces con la ciencia que intenta explicar el mundo a través de esta
noción?

Emmanuel Kant
La tarea de conciliar el escepticismo de Hume con la subjetividad de Descartes y hacer que el
mundo sea un lugar seguro para el conocimiento fue asumida por Kant.
Según Kant todos compartimos ciertas estructuras para comprender el mundo que son reales
en cuanto existen en el contexto real de nuestras mentes.
Estableció una relación diferente entre la mente y la realidad. Los filósofos anteriores trataron a
la mente como un contemplador pasivo.
A diferencia de Hume el conocimiento científico de la naturaleza es universal y necesario, no
simplemente probable. Pero se trata de una universalidad y una necesidad dentro del mundo
de los fenómenos. No importa si existe o no en el mundo en sí, ya que no podemos conocer lo
que está más allá de nuestra mente.
Cabe recordar que Kant se pregunta si es posible concebir la metafísica como una ciencia. Y
para eso clasifica los juicios en los que destaca aquellos que se pueden utilizar para hacer
ciencia. Veamos:
Los juicios analíticos: Ej: “Los calvos han perdido el pelo” El predicado se encuentra contenido
en el sujeto. Estos juicios no aumentan nuestro conocimiento.
Los juicios sintéticos: El predicado no está incluido en el sujeto. Y si aumentan nuestro
conocimiento. Ej: “El calvo lleva puesto una peluca”.
Además, los juicios pueden ser a priori (anterior a nuestra experiencia) y a posteriori
(posteriores a nuestra experiencia). Normalmente los juicios analíticos son a priori y los
sintéticos son a posteriori. En los juicios analíticos a priori no necesito la experiencia y el
principio de no contradicción es suficiente para determinar la veracidad de este juicio.
En los juicios a posteriori si necesitamos recurrir a la experiencia para saber si son correctos o
no. Kant cree que los juicios propios de la ciencia deberían aumentar nuestro conocimiento
como los sintéticos. ¿Pero cómo comprobar cada juicio sintético a través de la experiencia
sabiendo que la ciencia se caracteriza por ser un saber universal y necesario que no admite
excepción alguna?
Kant soluciona esta dificultad planteando que los juicios de la ciencia deben ser sintéticos y a
priori. De este modo aumentarían nuestros conocimientos y no habría que acudir a la
experiencia. Kant pone este ejemplo: “La línea recta es la distancia más corta entre dos
puntos”. Es sintético porque el predicado no está contenido en el sujeto, aumenta nuestro
conocimiento y a priori porque no necesitamos de la experiencia para saber que es verdad.
Kant se percata entonces que la metafísica es imposible como ciencia. Aunque es inevitable
como tendencia por lo que es normal querer saber cosas que están más allá de los límites de
nuestra razón.
Kant intentó formular una síntesis del racionalismo y del empirismo. Consideró que la
mecánica newtoniana tenía un valor definitivo y pretendió justificar filosóficamente su validez.
Las características del espacio y tiempo absolutos de Newton fueron elevadas por Kant al nivel
de condiciones de posibilidad de todo conocimiento sensible y la nueva física fue considerada
como el modelo de hacer ciencia. Un modelo que cumplía con la universalidad y necesidad
exigidas por la ciencia clásica.
La síntesis kantiana es más bien una yuxtaposición poco satisfactoria de lo racional y de lo
empírico. Se encuentra condicionada por un deseo racionalizador cartesiano y fascinada por la
mecánica newtoniana, dejando poco espacio al estudio real de la ciencia.

Solución o salida

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