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Constelación de Andrómeda, a mano izquierda, donde

hay un reguero de estrellas, ahí me encuentras". Así,


entre misterios y fantasías, Jairo Aníbal Niño no teme
revelar el lugar donde vive.

Allí, en el Valle de Tenjo donde siembra la tierra, vuela,


cocina para sus hijos y amigos y donde recibe los cuentos
que tocan a su puerta, el escritor nacido en Moniquirá,
Boyacá, pasa sus días como todo un niño.

Su ternura insaciable y contagiante la conocieron ayer los


estudiantes de la Universidad Javeriana, donde ofreció un
taller para jóvenes escritores durante el V Festival de la
Palabra.

El niño, de Niño, le abrió su amoroso corazón a El Pais:

¿Se considera un niño?


Para mi fortuna soy un niño y no soy tan pendejo de
envejecer.

¿Cómo llegó a ser niño?


Fui un niño deseado. Los Náualth hablaban de los niños y
niñas como el deseado o la deseada. Nací en septiembre,
fui engendrado y concebido en diciembre durante las
fiestas del pueblo. Es bueno entrar a la vida por la puerta
de la fiesta, que es lo que salva el espíritu de los seres
humanos. El abrazo, el beso, el amor, la libertad son una
fiesta.
Tengo el honor de haber sido expulsado
del colegio y luego de la universidad, lo
que quiere decir que el sistema no es tan
tonto, tiene rasgos de inteligencia.Jairo Aníbal
Niño
¿Qué añora de su niñez en Moniquirá?
Fui libre como un pájaro. Me encontré con los libros y
aprendí a leer en Las Mil y Una Noches a los 5 años. Ese
libro llegó a casa gracias a 'Simbad el Marino' (así llama
el autor a un desconocido que su padre llevó a casa a
cenar). Como 'Simbad', fugitivos, poetas, bandidos o
locos, compartieron en la mesa de mi casa, luego de
descender con cara de desolación de la chiva que todos
los días llegaba al pueblo a las 5:00 p.m. Las Mil y Una
Noches fue el agradecimiento de ese 'Simbad'.

También recuerdo a los gitanos, que me regalaron el


amor y nos acostaban a mí y a mis hermanitos sobre
unos cojines para mirar el cielo a través de las lonas de
las carpas.

Y los aviadores. En mi corazón está la historia del vuelo,


desde la de los hombres pájaros hasta las expresiones
maravillosas de la sabiduría humana, como el avión DC-
3.

¿Por qué le gusta el DC-3?


Porque soy un pájaro. Siempre supe que tenemos alas,
que son reales, que estamos con los pies al borde del
planeta y que debemos levantar los ojos para ver el
universo.

Además de la imaginación, ¿qué más se necesita


para volar?
El corazón, la aceptación de tu condición como ser
humano.

Usted fue ayudante de camión, aprendiz de


mago y marinero, ¿qué aprendió de cada
oficio?
Fui aprendiz de mago y recibí del mundo su sabiduría y
ver como ella surge en todas partes. Viajar en camión fue
ver cómo un conductor cantaba canciones en celta. Y el
regalo de Dios fue ser marinero. Navegar te enseña a
descubrir el mar que tienes por dentro.

¿Cómo desembarcó en la literatura?


No escogí la literatura, ella me escogió a mí y fui fiel al
llamado. Desde el vientre materno invento cuentos y
luego florecieron los libros, como los hijos, un proceso
natural del amor. Y uno aspira que sean amados.

Defina la alegría de querer...


La alegría de querer es indefinible. Lo que se define es
espantoso, lo que se puede definir no tiene ningún
esplendor porque lo importante de la vida, lo más
hermoso es un misterio y es un milagro.
Aún donde la guerra infame parece
golpear las flores de la vida, allí hay un
poeta, siempre.Jairo Aníbal Niño
Sus textos han sido traducidos al inglés, francés,
alemán, portugués, finlandés, eslovaco y
chino. ¿Siente temor de que sus ideas sufran
variaciones?
La relación con el traductor tiene que ser amorosa y de
confianza. En idiomas como el chino uno tiene que hacer
un acto de fe para aceptar que eso es de uno.

¿Qué traducción lo ha conmovido?


La traducción al braille. Los ciegos son maravillosos, me
enseñaron a ver. Aprendí a acariciar las palabras y supe
que cuando mis dedos pasaban por la palabra río las
yemas de los dedos se mojaban y cuando pasaban por la
palabra rosa, las yemas de mis dedos quedaban
perfumadas.

¿Cómo trabaja 99 horas al día?


El tiempo no se mide, se asume, es el tiempo de tu
corazón. Todos los días yo renazco. No sé quién soy, de
pronto amanezco caballo, colibrí, vagabundo, loco, pero
soy leal a ese llamado de mi corazón.

Háblenos de un día en el Valle de Tenjo


Todos los días invento el mundo, es otra vez el génesis,
aparecen los pájaros, la mar, y los caballos y todos los
días es el reconocimiento de ese mundo que nos rodea.
La serenidad de los campesinos es un regalo.

¿Por qué su obra le gusta a los adultos?


Ellos saben que lo que surge del mundo de la infancia es
lo que salva la especie humana en su conjunto. En uno
de mis libros digo que "un buen viejo es un niño que ha
vivido el tiempo suficiente para recordarlo".

¿Quiénes integran su familia?


Mi esposa Irene, mis hijos Paula, Alejandra y Santiago,
mis perros, mis gatos, una tribu masai en el Africa, unos
marineros locos de Sansibar, unos vagabundos que
encuentras con frecuencia en el Zócalo de Ciudad de
México, unos pájaros, unas ballenas que me cantan esté
donde esté y las ardillas de Cali que ayer salieron a
saludarme.

¿Cómo conservarse niño?


Escucha tu corazón, no caigas en la trampa del poder ni
del dinero, que es como el cómplice horripilante del
poder. Cree en la libertad, en la vida, en la dignidad de los
seres humanos.

¿Viene algún libro en camino?


De pronto estoy sentado en mi casa, escucho golpes en
la puerta y digo ¿quién es?, y al otro lado de la puerta hay
una vocecita que me dice: Un cuento. Yo me levanto,
abro la puerta y ahí está el cuento. Él me mira a los ojos y
me dice: Qué hubo hermano y yo le digo: Qué hubo
cuento, pase y él me cuenta el cuento y yo se los cuento
a mis amigos.

Antes de decirle adiós a este niño de 62 años, con


picardía y sutileza me susurró al oído como a todos sus
amigos: "Tú no te vas, te quedas en mi
corazón".