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Ayuno

1. Naturaleza
a. Acto virtuoso de efectos excelentes
• San Pablo enumera el ayuno entre los actos virtuosos cuando dice: “En
ayunos, en ciencia, en castidad”, etc. (2 Cor 6, 5-6). (Suma de Teología, II-II, q.
147, a. 1).
• Cuando un acto está racionalmente ordenado a un bien honesto, es virtuoso.
Esta condición se cumple en el ayuno, que se practica por tres fines:
• Primero, para calmar la concupiscencia de la carne, como se prueba por el
texto de san Pablo “en ayunos, en castidad”, pues por el ayuno se conserva la
castidad, como lo expuso san Jerónimo: “Sin Ceres y Baco se amansa Venus”.
Es decir, por la abstinencia de comida y bebida se calma la lujuria.
• Segundo, para elevarse a la contemplación de verdades superiores. Daniel
nos dice que, después de ayunar tres semanas, recibió la revelación de Dios
(Dn 10, 3).
• Tercero, para satisfacer por los pecados. Así dice Joel (2, 12): “Convertíos a mí
de todo corazón, con ayunos, llanto y lágrimas”.
• Esto es lo que san Agustín dice en el Sermón “De la oración y el
ayuno” (Sermones, 73): “El ayuno purifica el alma, eleva el espíritu, sujeta la
carne al espíritu, da al corazón contracción y humildad, disipa las tinieblas de
la concupiscencia, extingue los ardores del placer, enciende la luz de la
castidad”. Luego el ayuno es acto de virtud. (Suma de Teología, II-II, q. 147, a.
1).
b. Es acto de la virtud de la abstinencia
• El acto y el hábito tienen la misma materia. Luego todo acto virtuoso sobre
una determinada materia pertenece a la virtud que regula el justo medio en
dicha materia. Como el ayuno tiene por materia la comida, cuyo justo medio
señala la abstinencia, hemos de concluir que el ayuno es acto de la virtud de
la abstinencia. (Suma de Teología, II-II, q. 147, a. 2).
2. Obligatoriedad: de ley natural y eclesial
• El ayuno es un medio útil para borrar y reprimir la culpa y para elevar la
mente a las cosas espirituales. Y como la misma razón natural exige a cada
uno la moderación suficiente en los ayunos para poder alcanzar esos fines, el

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ayuno viene a ser en forma genérica un precepto de la ley natural. Pero la
determinación del tiempo y modo de ayunar, conforme a las conveniencias y
utilidad del pueblo cristiano, es objeto del precepto positivo instituido por los
prelados de la Iglesia. Éste es el ayuno eclesiástico; el otro, el ayuno natural.
(Suma de Teología, II-II, q. 147, a. 4).

Gula

1. Naturaleza
a. Noción
• La gula consiste propiamente en el placer desordenado de la comida y bebida
(Suma de Teología, II-II, q. 148, a. 6).
b. Manifestaciones
• La gula implica el apetito desordenado de comer. En la comida podemos
considerar dos cosas: el manjar que se toma y el acto de tomarlo. Las dos
cosas pueden originar desorden en la concupiscencia.
• Por parte del manjar, en cuanto a la sustancia o especie del mismo, lo deseamos
valioso, estimable: en cuanto a la calidad, exigimos una preparación
exclusivamente esmerada; en cuanto a la cantidad, superamos el límite
racional.
• Por parte del modo o acto de tomarlo: o se puede adelantar el tiempo debido de
comer, lo cual es hacerlo antes; o se puede comer sin el modo debido, lo cual
es hacerlo ardientemente. (Suma de Teología, II-II, q. 148, a. 4).
2. Moralidad
a. Es pecado
• No llamamos gula a cualquier apetito de comer o beber, sino al apetito
desordenado, es decir, el que se aparta de la norma racional, en que radica el
bien de la virtud moral. Pero el oponerse a la virtud es pecado; luego, la gula
es pecado. (Suma de Teología, II-II, q. 148, a. 1).
b. Pecado mortal o venial
• Si el desorden cometido por la gula nos aparta del fin último, es pecado
mortal. Es el caso de quien pone en este placer su fin último, y está dispuesto

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a despreciar el verdadero fin último, que es Dios, y traspasar sus
mandamientos, con tal de conseguir este placer. Si el apetito de placer nos
lleva a excesos, pero sin alcanzar la magnitud del fin último, es pecado venial.
(Suma de Teología, II-II, q. 148, a. 2).
c. Pecado capital
• Vicio capital es aquel del que nacen otros vicios como causa final de los
mismos, en cuanto tiene un fin tan apetecible que por su deseo, son
provocados los hombres de muchas maneras a pecar. Ahora bien, un fin se
hace muy apetecible en cuanto tiene alguna de las condiciones de la felicidad,
que es naturalmente apetecible. Pertenece, en efecto, al concepto de felicidad
la delectación, como dice Aristóteles (Ética nicomáquea, Libro I y X, c. 7). Y
como el vicio de la gula se refiere a los placeres del tacto, que son los
principales placeres, se cuenta entre los vicios capitales. (Suma de Teología, II-
II, q. 148, a. 5).

Fuente de información:
José A. Martínez Puche, O. P. (2004). Diccionario teológico de santo Tomás: Textos de la
“Suma” por orden alfabético. Madrid. Edibesa.

El ayuno en el Catecismo

1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no


mira, en primer lugar, a las obras exteriores “el saco y la ceniza”, los ayunos y las
mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de
penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior
impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de
penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6.16-18).

1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La
Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna
(cf. Tb 12, 8; Mt 6, 1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con
relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el

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Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los
esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la
preocupación por la salvación del prójimo (cf St 5, 20), la intercesión de los santos y la
práctica de la caridad “que cubre multitud de pecados” (1 P 4, 8).

2043 El cuarto mandamiento («abstenerse de comer carne y ayunar  en los días


establecidos por la Iglesia») asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos
preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y
la libertad del corazón (cf. CIC can. 1249-1251; CCEO can. 882).

Código de Derecho Canónico

Promulgado por la Autoridad de Juan Pablo II, Papa. Enero de 1983.

1249 Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer
penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de
penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de
manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí
mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo,
observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

1250 En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y
el tiempo de cuaresma.

1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la
abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia
Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a
todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden
sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un
auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están
obligados al ayuno o a la abstinencia.

1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar
el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de
penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

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