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* “Cuando el conocimiento secunda al deseo de la carne carga con la riqueza, la vanagloria, el adorno, el bienestar del cuerpo; se ata a la sabiduria racional que se adapta al gobierno del mundo y no cesa de inventar, de renovar las téenicas y las ciencias; produce todo lo que corona el cuerpo en este mundo visible” (san Isaac de Ninive, Discursos ascéticos, 63). 2. Patologia del deseo y del gozo 4) La desviacién del deseo y la perversion del gozo + El hombre ha sido creado para unirse a Dios. La facultad de deseo (concupiscible) (epithymia, dynamis) ha sido puesta en su naturaleza para que pueda desear a Dios, tender y elevarse hacia Ey unirse a El (cf. san Maximo el Confesor; Teodoreto de Ciro). + Este es para él el uso normal de esta facultad, conforme a su naturaleza, y que contribuye a constituir su salud. + “Elojo ha sido creado para la luz, el oido para el sonido, toda cosa para su fin, y el deseo del alma para lanzarse hacia Cristo”, (san Nicolis Cabasilas, La vida en Cristo, 11, 90). + “Elcolmo de lo deseable es llegar a ser Dios”. (Basilio de Cesarea, Sobre el Espiritu Santo, 1X, 29). + A todo deseo esté ligado un placer; de la orientacién natural de su deseo hacia Dios, el hombre recibe una intensa felicidad espiritual. + Este “placer (edoné) divino y bienaventurado (Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, 5; san Maximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, escolio 22, llama asi mismo edoné a “la dicha del alma a propésito de la virtud" ) + constituye para el hombre la alegria mas alta porque de su participacién en la vida de Dios infinito, el hombre saca una alegria infinita. + Es lo que Cristo llama “la alegria perfecta” (Jn 15, 11) que no podria alcanzar de ninguna otra manera, porque aparte de Dios, que es infinito, todo lo demés no aportaria més que un goce parcial y limitado. 31 de 48 + También san Maximo el Confesor nota: “No hay mds que una sola felicidad, la vida comin del alma con el Verbo”; “el tinico placer es el acceso a las cosas divinas” + Adan, en su estado original que, —recordémoslo, constituye para toda la humanidad su estado normal— no deseaba nada mas que a Dios, + “orientaba hacia él toda su potencia de amar” (san Maximo el Confesor, Ambigua a Juan, 45) y no recibia sino de El todo placer, toda alegria, toda felicidad. * Dios era para el hombre la fuente tinica de alegria. “No encontraba sus delicias sino en el Sefior” dice san Gregorio de Nisa. + No gozaba, en el paraiso, de bienes mezelados, precisa en otra parte, sino que “el beneficio tinico de la felicidad concedida [al hombre era], el verdadero Bien en si mismo” (san Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 4, 8 y La creacién del hombre, XIX y XX). + Dicho de otro modo, el hombre en su estado primordial no conocia ningiin placer sensible. “Dios el Verbo, que ha creado la naturaleza de los hombres, no ha fundado con ella el placer sensible”, hace notar san Maximo (Cuestiones a Talasio, 61). + Eldiablo, envidioso de la alegria espiritual a la cual el hombre estaba destinado, + Ie sugirié entonces apartar de Dios su deseo y orientarlo en una direccién contra la cual Dios, por el mandato que le habia dado, lo habia puesto en guardia. + (Este rasgo es subrayado muchas veces por los Padres de la Iglesia. Cf. por ejemplo san Maximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prologo; Gregorio de Nisa, Discurso catequético, 6). + “El diablo por un engafo, persuadié al hombre para que transfiriera el deseo de su alma de lo que le estaba permitido a lo que le estaba prohibido y se volviera hacia la transgresién del mandamiento divino” (san Maximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, 90).. + El hombre fue tentado por la serpiente a gozar de ottos placeres para él todavia desconocidos, peto mas inmediata y ficilmente accesibles (cf. Atanasio de Alejandria, Discurso contra los paganos, 3) que los goces espirituales hacia los cuales su naturaleza lo hacia tender, + pero a los cuales no accedia atin sino parcialmente, su posesién perfecta debia ser obtenida al término de su crecimiento espiritual. + Estos placeres que el Maligno proponia al hombre estaban ligados al deseo de las realidades sensibles que el hombre, en su estado primero, ignoraba como tales. 32 de 48 + Adan estaba destinado a gozar de las realidades sensibles en si mismas (ef. Gn 2, 16; Macario de Egipto, Homilia, coleccién Il, XIII, 1) pero a gozarlas espiritualmente, es decir en Dios, por medio de sus “razones” espirituales, de sus Jogoi. + Esasi como al deseo y al placer espirituales conformes a su naturaleza ha sustituido un deseo y un placer carnales contra la naturaleza. + “Un placer introducido por engafio fue el comienzo de la decadencia”, escribe san Gregorio de Nisa (Tratado de la virginidad, XI, 4): + Y san Cirilo de Escitépolis “a la belleza inteligible, Adan prefirié lo que aparecia como deleitable a sus ojos carnales” (Vida de san Sabas, 3). + Explicando este proceso, san Maximo el Confesor constata: “E! deseo, por la dulzura del placer de los sentidos, aparta el espiritu de la percepcién divina de los imteligibles que le es connatural” (Comentario al Padrenuestro, PG 90). + “Los hombres descuidan las realidades superiores y, lentos para percibirlas, buscarén mds bien aquellas que estén mas préximas de ellos. + Ahora bien, lo que estd mds préximo es el cuerpo y los sentidos: asi apartaron su espiritu de los inteligibles y se pusieron a considerarse a si mismos. Se consideran a si mismos, se apegan a sus cuerpos y a las otras cosas sensibles, engahindose, por asi decir, en su propia causa, llegardn a desearse a si mismos, prefiriendo su bien propio a la contemplacién de las realidades divinas” (san Atanasio de Alejandria, Discurso contra los paganos, 3). + Esta desviacién del deseo innato de Dios, esta conversién de la “potencia concupiscible” del hombre hacia la realidad sensible considerada en si misma, + constituye una perversién, algo desnaturalizado o una enfermedad de esta facultad que afecta, ya lo veremos, toda la naturaleza del hombre (cf. Juan Damasceno, Discurso ttl al alma; Nicetas Stéthatos, Centurias, 1, 15; 16). + Correlativamente, el placer sensible aparece como 33 de 48 + “la energia del alma contra la naturaleza no puede tener otro origen para formarse que la dimisién del alma, cuando ella se descarga de todas las cosas segiin la naturaleza” (san Maximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prologo y 58; cf. Dionisio Areopagita, Sobre los nombres divinos, IV, 16). Es por esto que los Padres hablan frecuentemente de la “enfermedad del placer” y consideran el amor del placer, filedonia, como una de las primeras y mas importantes enfermedades espirituales del hombre caido. + (Hallamos el amor al placer considerado explicitamente con una enfermedad en Apotegmas de los Padres, XV, 136; Doroteo de Gaza, Insirucciones espirituales, XI, 113; Cartas, 7, 192; san Maximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 44; 70; Juan Damasceno, Discurso titil al alma; Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 22). Podemos preguntarnos aqui cual es la causa primera de la caida del hombre: + sies porque el hombre orienté su deseo hacia la realidad sensible que ha ignorado a Dios, 0 si después de haber ignorado a Dios se volvié hacia ella. + Los Padres se inclinan por la primera solucién, subrayando la inmadurez y el estado de infancia del hombre en el Paraiso, que cedié a la sugestién del Maligno para apropiarse de los “bienes” mas fécil e inmediatamente accesibles para él. Pero es igualmente posible insistir sobre el otro punto de vista. Hay una interaccién de las dos causas, una dialéctica que san Maximo evoca en ese otro pasaje que describe e! proceso de la caida, donde se ve que el deseo de lo sensible y de su goce por una parte, y la ignorancia de Dios por otra parte (pero igualmente ese mismo deseo y la filautia), se actecientan correlativamente, se condicionan reciprocamente y se refuerzan mutuamente: Las miltiples formas de deseo por las cuales el hombre caido busca de diversas maneras obtener el placer sensible, al cual en adelante dedica su existencia, + pero también los medios que utiliza psicolégica y fisicamente para alejar el dolor, tanto fisico como psiquico que estén vinculados a aquel (al placer sensible), constituyen las pasiones, las cuales aparecen como invenciones de! hombre para responder a sus nuevas necesidades. | —> EN 104 6 20-25 34 de 48 * “Buscando obtener el placer y evitar el sufrimiento, impulsado por la filautia, el hombre inventa formas miltiples e innumerables de pasiones corruptoras”, esctibe san Maximo el Confesor, quien dice mas adelante: + “Los vicios se presentan bajo formas miltiples y variadas segiin el lazo de cada uno con la naturaleza humana (...). Obligan al hombre, sujeto al deseo del goce y al miedo al sufrimiento, a servirlo y a inventar numerosas formas de pasiones siguiendo las posibilidades ofrecidas por las circunstancias y los medios” (san Maximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prologo: cf. Marcos el Monje, La ley espiritual, 102; Juan Damasceno, Discurso til al alma; Teognosto, Sobre la accién y la contemplacién, 4). b) Economia del deseo + Los deseos espirituales, convergiendo en el deseo de Dios y los deseos sensibles, “carnales”, no constituyen como se podria creer a primera vista, dos formas de deseos diferentes por su fuente: el hombre dispone en su ser de una potencia tinica de deseo (epithymia, epithymetikon, epithymetike, dynamis). + Los deseos sensibles que aparecen en el hombre caido y pecador, no son otra cosa, en su naturaleza profunda, que ese mismo deseo que, desviado de su fin divino normal, se orient6 contra la naturaleza y se re-ocupé (encontré una nueva ocupacién) en la realidad sensible, dividiéndose en su multiplicidad. + Elplacer sensible que el hombre obtiene por ellos (los deseos por las cosas) no es sino un simulacro y una falsificacién del gozo espiritual y del verdadero bien. + “Niel amor ni la alegria pueden ser excitados por los bienes de este mundo, que no son sino falsas imitaciones; lo que parece bueno no es més que un simulacro de bien”, escribe Nicolis Cabasilas, La vida en Cristo, Il, 91. + Una multiplicidad de ensefianzas patristicas apoyan esta concepeién. La relacién con la came, escribe san Maximo el Confesor, “divide el amor que debemos solamente a Dios". + Origenes, indicando las dos direcciones divergentes que puede tomar la tinica facultad erdtica que estd en el hombre, escribe con més precisién: + “Uno de los movimientos del alma es el amor. Lo usamos bien, cuando amamos la sabiduria y la verdad; pero cuando nuestro amor desciende a cosas menos buenas, lo gue amamos es la carne y la sangre” (Origenes de Alejandria, Homilias sobre el Cantar de los cantares, 1, 1. Cf. Homilias sobre el Génesis, 1,17). 35 de 48 + Una caracteristica esencial de la facultad de deseo, que testimonia que el deseo del hombre es fundamentalmente tnico, es que ella no podria dividirse entre Dios y la realidad sensible. + “Un mismo corazén no puede abarcar muchas pasiones. Una pasién descarta la otra, y estando dividido, se vuelve mas débil: la pasién dominante atrae todo hacia si” (san Juan Criséstomo, Comentario a san Juan, 11, 5), + Yssan Isaac el Sirio afirma: “Nadie puede poseer juntos el amor de Dios y el deseo del mundo” (Isaae de Ninive, Discursos ascéticos, 4; cf. 44). + “Nuestra potencia de deseo no es de naturaleza tal que pueda servir al mismo tiempo a as voluptuosidades corporales y al matrimonio espiritual” (san Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2-3). + “El ojo, en efecto no tiene la capacidad de ver simulténeamente dos cosas, a menos que se aplique sucesiva y separadamente a cada uno de los objetos visibles; la lengua no puede estar al servicio de idiomas diferentes, pronunciando al mismo tiempo palabras hebreas y griegas; el oido no podré escuchar simulténeamente una serie de acontecimientos y una ensefianza didactica” (san Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2). + Conviene recordar aqui la ensefianza del mismo san Pablo: “La carne tiene deseos contrarios a los del Espiritu, y el Espiritu contrarios a los de la carne; son opuestos, de modo que ustedes no hacen lo que quieren” (Gal5, 17). + Puede aplicarse también a este contexto la palabra de Cristo: “Nadie puede servir a dos seftores, porque odiard a uno y amaré al otro; 0 se unird a uno y despreciaré al otro” (Mt 6, 24; Le 16, 13). + Asi, cuando el hombre mis desea y ama los objetos sensibles, menos desea y ama a Dios. + “gDe donde viene que nuestro amor por Jesucristo sea tan débil sino porque agotamos toda la fuerza de nuestra alma en vanas pasiones?” (san Juan Criséstomo, Comentario a san Juan, WV, 9). + Quien no desea a Dios, necesariamente desea los seres sensibles y ama el mundo: “Quien no sabe caminar en el camino espiritual (..), concentra todos sus esfuerzos en la carne”, afirma san Maximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, 1V, 65. + Inversamente, quien desea y ama a Dios verdaderamente, no podria desear ningiin objeto sensible ni experimentar deseos pasionales, porque coloca en El y en las realidades espirituales toda Ja potencia de su deseo. + “Caminen segiin el Espiritu y no cumpliran los deseos de la carne”, enseia el apéstol san Pablo (Gal 5, 16) y san Dididoco de Fétiee pregunta: + “En aquel que se alimenta del amor divino, :qué deseo de los bienes de este mundo quedard?” (Diidoco de Fétice, Cien capitulos gnésticos, 90). 36 de 48 + San Simeén el Nuevo Tedlogo, eseribe por su parte: “El alma unida a Dios por el amor no podré ser arrastrada por los placeres y los apetitos del ‘cuerpo, ni siquiera hacia ningtin otro deseo por algo visible 0 invisible, sea objeto, sea pasién, porque el dulce amor de Dios tiene ligado el impulso de su corazén, 0 para decirlo mejor, toda inclinacién de su voluntad, {Cémo podria ésta, una vez unida a su propio Creador, arder de fiebre por las cosas corporales, o realizar aunque fuera en algo sus propios deseos? De ninguna manera” (san Simeén el Nuevo Tedlogo, Catequesis, XXV, 109-121; cf. III, 175). ©) Patologia del deseo y del placer en el hombre caido ‘Al hablar del deseo pervertido del hombre eaido, san Basilio el Grande eserib Ia enfermedad del alma (epithymia nosos esti psykés)" (Basilio de Cesarea, Cartas, 366). + Al apartar su deseo de Dios, que es su fin propio y natural, para orientarlo a si mismo ¥ los seres sensibles y gozar de ellos fuera de Dios; e! hombre cambia indebidamente 5u uso, ya no lo dirige conforme a su naturaleza, obra contra la naturaleza (Cf. Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 2; 3). + Entregando a la sensibilidad su potencia natural de deseo, el hombre “se encontré orientado contrariamente a su naturaleza, hacia lo sensible, por el placer que obra en él”, explica san Maximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 61). Como lo explica san Maximo el Confesor: + “Entregado a las tinicas emociones de los sentidos, a ejemplo de las bestias desprovistas de inteligencia, el hombre alejado de la belleza espiritual y divina encuentra a través de la experiencia de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una ereacién que eleva al lugar de Dios porque responde mejor a las necesidades de sw cuerpo” (san Maximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, pr6logo). + El hombre se hace entonces de las realidades sensibles, una multitud de falsos dioses, idolos, que son de la naturaleza de sus deseos pervertidos y a su medida. En sus relaciones con las criaturas, el hombre ya no tiene a Dios en vistas, sino su propio placer, y + yano tiene por norma sino sus propios deseos sensibles. Ya no considera ni trata los seres en relacién a sus /ogoi, “sus razones espirituales”, sino en relacién al grado de su deseo respecto de ellos, y define su importancia y mide su valor segiin la intensidad de placer que puede extraer de ellos. 37 de 48