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La risa de Epicuro

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Epicuro (341-270a.C.)

CQué dice Epicuro? Los dioses no interfieren en


absoluto en la vida de los humanos, y no hay
mejor bien que la voluptuosidad. lEh, desdichado!
CMerecla la pena velar durante tantas noches para
escriblr esos hermosos libros? CNo hubiera sido
meior quedarse calentito en la cama, y llevar la
vlda de un gusano, puesto que es la única de la
que te sentfas dignoT

según Eplcteto,
Conversaclones,
Slglo I d.C.

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La risa de Epicuro

lvlarchand, Yan
La risa de Epicuro / Yan Marchand ; ilustrador Jéremi Fischer ;
traductora Ana Doblado. - Editor CésarAlberto Cardozo Tovar. - Bogotá Contado por
: Panamericana Editorial, 2014.
64 p. : 21 cm.
Yan Marchand
Título original: Le rire d'Épicure.
tsBN 978-958-30-441 6-8
1. Epicuro, 341-270 a. de J. C. - Crítica e interpretación 2. Epicuro,
Ilustrado por
- Pensamiento filosófico 3. Niños y filosofía
341-270 a. de J. C.
4. Epicurcismo 5. Filosofía - Enseñanza l. Fischer, Jéremie, il. ll. Doblado,
Jérémie Fischer
Ana, tr. lll. Cardozo Tovar, CésarA., ed. lV. Tít.
187 cd 21 ed.
41436680

CEP-Banco de la República Biblioteca Luis ÁngelArango

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Primera reimpresión, febrero de 2016
Primera edición en Panamericana Editorial Ltda.,
Editor
Panamericana Editorial Ltda.
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abril de 2014 Edición \r1y.'-,
@2012 Les petits Platons CésarA. Cardozo Tovar \,-\-- ¡lrf
Publicado originalmente con el título: Le rlre Traducción \É\,{.
0 Eprcure Ana Doblado
@ 2014 Panamericana Editorial Ltda. Concepción gráfica áf.-.n'¿ a
Calle 12 No. 34-30, Tel.: (57 1) 3649000 Yohanna Nguyen \.f\'f-
Fax: (57 1) 2373805
vvww. panamericanaeditorial.com
Bogotá D. C., Colombia

tsBN 978-958-30-441 6-8

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por cr-ralquier medio sin permiso del Editor.

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Calle 65 No 95-28, Tels.: (57 1)4302110 - 4300355
Fax: (57 1) 2763008
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Quien solo actúa como impresor. o R
lmpreso en Colombia - Printed in Colombia Colombia.México.Perú
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A los dioses se les llama bienaventurados porque
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sus días transcurren en interminables banquetes. Sus
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*' platos están llenos de ambrosía y sus copas rebosan

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de néctar. Relucientes vestidos cubren sus hermosos
cuerpos inmortales. Cuando no están bebiendo ni
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comiendo, permanecen tumbados en mullidas literas
escuchando música. EI resto del tiempo, conversan
unos con otros con delicadeza e inteligencia en el
griego más puro, o recorren el mundo para ejercer
un poder ilimitado sobre los hombres.
¡Ah! La dulce visión de la felicidad! iQué mortal
no soñaría con tocar, aunque fuera con la punta
del dedo, este Olimpo de suelos de mármol y techo
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estrelladoi iQuién no querría unirse a ellosi

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Pero iqué ocurreT ilos muros del Olimpo han


empezado a temblar! iAcaso hemos olvidado Zrvs
comentar que los dioses se pelean la mayor parte del iYo hago lo que me da Ia gana! iAcaso no soy rey
tiempoi Hoy, como suele ser habitual, es la pareja de reyesT
real la que da el espectáculo.
Hera, loca de furia, le tira a su divino marido
Zrus un ánfora a Ia cabeza. La pelea se vuelve homérica.
Esposa querida, ro fue más que un pequeño La pareja se lanza juramentos, piezas de Ia vajilla,
apareamiento rápido con una mortal... rayos y maldiciones. Los otros dioses contemplan la
escena con una sonrisa. Sin embargo, no hacen bien
Hrne en burlarse, poreue, para quien sabe escuchar, el
iEstoy harta de ti! iNo piensas más que en el amor! Olimpo está lleno de gritos, complots y adulterios.
iTienes hijos e hijas por todas partes! Si sigues así, A estos es a quienes los mortales llaman
me vuelvo con Rea, nuestra madre. bienaventurados...
6 7
Apolo
Peor, mucho peor: en la isla de Samos acaba de nacer
un mortal.
^J .\' La pareja real se echa a reír al unísono con los
'\+ i\ \ demás dioses. iUn mortal! iUna brizna de paja que
I un simple golpe de viento puede tumbar!
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Zrus
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Mi pobre Apolo, icreo que te has excedido con el
néctar! iCómo podría amenazarnos un mortalT

4,
Aporo
É1 hará desaparecer en todos los humanos el temor a
Ios dioses.
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I
Zrvs
Nadie ignora que en el umbral del Olimpo
hay colocados dos toneles, uno lleno de desgracias, el
Pero Zeus y Hera callan cuando ven a Apolo, dios otro lleno de alegrías, y que soy yo quien vuelca
de los adivinos y de los oráculos, entrar al palacio f
su contenido sobre la cabeza de los hombres como
con gesto de preocupación. {
me plazca.

Zrus
iQué ocurre, ApoloT iTraes una cara muy seria!
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Apolo t
Acabo de escuchar la voz del destino: se terminó
el tiempo de las disputas y también de las bromas,
porque se acerca nuestro fin.

Hrne
iAcaso vuelven los TitanesT .,ffiffi,Éexe"
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'€:;l-:=)
Aporo
Dentro de algún tiempo, nuestro opositor dirá
que tu historia de los toneles no está mal para
los niños. Afirmará que si nosotros fuéramos los
bienaventurados, solo conoceríamos el placer y, por
tanto, no tendríamos preocupación alguna. Y si no
\ tuviéramos preocupaciones, no intervendríamos
en las guerras, flo nos pelearíamos por saber si
hay que deiar con vida a Aquiles o a Héctor...y tú,
Zeus, si de verdad fueras un dios bienaventurado,
nunca te pondrías furioso con una ciudad, pues eso
quiere decir que algo te ha resultado desagradable,
) y si sientes desagrado, no eres realmente un
bienaventurado, y quizá ni siquiera seas... un
verdadero dios.

A Zeus le entra la risa. iQue yo no soy un


verdadero dios !

Aporo
¡Oh! Zeus, yo conozco lo que fue y lo que será.
Puedo asegurarte que dentro de tres mil años
nosotros no seremos más que mitos inofensivos.
\rtd Nadie te hará caso cuando truenes.

Zrus
iY dices que el niño ya ha nacidoT Entonces voy a
convocar a Hades para que Io haga perecer. iQué
lo ahogue o que eche escorpiones en su cuna! iY
asunto arreglado !
17
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Todos los dioses aplauden este discurso. Temiendo


entrar una vez más en conflicto con su esposa, Zeus
Pero Hera, que tiene ganas de contrariar a su levanta su cetro.
marido, deja salir palabras aladas.
Zrus
Hene iAsí sea! Tengo una idea que satisfará a todos:
Sin duda, Zeus, tienes todos los defectos: mataste a hagamos que la madre de ese niño sea terriblemente
nuestro padre; te comiste a Metis, tu primera esposa; supersticiosa, así é1 crecerá en el temor a los dioses
me obligaste a mí, tu hermana, a convertirme en tu y nuestro asunto quedará resuelto. Dinos, Apolo,
mujer, y ahora proyectas matar a un niño. iY dices icómo se llama ese pequeño impertinenteT
que eres el dios de Ia justicia! Me recuerdas más bien
a esos pequeños tiranos que no saben reinar si no Apolo
es mediante el terror. Preserva al niño y espera al Epicuro, se llama Epicuro, hijo de Neocles
menos a que se haga un hombre para hacerle frente. y de Queréstrates.
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un segundo para los dioses, toda
Pasa el tiempo: **'-ru-:
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la infancia para Epicuro. El niño crece a la sombra


de su madre. La ve temblar ante el rayo, las (qp )
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tormentas, el viento, los arcoíris, los seísmos y eI
mismísimo sol. En cuanto ve una estrella fugaz,
paga a un astrólogo para asegurarse de que los astros
le son favorables, cuando ve un águila, acude a un
adivino para saber si se trata de un mensaje de Zeus.
Cuando no ve ninguna señal, se dirige al templo con
el fin de averiguar por qué ya no ve nada. El pequeño
Epicuro va tras ella trotando, repite conjuros con su
media lengua, juega a sacrificar moscas y lombrices
en honor a los dioses y hace libaciones con su
copa de leche.

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Por la noche, cuando se mete entre sus mantas de
\ lana, su madre le cuenta historias terribles: de dioses
J y de héroes, Hera abatida por su hijo Ares, Medea
que envenena a sus hif os y Heracles que asesina a sus
\ vástagos... "iDa gracias a los dioses por haberte dejado

\* J ver el final del día sin sufrir daños!", Ie dice al apagar


el farol. Entonces, el pequeño Epicuro tiene terribles
\^^- J pesadillas.
Se ve en los infiernos en el lugar de Sísifo,
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empujando eternamente una roca; a veces, como
ll Damocles, ve una espada de bronce suspendida sobre
su cabeza, o siente una sed y un hambre imposibles
de satisfacer, como Tántalo. A menudo, al amanecer,
siente dolor en el abdomen de tanto haber soñado

con Ticio, cuyo hígado vuelve a crecer noche tras
noche para ser devorado cada mañana por dos buitres.
16 17
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Epicuro podría haberse dado por satisfecho con
este tipo de respuestas si no fuera porque su destino

# es convertirse en Epicuro. En vez de rezar, prefiere


encerrarse en la biblioteca de su padre para buscar
respuestas a sus preguntas.

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Zeus observa a este pequeño devoto y su madre.


Seguro de su triunfo, relaja su vigilancia, de forma
que no escucha cómo después de una pesadilla el
niño empieza a dudar:
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-iQué te pasa, hiio? -le pregunta su madre, que I

lo ha oído gritar en plena noche-. iAcaso Hipnos, el


dios del sueño, te ha hecho más advertenciasT
-Sí, he visto cosas horribles. iVisiones infernales!
Pero, dime, mamá, itodo Io que veo me ocurrirá de
verdadT -:r--

-Si vives sin temor de los dioses, sí -le dice su


madre con aire serio-; pero si los honras, tu alma
irá a la isla de los bienaventurados, donde la vida te
resultará deliciosa para siempre.
-Entonces los dioses me parecen muy crueles:
ipor qué han decidido hacernos vivir si no podemos
conocer el placer más que una vez muertosT iSería
mejor que nos mataran nada más nacer!
- iNo intentes comprender la voluntad de los
dioses! Así son las cosas. iReza, hiio mío, reza para
salvarte!
18 19
Una tarde, avisan a Queréstrates que vaya a Ia
escuela. Epicuro está sentado en un banco, con la ffi
barbilla hundida en su manto. El maestro, con el
ceño fruncido, se pone a gruñir inmediatamente:
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-Tu hijo es un insolente: la semana pasada me
discutía que la Tierra y el Caos fueran los primeros
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dioses, y esta semana noté que los chicos se reúnen
a su alrededor y lo pasan bien. He investigado, y
isabes de qué me enteré? iTu hiio trae manuscritos al
colegio ! \
*
-iManuscritos? -se asombra su madre-, de qué?
- De filosofía !
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-iPor todos los dioses!


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-Pero mamá -dice Epicuro alzando La cabeza-,


itodos mis amigos los leen!
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-iQué horror! -gime Queréstrates-, ihacerme tud
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esto a mí! Sabes que esas lecturas enferman.
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iAcabarás ciego o sordo! Pero, dime, ide dónde los
sacas?
-iSon de Ia colección de papá!
El maestro mueve la cabeza en señal de
desaprobación, Ia madre está a punto de desmayarse.
-iMañana tu padre y tú se purifican en el templo!
- iPero si yo estoy purificado ! Gracias a los +
filósofos, sé que la naturaleza se hizo a partir del
fuego, el agua, Ia tierra y el aire, y oo es obra de
los dioses. Y haber def ado de creer en ellos es una
delicia, icasi no tengo pesadillas y me duele menos el
estómago !
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Queréstrates, muy pálida, Ie pregunta al maestro


qué puede hacer para que su hijo entre en razón.
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-Epicuro está en edad de prestar el servicio militar.
iCreo que un poco de disciplina Ie haría mucho bien !
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De acuerdo con los conseios del maestro, Epicuro


es enviado a Atenas para servir en el ejército. Pasan
los meses, pero las polainas siempre parecen quedarle
grandes y el casco Ie resulta muy pesado. La espada
Ie hace ampollas. Hasta que tira su equipamiento al
suelo diciendo: "ihacer la guerra es muy difícil, flo
veo dónde está el placer!". Furioso, el maestro de
armas invoca al dios de la guerra. Y escucha: "ide
todos los dioses, Ares es sin duda el más ridículo!
iUn verdadero dios nos hubiera enseñado más bien Ia
forma de hacernos amigos!". Mientras los soldados
ríen y aplauden Ia ocurrencia, Ares, encolerizado, se
dirige de inmediato a Ia patria de Epicuro llevándose
de la mano al Terror y al Pánico.

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iQué falta de piedad! iQué estalle la guerra en Samos!
iQué las ruinas se bañen en la sangre del crepúsculo !
iQué la casa de Neocles y Queréstrates sea destruida
y sus bienes confiscados! iYa veremos si soy un dios
ridículo ! Estoy seguro de que Epicuro solo confiará en
el bronce y no tendrá oios más que para su maestro de
armas, pues su corazón estará ebrio de venganza.

Samos es aplastada. Su familia huye y se instala en


,¡4-. Colofón.
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Pero, después de todo, Epicuro no está equivocado.


Al cabo de unos meses, la vida, aunque un poco
Cuando Queréstrates se entera de que su hijo
más miserable que en su isla natal, se vuelve muy
ha terminado el servicio militar, se lo imagina
apacible. El hiio se ha puesto a trabaf ar con su padre.
convertido en un hombre orgulloso. isabrá tomar
Se levanta temprano y sale para enseñar el alfabeto
las armas para liberar Samos y limpiar el honor de la
a los niños, luego vuelve a las horas de más calor
familia! Pero el ioven al que ve venir a lomo de mula
para dormir, antes de salir a pasear hasta que cae la
no tiene nada de guerrero. Y cuando le pregunta si se
noche.
va a enrolar en el gran ejército para liberar su patria,
Desde hace unos días, incluso va por Ia casa
se echa a reír: "iqué más da Colofón que Samos!".
canturreando como si se hubiese tragado un pinzón.
Comprendiendo que además de ser un impío su hiio
iCuánta alegría! Para Queréstrates este buen
se ha convertido en un cobarde, la madre se deshace
humor no puede tener más que una causa: el amor.
en llanto.
Impaciente por conocer el obieto de sus favores,
decide seguir a su hiio.
24 25
Su vigilancia la lleva hasta una casa a las afueras Furiosa, la madre sale de su escondite y grita:
de la ciudad. Oculta tras un árbol, observa. La puerta
-iPor Zeus! iPero esto es un vicio! Deiamos
se abre. .. iy qué ve aparecerT iEl rostro de una bella Samos, donde te entregabas a Ia filosofía, y en
hetairaT iUna silueta aristocrática brillantemente cuanto llegas a Colofón, ide nuevo !
adornada? A Queréstrates se le ponen los pelos de Epicuro se da la vuelta:
punta cuando aparece un anciano cuya barba hirsuta
-Ven, mamá, deja que te presente a Nausífanes...
y túnica modesta no dejan lugar a dudas: ies un
-iMe río de Nausífanes y de todos tus locos! iVe
filósofo ! con cuidado si no quieres que los dioses se venguen!
-Pero mamá, itus dioses los inventaron quienes
nos gobiernan para asustarnos y acostumbrarnos a

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obedecer !

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Queréstrates coge a su hijo por el brazo:


-iVuelve a casa ahora mismo! iVoy a suplicar a
los dioses que te deien con vida!
-Me hablas de los dioses desde mi infancia
-replica él soltándose con un movimiento brusco-,
pero hoy, escúchame, yo te voy a hablar de los
verdaderos dioses: en un rayo de sol que atravesaba
mi habitación he visto revolotear motas de polvo.
iPodía ver esos cuerpos tan pequeños! Este polvo, me
diie, debe estar compuesto é1 mismo por un polvo
aún más fino. Y en el fondo todo lo que vemos es
un conjunto de motas de polvo minúsculas que no
conseguimos distinguir a simple vista. {
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"ilo ves, mamá? La naturaleza no es más que La madre, impactada por Io que acaba de oír,
eso: motas de polvo en el vacío, que a fuerza de responde:
aglutinarse forman las estatuas, los caballos, el -Hiio mío, creo profundamente que tu impiedad
fuego, pero también, lejos de nuestra vista y de la nos ha valido Ia ruina de Samos. Frecuentando a
de tus dioses, otros mundos. Así pues, la Tierra y el Nausífanes, vas a atraer nuevas desgracias sobre
Caos no engendraron nada. Al principio, los átomos nuestra casa, por eso, te pido que te marches.
formaron coniuntos, lianas, monstruos, mares, unos Al alba, Epicuro deja su casa. Desde la puerta
frágiles, otros sóIidos, y todos acabaron disgregándose Neocles mira a su hiio. En Ia sala, sus hermanos
y recomponiéndose en otra parte, con otra forma. se han puesto a llorar. Queréstrates, sentada en
i En el futuro habrá otros seres vivos y otros mundos ! su cama, se acuerda del pequeño que iba tras ella
Zeus no es el cielo, Posidón no es el mar: no hay recitando oraciones...
más que moticas de polvo, a las que Nausífanes, aquí
presente, y Demócrito antes que é1, Ilaman 'átomos"'. )
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EI tiempo pasa. Tanto en el Olimpo como en
Colbfón ya no se habla de Epicuro. Nadie sabe dónde
ü reside ahora ni qué hace.
Pero un buen día Hermes, sobrevolando la ciudad
de Mitilene, se queda sorprendido al no ver el humo
de las piras de sacrificios ni escuchar ningún rezo...
ilos templos están vacíos ! Hermes decide explorar
la ciudad tomando la forma de un noble caballero.
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/ Al cruzarse con un adivino que está mendigando, le
pregunta:
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J4 -Tu ciudad no es muy piadosa, amigo, iqué
ocurre? sus templos sin embargo son muy hermosos.
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Aunque solo fuera por buscar en ellos algo de fresco,
deberían estar más frecuentados.

{ -¿A quién se lo vas a decir, forasteroT En otros


tiempos, teníamos que cerrar las puertas. Por
desgracia, las cosas han cambiado mucho. Hace poco
que la ciudad fue golpeada por una terrible plaga.

t { -iDe qué se trataT Quizá yo podría ayudarte.


-Lo dudo, forastero, Io dudo... a menos que
tengas un pico de oro, mil bocas y el pecho de acero.
-¡Ah! -presume Hermes, pues él mismo fue
quien inventó las palabras-, soy bastante buen
orador y pocos se me resisten cuando se trata de
argumentar. iQuién será ese temible adversario?
-Se hace llamar Epicuro.
Hermes se sobresalta al escuchar ese nombre.
-iNo pierdas la fe, adivino! -exclama el dios-.
Tengo amigos poderosos. Antes de acabar el día, los
templos se desbordarán como los ríos con Ia crecida.
Hermes monta a caballo y se lanza hacia eI
Olimpo para informar a Zeus de Ia funesta noticia.

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Zeus se molesta al saber que Epicuro, como Io


había predicho el oráculo de Apolo, causa estragos.

Zeus
Hermes, pídele a Peito, la diosa de la persuasión,
que te acompañe. Encontrarás algún argumento
para desconcertar a Epicuro y ponerlo en ridículo en
público. iAcaba con su reputación!

Peito y Hermes se dirigen al gimnasio, donde


tienen lugar las clases. Ahí encuentran a Epicuro
sentado en un banco.
Los dioses se deslizan entre las filas e interrumpen
la conversación: pronuncian un discurso bien pulido,
convincente: "sus templos están vacíos -declama
Peito-, los dioses iniuriados están coléricos. iY habrá
hambrufl?, y llegará la peste, porque todo depende de
su voluntad! iVeremos si los átomos de Epicuro los
salvan del rayo ! ".
Los ióvenes se echan a temblar. Los vieios
maestros se deleitan y los dioses, flotando sobre
Mitilene, ríen contemplando tan bello espectáculo.
34
Epicuro, sin ni siquiera tomarse la molestia de Peito y Hermes se miran, no saben qué responder
levantarse, simplemente replica: y empiezan a farfullar sin sentido. Al ver a sus
-Mis queridos amigos, si todo depende de Ia emisarios en apuros, Zeus le pide a Dioniso que haga
voluntad de los dioses, entonces ellos mismos han soplar un viento de locura. Los cabellos y las ideas
querido que esté equivocado sobre ellos. se revuelven. Los ciudadanos se ponen a gritar y a

-Por supuesto -dice Peito. blandir los puños.


-Por lo tanto, ho condenarán a nadie por oírme,
pues son ellos quienes me han hecho convincente.
-Lo que dices es ridículo -replica Hermes-. Los
dioses castigarán tu falta de piedad.
-Pero si los dioses me hacen reproches, es que me
consideran libre y responsable de Io que hago. Pues
i quién le reprocharía a un león que se coma a un
hombre o a una esponja marina que trague aguaT Y
si soy libre, no necesito a los dioses para hacer mi \**__
vida.

--\ \,(
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La nave se pudre en un abismo desde hace años. La


vida de los dioses continúa entre banquetes, disputas
y otras infidelidades. Y se habrían olvidado por
completo de Epicuro si un día Hermes no se hubiera
l
presentado cargado con un montón de cartas.
I
\

HEnurs
\
Zeus, mira lo que te traigo: cartas a Meneceo,
Pitocles, Heródoto, Hermarco, y a muchos más:
Idomeneo, Polieno, Temista, Leontion y Metrodoro...

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I
)
nombres de ricos, de pobres, iy aun de mujeres y
de esclavos ! Las encontré en todas partes: Samos,
Mitilene, Lámpsaco, Atenas. ilncluso algunas
llegan del otro lado del mar! iTodas las cartas están
firmadas por la mano de Epicuro !
i

t /J' Zrus
Posidón, ino te había pedido que enviaras a ese
\ alborotador a tus abismosT

PosroóN
:( Arrastré la embarcación a mis profundidades.
I
Epicuro se debatió para subir a la superficie y se
I
agarró a un madero, pero yo 1o lancé contra las
rocas. iDebería estar muerto!

Zrus
iEstoy harto de ustedes ! iTan difícil es atormentar
a un mortalT iHermes, dime dónde se encuentra
el miserable de Epicuro ! Yo personalmente 1o
convertiré en cerdo.

40 41.
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rf I //
/, // / ,,1
\' \
Hermes llevó a los olímpicos hasta el cielo de
Atenas. En los alrededores de la ciudad hay un lugar
muy hermoso y tranquilo, al que llaman el Jardín.
Allí crecen bayas y nueces. Fluye un agua pura. Entre
los cantos de los páf aros, los dioses escuchan voces. {. {
{.> /¡. -b-' l"-
^D
Zeus agudiza el oído: ríen porque no hablan ni de /¡ {,-
la muerte ni de los dioses. Simplemente evocan el 'l
lJ
placer de vivir, aquí, en el presente, sin añorar el
I

pasado y sin esperar nada del futuro.

Zrus
iPero si nos están imitando! iQué arrogancia!
iDeméter, diosa de las cosechas, haz que esta tierra \..-.--i*

se vuelva árida! iConvierte su río en un pequeño


arroyo de barro! ¡A ver si aún se ríen!

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Los dioses esperan. Pero las risas no cesan. Un
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poco de agua regociia a los compañeros de Epicuro.
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Aunque comen menos que el más pobre de los I


l' I
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esclavos, todos se satisfacen moderadamente con Io .§
que la naturaleza puede ofrecer. Por más que Deméter \
quema las semillas, Ios amigos del Jardín consiguen A )
arrancar unas habas y unos puñados de raíces. {

Con buen humor, Epicuro evoca el regreso de las


buenas cosechas y recuerda las comidas de antes;
se alimenta con ello como si lo tuviera en la boca. I
Dice que el dolor tiene una duración limitada. I \
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,!

Y suponiendo que dure, una muerte rápida les


descargará del fardo de una vida desagradable.
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Entonces, ipor qué preocuparseT
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Zeus se ve obligado a suspender la hambruna,
\ porque los piadosos atenienses empiezan a morir,
mientras que los impíos aguantan su suerte sin un
lamento.
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45
I

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El lanzador de rayos busca otra forma de romper


la armonía del Jardín. De pronto se pone en pie:
iva a organizar un fabuloso banquete! Si el dolor no
les hace perder la cabeza, los aturdirá con el placer.
Ningún mortal conserva la sensatez ante el luio.
i Fuera habas y raíces ! iMañana todos se pelearán por

tener un poco de dinero con la esperanza de revivir


la voluptuosidad de este día de fiesta!
Todos los dioses baian a la tierra tomando la forma
de ricos mercaderes fenicios. La suntuosa caravana
traspasa las puertas siempre abiertas del Jardín.
Los amigos de Epicuro se quedan maravillados
ante semeiante luio. Ninguno ha visto iamás tan
brillante procesión. A cambio de pernoctar allí,
Ios viaieros proponen organizar un banquete. Se
acepta su oferta, pues aunque uno se sepa controlar,
tampoco es enemigo de la abundancia. Deméter
ofrece sus frutos más dulces, Posidón presenta los
más hermosos peces, Dioniso destapa jarras de vino
y Hefesto sirve a todos. Empiezan a comer y a beber.
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*1 La fiesta está en su apogeo. Euterpe y Terpsícore,
musas de Ia música y de Ia danza, representan eI
espectáculo más deslumbrante imaginable; Erato,
musa de la poesía, recita versos para los enamorados.
Epicuro canta, ríe y bebe. Pero de pronto deia su
copa y calla. Les pide a sus discípulos que Io imiten.
Furioso , Zeus se levanta de su asiento:
§ -iCómo7 iRechazan nuestros regalosT iQué
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modales son esosT
-Perdónanos -dice Epicuro-, pero no tenemos
Ias mismas costumbres que tú. Nosotros pensamos
que la opulencia puede ofrecer placeres que no
hay que ignorar, pero que el exceso será causa de
dolor. Por eso, iparemos ahora! Aprovechemos que
tenemos el estómago lleno, la garganta hidratada,
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una ropa cálida sobre los hombros y amigos con los
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que charlar un rato.
Los ricos viajeros, asombrados, se miran unos a
otros.

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Zeus se levanta discretamente y se aleja del El plan se desarrolla a las mil maravillas. La bella
banquete. Bajo los pálidos rayos de la luna, Ie pide a Afrodita subyuga a Metrodoro y luego, en mitad de
Afrodita que se una a ellos. Tiene en mente un plan la noche, empieza a seducir a Epicuro. Pero este Ia
terrible. rechaza;
-Lo siento en el alma, querida amiga -dice
Zrvs Epicuro-, el sabio no se casa y no mantiene
Afrodita, habrás notado que nuestro Epicuro tiene relaciones con nadie; más aún cuando veo a
una gran amistad con ese chico, Metrodoro. Cuando Metrodoro, ahí, mirarme con una fiebre que me
tus rizos negros, tu piel de alabastro y tus dientes asusta. ¡Eh! Metrodoro, iqué temes? iAcaso no soy
como perlas lo hayan seducido, irás a enamorar a tu amigo? Si abrazar a esta muier me aleja de ti o
Epicuro. Sé bien que los corazones celosos no saben de cualquier otro miembro del Jardín, renuncio a
de amistades. iSe pelearán, estoy seguro! este fútil placer para entregarme al mayor placer
que existe: la amistad. iEs a ustedes, amigos míos, a
quienes yo amo con devoción !
Afrodita se marcha corriendo, con el rostro
cubierto de lágrimas. iEs la primera vez que alguien
la rechazd, y para colmo es un mortal!

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AI llegar ante Zeus, Afrodita patea y grita. Para
vengarse, invita a una vieja cómplice al banquete: la
tu terrible Eris, diosa de la discordia. En su presencia,
no hay fiesta que no acabe en desastre.
Cuando Eris entra en el Jardín disfrazada de
cortesana, destaca por su conversación, fascina a los
hombres y deslumbra a las muieres. Cuando todo
el mundo empieza a confiar en ella, se acerca a una
epicúrea llamada Temista para susurrarle al oído que
una cierta Leontion ha hablado muy mal de ella.
-iQué alegría! , iré a darle las gracias -responde
Temista.
-lDarle las graciasT -se sorprende Ia discordia-.
Pero bueno, idefiende tu honor!
-No, ella lo dijo para hacerme mejor persona.
-También dice que tu patria no engendra más que
débiles, eso es una grave ofensa...
-Entonces buscaré una forma de hablar adecuada
para Leontion. Debes saber que los habitantes del
Jardín no son de Lámpsaco, Atenas, Licia o de pueblos
hiperbóreos: todos se consideran del mismo mundo.
Es ya un buen punto de partida para entenderse.
A Ia discordia la devora la rabia, pero no le faltan 'l
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ideas: un poco antes del alba, se acerca a Metrodoro rl

y 1o engatusa para que vaya a robar un poco de vino


de Ia reserva. Pero él se niega.
-iQuién va a darse cuenta de si falta una copa en
un ánforaT -pregunta ella.
-Lo sabré yo. Y aunque nadie me viera, el resto
de mi vida estaría obsesionado con que alguien lo
descubriese. Perdería entonces el placer de ese vino I

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robado. Hay que respetar las reglas comunes: es por !

mi interés y por el de todos. I

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Eris ya no sabe qué decir. Entonces se inmiscuye I
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en todas las conversaciones: miente, manipula, acusa


a diestro y siniestro, pero su rostro embaucador y
sus bellas palabras no consiguen empañar el buen
humor de los amigos. Cuando Epicuro la ve regresar
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aturdida y triste, le pregunta si se encuentra bien.
-Me preocupa un trabajo que no he sido capaz
de realizar -dice ella mirando a Zeus-. Temo la
reacción de mi jefe.
jefe
-Entonces deia a ese -le aconseja Epicuro
tomándola por los hombros- y quédate con
nosotros, refúgiate aquí, Iejos de las guerras y de Ia
discordia.
Y la más mala de las hijas del Olimpo, la que ha
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dado lugar a más conflictos que estrellas hay en el !t i

cielo se tumba y se echa a reír como si festejara su


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Los dioses no pueden creer Io que ven.
Hastiado de toda esta alegría, Zeus Ie pide a Apolo
que fulmine a Metrodoro, al que Epicuro considera
como su hijo. Alcanzado por una flecha invisible, el
ioven se desploma. AI ver una sombra de tristeza en
los oios del sabio, Zeus se acerca para murmurarle:
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-iLa muerte de este joven es una advertencia!
-iUna advertenciai iVana idea! Metrodoro ha
muerto, eso es todo -dice Epicuro reponiéndose-.
Ningún mortal engendra frutos inmortales.
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- ¡Si te obstinas, tú también morirás ! -truena
Zeus.
-No temo a la muerte, porque antes de llegar no
está aquí, y cuando llegue, seré yo el que ya no esté.
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-Pero morir no es 1o peor -contraataca el jefe del
Olimpo-, icorres el peligro de ir a lps infiernos! En
este momento, apuesto algo a que tu Metrodoro está
ahí sufriendo dolores insoportables.
-Hades es insignificante. Allí donde está
Metrodoro, Metrodoro ya no está. Su materia se ha
desvanecido en una noche de átomos. Se convertirá
un poco en árbol, un poco en tierra, en cielo, en
parte de un insecto.
El alba llega mientras conversan.
-Amigo mío -dice Epicuro-, €h vez de delirar,
ven a compartir conmigo las meditaciones matinales,
Aligera tu corazón de todas esas supersticiones.
Zeus, colérico, se pone en pie y ordena a
la caravana de comerciantes que levante el
campamento.

56 57
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Cuando la pequeña comitiva de dioses se acerca lt

al Olimpo, ve una muchedumbre que se agita al pie


del monte. Todos los dioses del mundo están allí
reunidos: Mazda de Persia, Ra de Egipto, Shiva de Ia
India y muchos otros... ¡A Io lejos se escucha pelear i
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a las divinidades celtas ! Todos reclaman que hay { il
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que acabar con Epicuro, pero Zeus teme que si Io


eliminan cuando está en plena gloria, el impío acabe 1
siendo glorificado. iYa cometió ese error con Sócrates!
Sin embargo, la revuelta alcanzatal magnitud que
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termina por ceder. Le pide a la enfermedad que estruje (J \


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una última vez el estómago de Epicuro. (


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La enfermedad cae desde el Olimpo y envuelve al
sabio. Se ensaña con é1 y lo tortura durante días y
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noches sin conseguir que suelte ni un gemido, pues 1 s'
incluso en la cima del dolor rememora el placer del
que ha disfrutado. Simplemente pide que le escriban
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a su madre que es su estómáBo, tan frágil desde su
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infancia, el que Io ha vencido, iy no los dioses!

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Apolo
Te esfuerzas en vano , Zeus. Cuando seas viejo y los Dioses más coléricos que nosotros ocuparán nuestro
hombres te llamen Júpiter, llegarás a sepultar Ia lugar, pero de ahora en adelante nada impedirá a los
ciudad de Herculano bajo la lava del Vesubio para mortales creer que somos fenómenos naturales y que
destruir una simple biblioteca. Golpearás igualmente Ia iusticia divina es débil en relación con las leyes de
la ciudad de Enoanda porque un hombre llamado las ciudades. El destino mismo se convertirá en un
Diógenes habrá grabado los pensamientos de Epicuro polvo dominado por la voluntad humana. Mientras
en un inmenso muro. Sin embargo, todos los libros haya dioses, habrá epicúreos para vivir sin ellos.
que abrasarás, todas las piedras que harás robar las
hallarán apenas unos miles de años más tarde.

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Doctor en filosofía y escritor, Yan Marchand


busca la feiicidad con sus conciudadanos de Brest,
auténticos epicúreos que, bien sabido es, saben
contentarse con un vaso de agua cuando
tienen sed.

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Jérémie Fischer se diplomó en la École Supérieurr


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des Arts Décoratifs (Escuela Superior de Artes


Decorativas) de Estrasburgo" Contribuyó con
t varias revistas de artes gráficas como Nyctalope
o Nobrow, y publicó su primer libro juvenil,
L'élóphouris, en la editorial Magnani. A modo dc
jardín de Epicuro, eiigió vivir en Montreuil.

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