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PRELIMINARES AL PROYECTO DE ORGANIZACIÓN Y COMUNICACIÓN 1

“HACIA LA CONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SENSIBLE DE EDUCACIÓN A DISTANCIA”

IDENTIDAD, CULTURA Y COMUNICACIÓN

"SOMOS DEL MISMO MATERIAL DEL QUE SE TEJEN LOS SUEÑOS”


[W. SHAKESPEARE]

1. LOS LABERINTOS DE LA CULTURA

Cuando la mente remite al concepto de cultura, nuestro marco referencial se detiene en la idea de una condición
interna (social e individual) que nos diferencia de otros u otras formas de existencia de la sociedad. En ese campo de
contacto se superponen las relaciones con la política (polis), la constitución del sujeto (identidad-es) y la hibridación
entre comunicación y tecnológica (Cyber). Los conceptos sobre “cultura” están mediados por las relaciones de poder
y, en como consecuencia directa, al tipo de sociedad en la que vivimos. Justo precisar las preguntas del currículo:
¿Qué tipo de hombre deseamos crear? ¿Qué tipo de sociedad? ¿Qué tipo de educación debemos brindar? Para
unos cuantos la cultura es una forma diferente de asumir los conflictos sociales, de acuerdo a los criterios que la
sociedad moderna impone. Raymond Williams1 se acerca al acertijo: “¿Comprendemos la “cultura” como “las artes”,
como “un sistema de significados y valores”, o como un “estilo de vida global”, y su relación con la “sociedad” y la
“economía”?” En definitiva el concepto corresponde a niveles de desarrollo histórico de la sociedad, y al ejercicio de
poder sobre los invisibles y subordinados, que en los albores de la civilización correspondían a al campo del arte y la
civilización.

Por otra parte, las instituciones internacionales como al UNESCO plantean la universalización de la diversidad
cultural: “la cultura debe ser entendida como el conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales
y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los
modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

2. UNIVERSIDAD, CULTURA E IDENTIDAD

La cultura universitaria se hace realidad en las relaciones cotidianas de los actores educativos que la soportan y en
el ámbito de la cultura solo es posible construir sentidos compartidos por mediación de la identidad. La cultura
interiorizada se relaciona en los procesos identitarios diferenciados y, por dicha condición la universidad contiene,
meridianamente, un imaginario socialmente reconocido. La cultura universitaria es una forma especial (multiplicidad
de representaciones, valores, estilos, entre otros) de ser o estar en el mundo académico, una imagen distintiva que
los agentes sociales de una universidad se forman de si mismos en el proceso de relaciones con otras culturas y
otras colectividades. Por su esencia académica y su tradición sociocultural la universidad contiene una identidad
histórica y proyectiva, construida a expensas de la legitimidad y en relación al impacto de su visión de futuro en las
realidades del entorno regional o nacional.

La universidad actúa como un “barómetro” para medir la ex-presión atmosférica de las dinámicas y los imaginarios
colectivos de los / las jóvenes de la ciudad, la región, el país y, al tiempo, por su composición natural y las relaciones
propias de su ethos también se comporta como institución social articuladora de una franja poblacional compleja y
diferenciada en cuanto a procedencia sociocultural y género. Los estudiantes, como actores fundantes de la
existencia universitaria, conforman una población con rasgos identitarios diferenciados, debido, entre otras razones,
a factores como la procedencia geográfica y la composición socioeconómica; características que se manifiestan en
diferentes expresiones culturales, políticas e ideológicas, que a su vez tienden a sugerir un sin número de

1 Williams, Raymond. Marxismo y literatura. Barcelona. Paidós, 1994 (1981)

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necesidades y expectativas para el desarrollo permanente del quehacer universitario. En ese sentido, la juventud
entendida como sujeto social no es un cuerpo aislado ni homogéneo; y cualquier abordaje en el campo simbólico
debe precisar que es una población multifuncional, tanto en el plano social como en el generacional, lo que sin duda
nos acerca a la idea de universidad como territorio multicultural que integra una diversa gama de universos
culturales; esto permite afirmar la existencia de “culturas juveniles diversas y heterogéneas que expresan formas de
vida particulares/distintivas, con valores y significados manifiestos en sus sistemas de creencias, usos y
costumbres.”2

En esa dirección investigadores como Gilberto Giménez sostienen que “todo actor individual o colectivo se comporta
necesariamente en función de una cultura mas o menos original; la ausencia de una cultura especifica – es decir, de
una identidad-, produce la anomia y la alienación, y conduce finalmente a la desaparición del actor”3. El mismo autor
plantea la relación de lo glocal y adopta una definición identitaria en el ámbito de la globalización: "identidad es el
conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores, símbolos...) a través de los cuales los
actores sociales (individuales o colectivos) demarcan simbólicamente sus fronteras y se distinguen de los demás
actores en una situación determinada, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente
estructurados".4

3. TEJIDOS EN CONFLICTO: IDENTIDAD Y CULTURA UNIVERSITARIA

La construcción del espacio universitario –en permanente cambio y expansión- está en función de la identidad, pues
la universidad es diversidad cultural socialmente significada. Así lo constata la compleja composición del Alma Mater,
donde la condición del joven como estudiante supera las fronteras “académicas” y los limites administrativos y, en
consecuencia, asume un nuevo roll como actor cultural, convirtiéndose en una especie de mutante que, aunque
comparte estilos de vida y vínculos internos académicos, se niega a adherirse a las normas de una cultura oficial o a
la oferta institucional vigente, pues su condición cambiante implica des-habitar los escenarios “naturales” de
socialización del conocimiento para descubrir los nuevos territorios de la alteridad, fuera del dominio de la
institucionalidad, lugares de encuentro reinventados en términos más simbólicos, a los que hemos querido llamar:
parques, parches, bandas, plazas, combos, esquinas, escenarios transitorios o lugares de palimpsestos.

Según Martín Barbero5 es en la educación donde se plasman en forma decisiva las contradicciones entre los tres
tipos de cultura expuestos por Margaret Mead: La „Postfigurativa‟ (cultura en la que el pasado de los adultos -
abuelos- es el futuro de cada nueva generación, pues en esencia la forma de vida y saber de los viejos son
inmutables e imperecederos); la „Cofigurativa‟ (otro tipo de cultura en la que el modelo de vida es normado por la
conducta de los contemporáneos, es decir que el comportamiento de los jóvenes podrá diferir de lo tradicional); la
„Prefigurativa‟ (es aquella en que los pares reemplazan a los padres instaurando una ruptura generacional).

Ante la ausencia de un imaginario cultural que integre la condición del ser joven, los muchachos ya no se asumen
como actores pasivos, sino como agentes transformadores, en cambio y adaptación permanentes; cuyas prácticas
más representativas se reconocen en los dispositivos fijos o móviles re-creados por la misma juventud en trincheras

2 De Garay, Adrián. EL rock como conformador de identidades juveniles. EN: Nómadas. Santafé de Bogotá. Fundación
Universidad Central. Marzo 1996, Número 4.
3 Giménez, Gilberto, “Territorio, cultura e identidades. La región sociocultural”. En: Martín-Barbero, Jesús; López de la roche,

Fabio y Robledo, Ángela. (eds). Cultura y Región. Ces. Universidad Nacional, Ministerio de Cultura. Bogotá, 1999. pp. 87-129
4 Giménez, Gilberto. Identidades en globalización (2003). [en línea], [Consulta: 9 de marzo de 2008].
http://www.gimenez.com.mx/articulo1/articulo.html
5 Martín-Barbero, Jesús. Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. Fondo de Cultura

Económica; Chile: 2002. p. 326

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de resistencia cultural que operan como bisagras entre el mundo “institucionalizado” y el universo mágico de sus
propias necesidades.

En ese sentido, según Germán Muñoz, en la academia ha hecho eco la lógica binaria de las identidades y las
diferencias que sustancializa las formas de ser joven por contraposición a otras culturas. Esta visión “permitió
entender las culturas juveniles como identidades colectivas que se forman –y en las que los jóvenes se adscriben-
mediante procesos de identificación (definición de un “nosotros”) y de diferenciación (definición de un “ellos”)6. Lo
anterior ahondado por la tendencia de hiperlocalización del sujeto juvenil, que impide ver el tejido cultural y las
lógicas complejas y cambiantes que expresan una constante lucha y adaptación territorial.

Las culturas juveniles contienen secretos que merecen ser explorados como zonas de transición, donde lo identitario
sobresale como condición relevante y significativa y cuya expresión se anuda y entreteje en contextos distintos de
acción, conllevando a procesos conflictivos donde las “fronteras ambientales son usadas para significar fronteras de
grupo y pasan a ser envestidas como un valor subcultural (…) La territorialidad, por lo tanto, no es solo una manera
mediante la cual los muchachos viven la cultura como un compartimiento colectivo, sino la manera como la
subcultura se enraíza en la comunidad”7.

Cuando se habla de culturas juveniles se remite a la noción de culturas subalternas, consideradas así por la poca o
nula integración al sistema o cultura hegemónica, y en efecto, la no integración de los jóvenes al sistema productivo
y reproductivo es una de las variables latentes de la juventud. Sin embargo, cuando la referencia se aproxima sobre
las experiencias sociales de los jóvenes, la reflexión se encuentra en los dispositivos de socialización de estilos de
vida distintivos de los y las jóvenes. Carles Feixa8 relaciona la existencia de microsociedades o culturas juveniles en
plural para subrayar la heterogeneidad interna de las mismas y descubrir los grados significativos de autonomía
respecto a las “instituciones adultas”. Según el autor la articulación social de las culturas juveniles puede abordarse
desde tres escenarios: a) las culturas hegemónicas (distribución, negociación del poder cultural); b) Las culturas
parentales (socialización primaria definida por identidades étnicas y de clase, normas de conducta y valores
vigentes en el medio social de origen de los jóvenes); c) Las culturas generacionales (experiencia directa de la
relación de los jóvenes con la espacios institucionales: escuela, trabajo, medios; los parentales: la familia, el
vecindario y los espacios de ocio; calle, baila, parche diversión).

4. PROXIMIDAD CON LOS ESTUDIOS IDENTITARIOS

El abordaje que se hace desde la cultura universitaria, no sólo integra las dinámicas etarías de los estudiantes
universitarios, sino también rastrea las prácticas y discursos significativos acerca de la articulación entre culturas
juveniles y las instituciones educativas. Es allí donde se identifican dos tipos de conflictos, a saber: el conflicto de
intereses y el conflicto de valores. Según precisa Wilhem Aubert, el conflicto de intereses “se produce cuando existe
una escasez de recursos, lo que impide la satisfacción de intereses de la triada de competidores implicados en el
mismo” y el conflicto de valores sobresale cuando “las partes se hallan en desavenencia [alejadas] en lo que atañe la
valoración de algún beneficio o carga”9. Así se percibe que los conflictos de las culturas juveniles se expresan
también a nivel intergrupal, entre varios colectivos de diverso signo y entre las culturas juveniles y otras expresiones

6 Muñoz, Germán (Coord,). Secretos de Mutantes. Música y creación en las culturas juveniles. Universidad central (DIUC),
Bogotá, 2002, p. 238
7 Cohen, Phil. Subcultura, conflicto y trabajadores comunitarios. Viviendo a Toda.
8 Feixa, Carles. EL reloj de arena. Culturas juveniles en México. Colección Causa Joven. Centro de investigación y Estudios

sobre juventud. México, 1998. p. 60


9 Ruiz, Eladio. Cultura del conflicto y diversidad cultural. Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho. núm. 1 Consultado:

http://www.uv.es/CEFD/1/Ruiz.html

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como los padres, los maestros, etc. Igualmente, los sujetos de conflicto pueden ser intergeneracionales, en razón a
que surgen de acuerdo a los valores relevantes de cada cultura que se encuentran en campos de contacto y en
lucha y adaptación, tal es el caso de la cultura oral y audiovisual, la expresión costumbrista y las movedizas culturas
juveniles. Así pues, siguiendo a William Torres, se advierte que para investigar los grupos sociales es necesario
investigar cuáles son sus sistemas de valores relevantes y la manera de integración comunitaria. Allí nacen los
llamados conflictos culturales que pueden tener diferentes tipologías como: cultura hegemónica y cultura subalterna,
entre la de élite y la popular (estructura social), entre la oficial y alternativa (según cuestión del estado), entre rural y
urbano (según organización del espacio), entre mestiza e indígena (según lo étnico), entre masculina y femenina
(según el genero), entre adultos y jóvenes (según generación).

Ahora bien, la construcción de procesos identitarios se relaciona con el espacio que habitan los actores y en la
interacción social surge también el territorio como una dimensión trascendental en la autoidentificación y
reconocimiento de los individuos. Sin embargo, el llamado del Michel Agier se dirige mas allá de los senderos
identitarios, pues sugiere que el análisis contextual debe distinguir dos momentos representativos: “por una parte, la
necesidad contextual de edificar fronteras simbólicas –el momento de la identidad- y, por otra, el momento de la
edificación misma de aquel de la invención cultural, que se define siempre dentro del marco del precedente”10.

El entender al joven como sujeto de estudio, requiere un cambio significativo en las prácticas investigativas, entre
tanto los contornos difusos de la condición juvenil exige rastrear orígenes, mutaciones y contextos cambiantes, y
esta labor solo es efectiva si el investigador logra anclarse en los territorios propios de los jóvenes: la calle, el barrio,
la casa, el parque, el cuerpo, el arte, la música, sus dispositivos y escenarios de identificación y socialización. En ese
sentido los jóvenes son pensados como un sujeto “con competencias para referirse en actitud objetivante a las
entidades del mundo, es decir, como sujetos de discurso, y con capacidad para apropiarse (y movilizar) los objetos
tanto sociales y simbólicos como materiales, es decir como agentes sociales”11.

Resulta entonces interesante recordar la certera apreciación de los estudios culturales del investigador Alejandro
Monsiváis12, al distinguir tres dominios de la agencia social: el ámbito de expresión de identidades grupales
(agregación y tribalización); la participación de jóvenes en movimientos sociales u organizaciones colectivas
(proyectos colectivos suprageneracionales); y la construcción de estilos de vida diversos (posibilidades de consumos
culturales).

Las prácticas problémicas de la condición de juventud se encuentran no sólo como sistemas de identificación y
relacionamiento, sino que también reconfiguran una compleja red de identidades culturales que se adaptan en un mismo
arco iris social o territorial para compartir planes de vuelo grupales o travesías colectivas. La presión de los conceptos
identitarios se pueden rastrear en el estudio de caso (Chile: 2005) realizado por el investigador Jorge Vergara, quien
reconoce que la existencia generacional obedece a un conjunto temporal, a un proceso o periodo histórico y que por lo
tanto “las identidades son formas de sociabilidad, puesto que reúnen y relacionan íntimamente un conjunto de
características compartidas por grupos comunidades, sectores, actores o estados o naciones, y que al mismo tiempo son
formas de mediación entre lo sociocultural, la institucionalidad social, los imaginarios sociales y la subjetividad de cada
uno”13. [VER: Ejercicios prácticas identitarias].

10 Agier, Michel. La antropología de las identidades en las tensiones contemporáneas. En: Revista colombiana de antropología.
Bogotá, Volumen 36, enero-diciembre 2000, pp.6-19
11 Ibíd., p.36
12 Monsiváis C. Ciudadanía y juventud: Elementos para una articulación conceptual. En: Revista de la Facultad Latinoamericana

de Ciencias Sociales. Distrito federal, México: FLACSO [20]; 2002. p. 157-176


13 Vergara, Jorge. Aproximación al tema de las identidades culturales en la sociedad chilena actual. En: Nuevas geografías

Juveniles y transformaciones socioculturales. Sepúlveda, M; Bravo, Carlos; Aguilera, Oscar. (comp.). Santiago de Chile.
Universidad Diego Portales: 2005. p145-164

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