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La tormenta de 1991

El año de mi nacimiento 1991, es como se sabe, el año del desplome de Unión Soviética,
que es la caída del primer referente internacional de la izquierda política global en el siglo
xx. La caída representa una orfandad que se tradujo en el abandono internacional del
proyecto comunista, lo cual también privo al liberalismo de su antagonista principal. Esta
caída será acompañada por la crisis económica cubana y la transformación de la China
comunista en una gran economía capitalista. Crecer después del 1991, implico, para toda
una generación una crisis del espacio político, que fue el colapso de las coordenadas que
permitían situarse en la política, siendo esto, la desaparición del horizonte interpretativo de
la lucha por el poder. Una generación que creció políticamente en la orfandad, porque con
la pérdida de su antagonista el liberalismo fue también desdibujándose junto con la
socialdemocracia. La defensa de los derechos políticos que eran el arma con la que el
liberalismo hostigaba a los regímenes comunistas y sus defensores carecieron de sentido
político con la muerte del comunismo, por otro lado la defensa de los derechos sociales que
eran el instrumento que permitía distinguir a los socialdemócratas de los liberales, cayeron
en desuso, cuando el miedo al comunismo desapareció de las organizaciones políticas, y
por consiguiente la defesa de los derechos sociales carecía de sentido como una
herramienta para captar a los votantes de izquierda . Las ideologías que habían guiado el
accionar político durante la guerra fría se habían disuelto en el océano del mercado.

Un niño esta fuera tiempo, porque no ha sido aun completamente introducido en la


temporalidad de la Historia, esto se debe, a que, cuando se nace, no se tiene un pasado, se
llega al mundo como venido de otro lugar. Este nacimiento carece de una narrativa que
relacione al infante con el pasado, para así, introducirlo en la temporalidad de la Historia,
es por medio de los símbolos, las fiestas, los relatos que el niño va poco a poco situándose
en la temporalidad social. Éste hundimiento de escenario político sucedió de forma paralela
al triunfo de la tecnocracia. Justamente en esto se equivocan autores postmodernos como
Lyotard que creían en que la muerte de las grandes ideologías era el triunfo del micro
relato, y lo que en realidad triunfo fue el meta-relato (ideología) de tecnocracia neoliberal.
Que implico una segunda orfandad la que provoca en lo seres humanos una sociedad
ordenada por las fuerzas del mercado, que tiene como efecto, la privación de la política
como escenario de resolución de las tensiones sociales, que fue el mayor éxito del
neoliberalismo. Es el mantra de una época que se repite sin parar “la técnica es mecanismo
ideal para la solución de las tensiones social” por eso, la política debe ser lanzada al
despeñadero de la Historia junto con todas las ideologías. Y por ello, el neoliberalismo
santificador de la técnica se presenta como si no fuera una ideología, ya que, su esencia es
la técnica, entendida, como administración empresarial de los conflictos; diciendo que el
ejercicio del especialista no es político y mucho menos ideológico. La liberación de
mercado económico satisface todas las necesidades de los individuos, porque, es en él,
donde se desarrolla plenamente la tecnocracia empresarial. Esta generación creció,
entonces, dentro de la narración de la tecnocracia empresarial construyendo una imagen del
pasado tejido por marcas, actores, empresarios, leyendas urbanas y estrellas del deporte etc.
Criada por los productos del mercado.

En Colombia la situación fue aún más dramática 1991 que también es el año de la nueva
constitución política del país, que prometía, traer la paz y renovar la política nacional por
medio de una ampliación de la democracia y los derechos. Constitución política que
cambio la de 1886 que solo permitía dos partidos políticos en el país. Se podría decir, que
la Historia política de Colombia en el siglo XX es comprendida, a partir, de la lucha por el
poder estatal entre los únicos dos partidos aceptados por la constitución de 1886, y un
afuera político que buscaba ser nombrado como un tercer partido. El bipartidismo liberal-
conservador se presentaba como una totalidad cerrada, que buscaba ser abierta por
procesos políticos alternativos. Esto implico dos estrategias de apertura. La primera que la
totalidad se rompiera, desde adentro, a partir de un impulso decidido en las entrañas del
partido liberal, por llevar acabo, las reformar que solicitaban las fuerzas externas a la
totalidad y la segunda que se rompiera desde afuera con la intrusión de un tercer partido
que llevara a buen términos dichas reformas. Ambas estrategias fracasaron, por un lado el
partido liberal se anquiloso y burocratizo con el pacto del Frente Nacional 1957, y el tercer
partido nunca acabo por llegar, en casos, como la ANAPO y la UP. en donde la corrupción
y la violencia les impidieron romper la totalidad bipartidista. Lo anterior disloco la
temporalidad política del país al impedir que las tensiones sociales tuvieran una traducción
política, lo que permitió que las relaciones de servidumbre no fueran rotas. Y con la
incapacidad del partido Liberal de irrumpir la totalidad bipartidista por medio de la
ampliación de su proyecto político que permitiera incluir las tensiones sociales existentes y
con ello romper los lazos de servidumbre de gran parte de la sociedad permitió el
desplegué del conocido escenario de guerra en el que Colombia naufraga hace más de
cincuenta años. Este escenario de violencia es el dislocamiento temporal de la política en
Colombia.

El multipartidismo político colombiano llego tarde con la constitución política de 1991,


porque arribo con la tecnocracia neoliberal y sus orfandades en un escenario de violencia
no resuelto. Ese afuera político de la ley que estuvo representado en diferentes momentos
por partidos de corte populista como la ANAPO y la UP, se vio llenado, después de la
constituyente por un conjunto de partidos que ya nada representan y funcionan como
marcas circulantes. El mejor ejemplo de esto es el fracaso del M19 como partido. Cuando
el M19 era una guerrilla que estaba en ese afuera de la totalidad bipartidista, tenía la
capacidad de representar de manera hegemónica las diferentes tensiones sociales y
mostrarse como una organización que podía desarrollar el proyecto emancipador abortado
por décadas en el país. El reflejo de esta posición privilegiada del M19 fue su triunfo en las
elecciones para la nueva constituyente de 1991. Pero con la apertura política posterior a la
constitución el M19, ya como partido político fracaso en las siguientes elecciones
presidenciales y al senado, esto claro dentro del contexto de la reformas del neoliberalismo
tecnocrático. Es decir, que los partidos que no funcionan como marcar terminaban por
naufragar.

Es 1991 el año del dislocamiento temporal de la política en Colombia en consonancia con


las orfandades del cambio que se dio con el fin del siglo corto, que fue lo que coloco en
crisis a los partidos, haciendo que la apertura democrática fuera insuficiente, para que,
emergía una fuerza política con capacidad de transformar la sociedad. Los partidos
políticos, están entonces, atrincherados entre el uso de la técnica y la orfandad de
coordenadas políticas que los puso a competir directamente con las organizaciones
responsables de la violencia como son paramilitares, el narcotráfico y las guerrillas. Esta
competencia se orquesto, porque, los partidos políticos ya no tenían forma clara de
diferenciarse de estas organizaciones que querían igual definir los destinos del Estado-
nación Colombiano. Su difícil distinción era consecuencia de que los partidos empezaron a
funcionar como marcas empresariales, como objetos que igualmente se consumían,
explicando, a partir de ello, la creciente importancia de los publicistas como JJ Rendón, y
el declive de los grandes estadistas. Así que, como marcas los partidos políticos competían
con las organizaciones armadas en un espacio donde la política había sido tachada.
La generación de 1991 en Colombia, vio como la política no solo se convertía en un
espectáculo de entretenimiento como en otros países, sino a su vez, en un teatro del terror:
de masacres, magnicidios, limpiezas sociales, persecución etc. Teatro, en el cual, las
organizaciones armadas cercaban la democracia utilizando los dinero de la economía de la
droga, y planteándose ellas mismas frente a la sociedad como las portadoras de las
soluciones frente las tensiones sociales no resueltas por los partidos políticos. Soluciones
que con la tachadura de lo político pasaban a ser macabras. Los partidos políticos, por su
parte, perdieron su mejor herramienta, que es la praxis política guiados por el mantra
tecnocrático empresarial. Huérfanos mi generación se quedó sin un espacio donde articular
las reclamaciones políticas terminando por creer que era solo adentro de los movimientos
sociales que se desarrollaría la praxis revolucionaria. Se desconfiaba de los partidos
políticos, porque se les veía como organizaciones criminales, puesto que, no había nada
que los diferenciase de los grupos armados, además de los evidentes nexos entre la
economía de la droga, la corrupción del Estado y la violencia.

El año de 1991 es para los movimientos de izquierda en Colombia un cuadro claro-oscuro


pintado por William Turner famoso pintor de tormentas. La gran luz de la constitución le
sobrevino las sombras del neoliberalismo, el multipartidismo y la violencia. De la
constitución se esperaba la transformación del país en temas de derechos políticos y
sociales que dieran fin al bipartidismo. Lo segundo sucedió con el multipartidismo, pero lo
primero se frustro secuela de la violencia y la ideología de la técnica. La situación no fue
como se esperaba para los movimientos de izquierdas que se vieron incapacitados que
construir una fuerza política hegemónica que lograra democráticamente el poder del Estado
y pasara lo escrito en la constitución a las realidades sociales del país. Este incapacidad
derivo del multipartidismo y fue apuntalada por el la ideología del técnica y la violencia.
Un partido que pretende ser un condensador de la espontaneidad social no puede
comportarse como una marca y mucho menos ejercer la violencia como una organización
armada alimentada por la narco-economía, pero es en el multipartidismo que movimientos
sociales de izquierda demostraron su fracaso. Cuando fue posible la creación de un tercer
partido, no se pudieron superar las tensiones internas, y aun así con la formación de varios
partidos no sea podido construir un gran frente político que los incluya, debido al
destiempo de la política en Colombia. En medio de esta tormenta quedaron los
movimientos de izquierda reducidos a una minoría multipartidista.
La gran tormenta de 1991 y sus resultados dentro de los partidos alternativos, se vieron,
cuando en las siguientes décadas no lograban embonar una teoría que les permitiera
desenvolver una estrategia que tuviera como finalidad el poder del Estado, y a la vez eran
incapaces de articularse con los movimientos sociales, que son los nervios que trasmiten la
espontaneidad de la sociedad en el orden de sus inconformidades e insatisfacciones, y por
esto, los partidos alternativos no se constituían como una conciencia política capaz de
romper las relaciones de servidumbre emocional e ideológicas en las que se había
estancado el país. La tormenta los arrimo a las costas del fracaso, que se debían al triunfo
del discurso tecnocrático neoliberal, a la orfandad respecto a las coordenadas políticas,
junto con el dislocamiento temporal de la política. Por lo tanto, es necesario analizar el
partido político de enfoque alternativo a luz de estas tres problemáticas

Notas

Mao considera que el partido es un instrumento que sirve para cabalgar las contradicciones, pero
esto lleva a considerar que las contradicción no siempre son antagónicas hay tensiones y
contradicciones antagónicas. Y las unas dependen de las otras. El partido emerge como elemento
antagónico frente a los movimientos sociales cuando se burocratiza haciendo de su esencia la
técnica. Por eso Mao utilizaba las masas como herramienta para transformar el partido, pero esto
también implica un conjunto de problemas donde el principal es división que termina por
desarmar el partido como instrumento que sirve para cabalgar las contradicciones. Es decir los
movimientos sociales harían del partido un espacio de intensificación de las tensiones sociales
terminando con ello en antagonismo políticos, y por ende en su disolución. Es la perenne
dificultad del partido de ser organizativamente diferente de los movimientos sociales, y de que su
fuerza política depende justamente de esos movimientos sociales. El problema es tanto de la
forma como se organiza el partido como del militante y su comportamiento político. Es un
problema de la relación teoría-praxis o que se expresa en la relación estrategia-táctica. Estas
contradicciones deben ser resultas dentro del sujeto revolucionario.

Debe existir un político técnico, que pueda resolver problemas administrativos que implica el
proceso de organizativo del partido. En lo político deben tener un punto de vista teórico y en lo
técnico un punto de vista práctico. Lo técnico debe ser pensado aquí en su dirección política, ya
que es en la política donde se proyectan las transformaciones estructurales. Lo técnico es llevar
acción dicha proyección
La guerra de movimientos es el movimiento social, por otro lado, la guerra de posiciones es la
lucha electoral. Que es un problema entre la representación y el devenir. Donde el puente se
encuentra, no solo en representar al movimiento social también a su vez en un proceso de
articulación y expansión del movimiento social que es articulado con la forma partido. El partido
tiene una forma y un contenido, y el movimiento social tiene una forma y contenido. La forma
partido es la teoría, y su contenido la estrategia. En el movimiento social su forma es la masa y si
contenido la articulación emocional.

El partido como un agente del proceso revolucionario se tambalea en el conservatismo


tecnocrático y en el impulso revolucionario de los movimientos sociales, eso hace que el partido
no puede ser nunca terminado, es decir, culminado en su proceso de formación, ya que, debe
estar en un proceso constate de propulsión del movimiento social y expansión de la fuerza
política. El partido no debe entenderse como un supra-estructura del proceso social, debe
encarnar el proceso político inmanente a las relaciones sociales. Por ello, el partido debe
funcionar dentro de la democracia electoral y fuera de ella comprendiendo la política como algo
que va más allá de las elecciones.

Partido y movimiento social debe ser pensado como una síntesis disyuntiva.

El problema de la libertad y la disciplina