Está en la página 1de 52

UNIDAD 4 PROCESO DE EVOLUCION DE LA HISTORIA DE VENEZUELA DESDE LA VISION DE

GENEROS

La ocultación de las mujeres en la historia de Venezuela

Iraida Vargas Arenas

Doctora en historia, Venezuela iraida.vargas@gmail.com

RESUMEN

Ocultar las mujeres en la historia es un subproducto de la historia escrita por hombres.


Podemos decir, que ocultando a las mujeres, se logró negar la propia historicidad de sus
luchas, de sus acciones, de todo lo que han hecho, de todo lo que hacen, lo que explica por
qué hoy día, las luchas de las mujeres están excluidas de las memorias históricas que
poseen nuestros pueblos, pues éstas son memorias masculinas. Esa ocultación permitió
crear una memoria histórica útil, primero, a los intereses de la oligarquía decimonónica,
luego, de la burguesía nacional republicana, y siempre a las estructuras patriarcales; ello –
a su vez– ha formado parte de los mecanismos ideológicos que han fortalecido la
reproducción de formas diversificadas de sometimiento femenino, lo que ha colocado
siempre a las mujeres en situaciones desventajosas con respecto a los hombres.

PALABRAS CLAVE: Mujer, memoria, historiografía.

ABSTRACT

Hide the women in history is a product of history written by men. We can say that hiding
women, it was possible to deny the historicity of their own struggles, their actions,
everything they have done, of everything they do, which explains why today, the struggles
of women are excluded from historical memories of our peoples, for they are men’s
memories. This concealment allowed to create a useful historical memory, first, to the
interests of the nineteenth century oligarchy, then to the republican national bourgeoisie,
and always to the patriarchal structures; on its turn, this has been part of the ideological
mechanisms that strengthened the reproduction of diversified forms of female subjugation,
which has always placed women in disadvantaged situations with respect to men.

KEY WORDS: Women, memory, historiography.

Fecha de recepción: 20 de febrero de 2010 Fecha de aceptación: 28 de febrero de 2010

INTRODUCCIÓN

Como dice Nelson Méndez, «La historia de la humanidad se escribió desde la perspectiva
masculina… y la presencia de la mujer quedó enla penumbra» (2009). Ocultar las mujeres
en la historia es un subproducto de la historia escrita por hombres. Podemos decir que
ocultando a las mujeres se logró negar la propia historicidad de sus luchas, de sus
acciones, de todo lo que han hecho, de todo lo que hacen. Tal como apuntó en su momento
la brillante feminista argentina Elsa López (2008), las mujeres:

«Están en escena y no se las ve. Presiden instituciones, congresos, departamentos sociales,


y no se las ve. Pintan, escriben, componen, dirigen orquestas, crean arte, y no se las ve.
Se silencian sus nombres o se las aparta del canon que es lo mismo que no ser.Porque si
no se las nombra, no son nada».

Todo lo anterior explica el por qué, hoy día, las luchas de las mujeres están excluidas de las
memorias históricas que poseen nuestros pueblos, pues son memorias masculinas, llenas
de personajes masculinos, de acciones masculinas.

Hay quien ha dicho que la memoria colectiva popular es «mala memoria». Los y las que así
la califican se refieren no a que exista una incapacidad en cualquier pueblo para fijar en su
memoria los eventos y sucesos, personajes y cambios históricos que caracterizan su
devenir, sino al hecho de que los contenidos de esa memoria si bien dependen de las
tradiciones orales, también se alimentan de la producción historiográfica; y por tal razón,
esos contenidos pueden ser manipulados por los diversos grupos con poder quienes
controlan, a través de sus intelectuales orgánicos, lo que se produce, lo que se conserva y
lo que se rechaza. Esos grupos, ya sean políticos, económicos o ambos, construyen así una
memoria histórica que pueden usar a su conveniencia, según sus intereses. Así entonces,
los contenidos de la memoria histórica pueden estar llenos de informaciones sobre
determinadas épocas históricas, omitiendo otras; pueden destacar a ciertos personajes,
oscureciendo o negando a otros; pueden reivindicar a algunos grupos étnicos de una
nación, excluyendo a los demás; pueden enfatizar determinados hechos históricos,
silenciando a muchos otros… No obstante, un elemento constante en los contenidos de las
memorias colectivas actuales de nuestros pueblos es la sistemática ocultación del género
femenino.

La historiografía tradicional venezolana no ha escapado a esta situación, al contrario, la ha


fortalecido. Sin embargo, y a pesar de que ha manejado hasta ahora el mismo discurso
androcéntrico que ha servido para ocultar las actuaciones de las mujeres en la historia, y
que sus efectos negativos sobre las mujeres venezolanas persisten, en la actualidad
coexiste con las nuevas propuestas de muchas feministas que hacen vida en la Academia
venezolana, incluidas algunas historiadoras, quienes plantean la necesidad de que como
parte fundamental del proceso conducente a la democratización plena de la sociedad, la
liberación femenina es imprescindible, para lo cual es vital romper con dicha invisibilización.

¿Por qué estos «olvidos» y distorsiones de la realidad por parte de la historiografía


tradicional? ¿Por qué hemos sido segregadas las mujeres venezolanas de nuestra historia?
Para responder parcialmente a estas preguntas, usamos las palabras –de nuevo– de Elsa
López. Ella decía:

«Hay cosas que es mejor no nombrarlas para no hacerlas evidentes. Esa es la clave para
entender el silencio creado alrededor de las mujeres. La visibilidad de una mujer está
permitida siempre y cuando responda a los cánones que los hombres han creado...»

Si la clave de la ocultación es el silencio para no hacernos evidentes, nos preguntamos ¿A


quién y a qué amenazaría el romper ese silencio y desvelar esa evidencia? Obviamente a la
milenaria sociedad patriarcal, basada en concepciones y prácticas masculinas y, en la
actualidad, al sistema capitalista que se ha asentado y desarrollado sobre los sólidos pilares
del patriarcado. Sin embargo, la misma cita de López nos señala otro elemento que da
cuenta de la clave para entender la ocultación de las mujeres en la historia, y es que al
sistema patriarcal-capitalista actual no le interesa evidenciar las actuaciones de las mujeres
a menos que éstas cumplan con los cánones masculinos, es decir, sean sumisas y
obedientes, totalmente dependientes de la sanción masculina y por lo tanto puedan ser
invisiblilizadas, o bien, mujeres desde el punto de vista biológico, pero cuyas metas y
prácticas no se distinguen de las masculinas, quienes –por ello– se insertan sin problema y
con éxito en las estructuras patriarcales.
Por todo lo anterior, nos hemos planteado en este trabajo enfocar los alcances que tendría
para la liberación femenina en Venezuela la gestación de una historiografía crítica que trate
de deslastrarse de la herencia androcéntrica legada –en nuestro caso– por la condición
colonial y reproducida y nutrida por la historiografía tradicional. Esa historiografía crítica
permitiría desvelar la presencia y las actuaciones de agentes y actores-actrices
ocultados/as, como ha sucedido con las mujeres, las/os indígenas y las/os
afrodescendientes, al mismo tiempo que proporcionaría elementos para entender cómo se
ha articulado la ocultación de las prácticas femeninas con el sometimiento centenario al que
hemos estado sometidas para fortalecerlo y reproducirlo. Con ella sería posible, entonces,
mostrar cómo el ocultamiento de las actuaciones de determinados actores-actrices y de
mayoritarios sectores de la población en el proceso histórico venezolano se constituyó como
uno de los instrumentos y recursos ideológicos que las élites emplearon para controlar a las
grandes mayorías y, simultáneamente, revelar cómo ese control ha servido de manera
específica para consolidar las prácticas patriarcales gestadas en el pasado que persisten en
el presente. Esa ocultación permitió crear una memoria histórica útil, primero, a los
intereses de la oligarquía decimonónica, luego, de la burguesía nacional republicana, y
siempre a las estructuras patriarcales; ello –a su vez– ha formado parte de los mecanismos
ideológicos que han fortalecido la reproducción de formas diversificadas de sometimiento
femenino, lo que ha colocado siempre a las mujeres en situaciones desventajosas con
respecto a los hombres.

LA NECESIDAD DE UNA HISTORIOGRAFÍA CRÍTICA EN LA VENEZUELA


BOLIVARIANA

Oponemos a la historiografía tradicional venezolana una historiografía crítica, no sólo


porque la primera, mediante la tergiversación, el escamoteo, la distorsión o el silencio
total ha logrado ocultar a las mujeres de la historia y la historia de las mujeres, es
decir su propia historicidad, sino porque enfrentadas/os a un proceso de cambio social
como el que vive el país, la historiografía tradicional se ha convertido en un lastre que
obstaculiza la construcción de una sociedad verdaderamente democrática e inclusiva
como plantea nuestra Carta Magna.1

La Venezuela actual necesita de una transformación historiográfica que desvele las


lecturas silenciadas en los textos usados para socializar a la población; que dé paso a
una historiografía crítica la cual, basada en una lectura crítica de la historia –que es
posible gracias a una práctica crítica de las/os historiadoras/es– proporcionaría una
mirada distinta a los hechos históricos. No obstante, una historiografía crítica sólo será
posible si las/ os historiadoras/es nos planteamos cuál es el sentido de nuestras
búsquedas, cuál es el tipo de información que indagamos y con cuáles fines, lo que nos
llevaría a preguntarnos en este caso, si el conocimiento histórico que producimos con
nuestras prácticas profesionales2 sirve para los objetivos feministas de dar fin a la
opresión femenina. Por eso, para nosotras, la historia crítica es una nueva manera de
ver los hechos históricos y también una nueva práctica en la forma de hacer
historiografía (Vargas, 2007a).

Una historiografía crítica implicaría, presupondría en consecuencia, una práctica crítica


que nos permitiría conocer procesos, eventos y agentes escamoteados, ocultados o
distorsionados por la historiografía tradicional que posee fuertes sesgos
androcéntricos, realizada hasta ahora, generalmente, por historiadoras/es al servicio
de los intereses de las burguesías e imbuidos de ideas patriarcales. El investigador
mexicano Carlos Aguirre Rojas la detalla así:
«…Un punto de vista crítico se encuentra distanciado de los lugares comunes, de las
maneras habituales de ver la historia, de ver los problemas sociales. Pues cuando
insisto en lo de ‘genuinamente crítica’, quiero decir que la visión tiene que apartarse de
los discursos oficiales y de la versión bonita o tersa de los acontecimientos» (2009:
25).

Esa tersura que menciona Aguirre ha permitido la existencia de textos que silencian o
camuflan el sufrimiento de pueblos enteros con el objetivo de presentar una «verdad»
que convence a muchas/os, pero que conviene sólo a unas/os pocas/os. La práctica
crítica de las/os historiadoras/es no debería limitarse a la producción historiográfica,
pues debe incluir sus propias actuaciones como seres sociales. Estamos conscientes,
sin embargo, del enorme salto que tendrían que dar entre la teoría y la vida real donde
esas actuaciones tienen lugar. Por lo tanto, una de las tareas importantes de la
historiografía crítica es evitar la fragmentación de la identidad colectiva para que no
acabe totalmente silenciada, apoyando y ofreciendo instrumentos teóricos y prácticos
para la implementación de políticas de descolonización y contra la opresión –entre
otras–la de las mujeres.

Por todo lo anterior, no nos interesa aquí tanto reiterar las denuncias sobre el
ocultamiento de las mujeres en la historia venezolana, bastante conocidas, pues han
sido señaladas muchas veces por otras/os autoras/ es; de hecho, podemos decir que la
mayoría de los trabajos historiográficos realizados en las últimas dos décadas se han
centrado en la recuperación de la visibilidad y la contribución histórica de las mujeres,
así como en otros aspectos igualmente substanciales como la importancia de la vida
privada femenina y de su mundo simbólico y cultural, la explotación material del
trabajo de las mujeres, su presencia en los movimientos sociales y varios otros. Estos
grandes avances han creado una historiografía rica y variada en enfoques. No
obstante, buscamos hacer un balance del estado actual sobre el tratamiento del tema
en las más recientes investigaciones históricas venezolanas, dando prioridad a las
referencias que nos remiten a innovaciones en el ámbito académico universitario y en
los centros de investigación histórica, así como en los espacios de investigación –
también académicos– amparados por el actual gobierno bolivariano. En tal sentido,
exploramos algunas de las nuevas y diversas prácticas teóricas de los historiadoras/es
venezolanas/os en torno a la historia de las mujeres y la historicidad de sus prácticas,
para lo cual realizamos un análisis, necesariamente somero por razones de espacio, de
varias obras recientemente editadas por diversos centros de investigación nacionales,
fundamentalmente los últimos números de publicaciones periódicas, como la Revista
Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, de la Universidad Central de Venezuela
y Memorias de Venezuela, del Centro Nacional de Historia; consultando asimismo,
trabajos aislados. Para referirnos a la persistencia de una historiografía tradicional
mencionamos a ciertas obras que compilan trabajos de varias/os autoras/ es.

Es posible observar dentro del panorama historiográfico venezolano actual –tanto en el


académico «clásico» como en el llamado «oficial»– la presencia del tema que nos
ocupa; sin embargo se observan distintas posiciones teóricas y, en consecuencia, un
tratamiento cualitativo diferente. Podríamos aseverar que si nos atenemos a las
investigaciones historiográficas llevadas a cabo desde finales de los años noventa, con
un mayor énfasis durante la presente primera década de los años dos mil, que en
efecto, es en ese período cuando –en ambos espacios– se comenzó a tratar de corregir
de una manera sistemática y continua la centenaria ocultación de las mujeres en la
historia de Venezuela y la negación de la historicidad de sus luchas y acciones. En este
sentido, destaca La Mujer en la Historia de Venezuela (1995), obra enciclopédica con
trabajos de varias/os autoras/es, que engloban desde la historia precolonial hasta el
siglo XIX.

Basándose en el reconocimiento de las valiosísimas actuaciones de un puñado de


mujeres venezolanas a lo largo de la historia, a su condición de personas y no
solamente de madres, esposas, hijas, amantes o hermanas de ciertos hombres
considerados importantes por la historiografía tradicional, la historiografía crítica
venezolana reciente ha tratado de darle sustento teórico, por una parte, a la idea de
que la posibilidad de la liberación de los colectivos femeninos, su inclusión en la
sociedad nacional y su reconocimiento como sujetos para la transformación social no
depende exclusivamente de que esos colectivos asuman o reconozcan tan sólo su
condición de clase, sino que –simultáneamente– comprendan que es necesaria su
transformación en sujetas y sujetos activos y protagónicos, para lo cual es
imprescindible considerar también elementos extraeconómicos como son los étnicos y
los culturales; por otra parte, que para lograr hoy día la conversión de las mujeres
venezolanas en verdaderas sujetas de su liberación, es vital romper el velo que oculta
su protagonismo en la historia de la nación, condición hasta muy recientemente
denegada.

Por otro lado, no es casualidad que sea a partir de los años noventas cuando las luchas
feministas se incorporan más activamente a espacios ideológicos distintos a los
académicos y, como consecuencia de ello, se produzcan diversas acciones de
organizaciones feministas en el espacio público.3 Hasta esas fechas, los análisis
historiográficos desde la perspectiva de género habían estado restringidos
exclusivamente al espacio académico; a partir de entonces comenzaron a ser
abordados por un público más amplio, sobre todo a través de periódicos, semanarios,
revistas divulgativas y programas de radio, y en organizaciones no adscritas a ningún
centro de investigación. Creemos que ese cambio en los espacios de acción feminista –
a su vez– han estimulado para que se dé una toma de conciencia dentro de ciertos
sectores de las/os historiadoras/es venezolanas/os sobre la necesidad de desvelar lo
oculto de la historicidad femenina, hasta producir lo que podríamos reconocer como
una verdadera transformación historiográfica.

Aunque nos hemos venido refiriendo –sobre todo– a los avances historiográficos que
se han dado en el mundo académico venezolano, nuestra posición es que ellos no han
sido ajenos a lo que ha ocurrido en la sociedad venezolana en general, por lo que son
explicables, creemos, en la medida que atendamos simultáneamente el impacto de los
cambios políticos de la última década, así como también las luchas de muchas
feministas que, incluso desde bastante antes de los noventas, hacen vida en el país.
Además, nos atreveríamos a decir que es gracias a la decidida acción de esas
feministas que, recientemente, se ha tratado de darle sistematización a las diversas
corrientes teóricas y se han impulsado los estudios feministas transdisciplinarios en
algunos de los espacios académicos.4

Así, podemos afirmar que se ha generado una bibliografía que desde diferentes
disciplinas y posiciones teóricas, representa en general la diversificación

temática de enfoques metodológicos y de objetivos políticos gracias a los impulsos que


se han gestado desde la sociedad nacional, y a las aportaciones realizadas desde las
diversas comunidades académicas venezolanas que se han hecho eco de los intereses
manifiestos por muchas de las diversas organizaciones feministas.
LA PERSISTENCIA DE LA HISTORIOGRAFÍA TRADICIONAL VS UNA
TRANSFORMACIÓN HISTORIOGRÁFICA HACIA UNA HISTORIOGRAFÍA
CRÍTICA

Es preciso apuntar que en la actualidad todavía existen muchas investigaciones


historiográficas que podemos considerar siguen a grosso modo las líneas de la
historiografía tradicional, puesto que si bien son transdisciplinarias, tratan el tema con
objetivos distintos a los que hemos señalado hasta ahora para la historiografía crítica:
conversión de los colectivos femeninos en sujetos, pues asumen una perspectiva
teórica supuestamente neutra en términos políticos. Sin embargo, esa neutralidad es
una falacia, pues todos los debates filosóficos y analíticos que emanan de las
teorizaciones feministas son inevitablemente políticos, toda vez que los feminismos se
constituyen históricamente como movimientos políticos, de carácter local o global,
cuyos propósitos son emancipatorios y poseen un contenido normativo: acabar con las
relaciones de dominación masculinas y con la discriminación femenina, asegurar la
liberación de las mujeres, luchar por los derechos femeninos, transformar las
estructuras institucionales y legales patriarcales….

Así pues algunas investigaciones se abocan (a juzgar por las publicaciones) a estudiar
el problema de la exclusión femenina en la historia sólo de manera tangencial o
únicamente en términos generales, sin referirse a las diversas situaciones concretas
que se dan en la realidad nacional, usando ejemplos que provienen de experiencias
que se han dado en otras latitudes geográficas. Para ilustrar lo que decimos, bastaría
hacer una revisión del índice de la obra Diálogos Culturales (2008), editada por la
Universidad de los Andes y la Arquidiócesis de Mérida. En una lectura superficial,
observamos que de los siete artículos publicados, en tres se refiere o menciona el tema
del género. En uno escrito por Isabel de Brand (2008: 29-50), se abordan los discursos
femeninos en la antigüedad europea; en otro, escrito por Carmen Aranguren
(2008:105-116) se menciona, de manera general sin referencia alguna a la situación
nacional, el papel que juega el género en la construcción de ciudadanía. Sólo en el
tercero, excelente artículo escrito por Luz María Lepe (2008: 79-1002), se considera la
discriminación por género como vital para comprender los procesos de descolonización
en el contexto latinoamericano y tercermundista en general, tal vez porque analiza una
de las obras del investigador argentino Walter Mignolo quien ha producido una extensa
bibliografía sobre el tema de la descolonización.

Todo lo anterior adquiere mayor importancia si observamos que el tema de los


discursos femeninos en Venezuela no ha sido estudiado por la historiografía
venezolana, aunque sí desde la literatura, como se manifiesta, por ejemplo, en el
excelente trabajo sobre la auto-escritura femenina a comienzos-mediados del siglo XX
realizados por Mariana Suárez (2009). El tema de la construcción de ciudadanía es de
vital comprensión en los actuales momentos que vive el país, no solamente para las
mujeres venezolanas, sino para todos aquéllos centenariamente excluidos. Tampoco
este tema, que conozcamos, ha sido abordado en profundidad con enfoque de género
por la historiografía, aunque sí por la sociología, como se refleja por ejemplo en las
acuciosas obras de Luisa Bethencourt (1998, 2005) y el trabajo escrito por Magally
Huggins (2005). Igual suerte ha tenido el tema del papel de las mujeres en los
procesos de descolonización, tratado teóricamente en Venezuela por la sociología
(Lander, Edgardo: 1995) y por la arqueología (Vargas, 2007). Estos tres importantes
temas constituyen, por lo tanto, una deuda pendiente para la historiografía venezolana
crítica.

La significación de la renovación conceptual en el tratamiento de las mujeres en la


historiografía venezolana puede ser mejor aprehendida si vemos como es tratado el
sujeto en las investigaciones. En tal sentido, es de hacer notar que muchas
investigaciones historiográficas recientes se han dedicado a cultivar los estudios de
casos e historias de vida de personajes femeninos singulares (Quintero, Inés: 2007),
privilegiando un enfoque que destaca individualidades. Sin embargo, aunque las líneas
y matices de estas investigaciones históricas nacionales sobre el tema varían con la
posición teórica asumida por el investigador y por lo tanto obedecen a diversas
intencionalidades políticas en la búsqueda y selección de los personajes individuales
que son considerados importantes5, reflejan también cómo son percibidos y asumidos
por las/os historiadoras/es de las diversas comunidades académicas nacionales los
cambios recientes.

En general, podemos afirmar que la selección de individualidades ha llevado implícitas


hasta ahora las nociones de personajes relevantes y héroesheroínas y que, su uso por
parte de la historiografía ha tenido importantes efectos sobre la construcción de
nuestra memoria histórica y ha supuesto la incorporación tanto de valores como anti-
valores en el imaginario colectivo venezolano. Así podemos afirmar que se ha partido
de tres posiciones teóricas: una que calificaríamos de «idealista» que defiende una
visión esencialista femenina; una segunda, que parte de una visión liberal, y una
tercera que llamaremos «democrática», toda vez que intenta dar visibilidad e inclusión
a personajes femeninos olvidados o ignorados para los diferentes períodos y etapas
históricas sin distingos de ningún tipo. En el primer caso, el enfoque podría resumirse
en varias frases de un discurso que señala la existencia inmutable de una identidad de
mujer, dada por factores biológicos y psicosimbólicos, y en consecuencia, trata a la
mujer como sujeta por su peculiar naturaleza reproductora y por un inconsciente
simbólico que la condiciona a tener una identidad de carácter no histórico: «existe un
punto de vista femenino… no existen mujeres sino mujer… la mujer está destinada a
ser madre y esposa». Esta propuesta teórica, a pesar de que todavía persiste, ha sido
continuamente refutada por muchas corrientes feministas e incluso mayoritariamente
abandonada, especialmente desde la aparición de los trabajos de Simone de Bouvoir,
sobre todo desde que acuñó su lapidaria frase «no se nace mujer, se llega a ser». Esa
visión de «la esencia de ser mujer» le sirvió a la historiografía tradicional venezolana
para naturalizar las relaciones de dominación-sometimiento que se dan entre hombres
y mujeres. Debemos aclarar que, para nosotras, los conceptos de «mujer» y «hombre»
son construcciones sociales que no tienen sentido a menos que sean entendidos en el
contexto de las relaciones de poder –que son históricas– y cómo en éstas intervienen
de varias maneras múltiples factores, fundamentalmente los étnicos, los culturales y
los de clase.6

En el segundo caso, desde la posición teórica se intenta explicar que la posibilidad de


la liberación femenina depende de lo que cada mujer individual se plantee como meta
de vida, por lo que la emancipación es un asunto de cada una, nunca de todas juntas.
Esta visión se ajusta al modelo historiográfico que hemos descrito antes sobre
personajes femeninos quienes, gracias a su acción como individuas excepcionales,
incidieron en el curso de la historia del país, o bien, se destacaron gracias a que se
ajustaron a las normas masculinas –siempre cada una como individua– gracias a su
voluntad y tesón personal. En tal caso, la dinámica histórica es vista como dependiente
de acciones individuales o como el resultado de las actuaciones de un grupo limitado
de personajes, siempre excepcionales, nunca comunes ni conformando un colectivo.

El tercero se plantea como objetivos cognitivos 7 la inclusión social de todas y todos,
manejando como principios éticos-políticos en su área valorativa la justicia social, la
liberación de los oprimidos y la soberanía nacional. Por tales razones, en las
publicaciones se enfatiza desvelar la presencia y el protagonismo de todos los
personajes, mujeres y hombres, principalmente los de las clases sociales y grupos
étnicos excluidos, que actuaron en la historia de Venezuela, incluyendo la precolonial.

La condición de personaje-heroína de algunas mujeres que ha otorgado la


historiografía tradicional –en general las relacionadas parentalmente con la elite
mantuana durante el período colonial y la burguesa a lo largo del republicano– ha sido
definida según cuán similares fueron las actuaciones de esas mujeres con las de los
hombres mantuanos o con las de los burgueses, o cuánto los ayudaron en el logro de
sus metas. Aunque las mujeres reconocidas por esa historiografía han sido
fundamentalmente las que eran miembros de las elites, existen algunos ejemplos de
mujeres populares que han sido admitidas como personajes, especialmente para el
período colonial y en el lapso que cubre la gesta emancipadora a comienzos del siglo
XIX; no obstante, la pertenencia étnica de esas mujeres y su condición de esclavas
condicionó su forma de inclusión en la memoria histórica: si eran indias o negras se les
reconoció como sirvientas, ayas, amas de leche de amos «blancos»; para el período
republicano, a las mujeres se les ha reconocido por su posición en la estructura de
clases, siendo destacadas sólo aquéllas que eran miembros de la pequeña burguesía:
escritoras, músicas y similares, aún cuando se tratase de mestizas. Esto último explica
el hecho de que la historiografía tradicional haya necesitado hacer tabla rasa de las
diferencias étnicas-culturales y sociales de esas mujeres, haciéndolas equivalentes –
preferentemente– a las criollas mantuanas «blancas» o las burguesas mestizas.

Este tratamiento diferencial de la historiografía tradicional hacia las mujeres no


solamente lo hizo apelando a la condición de clase y la étnica, sino a la femenina
misma. Por ejemplo, aún cuando un grupo numeroso de mujeres de la elite pudiera
haber participado en algún evento considerado relevante, la evaluación de esa
participación estuvo siempre condicionada por la presencia o ausencia de una
vinculación con el o los personajes masculinos, por lo que es la vinculación la que ha
servido para calificarlas o denominarlas como personajes o heroínas, a despecho de las
cualidades personales de esas individualidades. 8 Cuando se trató de un grupo de
mujeres que participó en un acto concebido como relevante, de nuevo esa
participación grupal tendió a ser reducida a un solo personaje femenino, siempre y
cuando la misma tuviera un vínculo directo con el proyecto, ideas e intereses de algún
personaje masculino considerado relevante. 9 Esto constituye, infortunadamente, la
percepción social del género en la historiografía tradicional que ha subsistido hasta
nuestros días. De esa manera podemos afirmar que las acciones sociales, individuales
o grupales de las mujeres sólo han sido reconocidas en tanto cuán coincidentes han
sido con las acciones equivalentes de los hombres.10

Al trabajar con historias de vida y personajes individuales, la historiografía tradicional


venezolana se ha aferrado a la idea que permite caracterizar a cualquier evento
relevante en función de la participación de personajes, siempre individuales, hombres
o mujeres «blancas», excepcionales y extraordinarias, idea que fue acuñada ya desde
el principio de nuestra vida republicana en una clara posición antipopular y repetida
por historiadores tradicionales (vg. Mario Briceño Iragorry, 1988 y Arturo Úslar Pietri,
1986). Indudablemente, con ello no sólo se ocultó la participación real de importantes
colectivos de indias, afrodescendientes y mestizas en la historia, sino que ello ha
prevenido la cohesión social necesaria para la implementación actual de acciones
colectivas, por lo que –consideramos– es vital revertir la visión que sustenta la idea de
«mujer extraordinaria» y complementarla con la de colectivos de mujeres conscientes,
comprometidas, unidas por las ideas libertarias, vale decir, sujetos, toda vez que no es
posible construir la liberación femenina apelando tan sólo a lo extraordinario y lo
espectacular, ni de igual forma, solamente a lo individuas; sino incluyendo a la gente
del común y colectivos.

Aunque muchos trabajos muestran las historias de vida de varias mujeres en la


colonia, incluyendo las de algunas esclavas de origen africano (Quintero, Inés: 2007),
miles de miles siguen ocultas. Lo mismo sucede para el período republicano, donde
continúan silenciadas, incluso muchas de aquéllas vinculadas directamente con
presidentes, ministros, hacendados, es decir, con «personajes» considerados
«relevantes», sobre quienes ejercieron enorme influencia, lo que se reflejó en las
políticas públicas y también en los derroteros seguidos por la sociedad venezolana en
los momentos cuando esos personajes masculinos detentaban el poder y tuvieron una
importante actuación en el ámbito público nacional sobre diversas intencionalidades
políticas en la búsqueda y selección de los personajes individuales que son
considerados importantes.11

La historiografía crítica «oficial», siguiendo sus objetivos cognitivos, ha desvelado y


hecho visibles a varias mujeres en diversos períodos de la historia, convenientemente
olvidadas por la historiografía tradicional, sobre todo aquéllas que lucharon contra la
opresión y la discriminación por género. En tal sentido, son de destacar los artículos de
Luis Pellicer sobre las actuaciones de las mulatas corianas contra la opresión colonial
(2008: 28-31), y el más general sobre la exclusión por género en 1811 en una
sociedad que sufría, como ha dicho Verena Stolke (1992) de «una obsesión
taxonómica fenotípica», o la breve nota sobre la insigne afrodescendiente luchadora
por los derechos femeninos en los años 40-80 del siglo XX, Argelia Laya (2008:57). Sin
embargo, la tarea que enfrentan en la actualidad las/os historiadoras/es críticas/os es
monumental: son siglos de ocultación, de silencios, de distorsiones. No obstante,
contrasta el escaso desarrollo de los estudios historiográficos sobre las mujeres con el
importante avance que se observa en la literatura, especialmente para el siglo XIX
(Ver, entre otros, Alcibíades, Mirla: 2004, 2006).

Debemos reconocer que es indudable que si bien la presencia de varias posiciones


teóricas de la historiografía venezolana académica han enriquecido y revalorizado la
ciencia histórica como un todo, no tendrían importancia alguna, especialmente las
llamadas investigaciones «oficiales», si éstas no se plantearan, como lo están
haciendo, hacer visibles a mujeres singulares sólo en tanto sean vistas como
representantes de un sujeto histórico colectivo de las prácticas sociales femeninas. En
tal sentido, aunque las llamadas investigaciones «oficiales» no han trabajado hasta
ahora propiamente con colectivos, sí lo han hecho con individualidades del común:
mujeres de origen popular, indias, negras o mestizas, trabajadoras todas ellas
(Ver Memorias de Venezuela 2009 número 9; 2009, número especial: 20-25).

Para nosotras todo lo anterior hace necesario que en el mundo académico se plantee
de forma imprescindible ampliar el marco de acción política hacia nuevas
interpretaciones históricas, donde se dé un equilibrio entre los dos planos de la vida
social: el individual y el colectivo, para que sea posible la reflexión abierta de todos los
actores y actrices sociales actuales y puedan generarse nuevas perspectivas teóricas
feministas para tratar la historia de Venezuela que, como sabemos, fue protagonizada
tanto por hombres como por mujeres, por miembros de la élite y por gente del común,
por colectivos populares y por individualidades criollas «blancas» de la élite, por indias,
afrodescendientes y mestizas, por grupos de mujeres de cualquier condición social,
origen étnico y de cualquier región del país. En ambos casos, ello debe ser realizado a
través de un análisis feminista que explore articuladamente la incidencia de las
diferencias de clase, raza o etnia y momento histórico.

Si importantes y reconocidos sectores académicos, como también el llamado sector


oficial están realizando investigaciones sobre la experiencia histórica femenina
individual, en ambos casos ello obedece, creemos, a la persistencia de la subordinación
actual de las mujeres en la sociedad nacional. Por ello la sociedad venezolana necesita
transformar su sistema de relaciones sociales y de convivencia, sin exclusión de nadie
por ser diferente. Esa transformación requiere reconocer el derecho a existir en la
diversidad, lo que fortalecería la cohesión colectiva. En concordancia con estas ideas,
la sociedad venezolana bolivariana debe luchar por lograr la superación de los
estereotipos culturales de género que estimulan las conductas excluyentes sobre todo
las androcéntricas.

LA TRANSFORMACIÓN HISTORIOGRÁFICA Y EL BOLIVARIANISMO

Los cambios políticos recientes en Venezuela han provocado diversas respuestas tanto
de la Academia en general, incluyendo los llamados historiadores «oficiales», como de
los movimientos feministas «de calle». Por una parte, laconstatación de que las
desigualdades de género no han sido todavía resueltas a pesar del intenso proceso de
cambio social bolivariano de la última década, ha hecho que
los movimientos feministas hayan sentido que las reivindicaciones femeninas han
tendido a quedar desatendidas, pospuestas ante las que plantea la solución de la lucha
de clases, pues dentro de la corriente tradicional de izquierda en la ciencia social ha
existido la tendencia a considerar las luchas femeninas tan sólo como un asunto
totalmente adjetivo a la lucha de clases. A pesar de las reformas que ha realizado el
Estado venezolano en ese sentido en los últimos diez años, que si bien suponen un
impresionante avance y han resultado extremadamente saludables, confrontadas con
la pobre situación que prevalecía antes del actual gobierno bolivariano, no hay razones
valederas que nos impulsen a pensar que los problemas substanciales que plantean las
organizaciones feministas venezolanas hayan sido solventados con ellas. 12 Al respecto,
García, Carmen y Valdivieso, Magdalena (2009: 134), en un interesante artículo donde
hacen un balance de los aportes del proceso bolivariano en la última década, señalan
que, aunque pudiera ser posible constatar un mejoramiento de la calidad de vida de
las mujeres con las reformas realizadas por el gobierno bolivariano, ello no es garantía
de que los objetivos estratégicos de género se alcancen. Por las mismas razones
anteriormente apuntadas, en los diversos espacios feministas académicos se han dado
múltiples análisis y una mayor conciencia de la persistencia de la desigualdad de las
mujeres, aún cuando se trate de sociedades democráticas como la nuestra que lucha
día a día por mantener su soberanía.

Aunque las mujeres venezolanas de toda condición emergimos como nuevos sujetos
sociales en los momentos de mayor convulsión política nacional a finales de los años
noventa e inicios de los dos mil, todavía no hemos sido consideradas como sujetas con
igualdad de derechos por la sociedad total, por lo que muchas feministas han
radicalizado sus propuestas y metas. Ello ha conducido al afianzamiento de alianzas
entre las distintas organizaciones de mujeres, muchas veces con independencia de las
posiciones políticas que esas mujeres sostienen. La consecuencia más visible en tal
sentido ha sido que las diversas organizaciones feministas académicas si bien han
llegado a enriquecer la producción de conocimientos y el debate teórico, han impulsado
las redes nacionales y regionales femeninas y han hecho posible la articulación de
tácticas y metas comunes, no han logrado crear la liberación femenina que,
parafraseando a Rosa Luxemburgo al referirse al fin del capitalismo como sistema
(2004: 59), debería devenir como una necesidad histórica y llevar al sistema
capitalista- patriarcal a un impasse.

Sin embargo, debemos decir que son esperanzadores los objetivos cognitivos
perseguidos por las investigaciones que se realizan en los espacios oficiales. Al
respecto en el número 5 de Memorias de Venezuela (2008:27) se asienta que el molde
decimonónico que sirvió para exaltar a mujeres singulares de la élite no es útil hoy día
pues con él quedan fuera miles, por lo que es necesario rescribir la historia
considerando la participación de las omitidas.

«… por su compromiso diferenciado, según sea su condición social, económica, étnica,


su cultura y región de procedencia….sabemos que hubo mujeres estrategas, guerreras,
financistas, espías…; pardas, mulatas, zambas que participaron como troperas,….miles
de mujeres anónimas que fueron parte de esa parte movilizada del pueblo…»

En el mismo número (2008:28) se plantea resignificar a la mujer en la historia a través


de la resignificación de sus protagonismos. No obstante, es bueno alertar que este
proyecto oficial de reescribir la historia de Venezuela, con su visión crítica hacia las
estructuras patriarcales, debe cuidarse de no caer en una absorción de las demandas
de inclusión de las excluidas para transformarlas en fetiches multiculturales usables en
espectáculos. Recordemos que la multiculturalidad es el recurso ideológico del mismo
capitalismo para controlar la potencialidad conflictiva de la diversidad cultural (Díaz
Polanco, Héctor: 2005). Por otro lado, nos parece pertinente señalar la contradicción
que existe en los análisis de los llamados «hechos históricos relevantes» y de los
«personajes masculinos relevantes» en los cuales se omiten totalmente las
mujeres.13 Se trataría entonces, de establecer nuevas reconstrucciones históricas
desde un posicionamiento crítico que proporcione el marco historiográfico desde donde
repensar la democracia y las políticas de inclusión actuales de las mujeres. Que asuma
que las mujeres venezolanas debemos devenir sujetos visibles reivindicando
nuestro protagonismo en la historia, destacando nuestros aportes pasados y presentes
a la nación sin asumir posiciones esencialistas, pero que al mismo tiempo denuncie y
ataque las estructuras patriarcales que son la causa de que ese protagonismo haya
sido ocultado. La Venezuela bolivariana necesita, como dice Frei Beto (2009), combatir
la opresión contra las mujeres que hoy se manifiesta de maneras tan sofisticadas que
llegan a convencer a veces a las mismas mujeres de que ése es el camino verdadero
de la liberación femenina.

También son esperanzadores, aunque son muy pocos, algunos de nuestros trabajos
productos de la investigación arqueológica en Venezuela donde hemos tratado de
demostrar la necesidad de vincular la investigación histórica con el requisito de darle
concreción a las identidades femeninas (Vargas, 2005, 2007a, 2007b, 2009). 14 En tal
sentido, es de destacar que de forma persistente, las prácticas de las arqueólogas y
arqueólogos tradicionales en Venezuela, hasta el presente, han construido
representaciones de nuestro pasado que son en muchos casos, racistas, clasistas,
sexistas y androcéntricas, pues ya desde la fase de la selección de temas a investigar
hasta la del análisis y difusión de los resultados, las posiciones sostenidas han sido,
por decir lo menos, indiferentes al tema de la subordinación femenina. Por ello no es
de sorprender que a pesar de la abrumadora mayoría de las investigaciones
arqueológicas sobre la sociedad tribal originaria (que constituyen aproximadamente
entre el 80-90% del total de la investigación arqueológica nacional), basadas
fundamentalmente en el análisis de restos cerámicos manufacturados por mujeres de
esas sociedades, ninguna ha tenido como objetivo estudiarlas a ellas, salvo muy
recientemente (Vargas, 2006, 2007a). Todo lo anterior ha tenido como efecto la
proyección ante la sociedad venezolana de una visión de su pasado en el que las
mujeres de las sociedades tribales antiguas han sido ocultadas o vistas cumpliendo
unos papeles determinados (los que ajustan a la ideología patriarcal) lo que ha
ayudado a fijar y reproducir estereotipos y valores negativos en la actualidad y
justificar actitudes discriminatorias hacia las descendientes de esas sociedades. En la
situación anterior parece haber influido el hecho de que ni historiadoras ni
histotiadores y mucho menos arqueólogas o arqueólogos se han planteado como
objetivos cognitivos el protagonismo de los diversos colectivos femeninos originarios
en la historia como manera de abordar la historicidad de las actuaciones femeninas.
Tales posiciones obedecen, creemos, no a que ello no sea posible, sino a que nunca
antes se le había buscado, al menos en Venezuela. Estimo de interés manifestar
nuestra desavenencia con esa práctica arqueológica de manera de mostrar el
desasosiego que nos produce la negación, hasta períodos recientes, de establecer la
sistematización de los esfuerzos colectivos, luchas y logros femeninos en las
sociedades originarias, lo que ha llevado a desconocer esos esfuerzos y a verlos como
un fenómeno totalmente ajeno a los problemas que confronta nuestra sociedad actual,
lo que en términos de las/os investigadoras/es del Centro Nacional de Historia ha sido
conceptualizado como « la preterización de las/os indígenas».

Por otro lado, la abrumadora presencia femenina en marchas, mitines, consejos


comunales, comités de tierras urbanas, es decir en todos los actos públicos y
organizaciones populares que han caracterizado al proceso político venezolano en los
últimos diez años, ha llevado a la incorporación en los discursos políticos de líderes,
dirigentes, funcionarios y del público en general, de frases que tratan de mostrar que
el proceso bolivariano es feminista. No obstante, es conveniente señalar que la
mayoría de esas mujeres no están comprometidas con una agenda feminista (Espina,
2007).

COMENTARIOS FINALES

Hemos visto a lo largo de este trabajo, someramente, cómo en la sociedad venezolana


actual se está dando una práctica historiográfica, que se ha venido configurando en los
últimos 20 años, que trata de no reproducir las estructuras patriarcales de poder y que
intenta entender las realidades múltiples de las mujeres venezolanas. No nos hemos
referido en particular a las explicaciones teóricas que ha producido la Academia
venezolana que aluden a cuándo se inició el sometimiento femenino, sino cómo se ha
explicado –desde distintas posiciones teóricas– el cuándo y el por qué se hizo
necesaria para la sociedad venezolana la invisibilización femenina en la historia, a
cuáles intereses obedeció, quiénes se vieron beneficiados por esa ocultación y cuáles
son los impactos que ello ha tenido en las luchas de liberación que hoy motivan a miles
de mujeres, aglutinadas en 30 organizaciones feministas nacionales, incluyendo
centros de investigación en universidades.
Hemos entendido como ineludible destacar que la ocultación femenina de la historia ha
formado parte de la ideología del poder, sobre todo el patriarcal, aunado al económico,
político y racista desde el mismo momento cuando el territorio venezolano fue invadido
por los europeos a finales del siglo XV y se inició el largo, sangriento y doloroso
período colonial. Esa ideología fue modificada, ligeramente, a partir de la tercera
década del siglo XIX y ha subsistido prácticamente inalterada hasta nuestros días, por
lo que ha sido uno de los instrumentos más eficaces para la violación e irrespeto al
derecho que tiene todo ser humano para afirmar su propia identidad sexual, cultural,
étnica, nacional, religiosa … Todo ello nos ha llevado a establecer en este trabajo como
ineludible la necesidad que existe en la Venezuela bolivariana actual de realizar una
investigación historiográfica crítica, comprometida con la tarea de que se reconozcan
las diferencias de género como generadoras de derechos políticos, civiles, económicos,
culturales y sociales para todas las mujeres. Una historiografía de este tipo se
compromete con las oprimidas y oprimidos cuando desvela a las mujeres en la historia,
cuando denuncia los silencios y omisiones. No nos referimos tan sólo a la obviedad de
la presencia femenina en la historia, sino a la historicidad de la condición de
sometimiento y las reacciones femeninas a ella, elemento que entra en disputa en la
arena política cuando las feministas esperamos que nuestra agenda sea parte
consustancial de la que suscriben los órganos de decisión política y esté contemplada
en todas las políticas públicas estatales; también en la arena económica, cuando las
feministas esperamos que nuestro género no se use para desfavorecernos en sueldos y
salarios, argumentando las crisis económicas y vulnerando aún más a las mujeres
trabajadoras, quienes ocupan los peores empleos y perciben menores ingresos por la
misma labor.

Hemos reconocido que existe en Venezuela una nueva generación investigadora


abierta a una transformación historiográfica, la cual enfrenta la gigantesca tarea de
producir conocimientos que generen una historiografía que nos ayude a las
venezolanas y venezolanos a aprender a convivir respetando la diversidad, pero no en
un paraíso ilusorio, armónico y sin conflictos internos como plantean las posiciones
teóricas más relativistas, negadoras de la historia, pues como bien ha dicho Héctor
Díaz Polanco la diversidad es un factor potencial de conflicto y dificultades (2005: 14).
Esa historiografía crítica contribuiría a impedir la hasta ahora presente manipulación
capitalista de la misma diversidad que, en el caso del género, ha utilizado las
estructuras y prácticas patriarcales que han asentado que las obvias diferencias
biológicas que existen entre mujeres y hombres, los hacen a ellos superiores, mejores
y más capaces que nosotras. Frente a las preguntas de si esa historiografía crítica
ayudaría o no a la liberación femenina, sólo nos queda afirmar que la historiografía
genera sentidos y por lo tanto valores cuando nos dice de dónde venimos, quiénes
fueron nuestros ancestros; cuando nos convence de que el «otro» que hoy día nos
oprime es el representante hoy de los que nos hicieron el «favor» ayer de
incorporarnos a la historia universal al civilizar a nuestros más remotos antepasados;
la que señala quiénes protagonizaron el pasado y dice que sólo fueron los hombres; la
que nos intenta convencer de que las prácticas patriarcales son naturales y, por lo
tanto, eternas, determinando así las formas como somos percibidas las mujeres y
cuáles son nuestros derechos o si no tenemos ninguno; la que con sus
reconstrucciones históricas legitima las modificaciones presentes de los códigos
sociales de pertenencia como el poder, los privilegios, la ciudadanía y la nación. En
pocas palabras, la historiografía controla nuestra memoria histórica, y quien hace eso,
puede hacer del pasado, de nuestro pasado un apéndice del presente de opresión.
Juzguen ustedes.

Notas
1 Ha influido negativamente en la construcción de las diversas y múltiples identidades
femeninas a lo largo de la historia al afectar muy especialmente las autopercepciones y
la autoestima de las mujeres.

2 Para nosotras todo conocimiento del pasado genera sentidos, en consecuencia,


valores, y como se sabe, los valores condicionan conductas.

3 García y Valdivieso (2009: 137) informan que para el año 2005 existían en el país 30
organizaciones feministas, aglutinadas en el llamado Movimiento Ampliado de Mujeres
(MAM).

4 En este sentido, debemos mencionar el número 13 de la Revista Venezolana de


Estudios de la Mujer, publicada por la Universidad Central de Venezuela, íntegramente
dedicado altema Género y Antropología. Allí se presentan tres trabajos sobre
arqueología y género ypor lo tanto históricos (escritos por Rodrigo Navarrete, Nancy
Escalante y nosotras)donde se abordan aspectos fundamentales para el tema de este
ensayo, a saber: Conceptohistórico del cuerpo femenino, contribuciones de la
arqueología feminista al estudio delgénero, y las teorías que se manejan en
antropología –sobre todo en la arqueología– enlas distintas posiciones teóricas
sostenidas en la actualidad por diversos feminismos.

5 Asumimos aquí las tesis de Manuel Gándara (2008) sobre lo que es una posición
teórica: «…el conjunto de supuestos valorativos, ontológicos, epistemológicos y
metodológicos que orientan el trabajo de una comunidad académica para la
construcción de teorías sustantivas«. Una posición teórica, para el mismo autor, está
compuesta por cuatro áreas: la valorativa,la ontológica, la epistemológica y la
metodológica. Para Gándara, las dos centrales sonla valorativa y la ontológica. No nos
detendremos demasiado en estas definiciones, perosí consideramos importante
destacar, a los efectos del presente ensayo, el área valorativapues Gándara señala que
en ella «….están los supuestos que tienen que ver con el «para qué y para quién» de
la actividad científica. Son los supuestos éticos y políticos que permiten seleccionar
qué problemas son los relevantes, por qué, y a quién beneficia su solución« (2008: 59
y sgts.).

6 En tal sentido, García y Valdivieso (2009: 133) lo dicen claramente cuando señalan
que«las mujeres» no constituyen un universo homogéneo, «…cuando en realidad
existen muchas formas de vivir la experiencia de ‘ser mujer’ en la sociedad
venezolana, que varían según la clase social, el origen étnico, la historia personal, la
educación, la pertenencia laboral, la orientación sexual, la religión, y otras
condiciones».

7 Gándara define un objetivo cognitivo como: «el tipo de conocimiento -o más


precisamente, la meta de ese conocimiento- que se persigue» (2008: 71).

8 Esta aseveración se ve sustanciada en la forma como la historiografía tradicional ha


tratadolos hechos históricos vinculados al proceso independentista. Ejemplo de ello es
la llamada«Conspiración de Gual y España», personajes éstos los únicos considerados
precursoresde la independencia junto a Francisco de Miranda, no obstante que decenas
de mujeresparticiparon en los movimientos revolucionarios en los que participaron
ambos personajes.
9 Como sucedió, por ejemplo, con Josefa Joaquina Sánchez, esposa de España,
olvidandoa las esclavas afrodescendientes que la apoyaron y acompañaron incluso en
la cárcel,así como a los otros cientos de mujeres que participaron en el movimiento
revolucionario,la mayoría familiares directos de los cientos de hombres que lo
integraron.

10 Por las razones que hemos venido apuntando, no existen en la memoria histórica
de l@svenezolan@s precursoras de la independencia, ni siquiera «blancas»
mantuanas. ¿Quiénha oído hablar en Venezuela de las guerreras llaneras? ¿Quién dice
nada sobre las cimarronasguerreras, excepto que eran presas por raptos por parte de
los cimarrones? ¿quién reconocea una esclava, negra o india como precursora?

11 ¿Quién que no sea especialista sabe que la esposa del encargado de la Guarnición
deCaracas durante el guzmancismo era gringa, hija del Cónsul de EEUU en Venezuela?,
o el papel jugado por Doña Zoila durante la Revolución Restauradora? O ¿quién conoce
anuestras científicas de los años 1880-1930?

12 Nadie debería esperar construir la liberación femenina mejorando tan sólo las
condiciones de sus vidas dentro del orden social capitalista-patriarcal existente. Ello
sólo conlleva a mitigar la opresión, no a eliminarla.

13 Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar, por ejemplo, en los análisis


publicados sobre la vida y obra de Cipriano Castro (Ver Memorias de Venezuela, No 6).
No se menciona a ninguna mujer, ni siquiera a su esposa Zoila, ni mucho menos a las
miles de mujeres que protestaron en las calles ante el bloqueo.

14 En Venezuela, como producto de que los estudios antropológicos fueron creados por
la Escuela Estadounidense, la arqueología en lugar de ser considerada una disciplina
histórica, forma parte o es considerada «una rama» de la antropología.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Aguirre Rojas, Carlos. (2009). La actualidad del historiador crítico. Entrevista


en Memorias de Venezuela. Junio Número 9: 24-27.        [ Links ]

2. Alcibíades, Mirla. (2004). La heroica aventura de construir una república.


Familianación en el ochocientos venezolano (1830-1865). Caracas, Monte Ávila
Editores Latinoamericana. Fundación CE.        [ Links ]

3. Alcibíades, Mirla. (2006). Periodismo y literatura en Concepción Acevedo de


Tailhardat (1855-1953). Caracas, Fundación CELARG.        [ Links ]

4. Aranguren, Carmen. (2008). Ciudadanía, diversidad y desarraigo social.


En: Diálogos Culturales. Mérida. Arquidiócesis de Mérida, Archivo Arquidiocesano de
Mérida, Universidad de los Andes: 105-116.        [ Links ]

5. Bethencourt, Luisa. (1998). Mujeres, trabajo y vida cotidiana. Caracas, CENDES,


UCV.        [ Links ]
6. Bethencourt, Luisa. (2005). Mujeres jóvenes y proyectos de vida: Una mirada a la
juventud y el trabajo desde el género. En: Venezuela. Visión plural. Caracas, CENDES,
Universidad Central de Venezuela, Tomo II: 503.        [ Links ]

7. Brand De, Isabel (2008). Artifex et maquinatrix: discursos femeninos en la


antigüedad clásica, otras representaciones de poder. En: Diálogos Culturales. Mérida.
Arquidiócesis de Mérida, Archivo Arquidiocesano de Mérida, Universidad de los Andes:
29-50.        [ Links ]

8. Briceño Iragorry, Mario. (1988). Mensaje sin destino y otros ensayos. Caracas,


Fundación Biblioteca Ayacucho.        [ Links ]

9. Díaz Polanco, Héctor. (2005). Elogio a la diversidad. México: Siglo XXI Editores, S.A.


de C.V.         [ Links ]

10. Espina, Gioconda. (2007). «Más allá de la polarización, las venezolanas


organizadas y su agenda mínima de trabajo». NACLA Report on the Americas. Vol. 40
(2): 20-24.        [ Links ]

11. Gándara, Manuel. (2008). El análisis teórico en ciencias sociales: Aplicación a una
teoría del origen del Estado en Mesoamérica. Libro electrónico.        [ Links ]

12. García, Carmen y Valdivieso, Magdalena. (2009). «Las Mujeres Bolivarianas y el


Proceso Bolivariano». Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. FACES,
UCV: 15(1): 133-153.        [ Links ]

13. Huggins, Magally. (2005). Venezuela: Veinte años de ciudadanía en femenino.


En: Venezuela. Visión plural. Caracas, CENDES, Universidad Central de Venezuela,
Tomo I: 416        [ Links ]

14. Lander, Edgardo. (1995). Neoliberalismo, sociedad civil y democracia. Ensayos


sobres América Latina y Venezuela. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico.
Universidad Central de Venezuela.        [ Links ]

15. Lepe, Luz María. (2008). Pensamiento fronterizo y Tradición Oral. La perspectiva
del postoccidentalismo de W. Mignolo. En: Diálogos Culturales. Mérida. Arquidiócesis
de Mérida, Archivo Arquidiocesano de Mérida, Universidad de los Andes: 79-
102.        [ Links ]

16. López, Elsa. (2008) La invisibilidad de las Mujeres. Artículo electrónico cedido
expresamente por la autora para Ciudad de Mujeres. En línea marzo
2008.        [ Links ]

17. Luxemburgo, Rosa. (2004). Rosa Luxemburg speaks. Nueva York,


Pathfinder.        [ Links ]

18. Memorias de Venezuela. (2008). La Sociedad venezolana de 1811. Mestizaje,


exclusión y calidades. Julio-agosto. Número 4.        [ Links ]

19. Memorias de Venezuela. (2008). Heroínas, matronas y troperas: Las mujeres en


nuestra historia patria. Septiembre-octubre. Número 5.        [ Links ]
20. Memorias de Venezuela. (2008). Un presidente contra el imperio: A 100 años del
derrocamiento de Cipriano Castro. Noviembre-diciembre. Número 6, Pps. 28-
51.        [ Links ]

21. Memorias de Venezuela. (2009). Cimarroneras y rebeliones negras en la Venezuela


colonial. Los refugios secretos de la libertad. Junio. Número 9.        [ Links ]

22. Memorias de Venezuela. (2009ª). 200 años después; independencia y revolución.


Marzo. Número especial. Pps. 20-25.        [ Links ]

23. Méndez, Nelson. (2009). Sobre feminismo, género e historia de


mujeres. Insumisas. Artículo electrónico publicado por Género con Clase. En línea
febrero 2010.        [ Links ]

24. Pellicer, Luis (2008). Memorias de Venezuela. Julio-agosto. Número 4: 28-


31.        [ Links ]

25. Quintero, Inés. (2007). La Palabra Ignorada. Caracas, Fundación


Polar.        [ Links ]

26. Sánchez, Mariana L. (2009). Sin Cadenas, ni Misterios: Representaciones y


autorrepresentaciones de la intelectual venezolana (1936-1948). Caracas, Centro de
Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG).        [ Links ]

27. Stolke, Verena. (1992). Racismo y sexualidad en la Cuba colonial. Madrid, Alianza


Editorial.        [ Links ]

28. Úslar Pietri, Arturo. (1986). Medio milenio de Venezuela. Caracas, Cuadernos


Lagovén.        [ Links ]

29. Vargas, Iraida. (2004). Las Mujeres Tribales: Artesanas de la cotidianidad. Actas
del VI Encuentro de Investigadores de Arqueología y Etnohistoria. Organizado por el
Instituto de Cultura Puertorriqueña. San Juan.        [ Links ]

30. Vargas, Iraida. (2006). Historia, Mujer, Mujeres. Caracas, Ediciones del Ministerio


para la Economía Popular (MINEP).        [ Links ]

31. Vargas, Iraida. (2007a). Resistencia y Participación. Caracas, Monte Ávila Editores


Latinoamericana, S.A.        [ Links ]

32. Vargas, Iraida. (2007b). Arqueología y género. El arte rupestre de la Cuenca del


Caroní. Ponencia presentada en el V Encuentro Mundial de Sociedades Científicas.
Santo Domingo.        [ Links ]

33. Vargas, Iraida. (2009). Análisis del arte rupestre de la cuenca del río Caroní desde
la perspectiva de género. Conferencia Magistral dictada en la Casa de la Diversidad,
Bolívar. Noviembre, Ciudad Bolívar.        [ Links ]
La mujer venezolana en la política: una lucha de 100 años

La lucha política de las venezolanas tiene mas de 100 años. Esto nos puede dar
una idea de toda el agua que ha corrido bajo los puentes de la política de este
país.
Pero a la hora de proporcionar información sobre la participación de la mujer
venezolana en la política, son  varias las limitaciones que enfrentamos: por un
lado, la  poca información de que se dispone y , por otra, la inexistencia de cifras
oficiales que podrían conservar las organizaciones políticas y el Estado. Lo
que no sucede.
Aún así, gracias a incansables luchadoras que se han dedicado a recabar
información y realizar propuestas para lograr la tan anhelada igualdad de género
en la política nacional, podemos tener una idea bastante clara y ajustada a la
realidad.
Apartheid político

Fuente: América Latina Genera (PNUD)/ www.americalatinagenera.org

La socióloga Evangelina García Prince, consultora, profesora de las


universidades Central de Venezuela y Simón Bolívar y quien ha dedicado su vida
al tema de la mujer en la política asegura para Voces Visibles, que en general en
Venezuela los partidos cultivan, respecto a las mujeres, un cierto clima de
apartheid político.
“Hay partidos donde no se contempla ningún tipo de organización interna de las
mujeres; otros que sí la tienen, pero que no es parte de la estructura de decisiones
y, finalmente,  hay tres partidos donde existe la organización interna de las
mujeres: Secretaría de Acción Femenina de Acción Democrática, Frente de
Mujeres del Movimiento al Socialismo y Secretaría Femenina del Partido Social
Cristiano COPEI. Existe, pero sin influencia clara y manifiesta en las decisiones
que tienen que ver con el rumbo político de la organización.
“Por su parte, en el partido de gobierno, Partido Socialista Unido de
Venezuela, Psuv, y en los partidos Primero Justicia, Proyecto Venezuela y La
Causa R, carecen de tales secciones o unidades de agrupación interna de los
movimientos de las mujeres”.
Agrega García Prince que no hay un solo partido en Venezuela que haya
desarrollado estatutariamente o en un documento específico, una tesis o postura o
doctrina sobre las mujeres que militan en sus estructuras o sobre el resto de las
mujeres en el país a las cuales tendrían que servir si llegan al gobierno:
“En los partidos venezolanos, el discurso oficial no incluye una perspectiva de
género ni una propuesta de las mujeres sobre las mujeres o de la organización
sobre sus frentes internos o externos. Estos esconden la exclusión efectiva de la
consideración del tema de la igualdad y la atención a las diferencias de género”.

 
La especialista señala que “desde principios de los años 90, Venezuela ha vivido
una grave crisis política, social y económica que ha conmovido los cimientos de
todo el sistema. A principios de los 90 un golpe de Estado contra el Presidente
constitucional desencadenó un proceso de deterioro y confrontaciones de
creciente agudeza”.
Explica García Prince que la turbulencia política tocó frontalmente a las mujeres
de los partidos políticos y de las organizaciones de mujeres que a la larga ha
tenido como resultado un debilitamiento crítico de la presencia femenina en los
espacios políticos y en el liderazgo de mujeres.
“No me cabe la menor duda acerca del hecho de que la exclusión y
desplazamiento de las mujeres de las posiciones significativas del orden político
venezolano, de las agendas públicas, de las voces con legitimidad legal y otras
instancias que verifican un ejercicio pleno de la ciudadanía, confirman que nuestro
status en ese orden político es la subordinación”.
Aún así, explica que desde la segunda mitad del siglo XX y hasta 1990 se
evidenciaba en la política venezolana un sostenido proceso de ascenso de las
mujeres en los espacios políticos. “Esto ocurrió principalmente por la consolidación
del sistema democrático y el vertiginoso ascenso de la calidad y cuantía de la
formación de la mujer que fue posible, gracias a su masiva incorporación al
sistema educativo”.
De hecho, durante algunos años la imagen que Venezuela proyectó en la región
era la de un país con un proceso de ascenso creciente de las mujeres en las
posiciones de toma de decisiones en los poderes públicos.
García Prince concluye señalando que entre los hechos singulares de los cuales
podemos sentirnos orgullosas las mujeres venezolanas en los últimos tiempos, ha
sido la elaboración de una propuesta con sentido de género sensitivo para la
Constitución del 1999.
“Esta Constitución logró aglutinar en la etapa de su discusión y elaboración a las
mujeres de todas las toldas políticas y organizaciones cívicas o de defensa de los
derechos de las mujeres y con el apoyo de la cooperación internacional. Así se
logró elaborar una propuesta que exigía una visión de género sensitiva. La
presión de las mujeres unidas y el clima de apertura que en esos momentos
caracterizaban al gobierno del Presidente Hugo Chávez, logró exitosamente la
mayoría de los planteamientos como parte del texto constitucional.
Desafortunadamente, ha sido el mismo gobierno quien violó la Constitución en la
que colocamos tantas esperanzas las mujeres venezolanas”, precisó.
Mucho por conquistar
Para Sonia Sgambatti, abogado, profesora de la Universidad Central de
Venezuela y quien ha desempeñado una intensa carrera política, la participación
femenina en la política venezolana no es satisfactoria y “definitivamente tiene aun
mucho por conquistar. Y para colocar un ejemplo de ello, tomemos la cuota
electoral femenina contemplada en el Artículo 144 de la Ley Orgánica del Sufragio
y Participación Política, la cual fue desaplicada y derogada arbitrariamente por el
Consejo Nacional Electoral”.
Explica Sgambatti que el Consejo Nacional Electoral venezolano aprobó mediante
la Resolución No 000321-544, adoptada en su sesión extraordinaria del 21 de
marzo de 2000, desconocer la vigencia del artículo 144 de la Ley Orgánica del
Sufragio y Participación Política, “llegando a producir con tal decisión una
actuación marcadamente inconstitucional, cuyos efectos echan por tierra una
conquista en favor de la igualdad y de la no discriminación”, indicó.
Sgambatti cuenta que ella demandó ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo
de Justicia, la nulidad de tal decisión.
Relata que la Ley Orgánica de Procesos Electorales, publicada en Gaceta Oficial
Extraordinaria No. 5.928 de fecha 12 de agosto de 2009 no contempla ningún
artículo relativo a la paridad que garantice a la mujer la igualdad de condiciones en
la participación política.
“No contiene norma alguna en relación a la composición paritaria. Esta ley, deroga
la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política que si mantenía la
obligatoriedad de la cuota femenina” precisa.

A su juicio eso es un terreno conquistado que se perdió.


Avance lento
Para la especialista,  la realidad social y política ha mostrado en cada uno de los
procesos electorales celebrados en el país; durante los años 1983, 1988, 1993,
2000, 2005, 2010 que  la representación de la mujer en los cuerpos deliberantes,
fue numéricamente insignificante. Explicó que la Cámara de Diputados de la
Asamblea Nacional, año 2000, constituida por 164 diputados, 149
fueron hombres (90,8%) y sólo 15 fueron  mujeres,(9,2%).
Pero en el año 2009  se promulgó la Ley de Procesos Electorales en la cual
se omitió la cuota electoral femenina; el resultado de este hecho se evidenció
en las pasadas elecciones a la Asamblea Nacional donde la representación
femenina pasó de 17,36% en 2006 al 15,95% en 2010. “Es decir, de 163
diputados y diputadas, hay 26 mujeres diputadas y 137 hombres diputados, lo cual
equivale al 84,04% de diputados hombres. Allí se nota la carencia de la cuota
electoral femenina” precisa. .
En el actual período 2011-2016, la Cámara de Diputados de la Asamblea Nacional
está constituida por 167 diputados, de los cuales 136 son hombres que
representan el 81,4% del total de Diputados elegidos y sólo 31
son mujeres Diputadas, lo cual representa el 18,6%  de la participación femenina.
“Como es fácil apreciar, no fue suficiente el enunciado igualitario que consagró la
Constitución. La aspiración, lucía como un mero sofisma mientras no se le dotase
de mecanismos reales mediante disposiciones legales que desarrollaran tal 
contenido principista”, resalta.
Con la mirada en el futuro, Sgambatti indica que las mujeres venezolanas
deben, con valentía y tenacidad, participar activamente  de  la vida política y
social del país. “Por la tanto debemos  exigir a la Asamblea Nacional reformar la
Ley Orgánica de Procesos Electorales para incorporar la cuota electoral femenina
o promulgar una Ley Orgánica de Cuotas Electorales Femeninas, con el objetivo
de lograr la igualdad de género en esta materia”.

Indica además que se debe sancionar la Ley Orgánica de los Derechos de las
Mujeres para la Equidad e Igualdad de Género, “donde establezca que las
organizaciones con fines políticos, grupos de electores y asociaciones de
ciudadanos y ciudadanas deberán conformar la postulación de sus candidatos y
candidatas por listas a los cuerpos deliberantes nacionales, estadales,
metropolitanas y municipales de manera que se incluya un porcentaje de mujeres
que representen por lo menos el (50%) del total de sus candidatos y candidatas
postulados en listas conformadas de manera alterna y no debe ser oficializada
ninguna postulación que no cumpla estos requisitos” puntualizó.
La violencia contra las mujeres y la ciudadanía. El caso
venezolano
Elida Aponte Sanchez
p. 39-63
Résumé | Index | Plan | Texte | Bibliographie | Notes | Citation | Auteur

Résumés

EspañolFrançaisEnglish
La violence de genre ou la violence fondée sur le sexe est dans la République bolivarienne du Venezuela, le
premier problème de santé publique et une manifestation du statut de citoyenneté diminuée, où les femmes
sont confrontées à une expérience quotidienne de désaccord entre la norme et la réalité, entre le droit et la
justice concrète.
Haut de page

Entrées d’index

Mots-clés :
Femmes, Citoyenneté, Violence, Justice, Venezuela
Keywords :
Women, Citizenship, Violence, Justice, Venezuela
Palabras claves :
Mujeres, Ciudadanía, Violencia, Justicia, Venezuela
Haut de page

Plan

Introducción
Marco normativo del tratamiento de la ciudadanía y de la violencia contra las mujeres en
Venezuela
Recorrido legislativo sobre la Violencia contra las Mujeres en Venezuela, desde 1998
¿Es el problema de la violencia contra las mujeres incito al ejercicio de su ciudadanía  ?
Posible explicación a la negación de la ciudadanía de las mujeres y su derecho a una vida
libre de violencia : la concepción sobre el cuerpo de la mujer
Unas referencias a la manera cómo se comportan las ciencias, asumida por el Derecho, en
relación al cuerpo de la mujer
Conclusión : la violencia contra las mujeres en Venezuela sigue siendo, en la práctica, la
negación de nuestra ciudadanía

Haut de page

Texte intégral
PDF 296kSignaler ce document

Introducción
1El tema de la ciudadanía interesa a distintas ciencias, a saber : a la filosofía, a la política, a la
economía, a la sociología, a la antropología, al derecho, por nombrar algunas. Sin embargo, la
ciudadanía adquiere una singular importancia cuando la abordamos con las herramientas
epistemológicas feministas y la ponemos en relación con problemáticas de hondo calado social,
tales como la violencia contra las mujeres. Una epidemia que recorre el mundo tal y como lo ha
asumido la Organización de las Naciones Unidas (ONU-2012) y nosotras denunciáramos en la 51
Reunión de la Comisión sobre la Condición Social y Jurídica de la Mujer, en la oportunidad de
asistir como Delegada por la República Bolivariana de Venezuela, ante el mismo organismo
internacional, en el año 2008.

2Corresponde a la teoría feminista la introducción de la discusión sobre la manera como se ha


construido la ciudadanía, siempre con base a la exclusión de las mujeres y hasta contra ellas por
lo que es de suma importancia, sobre todo en los países de América Latina y, en nuestro caso,
en la República Bolivariana de Venezuela, poner de manifiesto de qué manera el tema de la
violencia contra las mujeres y su tratamiento institucional desnuda la concepción de la
ciudadanía de ellas, poniendo en evidencia el desacuerdo constante entre norma y realidad,
entre la ley y la justicia concreta, encarnada en lo cotidiano.

3En el presente artículo revisaremos - grosso modo - los materiales o nociones que sustentan
las aporías y las contradicciones sobre la violencia contra las mujeres en la República Bolivariana
de Venezuela, en esa relación entre norma y vida, para mostrar la inflexión en la construcción de
nuestra ciudadanía. Una ciudadanía que queda a medio camino como herramienta fundamental
de la democracia participativa y protagónica, enunciada en la Constitución vigente y,
además, paritaria según lo expresa la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida
Libre de Violencia.

Marco normativo del tratamiento de la


ciudadanía y de la violencia contra las
mujeres en Venezuela
4Cuando el 15 de diciembre de 1999 se aprueba por referéndum, como producto de una
asamblea nacional constituyente, el texto constitucional vigente, las mujeres feministas y
algunos hombres concientizados, pudimos incluir en la misma no sólo la declaración contenida
en su artículo 2 que enuncia que Venezuela se constituye en un estado democrático y social de
Derecho y de Justicia, con las implicaciones que tal declaración supone, sino todo un Título III
sobre los derechos humanos que, de una u otra manera, asume lo que había sido ya aprobado
en leyes especiales como la Ley Aprobatoria (1998) de la Convención sobre la Eliminación de
Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y normas tan importantes y, a mi
manera de ver, lo más revolucionario que se había hecho en texto constitucional alguno en
América, cual fue el reconocimiento del trabajo del hogar (Art. 88) como actividad económica
que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social. En consecuencia, las amas de casa
tienen derecho a la seguridad social de conformidad con la ley. En este tema algunas feministas
critican la analogía que pretende hacerse entre el ama de casa y el trabajador, ya que :

1 Celia Amorós. Tiempo de Feminismos. Colecc. Feminismos. Madrid, Ediciones Cátedra, 1997, p. 274.

[…] El trabajo del ama de casa es el trabajo de un ser “sexualmente sometido”. En tanto que tal, no
puede decirse con propiedad que aliene a su marido su fuerza de trabajo. Y si no le paga un salario, lo
cual es la señal del “intercambio libre”, es porque el esposo tiene dominio sobre el uso de su trabajo
en virtud del hecho de que es un varón. La mujer le debe los servicios domésticos a su esposo por su
estatus de varón y no quia empleador1.

2 Realizado históricamente por las mujeres.

5De cualquier manera y desde el punto de vista objetivo, es indiscutible que todo trabajo genera
riqueza para el país y el trabajo de las mujeres en el hogar siempre estuvo invisibilizado y no
reconocido. Por ello la Constitución venezolana, en un acto inédito en la historia constitucional
de América, obliga al Estado a garantizar la igualdad y la equidad en el ejercicio del derecho al
trabajo, reconociendo expresamente el trabajo en el hogar 2, en los términos que dejé
expuestos.
6En la lucha por nuestros derechos humanos y, especialmente, de la ciudadanía, las mujeres
dimos un gran paso con la consagración en la Constitución de 1999 de la agenda feminista
venezolana. Esa agenda venía tomando cuerpo y avanzando lentamente desde la década de los
años treinta y cuarenta del siglo veinte, y a partir de los años setenta del mismo siglo, recibió
todo el impulso del movimiento feminista venezolano, que había hecho de la trinchera
universitaria su espacio de construcción teórica y de vinculación con las organizaciones
populares de mujeres.

7La Constitución de 1999 es el pacto fundacional de la nueva República. Un pacto que promueve
el Estado Constitucional o estado de los derechos humanos como contra cara al Estado de
Derecho o de legalidad formal, propio de nuestro país desde la caída de la Dictadura del General
Marcos Pérez Jiménez (1958) y la instalación en el poder de la democracia representativa o la
democracia de los partidos, en la cual las mujeres nunca gozamos de la ciudadanía plena y
siempre fuimos tratadas como ciudadanas de segunda categoría.

8Si quisiéramos resumir el gran aporte de la constitución vigente a las mujeres diría que es
el reconocimiento del derecho irremplazable a tener y a que se garanticen nuestros derechos
humanos y eso no puede ser mera declaración en papel sino el motor fundamental que debe
regir la interrelación humana en nuestro país desde el mismo momento de la aprobación del
nuevo y más importante pacto político. Una aspiración que sigue siendo asignatura pendiente.

9Interesa expresar que la diferencia entre la Constitución de 1999 y las veintisiete


constituciones anteriores que han existido en Venezuela es que la vigente reconoce a los iguales,
a los sujetos y a las sujetas, a los hombres y a las mujeres con igual poder y autoridad para
deliberar y decidir sobre los asuntos políticos. Eso en el texto porque luego veremos algunas
aporías y contradicciones cuando ponemos en relación temas como la ciudadanía y la violencia
contra las mujeres, que venimos tratando.

3 Ana Rubio Castro, “Ciudadanía y sociedad civil: avanzar en la igualdad desde la política” en Lo púb (...)

4 Celia Amorós, op. cit.p. 46.

10Por otra parte, “el pacto está construyendo un concepto de comunidad política y está
mostrando a los individuos que la integran y a quienes quedan excluidos de ella” 3. Aunque, es
importante decirlo, las mujeres no somos tratadas como sujetas constituyentes, ni como
factores reales de poder. Para el Estado y sus instituciones nosotras somos las constituidas. Las
idénticas y no iguales, en palabras de Celia Amorós4.

5 Aunque dicho poder no está previsto en la Constitución como tal.

11Políticamente hablando, el texto constitucional fue asumido por el Presidente Hugo Chávez
Frías y sus seguidores como proclama fundacional de la Revolución Bolivariana que dice
encarnar el nuevo gobierno, instalado en el poder desde el mes de enero de 1999. Ello, en
estricto sentido es cierto porque con la Constitución y las leyes que han sido aprobadas (1999-
2013) invocando el poder popular5 como desiderátum de la democracia participativa y
protagónica que se construye, se ha impulsado una nueva geometría del poder, el
establecimiento del socialismo llamado del siglo XXI y un nuevo partido mayoritario : el Partido
Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que cuenta con la mayoría de votantes o sufragistas en la
población electoral.

12La igualdad de las mujeres y los hombres en la Constitución de 1999 es asumida como valor,
como principio y como derecho humano positivado. Es la igualdad, según el desarrollo ulterior en
otros textos legales, el derecho de derechos para la Revolución Bolivariana. Esa igualdad es
concebida teóricamente no sólo como igualdad ante la ley (igualdad formal) y la igualdad de
oportunidades sino, y esto es importante en nuestra temática, como igualdad material o
igualdad concreta, misma que en la Filosofía del Derecho estudiamos como Justicia. Esto último
es el supuesto irremplazable en la construcción de un estado social y democrático de Derecho y
de Justicia ; y de una ciudadanía democrática, constituyente, participativa, protagónica, paritaria
y popular, en los términos de la misma Constitución y las leyes denominadas del poder popular.

Recorrido legislativo sobre la Violencia


contra las Mujeres en Venezuela, desde
1998
6 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número extraordinario, 5.398, 26 de octubr (...)

7 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 36.531 del 3 de septiembre de


1998. (...)

13Antes de la aprobación de la Constitución el 15 de diciembre de 1999, se habían


aprobado : a) la Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer 6para garantizar a las mujeres
venezolanas el pleno ejercicio de sus derechos, el desarrollo de su personalidad, aptitudes y
capacidades (Art. 2) y, b) se había promulgado también, la Ley sobre Violencia contra la Mujer y
la Familia7 como instrumento normativo sobre la problemática en cuestión. Esta ley,
conteniendo en sí la dicotomía público-privado, no derribó en su articulado la creencia de que le
correspondía al hombre el poder correctivo sobre la mujer y de que la violencia contra las
mujeres se limitaba a un espacio específico : el hogar o espacio doméstico.

14El poder correctivo de los hombres contra las mujeres ha pervivido en otros textos legales
venezolanos, tales como el Código Penal, el Código Civil heredado a la sombra del código
napoleónico de 1804 (que reformamos en el año 1982) y es uno de esos materiales pre-legales
que tiene su fuente en la tradición de cultura venezolana. Una tradición de cultura que obra
siempre con su armamento de costumbres, creencias, mitos y prácticas contra los derechos
humanos de las mujeres.

15Esto lo decimos porque es preciso tener presente que el Derecho, en las sociedades
democráticas o que se autodefinen como tales, es el instrumento a través del cual se enuncian
las transformaciones sociales, entre las cuales las propiciadas por el feminismo son de primer
orden, por no decir las más importantes ; si es que queremos cambiar una sociedad ahíta de
patriarcado, desigualdad, discriminación y negación de la ciudadanía plena de las mujeres. Pero
el Derecho, por sí mismo, no exorciza al patriarcado.

16La Ley sobre Violencia contra la Mujer y la Familia significó poco menos que un saludo a la
bandera, un exhorto legislativo de buen comportamiento a los agresores ya que en la práctica el
Estado venezolano no creó ni se preocupó por diseñar y ejecutar políticas públicas para prevenir,
sancionar, eliminar y erradicar dicha violencia, ni darle a la ley el apoyo político ni los recursos
económicos necesarios para su aplicación, ni aportó la carne institucional comprometida a fondo
para que ella pudiera aplicarse asertivamente a un problema que históricamente ha venido
revelándose como el principal problema de salud pública y de ejercicio de la ciudadanía en
nuestra democracia.

8 Lo cual fue imitado posteriormente por Bolivia y Ecuador.

17De tal manera que Venezuela entra a la primera década del dos mil del presente siglo
veintiuno con la Constitución más avanzada de América Latina, redactada incluso con lenguaje
inclusivo de las mujeres o lenguaje no sexista 8, que significa el salto del estado de derecho al
estado constitucional o estado de los derechos humanos y con un instrumento normativo que
regulaba la violencia contra las mujeres, entendida esta como una expresión propia del ámbito
familiar.

9 En el cual nos hicimos parte, a título personal y en nombre y representación de la Red Venezolana s (...)
18La Ley sobre Violencia contra la Mujer y la Familia no sólo fue boicoteada por los mismos
organismos o instancias obligadas a implementarla y velar por su aplicación sino que fue
atacada abiertamente en el año 2003, ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia a través de un Recurso de Inconstitucionalidad e Ilegalidad Parcial intentado por el Fiscal
General de la República9 contra varios de sus artículos, con el argumento de la protección del
derecho a la libertad del hombre agresor (entre otros). Un Recurso que hería de muerte a la ley.
Fue por ello que ante una sentencia favorable (sexista) al Recurso Fiscal, en una estrategia de
avanzada legislativa y con el apoyo mayoritario de las mujeres integradas en colectivos
feministas, Puntos de Encuentro, Redes Universitarias y otras plataformas de mujeres, no sólo
protestamos y plantamos caras a las puertas del Tribunal Supremo de Justicia en el mayor acto
multitudinarios en reclamo de una justicia no sexista y contra la lamentable sentencia que
decidió el Recurso Fiscal, sino que expresamos en altas, claras e inteligibles voces que esa
justicia no la aceptaríamos más.

10 Con el mismo rango de la Constitución.

11 Trabajé con el equipo que elaboró el anteproyecto y luego participé en su diseño y discusiones
como (...)

19Como estrategia de respuesta contundente a la sentencia ya mencionada, adelantamos la


propuesta de una nueva ley de naturaleza orgánica 10, ajustada al paradigma feminista y que se
encuentra en vigencia, cual es la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre
de Violencia, promulgada en noviembre de 2007 11.

20La Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia contiene una
declaración sumamente importante. Una declaración que aclara, de manera definitiva, la
concepción de la ciudadanía de las mujeres en Venezuela, al afirmar lo siguiente :

12 Exposición de Motivos de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de
Violen (...)

[…] Con esta Ley se pretende dar cumplimiento al mandato constitucional de garantizar, por parte del
Estado, el goce y ejercicio irrenunciable e interdependiente de los derechos humanos de las mujeres,
así como su derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad sin ningún tipo de limitaciones. Por
ello el Estado está obligado a brindar protección frente a situaciones que constituyan amenazas,
vulnerabilidad o riesgo para la integridad de las mujeres, sus propiedades, el disfrute de sus derechos
y el cumplimiento de sus deberes, mediante el establecimiento de condiciones jurídicas y
administrativas, así como la adopción de medidas positivas a favor de éstas para que la igualdad ante
la ley sea real y efectiva. Estos principios constitucionales constituyen el basamento fundamental de la
Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia […]12.

21La Exposición de Motivos que recoge la anterior afirmación en la citada Ley es fuente del
derecho no sexista o derecho de las mujeres pero, además, sirve a la interpretación de las
normas. Y el articulado debe ponerse en conexión con tal Exposición, según lo ordenado por la
misma ley. La cual no puede publicarse sin ella.

13 Propuesta que impulsé desde el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de
Género, (...)

22Un dato de especial relevancia es que si la Constitución nos habla de una sociedad
democrática, participativa y protagónica, la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una
Vida Libre de Violencia, en su artículo 1, complementará tal declaración, de cara a la ciudadanía
de ellas e integrará también la paridad.  Esto es algo que ocurre por primera vez en la legislación
venezolana y que será ratificado por otras leyes como, por ejemplo, la Ley Orgánica de
Educación13.

14 Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Gaceta Oficial, op. cit(...)
Art. 1º.- La presente Ley tiene por objeto garantizar y promover el derecho de las mujeres a una vida
libre de violencia, creando condiciones para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra
las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos, impulsando cambios en los patrones
socioculturales que sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres,
para favorecer la construcción de una sociedad democrática, participativa, paritaria y protagónica 14.

15 Remito para la ampliación del análisis a mi artículo “La violencia contra las mujeres en Venezuela: (...)

23No podemos detenernos en un análisis exhaustivo de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las
Mujeres a una Vida Libre de Violencia 15, lo que excedería la extensión permitida de esta
contribución pero me permitiré señalar los aspectos que considero más importantes y
novedosos. Entre ellos apunto los siguientes : A) la superación de la dicotomía público-privado y
la declaración expresa de que la violencia contra las mujeres será sancionada,
independientemente del ámbito donde acontezcan los hechos o los delitos de tal naturaleza. B)
El reconocimiento de la violencia contra las mujeres como un problema histórico y universal, no
coyuntural, que encuentra sus raíces profundas en la característica patriarcal de las sociedades
humanas, caracterizadas por estructuras de subordinación y discriminación hacia la mujer. C) La
declaración expresa de que la violencia contra las mujeres constituye un grave problema de
salud pública y de violación sistemática de sus derechos humanos. D) La expresión del grave
daño que el paradigma positivista y sexista ha acarreado contra los derechos humanos de las
mujeres y a favor de la impunidad de la violencia que se ejerce contra ellas, sólo por el hecho de
serlo. E) La asunción del paradigma feminista o paradigma de género para la lectura, intelección
y aplicación de la Ley. F) La previsión de las medidas de protección y seguridad, de aplicación
inmediata, a favor de las mujeres víctimas de violencia machista. G) La tipificación de 18 delitos
de violencia contra las mujeres, a saber : la violencia sicológica, el acoso u hostigamiento, la
amenaza, la violencia física, la violencia sexual, el acto carnal con víctima especialmente
vulnerable, los actos lascivos, la prostitución forzada, la esclavitud sexual, el acoso sexual, la
violencia laboral, la violencia patrimonial y económica, la violencia obstétrica, la esterilización
forzada, la ofensa pública por razones de género, la violencia institucional, el tráfico ilícito de
mujeres, niñas y adolescentes, y la trata de mujeres, niñas y adolescentes (Artículos 39 al 56).
Contiene, además, la descripción de 19 tipos de violencia (Art. 15). H) La expresión clara de que
la problemática de la prevención, denuncia, atención y eliminación de la violencia contra las
mujeres descansa sobre el supuesto de la corresponsabilidad del Estado y la sociedad. I) La
obligación del diseño de Políticas Públicas que atiendan la violencia contra las mujeres, a cargo
del Instituto Nacional de la Mujer, la obligación de la ejecución de dichas políticas, programas,
planes y proyectos sobre la materia por parte de la Administración Pública, y las obligaciones de
igual contenido a cargo de los gobiernos regionales y municipales. J) La creación de la
jurisdicción especial y de los tribunales de violencia contra las mujeres. K) La obligación de la
creación de las Fiscalías del Ministerio Público con competencia sobre la materia. L) El
reconocimiento a las organizaciones y colectivos de mujeres que luchan por los derechos
humanos de ellas y establece que pueden hacerse parte, incluso, en los procesos judiciales a
favor de las mujeres, prestándoles asesoría y acompañamiento. M) La implementación de los
equipos interdisciplinarios adscritos a los tribunales de violencia contra las mujeres, entre otros
aspectos a resaltar.

16 Ver la importancia del Derecho Internacional a favor de las mujeres como fuente del derecho
naciona (...)

24Completa el marco normativo que trata de la violencia contra las mujeres en la República
Bolivariana de Venezuela, la Ley Aprobatoria de la Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y su Protocolo Facultativo, como ya dije, y la
Ley Aprobatoria de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer o Convención de Belem Do Pará (1998). Ambos instrumentos son leyes
en la República pues forman parte del ordenamiento jurídico vigente 16.

25Desde el punto de vista institucional, la respuesta a la problemática, es decir, el diseño de


políticas públicas sobre la violencia contra las mujeres se le ha encomendado al Instituto
Nacional de la Mujer, que creó el Presidente Hugo Chávez Frías según Decreto, el 26 de octubre
de 1999. Esa fue la primera institución creada por Chávez en su primer periodo de gobierno. Lo
institucional fue reforzado, desde el Ejecutivo Nacional o Presidencia de la República, con la
creación del Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género en el año 2008,
según el Decreto 6.663 y con otras iniciativas como la implementación de la participación de las
mujeres en las Misiones o respuestas de incorporación al sistema educativo formal, de salud,
dineraria, etc., aplicadas de manera directa a la población en condiciones de mayor pobreza y
exclusión.

17 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No.39.156 del 13 de abril de 2009.


Caracas (...)

26El Decreto 6.663 que en su forma originaria fue redactado por mí 17, incluye los siguientes
considerandos, vinculados inescindiblemente con el reconocimiento de la ciudadanía de las
mujeres. A saber :

18 Decreto 6.663. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No. 39.156 de fecha 2 de


ab (...)

[…] CONSIDERANDO : que el pueblo venezolano está constituido por mujeres y hombres, en quienes
descansa el ejercicio pleno de la soberanía. CONSIDERANDO : que las mujeres a través de la historia
de la humanidad, han sido protagonistas en las luchas de la resistencia, de la independencia, de la
liberación y del impulso para el ejercicio de sus derechos y la construcción de una democracia
paritaria. CONSIDERANDO : que la discriminación contra las mujeres ha sido una constante cultural y
es deber del Estado promover el bienestar, la seguridad social, el potencial vocacional y el desarrollo
de las mujeres como protagonistas de la sociedad en general. […] 18.

27De tal manera que ambos temas, el de la ciudadanía que descansa sobre el principio de la
igualdad material (justicia) y paritaria, y el de la violencia contra las mujeres, se encuentran
suficientemente legislados en nuestro país, pero norma y realidad no siempre van de la mano.

¿Es el problema de la violencia contra las


mujeres incito al ejercicio de su
ciudadanía ?
28Después de haber realizado en el numeral anterior una apretada síntesis del marco normativo
que relaciona la ciudadanía de las mujeres a la problemática de la violencia sexista, también
denominada violencia machista, en Venezuela, es necesario interrogarnos sobre si la normativa
vigente nos ha permitido el ejercicio de la ciudadanía plena y generado, en las mujeres víctimas
de violencia, la confianza en el aparato institucional para denunciar y mantenerse en el
procedimiento hasta alcanzar la satisfacción de la justicia que reclaman.

19 Sólo en el año 2013, según cifras aportadas por el Ministerio Público en el Informe de la Fiscala G (...)

29Debemos preguntarnos si las denuncias de las mujeres víctimas, la actuación de los órganos
receptores de las denuncias, la investigación adelantada por las Fiscalías Especializadas del
Ministerio Público y la respuesta de los tribunales con competencia especial, han logrado
disminuir la violencia contra las mujeres en Venezuela, fortaleciendo su ciudadanía. Las
respuestas a todas esas preguntas son negativas. La violencia contra las mujeres constituye en
Venezuela el delito de mayor incidencia y el principal problema de salud pública 19.

20 Como la estadística anual llevada por la Fiscalía General de la República Bolivariana de Venezuela.

21 Datos tomados de las denuncias formulada por las mujeres víctimas de violencia ante la Red
Venezola (...)
30Aunque la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia actuó
en sus inicios como una palanca enorme para derribar la puerta retentiva y el silencio de las
mujeres víctimas, multiplicándose exponencialmente las denuncias por los distintas formas de
violencias tipificados en la misma, a casi siete años de su entrada en vigencia forzoso es
reconocer, según los reclamos de las mismas mujeres y las pocas cifras oficiales existentes en el
país20 que la problemática no ha disminuido. Que no se avanza en políticas públicas para dar
una respuesta eficiente ante la misma. Que en vez de observarse el fortalecimiento de la eficacia
de la ley se deduce de algunos criterios fiscales y judiciales, de instancia, su debilitamiento,
inobservancia y vaciamiento – en la práctica - de los principios que la informan. Que la
impunidad en el país alcanza alrededor del 94 % en lo que a delitos de violencia contra las
mujeres se refiere. Que las mujeres no sólo no reciben asistencia y acompañamiento por parte
del Estado, sino que las pocas organizaciones (autofinanciadas) que se encargan de hacerlo ven
muchas veces imposibilitado su trabajo por la reacción objetora de los mismos órganos
encargados de la aplicación de la ley21.

22 Referidas a las políticas, programas, planes y proyectos que deben adelantar el Instituto Nacional (...)

23 Sobre este tema remito a la entrevista que me hiciera el periodista Ernesto Villegas en Venezolana (...)

31Otros aspectos que obran en contra de la ley : a) las instituciones públicas comprometidas


con su aplicación, no han asumido las obligaciones que les impone el Capítulo IV 22, b) la
negativa velada de asumir la teoría feminista como herramienta epistemológica, metodológica y
axiológica en la tarea judicial que versa sobre la violencia contra las mujeres, siendo usual no
citar a las juristas feministas u ocultar sus nombres en las sentencias, con los aportes
doctrinarios que de ellas se recogen, c) la existencia del flagelo de la corrupción presente en
algunos órganos operadores de la justicia, que impiden, obstaculizan y revierten el ejercicio del
derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, d) la asunción – en voz baja - de una
corriente doctrinaria que al elevar la imagen del delincuente a rebelde político y mero
transgresor de la moral burguesa, lo envuelve en una especie de justificación permanente de su
delito de violencia contra las mujeres al considerar y propiciar la idea de que tales delitos son de
menor entidad, comparados con otros como el narcotráfico o el secuestro 23 o de que es la mujer
la culpable de la conducta violenta del sujeto agresor.

32Los anteriores aspectos que obran en contra de la efectividad de la ley son demostrativos de
que frente a una ciudadanía formal, contenida en la Constitución y en la misma Ley Orgánica
sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, existe una ausencia o negación de
la ciudadanía real, al no ser reconocidas como sujetas racionales y con autoridad. Y ello porque
norma y vida no van de la mano.

24 Ana Rubio Castro, op. cit., p. 43

33La vida de las mujeres se encuentra excluida de la política y del Estado. Por ello quedan fuera
del debate político, en el desarrollo de la ciudadanía, no sólo el orden conyugal y las necesidades
humanas para la subsistencia y el mantenimiento de la especie, 24sino la problemática de la
violencia machista.

Posible explicación a la negación de la


ciudadanía de las mujeres y su derecho a
una vida libre de violencia : la concepción
sobre el cuerpo de la mujer
34Existe una realidad de impunidad de los agresores y de indefensión de las mujeres con el
tema de la violencia sexista que se ejerce contra nosotras. Una realidad que es el corolario de la
negación de nuestra ciudadanía y ella debe tener una explicación. Una explicación que, creemos,
no ancla en el Derecho, aunque el Derecho deviene en instrumento de su normalización,
positivación y fortalecimiento.

25 Constitutivas de la tradición de cultura.

35La explicación es epistémica porque cada vez que abordamos el Derecho, tal y como
acontece, cuando abordamos otras ciencias que le aportan contenidos, encontramos que existen
nociones, creencias, costumbres y materiales que son anteriores 25 a las normas jurídicas y que
son responsables de que la recepción, lectura, interpretación y aplicación de las leyes se oriente
en un sentido desfavorable a nuestra ciudadanía y derechos humanos.

26 E. Fox Keller, Reflexiones sobre género y ciencia. Colecc. Política y Sociedad. Trad. Ana Sánchez. (...)

36Uno de esos materiales, primario si se quiere, es la concepción que existe sobre el cuerpo de
las mujeres. Es la concepción sobre el cuerpo de las mujeres (lo concreto) lo que hará elusiva la
ciudadanía de ellas y seguirá alimentando una violencia que llega al extremo de exterminarlas.
Lo dicho amerita un darse cuenta de, una reflexión « […] una forma de atención, como un lente
que focaliza una cuestión particular »26.

37Cuando reflexionamos sobre el tema de la ciudadanía de las mujeres y la violencia sexista


viene a mi mente lo expuesto por Simone Weil, cuando afirmaba :

27 Simone Weil, Escritos de Londres y últimas cartas. Traducción Maite Larrauri. Madrid, Editorial Tro (...)

[…] En cada hombre hay algo sagrado. Pero no es su persona. Tampoco es la persona humana. Es él,
ese hombre, simplemente. Ahí va un transeúnte por la calle, tiene los brazos largos, los ojos azules,
un espíritu por el que pasan pensamientos que ignoro, pero que quizá sean mediocres. Ni su persona,
ni la persona humana en él, es lo que para mí es sagrado. Es él. Él por entero. Los brazos, los ojos,
los pensamientos, todo. No atentaré contra ninguna de esas cosas sin escrúpulos infinitos. Si la
persona humana fuera en él lo que hay de sagrado para mí, podría fácilmente sacarle los ojos. Una
vez ciego, sería una persona humana exactamente igual que antes. No habría tocado en absoluto la
persona humana en él. Sólo habría destrozado sus ojos. Es imposible definir el respeto a la persona
humana. No sólo es imposible de definir con palabras. Muchas nociones luminosas están en el mismo
caso. Pero esta noción tampoco puede ser concebida, no puede ser definida, delimitada mediante una
operación muda de pensamiento27.

38Si volvemos nuestra mirada hacia atrás, a 1789, constatamos nociones de estas que describe
Weil. Son nociones luminosas tales como : ciudadanía, derecho, pueblo, soberanía, persona
humana que no sólo no pueden ser definidas con palabras sino que en el caso de las mujeres no
han sido pensadas para ellas y gracias al feminismo y a su corpus teórico hemos logrado
entender cómo operan desde el imaginario político y jurídico, sexuado y depositado en la figura
del hombre-varón.

39Parafraseando a Weil, la transeúnte que va por la calle no sólo no es vista en su especificidad


sino que un sistema de poder (el patriarcado), el cual obra anárquicamente en los micro y en los
macro espacios, la considera como un cuerpo propiedad de otros y del Estado. Afirmo que las
mujeres somos cuerpos expropiados e interdictados por la filosofía, la religión, la medicina, el
derecho, la política, la economía y el Estado. Todos ellos son instrumentos creados por el
patriarcado para asegurar el poder en manos de los hombres y en desmedro de las mujeres.

40En todos los países del mundo, el cuerpo valorado es el cuerpo del hombre. En los países
occidentales esta visión, creencia o ideal, la heredamos de Grecia. Basta ver los cuerpos
desnudos y expuestos en las esculturas de los antiguos atenienses que significaron para ellos la
cima de la gloria, la representación del ideal corporal que tuvo innegables consecuencias en las
relaciones de los hombres y las mujeres, en la configuración del espacio urbano y en la práctica
de la democracia ateniense.
28 Hesíodo. Obras y fragmentos. Traducción de Aurelio Pérez y Alfonso Martínez. Madrid, Editorial
Gred (...)

41Si nos remontamos a la noche de los tiempos constatamos que la mujer entra en la literatura
griega de la mano de Hesíodo28, tanto en la Teogonía como en Trabajos y Días, con el nombre
de Pandora. Hesíodo vivió en el siglo VII u VIII antes de Cristo. En su obra, Zeus decide enviar a
Pandora para que fuera la contraparte de Prometeo, considerado como poder racional del
hombre.

42El hombre, en el pensamiento escrito griego, está dotado del poder racional, es decir, del
poder de controlar las ciencias, las artes y la naturaleza. Por ello no sólo representará el fuego y
la luz, sino que estos siempre han estado vinculados al sol y el sol, según el mito de las
cavernas de Platón, simboliza el ideal del Bien. Las mujeres, al ser identificadas con la
naturaleza, estarán allí para ser controladas bajo el poder varonil.

43En otras palabras, el hombre o Prometeo, simboliza la inteligencia suprema y la realidad


máxima. Pandora será su contrario, lo no racional o negación del poder racional. Pandora será
sensibilidad, sexualidad placentera e instinto vital. Y si Prometeo encarna el ideal del Bien,
Pandora encarnará el Mal de la humanidad.

44Los filósofos antiguos utilizando la feminidad en sentido claramente peyorativo, respondían a


un contexto cultural en el cual se consideraba a las mujeres más débiles, menos racionales e
inferiores, en general, que a los hombres. Los cuerpos de las mujeres se consideraban enfermos
y sus voluntades, disminuidas, impedidas de practicar la suma virtud, el sumo bien. Por lo
menos, eso es lo que nos manifiestan los escritos de los hombres pues, como sabemos, poco
nos ha llegado de lo que las mujeres pensaban de sí mismas y de sus cuerpos.

29 Wayne A.. Meeks, Los orígenes de la moralidad Cristiana. Barcelona, Editorial Ariel, S. A., 1994, p (...)

El abandono de niñas de pecho proporciona quizá el indicio más estremecedor del escaso valor que se
otorgaba al cuerpo femenino. Tenemos pocas pruebas firmes, pero por las que existen, y ciertas
comparaciones interculturales, parece ser que un padre típico, que tenía que calcular si el coste y los
riesgos de criar a un recién nacido quedaría compensado por sus futuros beneficios para la familia,
prefería con muchísima más frecuencia prescindir de una niña que de un niño 29.

30 Una voz que no hemos recuperado, independientemente de lo que digan las Constituciones más
avanzada (...)

31 María Ángeles Durán, Si Aristóteles levantara la cabeza. Colecc. Feminismos, Ediciones Cátedra,
Uni (...)

45Pero no sólo las mujeres fuimos expropiadas de nuestros cuerpos en Grecia. También fuimos
expropiadas de la voz30. La palabra, que es exclusivamente humana e instrumento a través del
cual ejercemos la ciudadanía, fundamento básico de la ciudad y la polis, según lo recoge María
Ángeles Durán31, quedó reservada para los hombres.

32 Ibíd.

[…] Aristóteles pone la palabra en los fundamentos mismos de la ciudad, la polis, porque “la palabra
es para manifestar lo conveniente y lo dañoso, lo justo y lo injusto, el sentido del bien y del mal. La
palabra permite la ciudad, porque sin ella no podría expresarse la justicia que es el orden de la
comunidad civil. Por eso, cuando Aristóteles dice que “el esclavo carece en absoluto de facultad
deliberativa, la hembra la tiene, pero desprovista de autoridad” está privando a ambos del acceso a la
palabra ; a los esclavos, plenamente ; a las mujeres, de modo parcial, porque ¿de qué sirve deliberar
sobre lo justo y lo injusto, lo conveniente o lo dañoso, si luego ha de guardarse silencio sobre las
conclusiones ?32
46Por otra parte, como acertadamente sostiene la filósofa feminista María Luisa Femenías,
tampoco existe históricamente, el discurso o la narrativa de las mujeres y a falta de ello, se
pregunta :

33 María Luisa Femenías, Sobre Sujeto y Género. Lecturas feministas desde Beauvoir a


Butler.  Argentina (...)

[…] ¿cómo se alcanza, entonces, la apropiación discursiva, la toma de la palabra ?, ¿Cómo se legitima
como sujeto en los rituales del habla o en las sociedades de discurso ?. O, ¿es que sólo se logrará la
palabra en los espacios circunscriptos de la adecuación social ? (…). Tampoco son dueñas del discurso,
por tanto, el lugar del sujeto femenino en el discurso es imposible. En términos de Luce Irigaray, esto
significa que carecen de lógos […] »33

34 Teresa Del Valle, Andamios para una nueva ciudad. Lecturas desde la antropología. Colecc.
Feminismo (...)

47El cuerpo humano cubre un caleidoscopio de épocas, sexos y razas, y cada uno de estos
cuerpos tiene sus propios espacios distintivos en las ciudades. Lo simbólico juega aquí un rol
fundamental porque la percepción que se tenga de la naturaleza y los cuerpos, y la forma en que
se utilicen para hacer transposiciones simbólicas, va a tener una incidencia en la situación
espacial asignada a las mujeres, en las valoraciones que se asignan a sus espacios y en su
ubicación en el sistema de prestigio más amplio 34 que rige en la sociedad patriarcal.

35 Hannah Arendt, La política tra natalitá e mortalitá. Napoli, Edizioni Sientifiche, 1993, p. 22.

48Por ello, a las mujeres se nos han asignado los espacios denominados privadosy a los
hombres los espacios denominados públicos, en las distintas ciudades. Curiosamente, la historia
demuestra, según lo advirtió Hannah Arendt, que el espacio político debe conquistarse contra la
vida biológica, contra los esclavos y contra las mujeres 35. No quisiera que perdiéramos de vista
el hecho de que el cuerpo es, además, expresión del poder y tal vez fue por ello que Juan de
Salisbury (1159) definió la política del cuerpo declarando que “el estado (res publica) es un
cuerpo”.

49En ese caleidoscopio mencionado, el cuerpo de la mujer siempre ha estado ligado al dolor, a
la moral, al castigo y al miedo. En la religión cristiana, en sus diversas manifestaciones, las
trasgresiones de Adán y Eva, por ejemplo, no tuvieron el mismo castigo. Eva fue condenada a
parir con dolor, no sólo por su desobediencia sino por haber incitado a Adán, a la desobediencia.
Incluso, Eva ha surgido de Adán, es una escisión de Adán, o mejor dicho, es la parte virgen que
antes era Adán. Al abrazar Adán a Eva no abraza a otro cuerpo, sino a la parte escindida de su
mismo cuerpo. De allí que la cópula, simbólicamente hablando, es un acto regresivo, es el acto
que se estructura en rescate del andrógino original.

36 Jorge Ramos, “Eros y Areté”. En Estudios 16. México, Instituto Tecnológico Autónomo de México,
1989 (...)

37 Ibíd.

50Ese ser andrógino, ese Adán, es un masculino integrado perfectamente a su complemento


virginal36. Por eso en el pensamiento griego el hombre es símbolo del hombre (varón) y
podemos entender, por qué la fraternidad es el concepto espiritualizado de especie. Aunque
todos somos individuos, todos somos hermanos porque, después de todo, todos somos
hombres37.

51Con el transcurso de los siglos, de la pervivencia y el fortalecimiento de la ideología patriarcal,


el cuerpo femenino devino en lugar de experimentación para el hombre, además de lugar de
victimización, sujeto a la violencia doméstica, a la violación, a la mutilación sexual, a la
esclavitud sexual y a la muerte. Frente al cuerpo del varón, el cuerpo de la mujer aparece
devaluado, respondiendo así a la construcción griega heredada.

Unas referencias a la manera cómo se


comportan las ciencias, asumida por el
Derecho, en relación al cuerpo de la mujer
52Las ciencias relacionadas con el cuerpo, especialmente con el cuerpo de las mujeres, como es
el caso de la Medicina y, en ella, la Ginecología, unida inexorablemente desde el siglo XIX a la
Obstetricia, convertida en disciplina principalmente quirúrgica a partir del descubrimiento de la
anestesia y la asepsia, han monopolizado la mayoría de las teorizaciones sobre el cuerpo de la
mujer. Esas teorizaciones han sido asumidas por otras ciencias como, por ejemplo, el Derecho.

53De la concepción in vitro a la ablación de los órganos, la medicina y la biotecnología desde el


siglo XX vinculan los procesos orgánicos y los orientan a voluntad. No sólo los estudian y los
acompañan, los transforman.

38 David Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión,


1995, (...)

[…] La sospecha respecto del cuerpo no deja afuera a la fecundación, luego de la gestación y del parto
que dejaron de pertenecer al orden del cuerpo para volverse del orden de la medicina (y desde
siempre de la religión), las biotecnologías revolucionaron también el ciclo productivo. Al azar de la
concepción y de la gestación se le opone, actualmente, una medicina del deseo, de las intervenciones
sobre los genes, sobre los embriones, incluso sobre los fetos. Los diferentes tiempos de la maternidad
son separables en secuencias manipulables cuyo control se busca. Trabajo de hombres, no de
mujeres, como si en esto hubiese un logro en la transferencia a manos del hombre de un proceso que
se le escapa desde el punto de vista orgánico 38.

54El cuerpo femenino es para la ciencia actual, en su más grosera expresión, simple instrumento
de la técnica, objeto pasivo, sin forma e inanimado. A quien tenga dudas sobre la anterior
afirmación, lo invito a revisar la iconografía que el movimiento antiaborto de los últimos años.
Esa iconografía muestra a un niño no nacido que flota en una matriz que no es parte del cuerpo.
La mujer embarazada es como un territorio ocupado por alguien, que es tratado como alguien
privilegiado por la medicina y un ciudadano completo en los libros de Derecho. La concepción
abonada por la filosofía, la religión y la medicina, es asumida e institucionalizada por el Derecho
como orden coercitivo de la sociedad.

39 Aprovechando la discusión que se ha generado en España y el resto de Europa sobre el tema del
abort (...)

55Me detendré un poco en este acápite, a manera ilustrativa 39, para anotar lo interesante que
resultan las paradojas que existen entre obstetras y genetistas sobre el tema del aborto y que se
hacen patentes en el campo del aborto eugenésico ; sin olvidar que la eugenesia ha sido definida
como la parte política de la ciencia.

56Cómo justificar desde la ideología del patriarcado o ideología del dominio sobre el cuerpo de la
mujer que sirve de substrato a la ciencia que, por una parte, el no nacido tiene derechos
(postura asumida por la ciencia y el derecho antiabortista) y la cuestión de la necesariedad del
aborto eugenésico ? La vía de salida, según sostiene J. Fleming, fue aportada desde 1974 por De
Witt Stetten quien abordó la cuestión del aborto eugenésico formulando una nueva
conceptualización del embarazo como “tumor” y el feto con discapacidad como “tumor maligno”.

40 J. Fleming, La ética y el proyecto Genoma Humano sobre diversidad. En Revista de Derecho y Genoma
H (...)
[…] El embarazo puede ser considerado un tumor. Difiere de la mayoría de los restantes tumores en
dos importantes aspectos. En primer lugar, normalmente es una enfermedad que se autoextingue por
sí misma. En segundo lugar, tradicionalmente se asume que ha sido causada por la invasión no de un
virus sino más bien de un protozoo flagelado. Si aceptamos hasta aquí que el embarazo es un tumor,
entonces la amniocentesis se convierte en una biopsia. Al igual que otros procedimientos de biopsia,
tiene poco sentido someterse a este procedimiento a menos que uno esté dispuesto a aceptar las
consecuencias que indique su estudio. En otras palabras, así como la sección congelada de un nódulo
de la mama connota mastectomía si la lectura de dicha sección congelada así lo indica, de igual modo
la amniocentesis connota aborto si el tumor que se analiza resulta ser maligno […] 40.

41 Luigi Luca Cavalli-Sforza, The Great Human Diasporas: The History Of Diversity And
Evolution. Massa (...)

57Algunos genetistas han pretendido superar la paradoja denunciada y justificar ante los
antiabortistas el aborto eugenésico. Han dicho que el diagnóstico antenatal de trastornos
hereditarios y la interrupción del embarazo no son ejemplos de eugenesia. Son procedimientos
profilácticos. Así lo ha defendido Luigi Luca Cavalli 41. En todo caso, dichos procedimientos no
han sido pensados con respeto a los derechos de la mujer, ni del más humano de los derechos
atinentes a su ciudadanía : el derecho al propio cuerpo.

42 No sólo el feto es definido por la medicina antiabortista como un paciente independiente con
derech (...)

58La negación a las mujeres del derecho a su propio cuerpo criminaliza sus conductas,
obligándolas a una maternidad no deseada y, en la mayoría de los casos, a perder la vida pues
el aborto ilegal o clandestino, desemboca siempre en el aborto séptico, que es decretar la
muerte asegurada para la paciente. Madre y feto, en la ideología patriarcal antiabortista, se
oponen, privando el feto sobre los derechos de la mujer42.

59El tema del aborto nos pone de manifiesto no sólo la desapropiación del cuerpo de la mujer
sino una ideología que pasa como teoría de las ciencias y que organiza la experiencia en un
entramado de conceptos, en oportunidades verdaderamente delirante.

60Como abogada feminista me ha llamado poderosamente la atención que los alegatos


antiabortistas se revistan siempre de una justificación que en otro tiempo no muy lejano era
absolutamente dudosa y cuestionada por los autores más connotados y no feministas, por cierto.

43 Rudolf Von Ihering, Bromas y versas en la jurisprudencia. Trad. Tomás A Banzhaf. Buenos Aires,
Edic (...)

61Valga la mención del jurista alemán Rudolf Von Ihering 43 (1818-1892), quien toma
curiosamente como ejemplo lo que está dispuesto a hacer un teórico del derecho - en el siglo
XIX - en su esfuerzo de construcción, con el objetivo de ponerse de moda en su tiempo, al
elevar al nasciturus a persona jurídica.

Un jurista moderno ha compensado a la mujer que se encuentra en cierto estado, es decir, en estado
interesante, por ese sacrificio de su personalidad, elevando al rango de persona jurídica al nasciturus.
Con esa construcción el no nacido se convierte en una verdadera persona, en un sujeto de derecho,
que ya en el seno materno, apenas producida la concepción, hacía valer su derecho a vivir. La vida
confiere un derecho a vivir, y no sólo al hombre ya nacido, sino también al que está sólo concebido, o
sea que lo protege contra todo aborto o craneotomía ilegales, etc. […]

62Pero quien ha construido tal elaboración – dice Ihering refiriéndose al “constructor” Röder,
otro jurista alemán de su tiempo -, siendo como es jurisfilósofo, no ha planteado esta cuestión
práctica : ¿cómo hará valer judicialmente ese derecho un óvulo fecundado que se encuentra en
el claustro materno ?. La cuestión práctica que preocupaba a Ihering ha sido resuelta por los
antiabortistas y por los operadores de justicia, permitiendo que el feto se constituya en
demandante ante las instancias de la justicia. Por lo menos esa ha sido una de las
manifestaciones de la guerra contra las mujeres en los Estados Unidos de Norteamérica desde la
década de los ochenta del siglo pasado. Una guerra que ha tomado la característica de universal.

63Traigo a colación la cita de Ihering que es una crítica realizada en un contexto de sátira
manifiesta, para que nos demos cuenta que lo que a un autor clásico del derecho civil del siglo
XIX le parecía tan absurdo y una elaboración teórica alocada y circunstancial, es hoy la
teorización y la materialización de los derechos del feto en la concepción antiabortista.

64Vemos de manera palpable, en este caso, cómo el Derecho se nutre de los materiales de la
religión y de los prejuicios y mitos de una ideología que es el substrato de otras ciencias como la
Medicina, la Biología, la Ginecología, etc.

65Lo explicado toma especial relevancia cuando ponemos en relación la ciudadanía y la violencia
contra las mujeres porque las interpretaciones científicas de las funciones corporales de la mujer
y el hombre, aportadas por ciencias como la medicina, han ido variando a lo largo de la historia
y con ellas los contenidos teóricos y las prácticas sobre el cuerpo.

66En la medicina, por ejemplo, se pueden determinar tres corrientes fundamentales  : A) una
corriente que ha indagado en la evolución histórica del discurso, buscando las conexiones entre
ciencia y cultura. B) Otra corriente ha preferido hacer la revisión de la influencia del llamado
sistema de expertos (ginecólogos y obstetras sobre todo) sobre la vida de las mujeres, y en el
papel que dichos expertos juegan en la interpretación del cuerpo, y en el mantenimiento y
cambio de dichas interpretaciones. C) Otra corriente, más allá del discurso, se ha dedicado al
estudio del proceso por el cual el conocimiento científico pasa a ser “político”, cuando es
asumido por la mayoría de la población. La asunción o el paso del conocimiento elaborado por
otra ciencia, a político, va a determinar lo que es “verdad” a partir de la opinión de la mayoría de
las personas.

67El aporte que el feminismo pudiera hacer en esta materia sería el estudio jurídico para
mostrar de qué manera ese discurso sobre el cuerpo de la mujer ( inferior) y sobre el cuerpo del
hombre (superior), devenido en político, es asumido, normalizado y positivado por el Derecho,
en todas las manifestaciones del fenómeno legal : la doctrina, la ley, los contratos, la
jurisprudencia, la costumbre jurídica y los principios generales del derecho, afectando
visiblemente los derechos humanos de las mujeres.

44 Elida Aponte Sánchez, “La denuncia del discurso médico como uno de los supuestos de la
inaplicabili (...)

68Vemos entonces que la manera como pensamos a las mujeres y a los hombres, como
concebimos sus cuerpos, es anterior a la investigación científica (investigación que en todo caso
es subjetiva, no neutral, no inclusiva, prejuiciada y sexista), se fortalece con ella y luego se hace
política, cuando es asumida en la opinión de la mayoría de las personas, entre las cuales, las
legisladoras y los legisladores, el funcionariado administrativo, y las operadoras y los operadores
de la justicia, no son la excepción. 44 Las leyes, los actos administrativos y las sentencias, son
elaboradas por seres humanos ; con sus creencias, miedos, mitos y costumbres aunque no se
expresen explícitamente dichos materiales. Están allí y son parte de la operación mental
materializada en un producto jurídico.

Conclusión : la violencia contra las mujeres


en Venezuela sigue siendo, en la práctica, la
negación de nuestra ciudadanía
69Iniciamos este artículo haciendo referencia al texto constitucional, a la Ley Orgánica sobre el
Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al resto de los instrumentos legales que
regulan no sólo la ciudadanía de las mujeres sino la problemática de la violencia machista.
70El texto constitucional y la ley orgánica marcan la relación central entre las mujeres y el
Derecho. Una relación que, como bien sostiene Rosario Valpuesta, se desenvuelve en el plano de
los valores constitucionales, pues fue desde el impulso constitucional que vio la luz la Ley
Orgánica especial, complementaria de la misma Constitución en cuanto a ciudadanía y violencia
contra las mujeres se refiere.

45 Rosario Valpuesta, “La ciudadanía de las mujeres. Una conquista femenina” En Género y
Derecho. Luce  (...)

[…] solo cuando se fijan las bases conceptuales y filosóficas que permiten el desenvolvimiento de las
relaciones sociales hacia parámetros de libertad e igualdad, podemos plantearnos la equiparación a los
varones como una conquista social y como una conquista jurídica. En definitiva, nos estamos
planteando la construcción de la democracia como modelo político de participación de todos los
ciudadanos y todas las ciudadanas, y como un modelo de convivencia entre personas, cuyos cimientos
se deben asentar precisamente en los valores antes mencionados […] 45

71Sin embargo, existiendo el ordenamiento jurídico apropiado para el tratamiento asertivo de la


violencia contra las mujeres, la tradición de cultura venezolana, anclada en la desvalorización del
cuerpo de la mujer (entre otros materiales y nociones preexistentes), ha impedido que tal
problemática tenga como conclusión una disminución de su acaecimiento, una respuesta judicial
efectiva y pedagógica, y una reducción de las cifras de impunidad.

46 Simone De Beauvoir, El segundo sexo; Los hechos y los mitos, Tomo I. Buenos Aires, Ediciones
Siglo (...)

72Las mismas mujeres no se han apropiado masivamente ni de la Constitución ni del resto del
ordenamiento jurídico aplicable, por la falta de una campaña de concientización que el Estado
debe llevar adelante y por esa domesticación a la cual han sido sometidas por generaciones, que
les niega la condición de sujeto, existencia y libertad en palabras de Simone de Beauvoir 46 ; en
un mundo construido por los hombres y para ellos.

47 Maria Luisa Femenías, Articulaciones sobre la violencia contra las mujeres. Comp. María Luisa
Femen (...)

73Las mujeres venezolanas sufragaron en las urnas electorales, por primera vez, el 27 de
octubre de 1946 pero no han interiorizado que la violencia que se ejerce contra ellas es la
concreción de la dominación masculina 47, la negación práctica de sus derechos humanos y del
ejercicio pleno de la ciudadanía que les garantizan, en la letra, la constitución vigente y el
ordenamiento jurídico referido en este artículo.

74Es indudable que hoy tenemos un mayor conocimiento del entramado jurídico que regula la
ciudadanía y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, pero ello no se materializa
en una mayor toma de conciencia por parte de ellas, de los hombres, ni del Estado. Pareciera
que nuestra sociedad y el Estado se encuentran acoplados a la discriminación de las mujeres, a
la interferencia anulatoria de su ciudadanía e, incluso, al asesinato de ellas o femicidio.

75Esa situación revela que la sociedad venezolana sigue anclada en una relación intersexual
lesiva a los derechos humanos de las mujeres y a un tratamiento como ciudadanas de segunda
categoría, por lo que norma y vida, ley y justicia concreta, se encuentran sin sincronía ni
concierto posible, en un eterno drama de desencuentro entre la constitución formal y la
constitución real, entre la letra o el papel y la práctica diaria de los derechos.

48 Instituto Andaluz de la Mujer, “Análisis Jurídico de la violencia contra las mujeres. Guía de Argum (...)

[…] Si la libertad y la igualdad tienen que ver con el reparto equitativo del poder y la desigualdad y el
dominio con la subordinación y la exclusión del mismo, cuando estos hechos se ignoran o se
minimizan desde el Derecho, al considerar irrelevantes los déficits de democracia que están en el
origen de creación del Derecho o al cuestionar el “sentido de vida” implícito en el mismo, que se
oculta bajo determinados modelos de masculinidad y feminidad, de familia, relaciones paternofiliares,
etc., se está encubriendo la violencia entre mujeres y hombres y se está aceptando lo real como lo
único racional. En otros términos, se está cerrando la puerta al futuro. Y si esto se hace amparándose
en razones de justicia y de moralidad, es doblemente sancionable 48.

Haut de page

Bibliographie

Amorós, Celia. Tiempo de Feminismos. Colecc. Feminismos. Madrid, Ediciones Cátedra, 1997.

Aponte Sánchez, Elida. “Hacia la justicia de género en Venezuela”, en Filosofía del Derecho y
otros temas afines. Colección Libros Homenaje, No. 17. Caracas, Tribunal Supremo de Justicia,
2005.

Aponte Sánchez, Elida. “La violencia contra las mujeres en Venezuela : la respuesta
institucional” en Revista Europea de Derechos Fundamentales, No. 19/1er Semestre, 2012.
Género, desigualdad y violencia. Valencia, Instituto de Derecho Público, 2012.

Aponte Sánchez, Elida “La denuncia del discurso médico como uno de los supuestos de la
inaplicabilidad del derecho” en Revista Utopía y Praxis Latinoamericana. Año 13, No. 41, Abril-
Junio. Maracaibo, Universidad del Zulia, 2008.

Arendt, Hannah. La política tra natalitá e mortalitá. Napoli, Edizioni Sientifiche, 1993.

Cavalli-Sforza, Luigi Luca. The Great Human Diasporas  : The History Of Diversity And
Evolution.  Massachusetts, Reading, 1995.

De Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Tomo I. (Los hechos y los mitos),Buenos Aires, Ediciones
Siglo XX, 1976.

Del Valle, Teresa. Andamios para una nueva ciudad. Lecturas desde la antropología. Colecc.
Feminismos. Madrid, Ediciones Cátedra S.A., 1997.

Durán, María Ángeles. Si Aristóteles levantara la cabeza. Colecc. Feminismos, Ediciones Cátedra,
Universitat de Valéncia, 2000.

Faludi, Susana. La Guerra contra las Mujeres. La reacción encubierta de los hombres frente a la
mujer moderna. Buenos Aires, Editorial Planeta, 1992.

Femenías, María Luisa. Sobre Sujeto y Género. Lecturas feministas desde Beauvoir a


Butler. Argentina, Editorial Catálogos, 2000.

Femenías, María Luisa. “Violencia contra las mujeres : urdimbres que marcan la trama” en
Articulaciones sobre la violencia contra las mujeres. Comp. María Luisa Femenías y Elida Aponte
Sánchez. La Plata, Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2008.

Fleming, J. La ética y el proyecto Genoma Humano sobre diversidad en Revista de Derecho y
Genoma Humano, No. 4, Ejero/Junio. Bilbao, Universidad de Deusto, 1996.

Fox Keller, E. Reflexiones sobre género y ciencia. Colecc. Política y Sociedad. Trad. Ana Sánchez.
Valencia, Ediciones Alfons el Magnanim, 1989.

Hesíodo. Obras y fragmentos. Traducción de Aurelio Pérez y Alfonso Martínez. Madrid, Editorial


Gredos, 1978.
Ihering, Rudolf Von. Bromas y versas en la jurisprudencia. Trad. Tomás A Banzhaf. Buenos
Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, 1974.

Instituto Adaluz de la Mujer. Análisis Jurídico de la violencia contra las mujeres. Guía de


Argumentación para Operadores Jurídicos. Estudios 18. Coord. Ana Rubio Castro. Sevilla,
Instituto Andaluz de la Mujer, 2003.

Le Breton, David. Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión,


1995.

Meeks, Wayne A. Los orígenes de la moralidad Cristiana. Barcelona, Editorial Ariel, S. A., 1994.

Ramos, Jorge. “Eros y Areté” en Estudios 16. México, Instituto Tecnológico Autónomo de México,
1989.

Rubio Castro, Ana. “Ciudadanía y sociedad civil : avanzar en la igualdad desde la política” en Lo
público y lo privado en el contexto de la Globalización. Sevilla, Junta de Andalucía, 2006.

Valpuesta, Rosario “La ciudadanía de las mujeres. Una conquista femenina” en Género y
Derecho. Luces y Sombras en el ordenamiento jurídico español. Coord. Maria Soledad de la
Fuente Nuñez y Angeles Liñán García. Málaga, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga.
2008.

Weil, Simone. Escritos de Londres y últimas cartas. Traducción Maite Larrauri. Madrid, Editorial
Trotta S.A. 2000.

Haut de page

Notes

1 Celia Amorós. Tiempo de Feminismos. Colecc. Feminismos. Madrid, Ediciones Cátedra, 1997, p. 274.

2 Realizado históricamente por las mujeres.

3 Ana Rubio Castro, “Ciudadanía y sociedad civil: avanzar en la igualdad desde la política” en Lo


público y Lo privado en el contexto de la Globalización. Sevilla, Junta de Andalucía, 2006, pp. 23-66.

4 Celia Amorós, op. cit. p. 46.

5 Aunque dicho poder no está previsto en la Constitución como tal.

6 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número extraordinario, 5.398, 26 de


octubre de 1999. Caracas, Imprenta Nacional, 1999.

7 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 36.531 del 3 de septiembre de


1998. Caracas, Imprenta Nacional, 1998.

8 Lo cual fue imitado posteriormente por Bolivia y Ecuador.

9 En el cual nos hicimos parte, a título personal y en nombre y representación de la Red Venezolana
sobre Violencia contra la Mujer (REVIMU). Ver mi artículo “Hacia la justicia de género en Venezuela”,
en Filosofía del Derecho y otros temas afines. Colección Libros Homenaje, No. 17. Caracas, Tribunal
Supremo de Justicia, 2005, pp. 21-36.

10 Con el mismo rango de la Constitución.

11 Trabajé con el equipo que elaboró el anteproyecto y luego participé en su diseño y discusiones
como proyecto, hasta su sanción en la, hoy extinta, Comisión Permanente Familia, Mujer y Juventud
de la Asamblea Nacional.

12 Exposición de Motivos de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de
Violencia. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No. 38.647, del 14 de marzo de
2007. Caracas, Imprenta Nacional, 2007.

13 Propuesta que impulsé desde el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de
Género, ante la Comisión Permanente de Educación y Deporte de la Asamblea Nacional, durante mi
desempeño como Viceministra para la Transversalidad Política de Género.

14 Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Gaceta Oficial, op. cit.

15 Remito para la ampliación del análisis a mi artículo “La violencia contra las mujeres en Venezuela:
la respuesta institucional” en Revista Europea de Derechos Fundamentales, No. 19/1er Semestre,
2012. Género, desigualdad y violencia. Valencia, Instituto de Derecho Público, 2012, pp. 219-347.

16 Ver la importancia del Derecho Internacional a favor de las mujeres como fuente del derecho
nacional de nuestros países.

17 Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No.39.156 del 13 de abril de 2009.


Caracas, Imprenta Nacional, 2009. Ministerio para el cual me desempeñé como Viceministra para la
Transversalidad Politica de Género.

18 Decreto 6.663. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, No. 39.156 de fecha 2 de


abril de 2009. Caracas, Imprenta Nacional, 2009.

19 Sólo en el año 2013, según cifras aportadas por el Ministerio Público en el Informe de la Fiscala
General de la República, se registraron en Venezuela 89 femicidios, en los primeros 9 meses del año.
Sin embargo, esta cifra no traduce la realidad nacional ya que muchos de tales delitos no pasan de ser
noticia amarillista y mal tratada en algún medio de comunicación impreso y/o televisivo; y otros
femicidios que acontecen en zonas apartadas, zonas rurales, zonas indígenas, sencillamente son
ignorados. Ni siquiera todos los femicidios que acontecen en las grandes ciudades son objeto de una
investigación a fondo, de la determinación de la responsabilidad penal del sujeto agente y del
establecimiento de sanciones. Por otra parte, en la mayoría de los casos, las hijas y los hijos de las
mujeres asesinadas siguen conviviendo con el femicida.

20 Como la estadística anual llevada por la Fiscalía General de la República Bolivariana de Venezuela.

21 Datos tomados de las denuncias formulada por las mujeres víctimas de violencia ante la Red
Venezolana sobre Violencia contra la Mujer (REVIMU) y ratificados por otras instancias del poder
público, como por ejemplo, la Fiscalía General de la República en sus Informes Anuales.

22 Referidas a las políticas, programas, planes y proyectos que deben adelantar el Instituto Nacional
de la Mujer, los institutos regionales y municipales, los planes, programas y proyectos de capacitación
del Tribunal Supremo de Justicia y del Ministerio Público, la actuación a cargo de los Ministerios de
Educación y Deportes, de Educación Universitaria, de Interior y Justicia, de Salud, de Infraestructura,
de Telecomunicaciones, del Instituto Nacional de Estadística, sólo por nombrar algunos.

23 Sobre este tema remito a la entrevista que me hiciera el periodista Ernesto Villegas en Venezolana
de Televisión (VTV) y que está recogida en elidaaponte.blogspot.com.

24 Ana Rubio Castro, op. cit., p. 43

25 Constitutivas de la tradición de cultura.

26 E. Fox Keller, Reflexiones sobre género y ciencia. Colecc. Política y Sociedad. Trad. Ana Sánchez.
Valencia, Ediciones Alfons el Magnanim, 1989, p. 12.

27 Simone Weil, Escritos de Londres y últimas cartas. Traducción Maite Larrauri. Madrid, Editorial
Trotta S.A., 2000, pp. 17-18.

28 Hesíodo. Obras y fragmentos. Traducción de Aurelio Pérez y Alfonso Martínez. Madrid, Editorial


Gredos, 1978, p. 14.

29 Wayne A.. Meeks, Los orígenes de la moralidad Cristiana. Barcelona, Editorial Ariel, S. A., 1994, p.
147.

30 Una voz que no hemos recuperado, independientemente de lo que digan las Constituciones más
avanzadas.

31 María Ángeles Durán, Si Aristóteles levantara la cabeza. Colecc. Feminismos, Ediciones Cátedra,
Universitat de Valéncia, 2000, pp. 31-32.

32 Ibíd.

33 María Luisa Femenías, Sobre Sujeto y Género. Lecturas feministas desde Beauvoir a


Butler.  Argentina, Editorial Catálogos, 2000, pp. 55-67.

34 Teresa Del Valle, Andamios para una nueva ciudad. Lecturas desde la antropología. Colecc.
Feminismos. Madrid, Ediciones Cátedra S.A., 1997, p. 36.

35 Hannah Arendt, La política tra natalitá e mortalitá. Napoli, Edizioni Sientifiche, 1993, p. 22.

36 Jorge Ramos, “Eros y Areté”. En Estudios 16. México, Instituto Tecnológico Autónomo de México,
1989, p. 18.

37 Ibíd.

38 David Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión,


1995, p. 228.
39 Aprovechando la discusión que se ha generado en España y el resto de Europa sobre el tema del
aborto, por el empeño del patriarcado en un derecho ya alcanzado en España, contrariando
flagrantemente el principio de progresividad de los derechos humanos.

40 J. Fleming, La ética y el proyecto Genoma Humano sobre diversidad. En Revista de Derecho y
Genoma Humano, No. 4, Ejero/Junio. Bilbao, Universidad de Deusto, 1996, p. 173.

41 Luigi Luca Cavalli-Sforza, The Great Human Diasporas: The History Of Diversity And
Evolution. Massachusetts, Reading, 1995, p. 63.

42 No sólo el feto es definido por la medicina antiabortista como un paciente independiente con
derecho al tratamiento. También se define a la mujer embarazada como una parte auxiliar sin derecho
a rehusarse al tratamiento que el médico determine. Ver sobre este tema a Susana Faludi,  La Guerra
contra las Mujeres. La reacción encubierta de los hombres frente a la mujer moderna. Buenos Aires,
Editorial Planeta, 1992, p. 418.

43 Rudolf Von Ihering, Bromas y versas en la jurisprudencia. Trad. Tomás A Banzhaf. Buenos Aires,
Ediciones Jurídicas Europa-América, 1974, p. 31.

44 Elida Aponte Sánchez, “La denuncia del discurso médico como uno de los supuestos de la
inaplicabilidad del derecho”, En revista Utopía y Praxis Latinoamericana. Año 13, No. 41, Abril-Junio.
Maracaibo, Universidad del Zulia, 2008, pp. 81-92.

45 Rosario Valpuesta, “La ciudadanía de las mujeres. Una conquista femenina” En Género y
Derecho. Luces y Sombras en el ordenamiento jurídico español. Coord. Maria Soledad de la Fuente
Nuñez y Angeles Liñán García. Málaga, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga. 2008, p. 14-
15.

46 Simone De Beauvoir, El segundo sexo; Los hechos y los mitos, Tomo I. Buenos Aires, Ediciones
Siglo XX, p. 30.

47 Maria Luisa Femenías, Articulaciones sobre la violencia contra las mujeres. Comp. María Luisa
Femenías y Elida Aponte Sánchez. La Plata, Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2008, pp.
26-27.

48 Instituto Andaluz de la Mujer, “Análisis Jurídico de la violencia contra las mujeres. Guía de
Argumentación para Operadores Jurídicos”, Estudios 18, Coord. Ana Rubio Castro. Sevilla, Instituto
Andaluz de la Mujer, 2003, p. 31.
Haut de page

Pour citer cet article

Référence papier
Elida Aponte Sanchez, « La violencia contra las mujeres y la ciudadanía. El caso
venezolano », Caravelle, 102 | 2014, 39-63.

Référence électronique
Elida Aponte Sanchez, « La violencia contra las mujeres y la ciudadanía. El caso
venezolano », Caravelle [En ligne], 102 | 2014, mis en ligne le 28 août 2014, consulté le 17 février
2019. URL : http://journals.openedition.org/caravelle/740 ; DOI : 10.4000/caravelle.740
Haut de page
Auteur

Elida Aponte Sanchez
Universidad del Zulia, Venezuela

Breve Historia de la Venezuela Colonial en Comiquitas

https://www.youtube.com/watch?v=4a-_QLpTH_Y

Historia de Venezuela

https://www.youtube.com/watch?v=QOMd6ArU5j4

Un resumen de la historia de Venezuela


El país de Venezuela, oficialmente conocido como la República Bolivariana de Venezuela, se
ubica en la costa norte del continente Sudamericano. Su territorio abarca aproximadamente
354,000 millas cuadradas (916,445 kilómetros cuadrados), en donde vive una población
estimada en 29.1 millones de habitantes. Desde una perspectiva natural, Venezuela es
considerada un estado con una biodiversidad extremadamente alta, con hábitats que varían
desde las Montañas de los Andes en el Occidente hasta la selva tropical de la cuenca del
Amazonas en el sur, atravesando inmensas llanuras y con la costa caribeña en el centro y la
ribera del Río Orinoco en el Oriente.
Venezuela está organizada como una república federal presidencialista que está conformada
por 23 estados, el  Distrito Capital (incluyendo la ciudad capital de Caracas), y las
Dependencias Federales (incluyendo las islas extraterritoriales de Venezuela). Venezuela
también reclama como suyos todos los territorios de Guyana al oeste del Río Eseqibo, una
extensión de 61,583 millas cuadradas bautizados como Guayana Esequiba o la Zona en
Reclamación.  
Entre los países latinoamericanos, Venezuela es considerado como uno de los más altamente
urbanizados y la gran mayoría de los venezolanos viven en las ciudades al norte,
especialmente en Caracas, la capital, que es también la ciudad más grande de Venezuela.
Desde el descubrimiento del petróleo a principios del siglo XX, Venezuela ha sido uno de los
más importantes exportadores de petróleo del mundo y cuenta con las reservas de petróleo
más grandes de Sudamérica. Anteriormente un exportador subdesarrollado de productos
agrícolas como café y cacao, el petróleo rápidamente dominó las exportaciones y las
ganancias del gobierno. El exceso de petróleo de los ochenta llevó a una crisis de deuda
externa y una prolongada crisis económica, que presentó su máximo inflacionario a un 100 %
en 1996 y los índices de pobreza se elevaron a 66 % en 1995. En 1998, el Producto Interno
Bruto (PIB) per cápita del país cayó al mismo nivel que el de 1963, reduciéndose a un tercio
de su récord histórico de 1978.
La afortunada recuperación de los precios del petróleo después de 2001 impulsaron la
economía venezolana y favorecieron el gasto social, que significativamente disminuyeron la
inequidad y pobreza, aún cuando las repercusiones de la crisis global del 2008 generaron un
nuevo reverso económico. En febrero de 2013, Venezuela devaluó su moneda debido a las
crecientes crisis del país. La escasez de bienes incluyeron papel de baño, leche, harina y
otros bienes básicos. Desde noviembre de 2014, la inflación en Venezuela había aumentado a
un 54 %. Esta fue una de las principales causas de las protestas venezolanas de 2014.

Historia de Venezuela: Introducción


Venezuela presume de contar una larga e ilustre historia. En 1522, el país fue colonizado por
los españoles en medio de la resistencia de los pueblos indígenas de la región. En 1811, el
país se convirtió en una de las primeras colonias hispanoamericanas en declarar su
independencia, que no se estableció firmemente hasta 1821, cuando Venezuela fue incluida
como un departamento de la república federal de la Gran Colombia.  
Venezuela obtuvo su plena independencia como un país distinto en 1830.  A lo largo del siglo
XIX, Venezuela sufrió de crisis políticas y dictaduras, permaneciendo dominada por los
caudillos de la región (líderes militares) hasta la mitad del siglo XX.
Desde 1958, el país ha tenido una serie de gobiernos democráticos. Los vaivenes económicos
de los ochenta y los noventa generaron diversas crisis políticas, incluyendo los mortales
disturbios de El Caracazo de 1989, dos intentos de golpe de estado en 1992, y la destitución
del presidente Carlos Andrés Pérez por malversación de fondos públicos en 1993. Un colapso
en la confianza de los partidos existentes generó la elección en 1993 del ex militar de carrera
Hugo Chávez y poniendo en marcha la Revolución Bolivariana, que inició con una Asamblea
Constituyente en 1991 para redactar una nueva Constitución de Venezuela.  

Prehistoria de Venezuela
Los historiadores suponen que los primeros habitantes de América llegaron de Siberia
atravesando el Estrecho de Bering, propagándose por todo el continente Norteamericano, y
después bajando hacia el Centro y Sudamérica en muchas olas de migración.  Existe
evidencia de presencia humana en lo que ahora es el noroeste de Venezuela remontándose
más de 15,000 años. La agricultura establecida se consolidó alrededor del primer milenio,
generando los primeros asentamientos habituales en la región.
Grupos que anteriormente fueron nómadas comenzaron a desarrollar culturas más grandes en
Venezuela, culturas que pertenecían a las tres principales familias lingüísticas: caribe,
arawaka y chibcha. Para el momento de la conquista española al final del siglo XV, entre
300,000 y 400,000 indígenas habitaban la región que ahora es Venezuela.
Las belicosas tribus de los caribes ocuparon el centro y costa oriental del país durante ese
tiempo, viviendo de la pesca y la agricultura itinerante. Diversos grupos arawaka se
dispersaron sobre las planicies occidentales y hacia el norte hasta la costa. Ellos vivían de la
casa y la recolección de alimentos y ocasionalmente practicaron la agricultura.
Las tribus timotocuicas de la familia lingüística chibcha, fueron las sociedades prehispánicas
más avanzadas de Venezuela.  Ellos vivieron en los Andes y desarrollaron avanzadas
técnicas de agricultura, incluyendo la irrigación y la construcción de terrazas. Fueron también
artesanos expertos, como podemos apreciarlo por los objetos que dejaron como testimonio:
ejemplos de su fina alfarería son mostrados en museos alrededor del mundo. Ninguna obra
arquitectónica ha sobrevivido a la era precolonial, aún cuando existen algunos sitios más
pequeños en la región andina que han sido recientemente descubiertos y serán abiertos al
turismo en los próximos años. 

Historia colonial de Venezuela


Retrato de Cristóbal Colón En el año de 1498, durante su
tercer viaje al Nuevo Mundo, Cristóbal Colón se convirtió en el primer europeo en poner un pie
en tierras venezolanas. Colón desembarcó en el extremo oriental de la Península de Paria,
justo frente a lo que ahora es la ciudad de Trinidad. Al principio creyó que estaba en otra isla,
pero la enorme desembocadura del Río Orinoco le indicó que se había topado con algo un
poco más grande.
Un año después del descubrimiento de Colón, el explorador español Alonso de Ojeda,
acompañado por el explorador italiano Américo Vespucio, zarpó a la Península de la Guajira,
en el extremo occidental de la Venezuela actual.  Después de ingresar al Lago de Maracaibo,
los españoles vieron a los indígenas viviendo en palafitos (cabañas con techos de paja
sostenidos en pilotes sobre el agua). Ellos llamaron a este tierra “Venezuela”, literalmente “la
Pequeña Venecia” quizás como una broma sarcástica de marineros, ya que estas rústicas
viviendas de junco no se parecían en nada a los opulentos palacios de la ciudad italiana que
conocían. El nombre de Venezuela apareció por primera vez en un mapa en 1500 y ha
permanecido sin cambio hasta el día de hoy. La Laguna de Sinamaica es considerada el lugar
donde los españoles vieron por primera vez los palafitos, y pueden observarse cabañas
similares ahí en la actualidad.
Alonso de Ojeda siguió navegando hacia el oeste a lo largo de la costa y exploró brevemente
partes de lo que ahora es el país de Colombia. Él vio a los aborígenes locales usando adornos
de oro y se quedó atónito por su riqueza. Sus historias sobre una isla con fabulosos tesoros
dieron origen al mito de El Dorado, una misteriosa tierra abundante en oro. Atraídos por estas
supuestas riquezas, las costas de Venezuela y Colombia se convirtieron en el objetivo de
numerosas expediciones españoles, una obsesión con El Dorado los llevó a explorar el
interior. Su búsqueda terminó en la rápida colonización de la tierra, aunque El Dorado
naturalmente nunca fue encontrado.  
Los españoles establecieron sus primeros asentamientos en suelo venezolano alrededor del
1500, en Nueva Cádiz, una pequeña isla de Cubagua, justo al sur de la Isla de Margarita. La
cosecha de perlas les brindó un medio de vida a los habitantes y el pueblo se desarrolló hasta
convertirse en un puerto muy activo hasta que un terremoto y una enorme marejada lo
destruyeron en 1541. El pueblo venezolano más antiguo que aún existe, Cumaná, en la corte
norte, data del 1521 y es un lugar encantador que visitar, aún cuando los terremotos
destruyeron gran parte de las primeras obras arquitectónicas coloniales de los españoles
Desde una perspectiva oficial, la mayor parte de Venezuela fue gobernada por España desde
Santo Domingo (la capital actual de la República Dominicana) hasta 1717, cuando quedó bajo
la administración del recién creado virreinato de Nueva Granada, cuya capital fue Bogotá,
Colombia.
Los habitantes de las comunidades indígenas de la colonia y los invasores españoles se
diversificaron con la llegada de los esclavos negros, traídos desde África para ser utilizados
como fuerza de trabajo en una diversidad de actividades agrícolas.  La mayoría de ellos
fueron puestos a trabajar en plantaciones de la costa caribeña. Para el siglo XVIII, los
africanos habían superado a la población indígena en términos de número.

Independencia: Historia de Venezuela a principios del siglo XIX


Con sólo unas cuantas minas de oro explotadas, Venezuela permaneció en las sombras del
Imperio Español durante sus primeros tres siglos. Sin embargo, el país tuvo un papel más
importante a principios del siglo XIX, cuando Venezuela dio a Latinoamérica uno de sus más
grandes héroes: un hombre llamado Simón Bolívar.
Venezuela ansiaba liberarse del dominio del Imperio Español, y en 1806 un revolucionario de
nombre Francisco de Miranda, encendió la primera llama para lograr este objetivo. Sin
embargo, sus esfuerzos para establecer una administración independiente en Caracas
terminaron cuando sus compañeros de conspiración lo entregaron a los españoles. Fue
embarcado a España y murió en prisión. Bolívar entonces asumió el liderazgo de la
revolución. Después de algunos intentos que no tuvieron éxito para derrotar a los españoles
en casa, se retiró a Colombia, después a Jamaica hasta que llegó el momento oportuno en
1817.

Retrato de Juan Vicente Bolívar Las Guerras Napoleónicas


acababan de terminar en Europa y el apoderado de Bolívar en Londres pudo conseguir dinero
y armas y reclutar a un pequeño número de veteranos de la Legión Británica de la Guerra
Peninsular. Con esta fuerza y un ejército de caudillos de Los Llanos, Bolívar marchó sobre los
Andes y derrotó a los españoles en la Batalla de Boyacá, logrando la independencia de
Colombia en agosto de 1819. Cuatro meses después en Angostura (actualmente Ciudad
Bolívar), el Congreso de Angostura proclamó a la Gran Colombia como un nuevo estado
unificando lo que ahora son los países soberanos de Colombia, Venezuela y Ecuador (aun
cuando los últimos dos aún seguían bajo el dominio español). Las reminiscencia del evento
aún sigue en Ciudad Bolívar y se puede admirar la enorme mansión donde debatió el primer
congreso. La liberación de Venezuela llegó el 24 de junio de 1831 en Carabobo, donde las
tropas de Bolívar derrotaron al ejército monárquico español.
Aunque Venezuela era considerada la menos importante de las tres provincias de la Gran
Colombia, el país padeció la mayor carga de la lucha. Los patriotas venezolanos pelearon no
solo en su propio territorio sino también en las tropas que Bolívar dirigió en Colombia y
bajando por la Costa del Pacífico. Para finales de 1824, Bolívar y sus asistentes habían
liberado Ecuador, Perú y Bolivia. Se estima que un cuarto de la población venezolana murió
en las guerras de independencia.

La Gran Colombia y la Historia de Venezuela a finales del siglo XIX


La visión de Bolívar de una república unificada se terminó antes de su muerte en 1830. En su
lecho de muerte proclamó: “América es ingobernable. El hombre que se pone al servicio de la
revolución ara en el mar. Esta nación cayó inevitablemente en las manos de una turba
ingobernable y después pasó a las manos de pequeños tiranos prácticamente iguales.”
Desgraciadamente, sus declaraciones no estaban lejos de la verdad. El estado compuesto de
las tres provincias, Gran Colombia, comenzó a colapsar desde el momento de su creación; el
régimen central fue incapaz de gobernar el enorme país con sus diferencias raciales y
regionales. El nuevo estado existió sólo una década antes de separarse en tres países
independientes.  
Tras la separación de Venezuela y su salida de la Gran Colombia, el congreso venezolano
aprobó una nueva constitución –y aún cuando difícil de creer – expulsando a Bolívar de su
país natal. De hecho, tomó a la nueva nación venezolana 12 largos años el finalmente
reconocer su deuda al hombre a quien le debía su libertad. En 1842, los restos de Bolívar
fueron traídos desde Santa Marta, Colombia, donde murió, a Caracas y sepultados en la
catedral nacional. En 1876 sus restos fueron solemnemente transferidos al Panteón Nacional
en Caracas, donde ahora reposan en un sarcófago de bronce.
El año 1830, cuando Venezuela obtuvo su completa libertad como un país independiente,
marcó el principio de la era de los “pequeños tiranos prácticamente iguales.” El periodo post-
independiente en Venezuela fuer marcado por serios problemas gubernamentales que
siguieron por más de un siglo. Estos fueron tiempos de despotismo y anarquía, en los que el
país era gobernado por una serie de dictadores militares conocidos como caudillos.  
El primero de los caudillos fue el General José Antonio Páez, quien gobernó al país por 18
largos años (1830–1848). Fue un gobierno duro, pero estableció cierta estabilidad política y
puso de pie la débil economía. El periodo que siguió fue una cadena casi ininterrumpida de
guerras civiles que sólo se detuvieron por otro dictador que gobernó por largo tiempo: el
General Antonio Guzmán Blanco (1870–1888). Blanco lanzó un ambicioso programa de
reformas, incluyendo una nueva constitución y garantizó cierta estabilidad temporal, pero su
gobierno despótico originó una amplia y popular oposición y cuando finalmente dimitió, el país
se sumergió nuevamente en una sangrienta guerra civil.
Durante la década de 1849, Venezuela se planteó la cuestión respecto a su frontera oriental
con la Guayana Británica (actualmente Guyana), reclamando como propias las dos terceras
partes de Guayana, hasta el Río Esequibo. El asunto fue tema de prolongadas negociaciones
diplomáticas y fue eventualmente establecida en 1899 por un tribunal de arbitraje, que otorgó
los derechos sobre el territorio en cuestión a la Gran Bretaña. A pesar de la sentencia,
Venezuela mantiene su reclamo hasta el día de hoy. Todos los mapas producidos en
Venezuela incluyen esta parte de Guyana dentro de las fronteras de Venezuela, etiquetada
como “Zona en Reclamación.”
Otro conflicto que originó una grave tensión internacional fue el incumplimiento de pagos de
Venezuela a Gran Bretaña, Italia y  Alemania sobre préstamos acumulados durante el
gobierno de otro caudillo, General Cipriano Castro (1899–1908). En respuesta, los tres países
europeos enviaron sus naves a bloquear los puertos marítimos venezolanos en 1902.

Historia de Venezuela en el Siglo XX


La primera mitad del siglo XX fue gobernada por cinco gobernantes militares sucesivos desde
el estado andino de Táchira. El de mayor duración y más tiránico de estos fue el General Juan
Vicente Gómez, que tomó el poder en 1908 y no dimitió hasta su muerte en 1935. Durante su
despiadado gobierno, Gómez suprimió el parlamento, aplastó a la oposición y monopolizó el
poder.
El descubrimiento de petróleo en la década de 1910 ayudó al régimen de Gómez a poner en
pie la economía nacional. Para finales de la década de 1920, Venezuela era el exportador de
petróleo más grande del mundo, lo que no solo contribuyó a la recuperación económica sino
también permitió que el gobierno pagara toda la deuda externa del país. Como en la mayoría
de los países ricos en petróleo, casi nada de la riqueza obtenida del petróleo llegó a sus
ciudadanos comunes. La inmensa mayoría de los venezolanos siguió subsistiendo en la
pobreza con poca o ninguna infraestructura educativa o de salud, mucho menos acceso a
vivienda razonable. El dinero rápido que provino del petróleo también propició que se
descuidara la agricultura y el desarrollo de otros tipos de producción. Era más fácil
simplemente importar todo del extranjero, lo que funcionó por un tiempo, pero después resultó
ser inviable.
Las tensiones en Venezuela se incrementaron peligrosamente durante las siguientes
dictaduras, explotando en 1945 cuando Rómulo Betancourt, líder del partido de izquierda
Acción Democrática (AD), tomó control del gobierno. Una nueva constitución fue adoptada en
1947, y el notable novelista Rómulo Gallegos se convirtió en presidente en la primera elección
democrática de Venezuela. El inevitable golpe tuvo lugar sólo ocho meses después de la
elección de Gallegos, con el Coronel Marcos Pérez Jiménez emergiendo como el líder. Una
vez en control, aplastó a la oposición e invirtió el dinero del petróleo en obra pública y
desarrollo de Caracas. Él modernizó superficialmente al país pero el vertiginoso desarrollo no
resarció las desigualdades económicas y sociales del país, ni reprimió el amargo
resentimiento que quedó a raíz del golpe. 
Pérez Jiménez fue derrocado en 1958 por una alianza de civiles y oficiales de la marina y la
fuerza aérea. El país regresó al gobierno democrático y Rómulo Betancourt fue electo
presidente. Él disfrutaba del apoyo popular y realmente completó su periodo de cinco años en
el puesto, fue el primer presidente democráticamente electo que completó su término. Desde
entonces, todos los cambios de presidente han sido a través de medios constitucionales, aún
cuando la última década ha sido testigo de algunas dificultades.
Durante el mandato previsto del presidente Rafael Caldera (1969–1974), el continuo flujo del
dinero proveniente del petróleo fluyó a las arcas del país manteniendo una boyante economía.
El presidente Carlos Andrés Pérez (1974–1979) también se benefició de la bonanza del
petróleo; no sólo se incrementó la producción de petróleo sino, más importante aún, el precio
se cuadriplicó tras la guerra árabe-israelí en 1973. En 1975 Pérez nacionalizó la industrias del
mineral de hierro y del petróleo y se embarcó en una ola de gastos; productos de lujo
importados se suministraban en grandes cantidades a las atiborradas tiendas y la nación tuvo
la impresión que las míticas riquezas del El Dorado finalmente se habían materializado.  
A finales de la década de 1970, la creciente recesión internacional y el excedente petrolero
comenzaron a agitar la economía de Venezuela hasta la raíz. Las ganancias petroleras
disminuyeron, agudizando el desempleo y la inflación y forzando una vez más al país a
adquirir deuda externa. La caída de los precios del petróleo en 1988 cortaron los ingresos del
gobierno a la mitad, poniendo en duda la capacidad de Venezuela para pagar su deuda. Las
medidas de austeridad fueron introducidas en 1989 por Pérez Jiménez (elegido por segunda
vez) generando una ola de protestas que culminaron en la pérdida de más de 300 vidas en
tres días de sangrientas protestas conocidas como “El Cacarazo”. Medidas de austeridad
adicionales avivaron las protestas que frecuentemente escalaban hasta convertirse en
motines. Ataques y demostraciones callejeras continuaron siendo parte de la vida diaria de
Venezuela.
Para empeorar las cosas, hubo otros dos intentos de golpes de estado que tuvieron lugar en
Venezuela en 1992. El primero, en febrero de ese año, que fue dirigido por el paracaidista el
Coronel Hugo Chávez.  Los tiroteos en todo Caracas terminaron con más de 20 vidas, pero el
gobierno retuvo el control. Chávez fue sentenciado a prisión por largo tiempo. El segundo
intento, en noviembre, fue dirigido por oficiales menores de la fuerza aérea. La batalla aérea
sobre Caracas, con aviones de combate volando entre rascacielos, le dieron al golpe una
dimensión cinematográfica, por no decir apocalíptica. El Palacio de Miraflores, el palacio
presidencial, fue bombardeado y parcialmente destrozado. El ejército fue llamado a defender
al presidente y esta vez más de 100 personas murieron.
Corrupción, quiebras bancarias y créditos incobrables acosaron al gobierno durante la mitad
de la década de 1990. En 1995, Venezuela fue obligada a devaluar la moneda más del 70 %.
Para finales de 1998, dos terceras partes de los 23 millones de habitantes de Venezuela
estaban viviendo por debajo de la línea de la pobreza. El tráfico de drogas y el crimen habían
aumentado y las guerrillas colombianas habían expandido dramáticamente sus operaciones
dentro de las zonas fronterizas de Venezuela.

Hugo Chávez y la Historia de Venezuela en el siglo XXI

Hugo Chavez En lo que se refiere a política, quizás no hay


nada más significativo que un dramático resurgimiento y eso fue exactamente lo que
Venezuela atestiguó al acercarse el final del siglo XX. La elección presidencial de 1998 en
Venezuela, puso a Hugo Chávez, el líder del fallido golpe de estado de 1992, en la
presidencia. Después de ser perdonado en 1994, Chávez se embarcó en una campaña
agresivamente populista: comparándose a sí mismo con Bolívar, prometiendo ayuda (y
donativos) a las masas más pobres y posicionándose en franca oposición a la economía libre
de mercado influenciada por los Estados Unidos. Él prometió una grandiosa, aunque vaga
“revolución social democrática y pacífica.”
Sin embargo, después de su victoria en la elección, la “revolución social” de Chávez, fue todo
menos pacífica. Poco después de tomar el poder, Chávez se propuso reescribir la
constitución. El nuevo documento fue aprobado en un referéndum en diciembre de 1999,
otorgándole nuevos y amplios poderes. La introducción de un paquete de nuevos decretos
legislativos en 2001 se topó con airadas protestas, y fue seguida de un ataque masivo y
violento en abril de 2002. Culminó en un golpe de estado realizado por líderes militares
apoyados por un grupo de presión comercial, en el que Chávez fue obligado a renunciar. Él
recuperó el poder dos días después, pero esto solo intensificó el conflicto.
Mientras las tensiones populares aumentaban, en diciembre de 2002, la oposición llamó a un
paro general en un esfuerzo para derrocar al presidente. La huelga  nacional paralizó al país,
incluyendo a su importante industria petrolera y  una buena parte del sector privado. Después
de 63 días, la oposición llamó a detener la huelga, que había costado al país el 7.6 % de su
PIB y además devastó la economía basada en el petróleo. Chávez nuevamente sobrevivió y
proclamó la victoria.
La política nacional continuó siendo inestable hasta que Chávez ganó un referéndum en 2004
y consolidó su ya aplastante poder. Alentado por un apoyo político más grande y con sus
bolsillos engordando gracias a los altos precios del petróleo. Chávez, rápidamente se movió
para expandir su influencia más allá de las fronteras de Venezuela, llegando a oros líderes de
izquierda en Bolivia, Argentina, Cuba, Uruguay, Chile y Brasil. Él se había aliado abiertamente
con el régimen de Castro en Cuba, apoyando al exitoso candidato de izquierda de Bolivia, Evo
Morales y a los candidatos de izquierda en Perú y México que no ganaron la presidencia.
En 2005, poco después de que Caracas fuera la sede del 6to Foro Social Mundial, Chávez
inició un programa altamente publicitado y con dudosas intenciones para ofrecer combustible
para calefacción a precios reducidos a las personas pobres en los Estados Unidos. El
programa se expandió en 2005 para incluir cuatro de los cinco  barrios de Nueva York,
ofreciendo 25 millones de galones de combustible para los neoyorquinos de bajos ingresos a
un precio de mayoreo con el 40% de descuento. Aún cuando el programa obviamente ayudó a
cientos de miles de neoyorquinos pobres, fue usado como un golpe político al entonces
enemigo de Chávez, el ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush.  
El final de 2006 se vio envuelto en la antesala de la elección presidencial del 3 de diciembre.
El contrincante más cercano de Chávez, Manuel Rosales, acusó al presidente de ofrecer
inviables favores políticos y ayuda a otros países mientras que la pobreza y el crimen se
incrementaban en casa, y también desafiando a terratenientes (para su redistribución a las
personas sin tierras) y a los militares creando una hipotética invasión a los Estados Unidos.
Chávez acusó a Rosales de ser un lacayo de los Estados Unidos y se rehusó a debatir con él
en TV. Chávez ganó nuevamente con la Organización de los Estados Americanos y el Centro
Carter certificó los resultados.  
Chávez salió del closet socialista durante su segundo periodo, además incrementó la obra
pública y los programas sociales para beneficiar a los pobres (brindado atención de salud
básica a los barrios, por ejemplo) y nacionalizando las empresas más grandes de
telecomunicaciones, cemento y acero del país, la mayor parte de su industria eléctrica y
muchos hoteles así como infraestructura recreativa y de transporte. También se las arregló
para inculcar la idea de la inclusión en política entre la población general mientras que los
gobiernos anteriores anteriormente excluyeron descaradamente a todos con excepción de los
más altos niveles de la sociedad.
A pesar de contribuir a las enormes inversiones petroleras de Venezuela y a una mejor vida
para los pobres, la popularidad de Chávez comenzó a menguar. Las mejoras en
infraestructura, como la renovación de puentes y caminos, los brillantes y nuevos trenes
subterráneos y teleféricos de barrio conservaron las apariencias, pero la década terminó con
Venezuela luchando por combatir una muy grave escasez de energía y agua, una crisis que
golpeó el corazón de las clases media y alta. Los apagones generalizados se volvieron
habituales en todo el país y Chávez pidió a todos los venezolanos limitar sus baños en
regadera a sólo tres minutos (un “baño comunista”, dijo).
A medida que iniciaba el 2010, también lo hacía el racionamiento del agua, donde a Caracas
temporalmente le tocó la peor parte: hasta 48 horas a la semana sin agua. Los simpatizantes
de Chávez, sin embargo, rechazaron la idea y los racionamientos fueron suspendidos en
Caracas, empeorando el problema en los demás lugares y avivando las protestas en Mérida.
El ministro de electricidad Ángel Rodríguez fue removido de su cargo debido al desastre, pero
los movimientos en el gabinete no terminaron ahí: solo en enero, el vicepresidente y ministro
de defensa; Ramón Carrizales y su esposa, la ministro de medio ambiente Yubirí Ortega; y el
ministro de banca pública, Eugenio Vásquez Orellana, renunciaron. Los rumores culparon a la
crisis de electricidad en desacuerdo con la política gubernamental, aún cuando los tres
políticos lo negaron. Un mes después, la crisis de energía empeoró al punto que Chávez
declaró un estado de emergencia.
Chávez también aplicó muchas políticas controversiales para combatir la gran inflación y débil
economía del país, incluyendo los controles de precio en alimentos básicos, una acción que,
por un lado, permitía a las familias comprar la misma cantidad de alimentos básicos con la
misma cantidad de dinero a pesar de la inflación; pero ocasionalmente provocaba escasez de
alimentos básicos como leche y azúcar por otro lado.  En enero de 2010, Chávez anunció una
fuerte devaluación de la moneda conocida como el bolívar fuerte, la primera desde 2005, esto
creó un tipo de cambio oficial dual en Venezuela, un movimiento diseñado para impulsar los
ingresos de las exportaciones petroleras y limitar las importaciones innecesarias. Sin
embargo, las personas de Venezuela, temiendo incrementos de precios generalizados y una
inflación astronómica, atestaron las tiendas de electrónicos importados. Chávez condenó que
las tiendas elevaran sus precios y actuó en consecuencia:  el Instituto Venezolano para la
Defensa de las Personas en el Acceso a Productos y Servicios clausuró docenas de tiendas
por manipulación de precios.
Por otro lado, los estrictos controles de la divisa generaban que los venezolanos que viajaban
al extranjero tenían un racionamiento de $2,500 en tarjeta de crédito y $500 en efectivo al año
para gastar fuera del país, dejando a algunos sintiéndose atrapados en sus propias fronteras;
y los concesionarios de autos estuvieron (y siguen estando) virtualmente vacíos.
A pesar de la controversial aprobación de Brasil, el ingreso de Venezuela al Mercosur, fue una
importante victoria para Chávez y para el tratado bilateral, las relaciones extranjeras de
Chávez iban mucho mejor que su economía doméstica.  Las relaciones binacionales con
Colombia permanecieron extremadamente frágiles por las acusaciones del vecino país de que
Venezuela estaba suministrando armas a los rebeldes de las FARC y su decisión permitió que
las tropas de los Estados Unidos trabajaran desde siete de sus bases militares. Chávez
prohibió la importación de autos colombianos y estableció tropas en la frontera después de
diversas muertes sospechosas en ambos lados de la frontera. El asunto se volvió personal
debido a estos asuntos binacionales durante una reunión privada de jefes de estado en la
cumbre de Grupo de Río en Cancún en febrero de 2010, cuando el presidente colombiano
Álvaro Uribe se burló de Chávez: “Sea un hombre… es muy valiente hablando a distancia,
pero un cobarde cuando se trata de hablar de frente.” Chávez salió echo una furia.
Algunas encuestas de popularidad, incluyendo una de un grupo conocido como Datanálisis,
mostró que la tasa de aprobación de Chávez en 2011 había caído a 46 % – la primera caída
por debajo de 50 % desde 2004.  Estos números parecían indicar que el controversial líder se
estaba quedando sin combustible.
A pesar de su menguante popularidad, Chávez, incluso después de una batalla pública contra
el cáncer de colon, declaró sus intenciones de un cuarto periodo de cuatro años en las
elecciones de 2012.  Chávez fue realmente reelecto en 2012, y aun cuando comenzó su
cuarto periodo el 10 de enero de 2013, finalmente sucumbió a su enfermedad y murió menos
de 2 meses después el 5 de marzo de 2013.
Nicolás Maduro, el vicepresidente, tomó el poder y deberes por el resto del término abreviado
de Chávez hasta que se celebraron las elecciones presidenciales. Actualmente Maduro sigue
siendo el presidente de Venezuela.

También podría gustarte