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INSTITUTO DE CIENCIAS Y ESTUDIOS SUPERIORES DE

TAMAULIPAS, A.C.
EDUCACIÓN EN LÍNEA.

“LAS POLÍTICAS DE NUTRICIÓN EN MÉXICO”

ENSENADA BAJA CALIFORNIA, A 27 DE FEBRERO DE 2021.


El sistema alimentario mexicano se encuentra actualmente en el peor de los escenarios
posibles, su crisis no tiene precedentes. No solo se ha perdido la capacidad de generar
los alimentos que requiere la población, sino que se ha perdido la soberanía sobre la
conducción estratégica del sector alimentario. Esta crisis no sólo ha generado el
empobrecimiento del medio rural, sino que ha profundizado la desigualdad, en
condiciones de estancamiento económico. La renuncia intencional del Estado a intervenir
en la conducción del sistema alimentario ha permitido en muy breve plazo la adopción de
patrones alimentarios profundamente dañinos para el medio ambiente y para la salud de
la mayoría de la población; situación agravada en los estratos económicos más pobres
que continúan padeciendo importantes problemas de desnutrición en las primeras etapas
de la vida, y a partir de la etapa escolar se ven inmersos en un ambiente obesigénico con
graves repercusiones para la salud; tanto por la mayor labilidad al daño metabólico como
por el precario acceso a un diagnóstico y atención oportunos por los servicios de salud.

Actualmente el Estado no ha demostrado ser un instrumento eficaz para la conducción de


las acciones que permitan enfrentar la crisis alimentaria. Para reconstituir al Estado
Mexicano, se requiere recuperar su rectoría como el centro fortalecedor y el gran
articulador de las políticas, frenar el desorden institucional y la erosión de las instituciones.
Un Estado que coordine, regule, ordene y sancione a los mercados. No se trata de
ninguna manera de regresar a una etapa de Estado centralista, autoritario, paternalista, ni
corporativista; por el contrario, se requiere avanzar hacia la consolidación de un estado
moderno, eficiente, democrático, basado en la racionalidad del crecimiento económico
para el bienestar y el bienestar como condición para el crecimiento económico.

La construcción de ciudadanía es el elemento clave para que el estado pueda asumir


estas funciones mediante la generación de modelos incluyentes donde se asegure la
participación real y activa de todos los actores sociales al ejercer el derecho y cumplir con
la responsabilidad de una verdadera construcción de ciudadanía continua y plural, una
construcción en conjunto de un Estado producto de un renovado pacto social que movilice
y se apoye en los intereses comunes de la gran mayoría de la población. Se requiere
pues, trascender del análisis de la debilidad de las políticas públicas que han sido
incapaces de enfrentar, la pobreza, la desigualdad, el colapso del medio rural, la crisis
económica, el hambre y el daño a la salud por la epidemia de obesidad, para construir
una alternativa viable de desarrollo nacional que garantice a la par el crecimiento
económico y el desarrollo humano armónicos, sin que necesariamente se precedan o
antagonicen.

La obesidad es uno de los principales retos para la salud pública debido al impacto
negativo en la calidad de vida de quienes la padecen, el alto riesgo de desarrollar
enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, la muerte prematura y la alta
demanda de recursos que se requieren para su tratamiento y el de sus comorbilidades.

México es uno de los países con las prevalencias más altas de obesidad en el mundo, por
lo que fue declarada como una emergencia sanitaria en el 2016 por las autoridades de
salud.

El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) ha participado en el desarrollo de políticas


públicas basadas en evidencia para afrontar este problema de salud, las cuales han
demostrado ser efectivas; tal es el caso del impuesto a las bebidas azucaradas, que ha
promovido el aumento en el consumo de bebidas saludables como el agua.

Otro logro destacable es la aprobación de la modificación en el etiquetado de alimentos y


bebidas industrializadas, en octubre de este 2019. El etiquetado frontal de advertencia
permitirá identificar aquellos productos que superen los límites establecidos para calorías,
azúcares, grasas saturadas y sodio, cuyo exceso en la dieta puede ser dañino para la
salud. De esta manera, será más sencillo para los consumidores comprender el contenido
de los productos que adquirimos, facilitando la toma de decisiones para una alimentación
saludable.

Otras estrategias implementadas en el país incluyen la regulación de la venta de


alimentos en el entorno escolar, las campañas educativas, la regulación de la publicidad
de alimentos y bebidas con alto contenido calórico dirigidos a la población infantil, así
como la promoción de la lactancia materna. También, el fomento de la actividad física a
través de campañas de promoción, la adecuación de espacios públicos para realizar
ejercicio, ciclo vías, y los programas de “calle abierta” en los que el tránsito de
automóviles es suspendido temporalmente permitiendo el acceso de peatones,
corredores, y ciclistas, entre otros.
CONCLUSIÓN:

México tiene una larga historia de implementación de programas y políticas orientadas a


mejorar la nutrición de grupos vulnerables, La evolución de los programas y políticas de
nutrición y alimentación son producto de un proceso de aprendizaje de las experiencias
en programas y acciones realizadas tanto en el país como en otros países. Asimismo, han
sido utilizados por el Estado para contener la movilización social, y han sido
transformados para disminuir el gasto social en los programas de ajuste estructural.
Actualmente se sabe mucho más acerca de las causas de desnutrición, las acciones que
se pueden llevar a cabo para mejorar el estado nutricional y los efectos que dichas
intervenciones tienen en la población, y esto se refleja en los programas y políticas
implementados mundialmente.