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¡YA BASTA!

Sanidad interior
Derechos reservados por Angela Kellenberger
Copyright © 2016 por Editorial Nuevo Aliento
1a Edición Agosto 2016
ISBN LIBRO IMPRESO 978-607-97314-0-3
Todos los derechos reservados
All rights reserved

Foto de portada: Andrés Maldonado Kellenberger


Diseño de portada: Abigaíl Osornio López
Diseño de interiores: Abigaíl Osornio López
Comentario de contraportada: Doris Salazar

Equipo de correctores de estilo de Nuevo Aliento:


- Ingrid Michel López Hernández
- Carmen Rina Fabbri Carrillo
- Dení Alejandra Díaz Zepeda

Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, procesada en algún


sistema que le pueda reproducir, o tramitada en alguna forma o por algún
medio electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro. Excepto
para breves citas en reseña, sin necesidad del permiso previo de los editores.

Las citas bíblicas que han sido utilizadas fueron tomadas de la Biblia versión
Reina Valera Revisión 1960, a menos que se indique lo contrario.

Para mayor información:


nuevo.aliento@gmail.com
Tabla de contenido
PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

LECCIÓN 1

TOMA LA DECISIÓN

LECCIÓN 2

YA NO CALLES

LECCIÓN 3

LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN

LECCIÓN 4

CANCELA MALDICIONES

LECCIÓN 5

DIOS TRANSFORMA LO MALO EN BUENO

LECCIÓN 6

ERES ESPECIAL

LECCIÓN 7

PERSIGUE TU PROPÓSITO

LECCIÓN 8

DÉJATE LLENAR POR DIOS

ANTES DE DESPEDIRNOS
ANTES DE DESPEDIRNOS
PRÓLOGO

Doy gracias a Dios por la vida de Angelita, como llamo cariñosamente a la


autora de este libro, por la invitación para escribir este prólogo. Estoy
convencido de que este pequeño libro-manual será de bendición y provecho
para cada una de ustedes, amadas lectoras, como en su momento fue y
seguirá siendo para Angelita.
No hay manera más eficaz de escribir con inspiración y con el corazón en la
mano que cuando se ha vivido en carne propia cada una de las cosas de las
que se hablan en este libromanual.
Por eso, estoy seguro que al ir leyendo cada página las lectoras se podrán
sentir identificadas y podrán sentir la intervención del Espíritu Santo en sus
vidas. Y así, tomarán el reto de poner fin a todos esos recuerdos,
pensamientos y emociones que les han atormentado por largo tiempo. De
esta manera, podrán experimentar la libertad que sólo se encuentra en
Jesucristo y decir: ¡Ya basta!
Éstas no son simples palabras o alguna fórmula mágica, sino que se trata de
decidir poner un alto a todas aquellas cosas que por mucho tiempo te han
robado la paz y la felicidad, y comenzar a vivir como una mujer digna y
totalmente aceptable ante los ojos de Dios, de la sociedad y de ti misma.
Espero que este libro sea de bendición y un granito de arena para tu ayuda.
Además de que te impulse a tener una mejor calidad de vida para ti y tus
generaciones.

Apóstol Fredie Salazar


INTRODUCCIÓN

Mi vida ha sido un caos. Le he fallado mucho al Señor y por lo mismo me


resistía al llamado que Él tiene para mí, pues me sentía indigna, con baja
autoestima y con mucha culpa. El llamado que yo recibí de parte de Dios es
el de volver el corazón de las personas a Él, ayudar a otros a sanar sus heridas
y que encuentren el propósito por el cual Dios los creó. Todo esto mediante la
enseñanza de la Palabra de Dios que es la Biblia.

La Biblia dice en Romanos 13:7:

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto,


impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

Hoy quiero darle primeramente las gracias a mi amado Padre celestial,


porque me dio una nueva identidad; a mi amado Jesús, porque en la cruz me
redimió de todos mis pecados; y a mi amado Espíritu Santo, porque me ha
guiado, instruido y llenado. Pero también quiero honrar al Pastor Fredie y a
su esposa Doris, que hoy puedo decir con mucho orgullo y cariño que son
mis padres espirituales. Ellos, guiados por el Espíritu Santo, me ayudaron a
perdonarme a mí misma, a levantarme de mi baja autoestima y, sobre todo, a
no rechazar más el llamado de Dios para mi vida, sino a abrazarlo.
Papá Fredie y mamá Doris: los amo. Gracias por todo el tiempo que
diariamente me han dedicado desde que los conocí para instruirme, guiarme y
orar por mí. A ustedes les quiero dedicar este libro: ¡YA BASTA! Sanidad
interior.

Hoy le digo a mi Señor:

“¡Heme aquí, envíame a mí!”


LECCIÓN 1
TOMA LA DECISIÓN

El objetivo de este libro-manual es que recibas sanidad interior.


Cuando Dios sana esas heridas que venimos arrastrando, tal vez desde el
vientre de nuestra madre, podemos levantarnos en victoria y entender que
detrás de todo lo que hemos sufrido y vivido hay un gran propósito.
El día que tú le abres la puerta de tu corazón al Señor Jesucristo, Él empieza
con el proceso de perfeccionarte.
“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6.

“El día de Jesucristo” es hasta que Él venga en su segunda venida. Por lo


que mientras, estamos en un proceso. No somos el producto terminado, sin
embargo, para que Dios pueda hacer su obra completa en nosotras, debemos
decidir hoy soltarle nuestro pasado y decir: ¡Ya basta! Ya no quiero vivir en
derrota, sino en victoria.
Jesús nos ofrece en esta tierra una vida abundante.
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido
para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan
10:10.
• Abundancia viene del griego perissós, y significa: superabundante (en
calidad) o superior (en calidad), excesivo.
Jesús quiere para nosotras una vida de calidad. Esto significa, en pocas
palabras, que quiere que vivamos felices.
Creemos que para ser felices se necesitan riquezas materiales, fama, éxito,
etc. Pero esto es un engaño; observemos que antes de que Jesús dijera: “yo he
venido para que tengan vida”, nos dice que: “el ladrón (Satanás, en este
caso) no viene sino para hurtar y matar y destruir”.
Satanás es quien nos quiere ver en el suelo, él es experto en meternos
pensamientos negativos que nos hacen sentir fracasadas, sin futuro ni
esperanza. Él quiere que vivamos en desánimo, sin ganas de seguir adelante,
teniendo una baja autoestima. Que andemos con culpa sintiéndonos indignas,
sucias, sin valor alguno.
Satanás es muy astuto y podemos ver, básicamente, dos estrategias que usa:
a) Nos recuerda día y noche las cosas malas que hicimos, metiéndonos culpa
para sentirnos indignas.
b) Nos incita a guardar en lo más profundo de nuestro ser las heridas
dolorosas que algunas personas nos causaron, evitando así que las
expongamos para ser sanadas.

Jesús, en cambio, quiere que tengamos victoria en todo esto, pero es


indispensable entender lo que nos dice la Palabra de Dios, que es la Biblia, en
Romanos 12:2:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera, para entenderlo mejor:
“Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de
manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios
quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”.

No es hasta que recibes sanidad interior, que puedes realmente entender que
detrás de todo lo que has vivido Dios tiene un propósito y que te quiere usar
para que ayudes a otros.
Como hijas de Dios no debemos vivir como vive todo el mundo, debemos ser
diferentes. Al decir: “cambien de manera de ser y de pensar”, la Palabra nos
presenta un reto.
Tú decides si quieres seguir igual o si hoy quieres tomar la decisión de hacer
la paz con tu pasado, levantarte y extenderte hacia lo que viene.
Pablo nos dice en Filipenses 3:13-14:
“...olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo
que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

¿Crees que Dios hubiera podido usar a Pablo como lo usó, si hubiera estado
pensando constantemente en todos los cristianos que mató y encarceló? Pablo
no permitió que la culpa lo invadiera. Él hizo la paz con su pasado y prefirió
poner los ojos en lo que Dios tenía para él.
No enfrasques tus pensamientos en lo que te sucedió en el pasado, eso sólo te
estanca y Dios tiene grandes planes para ti, decide hoy levantarte y seguir
adelante. Por eso es importante cambiar nuestra manera de pensar. Lo que
pasó, ¡ya pasó! No lo puedes cambiar, pero sí puedes decidir dejar de mirar
atrás y ver hacia adelante, para que puedas llegar a la meta.
Dios saca nuestro pasado para confrontarlo, perdonar a los que nos han
lastimado y así poder dejarlo atrás. “Ponle fecha de caducidad” a tu herida,
esta frase se la escuché decir a papá Fredie. Cuando logres hacer esto,
empezarás a recibir esa sanidad interior que tanto anhelas.
Hoy toma la decisión y di: ¡YA BASTA!

EJERCICIOS
Menciona cinco sucesos dolorosos que has tenido que enfrentar en tu vida.
Escríbelos en orden de importancia. Si son más, menciónalos también.
1.
2.
3.
4.
5.

Menciona cinco sucesos felices que has tenido en tu vida.


1.
2.
3.
4.
5.

Menciona cinco pensamientos negativos o contrarios a lo que Dios quiere que


pienses.
1.
2.
3.
4.
5.

Menciona cinco comportamientos negativos que consideras que Dios cambió


o quito de tu vida, desde que recibiste a Jesucristo en tu corazón.
1.
2.
3.
4.
5.

Lamentablemente, solemos pensar más en las cosas malas que nos han
sucedido que en las cosas buenas. Le damos más espacio a pensamientos
negativos que a pensamientos positivos. Acuérdate que tenemos que
“cambiar nuestra manera de ser y de pensar”.

ACTIVIDAD
La actividad que vas a hacer a partir del día de hoy, es que cuando vengan
pensamientos negativos, los vas a echar fuera en el nombre de Jesucristo.
“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el
conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:5.
LECCIÓN 2
YA NO CALLES

Lo peor que podemos hacer es quedarnos calladas ante cosas difíciles que nos
han sucedido. Muchas veces, por miedo al qué dirán o por vergüenza no
decimos nada. Al hacer esto, vamos guardando ese malestar y sufrimos en
silencio; nuestro cuerpo físico lo resiente al grado de caer en diversas
enfermedades o también se ve reflejado en nuestras actitudes y en lo que
hacemos.
Analicemos dos personajes bíblicos que se quedaron callados y las
consecuencias que hubo.

DAVID
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”
Salmo 32:3.

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“Mientras no te confesé mi pecado, las fuerzas se me fueron
acabando de tanto llorar”.

Todos cometemos pecados, aun siendo cristianos. David cometió los pecados
de adulterio y de homicidio. David, a quien la Biblia describe como aquél
cuyo corazón era conforme al corazón de Dios, le falló a Dios.
“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también
testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme
a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hechos 13:22.

Todas le hemos fallado a Dios, y es necesario confesarle nuestros pecados.


Ciertamente Jesús, en la cruz, pagó por todos ellos: pasados, presentes y
futuros, y judicialmente ya fuimos redimidas, pero ¿entonces por qué la
Biblia nos manda confesar nuestros pecados?
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9.

• Confesar significa reconocer.


El confesar nuestros pecados, hace que se restaure nuestra comunión con
Dios y que Satanás ya no tenga derecho legal sobre nuestras vidas, porque
estamos reconociendo que le hemos fallado a Dios. La confesión nos libera.
Para ser verdaderamente libres, necesitamos confesarle nuestro pecado a Dios
y estar realmente arrepentidas. David, en el Salmo 51, nos narra cómo lo
hizo. Analicemos este salmo:
Versos 1-2: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame
más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.”

Si alguien conocía el corazón de Dios, era David. Él sabía cómo agradarle a


Dios.
Verso 3: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está
siempre delante de mí.”

En este verso podemos ver dos cosas importantes: primero, él estaba


reconociendo su pecado, es decir, lo estaba confesando. Segundo, vemos
también cómo andaba con culpa, porque todo el tiempo lo perseguía su
pecado.
Verso 4: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo
delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y
tenido por puro en tu juicio.”

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara.
Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy
inocente”.

David entendía que a quien realmente le había fallado era a Dios. El Espíritu
Santo nos redarguye de pecado, ya que consciente o inconscientemente lo
podemos ignorar, para guiarnos al arrepentimiento. Si nos hemos arrepentido
genuinamente y hemos confesado nuestro pecado a Dios, ya estamos a
cuentas con Él, pero el que nos quiere seguir culpando es el acusador, que es
Satanás.
Verso 6: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me
has hecho comprender sabiduría.”

Dios anhela que seamos sinceras con Él, no quiere que busquemos un
culpable. Él lo sabe todo y no podemos esconderle nada.
Verso 7: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más
blanco que la nieve.”

En ese tiempo, usaban hisopos muy grandes, eran unos palos que en la punta
tenían como una esponja y con eso limpiaban de lejos a los leprosos. David
se sentía sucio e indigno, sabía que por lo que había hecho no se merecía el
perdón de Dios, pero apelaba a su misericordia para que lo limpiara, aunque
fuera de lejos.
Verso 8: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has
abatido.”

Vimos anteriormente que al quedarse callado David, su cuerpo físico lo


estaba resintiendo. Él sabía que si Dios lo limpiaba, ya no estaría padeciendo
y la felicidad volvería.
Verso 9: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis
maldades.”

Cuando Dios perdona, perdona completamente, no a medias. Con Dios es


“borrón y cuenta nueva”.
Verso 10: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un
espíritu recto dentro de mí.”

David no sólo quería que Dios lo limpiara y lo perdonara, sino que también lo
cambiara.
Verso 11: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo
Espíritu.”

Debemos de entender que Dios no nos deja de amar. Hay personas que creen
que Dios no las puede perdonar y no se acercan a Él, porque tal vez les han
enseñado que Dios es muy duro. Si tu padre terrenal ha sido muy duro
contigo, puede ser que pienses que Dios es igual; pero déjame decirte que la
esencia de Dios es amor. Él nunca te ha dejado de amar. Cuando le fallamos
a Dios, se rompe nuestra relación con Él, pero basta con confesarle nuestro
pecado, reconociendo como David que le hemos fallado, para que en ese
mismo momento se restaure nuestra comunión con Él. Dios no nos desecha.
Versos 12-13: “Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me
sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los
pecadores se convertirán a ti.”

David anhelaba seguir siendo de testimonio a los demás para llevarlos a Dios.
Todas hemos fallado. Cuando llegues a fallarle a Dios, no pienses que Él no
quiere seguirte usando. Con la cabeza en alto, sabiéndote perdonada por
Dios, sigue haciendo lo que hacías para el servicio de Dios.
Verso 15: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.”

La verdadera alabanza y adoración se hacen en la presencia de Dios. Cuando


te sientes indigna delante de Él, no puedes entrar en su presencia y al tratar de
alabarlo, te sientes hipócrita. Tú puedes entrar confiadamente al trono de la
gracia, si ya le confesaste tu pecado; no te sientas indigna y alábalo de
corazón.
Versos 16-17: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no
quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios.”

Lamentablemente se nos ha enseñado desde pequeñas que, cuando le


fallamos a Dios, tenemos que hacer “algo para merecernos el perdón de
Dios”. Eso nos lleva a hacer sacrificios como penitencias (rezos repetitivos),
o a hacer juramentos absteniéndonos de hacer cosas que nos gustan o
comprometiéndonos con Dios a dejar de cometer algún pecado en particular
por un periodo de tiempo; también hay quien compra indulgencias pensando
que el dinero que invirtió en dicha indulgencia ayuda a que Dios la perdone,
pero a Dios no le agrada todo esto y nunca lo pidió. Lo único que Él nos pide,
una vez que lo hemos reconocido como nuestro Señor y Salvador, es que
tengamos un arrepentimiento genuino, no queriendo practicar más el pecado.
Sólo se necesitó un sólo sacrificio, el de Jesucristo, para redimirnos de todos
nuestros pecados. Buscar hacer algo para ganarnos el perdón de Dios, fuera
de confesarle nuestros pecados y pedirle perdón por haberlos cometido, sería
demeritar el sacrificio de Jesucristo.
Arrepiéntete genuinamente y reconoce de corazón que le has fallado a Dios.
No calles más tu pecado ni sientas vergüenza y, principalmente, no pienses
que Dios te va a desechar. Él te sigue amando. Recuerda lo que nos dice
Miqueas 7:18-19:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del
remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque
se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de
nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del
mar todos nuestros pecados”.

Mientras nos callamos, nos invade una gran culpa. No obstante, puede
suceder también que haya mujeres que sí han reconocido su pecado, se lo han
confesado a Dios y Él ya las perdonó, pero siguen cargando con esa culpa
porque no se han podido perdonar a sí mismas.
Yo era una de esas personas. No entendía por qué yo podía perdonar con
facilidad a otras personas, pero a mí misma no me podía perdonar y eso
generaba una gran culpa que me llevaba a tener baja autoestima y caer en
depresión.
Fue hasta que el Espíritu Santo me hizo recordar que cuando tenía 14 años de
edad, a mi mamá la iban a operar de un quiste en la matriz. Ella me pidió que
la acompañara al hospital para quedarme con ella aquella noche, después de
la operación, pero yo me negué. Ya anocheciendo, nos enteramos mis
hermanos y yo que mi madre se estaba muriendo. Yo me sentí de lo peor, una
gran culpa invadió todo mi ser. Gracias a Dios, la dejó con vida. Sin
embargo, al día siguiente que la fui a ver, le llevé una rosa y le pedí perdón
con todo mi corazón. Ella me contestó: “Ahora vienes a traerme una rosa y
me pides perdón, ¿y si me hubiera muerto, qué? ¡No te perdono!”
Las palabras de mi madre marcaron mi vida; sin darme cuenta fueron el
punto de partida para establecer en mí un estándar muy elevado sobre el
perdón hacia mi persona. Me era fácil perdonar a los demás porque sabía
cómo se sufre por la falta de perdón. Pero perdonarme a mí misma, me era
sumamente difícil. Inconscientemente me decía: “Si mi madre, que
representa una autoridad importante en mi vida, no me pudo perdonar
¿quién soy yo para perdonarme?” y “¿cómo Dios me va a perdonar?”.
Cuando yo decidí comentar con el pastor Fredie y su esposa Doris sobre lo
difícil que me era perdonarme a mí misma, él me dijo: “Tenemos que ir a la
raíz del problema”. En ese momento, el Espíritu Santo me hizo recordar lo
que pasó con mi madre, pude hablarlo con ellos y entendimos el porqué de mi
sentir. Fue así que ambos, papá Fredie y mamá Doris, oraron por mí y al
terminar ella me abrazó con gran amor y me dijo: “Imagínate que yo soy tu
mamá y hoy te digo que te perdono”. Recuerdo que lloré mucho, pero fui
liberada, me sentí perdonada. Había sido demasiado dura conmigo misma;
necesitaba romper el silencio y confesarles mi pecado para ser restaurada y
libre al fin de una culpa que cargué por 39 años. Ahora puedo aceptar el
perdón de Dios y perdonarme a mí misma con facilidad cuando le llego a
fallar.

TAMAR
La segunda estrategia que usa Satanás es que hará todo lo posible para que
aparentemente se nos olviden los eventos traumáticos que hemos sufrido a lo
largo de nuestras vidas. Este olvido aparente nos mantiene calladas y no nos
permite ser libres.
Un ejemplo de esto puede ser el abuso sexual.
Yo me enteré que mi hija Daniela había sido abusada sexualmente a la edad
de 4 años y pensé que ella lo tenía muy presente. En ese entonces, como
madre, no sabía qué hacer ni cómo lidiar con eso, por lo que opté por callar y
enterrar ese asunto por varios años. Ya de grande lo platiqué con ella, porque
pude ver actitudes que tenía de ira, baja autoestima y mucha inseguridad,
entre otras cosas. Me impactó cuando me dijo que ella pensó que lo había
soñado y que creía que no le había sucedido realmente. Lo pudimos hablar,
pudo perdonar y lo mejor fue cuando esa persona que abusó de ella, le pidió
perdón. Gracias a Dios, hoy puedo decir que mi hija ha sido sanada y
restaurada. Pero había que sacarlo.
En 2 Samuel 13:1-22, encontramos la historia en donde Amnón, el hijo
primogénito del rey David, viola a Tamar, su media hermana. Lo peor de
todo fue lo que su hermano Absalón, creyendo que con eso le ayudaba, le
dijo en el verso 20:
“Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano
Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se
angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa
de Absalón su hermano”.

• Desconsolada viene del hebreo shamém, y significa: aturdir (o


adormecerse) devastar, dejar estupefacto, pasmar, pavor, ruina,
devastación.
Tamar quedó desconsolada por quedarse callada y no hablar de lo que le
había sucedido. Analicemos algunos de estos significados:

ATURDIR O ADORMECERSE
Satanás quiere que mantengas dormidos tus traumas. Que no hables de ellos
para que no seas sanada.

PAVOR
¿Cuántas mujeres, después de que fueron abusadas sexualmente, tienen pavor
de tener alguna relación con un hombre, pues piensan que todos les van a
hacer daño? Créeme, Dios tiene al hombre indicado para tu vida, sólo déjate
sanar por Él y en su tiempo lo conocerás. Satanás es quien pone ese miedo.
¡Ya basta!

RUINA
Cuando observamos ruinas arqueológicas, podemos ver algunos vestigios de
cosas que fueron hermosas en su época, pero que ahora ya no lo son.
Asimismo, el enemigo quiere hacerte creer que por haber sido abusada, y tal
vez haber perdido tu virginidad, ya no eres hermosa, ni aceptable para ningún
hombre y que nunca podrás ser feliz. Observemos cómo reaccionó Tamar
después de haber sido violada, en 2 Samuel 13:19:
“Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó
la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su
cabeza, se fue gritando”.

En aquella época, las mujeres vírgenes usaban vestidos de colores, pero ella
ya no podía vestirse así, se sentía marcada y con mucha vergüenza. Los
judíos tenían la costumbre de rasgar sus ropas y esparcirse ceniza como señal
del dolor que llevaban por dentro.
¡Ya basta!, no permitas que el enemigo te mantenga avergonzada, no te
sientas culpable. Fuiste una víctima, pero no te quedes en ruinas y permite
que el Señor te vuelva a reedificar. Dios tiene para ti esta palabra:
“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y
delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás
como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”
Jeremías 15:19.

Déjame explicarte este pasaje. Tal vez estás molesta con Dios porque no te
defendió y permitió que te sucediera esto, pero Él quiere restaurar esas ruinas
que llevas por dentro y que tanto te duelen. Quiere que veas todo lo bueno
que has recibido por encima de lo malo. Y quiere usarte para que tú ayudes a
otras mujeres a levantarse después de haber tenido que enfrentar lo mismo
que tú.
Vuelve a usar vestidos de colores, no permitas que el enemigo te mantenga
usando pantalones o te dejes engordar para que no se te acerquen los
hombres. Tú eres una joya preciosa en sus manos, eres su princesa. Lo
importante es que tú lo creas.
Eclesiastés 3:15 nos dice:
“Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo
que pasó”.

DEVASTACIÓN
Una mujer que ha sufrido abuso sexual se llega a sentir devastada. Como si
un huracán pasara sobre ella y la dejara en ruinas. Para reconstruir lo que un
huracán hizo, toma tiempo, pero tú decides hasta cuándo vas a seguir en
ruinas. Habla de lo que te sucedió. Tal vez se lo platicaste a tu mamá, y ella
no te creyó o incluso te dijo que tú lo provocaste y te has sentido con mucha
culpa. Busca ayuda, necesitas sacarlo a la luz para ser sanada. Ya no te aísles,
Dios quiere poner orden en tu vida. Sé que esa experiencia te tiene muy
confundida, tal vez pienses que nadie te quiere y te sientes sola, pero no lo
estás. Dios te ama en gran manera y no te rechaza. Déjate sanar por Él y
déjate llenar por él. Mientras no decidas sacar esa experiencia y decir: ¡Ya
basta!, la estarás viviendo todos los días.
Si tú eres joven y aún no tienes hijos, por el bien de ellos, rompe con esta
maldición para que ellos no la cosechen. Más adelante te diremos cómo
hacerlo.
Creo que también es importante mencionar que si tu marido te ha forzado a
tener relaciones sexuales con él, esto se considera como una violación.
Muchas mujeres se han callado esto y se sienten como objetos sexuales. Si
bien es cierto que la Biblia dice en 1 Corintios 7:1-5 lo siguiente:
“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al
hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno
tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.
El marido cumpla con el deber conyugal, y asimismo la mujer con el
marido.
La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni
tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la
mujer.
No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo
consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved
a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra
incontinencia”.

Esto no significa que deba forzarla cuando ella no quiera, pues iría en contra
de lo que también nos dice la Biblia en Colosenses 3:19:
“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”.
“Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando
honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la
gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” 1
Pedro 3:7.
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus
mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque
nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la
cuida, como también Cristo a la iglesia” Efesios 5:28-29.

Dios quiere que el sexo dentro del matrimonio sea algo hermoso, de hecho,
así lo diseñó Él. No en vano dice Proverbios 5:18-19 lo siguiente:
“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud,
como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en
todo tiempo, y en su amor recréate siempre”.

Si tú has pasado por este tipo de violencia con tu marido, es importante


sacarlo y perdonarlo para que puedas ser libre. En la próxima lección se te
mostrará lo importante que es perdonar. Es tiempo de levantarse y no seguir
igual.

EJERCICIO
1. Haz una lista de las cosas que debes de confesarle a Dios y luego sácalo
con Él, pídele perdón con un corazón sincero y arrepentido.
2. Escribe lo que sientas que has estado guardando en lo profundo de tu
corazón y que no has podido hablar con nadie. Escribirlo es el primer paso
para poder sacar lo que te está lastimando. Pídele al Espíritu Santo que te
guíe para recordar las cosas de tu pasado que has pretendido olvidar e ir a
la raíz de tus problemas.

ACTIVIDAD
Busca a alguien de confianza y platícale lo que te pasó. No esperes que te dé
la solución a tu problema, sólo sácalo con alguien, deja que el Espíritu Santo
te muestre con quién. Este es el primer paso para ser sanada.
LECCIÓN 3
LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN

Si entendiéramos que el perdón es la mejor medicina para nuestro cuerpo


físico y para nuestra sanidad interior, estoy segura que lo ejerceríamos más
seguido.
Ya vimos que enfrascar nuestros pensamientos en el pasado nos estanca y no
nos permite seguir adelante para llegar a la meta y así cumplir el propósito
por el cual Dios nos creó. Vimos también que el primer paso para recibir
sanidad interior es no quedarnos calladas y expresar nuestras heridas. Lo que
sigue ahora es decidir perdonar a los que nos hayan lastimado, perdonarnos a
nosotras mismas y pedir perdón, si es necesario, a los que nosotras hemos
ofendido.

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE


PERDONAR?
1. PORQUE SI NO PERDONAMOS NO
SEREMOS PERDONADAS
Analicemos lo que nos dice Mateo 18:21-35:
Versos 21-22: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces
siete”.

Quisiera mostrarte gráficamente lo que significa “setenta veces siete”:


7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7
x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x7x
7x7x7x7x7=?
No me alcanzan los números en la calculadora para anotar la cifra exacta.
Pero sólo multiplicar 10 veces siete nos da el siguiente resultado:
7x7x7x7x7x7x7x7x7x7 = 282,475,249
Son muchas veces ¿no crees? Y esto es una leve idea de lo que Jesús le
estaba queriendo decir a Pedro.
• Siete, en la Biblia, significa perfecto, completo.
Sólo perdonando lograremos estar completas y llegaremos a la perfección.
Vemos, que después Jesús les narra a sus discípulos la parábola del perdón en
los
versos 23-35:
“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso
hacer cuentas con sus siervos.
Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía
diez mil talentos.
A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e
hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó
la deuda.
Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía
cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que
me debes.
Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo:
Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la
deuda.
Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y
fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.
Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella
deuda te perdoné, porque me rogaste.
¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo
tuve misericordia de ti?
Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que
pagase todo lo que le debía.
Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de
todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”.

Analicemos el primero y el último verso de esta parábola:


Verso 23: “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que
quiso hacer cuentas con sus siervos.”

Verso 35: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no


perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

Esto nos habla de que algún día Dios nos llamará a cuentas y seguramente
nos preguntará dos cosas:
a) ¿Cuántas veces te he perdonado?
Nuestra respuesta a su pregunta sería: siempre.
b) ¿Cuántas veces has perdonado tú?
Piensa cuál sería tu respuesta.
¿Por qué si Dios nos perdona siempre, nosotras no lo hacemos o sólo en
algunas ocasiones? Debemos entender que el perdón es una decisión, no
esperes sentirlo; es un acto de misericordia hacia el que nos ofende y hacia
nosotras mismas para que nos vaya bien.
Verso 33: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo,
como yo tuve misericordia de ti?”
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará
también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras
ofensas” Mateo 6:14-15.
“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere
misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” Santiago 2:13.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia” Mateo 5:7.

2. PARA NO SER AFLIGIDAS POR DEMONIOS


Parece una contradicción, porque mencioné anteriormente que, judicialmente,
ya tenemos el perdón, pero ¿qué pasa si nosotras no perdonamos? En la
parábola que Jesús les narró a sus discípulos, encontramos en el verso 34 lo
siguiente:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que
pagase todo lo que le debía”.

• Verdugo viene del griego basanistés, que significa torturador. Viene


también de otra palabra griega que es basanizo, que significa: torturar,
afligir, azotar.
¿Qué sucede cuando no perdonamos? Abrimos puertas para que demonios
nos estén torturando y afligiendo. Comparemos la cita anterior con Efesios
4:26-27:
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar
al diablo”.
Observemos que tenemos hasta la noche para poder perdonar a los que nos
ofenden. Si nos acostamos sin haber perdonado, Dios permitirá que los
verdugos (demonios) entren y nos aflijan. Los demonios no nos pueden
poseer, por ser hijas de Dios, pero sí nos pueden afligir. Dios ya perdonó
nuestros pecados en la cruz por la sangre que derramó Cristo pero permitirá
que demonios nos aflijan si nosotros no perdonamos.
Todo empieza con un enojo hacia la persona que nos ofendió y nos hizo
daño. Puede ser un enojo justificado el que sintamos, pero al irnos a dormir
enojadas sin haber perdonado, ese enojo se convierte en pecado y el pecado
abre puertas al enemigo para afligirnos.
El enojo, cuando no perdonamos, se convierte en ira reprimida, la cual
engendra amargura, la amargura engendra odio y el odio venganza.
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y
maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os
perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4:31-32.

La amargura es un veneno que circula por todo nuestro cuerpo. Nos lleva a
enfermarnos física, mental y espiritualmente. Tristemente, al estar amargadas
no alcanzamos las bendiciones que Dios tiene para nosotras y lo peor de todo
es que contaminamos a otros.
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que
brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados” Hebreos 12:15.
Analicemos detenidamente este pasaje bíblico:

“Mirad bien”
La amargura se esconde, es una raíz que se va extendiendo como tentáculos
por todo nuestro cuerpo, sin darnos cuenta, y puede ir afectando nuestra
salud. Es por ello que debemos examinar bien nuestro corazón y asegurarnos
de no guardar resentimiento contra nadie.

“no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios”


Dios quiere bendecirnos, pero no lo puede hacer como Él desea si nosotras no
perdonamos. La mayoría de las enfermedades son producidas por amargura,
y todo por no perdonar. Dios quiere sanarte pero lo atamos, no lo dejamos
obrar con libertad.

“que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe”


Todo árbol tiene raíces. Por lo general la raíz no se ve, pero tenemos que
entender que la falta de perdón hará que empiece a brotar en nuestro corazón
una raíz de amargura que puede ir creciendo y llegar a dar frutos malos que
nos impiden avanzar y que nos contaminan. Si damos lugar a la amargura,
somos las primeras afectadas.
“Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos
malos” Mateo 7:17. Verso 20: “Así que, por sus frutos los
conoceréis.”

¿Cuáles serían los frutos de la amargura? El odio y la venganza.


“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos
los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en
paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados
míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19.
“ y por ella muchos sean contaminados”

Podemos llegar a ser instrumentos de bendición en las manos de Dios o


podemos ser instrumentos de maldición en las manos de Satanás.
Cuando perdonamos nos parecemos a Dios porque Él es un Dios perdonador,
pero cuando no perdonamos y nos amargamos, estamos como una manzana
podrida por dentro; y Satanás nos usará para pudrir a los demás.
Tú escoge en qué equipo quieres estar.
Como madres, fácilmente podemos llegar a contaminar a nuestros hijos
cuando les hablamos mal de su padre o de alguien que nos haya lastimado.
Debemos ser ejemplo de nuestros hijos, enseñarles el camino del perdón, no
el de la amargura. Tenemos que enseñarles a respetar a su padre, no
importando lo que haya hecho, pues no deja de ser su padre. Perdonarlo es
una manera de honrarlo, y es el primer mandamiento con promesa:
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con
promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”
Efesios 6:2-3.

• Honrar significa: premiar, valorar, reverenciar, amar.


¿Quieres que les vaya bien a tus hijos? Enséñales lo importante que es
respetarte a ti y a su padre; y como ya vimos, una manera de honrarlo es
ejerciendo el perdón. Perdonar es una parte fundamental de amar. Sé tú
ejemplo de una persona que sabe perdonar.

¿POR QUÉ DEBEMOS PERDONARNOS


A NOSOTRAS MISMAS?
Por la misma razón que debemos perdonar a los demás. Si no lo hacemos,
Satanás nos tendrá en el suelo, con culpa y baja autoestima. Esto hará que nos
sintamos indignas de acercarnos a Dios y de dejarnos usar por Él. En el libro
que Dios me permitió escribir sobre distintas causas y consecuencias de la
depresión, intitulado: ¡Cómo salir de la depresión!, hay un punto en el que se
habla de caer en depresión por culpa, ahí se explica con mayor detalle lo que
nos dice Miqueas 7:18-19:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del
remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque
se deleita en misericordia.
Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras
iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros
pecados”.

Observemos cuatro cosas importantes que nos habla este pasaje bíblico:
a) “No retuvo para siempre su enojo”
Si tú ya le confesaste tu pecado a Dios y estás arrepentida, Él ya te
perdonó y no está enojado contigo.
b) “Se deleita en misericordia”
Créeme, Dios te sigue amando. Hagas lo que hagas, el amor que Dios
tiene por ti no cambia porque Él es el mismo “ayer, hoy y por los siglos”.
c) “Sepultará nuestras iniquidades”
Para Dios hay un “borrón y cuenta nueva”. Él no es como Satanás que te
hace recordar tus faltas. Dios sí olvida nuestros pecados; no nos trae a la
memoria nuestros errores como lo hace el diablo para tenernos en el
suelo.
d) “Todos nuestros pecados”
Como hijas de Dios, no podemos cometer el pecado imperdonable porque
creímos realmente en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario; por lo
que la salvación no la podemos perder. Podemos llegar a contristar
(entristecer) al Espíritu Santo cuando caemos en algún pecado, pero en el
momento en el que nos arrepentimos, Dios nos perdona y restaura su
comunión con nosotras.

¿POR QUÉ DEBEMOS PEDIR PERDÓN


A OTROS?
Básicamente es para sanar heridas, tanto de las personas que hayamos
lastimado como las nuestras, y para no darle lugar al enemigo.
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para
que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”
Santiago 5:16.

Me sorprende mucho este pasaje bíblico porque habla de confesar nuestras


ofensas, esto es: que reconozcamos que hemos lastimado a cierta persona, le
pidamos perdón, oremos por ella y entonces seremos sanadas ambas, tanto la
persona a quien lastimamos como nosotras mismas.
Vemos que luego dice: “la oración eficaz del justo puede mucho”.
Una vez que hayamos pedido perdón y hayamos perdonado, no habrá
obstáculo para que nuestras oraciones lleguen al Padre.
¿Te das cuenta cómo la falta de perdón frena también nuestras oraciones? Se
parece a
Hebreos 12:15, donde vimos que: “dejamos de alcanzar la gracia de Dios”.
Por donde le veas, el perdón es la llave para recibir sanidad y libertad.

EJERCICIO
1. Haz una lista de las personas que sientes en tu corazón que debes perdonar
desde que tengas memoria.
2. Ora a Dios por cada una de estas personas y dile: “Perdono y bendigo a
_____________por: ____________________ (menciona lo que te hizo).
3. Decide hoy perdonarte y bendecirte a ti misma por todo lo que tengas en
contra tuya. Pídele a Dios que te ayude a verte como Él te ve y a amarte
como Él te ama.
4. Ora al Señor y pídele que te muestre a qué personas has ofendido, y una
vez que te lo haya mostrado ve y pídeles perdón.

Nota importante: Si tú caíste en adulterio pero tu esposo no se enteró, y ya


estás arrepentida, en este caso no tienes que pedirle perdón, porque al no
saberlo no fue ofendido. Pídele perdón a Dios, perdónate tú misma y
levántate. No abras una herida en donde no la hay. Esto también incluye otras
ofensas que hayamos cometido en donde la persona afectada no supo nada.

ACTIVIDAD
1. Escribe en una hoja los pecados que cometiste, pídele perdón a Dios por
ellos, perdónate a ti misma y quémala; no permitas que Satanás vuelva a
recordarte tus pecados pasados. Para Dios ya están enterrados.
2. Escribe en una hoja las heridas que te provocaron a ti y después de
perdonarlos, quémala. Dale “carpetazo” y decide dejar atrás lo que te
hicieron para seguir adelante con tu vida.

Si estás interesada en conocer más acerca de qué es el perdón y cómo lo


podemos ejercer, te recomiendo que leas: Conquista tu libertad perdonando.
Éste y otros títulos como:
¡Cómo salir de la depresión!, pertenecen a Nuevo Aliento.
LECCIÓN 4
CANCELA MALDICIONES

Muchas personas, incluyendo las hijas de Dios, se han preguntado por qué les
está yendo mal aun cuando le están echando ganas, o por qué hay cosas que
les cuesta trabajo superar o enfermedades que están padeciendo. La respuesta
a estos cuestionamientos puede ser que vienen arrastrando maldiciones
generacionales.
Me platicaron de un caso en el cual una pareja que ya tenía un hijo, decidió
adoptar a un bebé. Desde pequeño lo educaron exactamente igual que a su
otro hijo. Recibía el mismo trato y amor, pues para ellos realmente era otro
hijo. Al ir creciendo, el hijo adoptado comenzó a tener actitudes negativas y
muy raras. Cosas que nunca vieron en su hijo primogénito y mucho menos en
la familia; este chico comenzó a robar, a mentir y a ser muy agresivo. Tiempo
después descubrieron que esas actitudes las había heredado de su padre
biológico.
Las maldiciones generacionales son muy reales y pueden ser un impedimento
en nuestras vidas para vivir en victoria. Científicamente está comprobado que
incluso hay enfermedades que se heredan.

¿CÓMO SURGEN LAS MALDICIONES


GENERACIONALES?
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en
el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te
inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios,
fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta
la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago
misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos” Éxodo 20:4-6.

Observemos que es el pecado de nuestros ancestros el que nos puede estar


afectando a nosotras. El pecado abre puertas para que los demonios nos
aflijan de generación en generación.
Viene siendo como la siembra y la cosecha. Si nuestros ancestros sembraron
cosas buenas, amaron al Señor y guardaron sus mandamientos, nosotras
como hijas, nietas, bisnietas…cosecharemos misericordia de parte de Dios;
en cambio, si nuestros ancestros sembraron maldad, aborrecieron a Dios y no
guardaron sus mandamientos, nosotras cosecharemos maldiciones.
“que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres
en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los
ejércitos es su nombre” Jeremías 32:18.

Lo mismo sucederá con nuestros hijos, nietos, bisnietos, etc. De acuerdo a lo


que sembremos nosotras, como madres, será lo que ellos cosechen.
“He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la
maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová
vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los
mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que
yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis
conocido” Deuteronomio 11:26-28.

¿Qué significa maldición?


• Maldición significa desprecio, denigración de una persona, maldecir.
No seguir al Señor y no guardar sus mandamientos nos denigra como
personas, esto es: la opinión o reputación que tengan de nosotras no será
buena y como consecuencia tampoco la de nuestras generaciones.

¿CÓMO NOS PUEDEN AFECTAR ESTAS


MALDICIONES GENERACIONALES?
Analicemos algunos ejemplos en la Biblia.

LA CASA DE ELÍ
“Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre
su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré
su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos
han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he
jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será
expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas” 1 Samuel 3:12-14.

Los hijos de Elí eran hombres impíos que no tenían temor de Dios. Hacían
con las ofrendas de Dios lo que querían y dormían con las mujeres que
velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Elí era sumo sacerdote y
nunca estorbó a sus hijos para que no hicieran tales cosas, por lo que sus
generaciones cosecharon el pecado de sus padres.

GIEZI Y SU DESCENDENCIA
El general del ejército del rey de Siria, llamado Naamán, era leproso y fue a
visitar al profeta Eliseo para ser sanado. Después de contender, finalmente
decide hacer lo que el profeta le dijo y se zambulle siete veces en el Jordán y
es sanado de su lepra.
Como agradecimiento, Naamán quería ofrecerle un presente a Eliseo, quien
lo rechazó. Sin embargo Giezi, su criado, al ver que su señor había rechazado
el presente, con mentiras se aprovechó de la situación, pidiendo parte del
presente que Naamán había ofrecido a Eliseo y fueron trágicas las
consecuencias que recibió por ello.
“Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He
aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano
las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y
tomaré de él alguna cosa.
Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo
tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien?
Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en
esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas;
te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos.
Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos
talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a
cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él.
Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo
guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen.
Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde
vienes, Giezi? Y él dijo: Tú siervo no había ido a ninguna parte.
Él entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el
hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de
tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?
Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia
para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve”
2 Reyes 5:20-27.

Hay enfermedades que se van heredando de generación en generación, donde


el origen es producto del pecado, como lo vemos en este ejemplo.
“Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así
la maldición nunca vendrá sin causa” Proverbios 26:2.

Si nos damos cuenta, en estos dos ejemplos que acabamos de ver, la raíz del
problema fue un pecado de idolatría. Elí idolatraba a sus hijos y Giezi
idolatraba las cosas materiales.
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en
muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en
destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al
dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores” 1 Timoteo 6:9-10.

La codicia por las cosas materiales es idolatría y ésta nos destruye, pues es
pecado. Giezi atrajo a sí mismo y a sus generaciones la maldición de la lepra.

MUCHACHO AFLIGIDO POR UN


ESPÍRITU INMUNDO
En el Nuevo Testamento, podemos ver el caso de un muchacho que estaba
siendo afligido por un espíritu inmundo que lo tenía mudo y cuando lo
tomaba, lo sacudía, (el muchacho) echaba espumarajos, crujía los dientes y se
iba secando.
“Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con
violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba,
echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace
que le sucede esto? Y él le dijo: Desde niño (infancia). Y muchas
veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes
hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos” Marcos 9:20-
22.

¿Qué mal pudo haber hecho este muchacho en su infancia como para haber
abierto puertas para que lo afligiera este espíritu inmundo a tal magnitud?
Seguramente estaba cosechando una maldición generacional.

PUEBLO DE DIOS ACARREANDO


MALDICIÓN SOBRE SÍ
“Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos
le dijeron: ¡Sea crucificado!
Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos
gritaban aún más, diciendo:
¡Sea crucificado!
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto,
tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente
soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el
pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”
Mateo 27:22-25.

Me pregunto: ¿por qué ha sido tan perseguido el pueblo judío?

CÓMO DEBEMOS CANCELAR ESTAS


¿

MALDICIONES GENERACIONALES?
1º. RECONOCER A JESUCRISTO
La llave principal para romper con estas maldiciones es reconocer al Hijo de
Dios en nuestras vidas. Jesucristo en la cruz del calvario nos redimió de
nuestros pecados, anulando el acta de los decretos que había en nuestra
contra. Con su sangre preciosa, fuimos rescatadas de una vana manera de
vivir, la cual heredamos de nuestros padres.
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un
madero)” Gálatas 3:13.
“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de
vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los
pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros,
que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la
cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió
públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” Colosenses 2:13-15.
“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la
cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como
oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero
sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18-19.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros


dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros” Isaías 53:4-6.

Observemos que Jesús, por nosotras, se hizo maldición y llevó nuestros


pecados y enfermedades en la cruz. Gracias a Jesucristo estamos bajo un
mejor pacto, ya no estamos bajo el pacto de la ley sino bajo el pacto de la
gracia.
Es como lo que vimos en la lección del perdón. Judicialmente, ya fuimos
perdonadas en el momento en que reconocimos a Jesús en nuestras vidas y
así, él rompió con esas maldiciones que habíamos heredado. Sin embargo,
hay que hacer algo muy importante, pedir perdón por el pecado de nuestros
ancestros.

2º. PEDIR PERDÓN POR EL PECADO DE


NUESTROS ANCESTROS
Cuando nosotras pedimos perdón por el pecado de nuestros ancestros, los
demonios que entraron por generaciones ya no tienen ningún derecho legal
para seguirnos afligiendo y es entonces cuando los podemos echar fuera en el
nombre de Jesucristo.
Podemos ilustrar esto con lo que hizo Nehemías en Nehemías 1:3:
“Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí
en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén
derribado, y sus puertas quemadas a fuego”.

El pueblo judío se había desviado yendo tras dioses ajenos. Esto hizo que
Dios permitiera que el rey Nabucodonosor se los llevara cautivos. Vemos
después que algunos regresan de la cautividad y se les permite reconstruir el
templo de Jerusalén en la época de Esdras, sin embargo, el pueblo estaba “en
gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas
quemadas a fuego”.
¿Por qué se encontraban así, si ya habían podido reconstruir el templo?
En el mundo espiritual podemos estar así. Nos hemos reconciliado con Dios
por medio de Jesucristo, pero seguimos en afrenta. Esto significa que los
demonios nos siguen afligiendo. No hay un muro de protección que impida
que entren.
¿Qué hizo Nehemías antes de reconstruir el muro?
“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos
días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y
temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y
guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus
ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día
y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de
los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi
padre hemos pecado.
En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado
los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.
Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo:
Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os
volviereis a mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pusiereis por
obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos,
de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar
allí mi nombre” Nehemías 1:4-9.
Nehemías ayunó, oró y confesó el pecado de sus ancestros.
Esto es lo que debemos hacer nosotras después de haber reconocido a Cristo
como nuestro Señor y Salvador.

3º. CANCELAR MALDICIONES Y ECHAR


FUERA A LOS DEMONIOS
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre
toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” Lucas 10:19.

¿Qué hizo Jesús con el muchacho que tenía un espíritu inmundo que lo estaba
atormentando?
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda
mi incredulidad.
Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu
inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y
no entres más en él.
Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y
él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por
qué nosotros no pudimos echarle fuera?
Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y
ayuno” Marcos 9:23-29.

Algunos demonios son más fuertes que otros, y debemos estar en oración y
ayuno para poder discernir y estar preparadas antes de entrar en una batalla
espiritual.
Tú, como hija de Dios, tienes autoridad dada por Dios para echar fuera a los
demonios que te estén afligiendo. Pero es importante que pidas perdón
primero por el pecado de tus ancestros, que ores y ayunes para que el Señor
te muestre qué maldiciones debes de cancelar y qué demonios has heredado,
y así finalmente puedas echarlos fuera en el nombre de Jesucristo.
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán
fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” Marcos 16:17.
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible”

Nota: Al final de la lección 6 se te explicará con más detalle cómo echar


fuera a los demonios que te estén afligiendo.

MALDICIONES QUE OBTENEMOS POR


TENER ANATEMAS
El enemigo es muy astuto y si logra infiltrarse en tu casa, con objetos que a
Dios le desagradan, obtiene derechos legales para afligirte. A estos objetos
inmundos se les llama anatemas.
“Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna
cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de
Israel, y lo turbéis” Josué 6:18.

• Anatema viene del hebreo kjerem, que significa: objeto condenado,


maldición, exterminación.
Estos objetos son abominación a Dios y traen maldición y destrucción a
nuestras vidas. Existen varias clases de anatemas:
a) Objetos que han tenido que ver con el ocultismo
Son objetos que se han usado para hacer trabajos de brujería, hechicería o
limpias.
b) Objetos de culto
Pueden ser adornos de dioses paganos como Budas, vírgenes, figuras de
culto, figuras mitad humano mitad animal, unicornios etc.
c) Juguetes que tienen que ver con el ocultismo o con lo oculto
Hoy en día tenemos que tener especial cuidado en los juguetes o películas
que tienen nuestros hijos, como son dragones, pegasos, unicornios, etc.
El famoso juego de la Ouija es un juego muy peligroso, porque abre puertas
tremendas para que demonios entren y nos aflijan. Atrae maldiciones
inimaginables. Ten cuidado con todos los juegos que tengan que ver con
cosas de ocultismo.

¿CÓMO NOS PUEDEN AFLIGIR ESTOS


ANATEMAS?
El pueblo de Dios no pudo hacerle frente a Hai, después de conquistar Jericó,
porque Acán había tomado del anatema. Dios les había prohibido que
tomaran del botín que había en Jericó, y Acán codició unas cosas y las tomó,
atrayendo con ello maldición sobre todo el pueblo de Israel.
“Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les
mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han
mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos
de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de
sus enemigos volverán la espada, por cuanto han venido a ser
anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de
en medio de vosotros” Josué 7:11-12.

Al poseer estos anatemas, Satanás gana ventaja y adquiere derechos legales


para poderte afligir a ti y a tu familia, ya sea por medio de enfermedades, o
pesadillas o apariciones demoniacas.

¿QUÉ DEBEMOS HACER CON EL


ANATEMA?
“Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás
plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en
ello, pues es abominación a Jehová tu Dios” Deuteronomio 7:25.

Tal vez tú pienses: “esto fue en el Antiguo Testamento”, pero veamos lo que
nos dice 1 Corintios 10:5-6:
“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron
postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos
para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos
codiciaron”.

• Codiciar significa deleitarse o desear algo que no debemos.


No codicies estos objetos que a Dios le desagradan, destrúyelos en el nombre
de Jesucristo.
“Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron
los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su
precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata” Hechos 19:19.

MALDICIONES VERBALES
“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en
palabra, éste es varón perfecto, (maduro) capaz también de refrenar
todo el cuerpo.
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que
nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de
impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por
donde el que las gobierna quiere.
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de
grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño
fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta
entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la
rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”
Santiago 3: 2-6.
Versos 9-10: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella
maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos,
esto no debe ser así.”

Analicemos este pasaje bíblico que acabamos de leer para comprender el


tremendo poder que tenemos en nuestra lengua para bendecir o para maldecir.
1) “todos ofendemos muchas veces”

Nadie está exento de lastimar a otros con su lengua. Así como nosotras
hemos marcado a algunas personas con nuestras palabras, también hemos
sido marcadas por lo que otros nos han dicho.
Piensa por un momento qué palabras te han dicho desde que eras pequeña
que te han herido y te siguen atormentando. Pueden ser frases como:
a) Eres fea.
b) Estás gorda.
c) No sirves para nada.
d) Todo lo haces mal.
e) Nunca lograrás hacer algo bueno en tu vida.
f) Tú hermana(o) es mejor que tú.
g) Nunca te vas a casar.
h) No serás una buena madre ni una buena esposa.

En fin, podríamos seguir mencionando frases que nos han torturado por años.
2) “dirigimos así todo su cuerpo”; “son gobernadas con un muy
pequeño timón”.

La lengua tiene tanto poder que puede dirigir nuestras vidas y la vida de
otros.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama
comerá de sus frutos” Proverbios 18:21.

Muchas mujeres viven traumadas por cosas que les dijeron en su pasado que
son verdad. Cuando continuamente te dicen algo, puedes terminar creyéndolo
y conducirte en base a lo que crees. Si esas palabras negativas te han estado
dirigiendo. ¡Ya basta!
3) “la lengua es un fuego, un mundo de maldad”; “Contamina todo
el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es
inflamada por el infierno”; “de una misma boca proceden bendición
y maldición”.

Nuestra lengua tiene la capacidad de bendecir y de maldecir. Jesús dijo en


Mateo 12:34b:
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Bendecimos a otros en la medida que nos dejemos llenar por Dios, pero si no
permitimos a Dios llenar nuestro corazón con pensamientos positivos acerca
de los demás, solo podremos ver sus errores y hablaremos mal de ellos. El
apóstol Pablo nos dice en Filipenses 4:8:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto,
todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto
pensad”.

Es tiempo de reflexionar, pedir perdón y cancelar todas esas maldiciones


verbales que han salido de nuestra boca hacia otras personas, hacia nosotras
mismas así como las maldiciones verbales que otros nos han dicho e hicimos
nuestras.
Muy probablemente acostumbrábamos maldecir antes de conocer al Señor,
aún ahora seguramente lo hemos hecho estando enojadas o tal vez nos
burlamos de otros jugando sin medir las consecuencias.
Que el Espíritu Santo nos guíe para recordar esas maldiciones que han salido
de nuestra boca para poder cancelarlas, pedir perdón por ellas a Dios, y a
quien ofendimos si aún vive, y cambiarlas por bendiciones, pero también que
nos guíe para cancelar en el nombre de Jesucristo aquellas maldiciones
verbales que han proferido en contra nuestra.
Cuando una persona se enoja en extremo, puede estar siendo afligida por
demonios y decir toda clase de maldiciones. Es importante no sólo cancelar
esas maldiciones sino también perdonar y bendecir a las personas que nos
han maldecido.

EJERCICIO
1. Investiga con tus padres, tíos y abuelos: enfermedades, actitudes y
maldiciones por causa del pecado que hayas heredado, y anótalos. (Si
tuvieron que ver con cosas de brujería y hechicería es importante saberlo.)
2. Pide perdón por cada pecado de tus ancestros con base en lo que te hayan
contado tus padres.
Nota importante: Si por alguna razón es imposible que puedas conseguir
esta información, ora al Señor para que el Espíritu Santo te guíe y puedas
descubrir qué maldiciones has heredado.
3. Ora y pídele dirección al Espíritu Santo para que te muestre los anatemas
que puedas llegar a tener en tu casa.
4. Una vez que los hayas detectado, pídele perdón a Dios por haberlos
tenido en tu casa. Tal vez no adores a estos objetos de culto, pero los
tienes como adornos y eso también le da derecho legal al enemigo para
afligirte.
5. Cancela en el nombre de Jesucristo cada maldición generacional.
Pide en oración la guía del Espíritu Santo para que recuerdes las
maldiciones que proferiste con tu lengua en contra de otros, pide perdón a
Dios por ellas y cancélalas en el nombre de Jesucristo. Si tienes la
oportunidad de ir con la persona a quien ofendiste con tus palabras, pídele
perdón también.
6. Perdona y bendice a aquellas personas que han lanzado una maldición en
tu contra y luego cancélalas en el nombre de Jesús.

ACTIVIDAD
1. Destruye estos objetos que le desagradan al Señor. Hay cosas que cuestan
trabajo romper, pero hazlo en el nombre de Jesucristo.
Es importante que destruyas el anatema, no lo vendas ni lo regales porque
pasarías la maldición a otras personas.
LECCIÓN 5
DIOS TRANSFORMA LO MALO EN
BUENO

Tristemente solemos tener más presentes en nuestra mente las cosas malas
que nos han acontecido, y lo que nosotros hicimos mal, que las cosas buenas.
Estoy segura que si nos pusiéramos a analizar las cosas buenas que Dios nos
ha dado a lo largo de nuestras vidas, éstas superarían en gran número a las
cosas malas que hemos tenido que enfrentar.
Pablo nos dice en Romanos 8:28:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a
bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Como hijas de Dios, este pasaje bíblico es una promesa que Él nos hace. El
Señor no nos promete una vida color de rosa, al contrario, nos dice que
vamos a tener aflicción, pero que debemos confiar.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33.

• Aflicción viene del griego thipsis, y significa: presión, opresión, tensión,


angustia, adversidad, pena. Thipsis equivale a una prensa espiritual. La
palabra describe el proceso de exprimir las uvas o el fruto del olivo en un
lagar.
El problema más común que tenemos es que no alcanzamos a comprender
que Dios permite que pasemos por cosas difíciles porque detrás de ello hay
un propósito.
También solemos centrar nuestra atención en las cosas malas que hemos
hecho y no podemos avanzar porque la culpa nos invade, sin entender que al
confesarle a Dios nuestro pecado, Él nos perdona y hay un borrón y cuenta
nueva.
Muchas mujeres se llegan a frustrar, amargar o deprimir, porque sólo están
pensando en los acontecimientos negativos que vivieron y no en los
positivos. Los aparentes fracasos que tenemos, se deben de transformar en
enseñanzas para crecer y madurar.
Analicemos a dos personajes bíblicos para entender mejor todo esto: Jacob y
José.
¿Quién crees que pasó por cosas más difíciles: Jacob o José?

JACOB
Esaú y Jacob eran mellizos, pero por Esaú nacer primero, le correspondían
todos los derechos de primogenitura y las bendiciones que su padre, antes de
morir, le daba.

ESAÚ QUIERE MATARLO


Jacob y su madre Rebeca, engañaron a Isaac, su padre, para que
Jacob recibiera las bendiciones que le correspondían a Esaú por ser
el primogénito. Anteriormente Esaú le había vendido la
primogenitura a Jacob a cambio de un guisado de lentejas que Jacob
había preparado, pues sintió que se estaba muriendo. Por una
comida, menospreció la bendición que Dios tenía para él como
primogénito.
Observemos cómo reaccionó Esaú cuando se enteró que Isaac había
bendecido a Jacob por engaño:
“Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú
respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha
suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí
ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición
para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por
señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y
de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y
Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición,
padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y
lloró” Génesis 27:35-38.
Versos 41-45: “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su
padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del
luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.
Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella
envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu
hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.
Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de
Labán mi hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que
el enojo de tu hermano se mitigue; hasta que se aplaque la ira de tu
hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y
te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?”
JACOB HUYE A HARÁN
Jacob se va de su casa para irse a Harán, sin imaginarse que no volvería a ver
a su madre. En el camino, tuvo un encuentro con Dios por medio de un
sueño.
“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su
extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y
descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el
cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de
Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu
descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te
extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las
familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo
estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a
traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que
te he dicho” Génesis 28:12-15.

Observemos varias cosas importantes: pese a que Jacob, con engaños,


consiguió la bendición de su padre y que Esaú lo quería matar, Dios estaba
con él y lo guardaría de todo mal en donde estuviese, además de prometerle
una gran descendencia y esas tierras.
¿Cumplió Dios todo lo que le prometió a Jacob? La respuesta es un rotundo
Sí. Pero no fue fácil todo lo que tuvo que enfrentar.

LABÁN ENGAÑA A JACOB


Así como Jacob engañó a su padre, Labán engañó a Jacob al entregarle en su
noche de bodas a Lea, su hija mayor, en lugar de Raquel, su hija menor a
quien Jacob amaba y por la que le había servido a Labán durante siete años.
“Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu
hija menor.
Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro
hombre; quédate conmigo.
Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos
días, porque la amaba. Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer,
porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella.

Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo


banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y
él se llegó a ella. Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.
Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué
es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué,
pues, me has engañado?” Génesis 29:18-25.
A pesar de que Jacob cosechó engaño, porque sembró lo mismo, Dios lo
bendijo con varios hijos, además de poderse casar con la mujer a quien él
amaba.

JACOB HUYE DE LABÁN


Jacob estuvo en casa de Labán por un lapso de veinte años, sirviéndole y
sufriendo injusticias, pues diez veces le cambió el salario. Aun así, Dios lo
prosperó con grandes riquezas, hasta que un día le dijo que se volviera a la
tierra de sus padres.
“También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a
tu parentela, y yo estaré contigo” Génesis 31:3.

A escondidas de Labán, Jacob huyó con sus dos mujeres, sus hijos y todas
sus posesiones. Cuando Labán se enteró, persiguió a Jacob y le reclamó el
haberse llevado de esa manera a sus hijas, pero Dios en sueños le había
advertido a Labán que no le hablara a Jacob descomedidamente. Nuevamente
vemos cómo Dios intervino para defender a Jacob y a su familia.

DIOS TRANSFORMA LA MALDICIÓN EN


BENDICIÓN
Jacob traía arrastrando una maldición de engaño, por parte de la ascendencia
de su madre. Notemos cómo Labán era un engañador y engañó a Jacob.
¿Quién si no su madre, hermana de Labán, lo incitó para engañar a su padre y
robarle así la bendición a su hermano Esaú? Vemos también que Raquel, la
hija menor de Labán, engaña a su padre robándole sus ídolos cuando salieron
huyendo de su casa. Y podemos ver después cómo, casi todos, los hijos de
Jacob heredaron esta maldición cuando con engaños le hicieron creer que su
hermano José había muerto.
Por otro lado, Jacob en su nombre llevaba una maldición.
• Jacob significa suplantador.
“Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha
suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí
ahora ha tomado mi bendición...” Génesis 27:36.

• Suplantar significa, entre otras cosas, engañar.


Después de que Labán se despide de sus hijas, Jacob sigue su camino junto
con sus esposas, sus hijos y todos sus ganados, pero comienza a tener un gran
temor cuando se entera que su hermano Esaú viene a recibirlo con
cuatrocientos hombres. Se le ocurre entonces mandarle varios presentes a su
hermano para aplacar su ira.
Una noche se queda solo, después de haber dividido a su familia en dos
campamentos, y lucha con un varón (un ángel de Dios según Oseas 12:4)
para que lo bendijese.
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el
alba.
Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje
de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él
luchaba.
Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te
dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él
respondió: Jacob.
Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel;
porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”
Génesis 32:24-28.

Fue en esa lucha que Jacob sostuvo con el ángel, que su maldición se
convirtió en bendición. Su nombre fue cambiado por Israel.
• Israel significa “el que lucha con Dios”, pero también significa “Dios es
fuerte”.
Es a partir de ahí que surge la nación de Israel. Seguramente Jacob tenía
miedo de enfrentar a su hermano por lo que le había hecho anteriormente.
Podemos pensar que se sentía culpable y por eso buscaba desesperadamente
la bendición del ángel.
Dios no permitió que Esaú le hiciera algún daño, por el contrario, ambos se
reconciliaron cuando se volvieron a ver, abrazándose y llorando largamente.

OTRAS ADVERSIDADES
Jacob pasó por otras adversidades:
a) Su hija Dina fue violada, y sus hijos destruyeron a todo un pueblo por
venganza.
b) Raquel, la mujer a quien amaba, murió al dar a luz a su segundo hijo,
Benjamín.
c) José, su hijo consentido, desapareció.
Podemos notar que Jacob sabía lo que era llevar en su nombre una maldición,
ya que cuando nace su segundo hijo, después de morir Raquel, la partera le
pone por nombre Benoni que significa: “Hijo de mi lamento”. Mas él, lo
llamó Benjamín, que significa: “Hijo de la mano derecha”.
Jacob había pasado por muchas cosas y Dios en todo le mostró su
misericordia, pero cuando pensó que su hijo José había sido despedazado y
devorado por alguna mala bestia, se vino abajo, al grado de centrar sus
pensamientos y su corazón sólo en la pedida de su hijo, olvidando la
misericordia de Dios en todo lo demás.
“Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de
las cabras, y tiñeron la túnica con sangre; y enviaron la túnica de
colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado;
reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.
Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia
lo devoró; José ha sido despedazado.
Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y
guardó luto por su hijo muchos días.
Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas
él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo
hasta el Seol. Y lo lloró su padre” Génesis 37:31-35.

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este último versículo de la
siguiente manera:
“Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo
consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar
con José” Génesis 37:35.

Se puede observar que Jacob tenía una fuerte ligadura de alma con José, la
cual le impedía ver que tenía más hijos que también lo necesitaban.
Lo grave de no ver las bendiciones que Dios nos ha dado y de centrar nuestra
mirada en nuestras tragedias, es que podemos amargarnos y frenar el
propósito de Dios en nuestras vidas. Jacob se iba consumiendo de tristeza. Al
parecer ya nada le importaba y cayó en una profunda depresión.

JOSÉ
Analicemos ahora lo que tuvo que atravesar José y cómo lo enfrentó.

JOSÉ ES VENDIDO POR SUS HERMANOS


Los hermanos de José le tenían envidia ya que su padre lo amaba más que a
ellos, y porque le había regalado una túnica de colores.
“Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había
tenido en su vejez, y le hizo una túnica de diversos colores” Génesis
37:3.

Dios le dio a José dos sueños en los cuales le mostró el propósito que tenía
para él. Estaría sobre sus hermanos y sus padres, pues lo usaría grandemente.
Los hermanos de José llegaron a aborrecer tanto a José que querían matarlo.
Gracias a la intervención de Rubén, el hermano mayor, no lo hicieron, pero lo
metieron en una cisterna vacía y cuando pasaron unos madianitas lo
vendieron como esclavo. De 17 años era José cuando sus hermanos lo
vendieron.
En Génesis 42:21, los hermanos de José describen cómo se sentía José y lo
que hizo cuando lo estaban vendiendo:
“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra
nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos
rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta
angustia”.

JOSÉ VENDIDO COMO ESCLAVO EN


EGIPTO
Los ismaelitas o madianitas, que es lo mismo, se llevaron a José a Egipto y lo
vendieron como esclavo a Potifar, oficial de Faraón, y capitán de la guardia.
Sin embargo, es sorprendente lo que nos dice Génesis 39:2-4:
“Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la
casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y
que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así
halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su
casa y entregó en su poder todo lo que tenía”.

Vemos aquí cómo Dios transformó lo malo que sus hermanos le hicieron, en
algo bueno. Pese a que José estaba como esclavo en casa de Potifar “Jehová
estaba con él y lo prosperó”.

JOSÉ ENCARCELADO INJUSTAMENTE


La esposa de Potifar puso sus ojos en José y lo acosaba todos los días para
que se acostara con ella, pero él no cedió ante la tentación.
“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en
José, y dijo: Duerme conmigo.
Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se
preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano
todo lo que tiene.
No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha
reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría
yo este grande mal, y pecaría contra Dios?
Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al
lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa
para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí.
Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él
dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió” Génesis 39:7-12.

Seguramente José era un joven muy apuesto y, como todo joven, tenía que
resistir la tentación para no acostarse con la esposa de Potifar. ¿Crees que la
esposa de Potifar era hermosa? Seguramente sí, pues a las personas que
tenían un alto cargo político, se les daban las mujeres más hermosas del país.
Podemos suponer que José era virgen y con necesidades afectivas, pero pese
a ello, pudo más el temor que tenía de Dios que sus deseos carnales.
Uno pensaría que Dios lo compensaría por no ceder ante la tentación y huir,
pero sucedió lo contrario, lo metieron en la cárcel injustamente.
En momentos así, cuando sufrimos injusticias, nos podemos preguntar: ¿por
qué? ¿Por qué cuando hacemos bien las cosas, nos va mal? ¿Alguna vez te ha
pasado eso? Es en esos momentos cuando no debemos centrar nuestros
pensamientos en el “por qué”, sino entender que detrás de ello hay un
propósito y que Dios tiene el control.
Hay ocasiones en que vivimos malas experiencias por nuestras malas
decisiones o actos; pero en el caso de José fue una injusticia, el no merecía
ser llevado a la cárcel por las mentiras que Potifar escuchó de boca de su
esposa.
“Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo
hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo
alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Y sucedió
que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba,
diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. Y tomó su
amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y
estuvo allí en la cárcel” Génesis 39:17-20.

José tenía 28 años cuando lo metieron en la cárcel y estuvo preso por dos
años, a pesar de todo, veamos lo que dice Génesis 39:21-23:
“Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio
gracia en los ojos del jefe de la cárcel. Y el jefe de la cárcel entregó en
mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella
prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. No necesitaba atender el
jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José,
porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo
prosperaba”.

Tienes que tener la plena seguridad de que Dios está contigo en todo
momento, aunque pases por injusticias o por cosas que no entiendas.
Pese a que José estaba en la cárcel, y no sabía el porqué, él fue diligente y
Dios prosperaba todo lo que hacía. No se amargó ni se deprimió, aunque sí
hubo un momento en el que le expresó su sentir a uno de los presos a quien le
interpretó su sueño:
“Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses
conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me
saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y
tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel” Génesis
40:14-15.

José estaba en un punto en el que no entendía nada, se sentía secuestrado y


ahora estaba encarcelado injustamente, pero si te fijas, nunca habló mal de
sus hermanos.

JOSÉ ES LIBERADO DE LA CÁRCEL Y


PRESENTADO ANTE FARAÓN
Pasados dos años, Faraón tuvo un sueño y nadie se lo pudo interpretar, por lo
que el copero, que había estado en prisión con José, se acordó de él y por
orden de Faraón José fue sacado de la cárcel y llevado ante él para que le
interpretara su sueño.
“Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron
apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino
a Faraón. Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay
quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para
interpretarlos. Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí;
Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” Génesis 41:14-16.

José, con la ayuda de Dios, no sólo le interpreta a Faraón su sueño, sino que
además le da una estrategia para enfrentar la hambruna que estaba por venir
sobre la tierra, después de los siete años de abundancia, para preservar así a
Egipto y otros pueblos.
“Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la
tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.
Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan
el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades;
y guárdenlo.
Yesté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de
hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de
hambre.
El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, y dijo Faraón a sus
siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el
espíritu de Dios?
Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no
hay entendido ni sabio como tú.
Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi
pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú” Génesis 41:34-
40.

Finalmente, se cumplieron los sueños que Dios le había dado a la edad de 17


años. Trece años pasaron en los cuales José tuvo que ser preparado para
cumplir el propósito por el cual Dios lo había creado. ¿Fue fácil? No, para
nada; pasó por envidias, celos, momentos de soledad, calumnias, injusticias,
etc. Pero se mantuvo en pie, tomado de la mano de Dios.

ENTENDIÓ EL PROPÓSITO DE SUS


SUFRIMIENTOS
Cuando la hambruna llegó, sus hermanos llegaron a Egipto para comprar
alimentos con él, sin reconocerlo.
José sí los reconoció y les dio una pequeña lección para que se dieran cuenta
de lo que habían hecho, pero nunca guardó resentimiento en su corazón por
lo que le habían hecho. Al contrario, entendió por qué Dios lo había mandado
a Egipto.
“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado
suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie
con él, al darse a conocer José a sus hermanos.
Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también
la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive
aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque
estaban turbados delante de él.
Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se
acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis
para Egipto.
Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá;
porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”
Génesis 45:1-5.

Posteriormente José mandó traer a su padre a Egipto y a toda la casa de su


padre, para preservarlos con vida. José y su padre volvieron a encontrarse.
Israel pudo bendecir a los hijos de José y morir tranquilo, sabiendo que Dios
había tenido cuidado de su hijo.
Estas dos historias que acabamos de ver, nos muestran cómo Dios transforma
lo malo en bueno, a los que le aman.
Ya no pongas tu mirada en las aflicciones de tu pasado, mejor date cuenta de
cómo Dios lo ha transformado en bendición. Si no lo ha hecho, ¡ten la
confianza de que lo hará!

EJERCICIO
1. Escribe todas las cosas buenas que has recibido de parte de Dios que te
vengan a la memoria en cinco minutos.
2. Escribe las cosas malas que has vivido que te vengan a la memoria en 5
minutos.
3. Compara las cosas malas con las cosas buenas.

ACTIVIDAD
Ora a Dios, dale las gracias por todas las cosas buenas que Él te ha dado.
Asimismo, entrégale las malas vivencias y pídele que Él las transforme en
bendición.
LECCIÓN 6
ERES ESPECIAL

“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos...”


Malaquías 3:17.

Para conducirnos realmente como lo que somos, un tesoro especial para


Dios, debemos aprender a amarnos a nosotras mismas como Él nos ama y
vernos como Él nos ve; esto verdaderamente nos llevará a vivir en victoria,
pues sabemos que lo que Satanás quiere a toda costa es vernos derrumbadas y
que no usemos los dones, talentos y habilidades que Dios nos ha dado para
bendecir a otros.
La estrategia que Satanás usa para atacar a las mujeres, es muy diferente a la
que usa para atacar a los hombres.
Por ejemplo, a los hombres los ataca más por lo que ellos ven con sus ojos en
relación con mujeres ajenas. A nosotras, en cambio, nos ataca en la manera
en la que nos vemos a nosotras mismas.
Yo te pregunto: Cuando te ves en el espejo, si es que puedes verte, ¿cómo te
ves? ¿Te aceptas como eres? ¿O eres una persona que se critica
constantemente y no te gusta cómo eres?
La razón principal de que no veas cuan hermosa eres, es porque has pasado
por eventos traumáticos en tu infancia o a lo largo de tu vida. Sé que no a
todas las mujeres les pasa esto. Hay mujeres que no luchan con su cuerpo
físico, sin embargo, hay otros factores que nos impiden vernos como ese
tesoro especial que somos en las manos de Dios.
Algunos son:
a) El rechazo
b) La baja autoestima
c) El sentirse indignas
d) El miedo o la inseguridad
Antes de analizar cada uno de estos factores, quisiera que nos diéramos
cuenta de lo que la Palabra de Dios nos dice en Isaías 43:4:
“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé...”.
Observemos que el pasaje dice que a sus ojos hemos sido de gran estima.
• Estima significa, básicamente, ser valioso.
Para Jesús somos valiosas, tanto que nos parecemos en algo a Él.
En Levítico 27:3-4, se nos dice el valor que se le asignaban a las mujeres de
veinte hasta sesenta años:
“En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en
cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario. Y si fuere
mujer, la estimarás en treinta siclos”.

Curiosamente, podemos ver que al Señor le asignaron el mismo precio:


“Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los
principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo
entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata” Mateo 26:14-
15.
“Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y
tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio
puesto por los hijos de Israel” Mateo 27:9.
Honestamente creo que el Señor Jesucristo no sólo vino a perdonar nuestros
pecados, sino también a devolvernos el valor que, como mujeres, tenemos
para Él.
En muchos países, la mujer es excluida en muchas cosas, es rechazada, y
menospreciada. El machismo ha sido una gran maldición, como lo es en
México, y tristemente esto también se ha infiltrado dentro de algunas iglesias
cristianas.
Hay iglesias donde la mujer simplemente no puede predicar, tampoco puede
recoger las ofrendas, ni usar pantalones, ni dirigir la alabanza, ni siquiera
estudiar en un instituto. Los estudios que llevan las mujeres fuera del culto
dominical son en exclusiva relacionados al aprendizaje de cómo llevar su
hogar (esposo e hijos), todo lo demás está reservado para varones.
¿Por qué hacen esta acepción entre hombres y mujeres? Francamente no lo
entiendo, pero lo que sí sé es que para Dios tenemos el mismo valor, pero con
funciones diferentes.
No me mal entiendan, respeto y considero de suma importancia la autoridad
que Dios le ha delegado a los varones, pero creo que han mal entendido el
pasaje de 1 Corintios 14:34-35, donde dice:
“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es
permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.
Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque
es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.

Si analizamos los versículos anteriores a estos que acabamos de leer,


podremos observar que Pablo estaba estableciendo el orden en las reuniones
de la iglesia. Los corintios eran una iglesia muy conflictiva. Durante la
asamblea los hombres se colocaban en la parte de enfrente y las mujeres en la
parte de atrás. En ese entonces, como en algunas iglesias en nuestros tiempos,
para los hombres era obligatorio el estudio religioso; en cambio para las
mujeres estaba prohibido, por lo que muchas veces cuando ellas no entendían
algo, preguntaban desde atrás y en voz alta a sus esposos, creando desorden.
Este pasaje está enfocado directamente a las esposas; pero a lo que el apóstol
Pablo se refería aquí, era a que preguntaran en sus casas, y a sus maridos, las
dudas que tuvieran tocantes a lo que se estaba enseñando en la iglesia, no a
que la mujer no pudiera predicar.
Jesús nos muestra en Mateo 28:1-10, que Él no estaba en contra de que la
mujer hablara o enseñara.
En este pasaje podemos ver cómo María Magdalena y otra María, fueron a
ver el sepulcro donde habían colocado a Jesús después de haber sido
crucificado. Pasado el día de reposo, esto es, el segundo día de que había
muerto, hubo un fuerte terremoto y un ángel del Señor descendió y removió
la piedra. Los guardas al verlo, se asustaron, pero el ángel habló con estas dos
mujeres y les dijo:
Versos 5-10: “Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No
temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue
crucificado.
No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar
donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha
resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea;
allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.
Entonces ellas, salieron del sepulcro con temor y gran gozo, y fueron
corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las
nuevas a los discípulos,
he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas,
acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.
Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis
hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”

El evangelio de nuestro Señor Jesucristo consiste principalmente en dos


partes:
a) Su crucifixión y muerte
b) Su resurrección
El anuncio de la resurrección se les encargó en primera instancia a las
mujeres. Si las mujeres no pudieran hablar, ¿crees que Jesús se les hubiera
aparecido primero a las mujeres y les hubiera pedido que fueran y les dijeran
a los futuros apóstoles que Él había resucitado?
¿Por qué Jesús se les apareció primero a las mujeres y no a los discípulos?
Jesús me conmueve, porque hizo cosas contrarias a las costumbres y
tradiciones humanas. Él nos dio nuestro lugar como mujeres y nos hace sentir
especiales. A Dios no le importa si somos hombres o mujeres, Él nos quiere
usar por igual. Tanto los hombres como las mujeres podemos ser
instrumentos valiosos en sus manos. Desde antes de que fuéramos concebidas
en el vientre de nuestra madre, estábamos en el pensamiento de Dios. No
somos producto de un error o de una casualidad. En el vientre nos llamó para
apartarnos para Él y nos dio un propósito.
“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el
vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las
naciones”
Jeremías 1:4-5.
Tres cosas vemos que Dios ha hecho con nosotras antes de que naciéramos:
a) Nos conoció antes de formarnos en el vientre.
b) Nos santificó. Que significa que nos apartó para Él.
c) Nos dio un llamado a servirle. A Jeremías lo escogió como profeta,
pero todas tenemos un llamado a servirle a Dios de una u otra manera.
Hay mujeres a quienes llama de tiempo completo, pero todas le
podemos servir.
Cuando tú descubras el llamado que tiene para ti, te hará sentir única y
especial, porque a pesar de nuestros defectos y debilidades, puso su mirada
en nosotras para ser sus instrumentos. Servirle a Él es lo más maravilloso que
hay, pues te sientes completa, plena y feliz; no obstante, el enemigo lo sabe,
por eso tratará de usar tu pasado para frenarte.
Analicemos ahora los cuatro principales factores que ya mencioné, que
impiden que nos veamos cómo esos tesoros especiales en las manos de Dios.

EL RECHAZO
El rechazo emocional es un gran conflicto en la vida de muchas mujeres,
porque sienten que las personas a su alrededor no las aceptan, que se oponen
a ellas, que las contradicen constantemente y las desprecian.
Tristemente pueden llegar a creer que nadie las quiere o que todos tienen algo
en contra de ellas, sin ser cierto. Como si vieran “moros con trinchetes”,
pero todo está en su imaginación.

¿CÓMO SURGE EL RECHAZO?


Fuimos creadas por Dios para ser recipientes de amor y para dar amor.
Cuando nosotras, en cualquier etapa de nuestras vidas, pero principalmente
en nuestra infancia, no recibimos ese amor es cuando sufrimos esto a lo que
llamamos rechazo emocional. Dicho de otra manera, el rechazo emocional es
el resultado de la falta de un amor adecuado en el tiempo correcto.
Hay mujeres que han sido rechazadas desde el vientre de sus madres, tal vez
porque fueron concebidas fuera del matrimonio, o su madre trató de
abortarlas sin lograrlo, o porque fueron hijas no deseadas, o bien son el
resultado de un adulterio o de una violación, etc.
Puede haber un sin fin de razones por las que tristemente los hijos pueden
sentir el rechazo de sus padres. También puede darse el caso de que tú, como
mujer, hayas sido rechazada por tu prometido; estuvieron a punto de casarse
y él te dejó o te abandonó en el altar. O probablemente tú seas una de tantas
mujeres que han sentido el rechazo de su marido cuando él cayó en adulterio
con otra mujer.

EJEMPLO DE ALGUIEN QUE FUE RECHAZADO DESDE EL


VIENTRE DE SU MADRE
El mejor ejemplo que encuentro en la Biblia sobre el rechazo desde el vientre
de una madre, es Moisés, con relación a Jocabed, su madre.
En Éxodo 1:1-22, se nos narra cómo se levantó sobre Egipto otro Faraón que
no conocía a José, y viendo que los hebreos se multiplicaban en gran manera,
tuvo miedo de que se unieran a sus enemigos y los vencieran. Faraón decidió
entonces hablar con las parteras para decirles que si nacía algún varón, entre
los del pueblo de Israel, lo mataran y si nacía niña la preservaran con vida.
Como las parteras no hicieron caso porque tenían temor de Dios, decidió
entonces que echaran al río a todos los varones que nacieran y a las niñas las
dejaran con vida.
Fue en este tiempo cuando Jocabed quedó embarazada de Moisés.
“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de
Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso,
le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo,
tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó
en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río” Éxodo 2:1-
3.

Quisiera que nos metiéramos por un momento en los zapatos de Jocabed.


Imagínate que el presidente del país donde estás viviendo sacara un edicto y
diera la orden de que si nace un varoncito, lo maten los doctores en cuanto
nazca y si es niña, la dejen con vida, y tú justo te acabas de enterar que estás
embarazada.
¿Qué cruzaría por tu mente?
Con honestidad, creo que el primer pensamiento que cruzaría por nuestra
mente sería: “¿Por qué me tuve que embarazar ahora?” o, aún más, “que sea
niña y no niño”.
Consciente o inconscientemente lo estaríamos rechazando. Las circunstancias
que nos rodean pueden hacer que los rechacemos y que incluso lleguemos a
pensar en el aborto. Tal vez la situación económica no está bien y pensar en
la llegada de un bebé nos altera, o tal vez ya tienes varios hijos y uno más
complica todas las cosas.
Muchos creen que un embrión no percibe los miedos y las emociones de su
madre, que no siente, pero ¡claro que siente!
Lo más triste es que por creer esto, con ligereza deciden abortarlo. Déjame
decirte que es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza, por lo que
abortarlo es un crimen a los ojos de Dios, aunque el mundo lo justifique.

¿CÓMO SE CONDUCE UNA PERSONA QUE FUE RECHAZADA


DESDE EL VIENTRE DE SU MADRE?
Moisés no sólo sintió el rechazo desde el vientre de su madre, lo sintió
cuando ella lo soltó en el río (aunque lo hizo para salvarle la vida), y también
cuando tuvo que entregárselo a la hija de Faraón para que ella lo adoptara
como su hijo. Se cree que por cinco años su madre lo pudo cuidar como si
fuera su “nodriza”, pero después él fue separado de su madre.
Moisés a la edad de ochenta años, cuando Dios lo llama desde una zarza
ardiente para que sacara a su pueblo de Egipto, muestra todos los síntomas de
una persona que había sido rechazada.
Observemos esto en Éxodo 3:10-22 y 4:1-13:
Versos 10-12: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que
saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés
respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de
Egipto a los hijos de Israel?
Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal
de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo,
serviréis a Dios sobre este monte”.

Observemos que el rechazo genera una baja autoestima, y viceversa. Acerca


de la baja autoestima hablaremos más adelante.
Moisés ante el llamado que le hizo Dios contestó: “¿Quién soy yo?”. Él se
sentía poca cosa, sin embargo, Dios le dijo: “Yo estaré contigo”.
Versos 13-14: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos
de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a
vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les
responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y
dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”
“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me
creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová”
Éxodo 4:1.

Moisés ya estaba dando por hecho que no le iban a hacer caso. Una persona
que sufre de rechazo piensa que los demás no lo van a atender.
Dios entonces le dijo a Moisés que tomara la vara que tenía en la mano
(cayado) y la echara al suelo, al hacerlo, ésta se convirtió en una culebra y
cuando Moisés tomó a la culebra de la cola, se volvió a convertir en la vara.
Luego le dijo que metiera su mano en su seno y cuando la sacó estaba
leprosa. La volvió a meter en su seno y cuando la sacó estaba sanada.
Dios quería demostrarle a Moisés que no sólo estaba con él, sino que también
le daría autoridad (que es lo que representa un cayado) y lo respaldaría con
milagros que haría a través de él.
Versos 10-12: “Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! Nunca he
sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu
siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le
respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al
sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo
estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

El rechazo genera también mucha inseguridad.


Verso 13: “Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que
debes enviar.”
Los que padecen rechazo son muy temerosos y les cuesta trabajo hacer cosas
nuevas que nunca antes han hecho, por lo que prefieren que otros lo hagan.

¿QUÉ PROBLEMA PUEDE HABER SI FUIMOS RECHAZADAS POR


NUESTRO PADRE?
Hemos analizado el rechazo causado desde el vientre de la madre, pero ¿qué
hay del rechazo causado por el padre?
Es de suma importancia hablar también de esto porque nuestro padre terrenal
nos da nuestra identidad.
¿Qué significa identidad?
• Identidad es lo que permite que alguien se reconozca a sí mismo.
La identidad personal es todo aquello que nos define como individuos y nos
ayuda a saber quiénes somos.
Si tu padre te abandonó o si tus padres se divorciaron y tu padre se distanció
de ti, te costará trabajo saber quién eres en realidad. Te sientes con un gran
vacío y con una soledad tremenda.
Nuestra identidad está ligada directamente a nuestro padre terrenal. Nos
costará mucho trabajo relacionarnos con nuestro Padre celestial si hemos
sufrido el rechazo de nuestro padre terrenal.
Sanar nuestro interior ayudará a tener una mejor relación con nuestro Padre
celestial, nos dejaremos llenar por Él y sabremos realmente quiénes somos.
Somos sus hijas y por lo mismo somos especiales. Debemos entender que en
Dios Padre tenemos nuestra verdadera identidad. Él nunca nos va a dejar y
nunca nos va a fallar.
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me
recogerá” Salmo 27:10.

SÍNTOMAS DEL RECHAZO


Según Amanda Paz1, estos son básicamente los síntomas que presenta una
persona que ha sido rechazada, cualquiera que haya sido la causa:
1. Puede haber un comportamiento rebelde.
2. Expresa amargura hacia otros y hacia sí misma.
3. Es una persona temerosa.
4. Siente y expresa que no hay esperanza.
5. Se ve inferior a los demás en casi todo.
6. Intenta ejercer el control sobre todo.
7. Le gusta llamar la atención.
8. Tiene sentimientos continuos de auto compasión, se siente víctima.
9. Busca varias formas de escapismo equivocadas.
10. Se siente culpable con respecto a otros.
11. Se vuelve en extremo perfeccionista.
12. Aparenta falsa bondad o responsabilidad.
Asimismo, comenta que: “Las reacciones de una persona rechazada dañan
sus emociones; esta [sic.] además, se siente oprimida espiritualmente. Es
importante aprender a identificar ese daño y, con el poder de Dios, obtener
la victoria”.

BAJA AUTOESTIMA
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre
vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener,
sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que
Dios repartió a cada uno” Romanos 12:3.

• Cordura significa equilibrio.


Dios quiere que tengamos un concepto equilibrado de nosotras mismas. Si
tenemos un concepto mayor, caemos en soberbia; y si tenemos un concepto
menor, caemos en baja autoestima.
Las mujeres con baja autoestima le tienen mucho miedo a la crítica y al
rechazo, por lo que suelen aislarse y les cuesta trabajo establecer relaciones.
Se preocupan exageradamente por la imagen que le dan a los demás, ya que
siempre se sienten observadas y criticadas.
Su valor personal está por los suelos, por lo que no defienden sus derechos.
No se sienten dignas de ser tratadas con respeto, cariño y admiración.
Se culpan de todo lo malo que sucede, pero a la vez buscan culpables para no
sentirse tan mal. Creen que reconocer un error o defecto, es confirmar su
poco valor.
Muchas mujeres no logran hacer grandes cosas porque tienen miedo de
fracasar, incluso antes de empezar.
Sus miradas están puestas en ellas mismas y suelen prestar atención sólo a los
eventos negativos que les toca vivir, exagerándolos y niegan, o
menosprecian, todo lo bueno que Dios les ha dado.
A estas mujeres, por lo general, les cuesta trabajo tomar decisiones por miedo
a fallar y tienden a depender de los demás.
Su estado de ánimo depende de cómo las tratan los demás y suelen exigir
mucho, y desilusionarse fácilmente.
Ellas también tienden a estar a la defensiva, porque todo lo toman de manera
personal y como crítica, ya sea directa o indirectamente.
No están contentas con su apariencia física.
Analicemos cómo el profeta Jeremías se sentía con baja autoestima:
“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te
santifiqué, te di por profeta a las naciones.
Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy
niño.
Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te
envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice
Jehová.
Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí
he puesto mis palabras en tu boca” Jeremías 1:4-9.

Anteriormente analizamos los dos primeros versículos, pero observemos


ahora cómo le contestó Jeremías a Dios cuando le dijo que lo había escogido
como profeta desde el vientre de su madre: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He
aquí, no sé hablar, porque soy niño”.
Jeremías se sentía pequeño. El principal problema de la baja autoestima es
que te sientes pequeña. Sin embargo, debemos entender que en Cristo somos
grandes. En nuestras fuerzas no lograremos nada, pero con Él haremos
proezas.
“En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos” Salmo
108:13.

Tanto a Moisés como a Jeremías, Dios les dijo: “Yo estoy contigo”.
Como hijas de Dios, somos especiales porque Dios está con nosotras para
ayudarnos a superar nuestras limitaciones. Aunque te hayan rechazado o
aunque sientas que no vales, tienes que entender que Dios está contigo y nada
te separará del gran amor que Él te tiene. Observa con atención lo que nos
dice Romanos 8:35-39:
Verso 35: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o
angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?”
Verso 37: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por
medio de aquel que nos amó.”
• Más que vencedores significa que estamos por encima de cualquier
obstáculo que se nos pueda presentar.
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra
nosotros?” Romanos 8:31.
“Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”
Salmo 118:6.

Dejemos ya de poner la mirada en nuestras limitaciones o debilidades y


pongámosla en el Señor. Con Él podremos hacer milagros, pero debemos de
creerlo.
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles,
ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto,
ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del
amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 8:38-
39.

No importa quién te haya rechazado a lo largo de tu vida o si fuiste rechazada


desde el vientre, Dios no te rechaza, al contrario, te ama con amor eterno. No
te sientas menos porque para Dios eres grande y muy especial.
“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo diciendo: Con amor
eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te
edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás
adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas” Jeremías
31:3-4.

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“Hace mucho, mucho tiempo me aparecí ante ellos y les dije: Pueblo
de Israel, siempre te he amado, siempre te he sido fiel. Por eso nunca
dejaré de tratarte con bondad. Volveré a reconstruirte, y volverás a
danzar alegremente, a ritmo de panderetas”.
EL SENTIRSE INDIGNA
Todas hemos pecado y Jesucristo en la cruz del calvario ya pagó el castigo
que cada una de nosotras nos merecíamos.
Como hijas de Dios ya no practicamos el pecado de manera consiente, ya no
nos gozamos en él. ¿Pero qué pasa cuando, como hijas de Dios, le fallamos?
Estamos en un cuerpo corruptible, por mucho que nos esforcemos para no
pecar, en algún momento le vamos a fallar a Dios. Todo empieza cuando
descuidamos nuestra comunión con Él.
Analicemos a Pedro para darnos cuenta de cómo le podemos llegar a fallar al
Señor. No obstante, Él ahí está para perdonarnos, recibirnos con los brazos
abiertos y hacernos sentir especiales pese a haberle fallado. Eso es gracia.

DIOS DESDE ANTES SABE QUE LE VAMOS A FALLAR


Observemos en Lucas 22:31-34 cómo Jesús, desde antes que ocurriera, sabía
que Pedro lo negaría tres veces:
“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido
para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no
falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor,
dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la
muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes
que tú niegues tres veces que me conoces”.

A Dios nada lo toma por sorpresa. Él, mejor que nadie, conoce nuestro
caminar, sabe de antemano que le vamos a fallar y sabe que Satanás “anda
como león rugiente buscando a quién devorar”.
Satanás conoce nuestros puntos débiles y lo primero que va a hacer para
podernos atacar es ponernos en tentación. Él a toda costa quiere hacernos
caer en algún pecado.

PASOS PARA CAER EN PECADO


En el caminar de Pedro, podemos ver cómo es que llegó a negar al Señor.
a) Descuidó su comunión con Dios
“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus
discípulos también le siguieron.
Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en
tentación.
Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto
de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero
no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como
grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló
durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís?
Levantaos, y orad para que no entréis en tentación” Lucas 22:39-46.

Notemos que una de las causas por las que podemos descuidar nuestra
comunión con Dios es la tristeza. Fue por la tristeza que sentían los
discípulos, que se quedaron dormidos y no oraron.
Dos veces Jesús les dice: “orad para que no entréis en tentación”.
Cuando descuidamos nuestra comunión con Dios, dejando de orar o de leer
su palabra en la Biblia, Satanás, que es astuto y conoce nuestras debilidades,
sabe exactamente por dónde nos puede llegar a cada una para meternos en
tentación. Y como la falta de comunión con Dios debilita nuestro espíritu,
fácilmente cedemos a la tentación y caemos en pecado.
En un pasaje paralelo al que ya mencionamos, vemos que Jesús se dirige a
Pedro específicamente:
“Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro:
¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad,
para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está
dispuesto, pero la carne es débil” Mateo 26:40-41.

Nuestro espíritu se debilita y nuestra carne cobra fuerza cuando descuidamos


nuestra comunión con Dios, cayendo así en las obras de la carne.
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio,
fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades,
pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas...” Gálatas
5:19-21.

b) Comenzó a hacer las cosas en sus fuerzas


Cuando vinieron a arrestar a Jesús, Pedro intentó defenderlo en sus fuerzas
sacando su espada:
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió
al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se
llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la
vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” Juan
18:10-11.

Cuando descuidamos nuestra comunión con Dios, no hay discernimiento en


lo que debemos hacer. Creemos que lo que hacemos es lo correcto pero en
realidad no lo es.
c) Comenzó a maldecir
“Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo
sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú
también estabas con Jesús el nazareno.

Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la


entrada; y cantó el gallo.
Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí:
Este es de ellos. Pero él negó otra vez. Y poco después, los que
estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de
ellos; porque eres Galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de
ellos.
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre
de quien habláis” Marcos 14:66-71.

Como cristianas nuestra forma de hablar y actuar va cambiando entre más


conocemos al Señor. Si antes solíamos maldecir o teníamos malos hábitos
como la mentira o la agresividad, entre otros, dejamos de hacerlo. Sin
embargo, cuando descuidamos nuestra comunión con Dios, nuestra vieja
naturaleza sale a flote y podemos llegar a maldecir y regresar a nuestra
antigua vida (de nuevo).
Esto también se puede dar cuando comenzamos a tener comunión íntima de
nuevo con personas no creyentes.
d) Cayó en pecado
Tres veces negó Pedro a Jesús.
“Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él
todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a
Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho:
Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo
fuera, lloró amargamente” Lucas 22:60-62.

El Pedro que le había dicho a Jesús que si era necesario iría con él a la cárcel
y daría su vida por él, ahora lo había negado tres veces.
Todas nosotras, tarde o temprano le vamos a fallar al Señor porque seguimos
en el proceso de perfeccionamiento. Ya no practicamos el pecado como
forma de vida, pero seguiremos cayendo hasta que nuestro cuerpo corruptible
sea transformado en uno incorruptible cuando venga el Señor por segunda
vez.
JESÚS NOS MIRA CON MISERICORDIA E
INTERCEDE POR NOSOTRAS
Acordémonos de la palabra que Jesús le dijo a Pedro antes de que lo negara:
“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido
para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no
falte…” Lucas 22:31-32.

Jesús, como ya lo vimos anteriormente, ya sabe desde antes que le vamos a


fallar, pero Él ruega por nosotras para que no nos falte la fe y regresemos al
camino.
Jesús, justo cuando Pedro lo negó tres veces, lo miró.
¿Crees que lo miró con ojos de juicio o con ojos de misericordia?
Estoy totalmente convencida que fue una mirada de misericordia,
recordándole también que estaría rogando por él.

JESÚS NO NOS DESECHA


Jesús también le había dicho a Pedro: “una vez vuelto, confirma a tus
hermanos”.
Cuando Pedro salió, después de haberlo negado tres veces, realmente estaba
dolido y avergonzado de lo que le había hecho a Jesús, por eso dice la
Escritura que “lloró amargamente”.
Después de haber resucitado Jesucristo, se manifestó a sus discípulos varías
veces, y en una ocasión lo hizo, estando junto al mar de Tiberias, mientras
ellos andaban echando las redes para pescar.
“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al
mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el
de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus
discípulos.
Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros
también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche
no pescaron nada.
Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; más los
discípulos no sabían que era Jesús.
Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.
El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis.
Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de
peces” Juan 21:1-6.

Notemos cómo Pedro regresó al oficio de pescador que tenía antes de que
Jesús lo llamara a ser pescador de hombres.
Cuando una persona se siente indigna para con el Señor, piensa que ya no le
puede servir por haberle fallado. Eso es lo que Pedro pensaba y Dios lo sabía.
No es casualidad que se repitiera la misma situación, con relación a la pesca
milagrosa que Jesús había hecho anteriormente cuando los llamó al
ministerio.
Comparemos el verso 6 que acabamos de leer con Lucas 5:4-10:
Verso 6: “El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y
hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran
cantidad de peces.”

“Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad


vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado
trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se
rompía.
Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra
barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas
barcas, de tal manera que se hundían.
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo:
Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado
de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan,
hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a
Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres” Lucas
5:4-10.

Cuando Pedro fue llamado por Jesús a ser pescador de hombres, se sentía
indigno porque se sabía pecador.
¿Crees que cuando Jesús se le manifestó a Pedro ya resucitado y volvió a
repetirse la misma pesca milagrosa, Pedro se sentía indigno y avergonzado
por haberle fallado al Señor?
Veamos lo que nos dice Juan 21:7:
“Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el
Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa
(porque se había despojado de ella), y se echó al mar”.

Seguramente Pedro se sentía indigno y avergonzado y por eso se ciñó la ropa.


Cuando uno siente vergüenza, se tapa.
Al llegar a la orilla, encontraron a Jesús con un pez sobre las brasas y les dijo
que trajeran de los peces que habían pescado para comer todos juntos.
Después de comer, Jesús le dijo a Pedro:
“...Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí,
Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió
a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le
respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis
ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro
se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le
respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo:
Apacienta mis ovejas” Juan 21:15-17.

Jesús no desechó a Pedro, al contrario, no sólo sería pescador de hombres,


sino que ahora lo estaba poniendo a cargo de su rebaño.
a) Apacienta mis corderos (significa que le diera de comer
espiritualmente a las personas que recién se convirtieran a Cristo)
b) Pastorea mis ovejas (significa que guiara y protegiera a las personas
que ya habían recibido a Cristo)
c) Apacienta mis ovejas (significa que alimentara espiritualmente a las
personas que ya habían recibido a Cristo)
Es por ello que desde antes de que le fallara, le dijo a Pedro: “una vez vuelto,
confirma a tus hermanos”.
Pedro era un líder nato, tanto que cuando volvió a su oficio de pescador
después de que Jesús muriera en la cruz, los demás lo siguieron. Sin
embargo, Jesús lo estaba llamando ahora para ponerlo al frente de su rebaño
y quería que los demás lo siguieran y lo apoyaran.
Nuca dejaremos de ser el especial tesoro de Dios, aunque le fallemos. Él sólo
espera a que regresemos al camino y sigamos tomadas de su mano para
seguir con el llamado que Él nos ha dado a cada una de nosotras.
Lo único que te puede hacer sentir digna nuevamente es que aceptes el
perdón que ya te otorgó Dios, que te perdones a ti misma y te levantes.
“Borrón y cuenta nueva”

MIEDO E INSEGURIDAD
Algo que también nos puede frenar para hacernos sentir tesoros especiales en
las manos de Dios, puede ser el miedo y la inseguridad.
GEDEÓN
En el libro de los Jueces 6:11-16, encontramos cómo Dios escogió a Gedeón
para salvar a Israel de la mano de los madianitas:
“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en
Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba
sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.
Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo,
varón esforzado y valiente.
Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros,
¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus
maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos
sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos
ha entregado en mano de los madianitas.
Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel
de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?
Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel?
He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa
de mi padre.
Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los
madianitas como a un solo hombre”.

Cuando hemos pasado por adversidades fuertes, podemos llegar a pensar que
Dios no está con nosotras, pero no debemos dudar. La falta de fe nos puede
llevar a tener miedo y éste impedirá que le creamos a Dios. Es necesario
entender que si Dios nos manda a hacer algo, no nos va a dejar.
Lee detenidamente lo siguiente, Dios te lo está diciendo a ti mujer:
“Jehová está contigo, mujer esforzada y valiente”

“Ve con esta tu fuerza”


“Ciertamente yo estaré contigo”
Sé que aquí me estoy refiriendo al miedo o la inseguridad que podemos llegar
a sentir cuando Dios nos manda a hacer algo, pero ¿qué hay de los miedos
que podemos llegar a sentir como mujeres cuando fuimos abusadas o
violentadas?
Cuando una mujer ha sido abusada sexualmente, su mayor miedo es que se le
acerque un hombre, pues piensa que la va a lastimar. No todos los hombres
quieren hacerte daño, ni todos los hombres son malos.
Puedes llegar a pensar también que ya no vas a poder tener relaciones
sexuales con algún otro hombre o que no te van a aceptar por lo que sucedió.
El varón que Dios tiene para ti, te amará aún a pesar de haber pasado por lo
que pasaste.
Algunas mujeres pueden llegar a tener miedo de casarse porque vieron que
sus padres fracasaron en su matrimonio y se divorciaron.
Otras mujeres toleran que sus maridos las humillen, les digan y hagan lo que
quieran, incluso que las golpeen. ¿Hasta cuándo vas a permitir esta situación,
provocando que también tus hijos corran peligro? Hoy di ¡Ya basta!, no
tengas miedo, sal de ahí y demanda a tu esposo. Dios no te va a dejar.
Muchas mujeres siguen permitiendo el maltrato porque tienen miedo de tener
que enfrentar solas la vida y mantener a sus hijos. Dios en su Palabra nos
dice:
“Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa
morada” Salmo 68:5.

Cuando la Biblia nos habla de huérfanos no sólo se refiere a aquellos a


quienes son huérfanos porque su padre ya falleció, sino también a los que
fueron abandonados por su padre o aunque estén, es como si no estuvieran.
Lo mismo es con las viudas, se refiere a mujeres que han quedado solas ya
sea porque su marido falleció, las abandonó o no están cumpliendo su papel
como esposo.
Sea cual sea la situación que tuviste que enfrentar o estás atravesando, no
permitas que el miedo te frene para recibir las bendiciones que Dios tiene
para ti y para tus hijos. Dios está contigo.
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” Salmo
37:5.

TIMOTEO
Timoteo era un joven muy tímido. La Biblia nos dice que su padre era griego
mientras que
su madre y abuela eran judías. No se menciona cómo era su padre, pero
podemos notar que su madre se unió en yugo desigual con una persona que
no era del pueblo de Dios. Suponemos que, tal vez, su padre fue muy estricto
con él.
Muchas mujeres (o jovencitas) por haber sido tratadas con extrema dureza
por sus padres se vuelven tímidas, inseguras, reservadas y miedosas.
Otras en cambio, cuando sufren violencia intrafamiliar en sus hogares, se
vuelven rebeldes y muy violentas, pero estas actitudes son sólo una máscara
para tratar de ocultar sus temores.
Más adelante, explicaremos detalladamente cómo opera una persona que
infunde miedo en los demás.
No sé cuál sea tu caso, pero si eres una mujer miedosa e insegura, porque
sufriste violencia intrafamiliar, hoy es tiempo de decir ¡Ya basta!
No permitas más que el miedo te frene a hacer cosas que el Señor ha puesto
en tu corazón. Analicemos lo que el apóstol Pablo le dijo a Timoteo en 2
Timoteo 1:6-7:
“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está
en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios
espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
• Avivar viene del griego anazopuréo, y significa volver a encender.
• Cobardía viene del griego deilía, y significa timidez. Viene también de
déos, que significa: tímido, amedrentar, cobarde, temer.
• Dominio propio viene del griego sophronismos. Ésta es una
combinación de sos, seguro, y phren, la mente; de aquí: un pensar
seguro. La palabra indica buen juicio, modelos de pensamiento
disciplinado, y la habilidad de entender y hacer decisiones correctas.
Incluye las cualidades de autocontrol y autodisciplina.
Como hijas de Dios podemos estar apagando lo que Dios nos ha dado, por ser
tímidas, pero Dios quiere que nos esforcemos en su gracia.
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” 2 Timoteo
2:1.
• Esforzarnos en la gracia significa apoderarnos de lo que Dios nos ha
dado.
No permitas que el miedo te paralice y te venza. El Señor está contigo, pero
tú tienes que dar el primer paso. No des entrada a pensamientos de derrota,
los cuales te atormentan y te frenan para hacer la voluntad de Dios.
Apodérate de lo que Él te ha dado. Eres muy especial para Dios y Él te quiere
usar.

SAÚL
Saúl, el primer monarca que tuvo el pueblo de Israel, le dio entrada a
demonios que lo afligieron cuando se rebeló contra Dios, al no hacer lo que
Dios le pidió por medio del profeta Samuel y no arrepentirse.
Analicemos lo que nos dice la Biblia en 1 Samuel 16:14-16:
“El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu
malo de parte de Jehová. Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí
ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Diga, pues,
nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a
alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el
espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio”.

• Espíritu malo significa demonio.


Fue entonces que escogieron a David para que tocara el arpa para Saúl y así
se sintiera mejor. Pero todo empeoró cuando Saúl oyó que le echaban “más
porras” a David que a él, por haber matado a Goliat:
“Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus
miles, y David a sus diez miles.
Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A
David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.
Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.
Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a
Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano
como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano.
Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero
David lo evadió dos veces” 1 Samuel 18:7-11.

Notemos que ya desde antes Saúl le había abierto puertas al enemigo para
que un demonio lo afligiera, pero ahora las cosas se pusieron peor al tener
celos amargos y envidia en contra de David. Observemos lo que nos dice
Proverbios 27:4:
“Cruel es la ira, e impetuoso el furor; más ¿quién podrá sostenerse
delante de la envidia?”.

La Biblia para todos con lenguaje actual traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“El enojo es cruel, la ira destructiva, y la envidia es incontrolable”.

Saúl ya de por sí estaba siempre enojado, era afligido por un espíritu de ira,
pero desde que empezó a tener celos y envidia de David, se transformó de tal
manera que ahora lo quería matar. Cuando una persona es muy iracunda, al
grado de infundir miedo a los demás, es porque ya hay un demonio de
intimidación que la está afligiendo.
Saúl estaba ahora siendo afligido por un demonio perverso de intimidación.
Observemos cómo opera este demonio en las personas que se enojan en gran
manera.
Cuando Saúl se enteró de que su hija Mical estaba enamorada de David, hizo
un plan para acabar con la vida de David. Como había prometido dar a su hija
mayor (Merab) al hombre que enfrentara a Goliat, y no cumplió pues entregó
a Merab como esposa a Adriel, decidió
aprovecharse de la situación y le prometió a David entregarle por esposa a su
hija menor Mical, a cambio de una dote de cien prepucios de filisteos. Todo
con la idea de que lo mataran los filisteos, pero David, no le llevó cien, sino
doscientos. Seguramente esto le molestó aún más a Saúl.
Ya casados David y Mical, observemos cómo reaccionó Saúl cuando David
estaba tocando el arpa en 1 Samuel 19:8-17:
“Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó contra los
filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante de él.
Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando
sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba
tocando.
Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se
apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y
David huyó, y escapó aquella noche.
Saúl envío luego mensajeros a casa de David para que lo vigilasen, y
lo matasen a la mañana. Más Mical su mujer avisó a David, diciendo:
Si no salvas tu vida está noche, mañana serás muerto.
Y descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue y huyó, y
escapó.
Tomó luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y le acomodó
por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubrió con la ropa.
Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella
respondió: Está enfermo. Volvió Saúl a enviar mensajeros para que
viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la
cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado así, y has
dejado escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Porque él
me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré”.

Claramente vemos que Mical le mintió a su padre. Seguramente para salvar a


David, pero también podemos pensar que fue porque le tenía miedo a Saúl.
Cuando hay violencia intrafamiliar, y uno de los padres se pone muy
violento, lo que va a provocar es que su cónyuge o sus hijos le mientan
porque le tienen miedo.
Veamos también cómo el demonio de intimidación aflige a las personas que
lo tienen, haciendo que éstas comiencen a maldecir. A esto se le conoce como
violencia psicológica.
David había huido y su mejor amigo Jonatán, quien era hermano de Mical, le
dijo que investigaría si realmente su padre lo quería matar. Al ver Saúl que
David ya llevaba varios días de no presentarse ante la mesa para comer con
ellos, le preguntó a Jonatán por David. Jonatán mintió y le dijo que David le
había pedido permiso para ir a visitar a su familia. Entonces se enojó
nuevamente Saúl y veamos cómo reaccionó:
“Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo
de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de
Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu
madre? Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la
tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo,
porque ha de morir. Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo:
¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho? Entonces Saúl le arrojó una lanza
para herirlo; de donde entendió Jonatán que su padre estaba resuelto
a matar a David” 1 Samuel 20:30-33.

No pretendas tratar de razonar con una persona que está enojada y siendo
afligida por demonios de ira e intimidación, porque no te va a escuchar.
Jonatán quería saber por qué su padre estaba tan molesto con David, pero él
no lo escuchó, al contrario, se enojó aún más.
Es muy importante que entendamos que las personas que actúan con
violencia, lo más seguro es que estén siendo afligidas por demonios. No es la
persona en sí la que te está hablando o agrediendo, por lo que tú lucha no es
contra ellas, tu lucha es espiritual.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los gobernadores de las
tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes” Efesios 6:12.

Las personas que son muy violentas, seguramente cuando eran pequeñas,
fueron víctimas del maltrato físico y psicológico, o puede ser que hayan sido
también abusadas. No nos toca a nosotros juzgar a esas personas, más bien
nos toca, si fuimos heridas, perdonar a quienes nos hayan lastimado y orar
por ellas. No confundas perdonarlas, con permitir que te sigan agrediendo. Si
tu vida corre peligro, huye, como lo hizo David. Dios lo guardó y no permitió
que Saúl le hiciera daño. Pide ayuda y si es necesario denúncialo.

EJERCICIO
1. Anota los nombres de las personas que recuerdas que te han
rechazado.
2. Anota los síntomas que crees tener por el rechazo que has sufrido.
3. Perdona y bendice a cada persona que te ha rechazado y entrégasela a
Dios. Ora y pídele al Señor que permita que lo puedan conocer si aún
no lo conocen.
4. ¿Te consideras una persona que tiene baja autoestima? ¿A qué crees
que se deba?
5. ¿Te sientes indigna? ¿Por qué?
6. ¿Cómo crees que Dios te ve?
7. Pídele perdón a Dios por lo que hayas hecho, acepta su perdón y
perdónate tú.
8. Anota todos los miedos que crees tener y trata, con la ayuda del
Espíritu Santo, de escribir las causas por las que crees tenerlos.
Tenemos que ir a la raíz de ese miedo que sientes para cancelarlo.
9. Si estás enfrentando violencia intrafamiliar perdona a la persona que
te está agrediendo, ya sea física o psicológicamente. Si ves que está
siendo afligida por demonios; ata en el nombre de Jesucristo todo
demonio de ira, contienda, pleito e intimidación, en voz baja, pero no
delante de la persona. Si es necesario, vete a otra habitación de tu casa
o al baño. Esto tendrás que hacerlo cada vez que la persona se
manifieste.

AUTO LIBERACIÓN
Hay mujeres que tienen miedo de auto liberarse, pero déjame decirte dos
cosas importantes:
a) Dios te ha dado autoridad para enfrentar estos demonios que te han
venido atormentando. Lucas 10:19 nos dice:
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre
toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.

b) Cuando decides realmente perdonar a las personas que te han


ofendido y lastimado; pides perdón por el daño que tú has causado; te
perdonas a ti misma y pides también perdón por el pecado de tus
ancestros, desarmas al enemigo. Rompes todo el derecho legal que
tiene sobre tu vida y entonces los demonios se tienen que sujetar a lo
que tú les digas.
El auto liberación consiste en mencionar el nombre del demonio, como se
manifiesta, y echarlo fuera en el nombre de Jesucristo.
Por ejemplo, si sientes mucha culpa, menciona el demonio de culpa y
ordénale que salga de ti en el nombre de Jesucristo: “demonio de culpa, en el
nombre de Jesucristo, yo te ordeno que salgas de mi vida”. Como hija de
Dios los demonios no te pueden poseer, pero sí te pueden afligir. Esto ya lo
mencionamos con anterioridad.
Cuando Jesús habita en tu corazón, tienes el poder de usar la Palabra para
echar fuera en su nombre a cualquier demonio que pudiera estarte afligiendo.
Veamos un ejemplo de esto en Mateo 8:16:
“Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con
la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos”.

Observemos cómo muchas enfermedades son ocasionadas por demonios que


nos están afligiendo. Podemos obtener sanidad también cuando sacamos a los
demonios en el nombre de Jesucristo. Tal vez estás pensando: “pero en este
pasaje vemos a Jesús haciendo estas liberaciones, ¿quién soy yo para
poderlo hacer?”.
Observa lo que nos dice Marcos 16:15-17:
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no
creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En
mi nombre echarán fuera demonios...”.

El único requisito para que tú puedas auto liberarte, es que creas en lo que
Jesucristo hizo por ti en la cruz del calvario y que lo reconozcas como tu
Señor y Salvador.
Te hemos llevado de la mano a lo largo de estas páginas para que vayas
entendiendo el proceso de liberación. Recapitulemos para que analices qué
debes hacer antes de echar fuera a los demonios que te están afligiendo:

1. Toma la decisión de perdonar, pedir perdón y perdonarte a ti misma.


2. Cancela todas las maldiciones heredadas y las maldiciones que tú
misma atrajiste a tu vida por el pecado. Es de suma importancia que
canceles cualquier trabajo de brujería, hechicería o cosa semejante que
te hayan hecho o que tú hayas hecho. Rompe también, en el nombre
de Jesús, todo pacto que hayas hecho con Satanás.
3. Destruye cualquier anatema que tengas en tu hogar, que te pertenezca
a ti. Los que no te pertenecen, no puedes destruirlos pero sí puedes
atarlos en el nombre de Jesucristo.
4. Escribe los nombres de los demonios que sientes que te han estado
afligiendo con base en todo lo que hayas aprendido.
5. Conviene que ayunes * y ores antes de decidir realizar esta auto
liberación para que tu carne esté débil y tú espíritu se fortalezca.
También para que seas más sensible a la voz del Señor, por si hay algo
que te tiene que mostrar de manera particular.
6. Las formas en que salen los demonios son muy variadas; pueden salir
por medio del llanto, tos, estornudos, eructos, bostezos, gritos,
escalofríos, vómito, escurrimiento nasal, etc. Cada caso es diferente.

Si sientes que todavía no estás lo suficientemente preparada para ello, te


recomiendo leer un libro que se llama Cerdos en la sala. Te ayudará a
comprender mejor cómo es que los demonios nos pueden afligir a pesar de
ser hijas de Dios.
*Ayunar significa afligir el alma doblegando la carne, apagar el orgullo por
medio de abstenerse de alimentos (puedes tomar agua o jugo y un poco de
fruta o verdura a media mañana y a media tarde o un ayuno total bebiendo
solo agua, depende de ti y tu estado de salud), la duración del ayuno es
decisión de cada quien. Se recomienda efectuar el ayuno en fin de semana, ya
que es más fácil que puedas apartarte de tus actividades estos días para tener
una verdadera comunión con Dios, desconectándote también de las redes
sociales, televisión o cualquier otro distractor que pudiera obstruir tu tiempo
con Dios. El ayuno no es un sacrificio que ofrezcas a Dios, Él no te pide
sacrificios, Cristo ya ofreció una vez y para siempre un solo sacrificio por
nuestros pecados; el propósito del ayuno es fortalecer tu espíritu y hacerte
más sensible a la voz de Dios en tu oración y lectura bíblica.
1 Tomado de: http://www.enplenitud.com/rechazo-aceptacion-y-tratamiento-
emocional.html
LECCIÓN 7
PERSIGUE TU PROPÓSITO

Cuando leemos el Salmo 139 podemos ver lo grande y maravilloso que es


Dios, pero lo más increíble, es ver cómo Él pone sus ojos en nosotras y está
al pendiente de cada detalle en nuestras vidas. Veamos algunos versículos de
este capítulo.
Versos 1-6: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has
conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis
pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis
caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua,
y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y
sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso
para mí; Alto es, no lo puedo comprender.”

Desde el vientre de nuestra madre, Él nos miró de manera especial.


Versos 14-18: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus
obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y
entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas
aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es
la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena;
despierto, y aún estoy contigo.”

Pude haber puesto el Salmo 139 como pasaje base en la lección anterior,
ERES ESPECIAL, porque así nos hace sentir este salmo. Pero el enfoque de
la lección pasada es sobre los factores que nos impiden sentirnos especiales.
Espero que a estas alturas tú te puedas ver como Dios te ve y amar como
Dios te ama, tanto así que cuando leas este Salmo abras tu entendimiento
para ver lo especial que eres para Dios y cómo en todo momento Él tiene
cuidado de ti.
Entender esto es de suma importancia porque entonces podrás comprender
más fácil que Dios te escogió con un propósito. El Dios que creó los cielos y
la tierra y todo cuanto en ellos existe, te escogió a ti para algo específico.
¿Puedes imaginar lo que esto significa? Él te escogió a ti, mujer, para usarte
como un instrumento suyo. Esto no cambia, aun cuando te cueste trabajo
creerlo.
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos
en ellas” Efesios 2:10.

Estamos aquí en la tierra no para ser servidas, sino para servir a los demás. El
apóstol Pablo dijo en Filipenses 1:21:
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.

“Vivir para Cristo” es “vivir para los demás”, pero no podemos vivir para
los demás si Cristo no es lo primero en nuestras vidas.
No estamos aquí sólo para respirar, comer y divertirnos. Dios nos creó para
ser de bendición a los demás.
No somos salvas por nuestras buenas obras, pero sí estamos aquí, ya como
hijas de Dios, para hacer buenas obras.
Cuando entiendes cuál es tu propósito, encuentras el valor y el significado de
tu existencia.
“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a
nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue
dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” 2 Timoteo 1:9.

Jesús vino a servir y a darse a sí mismo. Él no buscó su propio beneficio,


buscó siempre el bien de los demás.
Para poder llevar a cabo el propósito que cada una de nosotras tenemos,
debemos pensar de esta manera y conducirnos como lo hizo Jesucristo.
“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir,
y para dar su vida en rescate por muchos” Mateo 20:28.

Muchas mujeres no saben a qué las llamó el Señor. Creen que Dios las creó
sólo para ser esposas, madres, abuelas, etc. No se imaginan que Dios las
pueda escoger para mucho más.
Yo misma pensaba así, porque fue lo que me hicieron creer, pero dentro de
mí sentía un llamado de parte de Dios muy fuerte. No sabía lo que Él quería
de mí, pero sabía que Él me quería usar.
Por mucho tiempo, ya como pastores mi marido y yo, sentía como que no
hacía nada. Aun cuando estuve dando clases en Escuela Dominical por
muchos años, y luego dando estudios bíblicos a jovencitas y a mujeres, yo
sabía que había algo más.
Pasé por momentos muy dolorosos, tanto en mi matrimonio como con mis
hijos, y nunca me imaginé que todo ese dolor por el que yo pasé, Dios lo
usaría ahora en mi vida para ayudar a otros.
No te asustes, pero con lo que más has sufrido es con lo que más te va a usar
el Señor. Hoy entiendo que tengo un llamado de tiempo completo para Dios.
No por ser esposa de pastor, sino porque realmente Dios me escogió para que
le sirviera. Entiendo que no todas van a tener un llamado de tiempo completo,
pero todas sí tenemos un llamado a servirle, sirviendo a los demás.
Sé que Dios me escogió como maestra de la Biblia, pero ahora entiendo que
me escogió para transmitir esas enseñanzas a través de libros que me permite
escribir. Sobre todo, me escogió para ayudar a otros a sanar sus heridas,
acercarlos al Señor, y motivarlos a cumplir el propósito por el cual Dios los
creó.
Por mucho tiempo me sentí indigna de que Dios me usara, me invadía
constantemente la culpa y por lo mismo, la baja autoestima.
Yo no sé si tú te hayas sentido así, pero déjame mostrarte un pasaje bíblico en
donde yo encajo a la perfección, no sé si tú también, pero te lo comparto:
“sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los
sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo
fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que
no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su
presencia” 1 Corintios 1:27-29.

¿Te das cuenta cómo Dios no escoge a los que son perfectos o muy buenos?
Hay mujeres que piensan que primero tienen que hacer algo para sentirse
dignas de ser usadas por Dios. Nunca seremos lo suficientemente dignas para
ser usadas por Él, pero aún así, Él lo hace, porque estamos bajo un mejor
pacto. El pacto de la gracia.
El secreto es entender que así como estamos Él nos quiere usar para que
“sólo Él se lleve la gloria”
¿No te sorprende esto? En cualquier empresa humana buscan a las mejores,
pero al parecer Dios busca a las peores para que le sirvan.
Una cosa que he aprendido con Dios es que una vez que nos escoge,
deberemos estar flojitas y cooperando para que haga a través de nosotras lo
que Él quiera, pues a fin de cuentas le pertenecemos.
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” 1
Corintios 6:20.

Básicamente para poder perseguir el propósito por el cual fuimos creadas,


hay que seguir estos tres pasos:
1. Entender que Dios tiene el control.
2. Enfrentar los obstáculos en el camino.
3. Aprender a tener contentamiento.

ENTENDER QUE DIOS TIENE EL


CONTROL
Dios es nuestro Jefe supremo, y como tal, se harán las cosas a su manera y
no a la nuestra.
Cuando Dios nos escoge para hacer algo, en lo que aprendemos a escucharlo
con claridad, nos vamos a equivocar muchas veces.
No avientes la toalla si te llegas a equivocar o si le llegas a fallar. Dios, aún
antes de haberte escogido para que le sirvas, lo sabía. Dios no nos desecha
como nos desechan los hombres.
“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”
Romanos 11:29.

La Biblia para todos con lenguaje actual traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“Dios no da regalos para luego quitarlos, ni se olvida de las personas
que ha elegido”. Si le has fallado, levántate y sigue adelante, porque
Dios tiene el control.

Podemos llegar a cortar orejas como lo hizo Pedro cuando llegaron a arrestar
a Jesús. Pedro sacó la espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote.
¿Qué significa esto?
Como lo mencionamos anteriormente, Pedro “en sus fuerzas” quiso hacer la
obra de Dios. Hizo algo que Dios no le pidió que hiciera y lastimó a una
persona. Nos puede llegar a pasar lo mismo, pero ¿qué hizo Jesús para
enmendar el error de Pedro?
“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su
oreja, le sanó” Lucas 22:51.

Dios es experto en transformar nuestras metidas de pata en bendición.


Dios también es experto en usarnos en cosas que nunca antes hemos hecho,
ni estudiado. Acostúmbrate, te va a aventar a la “Viva México” (suelo usar
este término para referirme a que te va a mandar hacer cosas sin previo aviso)
para que hagas cosas que nunca imaginaste que ibas a hacer o que podrías
hacer. Cuando eso suceda, sólo acuérdate que Él tiene el control, y si te
manda, es porque sabe que lo puedes hacer. No te va a mandar a hacer algo
que tú no puedas llevar a cabo.
Dios no escoge mujeres capacitadas para cumplir su propósito, Él capacita a
sus escogidas. Te equipará con todo lo necesario para llevar a cabo lo que te
mandó hacer.

ENFRENTAR LOS OBSTÁCULOS EN EL


CAMINO
El apóstol Pablo escribió en Filipenses 3:13-14:
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una
cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Cuando encuentras tu propósito en la vida, estás como en una carrera, tienes


tu carril y una meta a la cual deberás llegar. Sin embargo, durante la carrera
habrá obstáculos que deberás enfrentar.
Algunos obstáculos se llaman pruebas y otros se llaman tentaciones.
Las pruebas las usa Dios en nuestras vidas para hacernos más fuertes, crecer
y madurar.
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas
pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas
tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y
cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:2-4.

¿Por qué crees que llevó Dios al pueblo de Israel por el desierto cuando
salieron de Egipto? Porque quería ver qué había realmente en sus corazones.
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu
Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte,
para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus
mandamientos” Deuteronomio 8:2.

Las pruebas nos acercan a Dios.


Las tentaciones son obstáculos que Satanás pone para hacernos caer en algún
pecado y frenar el propósito que tenemos en Dios. De ahí que debemos estar
conectadas con Dios para no ceder ante la tentación que se nos presente.
Acuérdate de esto: Sea prueba o sea tentación lo que se te presente, no le
reclames al Señor y si llegas a ceder ante la tentación, levántate y sigue
adelante. Jamás te rindas.

APRENDER A TENER
CONTENTAMIENTO
Pablo dijo en Filipenses 4:10-13:
“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido
vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os
faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he
aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir
humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy
enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para
tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece”.

Habrá ocasiones en las cuales la cuestión material nos puede llegar a afligir.
Hay cosas que quisiéramos realizar, dentro de lo que Dios nos ha mandado a
hacer, que necesitan financiamiento.
Tenemos que tener muy claro algo que Dios nos enseña en su Palabra:
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su
hora” Eclesiastés 3:1.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo...” Eclesiastés 3:11.

El problema que muchas veces tenemos es que queremos correr cuando hay
que caminar. Dios tiene el control de todo y sabe perfectamente bien lo que
quieres y lo que se necesita para llevar a cabo su obra. A Él no se le escapa
nada.
En Nuevo Aliento tenemos dos lemas: “un día a la vez” y “un paso a la
vez”.
Tener contentamiento es saber disfrutar todo lo que tienes y ser agradecida
con todo lo que el Señor te ha dado.
Observemos que el apóstol Pablo dijo: “he aprendido a contentarme”.
Tener contentamiento no es fácil, es algo que tenemos que aprender. El error
más grande que solemos cometer es voltear a ver el carril de al lado y ver si
el que está corriendo en ese carril va más rápido o le va mejor.
Los celos y la envidia impiden que tengamos contentamiento. Podemos
llegar a envidiar sus posesiones materiales, o su llamado, o el que les salga
todo bien. No permitas que los celos y la envidia frenen el propósito que tú
tienes.
En Mateo 25:14-30, Jesús nos habla de la parábola de los talentos.
Observemos los siguientes versos:
Versos 14-15: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que
yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio
cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos”.

• Capacidad viene del griego dunamis, y significa: fuerza, poder milagroso.


Dios a cada una de nosotras nos ha capacitado con una fuerza y un poder
especial para poder llevar a cabo ese propósito. No envidies lo que Dios les
ha dado a otros. Sé diligente y usa los dones, talentos y habilidades que Dios
te ha dado y “entrarás en el gozo del Señor”.
Versos 16-21: “Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció
con ellos, y ganó otros cinco talentos.
Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.
Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el
dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de
aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegado el que había
recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor,
cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco
talentos sobre ellos.
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,
sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Cuando no usamos lo que Dios nos ha dado, somos negligentes. Tampoco


menosprecies lo que Dios te ha dado. Podemos llegar a pensar: “¿por qué le
diste tanto a esa persona y a mí no?”. Créeme Dios no se equivoca y
acuérdate que “si eres fiel en lo poco, en lo mucho te pondrá el Señor”.
Aprendamos entonces a ser diligentes y fieles con lo que Dios nos ha
asignado, siendo agradecidas y disfrutando todo lo que nos mande hacer.
Algo importante que debes saber es que Dios usará tus dones, talentos y
habilidades para cumplir el propósito por el cual te creó.

EJERCICIO
1. Según Romanos 12:6-8, analiza los dones o las capacidades que Dios
te ha dado y escríbelos. A continuación encontrarás este pasaje bíblico
según la traducción Biblia para todos con lenguaje actual, para que lo
puedas entender mejor:
“Dios nos ha dado a todos diferentes capacidades (dones), según lo
que él quiso darle a cada uno. Por eso, si Dios nos autoriza para
hablar en su nombre, hagámoslo como corresponde a un seguidor de
Cristo. Si nos pone a servir a otros, sirvámosles bien. Si nos da la
capacidad de enseñar, dediquémonos a enseñar. Si nos pide animar a
los demás, debemos animarlos. Si de compartir nuestros bienes se
trata, no seamos tacaños. Si debemos dirigir a los demás, pongamos
en ello todo nuestro empeño. Y si nos toca ayudar a los necesitados,
hagámoslo con alegría”.

2. Escribe los talentos y habilidades que crees tener o tienes.


3. En ejercicios pasados escribiste situaciones dolorosas que has
enfrentado en tu vida.
4. ¿Cómo crees que Dios te pueda usar para ayudar a otras personas,
usando esas aflicciones en tu vida?
5. Con base en los dones, talentos y habilidades que tienes ¿crees saber
cuál es el propósito de Dios para tu vida? De ser así, anótalo.
LECCIÓN 8
DÉJATE LLENAR POR DIOS

Lamentablemente no todas las hijas de Dios experimentan su llenura, ya que


ésta se refleja en la medida en la que busquemos a Dios con todo nuestro
corazón y estemos dispuestas a cederle el control de nuestras vidas. La
llenura del Espíritu Santo es un tema bastante extenso. Estoy segura que si tú
quieres más de Dios, lo buscas con todo tu corazón y se lo pides, Él se
manifestará en tu vida de una manera impresionante. En esta lección sólo te
haremos ver lo importante que es buscar a Dios y cómo empezarlo a hacer
para que comiences a caminar en el fruto del Espíritu Santo.
El fruto del Espíritu Santo se obtiene por estar conectadas con el Señor.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”
Gálatas 5:22-23.

La Biblia para todos con lenguaje actual, traduce este mismo pasaje de la
siguiente manera:
“En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar
siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y
amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser
humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que
esté en contra de todo esto”.

Jesús dijo en Juan 15:1-5:


“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano
que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo
limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la
palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en
él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis
hacer”.

La vid es la planta que produce la uva y el pámpano es la ramita pequeña que


une al racimo de uvas con la planta. Aquí Jesús se está ilustrando a Él mismo
como a la vid y a nosotras como a los pámpanos.
Al no estar conectadas con Jesús, no podemos dar fruto; ¿a qué fruto se
refiere este texto? Al fruto del Espíritu Santo. Observemos también lo que
nos dice el Verso 8:
“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis
así mis discípulos”.

Con nuestro testimonio reflejamos que somos hijas de Dios, y el fruto que
producimos es la evidencia de que somos sus discípulas.
Cuando buscamos al Señor en oración y en el estudio de su Palabra, nos
dejamos llenar por Él, y el resultado será que andemos en el fruto del Espíritu
Santo.
Para ilustrar mejor todo esto, analicemos a dos mujeres. Ambas hijas de Dios,
pero una buscándolo como la mayoría de las mujeres lo haría y la otra
realmente teniendo una relación personal con Él y dejándose llenar por Él.
“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer
llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a
los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose,
dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?
Dile, pues, que me ayude.
Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás
con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha
escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:38-42.

Este texto bíblico nos ilustra a dos mujeres: una llamada Marta y la otra
llamada María.
Marta era una mujer hospitalaria, ella había invitado a Jesús a su casa y se
preocupaba por servirle.
Muchas mujeres le sirven al Señor día y noche. Se esmeran y son diligentes
en el servicio de Dios.
A Dios le agrada que le sirvamos, pero muchas veces confundimos el servicio
a Dios con nuestra comunión íntima con Él.
Observemos lo que nos dice la Biblia en Apocalipsis 2:2-4:
“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no
puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser
apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y
has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi
nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu
primer amor”.

Tenemos que entender que el servicio a Dios nos acerca a Él, pero no nos
hace conocerlo. Si queremos que Él nos llene, necesitamos conocerlo
realmente.
¿Qué hizo María mientras su hermana se preocupaba por servir a Jesús?
María estaba sentada a sus pies, oyendo su palabra.
María anhelaba llenarse de Jesús, anhelaba conocerlo de manera más
profunda.
A lo largo de nuestras vidas enfrentaremos dificultades, el punto es ¿cómo las
vamos a enfrentar? ¿Qué necesitamos hacer para vivir en victoria a pesar de
las circunstancias que se nos presenten?
Como mujeres solemos afanarnos mucho por los quehaceres de la casa y la
educación de nuestros hijos, y a veces le damos migajas al Señor. Ya
cansadas, tal vez, le dedicamos unos minutos a leer un pasaje bíblico y unos
pocos minutos a la oración, pero ¿qué tanto nos dejamos llenar por Él?
Buscar al Señor cuesta, incluso habrá personas cercanas a nosotras que, sin
querer, evitarán que tengamos ese tiempo especial con el Señor. El enemigo
sabe perfectamente lo que pierde si una mujer se deja llenar por el Señor,
porque será un arma poderosa en su contra.
Si nos dejamos llenar por Dios, cuando se presenten conflictos en nuestras
vidas, sabremos cómo manejar la situación y cómo conducirnos de una
manera sabia y tranquila.
En Juan 11:1-45, podemos ver lo que Marta y María tuvieron que enfrentar y
cómo lo hicieron:
Versos 3-6: “Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor,
he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su
hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó
dos días más en el lugar donde estaba.”
Verso 14-15: “Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis;
mas vamos a él.”
Versos 17-21: “Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días
que Lázaro estaba en el sepulcro.
Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos
de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por
su hermano.
Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle;
pero María se quedó en casa.
Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no
habría muerto.”

Observemos cómo Marta, en cuanto supo que Jesús había llegado a Betania,
salió a buscarlo para reclamarle. Notemos también que cuando Marta salió
de la casa, nadie la siguió.
Versos 22-27: “Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios,
Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día
postrero.
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no
morirá eternamente. ¿Crees esto?
Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios,
que has venido al mundo.”

Podemos darnos cuenta, en esto que acabamos de leer, que Marta conocía a
Jesús, pero sólo como su Señor y Salvador.
Muchas mujeres sólo conocen a Jesús como su Señor y Salvador, no como su
Amado. Vemos también que Jesús le dijo lo que iba a hacer: “Tu hermano
resucitará”.
Como Marta no conocía a Jesús como su amado, no entendió lo que le quiso
decir.
Versos 28-32: “Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su
hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.
Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.
Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el
lugar donde Marta le había encontrado.
Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban,
cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido,
la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus
pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi
hermano.”

Este pasaje bíblico me impacta sobremanera. Notemos que Marta fue al


encuentro de Jesús para reclamarle. Pero a María la llamó el Señor.
¿Alguna vez te ha llamado el Señor? ¿Te ha despertado en las madrugadas
para tener un encuentro contigo? ¿Cómo responderías a su llamado? ¿Le
dirías: “déjame seguir durmiendo”, o te levantarías de inmediato para salir a
buscarlo y tener comunión con Él?
David decía en el Salmo 63:1-2:
“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed
de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas,
para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario”.

¿Sabes dónde realmente te llenas de Dios? En Su presencia.


Vemos también que cuando María salió de prisa para buscar al Señor, todos
los judíos que estaban en su casa la siguieron. A Marta nadie la siguió, pero a
María sí, ¿por qué?
Porque cuando una persona está llena del Señor, lo refleja, y esto atrae a las
personas que la ven.
María cuando llegó con Jesús lo primero que hizo fue postrarse a sus pies.
A pesar de que María dijo exactamente las mismas palabras que su hermana
Marta, su actitud fue totalmente diferente. Al postrarse era como si le hubiera
dicho:
“Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero si esa
es tu voluntad, yo la acepto”.
Cuando nos postramos delante del Señor, nos estamos humillando y
aceptando su voluntad.
Sólo alguien que conoce realmente al Señor, sabe que su voluntad es buena,
agradable y perfecta. Entiende que Dios tiene el control y sabe lo que más
conviene.
Podemos afirmar entonces, que María conocía a Jesús.
Versos 33-37: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la
acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se
conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Y
algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego,
haber hecho también que Lázaro no muriera?”

Cuando no le reclamamos al Señor, como Marta, sino que aceptamos su


voluntad, como María, dejamos que Él pueda actuar libremente.
Jesús a Marta le dijo lo que iba a hacer, pero Marta no lo entendió. En
cambio, a María no le dijo lo que iba a hacer, Él actuó, al preguntarle:
¿dónde le pusisteis?
Cuando leemos que Jesús lloró, podemos entender que Él es sensible a
nuestro dolor. Jesús llora cuando nosotras lloramos. Él se duele junto con
nosotras.
Versos 38-44: “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al
sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había
muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y
Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por
haberme oído.
Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud
que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y
el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle
ir.”

Jesús le estaba reclamando a Marta su falta de fe.


Dios nos regala gratuitamente una porción de fe para que creamos lo que
Jesucristo hizo en la cruz por nosotros.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”
Efesios 2:8-9.

Pero si queremos que nuestra fe aumente, depende de nosotras.


“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos
10:17.

Marta tenía una fe limitada. Una parte del fruto del Espíritu es la fe, y ésta se
obtiene a través de la Palabra de Dios y de estar en comunión con Él.
Verso 45: “Entonces muchos de los judíos que habían venido para
acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Cuando nos dejamos llenar por Dios, nuestro testimonio habla por sí solo y
podemos cumplir fácilmente una parte importantísima del propósito que
tenemos aquí en la tierra: Ganar almas para Cristo.
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura” Marcos 16:15.

Si bien es cierto que Dios usará los dones, habilidades y talentos que Él te dio
para cumplir su propósito, y que te usará en donde más has sufrido para
ayudar a otros, lo más importante del llamado que Dios tiene para cada una
de nosotras es predicar el evangelio a toda criatura.
“Seis días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba
Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los
muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno
de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó
una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los
pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor
del perfume” Juan 12:1-3.

Esto que hizo María fue una adoración pura, producto del gran amor que ella
le tenía al Señor. Tú no puedes amar a alguien de una manera tan intensa si
no lo conoces. María amaba tanto a Jesús, porque se dejó llenar por su amor.
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4:19.

Sabemos que Jesús nos ama por lo que ha hecho en la cruz por nosotras en la
cruz, pero el amor de Jesús es mucho más que eso. Él desea ser tu mejor
amigo, tu amado, tu esposo, TODO EN TU VIDA.
Al dejarnos llenar por Dios, nos dejamos sanar por Él, tenemos una relación
íntima con Él; por lo que nos revelará su corazón, nos equipará y comisionará
para hacer cosas grandes.
Espero con todo mi corazón que este libro-manual de sanidad interior te haya
ayudado.

EJERCICIO
1. ¿Cuánto tiempo le dedicas realmente al Señor?
2. Si nunca has leído la Biblia completa, te recomiendo que te compres
una Biblia que te vaya guiando a una lectura diaria para que en un año
la puedas leer de manera completa.
3. Haz un esfuerzo por buscarlo cada día más. En las madrugadas nadie
te puede interrumpir, y es el tiempo más hermoso. Búscalo, no por
obligación, sino por amor.
4. Entrar en su presencia es lo más increíble que puedas experimentar y
ahí en su presencia, te revelará cosas grandes. Te hará sentir amada,
única y especial.

ACTIVIDAD
1. En esta semana háblale a una persona de Cristo y trata de guiarla para
que lo reciba en su corazón. ¿Qué necesitas decirle?
2. Háblale primero de tu testimonio. Dile lo que Cristo ha hecho en tu
vida.
3. Dile lo mucho que Jesús la ama (Juan 3:16).
4. Explícale que la salvación no es por obras, sino por creer lo que Cristo
hizo en la cruz por nosotros (Efesios 2:8-9).
5. Dile que en la cruz Jesús derramó su sangre para perdonar nuestros
pecados y pagó el castigo que todos nos merecíamos por pecadores
(Romanos 3:23, 6:23; Isaías 53:4-6).
6. Dile que si lo confiesa con su boca y lo cree en su corazón, será salva
(Romanos 10:9- 10).
7. Guíala a hacer la oración de fe para recibirlo en su corazón.
8. Si hizo la oración para recibir a Cristo en su corazón, enséñale (Juan
1:12) y dile que ahora es hija(o) de Dios.
Deja que el Espíritu te guie durante esta actividad, pues puede ser que en un
mismo día la persona tome su decisión, pero a veces toma más tiempo.
ANTES DE DESPEDIRNOS
Estimado(a) amigo(a) lector(a), para que el contenido de este libro tenga un
mayor impacto en tu vida, lo más importante no es lo que hayas leído, sino el
que tengas al Señor Jesucristo morando en tu corazón. Si no estás seguro de
ello, puedes platicar con Dios, y de una manera muy fácil decirle estas
sencillas palabras:
“Dios Todopoderoso, reconozco que soy un(a) pecador(a), me arrepiento de
mis pecados, de mis faltas y debilidades que he cometido a lo largo de mi
vida, que a ti, Dios amoroso, te ofenden. Por eso, en esta ocasión, declaro con
mi boca y creo con el corazón, que Jesús es mi Señor y mi Salvador.
Señor Jesucristo: te necesito, ayúdame, consuélame, necesito de tu amor,
entra en este momento a mi vida y a mi corazón, y transfórmame. Gracias por
morir en la cruz por mí y sufrir el castigo que yo merecía. Y hoy sé que Jesús,
el Hijo de Dios, estará conmigo todos los días hasta el fin del mundo. Amén”.
Deseamos que tu experiencia en nuestras lecturas sea de bendición como lo
es para nuestra familia en Nuevo Aliento. Síguenos, seguro será tan grato y
fortificante como lo es para nosotros.

Para mayor información:

nuevo.aliento@gmail.com

También te invitamos a ver las últimas publicaciones y conferencias de


Angela Kellenberger:

AngelaKellenbergerW

AngelaKellenberger
AngelaKellenberger
Otros títulos de Nuevo Aliento
Libros de estudio
• Josué: Estudio para líderes
• Estudiando el Libro de Santiago
• Estudiando Filipenses
• La Mujer Virtuosa
• Libro de Rut
• Libro de Ester
• Matrimonio… Bendición o Maldición

Serie “El Arte de”


• El Arte de ser Mujer
• El Arte de Adorar
• El Arte de Servir

Entretenimiento
• ¿Crees saber de la Biblia? ¡Compruébalo!
• Diviértete estudiando Salmos: Tomo I

Novelas cristianas
• El amor de un Padre
• Danna: Una historia de amor verdadero por Roberta Coronel
• ¿Quién es tu príncipe azul?

Libros de sanidad
• ¡Ya basta! Sanidad interior
• ¡Cómo salir de la depresión!
• El valor de la vida por Pamela Sarasuadi
• Hazte como el camaleón
• Para avanzar hay que sanar
• La Soledad
• Soy libre abuso sexual

Libros de bolsillo
• Vuelve a tu primer amor
• Pastores y ovejas
• Confía en Dios

Serie “Un mensaje para ti”


• No. 1 El Verdadero descanso
• No. 2 El Valor de la mujer
• No. 3 El Poder de la lengua
• No. 4 Jamás te rindas
• No. 5 La Unidad en la familia
• No. 6 El Verdadero amor
• No. 7 La Incertidumbre
• No. 8 ¿Qué tipo de cristiano eres?
• No. 9 El amor de una madre
• No. 10 ¡Levántate!
• No. 11 ¿Juzgas o amas?
• No. 12 ¿Edificas sobre roca o arena?
• No. 13 Vuelve a Empezar
• No. 14 Conquista tu libertad perdonando
• No. 15 Suelta a tus hijos
• No. 16 Mamá por tres
• No. 17 Regresa al camino
• No. 18 ¿Eres feliz?
• No. 19 El enemigo de la Navidad
• No. 20 Siéntate a la mesa del Rey

Estamos para servirte


ANTES DE DESPEDIRNOS

Estimado(a) amigo(a) lector(a), para que el contenido de este libro tenga un


mayor impacto en tu vida, lo más importante no es lo que hayas leído, sino el
que tengas al Señor Jesucristo morando en tu corazón. Si no estás seguro de
ello, puedes platicar con Dios, y de una manera muy fácil decirle estas
sencillas palabras:
“Dios Todopoderoso, reconozco que soy un(a) pecador(a), me arrepiento de
mis pecados, de mis faltas y debilidades que he cometido a lo largo de mi
vida, que a ti, Dios amoroso, te ofenden. Por eso, en esta ocasión, declaro con
mi boca y creo con el corazón, que Jesús es mi Señor y mi Salvador.
Señor Jesucristo: te necesito, ayúdame, consuélame, necesito de tu amor,
entra en este momento a mi vida y a mi corazón, y transfórmame. Gracias por
morir en la cruz por mí y sufrir el castigo que yo merecía. Y hoy sé que Jesús,
el Hijo de Dios, estará conmigo todos los días hasta el fin del mundo. Amén”.
Deseamos que tu experiencia en nuestras lecturas sea de bendición como lo
es para nuestra familia en Nuevo Aliento. Síguenos, seguro será tan grato y
fortificante como lo es para nosotros.

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• El Arte de ser Mujer
• El Arte de Adorar
• El Arte de Servir

Entretenimiento
• ¿Crees saber de la Biblia? ¡Compruébalo!
• Diviértete estudiando Salmos: Tomo I
Novelas cristianas
• El amor de un Padre
• Danna: Una historia de amor verdadero por Roberta Coronel
• ¿Quién es tu príncipe azul?

Libros de sanidad
• ¡Ya basta! Sanidad interior
• ¡Cómo salir de la depresión!
• El valor de la vida por Pamela Sarasuadi
• Hazte como el camaleón
• Para avanzar hay que sanar
• La Soledad
• Soy libre abuso sexual

Libros de bolsillo
• Vuelve a tu primer amor
• Pastores y ovejas
• Confía en Dios

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• No. 1 El Verdadero descanso
• No. 2 El Valor de la mujer
• No. 3 El Poder de la lengua
• No. 4 Jamás te rindas
• No. 5 La Unidad en la familia
• No. 6 El Verdadero amor
• No. 7 La Incertidumbre
• No. 8 ¿Qué tipo de cristiano eres?
• No. 9 El amor de una madre
• No. 10 ¡Levántate!
• No. 11 ¿Juzgas o amas?
• No. 12 ¿Edificas sobre roca o arena?
• No. 13 Vuelve a Empezar
• No. 14 Conquista tu libertad perdonando
• No. 15 Suelta a tus hijos
• No. 16 Mamá por tres
• No. 17 Regresa al camino
• No. 18 ¿Eres feliz?
• No. 19 El enemigo de la Navidad
• No. 20 Siéntate a la mesa del Rey

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