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“Enseñar a debatir: guía para el profesorado”_Grupo Gorgias ; Universidad de Murcia (2015)

OCHO NORMAS PARA EL BUEN DEBATE

1. Escucha atentamente a tu oponente.


2. Defiende tu punto de vista con pruebas.
3. Responde a las objeciones de tu oponente.
4. Trata de ser relevante en la defensa de tus tesis.
5. Trata de aportar suficientes razones para justificar tu postura.
6. Esfuérzate en ser claro.
7. Trata de buscar la verdad.
8. Juega limpio.

• Norma 1: Escucha atentamente a tu oponente. Si no lo escuchas, o podrás comprender su


punto de vista ni tampoco criticarlo. Interpreta lo que dice del modo más riguroso posible. Si lo
criticas, evita deformar los argumentos que ha presentado para que su refutación resulte más
sencilla para ti. (Esta es una regla que atañe al que, en cada momento, es antagonista.
Responde al principio de caridad interpretativa de Davidson. Su incumplimiento da lugar a la
falacia del espantapájaros).

• Norma 2: Defiende tu punto de vista con pruebas. Si presentas una tesis, debes defenderla
y aportar las pruebas cuando te lo pida tu oponente. No esquives la carga de la prueba ni la
traslades a tu contrincante cuando no le corresponde. (Esta regla suele violarse a través de
estrategias retóricas falaces, especialmente esquivando la carga de la prueba o invirtiéndola). 

 Norma 3: Responde a las objeciones de tu oponente. Cuando tu oponente haga objeciones


a tu argumentación, debes responderle. Cuando haya detectado una debilidad en tu argumento,
no desprecies lo que objeta. Por contra, debes reforzar tales argumentos con nuevas razones,
sin volver a repetir las mismas que habías dado anteriormente. En caso contrario, debes
reconocer tu debilidad sin recurrir a falacias (lo que empeoraría aún más tu posición).

 Norma 4: Trata de ser relevante en la defensa de tus tesis. No te apartes del tema o del
punto que se está discutiendo. Presenta premisas que sirvan adecuadamente para apoyar la
conclusión que quieres probar. Recurre a razones de peso que conviertan tus argumentos en
sólidos. 

 Norma 5: Trata de aportar suficientes razones para justificar tu postura. No basta con
aportar alguna razón para hacer aceptable tu conclusión. Estas razones han de ser suficientes
en cantidad (debes aportar varias razones y, además, éstas deben ser variadas, es decir, deben
pertenecer a campos diferentes) y en calidad (deben tener fuerza suficiente para apoyar la
conclusión que quieres defender). 

 Norma 6: Esfuerzate en ser claro. Sé ordenado. Evita en lo posible expresiones o frases


oscuras o ambiguas. Trata de definir con claridad y precisión el significado de los términos que
utilices cuando tu oponente te lo pide. Esfuerzate en que tu voz se escuche con claridad.

 Norma 7: Trata de buscar la verdad. Aporta lo que creas que es verdad. No aportes ideas
que creas falsas. Evita el uso de falacias o de estrategias que contaminen el debate.
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 Norma 8: Juega limpio. Respeta el turno de palabra. Respeta las normas de cortesía. Evita
expresiones o gestos fuera de tono. Sé prudente. Respeta la labor del moderador y de los
jueces. ¡Reconoce la victoria de tu contrincante! 

8.3.2. Estrategias de presentación


En la parte central de su discurso introductorio, el orador presentará la batería de argumentos
que respaldan su tesis (no más de dos o tres, puesto que el tiempo es limitado y después habrá
tiempo para desarrollarlos). Deberá, normalmente, presentarlos de forma positiva, con una
referencia a las evidencias o pruebas que sostienen dichos argumentos (si bien se puede apuntar
alguna de las líneas de defensa que habrá de utilizar ante los previsibles ataques del adversario a
tales argumentos). Son muchos los recursos argumentativos que podemos utilizar para reforzar
nuestra tesis; a continuación, ofrecemos diferentes tipos de recursos argumentativos y la manera
de fundamentarlos:

Cómo presentar nuestras propuestas (argumentación deliberativa)


(Por ejemplo: debería prohibirse la prostitución en las calles) Hay que tener en cuenta que
muchos de los temas que se suelen debatir pertenecen al género argumentativo que los antiguos
llamaron deliberativo: "deliberar (...) es una palabra que deriva del latín 'libra' (balanza) y que
expresa nuestra actitud de ponderar, sopesar los pros y los contras de una determinada iniciativa, o
comparar varias para ver cuál es preferible" (GARCÍA DAMBORENEA, 2000,65).
Es por tanto, aquel acto argumentativo en que se discute la utilidad o conveniencia de una
propuesta y su objetivo es persuadir (o disuadir) al interlocutor sobre su puesta en marcha (si se
debe o no crear una nueva ley del aborto, o eliminar la fiesta de los toros o el boxeo como deporte,
o controlar más el acceso de los menores a Internet, permitir la eutanasia, etc.). En tales casos
(que son la mayoría) podemos respaldar nuestra tesis a favor, probando los siguientes puntos:
• Que existe un problema grave e inminente (porque si el problema tratado carece de
importancia o no existe, o bien puede aplazarse, ¿para qué avanzar dicha propuesta?)
• Que nuestra propuesta es eficaz y factible (resuelve el problema y no es imposible o muy
complicada de realizar).
• Que su idea ofrece ventajas propiamente hablando, este es el tipo de argumento denominado
"pragmático" (evaluamos la bondad o conveniencia de una idea por sus consecuencias
prácticas, sus ventajas o inconvenientes). Las ventajas pueden ser reales o probables pero,
en todo caso, significativas (no insignificantes) e incluir otras ventajas asociadas, colaterales.
• "Que no ofrece inconvenientes importantes (cualquier iniciativa conlleva inconvenientes,
efectos indeseables, pero éstos pueden ser previstos y limitados).
• Que el saldo es favorable a las ventajas: pesan aquéllas más que los inconvenientes, y es
una solución mejor que las otras disponibles (o mejor que no hacer nada).
No siempre tendremos que exponer todos estos puntos, pues algunos serán obvios para
todos y no habremos de mencionarlos, pero hay que tener cuidado de olvidar alguno que pueda
servir a nuestro oponente para dejamos en evidencia. Hagamos, pues, un análisis previo en
borrador. En definitiva, habremos de probar que nuestra propuesta es posible (no una quimera), es
útil (máximas ventajas y mínimos inconvenientes) y es moralmente valiosa (no choca con ninguno
de nuestros principios morales o éticos comúnmente aceptados, sino al contrario los pone en
valor). "El argumento moral presupone que debemos actuar guiados por principios o deberes y
evitar, en consecuencia, todas las acciones que los violenten.
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Actúa como una especie de condición, sin la cual, no será admisible la propuesta. Para ello,
se puede apelar a valores superiores (libertad, justicia, igualdad), deberes (cuidar de la propia
familia, respetar la naturaleza), o derechos (libertad de palabra, igualdad de sexos, intimidad)"
(GARCÍA DAMBORENEA, 2000, 45),

Apelar a la autoridad:
Como decía el gran científico del siglo XX, Albert Einstein...Las citas suelen reforzar la
aprobación del auditorio, pero cuidado: conviene asegurarse de que la institución o persona citada
es realmente una reconocida experta en el tema, que no tiene intereses particulares en el tema (es
imparcial) y que no existen otros expertos que disientan fuertemente del que estamos citando. Citar
a figuras históricas, consagradas, suele dar resultado; pero, en un tema técnico, cuanto más actual
sea la autoridad, mejor.

Apelar a los precedentes:


(¿Prohibir el alcohol? ¡Recuerde lo que ocurrió con la Ley Seca en EE.UU.?)
Consiste en referir casos o circunstancias similares a la que se está defendiendo. Deben ser
precedentes reales o verosímiles (investigados previamente) y, dado que pueden existir muchos
precedentes distintos, hay que buscar el más oportuno y que surta mayor efecto ante el auditorio.

Señalar sus causas:


(¿Por qué estamos en crisis? Por la burbuja financiera, que ha producido una deuda...)
Argumentamos así cuando buscamos las causas o condiciones que han provocado un
determinado efecto. Hablamos de causa necesaria, cuando el efecto no ha ocurrido sin darse antes
la causa; y hablamos de causa suficiente, cuando ella sola basta para que se dé el efecto. Pueden
ir juntas, aunque puede ocurrir que una causa (tener en tu poder un billete de lotería) sea
necesaria, pero no suficiente para que se dé el efecto (que te toque el premio gordo). Cuidado:
para estar seguros de dicha conexión causal hemos de observarla con cierta regularidad, descartar
otras posibilidades (como haber confundido la causa con el efecto) (GARCÍA DAMBORENEA,
2000).

Rechazar su contrario:
(Hay que cumplir la ley, de lo contrario esto sería un caos)
Argumentar por contraste: defendernos una propuesta o idea señalando lo negativo que sería
su opuesta. En realidad, no es una prueba (si yo amo el caos, no me dice nada), pero es muy
persuasiva porque responde a nuestros hábitos mentales: pensamos que si algo es inútil o injusto,
su contrario será útil o justo. Tiene la ventaja de trasladar la carga de la prueba, obligando al otro a
probar, por ejemplo que el caos es positivo. También sirve para completar lo ya probado con otros
argumentos, como un brillante colofón (GARCÍA DAMBORENEA, 2000). 

Generalizar:
(En Priego de Córdoba siempre suele llover el Jueves Santo).
A menudo, decimos que generalizar es injusto, pero lo hacemos constantemente y, por lo
general, nos va bastante bien con este recurso, para mostrar que algo es "probablemente" cierto
porque sucede así con frecuencia. El salto que damos de unos cuantos casos observados a "todos
en general" sólo será legítimo si los casos observados son suficientes (no sólo uno o dos casos
sueltos) y representativos del conjunto (una encuesta sobre la crisis económica hecha sólo a gente
de un barrio rico no sería representativa de todo el país). Por supuesto, más casos similares nos
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servirán para corroborar o reforzar la tesis (aunque no definitivamente) (GARCÍA DAMBORENEA,


2000).

Argumento condicional:
(Si continúa la crisis, habrá una fractura social en España; parece claro que la crisis va para largo;
por tanto, podemos esperar conflictos sociales).
El llamado argumento condicional es un tipo de razonamiento deductivo que empieza
conectando aquello que queremos afirmar (el consecuente) con la condición que lo produce (su
antecedente), mediante una fórmula típica: si ocurre A, ocurrirá B. A partir de ahí, podemos hacer
dos cosas: a) afirmar que tal condición A se cumple y, por tanto, la consecuencia B se dará
inevitablemente; b) Negar el consecuente, no B, por lo que tampoco se da la condición, no A (Si
hubiera disparado el arma, tendría restos de pólvora; no tiene restos de pólvora, luego no ha
disparado). Nos referimos, evidentemente, a dos reglas básicas de la lógica: el modus ponens y el
modus tollens. Si las dos premisas iniciales son verdaderas, la conclusión final lo será también, con
absoluta necesidad. (GARCÍA DAMBORENEA, 2000).

Proponer definiciones:
(¿El toreo es arte? Yo sólo llamo arte a otro tipo de cosas que...)
Una definición afortunada y oportuna puede marcar el camino que nos conduzca a ganar un
debate. Esto parece increíble, habiendo diccionarios repletos de definiciones convencionalmente
aceptadas. Pero, en todo debate, se acaba discutiendo y redefiniendo el nombre de las cosas,
sobre todo porque nuestro lenguaje es muchas veces equivoco e impreciso, las palabras son
elásticas y llegamos a dudar, con frecuencia, de silos oradores están hablando de lo mismo,
aunque usen las mismas palabras que significa la palabra libertad para alguien de izquierdas o de
derechas, o para un separatista?). Las propias definiciones pueden encerrar presuposiciones y
argumentos implícitos (el aborto es un asesinato de seres humanos) que nos en pujan a seguir
disputando sobre su significado (A qué llamamos un ser humano). De ahí que sea tan importante
estampar nuestro sello en la definición desde el principio si lo logramos, habernos marca do el
campo de juego (basta pensar en esas redefiniciones intencionadas que son los eufemismos esto
no es "terrorismo", sino "lucha armada", no es "despido más barato", sino "flexibilizar el mercado
laboral", etc.). A veces nos interesa acogemos a la definición estricta y convencional, y otras veces
necesitaremos redefinir el término para hacerlo más amplio (GARCÍA DAMBORENEA, 2000).

Presentar analogías:
(La adolescencia es como una enfermedad típica: se cura con el tiempo)
Hacer una analogía consiste en argumentar que algo tiene una determinada cualidad porque
se parece a otra cosa que también tiene esa cualidad, o sea que, respecto a lo que importa, vienen
a ser lo mismo. No necesitan parecerse en todo, sólo en aquello en que se comparan y que resulta
relevante para nuestra tesis; las de más diferencias pueden ser irrelevantes (pero debemos
aseguramos que lo son o estaremos perdidos). Es una especie de generalización y por tanto, no
demuestra nada con certeza, sino de forma más o menos probable (tendrá más fuerza cuantos
más casos sumemos y más variados sean). La analogía puede presentarse cuando la semejanza
aparece en el mismo grado, llamándose entonces, a pari ("Si Pau Gasol alcanza el aro, por la
misma razón lo hará su hermano Marc, que mide tanto como él"), o bien cuando se da la
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semejanza, pero en distinto grado, llamándose entonces a fortiori. Ésta última modalidad se divide
en: de mayor a menor ("si no le importa matar elefantes, ¿cuánto menos le dolerá el matar un
conejo?") o de menor a mayor ("si tenes suspensos en el instituto, con mayor razón a suspenderás
en la universidad"). Se pueden combinar entre sí para hacer el argumento más persuasivo y
brillante. Utilizamos la analogía a pari (buscar la igualdad entre dos cosas, asuntos o personas) en
muchas situaciones cotidianas y nos permite construir útiles recursos argumentativos para apoyar
nuestra tesis, como: a) razonamientos recíprocos (tanto monta, monta tanto, no hagas a otros lo
que no quieres que te hagan a ti); b) igualdad de trato (contra cualquier agravio comparativo: si los
heterosexuales pueden casarse, ¿por qué los homosexuales no?); c) recurrir a casos precedentes
semejantes; d) conjeturas sobre el futuro (solemos, como decía Hume, prever el futuro a
semejanza de lo que ocurrió en el pasado) o en general, sobre lo desconocido (asimilándolo a
aquello que nos resulta familiar, un átomo es como un sistema solar en pequeñito) (GARCÍA
DAMBORENEA, 2000). 

Presentar disyuntivas y dilemas:


(O protegemos la fiesta de los toros bravos o éstos desaparecerán como especie).
Todo debate es una controversia entre posturas enfrentadas y, en esa misma medida,
encierra una disyuntiva clara: o es cierta la postura A o es cierta la postura B. Cuando planteamos
una disyuntiva (A o B) podemos concluir a partir de ella de dos formas: 1°) demostramos A, por
tanto B es falsajo bien 2º) demostrando primero que B es falsa, luego A tiene que ser verdadera.
Los argumentos disyuntivos tienen validez lógica y una gran fuerza persuasiva, pero hemos de
asegurarnos de que la disyunción es realmente excluyente (que sus polos son contrarios o
contradictorios; en todo caso, incompatibles) y que es exhaustiva (que no hay también otras
alternativas) pues, de lo contrario, tendremos un argumento débil, vulnerable. Cuando presentamos
un dilema, encerramos a nuestro adversario ante una disyuntiva cuyos dos cuernos nos conducen
a algo desagradable (se llama también argumento cornudo): No tienes escapatoria: te pudriréis en
cárcel de todas formas, porque si confiesas irás a la cárcel con tu cómplice y si no confiesas, irás a
la cárcel por encubrirle. Puede ser un recurso muy brillante como corolario de las demostraciones
previas (GARCÍA DAMBORENEA, 2000).

Utilizar ejemplos:
("Los inmigrantes africanos y sus hijos sólo perjudican a Francia! Mira la delincuencia que hay en
los guetos de alrededor de París".)
Un solitario ejemplo apenas sirve para probar nada (y sin embargo, nuestra propensión a
generalizar a partir de un solo hecho es increíble: si compramos un coche de la marca X y se nos
estropea a los dos meses, afirmamos: ¡Nunca volveré a comprarme otro igual!), pero dicho ejemplo
puede resultar muy ilustrativo del mensaje que queremos transmitir, poniendo imágenes a los
conceptos más abstractos y atrayendo al público con más fuerza persuasiva que una demostración
lógica. Eso sí, hay que cuidarse de que el ejemplo cumpla ciertos requisitos: debe ser cierto, debe
ser realmente representativo de la clase o categoría que queremos ilustrar y no debe dar pie
fácilmente a contraejemplos que echen por tierra nuestra argumentación. Seleccionaremos los
ejemplos teniendo en cuenta el tipo de público al que nos dirigimos, sus conocimientos, aficiones,
intereses, valores...

Recurrir a estadísticas y gráficos:


("Según el INE, el 75% de los españoles están a favor de despenalizar el aborto")
“Enseñar a debatir: guía para el profesorado”_Grupo Gorgias ; Universidad de Murcia (2015)

"En la era en que vivimos, el tipo más convincente de pruebas está en las estadísticas"
(CAPALDI, 2011). Lo cierto es que una cifra, cierta y contundente, no puede ser discutida (salvo en
relación a otras cifras). Siempre se debe citar la fuente de donde la hemos extraído. Como los
datos estadísticos se pueden reagrupar e interpretar (los expertos hablan de “cocinar" los datos),
debemos presentar solo aquellas cifras que respaldan nuestra postura. También es preferible citar
cifras elevadas (2 millones de personas firmaron en contra del matrimonio homosexual), que
impresionarán mucho más al público que otras más pequeñas (aquellos solo representan el 4,2%
de la población española), pero siempre podremos resaltar esa cifra comparándola con otras (el
sindicato X solo consiguió 200.000 firmas contra la reforma laboral; y eso es la décima arte de los
dos millones anteriores). Cuando hablamos de “la mayoría de los españoles” podemos referirnos a
cosas distintas: a la media aritmética (tienen 1,4 hijos de media), puede referirse a la mediana (que
divide el conjunto justo en dos mitades: 40,7 años de edad es la mediana de la población española)
y puede referirse a la frecuencia o moda (la mayoría de los españoles se llama García, porque ese
es el apellido más frecuente). Si una imagen vale más que mil palabras, un gráfico vale más que
mil ciras: nos permite visualizar un porcentaje, una tendencia, una proporción del conjunto una
diferencia entre dos países, etc. No debemos abusar y cansar al público con los números y
gráficos, solo usarlos para respaldar y enfatizar las ideas de nuestra argumentación.
Presentar sólo aquéllas cifras que respaldan nuestra postura. También es preferible citar
cifras elevadas (2 millones de personas firmaron en contra del matrimonio homosexual), que
impresionarán mucho más al público que otras más pequeñas (aquéllos sólo representan el 4'2%
de la población española), pero siempre podremos resaltar esa cifra comparándola con otras (el
sindicato X sólo consiguió 200.000 firmas contra la reforma laboral; y eso es la décima parte de los
dos millones anteriores). Cuando hablamos de "la mayoría de los españoles" podemos referirnos a
cosas distintas: a la media aritmética (tienen 1'4 hijos de media), puede referirse a la mediana (que
divide el conjunto justo en dos mitades: 40'7 años de edad es la mediana de la población española)
y puede referirse a la frecuencia o moda (la mayoría de los españoles se llama García, porque ese
es el apellido más frecuente). Si una imagen vale más que mil palabras, un gráfico vale más que
mil cifras: nos permite visualizar un porcentaje, una tendencia, una proporción del conjunto, una
diferencia entre dos países, etc. No debemos abusar y cansar al público con los números y
gráficos, sólo usarlos para respaldar y enfatizar las ideas de nuestra argumentación.

8.3.3. Estrategias de ataque y refutación


Una de las tareas dialécticas más importantes, además de justificar la posición que se
defiende en un debate, consiste en la refutación del punto de vista defendido por nuestros
oponentes.
Todo debate tiene un importante factor de improvisación, de adaptación sobre la marcha a los
argumentos del rival y a los vaivenes de la discusión En ese sentido, un buen polemista debe tener
reflejos, concentración y una buena dosis de inspiración para ganar.
No obstante, la mayor parte de la intervención no tiene por qué ser improvisada: así como se
investiga y prepara los argumentos a favor, para respaldar la tesis, también podemos sentarnos a
enumerar y analizar a fondo los puntos fuertes y débiles del rival, para preparar el ataque con todo
un arsenal de críticas, argumentos contraejemplos. Es muy útil ponerse en la piel del contrincante y
elaborar una lista pormenorizada de sus posibles argumentos, para escribir al lado de cada uno de
ellos su posible refutación (o más de una por argumento).
Puede decirse, con cierta seguridad, que cada argumento del oponente puede tener su
refutación o puede, al menos, ser debilitado. En la crítica, es preferible seguir el mismo orden que
“Enseñar a debatir: guía para el profesorado”_Grupo Gorgias ; Universidad de Murcia (2015)

el rival ha presentado, para que así la intervención sea más clara a los oídos del auditorio. Sin
embargo, se dedicará más tiempo a demoler los argumentos más débiles del oponente, señalando
sus errores, falacias y contradicciones con total nitidez y contundencia. Sólo se atacarán sus
argumentos fuertes cuando se tenga a mano algo sólido y seguro con que refutarlos.