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CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD

ORIENTADO POR

CARLOS VALENCIA B., cjm.


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 2 SEMAYOR
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 3 SEMAYOR

MÓDULO I

NUESTRA ESPIRITUALIDAD
Pedro Casaldáliga

INTRODUCCIÓN
De entrada, en cinco afirmaciones podemos definir nuestra espiritualidad
como el seguimiento de Jesús, hoy, aquí.
Es espiritualidad, y es nuestra.
Es el seguimiento de Jesús: asumiendo su causa, adoptando sus actitudes,
viviendo según su espíritu.
Hoy, bajo el imperio neoliberal.
Aquí, en nuestra América Latina, en medio de nuestro pueblo.
Podríamos cortar aquí ya el texto y sumergirnos en estas palabras
subrayadas. Abriendo con sinceridad el corazón al clamor del pueblo y al viento
del espíritu, no sería tan difícil descubrir cual debe ser nuestra espiritualidad.

I. ESPIRITUALIDAD
En nuestro libro “Espiritualidad de la liberación”, José María Vigil y yo
reconocíamos, ya en la primera línea del primer capitulo, que “espiritualidad” es
una palabra infeliz, desmoralizada, por el abuso teórico y práctico con que fue
utilizada - aún lo es- como esfera distante de la vida real, como espiritualismo
desencarnado y huida de compromiso. Si espiritualidad deriva de “espíritu”, y si
espíritu se opone a la materia, al cuerpo, una persona será espiritual cuando viva
sin preocuparse de lo que es material ni siquiera de su propio cuerpo, instalándose
en etéreas realidades espirituales.
Esta concepción de espíritu y espiritualidad como realidades opuestas a lo
material de lo corporal, provienen de la cultura griega. En las culturas indígenas no
es así. Y tampoco en el mundo cultural semítico de la Biblia. La palabra de Dios es
mucho más integradora1.
En esta última década, después de ciertas decepciones, aprendiendo de la
historia y por un verdadero proceso de maduración, debemos reconocer,
agradecidos al Dios que nos acompaña y a los hermanos y hermanas que dieron
por nosotros su sangre, que la “espiritualidad” ya no es una palabra infeliz. Hoy es
un horizonte que necesitamos, un clamor que viene de dentro, agua viva para
nuestro caminar. Hay una auténtica y profunda sed de espiritualidad en las
comunidades eclesiales, en los y las agentes de pastoral, en los y las militantes
cristianos, en la juventud más despierta.

1
J. Comblin, Antropologia cristã, Vozes, Petrópolis 1990, pp. 361-367.
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Se multiplican los encuentros, las publicaciones, las conferencias, las


entidades que estudian, propagan y dinamizan la espiritualidad y, más
concretamente, nuestra espiritualidad. Cada día son más las personas que
quieren “beber en el propio pozo”.

1. Qué es entonces espiritualidad?


El espíritu de una persona es lo profundo y dinámico de su propio ser: sus
motivaciones mayores y últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la
cual vive y lucha y con la cual contagia.
“Espíritu” es el sustantivo concreto, y “espiritualidad” es el sustantivo
abstracto. En lenguaje común estas dos palabras se usan indistintamente: “Fulano
tiene mucho espíritu, tiene una espiritualidad profunda”.
Cuando decimos de alguien que “no tiene espíritu”, queremos afirmar que no
tiene pasión, ideal, vida profunda. Es más que una persona es un tronco, es una
máquina.
Hay espíritus diferentes, eso sí. Y es preciso distinguir discernir. Según
algunos códices, cuando los apóstoles soñaban o actuaban fuera del Reino, Jesús
les advertía: “No saben ustedes de que espíritu son” (Lc 9,55). Hay espíritu malo y
espíritu bueno. No se habla y escribe sobre “el espíritu del capitalismo”, sobre
“espíritu del mercado neoliberal”?.

2. La espiritualidad es patrimonio de todos los seres humanos.


Toda persona está animada por una espiritualidad o por otra, porque todo ser
humano -cristiano o no, religioso o no- es un ser también fundamentalmente
también espiritual. Toda mujer todo hombre son más que simple biología. Y es ese
algo más, o mucho más, los que los distingue del simple animal. Las religiones y
filosofías designan esa realidad misteriosa, pero real, como “espíritu”. Perder esa
dimensión profunda es dejar de ser humano, es embrutecerse. Paul Tillich habla
de esa “dimensión perdida” como de la gran tragedia de nuestro tiempos
materialistas y consumistas.

3. Toda espiritualidad es también algo religioso?


Si entendemos la palabra “religión” como una referencia explícita a Dios,
habremos de reconocer que hay espiritualidades no religiosas, personas con
mucha espiritualidad, con profundos ideales de lucha y de servicio, que son ateas,
o agnósticas. “No dudamos en afirmar que pueden existir y que existirán no sólo
espiritualidades no cristianas, sino incluso no creyentes”, escribe A.M. Besnard 2.
Sin embargo, para nosotros, que creemos en Dios como presencia
felizmente “inevitable” y animadora de nuestras vidas, agua y luz de todo
pensamiento bueno y de toda acción honesta, la espiritualidad sincera, esa radical
profundidad humana, es siempre “religiosa”. El gran maestro Orígenes decía que
“Dios es aquello que alguien pone por encima de todo”. Y el inquieto Obispo de

2
Concilium, 9, 1965, 24
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Hipona, San Agustín, dejó escrito en sus “confesiones” que “Dios me es más
íntimo que mi propia intimidad”3.
Sin embargo, no es la religiosidad lo que hace la verdad o la mentira de una
vida humana, sino la autenticidad de esa misma vida. “En espíritu y verdad quiere
ser adorado el Padre”, recordaba Jesús a la samaritana junto al pozo de Jacob (Jn
4,23).

4. Nuestra espiritualidad es cristiana.


A la luz de la fe cristiana (hay una fe religiosa quichua, fe religiosa islámica,
fe religiosa hindú) nosotros descubrimos la presencia de Dios en el cosmos, en la
vida humana y en la historia como amor gratuito y salvación precisamente porque
Jesús, hijo de Dios e hijo de María de Nazaret, con su palabra, actividad, muerte y
resurrección, nos hace entrar vitalmente en ese descubrimiento. A partir de este
encuentro de fe, nuestra espiritualidad solo puede ser “religiosa” (como vuelta
hacia el Dios vivo, revelado por Jesús) e incluso “cristiana” (como seguimiento del
propio Jesús).
El Dios de Jesús es nuestro Dios. El es la profundidad máxima de nuestra
vida.
La causa de Jesús es nuestra causa.
Nuestro vivir es Cristo (Fil 1,21). El es nuestra pasión y su espíritu es nuestra
espiritualidad.

5. Nuestra espiritualidad
Nuestra espiritualidad es nuestra en dos sentidos:
1º) Porque es una espiritualidad personalizada, por que nosotros vivimos
consciente y libremente en la condición de personas adultas también en la fe, con
la totalidad de nuestro ser humano, en todas las dimensiones de nuestra vida. Yo
soy mi espiritualidad. Nadie la vive por mí;
2º) Porque es una espiritualidad explícitamente latinoamericana; y de una
manera clara, espiritualidad de la liberación.
Antes de todo es necesario subrayar este aspecto, que oportunamente la
modernidad (la post-modernidad también, a su modo) hizo salir a la superficie y
que nos libera del gregarismo, del infantilismo, y, finalmente, de una posible,
justificada, deserción. La espiritualidad o es personalizada o no es espiritualidad.
O abarca todas las dimensiones de mi ser (alma y cuerpo, pensamiento y
voluntad, sexo y fantasía, palabra y acción, interioridad y comunicación,
contemplación y lucha, gratuidad y compromiso) o no será mía, no me realizaré en
ella, acabará mutilándome.
Dio gusto de ofrecer a los compañeros y compañeras de caminada un
esquema de referencias que me ha servido mucho en la vida, después de haber
experimentado, en ciertas épocas, de la formación sobre todo, métodos
reduccionismo o unilateralidades que nos angustiaban y que reprimían la
realización personal y el vuelo del espíritu.

3
Confesiones, libro III, 6,4.
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Así como para corregir un formación espiritual dispersa o mutilada, por ser
contabilista o por ser dicotómica y unilateral, y para ser la síntesis de la propia
existencia (¡ese es el desafío!), debemos pensar la vida así:
Toda nuestra vida es:
una problemática ( a partir de la fe, un misterio);
un desafío (a partir de la de, una misión);
un espacio (a partir de la fe, don, gracia 4); que debemos asumir con
ciertas actitudes (generadas por ciertos actos o praxis y, que, a su
vez generan praxis);
a través de ciertas mediaciones (psicológicas, sociológicas, políticas,
pastorales, evangélicas…);
con vistas a la opción fundamental, que dará sentido, fuerza, alegría y
victoria a nuestra vida.
A lo largo de este texto - y espero que, sobretodo, a lo largo de cada una de
nuestras vidas-, irá apareciendo mejor lo que estoy queriendo decir cuando hablo
de “nuestra” espiritualidad cristiana. El espíritu es quien sabe de eso. El es quien
enseña a quien quiera entrar en su escuela gratuita y amorosa. De mi parte me
siento cada vez con menos coraje para dar lecciones de espiritualidad, porque la
vida no se enseña. Nadie puede sustituir al Maestro, que es el Espíritu de Dios, ni
siquiera el discípulo o discípula, que es el espíritu de cada uno de nosotros.
Puedo indicar donde tropecé, eso sí, y compartir júbilos y descubrimientos;
porque también es verdad que, en Cristo, somos un solo cuerpo y que es uno solo
el espíritu que nos anima (cf 1 Cor 12,12, s).
En nuestro libro “Espiritualidad de la liberación”, explicamos largamente lo
que entendemos por Espíritu/ espíritu / espiritualidad, las diferentes acepciones de
esas palabras, la complementariedad con que se debe vivir la espiritualidad
“natural” y “latinoamericana” como la espiritualidad “cristiana”, por parte de una
persona simultáneamente humana, bautizada y latinoamericana. Con ese fin,
nuestro libro está dividido en tres grandes capítulos: I. El Espíritu y la
Espiritualidad; II. El Espíritu liberador en nuestra patria grande; III. En el espíritu de
Jesucristo liberador.
A los tres capítulos añadimos “las 7 características del pueblo nuevo”,
conscientes de que “de mujeres nuevas y de hombres nuevos nace el pueblo
nuevo”:
1ª. la lucidez crítica;
2ª. la contemplación en la caminada;
3ª. la libertad de los pobres;
4ª. la solidaridad fraterna;
5ª. la cruz y la conflictividad;
6ª. la insurrección evangélica (la revolución de la Buena Noticia);
7ª. la tenaz esperanza pascual.
Y presentamos también las “constantes de la espiritualidad de la liberación”:
la profundidad personal;

4
"Todo es gracia", afirmaba Santa Teresa de Lisieux y repetía, con entusiasmo convertido, Bernanos.
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el reinocentrismo;
una espiritualidad de lo esencial y universal cristiano;
la ubicación: en la realidad, en la historia, en el lugar , en los pobres,
en la política;
la critica;
la praxis;
la integralidad, sin dicotomías y sin reduccionismos.
Con otras palabras, más o menos sinónimas, podríamos también caracterizar
la espiritualidad de la liberación como:
cristológica, de la práctica de Jesús, en su seguimiento;
situada, ubicada, política, histórica; “tropezando con el Dios de los
pobres” (Leonardo Boff), encontrando a Dios en las prácticas
más diarias, más sociales, más comunitarias;
en la cruz de la profecía y del conflicto, asumidos pascualmente;
“entre la gratuidad y la exigencia” (G. Gutiérrez);
siendo contemplativos en la liberación, descodificando el Reino o el
Anti- Reino en la realidad, aquí y ahora;
enraizada en nuestras culturas y en nuestra historia;
heredera comprometidamente de la sangre mártir;
proféticamente alternativa al sistema de la muerte y de la exclusión;
en una co-rresponsabilidad eclesial, adulta, libre y serena;
con espíritu ecuménico y macroecuménico;

6. Hoy, Aquí.
Toda América Latina, que forma parte del tercer mundo, pasa por una hora
de mundialización, de neoliberalismo, de post-modernidad. Esta hora tiene,
ciertamente, mucho de “poder de las tinieblas”, pero puede tener mucho más si
creemos en el espíritu, “caídos del Reino”.
Hay, sin duda, una crisis de estrategia liberadoras “clásicas”, un desconcierto
entre los y las militantes, un sentimiento de “sin salida”, de depresión psicosocial 5.
Para muchos discípulos y discípulas, en este atardecer por el camino del seguro,
la sensación de hora baja es la misma de los discípulos cabizbajos de Emaús:
“Nosotros esperábamos que…” (Lc 24,21). Añádese, para mayor desorientación,
esa avalancha de fundamentalismos, exotismos y esoterismos que convulsionan
el mundo.
La mundialización se está imponiendo como neoliberal, de sistema único, de
mercado total, mercantilizador de la vida humana, idólatra, de una escatología
inmediatista en un estúpido “fin de la historia”, inmolador de las mayorías bajo las
garras del progreso consumista, privatizador de la sociedad, sin alternativa
socializadora posible.

5
J.M.Vigil, Aunque es de noche. Hipótesis psicosocial sobre la hora espiritual de América Latina en los 90 , con
ediciones en Nicaragua (Envío), Colombia (Verbo Divino), España (Comités Romero), y en internet, en la biblioteca
telemática de los Servicios Koinonía (http://servicioskoinonia.org/biblioteca). En portugués: Embora seja noite,
Paulinas, São Paulo 1997.
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La post-modernidad niega la radicalidad espiritual, el compromiso, la utopía;


substituye la ética por la estética, lo utópico por lo fruitivo; ignora a los pobres y
deja de lado la justicia; renuncia a los “grandes relatos”; es narcisista: dicen
incluso que pasamos de Prometeo a Narciso. Todo en la vida debe ser ligth,
según el instante y el instinto. Yo mismo vengo alertando, hacia el tiempo, de cara
a tres grandes tentaciones que nos acechan en esta hora neoliberal de “noche
oscura de los pobres” y de sus aliados y aliadas: la tentación de renunciar a la
memoria y a la historia; la tentación de renunciar a la cruz y a la militancia; la
tentación de renunciar a la esperanza y a la utopía.
Por nuestra parte, creemos que la mundialización legítima, la otra
mundialización, es voluntad del Dios único, destino de la familia humana que es
una sola, en una sola casa en la tierra y en los cielos. La intercomunicación, la
intersolidaridad, la autoridad plural en la unidad humana, el concierto universal de
todos los pueblos, respetados igualmente, complementarios entre si, todas las
personas “iguales y diferentes” al mismo tiempo, en la macro-armonnía criatural
que Dios soñó.
Creemos también en una legítima modernidad / postmodernidad que
potencia la autonomía, subjetividad, libertad, igualdad, sueño lúcido y placentero,
fricción del cosmos y de la vida, diario cantar las aguas próximas, en la
interioridad, en la familia, en la amistad, en la ciudadanía; la integración de la
persona humana en la fiesta de la creación divina.
En la Iglesia de esta hora hemos entrado, hace tiempo, según el teólogo
Rahner, en una especie de invierno involucionista, después de la bella primavera
abierta por el Concilio Vaticano II. Víctor Codina habla de “miedo e inseguridad en
la Iglesia”6. Muchos miedos, muchas perplejidades, muchos cortes, muchas
irritaciones. El mismo Jubileo del año 2000 -más de lo legítimo para la celebración
penitencial y agradecida de nuestra fe y de la historia de nuestra Iglesia- puede
convertirse en una evasión, un festival catolicista o cristianista, cuando llegaría a
ser el tiempo fuerte de renunciar proféticamente el anti-Reino neoliberal y de
anunciar proféticamente el Reino del Dios de la vida de la justicia y de la paz: El
porque y para que Dios se hizo en Jesucristo el Dios -tan- plenamente -con
nosotros- !.
También, hablando de la iglesia podemos cantar, en contrapartida, una
letanía de realizaciones esperanzadoras, en la espiritualidad, en la liturgia, en la
teología, en la vivencia bíblica; en las comunidades eclesiales, en la vida religiosa
e inserta, en las pastorales especificas; en la diversidad de los misterios, en el
profetismo de los laicos y laicas, con una creciente presencia conquistadora de la
mujer hasta en el altar; en ecumenismo de las bases y de ciertos líderes
generosos; en el diálogo inter-religioso o macro-ecuménico; en la presencia y
participación de la Iglesia comprometida por la lucha de los derechos humanos,
por la ciudadanía, por la ecología, por la tierra, por la salud, por la vivienda, por la
educación, por la comunicación.
6
Víctor Codina, Creo en el Espíritu Santo, Sal Terrae, Madrid 1884, pp. 155-156. A este respecto, de este mismo autor,
vease también Para comprender la eclesiología a partir de América latina (Verbo Divino) y Seguir a Jesús hoy,
ambos editados en Brasil por Paulus.
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El obispo mártir de Argentina, Enrique Angelelli, pastor de “tierra adentro”, en


el período de plena dictadura militar en su país, proclamaba una esperanza
inquebrantable con estas evangélicas palabras: “me siento feliz de vivir en la
época en la época en que vivo. Todo eso que estamos viviendo es ciertamente
lleno de vida. La Iglesia se hace más evangélica, más sencilla, mas misionera,
comprometida con su pueblo. Cuando nosotros, los cristianos, limpiamos nuestro
rostro sucio y convertimos nuestro corazón de carne en corazón pascual, es la
Iglesia la que vive; nuestra Iglesia rejuvenece, camina y se hace más servidora,
alabando al Padre de los Cielos. Es ahí donde nuestra Iglesia se hace fuerte con
la fuerza del Espíritu Santo. Se hace más libre y no se amarra a intereses que la
hagan infiel a su misión. Resplandece mejor como el gran sacramento de
Jesucristo entre nosotros”7.
También nosotros, como Angelelli, podemos sentirnos felices - el en plena
dictadura militar, nosotros en pleno neoliberalismo - siempre que, como él, nos
despojemos y nos comprometamos, siempre que cambiemos nuestro corazón de
piedra por un “corazón pascual”.

PREGUNTAS PARA LOS GRUPOS.


1. Cuáles son las motivaciones mayores y cuáles las dificultades más
significativas para nuestras espiritualidad hoy?
2. Las “tres tentaciones” citadas en el texto son también tentaciones nuestras

II. EN EL SEGUIMIENTO DE JESÚS

La espiritualidad cristiana es, por definición, la espiritualidad de Jesús, según


su espíritu. Su opción deberá ser nuestra opción, sus actitudes nuestras actitudes,
su praxis, nuestra praxis. Para nosotros, como para Pablo, vivir es Cristo, y morir
con él y por él es el verdadero lucro (cf. Fil 1,21).
La palabra “cristiana”, para nosotros, refiriéndose a espiritualidad, no es solo
un adjetivo, es un sustantivo vital. Podrá haber en el cristianismo - en las
diferentes iglesias, en las varias congregaciones religiosas, en los movimientos
apostólicos- matices, acentos, adjetivaciones en la espiritualidad (luterana,
franciscana, carismática), pero siempre el carácter de cristiana lo que definirá esa
espiritualidad, única en su sustancial instancia.
“El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef 1,3) es nuestro Dios y
Padre; el espíritu del crucificado y resucitado, “derramado en nuestros corazones”
(Rm 5,5,), es el espíritu que nos anima; la fe de Jesús (Hb 12,2) es nuestra fe.
Juan Luis Segundo, por cierto, recordaba incisivamente que es incluso muy fácil
tener fe en Jesús, y que lo difícil y verdadero es tener la fe de Jesús. Vivir como el
vivió históricamente - el en su contexto, nosotros en el nuestro- esa teologalidad
vital, que son en una única vivencia la fe, la esperanza y el amor. Cuál fue el

7
Texto publicado en la convocatoria del XI Seminario de Formación Teológica, La Rioja, Argentina.
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objetivo de la vida de Jesús, su causas, la razón de su existencia de su muerte y


resurrección? ¿Cuáles fueron sus actitudes básicas, su “idiosincrasia” divino -
humana, su manera peculiar de ser y de obrar?.
La teología de la liberación y la espiritualidad de la liberación propugnan
como postura fundamental para una auténtica vivencia de la fe cristiana la vuelta
al Jesús histórico. Esa vuelta - la más legítima vuelta a los orígenes- no permite
conocer y seguir la práctica de Jesús, aceptar con veracidad al Cristo de la fe (y
no a un Cristo sin Reino, o sin cruz, o sin bienaventuranzas, o sin compartimiento
de alimentos con los excluidos), confesar que el Resucitado es el Crucificado,
descubrir los rostros de Cristo hoy, entre nosotros, como nos pide el propio
Evangelio (Mt 25), Puebla (30) y Santo Domingo (Mensaje, III, 3).
Bruno Forte dice que nuestra fe cristiana, nuestra espiritualidad, consiste en
vivir:
- la memoria peligrosa de Jesús de Nazaret;
- la profecía histórica que fue su vida (que desvela y revela tanto a Dios
como al ser humano);
- su compañía constante ( gloriosa ahora, pero crucificada todavía en los
crucificados y crucificadas de la historia y mediada por el Espíritu que nos ha sido
dado. “El contagio de Libertad que Jesús trae para nosotros se llama Espíritu
Santo”, afirma el teólogo napolitano).
No pensamos propiamente en la “imitación” de Jesús, por lo que ello podría
tener de mimético, de estático, de a-histórico. Hablamos de seguimiento: un
seguimiento en comunión. “En Cristo Jesús”, repite San Pablo, apasionado. Por
eso la teología y la espiritualidad de la liberación insisten en la vuelta al Jesús
histórico, “carne” e “historia” de Dios en nuestra carne y en nuestra historia. Los
recientes estudios bíblicos, las nuevas cristologías, nos facilitan providencialmente
encontrar la ipsissima intentio de Jesús (su causa, su Espíritu, su Evangelio o
Buena Noticia) y no tanto las palabras literales (ipsissima verba) o los hechos
estrictamente históricos (ipsissima facta).
Cada uno de los cuatro evangelios es una versión, por lo demás comunitaria,
de Jesús de Nazaret, el Cristo Señor. Y cada época, cada cultura, y, en cierta
medida, cada persona cristiana podrán tener su versión también - porque él es
siempre actualísismo e inagotable-, pero deberá ser aquel que vino en la carne y
en el Espíritu, “nacido de la mujer” María (Gal 4,4), que “pasó haciendo el bien”
(Hch 10,38), crucificado bajo Poncio Pilato y resucitado por el Padre para “la vida
del mundo” y que es la propia “resurrección y la vida” (Jn 11, 25). Hay mucho
Cristo roto por ahí, mucho Jesús por la mitad, mucho “mi Jesús” reduccionista.
La pregunta decisiva que Jesús hizo a sus discípulos, en aquella dura
circunstancia de la llamada “crisis de Galilea”, cuando se sentía incomprendido por
la multitud y buscado sólo por intereses egoístas, es todavía hoy y será hasta el fin
de la historia la pregunta decisiva que se hace la Iglesia de Cristo y cada persona
cristiana:
- “Y vosotros, quien decís que soy yo?” (Mc 8,27-33) 8.
8
¿Quién decís que soy yo?, en Concilium, Vozes, 1997/1. Para profundizar esos aspectos se puede consultar B. Forte,
A teologia como companhia, memória e profecia, Paulus 1991.
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Para responder vitalmente a esta pregunta que nos define y nos salva, y para
responderle con la vida más que con las palabras o con las profesiones de fe
decoradas rutinariamente, deberemos focalizar siempre quien es el Dios de Jesús,
cual es la opción Jesús y cuales son sus actitudes. Por este motivo, subdivido este
segundo capítulo de nuestro texto en dos partes bien cuestionadoras:
1. El Dios de Jesús y la opción de Jesús;
2. Las actitudes de Jesús.

1. El Dios de Jesús y la opción de Jesús.

Intencionadamente, junto las dos expresiones, porque el Dios de Jesús es el


Dios del Reino, y la opción de Jesús es el Reino de Dios. Y ese debe ser nuestro
Dios, esa debe ser nuestra opción. Como insiste Carlos Bravo, el “seguimiento” de
Jesús en el “pro - seguimiento” de su causa, el Reino.
Cuando, consciente o inconscientemente, en esta actual desorientación pos -
moderna y pos -militante (pos- evangélica quizá!), se propugna tan festivamente el
cambio de paradigmas, la gente debe afirmar, con la pasión de Jesús en el alma y
con el sabor de la sangre de los mártires en la boca, que nuestro paradigma,
inalterable, definitivo, total, es siempre el Reino! (“También vosotros queréis iros”
[Jn. 6,67], dejar de lado mi opción, lightizar el Evangelio “vaciar la cruz” [1 Cor
1,17]?, nos podría preguntar Jesús, arrinconándonos contra la pila bautismal y
contra la piedra del altar).
Siempre el mayor problema, la solución mayor de toda religión, de toda
espiritualidad, es saber de que Dios se trata, que Dios se adora, a que Dios se
sirve, a que Dios se ama, en que Dios se confía, que Dios se espera. El pensador
español Aranguren afirma que “según fuera nuestro Dios así seremos nosotros”.
“Mi Dios, me deja ver a Dios?”, me pregunto yo en un poema. Toda la vida de
Jesús, su predicación, sus gestos, sus conflictos y su muerte (finalmente también
y sobre todo su resurrección) fueron, son, la reivindicación del Dios verdadero, que
no está preso en el templo de Jerusalén ni en el Monte Garizin (Jn 4,21. s) y que
“envió a su Hijo al mundo no para condenar al mundo, sino para salvarlo” (Jn
3,17). Por Jesús, conocemos a ese Dios. A Dios nadie lo vio, fue Jesús quien nos
lo ha dado a conocer” (Jn 1,18).
Hemos empequeñecido a Dios.
Hemos secuestrado a Dios.
Estamos prohibiendo a Dios que sea Dios ( y estamos prohibiendo a Dios
que sea humano)!
Creemos de verdad en el Dios de Jesús, hijos e hijas como somos de ese
Dios Padre/Madre, que es liberación (Ex 3,7s), es Utopía de futuro (Ex 3,14; 6,2s)
y es amor (Jn 4,8; Is 54)?
La espiritualidad de la liberación nos exige “practicar a Dios” (G. Gutiérrez) y,
por eso, nos exige, consecuentemente, ir “corrigiendo” a nuestro Dios (como Dios
mismo fue “corrigiendo” a Dios en la Biblia, según aquella “pedagogía divina” de la
que habla el Vaticano II), “dejar a Dios que sea Dios” (Juan Sobrino); ir
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“cambiando” de Dios, de conversión en conversión, de fe en fe, de amor en amor,


de servicio en servicio, de esperanza en esperanza.
“La pregunta por el Dios Cristiano es la pregunta más radical que la Iglesia
se puede hacer. Se trata de saber si el Dios que adoramos es realmente el Dios
de Jesús o un ídolo enmascarado. Y esta pregunta abarca también el análisis de
la función que la fe cristiana desempeña en la sociedad y en la historia. Porque,
pudiendo parecer un Dios cristiano en el ámbito reducido de la referencia bíblica o
del mundo personal, puede estar de hecho, ejerciendo funciones sociales, de
legitimación de prácticas y estructuras, enteramente contrarias al plan de Dios, al
Reino predicado por Jesús”9.
“No se debe dar por supuesto - escribe Pedro Trigo- que nuestro Dios es el
Dios de la Vida que se manifiesta en Jesús. Es posible participar de la misa
diariamente, estar delante del Santísimo Sacramento en adoración perpetua o
ejercer la función de párroco, superior provincial u obispo y, con todo, manejar la
imagen de Dios que no es el Padre de Jesús. Puede ser muy bien el Dios de una
institución, de una cultura o una proyección de deseos infantiles. Tenemos que
discernir constantemente para que nuestro Dios no sea el Dios de realidades
humanas sacralizadas”10.
El Dios de Jesús es el DIOS DEL REINO. Todos los otros dioses son ídolos.
Y la idolatría fue siempre en la Biblia, y es hoy todavía, y siempre será la más
radical profanación del nombre de Dios. “En ese contexto de lucha de los dioses,
es donde el espíritu nos dio un sentido instintivo espiritual (el don de la fe que
discierne, la sabiduría de los pobres negada a los sabios de este mundo, Mt 11,25
y Lc 10,21), una búsqueda apasionada del “Dios de Jesús”, un deseo constante de
discernimiento de la cualidad cristiana de nuestro Dios y un esfuerzo (de
verdadera militancia profética) para desenmascarar los ídolos” 11.
En esto, fundamentalmente, consiste la espiritualidad cristiana: en profesar,
practicar, anunciar y esperar al Dios de Jesús, que es el Dios del Reino: y ahora la
vida es de los pueblos, Dios de los Pobres y de la Liberación, Dios Padre - Madre,
Dios Trinidad (comunión original, comunidad finalizante).
El reinocentrismo es la llave de nuestra espiritualidad, como lo es del ser
mismo de la Iglesia. “Sólo el Reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es
relativo”, proclama categóricamente Pablo VI, en el “Evangelii Nuntiandi” (n. 8).
Por el Reino y para el Reino ella existe, como para el Reino de Dios se hizo Jesús,
y Jesús para el Reino vivió, murió y resucitó. “Venga tu Reino” (Mt 6,10) y es la
pasión y el programa de Jesús de Nazaret 12. Es también el Reino la razón de la
historia, su solución, la finalidad de nuestra vida, “el destino de la raza humana”
(Alberto Nolan). Histórico y transhistórico, el Reino es la historia misma de la
Salvación, porque la Salvación, la Liberación integral, es la realización del Reino
de Dios.

9
Casaldáliga/Vigil, Espiritualidad de la liberación, cap. 3º, art. El Dios cristiano; Envío, Managua, pág. 116.
10
Pedro Trigo, citado allí mismo.
11
Casaldáliga/Vigil, ibid. 115.
12
Casaldáliga/Vigil, ibif (Reinocentrismo).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 13 SEMAYOR

Un serio examen de consciencia constante, que es práctica canonizada en la


más legítima espiritualidad cristiana, nos obliga a revisar siempre a la luz del
Reino nuestra propia espiritualidad: mi vida, mi oración, mi familia, mi trabajo, mi
acción política, mi pastoral, mi ocio… están orientados al Reino, motivados por el
Reino, sustentados por la causa/objetivo del Reino?
Los otros intereses, siendo incluso autorealizadores, o progresistas, o
eclesiásticos, si no son “el interés” del Reino, son infidelidad, traición, idolatría.
Cuentan que San Luis Gonzaga se preguntaba constantemente: Quid hoc ad
aeternitatem? (“De qué me sirve eso para la eternidad?”). De que sirve esta acción
para el Reino?”, debería ser nuestra pregunta familiar: Mirar todo y sentir todo sub
especie Regni, a la luz del Reino.

****[Aquí viene como inciso recuadrado el capítulo sobre la Trinidad del libro
de Espiritualidad de la liberación; véase al final]

Llegados a este punto, lógicamente puede y debe surgir la gran cuestión:


Pero, qué es el Reino de Dios? Cómo se discierne? “¿Aquí compararemos el
Reino de Dios?”, repetía Jesús, como angustiado por percibir que no acababan de
entenderlo, ni sus propios discípulos, y multiplicaba las parábolas, en versiones
complementarias y pareciendo contradictorias entre sí: el Reino “es” y “no es”, es
misterio escondido y es pozo inagotable de fecundidad, ya está aquí, dentro de
nosotros, pero va viniendo y todavía vendrá…
La práctica de Jesús, sus actitudes, sus gestos, o el modo como el vivió sus
servicios al Reino, nos dan la versión auténtica de lo que es el Reino. (el Padre
autenticó sí la práctica de Jesús, resucitado del fracaso y de la muerte!).

2. Las actitudes de Jesús

Nuestra vida cristiana, nuestra espiritualidad, decíamos, se define por una


acción fundamental, asumidas con ciertas actitudes básicas y a través de ciertas
mediaciones.
Para nosotros la mediación específica es la fe. Tenemos, sin embargo, más
de una mediación, tenemos al mediador, Jesús. Sus actitudes - que él vivió siendo
humano histórico como nosotros- deberán regular nuestras actitudes. “Tened
vosotros los mismos sentimientos que tuvo Jesús” (Fil 2,5). El seguimiento de
Jesús, el discipulado cristiano, es, en la práctica, asumir hoy aquí
personalizadamente las actitudes mayores de Jesús, los trazos fundamentales de
su existencia, su manera peculiar de caminar.
El número 7 es un número bien bíblico, de plenitud, además. Podemos
quedarnos con siete actitudes de Jesús, y el Espíritu y nuestra fidelidad irán
redondeando su rostro en nuestro rostro, su vida en nuestra vida.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 14 SEMAYOR

1ª. Encarnación: “El verbo se hizo carne” (Jn 1,14), se rebajó hasta nuestra
condición de criatura (Fil 2,6-8), y más, se hizo historia, cultura, pueblo. La
encarnación es un acto y es un proceso: El lento acostumbrarse de Dios al ser
humano”, decía bellamente San Ireneo, el obispo mártir del siglo III. El cristólogo
Carlos Braco define toda la vida de Jesús como “una práctica procesual, situada y
conflictiva”13.
La encarnación es la historicidad, la inculturación, la inserción de Dios.
Verdadera ser humano, Jesús crece, discierne, evalúa, duda, ora, decide,
indigna, llora, exulta, tiene fe, pasa crisis, muere…
Sólo siendo Dios podía ser tan profundamente humano, se ha dicho, con
razón.

2ª. Fidelidad en el servicio: “Fidelidad que es fe, la fe del mayor creyente,


autor y modelo de nuestra fe. Una fe que es adhesión al Padre y a la causa del
Padre; y por eso es servicio incondicional al Reino.
“Mi alimento (mi vida, quiere decir) es hacer la voluntad de aquel que me
envió” (Jn 4,24). “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mc
10,45).
En la diaconía del Reino, en un servicio coherente, en total veracidad, de
quien es la propia Verdad (Jn 14,6) y “el Testigo fiel” (Ap 1,5).
El lavatorio de los pies ejemplifica, en la cena de la comunión, en el
testamento de la propia vida, esta postura constante y radical: “Yo soy el Maestro
y el Señor, pero estoy en medio de vosotros como quien sirve… Comprended lo
que he hecho?… Hacedlo también vosotros” (Jn 13, 12-17).
“No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42) fueron las últimas palabras
de Jesús, como sus primeras palabras habrían sido: “Vine para hacer tu voluntad”
(Heb 10, 5-7).

3ª. Comunión / Comunicación: Jesús ha sido definido como “un ser para el
Otro”, un ser para los demás”.
La comunión, la comunicación, la apertura definen propiamente a Jesús.
Comunión con el Padre, comunión con los hermanos y hermanas. En la oración,
en la misericordia, en el perdón, en la denuncia de toda marginación o privilegios.
Sus entrañas delante de situaciones de humillación y de desesperación y ante las
multitudes abandonadas a su suerte “como ovejas sin pastor” (Mc 6,34). Jesús
vivió como si viviese “fuera de sí mismo”.
Una misma cosa con el Padre (“Yo y el Padre somos uno”, -Jn 10,30), una
sola cosa con todos los otros/otras, sobretodo con los excluidos por el sistema
político - económico y por el legalismo religioso: la mujer, el niño, el leproso, la
prostituta, el publicano, el extranjero… Con eso se identifica: “Lo que le hicieron a
unos de mis hermanos más pequeños a mí me lo hicieron” (Mt 25,40).
La oración (comunión con el Padre) y la misericordia (comunión con los
hermanos/hermanas pequeños) podrían definir integralmente a Jesús.

13
Carlos Bravo, Jesús, hombre en conflicto, CRT, México 1996, p. 253.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 15 SEMAYOR

4ª. Libertad de pobres o pobreza de libre: las dos actitudes son, de hecho, “
convertirles”: ¡nadie es libre si no es pobre, nadie es pobre si no es libre!
“Los zorros tienen madrigueras, y los pájaros tienen nidos; pero el Hijo del
Hombre no tiene donde reposar su cabeza” (Lc. 9,58). “Jesús, hombre libre” es el
título de un señalado libro de Christian Ducoq.
Jesús nació pobre, de una familia trabajadora pobre, vivió como pobre entre
los pobres entre los pobres y se situó siempre en la perspectiva de los pobres y en
la sintonía (verdaderamente revolucionaria) con los intereses vitales de los pobres.
Hizo suyos los dolores y las aspiraciones de los pobres.
Fue libre ante la ley civil y religiosa, ante el poder, ante la familia y los
discípulos, ante el pueblo mismo, ante la muerte. “Nadie me quita la vida, yo la
doy” (Jn 10,18). Subvirtió libremente el “orden - social y religioso- establecido”.

5ª. Novedad: Irreductible, utópica, transcendente y escatológica, pero


también diaria; que valora “lo que sale de adentro” de un corazón nuevo, y no lo
que brota de la imposición o de la rutina. “Oísteis lo que fue dicho…, pero yo os
digo” (Mt. 5).
“Nadie habló como este hombre” (Jn 7,46), ponderaban incluso los guardias
del templo. “Las personas quedaban admiradas con su enseñanza, porque Jesús
hablaba con autoridad” (Lc 4,37), y no como los rutinarios maestros legalistas de
Israel.
Jesús propone un orden de valores que subvierte el viejo orden; un nuevo
tipo de relaciones humanas y un nuevo tipo de relaciones humano - divinas.
A partir de ese orden, la humanidad puede verse “otra” y puede verse a Dios
mismo como “otro”. En ese orden y por el se ofrece, como don y como respuesta,
“un nuevo cielo y una nueva tierra” (Ap 21,1), el programa divino de aquel que
hace “nueva todas las cosas” (Ap 21,5).

6ª. Conflictividad: Jesús fue “señal de contradicción” (Lc 2,34) durante toda
su vida. En radicalidad fiel. Y fue tenido, por el poder, por el egoísmo, por el
miedo, como loco, subversivo, excomulgado, maldito.
Su vida hizo un enjuiciamiento de la política, de la economía, del delito, de la
religión. Su muerte rasgó el velo del templo. “Quien no está conmigo, está contra
mí” (Lc 11,23).
Vivió “marcado para morir”. Su vida fue puesta a precio oficialmente, y en su
muerte se conjugaron los intereses sociales, políticos y religiosos: murió
asesinado por el latifundio saduceo, por el templo/banco y por el ejército imperial.
Es para siempre el crucificado por subversión.
Tomó partido inequívocamente: “si, si, no, no”. Incluso optando como opta
según la voluntad de ese Padre, que es la hermandad igualitaria y la vida plena
para todos, y como opta históricamente, dentro de este “mundo” de injusticia y de
exclusión, Jesús tiene que optar parcialmente. La opción por los pobres es
visceralmente evangélica, es la opción vital de Jesús, su opción mortal…
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 16 SEMAYOR

7ª. Fuerza en el Espíritu: “No teman: Yo vencí al mundo” (Jn 16,33). Su


resurrección es la victoria definitiva sobre el pecado, sobre la esclavitud, sobre la
muerte. Se convirtió en causa de nuestra esperanza. Garantía histórico -
escatológica del Reino.
“Yo estaré con ustedes hasta el final” (Mt 28,20). Volviendo para el Padre,
queda con nosotros por el Espíritu, el otro Consolador, el Abogado definitivo. La
fuerza inquebrantable de Jesús, que fue el Espíritu en el su fidelidad al Espíritu, es
nuestra fuerza, la razón, serena, luminosa, exultante de nuestra esperanza. El
Reino de Dios no puede fracasar.

PREGUNTAS PARA LOS GRUPOS.

1. Qué actitudes de Jesús debemos privilegiar hoy en nuestra vida?


2. Qué compromisos debemos asumir para una práctica sincera de oración?

*** [Aquí viene como inciso recuadrado el texto sobre Fe/oración; véase al
final]

III. EN MEDIO DE NUESTRO PUEBLO

Nuestra espiritualidad quiere ser cristiana: seguimiento de Jesús de Nazaret,


el Hijo del Dios vivo que se hace carne e historia, que asume la realidad
conflictiva, que se convierte ciudadano de su pueblo, miembro de la humanidad.
Nuestra espiritualidad debe partir siempre de la realidad y a la realidad debe
volver, porque partimos del misterio de la encarnación y vamos siempre para el
misterio de la Pascua.
El análisis de la realidad y la praxis son dos constantes de la Teología y de la
Espiritualidad de la liberación. Escrutar siempre los signos de los tiempos y los
signos del lugar. Hoy, sin embargo, en este clima relajado de “post-modernidad”,
“post-revolución”, “post-militacia”, fácilmente se desacreditan esas constantes
como hijas de una época pasada. Ya habíamos indicado y hablado lo suficiente
sobre la concientización (y, además de eso, el profeta Paulo Freire murió!); y, más
de que la realidad, hoy lo que se busca es la realización.
En la dramática verdad de las cosas es hoy, más que nunca, en esta “noche
oscura de los pobres” bajo el imperio neoliberal, como el análisis de la realidad, la
praxis de la fe y la diaria verificación de la utopía se imponen como imperativos
evangélicos. De ellas depende la credibilidad de nuestra vida, de nuestra Iglesia,
de nuestro Dios.
Creer en el Dios vivo es practicar a Dios con la vida y en la vida. Seguir a
Jesús de Nazaret es proseguir su causa. Vivir la espiritualidad evangélica es
cumplir el evangelio. Y esa fe, esa vivencia, ese cumplimiento existencial son
simplemente amar como “él nos amó primero” (Jn. 4,10), amar como él “nos amó
hasta el extremo” (Jn. 13,1), realizar la ley de los profetas realizando los
mandamientos todos, que son dos, que son uno: “Este es mi mandamiento…, el
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 17 SEMAYOR

mandamiento nuevo” (Jn. 13,34s), nos dejó dicho en el testamento Jesús, el


Señor.
Este mandamiento de amor nuevo, radical, total, abarca las esferas todas de
la persona y todas sus relaciones: es interpersonal, familiar, cultural, social,
económico y político. Se practica en la historia, en medio del pueblo, de nuestro
pueblo, hoy, aquí, asumiendo pascualmente –en la cruz y en la esperanza- todas
las consecuencias del evangelio de la parábola del buen samaritano, de las
bienaventuranzas y de las correspondientes malaventuranzas, de la consolidad
subversiva de Jesús y del desconcertante juicio final.
En medio del pueblo, comunitaria, solidaria y políticamente.
Glosando la palabra emblemática PUEBLO, entenderemos mejor este
mandamiento y sus implicaciones para la santidad y para la liberación.

1. ¿Quién es el pueblo?

Se trata prácticamente de la materia –prima del Reino, digámoslo en


seguida. Es la opción por los pobres, que es opción por la justicia. Es toda nuestra
vida. Es la historia humana, la historia de la salvación.
Fray Gorgullo considera “pueblo” como una “categoría teologal”. El teólogo
asiático Aloysius Pieris recuerda que “Dios siempre es Dios de un pueblo”. El
misterio histórico – salvífico de Israel es el procedimiento de esa pedagogía divina:
“Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Jer. 30,22), repite Yahvé a su pueblo
Israel. “Esta es la tienda de Dios con los humanos”, promete el Apocalipsis para el
pueblo del Dios definitivo; “El va a morar con ellos. Ellos serán su pueblo, y el, el
Dios – con – ellos, será su Dios” (Ap. 21,3). Un pueblo, el pueblo de Dios, es
cuerpo social e histórico del Espíritu de Dios.
“Pueblo”, entre nosotros, es la más utilizada y manipulada de las palabras, va
del heroísmo de los mártires que por el pueblo van dando la vida hasta la
perversidad de los políticos que, en nombre del pueblo, matan al pueblo.
Philip Potter, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, en su
momento, nos decía en un congreso de teólogos del Tercer Mundo realizado en
San Pablo, que nuestra América Latina había aprendido dos palabras
contundentes: ”Povo/Pueblo, Luta/Lucha”.
Pero, qué es, quién es el pueblo?

a) Etnológicamente/geográficamente: tal pueblo indígena, Perú, Brasil,


China.

b) Sociológicamente o socioeconómicamente, mejor: la clase trabajadora del


campo y de la ciudad. Aquellos /aquellas que mal viven de un salario “popular”.
Los productores básicos. Ese 70% de nuestra América que sobreviven de la
economía informal, solucionando problemas en la labor diaria.
Cervantes decía que una abuela suya habría dicho: “Hay en el mundo dos
clase de gentes: las que tienen y las que no tienen”.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 18 SEMAYOR

c) Bíblicamente: los pobres de Yahvé, los apiru –hebreos, el “resto de Israel”,


el pueblo fiel a la alianza, el pueblo de las bienaventuranzas de Jesús, las
primeras comunidades fraternas, el pueblo mártir del Apocalipsis y aquellos/
aquellas que hoy fueron como ellos.

d) Pastoralmente: aquel o aquella que no se excluye de la comunidad, ni


explotando, ni persiguiendo, ni mintiendo (en política, sobretodo, y en el comercio),
ni queriendo ser más que los demás, ni negándose a participar.
Nosotros somos pueblo? Si, no, si…Quien ya pasó por la universidad, o por
un seminario, o está en la vida religiosa es todavía pueblo?

e) Quien no fuera pueblo estrictamente hablando, en el sentido


socioeconómico de la palabra, puede y debe ser aliado/aliada del pueblo. En la
solidaridad, en la co-particiapación, en el amor. El Sínodo de 1985 afirmaba que
“existe para la humanidad un camino… que lleva a una civilización de
participación, de solidaridad y de amor, la única civilización digna del hombre” (y
de la mujer!).
Quien no fuera pueblo, estrictamente hablando, puede ser un “intelectual
orgánico” del Reino, un aliado/aliada legítimo del pueblo, por la solidaridad política
humanizadora y evangelizadora.

f) Podríamos también dar aquí una larga letanía de conceptos


complementarios y/o contradictorios en torno a la noción del pueblo y de nuestras
actitudes para con el:
-las clases y su lucha;
-los marginados y los marginales;
-los oprimidos y los excluidos;
-masa, pueblo, comunidad, líderes;
-el paternalismo, la asistencia social, la caridad, la liberación;
-el populismo o basismo, el respeto y las rupturas, el pauperismo y el progreso,
el progreso y la justicia.
“Nadie libera a nadie”, nos advertía el maestro Paulo Freire; pero también
nadie se libera solo.

2. Cómo caminar con el pueblo?

Optar por el pueblo y por los pobres, por la justicia, por la liberación y por el
Reino. Pero, para que caminemos honestamente, evangélicamente, con el pueblo,
debemos ajustar con discernimiento y generosidad nuestras actitudes. Vallan unos
consejos que nos pueden ayudar:
a) Descubrir el pueblo: aproximarse a él, escucharlo, respetarlo en su ser, en
su cultura, en su ritmo, en sus límites, en sus urgencias (la sobrevivencia, a veces,
se impone!).Valorarlo, creyendo en el, “dándole” espacio (ayudándolo a que lo
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 19 SEMAYOR

tome) para que se vuelva protagonista en la sociedad, en la iglesia, sujeto incluso


de su historia.

b) Estar con el pueblo: cerca, hasta físicamente, y en la medida de lo posible,


porque el lugar hace el lugar social y pastoral. Encontrándose con el pueblo,
comulgando con el, en su cultura, en su pobreza, en su religiosidad, en su
hospitalidad, en sus sufrimientos, en su alegría.
Lógicamente, perdiendo status, saliendo de ciertos privilegios, de ciertas
estructuras, yendo a la periferia, al margen, a la frontera; para el desierto donde
nadie va; para la frontera de las nuevas situaciones y desafíos; para la periferia,
largo del poder y de la seguridad.
Viviendo “como” (!) el pueblo.

c) Tomar partido por el pueblo: Por sus dolores, sus reivindicaciones, sus
causas, sus luchas y sus organizaciones.
Rompiendo con los enemigos del pueblo.
Tomando partido también políticamente (siendo o no siendo de un partido,
dependerá), porque la verdadera santidad es también “santidad política“. La
política, reconocía Pablo VI, es una de las más altas expresiones de la caridad
cristiana (cf. Octogésima Adveniens No. 80). Política ha sido, en nuestra América,
la santidad de tantos hermanos y hermanas, mártires del Reino, como Monseñor
Romero, Margarita Alves, Santo Díaz Silva.

d) Contribuir específicamente con nuestro “capital” propio: de evangelio, de


teología, de ciencia social, de pedagogía, de experiencia militante, de
información… Contribuir accionando las varias mediaciones socio –político –
económico - culturales, que podrían estar al menos al alcance del pueblo.
Ser fermento, luz y sal.
Mas que “la consciencia critica de la humanidad”, como afirmaba Congar con
respecto a la iglesia, debemos ser la consciencia evangélicamente critica de la
humanidad.
Presencia del evangelio, alianza sincera, solidaridad fraterna, suplencia
oportuna y provisional, servicio gratuito, diaconía del Reino.

e) Ejercitando, entonces, en medio del pueblo, estas actitudes fundamentales:


-actitud evangélica ( de fe, de disponibilidad, de misericordia, de conversión
constante, de kénosis o despojamiento, de “esperanza esperanzada” (I.
Ellacuría);
-actitud pastoral ( de servicio, de animación, de evangelización, de
eclesialización, sin proselitismos o fanatismos, sin embargo);
-actitud política y politizadora ( ante las estructuras, en la coyuntura concreta y
diaria);
-actitud pedagógica, metodológica, de acompañamiento (Monseñor Romero
practicaba muy bien y aconsejaba siempre “la pastoral del acompañamiento”).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 20 SEMAYOR

Sintetizando: debemos ser, en medio del pueblo, testimonio coherente,


profecía militante, celebración pascual.

3. El pueblo de Dios en Jesucristo, que es la Iglesia.

“El capítulo referente a la Iglesia es, en la Espiritualidad de la Liberación, un


capítulo decisivo, es frecuentemente conflictivo, porque no tiene que ver
solamente con las personas, sino también con la propia institución. La visión, la
concepción, la perspectiva, la índole, el amor, el espíritu con que la Espiritualidad
de la Liberación enfoca el misterio y la realidad de la Iglesia permiten que
hablemos de un “nuevo sentido de eclesialidad o de una nueva espiritualidad en la
vivencia del misterio de la Iglesia en la América Latina. Entre nosotros se habla y
se escribe –muy legítimamente- de la “conversión de la Iglesia”, de un “nuevo
modo de ser Iglesia” y, hasta, del “nuevo modo –comunitario de arriba abajo- para
que sea toda la Iglesia”14.
Este nuevo sentido eclesial, la nueva eclesialidad, en la Iglesia Católica más
concretamente, arranca ya del Concilio Vaticano II. “Iglesia de Cristo, que dices de
ti misma?”, quería preguntar el concilio, según el Papa Pablo VI. Y fue un
verdadero giro copernicano con relación a la eclesiología anterior, la medida en la
que se pone como punto de partida el pueblo de Dios, el fundamental ser cristiano,
la igualdad fraterna en la fe y en el amor, y el ministerio común y mayor que es el
servicio al Reino. Esa nueva eclesialidad entre nosotros se afirmó particularmente
a partir de Medellín y con Puebla y Santo Domingo.
Vamos clarificando nuestra visión de la Iglesia y serenamos, en la libertad del
Espíritu, nuestra pertenencia a ella, los conflictos eclesiásticos, el ser y la misión
eclesial.
La Iglesia es, simultáneamente, nuestra madre y nuestra hija; nos hace y la
hacemos.
La Iglesia es, a un tiempo, misterio de fe, pecadora institución histórica,
misión irrenunciable de la Buena Noticia.
Con esa libertad evangélica, en una postura adulta de fe, en
corresponsabilidad asumida, esta nueva eclesialidad, que es parte esencial de
nuestra espiritualidad, nos compromete y nos convierte:
-por todo un proceso de inculturación, de inserción, de “proximidad”;
-centrando la Iglesia en el Reino (el reinocentrismo);
-potencializando el ecumenismo y el macroecumenismo;
-con una nueva vivencia de la “comunión de los santos” ( y santas !), la Madre
de Jesús en primer lugar; caminantes todavía en la tierra o ya gloriosos en
el cielo; vinculándonos con nuestros hermanos y hermanas sufridores,
excluidos, luchadores; celebrando la memoria de nuestros mártires y
evocando los antepasados, en la línea indígena y afro de los ancestros.

14
Casaldáliga/VIgil, ibid., cap. 3º, Nueva Eclesialidad; Envío, Managua, p. 234.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 21 SEMAYOR

Por causa de esta hora de crisis y ante el desafío de los grupos carismáticos,
Víctor Codina y otros autores nuestros también vienen hablando últimamente de
un nuevo tipo emergente de CEBs: una nueva eclesiogénesis. Esta novedad
según Codina, consistiría en cierta transferencia o traslación:
-de lo político a lo social y civil;
-del éxodo al exilio (de la mudanza de las estructuras a la resistencia paciente,
para la sobrevivencia posible…). Es bueno recoger, sin embargo, el grito
profético de un muro de nuestra América: “No queremos sobrevivir, sino
vivir!”.
-de lo profético –apocalíptico para lo sapiencial;
-de cierto complejo de élite eclesial para la religiosidad popular (“CEBs y masa”
fue el tema de nuestro último [IX] Intereclesial, en San Luis de Maranhao);
-el análisis sociopolítico sencillo a la inclusión de la mediación cultural;
-de una iglesia patriarcal a una comunidad familiar con rostro femenino.

De acuerdo. Siempre que no se vacíe la cruz de Cristo, ni se renuncie a la


utopía del Reino, ni queramos “conformar con este mundo” el evangelio, ni
hagamos juego al “fin de la historia” neoliberal. que nos valgan la osadía de
nuestros revolucionarios, la sangre de nuestros mártires y el Espíritu del
crucificado resucitado!.
Lo más cierto será seguir fielmente el sabio consejo de Jesús, que también
vale para hoy: “Eso debe ser hecho, sin olvidar aquello” (Lc. 11,42). La
complementariedad, la integración armoniosa, la madurez cristiana. “Cantar las
rosas y la justicia”, como el poeta peruano.
Cuando hablamos de Iglesia, estamos hablando de Iglesia real, la que existe,
las Iglesias, la única plural Iglesia de Jesús; y estamos hablando de Iglesia local
(diócesis, parroquia, comunidad) en la cual estamos insertos/insertas, porque
somos de este lugar y/o de esta tradición eclesial. La iglesia existe en la Iglesia
local. Hablamos también de estos pastores o pastoras, de este Papa, de estos
obispos, de estos compañeros y compañeras de fe, del ministerio, de pastoral.
Es “dentro” de esta Iglesia donde debemos vivir nuestra eclesialidad, por
más nueva que sea. Es estando dentro y siendo esta Iglesia como podemos
transformarla, transformándonos. La Iglesia “semper renovanda” (siempre por
renovar…), repite la Iglesia misma hace muchos siglos. (En la Iglesia, como en la
sociedad, y permaneciendo dentro es como se hacen las revoluciones).
Caben algunas pistas, de espiritualidad y de pastoral, que pueden ayudarnos
a tener coherencia evangélica en la Iglesia en que estamos y a ser, con
dinamismo evangélico, la iglesia que somos:
a) Conjugar la fidelidad y la comunión con la libertad y la profecía;
b) Vivir y defender el pluralismo de los carismas y de los medios;
c) Superar tanto el complejo de salvadores de la patria o de la Iglesia como de
víctimas perseguidas en la propia casa;
d) Salvaguardar siempre el testimonio, la coherencia, la veracidad. La verdad nos
hace felices, y la libertad nos hace veraces;
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 22 SEMAYOR

e) En la inevitable conflictividad con que vivió Jesús mismo, las primeras


comunidades y la historia toda de la Iglesia. Siendo “signos de unidad” y
“señales de contradicción”;
f) En la oración, en la opción por los pobres, en la formación permanente, en el
intercambio, en el buen humor, en la esperanza. Curtiendo siempre aquel
“corazón pascual”, que pedía Don Enrique Angelelli.
Ronaldo Muñoz, comentando Santo Domingo con visión libertadora, propone
a las comunidades eclesiales que vivan como:
-Iglesia samaritana (misericordiosa y servidora de los empobrecidos y
excluidos);
-Iglesia hogar (en comunidad fraterna/sororal, participativa, siempre vinculada
a la vida diaria);
-Iglesia santuario (orante, con liturgia inculturada);
-Iglesia profética (en el anuncio y en la denuncia, en la vigilancia y en el
testimonio);
-Iglesia misionera (en encuentro de los apartados, inculturando también en
evangelio en el mundo urbano, en la cultura de masas, en la juventud…) 15.

***

Nuestra espiritualidad es el seguimiento de Jesús en medio de nuestro


pueblo.
En el espíritu de Jesús.
Prosiguiendo su causa, que es el Reino.
En esta oscura hora neoliberal y en este lugar que es nuestra América,
“Continente de la muerte y de la esperanza”.
El Jesuita Carlos Bravo, en su libro sobre el Evangelio de Marcos “Jesús,
hombre en conflicto”, comenta “el mensaje del cielo” –la palabra del joven vestido
de blanco y sentado a la derecha del sepulcro vacío (Mc. 16,6-7)– como la síntesis
dialéctica, realmente pascual de la existencia de Jesús:
“La muerte en la cruz se explica por la práctica del Nazareno;
la ausencia de Jesús en el sepulcro se explica por la práctica de Dios a su
favor;
la manera de superar esa ausencia es el seguimiento: dado que el espera
caminando en Galilea, encontrarlo dependerá de la mobilización de la esperanza
que diéramos como respuesta:
y el lugar de encuentro con Jesús no es el pasado concluido, sino el futuro
inédito; no la contemplación del muerto, sino el seguimiento de aquel que ha sido
confirmado en la vida”16.
En el seguimiento de Jesús, entonces, y en el proseguimiento de su causa
por los caminos y veredas de nuestra Galilea, hermanas y hermanos!.

PREGUNTAS PARA LOS GRUPOS


15
Ronaldo Muñoz, Pueblo, comunidad, evangelio, Rehue, santiago 1994, pág. 13
16
Carlos Bravo, ibid., pág. 242.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 23 SEMAYOR

1) Cuál es la mayor omisión o distancia para con el pueblo en nuestra vida


2) En qué consiste realmente la “santidad política”?

Recuadro de las páginas 35-38

De estas siete actitudes enumeradas, debemos destacar dos, por ser


fundamentales para la espiritualidad y para la vida de la Iglesia, y, por motivos
diferentes, por entrar fácilmente en crisis: Fe y Oración.

Fe
La fe y nuestra mediación específica, nuestra “identidad cristiana” (cf. G.
Gutiérrez). Simultáneamente, testimonio y celebración, en la comunidad de
convocados/convocadas como Iglesia, por el Espíritu de Jesús, al servicio del
Reino, en el mundo, para la gloria del Padre.
Partimos, sin embargo, normalmente de una fe “heredada”, y debemos
crecer hacia una fe asimilada personalmente con la cabeza, con el corazón, con la
acción, con la vida. Una fe teologal, que sea al mismo tiempo esperanza y amor,
esa fe que acciona esperanzadamente, sin desfallecer, la caridad verdadera. Las
tres virtudes teologales son, en última instancia, una sola actitud vital, la teología
de nuestra vida.
Roger Schutz, monje de la comunidad ecuménica de Taizé, en Francia,
propone esta descripción envolvente, orante, de la fe cristiana:

La Fe: UNA VIDA


Una confianza compartida y proclamada.
La certeza de ser amado,
y de poder por fin amar.
Y, mientras tanto, en ciertas horas,
en ciertos días,
la duda.

Una especie de noche en la que se busca


una promesa, una herencia,
una elección, una adhesión
una búsqueda, en comunión,
un testimonio día tras día,
después de tantos otros
y antes de muchos otros.

Un Padre que da a su hijo por amor.


Un Hijo que da su vida por amor
Una simiente pequeñita que se hace árbol.
Una lucha, un combate por la paz,
por la justicia.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 24 SEMAYOR

Una liberación.
Una iluminación.
Una contemplación serena de un rostro amado.
Una conversación familiar con un amigo.
En el fondo del corazón, una alegría secreta.
En lo más íntimo, una esperanza loca.

La Fe: UNA VIDA,


un amor,
una fuente que mana sin cesar,
por toda la eternidad. (Róger Schutz)

Oración
a) Actitud fundamental de la vida de Jesús, debe ser la actitud fundamental
de nuestra vida. Si la fe es relación personal con Dios, deberá ser lógicamente
comunicación con el: oración. Nuestro Dios es Dios – con nosotros, nosotros
debemos ser con – el. Una fe que no ora es una fe muerta, un amor cortado.
“Oración, según Santa Teresa de Jesús, es tratar de amistad con aquel que
sabemos que nos ama”.
b) Podríamos, tal vez afirmar que todas nuestras crisis espirituales y
pastorales, en último término, son una crisis de oración.
La espiritualidad es más que oración solamente. De nuestra oración, sin
embargo, dependerá fundamentalmente nuestra espiritualidad:
A que Dios oramos?
Al servicio de que causa oramos?
Cómo acostumbramos a rezar?
Cuánta oración hacemos?

c) Para orar se impone cierta disciplina o ascesis, porque oramos como


humanos que somos, condicionados por el tiempo y por el espacio, con psicología
propia y en medio de una historia.
d) La oración, por la fe es un encuentro confiado con Dios: de
escucha/búsqueda, de apertura/diálogo, de amistad/ternura…, en la tensa
esperanza del Encuentro!.
Todo diálogo con Dios, sin embargo, puede ser un monólogo, un
desencuentro y hasta una confrontación. La oración desinstala, incomoda, exige.
Dios es el Sinaí de la vida y de la historia, tanto el fuego que abrasa como la brisa
que refrigera.
e) La oración del cristiano/cristiana debe ser la oración de Jesús. El “Padre
Nuestro” es nuestro paradigma de oración: “Ustedes deben rezar así…” (Mt 6,9).
Caben los maestros, las escuelas, los libros, los métodos, las fórmulas…pero
Jesús es el maestro insustituible de la oración cristiana.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 25 SEMAYOR

f) Orar es “oír” la Palabra (“oyentes de la palabra”, decía el gran Rahner),


celebrar la liturgia (la Eucaristía sobretodo), alabar y agradecer, pedir perdón,
suplicar, hacer lectura espiritual, crear el clima de aquel silencio de libertad
interior, de infancia espiritual, de pobreza evangélica, de “soledad sonora”. Ramón
Panikkar, teólogo catalán - hindú, especialista eminente en diálogo interreligioso,
escribe que hay tres lugares privilegiados para el encuentro con Dios: “el mal, el
silencio y el tu” (Ramón Panikkar, La experiencia de Dios, PPC, Madrid 1994, cap.
4.). El afirma también que todo discurso acerca de Dios parte de “un silencio
previo anterior y revierte necesariamente en un nuevo silencio”. Y la nación
indígena de América del Norte Taos Pueblo describe así ese profundo silencio
contemplativo:
“Es nuestra hora de silencio;
Ya no hablamos porque las voces están dentro de nosotros.
Es nuestra hora de silencio;
Ya no andamos porque la Tierra está dentro de nosotros.
Es nuestra hora de silencio;
Ya no danzamos porque la música nos llevó adonde el Espíritu habita.
Es nuestra hora de silencio;
Y, con toda naturaleza, descansamos”.

g) Nunca podemos prescindir de la oración personal, del tú a tu con Dios, de


la conversación de la criatura consciente del Creador personal, del hijo/hija a la
Madre/Padre. La oración personal diaria debe ser el otro pan nuestro de cada día.
Aquí no cabe la claudicación ni el subterfugio.
h) Orar es también orar “con”, en comunidad, en familia, en equipo pastoral,
como el pueblo, presentando a Dios colectivamente el clamor de su familia
humana, intercediendo con confianza por los hermanos/hermanas, celebrando la
naturaleza, la vida, la historia, gritando para el Dios vivo y maternal el dolor, la
justicia, la liberación.
i) La oración es un don, gracia del Espíritu, pero es también una conquista y
es un proceso. “Mi oración es la historia de mi oración” (Jon Sobrino).
Es que se recibe y se pide. Es una práctica que se ejercita. Orando, orando,
se aprende a orar.
Se exige un programa de oración en la vida de las personas: cuándo, dónde,
cómo. Hasta el amor exige un programa!
j) La oración, como la celebración de la fe, la liturgia, deben inculturarse, para
que sea nuestro idioma cultural e histórico lo que hable con Dios y lo alabe. Y
deben también superar los condicionamientos de una oración de “élite
eclesiástica” o de “separados/separadas”, tal vez monástica o demasiada clerical,
o muy intelectualizada o estructuralista, que impedirían que esa oración, esa
liturgia, fuesen asimiladas vitalmente por los laicos/laicas “normales”. También
debemos superar serenamente la nueva tentación de una oración “carismática”
alienada o de compensación psicológica.
k) La acción no es oración, la lucha no es oración, la oración es oración!
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 26 SEMAYOR

La lucha por el Reino, la acción evangélicamente honesta, será vivencia de


fe y de caridad pastoral - política, pero no es oración –como la enfermedad nos
identifica necesariamente con la pobreza, porque hay ricos enfermos; ni la
pobreza y el pecado, porque hay pecadores ricos…
l) Se trata, entonces de vivir la oración, de testimoniarla, de enseñarla.
Ejercer siempre en nuestra familia y en nuestra comunidad –en medio del triste y
querido mundo humano, mas o menos distanciado de Dios– la pastoral de la
oración. Todo agente de pastoral debe ser un agente de oración.

Recuadro de las páginas 27-29

Creer en el Dios bíblico, desde Jesús, es necesariamente creer en la


santísima Trinidad. El Dios de Jesús, el Dios cristiano, es el Padre y el Hijo y el
Espíritu, la Santísima Trinidad17.
En Jesús está personalmente el Hijo del Padre eterno. El es históricamente
ese Hijo unigénito de Dios. Y en el misterio de Jesús vive y actúa históricamente el
Espíritu eterno del Padre y del Hijo.
La unidad comunitaria de las tres personas divinas confluye, se expresa,
ama y salva en la tensa unidad histórica de esas dos naturalezas que constituyen
el único Jesús, Cristo Señor. El Dios que Jesús es, vive y nos revela, ni es solitario
ni es distante; es tanto trascendente como inmanente. Es tan de fe cristiana «la
historia de la Trinidad como la Trinidad en la historia» 18. Es el Dios-trinamente-
consigo-mismo, que se hace el Dios-con-nosotros. Es el Uno-comunidad y es la
Eternidad-Historia.
La Santísima Trinidad es la mejor comunidad, proclaman nuestras
comunidades eclesiales de base. Es fuente, exigencia y término de toda verdadera
comunidad. La Iglesia de Jesús, o es trinitaria o no es cristiana. La espiritualidad
cristiana necesariamente es trinitaria. La espiritualidad cristiana en la Iglesia y en
el Mundo tiene la vocación de hacer presente el misterio de la Trinidad dentro de
los vaivenes y esperanzas de la historia humana.
La Trinidad es, en sí, el principio y el fin del Reino. El Reino, en la tierra y en
el cielo, es la efusiva donación, procesual, histórica y transhistórica, de la Trinidad
en la plenificación de vida de sus hijos e hijas y de la integridad y belleza de su
Creación.
La gloria de la Trinidad es la realización del Reino.

La trinitariedad es nota esencial de toda verdadera evangelización, de la


auténtica Iglesia de Jesús y de la espiritualidad que quiera ser cristiana.
La comunitariedad y la historicidad de esa Trinidad que el Evangelio nos ha
revelado, deben ser anunciadas por la evangelización, celebradas e

17
Véase el volumen dedicado a la Trinidad en esta misma colección: L. BOFF, A Trindade e a Sociedade, Vozes,
Petrópolis 31987.
18
Cfr Bruno FORTE, La Trinidad como historia, Sígueme, Salamanca 1988.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 27 SEMAYOR

«institucionalizadas» en la Iglesia, y vivenciadas -en fe, esperanza y caridad- por


todas las personas cristianas y por la entera comunidad eclesial.

Las atribuciones personales del Padre, del Hijo y del Espíritu han de ser
también explícitamente vivenciadas, como tales, en una verdadera espiritualidad
cristiana y con características propias en la espiritualidad de la liberación.

Como el Padre,
que es fuente-madre de la Vida, creatividad inagotable, y acogida total,
origen y regreso de todo cuanto existe…,
los cristianos y cristianas, en América Latina, debemos desarrollar dentro de
nosotros y en todos los ambientes de nuestra actuación:
-la pasión por la Vida y su promoción,
-la ecología integral,
-la actitud de comprensión, de acogida, de paternidad-maternidad tanto
biológica como espiritual, tanto política como artística,
-la memoria de nuestros orígenes y el sentido de la vida y de la historia.

Como el Hijo,
que es ser humano y ser divino,
el Hijo de Dios y un hijo de mujer,
la Palabra y el Servicio,
el Elegido y el sin-rostro,
el pobre del pesebre y el proclamador de las bienaventuranzas,
el anonadado y el Nombre-sobre-todo-nombre,
la compasión y la ira de Dios,
Muerte y Resurrección…,
nosotros debemos integrar armónicamente, superando toda dicotomía:
-la filiación divina y la universal fraternidad humana 19,
-la contemplación y la militancia, la gratuidad y la praxis, el anuncio y la
construcción del Reino,
-la dignidad de los hijos/hijas de Dios y el «oprobio de Cristo»
-la infancia espiritual y la «perfecta alegría»
-la locura de la cruz y la seguridad de saber de Quien nos fiamos,
-la misericordia y la profecía, la paz y la revolución,
-el fracaso y la victoria de la Pascua.

Como el Espíritu,
que es el Amor interpersonal del Padre y el Hijo y «el Amor que está en todo
amor»;

19
Como el hermano Charles de Foucauld, los hermanitos y hermanitas de Jesús y millares de sacerdotes, religiosas y
religiosos, y laicos y laicas, en América Latina, han acoplado maravillosamente con la espiritualidad de la liberación
esa aspiración tan humanitaria y tan evangélica de ser «hermanos y hermanas universales».
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 28 SEMAYOR

-la interioridad insondable del mismo Dios y de todos los que Lo contemplan, y al
mismo tiempo la dinamización de todo lo que es creado, vive, crece, se
transforma;
-el «Padre de los pobres», el Consolador de los afligidos, el go'el de los
marginados, el incitador de la libertad y de toda liberación y el abogado de
la Justicia del Reino;
-el Óleo de la Misión, el Júbilo de Pascua y el Viento de Pentecostés;
-el testimonio en la boca y en la sangre de los mártires; el que levanta, reviste y
congrega los huesos secos y las utopías sofocadas…,
nosotros,
-en contemplación militante y en liberación evangélica,
-en conversión permanente y en profecía diaria,
-en ternura, en creatividad y en parresía,
-llevados por ese Espíritu que ya es para siempre el Espíritu del Resucitado,
asumiremos:
-todas las Causas de la Verdad, de la Justicia y de la Paz;
-los derechos humanos personales y el derecho de los pueblos a la alteridad, a la
autonomía y a la igualdad;
-los procesos de la Sociedad alternativa y las fecundas tensiones de una Iglesia
que siempre ha de ser impelida a convertirse 20,
-la herencia de nuestros mártires,
-el diario amanecer de la Utopía, por encima de todos sus ocasos, y el Final de la
Historia, contra el inicuo «fin de la historia».

En América Latina la espiritualidad de la liberación hace suyo «el lema de los


reformadores socialistas ortodoxos de Rusia a finales del siglo XIX: “la Santísima
Trinidad es nuestro programa social”» 21, sin dejar de ser el programa total de
nuestra fe. Porque la Trinidad no es sólo el misterio; es «el programa»; la Trinidad
es el hogar y es el destino: de ella venimos, en ella vivimos, hacia ella vamos.
Algún pintor latinoamericano podría transponer muy bien, en figuras y
símbolos nuestros, el icono de la Trinidad de Andrej Rubev: los Tres son iguales
en la comunión del Amor; los Tres están de camino, con el báculo en la mano,
porque han entrado en la historia humana; los Tres están sentados a la mesa
compartiendo el alimento de la Vida; los Tres dejan el espacio abierto para acoger
en la misma comensalidad a todos los caminantes dispuestos a compartir.
[Casaldáliga/Vigil, Espiritualidad de la liberación, cap. 3º, apartado "La
Trinidad"].

20
La Iglesia «semper reformanda»: UR 6; GS 43; LG 7, 9, 35.
21
L. BOFF, Trinidad, en Mysterium Liberationis, I, pág. 516.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 29 SEMAYOR

MÓDULO II

Ser Cristiano en América Latina


Víctor Codina sj

Contenido:
INTRODUCCION
PRIMERA PARTE
¿QUE SIGNIFICA SER CRISTIANO HOY EN AMERICA LATINA?
1. AMERICA LATINA CONTINENTE POBRE Y CRISTIANO
2. SER CRISTIANO NO ES SIMPLEMENTE. . .
3. SER CRISTIANO ES SEGUIR A JESUS
4. ALGUNAS CARACTERISTICAS DEL SEGUIMIENTO DE JESUS EN
AL HOY
SEGUNDA PARTE
CLAVES DE LECTURA DEL CRISTIANISMO
1. CLAVES O ESQUEMAS MENTALES
2. TRES CATECISMOS
3. EXPOSICION DE LAS TRES CLAVES DE LECTURA DE LA FE
4. TRES VISIONES DEL CRISTIANISMO
1. El misterio de Dios.
2. Jesucristo.
3. Antropología
4. La Iglesia.
5. Sacramentos
6. Espiritualidad.
7. Pastoral.
8. Educación.
9. Otros temas.
5. REFLEXIONES FINALES

INTRODUCCION

Un compañero mío, con amplia experiencia pastoral, me pidió hace un año


que escribiese una especie de iniciación a la vida cristiana, que pudiese servir
para enseñar a adultos los puntos básicos del cristianismo.

Acepté, ingenuamente, la invitación, pero al correr de los meses he ido


viendo lo arriesgado de la empresa. No se me pedía ni un credo, ni un
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 30 SEMAYOR

catecismo, ni un manual de teología dogmática, sino algo más nuclear y


elemental: una especie de síntesis de la vida cristiana.

En realidad no soy el primero en intentar acometer esta tarea. Hay una


larga lista de ilustres teólogos, sobre todo del mundo alemán, que han intentado
responder a la pregunta: ¿Qué es ser cristiano?: R. Guardini, H.U. von
Balthasar, W. Kasper, J. Ratzinger, K. Rahner, H. Kung..., por sólo citar algunos
de los nombres más conocidos, han escrito densos y a veces gruesos
volúmenes de introducción al cristianismo. ¿Pero quién se atreverá a ofrecer a
una pareja de campesinos latinoamericanos que se van a casar por la Iglesia, tal
vez después de muchos años de vivir ya juntos, las casi ochocientas páginas del
Ser Cristiano de H. Kung?. Todas estas obras responden a un ambiente social y
a una problemática teórica que no son los de las mayorías populares de América
Latina.

Dudo mucho que mis páginas respondan a la expectativa de mi


compañero. Seguramente no serán fácilmente comunicables a la pareja de
campesinos que van a contraer matrimonio. Pero espero que por lo menos
ofrezcan a los agentes pastorales algunas pistas para la reflexión y el diálogo
sobre cómo ser cristiano hoy y aquí en América Latina.

Este diálogo no puede reducirse a explicar y a hacer aprender de memoria


el Credo, los Mandamientos, los Sacramentos y el Padre Nuestro, que son como
los cuatro pilares clásicos del catecismo tradicional. Nuestro pueblo espera de la
Iglesia algo más que unas fórmulas para aprende de memoria, por más que no
se pueda despreciar el papel de la memoria. El pueblo espera, sobre todo, un
camino, un aliento liberador, una orientación que dé sentido evangélico a la
lucha de cada día por sobrevivir, el sentirse acompañado por la bendición de
Dios en su pobre vida, tan llena de sufrimientos.

La primera parte de este folleto intentará dar una respuesta a esta


inquietud.

La segunda parte, que expone diversas claves de lectura del cristianismo


pretende justificar el por qué de la definición de cristianismo que se da en la
primera parte. Más larga, y tal vez menos sencilla, quiere ser algo así como "el
libro del maestro". No siempre se ha presentado igualmente la fe cristiana. ¿Por
qué hoy en América Latina se insiste más en unos aspectos que en otros?.

Esta segunda parte puede ser útil para comprender la evolución histórica
de las formulaciones cristianas y para ubicarnos mejor en la Iglesia
latinoamericana de hoy.

Sin la sugerencia de mi compañero, seguramente no hubieran nacido estas


páginas. Tampoco sin el aliento de grupos cristianos y de comunidades
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 31 SEMAYOR

populares, que expresaron que estas formulaciones respondían a sus


inquietudes. La teología cada día ha de estar más a la escucha del clamor
popular.

El Autor
PRIMERA PARTE

¿QUE SIGNIFICA SER CRISTIANO HOY EN AMERICA LATINA?

1. AMERICA LATINA CONTINENTE POBRE Y CRISTIANO

América Latina es, desde hace cuatro siglos, un continente pobre y


cristiano. La inmensa mayoría del continente vive en situaciones de hambre y
miseria, que se manifiestan en la mortalidad infantil, muy elevada, falta de
vivienda digna, problemas de salud, salarios bajísimos, desempleo y subempleo,
inestabililidad laboral, migraciones masivas, analfabetismo, marginación de
indígenas y afro-americanos, esclavitud de la mujer, etc. (DP 29-41). A estos
problemas económicos se suman los que nacen de los abusos de poder, típicos
de los gobiernos de fuerza (DP 42-46).

Pero este pueblo es cristiano, y en su mayoría católico. Esto implica no sólo


haber sido bautizado, sino haber asimilado los valores profundos del Evangelio,
que se han insertado en sus riquezas humanas, culturales y religiosas
ancestrales.

Ahora bien, resulta contradictorio con el ser cristiano, la forma como


muchos cristianos de América Latina viven su fe. Por una parte, una minoría rica
y poderosa, se llama cristiana y defensora de la tradición occidental y utiliza la fe
como instrumento para mantener sus privilegios de grupo social, sometiendo a
las mayorías a una situación infrahumana. Por otro lado, grandes masas
populares viven su fe cristiana de forma alienante. Para muchos, la fe es sólo
una ayuda para resignarse más fácilmente y esperar la compensación del
premio en la otra vida. El cristianismo se convierte de hecho en una droga, en
anestésico adormecedor.

Puebla reacciona frente a esta situación:

"Vemos a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser


cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se
convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al
plan del creador y al honor que le debe. En esta angustia y dolor la Iglesia
discierne una situación de pecado social, de gravedad tanto mayor por darse en
países que se llaman católicos y que tienen capacidad de cambiar (DP 28).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 32 SEMAYOR

Frente a esta situación de pobreza y de cristianismo alienante y alienado,


surge hoy en toda América Latina una doble toma de conciencia. Por un lado, se
comienza a ver esta situación de pobreza como no casual ni natural, sino fruto
de estructuras económicas, sociales y políticas injustas (DP 30).

Y también existe en toda América Latina un despertar cristiano, que ayuda


a comprender que el Evangelio no puede servir de excusa para oprimir al
pueblo, ni de droga para no intentar cambiar la situación.

Es en este contexto, relativamente nuevo, desde donde brota la pregunta,


¿qué es ser cristiano hoy en América Latina? La pregunta por el significado del
cristianismo no es nunca abstracta, sino que siempre dice referencia concreta a
un lugar y a una época. Por esto, antes de intentar responder a esta cuestión, es
preciso reflexionar desde dónde se hace la pregunta. Desde el continente de
América Latina, pobre y cristiano, que comienza a tomar conciencia de su doble
condición de pobre y de creyente, surge la pregunta sobre el significado de la
vida cristiana. Seguramente ser cristiano es diferente de lo que muchos han
creído hasta ahora.

2. SER CRISTIANO NO ES SIMPLEMENTE. . .

Antes de responder de forma positiva a la pregunta sobre el ser cristiano,


es necesario deshacer los equívocos de falsas o insuficientes definiciones del
cristianismo.

1. Ser cristiano no es simplemente hacer el bien y evitar el mal.


Hay muchas personas honestas, que trabajan por construir un mundo
mejor e intentan luchar contra la corrupción y la injusticia. Les mueven motivos
nobles y una ética humanística. Sin embargo, a pesar de sus aportes positivos y
sus valores humanos, no por esto pueden ser llamados propiamente cristianos.

2. Ser cristiano no es simplemente creer en Dios. judíos y mahometanos,


budistas e hindúes, y miembros de otras grandes religiones de la humanidad,
creen en Dios, origen y fin último de todo, pero no creen en Jesucristo. Por más
que sus vidas y esfuerzos estén bajo el amor providente de Dios y la fuerza de
su Espíritu, no pueden ser llamados cristianos.

3. Ser cristiano no consiste simplemente en cumplir unos ritos


determinados. Toda religión posee ceremonias y ritos simbólicos, pues de lo
contrario se convertiría en un mero intelectualismo ético para minorías. Pero no
basta haber sido bautizado, haber hecho la primera comunión, asistir a
procesiones, peregrinar a santuarios marianos, celebrar festividades para poder
ser identificado como cristiano. Los fariseos del tiempo de Jesús eran muy fieles
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 33 SEMAYOR

en sus ritos y sin embargo Jesús los denunció cómo hipócritas (Mt 23). El rito es
necesario, pero no suficiente para ser cristiano.

4. Ser cristiano no se limita a aceptar unas verdades de fe, en unos


dogmas, recitar el Credo o saberse el catecismo de memoria. Muchos que
profesan la doctrina cristiana recta, están en la práctica muy lejos del Evangelio.
Es necesario aceptar la fe de la Iglesia, conocer sus leyes y preceptos, pero esto
no basta para ser cristiano. El cristianismo no es sólo una doctrina.

5. Ser cristiano no se identifica con seguir una tradición, que se mantiene


de siglos a través de un ambiente. Toda religión reconoce la importancia del
peso de la historia, pero el cristianismo no es simplemente una cultura, un
folklore, un arte, una costumbre inmemorial que se transmite a través de los
años.

6. Ser cristiano no puede consistir únicamente en prepararse para la otra


vida, esperar en el más allá, mientras uno se desinteresa de las cosas del
presente o se limita a sufrirlas con resignación. La fe cristiana afirma la
existencia de una vida eterna y la consumación de la tierra pero la esperanza de
una tierra nueva no debe amortiguar la preocupación por transformar y cambiar
esta historia (GS 39). Por esto no se puede llamar cristiano a quien se inhibe de
las preocupaciones históricas, con la excusa del cielo futuro.

Ser cristiano no se identifica con ninguna de estas posturas u otras


semejantes. Algunas son previas al cristianismo (hacer el bien, creer en Dios),
otras admiten elementos necesarios pero no suficientes (practicar ritos, aceptar
verdades), otras son mutilaciones del cristianismo (reducirlo a una tradición o a
la espera de los bienes eternos). Seguramente la contradicción del cristianismo
de América Latina nace de que muchos cristianos se identifican con algunas de
estas formas inadecuadas de cristianismo. El resurgir de la Iglesia
latinoamericana está ligado a una visión más auténtica del ser cristiano.

3. SER CRISTIANO ES SEGUIR A JESUS

No se puede ser cristiano al margen de la figura histórica de Jesús de


Nazaret, que murió y resucitó por nosotros y Dios Padre le hizo Señor y Cristo
(Hch 2,36). Lo cristiano no es simplemente una doctrina, una ética, un rito o una
tradición religiosa, sino que cristiano es todo lo que dice relación con la persona
de Jesucristo. Sin él no hay cristianismo. Lo cristiano es El mismo. Los cristianos
son seguidores de Jesús, sus discípulos. En Antioquía, por primera vez los
discípulos de Jesús fueron llamados cristianos (Hch 11,26).

La vida cristiana es un camino (Hch 9,2), el camino de seguimiento de


Jesús. Los Apóstoles, primeros seguidores de Jesús, son el modelo de la vida
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 34 SEMAYOR

cristiana. Ser cristiano es imitar a los Apóstoles en el seguimiento de Jesús. De


los Apóstoles se dice que siguieron a Jesús. (Lc 5,11) y a este seguimiento es
llamado todo bautizado en la Iglesia. Los Apóstoles no fueron únicamente los
discípulos fieles del Maestro, que aprendieron sus enseñanzas, como los
jóvenes de hoy aprenden de sus profesores. Ser discípulo de Jesús comportaba
para los Apóstoles estar con él, entrar en su comunidad, participar de su misión
y de su mismo destino (Mc 3,13-14; 10, 38-39). Seguir a Jesús hoy no significa
imitar mecánicamente sus gestos, sino continuar su camino "pro-seguir su obra,
per-seguir su causa, con-seguir su plenitud" (L. Boff). El cristiano es el que ha
escuchado, como los discípulos de Jesús, su voz que le dice: "Sígueme" (Jn
1,39-44; 21,22) y se pone en camino para seguirle.
¿Pero qué supone seguir a Jesús?

1. Seguir a Jesús supone reconocerlo como Señor.

Nadie sigue a alguien sin motivos. Los Apóstoles siguieron a Jesús porque
reconocieron que El era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn
1,29-37), el Mesías, el Cristo (Jn l,41), Aquél de quien escribieron Moisés en la
ley y los profetas (Jn 1,45), el Hijo de Dios, el Rey de Israel (Jn 1,49). Ante
Jesús, Pedro exclama antes de seguirle: "Señor, apártate de mí, que soy un
pecador" (Lc 5,8). Los Apóstoles reconocen que Jesús es Aquél que los profetas
habían anunciado como Mesías futuro y que Juan Bautista había proclamado
como ya cercano (Jn 1,26; Lc 3,16).

Hoy el cristiano reconoce a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida (Jn


14,6), la Puerta (Jn 10,7), la Luz (Jn 8,12), el Buen Pastor (Jn 10,11, 14), el Pan
de Vida (Jn 6), la Resurrección y la Vida (Jn 11,25), la Palabra encarnada (Jn
1,l4), el Cristo, el Hijo del Dios Vivo, (Mt 16,16), el Hijo del Padre (Jn 5,19-23; 26-
27; 36-37; 43 ss), el que existe antes que Abraham (Jn 9,58), el Señor
Resucitado (Jn 20-21), el Juez de Vivos y Muertos (Mt 35,31-45), el Principio y el
Fin, el que es, era y ha de venir, el Señor del Universo (Ap 1,8).

El cristiano no sigue, pues a cualquiera, sino al Señor de quien parte la


iniciativa para que le sigamos. El es quien siempre llama y nos dice a cada uno
de nosotros "Sígueme". El llamado viene de El, a través de la Escritura, de la
Iglesia o de los acontecimientos de la historia. Ante esta vocación el cristiano
exclama como Pedro: ¿"Señor a quién iríamos"? Tú tienes palabras de vida
eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo Dios " (Jn 6,68).

La fe cristiana no consiste propiamente en aceptar doctrinas, sino en


reconocer a Jesús como Señor y seguirle. El Credo es la profesión de fe del que
sigue a Cristo. El Credo que se enseñaba a los catecúmenos en el tiempo de
preparación al bautismo, no era una simple lección de memoria, sino la
contraseña que les identificaba como seguidores de Jesús ante el mundo.
Sabían a quien seguían, sabían de quién se habían fiado, y como Pablo, todo lo
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 35 SEMAYOR

consideraban basura en comparación de haber conocido y poder seguir a Cristo


(Flp 3,7-21).

Seguir a Jesús es convertirse al Señor, cambiar la orientación de la vida.


Significa escoger la vida en vez de la muerte (Dt 30,19). Significa renunciar al
Maligno y su imperio de muerte (Jn 8,44) y adherirse a Cristo. Los primeros
cristianos en el catecumenado realizaban una solemne renuncia a Satanás y sus
estructuras antes de adherirse a Cristo por el bautismo. Todavía quedan en
nuestra liturgia bautismal los vestigios de esta renuncia. Pero todo ello debe hoy
profundizarse. Nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero (Mt 6,24).

2. Seguir a Jesús significa aceptar su proyecto

Jesús tiene un proyecto, una misión: anunciar y realizar el Reino de Dios


(Mc 1,15). Este es el plan que el Padre le ha encomendado, formar una gran
familia de hijos y hermanos, un hogar, una humanidad nueva, los nuevos cielos y
la nueva tierra que los profetas habían predicho (Is 65, 17-25). Esta es la gran
Utopía de Dios, el auténtico paraíso descrito simbólicamente en el Génesis (Gen
1-2), donde la humanidad vivirá reconciliada con la naturaleza, entre sí y con
Dios, de modo que el hombre sea señor del mundo, hermano de las personas e
hijo de Dios (DP 322). Esta gran Buena Noticia es algo integral, ya que abarca a
toda la persona humana (alma y cuerpo), a todo el mundo (personas y
comunidades) y aunque consumará en el más allá, debe comenzar ya aquí en
nuestra historia. Este Reino de Dios es liberación de todo lo que oprime a la
humanidad, del pecado y del Maligno (EN 9). Es en este contexto que tiene
sentido explicar y aprender el Padre Nuestro, como se hacía en el antiguo
catecumenado. El Padre Nuestro no es sólo una fórmula para orar, sino un
compendio del programa de Jesús. El Reino del Padre, el cumplimiento de su
voluntad, un mundo donde haya pan y perdón, liberado de todo mal y victorioso
de toda tentación. En ello el Padre es glorificado, pues la gloria de Dios consiste
en que el Reino de Dios venga a la humanidad y todo el mundo viva como hijo
del Padre.

Las parábolas del Reino hablan de esta gran Utopía de Dios como un
tesoro y una perla, por cuya adquisición vale la pena venderlo todo (Mt 13,44-
46). Los Apóstoles ante el proyecto de Jesús, dejan sus barcas y redes y le
siguen (Lc 5,11), mientras que el joven rico se alejó triste de Jesús porque tenía
muchas riquezas y no quería aceptar el proyecto de fraternidad universal de
Jesús (Mt 19,22). Para seguir a Jesús las riquezas son un gran impedimento (Mt
19,23-21; Lc 6,24-26; 12,13-24), lo cual contrasta con la opinión y la práctica de
muchos ricos de América Latina, que se consideran muy cristianos.

3. Seguir a Jesús supone proseguir su estilo evangélico


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 36 SEMAYOR

El programa de Jesús, el Reino de Dios, es inseparable de su persona, en


el Reino de Dios se encarna y personifica, con El el Reino se acerca a la
humanidad (Lc 11,20). Jesús posee un estilo peculiar de anunciar y realizar el
Reino.

Nacido pobre (Lc 2,6-7), hijo de una familia trabajadora sencilla (Lc 1,16;
4,22; Mc 6,3), se siente enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres (Lc 4,
18) y sanar a pecadores, enfermos y marginados (Lc 7,21-23). Jesús a lo largo
de su vida va discerniendo lentamente su misión y el camino que el Padre
desea. Rechaza las tentaciones de poder y prestigio (Lc 4), reconoce que el
Padre revela el misterio de Dios a los sencillos y lo oculta a los sabios y
prudentes (Mt 11,25-26), se va solidarizando en todo a los hombres menos en el
pecado (Hb 4,15), se compadece del pueblo disperso como ovejas sin pastor
(Mc 34), bendice al pueblo pobre (Lc 6,21-23) y maldice a los ricos (Lc 6,24-26) y
a los fariseos hipócritas (Mt 23).

Hace de los pobres los jueces de la humanidad y toma como hecho a sí


mismo cuanto se haga u omita con los pobres (Mt 25, 31-45; Mc 9, 36-37).

Esta opción de Jesús le produjo conflictos y le llevó a la muerte. Su muerte


es un asesinato tramado por todos sus enemigos, pero su resurrección no sólo
es el triunfo de Jesús , sino la confirmación por parte del Padre de la validez de
su camino. Mientras vivió en este mundo, Jesús fue tenido por loco (Mc 3,21),
blasfemo (Mt 26,65), borracho (Lc 7,34), endemoniado (Lc 11,15), pero el Padre
resucitándolo muestra que el camino de Jesús es el auténtico camino del Reino
y que Jesús tenía razón en haber seguido el estilo evangélico del Siervo de Yavé
(Is 42;49;50;53). Lo proclamado misteriosamente en el Bautismo (Mc 1,9-11) y la
Transfiguración (Mc 9, 1-8), se realiza en la Resurrección: Jesús es realmente el
Hijo del Padre y a El hay que escucharle y seguirle. Seguir a Jesús es tomar la
cruz y perder la vida, pero para ganar la vida y salvarse (Mc 8,34-35).

Algunos resumen este estilo evangélico en los Mandamientos de la ley de


Dios, ofrecidos por Moisés al pueblo de Israel (Ex 20, 1,21; Dt 5). Pero el
decálogo deberá entenderse a la luz de la liberación de la esclavitud de Egipto
(Ex 20,1; Dt 5, 6 ) y por lo tanto como leyes para vivir en la libertad de los hijos
de Dios, como camino de bendición y de vida, para evitar la esclavitud, la
maldición y la muerte (Dt 30, 29-31). Pero en todo caso el decálogo debería
completarse con las Bienaventuranzas del NT (Mt 5; Lc 6), que marcan el
camino del Evangelio y radicalizan y completan el AT. El camino de Jesús no es
de los Faraones y poderosos de este mundo, sino el de la libertad, la fraternidad
y la solidaridad con el pueblo pobre. Este es el camino de bendición que lleva a
la vida, mientras que el otro conduce a la maldición y a la muerte propia y ajena.
Jesús bendice al pueblo pobre y maldice a los ricos. Este es el estilo evangélico
de Jesús, que a través de la cruz lleva a la Resurrección.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 37 SEMAYOR

4. Seguir a Jesús es formar parte de su comunidad

Jesús aunque llamó a los discípulos personalmente, uno por uno, a su


seguimiento, formó con ellos un grupo, los doce, a los que luego se añadieron
hombres y mujeres hasta constituir una comunidad: la comunidad de Jesús (Lc
8,1-3). Este modo de actuar del Señor no es casual, sino que corresponde al
plan de Dios de formar un pueblo, a lo largo de la historia, para que fuese semilla
y fermento del Reino de Dios (LG 9 ). El pueblo de Israel en el AT, fue elegido y
formado lentamente por Yavé, desde Abraham hasta María, era figura y semilla
del nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, que Jesús preparó y que nació por obra del
Espíritu en Pentecostés (Hch 2). La Iglesia es la comunidad que mantiene la
memoria de Jesús a través del tiempo, es su Cuerpo visible en la historia (1 Cor
12), continúa profetizando el proyecto de Jesús a todos, anuncia el Reino a los
pobres, denuncia el pecado y va realizando la fraternidad y la filiación de la
humanidad, hasta hacer de ella la nueva humanidad, los nuevos cielos y la
nueva tierra en la nueva Jerusalén, donde existirá plena comunión entre Dios y
la humanidad (Ap 21).

La Iglesia prolonga en la historia el grupo de discípulos de Jesús y es la


comunidad que prosigue la misión de Jesús en este mundo. Es sacramento de
Jesús, sacramento de salvación liberadora en nuestra historia concreta (LG 1;9;
48). Sus pastores (Papa, Obispos. . .) le guían en esta misión, prolongando la
función de Pedro y los Apóstoles (Mt 16,18-19). Los sacramentos no son simples
ritos para la salvación individual, sino momentos fuertes de la vida de la
comunidad eclesial, y su centro es la Eucaristía, el sacramento que alimenta a la
Iglesia con el Cuerpo y Sangre de Cristo y la va edificando como Cuerpo de
Cristo en la historia (1 Cor 10,17). La catequesis de los sacramentos debe
enmarcarse dentro de la comprensión de la Iglesia como comunidad de Jesús.

Querer seguir a Jesús al margen de la Iglesia es un peligroso engaño ya


que, como Pablo descubrió en su conversión (Hch 9,5-6), la comunidad de los
cristianos es el Cuerpo de Jesús (l Cor 12, 27), es Cristo presente en forma
comunitaria. Pero la Iglesia deberá continuamente convertirse al Reino de Dios,
objetivo central de su misión, y deberá recordar siempre que Jesús siendo rico
se hizo pobre ( 2 Cor 8,9j) y fue enviado para evangelizar a los pobres y salvar lo
perdido (Lc 4,l8; 19,10), como el Vaticano II proclama (LG 8) y la Iglesia de
América Latina ha recogido al hablar de la opción preferencial por los pobres
(DP 1134).

5. Seguir a Jesús es vivir bajo la fuerza del Espíritu

Seguir a Jesús, formar parte de su comunidad, continuar su proyecto en la


historia de hoy, son realidades que nos superan. Por esto Jesús prometió el
Espíritu a sus discípulos (Jn 14, l7) y este Espíritu es la fuerza y el aliento vital
que anima, vivifica, guía, santifica, enriquece y lleva a su plenitud la comunidad
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 38 SEMAYOR

de los seguidores de Jesús (LG 4). El Espíritu convierte el seguimiento en una


vida nueva en Cristo, en una comunión vital con el Resucitado en su Iglesia, nos
hace pasar de la ética voluntarista a la mística del permanecer en El y vivir de su
savia vital, como el sarmiento en la vid (Jn 15).

Este Espíritu, don de Dios para los tiempos del Mesías (Jl 2) es un Espíritu
de justicia y derecho para los pobres y oprimidos (Is 11; 42; 61), el Espíritu que
guió toda la vida y la misión de Jesús (Lc 4,18), el cual ungido por el Espíritu
pasó por el mundo haciendo el bien y liberando de la opresión del Maligno (Hch
10,38). Este Espíritu es el que nos hace llamar a Dios, Padre (Gal 4,4) y es el
que gime en el clamor de la creación y de los pueblos en busca de su liberación
(Rm 8,18-27). En el clamor de los pobres de América Latina, el Espíritu clama y
pide liberación (DP 87-89). Este Espíritu es el que da fortaleza a los perseguidos
y mártires del continente (Mc 13,11) y es el que da esperanza y alegría al pueblo
de América Latina, haciéndole esperar días mejores: son dolores de parto de
algo nuevo que está naciendo(Jn l6,21).

Seguir a Jesús implica aceptar y comenzar a vivir todo esto. Es un camino


que requiere discernimiento para ir recreando en cada instante de la historia las
actitudes de Jesús y los llamados de su Espíritu. Por todo ello ser cristiano en
América Latina exige hoy una postura concreta de seguimiento de Jesús.

4. ALGUNAS CARACTERISTICAS DEL SEGUIMIENTO DE JESUS EN


AMERICA LATINA HOY

Este seguimiento de Jesús hoy en América Latina, debe revestir algunas


características peculiares, dada la situación de pobreza y miseria de un
continente mayoritariamente cristiano.

1. Ser cristiano en América Latina hoy, supone un cambio de actitud, ya


que no puede prolongarse por más tiempo la situación de una fe que encubra la
injusticia social, sirviendo de instrumento de dominación para unos pocos y de
resignación para la mayoría. Este cambio de actitud supone una conversión
tanto de corazón como de mentalidad y sobre todo de práctica cristiana.
Podríamos resumir esta conversión como el paso de una religiosidad meramente
sociológica a una fe personal; de una religiosidad meramente de conceptos y
doctrina a una fe vital y existencial; de una religiosidad espiritualista a una fe
integral e histórica; de una religiosidad meramente privada a una fe pública; de
una religiosidad individualista a una fe comprometida y solidaria con los sectores
populares y empobrecidos.

2. Ser cristiano en América Latina hoy significa una clara actitud de rechazo
y denuncia de la realidad injusta de América Latina, ya que es pecado y contraria
a los planes de Dios (DP 28). Dios no quiere que el continente de América Latina
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 39 SEMAYOR

siga marcado por los signos de muerte: muerte precoz, vida inhumana, muerte
violenta. Esta situación de muerte nace del pecado personal y social de América
Latina y de una auténtica idolatría: el dinero, la riqueza, la plata se absolutiza
como el Dios absoluto (Col 3,5), al que se somete todo lo demás. El cristianismo
frente a esta situación, debe recordar que nadie puede servir a dos señores, a
Dios y a la riqueza (Mt 6.24) y que debe renunciar al dominio de Satanás en su
vida personal y social, como los primeros cristianos hacían antes de bautizarse y
adherirse a Cristo. Ser cristiano en América Latina supone un corte radical con
todo lo que sea injusticia, corrupción, opresión, violación de derechos humanos,
mentira.

Para esta conversión necesitamos más que nunca de la oración y de la


ayuda del Señor. Sólo El que expulsando demonios demostró la fuerza victoriosa
del Reino de Dios y del Espíritu de Dios (Lc 11,20), es capaz de realizar en
América Latina este gran exorcismo personal y colectivo que nos libere de la
esclavitud demoníaca que nos tiene apresados. Es preciso tomar postura: quien
acepta y fomenta la situación de injusticia, no puede estar con Cristo (Lc 11,23).

3. Ser cristiano en América Latina significa comprometerse desde la fe en


un cambio de la realidad. Este compromiso, forma concreta del seguimiento de
Cristo, abarca todas las esferas de la realidad: dimensiones económicas
sociales, políticas , culturales, religiosas, familiares, personales. . . Es todo un
continente que necesita ser liberado integralmente y que precisa del apoyo de
todos. La fe tiene un gran valor liberador, ya que ataca el mal en su raíz: el
pecado personal y estructural. Pero además la fe posee una gran fuerza
inspiradora, por cuanto presenta la gran Utopía del Reino de Dios y nos ofrece
los grandes valores del Evangelio: el amor, la justicia, el perdón, la esperanza, la
libertad, la fraternidad, la cruz y la Resurrección. La fe no nos ofrece recetas
sociales y políticas concretas, como si del Evangelio se desprendiese un sistema
socio-político concreto, pero sí nos presenta horizontes nuevos, inspiración y
sobre todo la fuerza del Espíritu del Resucitado que va madurando la historia
hacia unos cielos nuevos y una tierra nueva. En esta tarea tenemos el ejemplo
de miles de hermanos nuestros que desde la fe se han ido comprometiendo, en
diversos campos, para la transformación de la realidad. Algunos de ellos han
dado su vida por esta tarea: Mons. O. Romero, L. Espinal, E. Angelelli. . . y otros
han padecido persecuciones, deportaciones y exilio. Otros muchos siguen
adelante buscando no simplemente mejoras accidentales sino estructurales. El
cristiano no puede inhibirse de esta tarea, cualquiera sea su trabajo y vocación.

4. Ser cristiano en América Latina significa solidarizarse con los sectores


populares, en esta lucha. Esto supone para los sectores populares el tomar
conciencia que del pueblo consciente y organizado han de venir los cambios
radicales y que cuentan para ello con el ejemplo y la bendición de Señor, que los
llamó bienaventurados y se identificó con ellos. Para los nacidos en otros
sectores, significa que sólo solidarizándose con la causa del pueblo pobre y
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 40 SEMAYOR

poniendo sus capacidades a su servicio, se podrá llevar adelante un cambio de


situaciones. La opción prioritaria de la Iglesia por los pobres se sitúa en esta
perspectiva. El objetivo es que la Iglesia de los pobres sea el rostro auténtico de
la Iglesia de Jesús, como lo deseó Juan XXIII para la Iglesia universal y los
obispos de América Latina. El potencial transformador de los pobres es
inseparable de su potencial evangelizador.

5. Seguir a Jesús hoy en América Latina significa entrar a formar parte de


una comunidad eclesial concreta, para vivir y alimentar continuamente todas
estas exigencias. Las CEBS ofrecen un lugar óptimo para ello (DM 15, 10-12;
DP 641-643). Nuestra fe necesita ser continuamente alimentada por la Palabra,
celebrada en los sacramentos, discernida y confrontada con los hermanos en la
fe, con la tradición y el magisterio eclesial. El análisis de la realidad que nos
circunda y el compromiso, deben estar siempre iluminados por la fe en el Señor
y por el deseo del seguimiento. Sin ello nuestra postura se reduciría al nivel
puramente humano, social, político, etc. Sólo en un clima de fe y de oración, el
seguimiento de Jesús puede realizarse. Este seguimiento no se agota en
comportamientos éticos sino que debe comenzar la gratuidad del "estar con el
Señor", y el sentido contemplativo. El gozo del seguimiento, la esperanza contra
toda esperanza, la alegría en medio de los conflictos, sólo puede mantenerse
desde la profunda experiencia personal y comunitaria del Espíritu del Señor. Y
todo ello sólo se puede realizar en la comunión eclesial, vivida desde una
comunidad concreta, abierta al resto de la Iglesia continental y universal.

6. Finalmente como resumen de todo lo dicho, podríamos afirmar que el


seguimiento de Jesús en América Latina hoy significa luchar a favor del Dios de
la vida. La postura cristiana no puede ser meramente negativa, la lucha contra
los dioses de la muerte se orienta a luchar a favor del Dios de la Vida, del Dios
creador de la vida, de Jesús que ha venido para que tengamos vida abundante
(Jn 10,10), del Espíritu de Vida.

Podríamos resumir todo lo dicho sobre el seguimiento de Jesús en estos


diez mandamientos del Dios de la Vida:

1. Creerás que Dios es el Dios de la Vida, que desea la vida en abundancia


para todos y no la muerte.
2. No utilizarás el nombre del Dios de la Vida, para atentar contra la vida de
nadie.
3. Agradecerás a Dios la vida y la celebrarás como un gran don y una
tarea.
4. Defenderás la vida amenazada y honrarás a los que te han dado vida.
5. No matarás de ningún modo la vida, pues la vida es de Dios.
6. Amarás y gozarás la vida sin egoísmos.
7. No te apropiarás de los bienes que han sido creados para que todos
vivan.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 41 SEMAYOR

8. Compartirás la vida con tu pueblo con toda verdad.


9. Trabajarás para que todos tengan lo suficiente para vivir.
10. Pondrás tu vida al servicio de los demás , hasta arriesgar tu vida por la
vida de los otros.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: Amarás tu vida y la vida de


tu pueblo como vida de Dios.

En la medida en que América Latina, pueblo pobre y creyente, camine por


este camino, su cristianismo será auténtico y la realidad se acercará a la utopía
mesiánica que Isaías describió y Mons. Romero gustaba de repetir a su pueblo:

"Harán sus casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Ya no edificarán para que otro vaya a vivir, ni plantarán para alimentar a
otro.
Los de mi pueblo tendrán larga vida como los árboles, y mis elegidos
vivirán de lo que hayan cultivado con sus manos.
No trabajarán inútilmente, ni tendrán hijos destinados a la muerte, pues
ellos y sus descendientes serán una raza bendita de Yavé " (Is 65,21-23).

SEGUNDA PARTE

CLAVES DE LECTURA DEL CRISTIANISMO

1. CLAVES O ESQUEMAS MENTALES

Hemos definido el ser cristiano en América Latina hoy como un seguimiento


de Jesús que prosigue su obra liberadora en un mundo estigmatizado por signos
de muerte y anhelante de una vida más plena, y hemos visto que esta definición
exige de nosotros un cambio no sólo de actitud sino de mentalidad, una
verdadera conversión.

Para muchos, este cambio en el modo de enfocar el cristianismo resulta


sorprendente e incluso contradictorio con el enfoque de la fe que habían
aprendido de pequeños o hace algunos años. De esta constatación surgen una
serie de cuestiones: ¿Acaso el Evangelio cambia? ¿No se deberá esta forma de
interpretar la fe a ideologías extrañas al cristianismo? ¿Qué garantía tenemos de
que dentro de unos años no deberemos cambiar de nuevo nuestras
formulaciones cristianas? ¿Por qué se habla del ser cristiano en América Latina?
¿Acaso el cristianismo no es igual en todas partes?.

Estas preguntas exigen mayor reflexión. Por eso a la primera parte más
expositiva y afirmativa, hemos añadido esta segunda parte de cara a una ulterior
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 42 SEMAYOR

explicación del por qué de la definición del cristianismo como seguimiento de


Jesús.

Para comenzar a clarificar todas estas preguntas hemos de partir de una


distinción: una cosa es la fe y otra cosa es la reflexión o formulación que
hacemos sobre ella. La fe, don del Espíritu, por el cual nos adherimos personal y
vitalmente al misterio de Jesús Salvador, penetra más allá de los conceptos,
trasciende las formulaciones más correctas y nos hace participar de la misma
vida de Dios. En cambio la reflexión que elaboramos sobre la fe revelada, está
siempre marcada por la cultura, el lenguaje, la época, la situación personal, la
forma de comprender la realidad. La misma Sagrada Escritura no escapa a esta
ley profundamente humana. La comprensión y expresión de la revelación de
Dios de parte de los autores bíblicos del tiempo de la monarquía Davídica o
Salomónica, no es la misma que la de los escritores sacerdotales que escriben
después del exilio de Israel. La visión sobre Jesús del Evangelio de Marcos es
diversa de la de Lucas, y las dos difieren de la del Evangelio de Juan . Los
escritos paulinos poseen unas características propias que los distinguen de los
evangelios.

No debe pues extrañar que también después, en la historia de la Iglesia


posterior, se hayan dado diversas formas de lectura y comprensión del
Evangelio. El magisterio de la Iglesia vela para que estas lecturas no se desvíen
de la recta tradición eclesial y se ajusten a la Escritura. Pero el mismo magisterio
también está condicionado por la mentalidad de cada época, lo cual no invalida
su misión, que cuenta con la asistencia especial del Espíritu.

Esta misteriosa pero real diversidad histórica y cultural en la captación de la


verdad de fe, no es un fenómeno exclusivo del cristianismo o de ámbito religioso,
sino una ley profundamente humana que, bien entendida, no lleva al
escepticismo relativista sino a una búsqueda humilde y constante de la verdad
plena. La humanidad ha de ir avanzando hacia una visión cada vez más
comprensiva de la realidad. En este caminar de la humanidad existen una
historia del pensamiento, de la ciencia, del arte, y también una historia de la
teología o de la reflexión cristiana sobre la fe. Estas historias no son
independientes unas de otras, pues la Iglesia no está fuera de la historia, está
inmersa en ella y el cristiano vive con sus contemporáneos la gran aventura de
la humanidad.

Por esto mismo, la historia de la teología no se puede separar de la


evolución de los sistemas de pensamiento de la humanidad,. Esto ayuda a
establecer el diálogo entre la fe y los humanismos de cada época y permite
anunciar el Evangelio a todas las culturas.

Podemos resumir lo dicho hasta ahora afirmando que nuestra visión de la


realidad y por lo tanto también de la realidad de la fe, siempre viene mediada por
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 43 SEMAYOR

unas claves de lectura o esquemas mentales que ofrecen una visión unitaria y
sintética de nuestra comprensión y valoración de la realidad y de toda nuestra
acción concreta. Dicha clave de lectura está ligada a la cultura, a la historia a los
condicionamientos económicos, a la psicología personal y a otros muchos
elementos. Pero a pesar de las diferencias existentes entre individuo e individuo,
se puede constatar como una cierta unidad general o matriz que unifica la forma
de pensar de un determinado grupo en un momento histórico concreto.

En momentos culturales e históricos homogéneos y sin fuertes cambios ni


rupturas, estas diversas formas de pensar y valorar, pueden pasar
desapercibidas. Pero en momentos de transformaciones fuertes y rápidas, como
el tiempo actual, estas diferencias se manifiestan, a veces de formas muy
conflictivas, en todos los campos: social, político, artístico, filosófico, religioso.
Los conflictos de la Iglesia del postconcilio son un ejemplo claro de estos
choques de diferentes mentalidades o esquemas mentales.

Por todo ello puede ser interesante y clarificador el presentar de forma muy
sintética las tres claves de lectura del cristianismo que hoy coexisten en la
Iglesia y que están ligadas a diferentes esquemas mentales. Todo intento de
tipificación es, por su misma simplificación, un tanto empobrecedor y
necesariamente caricaturiza la realidad. Pero tiene la ventaja de ayudarnos a
comprender de forma sintética lo que en la realidad de cada día se nos escapa
en medio de las mil facetas variables.

Aunque la exposición de los esquemas mentales no puede ser neutra, pues


siempre juzgamos desde un esquema concreto y optamos por uno de ellos, sin
embargo deberíamos evitar toda forma de descalificación ética de otros
esquemas. Cada esquema capta parte de la verdad y está condicionado a un
momento histórico sobre el cual es difícil juzgar desde otra situación histórica.

Estas consideraciones previas, un tanto abstractas, se clarificarán con la


exposición concreta de las tres claves de lectura que vamos a proponer.

2. TRES CATECISMOS

La comparación de tres conocidos catecismos puede servirnos para


ejemplificar tres claves de lectura de la fe. Se trata del Catecismo de Pío X, del
Nuevo Catecismo para adultos de Holanda y de Nuestro Catecismo del Brasil.

1. El Catecismo de Pío X, de principios de siglo, responde a la


preocupación del Papa por anunciar la fe a los niños y prepararlos de este modo
a la Primera Comunión. Se extendió rápidamente por toda la Iglesia Universal.
Comienza con la enseñanza de las primeras oraciones y fórmulas que han de
saberse de memoria. A continuación se presenta, con el método clásico de
preguntas y repuestas, las primeras nociones de la fe cristiana: ¿Quién nos ha
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 44 SEMAYOR

creado ? ¿Quién es Dios? ¿Para qué nos ha creado Dios? ¿Cómo se llaman las
tres personas de la Santísima Trinidad? ¿Quién es Jesucristo?. . .

Las tres partes del Catecismo corresponden al plan de lo que hay que
hacer para vivir conforme a Dios: creer las verdades reveladas por El (Credo),
guardar sus mandamientos (Mandamientos de la Ley, Preceptos de la Iglesia,
Virtudes principales), con los auxilios de su gracia, la cual se alcanza por medio
de los sacramentos (medios que causan la gracia) y la oración (o medio que
alcanza la gracia). Acaba el Catecismo con las oraciones del cristiano para el
día, para la confesión y comunión, la forma de rezar el rosario y de ayudar a
misa.

Lo que llama positivamente la atención de este catecismo es su claridad,


concisión y sentido práctico. Pero sorprende el enfoque individualista de la fe, su
noción más filosófica que bíblica de Dios ("Un Ser perfectísimo, Creador y Señor
de Cielo y Tierra", el poco relieve de Jesucristo en la revelación de Dios y en
toda la vida cristiana, y la visión meramente instrumental de los sacramentos,
como medios para alcanzar la gracia para así cumplir los mandamientos. El
mismo método de preguntas y respuestas, aun dirigido a niños, responde a un
tipo de mentalidad y pedagogía religiosa muy clásica. Este Catecismo puede
servir de ejemplo a la clave o mentalidad que llamaremos tradicional.

2. El Nuevo Catecismo de Adultos, llamado comúnmente Catecismo


holandés, es de l966, es decir poco después del Vaticano II. Fruto de un trabajo
colectivo y de una serie de intercambios realizados en la Iglesia holandesa,
pretende ofrecer un enfoque nuevo de la fe para los adultos, con el fin de poder
elaborar después un catecismo para jóvenes.

Sin preguntas ni respuestas, sin tecnicismos filosóficos o teológicos, es una


invitación a la reflexión. No pretende dar respuestas definitivas, sino que ofrece
más bien una visión histórica del dogma en el lenguaje existencial del hombre
moderno.

Su punto de partida es el misterio del hombre y de la existencia humana:


¿Quién soy yo? ¿Qué es el hombre? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué sentido
tiene este mundo?. Aparece claramente cómo el hombre busca a Dios a través
de toda la historia y se enumeran las grandes religiones de la humanidad como
caminos de búsqueda de Dios. Destaca el camino del pueblo de Israel que
culminará en Cristo. El Hijo del Hombre y la Iglesia como camino de Cristo,
constituyen las partes básicas de este Catecismo. Finalmente un capítulo sobre
el término del camino: la vejez, la escatología, y Dios Trinidad.

No nos interesa aquí evaluar cada una de sus afirmaciones (algunas de


ellas fueron objeto de reservas por parte de Roma), sino ver su modo de enfocar
la visión de la fe. Llama la atención su sentido antropológico, histórico,
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 45 SEMAYOR

comunitario, y bíblico de fe, su apertura al hombre moderno y a los humanismos


contemporáneos, y un estilo sencillo y comprensible para el hombre de la calle.
Evidentemente su trasfondo cultural, económico y religioso corresponde al de la
Europa Central de los años 60, y se respira un cierto optimismo, típico del
mundo neocapitalista y liberal de aquellos años, bastante alejado de los
problemas del Tercer Mundo. Es un ejemplo representativo de lo que
llamaremos la clave moderna de la fe.

3. "Nuestro Catecismo", obra de la Prelatura de San Félix de Araguaia y de


su Obispo Pedro Casaldáliga, es de los años 80. Mantiene el esquema clásico
del Catecismo de Pío X: primera parte el Credo, segunda parte la Ley, tercera
parte la oración. Pero hay notables diferencias entre ambos catecismos. Aquí
cada tema se realiza en cuatro momentos: explicación del tema, resumen en
letra grande para ser memorizado, preguntas para la reflexión en la comunidad y
un momento de oración o alabanza final. El Credo va glosando el símbolo
apostólico, con breves anotaciones que lo actualizan para América Latina. Así
por ejemplo. "Creemos que Dios quiere la igualdad y felicidad de todos, creemos
que Dios acompaña siempre a su pueblo, creemos que la misión de Jesús es
hacer presente el Reino de Dios. Creemos en Jesús que ha vencido a la muerte,
creemos en el Espíritu Santo la fuerza de Dios en nosotros, creemos que la
Iglesia es la continuadora de la misión de Jesús, creemos que Jesús es fuente
de agua viva". En este contexto cristológico y eclesial se ubican los siete
sacramentos. La segunda parte trata sobre la Ley: los diez mandamientos, la
Ley del pueblo liberado por Dios de Egipto y la bienaventuranzas y maldiciones
de Jesús. Finalmente la última parte sobre la oración expone el Padre Nuestro y
otras oraciones del cristianismo. Acaba el Catecismo con el decálogo del hombre
feliz para aprenderlo de memoria y vivirlo en la vida.

Feliz aquel que ama a Dios y vive con fe, atento a lo que Dios quiere.
Feliz aquel que descubrió que el verdadero Dios camina con el pueblo y
quiere su liberación.
Feliz aquel que comprende que seguir a Jesús es vivir en comunidad en
unión con el Padre y los hermanos.
Feliz aquel que confía en sus compañeros: "el mundo será mejor cuando el
pobre que sufre confía en el que es también pobre como él".
Feliz aquel que piensa que la vida y el buen nombre de los compañeros
valen más que todo el oro del mundo.
Feliz aquel que ama y respeta a su familia: a la esposa, al esposo, a los
hijos y a los padres.
Feliz aquel que sabe que su dignidad personal es sagrada.
Feliz aquel que entiende que la verdadera religión es amar a Dios, como
Padre y al prójimo como hermano.

Llama la atención de este Catecismo, junto con su sencillez y pedagogía,


su profundo sentido evangélico, comunitario y liberador. Hay una constante
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 46 SEMAYOR

preocupación por unir Dios y la vida del pueblo. Es un ejemplo de la clave


solidaria de la fe.

Estos tres catecismos, nacidos en momentos históricos y en contextos


socioculturales muy diversos, ejemplifican diversas claves de interpretación de la
fe, dentro de la tradición eclesial. En realidad no sólo los textos difieren, sino el
mismo concepto de catequesis, su papel dentro de la comunidad cristiana, sus
agentes y su forma de ser llevado a la práctica. Cada Catecismo revela una
mentalidad diferente, una visión peculiar de la fe, un esquema mental un
paradigma, una óptica propia.

3. EXPOSICION DE LAS TRES CLAVES DE LECTURA DE LA FE

Mientras en Europa se ha mantenido el interés por definir la esencia del


cristianismo, en América Latina ha surgido la preocupación por vincular la fe a la
realidad concreta histórica y local, y por descubrir la evolución histórica de la
visión de la fe. Una serie de autores de América Latina (G. Gutiérrez, J.B.
Libânio, L. Boff. R. Muñoz, P. Trigo, M. Preiswerk, el equipo de teólogos de la
CLAR) ha ido mostrando la pluralidad de esquemas mentales existentes y su
repercusión en orden a comprender y vivir la fe.

Los tres esquemas básicos podemos llamarlos clave tradicional o clásica,


clave moderna o secular y clave solidaria o liberadora. Expliquemos los
elementos constitutivos de cada una de estas claves, su origen y sus
implicaciones.

1. Clave tradicional. En ella predomina una visión objetiva y esencialista


de la realidad, la cosa en sí misma, independientemente del sujeto. Su esquema
está más ligado a la naturaleza que a la historia, a lo dogmático y estático que a
lo dinámico y evolutivo, a los orígenes más que al fin. Su visión de la realidad es
vertical, jerárquica, jurídica, descendente. Todo el universo mental sigue un
orden preestablecido y al igual que el orden cósmico, está regido por unas leyes
fijas y constantes, monolíticas y uniformes.

Este esquema está muy marcado por la sumisión a la naturaleza ante la


cual el hombre se siente impotente y mira con respeto sagrado, procurando
obedecer en todo el curso de la ley natural. Esta actitud se traduce también en
las relaciones sociales: sumisión a la autoridad, a la tradición, a lo establecido, a
las reglas de convivencia, a las costumbres. Así como no se cuestiona el orden
cósmico, tampoco el orden social: ambos se consideran sagrados y queridos por
Dios y vienen a ser expresiones de su Voluntad divina. El mundo está regido por
la Providencia de Dios y la libertad humana se expresa en la aceptación y
entrega a esta Voluntad divina, sin concebirse una postura crítica frente a la
familia, la sociedad o la religión. El mundo divino y sobrenatural es el que da
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 47 SEMAYOR

sentido al mundo natural o profano, el cual carece de autonomía y consistencia


propia. Todo debe ser sacralizado para que adquiera sentido.

Hay pues una gran coherencia entre los aspectos culturales, sociales,
filosóficos y religiosos de este esquema mental.

Este esquema mental es típico del mundo agrario, feudal y religioso que
prevaleció durante la Edad Media y configuró lo que se ha llamado la
Cristiandad. Esta cosmovisión se comenzó a resquebrajar de forma clara en el
siglo XV, pero a nivel eclesial se prolongó todavía durante siglos. El Catecismo
de Pío X refleja esta mentalidad, de la que oficialmente la Iglesia católica se
distanció recién en el Concilio Vaticano II.

2. Clave moderna. Desde el Renacimiento se abre paso en forma clara un


cambio de mentalidad que hacía siglos había comenzado a despuntar. Una serie
de hechos enmarcan esta evolución: el progreso de las ciencias que obliga a
desacralizar la naturaleza (Galileo) y a operar un giro "Copernicano" respecto a
la visión clásica anterior; la aparición de una ciencia política (Maquiavelo) que
intenta independizarse de la tutela eclesial y busca su propia racionalidad;la
Reforma con la afirmación de la autonomía de la conciencia personal frente a la
Iglesia, etc. Este amplio movimiento irá avanzando con los años: la Ilustración, la
Revolución Francesa, la Independencia de Norteamérica y de América Latina y
de las antiguas colonias Asiáticas y Africanas, el progreso científico, el
capitalismo económico y la Revolución industrial. . ., irán configurando una
nueva visión de la realidad: secular, urbana, democrática, liberal, pluralista. . .

De esta clave moderna la persona es el centro. Se ha pasado de una visión


objetiva y cosista a otra subjetiva y antropológica. La naturaleza se ha
desacralizado y la razón técnica ha transformado el antiguo cosmos mítico en
objeto de dominio, de energía y de riqueza. De la mentalidad estática y fixista se
ha pasado a una visión dinámica, histórica, evolutiva, en la que la libertad y la
racionalidad instrumental dominan la materia y enseñorean la historia. El sujeto
toma conciencia de su realidad personal y existencial y rechaza todo
dogmatismo, autoritarismo y legalismo. El nuevo sujeto histórico de esta nueva
historia es el sector de la burguesía. En este optimismo del progreso de la
técnica, florece tanto el individualismo más exacerbado (privacidad, propiedad
privada, liberalismo económico), como el deseo de diálogo y de comunidad
humana (intersubjetividad, comunidades de relaciones primarias). También en la
esfera religiosa, de la clave moderna surge tanto el ateísmo racionalista (por
creer que Dios niega la autonomía humana), como una fe más personal y más
comunitaria, que lejos de negar la libertad y la conciencia, la hace más cómoda y
responsable en la historia y en la misma comunidad cristiana.

Dentro del cristianismo, las iglesias nacidas de la Reforma aceptaron esta


mentalidad mucho antes que la Iglesia católica, que durante siglos se resistió
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 48 SEMAYOR

frente a ella, por verla ligada a peligros dogmáticos y prácticos. Recién en la


primera mitad del siglo XX, una serie de movimientos espirituales, pastorales y
teológicos (movimiento bíblico, litúrgico, patrístico, ecuménico, social), fueron
madurando el ambiente eclesial, hasta cristalizar en el Concilio Vaticano II. Este
Concilio, convocado por Juan XXIII y llevado a término por Pablo VI, representa
el paso de la clave tradicional a la moderna en la Iglesia católica. Sus
documentos sobre ecumenismo, libertad religiosa, diálogo con el mundo
moderno, etc., son significativos de este cambio de mentalidad. El Catecismo
holandés expresa bien esta nueva sensibilidad humana y eclesial. La resistencia
de muchos sectores eclesiales en aceptar el Vaticano II, es un reflejo de lo
profundamente arraigada que estaba, y continúa estando, en muchos católicos
la clave tradicional. Por otra parte el retraso de siglos por parte de la Iglesia en
aceptar esta nueva clave histórica, ha sido fuente de muchos conflictos y tensión
para muchos cristianos, que se sentían dilacerados entre su cosmovisión
humana moderna y la visión tradicional de la fe que la Iglesia todavía mantenía.

3. Clave solidaria. Las grandes revoluciones sociales de principio de siglo


y de estas últimas décadas, la irrupción de los pobres en la historia, el clamor de
la mayor parte de la humanidad por una vida más justa y más humana, han
hecho aflorar en la conciencia contemporánea la dimensión de lo social, como
momento dialéctico de relación entre sujeto y objeto.

La naturaleza se contempla a la luz de las estructuras sociales, económicas


y políticas. También la conciencia subjetiva se ve situada dentro de lo social y lo
estructural. Lo económico y lo político cobra fuerza, se descubren el influjo del
lugar socio-económico en la mentalidad de los grupos y los intereses de clase.
Frente a las injusticias de las estructuras dominantes se busca el proyecto
histórico del pueblo, en una línea más participativa y socializante. El pueblo
constituye el nuevo sujeto social e histórico del momento presente. La esfera de
lo religioso no escapa a esta clave de lectura. Para algunos sectores Dios
aparece como adormecedor, para que el pueblo se resigne ante el fatalismo de
la pobreza; para otros se redescubre la dimensión social y política de la religión
de la fe y del Evangelio.

Concretamente dentro de la Iglesia católica, las conferencias del


episcopado latinoamericano reunidas en Medellín (l968) y Puebla (l979) para
aplicar el Vaticano II a América Latina, representan una clara toma de conciencia
por parte de la Iglesia de América Latina de esta nueva clave de lectura. La fe es
vista desde el ángulo de los pobres, desde la realidad e injusticia de América
Latina. Desde la fe, esta situación es calificada como pecado personal y social,
contraria al plan de Dios. Consiguientemente en esta situación de conflicto, la
Iglesia opta prioritariamente por el sector de los pobres, como la forma actual de
realizar hoy su tarea evangélica.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 49 SEMAYOR

Esta clave de lectura halla en el Catecismo del obispo Casaldáliga una


expresión concreta. Pero esta visión no se reduce a América Latina, sino que va
creciendo sobre todo en el Tercer Mundo y en los sectores más explotados de
los países del Norte. Esta clave, por sus implicaciones sociopolíticas, produce
amplias sospechas y reticencias en sectores eclesiales y políticos de todo el
mundo. La agresividad del Documento de Santa Fe del gobierno de Reagan
contra la Teología de la Liberación, es un claro exponente de la conflictividad de
esta clave solidaria. La misma Iglesia universal está todavía lejos de haber
aceptado teórica y prácticamente esta clave.

Todo ello aparecerá con más claridad cuando veamos cómo las tres claves
descritas aquí configuran en la práctica diversas concepciones de la fe en sus
capítulos más significativos: Dios, Cristo, Antropología, Eclesiología,
Sacramentos, Educación, Praxis social, Pastoral, etc.

4. TRES VISIONES DEL CRISTIANISMO

A partir de cada una de estas tres claves se configuran diversas lecturas de


la fe. Iremos viendo, sucesivamente, cómo cada clave enfoca los puntos
nucleares de la fe cristiana.

1. El misterio de Dios.

Dios es visto por la clave tradicional como Ser perfectísimo, eterno,


espiritual, trascendente, providente, omnipotente creador de todo, totalmente
Otro y diferente de todo lo creado, impasible, incondicionado, inconmensurable,
omnipresente, infinito, Causa primera, Supremo Hacedor y Ordenador del
Universo. Sus atributos están más cerca de la filosofía griega y de la Teodicea
que de la Escritura y causan la impresión de gran lejanía de la humanidad. A
partir de esta imagen de Dios, la religión parece guardiana del orden establecido
y todo cambio parece atentar contra la Ley Divina que dirige las cosas a sus
fines. Es una imagen de Dios más ligada al curso de los astros que a al historia.

Indudablemente el misterio Trinitario se proclama abiertamente, pero la


visión tradicional de la Trinidad es más metafísica que bíblica, acentuando más
la esencia de la divinidad que la riqueza de las Personas, y todo el misterio
parece más un juego de la lógica que una revelación cálida y nuclear para la
vida cristiana. Basta leer himnos y prefacios trinitarios de la liturgia latina para
percatarse de que esta verdad parece en la práctica reservarse a la
especulación de unos pocos iniciados.

El concepto mismo de revelación se centra en la comunicación por parte de


Dios de unas verdades y normas, cuya recopilación se recoge en la Escritura y
en la Tradición eclesial. La Iglesia es la depositaria de este "depósito de la fe"
que el magisterio eclesial defiende y propone a los fieles para su aceptación. La
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 50 SEMAYOR

fe es, lógicamente, la aceptación por parte de los fieles de estas verdades


reveladas por Dios y enseñadas por la Iglesia. Hay un predominio de lo
intelectual sobre lo vital, de lo autoritario sobre lo comunitario, de lo dogmático
inmutable sobre lo histórico, de la doctrina recta sobre la práctica. Llama la
atención en esta visión de Dios el papel tan poco relevante de Jesús para
nuestra comprensión de Dios. También la Escritura se concibe como escrita por
los autores bíblicos gracias a una inspiración en forma de dictado desde arriba.
Estamos lejos de las modernas reflexiones sobre tradiciones bíblicas, géneros
literarios, historia de las formas, etc.

La clave moderna tiene una visión profundamente bíblica de Dios: es el


Padre de Nuestro Señor Jesucristo, revelado por Jesús, el Hijo encarnado. Es
Jesús quien ha revelado históricamente el misterio de Dios, al hablar del Padre
que le ha enviado y del Espíritu Santo que enviará a los Apóstoles. La Trinidad
no es una revelación para satisfacer la curiosidad científica, sino un misterio de
amor y de comunión, que se revela a la humanidad en la medida en que le hace
participar de su misterio: Dios nos revela que es Padre al hacernos hijos suyos,
el Espíritu se revela como don de amor al difundirse el amor de Dios en nuestros
corazones. Jesús se revela como Hijo al hacernos sus hermanos. La revelación
de Dios aparece como una realidad histórica: existe una historia de salvación,
con diferentes momentos y etapas (Antiguo Testamento, Jesús, Nuevo
Testamento) y Dios se comunica con palabras y con hechos. La Biblia recoge
estos hechos salvíficos y su interpretación, y la Iglesia es la comunidad capaz de
interpretar la Escritura, porque en ella reconoce su propia historia de salvación.
Dios es el autor de la Escritura en cuanto es el autor de toda la historia de
salvación y de la Iglesia, a cuyo bien todo se dirige. Pero Dios continúa actuando
en la historia, y aunque no revela misterios nuevos diferentes de la gran
revelación en Cristo, sí nos hace comprender cada vez con mayor profundidad la
verdad revelada. Los signos de los tiempos nos manifiestan la voluntad y el plan
de Dios en la historia, a través de acontecimientos, aspiraciones y deseos de los
pueblos (GS 4; 11; 44). La fe no es sólo adhesión a verdades, sino una vida
nueva, la participación de la vida de Dios, que en Jesús se nos ha comunicado.

Para la comprensión más adecuada de la revelación, la mentalidad


moderna incorpora al estudio de la Biblia y del dogma, los aportes de las
ciencias históricas, lingüísticas, sociales, filosóficas, etc., proporcionando así una
imagen de la revelación que sin dejar de ser misteriosa es más inteligible y se
adapta a la mentalidad del mundo de hoy. Este puede exclamar: ¡Ahora entiendo
la Biblia!, repitiendo el título de un conocido libro de introducción a la Escritura.

La visión solidaria se sitúa en continuidad con la visión moderna, pero


acentuando una serie de dimensiones poco resaltadas en la anterior clave. Dios
es captado en su revelación en la historia de salvación, como el Dios de la vida
(Gn), el liberador de pobres y oprimidos cuyo clamor escucha compasivo (Ex),
como el Dios que desea se realice el derecho y la justicia (Profetas). Esta
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 51 SEMAYOR

imagen de Dios es la que el mismo Jesús nos presenta: un Dios que desea la
liberación de los cautivos (Lc 4,l8) y cuyas entrañas se enternecen ante el hijo
pródigo (Lc l5). La Trinidad es un misterio de comunión y participación, un
misterio de solidaridad. La revelación de Dios se ordena a la realización del plan
de Dios, al Reino. Este Reino es como la prolongación hacia afuera del misterio
de solidaridad y comunión de Dios: el crear una humanidad fraterna, filial,
reconciliada, libre, justa, igualitaria. El Espíritu continúa actuando en nuestra
historia, y a través del clamor del pueblo oprimido hace escuchar se gemido y su
anhelo de liberación (Rm 8).

La Escritura es la historia del pueblo de Dios en su marcha hacia el Reino y


debe leerse desde el mismo pueblo. Los pobres son los primeros destinatarios
del Evangelio y aquellos a los que han sido revelados los misterios del Reino.
Desde la solidaridad con ellos, la Biblia alcanza su sentido, que se oculta a los
sabios y prudentes de este mundo. Dios es el Dios de los pobres y estos son los
que mejor comprenden su Reino (Mt 11,25). La fe exige vivir conforme el plan de
Dios, practicar la justicia: "Ya se te ha dicho, hombre lo que es bueno y lo que el
Señor te exige: Tan sólo que practiques la justicia que quieras con ternura y te
portes humildemente con tu Dios" (Mq 6,8). En el NT esta práctica se concretará
en el seguimiento de Jesús. No basta aceptar verdades correctas, hay que vivir
siguiendo a Jesús.

2. Jesucristo

En la Cristología tradicional se llamaba el tratado del Verbo Encarnado. Se


partía de una noción ya conocida de Dios y se aplicaba a Jesús. Puesto que
Dios es todopoderoso y omnisciente, Jesús aparece más como un Dios
disfrazado de hombre que como un hombre verdadero igual en todo a nosotros,
menos en el pecado. Las tentaciones de Jesús, sus sufrimientos y fracasos
resultaban inexplicables: eran únicamente para darnos ejemplo, pues en realidad
El se mantenía ajeno a todo este mundo limitado y oscuro que nos rodea. Más
que revelarnos quién es Dios a través de su humanidad de su vaciamiento,
parecía confirmar nuestra idea de un Dios lejano, poderoso demasiado parecido
a los poderosos de este mundo.

En esta Cristología tradicional, los misterios de la vida de Jesús contaban


poco: todo lo llenaba el problema de la unión personal del Verbo con la
humanidad de Jesús, la relación entre la Persona divina de Jesús y sus dos
naturalezas. Era una Cristología centrada más directamente en los Concilios de
la Iglesia que en la Escritura, más metafísica que histórica, más apologética que
positiva.

Por otra parte la dimensión salvadora de Jesús quedaba prácticamente


reducida al sacrificio de su muerte. La cruz, expiación del pecado de Adán, es la
satisfacción infinita que se ofrece a Dios para reparar la ofensa infinita del
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 52 SEMAYOR

pecado. La muerte de Jesús nos abre las puertas del cielo y así cada persona
puede salvarse después de su muerte.

Hay una serie de aspectos que no aparecen claramente en esta


Cristología: su vida, su doctrina, su Resurrección. Todo se centra en el sacrificio
de su muerte expiatoria, entendida desde una mentalidad que refleja los
esquemas feudales de la época: el vasallo que ofende a su señor necesita
reparar la ofensa, y en el caso de Dios, sólo una Persona de igual dignidad
divina -el Hijo- puede repararlo. No aparece ninguna dimensión liberadora del
Evangelio de Jesús que ayude a transformar la historia, sino que todo parece
reducirse a una salvación individual para la otra vida.

La Cristología moderna está bien arraigada en la Biblia. Parte de Jesús de


Nazaret, de su vida, muerte y resurrección, recupera la humanidad de Jesús con
todas las limitaciones anejas a la verdadera humanidad. Es Jesús quién nos
revela que Dios es ante todo Padre, y también Jesús es quien nos revela la
dignidad humana: el hombre es hijo de Dios y hermano de Cristo. La
encarnación de Jesús es el Si de Dios al mundo y de la historia humana. Desde
entonces no hay que buscar a Dios al margen de la historia, sino en la vida
humana, en el amor fraterno.

La muerte salvadora de Jesús es fruto de haber asumido la naturaleza


humana con todas sus consecuencias hasta el final, y su muerte da sentido al
misterio oscuro de nuestra muerte. Pero es la Resurrección de Jesús la que
clarifica el sentido de nuestra vida y de nuestra muerte, y por esto es
fundamento de nuestra esperanza. La Resurrección de Jesús nos ofrece el
modelo de la nueva humanidad, ya que Cristo resucitado es el Señor de la
historia, alfa y omega del universo (GS 22; 32; 45). Es una Cristología más
positiva y cercana a la problemática moderna, pero que puede pecar de un
excesivo optimismo.

La Cristología solidaria se sitúa dentro del enfoque moderno, pero


resaltando una serie de aspectos que se descubren al leer el Evangelio desde
un mundo de pobreza y hambre de América Latina: Jesús fue pobre, miembro de
un pueblo oprimido, optó por los marginados de su tiempo y les anunció a ellos
preferentemente el plan de Dios, el Reino. Exige conversión para entrar en este
Reino de Dios, que es una maravillosa Utopía que subvierte el orden injusto
actual y desea construir una humanidad fraterna, filial, libre y reconciliada. Nos
revela a su Padre como el Dios de los pobres, los pequeños y sencillos, y
promete al Espíritu que llevará a término en la historia del futuro. Su muerte no
es casual sino consecuencia de los conflictos que su misión y sus opciones
provocan en todos aquellos que no desean que las cosas cambien ni que venga
el Reino de Dios. La Resurrección de Jesús es el Sí del Padre al camino de
Jesús y una gran buena noticia para los pobres y oprimidos de este mundo: Dios
quiere la vida y levanta del polvo al oprimido. Pero es una mala noticia para
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 53 SEMAYOR

Pilatos, Herodes, Caifás y todos los poderosos de este mundo. La vida de Jesús,
su mensaje, su muerte y resurrección tienen un profundo contenido liberador. La
solidaridad de Jesús con los pobres y su identificación con ellos en el juicio final,
hace de los pobres el centro del nuevo Reino, del que ellos son los jueces
escatológicos en el tribunal supremo de la historia (Mt 25, 3l-45).

Esta clave solidaria, esencialmente bíblica, fundamenta una actitud


cristiana de seguimiento de la vida y mensaje de Jesús, a imitación de los
apóstoles. Se entendería mal esta clave si se la redujese a una liberación
meramente socio-económica, fruto exclusivo del esfuerzo humano, cayendo así
en fáciles y engañosos mesianismos terrenos. Esta clave no olvida las
dimensiones de trascendencia, de cruz y de gratuidad de la salvación. Jesús no
es un simple profeta, ni un revolucionario social, sino el Hijo de Dios que ha
venido al mundo para que tengamos vida en abundancia (Jn 10,10) y para
hacernos libres de toda esclavitud (Jn 8,36) con su vida, muerte y resurrección.

3. Antropología

La concepción tradicional llamaba a esta parte de la teología el tratado sobre


la gracia. Parte de la creación natural y de la elevación de la humanidad al orden
sobrenatural, que en el paraíso terrenal se manifiesta esplendorosamente. De
este estado paradisíaco Adán y Eva, por su pecado fueron expulsados, perdiendo
la gracia sobrenatural y otros dones. Este pecado de los orígenes de la
humanidad constituye la raíz del llamado pecado original, que se hereda a través
de la procreación del que el bautismo nos limpia por la gracia de Cristo. Pero aún
después del bautismo, el cristiano está sometido a la tentación, al pecado y a la
muerte. La vida es una dura batalla, el trabajo del varón y el dolor del parto de la
mujer continúan siendo castigo del pecado. El recuerdo de las postrimerías del
hombre, muerte, juicio, infierno y gloria, son una continua ayuda para no pecar y
salvar el alma, viviendo en una perpetua conversión personal y esperando los
bienes eternos del cielo.

Esta visión sostiene un profundo dualismo entre el orden natural y el


sobrenatural, entre tierra y cielo, entre cuerpo y alma, entre presente y futuro. Su
visión de la humanidad se orienta al más allá y posee un sello más individual que
comunitario. Todo se mide en relación con la eternidad, y el compromiso con el
presente es poco fuerte. Trabajo, sexo, política, cuerpo, materia, parecen
conllevar una carga más bien negativa. Hay siempre una nostalgia del paraíso
perdido.

La clave moderna posee una visión más positiva e integral de la realidad


terrestre y humana. Su visión es más bíblica y existencial. La obra creadora de
Dios, que no impide una visión evolucionista del mundo, culmina en la creación
del hombre y de la mujer, llamados a dominar el mundo con su trabajo e
inteligencia y a vivir el amor interpersonal. El pecado original se contempla sobre
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 54 SEMAYOR

todo desde una visión personalista: son nuestros pecados personales los que lo
actualizan y lo hacen presente. El paraíso es concebido más bien como la Utopía
de futuro para la humanidad. La misión humana en el mundo se concreta por
acercarse a este ideal escatológico, los cielos nuevos y la tierra nueva. Mientras
tanto, aunque hay desproporción entre nuestro trabajo es semilla de la nueva
humanidad. La gracia todo lo penetra, todo es gracia. Hay una experiencia
personal de la gracia. No se niega el pecado ni la oscuridad de la muerte, pero la
muerte y resurrección de Jesús son fuente de salvación y de esperanza. Se
insiste en la dimensión comunitaria del pecado y de la conversión ya que se es
consciente que el pecado hiere a la Iglesia, comunidad de salvación en nuestro
mundo. La visión moderna es fundamentalmente optimista, evolutiva, mira al
futuro con confianza y valora la responsabilidad humana en el progreso de la
historia, que camina hacia su transfiguración en Cristo.

La clave solidaria no parte de un ideal abstracto de humanidad, sino de la


situación inhumana y de muerte a la que se ve sometida la mayor parte de la
humanidad: hambre, analfabetismo, pobreza, insalubridad, vida dura y muerte
anticipada prematura e injustamente. Esta realidad, opuesta al plan de Dios se
debe llamar pecado. El pecado original y personal cristaliza en estructuras de
pecado, en concreto en el pecado de injusticia que es el gran pecado de nuestro
mundo. Su visión del mundo no es ilusoriamente optimista. El pecado produce
muerte: desde Caín a la crucifixión de Jesús, desde los profetas asesinados a los
millones de seres condenados hoy a la muerte. Sin embargo, desde la fe se
recupera la esperanza: Dios quiere la vida, el mundo debe ser compartido por
todos, Jesús es la Vida verdadera y desea que la poseamos en abundancia. Su
resurrección significa la posibilidad de que la vida triunfe sobre la muerte y la
víctima sobre el verdugo, Jesús con su vida y su identificación solidaria con los
pobres nos marca la ruta: trabajar por la liberación integral de toda esclavitud y de
toda muerte, luchar por quitar el pecado del mundo, realizar ya aquí el Reino,
anticipar ya en este mundo parcialmente los cielos nuevos y la tierra nueva de la
escatología, caminar hacia la comunión y participación plena de todos entre sí y
con Dios.

Esta visión es colectiva e histórica: tanto la gracia como el pecado tienen


dimensión histórica. La salvación debe hacerse presente en la historia del pueblo
de Dios, llegando así a una experiencia no sólo personal sino histórica de la
gracia. Es una concepción muy realista de la existencia humana y del peso del
pecado en la historia, pero al mismo tiempo vive la esperanza de un futuro mejor,
más conforme el plan de Dios, del que el paraíso es el símbolo que debe ser
anticipado ya aquí. Desde los pobres de este mundo debe comenzar a surgir la
nueva humanidad: el Reino de Dios, prometido a todos los que lloran y sufren.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 55 SEMAYOR

4. La Iglesia

La clave tradicional concibe la Iglesia en forma de pirámide que se estrecha a


medida que se acerca a la cúspide y se ensancha en la base. Es una eclesiología
centrada en el poder y la autoridad. Más concretamente, es una Iglesia dividida en
dos clases de cristianos: el clero o jerarquía y los seglares o laicos. La jerarquía
(Papa, obispos, sacerdotes) está consagrada para las cosas espirituales de Dios,
mientras los laicos se ocupan de las cosas terrenas, carnales y profanas. En la
cúspide de la jerarquía está el Papa que domina sobre toda la Iglesia y sobre el
pueblo cristiano. Esta eclesiología clerical destaca también las dimensiones
juridicistas e institucionales de la Iglesia: aparecen en esta visión clásica de la
Iglesia más los aspectos visibles e históricos que su dimensión de misterio. Es
también una Iglesia triunfalista y gloriosa, en la que las atribuciones del
Resucitado han pasado a sus representantes jerárquicos. Esta visión de Iglesia,
típica de la Cristiandad medieval, provocó cismas en el cuerpo de la Iglesia: la
separación de la Iglesia de Oriente, la Reforma. . . Pero todo ello no sirvió más
que para reforzar la eclesiología tradicional, que alcanzará su punto álgido en el
Vaticano I y en la época de Pío XII. Los intentos más modernos de elaborar una
teología del laicado, no son más que pequeños remedios para superar una
situación de alejamiento del mundo, ya imposible de sostener por más tiempo. El
laicado, cuya misión es consagrar el mundo y ser como una avanzadilla eclesial
en el terreno social y político, continúa en esta clave, subordinado al clero, del que
es como su brazo ejecutivo.

La clave moderna recupera la dimensión de Iglesia de comunión, olvidada


durante algunos siglos, y se define como sacramento de salvación. Frente a la
visión anterior eminentemente clerical, la Iglesia se proclama toda ella Pueblo de
Dios, constituido por el bautismo y la eucaristía. Frente al juridicismo anterior, la
Iglesia moderna descubre su dimensión de misterio o sacramento. Frente al
triunfalismo tradicional, la Iglesia ahora se proclama peregrina hacia el Reino y
dialogante con el mundo. Esta visión eclesiológica moderna desemboca en una
serie de reformas y medidas que acentuarán las notas del diálogo, la
corresponsabilidad, la comunidad: reforma litúrgica, ecumenismo, sínodos,
conferencias episcopales, consejos pastorales, etc. Esta eclesiología, iniciada en
la primera mitad del siglo XX, culminará en el Vaticano II y en la eclesiología
postconciliar.

La clave solidaria completa y desarrolla la eclesiología moderna en algunos


puntos. Es una eclesiología liberadora, que quiere ser sacramento histórico de
liberación para los sectores populares y pobres. Quiere destacar que el Pueblo de
Dios, que nació en el Exodo fue un pueblo liberado de la esclavitud y que sólo
buscando la liberación del pueblo pobre, la Iglesia puede llegar a ser auténtico
Pueblo de Dios. Es una Iglesia que toda ella se orienta hacia el Reino de Dios, un
Reino que en un mundo dividido por la injusticia, debe ser Reino de Justicia,
derecho y libertad. Es una Iglesia encarnada y presente en el mundo, pero sobre
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 56 SEMAYOR

todo en el mundo de los pobres. Es la Iglesia del Crucificado y de los crucificados


de este mundo por el egoísmo del pecado. Quiere ser no sólo Iglesia para los
pobres, sino Iglesia de los pobres.

Este tipo de eclesiología, que va creciendo en torno a Medellín y Puebla, se


concreta en las comunidades eclesiales de base, nuevos carismas, nuevos
ministerios, un nuevo estilo más profético, y también sufre conflictos,
persecuciones, y martirio. Desde la solidaridad con los pobres de la tierra, esta
eclesiología adquiere una fuerte dimensión evangélica y popular: su opción
prioritaria por los pobres es su nota más característica.

5. Sacramentos

Es importante la visión que se tenga de los sacramentos, pues a través de


ellos se ofrece una imagen de cristianismo y de la Iglesia.

Para la clave tradicional los sacramentos son instrumentos de gracia, unos


canales a través de los cuales, la gracia que Cristo nos mereció por su pasión, se
nos comunica a cada uno de nosotros. De ahí proviene su eficacia infalible, con tal
que se pongan las condiciones mínimas necesarias para su recto funcionamiento.
El sacerdote es el ministro de estos sacramentos, por ser el mediador entre Dios y
los hombres. El administra estas fuentes de gracia de la Iglesia. El bautismo de los
niños sería el sacramento prototipo: en él aparece la dimensión objetiva de la
salvación que Dios nos comunica a través de estos instrumentos de gracia.

La visión sacramental moderna recupera otros aspectos del sacramento: su


dimensión simbólica, el encuentro personal con el Resucitado y sobre todo su
eclesialidad. Los sacramentos son celebraciones litúrgicas de la Iglesia, momentos
fuertes en los que la comunidad eclesial expresa y celebra el misterio pascual de
Cristo y el triunfo definitivo de su gracia sobre el pecado. A través de ellos, no sólo
las personas reciben gracia, sino que la misma comunidad eclesial, se va
estructurando, como comunidad de Jesús en el mundo. El sacerdote aparece
como representante cualificado de la Iglesia. La eucaristía es el sacramento
principal, ya que gracias a ella la Iglesia se va constituyendo como Cuerpo de
Cristo. El sacramento presupone fe y opción personal de parte del sujeto que se
acerca a la Iglesia. En esta clave moderna, el bautismo de niños, o es cuestionado
por algunos, o no se considera como el prototipo de los sacramentos, sino más
bien como un caso límite muy peculiar. El ideal sacramental sería los sacramentos
de los adultos, donde ellos corresponden a la gracia con su fe y disposición
personal. Esta clave sacramental entra en diálogo con el mundo moderno secular
y liberal.

La clave solidaria redescubre otros aspectos de los sacramentos: su


dimensión profética, el ser símbolos de la Utopía del Reino, la exigencia de justicia
y solidaridad con los pobres, su conexión con el seguimiento del Jesús histórico.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 57 SEMAYOR

Los sacramentos deben ser símbolos liberadores de una Iglesia que ha optado por
los pobres y que desea que haya conexión entre el misterio pascual que celebra
toda liturgia y el compromiso cristiano en la vida del pueblo. Tanto la pascua judía,
como la pascua de Jesús, son acontecimientos salvíficos profundamente
liberadores. En la liturgia debe resonar el clamor del pueblo y hacerlo llegar a
Dios. En esta clave la preocupación principal no es por el problema de la edad de
los que reciben los sacramentos (niños o adultos), sino por el compromiso que se
tiene frente a las estructuras injustas de la sociedad. Esta clave se preocupa por
mantener unidos el sacramento del altar y el sacramento del hermano.
Evidentemente esta mentalidad se alimenta de la constante experiencia de
miseria, de pobreza y de marginación de las mayorías de América Latina y del
Tercer Mundo.

6. Espiritualidad

La espiritualidad tradicional parte del dualismo entre materia y espíritu,


parece reducir la espiritualidad a la esfera de lo sagrado, a personas
especialmente consagradas a Dios (sacerdotes y religiosos), a la vida interior y al
cultivo de la belleza del alma. La división entre preceptos y consejos evangélicos
separa a los cultivadores de la perfección (clero, y religiosos) de los que se
contentan con cumplir los mandamientos (laicos). La espiritualidad es para las
élites y grupos selectos, con capacidad intelectual y económica para dedicarse a
la contemplación y a la vida espiritual.

La espiritualidad, vista desde la clave moderna, recupera las nociones de


bautismo y Pueblo de Dios, se centra en el don de la caridad y en la celebración
litúrgica. La vocación universal de toda la Iglesia a la santidad y la doctrina de la
pluralidad de carismas en la Iglesia, abren las puertas de la espiritualidad a todo
bautizado. La perfección se centra en la caridad y su cumbre es el don del
martirio. La espiritualidad se debe vivir en el mundo, en el trabajo y en las
realidades temporales cotidianas. Surge la espiritualidad laical y la de la propia
profesión.

La espiritualidad solidaria quiere vivir según el Espíritu de Jesús y por esto


mismo se inserta en el mundo de los pobres, escucha su clamor, se solidariza con
sus sufrimientos y aspiraciones, encuentra al Señor en el pobre y vive la
experiencia espiritual de la contemplación en la acción liberadora. El pobre
evangeliza, obliga a la conversión, interpela y se convierte en lugar espiritual
privilegiado. La misma religiosidad popular adquiere un sentido espiritual: el orar
desde los pobres y con ellos, actualiza la inserción de Jesús en medio de su
pueblo y su experiencia espiritual del bautismo, de la cruz y de su solidaridad con
los pobres.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 58 SEMAYOR

7. Pastoral

La pastoral tradicional es la liderada exclusivamente por la jerarquía


eclesiástica y se centra en la instrucción religiosa y moral del pueblo. Basada en el
poder, en la autoridad y en la transmisión dogmática de las verdades de la fe,
busca la tutela y la defensa de la fe de los bautizados, más que la evangelización
del mundo. Está ligada a un tiempo de sociedad tradicional, más bien agraria y a
un mundo homogéneamente cristiano.

La pastoral moderna incluye a los laicos en su tarea misionera. Trabaja con


minorías selectas que han de actuar luego, como fermento en el mundo moderno
secular y descristianizado. Se orienta al testimonio en la propia profesión y en la
vida familiar, pero sin cuestionar demasiado las estructuras económicas del
mundo moderno. Fomenta movimientos apostólicos, bien organizados y con
buena formación, sobre todo en las capas medias de la sociedad. Su espiritualidad
no es la de las ascesis y renuncia, sino la valoración de las realidades terrenas y
la presencia anónima del Reino allí donde hay amor y justicia.

La pastoral solidaria, unida al contexto de la pobreza e injusticia de América


Latina, une a todos los miembros de la Iglesia comprometidos con la justicia en
favor de los pobres, se orienta a la concientización de las situaciones de justicia y
a la lucha por la liberación. Se dirige al mundo de los pobres, excluidos
normalmente no sólo de la sociedad sino también de una participación activa en la
Iglesia. A través de comunidades eclesiales de base, cursillos bíblicos, etc., busca
evangelizar a los pobres y ser evangelizados por ellos. Es una pastoral profética y
con frecuencia conflictiva, ya que no se limita a fermentar la sociedad, sino a
liberarla de todas las esclavitudes.

8. Educación

La educación tradicional es con frecuencia clasista y elitista, marginando a


muchos sectores de la sociedad de su influjo. Sus contenidos son objetivos,
doctrinales, abstractos, muchas veces trasplantados del exterior. Su metodología
es uniforme y pasiva, limitándose a transmitir contenidos muchas veces alejados
de los intereses reales del pueblo. Se orienta más a mantener las estructuras
vigentes que a cuestionarlas, y busca crear individuos que triunfen en el vida y
tengan "más". Fomenta un cristianismo individualista y alejado del compromiso en
la vida. Suele limitarse a la pedagogía sistemática y formal, con que consigue
innegables buenos resultados de preparación eficaz, laboriosidad y espíritu
científico y metódico, pero que se pone al servicio de los sectores más
privilegiados de la sociedad.

La educación moderna busca una mayor democratización de la enseñanza,


renueva sus contenidos y técnicas pedagógicas, es más pluralista y respetuosa de
los valores culturales y locales, procura que el educando sea sujeto de su propia
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 59 SEMAYOR

educación y que se oriente a una forma de las estructuras sociales. Pretende que
cada persona "sea más" y educa para un cristianismo más consciente para vivir su
fe en un mundo secular. Aprovecha todos los recursos de la educación
asistemática y procura crear una comunidad educativa (profesores y padres)
renovada y activa.

La educación solidaria pretende ser educación popular, dirigiéndose


especialmente a los sectores marginados social y culturalmente. Intenta situar los
contenidos en el contexto histórico y geográfico del pueblo, orientando al cambio
permanente y orgánico de América Latina. Parte de la vida y se orienta a la praxis.
Desea que el pueblo sea sujeto histórico de su desarrollo liberador, fomentando su
originalidad creativa. La escuela desea anticipar ya en sus mismas estructuras un
nuevo tipo de sociedad, que se acerque más a los valores evangélicos del Reino
de Dios. Se orienta a un cristianismo liberador, que participe del proyecto liberador
de Jesús.

9. Otros temas

Hemos elegido una serie de temas básicos dentro de la fe y vida cristiana.


Pero se podrían añadir otros muchos. Así por ejemplo, María en la clave
tradicional aparece llena de privilegios y la mariología se utiliza como argumento
apologético contra protestantes y racionalistas; en la clave moderna es símbolo de
la Iglesia; en la clave solidaria aparece como mujer del pueblo que enaltece a Dios
y proclama que la salvación tiene que ver con la justicia hacia los pobres.

La eucaristía en la clave tradicional se centra en las dimensiones sobre todo


de presencia real y sacrificio; en la clave moderna recupera las dimensiones de
comunidad eclesial y de comunión; en la clave solidaria la eucaristía se ve
relacionada con la justicia, la solidaridad y el hambre del mundo.

La moral tradicional se basa en normas y leyes que deben ser cumplidas; la


moral moderna en la opción fundamental de la persona ante los valores del
Evangelio; la moral solidaria acentúa que la opción fundamental debe pasar por la
opción por los pobres, en seguimiento de Jesús.

La vida religiosa tradicional deja el mundo y se consagra a Dios buscando su


perfección en el marco de unas reglas e instituciones propias, desde donde hace
su apostolado; la vida religiosa moderna busca su presencia testimonial en el
mundo urbano y secular, desde una comunidad evangélica y un trabajo
profesional, muchas veces secular; la vida religiosa solidaria intenta insertarse en
el mundo de los pobres acompañándolos evangélicamente desde su propio
carisma religioso profético, en su marcha liberadora hacia el Reino.

La moral tradicional tiende a ser asistencialista frente a los pobres ("dar pan y
peces"), la acción moderna busca el desarrollo y la promoción ("dar una caña y
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 60 SEMAYOR

enseñar a pescar"), la acción solidaria pretende la liberación de las esclavitudes


("el río es de los pescadores").

Con todas estas aplicaciones concretas se puede comprender mejor la


diversidad de claves para la interpretación del cristianismo, y cómo aquellos tres
esquemas mentales tienen su repercusión en la visión y praxis de la fe cristiana y
configuran tres rostros diferentes de la vida cristiana.

En fin, para volver a los tres ejemplos aducidos al comienzo, y que


seguramente ahora se comprenden mejor, el Catecismo de Pío X corresponde a
una catequesis tradicional, el Catecismo holandés a la catequesis moderna y del
Brasil a la solidaria.

5. REFLEXIONES FINALES

Después de haber expuesto estos tres esquemas mentales y de haber visto


su repercusión en las diferentes concepciones del cristianismo, podemos, para
acabar, hacer una serie de reflexiones útiles para nuestra mejor comprensión del
ser cristiano hoy en América Latina.

1. Ha aparecido con bastante claridad que tanto el surgimiento de cada clave


como su desarrollo está estrechamente vinculado al proceso histórico de la
humanidad y en concreto de la Iglesia.
La clave tradicional corresponde a un momento histórico definido, rural,
pretécnico, sacral y se plasma en la Cristiandad medieval.
La clave moderna surge en torno al Renacimiento.
La clave solidaria nace al irrumpir los pueblos pobres y jóvenes en la historia
contemporánea.
Desde el punto de vista eclesial, la clave tradicional es preconciliar, abarca el
tiempo anterior al Vaticano II, la clave moderna surge en torno al Vaticano II y la
solidaria en el postconcilio, concretamente en torno a Medellín y Puebla. Hay pues
un condicionamiento histórico y cronológico en cada una de estas claves.

2. Sin embargo, existe también una simultaneidad sin-crónica de las claves.


En el momento presente, en la Iglesia actual, coexisten las diferentes claves,
creando tensiones y conflictos a todo nivel.
Ciñéndonos a América Latina existen sectores (por ejemplo: los campesinos)
ubicados mayoritariamente en la clave tradicional, sectores urbanos
(universitarios, profesionales) en la clave moderna y grupos populares (CEBS) en
la clave solidaria. Este fenómeno es típico de los momentos de acelerado cambio
histórico como el presente.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 61 SEMAYOR

3. Más aún, existe una paradoja que merece nuestra atención. A nivel
eclesial, la clave tradicional, es menos tradicional de lo que podemos pensar.
Muchos elementos del catolicismo tradicional, no son los de la primitiva tradición
de la Iglesia, sino que son fruto de una lenta evolución histórica: influjo del
judaísmo tardío, paso de una Iglesia de mártires a una Iglesia unida al imperio en
el siglo IV, creciente poder de la autoridad eclesial, progresiva pérdida de
elementos simbólicos y comunitarios, desmembración del Oriente cristiano.
La clave moderna, en muchos aspectos, es más tradicional que la clave
clásica ya que recupera la tradición de la Iglesia primitiva, de la Escritura y de los
Padres. Muchas "innovaciones" del Vaticano II son una vuelta a la genuina
tradición eclesial.
Lo mismo puede afirmarse de la clave solidaria: en el fondo vuelve a
conceptos profundamente bíblicos y tradicionales, al Exodo, a la predicación
profética, al Jesús histórico que nos presentan los Evangelios, a la comunidad de
Jerusalén, a la preocupación patrística por la justicia, a los movimientos populares
y comunitarios de la Edad Media, a las grandes figuras misioneras de la Iglesia de
los siglos XVI - XVII (Las Casas, Valdivieso, Montesinos, Domingo de Santo
Tomás. . . ), a los movimientos cristianos sociales utópicos del siglo XIX, a la
Doctrina Social de la Iglesia. En cada época, junto a la clave oficial, ha
permanecido oculta y soterrada una dimensión más profunda, el polo profético de
la Iglesia.

4. Todo ello nos obliga a ser honestos al momento de valorar las claves,
sobre todo las del pasado.

Seríamos injustos si no reconociéramos valores positivos en la clave que


hemos llamado tradicional. En ella descubrimos valores auténticamente cristianos,
que han ayudado a santificarse dentro de esta mentalidad, a muchas
generaciones de la Iglesia. Descubrimos en esta mentalidad un sentido religioso
profundo, sumisión a Dios y obediencia a la jerarquía, sano relativismo ante las
cosas humanas, conciencia de pecado, sensibilidad hacia lo trascendente,
compasión hacia los pobres. Pero también hay en esta clave elementos que, por
lo menos hoy, nos parecen negativos: dualismo más griego que cristiano, poca
preocupación por el compromiso histórico, individualismo, clericalismo,
paternalismo, etc. Esta mentalidad influye notablemente en sectores
conservadores de la sociedad y de la Iglesia, como expresa bien Medellín:
"Los tradicionales o conservadores manifiestan pocas o ninguna conciencia
social, tienen mentalidad burguesa y por lo mismo no cuestionan las estructuras
sociales. En general se preocupan por mantener sus privilegios que ellos
identifican con el "orden establecido", su actuación en la comunidad posee un
carácter paternalista y asistencial, sin ninguna preocupación por la modificación
de "statu quo". (DM Pastoral de élites, 6)".
Estos sectores en América Latina tienden a defender la "civilización cristiana
occidental" y a ver marxismo en todo lo que sea exigencia de justicia. Este tipo de
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 62 SEMAYOR

cristianismo es el que ha posibilitado en América Latina la actual situación de


injusticia y el que fomente en el pueblo actitudes de resignación pasiva.
La clave moderna posee grandes valores, ya que su inspiración es
fundamentalmente bíblica y patrística. Se ha abierto también a valores
irrenunciables del mundo moderno: respecto a la persona, progreso científico,
diálogo, autonomía de lo secular. Sin embargo no está exenta de ambigüedades:
asimilación acrítica de la modernidad, por ejemplo de la supremacía del progreso
teórico y económico sobre el social y humano, visión demasiado optimista del
desarrollo sin darse cuenta del costo social que ha producido a los países del
Tercer Mundo, insensibilidad ante las raíces pecaminosas del capitalismo, lejanía
del dolor del pueblo, racionalismo e individualismo burgués, autosuficiencia. De
todo ello también advierte oportunamente Medellín (Pastoral de élites, 7).
La clave solidaria tampoco está exenta de riesgos. Tanto Medellín (Pastoral
de élites, 8), como Puebla (48l-490) y documentos de la Iglesia universal
(Instrucción sobre la Teología de la Liberación) aluden a ellos: reduccionismo a lo
sociopolítico, utilización poco crítica de las ciencias sociales, rupturas eclesiales,
etc. Sin embargo, sus valores positivos son innegables: sensibilidad profética a la
justicia, vuelta a los pobres, visión más evangélica del cristianismo y de la Iglesia,
preocupación por la instauración del Reino de Dios en la historia, etc.

5. Todo lo dicho hasta aquí podría conducir a un cierto relativismo. Tal vez
algunos podrían sacar la conclusión de que no importa mucho qué clave se elija,
puesto que cada clave tiene aspectos positivos y negativos. Esta conclusión no
sería correcta.
El cristianismo no es una ideología sino una vida, un camino. Y debe vivirse
en cada momento histórico, respondiendo a las interpelaciones concretas de la
humanidad. El Dios de la revelación continúa manifestando sus designios
salvadores en la historia, a través de los anhelos y aspiraciones de los pueblos.
Esta es la doctrina de los signos de los tiempos que el Vaticano II expone y aplica
(GS 4;11;44). No se puede servir a Dios al margen de la historia y de los signos de
los tiempos.
En el mundo de hoy, concretamente en América Latina, el clamor de los
pobres en busca de su liberación es uno de los principales signos de nuestro
tiempo (Instrucción sobre la Teología de la Liberación, l). Discernirlo,
comprenderlo, captarlo, asimilarlo y hacer de él una forma continua de enfocar la
realidad y la fe, es una tarea ineludible hoy, y mucho más en América Latina. Esto
es lo que la Iglesia de América Latina intentó hacer en Medellín y Puebla, y lo que
la teología latinoamericana intenta hacer al hablar de liberación.
Optar por la clave solidaria no es una moda ni una arbitrariedad, sino una
exigencia espiritual. Al hacerlo, deben incorporarse a ella los aspectos positivos de
claves anteriores, pero situándolos en una óptica nueva. Es realmente un cambio
de forma de pensar, valorar y actuar. Es una conversión, un renacer de nuevo.
Hemos de imitar al padre de familia de la parábola evangélica, que de sus
reservas va sacando cosas nuevas y cosas antiguas (Mt l3,52). Pero este vino
nuevo requiere vasijas nuevas (Mc 2,22).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 63 SEMAYOR

6. Pero ¿cómo renacer a la solidaridad? ¿cómo pasar de una clave a otra? El


paso de la clave tradicional a la moderna, es un cambio sobre todo cultural e
intelectual. Las rupturas producidas al emerger el mundo moderno, exigen
naturalmente un cambio de mentalidad. La humanidad fue pasando lentamente del
mundo premoderno al moderno. Cuando la Iglesia en el Vaticano II se adaptó al
mundo moderno, muchos cristianos respiraron satisfechos: el ser cristiano ya no
entraba en conflicto con su modernidad. Después del Vaticano II, los cursos de
"renovación conciliar" pretendían ayudar a este cambio de mentalidad que
fundamentalmente consistía en una renovación intelectual, en ver al mundo,
también el mundo de la fe, con ojos "modernos", en abrirse a la cultura moderna.
El paso de la modernidad a la solidaridad es más complejo. No implica sólo
una mayor ilustración intelectual, sino un cambio de lugar social. Es ver al mundo
y leer el Evangelio desde los pobres, escuchando su clamor en solidaridad con las
aspiraciones de la mayoría. Es ver el mundo desde abajo, morir a una posición de
privilegio, de superioridad y aceptar que a los pobres ha sido revelado el misterio
del Reino (Mt 11,25). Es cambiar de interlocutor, de sensibilidad, de óptica. Para
muchos puede suponer una profunda ruptura. En todo caso, exige una conversión.
La evolución de Mons. Romero puede resultar ilustrativa. Educado en una
mentalidad cristiana tradicional, durante el Vaticano II fue pasando a una
concepción más moderna de la fe. Esto le dio una visión más abierta y científica,
pero no le hizo cambiar de lugar social. Su elección episcopal para la sede de San
Salvador en l977 alegró a la oligarquía, a los militares y a los sectores más
tradicionales de la Iglesia. Fue el descubrimiento de la cruel realidad de muerte del
pueblo salvadoreño, el asesinato de sus sacerdotes, catequistas y del pueblo
sencillo por las fuerzas de seguridad del Estado y por sus poderosos aliados, lo
que le hizo abrir los ojos a la realidad del mundo de los pobres, como una realidad
injusta, contraria al plan de Dios. Esto provocó su conversión al Evangelio de los
pobres, al Dios de la vida. De ahí brotó la maravillosa fuerza profética de sus
eucaristías dominicales en la catedral, su preocupación por encarnar la Iglesia en
el mundo de los pobres, su valentía ante los opresores del pueblo. De ahí brotaron
sus tensiones y conflictos con sectores de la Iglesia y de la sociedad, y con el
mismo departamento del Estado de EE.UU. Por esto murió mártir, mezclando su
sangre con el cáliz de la eucaristía.
Por otra parte, hay sectores populares que viven en la clave tradicional, que
fácilmente pueden acceder a la clave solidaria, casi sin pasar por la clave
moderna. El pueblo que ha sufrido una explotación de siglos, puede comprender
fácilmente los aspectos alienantes de la clave tradicional y las dimensiones
liberadoras de la clave solidaria. No necesita cambiar de lugar social, sino tomar
conciencia de su realidad y del secuestro a que ha sido sometido el Evangelio
durante mucho tiempo.

7. Comenzábamos preguntándonos ¿Qué significa ser cristiano en América


Latina? Hemos visto cómo en un continente pobre y cristiano, ser cristiano no
puede ser algo meramente tradicional o ritual, sino que se debe expresar en el
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 64 SEMAYOR

seguimiento de Jesús. El seguimiento de Jesús implica proseguir su camino


liberador hacia el Reino.
Nos preguntábamos luego el por qué de esta opción. Después de haber
explicado las diversas formas de comprender y vivir la fe, podemos ahora ya
responder. Seguir a Jesús en su misión es la forma de ser cristiano en América
Latina, ya que la situación de injusticia del pueblo nos interpela a vivir el
cristianismo desde la clave solidaria. Esto que para el pueblo pobre y sencillo de
América Latina aparece algo obvio, para otros sectores de la Iglesia tal vez resulte
nuevo o incluso escandaloso. En realidad es algo simplemente evangélico: ser
cristiano consiste en imitar a los Apóstoles y discípulos en el seguimiento de
Jesús.
Pueden servirnos para cerrar estas reflexiones las palabras del diario del
Papa Juan XXIII, escritas pocos días antes de su muerte:
"Hoy más que nunca (ciertamente más que en siglos precedentes), estamos
llamados al servicio del hombre como tal, no sólo de los católicos. A defender
sobre todo y en todas partes los derechos de la persona humana y no sólo los de
la Iglesia católica. Las condiciones actuales, las investigaciones de los últimos 50
años, nos han llevado a realidades nuevas, tal como dije en el discurso de
apertura del Concilio. No es que haya cambiado el Evangelio: somos nosotros los
que hemos comenzado a comprenderlo mejor. Quien ha tenido la suerte de una
vida larga se encontró al comienzo de este siglo frente a nuevas tareas sociales; y
quien -como yo- ha estado 20 años en Oriente y 8 en Francia y se ha encontrado
en el cruce de diversas culturas y tradiciones, sabe que ha llegado el momento de
discernir los signos de los tiempos, de aferrarse a la oportunidad de mirar hacia
adelante".
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 65 SEMAYOR

MODULO III

ITINERARIO HACIA UNA VIDA CON DIOS (Javier


Melloni, sj.)

PRIMERA PARTE: ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS

1. El monacato interiorizado
2. La zarza ardiendo o la experiencia fundante
3. El camino hacia el Centro. Una topología espiritual
4. La transformación de la pulsión de apropiación
5. La Noche Oscura y las pasividades de disminución

SEGUNDA PARTE: ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS

1. La búsqueda de la voluntad de Dios


2. El misterio de la persona, del corazón y la vocación personal
3. La llamada a la oración continua
4. El don del discernimiento
5. Los signos de la persona transfigurada
6. La transformación del mundo: cuerpo, materia, técnica y justicia

Notas
Bibliografía

PRIMERA PARTE:

ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS

“Todas las criaturas buscan la Unidad; toda la multiplicidad se aplica a conseguirla. La


meta universal de toda forma de vida es siempre esta Unidad”
Johann Tauler.

El contenido de estas páginas es el material reelaborado de unos cursos impartidos a


lo largo de tres años en las aulas de la EIDES. Tienen una doble pretensión: por un lado,
tratar de percibir y comprender el dinamismo global de la vida humana como un
crecimiento hacia Dios y, al mismo tiempo, tener en cuenta los elementos antropológicos
que intervienen en ello. En este sentido, esta publicación es el esbozo de una antropología
de la experiencia de Dios, todavía en gestación. Inicialmente estaba concebida en tres
etapas, para hacerla coincidir con a tríada clásica de la vida espiritual: vía purgativa,
iluminativa y unitiva. Pero la falta de maduración personal de la tercera etapa y el peligro
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 66 SEMAYOR

de exponer el proceso espiritual de un modo demasiado lineal ha hecho que finalmente lo


presente sólo en dos partes, incorporando ya elementos "unitivos". Insisto en el carácter
provisional de esta publicación.

Por otro lado, no es posible hablar en solitario, puesto que cuando reflexionamos,
llevamos el bagaje de los siglos que nos preceden. Por ello, a menudo emplearé referencias
que pertenecen a la Tradición cristiana de Oriente y de Occidente; en algunos casos, me
referiré a otras Tradiciones no cristianas, y estableceré algunos paralelismos con otras
disciplinas, sobre todo con la psicología contemporánea. En cuanto al título, el término
Itinerario podría llevar a alguna persona a asociarlo con la obra clásica de Teología Mística
de San Buenaventura (S.XIII), Itinerarium mentis Deo ("Itinerario de la mente hacia
Dios"). Salvando todas las distancias, la diferencia fundamental es que aquí tratamos de
exponer un proceso que sea no sólo de la mente (la parte más alta del alma según una cierta
antropología), sino de toda la persona y también de su entorno (social y cósmico). Hemos
querido hablar y reflexionar sobre un proceso integral e integrador en el que todo está por
hacer ("hacia", que sería el acento de Occidente), y, al mismo tiempo, todo ha sido dado
("en", el acento de Oriente). Así mismo lo dijo San Pablo en el Areópago de Atenas: "En Él
nos movemos ("itinerario"), somos y existimos" (Hch, 17, 28). El comentario
contemporáneo de estas palabras podría ser lo que ha dicho Raimon Panikkar en alguna
ocasión: "El cristiano no tiene esperanza del futuro, sino de lo Invisible". Es decir, todo ha
sido dado ya desde el principio. Sólo tenemos que re-conocerlo.

Distintos signos de nuestro tiempo nos dan a entender que estamos en un momento de
síntesis: si bien durante la Modernidad tuvo que negarse la Trascendencia para valorar la
Inmanencia de la existencia, hoy intuimos que las dos dimensiones son constitutivas de la
realidad. De ahí que se esté redescubriendo el ámbito de la interioridad como dimensión
constitutiva del ser humano. En este sentido, la ya casi popular frase de Karl Rahner: "El
cristiano del s.XXI será un místico o no será cristiano", tendría que ampliarse y decir: "La
persona del s.XXI será mística o no será persona".

Por "mística" entendemos aquella persona que ha hecho una experiencia personal de
la sacralidad de la vida, es decir, aquella que ha descubierto el fondo incandescente y
divino que reside en el corazón de cada persona y de cada cosa.

Esta experiencia se despliega en un proceso que dura toda la vida. De este proceso es
de lo que queremos hablar aquí.

En la Primera Parte, presentaremos los elementos que están en juego, mientras que en
la Segunda Parte describiremos los efectos que deja en la persona una inmersión cada vez
más plena en Dios.

1. EL MONACATO INTERIORIZADO
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 67 SEMAYOR

El ser humano, en tanto que ser creatural, esta constituido como receptáculo; esto lo
configura con un vacío radical que hace que experimente diferentes carencias: desde la
necesidad de respirar el aire, pasando por la necesidad de alimentos, de afecto y de
reconocimiento por parte de los otros, hasta la aspiración a lo Otro que trascienda su misma
necesidad, ese Otro en el que culmina la aspiración de todo deseo "creatural". Ahora bien,
este vacío radical puede sostenerse de dos formas muy diferentes: cuando se vive como
"voracidad" se convierte en opacidad. Cuando se vive en actitud de ofrenda, se convierte en
transparencia y verdadera comunión.

La opacidad deriva de nuestra retención o "pulsión de apropiación", que revienta la


comunión porque queremos absorberla.. La "pulsión de apropiación" deriva del instinto de
supervivencia de nuestra existencia biológica y de nuestro yo psíquico individualizado. Fue
éste, precisamente, el error de los Orígenes: querer ser dioses a costa o al margen de Dios
(Gn 3). Los Primeros Padres hablaban de que si bien fuimos creados "a imagen y
semejanza de Dios", al dejarnos llevar por la pulsión de apropiación, perdimos la semejanza
(Gn 1,26), pero no la imagen (icono), que es la huella –o semilla- divina presente en todo
ser humano. La tarea de todo ser humano es la de restaurar la semejanza con Dios: pasar de
la pulsión de apropiación a la actitud de donación. Por otro lado, dice el texto bíblico que
"Dios creó al ser humano a imagen suya, lo creo a imagen de Dios, hombre y mujer lo creó
(Gn 1, 27). Así, la masculinidad y la feminidad son aspectos de Dios y de la realidad
(animus et anima, el yin y el yang, actividad y pasividad...) que hay que aprender a
armonizar.

Otra forma de hablar de esta restauración de la semejanza es la "cristificación" o


"divinización" (Ef 4, 12-13), término este último, poco frecuente en la teología occidental.
La divinización implica al mismo tiempo una unificación, que integra tres dimensiones
simultáneas: unión con Dios, unión con los otros y unificación interior. Esta tarea no es un
lujo reservado a algunos, sino que es camino de humanización indispensable para todo el
mundo.

El teólogo ruso Paul Eudokimov se ha referido a esta vocación del hombre


contemporáneo con la expresión monacato interiorizado. (1) Monachos viene de "monos",
"uno", "único", en griego. Es decir, "monje" es aquel o aquella que está unificado:
unificado con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo que lo rodea. Pero para
estar unido a ellos, al mismo tiempo está "apartado". Se trata de una difícil presencia-
distancia respecto de sí mismo, de los demás y del mundo, para vivir sin devorar, sino
entregando. Monacato interiorizado porque nosotros somos "urbanitas", es decir, habitantes
de la ciudad. Nuestro desierto, nuestro monasterio, es la vida hiperurbana. Éste ha de ser el
lugar de nuestro encuentro con Dios, porque éste es el escenario de nuestra donación. Se
trata de ir alcanzando aquello que dijo San Serafín de Sarov, monje ruso del siglo XIX:
"Encuentra la paz y miles de personas a tu alrededor se salvarán".

1.1. Sospechas y dificultades ante la tarea de la transformación interior


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 68 SEMAYOR

Para entrar en este camino, hay que superar la dicotomía ética-mística y descubrir que
se necesitan mutuamente. Contraponerlas comporta debilitarlas. La ética es la carne de la
mística; la mística, el alma de la ética. José María Valverde, para solidarizarse con la
expulsión de Aranguren dijo: "Nulla aesthetica sine ethica". Nosotros podríamos decir hoy:
"Nulla mystica sine ethica", pero también: "Nulla ethica sine mystica". Porque la
solidaridad no puede comerse a la interioridad, del mismo modo que el criterio de
verificación de la interioridad es la solidaridad. Ésta no puede concebirse en modo alguno
como algo exterior a la experiencia espiritual, sino como algo profundamente interior: la
comunión es con todo, puesto que sólo tenemos un corazón.

Pere Casaldàliga es testigo de esta integración:

La vida sobre ruedas o a caballo,


Yendo y viniendo de misión cumplida,
Árbol entre los árboles me callo
Y oigo cómo se acerca tu venida.
Cuanto menos Te encuentro, más te hallo,
Libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que Te doy vasallo,
Vivo de la esperanza de Tu vida.
Al acecho del reino diferente,
Voy amando las cosas y la gente,
Ciudadano de todo y extranjero.
Y me llama tu paz como un abismo
Mientras cruzo las sombras, guerrillero
Del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.

Sonetos Neobíblicos precisamente (2)

En la primera estrofa se percibe la agitación del hombre contemporáneo ("la vida


sobre ruedas o a caballo/yendo y viniendo de misión cumplida"), pero también su
capacidad contemplativa ("árbol entre los árboles me callo/y oigo cómo se acerca tu
venida"). Las tres segundas estrofas expresan la búsqueda, la presencia y las ausencias de
Dios en el revolucionario y el ermitaño que todos llevamos dentro: "Al acecho del Reino
diferente/voy amando las cosas y la gente/ciudadano de todo y extranjero./ Y me llama tu
paz como un abismo..."

Precisamente, el otro reto al que tiene que hacer frente la tarea de unificación integral
es nuestro desbarajuste, nuestra agitación como "urbanitas" que somos. ¿Cuál es la
espiritualidad posible –la vida en el Espíritu- para un habitante de la ciudad? En el
denominado Primer Mundo, nunca el ser humano había tenido que afrontar tanta dispersión
de estímulos, tanta inmediatez de posibilidades de consumo, tanta simultaneidad de
ámbitos, tanto anonimato... Todo ello parece incompatible con la vida del Espíritu. Pero al
igual que los Padres del Desierto convirtieron el hambre, la falta de sueño y las
enfermedades (los elementos adversos de su cultura) en medios espirituales, también
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 69 SEMAYOR

nosotros estamos llamados a descubrir cómo transformar los actuales elementos


perturbadores. Ésta es precisamente la tarea de la espiritualidad. Tarea que, sin duda, es un
combate ("guerrillero de mí mismo", decía el poema de Casaldáliga).

De hecho, se dan dos caminos simultáneos.: la búsqueda de la interioridad (en-stasis)


en la condición urbana y el desprendimiento de la solidaridad (ex –stasis). Más que nunca,
la solidaridad está llamada a ser descubierta como un camino ético y místico al mismo
tiempo: dejar que el rostro desfigurado del otro se revele como el "sacramento del
hermano". Este desprendimiento (kenosis) es camino de libertad, otro nombre para la más
que nunca necesaria austeridad en una sociedad esclavizada por el consumo, que lleva a la
divinización (Fil 2,5-9). La estructura de la experiencia mística cristiana pasa por el
movimiento:kenosis-teosis. Éste es su criterio de verificación.

1.2. La tarea de la espiritualidad

Como acabamos de decir, lo propio de la espiritualidad es saber nombrar, identificar,


desplegar procesos, desbloquear situaciones, detectar tentaciones... Vivimos muchas cosas
que, por no saber identificarlas, no acaban nunca de emerger. Ya lo expresó San Juan de la
Cruz en el prólogo a la Subida del Monte Carmelo: "Es lástima ver muchas almas a quien
Dios da talento y favor para pasar adelante, que, si ellas quisiesen animarse, llegarían a este
alto estado, y quédanse en un bajo modo de trato con Dios, por no querer, o no saber, o no
las encaminar y enseñar a desasirse de aquellos principios".(3)

Trataremos aquí de mostrar el recorrido que trata de hacer el ser humano para dar
cauce a su llamada a la divinización, que es, al mismo tiempo, el camino de su plena
humanización. Ya hemos mencionado que en el itinerario de la vida en el Espíritu se han
distinguido tres grandes etapas: la vía purificativa, iluminativa y unitiva. Hallamos esta
concepción a partir de los escritos de Orígenes, Evagrio Póntico y Dionisio el Areopagita, y
es retomada durante la Edad Media por autores como San Buenaventura, Hugo de Bauma y
Henri de Souso. Este esquema concibe la vida espiritual como un proceso que va desde una
opacidad inicial hasta una transparencia final, pasando por grados progresivos de
iluminación a lo largo del camino.

En cierto modo encontramos también este recorrido a lo largo de los Ejercicios


Espirituales de San Ignacio (EE 10): se empieza por el conocimiento interno de la propia
opacidad (Primera Semana); se sigue por el conocimiento interno de Cristo Jesús, modelo
de la divina humanidad (Segunda, Tercera y Cuarta Semanas); y se culmina con el
conocimiento interno de que todo es don, es decir, que todo es ocasión de unión
(Contemplación para alcanzar amor). Podemos decir que el esquema de las tres vías
corresponde a las tres etapas de todo aprendizaje humano, como podría ser el de un idioma,
un instrumento musical o de la informática: se empieza por toda clase de obstáculos y
dificultades iniciales; sigue una etapa de creciente familiaridad y conocimiento, que permite
las primeras creaciones; para llegar a la pericia y virtuosismo finales. Si bien esta
comparación puede iluminar el proceso espiritual, es muy indispensable señalar que las tres
vías no son lineales, sino que el crecimiento se verifica en espiral ( lo que explica las
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 70 SEMAYOR

aparentes regresiones) con la confianza en la unidad final. Una unión que, ontológicamente,
viene dada desde el principio y que al final se vive conscientemente. Este despliegue se ve
atravesado por "noches" y "crisis" (palabra que en chino está compuesta por dos caracteres:
peligro y oportunidad) de las cuales también hablaremos.

Intentemos ver cómo se desencadena el proceso.

2. LA ZARZA ARDIENDO O LA EXPERIENCIA FUNDANTE

2.1. La experiencia fundante de los orígenes y la vida espiritual como una


llamada constante a la conversión

Con mucha frecuencia, lo que está al final se nos ofrece al principio como un
estallido, como una anticipación. Casi todos nosotros podemos identificar en nuestra vida
este primer momento de irrupción de Dios, que desencadenó en nosotros un movimiento
irreversible y que ha marcado un "antes" y un "después". La teología contemporánea
denomina a esta irrupción de lo Divino la Experiencia Fundante (4). Esta fue la experiencia
paradigmática de Moisés en el Sinaí (Ex.3,1-14) en la que pueden distinguirse tres
elementos:

1. Una Teofanía (la zarza ardiendo), que muestra una Alteridad Racional.
2. El descubrimiento de la propia identidad (enstasis), que se convierte al mismo
tiempo en el despertar de una vocación.
3. El dinamismo de esta vocación que se derrama hacia fuera y que se convierte en
Misión (éxtasis). Moisés siempre regresará al Monte Horeb. Se trata de su experiencia
fundante, que le servirá para siempre como punto de referencia en la orientación y sentido
de la propia existencia.

De una u otra forma, en algún momento todos hemos experimentado un cierto


estallido de luz o de comunión. Desde entonces, nos hemos sentido heridos:
"A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?"
San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, Estrofas 1 y 6.

De estas experiencias fundantes existen muchos testimonios. Sólo podemos recordar


aquí algunas: la ilustración del Cardoner de San Ignacio, después de la cual "todas las cosas
le parecieron nuevas; le parecía como si fuese otro hombre y tuviera otro intelecto distinto
al que tenía antes" (Autobiografía, 30). Blas Pascal había cosido en la gabardina que
siempre llevaba el siguiente escrito: "El año de gracia de 1654, lunes 23 noviembre, día de
San Clemente, desde las nueve y media de la noche hasta las doce y media, fuego (...).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 71 SEMAYOR

Alegría, alegría, alegría, lágrimas de alegría". También Paul Claudel tuvo su experiencia
fundante una Nochebuena en Nôtre Dame, a los dieciocho años; o el filósofo Manuel
García Morente, hasta entonces agnóstico (5). En todos ellos se despertó el "yo profundo"
al tiempo que se producía en ellos una conversión. En la Tradición Zen, es muy apreciada
esta experiencia de iluminación (se conoce con el nombre de satori) a partir de la cual el
practicante de Zen ya no vuelve a ser el mismo (6).

2.2 Características y criterios de discernimiento para percibir la autenticidad de


la experiencia fundante de Dios

1. Se trata de una experiencia "teopática", es decir, ninguna persona tiene la iniciativa


o puede provocársela, sino que sòlo puede recibirse o "padecerla". Como dice Pascal en
boca de Dios, "no me buscarías si no me hubieses hallado".
2. Contiene rasgos paradójicos: a) comporta una conciencia cierta y oscura al mismo
tiempo; b) se impone por sí misma, pero al mismo tiempo requiere el consentimiento de la
persona; c) es inmediata, pero llega a través de un signo: sacramento, lugar, situación
personal, paisaje...
3. Marca un "antes" y un "después". Es una referencia para siempre. "Re-liga" cuando
se hace memoria de ella y al mismo tiempo arraiga en el presente.
4. Dinamiza a toda la persona en una dirección determinada, unificándola y
abriéndola al mismo tiempo. Es decir, des-centra (ek-stasis) y re-centra (en-stasis) al mismo
tiempo.

Ahora bien, esta experiencia requiere una cierta disposición (7). En principio, no se
da en las siguientes circunstancias:

1. La mirada dispersa, perdida en la diversión, distraída de sí misma. Supone una


existencia que camina hacia su centro. De ahí la llamada a la unificación.
2. Tampoco en la mirada anónima, propia del hombre masificado. La experiencia de
Dios personifica, da un nombre, una identidad propia.
3. Tampoco puede darse en la mirada superficial, que se contenta con el qué y el
cómo de las cosas, sino que necesita una apertura de admiración y de búsqueda.
4. Tampoco en la persona dominada por el consumo, el utilitarismo, el afán de lucro,
que ha reducido su mundo a su disfrute personal, insensibilizado a las situaciones ajenas. Es
necesario un cierto autodominio, la capacidad de hacerse cargo de los deseos y necesidades
de los demás.
5. Tampoco en la mirada dominadora, que hace y deshace según su voluntad de
poder. Es necesaria una cierta capacidad de gratuidad. A esta interrelación entre don y
disposición la Iglesia de Oriente la denomina synergeia, literalmente: "co-operación" –
actuar conjuntamente-. Resuena aquí el lema ignaciano: " Haz todas las cosas como si
dependiesen sólo de ti, pero sabiendo que dependen sólo de Dios". Algunas corrientes de
espiritualidad hablan de teandrismo ("theos"(Dios) – "andros"(hombre)).

2.3. Salir de la tierra propia: llamados a la metanoia o conversión continua


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 72 SEMAYOR

Jesús tuvo su experiencia fundante después de su bautismo en el Jordán (Lc 3, 21-22).


Para poder interiorizarla fue conducido al desierto durante cuarenta días, después de lo cual
su primera predicación fue: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,14; Mt 4,17). La
palabra aramea utilizada por Jesús fue "tob", "volver" "refluir en Dios". En griego, el
término es metanoia: "meta", "ir más allá", "elevarse más que", y "noûs", que es la "mente"
en sentido fuerte (la chispa divina para el platonismo). En latín, conversión significa
"trastocarse", dar un giro de 180 grados. También San Pablo, en dos ocasiones (Ef.4, 21-24;
Rm12, 1-2) exhorta con contundencia a esta conversión. Implica, pues, un nuevo estado de
conciencia y de atención; de "religamen" también (de aquí procede la palabra religión).
"Pecado" significa textualmente "perder la señal", "tropezar". La conversión constante
implica la atención permanente para no "perder la señal", es decir, para no pecar. Esta
atención no constituye una tensión, sino un estado espiritual. Esta atención tiene una doble
orientación: hacia la propia interioridad (enstasis) y, al mismo tiempo, hacia la alteridad
(éxtasis). Una doble dimensión que es simultánea y que se convierte en criterio de
discernimiento de la auténtica experiencia de Dios: cuanto más crece la interioridad, más
crece también la apertura hacia la alteridad y viceversa.

Empecemos describiendo esta interioridad, hecha de círculos concéntricos


inacabables y que conduce hacia el núcleo de nuestra persona.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 73 SEMAYOR

3. EL CAMINO HACIA EL CENTRO. UNA TOPOLOGÍA ESPIRITUAL

3.1. Topología y modelos antropológicos

Hablar de "topología" ( de "topos", lugar) es sólo una forma metafórica de situarse en


la vida espiritual. El ser humano sigue siendo un misterio. Pero, de alguna manera, tenemos
que acercarnos a él.

Simplificando, podemos decir que contamos con dos modelos:

-1. El occidental con la díada cuerpo-alma. Podemos hallar un hilo conductor que
empieza con el hilomorfismo de Aristóteles, que el Cristianismo asumió a través de Santo
Tomás y de toda la Escolástica posterior. Se consolida en la filosofía moderna por
Descartes (con su distinción entre res extensa y res cogitans) y perdura, aunque
transcendida por reducción, en Freud.

-2. La oriental, con la tríada cuerpo-alma-espíritu. Tiene origen platónico y muy


probablemente procede del Hinduismo primordial; es asumido por el Neoplatonismo, por la
Patrística y por los místicos renanos. Contemporáneamente, volvemos a encontrarlo en
Jung.

Los dos modelos tienen razón de ser; y los dos son limitados. Según el modelo que se
adopte, los acentos de la vida espiritual será distintos. Occidente, al considerar sólo dos
dimensiones del ser humano (la corporal y la psicológica) puede caer en dos trampas
opuestas: la primera es el reduccionismo psicologista, según el cual la experiencia espiritual
no es más que una modalidad del alma (psyché). El otro peligro es el dualismo, según el
cual el alma concentra todo lo espiritual, mientras que el cuerpo se convierte en el ámbito
de lo "terrenal". Oriente, en cambio, al considerar un tercer elemento constitutivo del ser
humano, subraya la irreductibilidad de la dimensión espiritual, con el peligro, no obstante,
de fomentar una interiorización tan apasionada que olvide las leyes del cuerpo y del
psiquismo (es decir, de la encarnación y de la historia). A pesar de este peligro, aquí
seguiremos este segundo modelo, intentando, sin embargo, incorporar lo mejor del primero.

3.2. La tríada cuerpo-alma-espíritu

La antropología bíblica y patrística es tripartita:

-cuerpo: basar (en hebreo), soma (en griego),


-alma: nefesh (en hebreo), psyché (en griego),
-espíritu: ruah (en hebreo), pneuma (en griego).

Según el relato del Génesis, Dios modeló primero a Adán con el polvo de la tierra;
después "le insufló el aliento de vida (ruah), y resultó el hombre un ser viviente" (Gn 2, 7).
El polvo simboliza la parte terrena (cuerpo y psiquismo), mientras que ruah indica la parte
divina. En San Pablo encontramos más explícitamente esta concepción tripartita: "Que Él,
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 74 SEMAYOR

el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el
cuerpo se conserven sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo" (1ª Tes 5,23).
Volvemos a encontrarla en la Carta a los Hebreos: "La Palabra de Dios es viva y eficaz y
más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el
espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del
corazón" (Heb 4,12). El espíritu humano (pneuma) es el que entra en comunión con el
Espíritu Santo (Rm 8,16) y transforma el resto de la persona.

Podría haber una filtración platónica y posteriormente neoplatónica en esta


concepción, con posibles influencias hindúes, en la que este núcleo divino del ser humano
se denomina atman, que en sánscrito significa etimológicamente "viento" o "aliento", lo
mismo que significan ruah, pneuma y spiritus en hebreo, griego y latín respectivamente.

Esta tríada ayuda a comprender mejor la "antropología de la muerte". Del mismo


modo que una almendra contiene varias coberturas (la piel exterior, la cáscara, la semilla),
que van variando de aspecto a lo largo de su desarrollo hasta llegar a la maduración de la
semilla propiamente dicha, así el ser humano contiene diversas "capas" de ser que se van
desarrollando a lo largo de su vida. Existe un profundo vínculo entre ellas, pero también
una distinción irreductible. Lo que perdura para la eternidad es la semilla, liberada de la
cáscara en el momento de la muerte.

3.3. El corazón

Ahora bien, según la Tradición de Oriente, el Espíritu no se encuentra desamparado,


sino custodiado por un centro unificador: el corazón (leb en hebreo, kardía en griego). Pero
no el corazón entendido como el órgano de la afectividad (esto sólo sería el timos, una zona
demasiado inconsistente e inestable), sino un ámbito más interno y transparente, que se
convierte en "sede" del espíritu. El encuentro con Dios se da en el espíritu a través del
corazón; de ahí que la verdadera experiencia espiritual sea unificadora, porque integra y
convoca a las diferentes dimensiones de la persona. "El sentido de nuestra vida no es otro
que la búsqueda de este lugar del corazón", dice Olivier Clément. Es decir, en el centro de
nosotros mismos, unificando nuestro ser, está el corazón, el "cofre" donde se custodia-
oculta el espíritu (el atman hindú; de hecho, el Hinduismo también conoce la dimensión
mística del corazón, a la que denomina hridaya). Por ello Jesús daba tanta importancia al
corazón: "De lo que rebosa el corazón, habla la boca" (Lc 6,45); "Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8). En las Cartas del Nuevo
Testamento se menciona con frecuencia el corazón: "Que vuestro adorno no esté en el
exterior, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un espíritu (pneuma) dulce
y sereno (1P 3,4); "Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros
corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Fil 4,7). Se trata, pues, de llegar a la
unificación de toda la persona, que integre la afectividad, la sensibilidad, el raciocinio, más
allá de la bella expresión de Pascal, que es todavía dualista: "El corazón tiene razones que
la razón no conoce". Y es que hay unos ojos en el corazón que permiten comprender lo que
ni los ojos del cuerpo ni la razón son capaces de percibir: "Ruego a Dios que ilumine los
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 75 SEMAYOR

ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido
llamados" (Ef 1,18).

Llegar al lugar del corazón es don de Dios: "Les daré un corazón, para conocerme;
sabrán que yo soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios; se convertirán a mí
con todo su corazón" (Jer 24,7). El corazón es el lugar de la renovación de la Alianza con
Israel: "Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y
ellos serán mi pueblo" (Jer 31, 33). Este vivir desde el corazón es lo que nos hace entrar en
comunión: "Les daré a todos un solo corazón y un solo comportamiento, de suerte que me
venerarán todos los días, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos" (Jer 32, 39). Y
también: "Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo; quitaré de
vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez 36,26).

En palabras de San Serafino de Sarov: "Para poder ver la luz de Cristo hay que
introducir el intelecto en el corazón, la mente tiene que encontrar su lugar en el corazón.
Entonces, la luz de Cristo encenderá todo el pequeño templo de vuestra alma con sus rayos
divinos, aquella luz que es unión y vida con él (...). El signo de una persona prudente es
cuando sumerge en su interior su intelecto y cuando toda su actividad se realiza en su
corazón. Cuando la gracia de Dios lo ilumina y todo él se encuentra en un estado
pacificado" (8).

En el Monacato Oriental, lo contrario de esta apertura del corazón es la sklerokardia,


es decir, la "dureza del corazón", que impide la entrada en uno mismo, en los demás y en
Dios.

El viaje hacia la propia interioridad, hacia la tierra sagrada del corazón de cada uno,
necesita un hábil discernimiento para conocer las trampas y los "enemigos" que aparecen a
lo largo del recorrido.

De hecho, el ser humano es muy vulnerable. Según la tradición ignaciana, está


sometido a dos polaridades fundamentales:
la consolación y la desolación. San Ignacio las define como dos movimientos: la
consolación, que expande a la persona y la aligera (EE, 316) y la desolación, que la retiene
y la paraliza (EE, 317). Tal vez no sea algo muy distinto de lo que Freud identificó como
"eros" y "thanatos", es decir, las "pulsiones de vida" y las "pulsiones de muerte" que
combaten en el interior del ser humano. La diferencia entre la psicología y la espiritualidad
estaría en dónde se identifica el origen de estas fuerzas o pulsiones.

3.4. El indispensable arte del discernimiento

Según Catalina de Siena, "el discernimiento no es otra cosa que el conocimiento


verdadero que el alma ha de tener de sí misma y del Yo". Y Teresa de Jesús dice: "Tengo
por más gran merced del Señor un día de propio y humilde conocimiento, aunque nos haya
costado muchas aflicciones y trabajos, que muchos de oración" (9). Una de las
características más indispensables de este autoconocimiento consiste en discernir de cuál de
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 76 SEMAYOR

los tres ámbitos de la persona (cuerpo, psiquismo y espíritu) proceden los movimientos de
consolación y desolación. Para ello es necesario conocer las leyes del propio cuerpo, del
psiquismo y del espíritu.

Para empezar, hay que aprender a escuchar a nuestra corporeidad: el agotamiento


físico, la falta de sueño, la mala alimentación, el ritmo de las estaciones, las etapas
biológicas de la vida..., todo ello son, al mismo tiempo, causas y consecuencias que se
inscriben en el cuerpo. En los últimos años se ha avanzado mucho en la toma de conciencia
de las repercusiones somáticas de los desórdenes físicos, psíquicos y espirituales. Se ha
llegado a hablar de la enfermedad como camino de autoconocimiento. Y es que en nuestro
cuerpo se registran todos los episodios de nuestra vida, como marcas sobre la cera.
Nuestros miembros y nuestros órganos llevan un registro de todo lo que hemos vivido y, si
no les escuchamos, acaban pasándonos factura.

En el campo psíquico, también arrastramos actitudes que vienen de muy lejos:


episodios o zonas de nuestra vida no asumidos, relaciones no perdonadas,... todo esto son
focos de necrosis que bloquean y paralizan nuestras energías, y que no podemos vencer
sólo a base de buena voluntad. De hecho, se da un doble principio: lo que no asumimos, no
lo redimimos; y, al mismo tiempo, lo que retenemos o aquello a lo que nos resistimos,
persiste y se enquista y nos parasita. También debemos tomar conciencia de otras áreas de
nuestra personalidad que están en relación con el sentido de la responsabilidad, el miedo a
la transgresión, los sentimientos opresivos de culpabilidad,... que tenemos que aprender a
desprogramar, porque nos impiden crecer.

En el ámbito del espíritu, no podemos dejar de traer a colación algo que resulta clave
en la Tradición: el discernimiento de espíritus. Según los maestros, estos espíritus son
"fuerzas" que no proceden del interior de nuestro psiquismo, sino del "exterior" de
nosotros. Como dice San Ignacio en los Ejercicios: "Presupongo que hay en mi tres
pensamientos, a saber, uno mío propio, que surge únicamente de mi libertad y querer; y
otros dos que viene de afuera, uno que viene del espíritu bueno y otro del malo" (EE, 32).
Esta concepción se remonta hasta los Padres del Desierto, para los cuales el psiquismo
humano es el "campo de batalla" de las fuerzas del bien con las fuerzas del mal. Esto choca
con nuestra mentalidad racional, que tiende a reducir estas fuerzas al mundo del
subconsciente. La tradición espiritual dice aún más: "El hombre psíquico ("quien se guía
por si mismo") no admite nada que venga del Espíritu de Dios; le parece absurdo. No es
capaz de comprenderlo, porque sólo se puede juzgar espiritualmente. En cambio, el que se
deja guiar por el Espíritu puede juzgarlo todo" (1 Cor 2, 10-15). No obstante, no podemos
ignorar las aportaciones de la psicología contemporánea.

3.5. Paralelismos con la psicología contemporánea

Con Freud, la psicología moderna descubrió el subconsciente, mostrando la unidad


físico-psíquica del ser humano. El padre del psicoanálisis se sumergió en el mundo del
subconsciente, descubriendo mecanismos sutiles de sublimación y represión, pero con el
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 77 SEMAYOR

peligro de reducir la interioridad humana a meras pulsiones orgánicas. Últimamente, en el


seno de ciertos círculos psicológicos considerados "académicos" se empieza a hablar del
"transconsciente" o del "supraconsciente", lo que apunta a la dimensión que nosotros
denominamos espíritu.

Esta nueva corriente de la psicología contemporánea se conoce con el nombre de


Psicología Transpersonal (10). Tiene dos grandes representantes: Stanislav Grof y Ken
Wilber. Vale la pena conoder la obra de este último: Proyecto Atman (11) en la cual
determina que la tríada pre-consciente/consciente/transconsciente marca el crecimiento
humano que va de la etapa pre-personal (indiferenciación infantil), a la etapa personal
(llegada a la edad adulta) hasta llegar a la etapa transpersonal, que es la dimensión mística
de las personas y que empieza a surgir en el momento presente del planeta.

Carl Gustav Jung y Abraham Maslow son los antecedentes de la Psicología


Transpersonal. El segundo, padre de la psicología humanista, estableció una jerarquía de
necesidades: 1) las fisiológicas; 2) de seguridad; 3) de pertenencia; 4) de autoestima; 5) de
realización personal; 6) de trascendencia. Cada necesidad requiere ser satisfecha antes de
poder ser transcendida. De lo contrario, se producen cortocircuitos peligrosos. Pensemos
que es este un terreno común y campo fecundo a explorar por parte de diferentes disciplinas
y que aquí no hemos hecho más que apuntar (12).

4. LA TRANFORMACIÓN DE LA PULSIÓN DE APROPIACIÓN EN


APERTURA DE
COMUNIÓN

La vida humana, pues, trasciende las pulsiones básicas que exigen satisfacción (tanto
las de orden biológico como psíquico), para abrirse a lo que denominamos la realidad
espiritual, de orden escatológico, irreductible a cualquier otra realidad, y que constituye el
campo propio y específico de las Tradiciones Espirituales. El despliegue de esta dimensión
es lo que da sentido a la existencia humana y es esta dimensión la que realiza nuestra
finalidad última: nuestra transformación en Cristo Jesús, nuestra "divinización por
participación".

En definitiva, el ser humano tiene dos alternativas: centrarse en sí mismo, que es lo


que Pablo denomina "dejarse llevar por los deseos de la carne" (Gal 5, 19-21), que es
cuando el hombre devora al hombre; o bien la donación de sí mismo, de donde surgen los
frutos del Espíritu: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre, dominio de sí" (Gal 5,22). Éste es también el sentido de estas otras palabras:
"Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si
vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu" (Gal 5, 24-25). Es decir,
vivir en el Espíritu es descentrarse. Insistimos en decir que no se trata de una cuestión
moral, sino espiritual, es decir, de una actitud, de una disposición que surge de lo más
profundo de nuestro ser.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 78 SEMAYOR

4.1. Las pulsiones del ser humano

Según los Padres del Desierto, las tres grandes tendencias físico-psíquicas del ser
humano son: el deseo (epithymitikón), el ardor (thymitikón) y la razón (logistikón). Tres
tendencias básicas que pueden convertirse en vicios o virtudes, según la dirección hacia le
que se orienten: hacia uno mismo o hacia el Otro-otros. La primera (vinculada a eros,
denominada concupiscencia por la antropología escolástica) se domina y endereza mediante
la templanza; la segunda (vinculada a la dynamis, denominada irascibilidad por la
Escolástica), se endereza mediante el valor; la tercera, por la sabiduría, la cual procede de la
contemplación de Dios y lleva a Él. De algún modo, estas tres pulsiones se corresponden
con los tres estamentos sociales de la República de Platón: los campesinos, artesanos y
comerciantes (deseo); los guardianes o soldados (ardor); y los gobernantes (razón). La
justicia (el equilibrio) está en que cada parte cumpla bien la tarea que le corresponde, de la
misma manera que cada persona tiene que adquirir la sabiduría del autoconocimiento y del
dominio de sí misma.

Esta tríada se corresponde también con los tres centros del Eneagrama: el centro
instintivo (las vísceras), el centro sentimental (el corazón) y el centro del pensamiento (la
cabeza). Cada centro puede tener un desarrollo compulsivo o integrado. En su dimensión
desintegrada, se puede hallar una correspondencia entre los siete pecados capitales de la
tradición moral de Occidente: la pulsión no dominada del deseo conduce a cuatro posibles
desórdenes: a la gula (bloqueo en la fase oral), a la lujuria (bloqueo en la fase genital), a la
avaricia (bloqueo en la relación con los objetos) o a la envidia (disfunción en la relación
con los demás); la pulsión no dominada del ardor se puede desviar hacia la ira o, en sentido
contrario, hacia la pereza; y la pulsión no moderada de la razón, conduce a la soberbia. Se
denominan los pecados ("errores") "capitales" porque se hallan en el origen de todos los
demás. Para extirparlos hay que ir a su raíz. Swami Shivananda, un maestro hindú de este
siglo dice: "El combate interno contra la mente, los sentidos y las tendencias del
subconsciente es más terrible que cualquier batalla externa". Por otro lado, hay que ser
conscientes de que, según la Tradición del discernimiento de espíritus, el espíritu malo
ataca nuestro lado más débil (EE, 327, decimocuarta ley de discernimiento). De nuevo,
aquí, la importancia del autoconocimiento.

4.3. El control de los pensamientos

Una de las maneras de controlar estas pulsiones es tener en cuenta su proceso de


gestación. San Nil Sorsky (1433-1508) distingue cinco etapas en la formación de una
pasión:

-1. La sugestión: un pensamiento simple y sutil entra en el campo consciente, por


ejemplo, las tentaciones de Jesús en el desierto.
-2. La frecuentación: se establece un cierto diálogo interno y una cierta complicidad
con el pensamiento. Se produce un cierto consentimiento voluntario.
-3. El consentimiento propiamente dicho. Se produce el deseo de actuar según dicho
pensamiento.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 79 SEMAYOR

-4. La cautividad: se pierde la paz y la calma interiores. La persona pierde la libertad


de no pensar en eso.
-5. La pasión: la inclinación se ha convertido en un hábito. La pasión anida hace
tiempo en el alma y se ha hecho connatural con ella. Sólo puede vencerse con penitencia.
Hay que pedir consejo.

Esta progresión también puede servir para comprender la forma de arraigar de las
virtudes. Por otro lado, Jesús dirá que determinados "espíritus" sólo pueden vencerse con
ayuno y oración (Mc 9,29). Quizás nuestra sociedad está a la merced de tantas pasiones
porque hemos perdido el sentido de ayuno. En nuestra sociedad de consumo estamos
llamados a recuperar dicha práctica.

4.4. El sentido de ayuno

En la Tradición de los padres del desierto, el ayuno es el medio que utiliza el fiel para
crear un espacio vacío en el que repose el Espíritu permitiéndonos distinguir lo esencial de
lo superfluo. El ayuno de pensamientos, de ruido o de imágenes es tan importante como
abstenerse de comer. El ayuno implica saber pararse, gracias a lo cual, la persona
perseverante puede retomar sus energías que vagan medio perdidas, para domarlas y
orientarlas hacia su destino original. El ayudo es una mirada vigilante en uno mismo y para
sí mismo, una toma de conciencia sincera acompañada de un giro importante. El ayuno
permite entrever la propia existencia sin influencias emocionales, intelectuales o ajenas y
discernir, en un breve instante, quién soy, para retomar el camino, ahora y aquí, tal como
soy, desde lo más profundo de mí mismo. El ayuno pule el espejo del alma que permite
percibir, sin manchas, la imagen de la Presencia que llevamos y que se convertirá en el eje
de toda existencia. Es la libertad del hombre, su deseo de unión con Dios y con toda la
humanidad lo que anima su gesto guerrero. Corresponde a cada uno saber cuáles son los
ámbitos en los que le conviene ejercer este ayuno:

Ascesis –o ayuno- de la palabra, para aprender a escuchar.


Ascesis de los pensamientos para vivir en el presente.
Ascesis en la utilización de los Medios de Comunicación (diarios, revistas, TV, radio)
para poder asimilar tanta información.
Ascesis en la comida, la ropa...para ser capaces de agradecer tanta diversidad.

Sin estas ascesis, hay saturación, banalización y exigencia que nos lleva al
endurecimiento del corazón. Este es el reto del denominado "Primer Mundo", en el que se
da una relación intrínseca entre la atrofia del sentido de lo Trascendente y la atrofia de la
solidaridad. Es urgente fomentar una "cultura de la austeridad" si no queremos
deshumanizarnos ni deshumanizar el planeta.

4.5. Las ascesis de la solidaridad

La ascesis nos capacita para la solidaridad: la abstención y dominio de nuestros


deseos nos permite escuchar los deseos de los demás. La ascesis nos da libertad para no ser
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 80 SEMAYOR

dependientes de las cosas y vivir con lo esencial. En nuestro país existen grupos que
promueven compromisos audaces (Comité Oscar Romero y grupo Kairós): tratar de vivir
con el sueldo mínimo interprofesional (unas 60.000 pesetas mensuales) y practicar el
comercio justo (adquirir y pagar como es debido los artículos que se hacen en el Tercer
Mundo en condiciones de justicia y respetando los derechos humanos, no mediante la
explotación). Nuestra vida de urbanitas "solidarios" permite el ejercicio del Monacato
Interiorizado a través de diversas ascesis: las molestias de los espacios pequeños, de los
ruidos, de los desplazamientos a la periferia, de no disponer de un tiempo ordenado debido
a la disponibilidad de los vecinos...

4.6. El control de los sentidos

Otro camino fecundo para ejercer el autodominio es tomar conciencia de cómo nos
valemos de nuestros sentidos. Ellos constituyen las cinco aperturas –puertas- a través de las
cuales nos relacionamos con la realidad. A través de ellos se produce el intercambio entre
lo que es exterior a nosotros y lo que es interno. Podemos relacionarnos con todo lo "otro"
de manera posesiva o "respetuosa" ( de "repiscere" , que significa mirar en
profundidad). Es de suma importancia captar la diferencia entre "sensibilidad" (capacidad
perceptiva y receptiva) y "sensualidad" (dependencia del placer que nos proporcionan los
objetos). No se trata de privarse de disfrutar, sino de evitar que el disfrutar se convierta en
una absorción y en una dependencia. Nuestra sociedad de consumo está construida sobre
esta ambigüedad, como puede percibirse en los anuncios de la calle: "Quiérete mucho",
dice una publicidad de los helados Häagen-Dazs, en el que se ve el rostro de un joven a
contraluz, ante un helado-objeto. Muy a menudo, los anuncios de coches identifican el
deseo de una marca con el deseo erótico de una mujer, mezclándolo además con el de
ostentación social. En un diario, un anuncio de joyas se acompañaba de la frase: "Yo se de
uno que se morirá de envidia". Es decir, la publicidad exacerba las pulsiones más primarias
y egocéntricas haciéndonos olvidar que nuestra sociedad de consumo vive a costa de la
miseria de la mayoría del planeta. La alteridad desaparece en la medida en que las propias
pulsiones se exacerban. Por el contrario, para entrar en el Reino hay que pasar por la puerta
estrecha (Mc10,25), es decir, por el vaciamiento del yo. Esto implica una radical
transformación de todas nuestras pulsiones. Una de las formas de empezar es por nuestros
sentidos. De ahí la importancia de la estética, palabra que viene de "aisthesis", "sentido".
Recordemos la película de El festín de Babette, en la que la atrofia del gusto era signo de
una atrofia en las relaciones humanas. Restituyendo el sentido del gusto, se recuperan las
relaciones en el seno de la comunidad y con la vida.

4.7. La transformación de los sentidos en la liturgia

Uno de los ámbitos de transformación de los sentidos es la liturgia. En ella se


convoca a los cinco sentidos:

La vista a través de la presencia de los Iconos, en los que un mínimo de rasgos


evocan un máximo de presencia. No se trata de una relación objetual, sino de apertura. No
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 81 SEMAYOR

miro, sino que soy mirado. El oído , a través de la escucha de la palabra que contiene la
Palabra. También por la evocación de la música. No es de extrañar que últimamente se
haya redescubierto el Canto gregoriano por su carácter terapéutico.
El olfato, a través del incienso, que eleva al tiempo que recoge.
El tacto, en el momento de darnos la paz, sin conocernos, sin intereses, sin retener.
El gusto, tomando el cuerpo de Cristo. En este caso, se da un mínimo de gusto para
un máximo de sustancia.

Así pues, en la Eucaristía vemos, sentimos, olemos, palpamos y gustamos el cosmos


transfigurado. Las apariciones de Cristo resucitado son también una pedagogía para los
sentidos: se manifestaba dejándose entrever, pero sin dejar que lo cogiesen. "No me toques;
deja que vaya al padre", dijo a M. Magdalena (Jn 20,17). Es decir, María tiene que aprender
a realizar la Pascua de sus sentidos: pasar de ser órganos de posesión a órganos de
comunión. En la Eucaristía, el contraste es máximo: vemos sin ver; gustamos sin gustar; y
comiendo, nos dejamos transformar: no es Él quien desaparece en nosotros, sino nosotros
quienes quedamos incorporados a Él, en las primicias de un Cielo Nuevo y una Tierra
Nueva (Ap 21,19).

4.8. De la pedagogía a la mistagogía del deseo

Corresponde a cada persona encontrar sus ascesis, es decir, hallar las maneras de ir
vaciándose, despojando, para dejar espacio a los otros y al Otro y llegar a vivir en estado de
unión. Se trata de no saturar el deseo, sino de dejarlo abierto, como dinamismo hacia el
Último Deseo. Cuanto más vivimos en Dios, menos somos nosotros el centro y menos
necesitamos las cosas y más receptivos estamos a los demás. De aquí el comentario de San
Ignacio a uno de sus compañeros que alababa a otro por ser persona de oración: "Este sí
que es una persona de mortificación". Es decir, puesto que era una persona descentrada de
sí misma, podía ser verdaderamente persona de oración. Valgan como testimonio de este
trabajo sobre uno mismos la palabras de un hombre de oración: el Patriarca de
Constatinopla Atenágoras I, uno de los impulsores del diálogo ecuménico y amigo de Pablo
VI:

"Hay que hacer la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que
llegar a desarmarse. Yo he hecho esta guerra durante muchos años. Ha sido terrible. Pero
ahora estoy desarmado. Ya no tengo miedo a nada, ya que el Amor destruye el miedo.
Estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás.
No estoy en guardia, celosamente crispado sobre mis riquezas. Acojo y comparto. No me
aferro a mis ideas ni a mis proyectos.
Si me presentan otros mejores, o ni siquiera mejores sino buenos, los acepto sin pesar.
He renunciado a hacer comparaciones. Lo que es bueno, verdadero, real, para mí siempre es
lo mejor. Por eso ya no tengo miedo. Cuando ya no se tiene nada, ya no se tiene miedo. Si
nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al hombre-Dios que hace nuevas
todas las cosas, Él, entonces, borra el pasado malo y nos da un tiempo nuevo en el que todo
es posible. ¡Es la Paz!".
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 82 SEMAYOR

5. LA NOCHE OSCURA Y LAS PASIVIDADES DE DISMINUCIÓN

5.1 "Las nadas " elegidas y no elegidas de San Juan de la Cruz y las
"pasividades de crecimiento" y las "pasividades de disminución" de Teilhard de
Chardin

Las ascesis que hemos visto son aquellas que podemos elegir o controlar nosotros.
Pero hay muchas otras dimensiones de la vida que las "padecemos" sin haberlas elegido.

Por eso, San Juan de la Cruz habla de la Noche Activa y de la Noche Pasiva, por las
cuales han de pasar tanto los sentidos como el espíritu. La noche activa está descrita en la
Subida al Monte Carmelo, mientras que encontramos la noche pasiva en La Noche Oscura,
que es mucho más radical. Se pueden hacer las siguientes correspondencias:

Noche activa de los sentidos – Vía purgativa


Noche activa del espíritu – Vía purificativa
Noche pasiva de los sentidos – Transición hacia la Vía Iluminativa
Noche pasiva del espíritu – Transición hacia la Vía Unitiva

Lo importante de esta gradación es que las dos primeras Noches son "activas", es
decir, son elegidas, mientras que las dos siguientes son "padecidas", en cuyo caso no hay
otra actitud posible que el abandono y la confianza.

Teilhard de Chardin en El Medio Divino, utiliza otra terminología: después de hablar


de la "divinización de la acción" presenta la "divinización de las pasividades" y distingue
entre las pasividades de crecimiento (las fuerzas "amigas") y las pasividades de
disminución (las fuerzas "enemigas").

Las primeras representan la vida que hay en nosotros, que se desarrolla más allá de
nuestra percepción (de ahí que las denomine pasividades). A través de ellas, entramos en
comunión con las fuentes de la vida: el crecimiento de nuestras células, de nuestros
órganos, etc. Las segundas (las pasividades de disminución) se refieren tanto a los
obstáculos exteriores (accidentes, muerte de seres queridos...) ante los cuales no podemos
hacer nada, como a las disminuciones interiores (la vejez es el signo de ellas por
excelencia). Pero también los fracasos, nuestros defectos, decisiones desarcertadas... Si bien
por la divinización de las actividades dilatamos al máximo nuestra personalidad, por la
divinización de las pasividades nos perdemos a nosotros mismos en Dios. En palabras del
propio Teilhard:

"O Energía de mi Señor, Fuerza irresistible y viva, puesto que de nosotros dos Tú
eres infinitamente el más fuerte, es a Ti a quien pertenece la iniciativa de encenderme en la
unión que nos ha de fundir juntos. Concédeme, pues, algo todavía más precioso que la
gracia por la que todos los fieles te oran. No basta con que yo muera comulgando.
Enséñame a comulgar muriendo" (13).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 83 SEMAYOR

Así pues, nuestra vida consiste en el arte de aprender a vivir y de aprender a morir. Y
esto, permanentemente:

a. En las kenosis de determinadas decisiones que son irreversibles (de pareja,


profesionales...)
b. En ciertos acontecimiento (como accidentes, muerte de una persona muy
querida...)
c. En las propias debilidades, fuente de humildad y de compasión.
d. En la lenta disminución de la vejez. En este terreno, nuestra sociedad tiene mucho
que recorrer. De hecho, una sociedad que no sabe preparar para morir es una sociedad que
no sabe vivir. Porque el arte de vivir no es otro que el arte de aprender a tomar y
desprenderse, en el cual, la muerte no es más que la oportunidad de hacer nuestra última y
suprema ofrenda.

5.2. Intento de explicación de las noches oscuras como crisis de crecimiento

Las Noches son "heridas luminosas" cuya luz sólo puede percibirse después de
haberlas pasado. De lo contrario, no serían noches. Las noches se convierten en fuente de
toda humildad, de toda confianza, de toda ternura. Esto es lo que se le dijo a San Silván
después de años de tentación: "Permanece en los infiernos y no desesperes" (14). Poner
nombre a su situación es lo que sacó de ella. De esta manera, vamos pasando de círculo en
círculo, cada vez más adentro.

Es decir, cada noche comporta una transformación (y no sólo una "traducción" en la


que no se produce ningún cambio de nivel) que repercute tanto en el ámbito de los afectos
como en el del conocimiento. Desde la Psicología Transpersonal (15), el crecimiento
integral de la persona a través de las "noches" se interpreta así:

1. Surgimiento de una nueva estructura de orden superior, con el dolor y la confusión


propios de todo crecimiento.
2. Identificación del Yo profundo con esta nueva estructura.
3. Surgimiento pleno de la nueva estructura.
4. El Yo deja de identificarse con la estructura inferior anterior.
5. La conciencia, trascendiendo la estructura anterior, puede empezar a operar sobre
ella
6. Todos los niveles precedentes pueden integrarse en la nueva conciencia.

Si empleamos el lenguaje teológico, cada noche es participación en la Pascua de


Cristo. Lo que hay que hacer es percibir la unidad entre pasión y resurrección. En otras
palabras. La máxima desposesión lleva a la máxima plenitud. Este proceso se da
simultáneamente con continuidad y discontinuidad. Lo importante es tener la certeza de que
estamos "amenazados de resurrección". Después de las "nadas", así acaba el poema de San
Juan de la Cruz:
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 84 SEMAYOR

"En esta desnudez halla el alma su quietud y su descanso,


porque, no codiciando nada,
nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo,
porque está en el centro de su humildad.
Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga".

Subida al Monte Carmelo (16)

Llegar al centro de la propia humildad y conseguir aquella paz interior que el


Monaquismo Oriental denomina hesiquia, donde comienza la tierra de libertad, son signos
de progreso en el camino espiritual, que es, al mismo tiempo, el camino hacia la plena
humanización. Esta humildad produce un fenómeno paradójico: por un lado, nos arraiga en
"un lugar en el mundo" muy determinado, sin anhelar nada más, pero, simultáneamente, da
una gran receptividad y disponibilidad para cualquier otro servicio o demanda. Dicho de
otro modo, la paz interior permite un estado de atención y discernimiento fundamental para
poder continuar creciendo en el camino del Espíritu. Esta atención no es una tensión, sino
el fruto de la oración constante. Todo esto es lo que desarrollamos en la Segunda Parte del
Itinerario.

SEGUNDA PARTE:

ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS

“La primera tarea de toda criatura es la de completar, llevar a su perfección, el icono de la


realidad que todos nosotros somos” (Raimon Panikkar).

Si en la primera parte hemos presentado algunos de los elementos antropológicos que


hay que tener en cuenta en el proceso de transformación, en esta segunda parte ofrecemos
los primeros resultados de esta transformación. Ello nos brinda la posibilidad de
comprender de otro modo los conceptos clásicos de nuestra Tradición, al ser iluminados
desde la experiencia interna que los nutre.

1. LA BÚSQUEDA DE LA VOLUNTAD DE DIOS

1.1. Noción de voluntad de Dios

El despliegue y el dinamismo de una vida vivida según el Espíritu se identifica con la


búsqueda y unión con lo que la Tradición cristiana ha denominado la Voluntad de Dios. Y
la voluntad de Dios sólo es una: "Unir en Cristo todas las cosas, tanto las del cielo como las
de la tierra" (Ef 1,10). Es decir, todo lo que es y todo lo que existe tiene un objetivo único,
una única razón de ser: dar a la Creación la forma crística, "puesto que todas las cosas
fueron creadas por medio de Él (Cristo) y en vistas a Él, y en Él todo tiene su consistencia
(Col 1,17). Dicho de otro modo, antes de la fundación del mundo (Ef 1,4; Jn 17,24;
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 85 SEMAYOR

1Pe1,20) Dios Padre concibió el plan que en la plenitud de los tiempos (Gal 4,4; Ef 1,10) se
ha realizado en Cristo Jesús (1Cor 2,7-10; 2Cor 1,20; Gal 4,4; Col 1,25 y ss; Ef 1,10; 3,3-
11; Rm16, 25-26; Heb1,1-4). De ahí que toda la vida de Jesús gire en torno a la realización
de la voluntad de su Padre y de llevar a cabo su obra (Jn 4,34; 5,19.30.36; 6,38; 7,28; 8,28;
10,25; 12,49; 13,3; 14,31).

Este plan se prolonga en cada ser humano hasta que "Dios lo sea todo en todos"
(1Cor 15,28). Ahora bien, la expresión hacer la voluntad de Dios lleva a muchas
confusiones si no se aclara lo que quiere decir. En griego existen tres términos para
expresar "voluntad" ("rasah" en hebreo):

1. "Boúlomai", que indica una reflexión consciente, libre de emociones.


2. "Thélema", que se podría traducir por "anhelo", "deseo", "inclinación permanente".
3. "Eudokía", que significa "buena voluntad". Cristo es la "eudokía" del Padre
realizándose entre los hombres y por esto está intercediendo de forma permanente. La
voluntad salvífica de Dios se presupone en todo deseo humano y lo sostiene (Rm 9,11-16).

Lo que nos interesa aquí, sobre todo, es distinguir bien entre boúlomai y thélema,
porque confundirlos es causa de angustias y malentendidos. Lo que Dios manifiesta es su
deseo, su anhelo (thélema) de recapitularlo todo en Cristo, no las maneras concretas de
realizarlo. A nosotros nos corresponde discernir y co-crear con Él las maneras concretas de
llevar a cabo su "voluntad". Esta diferencia es la que explica, por ejemplo, la confusión de
San Francisco de Asís ante el Cristo de San Damián: "Reconstruye mi Iglesia", oyó
Francisco, y se puso a restaurar la ermita, interpretando estas palabras como boúlomai, sin
poder percibir en aquel momento que Dios estaba simplemente invitándolo a dar un
impulso de renovación en el cual no había nada preestablecido (thélema). Del mismo modo,
San Ignacio, al inicio de su conversión, identificó la voluntad de Dios con una consigna
precisa (boúlomai): peregrinar y quedarse en Jerusalén para siempre. A lo largo de su vida,
Ignacio irá descubriendo que la voluntad de Dios es un dinamismo mucho más amplio
(thélema) que lo que vemos en un primer momento. El boúlomai es una forma primaria y
todavía inmadura de interpretar la voluntad de Dios, si bien a veces necesitamos empezar a
caminar a partir de algo muy concreto para que después lo entendamos con mayor alcance.
Así pues, no se trata tanto de estar a la escucha de una consigna precisa por parte de Dios,
que sería demasiado extrínseca (boúlomai), sino más bien de introducirse en el dinamismo
de esta Voluntad (thélema) hasta llegar a convertirse en la Voluntad misma.

En otras palabras, la Voluntad de Dios no se trata de un designio fijo, sino de un


movimiento, como un río que busca el Océano: lo importante es que el agua llegue al mar;
el recorrido del río está por fijar. Por ello hay que desbloquear todo lo que impide que el
agua corra, todo lo que obstaculiza esta inmersión que se convertirá en una progresiva
transformación de la totalidad de la persona.

La palabra de Dios y la Historia son los lugares donde acoger y discernir esta
Voluntad de Dios. Podemos decir que se establece un triángulo entre la Palabra de Dios –
una Palabra que expresa y actúa-, los signos de los tiempos y la resonancia que ambos
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 86 SEMAYOR

provocan en cada persona. Este triángulo delimita el espacio de la revelación de Dios en


cada persona, que habrá que discernir continuamente como despliegue de la vida trinitaria
en nosotros.

1.2 La economía del Padre, de Hijo y del Espíritu

Economía viene de "oiko"-"nomos" que, etimológicamente, significa "orden de la


casa", de la Casa "trinitaria" en el caso que nos ocupa. Dios es una circularidad
(perichoresis) de relaciones y de misiones entre un Foco Originante y Originario de Amor
(Padre-Madre), un receptáculo infinito (Hijo) que acoge este derramarse incontenible de la
Fuente Primordial y una Irradiación cocreadora que provoca este flujo constante de Vida y
Amor (el Espíritu). A esta circularidad de relaciones de dar y recibir, de acoger y entregar,
toda la Creación está convocada, tal como sugiere la circunferencia abierta del icono de
Andrei Rublev. Es más: nosotros entramos de lleno en este movimiento ya que sólo
existimos para y en el interior de este plan previsto desde antes de la fundación del mundo.

El Espíritu Santo introduce en nosotros la vida del Padre y del Hijo: "Él nos ha
marcado con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones "(2 Cor 1,22). El
Espíritu es la energía divina puesta en nuestros corazones para que alcancemos la santidad,
es decir, para que lleguemos a participar plenamente de la vida de Dios. El Espíritu es el
que lleva el itinerario de nuestra vida hacia Dios, en Dios. Si no estuviésemos ya en Dios,
no podríamos ir hacia Él. El Espíritu es el que nos engendra como hijos de Dios (Rm 8,14¸
1 Cor 12,13), formando parte del Cuerpo de Cristo (1Cor 12,13.27), nacidos del agua y del
espíritu (Jn 3,5).

En Cristo, el Receptáculo divino intratrinitario se hace carne humana y cósmica para


que sea esta carne nuestra la que reciba la vida divina. En Él se da el despliegue
teoantropocósmico. Dicho de otra manera, Cristo es el espacio original en el que Dios crea
y trabaja. Nosotros estamos llamados a reproducir los rasgos de Cristo por acción del
Espíritu (1Cor 15,49), hasta constituir el Pleroma de Cristo, "hasta que lleguemos todos a la
unidad en la fe y en el conocimiento pleno del hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a
la madurez de la plenitud de Cristo" (Ef 4,13).

Cristo es inseparable del Espíritu: Cristo significa precisamente "el Ungido por el
Espíritu". El Espíritu está presente en los momentos más importantes de la vida humana del
Hijo: en el momento de la encarnación (Lc1,35), del Bautismo (Lc 3,22), a lo largo de toda
su vida pública (Lc 4,1.14.18; 10,21). En la Pasión según San Juan se constata una
utilización teológica del verbo "paradidomi": con el mismo verbo Jesús "fue entregado" a la
muerte (Jn 19,16), Jesús "entregó su Espíritu" (Jn 19,30). Es decir, Jesús, entregado del
todo, completamente despojado de sí mismo, es el que da el Espíritu al mundo. La Cruz,
pues, es el Pentecostés juánico, completada después con la aparición del Resucitado (Jn
20,19-23).

Cristo y el Espíritu son dos principios ("los dos brazos del Padre" en expresión de San
Ireneo): uno es el principio de la forma; el espíritu es el principio del dinamismo, de la
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 87 SEMAYOR

Energía divina dando forma a la materia informe. Son inseparables y cada cristiano está
llamado a recrearlos, a "encarnarlos" La intuición "cosmoteándrica" ("Teo-antropo-
cósmica") de Raimon Panikkar es otra forma de hablar de esta "complicidad trinitaria" o de
esta "Trinidad Radical" de toda la realidad (17).

Así pues, si por un lado, la voluntad de Dios es algo trascendente a nosotros y al


mundo –es decir, nos viene dado "desde afuera"- es al mismo tiempo lo más interior de
nosotros mismos. Es lo que configura el sentido de nuestro existir, como semilla y promesa
que despliega lo más íntimo de nuestra persona y del mundo: "Nuestra vida está oculta con
Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros
apareceréis gloriosos con Él" (Col 3, 3-4). Como ya hemos dicho, este conocimiento y
configuración nos es dado por la acción de la vida trinitaria en nosotros: el Padre como
origen, el Hijo como Forma, el Espíritu como dinamismo y fuerza. Así se expresa San Juan
de la Cruz:

"El estado de esta divina unión consiste en tener el alma según la voluntad con
total transformación en la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa
contraria a la voluntad de Dios, sino que en todo y por todo, su movimiento sea voluntad
solamente de Dios" (Subida al Monte Carmelo, I, cap.11).

Esto es lo que va conduciendo a la unión con Dios:

"Por cuanto El allí le da su amor, en el mismo amor le muestra a amarle como de


Él el alma es amada.

Porque además de enseñar Dios allí a amar pura y libremente sin intereses, como Él
nos ama, la hace amar con la que el ama, transformándola en su amor, en lo cual le da su
misma fuerza con que pueda amarle, que es como ponerle el instrumento en las manos y
decirle cómo lo ha de hacer, haciéndolo juntamente con ella, lo cual es mostrarle a amar y
darle habilidad para ello. Hasta llegar a esto no está el alma contenta si no sintiese que ama
a Dios tanto cuando de Él es amada". (Cántico Espiritual, canción 38).

Es decir, aquel "hacer la voluntad de Dios" inicial se revela como el vehículo para
llegar a la Fuente misma de nuestro ser, participando plenamente de su chorro de vida.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 88 SEMAYOR

2. EL MISTERIO DE LA PERSONA, DEL CORAZÓN Y LA VOCACIÓN


PERSONAL

2.1. El misterio de la persona

Ahora bien, este proceso de unión se produce de una manera única e irrepetible en
cada uno. Esto nos lleva a tratar un aspecto clave de la mística cristiana: la noción de
Persona. Esta noción es tal vez la que más distinga al Cristianismo de las Religiones
Orientales. Se trata de un término derivado de "prosopon", procedente del teatro griego: es
el rostro que hay detrás de la máscara. Lo que es más propio de la persona es su misterio:
no podemos abarcarlo, delimitarlo, clasificarlo. San Agustín dijo: "No puedo comprender
todo lo que soy". Es irreductible a nuestra mirada. Atañe al misterio de nuestra identidad
que esta vinculado a la libertad. La libertad es lo más propio de Dios. El amor de Dios es
libre. Es un abismo de amor, no de necesidad, es decir, sin intereses propios, radicalmente
descentrado.

La noción de persona es contraria a la de personaje y a la de individuo. El personaje


es nuestra máscara social, exterior, esclava de la apariencia; el individuo, en cambio, es la
afirmación de uno mismo a costa de aislarse de los demás. En la psicología de Jung la
"persona" (lo que nosotros denominamos personaje) oculta su sombra, es decir, todo lo que
no sabe asumir. Allí ha arrinconado su "animus" y "anima", que habría que integrar para
llegar al "sí mismo" ("Selbst") o al "yo profundo". Esto es lo que Jung denomina "proceso
de individuación" (18). El "Sí mismo" es la semilla divina que todos llevamos dentro. Jung
llega a decir: "El "Sí mismo es como una copa preparada para recibir la gracia divina". Esto
no se produce sin crisis. Se trata del lento camino hacia la "séptima morada" del Castillo
interior de Santa Teresa.

En la persona, vida y amor coinciden: la persona no muere porque ama y es amada.


Sin la comunión del amor, la persona pierde su unicidad, se convierte en algo sin nombre,
sin identidad, sin rostro (el individuo). Es cierto que, por un lado, somos una individualidad
biológica, porque biológicamente vivimos de la necesidad –las pulsiones-; y, en último
término, esta pasión individual nos desintegra. Por la muerte biológica desaparecemos en
tanto que individuos. La persona, en cambio, forma parte de la única Naturaleza Humana,
como las tres Personas divinas forman parte de la única naturaleza de Dios. Jesucristo es el
punto de intersección: por amor nos comunica la naturaleza de Dios, al tiempo que convoca
en sí a toda la humanidad (lo que denominamos su Cuerpo Místico).

Cada persona humana puede elegir entre el AMOR (la reciprocidad de dar y recibir) o
la NADA (la actitud cerrada de la apropiación). Por otro lado, el valor de cada persona (su
unicidad) es algo absoluto. El despertar de este carácter único de cada persona se produce
en el santuario de nuestra persona, que es el CORAZÓN, del que ya hemos hablado en la
Primera Parte. En el corazón está gravada la imagen divina oculta, "el hombre de corazón
oculto" (1P3,4). San
Serafín de Sarov lo denomina "el altar de Dios". "Donde tienes tu tesoro, allá está tu
corazón" (Mt 6,21). Dicho de otro modo, es el lugar donde se halla el tesoro escondido (Mt
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 89 SEMAYOR

13,44): la revelación de nuestra identidad divina, donde está estampada nuestra imagen y
semejanza divinas.

Este carácter sagrado del corazón como lugar de identidad personal y al mismo
tiempo de revelación divina está expresado de manera espléndida en un poema de Santa
Teresa de Jesús, a propósito de unas palabras que recibió en oración: "Alma, buscarte has
en Mí,/y a Mí buscarme has en ti" (19). Las dos primeras estrofas desarrollan la primera
parte de la frase, es decir, la búsqueda del alma en Dios:

"De tal suerte pudo amor, /Alma, en mí te retratar,


Que ningún sabio pintor/ Supiera con tal primor
Tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada/ Hermosa, bella y así
En mis entrañas pintada, mi amada, / Alma, buscarte has en Mí.
Que yo sé que te hallaras/ En mi pecho retratada,
Y tan al vivo sacada, / Que si te ves te holgaras
Viéndote tan bien pintada.
Y las tres estrofas siguientes comentan la segunda parte, es decir, la búsqueda de Dios
en la propia alma:
"Y si acaso no supieres / Donde me hallarás en Mí,
No andes de aquí para allí, / Sinó, si hallarme quisieres
A Mí buscarme has en ti.
Porque tú eres mí aposento, / Eres mi casa y morada,
Y así llamo a cualquier tiempo / Si hallo en tu pensamiento
Estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme, / Porque para hallarme a Mí,
Bastará sólo llamarme, / Que a ti iré sin tardarme,
Y a Mí buscarme has en ti."

El poema y su construcción expresan muy bien el nexo íntimo entre la persona y


Dios, hasta el extremo de que casi llegan a confundirse: "hallar-Te en mí" y "hallar-me en
Tí" son dos maneras de acceder al mismo misterio de unión. Es lo que el hinduismo
denomina el advaita: no somos ni uno ni dos con Dios, sino una inexplicable y paradójica
unión en la diferencia (20). Sin embargo, esta unión se realiza a través de una misión
específica en la vida. Esta misión, esta tarea íntima, que se desarrolla en el servicio y en la
historia, es lo que denominamos la vocación personal.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 90 SEMAYOR

2.2. La vocación personal

La vocación personal revela "mi lugar en el mundo". Sólo puede percibirse con los
"ojos del corazón" (Ef 1,18). Está hecha de unicidad y comunión, es decir, se sostiene en la
paradoja de que existe un camino único para cada persona, pero, al mismo tiempo, de que
somos Uno con Dios (Jn 17,21). Es decir, mis peculiaridades no me separan de los demás
sino que precisamente son las que me hacen entrar en comunión con ellos.

La vocación personal está arraigada a un nombre, al nombre íntimo y último de cada


persona. Este nombre todavía no lo sabemos: "al vencedor le daré maná escondido; y le
daré también una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo que nadie
conoce, sino el que lo recibe" (Ap 2,17). En las culturas primitivas y en la Biblia, el nombre
tiene una importancia capital. Designa la identidad de la persona. A una nueva identidad le
corresponde un nombre nuevo: así Ab-ram ("padre excelso") se transforma en Abraham
("padre de multitudes", Ab-rab-hamon); a Jacob, después de luchar con el ángel, se le llama
Israel ("Fuerza de Dios"); Moisés ("el que ha sido sacado") lleva el nombre de sus orígenes
y de su misión (será él quien sacará a su pueblo de la esclavitud); Juan ("El que ha obtenido
el favor de Dios"); Jesús ("Es Dios que salva": lo llamarás Jesús, porque salvará a su
pueblo" (Mt 1,21). También Jesús cambia los nombres de los suyos: Simón se convierte en
"Pedro"; Juan y Santiago, "Hijos del trueno". Más adelante, Saulo se cambiará por
"Paulus", "pequeño"; Iñigo de Loyola se llamará "Ignacio", de "ignus", "fuego", etc.

La vocación personal concentra nuestras energías psíquicas y espirituales en una sola


dirección. Sabemos que estamos realizando nuestra vocación personal cuando nos
cansamos pero no nos desgastamos; cuando estamos disponibles, pero sin dispersarnos;
dicho de otro modo, cuando percibimos que nuestro hacer no desbarajusta nuestro ser, sino
que lo expresa. La vocación personal está más allá de las tareas concretas; más allá de las
misiones recibidas; es más bien el hilo conductor que las unifica a todas. La vocación
personal es más íntima que la vocación a la vida religiosa o a la vida laical; es más bien el
alma que anima a cualquier otra vocación ulterior desde lo más íntimo de sí misma; es la
fuente de todo acto, de todo gesto, de toda palabra personal.

Para aclarar lo que queremos decir, podremos algún ejemplo: la vocación personal de
Jesús fue transmitir a los demás su experiencia de Abbà, que fundaba en él un impulso
irresistible de fraternidad; la vocación personal de Francisco de Asís fue expresar la ternura
universal; la de Juan XXIII, la bondad y la simplicidad (si hubiese querido aparentar otra
cosa siendo Papa, habría sido un fracaso; su secreto fue precisamente que se comportó tal
como era, tal como sentía que tenía
que ser, fuese quien fuese y estuviera con quien estuviese; la vocación de Elisabeth
Kübbler-Ross, vivir tan apasionadamente la vida que obtuvo el don de acompañar a muchas
personas hacia la Otra Vida.

La vocación personal tropieza con dos tentaciones contrarias:


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 91 SEMAYOR

-a. Por un lado, la huida, es decir, no querer asumir o aceptar lo que se siente como
más íntimo y específico de uno mismo. Podemos pasarnos años huyendo de nuestra
llamada más honda, lo cual nos deja dispersos, débiles y con un desasosiego interno que es
la forma que tiene nuestro corazón de avisarnos.

-b. En el extremo opuesto puede darse la apropiación, es decir, sentirme "diferente" a


causa de esta vocación y ponerme a la defensiva, lo cual se convierte en el origen del
autocentramiento y de pérdida de disponibilidad. La verdadera vocación, en cambio, arraiga
en la inocencia, es decir, en la confianza de que es Dios quien la cuida, sabiendo en todo
caso, que las promesas de Dios no siempre coinciden con nuestras expectativas.

Los indicios para discernir la vocación personal son sencillos y cercanos: hay que
observar las cualidades propias, la inclinación espontánea, la propia historia personal, la
repercusión que tienen en mí determinados pasajes de la Palabra de Dios y otros
acontecimientos. Otro indicio es lo que los demás vienen a buscar en mí. Todas ellas son
pistas que giran en torno a nuestro núcleo fundamental.

Dicho de otro modo, la vocación personal introduce en un doble movimiento de


"enstasis" (interioridad) y de "éxtasis" (misión) que se convierte en el lugar de unificación
de toda nuestra persona, el camino concreto a través del cual llegar al Océano. Una
identidad, pues, que se despliega en la historia, en la historia de cada persona y del mundo,
es decir, hacia los demás y con los demás.

Si la vocación personal es la forma histórico personal por la cual Dios se revela al


mundo a través de cada persona, la oración constante es el alimento que la sostiene.

3. LLAMADA A LA ORACIÓN CONTINUA

3.1 Etapas en la vida de oración: De la necesidad al deseo; del deseo al silencio

La oración no es un tiempo, ni una actividad, sino un estado de comunión. Toda


comunión supone un "yo" y un "tú". Ahora bien, cuanto más ahondamos en nuestro "yo",
más nos adentramos en el "Tú" de Dios, hasta convertirnos Uno. Podemos distinguir tres
estadios en la vida de oración:

En la necesidad, el centro de gravedad es mi yo, mis exigencias, mis maneras


limitadas de ver y de interpretar las presencias y ausencias de Dios...

En el deseo, el centro empieza a desplazarse hacia el Tú de Dios, y estoy más atento a


lo que se me dice que a lo que yo quiero decir. Para percibir los matices de este
desplazamiento, es ilustrativa la distinción que hace Teresa de Jesús entre contentamientos
y gustos. "Los contentamientos me parece que son aquellos que adquirimos con nuestra
meditación y peticiones a nuestro Señor, y proceden de nuestra naturaleza" (Cuartas
Moradas, 1,4). Es decir, se trata de una satisfacción que todavía se refiere a uno mismo.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 92 SEMAYOR

"Empiezan de nuestro propio natural, si bien acaban en Dios" (íbid.). Los "gustos", en
cambio, son don de Dios y no pueden ser provocados: "Todo nuestro interior se dilata y se
engranda, y no se puede expresar todo el bien que resulta de ello" (4M 2,6). El yo va
despojándose cada vez más de sí mismo para llegar a otra Orilla: el Silencio.

En el silencio, ya no hay "yo" ni "tú", sino una com-unión que va más allá del mero
"nosotros". No se trata tampoco de una fusión, si por "fusión" entendemos "disolución" de
la propia identidad, sino que es la participación en la comunión trinitaria, en la que se da la
unión de Personas sin confusión. Como dice Henri Le Saux, "nunca alcanzaremos
verdaderamente a Dios con un pensamiento objetival, sino en el fondo mismo de la
experiencia purificada del mi propio "yo", que es participación del único Yo divino. Para
que sea plenamente verdadero, el "Tú" de mi oración tiene que fusionarse con el "Tú" que
desde siempre el Hijo le dice al Padre, en aquel Yo-Tú indivisible de la Unitrinidad" (21).

Anthony de Mello tiene una forma todavía más sencilla de hablar de estas diferentes
etapas de la oración:

"Primero, yo hablo, Tú escuchas;


luego, Tú hablas, yo escucho;
más allá, no hablamos ninguno de los dos, los dos escuchamos;
al final, ninguno habla, ni escucha:
sólo hay SILENCIO." (22)

Además de la oración realizada en tiempos y espacios específicos, existe otra oración


que creemos muy propicia para conseguir el monacato interiorizado del que hablábamos.
Se trata de la oración del corazón, denominada también la oración continua.

3.2. La oración continua en el corazón, lugar de unificación y de unión

En el libro del Deuteronomio ya encontramos un anticipo de esta oración: "Escucha,


Israel. Yahveh nuestro Dios es el único. Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te he dicho
hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de
viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal y serán como una
insignia entre tus ojos" (Dt 6,4-8). La piedad judía se transforma en mística cristiana en el
Evangelio de Juan: "Permaneced en mí y yo permanecerá en vosotros (...). Vosotros no
podéis dar fruto si no estáis en mí (...). El que está en mí y yo en él, ése da mucho fruto,
porque sin mi no podéis hacer nada" (Jn15, 4-5). Este "estar" o "permanecer" ("menein", en
griego) aparece 45 veces en el Evangelio de Juan, y es su verbo teologal por excelencia.

Este permanecer en Dios por el don de la oración continua no es una técnica, sino un
estado, es una gota persistente de presencia divina que nos va penetrando y transformando.
Es un estado de amor, una tensión sin esfuerzo, un deseo loco hacia Aquel que ya habita
plenamente en nosotros.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 93 SEMAYOR

En diferentes pasajes de los Evangelios encontramos antecedentes remotos de la


oración del nombre de Jesús: en Bartimeo, el ciego de Jericó, invocando a Jesús que pasaba
por el camino (Mc10,46-52); en los dos ciegos que claman a Jesús (Mt 9,27-31); en los
leprosos (Lc17,11-19)...

La fórmula clásica de esta oración es: "Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de
mí, pecador".

La primera parte, "Señor Jesús, Hijo de Dios", se basa en la importancia bíblica del
Nombre, una característica en encontramos también en otras culturas denominadas
"primitivas", pero que sería más adecuado llamar "primordiales", porque están más
arraigadas en los núcleos primigenios de la realidad. En estas culturas, el nombre de la
persona revela su identidad. "Le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de
sus pecados" (Mt 1,21), se le dice a José. Iesous viene de Je(ho)schouah (Josué), un nombre
poco común que significa : « Dios salva, Dios es salvación". La salvación que nos trae
Jesús es liberarnos de cerrarnos en nosotros mismos. Al nombre de Jesús, los demonios de
someten (Lc10,17). "Todo lo que pidáis en mi nombre, os lo concederé" (Jn 14,14; 15,16;
16,24). Ahora bien, invocar su nombre no puede confundirse con una formula mágica: "en
su nombre" significa según su Espíritu (Hch 3, 6.16; 1Cor 12,3), esto es, según su misma
actitud de donación y de vaciamiento de sí mismo (Fil 2,7). Su nombre sólo tiene "poder"
cuando uno se despoja de todo poder. Sólo así se puede revelar su gloria (Fil 2,9-10).

La segunda parte de la oración ("ten misericordia de mí, pecador") abre nuestra


pobreza a la gracia, como ocurrió con el publicano (Lc18,13).

La oración del corazón requiere una cierta "técnica físico-psíquica": hay que repetir
sin cesar y acompasando la repetición con la respiración. Parece que, en algún momento a
lo largo de su evolución, esta oración recibió la influencia hindú a través de los sufís
musulmanes. En el hinduismo, la repetición del nombre de Dios se denomina "Nama Japa",
práctica que debe distinguirse de la repetición de un mantra, que es únicamente un sonido,
aunque se trate de un sonido sagrado. Entre los sufis, la repetición del nombre de Allah
ritmada con la respiración se denomina dhikr.

Primero, hay que repetirla en voz alta. Después se convierte en una especie de eco
interior. Así lo expresa el autor anónimo de los Relatos de un peregrino ruso:

"Al cabo de poco rato, sentí que la propia oración empezaba a entrar en mi corazón,
es decir, que mi corazón, al tiempo que latía con normalidad, recitaba en su interior las
palabras de la oración con cada latido, por ejemplo:1) Señor, 2) Jesu- 3) Cristo, etc. Dejé de
decir la oración con los labios y puse toda mi atención en escuchar cómo hablaba el
corazón (...) Después, empecé a sentir un ligero dolor en el corazón, en el espíritu, tanto
amor por Jesucristo que me parecía que, si lo hubiese visto, me habría lanzado a sus pies,
los habría abrazado, besándolos dulcemente hasta las lágrimas, agradeciéndole el consuelo
que nos da con su nombre, su bondad y su amor hacia la criatura indigna y pecadora" (23).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 94 SEMAYOR

Y a continuación, otro testimonio extraído de la Filocalia:

"Si la mente invoca continuamente el nombre del Señor y el espíritu presta atención
claramente a la invocación del nombre divino, la luz del conocimiento de Dios, como una
nube de luz, cubre toda el alma. El amor y la alegría siguen al amor perfecto de Dios" (24).

Tal vez el resumen más bello de lo que genera la oración del corazón sea lo que dijo
San Juan Crisóstomo: "El corazón absorbe al Señor, y el Señor absorbe al corazón, y los
dos se hacen uno".

Ahora bien, insistimos en decir que la intimidad no es cerrarse, sino todo lo contrario:
apertura máxima. Desde el centro del corazón, el orante se abre al corazón de la realidad.
La oración es personal, pero nunca individual, es decir, nunca al margen de los demás. En
el Monasterio de San Juan Bautista, fundado por el Archimandrita Sophronías, discípulo de
San Silván del Monte Athos, la fórmula de la oración de los monjes se recita siempre en
plural: "Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de nosotros, pecadores", Este nosotros incluye
a todo el mundo. Porque, de hecho, cuando oramos, nunca oramos solos, sino que lo
hacemos en nombre de los que no pueden o no saben orar.

3.3. Ordenar la vida, ritmarla

Corresponde a cada persona encontrar el tipo de oración que más le conviene para
mantener la guarda del corazón y la comunión continua con la presencia del Señor. En
Japón se considera religioso "todo acto simple que pueda repetirse". Así, en estado de
atención, muchos de los actos que repetimos cotidianamente podrían convertirse en
"religiosos" (en el sentido de "re-ligare"): desde lavarse los dientes, limpiar los zapatos,
ducharse, beber la taza de café o de té (huelga mencionar la importancia religiosa que tiene
el ritual del té en la cultura japonesa), caminar, realizar un recorrido diario en coche o en
metro...

Pero, para conseguir esta "guarda del corazón", hoy más que nunca, tenemos que
reservar tiempos y espacios de silencio, y tenemos que ayudarnos comunitariamente a
hacerlo. Hay que tener la valentía de buscar el silencio si no queremos vivir "jornadas
kleenex", es decir, ir consumiendo nuestros días a base de "usar y tirar" en la papelera de
nuestra memoria, sin darnos ocasión de agradecer y de interpretar lo que se nos da a vivir.
A menudo se oye decir que "lo urgente no nos deja hacer lo importante". Pues bien, el
silencio de la oración no sólo pertenece al orden de lo importante, sino a lo esencial, si
queremos humanizar y divinizar nuestra existencia, es decir, personalizarla. Esto nos lleva a
retomar desde otro ángulo el imprescindible ejercicio del discernimiento, rasgo
indispensable para avanzar en una vida en el Espíritu.

4. EL DON DEL DISCERNIMIENTO

4.1. El discernimiento como una cualidad del conocimiento


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 95 SEMAYOR

Si bien en la Primera Parte hemos hablado del arte del discernimiento, ahora nos
referiremos al don del discernimiento. Si entonces hablábamos del necesario conocimiento
de sí mismo, ahora nos referimos a lo que ya hemos mencionado al inicio de esta Segunda
Parte: que la vida cristiana consiste en aprender a discernir la voluntad de Dios (Rm12,1-2).
"Aquí me tienes, Señor, quiero hacer tu voluntad" (Sal 40,9; Heb 10,7).

Aprender a discernir, es decir, a interpretar los signos de Dios, podríamos compararlo


al aprendizaje de un idioma: al principio sólo se oyen sonidos; poco a poco, cada sonido es
portador de un significado. Ahora bien, el discernimiento no es una técnica, sino un estado
permanente de atención y de ofrenda de uno mismo. Es la actitud permanente de Jesús, de
María... que indica apertura plena y ofrecimiento total. Al final de más de 900 cartas, San
Ignacio finaliza de la misma manera: "Que el Señor nos de su gracia para sentir siempre su
voluntad y cumplirla en su totalidad".

En la Tradición espiritual, el discernimiento se considera como un sexto sentido o un


"sentido interior". En el Oriente cristiano, la persona que ha hablado de forma más bella y
penetrante del discernimiento ha sido tal vez Diádoco de Fótice, un obispo retirado al
desierto (S.IV). Sus Cien consejos espirituales, recogidos en la Filocalia, me parecen una
lectura indispensable para completar las reglas ignacianas del discernimiento. Según
Diàdoco, la luz del verdadero conocimiento consiste en discernir infaliblemente el bien del
mal: "Entonces, el camino de la justicia, que lleva hacia el Sol de justicia, lo sitúa en la
iluminación infinita del conocimiento, desde el momento en que sólo busca el amor. Para
ello, se requiere un corazón sin cólera (...). La palabra espiritual llena de certeza al sentido
interior. Esta palabra viene de Dios mediante la energía del amor (...).Hay que esperar
continuamente, pero medio de la fe y del amor activo, la iluminación que permite hablar
(...). Este conocimiento viene por la oración y por la mucha quietud, en un desprendimiento
total (...). Una persona así ya no se conoce a sí misma, sino que es enteramente
transformada por el amor de Dios. Cuando se empieza a sentir plenamente el amor de Dios,
entonces empieza, por el sentido del Espíritu, a amar a su prójimo" (25). En palabras de
William Blake, poeta y místico inglés del S.XVIII, "si las puertas de la percepción
estuvieran purificadas, todas las cosas se mostrarían al ser humano tal como son: infinitas".

Esta calidad del conocimiento interno que lleva al olvido de uno mismo y que permite
la transparencia de Dios en las cosas también es constatada por San Ignacio: "Las personas
que salen de sí mismas y entran en su Creador y Señor, tienen consejo, atención y
consolación frecuentes y sienten como todo nuestro Eterno Bien está en todas las cosas
creadas, dando a todas las cosas su ser y conservándolas en Él" (Carta de San Ignacio a San
Francisco de Borja, 1545). Es decir, el don del discernimiento – del conocimiento
transparente- se da en este movimiento de salida de sí mismo (éxtasis) y de entrada en Dios
(enstasis), en el cual encontramos el clima trinitario.

La práctica del discernimiento está asociada a una dimensión indispensable en la vida


del Espíritu: la paternidad espiritual.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 96 SEMAYOR

4.2. La paternidad espiritual

Nadie puede otorgarse a sí mismo esta paternidad, sino que son los demás los que la
reconocen. Está vinculada a tres características:

1) a la penetración en el discernimiento ("diacrisis", que significa, literalmente,


"juzgar a través"),
2) a la capacidad de conocer y de amar la miseria del otro y de asumir sus
sufrimientos (cardiognosis),
3) al don de transformar a aquellos que se acercan a pedir ayuda.

Como ya hemos hablado del discernimiento o diacrisis, paso a comentar las otras dos
características.

1. La Cardiognosis: el Padre espiritual no es un legislador, sino un mistagogo, es


decir, aquel que ayuda a conducir a cada uno desde lo que todavía no es hasta lo que está
llamado a ser. Para ello hay que alcanzar la sexta bienaventuranza: "Felices los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), es decir, verán a Dios incubándose en el
corazón de cada persona, como una semilla de plenitud oculta a los ojos ordinarios. Ahora
bien, esta capacidad de "ver" es una carga que pocos son capaces de soportar. Cuenta un
relato de los Padres del Desierto que había un Anciano con el don de la cardiognosis y que
tenía un discípulo ansioso de este mismo don para poder ayudarlo. Al Anciano le parecía
que el joven discípulo no estaba aún preparado , pero tanto insistió el discípulo que el
Anciano rezó por él y le fue concedido el don. Pocos días después, un hombre se acercó a la
ermita para recibir la bendición del venerable Anciano. El joven discípulo lo recibió y
quedó escandalizado de los pecados que vio en su interior. Entonces, indignado con aquel
hombre, lo echó del recinto, recriminándole que se hubiese atrevido a presentarse en aquel
estado moral tan deplorable. Advertido por los gritos, el Anciano salió de su celda y al
punto lo comprendió todo. Llamó al joven novicio y le dijo: "¿Te das cuenta de que no
estabas preparado para ver? Este hombre ha venido a nosotros en busca de misericordia y
de ti sólo ha recibido juicio". Parece que el mismo discípulo le pidió que lo liberase de
aquella carga que no estaba preparado para llevar.

De hecho, el Padre Espiritual es aquel que sabe mirar como Dios nos mira: desde
donde llegaremos a ser. De ahí, el segundo aspecto que quería comentar: la capacidad de
ser transformado por el contacto con el Padre Espiritual.

2. Según la Tradición hindú, el guru (que etimológicamente significa: "el que


desvanece la oscuridad") transforma al discípulo mediante tres herramientas: la palabra, la
mirada y el tacto.

La palabra del Maestro o del Padre espiritual nace del Silencio y vuelve al Silencio.
Él sabe que no es más que un intermediario. No se trata de una palabra precipitada, sino
afilada en la paciencia de la acogida y de la oración por el otro. Tampoco es una palabra
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 97 SEMAYOR

genérica o anónima, sino que se pronuncia en el momento preciso en que el otro necesita
escucharla. A veces es una palabra dulce; otras, puede ser muy enérgica y aparentemente
devastadora, para destruir el ego de quien lo escucha. Puede ser también una palabra
enigmática, para despertar la búsqueda.

La mirada silenciosa es la segunda manera de acompañar que tienen los Maestros.


Explican los primeros compañeros de San Ignacio que les había sucedido con frecuencia
acudir a él atribulados a consultarle una cosa y que simplemente por el hecho de
encontrarse en su presencia, se calmaba su inquietud y recibían claridad en la mente. Los
hindús denominan a este fenómeno "recibir darshan", es decir, no se trata de ir a mirar al
Maestro, sino de ser mirado por él. Con los iconos pasa algo por el estilo.

Por último, el tacto. En nuestra cultura, hemos perdido el sentido de la imposición de


manos –ha quedado reducida a un signo sacramental reservado a unos pocos y en un marco
casi siempre ritual-. El contacto físico, en cambio, a través de la imposición de manos, es
un medio poderoso para transmitir bendición. En algunos momentos de nuestra liturgia
perduran todavía algunos restos muy tímidos que valdría le pena recuperar.

Valgan como testimonio de esta paternidad espiritual las palabras de un monje


contemporáneo del Monte Athos:

"Padre, ¿de qué color es la luz de tus ojos


Para que puedas contemplar cada objeto como si fuese sujeto?
¿Cuál es la fuerza de tu aliento para borrar
todas mis heridas en la alegría,
de tu boca para esculpir mis entrañas en cáliz?
Tú me acompañas allá donde voy.
Por la caricia de tu mirada, silenciosamente,
Me conduces a un lugar de descanso.
Tú dejas que me escuche a través de tu boca
Y que me mire a través de tus ojos.
Testimonio vivo, contienes el mundo que te lleva
E irradias la Presencia que te habita en cada uno de tus gestos,
Indicándome en todo momento una única meta: el Dios vivo” (26).

Hay que decir que todos somos maestros y padres-madres espirituales potenciales de
los demás. De hecho, en algún momento todos hemos dado –y podemos dar- una palabra,
una mirada, o un contacto físico en un momento determinado que ayude a los que están a
nuestro alrededor. Las relaciones humanas están llenas de oportunidades para ello.

5. LOS SIGNOS DE LA PERSONA TRANSFIGURADA

El testimonio anterior nos lleva a tratar uno de los últimos aspectos de nuestro
itinerario: la progresiva vida en Dios va transformando a toda la persona, la va
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 98 SEMAYOR

transfigurando ya en esta vida. Las virtudes ya son un signo de ello. "Virtud" viene de "vir",
que significa "fuerza". La virtud es la fuerza de Dios en nosotros. Como dice el teólogo
ruso Paul Eudokimov, "el Espíritu es dador de las energías trinitarias divinizantes que
actualizan la salvación". La virtud –entendida como fortaleza de la acción de Dios en
nosotros- es precisamente uno de los siete dones del Espíritu Santo (Is11,1-4). He elegido
cinco signos de esta transformación.

5.1. Reconciliados y pacificados

El escritor de la posguerra alemana, Heinrich Böll, en su novela Billar a las nueve y


media (1959), distingue la mirada limpia e inocente de los que han comido el Sacramento
del Cordero en contraposición a la mirada turbia y altiva de los que han comido del
Sacramento del Búfalo, cómplices del régimen nazi. Dicho de otro modo, la mirada de
aquel o aquella que vive sumergido en la presencia de Dios irradia una calidad de
existencia que pacifica y transforma a los que son mirados por ellos. La irradiación de esta
calidad de existencia es lo que el Monacato de Oriente denomina "hesiquia" que integra una
conjunción de serenidad, pacificación, plenitud, ternura, etc. En palabras de Isaac el Sirio,
un monje del siglo VII, esta hesiquia crea "un corazón que arde por toda la creación, por
todos los seres humanos, por los pájaros, por los animales, por los demonios, por toda
criatura. Cuando piensa en ellos y cuando los ve, sus ojos se llenan de lágrimas. Tan intensa
y violenta es su compasión, tan grande su constancia, que su corazón se encoge y no puede
soportar sentir o presenciar el mal o la tristeza más pequeña en el seno de la creación. Esa
es la razón por la cual, con lágrimas, intercede sin cesar por los animales irracionales, por
los enemigos de la verdad y por todos los que lo molestan, para que sean protegidos del mal
y perdonados. En la inmensa compasión que se eleva de su corazón, -una compasión sin
límites, a imagen de Dios- llega a orar hasta por las serpientes" (27). Estamos más
necesitados que nunca de este amor desarmado que nos devuelva la inocencia, más allá de
la contraposición de víctimas y verdugos, de oprimidos y opresores, porque todos somos
Uno y el daño que nos hacemos nos los hacemos todos.

5.2. Enraizados y disponibles

El segundo signo de transformación interior es la capacidad de estar muy convencido


de una llamada personal y, al mismo tiempo, de adaptarse a toda persona y a toda situación.
Quien está en su centro, no depende de las circunstancias.

Así lo expresa San Juan de la Cruz:

"Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la
segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al
aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales
ha de tener el alma contemplativa que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no
haciendo más caso de ellas que si no fuesen, y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio,
que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo,
correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 99 SEMAYOR

compañía; no ha de tener determinado color, no teniendo determinación en ninguna cosa,


sino en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de
su Esposo .(Dichos de luz y amor,
120)

"El pájaro solitario", es decir, una criatura ligera, que está vinculada a un nido (una
Tradición determinada), pero que al mismo tiempo permanece abierta a otras corrientes e
interpelaciones, y no las vive como amenaza sino como oportunidad.

1."Va a lo más alto": esta altura es, al mismo tiempo, lo más hondo, el reencuentro
con el propio Centro, el espacio del corazón del que hemos ido hablando.

2."No sufre compañía", es decir, ni crea dependencias ni se hace dependiente,


porque tiene conciencia del carácter sagrado de cada persona y de que nadie puede sustituir
la experiencia de Dios del otro.

3."Pone el pico al aire", a saber, expone su deseo a la intemperie y se arriesga con la


audacia que da la confianza de saberse en Dios.

4."Sin color", es decir, sin estar aferrado a nada, sino adaptable a cualquier
circunstancia y a cualquier situación. Recordemos que, cuando hablábamos de la vocación
personal, decíamos que va más allá de cualquier concreción, siendo, al mismo tiempo, el
alma de toda misión.

5."Canta suavemente", es decir, sabe tener profundas convicciones y hábitos y, al


mismo tiempo, sabe respetar los de los demás. Esta es la diferencia entre la sabiduría y las
"ideologías", cuya forma más burda son los fundamentalismos.

5.3. Interiores y solidarios

El Pájaro solitario es también el Pájaro solidario. Como hemos intentado mostrar a lo


largo del Itinerario, la vida interior no discapacita para ser sensibles y solidarios con la
pobreza social, sino al contrario, va liberando de los miedos para que podamos intensificar
nuestra presencia en medio de ella. La experiencia de Dios va simplificando. Este es uno de
los signos de discernimiento. Todas las reformas religiosas empiezan al lado de los pobres
y tienen a la pobreza como madre. De hecho, parte de nuestro malestar cultural y religioso
viene de la lejanía de los pobres. Se ha llegado a relacionar de manera sugerente
"explotación" con "depresión": en los países del Primer Mundo es donde más se sufre la
depresión, porque la sorda violencia de la explotación de las colonias va creando un clima
de aislamiento, sospechas y soledad en la metrópolis. Todo está en comunión con todo,
para bien y para mal.

5.4. Contemplativos del misterio del otro


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 100 SEMAYOR

La capacidad de contemplar y de escuchar procede de la capacidad de hacer


SILENCIO, es decir, de acoger sin proyectar. Aprender a "mirar" y no sólo a ver; aprender
a escuchar, y no sólo a "oír". La oración es el lugar de este aprendizaje, para que lo sea
también cada instante. Ya hemos destacado la importancia de vivir en estado de atención, lo
que en la Tradición ignaciana se propicia mediante el Examen de conciencia, que debería
llamarse más bien Examen de lo Consciente, porque se había convertido en un ejercicio
culpabilizador con mucha frecuencia (28).

Se trata de lograr la limpieza de corazón de la sexta bienaventuranza (Mt 5,8) que


permite decir a un Padre del desierto:
"Una sola alma creada a imagen de Dios es más preciosa a Dios que diez mil mundos
y todo lo que puedan contener". Esta capacidad de sorpresa y de admiración, esta mirada de
niño, se extiende a todas las cosas, de manera que todo lo agradece, todo lo ama, todo lo
venera.

5.5. El don más grande, puerta y puerto de todos los anteriores: la humildad

Lo propio de la persona humilde es que su presencia posibilita la existencia de los


demás sin que nadie se dé cuenta. Al humilde sólo se le percibe y se le busca cuando no
está. Dios es el Humilde por excelencia: nos crea y se retira, para dejarnos ser. Como dice
el Maestro Eckhart, "aquella virtud que se llama humildad está arraigada en el fondo de la
Divinidad".

El humilde no tiene nada que defender, nada que justificar. Silván, del Monte Athos
dice que "el que es humilde ha vencido a todos los enemigos", pero también dice que
"estamos completamente endurecidos y no podemos comprender qué es la humildad ni el
amor de Cristo. Se necesita mucho esfuerzo y muchas lágrimas para conservar el humilde
espíritu de Cristo. Humíllate y verás como tus pruebas se convierten en descanso" (29).
Esta última frase da que pensar: muchos de nuestros sufrimientos han sido causados por
nuestras resistencias, porque no nos entregamos. De ahí la invitación de Jesús: "Venid a mí
los que estáis fatigados y sobrecargados, aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón" (Mt11,28-29). No es cuestión de "humillarse", sino de "humildarse", de
convertirse en "tierra fértil". "Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán la
tierra", dice Jesús (Mt 5,5). Poseerán la tierra sin poseerla, porque ellos mismos se habrán
transformado en tierra.

San Ignacio, hacia el final de su vida, registra en su Diario íntimo un combate de


cuarenta días con Dios a propósito de un asunto de pobreza de la Compañía. No lo finaliza
hasta que se rinde, rendición que aparece con una peculiar expresión en el Diario: la
"humildad amorosa". Una humildad que primero se refiere a Dios y que después se
extiende a todas las criaturas (Diario Espiritual, 178-179.182).

Como se pregunta Isaac el Sirio "¿qué criatura no se deja enternecer por el humilde?
El que menosprecia a un humilde, menosprecia a Dios. Cuanto más despreciado es un
humilde por los hombres, más amado por el resto de la Creación (...). La humildad es el
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 101 SEMAYOR

vestido de Dios. Al hacerse hombre, Dios se ha revestido de ella" (30). Es decir, si la


encarnación de Dios pasa por el camino de la humildación ("hacerse humilde"), nuestra
cristificación es divinización que pasa por el mismo movimiento de abajamiento lo cual
pone de manifiesto que la divinización nos reviste de un poder que nos despoja de todo
poder.

6. LA TRANFIGURACIÓN DEL MUNDO: CUERPO, MATERIA, TÉCNICA


Y JUSTICIA

El camino de transformación personal de cada persona implica también el camino de


transformación de la historia del mundo. "El itinerario hacia una vida en Dios" es también
el itinerario de toda la Creación, hasta que "Dios sea todo en todos (1Cor15,28).

Esto implica la incorporación de las diferentes dimensiones del cosmos: el plano


general, biológico, psíquico, mental y espiritual. De hecho, ya los primeros teólogos del
Cristianismo concebían al ser humano como un "microcosmos". Lo que queremos subrayar
es que el paso progresivo de la "carne" ("sarx") cerrada en sí misma, al espíritu ("pneuma"),
que es todo apertura, todo donación, pasando por el psiquismo (1Cor 2,10-15) afecta a toda
la Creación.

6.1. Los signos de la transfiguración en el cuerpo

El cuerpo es el "soma", no la carne ("sarx"). El aparente rechazo de San Pablo al


cuerpo no es tal, sino que es contra la carne, es decir, contra las pulsiones de apropiación de
nuestros instintos, pero no contra los instintos mismos, porque estos, tal como hemos visto
en la Primera Parte, son también fuerzas dinamizadoras del espíritu.

Dicho de otro modo, el cuerpo es el "lugar" en el que se produce esta transformación


en la dirección de los instintos. El cuerpo está llamado a convertirse en sacramento de la
presencia de Dios en la persona: ""vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo; por tanto
glorificad a Dios en vuestro cuerpo" (1Cor 6,19-20). No se trata de caer en un "culto" al
cuerpo, como tal vez está sucediendo en la cultura contemporánea (aunque está reacción
sea inevitable, debido al olvido que ha sufrido durante generaciones), sino de incorporarlo
al proceso de "cristificación". Aquí, la sabiduría de Oriente tiene cosas que aportar: la
atención a la respiración, el equilibrio de la dieta, la adecuación de las posturas, etc. De
hecho, cada vez somos más conscientes de que es en nuestro cuerpo donde se inscribe el
registro del espíritu; a menudo, nuestras enfermedades son signos de nuestro estado
psíquico y espiritual, porque somos una unidad en grados y manifestaciones diversas de
vibraciones y de energía. De toda nuestra corporeidad, tal vez sea la mirada donde más se
refleje el estado de nuestra alma. La mirada es aquella luz que hay detrás de los ojos.
Cuanto más un ser se vuelve de Luz, más brillo pacífico y profundo transparenta su mirada.
Esta mirada luminosa no sólo se dirige a las personas sino también al mundo.

6.2. La tarea mística de la justicia


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 102 SEMAYOR

La tarea de la justicia no es otra que la de restablecer las relaciones trinitarias en el


corazón del mundo. Es decir, restablecer la reciprocidad plena entre los humanos, donde el
poder deje de ser dominación para convertirse en "capacitación" de las potencialidades de
los demás. La opción por los pobres es un acto místico, que participa del "amor loco" de
Dios. En otras palabras, se trata de participar en la tarea crística de la reconciliación: "En Él
reside toda la Plenitud y por Él y para Él se han reconciliado todas las cosas pacificando
mediante la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y en los cielos" (Col 1, 20). El sentido
de nuestro existir es incorporarnos a esta tarea de reconciliación universal. A nosotros, que
"antes éramos hijos de la ira (Ef 2,3) "nos ha confiado el ministerio de la reconciliación"
(2Cor 5,18).

El trabajo por la justicia tiene que cuidar de no caer en la tentación de la "totalidad":


toda organización, todo sistema, corre el peligro de querer dominar el Misterio y poseer la
última interpretación, a la que han de someterse todas las personas. Esta ha sido la tentación
de los totalitarismos. La alternativa a la Totalidad es el Infinito (E.Lévinas), es decir, la
apertura a un dinamismo de relación y de fraternidad en el que el Otro /otro siempre sigue
siendo un misterio, es decir, es espacio sagrado.

La inspiración mística es necesaria para la tarea política, tal como la mística necesita
encarnarse en la política. Tal como ha señalado Leonardo Boff (31), pueden distinguirse
tres grados de inspiración en la tarea política: el terreno técnico, en donde los diferentes
programas sólo se diferencian en la forma de gestionar el bien común; el terreno ético, en el
que las propuestas políticas empiezan a tener personalidad propia y son capaces de mirar un
poco más allá de lo inmediato; y, por último, está la inspiración mística que, cuando está
presente, otorga a la propuesta política una dimensión un alcance mucho mayor y tanto más
radical. La crisis de las alternativas políticas se debe a la pérdida de la dimensión ética y
mística de la política.

6.3. La transformación de la materia

La técnica y la ciencia forman parte de esta tarea de cristificación de la materia,


Ciencia y religión no están en relación de oposición, sino de complementariedad. Después
de siglos de mutuas sospechas y descalificaciones (el tiempo de la Modernidad), vamos
descubriendo que nos necesitamos mutuamente: la ciencia escrutando el camino y la
religión indicando el Horizonte. De ahí, la ofrenda de Teilhard de Chardin, científico, poeta
y místico:

"Mi cáliz y mi patena son las profundidades de una alma ampliamente abierta a
todas las fuerzas que, dentro de un instante, se elevarán desde todos los puntos del planeta y
convergirán en el Espíritu (...). Todo lo que aumentará en el mundo a lo largo de esta
jornada, todo lo que disminuirá es lo que me esfuerzo por recoger en mí para poder
ofrecéroslo; esta es la materia de mi sacrificio, lo único que Vos deseáis", La Misa sobre el
mundo).
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 103 SEMAYOR

Desde esta perspectiva, se puede concebir una sucesión de esferas en la evolución del
planeta: en primer lugar, la aparición de la atmósfera, que permitió el origen de la vida;
después, la aparición de la biosfera, que desarrolló las diversas formas de especies vivas;
con la aparición del ser humano empieza a desarrollarse lo que se ha denominado la
noosfera (la esfera del pensamiento). Hoy en día, con los medios de comunicación social y
con Internet, esta noosfera está gestando una nueva etapa en la evolución de la Tierra, cuyo
alcance todavía no percibimos. De hecho, el desarrollo actual de la noosfera es lo que está
posibilitando la conciencia y la realidad creciente de la "Aldea global", que inaugura un
nuevo estadio en la historia del planeta. Es una oportunidad para nuestra civilización y
como toda oportunidad, no está exenta de riesgos.

Por otro lado, desde otro orden de la realidad, la resurrección de Cristo y de su cuerpo
espiritual ("soma
pneumatikós" 1Cor 15,44)) inauguró lo que podemos denominar pneumatosphera.
Esta pneumatosphera se ha introducido como levadura en la masa de la historia y hace sólo
dos mil años que ha empezado a fermentar.

Porque, ¿qué son dos mil años en el conjunto de la evolución? Si tomamos la vida de
nuestro planeta (4.500 millones de años) y la comparamos con una jornada de 24 horas,
podemos llegar a unas constataciones sorprendentes: la vida aparece a as 5 de la mañana
(hace 4.000 millones de años); hasta la ocho de la tarde no aparecen los primeros moluscos
(hace unos 1.000 millones de años); hacia las 11 de la noche (hace unos 200 millones de
años) aparecen los dinosaurios, que desaparecen a las 12 menos veinte (hace unos 65
millones de años, debido a un enfriamiento del planeta), dejando campo libre para el
desarrollo de los mamíferos; nuestros primeros antepasados (el homo sapiens) aparecen en
los cinco últimos minutos (hace unos 7 millones de años); el cerebro se duplica en el último
minuto del día. La encarnación del Hijo de Dios "al llegar la plenitud de los tiempos" (Gal
4,4), tiene lugar en la última décima de segundo del último segundo del día. Así pues, la
resurrección de Cristo que inaugura la Semana de la Nueva Creación no ha hecho más que
empezar.

Esto nos lleva a enunciar un último aspecto, y que es la relación entre la evolución del
cosmos y la historia humana (que no es más que la toma responsable y consciente de esta
evolución, su "humanización") con la Escatología.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 104 SEMAYOR

6.4. Historia y escatología

Ante el misterio de cómo será el fin de los tiempos, existen dos visiones
contrapuestas: la llamada visión apocalíptica, que concibe la llegada de los Últimos
Tiempos como resultado de una polarización extrema entre las Fuerzas del Bien y las
Fuerzas del Mal, y la visión utópica, que concibe que el progreso humano culminará en la
Parusía. Con Teilhard de Chardin, nos inclinamos por esta segunda. No sabemos cómo ni
cuándo se producirá esta Plenitud Final, pero parece que, en cualquier caso, se producirá
una conjunción entre continuidad y discontinuidad. Es decir, por un lado creemos que el
desarrollo ético, científico y tecnológico del planeta saldrá al encuentro de la venida del
Señor con la ascensión de la Historia; no obstante, también habrá algún tipo de
discontinuidad, como sucede con nuestro cuerpo en el momento de la muerte. Dicho de otro
modo, la Parusía –"Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20)- será el encuentro de todo el esfuerzo
humano con el fracaso de este mismo esfuerzo.

Acabamos nuestro Itinerario con unas palabras que le fueron dirigidas a Juliana de
Norwich (1343-1416), mística inglesa: "Todas las cosas, sean las que sean, acabarán bien".
Otra vez se le repitió: "Todo será para bien; tú misma lo verás. Esta es la gran obra
ordenada por Nuestro Señor desde toda la Eternidad, Tesoro profundamente oculto en su
Seno bendecido y conocido sólo por Él. Con esta Obra hará que todo acabe bien, ya que,
igual que la Santísima Trinidad creó todas las cosas de la nada, también hará buenas todas
las cosas que no lo son" (32).

Este "Todo acabará bien" de Juliana de Norwich se corresponde con el "Dios que será
todo en todos" de San Pablo (1Cor 15,28). En la Iglesia Ortodoxa, la fe en que todo,
absolutamente todo será Uno con Dios se denomina Apokatastasis, o "restauración de todas
las cosas", tal como anunció San Pedro poco después de Pentecostés (Hch 3,21). En San
Pablo aparece como "recapitulación (anakephalaiosis) de todas cosas en Cristo (Ef 1,10),
Alfa y Omega de la Creación. Esta es nuestra esperanza y alma de la tarea cosmoteándrica
que revela que todo es Uno, que todos somos Uno con Dios. El itinerario de cada persona
es el itinerario de todo el Cosmos. Regresamos al punto del que habíamos partido, con la
diferencia de que si bien en el principio teníamos una existencia indiferenciada en la
Eternidad de Dios, al final del recorrido volvemos a encontrarnos en El llenos de
experiencia de amor y de conocimiento.

NOTAS

1 Cf. PAUL EUDOKIMOV, El amor loco de Dios, Ed.Narcea, Madrid 1990, p.68.

2 PERE CASALDÀLIGA, Sonetos Neobíblicos precisamente, Ed. Nueva Utopía,


Madrid 1996, p.23

3 Obras Completas, Editorial de Espiritualidad, Subida al Monte Carmelo, prólogo, 3,


p.173.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 105 SEMAYOR

4 En el ámbito de la psicología transpersonal, se distingue entre un "emerger" y un


"surgimiento espiritual". El "emerger" se da como un proceso lento y paulatino, sin causar
trastornos psíquicos importantes, mientras que el "surgimiento" espiritual va acompañado
de turbulencias psíquicas que pueden ser inquietantes. CF. CHRISTINA Y STANISLAV
GROF, La tormentosa búsqueda del ser, Ed. La Liebre de Marzo, Barcelona 1998, pp.57-73

5 Cf. JUAN MARTÍN VELASCO, La experiencia cristiana de Dios, Ed. Trotta,


Madrid 1996, pp.215-238.

6 H.M.ENOMIYA LASALLE, Zen y mística cristiana, Ed. Paulinas, Madrid 1991,


pp.78-100 y 336-389.

7 Cf. JUAN MARTÍN VELASCO, op.cit., pp.29-35.

8 IRINA GORAINOV, Sant Serafí de Sarov, Col. Grà de Blat, Montserrat 1987,
pp.173-179.

9 Libro de las Fundaciones, cap. 5, 16.

10 Véanse obras como: ROBERTO ASSAGIOLI, Ser transpersonal, Ed. Gaia,


Madrid 1996; V.V.A.A., El poder curativo de las crisis, Ed. Kairós, Barcelona 1993;
V.V.A.A., La consciencia transpersonal, Ed. Kairós, Barcelona1994; STANISLAV GROF,
Psicología Transpersonal, Ed. Kairós.

11 Ed. Kairós, Barcelona (1980) 1996, 336 pp.

12 Como un buen exponente de este intento de síntesis, véase: JOSEP OTÓN


CATALÁN, El inconsciente ¿morada de Dios?, Sal Térrae, Cantabria 2000.

13 El Medi Diví, Ed. Nova Terra, Barcelona 1964, p100.

14 Cf. ARCHIMANDRITE SOPHRONY, San Silouan el Athonita, Ed. Encuentros,


Madrid 1996, pp.187-192.

15 Cf.Ken Wilber, Proyecto Atman, pp.141-144.

16 San Juan de la Cruz, Obras Completas, Editorial de Espiritualidad, Madrid 1993,


p.89.

17 Recomendamos la lectura de La intuición cosmoteándrica, RAIMON


PANIKKAR, Ed.Trotta, Madrid 1999.

18 Cf. CARL G.JUNG, El hombre y sus símbolos, Ed. Caralt, Barcelona 1984,
pp.157-228.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 106 SEMAYOR

19 TERESA DE JESÚS, Obras Completas, Ed. Monte Carmelo, Burgos 1982,


pp.1687-1688.

20 Recomendamos el comentario de RAIMON PANIKKAR a este poema en : La


plenitud del hombre, Ed. Siruela, Madrid 1999, pp.50-61.

21 Despertar a sí mismo... Despertar a Dios, Ed. Mensajero, Bilbao 1989, pp.97-98.

22 La oración de la rana, vol.I. Ed. Claret, Barcelona 1997, p.34.

23 ANÓNIMO RUSO, Relats sincers d’ un pelegrí la seu pare espiritual, Clàssics del
Cristianisme, n.2, Barcelona 1988, pp.53.54.

24 TEOLEPT DE FILADELFIA, Discurs que mostra l’ activitat oculta en Crist, Col.


Clàssics del Cristianisme, n.50, vol.II, p.493.

25 Cent consells espirituals, 6.7.9.14.15, Col. Horitzonts 3, Ed.Claret, Barcelona


1981.

26 FRÈRE JEAN, Hommes de Lumière, Ed. Mame, 1988, p.86.

27 Oeuvres Spirituelles,DDD, 1981 Discours 81, p.395.

28 Véase la excelente presentación de esta nueva forma de comprender el Examen


clásico de conciencia en: GEORGE A.ASCHENBRENNER, Examen del Consciente
(1972), Boletín de Espiritualidad (Buenos Aires 1976).pp. 1-16.

29 En ARCHIMANDRITE SOPHRONY, San Silouán el Athonita, Ed Encuentro,


Madrid 1996, pp.263-265.

30 Oeuvres Spirituelles, Discours 20, p.138.

31 Cf LEONARDO BOFF y F.BETTO, Mística y espiritualidad, Ed. Trotta, Madrid


1996.

32 Llibre de les Revelacions, en Dones Místiques. Época medieval, J.J. de Olañeta,


Editor,Palma de Mallorca 1996, pp.76-78.
MÓDULO IV

LECTURA DE TEXTOS DE
ESPIRITUALIDAD
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 107 SEMAYOR

Artículos de
José Luis Martín Descalzo
José Luis Martín Descalzo, "Sólo semillas"
Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de
pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo:
«La Felicidad». Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban
eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: «Por favor,
¿qué venden aquí ustedes?» «¿Aquí? —respondió el ángel—. Aquí vendemos
absolutamente de todo». «¡Ah! — dijo asombrado el joven—. Sírvanme entonces el fin
de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un
gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con
sus hijos...» Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le
dijo: «Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos
frutos, sino semillas.»

En los mercados de Dios (y en los del alma) siempre es así. Nunca te venden
amor ya fabricado; te ofrecen una semillita que tú debes plantar en tu corazón; que
tienes luego que regar y cultivar mimosa-mente; que has de preservar de las heladas
y defender de los fríos, y que, al fin, tarde, muy tarde, quién sabe en qué primavera,
acabará floreciéndote e iluminándote el alma.

Y con la paz ocurre lo mismo. Hay quienes gustarían de acudir a un comercio,


pagar unas cuantas pesetas o unos cuantos millones y llevarse ya bien empaquetaditos
unos kilos de paz para su casa o para el mundo.

Claro que a la gente este negocio no le gusta nada. Sería mucho más cómodo y
sencillo que te lo dieran ya todo hecho y empaquetado. Que uno sólo tuviera que
arrodillarse ante Dios y decirle: «Quiero paz» y la paz viniera volando como una
paloma. Pero resulta que Dios tiene más corazón que manos.

Bueno, voy a explicarme, no vayan ustedes a entender esta última frase como
una herejía. Sucedió en la última guerra mundial: en una gran ciudad alemana, los
bombardeos destruyeron la más hermosa de sus iglesias, la catedral. Y una de las
«victimas» fue el Cristo que presidía el altar mayor, que quedó literalmente
destrozado. Al concluir la guerra, los habitantes de aquella ciudad reconstruyeron con
paciencia de mosaicistas su Cristo bombardeado, y, pegando trozo a trozo, llegaron a
formarlo de nuevo en todo su cuerpo... menos en los brazos. De éstos no había
quedado ni rastro. ¿Y qué hacer? ¿Fabricarle unos nuevos? ¿Guardarlo para siempre,
mutilado como estaba, en una sacristía? Decidieron devolverlo al altar mayor, tal y
como había quedado, pero en el lugar de los brazos perdidos escribieron un gran
letrero que decía:

«Desde ahora, Dios no tiene más brazos que los nuestros.»

Y allí está, invitando a colaborar con Él, ese Cristo de los brazos inexistentes.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 108 SEMAYOR

Bueno, en realidad, siempre ha sido así. Desde el día de la creación Dios no tiene
más brazos que los nuestros. Nos los dio precisamente para suplir los suyos, para que
fuéramos nosotros quienes multiplicáramos su creación con las semillas que Él había
sembrado.

José Luis Martín Descalzo, "Razones para la esperanza"

"El año en que Cristo murió entre las llamas"


Nunca he creído que Jesús terminara de morir hace dos mil años. Nunca he aceptado
que su muerte quedara circunscrita a un rincón de la Historia, clavada —como una
mariposa disecada— en sólo una fecha, de un mes, de un año pasadísimo. Él, dicen los
teólogos, sigue muriendo no sólo por nosotros, sino en nosotros, encargados —según
las palabras paulinas— de concluir en nuestra carne lo que le falta a la pasión de
Cristo.

Por eso este año, para mí, será ya siempre el año en que Cristo murió entre llamas a
través de la carne de este muchacho que se llama (no quiero decir que se llamaba)
Álvaro Iglesias y que el martes dio en Madrid su vida por salvar a tres desconocidos.
Una nota de este periódico decía ayer que, con esa muerte, Alvaro «ha honrado a la
ciudad de Madrid". Yo creo que mucho más: ha honrado a la condición humana, ha
honrado a la juventud entera.

Quiero confesar que —aun sin haberle conocido— se me han llenado de lágrimas los
ojos viendo su fotografía, contemplando su pelo largo e imaginando la cazadora de
cuero que se quitó antes de entrar valientemente en las llamas y la moto que dejó
sobre la acera pensando que las vidas de quienes estaban en peligro valían
infinitamente más que una motocicleta. He llorado porque siento vergüenza:

¡Cuántas veces habré mirado yo con desdén a muchachos como él, que atravesaban
tal vez las calles estruendosamente con sus motos ruidosas y sus veinte años
exultantes de vida! ¡Cuántas veces les habré juzgado vacíos y me habré sentido
agredido por su vitalidad! ¿Cómo iría yo sospechar que tras sus melenas y sus ruidos
había un corazón tan limpio y tan entero como para jugarse la vida por tres
desconocidos? ¡Juro ante Dios que no volveré a hablar mal de los jóvenes! Una
generación capaz de producir un solo acto como ése no puede estar corrompida; no
está, sin duda, vacía.

Y espero que nadie se escandalice si en este Viernes Santo me atrevo a hablar de él


casi con las mismas palabras con que hablo de Cristo. No sé siquiera si Álvaro tenía
viva su fe. Pero quien ama tanto, ¿cómo pensar que no estaba —consciente o
inconscientemente— muy cerca de Cristo?. Álvaro Iglesias celebró el martes pasado la
mejor Semana Santa de España, tal vez del mundo.

Me impresiona pensar que ha habido en la muerte de este muchacho el reflejo de las


tres grandes características de la muerte de Cristo: libertad, gratuidad, salvación. La
libertad de quien asume un riesgo sin que nadie le obligue o le empuje a ello. La
gratuidad de quien lo hace no para salvar a amigos o a conocidos, sino a perfectos y
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 109 SEMAYOR

totales desconocidos. La salvación de quien recibe la muerte a la misma hora en que


tres personas han huido, gracias a él, de las llamas. Si un hombre es capaz de realizar
este triple milagro, es que no era cierta aquella afirmación de Nietzsche que veía en el
hombre al "animal más descastado".

En verdad que desde aquel primer Viernes Santo el mundo es mucho más caliente de
lo que nos imaginábamos. No es cierto que esté sembrado sólo de violencias, de
ambición de poder. También de amor. Y de amor en libertad.

Me pregunto si tantos españoles corno buscan y gritan «Libertad» se darán cuenta que
es precisamente el Viernes Santo la gran fiesta de la libertad, siempre que se entienda
por ella no tanto el que nadie me maniate, sino el que yo no tenga maniatado mi
corazón.

La libertad es Jesús: ningún otro ser humano la practicó y vivió tan hasta el extremo.
Fue, en vida, libre frente a las costumbres y prejuicios de su tiempo. Fue libre ante su
familia, ante los poderosos, ante sus enemigos y ante sus amigos. Libre frente a los
grupos políticos y libre en la dignidad de su trato a las mujeres. Su sermón de la
montaña fue el más alto canto a la libertad interior. Vino a librar a los enfermos de sus
enfermedades y a los pecadores de sus pecados. Expuso su mensaje dejando en
libertad a sus oyentes. Nos enseñó a librarnos de los falsos dioses y de las falsas
visiones de Dios. Era tan libre —ha escrito Duquoc—, que hasta en sus gestos y actos
parecía un creador.

Pero fue libre, sobre todo, en su muerte. ¡Qué tremendo error si creemos que murió
por casualidad! ¡Qué cortedad de visión si pensamos que "le mataron" sus enemigos o
que cayó bajo un cruce de circunstancias históricas hostiles!

"Jamás hubo en la Tierra un acto más libre que esa muerte", afirma Karl Adam. Y
basta asomarnos a los documentos que nos hablan de él para descubrir cómo se
encaminó, consciente y voluntariamente, a la muerte, con más decisión y consciencia
de la que veinte siglos después, este muchacho, imitador suyo, se quitaba la cazadora
y penetraba en las llamas asesinas.

Jesús penetró en la muerte "como se adentra un suicida en el mar", ha escrito un


poeta. Como un suicida que no quisiera quitarse la vida, sino darla a los demás.

Por eso su vida fue toda ella un largo Viernes Santo. Por eso el vía crucis, el camino
hacia el calvario, empezó desde el día de su nacimiento. "Nadie me quita la vida —dijo
un día—, sino que yo la doy por voluntad propia y soy dueño de darla y de recobrarla"
(Jn 10,18). ¡Y cuánta impaciencia porque llegase "su hora"! "Con un baño tengo que
ser bañado, ¡y cómo me apremia el que se cumpla!", exclamaría otra vez (Le 12,50).

¿Es que no le gustaba la vida? ¿Es que a Álvaro no le hubiera gustado más estar
haciendo hoy esquí o pesca submarina cerca de su casa de Marbella?

Afortunadamente, el hombre —todo hombre entero— es más largo y más ancho que
sus deseos personales. Afortunadamente existe ese misterio que llamamos amor y que
sólo terminamos de entender cuando alguien da su vida por él, aquel viernes lejano,
este martes pasado.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 110 SEMAYOR

En verdad que hoy me siento, a la vez, orgulloso y avergonzado de ser hombre:


orgulloso porque redescubro que el corazón humano es más ancho que la más ancha
playa; avergonzado porque los más nos pasamos la vida achicándolo para que pueda
cabemos en una caja de caudales, no vayan a robárnoslo.

¡Qué maravilla, en cambio, cuando —imitando a Cristo— alguien muere


voluntariamente y por los demás! Recuerdo ahora aquellos dos versos —milagrosos en
su sencillez— con que Gonzalo de Berceo describía la muerte de Jesús: "Y sabiendo
llegada la hora de partir, 1 inclinó la cabeza y se dejó morir." No murió, se dejó morir,
él, que era rey y dueño de la vida y la muerte.

Trato de imaginar ahora la muerte de este muchacho cuando, después de salvar a tres
personas, se sintió acorralado por las llamas que prendían ya en su carne.
Seguramente le dominó el terror. Pero también seguramente comprendió que su vida
estaba ya más que llena, que él seguiría viviendo en los tres salvados que respiraban
ya en la calle. Tal vez pensó un momento en la moto que había dejado abandonada en
la acera, en la calla que habla quedado a medio beber en la barra de un bar. Tal vez
descubrió que aquel espanto de las llamas era como un reclinar la cabeza. Sin duda,
supo entonces que no moría solo. Supo que su amor al prójimo le había conducido
hasta la misma muerte que aquel Hombre-Dios que, dos mil años antes y llevado por
la misma locura de amor a los demás, "inclinó la cabeza y se dejó morir".

José Luis Martín Descalzo, "Razones para la esperanza".

"Los que no servimos para nada"

Yo estoy seguro de que los hombres no servimos para nada, para casi nada. Cuanto
más avanza mi vida, más descubro qué pobres somos y cómo todas las cosas
verdaderamente importantes se nos escapan. En realidad es Dios quien lo hace todo,
quien puede hacerlo todo. Tal vez nosotros ya haríamos bastante con no enturbiar
demasiado el mundo.

Por eso, cada vez me propongo metas menores. Ya no sueño con cambiar el mundo, y
a veces me parece bastante con cambiar un tiesto de sitio. Y, sin embargo, otras veces
pienso que, pequeñas y todo, esas cosillas que logramos hacer podrían llegar a ser
hasta bastante importantes. Y entonces, en los momentos de desaliento, me acuerdo
de una oración de cristianos brasileños que una vez escuché y que no he olvidado del
todo, pero que, reconstruida ahora por mí, podría decir algo parecido a esto:

Sí, ya sé que sólo Dios puede dar la vida; pero tú puedes ayudarle a transmitirla.

Sólo Dios puede dar la fe, pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios es el autor de toda esperanza, pero tú puedes ayudar a tu amigo a


encontrarla.

Sólo Dios es el camino, pero tú eres el dedo que señala cómo se va a él.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 111 SEMAYOR

Sólo Dios puede dar el amor, pero tú puedes enseñar a otros como se ama.

Dios es el único que tiene fuerza, la crea, la da; pero nosotros podemos animar al
desanimado.

Sólo Dios puede hacer que se conserve o se prolongue una vida, pero tú puedes hacer
que esté llena o vacía.

Sólo Dios puede hacer lo imposible; sólo tú puedes hacer lo posible.

Sólo Dios puede hacer un sol que caliente a todos los hombres; sólo tú puedes hacer
una silla en la que se siente un viejo cansado.

Sólo Dios es capaz de fabricar el milagro de la carne de un niño, pero tú puedes


hacerle sonreír.

Sólo Dios hace que bajo el sol crezcan los trigales, pero tú puedes triturar ese grano y
repartir ese pan.

Sólo Dios puede impedir las guerras, pero tú pues no reñir con tu mujer o tu hermano.

Sólo a Dios se le ocurrió el invento del fuego, pero tú puedes prestar una caja de
cerillas.

Sólo Dios da la completa y verdadera libertad, pero nosotros podríamos, al menos,


pintar de azul las rejas y poner unas flores frescas en la ventana de la prisión.

Sólo Dios podría devolverle la vida del esposo a la joven viuda; tú puedes sentarte en
silencio a su lado para que se sienta menos sola.

Sólo Dios puede inventar una pureza como la de la Virgen; pero tú puedes conseguir
que alguien, que ya las había olvidado, vuelva a rezar las tres avemarías.

Sólo Dios puede salvar al mundo porque sólo Él salva, pero tú puedes hacer un poco
más pequeñita la injusticia de la que tiene que salvarnos.

Sólo Dios puede hacer que le toque la Primitiva a ese pobre mendigo que tanto la
necesita; pero tú puedes irle conservando esa esperanza con una pequeña sonrisa y un
"mañana será".

Sólo Dios puede conseguir que reciba esa carta la vecina del quinto, porque Dios sabe
que aquel antiguo novio hace muchos años que la olvidó; pero tú podrías suplir hoy un
poco esa carta con un piropo y una palabra cariñosa.

En realidad, ya ves que Dios se basta a sí mismo, pero parece que prefiere seguir
contando contigo, con tus nadas, con tus casi -nadas.

José Luis Martín Descalzo, "Razones desde la otra orilla".


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 112 SEMAYOR

"El arte de dar lo que no se tiene"

A Gerard Bessiere le ha preguntado alguien cómo se las arregla para estar siempre
contento. Y Gerard ha confesado cándidamente que eso no es cierto, que también él
tiene sus horas de tristeza, de cansancio, de inquietud, de malestar. Y entonces,
insisten sus amigos, ¿cómo es que sonríe siempre, que sube y baja las escaleras
silbando infallablemente, que su cara y su vida parecen estar siempre iluminadas?. Y
Gerard ha confesado humildemente que es que, frente a los problemas que a veces
tiene dentro, él "conoce el remedio, aunque no siempre sepa utilizarlo: salir de uno
mismo", buscar la alegría donde está (en la mirada de un niño, en un pájaro, en una
flor) y, sobre todo, interesarse por los demás, comprender que ellos tienen derecho a
verle alegre y entonces entregarles ese fondo sereno que hay en su alma, por debajo
de las propias amarguras y dolores. Para descubrir, al hacerlo, que cuando uno quiere
dar felicidad a los demás la da, aunque él no la tenga, y que, al darla, también a él le
crece, de rebote, en su interior.

Me gustaría que el lector sacara de este párrafo todo el sabroso jugo que tiene. Y que
empezara por descubrir algo que muchos olvidan: que ser feliz no es carecer de
problemas, sino conseguir que estos problemas, fracasos y dolores no anulen la alegría
y serenidad de base del alma. Es decir: la felicidad está en la "base del alma", en esa
piedra sólida en la que uno está reconciliado consigo mismo, pleno de la seguridad de
que su vida sabe adónde va y para qué sirve, sabiéndose y sintiéndose nacido del
amor. Cuando alguien tiene bien construida esa base del alma, todos los dolores y
amarguras quedan en la superficie, sin conseguir minar ni resquebrajar la alegría
primordial e interior.

Luego está también la alegría exterior y esa depende, sobre todo, del "salir de uno
mismo". No puede estar alegre quien se pasa la vida enroscado en sí mismo, dando
vueltas y vueltas a las propias heridas y miserias, autocomplaciéndose. Lo está, en
cambio, quien vive con los ojos bien abiertos a las maravillas del mundo que le rodea:
la Naturaleza, los rostros de sus vecinos, el gozo de trabajar.

Y, sobre todo, interesarse sinceramente por los demás. Descubrir que los que nos
rodean "tienen derecho" a vernos sonrientes cuando se acercan a nosotros
mendigando comprensión y amor.

¿Y cuando no se tiene la menor gana de sonreír? Entonces hay que hacerlo


doblemente: porque lo necesitan los demás y lo necesita la pobre criatura que
nosotros somos. Porque no hay nada más autocurativo que la sonrisa. "La felicidad -ha
escrito alguien- es lo único que se puede dar sin tenerlo". La frase parece disparatada,
pero es cierta: cuando uno lucha por dar a los demás la felicidad, ésta empieza a
crecernos dentro, vuelve a nosotros de rebote, es una de esas extrañas realidades a
las que sólo podemos acercarnos cuando las damos. Y éste puede ser uno de los
significados de la frase de Jesús: "Quien pierde su vida, la gana", que traducido a
nuestro tema podría expresarse así: "Quien renuncia a chupetear su propia felicidad y
se dedica a fabricar la de los demás, terminará encontrando la propia". Por eso
sonriendo cuando no se tienen ganas, termina uno siempre con muchísimas ganas de
sonreír.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 113 SEMAYOR

"Mozo de equipaje"

El otro día vinieron a entrevistarme unos estudiantes de periodismo para no sé qué


revista juvenil, y me preguntaron: "Y tú, ¿no te cansas nunca de dar alientos a los
demás?" Les dije que sí, que me cansaba por lo menos tres veces al día. Lo que
ocurría es que también por lo menos cinco veces al día sentía la necesidad de no
convertir en estéril mi vida y aún no había encontrado otra tarea mejor que esa.

Y cuando los muchachos se fueron, me puse a pensar en un viejo amigo mío que era
mozo de equipajes de Valladolid. Debía de tener más o menos la edad que yo tengo
ahora, pero entonces a mí me parecía muy viejo. Pero lo asombroso era su
permanente alegría. No sabía hacer su trabajo sin gastarte una broma, y cuando te
hacía un favor, parecía que se lo hubieses hecho tú a él. Un día le pregunté: "Y tú,
¿cuándo te vas de vacaciones?" Se rió y me dijo: "Me voy un poco en cada maleta que
subo para los que se van hacia la playa."

Él sonreía, pero fui yo quien se marchó desconcertado. Nunca había pensado en lo


dramático de esa vocación de alguien que se pasa la vida ayudando a viajar a los
demás, pero él se queda siempre en el andén, viendo partir los trenes donde los
demás se van felices, mientras él sólo saborea el sudor de haberles ayudado en esa
felicidad.

¿Sólo el sudor? No se lo dije a mi amigo el mozo de equipajes porque se hubiera reído


de mí y me hubiera explicado que el sudor le quedaba por fuera, mientras por dentro
le brotaba una quizá absurda, pero también maravillosa, satisfacción.

Desde entonces pienso que todos los que sienten vocación de servicio –sea la que sea
su profesión- son un poco mozos de equipajes. Y que todos sienten esa extraña mezcla
de cansancio y alegría. Al fin me parece que en la vida no hay más que un problema:
vives para ti mismo o vives para ser útil. Vivir para ser útil es caro, hermoso y
fecundo.

Claro, desde luego. Todos somos egoístas. Al fin y al cabo, ¿qué queremos todos sino
ser queridos? Por mucho que nos disfracemos, nuestra alma lo único que hace es
mendigar amor. Sin él vivimos como despellejados. Y se vive mal sin piel. Por eso el
mundo no se divide en egoístas y generosos, sino en egoístas que se rebozan en su
propio egoísmo y en otros egoístas que luchan denodadamente por salir de sí mismos,
aun sabiendo que pagarán caro el precio de preferir amar a ser amados.

Recuerdo haber escrito hace años un extraño poema en el que me imaginaba que, por
un día, Cristo se dedicaba a hacer los milagros que a él le gustaban y no los
puramente prácticos que la gente le pedía. Y que, en un camino de Palestina, una
muchacha hermosísima se presentaba ante Él planteándole la más dolorosa de las
curaciones: ella era tan bella, que todos la querían, pero ella no quería a nadie.
Deseada por todos, arrastraba una belleza inútil e infecunda. Y le pedía a Cristo el
mayor de los milagros: que la concediera el don de amar. Cristo, entonces, la miraba
con emoción y compasión y le preguntaba: "¿Sabes que si amas tendrás que vivir
cuesta arriba?" La muchacha respondía: "Lo sé, Señor, pero lo prefiero a este gozo
muerto, a esta felicidad inútil." Ahora Cristo le sonreía y le decía: "Ea, levántate y
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 114 SEMAYOR

ama, muchacha. Entra en el mundo terrible de los que han preferido amar a ser
amados." Y la muchacha se alejaba con el alma multiplicada, dispuesta a nadar
felizmente a contracorriente de la vida.

La fábula seguramente es disparatada, pero verdaderísima. Porque –los recientes


enamorados lo saben- amar a la corta es dulcísimo; a la larga, cansado; más a la
larga, maravilloso.

¿Cansado por qué? Cansado porque siempre nos sale entre las costillas el viejo egoísta
que somos y nos grita tres veces cada día que nadie va a agradecernos nuestro amor –
es mentira, pero el viejo egoísta nos lo dice-; porque saca además aquel viejo
argumento del ¿y a ti quien te consuela? Un falso planteamiento: porque el problema
no es si nuestro amor nos reporta consuelo, sino si el mundo ha mejorado algo gracias
a nuestro amor.

Pero claro que es difícil aceptar que nuestro veraneo está en esas maletas de
esperanza que hemos subido en el tren de los demás. Para ello hace falta creer en
serio en los demás. Y eso sólo lo hacen a diario los santos. Por eso, si yo fuera Papa
canonizaría corriendo a mi amigo el mozo de equipajes de Valladolid.

José Luis Martín Descalzo, "Razones para el amor".

"¿Es rentable ser bueno?"

Quiero contarles a ustedes la historia de Piluca. Resulta que, en el colegio donde yo fui
muchos años capellán, había dos hermanitas –Piluca y Manoli- que eran especialmente
simpáticas y diablillos. Y un día, hablando a las mayores (y a Piluca entre ellas) les
expliqué cómo todos los que nos rodean son imágenes de Dios y cómo debían tratar a
sus padres, a sus hermanas, como si tratasen a Dios. Y Piluca quedó impresionadísima.

Aquel día, al regresar del colegio, coincidió con su hermana pequeña en el ascensor. Y,
como Piluca iba cargadísima de libros, dijo a Manoli: "Dale al botón del ascensor".
"Dale tú", respondió la pequeña. "Dale tú, que yo no puedo", insistió Piluca. "Pues dale
tú, que eres mayor", replicó Manoli. Y, entonces, Piluca sintió unos deseos tremendos
de soltar los libros y pegarle un mamporro a su hermanita. Pero, como un relámpago,
acudió a su cabeza un pensamiento. ¿Cómo la voy a pegar si mi hermanita es Dios? Y
optó por callarse y por dar como pudo al botón.

Luego, jugando, se repitió la historia. Y comiendo. Y por la noche. Y todas las veces
que Piluca sentía deseos de estrangular a su hermana, se los metía debajo de los
tacones porque no estaba nada bien estrangular a Dios.

A la mañana siguiente, cuando volvieron del colegio, veo yo a Piluca que viene hacia
mí, arrastrando por el uniforme a su hermana con las lágrimas de genio en los ojos, y
me grita: "Padre, explíquele a mi hermana que también yo soy Dios, porque así no hay
manera de vivir."

Comprenderéis que me reí muchísimo y que, después de tratar de explicar a Manoli lo


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 115 SEMAYOR

que Piluca me pedía, me quedé pensativo sobre un problema que me han planteado
muchas veces: ¿Ser buena persona es llevar siempre las de perder? En un mundo en
el que todos pisotean, si tú no lo haces ¿no estarás llamado a ser un estropajo? ¿Hay
que ladrar con los perros y morder con los lobos? ¿Es "rentable" ser cordero?

Las preguntas se las traen. Y, en una primera respuesta, habría que decir que ser
bueno es una lata, que en este mundo "triunfan" los listos, que es más rentable ser un
buen pelota que un buen trabajador, que para hacer millones hay que olvidarse de la
moral y de la ética.

Pero, si uno piensa un poquito más, la cosa ya no es tan sencilla. ¿Es seguro que ese
tipo de "triunfos" son los realmente importantes? Y no voy a hablar aquí del reino de
los cielos. En ese campo yo estoy seguro de que la bondad da un ciento por uno,
rentabilidad que no da acción alguna de este mundo.

Pero quiero hacer la pregunta más a nivel de tierra. Y aquí mi optimismo es tan
profundo que estoy dispuesto a apostar porque, más a la corta o más a la larga, ser
buena persona y querer a los demás acaba siendo rentabilísimo.

Lo es, sobre todo, a nivel interior. Yo, al menos, me siento muchísimo más a gusto
cuando quiero que cuando soy frío. Sólo la satisfacción de haber hecho aquello que
debía me produce más gozo interior que todos los triunfos de este mundo. Moriría
pobre a cambio de morir queriendo.

Pero es que, incluso, creo que el amor produce amor. Con excepciones, claro. ¿Quién
no conoce que el desagradecimiento es una de las plantas más abundantes en este
mundo de hombres? ¡Cuántas puñaladas recibimos de aquellos a quienes más hemos
amado! ¡Cuántas veces el amor acaba siendo reconocido... pero tardísimo!

Esa es la razón por la que uno debe amar porque debe amar y no porque espere la
recompensa de otro amor. Eso llevaría a terribles desencantos.

Y, sin embargo, me atrevo a apostar a que quien ama a diez personas, acabará
recibiendo el amor de alguna de ellas. Tal vez no de muchas. Cristo curó diez leprosos
y sólo uno volvió a darle las gracias. Tal vez esa sea la proporción correcta de lo que
pasa en este mundo.

Pero aún así, ser querido por uno de los diez a quienes hemos querido, ¿no es ya un
éxito enorme? Por eso me parece que será bueno eso de amar a la gente como si
fuesen Dios, aunque la mitad nos traten después como demonios.

"Echarle una mano a Dios"

En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch encuentro un diálogo con un niño que
me deja literalmente conmovido.

— ¿Rezas a Dios? —pregunta Bloch.


— Sí, cada noche —contesta el pequeño.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 116 SEMAYOR

— ¿Y que le pides?
— Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo.

Y ahora soy yo quien me pregunto a mí mismo qué sentirá Dios al oír a este chiquillo
que no va a Él, como la mayoría de los mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o
abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo, y que, en
cambio, lo que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano, si es que la
necesita para algo.

A lo mejor alguien hasta piensa que la cosa teológicamente no es muy correcta.


Porque, ¿qué va a necesitar Dios, el Omnipotente? Y, en todo caso, ¿qué puede tener
que dar este niño que, para darle algo a Dios, precisaría ser mayor que El?

Y, sin embargo, qué profunda es la intuición del chaval. Porque lo mejor de Dios no es
que sea omnipotente, sino que no lo sea demasiado y que El haya querido «necesitar»
de los hombres. Dios es lo suficientemente listo para saber mejor que nadie que la
omnipotencia se admira, se respeta, se venera, crea asombro, admiración, sumisión.
Pero que sólo la debilidad, la proximidad crea amor. Por eso, ya desde el día de la
Creación, El, que nada necesita de nadie, quiso contar con la colaboración del hombre
para casi todo. Y empezó por dejar en nuestras manos el completar la obra de la
Creación y todo cuanto en la tierra sucedería.

Por eso es tan desconcertante ver que la mayoría de los humanos, en vez de felicitarse
por la suerte de poder colaborar en la obra de Dios, se pasan la vida mirando hacia el
cielo para pedirle que venga a resolver personalmente lo que era tarea nuestra
mejorar y arreglar.

Yo entiendo, claro, la oración de súplica: el hombre es tan menesteroso que es muy


comprensible que se vuelva a Dios tendiéndole la mano como un mendigo. Pero me
parece a mi que, si la mayoría de las veces que los creyentes rezan lo hicieran no para
pedir cosas para ellos, sino para echarle una mano a Dios en el arreglo de los
problemas de este mundo, tendríamos ya una tierra mucho más habitable.

Con la Iglesia ocurre tres cuartos de lo mismo. No hay cristiano que una vez al día no
se queje de las cosas que hace o deja de hacer la Iglesia, entendiendo por «Iglesia» el
Papa y los obispos. «Si ellos vendieran las riquezas del Vaticano, ya no habría hambre
en el mundo». «Si los obispos fueran más accesibles y los curas predicasen mejor,
tendríamos una Iglesia fascinante». Pero ¿cuántos se vuelven a la Iglesia para echarle
una mano?

En la «Antología del disparate» hay un chaval que dice que «la fe es lo que Dios nos da
para que podamos entender a los curas». Pero, bromas aparte, la fe es lo que Dios nos
da para que luchemos por ella, no para adormecernos, sino para acicateamos.

«Dios —ha escrito Bernardino M. Hernando— comparte con nosotros su grandeza y


nuestras debilidades». El coge nuestras debilidades y nos da su grandeza, la maravilla
de poder ser creadores como El. Y por eso es tan apasionante esta cosa de ser hombre
y de construir la tierra.

Por eso me desconcierta a mi tanto cuando se sitúa a los cristianos siempre entre los
conservadores, los durmientes, los atados al pasado pasadísimo. Cuando en rigor
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 117 SEMAYOR

debíamos ser «los esperantes, los caminantes». Theillard de Chardín decía que en la
humanidad había dos alas y que él estaba convencido de que «cristianismo se halla
esencialmente con el ala esperante de la humanidad», ya que él identificaba siempre lo
cristiano con lo creativo, lo progresivo, lo esperanzado.

Claro que habría que empezar por definir qué es lo progresivo y qué lo que se camufla
tras la palabra «progreso». También los cangrejos creen que caminan cuando marchan
hacia atrás.

De todos modos hay cosas bastante claras: es progresivo todo lo que va hacia un
mayor amor, una mayor justicia, una mayor libertad. Es progresivo todo lo que va en
la misma dirección en la que Dios creó el mundo. Y desgraciadamente no todos los
avances de nuestro tiempo van precisamente en esa dirección.

Pero también es muy claro que la solución no es llorar o volverse a Dios mendigándole
que venga a arreglarnos el reloj que se nos ha atascado. Lo mejor será, como hacía el
niño de Bloch, echarle una mano a Dios. Porque con su omnipotencia y nuestra
debilidad juntas hay más que suficiente para arreglar el mundo.

José Luis Martín Descalzo, "Razones para vivir".

"Milagro en un pub"

"Amarse es maravilloso. La amistad lo es. El que tres muchachos en la Nochevieja no


caigan en la barata-falsa alegría que parece la etiqueta obligada de esa noche y se
dediquen al maravilloso deporte de hablar como verdaderos hombres, también eso me
parece un milagro.

Y es que tal vez los hombres vivimos demasiado en nuestra superficie. Y en la


Nochevieja elevamos a dogma esa superficialidad, reímos, bebemos, nos alegramos
porque así está mandado, pero nunca somos más falsos que en esas alegrías.

Y, sin embargo, debajo de esa piel de superficialidad todos los hombres tenemos un
alma. Un alma ardiente de necesidad de amistad. Y la tenemos a la pobrecita olvidada
dentro de nosotros, anestesiada, dormida. Nos da vergüenza sacar a la calle su
necesidad de amor. Y parecemos frívolos por un tonto pudor de decir lo que dentro
tanto necesitamos.

Por eso me alegra tanto el que unos jóvenes charlasen esa noche. No para decir
bobadas, no para contarse chistes, no para matar esa noche como un símbolo de la
vida que se nos escapa. Sino que hablasen con las almas desnudas. Forzosamente allí
tenía que estar Dios. Porque Él está siempre donde unos hombres y unas mujeres lo
son verdaderamente. No donde las marionetas que nos fingimos sustituyen a nuestras
verdaderas almas. Fue un milagro, sí. Uno de esos milagros que habría en nuestras
vidas si tuviéramos los ojos abiertos.

Un amigo me escribe contándome su extraña, maravillosa Nochevieja. En ella no


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 118 SEMAYOR

ocurrió nada llamativo, pero todo fue espléndido. Mi amigo está viviendo una etapa de
deslumbramiento. De repente parece haberse arrancado la careta de la amargura que
cubría su alma y está encontrándole nuevos horizontes a la vida. Tal vez por eso,
porque está a la caza de una vida mejor, le ocurrió lo que le ocurrió esa noche. No
sabía dónde tomar las uvas y, un poco por casualidad, se fue a un "pub". Allí encontró
a una pareja de novios desconocida. Amigos de amigos de amigos. Y comenzaron a
hablar. No de frivolidades, sino de sus almas, de sus luchas y esperanzas, de sus
tristezas y de sus alegrías. Terminaron hablando de Dios. Y la charla se enrolló. Y duró
toda la noche. Mientras media España se emborrachaba, ellos hablaron. Hablaron
serenamente, de todo, entrando en ese milagro verdadero que es el reposo de la
amistad. Y fue una noche relajante, multiplicadora. Entraron cada uno de los tres con
un alma y salieron con tres. Porque la verdadera amistad multiplica.

Ahora mi amigo está gozosamente asombrado. Me dice que sospecha que Dios tuvo
algo que ver con ese encuentro. Él había ido casualmente a aquel "pub". Y
casualmente habían ido sus nuevos amigos. "¿No cree usted –me pregunta- que
aquello fue algo más que simple casualidad? Tampoco quiero sacarle un significado
sobrenatural a algo que no lo tiene. Simplemente, que fue demasiado bueno para ser
casual." Y apostilla mi amigo: "Y es que a Dios se le encuentra hasta en un "pub", si
uno se fía de Él."

A mí tampoco me gusta buscarle explicaciones milagrosas a las cosas de la vida. Tal


vez porque todo lo que nos ocurre me parece milagroso.

José Luis Martín Descalzo, "Razones para vivir".

"Reflexiones de un enfermo en torno al dolor"

El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de


muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos
que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin
que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.

La primera consideración que yo haría es la de la «cantidad» de dolor que hay en el


mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en
unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del
dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta
sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre
menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos
viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para
ser desgraciada?

LA MONTAÑA DEL DOLOR

Los medios de comunicación nos hacen comprender mejor el tamaño de esa montaña
del dolor. El hombre del siglo XIV conocía el dolor de sus doscientos o de sus diez mil
convecinos, pero no tenía ni idea de lo que se sufría en la nación vecina o en otros
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 119 SEMAYOR

continentes. Hoy, afortunada o desgraciadamente, nos han abierto los ojos y sabemos
el número de muertos o asesinados que hubo ayer. Sabemos que 40 millones de
personas mueren de hambre al año. Y hoy se lucha más que nunca contra el dolor y la
enfermedad... Pero no parece que la gran montaña del dolor disminuya. Cuando
hemos derrotado una enfermedad, aparecen otras nuevas que ni sospechábamos
(cómo olvidar el SIDA?) que toman el puesto de las derrotadas. En la España de hoy, y
a esta misma hora, hay tres millones de españoles enfermos. Y diez millones pasan
cada año por dolencias más o menos graves. Pero el resto de sus compatriotas (y de
sus familiares) prefiere vivir como si estos enfermos no existieran. Se dedican a vivir
sus vidas y piensan que ya se plantearán el problema cuando «les toque» a ellos.

Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno,
acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los
suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? Nosotros, cristianos, debemos ser
prudentes al responder a estas preguntas que destrozan el alma de media Humanidad.
¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del
dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para
gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido?

Dar explicaciones a medias es contraproducente y sería preferible que, ante estos


porqués, los cristianos empezásemos por confesar lo que decía Juan Pablo II en su
encíclica sobre el dolor: El sentido del sufrimiento es un misterio, pues somos
conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Algunas
respuestas pueden aclarar algo el problema y debemos usarlas, pero sabiendo siempre
que nunca explicaremos el dolor de los inocentes.

TEORÍAS, NO

Una de esas respuestas parciales podía ser la que afirma que dedicarse a combatir el
dolor es más importante y urgente que dedicarse a hacer teorías y responder porqués.

Hemos gastado más tiempo en preguntarnos por qué sufrimos que en combatir el
sufrimiento. Por eso, ¡benditos los médicos, las enfermeras, cuantos se dedican a curar
cuerpos o almas, cuantos luchan por disminuir el dolor en nuestro mundo!

El dolor es una herencia de todos los humanos, sin excepción. Un gran peligro del
sufrimiento es que empieza convenciéndonos de que nosotros somos los únicos que
sufrimos en el mundo o los que más sufrimos. Una de las caras más negras del dolor
es que tiende a convertirnos en egoístas, que nos incita a mirar sólo hacia nosotros.
Un dolor de muelas nos hace creemos la víctima número uno del mundo. Si en un
telediario nos muestran miles de muertos, pensamos en ellos durante dos minutos; si
nos duele el dedo meñique gastamos un día en autocompadecemos. Tendríamos que
empezar por el descubrimiento del dolor de los demás para medir y situar el nuestro.

Es la humilde aceptación de que el hombre, todo hombre, es un ser incompleto y


mutilado. Es el descubrimiento de que se puede ser feliz a pesar del dolor, pero es
imposible vivir toda una vida sin él. El mayor descubrimiento, el que más me ha
tranquilizado como hombre ha sido precisamente este sano realismo. Tratar de no
mitificar mi enfermedad, no volverme contra Dios y contra la vida, como si yo fuera
una víctima excepcional. Desde el primer momento me planteé la obligación de pensar
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 120 SEMAYOR

que «yo no era un enfermo», sino «un señor que tiene un problema» como «todos»
tienen sus problemas.

Cuando vas conociendo a los hombres, descubres que «todos» son mutilados de algo.
Así pensé que a mí me faltaban los riñones o me sobraba un cáncer, pero que a los
demás o les faltaba un brazo, o no tenían trabajo, o tenían un amor no correspondido,
o un hijo muerto. Todos. ¿Qué derecho tenía yo, entonces, a quejarme de mis
carencias, como si fueran las únicas del mundo? Sentirme especialmente desgraciado
me parecía ingenuo y, sobre todo, indigno.

DEMASIADA RETÓRICA

La tercera gran respuesta es ver los aspectos positivos de la enfermedad. Quiero


prevenir contra un gran error muy difundido entre personas de buena voluntad: la
tendencia a ver en la enfermedad y el dolor algo objetivamente bueno. Creo que se ha
hecho, especialmente entre los cristianos, mucha retórica sobre la bondad del dolor,
con la que se confunden tres cosas: lo que es el dolor en sí; lo que se puede sacar del
dolor; y aquello en lo que el dolor puede acabar convirtiéndose, con la gracia de Dios.
Lo primero es y seguirá siendo horrible. Lo segundo y lo tercero pueden llegar a ser
maravillosos.

Cristo mismo lo dejó bien claro en su vida: jamás ofreció florilegios sobre la angustia,
no fue hacia el dolor como hacia un paraíso. Al contrario: se dedicó a combatir el dolor
en los demás, y, en sí mismo, lo asumió con miedo, entró en él temblando, pidió,
mendigó al Padre que le alejara de él y lo asumió porque era la voluntad de su Padre.
Y entonces acabó convirtiendo el dolor en redención. Es mejor no echarle almíbar
piadoso al dolor. Pero hay que decir sin ningún rodeo que en la mano del hombre está
conseguir que ese dolor sea ruina o parto. El hombre no puede impedir su dolor, pero
puede conseguir que no lo aniquile, e incluso lograr que ese dolor lo levante en vilo.

En lo humano y mucho más en lo sobrenatural, el dolor puede llegar a ser uno de los
grandes motores del hombre. Luis Rosales afirmaba que «los hombres que no conocen
el dolor son como iglesias sin bendecir».

El dolor es parte de nuestra condición humana; deuda de nuestra raza de seres atados
al tiempo y a la fugitividad. No hay hombre sin dolor. Y no es que Dios «tolere» los
dolores, es, simplemente, que Dios respeta la condición temporal del hombre, lo
mismo que respeta que un círculo no pueda ser cuadrado. Lo que Dios sí nos da es la
posibilidad de que ese dolor sea fructífero. Empezó haciéndolo fructífero él mismo en la
Cruz y así creó esa misteriosa fraternidad de dolor de la que nosotros podemos
participar.

VINAGRE, O VINO GENEROSO

El hombre tiene en sus manos esa opción de conseguir que su propio dolor y el de sus
prójimos se convierta en vinagre o en vino generoso. Yo he comprobado aquella frase
de León Bloy que aseguraba que en el corazón del hombre hay muchas cavidades que
desconocemos hasta que viene el dolor a descubrírnoslas. Así puedo afirmar que el
dolor es, probablemente, lo mejor que me ha dado la vida y que, siendo en sí una
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 121 SEMAYOR

experiencia peligrosa, se ha convertido más en un acicate que en un freno.

Pase lo que pase, a lo que tú no tienes derecho es a desperdiciar tu vida, a rebajarla, a


creer que, porque estás enfermo, tienes ya una disculpa para no cumplir tu deber o
para amargar a los que te rodean. Debes considerar la enfermedad como un handicap,
como un «reto», como una nueva forma para testimoniar tu fe y realizar tu vida. Has
de buscar todos los modos para sacar todo lo positivo que haya en la enfermedad y así
rentabilizar más tu vida.

Lo verdaderamente grave de la enfermedad es cuando ésta se alarga y se alarga. Un


dolor corto, por intenso que sea, no es difícil de sobrellevar. Lo verdaderamente difícil
es cuando ese camino de la cruz dura años, y peor aún si se vive con poca o ninguna
esperanza de curación en lo humano.

Sólo la gracia de Dios ha podido mantenerme alegre en estos años. Y confieso haberla
experimentado casi como una mano que me acariciase. Dios no me ha fallado en
momento alguno. Yo llamaría milagro al hecho de que en casi todas las horas oscuras
siempre llegaba una carta, una llamada telefónica, un encuentro casual en una calle,
que me ayudaba a recuperar la calma. Confieso con gozo que nunca me sentí tan
querido como en estos años. Y subrayo esto porque sé muy bien que muchos otros
enfermos no han tenido ni tienen en esto la suerte que yo tengo.

La verdadera enfermedad del mundo es la falta de amor, el egoísmo. ¡Tantos enfermos


amargados porque no encontraron una mano comprensiva y amiga!

Es terrible que tenga que ser la muerte de los seres queridos la que nos descubra que
hay que quererse deprisa, precisamente porque tenemos poco tiempo, porque la vida
es corta ¡Ojalá no tengáis nunca que arrepentiros del amor que no habéis dado y que
perdisteis!

La enfermedad es una gran bendición: cuando te sacude ya no puedes seguirte


engañando a ti mismo, ves con claridad quién eras, quién eres.

Descubrí a su luz que en mi escala de valores real había un gran barullo y que no
siempre coincidía con la escala que yo tenía en mis propósitos y deseos. ¡Cuántas
veces el trabajo se montó por encima de la amistad! ¡Cuántos más espacios de mi
tiempo dediqué al éxito profesional que a ver y charlar pausadamente con los míos!
Aprendí también a aceptarme a mí mismo, a saber que en no pocas cosas fracasaría y
no pasaría absolutamente nada, entendí incluso que uno no tiene corazón suficiente
para responder a tanto amor como nos dan. Todo hombre es un mendigo y yo no lo
sabía.

Entre estos descubrimientos estuvo el de los médicos, las enfermeras y los otros
enfermos. Hasta hace algunos años apenas había tenido contactos con el mundo de los
hospitales y tenía de sus habitantes ese barato concepto por el que, con tanta
frecuencia acostumbramos a medir a los seres más por sus defectos que por sus
virtudes. La enfermedad, al vivir horas y horas en los hospitales, me descubrió qué
engañado estaba.

UN ABUSO DE CONFIANZA
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 122 SEMAYOR

La idea de que la enfermedad es «redentora» no es un tópico teológico, sino algo


radicalmente verdadero. Dios espera de nosotros, no nuestro dolor, sino nuestro amor;
pero es bien cierto que uno de los principales modos en que podemos demostrarle
nuestro amor es uniéndonos apasionadamente a su Cruz y a su labor redentora. ¿Qué
otras cosas tenemos, en definitiva, los hombres para aportar a su tarea?

Os confieso que jamás pido a Dios que me cure mi enfermedad. Me parecería un abuso
de confianza; temo que, si me quitase Dios mi enfermedad, me estaría privando de
una de las pocas cosas buenas que tengo: mi posibilidad de colaborar con él más
íntimamente, más realmente. Le pido, sí, que me ayude a llevar la enfermedad con
alegría; que la haga fructificar, que no la estropee yo por mi egoísmo.

Tomado de http://www.devocionario.com

"El chupete"

Cuando estos días veo la famosa campañita de los preservativos no puedo menos de
acordarme del viejo chupete, que fue la panacea universal de nuestra infancia. ¿Que el
niño tenía hambre porque su madre se había retrasado o despistado? Pues ahí estaba
el chupete salvador para engatusar al pequeño. ¿Que el niño tenía mojado el culete?
Pues chupete al canto. No se resolvían los problemas, pero al menos por unos minutos
se tranquilizaba al pequeño.

Era la educación evita-riesgos. Porque no se trataba, claro, sólo del chupete. Era un
modo cómodo de entender la tarea educativa. Su meta no era formar hombres, sino
tratar de retrasar o evitar los problemas

Yo he confesado muchas veces que, en conjunto, estoy bastante contento de la


educación que me dieron mis padres y profesores. Pero en este punto, no, no puedo
estar satisfecho. Para ellos lo más importante era que los niños o los adolescentes que
nosotros éramos no sufriéramos o sufriéramos lo mínimo indispensable. Pensaban:
«Bastante dura es la vida. Ya se encontrarán con el dolor. Pero que sea, al menos, lo
más tarde posible.» Y así nos educaban en un frigorífico, bastante fuera de la realidad.
Con lo que hicieron doblemente dura nuestra juventud o nuestra primera hombría
obligándonos a resolver, entonces, lo que debió quedar iluminado o resuelto en las
curvas de nuestra adolescencia. Ocultar el dolor puede ser una salida cómoda para el
educador y también para el educando, pero, a la larga, siempre es una salida negativa.
Los tubos de escape no son educación.

Y eso me parece que estamos haciendo ahora con la educación sexual, de los jóvenes.
Después de muchos años de hablar del déficit educativo en ese campo, salimos ahora
diciendo la verdad: que la única educación del sexo que se nos ocurre es evitar las
consecuencias de su uso desordenado.

Si fuéramos verdaderamente sinceros, en estos días presentaríamos así la campaña de


los anticonceptivos: saldría a pantalla el ministro o la ministra del ramo y diría:
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 123 SEMAYOR

«Queridos jóvenes: como estamos convencidos de que todos vosotros sois unos
cobardes, incapaces de controlar vuestro propio cuerpo; como, además, estamos
convencidos de que ni nosotros ni todos los educadores juntos seremos capaces de
formaros en este terreno, hemos pensado que ya que no se nos ocurre nada positivo
que hacer en ese campo, lo que sí podemos es daros un tubo de escape para que
podáis usar vuestro cuerpo, ya que no con dignidad, al menos sin demasiados
riesgos.»

Efectivamente: no hay mayor confesión de fracaso de la educación que esta campañita


de darles nuevos chupetes a los jóvenes.

¿Se han fijado ustedes en que todos los grandes almacenes - sin excepción- colocan
junto a los cajeros de salida toda clase de dulces, chicles, chupachups, piruletas y
demás gollerías? Los comerciantes son muy listos. Saben que cuando la mamá cree
que ha terminado sus compras, volverá a picar en el último minuto si es que va
acompañada por un niño. Porque ¿qué chiquillo no se encaprichará con alguna de esas
golosinas mientras se produce el parón inevitable de la mamá en vaciar su carro y
pagar lo comprado? ¿Y qué mamá se resistirá en ese momento, cuando sabe que si se
niega tendrá el berrinche del niño ante la mirada de la cajera? Como sabe que, al final,
acabará comprándolo, prefiere caer en ello desde el principio. Es más cómodo y
sencillo añadir diez duros más a la cuenta que intentar formar la voluntad del pequeño.
¿Y qué futuro aguarda a esos niños o a esos jóvenes educados en no tener voluntad,
en no carecer de nada, sabiendo que conseguirán todo con cuatro llantos y una
pataleta?

Claro que lo sexual es algo bastante más importante que unos caramelos más o
menos. Pero ahí la postura de la sociedad moderna es igualmente concesiva. Una
educación sexual -creo yo- tendría que empezar por despertar en el adolescente y en
el joven cuatro gigantescos valores: la estima de su propio cuerpo; la estima del
cuerpo de la que será su compañera; la valoración de la importancia que el acto sexual
tiene en relación amorosa de los humanos; el aprecio del fruto que de ese acto sexual
ha de salir: el hijo. Pero ¿qué pensar de una educación sexual que, olvidando todo
esto, empieza y termina (repito: empieza y termina) dando salidas para evitar los
riesgos, devaluando con ello esos cuatro valores?

No sé, pero me parece a mí que algo muy serio se juega en este campo. Pero ¡pobres
los curas o los obispos si se atreven a recordar algo tan elemental! Les tacharán de
cavernícolas, de pertenecer al siglo XIX. Y el mundo seguirá rodando, rodando. ¿Hacia
qué?

Tomado de "Razones desde la otra orilla".

"Veinticuatro maneras de amar"

Cuando a la gente se la habla de que "hay que amarse los unos a los otros" son
muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo
en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de
desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 124 SEMAYOR

gestos heroicos?

Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace muchos años un folleto que se
titulaba "El arte de amar" y en él ofrecía una serie de pequeños gestos de amor, de
esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más
vividero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace.

Siguiendo su ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de 24 pequeñas maneras de amar:

- Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos
cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.

- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.

- Pensar, por principio, bien de todo el mundo.

- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían


teóricamente.

- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.

- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.

- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.

- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.

- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.

- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.

- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.

- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.

- Contestar, si te es posible, a todas las cartas.

- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.

- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, peros subrayar todo lo positivo
que encuentres en ellos.

- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.

- Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de
ser compensados con otro regalo.

- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.

- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 125 SEMAYOR

- Dar buenas noticias.

- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.

- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

- Mandar con tono suave. No gritar nunca.

- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son
minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se
haría más habitable.

"¿Quién decís que soy yo?"

Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos (Evangelio
de San Marcos 8, 27). Y la historia no ha terminado aún de responderla. El que
preguntaba era simplemente un aldeano que hablaba a un grupo de pescadores. Nada
hacía sospechar que se tratara de alguien importante. Vestía pobremente. Él y los que
le rodeaban eran gente sin cultura, sin lo que el mundo llama "cultura". No poseían
títulos ni apoyos. No tenían dinero ni posibilidades de adquirirlo. No contaban con
armas ni con poder alguno. Eran todos ellos jóvenes, poco más que unos muchachos, y
dos de ellos -uno precisamente el que hacía la pregunta- morirían antes de dos años
con las más violentas de las muertes. Todos los demás acabarían, no mucho después,
en la cruz o bajo la espada. Eran, ya desde el principio y lo serían siempre, odiados por
los poderosos. Pero tampoco los pobres terminaban de entender lo que aquel hombre
y sus doce amigos predicaban. Era, efectivamente, un incomprendido.

Los violentos le encontraban débil y manso. Los custodios del orden le juzgaban, en
cambio, violento y peligroso. Los cultos le despreciaban y le temían. Los poderosos se
reían de su locura. Había dedicado toda su vida a Dios, pero los ministros oficiales de
la religión de su pueblo le veían como un blasfemo y un enemigo del cielo. Eran
ciertamente muchos los que le seguían por los caminos cuando predicaba, pero a la
mayor parte les interesaban más los gestos asombrosos que hacía o el pan que les
repartía que todas las palabras que salían de sus labios. De hecho todos le
abandonaron cuando sobre su cabeza rugió la tormenta de la persecución de los
poderosos y sólo su madre y tres o cuatro amigos más le acompañaron en su agonía.

La tarde de aquel viernes, cuando la losa de un sepulcro prestado se cerró sobre su


cuerpo, nadie habría dado un céntimo por su memoria, nadie habría podido sospechar
que su recuerdo perduraría en algún sitio, fuera del corazón de aquella pobre mujer
-su madre- que probablemente se hundiría en el silencio del olvido, de la noche y de la
soledad.

Y... sin embargo, veinte siglos después, la historia sigue girando en torno a aquel
hombre. Los historiadores -aún los más opuestos a él- siguen diciendo que tal hecho o
tal batalla ocurrió tantos o cuantos años antes o después de él. Media humanidad,
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 126 SEMAYOR

cuando se pregunta por sus creencias, sigue usando su nombre para denominarse. Dos
mil años después de su vida y muerte, se siguen escribiendo cada año más de mil
volúmenes sobre su persona y doctrina. Su historia ha servido como inspiración para,
al menos, la mitad de todo el arte que ha producido el mundo desde que él vino a la
tierra. Y, cada año, decenas de miles de hombres y mujeres dejan todo -sus familias,
sus costumbres, tal vez hasta su patria- para seguirle enteramente, como aquellos
doce primeros amigos.

¿Quién, quién es este hombre por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado
hasta la locura y en cuyo nombre se han hecho también -¡ay!- tantas violencias?
Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en boca de millones de agonizantes,
como una esperanza, y de millares de mártires, como un orgullo. ¡Cuántos han sido
encarcelados y atormentados, cuántos han muerto sólo por proclamarse seguidores
suyos! Y también -¡ay!- ¡cuantos han sido obligados a creer en él con riesgo de sus
vidas, cuantos tiranos han levantado su nombre como una bandera para justificar sus
intereses o sus dogmas personales! Su doctrina, paradójicamente, inflamó el corazón
de los santos y las hogueras de la Inquisición. Discípulos suyos se han llamado los
misioneros que cruzaron el mundo sólo para anunciar su nombre y discípulos suyos
nos atrevemos a llamarnos quienes -¡por fin!- hemos sabido compaginar su amor con
el dinero.

¿Quién es, pues, este personaje que parece llamar a la entrega total o al odio frontal,
este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y
cuyo nombre -o cuya falsificación- produce frutos tan opuestos de amor o de sangre,
de locura magnífica o de vulgaridad? ¿Quién es y qué hemos hecho de él, cómo hemos
usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus
palabras? ¿Es fuego o es opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que
adormila? ¿Quién es? ¿Quién es? Pienso que el hombre que no ha respondido a esta
pregunta puede estar seguro de que aún no ha comenzado a vivir. Gandhi escribió una
vez: "Yo digo a los hindúes que su vida será imperfecta si no estudian
respetuosamente la vida de Jesús". ¿Y qué pensar entonces de los cristianos -
¿cuántos, Dios mío?- que todo 1o desconocen de él, que dicen amarle, pero jamás le
han conocido personalmente?

Y es una pregunta que urge contestar porque, si él es lo que dijo de sí mismo, si él es


lo que dicen de él sus discípulos, ser hombre es algo muy distinto de lo que nos
imaginamos, mucho más importante de lo que creemos. Porque si Dios ha sido
hombre, se ha hecho hombre, gira toda la condición humana. Si, en cambio, él hubiera
sido un embaucador o un loco, media humanidad estaría perdiendo la mitad de sus
vidas.

Conocerle no es una curiosidad. Es mucho más que un fenómeno de la cultura. Es algo


que pone en juego nuestra existencia. Porque con Jesús no ocurre como con otros
personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara, es un hecho que
puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que
Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación
como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en Elba o que llegara siendo
emperador al final de sus días no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su
comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldehuela del corazón de
África.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 127 SEMAYOR

Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el
hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el
camino, la verdad y la vida (Juan 14, 6). Por tanto -si esto es verdad- nuestro camino,
nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y
cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los
entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?"

Tomado de "Vida y misterio de Jesús de Nazaret".

"Unción, no Extremaunción"

Tal vez alguno de ustedes leería este titular en los periódicos: "El Papa Juan Pablo II
confirió el sacramento de la unción a cien inválidos romanos". "Se requiere con ello
reafirmar que este sacramento es de enfermos". Y quizá leyéndolo pensarán ustedes:
¿Pero ese sacramento no se daba sólo a los moribundos? ¿Es que estaban moribundos
a la vez esos cien enfermos a quienes se lo administró Juan Pablo II? Y si estaban
moribundos, ¿Cómo los trasladaron a la plaza de San Pedro para esta ceremonia.,
exponiéndose a que muchos se murieran allí?

Son preguntas bien formuladas, pero que parten todas de una confusión muy
extendida: que este sacramento de la unción ha de darse únicamente a quienes están
en las últimas. De esta confusión viene el pánico que muchos cristianos sienten hacia
él. Hay quien le llama incluso "el sacramento peor que la muerte". ¡Y es que lo hemos
visto tantas veces bajo esas tintas negras! En películas, en la vida. Cuando a alguien le
dan la unción hay que ir ya preparando la caja y la sepultura...

Pero el Concilio Vaticano II ha declarado algo fundamental: que este sacramento no es


de moribundos, sino de enfermos, y que no se da para preparar para la muerte, sino
para pedir la salud. De ahí que haya cambiado hasta su nombre. Y del nombre temible
"Extremaunción", haya pasado al nombre menos macabro de "Unción de los
enfermos".

Es curiosa la historia de este sacramento al que yo llamaría "el sacramento


calumniado". Surge en la Biblia como una interpretación de curación de la enfermedad
y... la rutina lo va convirtiendo siglo a siglo en un primer paso para el enterramiento.

Sin embargo, el sentido verdadero de este sacramento está bien claro en la epístola
del Apóstol Santiago que es su base bíblica y teológica. En ella Santiago escribe a sus
fieles lo siguiente:

"¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia y que recen
sobre él, después de ungirlo con óleo, en nombre del Señor. Y la oración de la fe lo
curará y, si ha cometido pecado, lo perdonará".

Eso y no otra cosa es el sacramento de la unción: un sacramento para pedir a Dios,


dueño de la vida y también de la enfermedad, que alivie y cure a los enfermos y que,
al mismo tiempo, limpie también sus almas del pecado.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 128 SEMAYOR

Si los cristianos fuésemos serios, descubriríamos que lo mismo que al médico no sólo
se le llama cuando uno está a la muerte, sino en cualquier enfermedad minimamente
seria, así habría que llamar al médico de las almas en toda enfermedad. La visita de un
médico nadie la interpreta como un anuncio de la muerte, sino como un afán de
curación. Así debería también interpretarse la unción que, como ustedes ven, nada
tiene de fúnebre y es, en realidad, un sacramento de esperanza.

Esta es, me parece, una de las grandes tareas de nuestra generación: reconquistar el
verdadero sentido de esta unción de los enfermos, devolverle todo lo que tiene de fe
en Dios y de confianza en sus manos.

Mientras no redescubramos esto tendremos un sacramento mutilado y estaremos


desperdiciando esa fuerza de salud que Dios puso en la unción de los enfermos.

Tomado de http://www.ireneweb.net/sp/articles

"Los transplantes de órganos"

Entre los problemas morales que plantea la medicina hay uno que últimamente ha
subido al primer plano de la atención pública: y es el transplante de órganos. La
televisión y otros medios informativos han conseguido en los últimos meses crear una
preocupación en la conciencia nacional por este problema: el de tantas y tantas
personas que podrían vivir o vivir mejor si en España y otros países se hubiera creado
una conciencia clara en este camino. Pero entre nosotros, asombrosamente, aún
siguen siendo muy escasas las donaciones.

Y en este campo me parece que yo puedo aportar algo por mi experiencia propia.
Espero que me permitáis hablaros con la más sencilla normalidad. Yo soy uno de los
catorce mil enfermos de riñón en diálisis que esperan ilusionados la posibilidad de un
trasplante.

La diálisis, (salvo excepciones de personas que lo llevan muy mal) no es el tormento


chino que muchos se imaginan. La verdad es que con ella se puede vivir y vivir
aceptablemente. Yo tengo que dar gracias a Dios que me está permitiendo seguir con
todo mi trabajo normalmente.

Pero aunque resulta llevadero, la verdad es que la esclavitud de cinco horas atado a la
máquina un día si y otro no, tampoco es precisamente una maravilla. Son muchos los
enfermos de riñón que tienen que dejar sus trabajos, cuyas familias están destruidas o
condicionadas por la atadura del enfermo.

Hoy la medicina ha realizado en este campo enormes progresos. El porcentaje de


éxitos en los trasplantes, sobre todo en el campo del riñón, es altísimo. Y la mayor
parte de esos catorce mil dializados podría conseguir regresar a una vida completa. Si
hubiera una mayor conciencia nacional en este campo, sobre todo en un tiempo en el
que, desgraciadamente, tanto abundan los accidentes de circulación.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 129 SEMAYOR

Pero lo asombroso es comprobar que todavía son muchos los que tienen un obstáculo
religioso en este tema. Yo recibo con frecuencia cartas de personas que me preguntan
si eso es moralmente lícito. Gentes que dicen que, si los católicos creemos en la
resurrección de la carne, ¿cómo podríamos donar una parte de nuestro cuerpo llamada
a resucitar?

Naturalmente el dogma de la resurrección de la carne no hay que interpretarlo con ese


literalismo. Y la Iglesia hace ya mucho tiempo ha expresado con claridad que no sólo
no se opone a ese tipo de donaciones, sino que, al contrario, las bendice y promueve
siempre que se cumplan algunas condiciones elementales; que las donaciones se
hagan libremente; que no se comercialice con ellas; que en el trasplante del órgano de
una persona muerta, se compruebe que está realmente muerta.

Cumplidas estas condiciones, la Iglesia no tiene nada que oponer. Los obispos
españoles lo dijeron bien tajantemente en un documento colectivo: “Cumplidas esas
condiciones, dicen, la fe no sólo tiene nada contra tal donación, sino que la Iglesia ve
en ella una preciosa forma de imitar a Jesús, que dio la vida por los demás. Tal vez en
ninguna otra acción se alcancen tales niveles de ejercicio de fraternidad. En ella nos
acercamos al amor gratuito y eficaz que Dios siente hacia nosotros. Es un ejemplo vivo
de solidaridad. Es la prueba de que el cuerpo de los hombres puede morir, pero que el
amor que lo sostiene no muere jamás.”

Y frases muy parecidas dijo hace ya décadas Pío XII y ha repetido recientemente Juan
Pablo II: "Miren ustedes por dónde la ciencia moderna ha permitido conquistar una
nueva forma de caridad y de amor entre los hombres. Y los cristianos debemos ser los
primeros en esa batalla de generosidad."

Tomado de http://www.ireneweb.net/sp/articles

"Stabat Mater"
Ahora sé que elegí bien la palabra: «Esclava, esclava». Pude decir sencillamente: «Dile
que sí, que estoy de acuerdo». O responder: «El sabe que estoy a sus órdenes». O
preguntar: «¿Acaso Dios tiene que pedirme a mí permiso?» Pero dije: «He aquí la
esclava», sin comprender hasta qué punto me convertía en lo que estaba diciendo, en
alguien a quien arrastrarán siempre con los ojos cerrados por túneles oscuros que
jamás entenderá. Conducida del gozo al dolor, del dolor al espanto, del espanto a este
vacío de ahora en el que mi corazón es un lagar molido, un cesto de cenizas, una
cadena de muertes. Si sabías que esto acabaría así, ¿por qué elegiste una madre? ¿Por
qué no naciste como el pedernal, en la montaña, en lugar de entrar en el pobre seno
de una mujer que no podría soportar tanta desgarradura? Todas las madres dicen:
«Los hijos son difíciles de entender, crecen, crecen; tu crees saber hasta la más
mínima de las arruguitas de su cara. Y un día descubres que han crecido tan
desmesuradamente que no acabas de creerte que un día han estado dentro de ti. Pero
tú… Es como si hubiera engendrado un gigante, parido una montaña, albergado dentro
todas las cordilleras del universo entero. Siempre supe que me desbordarías. Cada vez
que en tu vida quise descender al fondo de tus ojos entendí que me perdía por los
vericuetos de tu alma. Tú eras, desde luego, un hombre. Yo lo sabía como nadie. Pero
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 130 SEMAYOR

también más, también un vértigo a cuya orilla yo no podía ni asomarme. Crecías,


crecías, como si tuvieras que vivir muchos años dentro de cada uno de los tuyos, como
si te sobrase alma y la pobre piel que la ceñía fuera a estallar en cada hora. Y Yo,
cuando te abrazaba ¿cómo podía abrazarte? Me dolías de tanto como te olía el alma a
vida y a muerte. Que vendría el dolor, lo supe siempre. Bien me lo dijo Simeón antes
de que Tú aprendieses a andar. Pero que el dolor fuese esto, no pude ni sospecharlo:
oír el gotear de tu sangre, de «Nuestra» sangre, cayendo sobre el silencio de esta
hora, sonando cada gota con más crueldad que los mismos martillazos. Se clava en mí
el retumbar de cada gota, como un clavo que me penetra dentro, dentro, dentro, más
dentro, allí donde el alma está en carne viva. ¡Ah, tus manos! Yo las vi gordezuelas,
buscando mi pecho, enredando en mi pelo, besadas, mordisqueadas por mí, rubias de
trigo nuevo, tendidas para acariciar mi rostro, partiendo el pan por mí amasado. ¿Y
estaba preparándolas yo para ese hermano clavo que acabaría poseyéndolas,
destrozándolas, desgarrándolas como abrías Tú el pan? Hijo, hijo, perdóname,
perdóname por seguir viva cuando Tú estás muriendo, Perdóname por no saber decirte
nada en esta hora, por no saber ni orar, por tener el alma como el desierto de los
desiertos, por no saber ni estar contigo, por no tener en esta hora otro oficio que el de
estar cansada y decirte: hijo, hijo, hijo. He entrado en el túnel de Dios. Y está oscuro.
A los dos nos ha abandonado. Y ni siquiera nos ha abandonado juntos. Encerrado cada
uno en su abandono como en un «bunker» de piedra, en dos vacíos gemelos pero
separados.
Conocía la noche de la fe, pero nunca creí que fuera tan profunda. Ni una sola ventana
con luz en el alma. Sólo creer, creer, apretar los puños del alma, esperar, agarrarte a
los barrotes de tu cárcel, entrar en las entrañas de la oscuridad. Sin ángeles, sin voces
de lo alto. Sólo la noche y el seguir escuchando el golpear feroz de los martillazos
como látigos. Y el galopar de la muerte que se acerca. Y ojalá fueran, al menos, dos
muertes las que se acercan. «Dios te salve, María, dijo el ángel. ¿Salvarme? ¿No es
acaso ahora cuando tendría que salvarme y salvarte? ¿Llena de gracia quería decir
llena de dolor y de muertes? ¿La gracia es esta espada que nos pulveriza? Gabriel,
Gabriel, ¿dónde te has metido? Y si al menos ahora viviera José… Ah, José, amor mío,
¡qué daría yo ahora por tenerte junto a mí y reclinar mi cabeza en tu hombro! En la
noche no hay nada. Sólo la noche. Y la certeza de que el sol vendrá mañana. Pero,
¿cuántos siglos faltan para mañana? Dímelo, hijo, respóndeme: ¿Es que siempre hay
que salvar con sangre? ¿tan hondos son los pecados de los hombres que sólo pueden
borrarse con manos y frente desgarradas? Yo acaricié tantas veces tu frente cuando,
de niño, tenías fiebre. Pero las espinas, no, nunca pude imaginarlas. Salíamos al
campo, corrías, jugabas con las zarzas. «No vayas a pincharte» Y reías, reías. Yo te
veía crecer siempre con miedo. Ah, poder encerrarte para siempre en la infancia,
retenerte, disfrutarte. ¿Por qué crecen los hombres, a dónde van, qué prisa tienen?
¿Qué les lleva a la muerte? ¿Una misión será más fuerte que la vida? Tu corazón
estuvo siempre tirado, arrastrado por invisibles caballos, como por un hilo que te
sujetara desde la eternidad. Tenías que salvar. Como si todas las otras vidas fuesen
más importantes que la tuya. Te veo yéndote, como si fuera un pecado cada hora
dedicada a ser feliz. «Si el grano no muere, es infecundo», decías. Y tenías que subirte
a la cruz, como un suicida, como un amante, enterrándote, sin que entendieran tu
entrega ni tus propios apóstoles. Esos pobres que han acabado fallándote. ¿Es que no
lo supiste desde siempre? Veo el rostro de Judas, ese muchacho asustado que parecía
temblar cada vez que oía la palabra «amor». Me habría gustado ser su madre. Tal vez,
entonces… Cuánto le quise y le temí.

Escuchaba tus palabras no como quien las bebe, sino como quien las cuenta, como
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 131 SEMAYOR

quien las numera con el alma retorcida. Y ahora, ¿dónde está? ¿dónde estás, Judas,
hermano mío, hijo mío? Tu aullido es la gran sombra de esta tarde, un viento helado,
una noche de invierno, una sed imposible. Hiel y vinagre suben por mi boca. Y Tú,
pequeño mío, ¿por qué agitas ahora la cabeza? ¿qué nube de murciélagos quieres
espantar de tu mente? No, no tengas miedo: el Padre tiene que estar orgulloso de ti,
como ,o está tu madre. Has cumplido, has cumplido y El lo sabe, aunque esconda su
rostro. Yo sé y Él sabe que has sido un valiente, digno de ser lo que eres: mi hijo y mi
Dios. Ese Dios diminuto cuyo cuerpo lavé yo tantas veces, cuyas manos creadoras y
pequeñitas cabían en las mías. Me quedaba mirándote y pensando: No es posible, no
es posible que «esto» sea Dios; y tu boquita me hacía daño al mamar. Ea, ea, mi Dios.
Aquella leche iba volviéndose sangre de Dios, la misma que ahora derramas. ¡Pero
dejadle morir al menos! Muere por vosotros, ¿no lo entendéis? Un hombre puede ser
redimido mientras se carcajea de su Redentor. La Humanidad es ciega. Ceguera. Un
océano de ceguera nos rodea. ¡Si al menos supieran a Quien están matando! Tú
jugabas a mi lado como los demás niños. Y nadie sospechaba. Como ahora. Si
hubieran sabido con Quien jugaron, a Quien crucifican, morirían de espanto. Mejor que
ni siquiera lo imaginen, pobres, pobres hombres. Pero yo no puedo permitirme el lujo
de estar ciega. Yo sé. Yo mido el volcán sobre el que caminamos, el vértigo de Dios, la
página que gira el Universo.

¿Te duele, niño mío? ¡Ah, si al menos volvieras hacia mí esos tus ojos misericordiosos!
Pero lo entiendo: ahora estás redimiendo. ¿Qué tiempo podría sobrarte para
sentimentalismos? No, no tengo yo derecho a robar a los hombres ni una sola esquirla
de tu muerte. Aunque también mueres por mí. También yo necesito de su sangre. Me
redimes con la que te presté. ¿Y ahora? ¿No es demasiado, hijo, lo que me estás
pidiendo? ¿Habiendo sido madre tuya, cómo podría serlo de tus asesinos? Pero si fui
esclava una vez, seguiré siéndolo. Que entren, que entren en mi seno. Se ha
desgarrado tanto en esta hora, que ya me caben todos.

Y Tú, descansa hijo. Deja caer de una vez tu cabeza. Y descansa en la muerte. Ella no
te hará daño. No podrá vencerte. Cruzará por tus venas, triturará tu sangre, pero Tú
tienes tanta vida en ti que ella no durará mucho sobre tus dominios y se irá,
derrotada, asombrada de haber podido estar alguna vez sobre su Dios. Y yo cuidaré tu
cuerpo. Iré quitándole una a una las espinas, besándote las llagas, cerrando tus ojos,
aunque al hacerlo el universo se oscurezca. ¡Ah, si pudiera volver a llevarte dentro, ah,
si pudiera parirte otra vez y no sólo tenerte derrumbado sobre mis pobres brazos!
Descansa, hijo. Y vuelve, vuelve pronto. Y si puedes, regresa con todas tus heridas,
para que ni yo ni nadie lo olvidemos, tanto amor, tanto amor. Vuelve con todas tus
sangrientas condecoraciones, hermano nuestro, hijo mío, mi Dios.

Publicado en ABC, 1988.

"¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!"


1. La antorcha de Pascua

Hace ya muchos años, tuve la ocasión y la suerte de presenciar en Jerusalén la


celebración de la pascua de los ortodoxos. Como ustedes saben, la Iglesia ortodoxa y
toda la oriental han conservado con más apasionamiento que nosotros el gozo de la
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 132 SEMAYOR

celebración de la Resurrección del Señor que es el centro de su fe y de su liturgia. Y


ésta tiene muy especial relieve en Jerusalén, en la basílica que conserva precisamente
el lugar de la tumba de Jesús y, por tanto, el de su resurrección.

Durante la noche anterior, e incluso antes del atardecer, ya está abarrotada la basílica
de creyentes que esperan ansiosos la hora de esa resurrección. Allí oran unos,
duermen otros, esperan todos. Y poco después del alba, el patriarca ortodoxo de
Jerusalén penetra en el pequeño edículo que encierra el sepulcro de Jesús. Se cierran
sus puertas y allí permanece largo rato en oración, mientras crece la ansiedad y la
espera de los fieles. Al fin, hacia las seis de la mañana, se abre uno de los ventanucos
de la capillita del sepulcro y por él aparece el brazo del patriarca con una antorcha
encendida. En esta antorcha encienden los diáconos las suyas y van distribuyendo el
fuego entre los fieles que, pasándoselo de unos a otros, van encendiendo todas las
antorchas. Sale entonces el patriarca del sepulcro y grita: ¡Cristo ha resucitado! Y toda
la comunidad responde: ¡Aleluya!

Y en ese momento se produce la gran desbandada: los fieles se lanzan hacia las
puertas, hacia las calles de la ciudad con sus antorchas encendidas y las atraviesan
gritando: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! Y quienes no pudieron ir a la ceremonia
encienden a su vez sus antorchas y como un río de fuego se pierden por toda la
ciudad.

Me impresionó la ceremonia por su belleza. Pero aún más por su simbolismo. Eso
deberíamos hacer los cristianos todos los días de pascua y todos los días del año,
porque en el corazón del creyente siempre es Pascua: dejar arder las antorchas de
nuestras almas y salir por el mundo gritando el más gozoso de todos los anuncios: que
Cristo ha resucitado y que, como Él, todos nosotros resucitaremos.

2. ¡Resucitó! !Aleluya, alegría!

¡Aleluya, aleluya!, éste es el grito que, desde hace veinte siglos, dicen hoy los
cristianos, un grito que traspasa los siglos y cruza continentes y fronteras. Alegría,
porque Él resucitó. Alegría para los niños que acaban de asomarse a la vida y para los
ancianos que se preguntan a dónde van sus años; alegría para los que rezan en la paz
de las iglesias y para los que cantan en las discotecas; alegría para los solitarios que
consumen su vida en el silencio y para los que gritan su gozo en la ciudad.

Como el sol se levanta sobre el mar victorioso, así Cristo se alza encima de la muerte.
Como se abren las flores aunque nadie las vea, así revive Cristo dentro de los que le
aman. Y su resurrección es un anuncio de mil resurrecciones: la del recién nacido que
ahora recibe las aguas del bautismo, la de los dos muchachos que sueñan el amor, la
del joven que suda recolectando el trigo, la de ese matrimonio que comienza estos días
la estupenda aventura de querer y quererse, y la de esa pareja que se ha querido
tanto que ya no necesita palabras ni promesas. Sí, resucitarán todos, incluso los que
viven hundidos en el llanto, los que ya nada esperan porque lo han visto todo, los que
viven envueltos en violencia y odio y los que de la muerte hicieron un oficio sonriente y
normal.

No lloréis a los muertos como los que no creen. Quienes viven en Cristo arderán como
un fuego que no se extingue nunca. Tomad vuestras guitarras y cantad y alegraos.
Acercaos al pan que en el altar anuncia el banquete infinito, a este pan que es
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 133 SEMAYOR

promesa de una vida más larga, a este pan que os anuncia una vida más honda. El que
resucitó volverá a recogeros, nos llevará en sus hombros como un padre querido como
una madre tierna que no deja a los suyos. Recordad, recordadlo: no os han dejado
solos en un mundo sin rumbo. Hay un sol en el cielo y hay un sol en las almas.
Aleluya, aleluya.

3. Resucitó, resucitaremos

Hay en el mundo de la fe algo que resulta verdaderamente desconcertante: la mayoría


de los cristianos creen sinceramente en la Resurrección de Jesús. Pero
asombrosamente esta fe no sirve para iluminar sus vidas. Creen en el triunfo de Jesús
sobre la muerte, pero viven como si no creyeran. ¿Será tal vez porque no hemos
comprendido en toda su profundidad lo que fue esa resurrección?

Recuerdo que hace ya bastante tiempo trataba una de mis hermanas de explicar a uno
de mis sobrinillos —que tenía entonces seis años— lo que Jesús nos había querido en
su pasión, y le explicaba que había muerto por salvarnos. Y queriendo que el pequeño
sacara una lección de esta generosidad de Cristo le preguntó: «¿Y tú qué serías capaz
de hacer por Jesús, serías capaz de morir por Él?» Mi sobrinillo se quedó pensativo y,
al cabo de unos segundos, respondió: «Hombre, si sé que voy a resucitar al tercer día,
sí». Recuerdo que, al oírlo, en casa nos reímos todos, pero yo me di cuenta de que mi
sobrino pensaba de la resurrección y de la muerte de Jesús como solemos pensar
todos: que en el fondo Cristo no murió del todo, que fue como una suspensión de la
vida durante tres días y que, después de ellos, regresó a la vida de siempre.

Pero el concepto de resurrección es, en realidad, mucho más ancho. Lo comprenderán


ustedes si comparan la de Cristo con la de Lázaro. Muchos creen que se trató de dos
resurrecciones gemelas y, de hecho, las llamamos a las dos con la misma palabra.
Pero fíjense en que Lázaro cuando fue resucitado por Cristo siguió siendo mortal. Vivió
en la tierra unos años más y luego volvió a morir por segunda y definitiva vez. Jesús,
en cambio, al resucitar regresó inmortal, vencida ya para siempre la muerte. Lázaro
volvió a la vida con la misma forma y género de vida que había tenido antes de su
primera muerte. Mientras que Cristo regresó con la vida definitiva, triunfante,
completa.

¿Qué se deduce de todo esto? Que Jesús con su resurrección no trae solamente una
pequeña prolongación de algunos años más en esta vida que ahora tenemos. Lo que
consigue y trae es la victoria total sobre la muerte, la vida plena y verdadera, la que Él
tiene reservada para todos los hijos de Dios. No se trata sólo de vivir en santidad unos
años más. Se trata de un cambio en calidad, de conseguir en Jesús la plenitud humana
lejos ya de toda amenaza de muerte. ¿Cómo no sentirse felices al saber que Él nos
anuncia con su resurrección que participaremos en una vida tan alta como la suya?

4. ¡No tengáis miedo!

Amigos míos, no temáis, no lloréis como los que no tienen esperanza. Jesús no dejará
a los suyos en la estacada de la muerte. Su resurrección fue la primera de todas. Él es
el capitán que va delante de nosotros. Y no a la guerra y a la muerte, sino a la
resurrección y la vida. No tengáis miedo. No temáis.

No sé si se habrán fijado ustedes en que ésta es la idea que más se repite en las
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 134 SEMAYOR

lecturas que se hacen en las iglesias en tiempo pascual. Cuando Jesús se aparece a los
suyos, lo primero que hace es tranquilizarles, curarles su angustia. Y les repite
constantemente ese consejo: ¡No tengáis miedo, no temáis, soy yo! Y es que los
apóstoles no terminaban de digerir aquello de que Jesús hubiera resucitado. Eran como
nosotros, tan pesimistas que no podían ni siquiera concebir que aquella historia
terminase bien. Cuando el Viernes Santo condujeron a Jesús a la cruz, esto sí lo
entendían. Y se decían los unos a los otros: ¡Ya lo había dicho yo! ¡Esto no podía
acabar bien! ¡Jesús se estaba comprometiendo demasiado! Y casi se alegraban un
poco de haber acertado en sus profecías catastróficas. Pero lo de la resurrección, esto
no entraba en sus cálculos. Lo lógico, pensaban, es que en este mundo las cosas
terminen mal. Y, por eso, cuando Jesús se les aparecía, en lugar de estallar de alegría,
seguían dominados por el miedo y se ponían a pensar que se trataba de un fantasma.

A los cristianos de hoy nos pasa lo mismo, o parecido. No hay quien nos convenza de
que Dios es buena persona, de que nos ama, de que nos tiene preparada una gran
felicidad interminable. Nos encanta vivir en las dudas, temer, no estar seguros. No nos
cabe en la cabeza que Dios sea mejor y más fuerte que nosotros. Y seguimos viviendo
en el miedo. Un miedo que sentimos a todas horas. Miedo a que la fe se vaya avenir
abajo un día de éstos; miedo a que Dios abandone a su Iglesia; miedo al fin del mundo
que nos va a pillar cuando menos lo esperemos. Miedo, miedo.

Lo malo del miedo es que inmoviliza a quien lo tiene. El que está poseído por el miedo
está derrotado antes de que comience la batalla. Los que tienen miedo pierden la
ocasión de vivir. Por eso el primer mensaje que Cristo trae en Pascua es éste que tanto
gusta repetir al Papa Juan Pablo II: «No temáis, salid de las madrigueras del miedo en
las que vivís encerrados, atreveos a vivir, a crecer, a amar. Si alguien os dice que Dios
es el coco no le creáis. El Dios de la Biblia, el Dios que conocimos en Jesucristo, el Dios
de la vida y la alegría. Y empezó por gritarnos con toda su existencia: No temáis, no
tengáis miedo».

5. La resurrección de Cristo, esperanza de la humanidad

Hay un texto de Bonhoeffer que siempre me ha impresionado muy especialmente. Dice


el teólogo alemán: «Para los hombres de hoy hay una gran preocupación: saber morir,
morir bien, morir serenamente. Pero saber morir no significa vencer a la muerte. Saber
morir es algo que pertenece al campo de las posibilidades humanas, mientras que la
victoria sobre la muerte tiene un nombre: resurrección. Sí, no será el arte de hacer el
amor, sino la resurrección de Cristo, lo que dará un nuevo viento que purifíque el
mundo actual. Aquí es donde se halla la respuesta al "dame un punto de apoyo y
levantaré el mundo".»

Efectivamente, los hombres de todos los tiempos andan buscando cuál es el punto de
apoyo para construir sus vidas, para levantar el mundo. Si hoy yo salgo a la calle y
pregunto a la gente: ¿Cuál es el eje de vuestras vidas? ¿En qué se apoyan vuestras
esperanzas? ¿Dónde está la clave de vuestras razones para vivir? Muchos me
contestarán: «Mi vida se apoya en mis deseos de triunfar, quiero ser esto o aquello,
quiero realizarme, quiero poder un día estar orgulloso de mí mismo». O tal vez otros
me dirán: «Yo no creo mucho en el futuro. Creo en pasármelo lo mejor posible, en
disfrutar de mi cuerpo o de mi dinero, o de mi cultura». O tal vez me dirán: «Ésos son
problemas de intelectuales. Yo me limito a vivir, a soportar la vida, a pasarla lo mejor
posible».
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 135 SEMAYOR

Pero allá en el fondo, en el fondo, todos los humanos tienen clavada esa pregunta:
¿Cuál es la última razón de mi vida? ¿Qué es lo que justifica mi existencia? Todos,
todos, de algún modo se plantean estas cuestiones. También ustedes, que me van a
permitir que hoy se lo pregunte: ¿Cuál es el punto de apoyo en el que reposan
vuestras vidas?

Para los cristianos la respuesta es una sola: «Lo que ha cambiado nuestras vidas es la
seguridad de que son eternas». Y el punto de apoyo de esa seguridad es la
resurrección de Jesús. Si Él venció a la muerte, también a mí me ayudará a vencerla.
¡Ah!, si creyéramos verdaderamente en esto. ¡Cuántas cosas cambiarían en el mundo,
si todos los cristianos se atrevieran a vivir a partir de la resurrección, si vivieran
sabiéndose resucitados! Tendríamos entonces un mundo sin amarguras, sin
derrotistas, con gente que viviría iluminada constantemente por la esperanza. Cómo
trabajarían sabiendo que su trabajo colabora a la resurrección del mundo. Cómo
amarían sabiendo que amar es una forma inicial de resucitar. Qué bien nos sentiríamos
en el mundo, si todos supieran que el dolor es vencible y vivieran en consecuencia en
la alegría.

Sí, la resurrección de Cristo y la fe de todos en la resurrección es lo que podría cambiar


y vivificar el mundo contemporáneo. Y es formidable pensar y saber que cada uno de
nosotros, con su esperanza, puede añadirle al mundo un trocito más de esperanza, un
trocito más de resurrección.

6. Testigos de la resurrección, mensajeros del gozo

Muchas veces he pensado yo que la gran pregunta que Cristo va a hacernos el día del
juicio final es una que nadie se espera. «Cristianos —nos dirá—: «¿Qué habéis hecho
de vuestro gozo?». Porque Jesús nos dejó su paz y su gozo como la mejor de las
herencias: «Os doy mi gozo. Quiero que tengáis en vosotros mi propio gozo y que
vuestro gozo sea completo», dice en el Evangelio de San Juan. «No temáis. Yo volveré
a vosotros y vuestra tristeza se convertirá en gozo», dijo poco antes de su pasión. Y
también: «Si me amáis, tendréis que alegraros». «Volveré a vosotros y vuestro
corazón se regocijará y el gozo que entonces experimentéis nadie os lo podrá
arrebatar». «Pedid y recibiréis y vuestro gozo será completo».

¿Y qué hemos hecho nosotros de ese gozo del que Jesús nos hizo depositarios? Es
curioso: la mayor parte de los cristianos ni siquiera se ha enterado de él. Son muchos
los creyentes que parecen más dispuestos a acompañar a Jesús en sus dolores que en
sus alegrías, en su dolor que en su resurrección. Pensad por ejemplo: durante las
semanas de Cuaresma se celebran actos religiosos especiales, con penitencias, con
oraciones. Pero, tras la resurrección, la Iglesia ha colocado una segunda cuaresma, los
días que van desde la resurrección hasta la ascensión. ¿Y quién los celebra? ¿Quién al
menos los recuerda?

Impresiona pensar que en el Calvario tuvo Cristo al menos unos cuantos discípulos y
mujeres que le acompañaban. Pero no había nadie cuando resucitó. Da la impresión de
que la vida de Cristo hubiera concluido con la muerte, que no creyéramos en serio en
la resurrección. Muchos cristianos parecen pensar —como dice Evely— que tras la
cuaresma y la semana santa los cristianos ya nos hemos ganado unas buenas
vacaciones espirituales. Y si nos dicen: «Cristo ha resucitado»; pensamos: qué bien.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 136 SEMAYOR

Ya descansa en los cielos. Lo hemos jubilado con una pensión por los servicios
prestados. Ya no tenemos nada que hacer con Él. Necesitó que le acompañásemos en
sus dolores. ¿Para qué vamos a acompañarle en sus alegrías?

Y, sin embargo, lo esencial de los cristianos es ser testigos de la resurrección. ¿Lo


somos? ¿O la gente nos ve como seres tristes y aburridos? ¿O piensa que los curas
somos espantapájaros pregoneros de la muerte, del pecado y del infierno únicamente?
Tendríamos que recordar que los cristianos somos ante todo eso: testigos de la
resurrección, mensajeros del gozo.

Tomado de "Días grandes de Jesús", EDIBESA.

"La vida a una carta"


En el primer volumen de las Memorias de Julián Marías leo una frase que me
conmueve y que comparto hasta la última entraña. Escribe después de su boda, en la
cima de la felicidad, y dice: «Siempre he creído que la vida no vale la pena más que
cuando se la pone a una carta, sin restricciones, sin reservas; son innumerables las
personas, muy especialmente en nuestro tiempo, que no lo hacen por miedo a la vida,
que no se atreven a ser felices porque temen a lo irrevocable, porque saben que si lo
hacen, se exponen a la vez a ser infelices.»

Efectivamente, una de las carcomas de nuestro siglo es ese miedo a lo irrevocable, esa
indecisión ante las decisiones que no tienen vuelta de hoja o la tienen muy dolorosa,
esa tendencia a lo provisional, a lo que nos compromete pero no del todo», que nos
obliga «pero sólo en tanto en cuanto». Preferimos no acabar de apostar por nada, o si
no hay más remedio que hacerlo, lo rodeamos de reservas, de condicionamientos, de
«ya veremos cómo van las cosas».

Ocurre esto en todos los terrenos. Por de pronto, la vida matrimonial. Cuando en
España se discutía la ley del divorcio, yo escribí varias veces que no me preocupaba
tanto el hecho de que algunas parejas se separasen como el que se difundiera una
mentalidad de matrimonios-provisionales, de matrimonios-a-prueba. Hoy tengo que
confesar que mis previsiones no carecían de base: en España, como en todos los
países donde la ley del divorcio se introdujo, éstos no fueron muy numerosos en la
generación que se casó con la idea de perennidad, pero empieza a crecer y no dejarán
de aumentar hoy que tantos jóvenes comienzan su amor diciéndose: «Y si las cosas no
van bien, nos separamos y tan amigos.» Esto, dicen, es más civilizado. Pero yo no
estoy nada seguro de que ese amor con reserva sea verdadero amor.

El «miedo a lo irrevocable» llega incluso a lo religioso y lo más intocable, que es el


sacerdocio. En mis años de seminarista -y no soy tan viejo-, lo del sacerdos in
aeternum, sacerdote para la eternidad, era algo, simplemente, incuestionable. Es que
ni se nos pasaba por la cabeza dejar de ser aquello que libremente elegíamos.
Sabíamos, sí, que había quienes fracasaban y derivaban hacia otros puertos; pero eso,
pensábamos, no tenía que ver con cada uno de nosotros; era, cuando más, como un
accidente de circulación, en el que no se piensa cuando se empieza un viaje y que, en
todo caso, no se prevé como una opción voluntaria. Por eso a mí me asombró tanto
cuando empecé a oír a algunos teólogos eso del sacerdocio ad tempus, eso de que uno
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 137 SEMAYOR

podía ordenarse sacerdote para cinco, para siete años, prestar ese servicio a la Iglesia
y luego replantearse si seguir en esa misma tarea o regresar a otros cuarteles. Me
parecía, en cambio, a mí, que el sacerdocio o era para siempre o no era sacerdocio;
que si la entrega a Cristo y a la Iglesia era una entrega de amor, no cabían ya planes
quinquenales. Uno podía fracasar y equivocarse, es cierto, pero ¿cabía mayor fracaso
que lanzarse a volar con las alas atadas por toda una maraña de condicionamientos?

Y lo que ahora más me preocupa del problema es que parece que este pánico a lo
irrevocable se ha convertido en una de las características espirituales de la mayor
parte de nuestra juventud y de un buen porcentaje de adultos. La gente, tiene razón
Marías, no es amiga de jugarse la vida a una carta en ningún terreno; prefiere
embarcarse hoy en el barco de hoy y mañana ya pensará en qué barco lo hace.

Y, repito, lo más grave es que esto se está presentando como un ideal, como «lo
inteligente», como «lo civilizado». ¿Con qué razones? Te dicen: todo es relativo,
comenzando por mí mismo. Yo sé cómo es hoy el hombre que yo soy; pero no sé cómo
seré mañana. Todos cambiamos de ideas, de modos de ser. ¿Por qué comprometerlo
todo a una carta cuando el juego de mañana no sé cómo se presentará?

Y hay en este raciocinio algo de verdad: es cierto que hay muchas cosas relativas en la
vida, muchas ante las que un hombre debe permanecer y en las que hasta será bueno
cambiar en el futuro, cuando se vean con nueva luz. Pero, relativizarlo todo, ¿no será
un modo de no llegar nunca a vivir?

En realidad, esas cosas permanentes son pocas: el amor que se ha elegido, la misión a
la que uno se entrega, unas cuantas ideas vertebrales y, entre ellas, desde luego, para
el creyente, su fe.

En éstas, lo confieso, mis apuestas siempre fueron y espero que sigan siendo totales.
Por esas tres o cuatro cosas yo estoy dispuesto a jugar a una sola carta, precisamente
porque estoy seguro de que esas cosas o son enteras o no son. Así de sencillo: o son
totales o no existen. Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor «a ver
cómo funciona» es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede
fracasar; pero un amor con condiciones no sólo es que nazca fracasado, es que no
llega a nacer.

Tomado de "Razones desde la otra orilla", Atenas, p. 133-134.


CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 138 SEMAYOR

"Los miércoles, milagro"


Aquella tarde a Gabriela -uno de los pequeños personajes de una novela de Gerard
Bessiere- le preguntó su amigo Jacinto:

-- ¿Qué has hecho hoy en la escuela?


-- He hecho un milagro -respondió la niña.
-- ¿Un milagro? ¿Cómo?
-- Fue en el catecismo.
-- ¿Y cómo hiciste el milagro?
-- Tenemos como profesora a una señorita que está muy enferma. No puede hacer
nada ella sola, sólo hablar y reir.
-- ¿Y qué pasó?
-- La señorita hablaba de los milagros de Jesús. Y los niños dijeron: No es verdad que
haya milagros. Porque si los hubiera, Dios te hubiera curado a ti.
-- Y ella, ¿qué dijo?
-- Dijo: Sí, Dios hace también milagros para mí. Y los niños dijeron: ¿Qué milagro ha
hecho?
-- ¿Y entonces?
-- Entonces ella dijo: Mi milagro son ustedes. ¿Por qué?, le preguntamos. Y ella dijo:
Porque me llevan los miércoles a pasear, empujando mi carrito de ruedas. ¿Lo ves?
Hacemos milagros todos los miércoles por la tarde. La señorita dijo también que habría
muchos más milagros si la gente quisiera hacerlos.
-- ¿Te gusta a ti hacer milagros?
-- Sí. Tengo ganas de hacer un montón. Primero pequeños. Cuando sea mayor voy a
hacer milagros grandes.
-- ¿Todos los miércoles?
-- Quiero hacerlos todos los días, toda la vida.
-- ¿No te parece que la vida es también un milagro?
-- No -dijo Graciela---. La vida es para hacer milagros.

Gabriela tiene razón, la vida es para hacer milagros, los miércoles, y los Jueves, y los
domingos. La vida no es para sentarse esperando que Dios haga milagros
espectaculares, no es para limitarse a confiar en que él resuelva nuestros problemas,
sino para empezar a hacer ese milagro pequeñito que él puso ya en nuestras manos, el
milagro de queremos y ayudamos. ¿Es que será más milagroso devolverle la vista a un
ciego que la felicidad a un amargado? ¿Más prodigioso multiplicar los panes que
repartirlos bien? ¿Más asombroso cambiar el agua en vino que el egoísmo en
fraternidad? Si los hombres dedicásemos a construir milagros pequeñitos la mitad del
tiempo que invertimos en soñarlos espectaculares, seguramente el mundo marcharía
ya mucho mejor.

Y el milagro de amar pueden hacerlo todos, niños y grandes, pobres y ricos, sanos y
enfermos. Fijaos bien, a un hombre pueden privarle de todo menos de una cosa: de su
capacidad de amar. Un hombre puede sufrir un accidente y no poder volver ya nunca a
andar. Pero no hay accidente alguno que nos impida amar. Un enfermo mantiene
entera su capacidad de amar: puede amar el paralítico, el moribundo, el condenado a
muerte. Amar es una capacidad inseparable del alma humana, algo que conservará
siempre incluso el más miserable de los hombres. pueden hacerlo todos, niños y
grandes, pobres y ricos, sanos y enfermos.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 139 SEMAYOR

Fijaos bien, a un hombre pueden privarle de todo menos de una cosa: de su capacidad
de amar. Un hombre puede sufrir un accidente y no poder volver ya nunca a andar.
Pero no hay accidente alguno que nos impida amar. Un enfermo mantiene entera su
capacidad de amar: puede amar el paralítico, el moribundo, el condenado a muerte.
Amar es una capacidad inseparable del alma humana, algo que conservará siempre
incluso el más miserable de los hombres.

Sólo en el infierno no se podrá amar. Porque el infierno es literalmente eso: no amar,


no tener nada que compartir, no tener la posibilidad de sentarse junto a nadie para
decirle ¡ánimo!

Pero mientras vivimos no hay cadena que maniate al corazón, salvo claro está la del
propio egoísmo, que es como un anticipo del infierno. «Los verdaderos criminales
-decía Follerau- son los que se pasan la vida diciendo yo y siempre yo.»

En cambio, allí donde se ama se ha empezado a construir ya el cielo a golpe de


milagros. En definitiva, los milagros, para Jesús, eran ante todo «los signos del reino»,
¿y qué mejor signo de un reino de amor total que empezar queriéndose aquí con
amores pequeñitos como el de Gabriela y sus compañeras de escuela?

Tomado de "Razones para el amor", en www.preb.com/articulos

"Una sonrisa tras la tapia"


Raúl Follerau solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una
isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera
alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y
que se iluminaba con un «gracias» cuando le ofrecían algo.

Entre tantos «cadáveres» ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano.


Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida,
alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.

Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y
se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba.
Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos
segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el
hombre comulgaba con esa sonrisay sonreía él también. Luego el rostro de mujer
desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una
nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro sonriente. Era -le
explicaría después el leproso- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le
trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía
cada mañana para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día -comentaba el
leproso- sé que todavía vivo.»

No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos. Por eso tienen razón los
psicólogos cuando dicen que los suicidas se matan cuando han llegado al
convencimiento pleno de que ya nadie les querrá nunca. Porque ningún problema es
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 140 SEMAYOR

verdadero y totalmente grave mientras se tenga a alguien a nuestro lado.

Por eso yo no me cansaré nunca de predicar que la soledad es mayor de las miserias y
que lo que los demás necesitan verdaderamente de nosotros no es siquiera nuestra
ayuda, sino nuestro amor. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las
medicinas. Para un viejo no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un
poco de comprensión de sus rarezas. El ingente necesita más nuestro cariño que
nuestra limosna. Para el lado es tan necesario sentirse persona trabajando como el
sueldo que por el trabajo le pagarán.

Y, asombrosamente,la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más


tacañeamos. Es mucho más fácil dar cien pesos a un pobre que dárselos con amor. Y
es más sencillo comprarle un regalo al abuelo que ofrecerle media hora de amistad.

Dar sin amor es ofender. Lo decía con palabras tremendas, pero verdaderísimas, San
Vicente de Paúl: «Recuerda que te será necesario mucho amor para que los pobres te
perdonen el pan que les llevas.» Solemos decir: «¡Son tan desagradecidos!.» Y no nos
damos cuenta de que ellos perciben perfectamente cuándo damos sin amor, para
quitárnoslos de encima y dejar tranquila nuestra conciencia. Son, por ello, lógicos
odiando nuestra limosna, odiándonos. Les empobrecemos más al ayudarles, porque les
demostramos hasta qué punto no existen para nosotros.

¡Todo sería, en cambio, tan distinto si les diéramos cada día sonrisa de amor desde la
tapia de la vida!

Tomado de "Razones para el amor", en www.preb.com/articulos

"Carta a Dios"
GRACIAS. CON ESTA PALABRA PODRÍA CONCLUIR ESTA CARTA, DIOS MÍO, AMOR
MÍO. Porque eso es todo lo que tengo que decirte: gracias, gracias. Sí, desde la altura
de mis cincuenta y cinco años, vuelvo mi vista atrás, ¿qué encuentro sino la
interminable cordillera de tu amor? No hay rincón en mi historia en el que no fulgiera
tu misericordia sobre mí. No ha existido una hora en que no haya experimentado tu
presencia amorosa y paternal acariciando mi alma.

Ayer mismo recibía la carta de una amiga que acaba de enterarse de mis problemas de
salud, y me escribe furiosa: «Una gran carga de rabia invade todo mi ser y me rebelo
una vez y otra vez contra ese Dios que permite que personas como tú sufran.»
¡Pobrecita! Su cariño no le deja ver la verdad. Porque -aparte de que yo no soy más
importante que nadie- toda mi vida es testimonio de dos cosas: en mis cincuenta años
he sufrido no pocas veces de manos de los hombres. De ellos he recibido arañazos y
desagradecimientos, soledad e incomprensiones. Pero de ti nada he recibido sino una
interminable siembra de gestos de cariño. Mi última enfermedad es uno de ellos.

Me diste primero el ser. Esta maravilla de ser hombre. El gozo de respirar la belleza del
mundo. El de encontrarme a gusto en la familia humana. El de saber que, a fin de
cuentas, si pongo en una balanza todos esos arañazos y zancadillas recibidos serán
siempre muchísimo menores que el gran amor que esos mismos hombres pusieron en
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 141 SEMAYOR

el otro platillo de la balanza de mi vida. ¿He sido acaso un hombre afortunado y fuera
de lo normal? Probablemente. Pero ¿en nombre de qué podría yo ahora fingirme un
mártir de la condición humana si sé que, en definitiva, he tenido más ayudas y
comprensión que dificultades?

Y, además, tú acompañaste el don de ser con el de la fe. En mi infancia yo palpé tu


presencia a todas horas. Para mí, tu imagen fue la de un Dios sencillo. Jamás me
aterrorizaron con tu nombre. Y me sembraron en el alma esa fabulosa capacidad: la de
saberme amado, la de experimentar tu presencia cotidiana en el correr de las horas.

Hay entre los hombres -lo sé- quienes maldicen el día de su nacimiento, quienes te
gritan que ellos no pidieron nacer. Tampoco yo lo pedí, porque antes no existía. Pero
de haber sabido lo que sería mi vida, con qué gritos te habría implorado la existencia,
y ésta, precisamente, que de hecho me diste.

absolutamente decisivo el nacer en la familia que tú me elegiste. Hoy daría todo


cuanto después he conseguido sólo por tener los padres y hermanos que tuve. Todos
fueron testigos vivos de la presencia de tu amor. En ellos aprendí -¡qué fácilmente!-
quién eras y cómo eres. Desde entonces amarte -y amar, por tanto, a todos y a todo-
me empezó a resultar cuesta abajo. Lo absurdo habría sido no quererte. Lo difícil
habría sido vivir en la amargura. La felicidad, la fe, la confianza en la vida fueron, para
mí, como el plato de natillas que mamá pondría, infallablemente, a la hora de comer.
Algo que vendría con toda seguridad. Y que si no venía, era simplemente porque aquel
día estaban más caros los huevos, no porque hubiera escaseado el amor. Entonces
aprendí también que el dolor era parte del juego. No una maldición, sino algo que
entraba en el sueldo de vivir; algo que, en todo caso, siempre sería insuficiente para
quitarnos la alegría.

a todo ello, ahora -siento un poco de vergüenza al decirlo- ni el dolor me duele, ni la


amargura me amarga. No porque yo sea un valiente, sino sencillamente porque al
haber aprendido desde niño a contemplar ante todo las zonas positivas de la vida y al
haber asumido con normalidad las negras, resulta que, cuando éstas llegan, ya no son
negras, sino sólo un tanto grises. Otro amigo me escribe en estos días que podré
soportar la diálisis «chapuzándome en Dios». Y a mi eso me parece un poco excesivo y
melodramático. Porque o no es para tanto o es que de pequeño me «chapuzaron» ya
en la presencia «normal» de Dios, y en ti me siento siempre como acorazado contra el
sufrimiento. O tal vez es que el verdadero dolor aún no ha llegado.

A veces pienso que he tenido «demasiado buena suerte». Los santos te ofrecían cosas
grandes. Yo nunca he tenido nada serio que ofrecerte. Me temo que, a la hora de mi
muerte, voy a tener la misma impresión que en ese momento tuvo mi madre: la de
morirme con las manos vacías, porque nunca me enviaste nada realmente cuesta
arriba para poder ofrecértelo. Ni siquiera la soledad. Ni siquiera esos descensos a la
nada con que tú regalas a veces a los que verdaderamente fueron tuyos. Lo siento.
Pero ¿qué hago yo si a mi no me has abandonado nunca? A veces me avergüenzo
pensando que me moriré sin haber estado nunca a tu lado en el huerto de los olivos,
sin haber tenido yo mi agonía de Getsemaní. Pero es que tú -no sé por qué- jamás me
sacaste del domingo de Ramos. Incluso alguna vez --en mis sueños heroicos- he
pensado que me habría gustado tener yo también una buena crisis de fe para
demostrarte a ti y a mi mismo que la tengo. Dicen que la auténtica fe se prueba en el
crisol. Y yo no he conocido otro crisol que el de tus manos siempre acariciantes.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 142 SEMAYOR

Y no es, claro, que yo haya sido mejor que los demás. El pecado ha puesto su guarida
en mí y tú y yo sabemos hasta qué profundidades. Pero la verdad es que ni siquiera en
las horas de la quemadura he podido experimentar plenamente la llama negra del mal
de tanta luz como tú mantenías a mi lado. En la miseria, he seguido siendo tuyo. Y
hasta me parece que tu amor era tanto más tierno cuantas más niñerías hacía yo.

presumir ante ti de persecuciones y dificultades. Pero tú sabes que, aún en lo humano,


me rodeó siempre más gente estupenda que traidora y que recibí por cada
incomprensión diez sonrisas. Que tuve la fortuna de que el mal nunca me hiciera daño
y, sobre todo, que no me dejara amargura dentro. Que incluso de aquello saqué
siempre ganas de ser mejor y hasta misteriosas amistades.

me diste el asombro de mi vocación. Ser cura es imposible, tú lo sabes. Pero también


maravilloso, yo lo sé. Hoy no tengo, es cierto, el entusiasmo de enamorado de los
primeros días. Pero, por fortuna, no me he acostumbrado aún a decir misa y aún
tiemblo cada vez que confieso. Y sé aún lo que es el gozo soberano de poder ayudar a
la gente -siempre más de lo que yo personalmente sabría- y el de poder anunciarles tu
nombre. Aún lloro -¿sabes?- leyendo la parábola del hijo pródigo. Aún -gracias a ti- no
puedo decir sin conmoverme esa parte del Credo que habla de tu pasión y de tu
muerte.

Porque, naturalmente, el mayor de tus dones fue tu Hijo, Jesús. Si yo hubiera sido el
más desgraciado de los hombres, si las desgracias me hubieran perseguido por todos
los rincones de mi vida, sé que me habría bastado recordar a Jesús para superarlas.
Que tú hayas sido uno de nosotros me reconcilia con todos nuestros fracasos y vacíos.
¿Cómo se puede estar triste sabiendo que este planeta ha sido pisado por tus pies?
¿Para qué quiero más ternuras que la de pensar en el rostro de María?

He sido felíz, claro. ¿Cómo no iba a serlo? Y he sido felíz ya aquí, sin esperar la gloria
del cielo. Mira, tú ya sabes que no tengo miedo a la muerte, pero tampoco tengo
ninguna prisa porque llegue. ¿Podré estar allí más en tus brazos de lo que estoy
ahora? Porque éste es el asombro: el cielo lo tenemos ya desde el momento en que
podemos amarte. Tiene razón mi amigo Cabodevilla: nos vamos a morir sin aclarar
cuál es el mayor de tus dones, si el de que tú nos ames o el de que nos permitas
amarte.

Por eso me da tanta pena la gente que no valora sus vidas. Pero ¡sí estamos haciendo
algo que es infinitamente más grande que nuestra naturaleza: amarte, colaborar
contigo en la construcción del gran edificio del amor!

Me cuesta decir que aquí te damos gloria. ¡Eso sería demasiado! Yo me contento con
creer que mi cabeza reposando en tus manos te da la oportunidad de quererme. Y me
da un poco de risa eso de que nos vas a dar el cielo como premio. ¿Como premio de
qué? Eres un tramposo: nos regalas tu cielo y encima nos das la impresión de haberlo
merecido. El amor, tú lo sabes muy bien, es él solo su propia recompensa. Y no es que
la felicidad sea la consecuencia o el fruto del amor. El amor ya es, por sí solo, la
felicidad. Saberte Padre es el cielo. Claro que no me tienes que dar porque te quiera.
Quererte ya es un don. No podrás darme más.

He querido hablar de ti y contigo en esta página final de mis Razones para el amor. Tú
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 143 SEMAYOR

eres la última y la única razón de mi amor. No tengo otras. ¿Cómo tendría alguna
esperanza sin ti? ¿En qué se apoyaría mi alegría si nos faltases tú? ¿En qué vino
insípido se tornarían todos mis amores si no fueran reflejo de tu amor? Eres tú quien
da fuerza y vigor a todo. Y yo sé sobradamente que toda mi tarea de hombre es
repetir y repetir tu nombre. Y retirarme.

Del libro "Razones para el amor"; Biblioteca Básica del Creyente; Madrid, España.
Tomado de www.preb.com/articulos

José Luis Martín Descalzo falleció pocos días después.

"Te quiero tal y como eres"


Cuenta Anthony de Mello una fábula que me gustaría comentar a mis lectores. Dice
así: «Durante años fui un neurótico. Era un ser oprimido y egoísta. Y todo el mundo
insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo neurótico que era. Y
yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no me
convencía la necesidad de hacerlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo
estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. Y también con él
estaba de acuerdo, aunque tampoco podía ofenderme con él. De manera que me
sentía impotente y como atrapado.

Pero un día mi amigo me dijo: "No cambies. Sigue siendo tal y como eres. En realidad,
no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo
dejar de quererte."

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como una música: "No cambies, no cambies,
te quiero." Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla!, cambié».

Supongo que habrá algunos lectores que no estén del todo de acuerdo con esta fábula
y que hubieran preferido que el consejo de mi amigo fuera un poco diferente: «Harías
bien en tratar de cambiar por tu propio bien, pero lo importante es que sepas que yo
te quiero, como eres o como puedes llegar a ser.» Pero lo que me parece claro es que,
en todo caso, lo sustancial de la fábula pie: nadie es capaz de cambiar si no se siente
querido, si no experimenta una razón «positiva» para cambiar, si no tiene a interior
suficiente para subirse por encima de sus fallos.

Temo que esta elemental norma pedagógica y humana sea desconocida por
muchísimas personas. Tal vez por eso el primer consejo yo doy siempre a los padres
que me cuentan problemas de sus hijos sea éste: De momento, quiérele, quiérele
ahora más que nunca. No le eches en cara sus defectos, que él ya conoce. Quiérele.
Confía en él. Hazle comprender que le quieres y le querrás siempre, con defectos o sin
ellos. El debe estar que, haga lo que haga, no perderá tu amor. Eso, lejos de
empujarle al mal, le dará fuerza para sentirse hombre. Con reproches lo más probable
es que multipliques su amargura y le hagas encastillarse en sus defectos, aunque sólo
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sea propio. El debe conocer que esos fallos suyos te hacen sufrir. Pero debe saber
también que tú le amas lo suficiente como para sufrir por él todo lo que sea necesario.

Y nunca le pases factura por ese amor. Tú lo haces porque es tu deber, porque eres
padre o madre, no como un gesto de magnanimidad. Y cuando te canses -porque
también te cansarás de perdonar por mucho que le quieras-, acuérdate alguna vez de
que también Dios nos quiere como somos y tiene con nosotros mucha más paciencia
que nosotros con los nuestros.

Pero, ¿y si la técnica del amor termina fallando porque también la ingratitud es parte
de la condición humana? Al menos habremos cumplido con nuestro deber y habremos
aportado lo mejor de nosotros. En todo caso, es seguro que un poco de amor vale
mucho más que mil reproches.

Tomado de "Razones para el amor" en www.preb.com/articulos

"Censura"
AQUÉL CURA COMENZÓ ASÍ SU SERMÓN: ¡Ricos comiencen a llorar ya y gritar por las
desgracias que se les avecinan!.

Aquel señor pensaba: "¡Y dale con los ricos! Es curioso; la Iglesia siempre va por
oleadas. Les da a los curas por un tema y ya no salen de él en no sé cuántos meses.
Ahora les ha dado por meterse con nosotros y habrá que aguantarse. ¿Pero no se
darán cuenta de que somos los únicos que les quedamos? ¿De quién viven sus
colegios? ¿Quién encarga los funerales de primera?"

El cura seguía: Sus riquezas están ya podridas, sus vestidos se los está comiendo la
polilla. El oro y la plata se están llenando de orín y el moho de esos metales está
gritando contra ustedes y devorará sus carnes como una llamarada.

Una jovencita pensaba: "¿Y a esto le llaman lenguaje realista? Nada, que hasta los
curas leen ahora esas novelas llenas de palabrotas. Y mira que es de mal gusto: orín,
polilla, moho... ¿No podrían decir las cosas más finamente? Todavía en una cafetería
se comprenden los... "modismos", pero en una iglesia... Claro la mayoría de los curas
son gente de pueblo y en los Seminarios no les desbastan ni un pelo y luego...".

El cura continuó: Están atesorando ira para los últimos días. Sepan que el jornal justo
que no le pagan a sus empleados...

El propietario del pueblo pensaba: "¡Qué fácil resulta generalizar desde un púlpito!
Sería mejor que bajasen a la realidad, a las cifras y que se dejasen de vocear en sus
sermones. Y si al menos tuvieran una formación económica seria... Me gustaría
preguntarle ahora qué es la renta nacional y a qué ritmo progresa o desciende la
inflación. Veríamos entonces. Porque no hay gente que sepa menos de dinero que los
curas.

La voz seguía llegando desde el púlpito: ...el jornal que no le pagan, robándoselo, grita
contra ustedes y su clamor ha penetrado ya en los oídos del Dios de los ejércitos.
CURSO MODERNO DE ESPIRITUALIDAD. 145 SEMAYOR

El intelectual pensaba: "Los curas se han metido a demagogos. Antes les daba por el
sexo, ahora cambiaron de disco. Y es una pena. Lo de antes era por lo menos más
divertido: medias, escotes. ¡Y hablaban con tanta ingenuidad los pobres! Ahora: venga
cuestión social. Y, naturalmente, aquí de no hacer técnica se hace demagogia. No hay
más que verlo: palabras hinchadas, sin una sola afirmación concreta. "La sangre de los
obreros"..., bueno, eso para dicho en un mitin no está mal, pero aquí... Una pena, de
veras, antes se divertía uno más durante los sermones."

Terca seguía la voz en el púlpito: Sí, con banquetes sobre la tierra se están cebando a
ustedes mismos para el día del matadero.

La señora estaba indignada: "¡Ya está bien!, ¿no? Vamos, nos tratan como cerdos. ¿O
no saben que los puercos son los de abajo? Y cómo se van a poner los obreros cuando
oigan estas cosas. Pues no tenían poco hinchada ya la cabeza. A la hora de la verdad
de lo que se trata es de llamar la atención; saben que hablando de estas cosas su
sermón se comenta y a un curita joven tiene que apetecerle que se hable de él. Pero
me gustaría que oyera a este tontito su señor obispo. Lo que debíamos hacer era ir a
protestar de estas cosas. Verían cómo cambiaban. No hay derecho a que te traten así,
encima de que somos los únicos que venimos a las iglesias."

La voz del cura se detuvo unos momentos. Cambió de tono y añadió: Son palabras
tomadas de la epístola del Apóstol Santiago, capítulo V, versículos uno al seis.

Y aquel señor pensó: "Anda, pero si era de la Escritura."

La jovencita pensó: "Huy, si era de una epístola."

El propietario del pueblo se dijo: "Toma, si era del Evangelio."

El intelectual se admiró: "Pues nunca había oído yo eso."

La señora pensó asustada: "Ah, era de la Biblia."

Y los cinco a la vez, chapuzaron sus pensamientos en la nada...

Tomado de "Por un mundo menos malo", en www.preb.com/articulos

"Aprender a equivocarse"
Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque
evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto
porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que
los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna
vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda.


Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e
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incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente
exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la
realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se
quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es
a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos
lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede
ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero
dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. "todo niño debería crecer con convicción de
que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error". Por eso en las persona
siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número
de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y


seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se
pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño
porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la
perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna
vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto
que un niño roto".

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio
que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus
errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo. Y sería
estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero
lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo
grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de
esto no hay repuesto en los mercados.

Tomado de "Cristo Hoy"

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