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Jordi Borja

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El comunismo soviético y el dilema de los partidos


comunistas. vs02
publicado en Notas en febrero 28, 2017 por Jordi Borja

El comunismo soviético y el dilema de los partidos comunistas. vs02


Jordi Borja, Barcelona 2017 1
“Nada se ha perdido si asumimos primero que todo se ha perdido” Julio Cortázar

1.El silencio de los comunistas


“Ahora que ya no hay comunismo, o solo residual, el anticomunismo continúa activo. Se critica y se
denuncia el comunismo y a supuestos comunistas… Sin embargo ni los partidos que los han
sucedido ni sus dirigentes o sus intelectuales sorgánicos mantienen silencio, no analizan lo que fue
y lo que pasó, sus éxitos y sus fracasos, sus compromisos vergonzantes (con la URSS) y la dignidad y
el heroísmo de sus militantes”2. Así interpeló a a dos destacados políticos e intelectuales del PCI,
Alfredo Reichlin y Miriam Mafai, el intelectual y sindicalista Vittorio Foa. Un silencio que te enfrenta
con la nada.

La obra de Marx es a la vez una excepcional interpretación crítica de la sociedad industrial


capitalista y una imprecisa utopia escatológica, el comunismo. Hay que reconocer que Marx, muy
apegado a la realidad del presente, no fue un “socialista utópico”3. Sus previsiones teleológicas
fueron muy genéricas, solamente apuntó un proceso de democratización de la economía y de las
relaciones sociales. Se fundaba en el progreso acelerado de los países más industrializados y en el
Estado liberal que hacía posible el con icto social en el ámbito político. Sin embargo la revolución
rusa explotó en un Estado autocrático y en descomposición, una sociedad poco industrializada, una
burguesía moderna casi inexistente y una clase obrera muy minoritaria y una inmensa clase
campesina que sufría de facto las relaciones de servidumbre de los propietarios de la tierra y la
opresión y abuso de los representantes del zarismo. Marx tuvo expresiones muy contundentes
respecto a la Rusia zarista, debido a su atraso económico y a la escasa con anza que depositaba en
la clase campesina.4

La revolución rusa hubiera podido ser una revolución democrática “a la francesa” si probablemente
Lenin y Bujarin hubieran liderado el partido (aunque tengo algunas dudas respecto a Lenin). Sin
embargo el izquierdismo mesiánico bolchevique y el autoritarismo violento de Stalin promovieron
una “revolución industrial” brutal con altísimos costes sociales y un relativo éxito económico
expresado por la industrialización pesada y la urbanización acelerada. Sin embargo hubo un alto
coste político, por el carácter totalitario del Estado y la deslegitimación gradual de la esperanza
comunista en amplios sectores de las clases medias y populares en el mundo más desarrollado, a
pesar de la vocación democrática y resistente de los partidos comunistas occidentales. Lo que fue
un “Estado de excepción” se convirtió en un sistema estructural autoritario que derivó en un
fantasma terrorí co. El n del sistema soviético ha sido el nal, por lo menos por ahora, del ideal
comunista. 5

Los partidos comunistas europeos nacieron con la revolución rusa pero también con los efectos de
la aberrante primera guerra mundial (1914-18) y la consiguiente crisis social y política en casi toda
Europa. Las clases trabajadoras fueron inmoladas en una guerra entre potencias con ambiciones
imperialistas confrontadas. “Fue una guerra entre ricos que mandaron a los pobres que se mataran
entre ellos” dijo Paul Valéry, poco sospechoso de radical.6 En Rusia los bolcheviques liderados por
Lenin lanzaron la consigna “paz, pan y tierra” y las masas de soldados y de campesinos se
convirtieron en insurrectos. A la vez que el Estado zarista se desmoronaba. Los partidos demócratas
(burgueses), socialistas agrarios y mencheviques eran reticentes a romper con las potencias aliadas
y optaban por una democracia parlamentaria. No fue un golpe de Estado7 si se entiende como una
conspiración palatina o de una organización ma osa. Fue un “asalto a los cielos” 8 que triunfó por
una movilización popular promovida por las consignas de los bolcheviques.

La ruptura con la II Internacional (socialista) fue iniciada por los partidos comunistas (pp.cc.) que se
de nieron como “comunistas” para distinguirse de la socialdemocracia acusada por su “traición” ante
la guerra “capitalista” y ultranacionalista. También por el rechazo de los socialistas ante la
revolución rusa concebida como asalto al poder de los bolcheviques y su consecuente autoritarismo.
Los comunistas menospreciaron durante mucho tiempo a la “democracia burguesa” a la que se
adaptaron los socialistas.9 Los pp.cc. se apoyaron en sector el sector más radicalizado de la clase
obrera y aportaron un ideal revolucionario que aparecía posible, el ejemplo ruso. Pero el desprecio
inicial a los Estados liberales europeos y sus instituciones y la integración en ellas de los partidos y
sindicatos socialdemócratas fue con rmada por el rechazo e incluso la represión ante los intentos
revolucionarios que emergieron los años siguientes a la revolución de 1917. La fracasada
“revolución alemana” (1918-19) fue el trágico error de unos y otros, la insurrección revolucionaria
de los comunistas10 y la represión por parte de los dirigentes socialdemócratas.11 Fue una lección
aprendida. Los pp.cc. se convirtieron en “tribunos de la plebe”12 y en algunos países con una fuerte
capacidad de defender los intereses inmediatos de las clases trabajadoras y de los derechos
democráticos (de Francia e Italia, y también España). Asumieron y defendieron el marco jurídico-
político de las democracias occidentales, respetaron los resultados electorales y promovieron
reformas mediante movilizaciones pací cas. Pero por otra parte fueron durante décadas los
portadores de una revolución futura que asaltaría el poder y transformaría radicalmente la
sociedad.

En consecuencia la matriz soviética del comunismo marcó los partidos comunistas europeos y los
llevó a gestionar una di cilísima ambivalencia. Se identi caron con la URSS y con sus intereses
nacionales y geopolíticos, intentaron justi car el sistema político totalitario a la vez aceptaban la
democracia liberal, fueron partidos legalistas en el Estado de derecho y a la vez incluían en sus
discursos y programas el “gran día de la revolución” que nunca fue. Desde l917 hasta los años
sesenta, incluso muerto Stalin (1953) y denunciado por Kruschev en el XX Congreso (1956), fueron
incondicionales de la Unión Soviética.13 “No había que desesperar a Billancourt” dijo Sartre.14 Y al
mismo tiempo asumieron la democracia pluralista, defendieron las libertades políticas y
nacionales15. Fueron demócratas más en la práctica que en la teoría. Pero los gobiernos y los otros
partidos, la mayoría conservadores, y apoyados por gran parte de los medios de comunicación, los
consideraban, interesadamente, peligrosos para la democracia y aparecían como más o menos
sospechosos para una gran parte de la ciudadanía. Solo faltaba el veto de los gobiernos
norteamericanos, lo cual les hizo casi imposible acceder a los gobiernos estatales. Los costes de las
ambivalencias discursivas de los pp.cc. occidentales, su organización interna centralista y con
similitudes militaristas, el culto a los dirigentes y la intolerancia ante las posiciones críticas y las
demandas de mayor democracia interna que derivaban en expulsiones y en campañas de denuncia
a los “traidores” y enemigos del “partido” que afectaba especialmente a sectores intelectuales y
universitarios con rmaban los comportamientos “estalinistas”. Los partidos comunistas europeos
quedaron asimilados en el escenario de la política y en el imaginario (positivo o negativo) de la
sociedad con el sistema soviético.

La matriz comunista de la URSS marcó durante mucho tiempo y de forma indeleble a los pp.cc.
europeos.16 Cuando se derrumbó la URSS era extremadamente difícil para los pp.cc. tan ligados
durante décadas a la IC mantenerse como tales. Su “naturaleza” lo hacía casi imposible. Los silencios
de los pp.cc. han sido casi nulos en tanto que organización. En vez de exponer sus contradicciones,
sus éxitos y sus fracasos, sus valores y sus prácticas en favor de las clases populares, su complicidad
y ceguera ante el bloque soviético y sus críticas pertinentes ante los Estados y sociedades
capitalistas y el menoscabo de los derechos ciudadanos… decidieron simplemente cambiar de piel,
se sintieron re ejados en el espejo de la socialdemocracia y en bastantes casos cambiaron de
nombre. Pero nunca más fueron lo que fueron ni fueron lo que podían haber sido. El sacri cio, la
resistencia, el valor de millones de militantes y simpatizantes, el gran capital humano acumulado
se disolvió en la casi nada.

2 ¿Pero cómo se forjó este comunismo, el soviético, que tiene muy poco en común con Marx y
Engels y la cultura propia de los movimientos socialistas y populares europeos?
La revolución rusa no tenía precedentes. En Francia las izquierdas identi caron en los primeros
años la revolución francesa en el período jacobino liderado por Robespierre (1791-95)17 y en menor
grado los breves meses de la Commune (1871). Pero era su ciente comparar los grandes “derechos
humanos” de 1789 proclamados por la Asamblea Nacional, con los derechos establecidos por la
Constitución de 1791. Los primeros eran declarados “derechos universales” para toda la humanidad.
Los segundos eran los derechos propios de los ciudadanos: “la libertad, la propiedad, la seguridad y
el derecho a resistir a la opresión”. La revolución francesa de facto evolucionó hacia el capitalismo y
las libertades individuales atenuado en distintos períodos por la cultura republicana. En Francia se
construyó una sociedad de clases sociales, unas dominantes y otras más o menos sometidas. La
revolución rusa evolucionó hacia un modelo opuesto, pretendía establecer una sociedad
homogénea pero mediante un Estado tiránico. O por lo menos así fue a partir de 1929, cuando
Stalin concentró todo el poder.

De la revolución liberal a la toma del poder de soldados y obreros y, sobretodo, de campesinos. La


revolución de febrero fue un movimiento de soviets (consejos)18 de soldados y trabajadores que
permitió a demócratas-liberales, socialrevolucionarios (agrarios) y mencheviques subirse a la ola.
Mantuvieron al zar, aunque con menos poder, y no se atrevieron a retirarse de la guerra. Tampoco
tomaron medidas de carácter social como pedían los soviets, especialmente para los campesinos.
Lenin llega a Rusia y presenta poco después las tesis de abril. Los bolcheviques presentan su
programa a los soviets, con mayoría menchevique. Las consignas son paz, pan y tierra y
gradualmente conquistan los soviets en Petrogrado y Moscou. La revolución de octubre no es
inicialmente una revolución socialista, los bolcheviques impulsan una revolución política,
conquistar el poder que reconociera los derechos y las necesidades de las clases populares. Los
liberales se retiraron, los socialrevolucionarios y los mencheviques dudaban y criticaban, los
bolcheviques hegemonizaron los soviets y se instalaron en un poder que había quedado vacío.
Lenin, en teoría no quería un Estado concentrado en un gobierno y un parlamento sino un gobierno
emanado de los soviets, heterogéneos pero representativos de las clases populares y que
controlara la Asamblea electa.

Ante las resistencias de los otros partidos la Douma (parlamento) fue disuelta provisionalmente.
Se trata inicialmente de un “gobierno de excepción”. Esta disolución aparece como el inicio de una
dictadura y las critícas no proceden únicamente de los adversarios de los otros partidos, también de
dos líderes, Julij Martov y Rosa Luxenburg muy apreciados por Lenin. Martov, el menchevique más
brillante y abierto hacia los bolcheviques, elabora una crítica muy aguda del “jabocinismo
revolucionario” y usa la expresión de “dictadura sobre el proletariado”19. Rosa Luxenburg considera
que la existencia y la in uencia política de los soviets debe ser complementaria del parlamento
pluralista elegido por sufragio universal. Pero pronto seguirán la disolución de los partidos y el
control por parte del gobierno bolchevique de los soviets. ¿Se ha estructurado una dictadura del
proletariado o sobre el proletariados (y el resto)?

El acoso internacional y la guerra civil forzaron (o facilitaron) la evolución hacia un sistema


autoritario. La responsabilidad de las potencias aliadas (Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón
y Estados centroeuropeos, etc) iniciaron el cerco militar, político, económico y mediático. Los “rusos
blancos “ iniciaron una cruenta guerra (1918-22). Se instaló el “comunismo de guerra” y dio ocasión
a construir un “Estado socialista”. Se habla de más de 7 millones de muertos y unos centenares de
miles, quizás más de un millón de campesinos, murieron por una hambruna. Hubo un divorcio entre
el campo y el gobierno soviético pues se forzaba a los campesinos a entregar las cosechas para
mantener los ejércitos. Se desarrolló un gran aparato centralizado, político y militar, que creó las
bases de un Estado que rompía las reglas democráticas más elementales. Los opositores o críticos
eran reprimidos, primero los dirigentes y militantes de los otros partidos que fueron prohibidos,
luego los protagonistas de protestas y resistencias sociales, más adelante los disidentes
comunistas una vez muerto Lenin en inicios 1924 (gravemente enfermo desde nales de 1922). De
la represión civil y encarcelamientos se pasaron rápidamente a las deportaciones masivas, a los
campos de concentración y a los fusilamientos.20

La “revolución democrática” que propugnaba Lenin y otros dirigentes comunistas, entre ellos
Bujarin considerado el delfín de Lenin), eran partidarios y de un “capitalismo popular” y pretendían
mantener la propiedad campesina y gran parte de la industria y del comercio. El “comunismo de
guerra” fue la consecuencia de la intervención internacional. El Estado asumió directamente el
conjunto de la economía, excepto la agricultura. La NEP, diseñada en 1921, por Lenin y Bujarin
principalmente, pretendía desarrollar la pequeña y mediana propiedad agrícola. A partir de la
desaparición de Lenin y el n de la guerra civil Stalin y una parte del núcleo dirigente descon aba
del campesinado y optaron por promover una industrialización forzosa. La NEP se fue debilitando
hasta desaparecer en 1928. Se inició la revolución industrial y la urbanización acelerada a partir de
los inicios de la década siguiente. La dialéctica entre fracasos y represiones murieron centenares de
miles trabajadores y el gran parte del campesinado se arruinó. El “Estado socialista” sin embargo
promovió la revolución industrial con altos costes sociales, como ocurrió un siglo antes en
Inglaterra.

¿Era posible convertir el Estado zarista en Estado socialista? ¿Era viable un país económica y
culturalmente atrasado, una gran mayoría campesinado y sometido a los grandes propietarios y los
agentes de las autoridades y convertirlo en un país socialista? Los dirigentes bolcheviques, con
Lenin al frente, a rmaban que haría falta un largo proceso de transición pero las circunstancias les
llevaron a tomar un atajo que ellos mismos no habían previsto. Las advertencias y las críticas por
parte de los mencheviques, como Plejanov, el marxista ruso más prestigioso, fueron muy
contundentes. Éste consideraba que la clase obrera no estaba en condiciones de ejercer el poder
político, preconizaban una revolución democrática-burguesa con el apoyo y participación del
movimiento obrero. Martov 21consideraba el leninismo contrario al marxismo, aceptaba un bloque
de izquierdas incluyendo los bolcheviques pero el “marxismo oriental” debía ser combatido en
todas partes. Aksel’rod, el socialdemócrata ortodoxo anunciaba que si monopolizaban el poder sería
“un delito histórico contra el mismo proletariado” y consideraba la revolución de octubre s había
hecho con “métodos conspirativos “ y tenía “carácter contrarrevolucionario”. Era obvio que Marx y
Engels entendían la construcción del socialismo sobre una base de “la gran mayoría” (según Engels)
y de un gran desarrollo económico, incluso consideraban Rusia como un país que tardaría mucho
tiempo para plantearse el socialismo (según Marx). Los marxistas europeos como Bernstein y
Kautsky se expresaron en la línea de Marx y Engels, muy escépticos sobre “el socialismo en un solo
país”. Más exible y realista fue Otto Bauer, el austromarxista, que “en un pais atrasado como Rusia
la toma del poder por parte de los bolcheviques era aceptable”.

El destino de la revolución de octubre se forjó entre la muerte de de Lenin y el poder autocrático


de Stalin a partir de nales de los años 20. Se había forjado un Estado centralista y autoritario,
burocràtico y dominante en todas las esferas económicas, sociales y culturales, sin libertades
políticas ni elecciones pluralistas. Si Lenin no hubiera muerto, Trotski desterrado y asesinado y
Bujarín, marginado primero y lueg condenado a muerte por Stalin. no pudo sucederles.
Probablemente la evolución política y económica hubiera sido muy distinta.22 Sin embargo el
partido único y una burocracia centralizada, la guerra civil, el asedio internacional, la necesidad de
promover una acumulación de capital para desarrollar el país, la gestión del campesinado por parte
de unos aparato estatales no enraizado en el mundo rural y la brutalidad, el miedo, la arbitrariedad
y la violencia presentes en la cultura política, ni Lenin, ni Trotsky ni Bujarin difícilmente hubieran
podido torcer el camino que luego siguió, aunque sin los excesos paranoicos y criminales de Stalin.

Utopía y terror.23 La fuerza del sistema soviético que se consolidó a nales de los años 20 hasta la
“gran guerra patria” (1941-45) no solo fue caracterizada por el terror político-policíaco. También el
país se modernizó. Y la revolución de octubre fue un mensaje de esperanza para los pueblos de
todo el mundo. Muchos intelectuales progresistas y la gran mayoría de los dirigentes comunistas
de todos los países solo veían lo que querían y les dejaban ver. Y casi siempre quedaban admirados.
La década de los 30 no fue solo de terror, también de la transformación social y económica, el país
se industrializó y se urbanizó, apoyó (y utilizó) a los partidos comunistas de todo el mundo, difundió
la imagen esperanzadora de que había una alternativa igualitaria al capitalismo y, la fuerza de un
gran país y su carácter “ejemplar”, indujo a los gobiernos occidentales para que hicieran concesiones
a los trabajadores. Fue la Internacional Comunista la que promovió las políticas “frentepopulistas”
en los años 30, aunque pocos años antes había considerado a los socialistas como “socialfascistas” (y
algo parecido a los anarquistas). Pero al mismo tiempo el terror llegó al cenit con los Procesos de
Moscou (1936-38): los que fueron principales dirigentes del partido, los que protagonizaron la
revolución de octubre, fueron juzgados y fusilados.24 o asesinados en algunos casos, si estan fuera
de la URSS, el más escandaloso el de Trotsky. Las ambivalencias…

3. Los partidos comunistas entre la matriz comunista soviética y su inserción en los países
capitalistas desarrollados y en el marco de los Estados liberales.

La URSS y la Internacional Comunista recogió el estandarte universalista que tuvo un siglo antes
la revolución francesa. Era imposible desconocer la involución democrática que se produjo en la
URSS desde la revolución de octubre. Fue una gesta audaz y en los años siguientes, hasta nales de
los 20, se alternaron iniciativas revolucionarias en la cultura, las políticas públicas y los debates
intelectuales con un creciente autoritarismo burocràtico que derivó en terrorismo de Estado que se
desarrolló en la década siguiente que culminaron con los procesos de 1936-38. Sin embargo
importantes sectores europeos y del resto del mundo, de las izquierdas, del movimiento obrero y
de la intelectualidad celebraron la revolución de octubre y la “construcción del socialismo”, como
faro que guiaba una parte importante de los movimientos revolucionarios del mundo. Las razones
eran muy diversas y fáciles de entender. En nombre del marxismo-leninismo se creó una doctrina
que legitimaba la política soviética en nombre de Marx y Lenin. La transformación social, económica
y cultural aparecía como una tarea prometeica que anunciaba una sociedad nueva y justa. Y la
Internacional Comunista era el “partido” de todos.

Los países capitalistas no solo eran promotores de guerra, la economía generaba crisis que
pagaban las clases populares, tendía a una “crisis general” que abriría las puertas a la revolución
socialista y mientras tanto imponía la dictadura económica y social a las clases trabajadoras, las
cuales debían estar en lucha permanente. La existencia de la URSS contribuyó a los progresos
sociales en Occidente como ocurrió con los frentes populares, el New Deal de EE.UU. y la in uencia
que adquirió el laborismo en Inglaterra en la década de los años 30. Los partidos comunistas
occidentales se consideraban hijos de la revolución del 17 y de los éxitos soviéticos. La revolución
rusa aparecía como la esperanza de los desesperados, “les lendemains qui chantent”, el cielo
posible en la tierra.25 Las clases trabajadoras, o una importante sector de ellas, encontraron una
doctrina cohesionadora, un ideal movilizador, un modelo real “prêt à porter”, una guía o referencia
para la acción y una promesa futura real y posible. “Era cuando aún había futuro”. 26

El prestigio de la URSS se multiplicó en la segunda “gran guerra patriótica” y la postguerra. Los


procesos de Moscú quedaron olvidados por lo menos durante la guerra y la postguerra, el pacto
Hitler-Stalin (1939-41) fue quedado “perdonado” por la extraordinaria resistencia que ofrecieron los
rusos muy inferiores en armamento y que lo pagaron con millones de muertos pero nalmente
vencieron y llegaron los primeros a Berlin.27 Al terminar la segunda guerra mundial la URSS no
solo se presentó victoriosa y desangrada, también con una doble aureola, era una potencia
vencedora y que hegemonizaba la mitad de Europa y poco después la China era conquistada por el
Partido Comunista. La URSS se convirtió en el país paladín de la Paz frente a unos Estados Unidos
poseedores de la bomba atómica, con afanes imperiales y con ansía de debilitar a la URSS, como
competidor mundial. Los americanos fueron recibidos como libertadores en Europa pero también
gran parte de las clases populares y una parte de la intelectualidad con aban la otra potencia
pací ca y con vocación igualitaria. El Movimiento por la paz por una parte y la adquisición de la
bomba atómica que neutralizaba una posible guerra caliente aumentó el prestigio soviético. El
Informe de Kruschev desmiti có Stalin y desconcertó a la militancia comunista en el mundo y la
ocupación de Hungría neutralizó el efecto positivo que tuvo entre sectores políticos y profesionales.
Los partidos comunistas europeos quedaron doblemente confusos pero sumisos.

El doble discurso de los partidos comunistas europeos28. Los PP.CC. eran hijos de la revolución de
octubre y en vez de bautismo (o registro civil) recibieron el sello que imponía la Internacional
Comunista. Sus militantes asumían el doble patriotismo ya citado: patriotas de su país y de la URSS.

Sus dirigentes estaban “asesorados”, guiados y controlados, por delegados de la Internacional


Comunista hasta la guerra mundial.29 La independencia de los PP.CC. era relativa en su país, en
unos casos era bene cioso cuando no había dirigentes fuertes y que entendían los consignas y los
signos provenientes de la URSS30. En otros casos todo lo contrario, por errores y desconocimientos
de las situaciones locales, por descon anza respecto los dirigentes locales o por sumisión a los
intereses diplomáticos de la URSS. La crítica a la URSS era impensable, por lo menos hasta los años
60, y si se ejercía en los países occidentales suponía la expulsión o renunciar al partido. En los
países satelizados conducía a presidio o pena de muerte. Los PP.CC. asumieron el catecismo
marxista-leninista que incluía “la dictadura del proletariado”, entendida por parte del PCUS (Partido
Comunista de la Unión Soviética)31como instrumento fundamental de construcción del socialismo.
Sin embargo los partidos europeos o bien luchaban por la democracia política o bien la defendían,
asumían obviamente el sufragio universal, las elecciones pluralistas, los gobiernos responsables
ante los parlamentos, el Estado de derecho que garantizase los derechos políticos y sociales de
toda la ciudadanía, el derecho a la propiedad, el patriotismo nacional, etc. Pero los PP.CC. europeos
occidentales no eran del todo “con ables” ni por parte de la URSS ni po parte de los gobiernos y de
los otros partidos de su propio país. Debido a su doble discurso y también porque la derecha (y a
veces los socialistas) lo utilizaban para mantenerlos en los márgenes del poder.

Los comunistas europeos fueron defensores de la democracia y de los avances sociales. Estuvieron
en primera línea contra el fascismo y por la democracia “tout court”, lideraron la resistencia en
Francia e Italia frente a la ocupación nazi, protagonizaron la lucha antifranquista en España, no
tuvieron tentaciones putchistas.32 Sin embargo en sus programas y sus discursos a los militantes
presentaban la otra cara de la moneda: la revolución y la toma del poder, la dictadura del
proletariado, la supresión de los partidos “burgueses”, el rechazo de la alternancia pues sería
retornar al capitalismo. Éste discurso también son hechos, actos y amenazas, facilitaron la
deslegitimación de los pp.cc., lo cual les permitió ilegalizarlos o si eran fuertes, arraigados en la
sociedad y en las instituciones se les consideraba como no con ables para gobernar el país. Este
discurso en cambio legitimaba a la URSS y más tarde los Estados del bloque soviéticos. También asi
los pp.cc. se autojusti caban del doble discurso, asumían la democracia política para resistir en las
mejores condiciones posibles en el marco institucional y por otra parte mantenían en el horizonte
la “crisis general” y la toma del poder. En realidad esta dualidad servía para evitar la crítica al
sistema político soviético, lo cual hubiera sido inaceptable por parte del PCUS y de la Internacional
o sus prolongaciones después de 1945, pero también para gran parte de la militancia que veían en
la URSS su esperanza y su guía. Lo cual llevó a los PP.CC. europeos a ser partidos tribunicios,
resistentes en en defender o mejorar política sociales, limitados a los gobiernos locales y si
consiguen promover reformas socio-económicas o políticas que serán absorbidas y pervertidas por
las fuerzas políticas y sociales dominantes.33

Se puede morir de contradicciones no resueltas. Los partidos comunistas europeos nacieron de la


Revolución de Octubre, se construyeron como partidos por medio de la Internacional Comunista
dirigida por el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), se desarrollaron como
organizaciones combativas pero también como defensores a ultranza de las políticas soviéticas,
hicieron de las doctrinas marxistas-leninistas su base teórica, soñaban el “gran día” de la revolución
futura que nunca llegaba y confundían su discurso ideal con la dura realidad de la URSS. Fueron
demócratas en la práctica pero defendían a la URSS y en sus discursos proclamaban que en un
futuro llegaría la dictadura del proletariado. Luchaban por los avances sociales pero si oponían
resistencia, como correspondía, se les tachaba de violentos o de terroristas. Eran favorables a
amplias alianzas políticas pero en la mayoría de las veces se les marginaba o excluía. Sus militantes
eran luchadores democráticos pero soñaban con una URSS ideal que nunca existió. Estos partidos
vivían en un amasijo de contradicciones. Por una parte atados por el cordón umbilical con la URSS y
con el esquema dual, en los países occidentales, del catecismo marxista-leninista y de partido legal.
Los pp.cc. europeos, integrados en una sociedad dinámica y heterogénea, en la que el “proletariado”
era una clase social importante pero no mayoritaria, la dualidad entre la “democracia burguesa” hoy
y la “dictadura del proletariado” mañana, por medio de la “crisis general del capitalismo”,
simplemente no era creible. El sistema político basado en derechos y libertades podían
considerarse relativamente limitados pero tenían en su adn un potencial de desarrollo democrático
a todos los niveles políticos, sociales, económicos y culturales.

Ni la URSS podía progresar en el marco de la estrechez burocrática y represiva, ni los partidos


comunistas europeos podían liderar una mayoría social con todo el lastre de sus contradicciones. La
URSS implosionó sencillamente porque el sistema político-burocràtico era un “ogro lantrópico”34
que no dejaba respirar a una sociedad con aspiraciones de diferenciación y a las naciones sometidas
o vigiladas por los gobernantes soviéticos que miraban a Occidente con más esperanza que miedo.

4. ¿Podían los partidos comunistas reinventarse?


Los PP.CC. occidentales si eran fuertes se mantuvieron fuertes cuando se alejaron gradualmente
del PCUS. A partir de los años 60 los lazos con el bloque soviético se fueron distendiendo. Unos
años antes Kruschev lanzó el órdago en el XX Congreso del PCUS que desmiti có a Stalin pero no
mucho al stalinismo. Se criticaron los “excesos” pero no el sistema. Los Partidos comunistas
occidentales recibieron este golpe al pasado con más miedos que esperanzas. Habían vivido de una
imagen que se desdibujaba, el paraíso tenía aspectos más bien propios del in erno. Pero algunos
líderes, como Togliatti, vieron la oportunidad de renovar la imagen del partido y superar la dualidad
entre democracia versus socialismo. En el octavo Congreso del PCI formuló “la via italiana al
socialismo”.35 En los países occidentales una gran parte de la militancia se resistía a creérselo,
otros al contrario con rmaron sus sospechas y dejaron el partido desengañados o se mantuvieron
en el partido con más escepticismo que ilusión. “Je les ai cru, je les ai cru…” se lamentaba el poeta
Aragon (yo los he creído…). Unos años después Kruschev fue destituido y el posible proceso
democratizador que había avanzado muy poco quedó congelado por el siniestro personaje Brejnev y
el ideólogo Suslov. Togliatti poco antes de morir escribió un documento en Yalta (1964) que se
convirtió en testamento. Hasta entonces planteaba una política y una doctrina especí ca para Italia
e implícitamente para los países europeos occidentales. En el Memorial de Yalta propone un
comunismo policéntrico, es decir considera de facto el n del movimiento comunista internacional.
La China ya se había divorciado de la URSS.

Sin embargo los PP.CC. europeos continuaban siendo “los patos feos” de las democracias
capitalistas. En parte porque estos partidos no habían superado en su conjunto su carácter dual, la
aceptación de la democracia pero sin renunciar a un momento revolucionario que cambiaría las
reglas del juego.36Y en parte también porque los intereses políticos de los otros partidos y de los
poderes económicos y mediáticos deseaban tener a los comunistas a cierta distancia del poder.
Apareció el eurocomunismo por iniciativa de nuevo del PCI. Y con Belringuer llegó a su cenit. Fue a
partir del golpe de Estado de Chile (1973). La propuesta de Berlinguer, “el compromiso histórico”,
consideraba que un proceso de cambio socializante suponía un apoyo mayoritario y pluralista, que
no fue el caso de Chile. Berlinguer y Carrillo, es decir el PCI y el PCE, explicitaron claramente la
vocación democrática sin renunciar a la transformación social y económica. EL PC francés se añadió
al “eurocomunismo” no sin bastantes reticencias y escaso entusiasmo. La URSS existía, los PP.CC.
europeos se habían ido alejando ya desde la invasión de Checoeslovaquia (1968) y más claramente
cuando la URSS ocupa Afganistán y se da el golpe de Estado apoyado por la URSS en Polonia
(1981), aunque es posible que los militares polacos se adelantaran a los rusos para evitar la
ocupación. El bloque soviético empezó a romperse, Cheoceslovaquia, Alemania del Este, los paises
bálticos. se tambaleaba hasta desmoronarse y fragmentarse hasta el in nito (1989). El ogro ni era
tan lantrópico como decía ser ni tan poderoso como aparentaba serlo.

El eurocomunismo, cuando hubiera debido emergiendo con fuerza en el escenario político, se


diluyó. Berlinguer murió en 1984. El PCI cambió primero de nombre y luego de naturaleza. Se
desencarnó y lo que quedó se fusionó con fragmentos de la DC y de grupos varios. Y se convirtió en
un partido estrictamente electoralista y socioliberal. Dejó de ser un partido sin futuro, un gran
aparato integrado en las instituciones para sobrevivir. El PCE tuvo una debacle electoral (1982),
Carrillo renunció y el PCE intentó volver a las esencias del pasado y olvidó el eurocomunismo.
También se metarfoseó en Izquierda Unida con residuos del izquierdismo. Afortunadamente
nacieron generaciones jóvenes que renovaron la política y que conectan, quizás sin saberlo, con lo
mejor del PCE de los años 60 y 70. El PCF quiso mantenerse con sus siglas y su estilo,
gradualmente pasó de los 20 a 25 % de votos hasta bajar incluso por debajo del 5%. Sobrevive con
nostalgia acariciando su progresiva fosilización. La disolución de la URSS y el derrumbe del
comunismo soviético y de sus satélites fueron la última puñalada. Los partidos comunistas no
pudieron o no supieron renovarse y renacer en todas las dimensiones. Habían construido mimbres
su cientes para articular movimientos y organizaciones sociales, participación en las instituciones
políticas, capital intelectual potente, memoria histórica reconocida por su lucha social y nacional y
por su adhesión a la democracia y rechazo explícito del modelo soviético. Pero no consiguieron
armar un partido, renovado en sus ideas, organización y lenguaje, para la mayoría con propuestas de
futuro y nuevos ideales. Hoy son ilustres y gloriosos fantasmas del tiempo pasado y no volverá.

La no reinvención de los partidos comunistas. Una anécdota personal. Cuando era aún reciente su
paso a la reserva, sin cargos ni militancia política, cené con Santiago Carrillo. Con mucha
tranquilidad y con una fría racionalidad me expuso el n de los partidos comunistas. Tres
argumentos. Uno: el n de la sociedad industrial clásica del siglo XIX y de la clase obrera
organizada en grandes empresas de producción, base principal de los PCs. Dos: el derrumbe de la
URSS y el fracaso del “comunismo real”. Tres: el modelo de partido organizado para conquistar el
poder a la espera de la crisis general del capitalismo y de la descomposición del Estado burgués. Un
análisis claro, convincente y de sentido común. Pero él tampoco tenía respuesta a la pregunta
¿cómo reinventarse? Carrillo apostó fuerte en favor de un comunismo democrático pero su afán de
mantener el partido unido, con el peso de la contradicciones expuestas, las dualidades
incompatibles, el haber usado unos discursos para fuera y otros para dentro, necesariamente debía
explotar. El PCE en los años 80 se desintegró, antes había ocurrido con el PSUC (en 1981),
precisamente el que más recorrido eurocomunista había avanzado. Pudo haberse reinventado si
primero hubiera pasado cuentas del pasado. No hubo tiempo ni se estaba preparado.37

Berlinguer nuevamente apuntó un inicio de reinvención, “la cuestión moral”.38 Proclama con
rotundidad “los partidos políticos hoy son ante todo máquinas de poder y de clientela…los partidos
han degenerado y esto es el origen de nuestros males… la cuestión moral hoy en Italia, para
nosotros los comunistas debemos denunciar la ocupación del Estado por parte de los partidos”.
Denuncia a la Democracia Cristiana y rompe cualquier alianza con ella, se acabó “el compromiso
histórico”. Propone que la función de los partidos es estar en el Parlamento pero no en todo lo que
es Estado o para-estado. Las organizaciones sociales o culturales, las cooperativas, los sindicatos,
etc pueden asumir funciones de propiedad o gestión de aquellos sectores de la producción o de los
servicios de interés para todos los ciudadanos.39 Evidentemente su partido, o por lo menos gran
parte de sus dirigentes y de sus cuadros no estaban predispuestos ni preparados para estas
invenciones y audacias. Simplemente se instalaron en las instituciones para sobrevivir y sin la
escandalosa corrupción de otros partidos. El fracaso de Berlinguer fue el último intento de
reinventar el comunismo democrático.

El comunismo no sobrevivió porque no renovó su base teórica, su proyecto político y su


organización. Ni más ni menos. Marx y Engels son indispensables para entender el mundo de los
siglos XIX y XX, pero no son su cientes como sustrato teórico. Menos aún en el siglo XXI. El
comunismo puede renacer pero ni será “marxista” ni se llamará probablemente comunismo pues el
comunismo soviético lo pervirtió y los partidos comunistas quedaron marcados por la matriz de la
que nacieron. El horizonte político no puede depender de un gran momento de ruptura, el salto del
capitalismo al socialismo, sino el cambio es un proceso constante de democratización de la
democracia, a todos los niveles, política, economía, cultura, comunicación, organización social. La
forma partido centralizado, jerárquico, casi militarizado corresponde al modelo de la fábrica y de la
condición obrera. La nueva sociedad requiere descentralización, difusión en el territorio, diversidad
de iniciativas y formas de acción. El elemento cohesionador no es un ideal cuasi religioso, inventar
un mundo distinto que enterraría el viejo mundo. Se trata de desarrollar y hegemonizar la moral de
cada día, la justicia, la compasión, la fraternidad y evidentemente la libertad individual y colectiva y
la igualdad en el género, en el trabajo, en el territorio, en la cultura. Una moral que debe
convertirse en fuerza social, cultural y política, que reside en las clases trabajadoras, los asalariados,
los profesionales, los intelectuales, los que impulsan proyectos productivos.

Pudo haber sido un comunismo del siglo XXI, el derrumbe del comunismo del siglo XX no lo hizo
posible. Pero nos queda la revolución de octubre, la audacia de un partido que quiso ante todo la
paz, el pan, la tierra y el reconocimiento de los consejos de los trabajadores. Y la esperanza para los
oprimidos del mundo, pareció que el ideal se hacía real. El comunismo real, con todas sus lacras,
contribuyó mucho en civilizar la sociedad capitalista occidental y en introducir elementos
democratizadores en la política y en el trabajo. Y forjó millones de militantes en Europa que dieron
una gran parte de su vida por un ideal que fue también una lucha diaria por la dignidad del trabajo,
el valor de la igualdad y las libertades para todos.

Nada se ha perdido si asumimos que todo se perdió. O quizás no.40


Nota sobre el autor Jordi Borja, nacido en Barcelona en 1941. Ingresa en la Facultad de Derecho de
la Universidad de Barcelona en 1958. Ingresa en el PSUC (PC de Catalunya) en 1960. Debe exiliarse
en Francia a inicios de 1962. Estudios de Sociología, Geografía Humana y Urbanismo (licenciado,
postgrado, master y curso de doctorado). Regresa a nales de 1968 a Barcelona. Profesor de
Sociología y de Geografía Urbana en la Universidad. Doctor en Geografía Urbana. Uno de los
fundadores de Bandera Roja (1968) y del CEUMT (1972). Reingresa en el PSUC en 1974. Miembro
de la dirección del PSUC y del Comité Central del PCE. Dirige el frente de “Movimiento Popular y
Política Municipal”. Miembro del Gobierno de Barcelona (1983-95). En los años 80 abandona
gradualmente en el partido. A partir de 1995 se ha dedicado a la Universidad, la actividad
profesional y escribe principalmente libros y articulos de temas urbanos como La Ciudad
conquistada y Revolución urbana y derechos ciudadanos (Alianza Editorial) y recientemente Ciudades
para cambiar la vida (editado en América latina a nales de 2016 y en proceso de edición en España).
Ha trabajado como profesional y académico en América latina, Estados Unidos, Francia, etc. Es
profesor emérito de la Universitat Oberta de Catalunya. Presidió la ong DESC (Observatorio de
derechos económicos, sociales y culturales (2011-2016). Actualmente forma parte del Colectivo que
impulsa la Con uencia de las izquierdas de Catalunya: Barcelona En Comú, Iniciativa per Catalunya i
Esquerra Unida (los sucesores del PSUC), Podem, EQUO y otros colectivos.

El autor ha tratado la temàtica del comunismo a lo largo de varias décadas. Citaremos algunas
contribuciones relativamente extensas: Socialismo i comunistas davant la democràcia, Taula de Canvi,
Barcelona 1976; Socialistas y comunistas en Europa occidental en el libro colectivo Perspectivas
sociales y políticas, Siglo XXI, 1985; Los comunistas y la democracia en la revista Viejo Topo (nº 277,
2011); y El PSUC més que un partit (publicado en las revistas Nous Horitzons y en L’Avenç, 2016.

Notas

1 El texto que sigue ha sido redactado a partir de un guión desarrollado para la


conferencia del ciclo sobre la Revolución de octubre 2016 en la Universidad Autónoma de
Barcelona (UAB)y organizada por una Comisión ad hoc con el apoyo de diversas
fundaciones y asociaciones así como la Filmoteca de Catalunya y la Universidad de
Barcelona y la UAB.
2 V.Foa, M.Mafai y A.Reichlin, Il silenzio dei comunisti, Einaudi, 2002. La cita sintetiza el
inicio del libro. El silencio corresponde a los partidos o sus dirigentes actuales.
Intelectuales, académicos, exdirigentes, etc. En bastantes casos han sido posteriormente
muy críticos con los Partidos comunistas como Jorge Semprún, ver especialmente uno de
sus mejores libros, Quel beau dimanche! (1980). Ver también las Memorias de exdirigentes
italianos, como Rossana Rossanda, Una ragazza del secolo scorso, 2005 y de Pietro Ingrao,
Volevo la luna, 2006, traducidos en castellano.
3 En sus obras histórico-políticas y en sus trabajos periodísticos (como El 18 brumario de
Luis Bonaparte o Las luchas de clases en Francia 1848-1850 no utilizaba el lenguaje de sus
obras teóricas y menos aún las disquisiciones teleológicas como el esquematismo de los
procesos de modos de producción (feudalismo, capitalismo, socialismo), aunque intuye o
deduce procesos socializantes y globalizadores.

4 En escritos posteriores apuntó una posible revolución socialista sobre la base de las
“comunas” campesinas.

5 Ver Kart Schologel, Terror y utopía, Moscou 1937. El Acantilado, 2014


6 Paul Valéry (1871-1945), poeta y ensayista, representante e la “poesía pura”, enterrado en
el “Cimetière marin” (Sète, cuciudad natal), título de su libro más conocido. Se lo puede
enfrentar a Georges Brassens, poeta y cantautor para nada puro y quiso ser enterrado al
cementerio público para no compartirlo con Valéry.

7 Aunque el historiador conservador polaco-norteamericano Richard Pipes, autor de La


Revolución rusa (1990) ha sido uno de los historiadores que han explicado la revolución
rusa como un golpe insusrreccional de una banda de conspiradores que manipularon los
centenares de miles de los consejos de obreros, campesinos y soldados. El periódico El País
sacralizó a Pipes como el “gran historiador de la revolución rusa”. Una operación
oscurantista.

8 Así cali có Marx la Commune de Paris (1871), ver su obra “La guerra de clases en
Francia”.

9 A inicios del siglo XX los derechos políticos y sociales en Europa y Estados Unidos eran
limitados, de iure o de facto: elecciones falseadas, no derecho a votar a las mujeres, ni
derecho de huelga, represión sindical, no reconocimiento de las pensiones, no políticas
públicas de vivienda y de acceso a la sanidad, etc. Hasta 1945 y las políticas de “welfare
state” los derechos sociales actuales en su conjuto no fueron reconocidos.

10 Rosa Luxenburg fue consciente de que se trataba de un acto destinado al fracaso pero,
como Kart Liebknecht, lo apoyó. Ambos fueron asesinados por los represores a cuyo frente
estaba el socialista Noske.

11 Ver Sebastián Haffner, La revolución alemana 1918-1919, Ed. Inédita, 2005.

12 El politólogo francés Georges Lavau de nió a los partidos comunistas occidentales como
“partidos tribunicios”. Ver “À quoi sert le Parti Communiste Français? (1981).

13 Los pp.cc. defendieron algo tan indefendible como la ocupación de Hungria en 1956
por parte de la URSS que reprimió al gobierno comunista democratizador de Imre Nagy y
restableció un gobierno autoritario y de partido único. La ocupación de Checoeslovaquia
(1968)dió lugar a la crítica y distanciaciamiento de los europeos respecto a la URSS.
14 Sartre en su época locomunista, a inicios de los años 50, utilizó esta expresión cuasi
religiosa, “el suspiro del oprimido” de Marx, para dar esperanza a la clase obrera.
Billancourt era la sede de la Renault, empresa faro y fortaleza obrera de los comunistas
franceses. Ver su defensa de la URSS en “Les communistes et la paix” (Temps modernes, nº
81 y 83-84, 1952 y nº 101, 1954).
15 Son los casos de la Resistencia en Francia e Italia frente a los nazis y fascistas, y las
luchas contra las dictaduras de España, Portugal y Grecia. Se puede considerar poco
patriótico la actitud pasiva del PC francés en el período de tregua entre la URSS y
Alemania (1939-41). Luego fue la fuerza resistente principal, junto con los gaullistas.
16 La tesis 51 de la Internacional Comunista (1921) decía que “los obreros tienen dos
patrias, la suya y la de la República de los soviets rusos”. Hay que tener en cuenta que
aceptar estas tesis suponía tener el label de partido comunista de la I.C. Este
pseudopatriotismo arraigó en una parte importante de la militancia comunista. Aunque
más tarde recuerdo que en algunas estas populares del PSUC a nales de los años 70 se
“sorteaban” con humor viajes a la URSS: primer premio, un semana en la URSS, segundo
premio dos semanas en la URSS, tercer premio un mes en la URSS.
17 El historiador clásico de la Revolución francesa, republicano y nacionalista, Albert
Mathiez, se entusiasmó con la Revolución rusa a inicios de los años 20, que comparó con la
“dictadura jacobina”.
18 La revolución de febrero de 1917 se inició en Petrogrado. Los bolcheviques se
encontraron sin líderes políticos, sus dirigentes están en presidio o en el exilio. Los
partidos parlamentarios se suben a la ola generada por los soviets. Ver p La ciudad
conquistada de Victor Serge o sus Memorias de un revolucionario. Y una obra reciente
y rigurosa “Los bolcheviques toman el poder. La revolución de 1917 en Petrogrado”, de
Alexander Rabinowitch, profesor emérito de la Universidad de Indiana (EE.UU.) Esta obra
analiza el proceso de la revolución de febrero a la de octubre y demuestra que no fue un
mero “golpe de Estado” como el citado Pipes. El texto original en inglés The Bolshevicks in
Power: The First Year of Soviet Rule in Petrograd (2007) fue publicado en Estados Unidos y
en Rusia. La obra consultada es la versión francesa ampliada Les bolcheviks prennent le
pouvoir. La révolution de 1917 à Petrograd (La Fabrique, Paris, 2016)

19 Martov escribe un conjunto de notas y artículos entre 1918 y 1919 que reelabora como
libro: El bolchevismo mundial. Se publica en Berlin en 1923 y consultado en la edición de
Einaudi (1980).

20 Un caso extremo entonces pero que pronto se generalizó fue la huelga de los marinos
de la base naval de Kronstadt. En la vecina ciudad de Petrogrado se habían manifestado e
iniciado huelgas. Poco después se movilizaron los marinos con reivindicaciones sociales y
políticas similares, de carácter revolucionario-democrático. La represión, dirigida por
Trotsky fue de extrema dureza, fusilamientos incluidos.

21 La amistad de Lenin y Martov se mantuvo hasta el nal. Cuando se creó un ambiente


represivo hacia la oposición Lenin le facilitó discretamente un paso conducto para que se
exiliara a Alemania.

22 Bujarin perdió la batalla económica con Preobrazhenski, el cual elaboró la opcion


“teleológica” frente al gradualismo de Bujarin. Y también perdió la batalla con Stalin, nunca
pudo o no fue capaz de confrontarse con el nal, procuró adaptarse a sus virajes y cuando
fue juzgado y condenado a muerte hizo el último acto de servicio, se autoinculpó, con una
soterrada ironía posiblemente, por ser un “criminal” objetivo a pesar de no haber declarado
otra cosa que todo el mundo que sabía: aplicar el terror y mantener el miedo para todos.
Tengo mis dudas sobre Lenin y aun más sobre Trotski pues les atraía la experiencia de
“construcción socialista” en Rusia con el Partido al frente.
23 Utilizamos el título de la obra citada de Karl Schologel pues sintetiza muy bien lo que
fue el stalinismo. Sobre como funcionó el terror ambiental a partir de nales de los años
20 hay que destacar dos obras no su cientemente reconocidas: L’affaire Toulaev (1940) y
Les années sans pardon (1946). Serge vivió en la URSS desde de 1917 hasta 1936
(encarcelado y luego deportado a partir de 1928).

24 Entre otros la elite bolchevique: Bujarin, Zinoviev, Kamenev, Radek, Piatakov, Rykov,
Tomski, Krestinski, etc y los más altos y prestigiosos jefes militares. Poco después fueron
fusilados gran parte de los más destacados bolcheviques enviados a la guerra de España:
Kolstov, Antonov-Ovseensko, Rosenberg, Goriev, Stachevski, etc

La biblografía sobre los Procesos de Moscou es numerosa. La obra de Schologel dedica una
parte importante a los procesos. Pierre Broué, próximo al trotskismo, publicó una parte
importante de los interrogatorios: Los procesos de Moscou (colección Archives, Editions
Julliard, Paris,1964) de gran interés. El protagonista de esta farsa trágica fue el Fiscal
General, Vychinski, una paradoja pues provenía del partido menchevique. Vychinski publicó
un texto de Derecho Penal, “Teoría de la prueba en el Estado socialista” que consideraba
que este Estado representa a priori el interés general por lo cual si procesaba a los
supuestos inculpados eran ellos los que debían demostrar que eran inocentes. Es
especialmente interesante el juicio a Bujarin. Veáse además de la obra de Broué que
recoge la confrontación dialéctica de Vychinski y Bujarin es muy interesante y emotiva la
biogra a de Anna Larina, la esposa de Bujarin, Lo que no se puede olvidar, (Galaxia
Gutenberg, 2006) y la biogra a clásica de Stephen F.Cohen, Bukharin and the Bolshevik
Revolution (1973).

25 Frase de Paul Vaillant-Coturier, uno de los fundadores del PC francés y director del
periódico L’Humanité.
26 Réplica de un personaje de “Cançó d’amor a Manhattan” de William Irish, Edicions 62,
1988.
27 El pacto fue rmado por Von Ribentropp y Molotov en nombre de Alemania y la URSS.
Alemania optó por ocupar primero Francia e intentó hacerlo sin éxito con Reino Unido. Le
convenía aplazar el frente del Este. La URSS necesitaba tiempo para fabricar armamento,
preparar la intendencia y reorganizar sus ejércitos debido a la depuración de sus
principales mandos militares en los procesos de Moscú. La batalla de Stalingrado fue el
cambio de rumbo de la guerra como lo fue la batalla de Londres y la entrada de Estados
Unidos en la guerra.
28 Nos referiremos principalmente a los países con PC fuertes, Francia e Italia por una
parte y España por otra. Con algunas referencias a Alemania e Inglaterra.

29 Al terminar la guerra la URSS disolvió la Internacional Comunista (IC) como prueba de


no intervenir en los procesos políticos de los países capitalistas occidentales. Creó la
Kominform en 1947 con los PP.CC. europeos, como Comisión de Información pero también
para coordinar ideas e iniciativas. Los PC occidentales no tenían ya delegados de la IC
ajenos al país sino que se aseguraban que en los órganos directivos siempre había “los
hombres de Moscú”, o mujeres, nativos del país pero estrechamente vinculados a los
dirigentes soviéticos, especiamente los “ideólogos”, los vinculados a las relaciones
internacionales y a los servicios secretos. Por ejemplo Suslov en los años 6 0 y 70.

30 Un ejemplo de intromisión positiva de Stalin en la política del PCE fue a nales de los
años 40 cuando indicó a sus dirigentes que deberían abandonar las guerrillas y promover a
la militancia que se integrara en las organizaciones legales del Estado franquista como los
Sindicatos, los gremios, las asociaciones, etc. En otros casos fue todo lo contrario. Stalin y su
entorno no solo rompieron con Tito y el comunismo yugoeslavo, también impulsaron la
persecución a cualquier atisbo de titismo, es decir cierta independencia de la URSS en los
países europeosdió lugar a la persecución violenta de dirigentes sospechosos de poseer
ideas propias, incluso en los países occidentales.

31 El uso del concepto de “dictadura del proletariado” en Marx era la otra cara de la
moneda de la “dictadura del capital”. Engels lo interpretó como “la gran mayoría social” en
un marco democrático y más tarde con mayor elegancia y sutilidad Gramsci propuso el
concepo de “hegemonía”. El uso del término “dictadura”, actualmente considerado como
forma política autoritaria y contraria a la democracia, ha generado confusión y fue muy útil
al stalinismo a legitimar su régimen político.
32 La revolución en Alemania (1918/19-1923) no fue un asalto al poder sino el
reconocimiento de los consejos como interlocutores del Parlamento. En Grecia los
comunistas al terminar la guerra eran la fuerza política hegemónica en el país. La
intervención aliada, en la pràctica británcia ocuparon militarmente el país y declararon a
los comunistas fuera de la ley. Lo mismo, sobre la base del acuerdo de Potsdam, la URSS
estableció gobiernos amigos en los Estados de Europa central y creó el bloque soviético y
cuando algunos gobiernos se rebelaron los depusieron. Fueran socialdemocratas en
Checoeslovaquia, católicos antifascistas en Polonia o comunistas nacionales como el primer
Gomulka en Polonia y más tarde Nagy en Hungria, y Dubcek en Checoeslovaquia. Los PC de
España y Portugal, a pesar de haber sido la fuerza política fundamental de la resistencia
optaron por elecciones abiertas a pesar de la movilización social en España y el apoyo
militar en Portugal.

33 Los PC grandes, Francia e Italia, cuando ocuparon posiciones de gobierno en ámbitos


locales y regionales, y en algunos casos en gobiernos nacionales, fueron gobernantes
responsables y promovieron reformas politico-sociales positivas. Sus dirigentes antes (en
Francia) y después de la segunda guerra mundial vivieron melancólicamente su acceso al
poder político del Estado, especialmente Togliatti. Cuando Nenni, el líder socialista y amigo
personal de Togliatti, optó por pactar con la Democracia Cristiana e integrarse en el
gobierno tuvo que romper la alianza con el PCI. Togliatti intentó convencerle que se
mantuviera en la oposición con los comunistas, pero Nenni argumentó que quería dejar
algo, algunas reformas, antes de retirarse. Con dencialmente Togliatti comentó “te envidio,
tu harás política y yo continuaré haciendo propaganda”.

34 Una afortunada expresión, y título de un libro, de Octavio Paz, El ogro lantrópico, 1979.
Esta obra está aplicada al sistema mexicano de “casi partido único”, el PRI, desde los años
20 hasta el 2000.

35 El octavo Congreso del PCI se celebró en 1956, el mismo año del Informe de Kruschev y
la invasión de Hungría. Como se pueden ver como las contradicciones salen a la super cie.
La propuesta de Togliatti era clara: en Europa occidental se avanzará al socialismo en el
marco democrático. Su informe al Congreso lo reelaboró el año después y se convirtió en
libro, El Partido Comunista italiano (1958). En Francia lo publicó la Editorial Maspéro, de
orientación izquierdista. El PC francés no se dio por enterado.
36 Un ejemplo de reticencia a asumir realmente la democracia política la encontramos en
el PCE, adalid del “eurocomunismo”. Por primera vez se propuso que se explicitara que en el
proceso hacia el socialismo habría pluralidad de partidos y alternancias por vía electoral.
Fue en 1981 en una sesión de Comité Central. Una parte importante de dirigentes,
incluído Santiago Carrillo (seguramente por no “provocar” a los dirigentes dogmáticos y más
cercanos a los soviéticos) votaron en contra al pluralismo y la alternancia. Pero una mayoría
votó a favor. Sin percibir que era una decisión muy novedosa, sin darle importancia. Unos,
eurocomunistas, porque les parecía lógico, otros muy poco eurocomunistas para votar
contra Carrillo.

37 Ver el artículo de J.Borja, Los comunistas y la democracia, nº 277, 2011.

38 El origen de La cuestión moral fue una larga entrevista de Berlinguer con Eugenio
Scalfari, director del diario La Republica, en el 28 de julio de 1981. Más adelante desarrolló
este texto el Informe al Congreso del PCI de 1983. Y apuntó algunos nuevos argumentos en
el discurso pronunciado el 7 de junio de 1984, pocos días después moría. Posteriormente
se publicó en libro, con algunos anexos citados, Aliberti Editore (2012).

39 Algo parecido ya propuso Harold Laski, teórico liberal y militante socialista. Vinculado al
Labour y más aún a los sindicatos (trade unions) y recuperador de la historia del “cartismo”
y de los “levellers” (niveladores). Fue miembro del grupo de Bloomsbury en compañía de
los esposos Webb, E.M.Foster, B.Russell, L.Witgenstein, J.M.Keynes y amigo de Chaplin,
Roosevelt, Einstein… Muy crítico con el “comunismo soviético”. Defendía un Estado limitado
en cúanto a propiedad pública. Proponía distintas formas de propiedad y gestión social por
parte de las empresas básicas y de los servicios de interés general. Por ejemplo mediante
los sindicatos o otras organizaciones sociales o cooperativas. Ver los tres artículos que
publicó en Harper’s Monthly Magazine entre 1929-1930. Versión castellana con una
excelente introducción a cargo de Antonio José Antón Fernández con el título Los peligros
de la obediencia, Sequitur 2011.

40 Enzo Traverso, en su obra reciente Mélancolie de gauche, Éditions La Découverte, 2016,


desarrolla una argumentación en favor de los derrotados, son semillas para las victorias
futuras.

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