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Universidad Carlos III de Madrid Meneses Sánchez Carlos

Periodismo- Com. Audiovisual NIA: 100073995


Curso de Humanidades Curso: 4º Grupo: 34
Budapest ’56: una perspectiva “glocal” de la 26 de febrero de 2011
Guerra Fría

¿Cómo se debe hacer Historia?

Durante el curso de Humanidades me llamó la atención, más que el desarrollo de Budapest


como un mini ecosistema para explicar el desarrollo y la naturaleza de la Guerra Fría, el hecho
del debate abierto que hay entre los historiadores para recoger los acontecimientos históricos,
interpretarlos y plasmarlo en sus trabajos. Durante las primeras sesiones, se explicaron los
distintos métodos que se han llevado a cabo a la hora de hacer Historia, tales como el
positivismo o, yendo un paso más allá, aplicando la Teoría de Sistemas de Luhmann. Sin
embargo, hay un vacío a la hora de explicar la Historia del Tiempo Presente; un apartado que
aún hoy carece de un marco teórico y que se acerca más a una visión posmoderna en términos
cinematográficos1, es decir, un cajón de sastre en el que las referencias en un mismo discurso
son múltiples y se van cruzando hasta perder el verdadero sentido. En esta perspectiva es donde
ahora se encuentran los historiadores. Y además, ante el desafío de “llevarse bien” con la
Sociedad de la Información y aplicar a sus investigaciones las TIC (tecnologías de la
información y la comunicación) para darle un sentido coherente a la ingente cantidad de
información que ahora circula por la Red y por los Medios de Comunicación. Es tiempo, aunque
no sea de mi agrado esta denominación, del Historiador 2.0. Ante tal cantidad de información
se hace imposible aplicar los marcos teóricos anteriormente desarrollados.

Algo que parece ir en contra de esta forma de explicar los hechos, tanto pasados como
presentes, es el marco teórico positivista. La forma de hacer Historia a finales del siglo XIX
estuvo marcada por el Positivismo. El modelo histórico que se aplicó durante este tiempo fue
una historia cronológica, lineal y con un marcado carácter político, es decir, una historia en la
que sólo importan los grandes personajes que han sido los motores de los cambios de la
Humanidad. Siguiendo con la metáfora cinematográfica, la Historia positivista sería algo
parecido a la forma de hacer cine clásico durante la primera mitad del siglo XX en Hollywood.
El objetivo era crear una historia oficial, que no real, al igual que el cine clásico norteamericano
estableció su Modo de Representación Institucional estableciendo una serie de normas. En el
caso de la Historia, creando su propia realidad solo a partir de las fuentes directas que se
encontraban en los archivos y las bibliotecas nacionales. A mi entender, la historia, desde el
punto de vista del Positivismo, se aleja de la realidad y el sentir personal de cada época, algo
que recuperará más tarde L`École des Annales y la Historia de las Culturas. “Según Duby, en
1
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n46/lzavala.html
1
esta época (finales del siglo XIX) la mayoría de los historiadores veteranos se dedicaban aún al
estudio del poder político, militar o religioso.” Y claro está que la historia no se puede explicar
únicamente desde estos puntos de vista, ¿acaso se pueden explicar las revoluciones que azotan
hoy a Oriente Medio únicamente desde un punto de vista político, militar o religioso? Antes de
abordar el concepto que intento defender, el de Historiador 2.0, me gustaría reseñar lo que
supone la superación del modelo positivista: L´Écoles des Annales y el caso del historiador
Edward Hallett Carr (1892-1982).

La visión de la historia como simplemente algo descriptivo y narrativo, aquella que se basaba
únicamente en estadísticas y estaba obsesionada con establecer el marco causa-efecto en todos
los acontecimientos, fue totalmente desmontada por la revista Annales d’histoire économique et
sociale, fundada en 1929 por March Bloch y Lucien Febvre. Ellos fueron los primeros en aplicar
la intertextualidad de la Red a la historia, es decir, entender la historia con un enfoque
interdisciplinario. El economista, François Simiand, planteó que había superar estos tres pilares
que hasta ahora habían regido la forma de escribir la historia: los ídolos políticos –en referencia
a la historia política y las guerras- ; los ídolos individuales –en referencia al protagonismo de
grandes héroes-; y la cronología lineal. Frente a esto, los Annales apostaron por: el fin de la
historia política; la importancia de la interdisciplinariedad; y la utilización de nuevos marcos
metodológicos, tales como el método comparativo, la historia abierta, la historia “glocal”, o la
historia multideterminada o compleja…

Desde los ’70, parece que muchos historiadores han adoptado este proyecto interdisciplinar
mezclando las fuentes directas con investigaciones antropológicas y/o sociológicas. Pero la
escuela de los Annales no se ha estancado en sus orígenes y ha evolucionado a una “Nueva
Historia”, es la historia que va más allá de los estudios sociológicos de sociedades. Estudia las
mentalidades individuales de cada época para hacerlas extensibles al sentir general de cada
momento. Se estudian las vidas cotidianas, aspectos como la concepción de la muerte en cada
época, el sexo, la mujer, la infancia… El historiador Michel Vovelle distinguió estos niveles
dentro del concepto de la Historia de las Mentalidades, un término que parece ir más allá de la
Historia Cultural o Historia de las Culturas. Esta manera de explicar el pasado a través de las
mentalidades se refiere a las sensaciones, a la psique individual y las relaciones culturales. En
definitiva, la historia del mundo interior de las personas y del mundo cultural.

En esta misma línea podíamos enmarcar el trabajo del historiador Edward Hallett Carr. Según
él, la historia es “compresión imaginativa” del pasado. Para él, el imaginario del historiador es
determinante a la hora de crear un discurso histórico. Para Carr, un declarado antiempírico, “el
historiador del pasado sólo puede acercarse a la objetividad si se aproxima a la comprensión del

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futuro.” Su trabajo consiste en analizar el pasado para explicar el presente y plantear hipótesis
sobre el devenir del futuro”. De esta forma y para realizar un discurso correcto se deben analizar
pequeñas parcelas de la totalidad. Así tendríamos: “historia social, política, religiosa, cultural,
de género, intelectual, imperial…” Cada uno con su método, con sus conclusiones y sus
variantes.

El caso es, ¿por qué no estudiar la historia de Argentina a través de la obra de Borges? ¿Por qué
no estudiar el nacimiento de los movimientos contraculturales de los 70’ a través del auge punk
musicalmente hablando? ¿Por qué no ir de las partes, aparentemente insignificantes, al todo y
no quedarnos en un discurso de grandes trazos y líneas generales? Es lo que se propone desde la
Historia de las Culturas y que recoge la investigadora Marisa González de Oleaga a través de
los trabajos de Beatriz Sarlo y Greil Marcus. Ella propone el estudio de las manifestaciones
artísticas, como la literatura o la música, para interpretar los procesos políticos que pasaron
desapercibidos para la historia oficial. Así pues, si estudiamos las obras de Borges, El simulacro
o Emma Zunz, podremos establecer una relación muy estrecha entre estas dos obras literarias y
el Peronismo en el país latinoamericano. Pero, más allá del propio Peronismo a nivel oficial, lo
que se nos propone es estudiar la obra de Borges para que nos demos cuenta de que la figura de
Eva Perón trascendió generaciones y se convirtió en un sentimiento y una pasión que unificó
por completo al país.

Con esto no se quiere decir que se tome la obra de Borges como un manual fidedigno de la
historia del país sino que se tiene que tomar como un tremendo fondo semántico del contexto de
esa época que sirve para hacer otra lectura diferente a la que siempre hemos aprendido. En el
caso del trabajo de Marcus focaliza su trabajo en el grupo de punk de los 70’, Sex Pistols como
metáfora de los movimientos contraculturales que llegaron a Europa (París y Praga en el 68’).
Ahora las posibilidades se multiplican, la cantidad de información que circula es cada vez más
rápido e inimaginable con lo que la presencia de los historiadores se hace imprescindible para
hacer una Historia del Tiempo Presente coherente pero alejada de discursos oficialistas. Por eso
el historiador 2.0, al igual que el periodista, tiene que hacer uso de las TICs “registrar,
seleccionar, actualizar y acceder” todos los hechos pero sin querer abarcarlo todo. La
utilización de esta tecnología, con la historia de las culturas como vehículo motor, es, desde mi
punto de vista, la mejor forma de empezar un discurso histórico que explique tanto la historia
del pasado como la historia del presente. Los riesgos con los que se tiene que hacer frente son la
excesiva especialización -convirtiéndonos así en los ignorantes que describía Ortega y Gasset- y
la pérdida del contexto. Pero aún quedarían preguntas sin contestar, ¿se extraerían las mismas
conclusiones si estudiamos la historia desde las partes –desde abajo- que si la estudiamos desde
el todo –desde arriba? ¿Tendríamos el mismo concepto de Guerra Fría si lo estudiáramos sólo

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desde el punto de vista de la vida cotidiana de las personas que si lo estudiáramos sólo desde el
punto de vista de las relaciones diplomáticas entre los dos bloques? ¿Cuál sería la versión más
fidedigna de los hechos?

Bibliografía

• García Simón, Agustín. 2009. “La narración y la Historia”. En: El País –


Tribuna. (07/11/2009)

• González de Oleaga, Marisa. 2005. “Historias Culturales: otras formas de


hacer historia”. En: Revista de Indias (núm. 234): 575-582.

• Juliá, Santos. 2010. “Por una comprensión imaginativa del pasado”. En:
El País – Pensamiento. (05/06/2010)

• Martínez Sanz, José Luis. 2001. “La influencia del movimiento de los
Anales”. En: Cuadernos de Historia Contemporánea. (núm. 23): 177-
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• Medina Doménech, Rosa. 2004. Eugenesia y formas de hacer historia.


Cuestiones para el debate. Granada, Universidad de Granada,
Departamento de Historia de la Ciencia.

• Rodríguez de las Heras, Antonio. 1998. “Principios de Historia del


Tiempo Presente”. En: Historia del Tiempo Presente. Teoría y
Metodología. Extremadura, Universidad de Extremadura.