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Declaración Política

La unidad es la garantía de la paz y la democracia

COMUNES, el partido nacido de los Acuerdos de Paz de La Habana, en cumplimiento de lo


mandatado por su segunda Asamblea Nacional, acaba de celebrar el IX Pleno de su Consejo Nacional
de los Comunes, en un ambiente de amplia democracia y fraternidad. En él hizo un balance del
trabajo de sus órganos de dirección nacional a tres años largos de su constitución, y se adoptaron las
decisiones requeridas por el momento político.

Todas las voces, posiciones y reclamos fueron escuchadas en completo respeto, sopesadas y
atendidas, poniendo como primer referente el bienestar del partido, su unidad y coherencia.
Colombia atraviesa por una grave crisis económica, política y social que requiere soluciones de
fondo, las cuales sólo pueden surgir de una propuesta política democrática, construida y defendida
de manera firme y sólida por todos los que participan en su elaboración.

Para nosotros es claro que la clave de la solución a esa crisis está en la fuerza de la gente en las calles
y las urnas, en su lucha decidida por la conquista del poder político y transformaciones necesarias.
Para nuestro país es evidente que solo una gran convergencia de todos los sectores democráticos, de
avanzada, de izquierda, progresistas, logrará imprimir realmente un viraje de importancia a la trágica
realidad nacional. Estamos dispuestos a darlo todo por contribuir a ese pacto histórico.

Son la paz, la vida y la democracia las que están en juego. Por primera vez, y gracias al poder
catalizador de los Acuerdos de Paz, existe la posibilidad real en nuestro país de que sectores distintos
a los tradicionales, con propuestas de desarrollo, justicia social y amplia participación, accedan
efectivamente al manejo de la nación. A su vez pesa sobre ella el riesgo de que la más extrema de las
derechas se afinque por cuatro años más en el manejo del Estado.

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Esto último significará la acentuación de la violencia estimulada por quienes anhelan hacer trizas los
Acuerdos de Paz, la prioridad para los grandes grupos económicos, que seguirán recibiendo a
chorros los billones del presupuesto nacional, el desempleo creciente, la pobreza, la miseria y la
brutal represión policial contra la gente humilde que protesta. La Colombia de Duque es la
demostración palpable de lo que significa el capitalismo salvaje para los pueblos.

Antes que ocuparse de la suerte de los compatriotas abandonados a su suerte, Duque destina sus
principales baterías a desacreditar y atacar impunemente los procesos democráticos alternativos
que no son de su agrado. Las repúblicas hermanas de Cuba y Venezuela sufren embates difamadores
e intervencionistas, del mismo modo que una posible victoria del correísmo en Ecuador se convierte
en importante objetivo a impedir para el régimen colombiano.

Esa actitud del gobierno actual empata definitivamente con su obsesión contra la paz en nuestro
país. El desinterés absoluto que demuestra por las garantías a la vida y la seguridad pactadas para los
firmantes de la paz, así como para los líderes sociales y comunitarios, sólo puede explicarse como la
decisión soterrada de propiciar la eliminación de las voces que disienten en las regiones con el orden
político, económico y social impuesto violentamente a la sombra de sus políticas.

El gobierno actual desconoce abiertamente todas las recomendaciones de la comunidad


internacional, sobre de la grave situación humanitaria que se vive en amplias regiones de nuestra
geografía, la mayoría de ellas incluidas en los planes de desarrollo contemplados en el Acuerdo de
Paz. Estamos ante un modelo de acumulación ilícita, funcional a los poderes nacional y regionales,
verdadera causa del desangre del que el gobierno Duque se desentiende olímpicamente.

Nuestra ruta es clara, la gran convergencia por la paz, la vida, la democracia y la justicia social, por la
defensa e implementación integral de los Acuerdos de La Habana. Con el pueblo colombiano
debemos propinar una derrota aplastante a la extrema que nos gobierna, llevando por primera vez
al poder a una fuerza distinta, que nos enrumbe hacia un destino mejor. Requerimos de un gobierno
democrático y un parlamento mayoritariamente favorable a él.

Nuestro deber es contribuir en todo cuanto esté a nuestro alcance porque se venzan las
prevenciones y diferencias, los celos y los personalismos, las viejas rencillas y las ambiciones
individuales. Para ello nuestro partido necesita una dirección unida, consecuente, firme en sus
propósitos y que trabaje incansablemente por materializarlos. Hacia allá se dirigieron principalmente
los esfuerzos de este Consejo Nacional de los Comunes.

Libramos en otros frentes la lucha por la verdad, porque nos comprometimos a reconocer nuestros
hechos y responsabilidades para satisfacción de las víctimas. Dejamos las armas, nos convertimos en

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partido político legal, pedimos perdón por el sufrimiento causado, y no nos cansaremos de trabajar
porque jamás se repitan los hechos abominables sucedidos durante el conflicto. Queremos una paz
real, por eso exigimos que los otros actores del conflicto proceden del mismo modo.

IX PLENO DEL CONSEJO NACIONAL DE LOS COMUNES

Rodrigo Londoño
Pablo Catatumbo
Julian Gallo
Rodrigo Granda
Fancy Orrego
Criselda Lobo
Jaime Parra
Pastor Alape Lascarro
Huber Ballesteros
Diego Ferney Tovar
Abelardo Caicedo
Fanny Castellanos
Feliza Vargas
Juan de Jesus Torres
Elmer Matta Caviedes

28 de febrero de 2021.