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REFLEXIÓN EDUCACIÓN EMOCIONAL

No es un secreto para nadie que la educación en nuestro país es anticuada y obsoleta, que
con el paso de los años y a medida que evoluciona la ciencia, las comunicaciones y la
tecnología, nuestro sistema educativo sigue funcionando de la misma manera que hace
décadas, obligando a millones de niños y jóvenes a formarse dentro de unas aulas de clase
donde se imparten conocimientos descontextualizados, de una manera anticuada en su
mayoría y más aún desconociendo aspectos importantes de la neurociencia en el proceso
de enseñanza.

La educación actual presenta tres errores que según el escritor español Eduard Punset
son: Primero, no tener en cuenta los avances de los estudios en neurociencia de manera
que sea claro que no se puede educar la razón aislando las emociones y que el cerebro es
un órgano increíblemente complejo pero muy plástico; el segundo error consiste en que la
educación actual no acepta que se debe lidiar con la gran diversidad que se halla en las
aulas de clase y al mismo tiempo con las muchas cosas que los niños tienen en común
como son sus emociones a la hora de reaccionar ante ciertas circunstancias; el tercer
error, radica en el hecho histórico de jerarquizar las asignaturas dando una mayor
importancia a las matemáticas, ciencias y humanidades, dejando de lado el arte, la
creatividad y la educación de las emociones.

Seguramente reflexionar solamente de estos tres errores representa en si una enorme


tarea y sobre todo un gran compromiso, ya que el conocimiento de estos obliga a los
docentes, universitarios que se preparan, académicos e investigadores a plantear
alternativas de solución y sobre todo nos hace más responsables a la hora de ingresar a un
aula de clases. Es evidente que se requiere un cambio de rumbo y este conocimiento nos
permite tener un punto de partida, similar a un proceso de autoevaluación donde se
identifican las oportunidades y amenazas; así que es momento no solamente de pensar
sino empezar a actuar desde las esferas de acción más simples, es decir, uno mismo.
Esto implica que nosotros empecemos a de construir esas teorías colectivas que tenemos
grabadas por culpa del sistema en el que nos educamos y de los gobiernos que
esquematizan unos procesos a su acomodo; comprendiendo que lo más importante no
son los conocimientos, la teoría, los saberes sino el ser y que esos niños que llegan a
nuestras aulas son seres con enormes capacidades, con virtudes y también defectos, pero
que tienen el potencial en su cerebro para desarrollar grandes cosas si comprendemos
decididamente que esto es posible sólo si no desligamos sus emociones del proceso.

De la misma manera, debemos aprender a identificar y empatizar con la diversidad,


pensar nuestro papel en el aula de clases y pensar el rol de cada estudiante; dejar de lado
esa idea casi generalizada del papel central del docente y buscar las alternativas y
estrategias que permitan a cada niño desarrollar sus habilidades y potenciarlas al máximo,
de acuerdo a sus necesidades. Tenemos que entender primero para que ellos también lo
entiendan que no todos pensamos igual y el hecho de que otro piense diferente de mi, no
indica que esté equivocado, que debemos empáticos, comprensivos, tolerantes, más en
un país como el nuestro donde la diversidad y la falta de comprensión por el otro es la
norma.

Por último, podemos dar los primeros pasos en la eliminación de las jerarquías de las
asignaturas. Seguramente esta será una tarea un poco más difícil ya que tenemos que
seguir las normas establecidas por la institución donde laboramos, quien a su vez sigue las
normas de la SEM, y ésta sigue las normas del MEN, que estipula en la misma ley general
de educación esta jerarquización. Seguramente en nuestras aulas y a través de proyectos
podemos ir cambiando esta idea, planteado ideas que no solo sean más contextualizadas
al lugar donde ejercemos sino a las características de cada niño, alejándonos cada vez más
de esas escuelas que dicen formar valores sociales y éticos, pero que a la hora de la
verdad dentro de sus currículos asignan los últimos lugres a estos aprendizajes y seguimos
teniendo niños que pueden tener muchos conocimientos pero que se desconocen a si
mismos y al manejo de sus emociones.

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