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EL DECÁLOGO DEL GOBERNANTE

1. Gobernante magnánimo es aquel que no sucumbe ante los espejismos de los elogios, el poder y
la fama, y asume su cargo con alegría y serenidad, por vocación de servicio y no como triunfo personal. Es
aquel que establece como razón de ser de su gestión construir un futuro digno, amable y próspero
para todos, partiendo de la dignidad humana y los derechos individuales, con base en un claro
sentido de la historia.

2. El gobernante grande sabe que la verdadera autoridad viene y depende exclusivamente de su


conducta, de su vida personal, coherencia, valores, principios, desprendimiento y desinterés, de
interpretar las necesidades y satisfactores de sus gobernados. Es aquel que entiende que aquello que haga,
tenga y diga en su vida pública y privada, debe ser transparente y limpio.

3. El gobernante recto no sólo es riguroso y exigente consigo mismo, sino también exige, sin tregua ni
contemplaciones, una gestión ejemplar, ética, eficaz y diligente a sus subalternos y a quienes administran
las empresas y programas que dependan de él. No usa su posición, los contratos, el poder y las conexiones
como trampolín para un cargo superior; sólo sus obras, sus ejecutorias y su personalidad pueden ser
argumento para ascender. Tampoco manipula la verdad, la noticia o la información para obtener
determinados resultados de la opinión pública.

4. El gobernante maduro se pregunta íntimamente: ¿Podré hacer esto y vivir en paz conmigo mismo,
aunque no me vean? Es capaz de rechazar en su interior, sin titubeos, la pregunta: ¿Podré hacer esto y
salir adelante, sin que se den cuenta? Es aquel que ve en los valores, criterio, carácter y voluntad de la
juventud, un mañana de paz, próspero y estable.

5. Gobernante digno es aquel: Cuya gestión depende de su capacidad de amar y darse a los demás: sin
nubes de colores partidistas, ambiciones personales, compromisos políticos, regionalismos o pasiones...
Que valora las personas por lo que son y no por lo que valen y puedan aportar; es capaz de mantener
independencia y distancia de los grupos económicos, por poderosos que sean; prioriza los derechos de
los individuos dentro de una cultura solidaria… Que busca la unidad más que dividir para triunfar…
Conciliador, que une y evita la confrontación… Que es constante y abanderado de la concordia…

6. Gobernante justo es aquel: Que cifra el éxito de su gestión en la realización plena como persona humana
de los residentes de su territorio, amigos, rivales y desconocidos; que administra teniendo como misión
y marco de acción los valores humanos; constante defensor de los más débiles, de sus enemigos, de los
derechos humanos, de la justicia justa, de la paz, de la prensa independiente y veraz, de la educación
apropiada y suficiente, de los valores; que sabe y es consciente de que desarrollo económico sin desarrollo
humano integral no es posible, ni es justo; que tiene presente que, frente a la necesidad de desarrollo, ni
el socialismo reduccionista ni el capitalismo esclavizante son lícitos, y sabe que la propuesta personalista-
solidaria es la justa y liberadora: una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación... de
manera que considere los factores humanos y morales, y satisfaga las exigencias fundamentales de toda la sociedad.
7. El gobernante prudente: Sabe oír serenamente "las dos versiones de un conflicto", las pondera y obra
en consecuencia. Atiende, interpreta y prevé las necesidades de las regiones y de las personas: grandes y
pequeñas, pobres y ricos, poderosos y humildes. Siempre busca proponer una nueva concepción del
Estado que responda a las esperanzas y realidades del momento, velando porque se mantenga una clara
dependencia entre la libertad humana y la verdad del hombre. De tal manera, que jamás caiga la verdad
en el arbitrio y sea sometida a las pasiones más viles y termine por destruirse a sí misma.

8. El gobernante bueno es aquel: Que tiene como soporte y meta de su gestión la búsqueda de la verdad y
lo correcto: la libertad, los valores de la persona y el bien común; que entiende que la lealtad de los amigos
se puede medir por su valor cuando le dicen la verdad, aun cuando saben que no le va a gustar, y agradece
la forma delicada y oportuna de hacerle saber y ver sus defectos; Que estimula y valora la opinión de sus
émulos y les reconoce sus logros y virtudes; que forja discípulos que algún día lo puedan superar y
reemplazar, y ser la continuación de un espíritu y unas ideas.

9. El gobernante responsable es aquel: Que estudia, se informa, está actualizado, consulta y se asegura de
que sus propuestas, programas y sueños, más que atractivos y populares, sean viables, útiles y prioritarios
para la comunidad; luego delega la ejecución de éstos, pero asume directa y personalmente la supervisión
y el desarrollo de los mismos; que tiene visión a largo plazo y evita a toda costa el inmediatismo sin medir
los costos políticos personales; que reconoce los límites de su poder y el de la intervención del Estado... Sabe
que el individuo, la familia y la sociedad son anteriores a éste y que el Estado mismo existe para tutelar los derechos de
aquél y de éstas, y no para sofocarlo.

10. El gobernante coherente es aquel que: entiende que su gestión tiene como fin servir
incondicionalmente a la persona; que sabe que su quehacer implica sacrificio, entrega y desprendimiento.