Está en la página 1de 26

Poética

Escuchar la voz de los fantasmas


escuchar el sonido de la voz
recoger el eco de las voces
y devolverle el cuerpo a los fantasmas.
Espejismos

Y si la luz del sol


brillara lo suficiente
podría desvanecer
en su luminosidad
tus cicatrices
y hacernos creer
que no te duele más
la herida.
La niña y el monstruo

Escena prima furtiva y solitaria


la intimidad
de la niña
y el monstruo
de su fantasia.

Ella le ofrece un tomate


y el monstruo lo saborea
feliz.

La escena prima funda


en esa amistad secreta y subterránea
un libre albedrío
desafiante y subversivo
en esa pequeña niña que
a espaldas de sus mayores
comprate una tajada de tomate
con una vieja tortuga.
Contemplación del sueño del amante

En la cadencia de tu respiración
se anuncia
el abandono de tu cuerpo
a la gravedad
de la materia vulnerable
animal desnudo
de deseos
y reparos
eres,
en ese instante,
heromoso,
como la humanidad
Conciencia

Y cómo aceptar este deterioro,


esta conciencia
de mis células,
que se desgajan,
esta conciencia plena
de la mortalidad y,
al mismo tiempo,
freír un huevo,
lavar los platos,
gozar de tu risa
cuando parece llenar el aire.
Y así nomás
tomar el metro
asistir a clases
deslizar mis dedos
por tu suave cabello
cuando los propios dedos
amenazan con romperse
y un dolor agudo,
pinche dolor,
insiste
en que este cuerpo,
sí,
mi cuerpo,
pero también el tuyo
y el del otro
y el de aquel
vive en en el tiempo
y se desgasta,
cómo aceptar
que este cuerpo
lleva inscrita
la fecha de su caducidad
cuando estás a mi lado
y cantas.
Zoster

Volvieron los azules submarinos


a bombardear
esta vez
aquel virus
que se expande
en mi piel.
Mi piel.
¿Cómo es mía mi piel
y no del virus?
¿Cómo soy yo
en esa piel
que no es la piel
que yo recuerdo?
¿Quién es este tiritar?
¿Quién este largo escalofrío?
El mundo gira

Detras de los cristales


anhelo la visita
de las leves criaturas aladas,
el retozo de las ardillas,
el sol del atardecer sobre la nieve.
Todo ello me recuerda
que el mundo gira
indiferente a mis tribulaciones.
Pequeño artefacto de la memoria

Un pequeño pocillo
de madera pulida
pintado a mano con diseños
que repiten antiguas tradiciones

Un pequeño artefacto de la memoria


venido de lejos
ahora distante
de aquella que lo hizo
repitiendo las lecciones
de sus mayores

Tomo una almendra


del pocillo
pequeño artefacto de la memoria
y me remite
a ese instante
en que me lo diste.

Pienso en tu amistad
y tu compassion
y en todos los caminos
por los que viaja la memoria
contenida
en un pocillo
de madera pulida.
Sobre una foto de Oscar París

Ilumina, luz,
ese objeto entre los dedos,
pero ilumina, también, los dedos, la piel, los años,
que no todo lo que brilla...
No,
no todo,
y, sin embargo,
ilumina, luz,
el deseo y su llamada,
haznos, luz,
humanos.
Buen retorno

Se aseguran de tener acceso


a mis venas
mi flujo sanguíneo abierto
afluente para las drogas y la sangre
un minúsculo portal abierto
en el doblez de mi brazo.
Decir nada

Se alarga el día en la ventana.

Nada dura para siempre,


ni siquiera la noche dura.

No digas nada
ni todo
ni nunca.
Guárdate las ansias de absoluto.

El lenguaje no es más
que un agujero negro.
Las manos

Despertarse boca arriba


en una cama de hospital
y ver
de una
apenas
las manos,
pero manos
que no parecen las de una,
que no parecen
ni siquiera
manos
y que parecen,
más bien,
un guante de jebe
inflado en globo,
una colección de salchichas,
no las propias manos,
no los propios dedos
y nudillos
y uñas
y falanges,
nuestras manos,
vueltas objeto ajeno
una cosa otra
que no son nuestras manos
y da casi risa
y casi temor
ver esas cosas otras
en lugar de nuestras manos.
Y caer de nuevo en la inconsciencia
como en un pozo sin fondo
y al despertar descubrir
que ha pasado
un día, una hora, un mes, un año
y volver a ver
las propias manos
que ahora parecen volver
de una pesadilla
de inanición
unos huesos sostenidos
por membranas transparentes
nuestras manos
otra cosa
que acaso
sea yo,
ansiando despertar
de esa otra pesadilla,
de ese pozo sin fondo
y volver a ver en las propias manos
solamente eso,
manos.
Llamada

Lanzar al mar
un mensaje
en una botella.

No se pierde nada.
Cuando mucho
una botella.
Melancolía

De vez en cuando
se me encoge el corazón
el metafórico
con una emoción que es también
una aceleración de los latidos
una suspensión del aliento
un dolor
como una presión en las costillas
y pienso
en ese corazón
que llevo conmigo
como un tesoro, un talismán, un secreto
que me hubiera robado
y en ti,
legitimo dueño
que no conoceré.
Entonces
se me llenan los pulmones
de una inexorable melancolía.
Pájaros

Hoy viniero todos


esos pequeños
saurios alados:

una pareja de pinzones


amarillos,
otros
colorados,
cardenales,
un pájaro carpintero,
gorriones varios,
un petirrojo
y un pájaro junco.

Y yo aquí,
anidando en la ventana.
Restos

Sabiendo
que todo cambia
o se deteriora
o se desvanece
¿cómo no te sorprende
esa permanencia
de los objetos...
que siga sobre la mesa
el libro que dejaste sobre la mesa
ni que siga en la taza,
como esperando,
el resto del café?
Inútil gesto

Qué inútil gesto


profetizar la primavera
dirás,
si la primavera llega,
todos los años,
tarde o temprano,
pero llega.
Y, sin embargo,
cuando el tiempo
nos tratoca los saberes
y lo impensable
invade sin vergüenza
nuestras vidas,
anhelo el buen augurio
de una modesta promesa:
así que dime
que
uno de estos días
acabará el invierno.
Incertidumbre

Y qué temor es este que me asalta


si había renunciado ya a la certidumbre
de volver a encontrar
lo que se añora

si había hecho ya
las paces con la muerte
sabiendo que volvería un día
a reclamar lo suyo.

La humana ansiedad me acecha


Y me demora
como un cachorro que demanda
mi cuidado
y que en medio de susurrus
me recuerda

amores truncos
destinos desarmados
páginas no escritas
libros abandonados.
Recuerdos

Recuerdos como pájaros


y yo
admirando su vuelo
sabiendo que prefiero
verlos volar
que atrapados
en mi melancolía.
Precaria Materia

Todas y cada una de las partes


que hoy me duelen
demandan
atención individual.
Todas y cada una de mis articulaciones,
las que sostienen la pluma,
pero también las grandes,
los codos los hombros las rodillas
los misteriosos huesecillos
que sostienen
las plantas de mis pies,
todos
una sarta de junkies
que gritan
que quieren esteroides
y que los quieren ya.
Y mi piel,
mi piel protesta
ante el abuso
que la dejó
expuesta frágil vulnerable
a la cruda pasión
de los rayos del sol.
Lo mismo los huesos,
asustados,
quebradizos,
se estremecen
y susurran advertencias
de algún trémulo recuerdo.
Los riñones piden agua
y los dientes
amenazan
dimitir.
Y yo en el medio,
esforzada malabarista,
intentando mantener el equilibrio
de mi precaria materia,
confiando a duras penas
en el latido
de un intrépido corazón.
Banales pérdidas

Hay días así


en que no se puede hacer más
que llorar sobre la leche derramada.
El léxico del amante

Para J.G.

Fracción de eyección
válvula mitral
catéter
cánula
toracentesis
pericardio
máquina de
oxigenación por membrana extracorpórea
aparato de asistencia ventricular
hemorragia gastrointestinal
lista de transplantes
rechazo orgánico...
supongo que no eran esas las plabras
que imaginabas que necesitarías
para hablar de mi corazón.
De/Esperanza

Mañana
va a salir el sol.

¿Cuántas veces va a ser


ese
mi Consuelo?
Bestiario

Con frecuencia sueño


con mascotas extrañas:
una pequeña foca,
un par de monos,
a veces me encuentro
con un minúsculo armadillo.

¡Caray!
¿Cómo habré de cuidar
de este portentoso bestiario
que habita mis sueños?

Mi gata,
dormida en mi silla favorita,
se reacomoda,
altera
levemente
su posición
y murmura su desdén.
Cuarentena

Tener la paciencia de la tierra


tener la paciencia de la lilas
y mirar por la ventana
el lento paso de la primavera.