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EL PODER DIVINO DE LOS REYES

(DOMAT Y LUIS XV)

Domat

“Para tratar a fondo el Derecho Público en su extensión y tal como está en uso en vuestro Reino es
preciso comenzar por los fundamentos de la autoridad y del poder que Dios ha puesto en la persona
sacrosanta de vuestra Majestad para gobernarlo, de los derechos ligados a ese poder, de la veneración,
de la obediencia y de la fidelidad que le deben sus súbditos y a todas sus órdenes. Es preciso entrar
en el detalle de los derechos que encierran el uso de ese poder en paz y en guerra, las fuerzas y las
otras ayudas necesarias para hacer subsistir el Estado en orden y tranquilidad y defenderle contra las
empresas de los enemigos. Es preciso tratar en él de la policía general del Reino, los diferentes
estamentos de personas que componen el Estado, de sus funciones, de sus deberes, del arte militar, de
las finanzas, de la Administración de Justicia, del castigo de los crímenes, del orden judicial, de los
deberes de los jueces y de todo el detalle que estas partes generales del orden público deben incluir.
Como son todas estas materias las que ocupan a vuestra Majestad y que son el objeto más digno del
uso de su poder, yo he intentado, para responder en tanto que me ha sido posible a su dignidad y al
gran celo de vuestra Majestad y por la Religión y por la Justicia, fundar sobre los principios de la una
y de la otra las materias del Derecho Público. Pues como el orden público es la obra de Dios mismo,
que dispone del gobierno de todos los Estados, que da a los reyes y a los otros príncipes todo su poder
y que regula el uso y el orden del cuerpo de la sociedad de los hombres de los cuales él ha puesto los
Jefes, es en la fuerza de las verdades que él nos enseña por la Religión y en las luces naturales de la
justicia y de la equidad donde es preciso profundizar el detalle de la reglas del Derecho Público.”

Domat, “Dedicatoria al rey Luis XIV”, en Les lois civiles


Dans leur ordre naturel, segunda parte, derecho público, 1689

Luis XV

“Los derechos y los intereses de la nación de los que se osa hacer un cuerpo separado del monarca
están necesariamente unidos con los míos y no reposan más que en mis manos. No soportaré que se
forme en mi reino una asociación que haría degeneran en una confederación de resistencia el vínculo
natural de los mismos deberes y de las obligaciones comunes, ni que se introduzca en la monarquía
un cuerpo imaginario que no podría más que enturbiar la armonía de ésta …En mi persona sola reside
el poder soberano, cuyo carácter propio es el espíritu de consejo, de justicia y de razón … La plenitud
de esta autoridad, que los tribunales no ejercen más que en mi nombre, permanece siempre en mí y
su uso no puede ser jamás usado contra mí.”

Luis XV en el Parlamento de París, 3 de marzo de 1766