Está en la página 1de 7

DEL LIBRO DESCUBRIR EL CAMINO.

Editorial Bonum, Buenos Aires.

© Marina Müller

2da. parte

8. ORIENTACION VOCACIONAL OCUPACIONAL /


PROFESIONAL: UN ÁREA DE TRABAJO TAMBIÉN PARA
PSICOPEDAGOGOS.

La O.V. es una de las incumbencias laborales psicopedagógicas. Aquí


intentaré fundamentarlo.

En la docencia universitaria y de posgrado, encuentro con cierta


frecuencia la pregunta: ¿están preparados los psicopedagogos para ser
orientadores vocacionales? Otra variante de esta pregunta es: ¿la O.V. es
una tarea de los psicopedagogos, o de los psicólogos?

Resulta difícil compartir campos ocupacionales, parece más fácil excluir -


aunque por lo común esto se realice a costa de un empobrecimiento para
quienes se arrogan el poder de arbitrar las exclusiones.-

Compartir aspectos de la formación académica de grado:

la carrera de Psicopedagogía tiene aproximadamente un 70 % de materias en


común, en su denominación y contenidos, con la de Psicología. Desde su
creación, Psicopedagogía tiene en esa universidad la materia de O.V.. En
cambio, en Psicología su aprendizaje está supeditado a incluir la temática en
la materia Psicología de las Organizaciones Educativas o Psicología
Educacional, y como opcional en el último año de la carrera.

Compartir áreas e incumbencias de trabajo:

Psicopedagogía, Psicología y Ciencias de la Educación en su especialidad


psicopedagógica están habilitadas - o pueden estarlo - para preparar
orientadores. Muchos planes de estudio terciarios de Psicopedagogía brindan
una sólida formación en cuanto a la clínica y la orientación vocacional, más
allá de las discusiones respecto a las incumbencias.

Existe la idea que orientar vocacional-ocupacionalmente es una actividad


relativamente simple. Nada más lejos de la realidad.
La O.V. es un área de gran importancia, en el sistema educativo y en
relación a la salud mental. Promueve el aprendizaje de elecciones, la
información educativa y laboral y la elaboración de proyectos, previniendo
eventuales fracasos académicos, vocacionales y ocupacionales. Requiere una
formación clínica profunda, individual y grupal, para comprender y
acompañar la resolución de problemáticas en la estructuración de la
subjetividad y en el aprendizaje de un lugar social-ocupacional a través de
una historia familiar y personal.

Tiene como objetivos el autoconocimiento de esa subjetividad y el


conocimiento de la realidad socio-económica, cultural y educacional, para
elaborar proyectos personales atentos a la inserción social-laboral.

Compartir fundamentos teóricos, estrategias y técnicas:

La habilitación de un campo profesional supone una capacitación mínima


para desempeñarlo, aunque no asegura la eficiencia, la cual es
responsabilidad de cada profesional, de las instituciones de formación
académica y de posgrado, y de las asociaciones profesionales en su
conjunto.

Las dudas con respecto a esta incumbencia parecen referidas a un


conflicto con la identidad profesional, que lleva a muchas psicopedagogas a
desconfiar de sí mismas como profesionales en algunos abordajes, como el
que estamos tratando.

¿Por qué me refiero especialmente a algunas psicopedagogas? Son muy


pocos los psicopedagogos varones, y no conozco ninguno que exprese
dificultades en cuanto a la posibilidad de asumir una tarea de su
incumbencia laboral, aunque esta tarea, tanto como a las psicopedagogas,
les pueda ocasionar conflictos por iniciarse en ella o por los emergentes
específicos de cada situación.

Conozco en cambio muchas psicopedagogas, o futuras psicopedagogas,


que dudan de sus aptitudes o su "autorización" interna y/o externa para
desempeñar el rol orientador.

Esto se relaciona con un tema sumamente complejo, el aprendizaje de la


identidad de género femenino y el desempeño del rol ocupacional por parte
de las mujeres.

En el caso específico de la Psicopedagogía, se vincula con las motivaciones


manifiestas y subyacentes que llevan a una absoluta mayoría femenina a
elegir esta opción vocacional.

Psicopedagogía es una de las carreras más "femeninas", como lo es


también la docencia preescolar y primaria.
La socialización del género femenino nos enseña a las mujeres a
ocuparnos de los demás, en funciones de cuidado, protección, contención y
empatía, de modo que nos predispone a la elección y el ejercicio profesional
en esa misma dirección.

Muchas mujeres afirman su deseo primordial de ser felices como personas,


supeditando el desarrollo y el éxito vocacional-ocupacional al cultivo
eminente del rol que daría esa felicidad: ser esposas y madres. Más allá de
las dificultades específicas y de la crisis y el malestar frecuentes en el
ejercicio de estos roles privados, por los cambios históricos, sociales y
culturales, es reciente el protagonismo femenino en la vida pública
(profesional, política, gremial), ya que el mandato social ancestral indicaba
que debíamos ser y vivir a través y al servicio de otros (marido e hijos).

El desempeño profesional es protagónico, implica ocuparse y preocuparse


por hacerlo bien; mostrarse, exponerse a la mirada y al juicio evaluativo de
los demás colegas, de los consultantes, de otras personas que trabajan con
nosotros y de la sociedad que reconoce nuestro trabajo. Estos lugares son
aún novedosos para las mujeres; en milenios de historia, sólo comenzamos a
producirlos y ampliarlos en las últimas décadas. De modo que no resultan
fáciles de ocupar; son roles a construir, como es el caso de la
Psicopedagogía, profesión de sólo algo más de cincuenta años.

Uno de los supuestos persistentes en esta profesión es que sus


profesionales se dedican a atender a niños preescolares y escolares, siendo
menos transitados y más novedosos otros campos laborales: bebés,
adolescentes, adultos, padres, familias, instituciones, empresas, tercera
edad...

Así, la O.V., realizada principalmente durante la escolaridad secundaria o


terciaria-universitaria y aún durante las diversas etapas de la vida adulta,
no ha recibido tanta atención en Psicopedagogía como por ejemplo, el
tratamiento de problemas del aprendizaje escolar. En esto, la O.V. refleja el
recorrido por etapas de la psicopedagogía, que partió de una formación para
la atención eminentemente individual de los "alumnos-problema", pasando
luego a ocuparse de la familia, los grupos e instituciones de aprendizaje,
para preguntarse, desde hace pocos años, por la inserción preventiva,
salugénica y social de su quehacer.

Otros cuestionamientos de la incumbencia orientadora para la


Psicopedagogía provienen de algunos psicólogos y psicólogas. En estos casos
podríamos pensar que se trata de una desinformación con respecto al
currículo académico y al campo profesional de la psicopedagogía. En algunas
ocasiones se trata de prejuicios, o de rechazo hacia formaciones
profesionales provenientes de universidades privadas, y aún cabe suponer,
de rivalidades laborales que intentan sostener feudos ocupacionales
intangibles.

Compartir campos laborales implica aprender a compartir, en un doble


movimiento de respeto a las diferencias de formación y reconocimiento de las
semejanzas en cuanto a teorías, metodologías y técnicas a utilizar.

Por otra parte, ha trascurrido mucho tiempo desde que se esperaba de la


O.V. la aplicación de una serie de tests para "ver qué salía" en ellos acerca de
alguien que pedía ayuda para tomar decisiones.

Todos reconocemos hoy el protagonismo de los consultantes, su trabajo


intransferible para sacar a luz el sentido de sus deseos y elaborar sus
proyectos, construyendo su lugar en el mundo social-laboral, que es una
forma profunda de cumplimiento de su ser mediante el hacer.

Los orientadores, pese a la crisis del sujeto posmoderno, llevamos a un


primer plano la pregunta por el sujeto que demanda nuestros servicios, y le
acompañamos en su proceso de autointerrogación, en su camino hacia
llegar a ser.

Quien solicita orientación es alguien original, distinto/distinta a cualquier


otra persona, con conflictos y problemáticas propios marcados por
recorridos intransferibles.

La O.V. le brinda un lugar y un tiempo especiales para preguntarse sobre


sí y sobre su lugar en el mundo. Esto atraviesa múltiples aspectos que
hacen a un sentido social, familiar, personal de esa conflictiva irrepetible.

Los orientadores escuchamos, recibimos, re-planteamos las demandas,


intervenimos con nuestro conocer y nuestro ser, con nuestra historia y
nuestra corporalidad, con nuestra conciencia y nuestro inconciente, para
acompañar a los orientandos a des-cubrirse y a construir sus proyectos.

¿Cómo llegamos a convertirnos en orientadores? ¿Cuál es nuestra


identidad profesional, cuál es su proceso de construcción?

Desde la psicopedagogía, existe una dificultad epistemológica, quizás


consecuencia de las utopías racionalistas de la modernidad: pensar el
aprendizaje, la identidad profesional, la elección vocacional... como
entidades ideales, exentas de conflicto, o capaces de llegar a superarlos.

Sin embargo, vivimos sumergidos en la conflictividad de la existencia, en


medio de una crisis histórica, social, cultural, que conmociona, condiciona y
acrecienta nuestras crisis personales.

Crisis es cuestionamiento, ruptura, declinación de un orden.


Crisis es reordenamiento, discernimiento, posibilidad de cambio, apertura a
la creatividad.

Crisis de identidad, de sentido, de finalidades, de valores.


Crisis de campos profesionales.

¿Estudiar psicopedagogía, o psicología, hacer orientación vocacional, para


qué? ¿Trabajar, en qué, para qué, para quiénes?

Trabajo, es al mismo tiempo definición de identidad, entrecruzamiento y


reordenación de identificaciones: ser psicopedagoga, psicopedagogo...

Al hacer psicopedagogía, al hacer orientación vocacional, estoy


haciéndome, estoy siendo yo misma, yo mismo... estoy realizando mi
vocación primordial: desplegar mi humanidad con otros, para un
crecimiento compartido.

Trabajo que es fuente de autonomía personal, modo de seguir creciendo, al


ayudar a crecer a otros... posibilidad de creación, de experimentar el placer
de ser haciendo y acompañando a ser... Delimitación de un lugar social-
laboral, útil para otros y para cada profesional.

Por esto, la O. V. es a la vez, orientación ocupacional, que incluye no


solamente a los orientandos, sino a los orientadores, en especial a quienes
están aprendiendo el rol.

Así, los interrogantes de quienes consultan, alcanzan a quienes orientan: a


partir de las clásicas preguntas adolescentes, seguimos indagando: ¿cuáles
son nuestros obstáculos para definirnos en el hacer? ¿Cuáles son nuestras
posibilidades, nuestros límites, nuestros miedos?... ¿nuestros sueños y
fantasías?... ¿los mitos familiares y personales que nos dieron forma?... ¿los
proyectos que dan más vida a nuestra vida?...

La O.V. es una tarea individual, grupal, institucional.


Dispone de numerosos recursos para realizarse en esos diversos ámbitos.

Si bien los ejes se sostienen en el marco teórico-técnico y operacional de


las entrevistas clínicas individuales o grupales, distintas técnicas pueden
convertirse en valiosos auxiliares de la tarea. Estas variantes operan como
disparadores de la subjetividad de los consultantes, como mediadores del
interjuego grupal y de las relaciones transferenciales hacia la tarea y hacia
los orientadores, son aperturas para registrar informaciones y reelaborar el
conocimiento de la realidad.

Propuestas que apuntan a aprender a elegir, a definir y recorrer los


propios proyectos asumiendo las dificultades y las limitaciones con
creatividad.
Ahora bien, nuestra tarea orientadora opera en determinadas condiciones
sociales, culturales, laborales, en un contexto.

¿Cómo estamos en Latinoamérica y Argentina en la actualidad, en cuanto a


diversos aspectos específicos de la O.V.: oportunidades educativas, empleo y
desocupación, situación laboral de la mujer y de la generación juvenil,
desarrollo industrial, etc.?

En Argentina hay desempleo, o empleo en condiciones precarias, no sólo en


los adultos sino en los jóvenes, así como fracaso y la deserción escolar en
todos los niveles educativos. Aumenta la franja de pobreza y la marginalidad
social y económica, hay falta de seguridad por aumento de la delincuencia,
mayor violencia social, falta de oportunidades...

La tecnología, de creciente avance y sofisticación, no está al servicio del ser


humano, sino al contrario: lo manipula y lo convierte en su sirviente.

¿Cómo repercute esto en la cultura juvenil emergente en este siglo, y en la


posibilidad de hacer proyectos? Produce en las nuevas generaciones una
sensación de desesperanza, intensa dificultad para elaborar proyectos...

Los jóvenes encuentran mucha dificultad para hallar su lugar en un


mundo signado por el desencanto y la indiferencia ante la búsqueda del
sentido.

Una revista de cultura tituló su primera página: 'SER JOVEN MATA',


señalando la falta de oportunidades y los problemas sociales y económicos
de un sector significativo de la juventud argentina.

En cuanto al sistema escolar, los docentes muchas veces no promovemos


la posibilidad de pensar críticamente, o de aprender a elegir. Una muestra de
la dificultad de los alumnos para aprender a elegir es la demanda de
obediencia a pautas académicas que paralizan la iniciativa.

Una posibilidad de desarrollar la autonomía es hacer las cosas como se


puede, aún con equivocaciones, lo cual lleva a chicos y grandes a construir
sus propios aprendizajes.

Hacemos Orientación Vocacional partiendo de estas difíciles realidades.


Por lo cual no podemos trabajar en forma parcializada, individualista,
considerando los problemas como emergentes de subjetividades aisladas,
explicables y analizables en forma abstracta, sacados de su "campo" de
sentido y de relaciones socioculturales, históricas, geográficas,
intersubjetivas, trans-subjetivas, ecológicas....
Los desafíos de nuestros contextos socioeconómicos, culturales,
educativos, históricos, nos interpelan en nuestro papel de orientadores.

La complejidad de estos campos de trabajo, el entrecruzamiento de sus


variables y las cuestiones emergentes hacen imprescindible que trabajemos
con rigor y con espíritu creativo, para profundizar en la reelaboración teórica
y en las propuestas operativas.

¿Cómo pueden intervenir los psicopedagogos - en su gran mayoría mujeres


-, junto con otros profesionales de la salud y la educación, para que esto se
produzca?

Para que quienes trabajamos en los campos de la salud mental y la


educación sigamos enarbolando la esperanza de edificar con nuestro
quehacer cotidiano, un sistema educativo e instituciones de la salud que se
esfuercen por ser ámbitos de igualdad de oportunidades
para chicos y chicas,
para jóvenes, adultos,
y personas de la tercera edad,
para los que tienen y pueden más
y los que tienen y pueden menos,
para los capaces y los discapaces,
para conocer, pensar, sentir, amar.

Para aprender a ser solidarios,


a respetar a los demás,
a aceptar las diferencias,
aprender a elegir,
y aprender a trabajar
con gozo y responsabilidad.

Para promover la vida y acrecentar su calidad.

También podría gustarte