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GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL FRANQUISMO

Inmaculada Blasco Herranz


Universidad de La Laguna

¿Cómo construyó la nación al género durante el franquismo? ¿De qué


manera estuvo presente el género en la configuración de los imaginarios nacio­
nalistas españoles y qué papel tuvo en el proyecto de españolización? Estas
preguntas pretenden poner en relación dos categorías analíticas que hasta hace
poco tiempo no habían sido confrontadas, al menos de una manera explicita
y sistemática, ni para este ni para otros periodos de la historia contemporánea
de España. Se trataría, dicho de otro modo, de comprender el grado de imbri­
cación de discursos de género en la construcción del nacionalismo franquista
yen su proyecto de españolizaciónl • Y, por otro lado, de analizar las formas en
que el nacionalismo estuvo implicado en el diseño de un determinado ideal
de mujer (y también de hombre), que confirió una impronta novedosa al más
tradicional discurso sobre la diferencia sexual. Esto último supone reconocer
que, como ha señalado Inbal Ofer, las «nociones de catolicismo, hipernaciona­
lismo y feminidad trabajaron en compleja red de identificaciones»2.
Las dificultades con las que topa el intento por resolver estos interrogan­
tes son varias. En primer lugar, como ha afirmado Ismael Saz Campos, la
historiografía española no ha mostrado un interés por el componente nacio­
nalista durante el franquismo, y el debate sobre la nacionalización española
se ha planteado como si ésta se desarrollara fundamentalmente en el siglo XIX
y las primeras décadas del xx. En cierto modo, se ha dado por supuesto el
nacionalismo español del franquismo, pero escasamente se ha investigado
sus elementos, proyectos y dinámicas 3• Con lo cual, apenas encontramos

1 Han abordado explicitamente el análisis de la relación entre género y nación, desde


distintas perspectivas, D. BUSsy-GBNBVOIS, «Les visages féminins de I'Espagne»; X. ANDRBU
MIRALLES, «Retrata de família» y M.-A. OROBON, "El cuerpo de la naciÓn». Véase igualmente
«Género, sexo y nación», dossier coordinado por A. AGUADO Y M. YUSTA. Agradezco a Blanca
Divassón, Ángela Cenarro y Toni Morant la atenta lectura que hicieron del borrador y sus
apreciaciones críticas sobre el mismo, así como aFerran Archilés su generosa disponibilidad
para proporcionarme referencias bibliográficas e historiográficas para su elaboración.
21. OPER, «A "New" Woman for a "New" Spain», p. 585.
3l. SAZ CAMPOS, España contra España, p. 3. Este desinterés se debe fundanJentalmente a que los
estudios del fascismo en general, y del franquismo en particular, no mostraron hasta tiempos muy

Stéphane MICHONNEAU y Xosé M. NúflBZ SEIXAS (eds.), Imaginarias y representaciones de España


durante el frana1.l1t,mn ('nl1""rtt.n." A.... 1.. r ........ A~ 'tr_1.t ____ ~"- 11 ~ .. '\ .. ~ •• ~ - -­
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estudios históricos que aborden la cuestión del (de los) nacionalismo(s) en manejo de categorías de análisis habría que añadir una comprensión, salvo
el franquismo, si bien existe toda una tradición de investigación en torno a excepciones, del género como sinónimo de mujeres y de feminidad (las
un concepto que definió muy bien, en su momento y posteriormente, lo que construcciones históricas sobre la feminidad), lo cual implica la exclusión
se consideraba el núcleo de la ideología nacionalista española del régimen: de las concepciones de lo masculino y también de las relaciones que se esta­
el nacionalcatolicism0 4• Por otra parte, a esto habría que añadir que ni en el blecen entre ambas conceptualizaciones (en el sentido de concepciones de
trabajo de Saz, más reflexivo e inserto en la discusión sobre nacionalismo y lo masculino y de lo femenino en interrelación)8. En relación con lo pri­
construcción nacional, ni en los clásicos estudios sobre nacionalcatolidsmo mero, y para el caso concreto del franquismo, las investigadoras feministas
se aborda la relación entre proyectos nacionalistas españoles y discursos han prestado atención, en consecuencia, a la centralidad que los discursos
de géneroS. Este silencio, sintomático si tenemos en cuenta la disemina­ sobre la feminidad tuvieron tanto para la consolidación del régimen como
ción de imágenes y metáforas de lo femenino para describir la nación, su para (y sobre todo) la configuración (e imposición) de un modelo de mujer
pasado y su futuro, es compartido no solo por la investigación española extraordinariamente rígido. cuya contestación tuvo que seguir necesaria­
en torno a la construcción nacional española referida a otros períodos de mente sinuosos y sutiles caminos9 • El problema no es tanto que cuando
la historia contemporánea de España, sino también por los estudios más se trata de investigar a las mujeres otros criterios de identidad, como el
generales, e internacionales, acerca del nacionalismo. Podríamos zanjar el nacional, quedan relegados a un segundo plano o ni siquiera aparecen, sino
asunto recurriendo a la explicación de que la historiografía general opera que no se atiende a la interrelación entre categorías clasificatorias, es decir,
con unos criterios de relevancia que convierten las cuestiones relativas a a cómo en la definición de unas determinadas atribuciones de feminidad
las mujeres y al género en marginales y no significativas. No obstante, más impacta de manera clara la adscripción nacional y los símbolos a través de
sugerente resulta el argumento desarrollado por Silke Wenk a propósito de los cuales ésta se articula.
esta ausencia en el trabajo de Benedict Anderson acerca de las «comunida­ Esta contribución pretende abrir cauces de investigación fruto de la puesta
des imaginadas», argumento que gira en torno a la idea de que la diferencia en relación de sendos campos de análisis. No se pretende agotar las posibili­
sexual estructura implícitamente el propio discurso historiográfico, dando dades que la combinación de género y nación durante el franquismo ofrecen,
como resultado que los historiadores incorporen inconscientemente pre­ sino sugerir dos lineas de trabajo que abren multitud de puertas. En primer
sunciones de género que no son sometidas a análisis 6 • Dicho de otro modo, lugar, se mantiene que el proyecto nacionalista español (y la adscripción que
el relato histórico ha naturalizado también la diferencia sexual: el orden generó) modeló (con mucha más potencia que otras formas de identidad)
moderno de los dos sexos. los atributos de género y las definiciones de feminidad y masculinidad de la
Por su parte, la historiografía feminista en España tampoco ha integrado época, al menos en los primeros años de existencia del régimen franquista.
en sus análisis de manera sistemática el concepto de nación y nacionalismo. Esta aproximación permitirá a su vez elaborar alternativas interpretativas
En este caso, el principal inconveniente procede de la fijación de un relato en el debate en torno a la naturaleza de los discursos sobre la feminidad
(y, en ocasiones, de debates alrededor del mismo) sobre la historia de las durante el primer franquismo. Por otra parte, se sostiene que las atribucio­
mujeres y de la identidad femenina en la época contemporánea que gira nes de género fueron importantes para la consolidación de una determinada
en torno al logro de una ciudadanía plena, y cuyo eje analítico ha sido casi idea de España y del carácter español, en la medida en que facilitaron a los
exclusivamente la atribución sexual (femeninaV. A esta exclusividad en el españoles la construcción de un vinculo concreto e individual, basado en la
emoción, con esa idea abstracta, a través del estereotipo del hombre español
recientes atención a la ideología, lo cual parece responder a los marcos teóricos existentes, pues el
que invocó el franquismo.
nacionalismo es un ingrediente nuclear de la ideología fascista y franquista. A esta reflexión habría
que añadir que en el proyecto fascista también aparece la forja de un hombre nuevo, entendiendo
hombre como sujeto sexuado. analitica (eso sí, definida ahora como resultado no de la posición social sino de asignaciones
4 Véase A. BOTTI, Cielo y dinero, y el más reciente A. QUIROGA FERNÁNDEZ DE SOTO, Los orlgenes culturales) .
del nacionalcatolicismo. Véase también W. J. CALLABAN, La Iglesia Católica en España. 8 Un fenómeno que no es exclusivo de la historiografía española: J. W. SCOTT, «Gender: A Useful
5 Véase al respecto el comentario de X. MDREU MIRALLES, «Retrats de família», p. 8, nota 13. Category of Historical Analysis», pp. 28-32. Las excepciones, para España, a la equiparación de
6 S. WENK, «Gendered Representations of the Nation's». Algo similar podría afirmarse que género con mujeres se encuentran en N. ARBSTI, Masculinidades en tela de juicio; A. 1. SIMÓN
sucede con la Mater dolorosa, título del libro de J. ÁLVAREZ JUNCO. ALEGRE, «Varones en su tiempo».
7 Tiene razón, en parte, Xavier Andreu cuando afirma que este hecho se debe a la escasa 9 Como botón de muestra, véase C. MOLINERO, «Mujer, franquismo, fascismo»; G. DI FEBO,

influencia del giro cultural, o de la nueva historia cultural, sobre la historiografía feminista .«NuevoEStado~ nacionalcatolicismo y género»; S. RODRíGUEZ LóPEZ, El patio de la cárcel;
española (X. ANDREU, «Retrats de familia», p. 8, nota 13). Digo «en parte» porque una J. ROCA I GIRONA, De la pureza a la maternidad; A. G. MORCILLO, TI'ue Catholic Womanhood yel
historiografía cultural puede articularse también exclusivamente en torno a una sola categoría monográfico «Mujeres en el franquismo».
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LA NACIÓN HACIENDO EL GÉNERO: NACIONALISMO ESPAFrOL una extraña mezcla de imágenes que ella entiende como irreconciliables: cuidar
y CONCEPCIONES DE FEMINIDAD Y MASCULINIDAD de otros / cuidarse a sí misma física e intelectualmente; orgullosa española y
católica, pero sin someterse a los dictados de la Iglesia; buena ama de casa, pero
Uno de los trabajos que intenta relacionar con más acierto género y pro­ con ambición y afán de constituirse en ejemplo público ...
yecto nacionalista español es el de Giuliana Di Febo, La santa de la raza, que La pregunta que ha expresado la preocupación de estas y otras historiadoras
tomaremos como punto de partida para formular nuestras hipótesis. El eje de la mujer durante el régimen franquista ha ,sido la de cómo fue posible que
vertebrador de su estudio es que en la operación de elaboración de símbo­ aquellas mujeres, en concreto las falangistas -aunque se podría incluir a las
los culturales que llegaron a representar a la nación, concretamente Teresa de militantes católicas en sentido amplio, incluidas las carlistas-- adoptaran unas
Ávila e Isabel la Católica, se produjo una transformación manipulada de los actitudes que no encajaban en los modelos de feminidad difundidos por el idea­
rasgos que caracterizaban a ambas mujeres para adaptarlas al modelo de mujer rio franquista l •• La respuesta más habitual ha sido la de entender y explicar la
que el franquismo pretendió imponer (basado en la domesticidad, la obedien­ actuación de las falangistas como fruto de la reinterpretación subjetiva a la que
cia, el silencio, etcétera), de tal manera que devinieron en símbolos simplistas sometieron, desde su experiencia, dichas normas.
y uniformes de vocación femenina. La recuperación del Siglo de Oro que llevó Solo en tiempos más recientes se han ofrecido otras explicaciones que ape­
a cabo el proyecto nacionalista español durante el franquismo se tradujo, en lan a la relación entre género y nación, pues han presentado estas actuaciones
lo referente a la definición de feminidad, no solo en la restauración de las como un resultado de otras vetas discursivas que igualmente conformaron la
figuras ilustres del período considerado más glorioso de la historia de España, identidad de estas mujeres (fundamentalmente el nacionalismo falangista, pero
sino también de los tratados que fijaron y regularon el papel doméstico de las también podría hablarse del ultracatolicismo españolista), como lo fue la atri­
mujeres, como La perfecta casada de Fray Luis de León y La formación de la bución a las mismas de -y la identificación con- una misión (o misiones)
mujer cristiana de Juan Luis Vives 10.
nacionalista (o socialcatólica). De manera que, como afirma de modo gráfico y
Las principales críticas que se han vertido sobre el trabajo de Giuliana Di acertado Ángela Cenarro,
Febo se centran en la matización de que Isabel la Católica y Teresa de Ávila no
siempre fueron presentadas así. I. afer y J. Labanyi han demostrado que, desde [el) discurso de la sumisión y reclusión en el hogar compartía cartel con
las páginas de las revistas de la Sección Femenina de Falange, aquellas figuras el de la nación y también con el de la mujer fuerte que no iba a renunciar
históricas fueron representadas con otros rasgos, que remitían a formas de a su promoción profesional13 •.
entender la feminidad por parte de los discursos nacionalistas franquistas que
no se ajustaban exclusivamente al ideal de domesticidad ll• Así, estos personajes O, dicho de otro modo, el discurso de la feminidad franquista fue mucho
poseían una personalidad más compleja, caracterizada por rasgos de carácter más complejo -y contradictorio a nuestros ojos- de lo que habíamos
viril y patrones de activismo destacados, una especie de combinación de trazos imaginado hasta ahora.
masculinos y femeninos -desde nuestra perspectiva actual- que sería resul­ . Este argumento acerca del modo en que la identidad nacional influye sobre
tado de la combinación de lo viejo y lo nuevo, de virilidad y feminidad, propia las definiciones de feminidad ha sido manejado para estudiar otros momentos
de Falange. Según Ofer, la mujer nacionalsindicalista en sí misma constituyó históricos. La discusión no ha girado tanto acerca de cómo afecta a la defi­
nición vigente de feminidad, en el mundo contemporáneo, la adopción de
lQ Para una síntesis de sus contenidos y uso en el contexto franquista, véase A. G. MORCILLO,
ideales patrióticos por parte de las mujeres, sino que más bien ha planteado la
True Catholic WomanhQod, pp. 38-40. Estos libros también son presentados como referentes de
disyuntiva del carácter liberador o no -equiparando por lo general liberación
la literatura prescriptiva que se produjo en España acerca de la feminidad normativa durante el

siglo XIX (sobre la que se construyó el ideal de domesticidad deCimonónica).

l! 1. Ol'ER, «A "New"Woman for a"New" Spain», p. 589; también ID., Señoritas in Blue; J. LABANYI,
«Resemanticising Femenine Surrender». El análisis de A. MORANT ARIÑO, «"Para influir en la vida 12 Muy especialmente se ha aplicado al caso de las falangistas. No existen apenas investigaciones
del estado futuro"», que explora el terreno tanto del discurso como de las prácticas, puede situarse sobre el activismo católico femenino durante el franquismo, si bien se podría afirmar quese produce
igualmente en esta línea interpretativa. La propia Giuliana Di Febo parece admitir la capacidad una contradicción semejante entre discurso y práctica en las mujeres católicas. Véase al respecto,
del modelo para absorber rasgos y actitudes aparentemente contradictorios (o que lo serían para r. Busco HI!RRANZ, Organización eintervención p(¡blica de las mujeres católicas, pp. 305·447.
una representación simplificada, o formulada desde otros parámetros conceptuales, del ideal de 13 Ángela Cenarro detecta en el falangismo dos «estrategias» a la hora de enfrentarse ala inclusión
feminidad durante el franquismo) al afirmar que estos modelo de mujer «inspiran cualidades y de las mujeres en los proyectos nacionalistas (la de Mercedes Sanz y la de Pilar Primo de Rivera), si
virtudes como la actividad y la contemplación, la obediencia, el valor patriótico y el amor maternal» bien ambas coincidieron en que esta entrada tenia que canalizarse «desde arriba. (<<organizaciones
(G. DI FEBO, ."La Cuna, la Cruz y la Bandera"», p. 232. Para el caso italiano, Victoria de Grazia rigidamente jerarquizadas y férreamente supeditadas al poder militar»). Para profundizar en
definió, hace unas décadas, a la mujer fascista perfecta como un híbrido, pues servía a su familia estas dos visiones diferenciadas dentro del propio proyecto falangista, y que contribuyeron a una
pero también era responsable hacia el Estado (véase V. DI! GRAZIA, How Fascism Ruled Women). confrontación no siempre soterrada, véase A. CENARRO LAGUNAS, La sonrisa de Falange, pp. 77 ·80.
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con acceso al espacio público- del nacionalismo 14• La pregunta que subyace Esto afectaba, como ha puesto de manifiesto Aurora Morcillo, a la concepción
en gran parte de los análisis históricos sobre la participación de las mujeres de la maternidad que fue explícitamente definida no solo como una tarea física y
en los procesos de construcción nacional es: ¿En qué medida, si la entrega a la privada, sino también política, en el sentido de vía de transInisión a la progenie
nación debía ser absoluta, constituía una fuente de legitimación para que las de un ideario político nacionalista y católico l8 •
mujeres desafiaran el contenido de los roles asignados -pasividad, domesti­ La Inisión nacionalista de las mujeres se fue definiendo y consolidando paulati­
cidad- y, como afirma Xavier Andreu Miralles para el liberalismo, «una porta namente, como la del cuidado de la familia, la educación de los hijos en los valores
al qüestionament de la mateixa forma d'entendre la relació entre els sexes que patrióticos, etcétera, con lo cual se reforzaba el rol doméstico. En ese camino,
proposava el discurs liberal»? El nacionalismo moderno se ha presentado así
como un discurso ambivalente para las mujeres, dado que libera al tiempo que la maternidad real o simbólica (experiencia femenina por antonomasia)
atrapa: permite a las mujeres salir a defender la patria bien en el marco de la aparecía dotada de un significado nuevo, pues en su nombre las mujeres
política de masas, bien en el de la política elitista liberal (pues necesita movi­ hacían una contribución específica al resurgir glorioso del Estado l9•
lizarlas para la causa); pero suele hacerlo -aunque no siempre-- dentro de
los márgenes de género, e incluso puede contribuir a fortalecer los atributos No podía expresarse con mayor precisión esta idea, reproducida hasta la sacie­
de feminidad convencionaPs. dad en las páginas del semanario de la Sección Femenina de Falange, Medina,
En el caso del liberalismo, y siguiendo a Xavier Andreu, fue posible negociar durante los años cuarenta del siglo pasado:
un espacio propio para las mujeres que pennitió a algunas participar más o
menos directamente en la vida política, apoyándose en el papel asignado por el La verdadera misión de la mujer es dar hijos a la Patria. Y ésta es, por
lo tanto, su suprema aspiración. Y dentro del nacíonalsindicalismo, sigue
discurso liberal-patriótico, porque: «per sobre de la propia i particular familia,
siendo más que nunca su misión ser la continuadora de la raza, de los
devien lleialtat i sacrifici a una altra de superior, la nacional»16. En el caso del caminos que abrieron aquellas mujeres que se llamaron Isabel de Castilla
franquismo esta explicación deja de ser plenamente satisfactoria, ya que el régi­ y Teresa de Jesús"°.
men erigió a la familia en uno de los pilares de la nación, con lo que aquélla se
transformó en uno de los ámbitos a través de los que también podía realizarse Habría que precisar que no a todas las maternidades se les asignó la Inisma
la fidelidad a la nación li• Por lo tanto, en los proyectos nacionalistas durante calidad en el marco del proyecto de construcción nacional Lo que hizo el fran­
el franquismo, la concreción de la misión nacional en las mujeres no significó quismo fue definir qué era la maternidad: una contribución física y espiritual al
exclusivamente un impulso hacia la participación en el espacio público, sino nuevo Estado cuyo corazón era la nación española y católica. Y estableció unos
que también incluía, junto al activismo sociopolítico, el énfasis en la maternidad vínculos muy fuertes entre aquélla y la nación española (entendida como una uni­
como Inisión asignada a las mujeres en la nueva nación española. Sucedió, como dad indivisible fundada en el catolicismo y la tradición, y con vocación imperial,
en otros fascismos, que el impulso nacionalizador de la población femenina y la ya fuera territorial o, con mayor frecuencia, espiritual), así como con el Estado
politización de la esfera privada se reforzaron mutuamente. De manera que la autoritario. Esta definición se sustentó sobre la exclusión de la nación española de
aguda separación de esferas que imaginaron los ideólogos (y otros sectores afec­ otras maternidades (y otras feminidades) que fueron consid~radas como aberran­
tos al régimen), e intentaron poner en práctica sus legisladores, poco tenía que tes --esto es, amenazantes y extrañas- desde el punto de vista de las correctas
ver, por ejemplo, con el orden sociosexual decimonónico, pues se partía de la
premisa del fuerte vinculo existente entre el deber nacional y el terreno familiar.
18 A. G. MORCILLO, True Catholic Womanhood. La centralidad de la familia para el franquismo
ha sido destacada por S. TAVERA, «Mujeres en el discurso franquista», especialmente pp. 244-245.
14 R. M. HACKLER, «Wie Nationalismus das Geschlecht macho>.
Angela Cenarro sostiene que las concepciones del fascismo sobre maternidad tienen muchos
IS Sugiero explorar una vla explicativa diferente, que apunta a que la identidad femenina puntos en común con las mantenidas por sectores del liberalismo -Marañón por ejemplo--,
moderna que se conformó en el seno del liberalismo, al ser deudora de las paradojas del mismo, se dado que el pensamiento fascista se nutrió de la tradición intelectual y discursiva del liberalismo
fundamentó tanto en la diferencia, que se tradujo en exclusión de la esfera pública y política, como regeneracionista español, diferente a la del tradicionalismo católico. Habría que investigar,
en el reconocímiento de las mujeres como seres humanos con cualidades similares a los hombres, sin embargo, la hipótesis de que el catolicismo había llegado a compartir ciertas concepciones
lo cual hizo posible las exigencias de inclusión en dicha esfera. Véase al respecto B. DrvASSÓN «liberales» sobre la maternidad (A. CENARRO LAGUNAS, La sonrisa de Falange, pp. 374-396).
MENDfvrL, «El sufragio femenino en España». El nacionalismo moderno, tan profundamente 19 ¡bid., p. 91.
ligado al liberalismo, funcionó de manera similar sobre la identidad femenina.
;10 Azul, «No hay nada más bello que servir a la Patria», Medina, 69 (12 de julio de 1942). En este
16 X. ANDRIlU MrRALLES, «Retrats de familili», p. 16.
sentido se pusieron en marcha las campañas de exaltación de la maternidad como la llevada a cabo
17 Sobre las bases católicas (vaticanas) del concepto de familia que manejaron los dirigentes desde 1940 por el Frente de Juventudes (y no, curiosamente, por la SF) para celebrar el día de la
franquistas y que llegó a calar, con gran naturalidad, en la sociedad española, véase M. VINCENT, madre el S de diciembre. También la Acción Católica femenina comenzó a celebrar la Semana de la
.La paz de Franco», pp. 100-10 1. Madre en 1938, siguiendo el ejemplo de la Acción Católica italiana.
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atribuciones sexuales y también nacionales. Y se construyó excluyendo a las otras esta publicación resulta elocuente de cómo una determinada concepción del
mujeres, las «rojas», de ese ideal femenino, primero estigmatizándolas para luego patriotismo femenino forjada en la guerra -basada en la participación pública
intentar regenerarlas por medio de su limpieza y purificación 21 • . de las mujeres en el proyecto nacionalista español que impulsó los apoyos socia­
Se podría afirmar que durante los primeros años del régimen franquista se les del bando rebelde- redefinió el contenido de la feminidad normativa.
ofreció un modelo femenino que, fuertemente resignificado en sus aspectos bási­ El libro de Sanz Bachiller es un compendio de rasgos de feminidad ideal (y
cos por la inclusión de las mujeres en el proyecto nacionalista español y por la de las argumentaciones que los legitiman) que toman cuerpo en figuras histó­
coyuntura bélica, incorporaba rasgos tanto de feminidad tradicional (maternidad, ricas clave de la historia de España, pero, sobre todo, ordenados de tal manera
domesticidad) como de activismo público. Dicho modelo contaba con unos pre­ que el resultado era una conciliación de mujer doméstica y mujer pública, de
cedentes en la definición de la feminidad y del rol social de las mujeres que habia feminidad e intelecto, de poder político y maternidad, etcétera. Una combina­
ido perfilando la derecha católica; una definición que fue reformulada durante los ción de rasgos muy arraigada en el modelo que la derecha había ido creando (y
años de la República y, muy especialmente, de la Guerra Civil. En esa reformula­ recreando) a lo largo de la primera mitad del siglo xx: influencia a través de la
ción, la inclusión de las mujeres en el proyecto nacionalista español-que llegó a educación de los hijos; una fuerte conciencia nacional, que se plasmaba en la
concretarse en la defensa de la unidad e integridad nacional frente a un enemigo «obstinación» de sus acciones, a menudo persuasivas, para conseguir el objetivo
interior a través de un enfrentamiento armado- tuvo un papel fundamental, de la unidad nacional; colaboración constante con el marido y complemento del
pues contribuyó a la transformación de la «mujer social», entregada a la regene­ mismo; rechazo de la pedantería de las intelectuales -percibida como práctica
ración social, en «mujer nacional», entregada a la salvación de la patria, ya fuera que alejaba de la feminidad-, de ahí que el cultivo del intelecto en las mujeres
en el seno del proyecto imperial de Falange o del recatolizador y tradicionalista22 . tuviese que ir acompañado del cuidado consciente de las cualidades femeninas,
Una buena demostración de que el modelo de mujer social que la derecha como la virtud de la alegría, la naturalidad y la espontaneidad, pero «sin ñoñe­
católica habia ido fabricando desde finales del siglo XIX sirvió como funda­ rías ni infantilismos». Un ejemplo de esta combinación, entre otros muchos que
mento para la configuración de la nueva mujer española lo encontramos en se citan, es el de Juana de Austria, quien supo «conciliar la piedad y la energía, la
un librito publicado por Mercedes Sanz Bachiller que, dentro de la tradición de vida prudente y religiosa, con los azares desgastadores de los cargos públicos»24.
elaboración de manuales escolares, iba dirigido a las niñas2'. Al mismo tiempo, Así, las mujeres eran concebidas dentro de un esquema de diferencia sexual
moderna, según el cual constituían un complemento del hombre en todas las
facetas de la vida. Al poseer rasgos diferentes, estaban llamadas a proyectar sus
21 Véase R. VINYES, Irredentas. También 1. ABAD, «Las dimensiones de la "represión sexuada"»;
cualidades femeninas antes circunscritas al ámbito familiar-privado, erigiéndolas
M. JOLY, "Las violencias sexuadas» y C. RAMBLADO MINERO, «Madres de España I madres de la
anti-España». La identidad nacional se configura en oposición al «otro», al que se le considera en portadoras de una tarea regeneradora. Esto incluso se extendía a un ámbito del
enemigo, amenazante y extraño a la nación. La comunidad nacional solo puede ser imaginada que habían sido excluidas por definición, la política, porque suavizaban las tensio­
cuando también se imaginan comunidades extranjeras (véaseM. BILLIG, Banal Nationalism, p. 79). nes, evitaban divisiones y creaban un ambiente de respeto mutuo y convivencia.
Teresa Ortega ha señalado cómo, ya durante la Segunda República, el discurso movilizador de No obstante, convive con esta omnipresencia de la diferencia sexual moderna
las mujeres de la derecha católica (que puede seguirse a través de las páginas de la revista Ellas.
la existencia de cualidades compartidas, que derivan predominantemente del
Semanario de las mujeres españolas, dirigido por José Maria Pemán) desarrolló el argumento de las
antiespañolas como antimujeres, dentro de un marco más general de combate contra los enemigos fortalecimiento de la adscripción nacional y nacionalista en unos contextos
de España (M. T. ORTEGA LÓPBZ, <<¡Cosa de coser... y cantarl», pp. 202-203). A pesar de todos excepcionales, como lo fueron la guerra y la posguerra. No es casualidad que
los estudios realizados, sería necesario situar los orígenes y las transformaciones de este tipo de
retórica a lo largo de la primera mitad del siglo xx.
22 Mientras que para Victoria de Graria el fascismo italiano nacionalizó a las mujeres tanto o más hombres se van"», y BAD., «"Más poderoso que el amor"». Acerca de la importancia de los manuales
de lo que el liberalismo habia hecho con los hombres en el siglo XIX, en el caso español se puede de Historia de España para la construcción de diferentes visiones sobre la nación española a lo
observar que durante el periodo de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda largo del siglo xx y para la nacionalización de la población, véase C. BOYD, Historia Patria (2000).
República tuvieron lugar procesos que contribuyeron a la nacionalización de las mujeres, aunque 24M. SANZ BACHILLER, Mujeres de España, p. 70. Podría argumentarse que lo que llevaba a
es cierto que la Guerra Civil significó un momento álgido de la misma, pues movilizó esfuerzos Mercedes Sanz Bachiller a defender la necesaria participación de las mujeres en el poder politico, a
en torno a la nación española entre un número muy amplio, tanto de hombres como de mujeres. la altura de 1940, en un contexto poco propicio de «vuelta al hogar», fue precisamente el momento
Véase, para la Segunda República, M. T. ORTEGA LÓPBZ, ,,¡Cosa de coser... y cantar!»; para la en el que se estaban definiendo atribuciones de funciones político-sociales y espacios de poder
dictadura de Primo de Rivera, l. Busco HERRANZ, Paradojas de la ortodoxia, y R. ABes PINEDO, dentro de la FET y de las JONS. Angela Cenarro nos invita a contemplar la visión que Mercedes
Dios, patria y hogar; para la Restauración,!. BLASCO HBRRANZ, ."Más poderoso que el amor"» y Sanz Bachiller tenía de las mujeres, si no transgresora, al menos disonante en relación con la
EAO., «El movimiento católico». que llegó a erigirse en dominante dentro del régimen, encarnada en la figura de Pilar Primo de
23 M. SANZ BACHILLER, Mujeres de España. Se pueden establecer las comparaciones pertinentes Rivera (A. CENARRO LAGUNA, La sonrisa de Falange, pp. 250-252). Se le podría objetar que otras
a partir de las fuentes que ayudan a reconstruir el modelo de mujer social desde comienzos del mujeres, incluida la propia Pilar Primo de Rivera, forjaron su identidad política a partir de rasgos
siglo xx y que son reproducidas en 1. Busco HERRANZ, Paradojas de la ortodoxia; EAD., «"Sí, los de feminidad aceptados y defendidos por Mercedes Sanz Bachiller.
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ocupen un espado muy amplio en este libro las figuras femeninas que poseen
sentimiento patriótico, «el amor ardiente a la patria», entendido como algo
consustancial al alma de las mujeres españolas pero también «cualidad general
en Espafia»25, 10 que realmente llama la atención es que, si tenemos en cuenta
exclusivamente la retórica de la inexorable separación de género que se impuso
durante el primer franquismo, la expresión de tales sentimientos en ningún
momento se concrete en el ejercicio de la maternidad y que, sin embargo, con­
tenga valores y actitudes muy similares a los asignados a los hombres, como
valentía, activismo, heroísmo, agresividad, manejo de las armas, hasta el punto
de convertir a estas mujeres en exponentes de dicho patriotismo (sin sexos):
Cuando el oficial que conducía la bandera iba a plantarla triunfante FIG. 1. - Anónimo, Maria Pita, Dibujo

en la muralla, María Pita, que había estado ayudando afanosamente a los 1M. SANZ BAcHILLER, Mujeres de España, p. 72] (TDR)

soldados en menesteres auxiliares, vió [sic) caer a sus pies, completamente


exánime, a su marido, y tomando su espada, en un momento de
indignación y de patriotismo, se arrojó arrebatada sobre el abanderado
inglés, y tan cértero golpe le dirigió con la eTada, que, tras de vacilar
unos segundos, cayó muerto desde la muralla2 •
y es que España siente tan hondo el sentir del deber, tiene tal capacidad
de heroísmo, que aún en los momentos de más difícil empeño, sabe sacar
de las prístinas fuentes de su racial fuerza para no sólo sobreponerse
a las circunstanciás por ingratas que sean, sino hacer resaltar, con actos
inenarrables, el valor, la audacia yel desprecio de la propia vida, como si lo
prírnordial para un español fuera la limpia historia de su nación, madre de
los pueblos, :María Pita fue un maravilloso exponente de lo anteriormente
dicho, y queda en la mente de todos como un girón [sic) de gloria27,

De manera similar se ilustra gráficamente, con toda naturalidad, a María Pita


ya Manuela Sancho portando (y usando) armas (figs. 1,2 Y3), Yse retrata a esta FIG. 2. - Anónimo, Manuela Sancho, Dibujo
última, como «heroína de los sitios de Zaragoza», [M. SANZ BACHILL!lB, Mujeres de España, p. 1001 (TDR)
[como una] mujer del pueblo que en la guerra de la Independencia espa­
ñola contra los franceses participa en los sitios de Zaragoza. En el primero
aporta, con riesgo infinito, sus servicios como proveedora de las tropas
defensoras de la ciudad, y en el segundo, directamente como combatiente
Manuela Sancho, armada de un fusil, peleó con los escasos grupos
que contenian el avance del enemigo, y, demostrando extraordinario
valor, defendió el terreno palmo a palm028,

25 M. SANZ BACHILLER, Mujeres de España. p. 99.

26 !bid" pp. 72-73.

27 G. QUIJANo,Mt4eres hispánicas, p. 50. Gracián Quijano era el seudónimo de Prancisca Cristina

Sáenz de Tejada (1896-1974), poetisa y escritora andaluza, que se hizo muy popular durante el
franquismo. Desde 1944 fue miembro de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes Quien tenia honra, que me sita
de Córdoba y consejera del Instituto de Estudios Jienenses.
28 M. SANZ BACHILLIlR, Mujeres de España, p. 100. Otras mujeres que habían sido consideradas FIG. 3. - Anónimo, María Pita,

«ilustres» en la historia de España durante el período liberal yel republicano fueron drásticamente Quien tenga honra, que me siga, Dibujo

excluidas de estas galerías, como lo fue Mariana Pineda. Sin embargo, Mercedes Sauz Bachiller !G. QUlJANO, Mujeres hispánicas, p. 49J (TDR)

incluía en su horo a las feministas (que además eran por ello elogiadas) Concepción Gimeno de
Plaquer y Emilia Pardo Bazán.
60 INMACULADA BLASCO HERRANZ
GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL FRANQUISMO 61
Por lo tanto, la atribución a las mujeres (y también a los niños) de valores
como valentía, decisión y arrojo, característicos de la «raza hispánica», ocasiones, la libertad de patriotas españoles distinguidos, que habían
constituyó, junto a la resignificación de la maternidad en clave nacional, una sido prisioneros del enemigo y que sin su intervención hubiesen sido
VÍa para la nacionalización masiva de las mujeres. Pero esto podía tener efectos inmediatamente fusilados 32.
{{endurecedores», podríamos decir virilizadores, del carácter femenino, que
operaban especialmente cuando la patria era atacada por elementos extraños: Por último, parecía presuponerse que aquellos valores de arrojo, valentía y
acción eran en esencia extraños a la feminidad. En consecuencia, y tirando del
y es que en Espafia hasta el sexo «débil» es de acero bien templado,
como las tizonas toledanas, que «se parten, pero no se doblan» ante nin­ hilo de una vieja estrategia, se advertía del carácter excepcional de su puesta en
gún empuje extrafio que pretende mancillar la inmaculada historia del juego, pues en realidad se temía que la feminidad pudiera verse cuestionada,.
suelo espafioJ29. y con ella un orden social armónico. Fray Albino G. Menéndez-Reigada, otro
autor de galerías de mujeres españolas, ponía en boca de Agustina de Aragón
En su análisis de la construcción de la mujer falangista, Inbal Ofer interpreta palabras como «nuestra misión es ayudar a los hombres, y cuando la necesidad
que estos rasgos asociados a la virilidad --«courage [valor], energy [energía], lo exige, suplirlos», para después afirmar, haciendo abierta referencia al contexto
forceful personality [entereza], vigor [esfuerzo], determination ftenacidad1 and inmediato de la Guerra Civil, que:
intelligence finteligencia]»30_ fueron elegidos porque se consideraba que esta­
ban libres de carga de género y que, por tanto, no minaban la feminidad. Mi Agustina de Aragón, como se ve, no era una miliciana ni un soldado
interpretación difiere en dos aspectos: [... ] Agustina de Aragón era una mujer y en calidad de mujer ascendió
a la cumbre del heroísmo. Porque era y es la misión de la mujer en toda
- Primero, esto no solo era aplicable a las mujeres de Falange, sino a sociedad debidamente ordenada: auxiliar alos hombres en las necesidades
todas las mujeres que participaron activamente en los proyectos naciona­ ordinarias de la vida, y sólo cuando la necesidad lo imponga, suplirlog33.
listas españoles durante el primer franquism031.
La propia Mercedes Sanz Bachiller, narrando la historia de Manuela Sancho,
- Segundo, cuando se atribuía a las mujeres esos rasgos adquirían significa­ acompañaba estos valores «viriles» del recordatorio de que, antes que nada, la
dos variables. En ocasiones se entendieron como cualidades compartidas por heroina de los sitios era una mujer familiar y casera:
todos aquellos que perteneCÍan a la «raza hispana», como hemos vísto hasta
La valentía en España no es sólo patrímonio de los hombres. Manuela
ahora, llegando incluso a erigir a algunas mujeres en máximos exponentes de
Sancho, mujer muy familiar y casera, supo demostrar, como tantas otras,
patriotismo. Otras veces se les asignaba un significado particular (acorde con el arrojo y decisión de la raza hispánica. Los ejércitos extranjeros que a
la diferencia sexual), que se traducía en una actuación diferenciada. Por ejem­ lo largo de nuestra Historia intentaron invadimos encontraron siempre
plo, el heroísmo en las mujeres apareCÍa ligado a la abnegación implícita en un la resistencia unáníme de todo el pueblo: hombres, niños y mujeres, que
alma caritativa y se materializaba en el sostenimiento de la moral de los com­ supieron derrochar heroísmo sin medida34.
batientes, en asistir a los heridos o en arriesgar la vida para negociar e influir en
el enemigo, como había hecho la madre María Rafols, quien Si los proyectos nacionalistas españoles de posguerra impactaron sobre
la reformulación de la feminidad, también la definición de la masculinidad
se dirigió hacia el campamento del General francés, entre el fuego cru­
zado de ambos ejércitos, y logró, invocando razones espirituales, que ideal se vio afectada por ellos 35 • Empero, aunque disponemos de algunas
se les permitiese llevar a las monjas todos los víveres necesarios para
el exclusivo sostenimiento de los enfermos (y) alcanzó, en bastantes 32 M. SANZ BACHILLER, Mujeres de España, pp. 96-97.

33 A. G. MENÉNDBZ-RBIGADA, Mujeres de España, pp. 144-145. El origen de este libro fue la petición

que hicieron al obispo de Tenerife un grupo de señoras de Acción Católica, para que con las biografias
29 G. QUlJANO, Mujeres hispánicas, p. 50 (en referencia a María Pita).
pudieran amenizar la Asamblea anual y representar en cnadros plásticos vivos algunas de las mujeres
30 I. OI'ER, «A "New" Woman for a "New" Spain», p. 592.
célebres de España. Estos retratos fueron publicados posteriormente en Falange, diario de la tarde de
31 Y con anterioridad. «La nueva mujer católica de los años treinta pasó a ser la receptora de Las Palmas de Gran Canaria, y tuvieron tanto éxito que se le pidió que continuara la serie. Sobre la
atributos hasta entonces ceñidos al sexo masculino. La imagen transmitida por el semanario Ellas figura de Fray Albino, véase R. A. GUBRRA PALMERO, Idealogfa y beligerancia.
nos presenta a la "verdadera mujer española" como un ser fervorosamente católico, pero también 34 M. SANZ BACHILLER, Mujeres de Espaf!a, p. 101.
valiente, heroico, decidido y lleno de vigor, cualidades que la convertía en una mujer. al tiempo 35 Soy consciente de que este aspecto de mi análisis puede resultar insatisfactorio si lo
incansable y pertrechada con sus insignes virtudes para la lucha contra los valores extranjerizantes comparamos con el tratamiento de los significados de la feminidad. Ello se debe, en parte, a que se
que amenazaban la integridad de los fundamentos de la raza, el patriotismo españolista y el trata de una primera incursión por mi parte en este ámbito, y a los muy escasos estudios realizados
catolicismo más conservador» (M. T. ORTEGA LÓPEZ, «¡Cosa de coser... y cantar!», p. 191). en España sobre la construcción de la masculinidad (modelo ideal o alternativas al mismo, no
necesariamente resistentes) en este y otros períodos de la historia contemporánea.
¡;

62 INMACULADA BLASCO HERRANZ GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL PRANQUISMO 63

visiones generales sobre el ideal de masculinidad franquista, contamos con clave de héroe de una pretendida resistencia española frente a la invasión
una escasa bibliografía que explore este tema en profundidad, lo que limita romana, como poseedor de los siguientes atributos, que eran en realidad las
nuestra indagación acerca de la relación entre identidad nacional española esencias de la raza española:
y masculinidad durante el franquismo. Mientras que Giuliana Di Febo ha Gallardía, furia española, impetu y arrojo de los españoles, noble y
subrayado el papel de la imagen de San Juan de la Cruz a la hora de confi­ caballeroso, justa ira, pecho invencible y generoso que todo 10 sacrificó
gurar el ideal de hombre español como modelo para los jóvenes falangistas por la independencia de su Patria39 •
-mitad monje y mitad soldado-:-, Mary Vincent ha argumentado que la
masculinidad franquista experimentó inicialmente una virilización y exal­
tación a través del dominio del discurso de Falange y la experiencia de la No obstante, y en segundo lugar, en el monje-soldado habían de convivir
guerra, para pasar a acomodarse a un modelo de cariz más tradicional cató­ estas cualidades con la disciplina, el respeto a la jerarquía y la obediencia.
lico (derivado de la influencia del tradicionalismo católico en el discurso Se había impuesto así una nueva concepción de sujeto masculino, cada vez
franquista), fundamentado en el papel del hombre dentro de la familia como más alejada del individuo liberal (sujeto autónomo, libre y con derechos
eje vertebrador de la nación36 • Sin entrar aquí a cuestionar abiertamente políticos y civiles), caracterizada por su sujeción-servicio consciente a enti­
ninguna de estas dos interpretaciones, mi aportación se propone destacar dades superiores (sin derechos político-civiles, pero con derechos sociales).
tres aspectos del ideal de hombre durante el primer franquismo en relación En su referencia a San Ignacio de Loyola, calificado como «siervo de Dios y
con la identidad nacional española. un soldado de España», Torres hacía hincapié en este último aspecto sobre
En primer lugar, habría que destacar que, frente al estereotipo masculino cualquier otro:
moderno caracterizado por la autorrestricción, el autocontrol y el freno de Sólo de una palabra necesitó el glorioso santo para fundar su Compa­
las pasiones37 , la guerra y el nacionalismo español contribuyeron a subra­ ñía: obediencia. Palabra que viene a evidenciar en síntesis la única virtud
yar cualidades (valor, fe, arrojo, furia, gallardía, ira justa, patriotismo) que, que ha de tomar el español para su grandeza: obediencia, que es un modo
siempre adjetivadas para exaltarlas en sus extremos, remitían a la pasiones, de canalizar el genio disperso40 •
a la intuición, a lo visceral, si bien encauzadas por su despliegue hacia la
defensa de la patria y de la fe católica, y contenidas por la rectitud moral y Por último, el patriotismo exacerbado, llevado al límite del sacrificio
la obediencia3s • Así, Federico Torres, un popular y prolífico autor de textos personal, y que contribuyó a modelar una identidad masculina sustentada
escolares -uno de los cauces de expresión y difusión de los valores atribui­ sobre las virtudes-pasiones asociadas a la guerra ahora puestas al servicio
dos a la masculinidad «hegemónica»-, retrataba a Viriato, presentado en incondicional a la nación, convivió con un proceso de espiritualización del
auténtico hombre español, al que también le fueron asignadas cualidades
como la austeridad, la pureza y la sencillez de hábitos. Felipe n, insignia de
36 Este es el argumento central de Mary Vincent en uno de los pocos trabajos que ofrece un análisis la madurez del Imperio español, no destacaba precisamente por su valor y
de las masculinidades en el franquismo (M. VINCBNT, «La reafumación de la masculinidad. J. heroísmo, sino por su
Véase también G. DI FEBO, «"La Cuna, la Cruz y la Bandera"., p. 226; EAD., «Modellidi santita
maschili e femminili», asl como EAD., «El "Monje guerrero"". Para la permanencia en el tiempo clarísima inteligencia; incansable para el trabajo, tenía una religiosi­
de los modelos de masculinidad y feminidad que modeló el falangismo, véase A. l. SIMÓN ALEGRE, dad honda y sincera, no entibiada jamás. Sus costumbres eran puras y
«Discurso de género». sencillas, no gustando de los adornos ni de los gastos superfluos en su
37 Esta caracterización del estereotipo masculino moderno, en G. L. MOSSB, La imagen del palacio [ ... J. Era amantisimp de España y de los españoles41 •
hombre.
38 Si, desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del xx, los discursos regeneracionistas
del catolicismo español habían considerado a los hombres como perdidos para la religión,
39 F. TORRES, Genios y místicos, pp. 16-17. Menéndez y Pelayo era «... un gran español, en cuya
debido al predominio de las pasiones en su carácter y a las mujeres como sujetos ejecutores de
alma se daban cita todas las virtudes de la raza: patriotismo hondo, catolicismo sincero y una fe sin
la regeneración dada la fortaleza de su fe (una fortaleza que las definía como sujetos sexuados),
limites en la grandeza de España»; y de Cristóbal Colón se afirmaba: «Hace falta, para conquistar
a partir de la Segunda República -y, quizás, en la década anterior- las mujeres españolas
aquellas tierras y triunfar de aquellos salvajes, un temple a toda prueba, un desprecio absoluto
comienzan a considerarse como objeto de regeneración, mientras se forja un nuevo modelo
de la vida, un patriotismo exaltado y, sobre todo, una inquebrantable fe» (ibid., pp. 133 Y 64
de masculinidad (impulsado por el estado dictatorial primorriverista) que recupera la fe como
atributo del hombre español y exalta la defensa incondicional de la nación. Para las mujeres como respectivamente).
40 Añadía Federico Torres más adelante: «Ya solamente tendría Ignacio que utilizar su talismán
regeneradoras de una nación degenerada por los vicios masculinos en el discurso católico, véase
l. Busco HSRRANZ, «"Sí, los hombres se van»». Elizabeth Munson destaca una argumentación precioso: la obediencia, para que prosperara la nueva orden» (F. TORRES, Genios y místicos,
similar presente en los discursos del regeneracionismo krausista (E. MUNSON, «Regenerando a pp. 85-86).
la mujer, regenerando España»). 41 !bid., p. 97.
64 INMACULADA BLASCO HERRANZ GÉNERO YNAC¡ÓN DURANTE EL FRANQUISMO 65

EL GÉNERO EN LA NACIÓN: aquellos contenidos de la nación menos inmutables. Por el contrario, también
LA REPRESENTACIÓN DE ESPAÑA A TRAVÉS DEL GÉNERO se convirtieron en articuladoras del comportamiento ideal del sujeto masculino
nacional, en la medida en que se les atribuyeron unos rasgos generalmente asig­
Aquí la posición de la masculinidad no era diferente de la de la femini­ nados a la masculinidad moderna, y su función fue la de infundir el sentimiento
dad; ciertas figuras masculinas y femeninas, por ejemplo, se convirtieron patriótico, vertebrador del hombre español. Voy a intentar demostrar ambas cosas.
a la vez en símbolos públicos que representaban a la nación. Sin embargo, Para lo primero, volvamos al trabajo de Giuliana Di Febo sobre la configu­
las mujeres como símbolos nacionales no representaban normas válidas ración y reformulación de simbolos culturales que llegaron a representar a la
de carácter general, como las virtudes que proyectaba la masculinidad, nación. Uno de sus grandes aciertos fue señalar que Isabel la Católica y Teresa de
sino más bien las cualidades maternales de la nación, resaltando sus tra­ Avila se convirtieron en símbolos de la nación española, cumpliendo la función
diciones e historia42 • del mito racial español de proteger la raza española como parte de la identi­
dad femenina en calidad de preservadores de la tradición y la moralidad. A esto
Aunque esta afirmación de George Mosse se refiere a un periodo amplio de habría que añadir que esas mujeres pasaron a convertirse no solo en símbolos
génesis y consolidación del estereotipo de la masculinidad moderna, está guiada de la nación española, sino también en modelos para todos los españoles, algo
por una lógica tan familiar a nuestro sentido común que no solo parece no nece­ que no deja de ser sorprendente si atendernos a la implacable separación de
sitar confirmación empírica, sino que, podernos afirmar, ha sido asumida por esferas, atributos y funciones entre los sexos que implicó el discurso de género
la investigación feminista sobre género y nación en la época contemporánea. Es franquista44 • No solo fueron modelos exitosos para un sexo, sino para todos los
decir, los hombres simbolizan las normas generales (e históricamente construidas ciudadanos españoles, pues junto a los rasgos de feminidad ideal se les atribuyó
a partir del consenso) para la nación, y las mujeres las relativas a la tradición, virtudes requeridas a los hombres, con las que se estaban llenando de conte­
la historia, la reproducción, etcétera. Esta afirmación, sin embargo, debería ser nido los caracteres de un San Ignacio de Loyola o incluso de un Hernán Cortés:
fundamentada documentalmente en el marco de contextos históricos específicos, espíritu de sacrificio, templanza, predominio de la razón, actividad incansable y
porque al ser aplicada con carácter explicativo a etapas históricas muy diférentes ejercicio firme del poder.
acaba por adquirir cierto aire ahistórico (relacionado con el esencialismo de la Esto explica que las dos únicas mujeres que fueron incorporadas al compen­
subordinacíón histórica de las mujeres y el esencialismo de la nación), además de dio, en este caso dirigido a los niños, de personajes históricos ejemplares de la
presuponer que existen unas «cualidades maternales de la nación». historia de España que es Genios y místicos fuesen Isabel la Católica y Teresa
Al igual que en otros periodos de la historia contemporánea de España, no de Avila. La reina Isabel fue erigida en el personaje central de la historia de la
existió durante el franquismo una forma hegemónica y persistente de representar nación española, pues a ella, y no a un hombre, se le atribuyó a través de sus
la nación. Si se puede constatar que se recurrió con frecuencia, corno en otros acciones, guiadas por las virtudes de la raza hispana, el logro de la máxima aspi­
momentos históricos, al uso de figuras femeninas como símbolos para imaginar ración del nacionalismo español franquista: la unidad nacional, tanto territorial
la nación española4'. Estas representaciones, que reflejan y contribuyen a reforzar corno espiritual, y el inicio del Imperio. Frente al desorden y la desunión terri­
la complejidad de contenidos de la feminidad dentro del proyecto nacionalista toriallegados por su hermano Enrique IV, la «hacedora del Imperio» no solo
español del franquismo (mujeres-viriles y mujeres-madres), no sirvieron exclu­ aparecía investida de un poder casi divino cuando se trataba de forjar la unidad
sivamente para fijar normas de comportamiento femenino o para simbolizar peninsular, sino que ejercía el poder con mano fume -a pesar de ser calificada
como la «materna»- y su actividad era imparable:
42 G. L. MOSSE, La imagen del hombre, p. 13. Para una crítica, dentro de un cuestionamiento más ¡Hágase España!, decía Isabel cuando corría de Segovia a Olmedo, de
amplio de la teoría de las religiones políticas, a la concepción de mujer subyacente en los trabajos Galicia a Granada, deponiendo alcaldes, aunando feudos bajo una sola ley,
de Mosse sobre la construcción de la masculinidad moderna, véase K. PASSMORB, «The Genealogy suprimiendo estatutos. Atando corto tanto desmán, con mano dura, Isabel
of Political Religions Theor)l».
la materna le dio fuerza y trabazón al país, yugo al Estado, gramática al
43 Según Daniele Bussy-Genevois, no podía haber una sola representación de la nación fuera idioma, Guardia civil a los caminos [... Jinquisición a los herejes, capitanes
del propio Franco debido a los diferentes componentes del golpe de Estado y a la guerra como a Italia, Indias al mundo. La España impotente de treinta años antes, por
cruzada, que ofreció muchos héroes muertos como símbolos. Siguiendo a esta autora, a lo largo uno de esos ascensos súbitos, saltos de estrella que son la gracia que nos
de los sigios XIX y xx, las representaciones de la nación española fueron muy diversas y ninguna
en particular llegó a erigirse como símbolo indiscutible de la nación salvo, quizás, la matrona quiso dar el Cielo, había ascendido a la máxima altura de la Historia45 •
romana para el liberalismo (D. Bussy-GENEVOIS, «Les visages féminins de I'Espagne»). Para un
análisis comparado de la centralidad de las metáforas de género, y particularmente de las mujeres,
en las narrativas nacionalistas europeas desde el siglo XVIU hasta las dos guerras mundiales, véase 44 F. TORRBS, Genios y místicos, pp. 56-61 Y91-95.

A. M. BANTI, L'onore della nazione.


45 ¡bid., p. 58.

66 INMACULADA BLASCO HERRANZ


GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL FRANQUISMO 67
El antes citado Fray Albino G. Menéndez-Reigada retrataba a Isabel la Cató­
lica como una mujer cuyo ejercicio del poder era implacable, y su justicia la pena igualmente destacar el retrato que de Teresa de Jesús ofrecía
inexorable. En este caso, «la principal forjadora de nuestra unidad y de nues­ Por un lado, la mostraba como modelo ejemplar de uno de los ras­
tro imperio» destacaba sobre todo como impulsora, primero de la unidad y la raza hispana en clave masculina: la aceptación con gusto de la muerte y
armonía social de Castilla, y después de la unidad católica de España. A ella se como paso imprescindible para la consecución del heroísmo.
le atribuía la creación, como «obra personal suya» yen contra de la opinión de Soldados de la legión, despreciadores del dolor y de la vida, novios de la
sus consejeros, del tribunal de la Inquisición 46 • Para conseguirlo, afirmaba Fray muerte: mirad, mirad donde tenéis vuestra Patrona Porque ni las batallas
Albino, Isabel fue ajena a cualquier tipo de misericordia y de piedad, que la dife­ humanas ni las divinas, ni los reinos de la tierra ni el del cielo se con­
rencia sexual moderna había asignado a las mujeres: quistan, si no se comienza, como Santa Teresa, por tragarse, es decir, por
aceptar con gusto, el dolor, el sacrifico y la muerte, de donde únicamente
Había que crear España; y para ello, había que hacer reinar la justicia,
nacen todos los heroismos4ll•
porque es ella la que levanta los pueblos. Isabel se sentaba ella misma en
el tribunal para juzgar a los reos. y no fueron pocos los condenados a
muerte, sin que le temblara la mano en la sentencia. Indultos o amnistías,
Pero, además, Teresa era imaginada como un ser eminentemente racional,
los concedía rara vez. y esto exceptuando siempre el crimen de «herejía». del que parece haber sido extraído todo tipo de emociones, un retrato bastante
Su justicia era inexorable y nada ni nadie la podía torcer [... ] jamás ni por extraño en la época para una mujer:
nada torcía en lo más minimo la vara de la justicia47.
Santa Teresa no fué [sic1monja por inclinación [... l. La naturaleza no,
la inclinación no, el gusto yel instinto no, no; pero la reflexión, la razón
Por su parte, la representación gráfica que acompaña al relato que Gracián fría y serena tras la cual se escondía la voz de Dios, la empujaba hacia el
Quijano hace de Isabel la Católica, a quien describe gobernando con «terquedad convento [... J Santa Teresa fué [sic1monja por pura reflexión y sólo des­
suave y suavidad enérgica», evoca esta idea de justicia implacable: Isabel es una pués de haber contrapesado largamente todos los datos del problema49 •
especie de Arcángel San Gabriel que sostiene la y del yugo con una mano y...
una espada (no alzada) con la otra. Al fondo se dibuja una carabela (fig. 4). Otra de las conceptualizaciones de la feminidad que con más frecuencia articu­
laron la representación de la nación española fue la maternidad. Un uso que no era
nuevo, pero que se hacía ahora sobre la base de significados inéditos. Funcionó,
por tanto, no solo como modelo femenino, al que las mujeres debían aspirar de
manera natural, sino también como simbolo de la nación con un gran poder evo­
cador (de armonía, paz social y orden jerárquico), que reforzaba a la vez un valor
nacional muy naturalizado: el especial vínculo entre la madre y el hijo50.
La mujer Un ejemplo de ello se puede encontrar en la obra de Ernesto Giménez
Caballero, España nuestra. El libro de las juventudes españolas, también pen­
símbolo sada como un manual escolar, en este caso para los jóvenes falangistas. En
un tono coloquial y cercano, se dirigía a los niños invitándoles a dibujar el
mapa de España siguiendo las diferentes representaciones por medio de las
que los diferentes pobladores del territorio «peninsular» habían imaginado
qué era España (como llave, como matrona romana, como conejo, etcétera).

48 lbid., p. 108.
FIG. 4. - Anónimo, La mujer simbolo, Dibujo 49 [bid., pp. 108-109. Esta imagen contrasta, por ejemplo. con la visión de Iafeminídad que había
[G. QUIJANO, Mujeres hisPánícas, p. 19, cap. «Isabell de Castilla» J (TDR) elaborado José María PEMÁN en De doce cualidades de la mujer como antiintelectual y con menor
aptitud especulativa que el hombre.
so A esta cuestión de la relación materno-filíal (se entiende, hijos varones) le ha sido otorgado un
46 Bussy-Genevois afirma que, a partir de 1933, se produce un renacimiento de la figura de valor explicativo relevante dentro de la configuración de las tradiciones nacionales italianas. Véase
lsabella Católica por parte de grupos femeninos de extrema derecha, en calidad de adalid no L. PASSERlNI, «La mere du héros»; y, desde una perspectiva más antropológica, L ACCATI, «Hijos
del catolicismo sino del antisemítismo, al haber expulsado a los judíos del territorio nacíonal omnipotentes y madres poderosas». Sobre lo primero. Mary V'mcent ha destacado el simbolismo
(D. BUSSY-GI!Nl!VOIS, «Les visages féminins de I'Espagne», pp. 34-35). de España corno madre buena de una gran familia, dentro de los intereses del orden esencial de
47 A. G. MENÉNDEZ-REIGADA, Mujeres de España, pp. 23 Y 30. la socíedad doméstica, fraguado en el seno del enfoque neotornista que impulsó el régímen. en
(M. VINCl!NT, «La paz de Franco», p. 101).
GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL FRANQUISMO 69
68 INMACULADA BLASCO HERRANZ

Tras considerarlas apropiadas, pero no perfectas, para que los nifios repre­
sentaran a Espafia (figs. 5 y 6), proponía la siguiente adivinanza:
¡Adivinad! ¡Adivinad! Y, entre tanto, pintad a España en fonna geomé­
trica de pentágono; con forma lineal y dardeante de escudo y águila. Con
fonna de animal, de astro, de planta o de rosa, como la vieron los antiguos:

r
toro, lucero, rosa, serpiente, conejo, agua, palma de mano, llave. Con fonna
de virgen o matrona, como yala viera Roma. Y con forma de Reina Isabel,
como la ven nuestros ojos falangistas, obsesionados de unidad y tradición.

Adivina, adivinanza,

¿a qué mujer tiene España semejanza?

MADRE.

Iréis a vuestra casa. Y, del álbum familiar, tomad el retrato de vuestra

madre. Recortaréis su perfil Y esa imagen de madre la pegaréis sobre un &¡HIÁII como la fte¡".. '..&el.
mapita de España, pintado por vosotros [ ... l. En ese mapa de España,
que tendrá el retrato de vuestra madre, pintaréis, por detrás también, la
bandera española, y sobre ella la Cruz de Cristo S1 • FIG. 5. - Anónimo, España como la Reina Isabe/,

Dibujo lE. GIMáNEZ CA:SALLBRO, BspaIla nuestTa, p. 21J (TDR)

La representación de España como una madre, una madre prolífica y nutriente


( en el dibujo que acompaña al texto, como puede observarse, aparece una madre
amamantando a su hijo), consciente de su tarea educadora y de su deber para
con el Estado que configuró en el plano legal y simbólico el régimen franquista,
resultó la manera más habitual de despertar en los nifios el sentimiento patrió­
tico. Se presuponía que ambos conceptos, patria y madre, activaban emociones
similares: respeto, ternura, admiración y amor incondicional, deseo de defen­
derla hasta la muerte, etcétera.
¡Dios mio!

¡Que mi madre viva siempre y me proteja!

¡Qué mi España se salve y viva siempre!

¡Y yo daré mi vida por España!

¡Porque España es mi madre!

¡España! ¡España mía!

¡Madre mía! ¡Madre!

El símbolo de la madre ayudaba también a establecer en el terreno de lo más


(Revenf,.)
íntimo, incluso corporal, la relación que se mantenía con España, atribuyéndole
una naturalidad sin exhibición, pues mientras EaJHlÍÍ« 00_ _
(ADveno.)

fU
med4lÚl -
bmIdenJ l' 'lO _ .
su macfre.

la insignia de Falange debe verla todo el mundo, orgullosa, ostentada en


la camisa, lucida en el uniforme [ ... l la medalla con España y vuestra
madre nadie deberá verla: irá por dentro, pegada a vuestra carne; sintién­ FIG. 6. - Anónimo, España como una medalla

dola vosotros solos; viéndola y defendiéndola vosotros 5010552 • con tu madre, tu bandera y tu cruz

[E. GIMÉNEZ CABALLERO, España nuestra, p. 23 J (1DR)

51 E. GIMÉNEZ CABALLBRO, España nuestra, pp. 21-22.

52 Ibid., p. 23.

70 INMACULADA BLASCO HERRANZ


GÉNERO Y NACIÓN DURANTE EL FRANQUISMO 71

Reforzaba además rasgos de masculinidad y feminidad. En los niños debía sus­ Estas páginas tan solo han perseguido presentar una forma posible de
citar agresión, y en las niñas llanto recatado que provocara vergüenza en el agresor: la compleja relación entre género y nación durante el franquismo.
ello, se ha planteado una doble pregunta. Por un lado, cómo afectaron las
y tú, niño español: si alguien ante ti se ríe o insulta el nombre de 'aoelaciones -y atribuciones- nacionalistas a las definiciones de feminidad
Dios, o de España, o de tu madre, ¡no vaciles! Con tus puños, COn tus
dientes y tus pies, arremete contra él. y si no lo haces, ¡cobarde! Ya no Por otro, cómo operaron los símbolos construidos en torno a esas
podrás llevar esa medalla de papel sobre el corazón, ni las flechas en aenniciones en la representación -y, por lo tanto, en la construcción- de la
la: camisa. nación. Indagar en estas dos cuestiones ha permitido concluir que la intensidad
Y tú, niña española: si alguien ante ti se ríe o insulta el nombre de y vocación socializadoras del proyecto nacionalizador del franquismo en su
Dios, o de tu madre, o de España, ¡no te importe llorar! Llora con etapa inicial, deudoras de la guerra aunque tuvieran antecedentes en etapas
pena, amarga, infinita, callada. Y verás cómo quien ha insultado tu
tesoro se pone pálido, y balbucea, y te intenta hacer una caricia, y se previas, ejercieron un impacto significativo en la redefinición de la feminidad
aleja con la cabeza baja y en silencio, vencido por la fuerza de tu pena ideal elaborada por parte de la derecha española a lo largo del primer tercio
y por el valor de tu gracia53. del siglo xx. Los contenidos de dicha feminidad estuvieron sometidos a -y
fueron resultado de--Ia tensión entre dos polos. Por una parte, el rol materno­
doméstico impulsado por la tendencia a la reorganización de posguerra en clave
Quizá uno de los aspectos más novedosos en el funcionamiento de la de consecución de la paz y de la armonía sociales, si bien las fronteras público­
maternidad como símbolo de la nación residía en dar entrada a las madres privado se habían redefinido de tal manera que estos roles adquirían una
normales y corrientes, las madres de carne y hueso, a la madre de cada uno, relevancia pública-nacional incuestionable. Por otra parte, la fuerte atribución
frente a otras representaciones de la maternidad más abstractas o cargadas de valores patrióticos derivada del período bélico. Esto fue posible porque se
de significados políticos rechazados por el franquismo, como podía ser la había ido formulando y generalizando, al menos dentro de la derecha española,
matrona de la nación liberal o incluso de la monarquía54. Ello fue, en cierto una concepción de sujeto de nuevo cuño, que sirvió de referente no solo para
modo, consecuencia de los efectos «popularizado res» de la Guerra Civil, que la definición de la feminidad, sino también de la masculinidad ideal, dominado
había movilizado a todos los españoles y también españolas cuyos esfuerzos por nociones de jerarquía, obediencia, heroísmo, culto a la muerte, entrega,
fueron canalizados hacia la defensa de la nación frente a lo que fue concep­ sacrificio, etcétera.
tualizado, en ambos bandos, como una agresión extranjera a su integridad55. Este análisis también ha permitido destacar la centralidad que revistió esta
No fue casual que, ya en la posguerra, la nación española fuera presentada polifacética definición de feminidad en la representación de la nación y, por
por parte de los vencedores -y sobre todo por cierta retórica populista de ende, en la configuración del imaginario nacional español. España fue imagi­
Falange- no sólo como el resultado de las gestas de sus dirigentes o perso­ nada a través de figuras femeninas de su Historia que se convirtieron en modelo
najes más insignes, sino como el fruto del heroísmo de «las muchedumbres». de la raza, gracias a una suerte de combinación de rasgos maternales y viriles.
Dentro de esta categoría se incluía, y así lo hada Giménez Caballero, a «las La patria también fue imaginada como una madre que se convirtió en símbolo
madres», a todas las madres españolas:
de una España igualmente eterna, con atributos concretos y deudores preci­
samente de los procesos de nacionalización española insertos en un modelo
La fundación de España es obra de Santos y Héroes. Pero también de político autoritario, pero que la presentaban como una realidad inmutable en el
las Muchedumbres españolas que dieron su sangre, su sudor, su ilusión
y su libertad para que en el rosal de España florecieran rosas santas y tiempo y en el espacio. De este modo, no solo sirvió como modelo para futuras
heroicas. madres sino, destacamos aquí, para que los niños, especialmente los varones,
Madres. potenciaran su vinculo emocional con la nación.
MUJERES DE ESPAlIiA
Las madres son las mujeres de España que han fundado a España al
fundar sus hijos: los españoles56•

53 Ibid.
54 Por supuesto, la imaginería católica surtió al imaginario nacionalista español con sus múltiples
representaciones de la maternidad a través de las vírgenes, y también lo proveyó de un modelo de
relación madre-hijo muy bien definido.
5S X. M. NÚÑllz SElXAS, !Fuera el invasor!
56 E. GIMÉNllZ CABALLERO, España nuestra, p. 149.