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ENSAYO FUNDAMENTOS DE LA EVALUACIÓN

Actividad No.1

Por
Liliana Catalina Lizarazo ID: 759591
Natalia Ortiz Espinal ID: 758528
Nilson Cruz Ortiz ID: 796631
Rosa Helena Camacho Barajas ID: 759070

MAESTRÍA EN EDUCACIÓN
Evaluación Educativa
NRC 1163

Nombre del Profesor Tutor


José Enrique Copete

Colombia

Febrero 20, 2021


¿Evaluar para mejorar la calidad educativa o examinar para medirla?

Debido al alcance y las consecuencias de la evaluación educativa en vista de que

implica a todo el sistema educativo, desde el aula hasta las instituciones en donde se lleva a

cabo, es que se ha convertido en uno de los temas más debatidos en educación, tal vez como

refiere Estebaranz (2017) “porque pone en evidencia la idiosincrasia y eficacia personal e

institucional” (Estebaranz, 2017, p. 382).

Además de lo anterior, la evaluación educativa por su carácter sistemático, es decir, por

ser una disciplina consciente, ordenada, organizada, metódica y minuciosa y con el concepto en

el imaginario colectivo que indica que para ser justa debe ser objetiva, podría pensarse que el

evaluador únicamente puede preguntarse antes de su ejecución el qué, cómo, dónde, por qué,

para qué y cuándo es el momento adecuado para hacerla. Sin embargo, pese a la rigurosidad de

la evaluación, es importante también verla desde un punto de vista humanista, reconocerla,

como sostiene el doctor Guerra (1996), como un fenómeno ético y comunicativo no como un

fenómeno meramente técnico, que reflexiona constantemente acerca de a qué beneficia y a qué

perjudica, a qué valores sirve y qué valores ataca, es por ello que también es imprescindible

que el evaluador tenga presente no solamente los anteriores cuestionamientos sino que además

se haga la pregunta acerca de a quién evalúa.

Así pues, se hace necesario entonces, que la evaluación considere que todos los

evaluados no son iguales, que detrás de ese aprendiz, institución, de ese informe, prueba o

tarea, existen historias, procesos, seres humanos que sienten, que tienen aspiraciones, sueños y

capacidades distintas y por ende, puntos de partida y metas que no deben ser iguales, pues de

no tenerse esto en cuenta, se contribuiría aún más a la desigualdad en la educación.


Si revisamos la historia, como sostiene Vargas (2011) lo que significa evaluar

tradicionalmente, está supeditado a diversos motivos tales como la intención, necesidad y

objetivos de la institución o del evaluador. Habitualmente la evaluación ha sido concebida

como la manera en que se validan los aprendizajes, los procesos o la forma en cómo se miden,

controlan, clasifican o examinan. Generalmente esto se hace con diferentes niveles de

calificación, sin embargo, debe tenerse presente que no siempre, tal y como nos ha demostrado

la experiencia, lo aprendido por los estudiantes o los procesos institucionales evaluados,

corresponden al resultado arrojado por la evaluación, lo cual como educadores y evaluadores

nos debe hacer un llamado a reflexionar acerca de si solamente es suficiente con medir.

Por consiguiente, si se quiere tener coherencia entre la evaluación y los resultados, es

fundamental hacernos cuatro preguntas: ¿qué estoy evaluando?, ¿a quién?, ¿para qué? y ¿cómo

evaluarlo? esto permitirá tener conciencia acerca de los procesos previos, capacidades,

fortalezas y debilidades de quien se evalúa o de lo que se evalúa, para a partir de allí y no desde

un punto de partida generalizado, siendo consecuentes con el para qué se está haciendo y, como

expone De la Orden (1999) teniendo coherencia con el objetivo que se persigue tanto de la

institución como de la educación de hoy, idear, crear o elegir, la mejor manera en que se

pueden recolectar las evidencias, así la evaluación se convierte en “el más poderoso factor o

palanca de la calidad educativa” (De la Orden, 1999, p. 578).

Al respecto Vargas (2011) también opina lo mismo, afirmando que la consecución de la

calidad educativa debería ser el fin de la evaluación en educación. Esto se logra evaluando

aspectos que de acuerdo con De la orden (2009) conforman un sistema educativo de calidad. El

primer aspecto es el funcional, el autor expone que hay calidad educativa cuando se evidencia

que la educación está ligada a lo que la sociedad necesita. En segundo lugar, la eficacia, es
eficaz cuando logra lo que pretende y en tercer lugar la eficiencia; es eficiente cuando consigue

los resultados con el menor gasto posible. Estos tres factores han venido transformado el

concepto que tradicionalmente se ha conocido de evaluación, evitando reducirla únicamente a

la escuela sino extendiéndola a otros contextos: la práctica docente, los aprendices, los

docentes, las instituciones, en otras palabras, a todo el sistema educativo.

Sin embargo, a pesar de estos avances, es evidente que aún existen evaluadores que

conservan ese reduccionismo en el concepto de la evaluación, al medir y clasificar únicamente

un aspecto sin pensar otras correlaciones que pueden ser responsables del éxito o del fracaso de

los resultados y que evidentemente impactan en la calidad educativa. Guerra (1996), afirma que

ese nivel de conciencia en la evaluación, deriva del concepto de educación y de evaluación que

tenga el evaluador, entonces para que exista un cambio en las prácticas educativas y, por ende,

evaluativas y coherencia entre el quién, qué, cómo y para qué evaluar, es preciso cambiar

significados, actitudes y prácticas. En cuanto significados, el de tarea, escuela y evaluación que

en muchos casos no corresponden con la definición actual de la educación de hoy, en actitudes,

para entender a la evaluación como acto de comunicarse, por ende, con apertura al diálogo entre

todos los miembros de la comunidad educativa y, en cuanto a las prácticas profesionales, es

urgente pasar del discurso, a la práctica.

En correspondencia con lo anterior, la evaluación debe entenderse como ese entramado

de factores que están directamente relacionados y que no pueden desligarse unos de otros,

razón por la cual ha de considerarse una disciplina, que como Scriven (2000) explica, ha sido

necesaria para que otras disciplinas validen sus procesos llevándolas a mejorar y convertirse en

eso, por ello, la describe como una disciplina dominante sobre las demás o alfa ya que las otras

siempre la requerirán para fundamentar su quehacer, necesitando de sus procedimientos


sistémicos para favorecer el mejoramiento de la congruencia entre lo que se quiere alcanzar y

los resultados, pero también que trasciende más allá de ser alfa convirtiéndose en paradigmática

donde no sólo ha de servir como molde orientador sino también señalar rutas que permitan

pautas fundamentales para reorientar permanentemente los procesos.

En conclusión, la evaluación es una disciplina necesaria en todo proceso de formación

educativa que sirve de modelo y engranaje para otras disciplinas. Se asume que la evaluación

por su sistematicidad e importancia ha llevado a la necesaria reflexión de sobrepasar los

criterios meramente cuantitativos, y dar paso a los procesos y criterios incluyentes de lo

cualitativos y así “humanizar” los procesos evaluativos haciendo críticas de aquellos tipos de

evaluación que sólo ven al alumno como un producto terminado y no como un proceso o un

sujeto en construcción con variables en el camino. Por otro lado, también se resalta la

importancia de cambiar paradigmas tradicionales de la evaluación mostrando disposición al

cambio con actitudes y aptitudes que entiendan y aborden la situación actual del evaluado.

Por último, surgen las siguientes preguntas: ¿hasta cuándo se van a seguir aplicando

modelos de evaluación tradicional en algunas Instituciones Educativas públicas y privadas de

nuestro país que ven al estudiante como producto terminado y no como un ser en proceso?, ¿la

evaluación es objetiva si se plantea y se aplica desconociendo el contexto y la realidad del

evaluado?
Anexo

La primera institución educativa es el Colegio Reggio Emilia, donde yo, Natalia Ortiz

Espinal laboro como docente de Ciencias Naturales en los grados 4°,5° y 6°. Es de carácter

privado ubicada en Sabaneta- Antioquia. Es una institución joven, con apenas tres años, que

inició con la primera sede en el municipio Sabaneta-Antioquia en 2018 con 50 estudiantes

desde transición hasta once y ahora cuenta con 300 estudiantes en dos sedes (Sabaneta y

Envigado) y una por abrir en la ciudad de Manizales en junio de 2021. El Colegio tiene un

enfoque metodológico humanista, constructivista y Reggio Emilia, razón por la cual, queriendo

ser coherente con sus enfoques y con el objetivo general de la educación de hoy, privilegia la

evaluación desde el paradigma de la complejidad, holístico, que considera el proceso evaluativo

como un todo. En la institución no hay evaluaciones sumativas, el tipo de evaluación que se

privilegia es la formativa, el estudiante produce a partir de las actividades propuestas y el

docente va andamiando y validando al tiempo el proceso de enseñanza aprendizaje durante la

comunicación constante con el aprendiz, en este proceso el maestro hace ajustes a sus propias

estrategias didácticas y también reorienta al estudiante para que alcance la meta en caso de así

requerirse. No existe en el lenguaje institucional la palabra pérdida, de tareas, periodo o año,

los estudiantes siempre están en proceso mientras no hayan alcanzado la meta y los docentes

ideando nuevos caminos, para que quienes no lo han logrado, alcancen los objetivos

propuestos.

En concordancia con la institución está mi propio concepto de evaluación. Estoy en

completo acuerdo con la evaluación de procesos y no de resultados, con valorar el

mejoramiento que se ha tenido como punto de partida antes de un juzgamiento, con que la

evaluación no solamente mide sino que muestra el camino para hacer ajustes y exista
congruencia entre los fines y el resultado, como describe Scriven (2000), una evaluación

paradigmática que no solamente señale el error o evalúe un solo aspecto, sino que sea integral y

favorezca la reflexión acerca de cómo podría ser la mejor manera de hacerlo. En este sentido,

mi interés en evaluación sería la evaluación de la institución, para conocer los avances que se

han tenido desde la fundación tan reciente del colegio, saber si se han cumplido los objetivos

propuestos, qué nos falta para alcanzarlos y cómo lo podemos lograr, aportando desde allí a

mejorar la calidad educativa.

El segundo centro educativo a referenciar es la institución educativa Rafael Uribe

Uribe del municipio de Pore -Casanare. Mi nombre es Rosa Helena Camacho Barajas, soy

licenciada en educación preescolar, la Institución Educativa de carácter público, la cual tiene

más 30 años de historia en el municipio, cuenta con 1745 estudiantes que están distribuidos

desde grado preescolar hasta grado once, con jornada semi presencial es decir estudiantes de

extra edad que estudian los días sábados. La institución cuenta con la modalidad técnica en

liderazgo microempresarial. En este centro educativo según el PEI se desarrolla una evaluación

formativa de carácter continúo tratando de tener en cuenta la situación de vida del estudiante,

más sin embargo en muchos caso la institución prefiere mantener una evaluación sumativa

para cumplir con todos los requerimientos propuestos por el ministerio dejando de lado el

contexto de la comunidad educativa, quienes en estos momentos carecen de los recursos y el

conocimiento para asumir la virtualidad en su vida escolar, por ello mi interés para evaluar

está en la parte curricular en ver que tanto se asume de lo que está escrito en el currículo

educativo y que tanto se está llevando a la práctica, lo que implique reflexionar y proponer

acciones que impacten positivamente a la comunidad educativa.


Teniendo en cuenta lo anterior puedo decir que para mí la evaluación es la disciplina

más oportuna y coherente que tiene el sector educativo ya que si es llevada a cabo

correctamente permite mejorar, cambiar , retroalimentar y construir procesos de formación no

solo para los estudiantes , o docentes , sino que también para los directivos y padres de

familia, ya que esta permite como lo indica Scriven (2000) , evaluar procesos mas no

resultados y asumir la posición de quien es evaluado partiendo de sus necesidades, llevando a

que el asuma los propósitos de alcanzar las metas , buscando su superación y no su quiebre.

La tercera Institución Educativa es Sebastián de Belalcázar, donde yo, Nilson Cruz

Ortiz, laboro como docente de filosofía. Es de carácter oficial, ubicada en un sector rural del

municipio de Palmira- Valle del Cauca. El colegio cuenta con un aproximado de 1.400

estudiantes repartidos en tres corregimientos –Guanabanal, Palmaseca y Ciudad del Campo; y

dos veredas: la Unión y Caucaseco. El colegio es una de las únicas opciones que tiene la

población de dichos sectores. Por ser zona rural como muchas otras de nuestro país, sus

habitantes han tenido problemas con el buen funcionamiento del acueducto y agua potable,

energía estable, vías de acceso pavimentadas y por supuesto, redes de conexión para las

telecomunicaciones y demás.

En cuanto a la forma de evaluación se está realizando un gran esfuerzo por asumir la

evaluación formativa -en y desde la práctica- y dejar a un lado la sumativa. Me explico: en el

PEI se especifica la evaluación formativa como directriz, pero a muchos docentes por su

antigüedad, costumbres y hábitos en la enseñanza, les cuesta la iniciativa de evaluar con

procesos y alejarse o tomar distancia de asumir el proceso de enseñanza aprendizaje como un

producto final.
En cuanto a la definición pretenciosa de evaluación, la asumo como aquella disciplina

que se encarga de medir, proponer y orientar los procesos de enseñanza-aprendizaje en torno a

una comunidad educativa -estudiantes, docentes, directivos, padres de familia y demás

integrantes de la comunidad-. Lo que busco entonces desde estos conceptos de evaluación es

hacer partícipes a la comunidad educativa de la necesidad de aplicar y asumir la evaluación

como un proceso que coopera y reconstruye dimensionalmente al evaluado.

La cuarta Institución Educativa a referenciar es Villas de San Ignacio ubicada al norte

de la ciudad de Bucaramanga, de carácter oficial. Mi nombre es Liliana Catalina Lizarazo

Sandoval, licenciada en educación preescolar. La institución cuenta con 1600 estudiantes desde

el preescolar hasta el grado once, es una población de estrato 1 y 2 con diversas necesidades,

económicas, sociales y culturales. Desde mi práctica, evaluar, me ha llevado a recaer en el

paradigma de la evaluación tradicional sumativa, dando solo un juicio valorativo al aprendizaje

de mis estudiantes olvidando generalmente el ser y su contexto social, sin embargo, gracias a la

oportunidad de formarme pedagógicamente, he redireccionado el valor ético y profesional que

significa para mí la evaluación hoy; la cual considero al igual que Celin (2012) como una

disciplina que enmarca diversos aspectos que hacen parte de una construcción en la que todo se

relaciona entre sí y no puede separase, ya que conforma un todo, favoreciendo al auto

reconocimiento del estudiante como un sujeto capaz de reaprender, formarse de diferentes

maneras y con distintas estrategias de aprendizaje, que le permitan una transformación en su

proceso de formación.

Debido a que en la institución las directrices establecidas desde el PEI, no son coherentes con

el currículo educativo y la evaluación y que el estudiante continúa interesado por responder

académicamente por una nota sumativa, me gustaría evaluar el currículo a partir de un modelo
evaluativo formativo, que permita retroalimentar permanentemente el desarrollo integral del

estudiante, buscando estrategias que en lo posible ayuden al aprendizaje y desarrollo de

competencias garantizando “una coherencia estructural entre los diversos componentes del

currículo con la verdadera función de la evaluación” (Celin, 2012, p. 84).


Referencias

De la Orden, A. (1999). Evaluación y calidad en educación. revista de investigación educativa,

17(2), 577-579.

De la Orden, A. (2009). Evaluación y calidad: análisis de un modelo. Estudios sobre

educación, 16, 17-36.

Celin, M. (2012) Evaluar desde el paradigma de la complejidad, un nuevo reto para la

educación del milenio. Recuperado de:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4496089

Estebaranz, J. M. A. (2017). La evaluación de los aprendizajes. Problemas y soluciones.

Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 21(4), 381-404.

Guerra, S. M. Á. (1996). Evaluar es comprender: De la concepción técnica a la dimensión

crítica. Revista Investigación en la Escuela, 30, 5-13.

Salsedo, G. Hernando (2007). La evaluación educativa y su desarrollo como disciplina y

profesión: presencia en Venezuela. Revista de Pedagogía, Vol. 31, Nº 89.

Scriven, Michel. (2000) The three revolucions. Disponible en:

Http://michaelscriven.info/papersandpublications.html

Vargas, A. I. M. (2011). La evaluación educativa: concepto, períodos y modelos. Revista

Actualidades Investigativas en Educación, 4(2).

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