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El causalismo

Publicado por Andryux on lunes, 21 de septiembre de 2009

Método: Positivismo, jurídico o formalista.

Como criterio o corriente procesal se debe a la obra del jurista alemán Franz Von Liszt
quien con una tendencia finalista en el año de 1881 estableció que la acción es un
fenómeno causal – natural que trae como consecuencia un resultado que puede consistir
en un delito. Esta idea fue reforzada con las obras de diversos juristas como por ejemplo:
Ernest Von Beling, Gustav Radbruch, Max Ernest Mayer, Edmund Mezger, Cesare
Bonnesana (Marqués de Beccaria) etc. Éste último, en su obra “los delitos y las penas”
señaló la total existencia de un nexo causal entre la acción y el resultado. Dando por
conclusión que la persona era responsable por haber provocado el resultado con una
acción. Esta escuela basó su ideología en el positivismo científico resaltando los valores
humanos. La escuela causalista establece la responsabilidad penal de una persona
basándose primordialmente en el acto o acción humana y su efecto en el mundo material;
es decir, el sistema causalista se caracteriza por su sencillez para ubicar la culpabilidad
ya que para atribuir la responsabilidad a la persona solo se requiere la comprobación de
la causa, tomándose al efecto como su consecuencia directa razón por la cual una
persona siempre será culpable cuando se acredite su acción como causa del resultado.
Este sistema recibe el nombre de causalismo por basarse en el binomio de la causa-
efecto. Esta escuela cobró tal importancia, que los doctrinarios y estudiosos del Derecho
Penal la han divido en Escuela Causalista Clásica (Alemania 1881 – 1907), y Escuela
Causalista Neoclásica (Alemania 1907 – 1930). En conclusión la escuela causalista funda
su existencia en la necesidad de ubicar al delito tan solo con la simple comisión del
mismo, para la escuela causalista importa la materialidad del acto representada por el
elemento objetivo del tipo sin importar el ánimo, pensamiento, fin o destino de la acción
que tuviera el delincuente; razón por la cual la escuela causalista, erróneamente se cree
se apoya en la teoría y concepto del cuerpo del delito, sin embargo en la realidad, el
moderno concepto del Cuerpo del Delito sí contempla otros aspectos como el normativo y
el subjetivo.

Para el causalismo solo se necesita tener por comprobados los elementos objetivos o materiales
del tipo como son:

a) Calidades referidas al sujeto activo.


b) Calidad referida al sujeto pasivo

c) Referencias temporales y espaciales

d) Referencia a los medios de comisión

e) referencia al objeto material.

CAUSALISMO 

Franz Liszt - Causalismo


Como criterio o corriente procesal se debe a la obra del jurista alemán Franz Von Liszt quien con una
tendencia finalista en el año de 1881 estableció que la acción es un fenómeno causal – natural que trae
como consecuencia un resultado que puede consistir en un delito.

Esta idea fue reforzada con las obras de diversos juristas como por ejemplo: Ernest Von Beling, Gustav
Radbruch, Max Ernest Mayer, Edmund Mezger, Cesare Bonnesana (Marqués de Beccaria) etc. Éste
último, en su obra “los delitos y las penas” señaló la total existencia de un nexo causal entre la acción y
el resultado. Dando por conclusión que la persona era responsable por haber provocado el resultado
con una acción. Esta escuela basó su ideología en el positivismo científico resaltando los valores
humanos. 

La escuela causalista establece la responsabilidad penal de una persona basándose primordialmente en


el acto o acción humana y su efecto en el mundo material; es decir, el sistema causalista se caracteriza
por su sencillez para ubicar la culpabilidad ya que para atribuir la responsabilidad a la persona solo se
requiere la comprobación de la causa, tomándose al efecto como su consecuencia directa razón por la
cual una persona siempre será culpable cuando se acredite su acción como causa del resultado. 

Este sistema recibe el nombre de causalismo por basarse en el binomio de la causa-efecto. Esta
escuela cobró tal importancia, que los doctrinarios y estudiosos del Derecho Penal la han divido en
Escuela Causalista Clásica (Alemania 1881 – 1907), y Escuela Causalista Neoclásica (Alemania 1907 –
1930). 

En conclusión la escuela causalista funda su existencia en la necesidad de ubicar al delito tan solo con
la simple comisión del mismo, para la escuela causalista importa la materialidad del acto representada
por el elemento objetivo del tipo sin importar el ánimo, pensamiento, fin o destino de la acción que
tuviera el delincuente; razón por la cual la escuela causalista, erróneamente se cree se apoya en la
teoría y concepto del cuerpo del delito, sin embargo en la realidad, el moderno concepto del Cuerpo del
Delito sí contempla otros aspectos como el normativo y el subjetivo

FINALISMO

Hans Welzel tomó en consideración a la filosofía neokantiana de la escuela sudoccidental


alemana(filosofía de los valores) y la psicología del pensamiento de Richard Hönigswald
desarrollando durante los años treinta del concepto final de acción, cuyo punto medular radica en
poner de manifiesto que la conducta no es relevante para el derecho personal sólo por su
causalidad sino por que esta dirigida por una finalidad que guía al proceso causal. Welzel partió de
una estructura lógico-real de la acción y sostuvo que de todos los procesos causantes de
resultados de lesión o puesta en peligro de bienes fundamentales, sólo interesaran al derecho
penal las conductas humanas porque están dirigidas por el intelecto a la consecución de dicho
resultado mientras que los demás procesos causales son ciegos.

La hipótesis principal del finalismo----en contraste a lo definido por el causalismo---consiste en


concebir al injusto ya no de modo naturalista sino como injusto personal; la virtud más importante
del finalismo fuel la de haber trasladado, definitivamente, el dolo al tipo penal, derivando desde
luego todas las consecuencias sustanciales que ellos implica en el sistema penal. El argumento
filosófico mas cálido del Derecho Penal Finalista consiste en no concebir a la realidad como un
mero producto del conocimiento sino antes bien, afirma el finalismo, en la facticidad (en la
realidad) va encerrada cierta normatividad; dicho brevemente, la fórmula del finalismo podría
expresarse diciendo: “el deber ser valorando el ser; todo ello en atención a la ontología, a la
naturaleza de las cosas.

¿Cuáles fueron las consecuencias dogmáticas que resultaron de haber trasladado el dolo al tipo
penal? Las más importantes tienen aplicación en el tratamiento del error (error de tipo y error de
prohibición), por otro lado el conocimiento de la antijuricidad dejo de formar parte del dolo:
definitivamente para quedar-normativamente-como un mero juicio de reproche. En los ámbitos
de la autoría y participación, las repercusiones dogmáticas del finalismo no dejan de ser menos
trascendentales, dada la importancia del principio de accesoriedad limitada.

Las principales categorías que componen al delito y todo esto de conformidad al sistema finalista:

ACCIÓN.

El finalismo considera a la acción final como algo que existe realmente, como algo que solo puede
ser descrito, como algo que debe ser en su caso objeto de una valoración pero, la acción final
según esta concepción, dado a que existe previamente al Derecho, no puede ser producto de una
valoración, ni el producto de un acto legislativo; para el finalismo toda acción está dotada de
finalidad y por tanto de sentido lo que permite al hombre orientar sus acciones hacia
determinadas metas, dirigiendo para ello los cursos causales necesarios; el dolo se ubica
sistemáticamente en el tipo; por ejemplo: cuando una persona yerra el disparo dirigido hacia otra,
frente a que estamos: ¿frente a una tentativa de homicidio?, ¿frente a un a tentativa de lesiones?
He aquí la importancia de el dolo en el tipo ( en el tipo de lesiones o en el tipo de homicidio para el
caso concreto).

Ubicando el dolo dentro del tipo subjetivo, el desvalor de la acción, es decir, el desvalor de la
acción, el desvalor de la intención (el dolo) aparece como en el centro del injusto penal. Con el
desvalor de la acción toma la relevancia la pregunta en el sentido de saber ¿Qué quería el autor en
el momento de realizar su acción.

TIPICIDAD.
Con el traslado definitivo del dolo al tipo, la tipicidad se bifurcó en el tipo objetivo y tipo subjetivo;
entonces el finalismo comprendió que el tipo subjetivo es en el que se contiene el dolo, esta
regido hacia el sentido del objetivo, en el que se encuentra por ejemplo el bien jurídico que se va a
lesionar y el curso causal que se seguirá el autor del delito.

ANTIJURICIDAD.

La antijuricidad es un juicio de valor objetivo, en cuanto se pronuncia sobre la conducta-típica de


un hombre, constituye una unidad de momentos del mundo externo(objetivos) y
anímicos(subjetivos) la antijuricidad es objetiva solo en el sentido de un juicio de valor general; su
objetivo, la acción, en cambio, es una unidad de elementos objetivos(del mundo externo) y
subjetivos.

CULPABILIDAD.

Los requisitos de la culpabilidad en el sistema finalista son: 1)la imputabilidad como presupuesto
de la culpabilidad; 2)la conciencia de la antijuricidad con el finalismo el dolo pasa al tipo como dolo
de tipo (dolo natural) y el conocimiento de la antijuricidad queda en la culpabilidad; 3) la
exigibilidad de otra conducta. Efectivamente la culpabilidad en el finalismo ya sin ningún elemento
psicológico(dolo o culpa),quedo como la etapa del delito en que se realiza un juicio de reproche al
autor. Los elementos del juicio de reproche permite saber si el sujeto podía y debía conducirse de
distinta manera( juicio de evitabilidad).

Como se puede apreciar, la importancia del nuevo concepto final de acción llegó a tal grado que
modifico todos contenidos de las demás categorías del delito y dio origen al llamado sistema
finalista, el cual fue expuesto en toda si extensión hacia 1940 para encontrarlo como a
continuación vemos.

*Conducta (finalidad)

*Tipicidad

>tipo objetivo

~elementos objetivos

~elementos normativos(culturales y jurídicos)

>tipo subjetivo

~dolo o culpa

~elementos subjetivos específicos requeridos por el tipo

DELITO

*Antijuricidad

>Caracterizada por la ausencia de la justificación; legitima defensa; estado de necesidad


justificante; cumplimiento de un deber; ejercicio de un derecho o consentimiento del sujeto
pasivo.
*Culpabilidad

>Imputabilidad

>Consciencia de la antijuricidad

>Exigibilidad de otra conducta, la cual se excluye cuando ocurre:

~medio grave o temor fundado

~estado de necesidad exculpante

~error de prohibición

El Finalismo
Publicado por Andryux on lunes, 21 de septiembre de 2009

Como criterio o corriente procesal para ubicar la culpabilidad del sujeto y la consecuente
imposición de la pena, parte de la Teoría del jurista alemán Hans Welzel quien en el año de 1930
realiza una crítica del sistema causalista diciendo que el ubicar la acción en forma causal es una
forma ciega de observar el delito aduciendo que es una forma ciega por que el causalismo se
reduce a causa-efecto sin tener en cuenta la finalidad de la acción. En el año de 1931 Hans Welzel
estableció que el delito parte de una acción pero tiene una finalidad o un fin, es decir el delito basa
su creación en una relación ético-social en donde en primer plano se encuentra la culpabilidad
como elemento del delito, debiéndose medir y tomar en cuenta la peligrosidad del individuo en
relación a su culpabilidad de ahí que la teoría finalista hace un análisis de la culpabilidad del
delincuente tomando en cuenta el fin o fines de la acción del delincuente; ésta ideología recibe el
nombre de finalista por que atiende principalmente al estudio técnicojurídico sobre la finalidad del
delincuente para cometer el delito. Esta teoría, en cuya ideología intervinieron juristas como
Hellmuth Von Weber, Alexander Graf Zu Dohna Hellmut Mayer, revolucionó el pensamiento penal
de la época siguiendo la idea varios juristas como Nicolai Hartmann y Richard Konnigsberg. Hans
Welzel en base a ésta teoría saca de la culpabilidad el elemento de la forma (2° elemento) que
representa al dolo y la culpa, trasladándolo a la acción como consecuencia natural y, toda vez que
en ésta teoría la acción pertenece al tipo, tanto el dolo y la culpa se deberán tomar en cuenta al
estudiar la conducta y el tipo, no obstante que el causalismo consideraba al dolo como elemento de
la culpabilidad. Esta escuela basó su ideología principalmente en la psicología y la fenomenología
como elementos preponderantes en el actuar humano. Esta escuela, que para los doctrinarios y
estudiosos de la Teoría del Delito se ha dividido en finalismo ortodoxo, finalismo radical, finalismo
formal, finalismo material y finalismo valorativo, tuvo su total desarrollo en Alemania desde el año
1930 hasta el año 1970, habiendo sido interrumpido su camino entre los años 1933 y 1945
aproximadamente por haber imperado en esos años en Alemania otra escuela llamada del
“Irracionalismo Jurídico” o de la “Escuela de Kiel” sustentada por juristas como Georg Dahm,
Friedrich Schaffstein y Edmundo Mezger. La teoría finalista expone dos diferentes fases en su
estudio aduciendo que para que un individuo pueda ser castigado en base a su demostrada
culpabilidad deben de tomarse en cuenta diversos aspectos tanto internos como externos de la
conducta del individuo. Para la teoría finalista es esencial el estudio minucioso de cada uno de los
elementos integrantes del tipo como lo son:

a) Los elementos Objetivos.

b) Los elementos Subjetivos.

c) Los elementos normativos.

Basando lo anterior en la teoría alemana de la Tipicidad iniciada en el año de 1906 por el jurista
alemán Ernst Von Beling, la teoría finalista señaló que sobre todo estudio de la culpabilidad
deberán analizarse dos fases en la conducta del hombre que son: la fase externa y la fase interna.

Conducta.

Fase Interna Fase Externa

- Objetivos y propósitos -Ejecución de los medios

- Medios Empleados -Resultado previsto

- Posibles consecuencias -Nexo causal.

Por otro lado la escuela Finalista funda su razón de ser en la subjetividad del acto y que
corresponde a la fase interna (el pensamiento del individuo), analizando los motivos y finalidades
del delincuente para poder deducir de ahí la culpabilidad del sujeto en base a la realización de un
hecho. Por tal motivo ésta escuela se basa totalmente en la teoría del Tipo y sus elementos como
condición para que pueda establecerse la culpabilidad; esto es, que ésta teoría exige el estudio
dogmático-jurídico de cada uno de los elementos del tipo analizados en la relación del hecho
delictivo en particular para poder establecer la culpabilidad sobre una persona. Haciendo una
comparación entre la escuela Causalista y Finalista
Para el Finalismo es necesario además de tenerse por comprobado el elemento objetivo el tipo,
que se tengan comprobados también los elementos normativos y subjetivos como por ejemplo
todos aquellos hechos que se encuentran vinculados a la antijuridicidad. Que deberán ser
valorados en base a las características del hecho delictivo, así como de aquellos supuestos que
hacen determinar la voluntad del sujeto activo para actuar con intención, dolo o culpa. Lo que da
como consecuencia que ésta escuela finalista funda su razón de ser en la subjetividad del acto
analizando los motivos y finalidad en el actuar del delincuente para poder deducir de ahí la
culpabilidad sobre la persona. En consecuencia, y por los motivos antes expuestos, ésta escuela
se basa totalmente en la teoría del Tipo y sus elementos como condición para que pueda
establecerse la Culpabilidad, ésta teoría exige el estudio dogmático jurídico de cada uno de los
elementos del Tipo analizados en relación al hecho delictivo en particular para poder establecer
Culpabilidad. En México en la década de los años ochenta, derivado de la teoría del tipo y la
corriente finalista se elabora una doctrina nueva acerca del tipo penal por investigadores y juristas
de la UNAM con auxilio de la lógica-matemática. Esta teoría fue realizada por la Dra. Olga Islas y el
maestro Elpidio Ramírez con la ayuda de un jurista argentino de nombre Ernesto Raúl Zaffaroni y
la valiosa ayuda de un matemático de nombre Lian Karp. Ésta teoría inclusive fue expuesta en
Alemania y en su momento aceptada, y se basó en una fórmula matemática, específicamente de
álgebra en donde cada uno de los factores representaba diferentes aspectos sobre los elementos
del tipo los que sumados todos dan un resultado de culpabilidad. Con ésta doctrina se intentó
apoyar al finalismo siendo conocida como el “modelo lógico matemático”.

El Funcionalismo
De entre las corrientes funcionalistas que surgen a partir de los años “sesenta” es de destacar, en
cuanto supone una nueva manera de fundamentar el sistema penal, el modelo funcionalista de
Derecho penal propuesto en Alemania por Jakobs. La aplicación de la teoría sistémico-
funcionalista al Derecho penal ha afectado a los tres planos en los que se desarrolla el discurso
penal: 1) en el plano técnico jurídico, referido a la dogmática del delito, mediante la radical
normativización de los criterios de imputación; 2) en el plano político criminal, relativo al objeto
y a la finalidad de la tutela penal; 3) y en el plano ideológico, concerniente a la fundamentación
y a la legitimación del sistema penal.

a) La vigencia de la norma como función del Derecho penal.

Siguiendo los postulados de la sociología de sistemas de Luhmann -en la que el Derecho se


concibe como un susbsistema orientado a la estabilización del sistema social, de orientación de
las acciones y de estabilización de las expectativas-, el centro de atención se desplaza a la
“confianza institucional”. En este sistema la función de las normas -en tanto estabilización de
expectativas-, es independiente de su contenido. De ahí se deriva que la violación de la norma
sea siempre socialmente disfuncional, pero no tanto porque resulten lesionados determinados
intereses o bienes jurídicos, sino por cuanto es puesta en discusión la validez misma de la norma,
y con la confianza institucional garantizada por la misma.

Desde esta perspectiva, el Derecho penal aparece como un subsistema dirigido a garantizar la
confianza institucional mediante el restablecimiento de la vigencia de la norma cuestionada por
el delito. En este sentido afirma Jakobs que la tarea del Derecho penal no puede consistir en
impedir la lesión de bienes jurídicos. Su función es más bien, reafirmar la vigencia de la norma,
debiendo equipararse a tal efecto vigencia y reconocimiento. Consecuente con esta nueva
función del Derecho penal, el principio del delito como lesión de bienes jurídicos es reemplazado
por el principio del delito como expresión simbólica de infidelidad al ordenamiento jurídico. Y la
idea de prevención general y especial es sustituida por la del “ejercicio del reconocimiento y
fidelidad a la norma”.

b) El restablecimiento de la confianza institucional como fundamento y legitimación del


sistema penal.

De acuerdo con lo anterior, el fundamento del Derecho penal no ha de buscarse ya en la tutela


de bienes jurídicos, sino, ante todo, en la función simbólica del ordenamiento normativo,
entendido como instrumento de orientación e institucionalización de la confianza mutua. La
protección tiene lugar reafirmando al que confía en la norma en su confianza, y en esta medida
la pena tiene lugar para ejercitar en la confianza hacia la norma.

Desde esta perspectiva, el delito deja de ser la puesta en peligro de un bien jurídico para pasar a
ser una amenaza a la integridad y a la estabilidad social, en cuanto constituye la expresión
simbólica de una falta de fidelidad al Derecho. También la pena aparece, a su vez, como una
expresión simbólica opuesta a la representada por el delito cuya función es el restablecimiento
de la confianza institucional violada por el delito.

Críticas de las posturas funcionalistas:

En primer lugar, la teoría sistémica-funcionalista incurre en la denominada falacia normativista,


al pretender derivar de las funciones que efectivamente cumple el Derecho penal (ser), los fines
justificadores del mismo (deber ser). Así, acreditan como fines o modelos a seguir lo que sólo son
funciones o efectos realizados de hecho.

A su vez, la funcionalización de todo Derecho penal con relación a un sistema social ideal –del
que se desconocen sus características concretas, y lo que es más importante, su grado de
violencia- sólo es capaz de proporcionar una justificación apriorística y abstracta del Derecho
penal. Y en la medida en que por ello es compatible con cualquier modelo de política criminal,
no permite mantener una actitud crítica frente a la arbitrariedad, los excesos y los errores.

Como afirma Muñoz Conde, “la teoría sistémica representa una descripción aséptica y
tecnocrática del modo de funcionamiento del sistema, pero no una valoración, y mucho menos,
una crítica del sistema mismo. Esta legitimación tecnocrática del funcionamiento del sistema
punitivo resulta coherente, como afirma Baratta, con la concepción del individuo como portador
de la respuesta simbólica, y no como destinatario y fin de una política de reinserción social.

Lo abstracto e indeterminado del fin asignado al Derecho penal –estabilización de la norma-


además de imposibilitar justificaciones –y lño que es más importante- deslegitimaciones parciales
y/o de sistemas concretos, conduce, en opinión de Schünemann, a un sistema cerrado en el que
inevitablemente se produce una argumentación tautológica o circular en la que se pierde
cualquier oportunidad de establecer límites a la intervención penal. 

Por último, y desde los criterios que han de regir una teoría justificacionista del Derecho penal,
quizá la crítica más contundente haya de ir dirigida al hecho de que sólo tome en consideración
los eventuales efectos positivos que del ejercicio de la función penal puedan derivarse para la
integración social y el restablecimiento de la confianza institucional. Y así, al desconocer –o
despreciar- los altos costes sociales y gravísimos efectos que, sobre la integración social y la
confianza en las instituciones, de hecho tiene el Derecho penal, olvida que el coste social de las
penas y más en general de los medios de prevención de los delitos, puede ser superior al coste
mismo de las violencias que trata de prevenir. Y en ese caso, el sistema penal que se pretende
justificar queda deslegitimado.

Fuente:
Apuntes de la profesora María Revelles Carrasco.
Funcionalismo
Publicado por Andryux on lunes, 21 de septiembre de 2009

En la década de los años ochenta un jurista Alemán de nombre Claus Roxin realiza una
nueva teoría (1984) mediante el uso de la llamada Política Criminal o Criminológica en
donde se expone que la misión última del Derecho Penal es la protección de bienes
jurídicos en todo ámbito dentro de la vida del hombre, dándole el nombre a ésta teoría de
funcionalista en virtud de que ve a la pena o castigo en función de una prevención general
del delito así como prevención especial que va dirigida al autor del delito para que no
reincida; y a la sociedad en general para que sirva de ejemplo la imposición de un castigo.
Para esta teoría, el momento de imponerse la pena constituye la parte más importante del
proceso penal, ya que de ello depende el detener tanto al delito como al delincuente. Esta
escuela descansa su ideología en los modernos principios de política criminal, y entre sus
principales desarrolladores se encuentra Ghünter Jakobs quien ha dado impulso al
llamado “Funcionalismo Radical” al partir su teoría de principios filosóficos. Así, los
doctrinarios del Derecho Penal y de la Teoría del Delito han dividido a la escuela
funcionalista en dos:

“El Funcionalismo Moderado” de Claus Roxin; y el

“Funcionalismo Radical” de Ghünter Jakobs.

Esta escuela ha tenido diversos seguidores en el mundo; en Alemania Bern Schunemann y


Schmidhäuser; en España Santiago Mir Puig, Juan Bustos Ramírez, Manuel Cancio Meliá,
Francisco Muñoz Conde y Miguel Polaina Navarrete; en Italia Alessandro Baratta; En México
Enrique Díaz Aranda, Rafael Márquez Piñeiro y Carlos Daza Gómez. En México un jurista discípulo
de Claus Roxin, Enrique Díaz Aranda en la década de los años noventa comenzó a desarrollar y
dar auge a esta teoría funcionalista, naciendo el llamado “Funcionalismo Teleológico” toda vez que
ésta corriente destaca y pone de relieve los fines de la sanción penal constituyendo un nuevo
sistema racional penal que consiste en un dinámico sistema del derecho penal eficazmente
estructurado con un nuevo proceso y procedimiento rápido y efectivo que descansa sobre bases
político-criminales de la moderna teoría de los fines de la pena. No obstante todo lo anterior, es
preciso señalar que México no tiene definida una ideología, escuela, corriente o criterio procesal,
sino que su legislación intenta aglutinar varias tendencias, todas extranjeras y de difícil
comprensión para el jurista mexicano no acostumbrado al estudio, que desembocan en la
aplicación de criterios anárquicos producto de ideologías importadas que solo reflejan la ausencia
de una dogmática jurídica mexicana auténtica y propia, lo que acarrea serios problemas en la
interpretación de la ley y la consecuente aplicación del Derecho Penal, originando una confusión y
un desconocimiento total por parte de la mayoría de los juristas mexicanos en Derecho Penal, los
cuales erróneamente pretenden encuadrar nuestro sistema en un causalismo, finalismo o
funcionalismo.